| 1.-
“Su
madre conservaba en su corazón todas aquellas cosas”.
El Evangelista san Lucas nos indica con este texto la forma en que
la Virgen María consideraba los acontecimientos sucedidos
en Belén, así como los que sucederán en Jerusalén
y durante toda su vida.
La
Madre de Jesús los vivía, no de forma superficial
o solo sentimental, sino que ella los guardaba en su corazón,
en lo más íntimo de su persona, y se esforzaba por
entenderlos a la luz de Dios, cada vez más y mejor.
2.-
Muy querido amigo:
La
invitación que estamos recibiendo, tú y yo, en este
día, es a no ser superficiales. Debemos profundizar en el
misterio de la Navidad, y en cada uno de los misterios de la vida
cristiana.
Ojalá
que no nos quedemos en la superficialidad de un tiempo tan grande
y sumamente especial. ¡Si queremos profundizar en el misterio
de la Navidad, no nos podemos quedar simplemente en la poesía,
en el sentimiento o en lo externo!
De
esta manera la Solemnidad de la Maternidad Divina invita a que nos
sumerjamos en el mensaje de Cristo, de tal manera que no nos quedemos
en la corteza, en la periferia, en los sentimentalismos estériles...
Y
es que la Navidad, ha sido la estación en que los ojos y
los corazones son movidos a la memoria y al amor del Niño
que nació en una cueva bajo el piso del mundo. Se trata del
Niño cuyo nacimiento conmovió al mundo en sus mismos
cimientos.
Todos
contemplamos en el reloj de la historia la hora de la Navidad como
el momento en el que el misterio de la omnipotencia de Dios ha querido
ser envuelta en pañales yaciendo en un pesebre. La Navidad
nos dice que Dios se encuentra siempre donde el mundo menos lo espera
encontrar. La historia de la Navidad es la historia del Dios único
y que estuvo sin hogar en su propio Hogar, Aquel a quien los suyos
no lo recibieron y a quien el mundo no lo reconoció.
3.-
Pero,... mientras continuamos rindiendo este acto primario de adoración
al Dios que nos trajo los cielos a la tierra, al Dios cercano que
vino a los hombres, existe un peligro real de que algunos podamos
olvidar cómo nos vino el Niño al mundo: en
efecto, ciertas formas modernas del cristianismo hablan del Niño
que nos ha nacido, pero nunca, o muy pocas veces, nos dicen una
palabra sobre la Madre del Niño. ¡Qué lamentable!
En
algunas estaciones radiofónicas de nuestra ciudad pudiste
escuchar en días pasados algunas reflexiones navideñas
en las que se habló del nacimiento sin hablar de la que ha
dado a luz. ¡Se habla del Niño que nace sin hablar
de la Madre! ¿No te da tristeza, el que un celo mal entendido
se convierta en un aparente odio, en ofensas,... o por lo menos
en olvidos ilógicos que dejan mucho que desear?
El
Niño de Belén no cayó de los cielos a un lecho
de paja, sino que vino a este mundo por medio de una gran Mujer
que le concibió y que le dio a luz por obra y gracia del
Espíritu Santo.
Y
es que, los hijos son inseparables de las madres, y las madres son
inseparables de los hijos.
Es
por ello que existe el peligro de que, por celebrar la Navidad sin
la Madre, vayamos a llegar a un punto de que un día celebremos
la Navidad sin el Niño. ¡Y que absurdo sería,
pues, así como no puede haber una Navidad verdadera sin Jesús,
tampoco puede haber un Jesús que nos nace sin una María!
¡Al menos así lo quiso Dios en su proyecto inefable!
Aunque,...
por desgracia tengo que decirte que en muchos lugares la Navidad
ya es un pretexto,... y ya se ha expulsado a la Madre,... y al Hijo.
