Domingo
4 de Diciembre de 2005_________Pbro. Rogelio
Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx
LA CORREA DE LAS SANDALIAS
“Este es el principio del
Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. En el libro del profeta
Isaías está escrito:
“He aquí que yo
envío a mi mensajero delante de ti, a preparar tu camino.
Voz del que clama en el desierto: “Preparen el camino del
Señor, enderecen sus senderos”.
En cumplimiento de esto apareció
en el desierto Juan el Bautista predicando un bautismo de arrepentimiento,
para el perdón de los pecados. A él acudían
de toda la comarca de Judea y muchos habitantes de Jerusalén;
reconocían sus pecados y él los bautizaba en el
Jordán.
Juan usaba un vestido de pelo
de camello, ceñido de un cinturón de cuero y se
alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Proclamaba: “Ya
viene detrás de mí uno que es más poderoso
que yo, uno ante quien no merezco inclinarme para dasatarle la
correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua,
pero él los bautizará con el Espíritu Santo.”
El
adviento es un tiempo que tiene como finalidad conducirnos a la
celebración de una Navidad auténticamente cristiana.
Hoy,
es ya el segundo domingo del Adviento, la Navidad se acerca y es
por ello que, en no pocos de nosotros, toda clase de objetos y preparativos
empiezan a saturar nuestras mentes y a desgastar nuestros bolsillos.
Nosotros
también estamos llamados a prepararnos y la preparación
para nosotros significa predicar. Y es que hoy nos damos cuenta
como progresivamente va invadiendo a nuestra ciudad un espíritu
navideño. Las calles de la ciudad se preparan, se preparan
los comercios, se preparan los colegios y muchos lugares de trabajo,
se preparan los medios de comunicación, se preparan las casas,
y si tú y yo no predicamos, lo único que no se preparará
serán las personas en su corazón.
Ojalá
que no olvidemos lo que realmente es importante.
2.-
Podríamos comparar al tiempo del adviento con una especie
de autopista que nos va conduciendo hacia la ciudad de Belén
en la que ha de nacer el Salvador del mundo. En esta vía
pasaremos por cuatro casetas de peaje en las que cuatro personajes
nos irán indicando que vamos en la dirección correcta
y que progresivamente nos vamos acercando a nuestro destino. En
este camino del adviento Dios ha querido colocarnos a cuatro personas
que han vivido en circunstancias distintas su propio adviento y
el adviento de la humanidad, pero con actitudes idénticas:
el profeta Isaías, San Juan Bautista, el santo arcángel
Gabriel y la Virgen María.
3.-
Aunque el domingo pasado ya aparecía en el escenario la figura
del profeta Isaías, hoy vuelve a ser mencionado por la Palabra
de Dios como aquel que anunciaba el arribo de un precursor que iba
a preparar el camino para la llegada del Salvador del mundo.
Y,
así de esta manera, el Pintor Divino ha tomado en sus manos
el pincel y ha ido realizando otros trazos en el lienzo de Belén.
Hoy aparece amablemente en el cuadro que va completando la Navidad
cristiana la figura de san Juan el Bautista, el Precursor del Señor
Jesús. San Juan, aquel que prepara los caminos al Señor,
es un profeta austero que anunciaba al pueblo expectante que ya
se estaba acercando la hora de Dios en el reloj de la humanidad
y que era necesario prepararse al gran acontecimiento con un cambio
radical de vida y de costumbres.
San
Juan Bautista es presentado como la voz que clama en el desierto
aunque esa palabra no sea suya, no le pertenezca, él sólo
es el portavoz, el mensajero, se trata de un mensajero que debe
experimentar la satisfacción de haber sido enviado por Dios,
aunque él en su característica sencillez se reconozca
como alguien no digno de ese pacto que Dios celebró con él,
ya que el gesto referido al mencionar que no es digno de desatar
la correa del calzado, no era otra cosa sino una especie de rito
que pasaba a significar la prenda de un pacto. Y no obstante Dios
establece un pacto con él a fin de pactar con la humanidad
la Nueva Alianza.
