Domingo
21 de Agosto de 2005_________Pbro. Rogelio
Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx
AFIRMACIÓN Y RESPONSABILIDAD
“En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?” Ellos le respondieron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas”.
Luego les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.
Jesús le dijo entonces: “¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, por que esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”.
Y les ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías”.
¿Saben? Existen dos mensajes que todo ser humano necesita recibir en algún momento de la existencia y que, si los recibe oportunamente, los guardará para toda la vida y le ayudarán toda la vida.
Se trata del mensaje de la afirmación y del mensaje de la responsabilidad personal. Estos dos mensajes pueden ser comparados con las dos piernas que una persona necesita para caminar con éxito en su vida cristiana.
Estos dos mensajes se llegan a convertir en la vida de un cristiano en una especie de embarcación, a la cual se le ha dotado de remos, de vela y de motor. El bautizado estará preparado para cualquier circunstancia: en algunos momentos avanzará fácilmente y sin dificultad con esa fuerza del combustible que Dios le obsequió, y cuando el viento pueda ser utilizado positivamente sabrá capitalizarlo para avanzar sin necesidad de gastar su combustible. Pero, sobre todo, cuando lleguen los momentos en que no disponga del obsequio del combustible, y cuando las vientos de la vida no le favorezcan en lo absoluto, él sabrá sacar fuerza de su propio interior para tomar los remos y, dando brazadas, seguir avanzando contra cualquier adversidad.
2.-¡Fíjate como en el Evangelio del día de hoy aparecen esos dos mensajes! Jesucristo le dirige a san Pedro una afirmación y un mensaje de responsabilidad.
La afirmación expresará siempre el valor que posee la persona y el mensaje de la responsabilidad expresará siempre ese costo que acompaña a nuestros valores, costo que se manifiesta en nuestros compromisos.
Existe en primer lugar una afirmación rotunda:"¡Dichoso tú,Simón,hijo de Juan,porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos! "
Y aparecerá simultáneamente la delegación de una responsabilidad: "Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia..".
3.-Esto, podríamos decirlo, no es nada nuevo. Ya el Señor en el Antiguo Testamento había emitido un mensaje valorativo sobre el hombre que era llamado a servirle.
Es cierto que tenemos que ser muy sinceros para percibir la absoluta gratuidad en la elección divina, pero al mismo tiempo debemos darnos cuenta de que el hombre que es llamado para servir a Dios tiene algunos factores positivos que Dios ha sabido descubrir,... y que el mismo le ha concedido.
En pocas palabras, Dios es el primero que sabe apreciar al hombre. En el libro del Génesis, mientras que en los primeros cinco días después de la creación de la luz, de la bóveda celeste y todo lo demás, termina cada uno de los días con una certificación: vio Dios que todo estaba bien; al llegar al día sexto, el calificativo pasa del grado positivo al superlativo: Dios termina de crear al hombre y expresa que estaba muy bien.
Dios sabe apreciar al hombre, y de esa manera podrías leer la descripción que se hace de los reyes de Israel: Saúl, David, Salomón, y en cada uno de ellos resalta su buena presencia, que sobresalían por su estatura o que era notoria su inteligencia.
Dios, es el primero que sabe encontrar lo bueno en cada hombre, puesto que Él mismo conoce lo que nos ha concedido. Se trata de ese mensaje de afirmación y después vendrá la responsabilidad. Cuando Dios da “algo” lo da para “algo”.
4.-El día de hoy, tú y yo, seguimos escuchando, de parte de Dios, estos dos mensajes: Una afirmación y un mensaje de responsabilidad.
El mensaje de la afirmación consiste en esto: Que tú eres un ser humano único. Que haz sido creado a imagen y semejanza de Dios. Que como hombre eres centro y cúspide de la creación. Que eres irrepetible y por así decirlo, después de hacerte a ti, Dios rompió el molde. Que nunca ha habido ni habrá alguien como tú. Que tú eres un verdadero regalo para este mundo y que eres una persona de un inestimable valor para más personas de las que te pudieras imaginar.
Pero, es necesario que tú sepas que, junto con el mensaje de afirmación, sobreviene ineludiblemente el mensaje de la responsabilidad.