4.-
Volviendo a aquellos que nos llamamos cristianos y que luchamos
por serlo, yo le ruego a Dios para que la Navidad que hemos vivido
nunca la vivamos de una manera en que pareciera que el Niño
es un Huérfano, sino un Hijo de María. ¡Aunque
les duela a algunos!
Le
ruego a Dios para que en el cristianismo alentemos el respeto por
la vida y por la Maternidad, de tal manera que seamos capaces de
vibrar de amor por esa Madre que nos trajo al Salvador al mundo.
Ver
al Niño en brazos de su Madre es ver el Cielo y la tierra
unidos por el gran misterio que la Navidad encierra. En efecto,
al ver a este Niño en brazos de su Madre, pareciera que los
cielos y la tierra cambiaran de lugar.
En
estos días cuando la Madre se halla separada de su Hijo,
por políticas poco cristianas de control de la Natalidad,
por la separación de las familias, por los problemas económicos,
por el morbo y la frivolidad en la sexualidad, le rogamos a Dios
para que retorne el Ideal de la Madre con su Hijo en brazos, que
nos ha recordado la Navidad auténticamente cristiana.
5.-
Muy querido amigo:
En
este primer día del año se nos ofrece la festividad
de Santa María como Madre del misterio de Dios, para que
contemplemos la figura de aquella que acepta en plenitud la voluntad
de Dios. Esa fue la tónica de su vida, y la lección
para nosotros. Ante la difícil invitación del ángel,
la misma contestación de siempre: “hágase en
mí según tu palabra”. Y eso es lo que caracterizó
su vida: una disponibilidad sin condiciones, y alguien que en el
fondo del corazón, allí en lo secreto en donde Dios
es encontrado, supo clarificar la voluntad del Dios que nos ama.
Hoy,
también le quiero pedir especialmente a Dios por todas aquellas
madres de familia, que han aceptado en su vida la voluntad divina,
al recibir amorosamente a cada uno de sus hijos, aún aquellos
que conforme a los criterios del mundo no cumplen con sus requerimientos
de calidad.
6.-
En este día de la Maternidad Divina quiero compartirte un
mensaje escrito por Marianne Neifert acerca de la maternidad, considerada
como un don y una tarea:
“De
no haber tenido hijos, probablemente hubiera contado con más
dinero y más cosas materiales. Quizá hubiera viajado
mucho y dormido a placer, y me hubiera dado más gustos. Pero
mi vida hubiera sido más aburrida y previsible. Como resultado
de mi maternidad, he reído intensamente y he llorado con
mayor frecuencia. Me he preocupado más y he corrido más.
He dormido menos, pero de una u otra manera me he divertido más
y he madurado más. Mi corazón ha experimentado un
mayor dolor, y he amado a un grado que trasciende todo lo que hubiera
podido imaginar. He dado mucho más de mí misma y le
he encontrado mayor sentido a la vida”
¿Sabes?
La maternidad exige la generosidad de parte de la madre de familia,
pues se trata de un amor generoso que busca el bien de aquellos
que a sus ojos serán siempre hijos independientemente de
la edad que puedan tener: el hijo será siempre hijo para
su madre. ¡Obvio!,... aunque no tanto,... para algunos.
7.-
Edward Handman, un célebre y reconocido actor de teatro en
Broadway, narra este aspecto del amor en aquellos que han recibido
el regalo del amor fecundo, al compartirnos una escena de su vida,
cuando una tarde salió a caminar con uno de sus hijos, que
en ese entonces tenía 25 años, y al caminar en el
parque el hijo se quitó la camiseta y su pregunta inmediata
fue:”¿No tienes frío, hijo?”
“¡No!”
–repuso él, con paciencia aunque también con
rudeza- “Si tuviera frío, me pondría la camiseta”.
Adam
su hijo ostentaba ya un título universitario, había
iniciado su propia empresa, y se sentía autosuficiente.