Sobresale
la sencillez de san Juan Bautista, un profeta que tiene en su corazón
la suficiente claridad como para no pensarse mayor que Dios. Es
Juan el Bautista únicamente un mediador para que Dios pueda
venir a nosotros. ¡No soy yo el importante!- nos menciona
con sinceridad-, detrás de mí viene alguien más
importante que yo.
San
Juan Bautista ha sido enviado como el precursor, y nos presenta
esa necesidad que Dios ha querido tener de nuestro trabajo instrumental.
Ayer
como hoy el Señor quiere necesitar de aquellos que caminamos
por delante para anunciar que su llegada ya es próxima.
4.-
¿Qué nos dice la Palabra de Dios el día de
hoy?
La
persona humana bien podría definirse por la acción
y por la palabra, esto es lo que da forma a su identidad. Y la palabra
que hoy nos invita a predicar tiene como destino suscitar acción
en las personas, para con ello preparar, construir, rebajar y levantar.
Hoy,
el Señor nos recuerda que nosotros también somos precursores
de la Navidad cristiana, y que Dios está invitando que nosotros
también trabajemos, de tal manera que Cristo pueda nacer
en muchos de los hogares divididos, en los corazones solitarios,
en medio de muchos hermanos nuestros que han perdido la paz y el
consuelo.
Somos
mensajeros, preparadores de los caminos del Señor para los
demás, y así como lo fue san Juan el Bautista, en
nosotros también significa llevar consuelo, levantar las
hondanadas de nuestras miserias, aplanar esas montañas y
crestas que no pocas veces levantamos las mismas personas, los grupos
y las familias, y que seamos capaces de crear puentes entre nosotros,
entre ellos y Dios...
Preparar
los caminos significa quitar aquello que estorba, lo que nos impide
ver con claridad la salvación que nos ofrece, su venida constante,
su presencia en la vida cotidiana. Es cambiar algo en nuestra vida
familiar, en nuestra vida parroquial, en nuestra vida laboral, en
nuestra vida con Dios. Si algo no cambia en nuestra vida de este
adviento de 2005, no estamos preparando el camino del Señor.
Enderezar
el camino significa revisar tu construcción, tu familia,
tu vida y poder enmendar y mejorar muchas actitudes.
Rebajar
las montañas y elevar los valles significa quitar nuestros
defectos y hacer crecer las virtudes. Las dos cosas por igual, y
es que es más fácil potenciar mil virtudes que quitar
uno solo de nuestros defectos.
¿Cómo
le podemos decir a Dios que estamos felices porque viene sino hay
cambios en nosotros? Posiblemente hay mucho que
cambiar, egoísmos, envidias, rencores etc... Estos son los
estorbos que impiden el paso del Señor. Debemos pues, cambiar
algo en nuestra vida, así enderezamos los senderos para cuando
venga el Señor.
En
el interior de cada cristiano, en tu interior y en mi interior,
deben ser derruidos los obstáculos que impiden el acceso
de la gracia divina
5.-
Cuán oportuna tiene que ser hoy en día la venida de
los nuevos mensajeros que anuncian la llegada del Mesías,
y que piden que se haga un alto en una alocada carrera de degeneración
y ruindad, en la que se van malgastando las energías y se
van perdiendo los carismas proporcionados por Dios para cosas que
fueron pensadas más grandes y nobles.
Hacen
falta mensajeros puesto que nos encontramos sumergidos en una sociedad
de individualistas, se trata de una yuxtaposición de arrogantes,
no sé si en realidad se le puede llamar sociedad, esto es
totalmente contradictorio. Hoy, cada quién en su trabajo
y en el estudio, en la casa y en la amistad, en el noviazgo y en
el matrimonio está buscando solamente sus propios beneficios,
sus propios intereses y se va olvidando del prójimo.