El mensaje de la responsabilidad es el siguiente: Dios ha querido necesitar de cada uno de nosotros para continuar perfeccionando su obra, de esta manera, al madurar y hacerte adulto, tú tienes que tomar tu vida en tus propias manos y responsabilizarte de tus actos.
Sí ya eres un adulto, debes comprometerte plenamente y ser garante de tu vida, de tus emociones y actitudes. El resultado de tu vida, Dios ha querido que esté en tus propias manos.
5.-¿Sabes?El célebre psiquiatra vienés: Victor Frankl dice que la cosa más importante que, en los próximos 50 años, puede y debe hacerse, a favor del hombre es hacernos conscientes de nuestras propias fuerzas para cambiar y para crecer. Siempre podemos mejorar y todas las disciplinas deberían decirle al hombre: "Tú puedes hacerlo". La peor respuesta que le damos a Dios será siempre: "Así soy yo"
Mucho más que Víctor Frankl, mucho más que yo y muchos más que cualquier otra persona, el Señor Jesucristo es el primero que cree en el hombre, en su valor, así como en su posibilidad de cambio y conversión, aún cuando el hombre haya caído.
Contra todas las posturas negativas, fatalistas y deterministas, el Señor Jesús cree que el hombre puede volver a caminar, cree que el hombre puede volver a ver.
El Señor Jesús, el Hijo eterno del Padre, cree en el hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y es Dios el que mejor le conoce.
El Señor Jesús cree que el hombre puede volver a oír, cree que el hombre puede renovarse y puede ser un hombre nuevo.
El Señor Jesús es el primero en creer que el hombre puede ser capaz de salir de su tumba y cree que el hombre puede volver a amar.
Y es tan real la confianza que tiene el Señor de que los hombres podemos ser mejores que precisamente por ello ha venido al mundo.
Me uno a la visión de Cristo que descubre la bondad tanto en san Pedro, así como en mí, en ti y en cada uno de los seres humanos.
7.-Dios nos da un mensaje positivo, afirma la dignidad pero inmediatamente afirma la responsabilidad. El hombre es el cúlmen de la creación y es el lugarteniente divino, es el responsable de las creaturas y de otras muchas cosas que Dios ha querido confiarle.
"¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, por que esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos! Y Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia..".
8.-Muy queridos amigos:
Dios conoce las grandezas del hombre. No se trata de exaltar sólo la naturaleza y de olvidarse de la gracia. Yo soy el primero en agradecer la gracia de Dios, pero estoy convencido de que la gracia no suple ni suprime nuestra naturaleza. Es Dios quien le exige al hombre responsabilidades, y Dios no suele exigir absurdos: ninguna otra criatura podrá tener responsabilidades.
El hombre es la criatura perfecta, imagen y semejanza de su Creador en la cúspide de la enseñanza del Antiguo Testamento, y que en el Nuevo Testamento ha sido convertido en Hijo de Dios, tal como se nos ha revelado a través de la persona de Cristo.
El hombre puede ser responsable, Dios anuncia lo positivo y por eso confía en el hombre, Dios confía en el frágil Pedro, y en el frágil Rogelio. Dios confía que Pedro podrá custodiar a su Iglesia, y confía en que Rogelio podrá responderle en un ministerio que supera en mucho sus capacidades, Dios ha confiado que tú puedes responderle en una familia.
9.-Alguien ha comparado los mensajes de la afirmación y de la responsabilidad con"las raìces y las alas que Dios nos ha dado". Nosotros también necesitamos darles a los demás, tanto las raíces como las alas.
Las raíces de toda existencia humana son el fundamento del valor personal, de la confianza en sí mismo. Son la raíces de la AFIRMACION, de la convicción en la unicidad propia. Y el amor incondicional nos ofrece esas raíces. Las alas de la existencia humana son la concientización de la RESPONSABILIDAD propia. El mensaje de las alas se da en esta manera: "Tienes todo lo necesario para elevarte, para cantar tu canto, para darle calor al mundo con tu presencia, la dirección de tu vuelo, el canto que entones y el calor que comuniques a este mundo, son responsabilidad tuya. Tienes que tomar tu vida en tus propias manos. No debes echar la culpa a los demás y quejarte de tu falta de oportunidades. Tienes que tomar la responsabilidad plena acerca del curso y dirección de tu vida". Dicen que el mensaje de las "raíces" le dice a la persona esa afirmación: "¡Tienes con qué!" Y que el mensaje de las alas le recuerdan su responsabilidad: "Sí tienes con qué, entonces ve por ello!"