Y
el se preguntaba: “Acaso ¿Existe en alguna parte del
mundo un padre de familia que no haya entrado a la habitación
de su hijo en donde lee muy a gusto, para decirle: “Hace demasiado
calor aquí”? ¿Y hay acaso una madre que no le
haya recomendado a su hijo adolescente o adulto: “No se te
olvide comer”?”
Narra
el mismo Edward que él cuenta con un amigo, considerado como
uno de los más sobresalientes psiquiatras en New York, quien
tiene 50 años, un exitoso médico, el cual en una ocasión
en que fue a la opera con su madre, cuando al salir ya se iban a
subir al Mercedes Benz del médico, ella se volteó
a verlo y le dijo: “Hijo ¿No tienes que ir al baño?”
Los
padres que hacen esto deben tener el mejor de los consuelos: “si
sus hijos han aprendido bien la lección y ellos tienen hijos,
posiblemente harán otro tanto con los propios hijos”.
Concluye Handman.
8.-
En lo personal, me agrada que todavía en estos días
invernales escucho a mi padre cuando me oye toser: “Hijo,
abrígate bien”, “¿Estás tomando
el medicamento?”. Guardo con el afecto más sincero
en el cofre del alma el tesoro de las palabras de mi madre, quien
de Dios goza, cuando al llamarle por teléfono invariablemente
me preguntaba ¿ya comiste?, o cuando al salir de la casa
en las alegres noches de la Navidad o de año Nuevo después
de haber estado con ellos compartiendo la alegría cristiana,
me pedía, en ese entonces, que le llamara al llegar de regreso
al Seminario para estar tranquila de que había llegado con
bien – le preocupaba el que me desplazara en medio de la ciudad
y saliera rumbo al camino a San Mateo en una noche en que gran cantidad
de gente, por desgracia, está alcoholizada.
9.-
Concluyo este segmento compartiéndote un texto escrito por
Erma Bombeck a su hija en 1977, sobre la maternidad:
'Es
que,... ¡Tú no me quieres!' ¿Cuántas
veces nos habrán espetado este reproche nuestros hijos? ¿Y
cuántas, como madres o padres, nos habremos aguantado las
ganas de decirles lo mucho que los queremos?
Algún
día, cuando estén en edad de comprender los móviles
de la conducta de una madre, les diré a mis hijos:
Te
amaba lo suficiente como para fastidiarte preguntando, cada vez
que salías, adónde ibas, quién te acompañaba
y a qué hora volverías a casa.
Te
amaba lo suficiente como para no callarme mi opinión y decirte
que aquel amigo que habías escogido tan cuidadosamente no
era más que un pelmaso cualquiera.
Te
amaba lo suficiente como para hacerte devolver la pastilla de chocolate
que ya mordías y confesarle al tendero que la habías
hurtado.
Te
amaba lo suficiente como para estarme dos horas viendo cómo
ponías en orden tu habitación, tarea que yo habría
despachado en quince minutos.
Te
amaba lo suficiente para no esperar disculpas a pesar de tus impertinencias
y de tus malos modales.
Te
amaba lo suficiente como para no tener en cuenta todo lo que las
otras madres del mundo si hacía, decían o permitían.
Te
amaba lo suficiente como para adivinar tus mentiras... y perdonártelas
después de confirmarlas.
Te
amaba lo suficiente para aceptarte tal como eres, sin pensar en
lo que yo querría de ti.
Y
sobre todo, te amaba lo suficiente para negarte algo a sabiendas
de que me detestarías, eso era lo más difícil
de todo.
10.-
¿Cuándo llegará el día en que los hijos
comprendan a sus padres? ¡Cuando los hijos
un día sean padres!, si es que Dios así se los permite,
entonces viajarán al otro ángulo de la vida y experimentarán
en su corazón un sentimiento ahora desconocido, en el que
querrán primero sufrir ellos antes que sufran los que aman,
querrán ellos pasar limitaciones antes que las pasen sus
hijos, querrán primero llorar ellos antes que lloren los
hijos.
¡Felíz
día de la Maternidad Divina!
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