Necesitamos
precursores puesto que hoy por hoy en los negocios, en la profesión
y en todo tipo de relaciones humanas somos poco generosos, nos encerramos
en nuestro propio mundo y, aún los cristianos nos hemos olvidado
de aquel que se encuentra alejado de Dios.
Hoy
hacen falta instrumentos que no seamos tan individualistas y que
aprendamos a preocuparnos de nuestros hermanos. Al cielo no podremos
llegar solos, sino que debemos llegar en comunidad. Debemos aprender
a sacrificar algo de nosotros para que el hermano pueda descansar
y para que obtenga un poco de luz en medio de la oscuridad.
6.-
Es cierto que en ocasiones nuestra misión emula a aquel que
predicaba en el desierto. Pero también es verdad que el desierto
suele ser tierra del encuentro que llega a poseer características
contrarias a la vida en la ciudad: ese reino del tener, del poder,
lugar de seguridades.
Dios
espera que desarrollemos nuestra capacidad de asumir el riesgo de
salir hacia lo desconocido, hacia el desierto, hacia el encuentro
con Dios, superando el miedo, la indiferencia, la pereza...
Predicar
en el desierto también significa empezar un nuevo Éxodo
que nos pueda llevar de la esclavitud del pecado y del egoísmo
a una vida auténtica en Dios, que es libertad y realización.
Significa renovar todas mis cosas, darle mantenimiento a mi vida
y poder tener así cielos nuevos y tierra nueva.
El
cristiano tiene la misión de hacer oír la voz del
Evangelio en el desierto espiritual de los hombres
que no es el de la geografía, sino el de la ausencia de Dios,
el ateísmo, la apatía religiosa, la indiferencia ante
las necesidades ajenas, el confort material, el materialismo, la
falta de compromiso y el orgullo de la vida.
7.-
No olvidemos que el adviento nos recuerda una gran verdad de la
vida cristiana: existe la necesidad de una conversión constante
y sincera. El hombre que sabe y conoce cuál es su procedencia,
necesita conocer también que es lo que le servirá
para la vida eterna, y qué es lo que le puede impedir la
consecución del logro de tan sublime fin.
En
esto consiste nuestra preparación para la navidad. Ante todo,
en que empecemos de una vez a ser tan cordialmente buenos, por amor
de Dios, con nuestro prójimo en casa, en la fábrica
o en la oficina, en la familia, en la calle o dondequiera, que arranquemos
de raíz todo disgusto y malhumor, toda envidia y todo rencor.
Y
es que Dios, a pesar de los pecados del pueblo, permanece fiel.
Para Dios no cuenta el tiempo, sino los que cuentan son las personas,
y con paciencia, con la voluntad de que nadie se pierda, perdona
y acaba con la servidumbre del pueblo.
INSTRUMENTOS
EN LUGAR DE ORNAMENTOS.
“Este
es el principio del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. En el
libro del profeta Isaías está escrito:
“He
aquí que yo envío a mi mensajero delante de ti, a
preparar tu camino. Voz del que clama en el desierto: “Preparen
el camino del Señor, enderecen sus senderos”.
En
cumplimiento de esto apareció en el desierto Juan el Bautista
predicando un bautismo de arrepentimiento, para el perdón
de los pecados. A él acudían de toda la comarca de
Judea y muchos habitantes de Jerusalén; reconocían
sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.
1.-
Muy queridos amigos:
Hoy,
aparece en el escenario navideño la coherente imagen de San
Juan Bautista, el cual es presentado como la voz que clama en el
desierto. Es el hijo de Zacarías e Isabel, el cual saltó
en el vientre de su madre al escuchar el saludo de la Virgen María,
él ha sido reconocido por el Señor Jesucristo como
el hombre más grande de los anteriores al Reino de los Cielos.
Se trata del precursor anunciado por los profetas, el que prepara
el camino, el que invita a la conversión, el que tiene un
Bautismo de Penitencia.
Juan
Bautista es un hombre bueno, íntegro, honesto, sencillo,
valiente, libre, crítico y consecuente con su predicación.