10.-Y, sin embargo, el día de hoy, se sufre a causa de la autonegación y de la irresponsabilidad. Y es que, cada uno va sufriendo por la atrofia de sus cualidades, o por el desconocimiento. Y cuando se atrofia la conciencia porque no queremos estar despiertos, porque no somos autoconscientes o porque tenemos miedo de aceptar el don de Dios y nuestro lugar en la historia de la salvación, no tendremos más remedio que arrastrarnos y mendigar toda nuestra vida.
SOBRE ESTA PIEDRA EDIFICARÉ MI IGLESIA
“¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, por que esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”.
1.- Mis muy queridos amigos:
El Señor Jesús le promete a Simón, hijo de Juan, que él será la roca, el cimiento de su Iglesia. Le cambia el nombre por el de Pedro y le llama para que se convierta en presencia de su Maestro en la tierra. “Y yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella...” (Mt 16,18ss). Se trata de palabras graves, importantes y solemnes del Señor Jesús para Simón.
Jesús ha decidido cambiarle a Simón su nombre poniéndole el de Pedro, y tú debes saber que cuando en la Sagrada Escritura a una persona se le ha cambiado el nombre, es porque Dios le ha querido entregar una misión especial y con esa misión especial le cambia la vida. Recuerda que en el libro del Génesis a Abram le cambió el nombre por el de Abraham y con ello significó que iba a ser el padre de una muchedumbre de pueblos. Así también le cambió el nombre a Jacob por el nombre de Israel, lo cual quiere decir: “Fuerte de Dios”, sin lugar a dudas su misión iba a requerir de esa fuerza que viene del Señor e iba a ser una manifestación de la misma.
2.-A Simón, el Señor Jesús le ha cambiado el nombre por el de Cefas, un nombre que en hebreo significa Piedra, se trata del nombre Petrus en latín, y del nombre Pedro en nuestro castellano. Le está anunciando y prometiendo edificar sobre él la Iglesia, contra la cual no prevalecerán las fuerzas del mal ni las acechanzas de la muerte.
Jesucristo le ha querido entregar a este humilde pescador de Galilea algo insospechable: las llaves del Reino de los cielos, y con ello le ha querido nombrar como el máximo responsable de su Iglesia.
Si el día de hoy te dieras un poco de tiempo para releer ese texto de la primera lectura en la Santa Misa tomada del libro del profeta Isaías en el capítulo 22, versículos del 19 al 23, te darías cuenta de que el darle las llaves de un reino a alguien significa el traspasarle poderes, de tal manera que en el reino lo que abre aquel que tiene las llaves nadie lo cierra y lo que cierra aquel que tiene las llaves nadie lo abre.
¿De qué Reino se está hablando? El Evangelio es muy claro y en la adecuada asimilación nos debiera resultar sorprendente: “Jesucristo nos está hablando de las llaves del Reino de los cielos”. Se trata de esas llaves que le corresponden a Cristo, el Rey de los Cielos, que ha querido confiarle a Pedro, su mayordomo, el primer responsable de su casa, y con ello le confía la facultad de regir el ingreso a un Reino incomparable. El libro del Apocalipsis capítulo 1, versículos 18 refiere lo que Cristo le confía a san Pedro como “las llaves de la Muerte y del Hades”.
Eso es precisamente lo que el Señor le dice a san Pedro: “Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del lugar de los muertos, del Hades no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”.
3.-Y así han sucedido las cosas: sobre el primado de san Pedro –aquél a quien Cristo llama la roca- estará asentado, con la asistencia del Espíritu Santo, hasta el fin del mundo, el edificio de la Iglesia de Jesucristo.
Es, sin lugar a dudas, enorme, insospechable e impretendible la responsabilidad que el Señor le está delegando a san Pedro. Nos debe resultar admirable la confianza que Jesucristo deposita en su humana condición, y, sin embargo, todavía más sorprendente nos debe resultar el que Cristo continuara ofreciendo su confianza a San Pedro, aún a pesar de su momentánea debilidad manifestada en la triple negación el Viernes Santo.