Es justo que, en este momento de nuestra reflexión, le demos
su lugar preponderante, sin que por ello olvidemos a Aquel que le
ha querido llamar a su ministerio.
San
Juan Bautista, así como todos nosotros, es, sobre todo y
ante todo, un instrumento al servicio de Dios: Juan es la Voz que
clama en el desierto.
Resulta
adecuado el que recuperemos algunos elementos que son propios del
servicio que le ofrecemos a Dios.
3.-
El que seamos instrumentos de Dios exigirá de nosotros 3
convicciones: En primer
lugar, el ser conscientes de que Dios es el factor
importante, Él es la sustancia, el contenido, lo primordial,
el verdaderamente importante. En un segundo
lugar, el darnos cuenta de que nosotros somos como
el vehículo, es decir, el medio por el cual se ofrece ese
factor divino: la Buena Nueva de Dios en nuestras palabras, su presencia
en nuestra presencia que consuela y fortalece al que lo necesita,
la traducción concreta de su amor en nuestras propias acciones.
En tercer lugar, también
es fundamental el que seamos conscientes del rostro de aquellos
que son los destinatarios del contenido de nuestra vida cristiana
y de la vocación que hemos recibido.
En
primer lugar, resulta necesario, el resaltar la importancia de Dios.
Si el Bautista es la voz que clama, no debemos perder de vista a
Jesucristo, aquel que es la Palabra. Responde ¿Qué
es más importante la voz o la palabra?
Una
cosa es el simple fonema, lo puramente pronunciado, y otra cosa
es la comunicación de sí: la Palabra. La voz no es
más que uno de los posibles vehículos con los que
cuenta Aquel que es la Palabra para comunicarse.
En
lo humano, todos lo podemos percibir. Comunicarse es algo que trasciende
el puro acto material de emitir una voz, de hecho también
puede hacerse de otras maneras: la palabra también se comunica
con los gestos, con las acciones, con las miradas, a través
de la escritura, y aún por los silencios; sin olvidar el
así llamado, lenguaje paraverbal.
4.-
¿Quién puede olvidar aquel documental estelarizado
por Kirk Douglas y Rachel Welch que obtuvo el Oscar de la Academia
en 1980, titulado: “LA GRAVEDAD ES MI ENEMIGA”? En él
se narraba la historia del joven Mark Hickks, el cual siendo niño
al caerse de un árbol se golpeó la columna vertebral
y quedó parapléjico. Mark Hickks gustaba del dibujo,
pero ahora estaba imposibilitado para hacerlo con las manos. Mark
nunca se dio por vencido y aprendió a dibujar y a pintar
con los dientes, lo hacía con tal perfección, que
llegó a desarrollar una gran fuerza en sus músculos
maxilares. ¿Sí puedes darte cuenta como un vehículo
puede ser reemplazado por otro, cuando uno quiere? Lo importante
no es el medio sino el contenido.
¿Quién
podría olvidar aquella hermosa carta que escribiera la Dra.
Sondra Diamond al Dr. Campbell, catedrático de la Universidad
de Yale, en el NewsWeek? En aquella carta que Sondra le dictó
a su madre, le pedía al Dr. Cambell el que no utilizara el
calificativo “vegetal” para referirse a los niños
que tienen una malformación congénita. Le decía:
“Le puedo apostar todos los sacos de fertilizante del mundo
a que no puede usted imaginar que una “vegetal” es quien
le está enviando esta carta, y que esa persona a la que usted
llama vegetal ha llegado a sacar un Doctorado en Psicología,
que doy asesorías y que escribo en el diario de mi ciudad.
Es cierto que necesito de la ayuda de mi madre, pero me considero
una persona como usted y todos los que están leyendo esta
nota”. La Palabra tiene muchos vehículos a su disposición.
¿Quién
puede olvidar que el mismo Apóstol San Pablo durante su tiempo
de cautiverio en la cárcel de la ciudad de Roma, se convirtió
en un apóstol mucho más prolífico en su predicación
y pudo llegar a tantos lugares remotos? La Palabra de Dios no se
encadena, y aún cuando la voz no pudiera clamar en los desiertos,
lo podrá hacer la Palabra escrita. En la prisión de
san Pablo surgió gran parte del Epistolario Paulino que ahora
leemos y meditamos en nuestras liturgias. Más importante
que el conductor es lo que se conduce.
¿Quién
puede olvidar a San Francisco de Asís, acompañado
del hermano León, y predicando elocuentemente con el silencio?
Solamente han caminado sumergidos en el sigilo por las calles de
un pueblo, y al regresar al convento el hermano León le recuerda
que habían salido del Convento a predicar. Francisco le contesta:
“Ya lo hemos hecho, hermano León”. San Francisco
sabe que el testimonio es uno de los mejores vehículos para
la predicación. Se trata de la voz más convincente,
persuasiva y expedita con la que cuenta la Palabra.
5.-
Lo importante no es el tubo sino el agua, no es el cable sino la
energía, no es el florero sino las flores, no es el vestido
sino la persona. Lo importante no
es la Voz sino la Palabra. Lo importante no es tanto
el vehículo sino el pasajero.
Y
el olvido de lo anterior es aquello que ha traído tantos
y tan grandes problemas en el cristianismo.
Muchos
de los predicadores de hoy en día nos vamos preocupando tanto
por el uso de los altavoces, de los recursos de la técnica
y de la cibernética, y nos hemos olvidado que lo verdaderamente
importe es la fidelidad a Aquel que es la Palabra, ya que esto es
lo que le puede dar autenticidad a lo que pronunciamos. Nos fiamos
tanto de la tecnología de punta que nos hemos olvidado de
la oración y de nuestra consciente preparación. Nos
preocupamos y obsesionamos tanto por los “medios” a
utilizar, que hemos descuidamos la sustancia, los contenidos y el
mensaje. Nos olvidamos de Dios.
Somos
tantos los que al predicar nos la pasamos hablando de nosotros mismos
que vamos silenciando la Palabra de Dios. Nos preocupa tanto la
postura, el énfasis, el traje que utilizamos, el chascarrillo
que compartimos. Nuestra predicación se convierte en una
actuación en la que esperamos ansiosos esa retroalimentación
del aplauso o de los gestos, del saludo o de la felicitación.
Nos hemos convertido en los profesionistas de nuestra palabra, que
hemos olvidado que el estilo de nuestra vida debería hablar
por sí sola.
6.-
Cada uno de nosotros somos esa voz que clama, el importante es Aquel
que es la Palabra.
¡No
le debemos tener miedo a predicar en el desierto!
El desierto suele ser el vacío que se extiende en torno a
muchos de nosotros. Nuestra predicación más que en
los auditorios, debería ser precisamente y solamente en el
desierto, ya que es en el desierto por donde pasa Dios. El desierto
es el lugar de las grandes noticias y es también el lugar
del encuentro decisivo. La geografía de Dios es muy distinta
de la geografía humana.
¿Cuál
es el contenido de nuestra predicación?
¿Te
has fijado, qué tantas cosas podemos hacer con nuestra voz?
A través de nuestra voz podemos clamar, aclamar, reclamar,
proclamar, declamar, hablar, decir, llamar, ordenar, enseñar,
instruir, corregir, acusar, jurar, bendecir, maldecir, ofender,
cantar, celebrar, alborozarse, confesar, rezar, gritar, quejarse,
murmurar,... y otras muchas acciones más. ¿Cuál
es mi predica?
Hoy
en día nuestra voz suele decir un sinfín de palabras
que se convierten en un verdadero opio. Lejos de que nuestras palabras
estimulen, parece que sólo se dedican a degradar, enardecer,
ofender, desorientar, destruir y mentir.