La promesa le será reiterada a los pocos días de la resurrección, cuando el Señor Jesús le pregunta por tres veces a san Pedro si le ama más que los otros, junto al lago de Genesareth. San Pedro al responderle afirmativamente, fue proclamado por Cristo como su continuador, como su vicario con esa misión pastoral de apacentar a sus ovejas y a sus corderos.
Jesucristo, aquel que es el Buen Pastor, no ha querido dejar físicamente sólo a su rebaño y, le confía a san Pedro una misión como Pastor de ese rebaño que le pertenece solamente al Señor: “Simón, hijo de Juan ¿me amas más que estos?”, le dice él: “Sí, Señor, tu sabes que te quiero”. Le dice Jesús: “Apacienta a mis corderos”. Vuelve a decirle por segunda vez: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Le dice Pedro: “Sí, Señor tú sabes que te quiero.”: Le dice Jesús: “apacienta a mis ovejas.” Le dice por tercera vez: “Simón, hijo de Juan, ¿Me quieres?”, y Pedro le dijo: “Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero.” Le dice Jesús: “apacienta a mis ovejas”.
4.-Y san Pedro supo tomar en serio su papel, hasta el punto de derramar su sangre como supremo testimonio por su Maestro y por la salud del rebaño que su Maestro le había confiado. San Pedro, a imagen de Aquel que es por antonomasia el Buen Pastor, ha aprendido que por las ovejas que Cristo nos ha confiado uno tiene que ser capaz de dar la vida.
Pedro es la roca de la Iglesia de Cristo y el Pastor de su rebaño, puesto que Cristo se lo ha querido confiar.
5.-San Pedro murió unos años más tarde, pero su oficio de Pastor Supremo de la Iglesia ha perdurado ininterrumpidamente en aquellos que le sucederán, hasta llegar al momento presente con el sucesor número 265: Benedicto XVI.
Algunas personas piensan, afirman y aseguran que con la muerte de san Pedro se ha terminado la delegación, que a favor de todos los hombres Cristo le dejó a él, y resulta esto toda una insensatez.
No te has preguntado acaso ¿Cómo puede ser que algunos piensen que se ha acabado con la muerte de san Pedro aquello que no terminó, ni tan siquiera con la Ascensión del mismo Señor Jesucristo a los cielos?
¿Cómo puede agotarse con la muerte de san Pedro aquello que no se agotó con el regreso de Jesucristo a la derecha del Padre?
Si alguien piensa esta barbaridad, yo no me puedo explicar como puede pensarse y llamarse cristiano. Puesto que, entonces, y conforme a su pensamiento, se fue acabando con la muerte de cada uno de los apóstoles el beneficio de Cristo, a favor de los hombres. ¿Entonces cómo podemos estar seguros que hemos sido bautizados adecuadamente?
En ese pensamiento, ¡si se fuera coherente y estricto! ni tú ni yo podríamos ser cristianos.
-¡Ah, es que algunas cosas si se conservan!- dicen algunos.
¡Momento!, en las cosas de Dios no actuemos como niños caprichosos que seleccionan sólo aquello que les conviene conforme a sus intereses, los cuales resultan ser más humanos que cristianos.
6.-El uso de los verbos en modo imperativo en el Evangelio significan Institución, y se trata de una institución de Jesucristo que no se termina ni con la ausencia física del Señor ni con la ausencia física de aquellos que por primera vez recibieron tan gran encargo: “Vayan y bauticen” –esto es un imperativo-, “Tomen y coman esto es mi cuerpo, tomen y beban esta es mi sangre. Hagan esto en conmemoración mía” –esto es un imperativo-. “Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. “Apacienta” – es un imperativo. Se trata de las órdenes que Cristo dio a san Pedro y a su Iglesia. Órdenes de bautizar, de consagrar el santísimo Cuerpo y la preciosísima Sangre del Señor, que no se agotan con la ausencia de unos hombres. Órdenes de Cristo en las que le cambia el nombre a Simón, y le ordena que ahora se llamará Pedro y que sobre él edificará su Iglesia, órdenes en las que le pide apacentar a su rebaño.
7.-Y la Iglesia auténtica obedece al Señor. Será así como, de la misma manera en que en el capítulo segundo de los Hechos de los Apóstoles, se nos narra que se tuvo que elegir a un sucesor para el lugar que ocupó y dejó desierto Judas Iscariote, el traidor, y que ese lugar fue ocupado por san Matías, de la misma manera será el Espíritu Santo el que ahora ira señalando a aquellos que serán los sucesores de san Pedro, y de los otros apóstoles en esa obra que Cristo delegó a su Iglesia.
Será así como en la Ciudad de Roma, lugar histórico en el que murió el Apóstol san Pedro, sede que fue consagrada por la sangre derramada del pescador de Galilea, será el lugar en el que se encuentra el Sucesor del que apacienta universalmente al rebaño de Jesucristo. Es allí, en donde han estado los Pontífices de Cristo.
Es allí en donde está el lugar de aquellos que presiden la Iglesia de Jesucristo, y no en Salt Lake City, en Utah, como dicen los Mormones los cuales no son ni cristianos, no es en Guadalajara como lo dicen los de la secta llamada “Luz del Mundo” sólo porque allí murió aquel que se auto-cambio el nombre por el de Aarón, ellos tampoco son, en sentido estricto cristianos. Tampoco es en Brooklin, Pensilvania como dicen los Testigos de Jehováh, los cuales tampoco son cristianos.
¿Qué por qué los mormones y los Testigos de Jehováh no son cristianos? Porque no creen que Jesucristo sea Dios. Y, porque los de la Luz del Mundo tampoco son cristianos: porque junto con los dos anteriores no creen en la Santísima Trinidad, condición necesaria para alguien que quiera llamarse cristiano.
8.-Regresemos al tema sobre san Pedro, sobre el Papa su sucesor. El Papa es quien hace las veces de Cristo en la tierra, es su Vicario.
El Papa es para nosotros la tangible presencia de Jesús, “el dulce Cristo en la tierra” como lo decía Santa Catalina de Siena; y esto nos mueve a quererlo y a respetarlo. El Papa hace las veces de Cristo Maestro, Pastor y Pontífice, y actúa en su lugar –tal como Jesucristo se lo encargó-.
9.-Aquellos que no han querido escuchar el Evangelio de Jesucristo son aquellos que criticaron la labor de entrega incondicional del Papa Juan Pablo II y los que ahora estarán a la ofensiva contra el Papa Benedicto XVI. ¡Qué lástima que dentro de sus textos memorizados olviden aquello que nos dice el capítulo 16 de san Mateo!
“¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, por que esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.
¿QUIÉN DICE LA GENTE QUE ES JESÚS?
“En aquel tiempo Jesús hizo esta pregunta a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?” Ellos le respondieron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas”.
Luego les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.
1.-¿Quién dice la gente la que soy yo? –nos pregunta el Señor-. Y nosotros respondemos hoy en día casi de inmediato: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.
2.-Muy queridos amigos: ¿Quién dice la gente que es Jesús?
¿Sabes? Al hacernos el Señor esa pregunta y al hacérmela yo mismo, me estaba acordando cómo hace dos años, concretamente a finales de Diciembre del 2002 y en los primeros días del mes de enero de 2003 la BBC de Londres y el Discovery Channel hicieron público con bombo y platillo un estudio en el que el investigador Richard Neave, de la Universidad de Manchester, lanzaba su propia hipótesis en torno a los posibles rasgos faciales de Nuestro Señor Jesucristo. Esa noticia desató, al menos en nuestra ciudad, una gran cantidad de reacciones en los más variados matices.
Se trataba de una hipótesis que emergía a partir de un hallazgo y una presunta reconstrucción virtual de un cráneo perteneciente a un hombre del siglo I, encontrado en un cementerio de lo que fue la Jerusalén de aquel entonces, el tiempo de nuestro Señor.
Y así, de esta manera, se estaba abriendo un nuevo capítulo en torno a la búsqueda del hombre por conocer algunos rasgos más sobre la persona del Señor Jesucristo; tal como se seguirán escribiendo muchos más cuando tú y yo ya no estemos aquí. Ese hecho ahora nos es útil como para aterrizar lo que Jesús mismo nos está preguntando el día de hoy: ¿Quién dice la gente la que soy yo?