7.-
Amigo radioescucha:
El
Señor nos invita para que nos demos cuenta sobre la trascendencia
que tiene todo lo que decimos y todo lo que hacemos. Y es que no
hay palabra, ni sentimiento, ni pensamiento del hombre, que no tenga
trascendencia a su alrededor. Como no existe decisión, palabra
o juicio del hombre que no tenga trascendencia hacia el futuro.
Comprender esto es ser prudente, es ser responsables y ser sabios.
Si
nuestra superficialidad y nuestra frivolidad han traído todo
el daño que conocemos, entonces será en la medida
en que haya firmeza y solidez en las palabras que son clamadas por
nuestra voz, como podrá redimirse gran parte del mundo en
el que vivimos.
Recordemos
todos los cristianos que la palabra recta es la que procede de la
capacidad de escucha, la que se dice a tiempo, la que se piensa
serenamente y con dominio, la que es ponderada y amable, la que
brota de un piadoso temor de Dios.
Recordemos
los que hemos sido constituidos en predicadores, que la Palabra
precisa y necesaria para nuestro pueblo viene de Dios y no puede
ser suplantada por ninguna otra. ¿De qué sirve un
vehículo último modelo si el Divino pasajero se ha
bajado y ha preferido caminar por el desierto?
Nuestros
problemas surgen cuando consideramos nuestra vida más como
ornamento que como un instrumento.
LA AUSTERIDAD QUE NOS ENRIQUECE.
Juan usaba un vestido de pelo de camello, ceñido de un cinturón
de cuero y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Proclamaba:
“Ya viene detrás de mí uno que es más
poderoso que yo, uno ante quien no merezco inclinarme para dasatarle
la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua,
pero él los bautizará con el Espíritu Santo.”
1.- San Juan Bautista, el precursor, el profeta
austero anunciaba al pueblo de Dios que ya se acercaba inminentemente
la hora de Dios, y que era necesario prepararse al gran acontecimiento
con un cambio radical de vida y de costumbres.
El contemplar esta imagen ascética en el horizonte de la
historia de la salvación debe conducirnos a percibir la grandeza
de una vida vivida en la sencillez.
Y es que a Dios le gusta la austeridad, y esto nos lo recuerda la
fiesta de la Navidad que está tan cercana en su celebración.
¿Sabes? Quizá no se haya escrito nunca una paradoja
tan grande como ésta: por un lado, la soberanía del
Señor, y por la otra, su necesidad. ¡Eso es la Navidad!
En Jesucristo se combina la divinidad con la dependencia, la posesión
de todas las cosas con el despojo del existir, la riqueza total
con la pobreza.
Se trata del Hijo de Dios que ha pedido prestado un pesebre para
nacer, será Él el que pida una barca prestada para
desde allí predicar el Reino, es el mismo que toma prestado
de aquel joven unos cuantos panes de cebada y unos peces para multiplicarlos
y así saciar a la multitud. Es Cristo quien pide un asno
prestado para entrar a Jerusalém, la razón que deben
dar para explicar es que: “el
Señor tiene necesidad de ello”. Es
el mismo que necesita prestada esa habitación en lo alto
para instituir el Sagrado Banquete de la Eucaristía, es el
mismo que les había dicho a sus apóstoles que no tenía
donde reclinar la cabeza.
Al final, la historia terminará con el mismo tenor de austeridad
y con la misma paradoja: habrá necesidad de que se pida un
sepulcro vacío para que descanse Aquel que es el dueño
del Universo entero. Será desde allí, desde un sepulcro
prestado, en donde se realice el acontecimiento que nos salva a
todos los hombres: la resurrección del Hijo de Dios.
2.- Muy queridos racioescuchas:
Son muchas las veces, en que Dios se permite tomar las cosas de
los hombres para así recordarnos que todo procede de Él.
Y es la austeridad, un valor que debemos cultivar en esta fiesta
cristiana de la Navidad.
Date cuenta de que vivimos en un mundo excesivamente consumista.
En este mundo todo parece ser intercambiable por una monedas, todo
puede darse en trueque a cambio de unos centavos. En este mundo,
una figura como la del Bautista nos puede parecer exacerbada, prohibitiva,
y hasta propia de un manicomio.
Y es precisamente aquí, en donde el Señor nos invita
a desapegarnos de todo aquello que va saciando nuestro vientre y
bolsillos, pero que va dejando el corazón y el alma empobrecidos.
¿No te has dado cuenta? Es mucho mayor la pobreza que genera
la inconsciencia que la que es causada por la falta de dinero. Las
mujeres y los hombres de nuestro tiempo van caminando por el mundo
sin advertir la belleza, la bondad y las gloria de Dios circundante.
Sus almas son las pobres. Y el Señor nos dice que más
vale ser pobre del bolsillo que menesteroso del alma.
3.- Este tema de la austeridad y la cercanía con la Navidad
me ha hecho recordar un libro de Geraldine Brooks titulado:
El Universo en un Jardín. En él narraba su
asombro ante el consumismo en que se había sumergido su hijo
Nathaniel.
” Me asombra la gran cantidad de bienes materiales que mi
pequeño ya ha consumido. Tiene cinco años y ya descompuso
una podadora de césped amarilla, un triciclo de manillar
rojo, un señor papa con protuberancias marrón y verdes.
Las cosas le duran hasta que el microcircuito se estropea o el plástico
se haga añicos.
Los juguetes modernos no dejan lugar a la imaginación: ahora
son los microcircuitos los que piensan; los personajes de dibujos
animados ya vienen con todo y diálogos solo basta aplastar
un botón, y toda muñeca arrastra tras de sí
un séquito de accesorios que comprar.
Ella narra que cuando era niña en Australia, era llavada
por su madre a recorrer la finca, allí en donde cada planta
y cada piedra tenían una historia para contar. Una lagartija
que se asoleaba sobre un ladrillo era el héroe en un cuento
de dragones. Los hongos de forma quebrada eran la escalinata de
una hada, que conducía hasta un reino secreto. Las margaritas
tenían caras y las azaleas eran los vestidos de noche para
que la margarita fuera de baile con un príncipe.
En el otoño las hojas caídas les permitían
jugar a la tienda de los sombreros. No hacía falta gastar
para jugar a estos juegos. Lo único que se necesitaba era
la dedicación de su madre. Dice ella: Si examino los costosos
regalos que recibe Nathaniel, parece que toda su gracia reside en
que no necesitan la intervención de los padres, y parece
ser que para eso los compramos.
Algunos juguetes tienen alegres voces automáticas que hablan
al pulsar un botón: “Escoge un amigo para ir a la tienda”,
invitándolo a elegir entre sapos y ratones antropomorfos.
Todavía recuerda Geraldine aquellas invitaciones que le hacía
su madre_ -Vamos de compras-. En el jardín hay un árbol
donde se venden sombreros elegantes, y se la pasaban largas horas
escogiendo entre las hojas de los árboles el sombrero más
bello.
Termina Geraldine con una reflexión: ¿Me pregunto
si todas las cosas que le he dado a mi hijo no le habrán
quitado algo?
4.- Esta Navidad, Dios nos invita para que cultivemos la austeridad.
La austeridad no es el arte de decir que no a las cosas; es el arte
de decir que sí. Educar a la familia en la austeridad no
es una negación, sino una afirmación:
? La austeridad es decir que sí a la CREATIVIDAD
y a la IMAGINACION que
dejamos despertar.
? La austeridad es decir que sí a la ILUSION
de no ahogarnos dándoles a las personas más de lo
que necesitan.
? La austeridad es decir que sí a su MADUREZ,
pues no hemos llenado su corazón de necesidades absurdas
e inútiles.
? La austeridad es decir que sí a su FELICIDAD,
pues la felicidad no se consigue con cosas, sino que sale de dentro,
del alma.
? La austeridad es decir que sí a la CAPACIDAD DE
VALERSE POR SI MISMOS, sin necesidad de depender de los
padres.