2.-Quiero hacer algunas alusiones que nos ubiquen en torno a aquella pretensión de hace dos años, y de tantos años, y que esto nos sea útil como para responder aquí y ahora al Señor sobre la pregunta que nos está haciendo.
3.-¿Quién dice la gente que soy yo?
Iniciemos hablando sobre el estudio: En primer término, aprecio de demasiado aventurados aquellos aires de “certeza” con que se emitió la identificación y reconstitución del “supuesto” rostro de Cristo. No olvidemos, que la parcialidad en la información manejada por algunos científicos novedosos puede convertirse en fuerte motivo de deformación para cualquiera.
Sería adecuado que tuviéramos presente la movilidad humana existente en el tiempo de nuestro Señor Jesucristo, y que brotaba ya no de una práctica pastoril de un pueblo nómada, sino de motivos políticos, religiosos y económicos, entre otros.
Es oportuno, que recordemos, que en el mismo tiempo en que vive nuestro Señor, solamente residían 500,000 judíos en la actual región de Palestina, y que en la diáspora había entre siete u ocho millones, conformando un 10 % de la población del Imperio Romano.
Aquí es adecuado el tener presente acerca de Jerusalén, algunos aspectos elementales en la religión judía y en la cristiana, para que nos pudiéramos percatar del tono de intensidad que tenía la migración humana sobre todo en torno a las grandes festividades. En el Pentecostés cristiano se encontraban reunidos en Jerusalén una gran cantidad de hombres de diferentes nacionalidades incluyendo a los prosélitos (circuncisos de origen no judío). Tantos cráneos y tan distintos deberá de haber en aquellos panteones y bajo los caminos de aquellos parajes.
4.-Pero regresemos a la pregunta: ¿Quién dice la gente que soy yo?
En segundo término, hoy me ha llamado la atención, el pulular de otro tipo de factores que están desvirtuando el verdadero rostro de Cristo, y que pareciéramos ser menos sensibles a ellos. Más allá de la disputa emergida por una hipótesis aventurada, pero lícita, de la arqueología humana auxiliada por las herramientas de la informática y de la virtualidad, hoy me sorprende la facilidad y la rapidez con la que las plumas escriben en nuestros periódicos acerca de temas que merecerían brotar de una mayor información.
La omnisciencia pareciera ser una de las cualidades de algunos de nuestros escritores y editorialistas, que lo mismo abordan temas sobre economía, política, sociología y religión, entre otras muchas cosas y todo con una perfumada erudición.
Obviamente, el problema nunca brotará de la bondad que se consigue por la pluralidad de opiniones en torno a un tema, sino en la radicalidad de las afirmaciones y en la pretensión de convertirse en un doctor en teología después de haber leído algún dossier o algún artículo que dista mucho de ser, al menos, un “abc” en alguna de las ciencias sagradas que, tengo que decirlo, son bastante profundas en sus contenidos y en su metodología.
Con tanta facilidad y por la virtud de tener una pluma en la mano, algunos “todólogos” se la pasan negando la condición divina en Jesucristo y lo reducen a un plano solamente humano. Las interpretaciones pueden ser tan variadas y, al mismo tiempo, tan erráticas: ¿consigna?, ¿presuntuosidad?, ¿ignorancia?
5.-¿Quién dice la gente que soy yo?
En el tercer factor nos encontramos algunos miembros de la Iglesia, quienes más que desinformación hemos acusado poca formación cristiana, y es lamentable la discriminación subconsciente en algunas de nuestras reacciones.
¡Claro que amo profundamente al Señor Jesús! ¡Le confieso como mi Dios y como mi Señor! Y, el amor que le tengo, me hará verle siempre con ojos distintos, aunque su rostro fuere diferente de cómo lo hemos asimilado en nuestra cultura. No obstante soy consciente y acepto que, cuando en el beneplácito de la Trinidad se realiza la encarnación de la Segunda Persona, su ingreso en el tiempo y el espacio no puede eximirse del particularismo propio del medio ambiente en el que se realizó. El escándalo que puede provocar el particularismo de la encarnación es inseparable de la historicización.