? La austeridad es decir que sí a la LIBERTAD,
a esa capacidad para hacer lo que se debe hacer y no dejarse llevar
por el “gusto”, por las “ganas”, o por la
“moda” y todo lo que anuncian en las televisores.
? Austeridad es decir que sí a DIOS,
que es Padre de todos y nos pide amor, entrega y servicio a los
demás.
5.- Te iba a compartir que en la Navidad del año
2000, mientras pasaba algunas noches en el hospital junto al lecho
de enfermedad de mi madre, pensaba en algún regalo que pudiera
ofrecerles a mi padre y a mi madre, cuando logrará salir
del hospital. Aprovechaba algunos de sus momentos de sueño
para leer algunas publicaciones. Leía la Biblia, algunos
libros de teología, documentos que tenía que revisar
sobre el Sínodo Diocesano y también leía algunas
revistas. Leí una publicación navideña de las
Selecciones del Reader´s Digest de ese año 2000.
Devoraba los artículos, y entre aquellos temas me encontré
con uno que me dejaba un mensaje que en ese momento estaba necesitando.
Una mujer llamada Chiquita Woodard hablaba de “Los
Regalos que alegran el corazón” e iniciaba
con una frase que inmediatamente jaló mi atención:
“No es necesario regalar algo caro para alegrar un corazón.
Regalar es un acto de bondad, no una competencia para ver quién
gasta más”.
Recomendaba cosas interesantes como el regalarle a los niños
que les gustan las gomas de mascar un paquete de 500, o a las niñas
que les gustan listones para el cabello, uno de cada color. Recomendaba
a las mujeres regalarles a sus maridos que tiene como hobbie el
cuidar su automóvil, una cubeta con accesorios de limpieza
y un vale de “servicios y cuidados especiales para el coche”.
Recomendaba regalarle a los esposos que gustan de la parrilla, un
muestrario de cortes selectos o de salsas exóticas para las
carnes, o bien si el esposo gusta de algún deporte o tiene
un equipo favorito el regalarle boletos para algún evento
deportivo importante en el que se incluyera un segundo boleto para
su amigo inseparable que le acompaña al estadio. A los maridos
les recomendaba regalar cosas que no se enchufaran, e independientemente
de lo que regalara que le escribieran una carta a la esposa en la
que narraran la felicidad que tenían por haberse casado con
ella, y las razones que tienen para amarle. Aconsejaba a los que
tienen kilómetros o millas acumuladas en los programas de
viajero frecuente, el que ayudaran a que alguien se pudiera ir de
viaje.
Todos los consejos me parecían sensatos y los leía
con interés..., mientras leía los artículos
me le quedaba mirando a mi madre en su lecho de enfermedad, y pensaba
en el mejor regalo para ella. Al hablar de las personas mayores,
Chiquita aconsejaba regalarles fotografías de las generaciones
y álbumes o marcos para las fotografías, y decía
que si se le regalaban algún artículo que necesitara
baterías, las incluyéramos, si se les regalaban algunas
jaulas o comederos para las aves se incluyeran raciones de alimento.
Y concluía el artículo con una frase que me quedó
grabada: Sin tener lugar a dudas, el mejor regalo es uno que no
nos cuesta monetariamente. El tiempo es un bien escaso en estos
días, que puede ser el regalo más valioso de todos.
6.- ¡Cuánta razón hay en lo
anterior! Fíjate como en los cuartos de los ancianos, en
los hospitales y en muchas casas, así como en muchas casas
de reposo, abundan los alimentos, incluso los prohibidos, y algunos
aparatos sofisticados, pero faltan las palabras de aliento, los
gestos silenciosos y la presencia del cariño tan necesaria.
A Dios le agrada la gente austera, la Virgen María de quien
hablaremos el próximo domingo nos lo recordará. Al
final de cuentas, la Navidad no es
más que la fiesta del Dios quiso ser menesteroso