En lo personal, acepto el rostro de Cristo heredado por nuestra cultura occidental, llamada judeo-cristiana, y me adhiero muy en lo personal a los estudios que se han realizado en torno a la Sábana Santa, pero no deja de provocarme estupor, que nos aterre el pensar en otros posibles rasgos en el rostro de Jesús. ¡Cómo que si su rostro fuera moreno, le disminuyera en su dignidad!
Ojalá, comprendiéramos que Dios no escogió a Israel sino que fue Dios el que formó a Israel. Y con la Iglesia sucedió lo mismo: Dios no escogió a la Iglesia sino que fue Dios quien formó a la Iglesia. Ni Israel ni la Iglesia existían como pueblos antes de que Dios les formara.
En Jesucristo, hemos conocido que a Dios no le molesta el particularismo. Lo que molesta a Dios es el exclusivismo que se vuelve excluyente, es decir: la exclusión que vamos haciendo los unos de los otros.
6.-¿Quién dice la gente que soy yo?
Ingreso ahora a la cuarta y última manifestación de deformación, y lo quiero presentar en lo que Santo Tomás de Aquino ha llamado nescientia, para diferenciarla de la ignorantia. Los dos términos pueden traducirse como ignorancia, pero existe una diferencia: mientras que la ignorantia expresa algo que no necesariamente tenemos que conocer, la nescientia es algo que deberíamos conocer.
Por solo ejemplificar, mientras que la ignorantia podría explicarse en alguien que siendo sacerdote o siendo ama de casa no necesita saber necesariamente el cómo funciona una termoeléctrica o cómo puede realizar un nuevo viaje el Columbia o el Discovery, la nescientia es un tipo de ignorancia que no podrá aceptarse en alguien que como ingeniero debiera conocer el funcionamiento de la termoeléctrica o en alguien que su trabajo fuese precisamente en la NASA.
Nescientia sobre temas que debiéramos tener asimilados, es la que manifestamos algunos cristianos.
¿Quién dice la gente que soy yo? Amamos decir que Jesús es el Hijo de Dios, el Mesías, pero también el día de hoy tenemos que decir que Él ha querido quedarse con nosotros y que tiene un rostro demasiado conocido.
¿Cuál es la forma que tiene el rostro de Cristo?
Hace 2000 años el Señor Jesús nos enseñó que su rostro tiene la forma del hambriento, el sediento, el enfermo, el preso, el desnudo y el forastero. Pero también nos enseñó que su rostro es el de aquel que se vuelve prójimo del hermano: el que cura, el que da de comer, el que da de beber, el que visita al preso y al enfermo, el que viste al desnudo y el que ofrece un techo al forastero.
¿Podrías pensar por un momento en cuál es hoy el rostro del Señor? ¿El del indígena, los indigentes, el anciano, el desahuciado, el niño de la calle...? Y,... ¿Puedes entender y aceptar que todo lo que hagamos o dejemos de hacer con cada uno de ellos, es a Cristo al que se lo hacemos o se lo dejamos de hacer?
Esto nos puede resultar irritante, como les resultó irritante a los jerarcas en el Sanedrín. Se trata de uno de los puntos, que ha jugado un papel muyimportante en el camino que tiene como desenlace su condena en el Calvario.
7.-¿Quién dice la gente que soy yo? Jesucristo es el Mesías, el Hijo de Dios vivo.
Pero también, en todo hombre hay una imagen de Dios aunque en ocasiones está ausente la semejanza. Con frecuencia la imagen ha sido saboteada, corrompida, ha sufrido daños muy grandes. Cristo ha venido al mundo para que el hombre adquiriera la plenitud de la semejanza y para que recuperara la imagen.
Pero..., tal pareciera que, más allá de lo que significa la semejanza divina que Cristo le quiere comunicar a la vida de todo hombre, nos preocupa más el discutir sobre la imagen epidérmica de aquel que al encarnarse asumió a todos los hombres.
8.-¿Quién dice la gente que soy yo?
¡Cuánta razón tiene el Papa Juan Pablo II, de muy feliz memoria y mejor ventura, al referir que nuestro tiempo tiene mayor necesidad de testigos que de maestros!