Sábado 1 de Enero de 2005_________Pbro. Rogelio Narváez Martínez

NO HAY NATIVIDAD SIN MATERNIDAD.

“En aquel tiempo, los pastores fueron a toda prisa hacia Belén y encontraron a María, a José y al Niño, recostado en el pesebre. Después de verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño y cuantos los oían, quedaban maravillados. María, por su parte, guardaba todas esas cosas y las meditaba en su corazón. ”

Momento 1

1.-  “Su madre conservaba en su corazón todas aquellas cosas”. El Evangelista san Lucas nos indica con este texto la forma en que la Virgen María consideraba los acontecimientos sucedidos en Belén, así como los que sucederán en Jerusalén y durante toda su vida.

La Madre de Jesús los vivía, no de forma superficial o solo sentimental, sino que ella los guardaba en su corazón, en lo más íntimo de su persona, y se esforzaba por entenderlos a la luz de Dios, cada vez más y mejor.

2.- Muy querido amigo:

La invitación que estamos recibiendo, tú y yo, en este día, es a no ser superficiales. Debemos profundizar en el misterio de la Navidad, y en cada uno de los misterios de la vida cristiana.

Ojalá que no nos quedemos en la superficialidad de un tiempo tan grande y sumamente especial. ¡Si queremos profundizar en el misterio de la Navidad, no nos podemos quedar simplemente en la poesía, en el sentimiento o en lo externo!

De esta manera la Solemnidad de la Maternidad Divina invita a que nos sumerjamos en el mensaje de Cristo, de tal manera que no nos quedemos en la corteza, en la periferia, en los sentimentalismos estériles...

Y es que la Navidad, ha sido la estación en que los ojos y los corazones son movidos a la memoria y al amor del Niño que nació en una cueva bajo el piso del mundo. Se trata del Niño cuyo nacimiento conmovió al mundo en sus mismos cimientos.

Todos contemplamos en el reloj de la historia la hora de la Navidad como el momento en el que el misterio de la omnipotencia de Dios ha querido ser envuelta en pañales yaciendo en un pesebre. La Navidad nos dice que Dios se encuentra siempre donde el mundo menos lo espera encontrar. La historia de la Navidad es la historia del Dios único y que estuvo sin hogar en su propio Hogar, Aquel a quien los suyos no lo recibieron y a quien el mundo no lo reconoció.

3.- Pero,... mientras continuamos rindiendo este acto primario de adoración al Dios que nos trajo los cielos a la tierra, al Dios cercano que vino a los hombres, existe un peligro real de que algunos podamos olvidar cómo nos vino el Niño al mundo: en efecto, ciertas formas modernas del cristianismo hablan del Niño que nos ha nacido, pero nunca, o muy pocas veces, nos dicen una palabra sobre la Madre del Niño. ¡Qué lamentable!

En algunas estaciones radiofónicas de nuestra ciudad pudiste escuchar en días pasados algunas reflexiones navideñas en las que se habló del nacimiento sin hablar de la que ha dado a luz. ¡Se habla del Niño que nace sin hablar de la Madre! ¿No te da tristeza, el que un celo mal entendido se convierta en un aparente odio, en ofensas,... o por lo menos en olvidos ilógicos que dejan mucho que desear?

El Niño de Belén no cayó de los cielos a un lecho de paja, sino que vino a este mundo por medio de una gran Mujer que le concibió y que le dio a luz por obra y gracia del Espíritu Santo.

Y es que, los hijos son inseparables de las madres, y las madres son inseparables de los hijos.

Es por ello que existe el peligro de que, por celebrar la Navidad sin la Madre, vayamos a llegar a un punto de que un día celebremos la Navidad sin el Niño. ¡Y que absurdo sería, pues, así como no puede haber una Navidad verdadera sin Jesús, tampoco puede haber un Jesús que nos nace sin una María! ¡Al menos así lo quiso Dios en su proyecto inefable!

Aunque,... por desgracia tengo que decirte que en muchos lugares la Navidad ya es un pretexto,... y ya se ha expulsado a la Madre,... y al Hijo.

4.- Volviendo a aquellos que nos llamamos cristianos y que luchamos por serlo, yo le ruego a Dios para que la Navidad que hemos vivido nunca la vivamos de una manera en que pareciera que el Niño es un Huérfano, sino un Hijo de María. ¡Aunque les duela a algunos!

Le ruego a Dios para que en el cristianismo alentemos el respeto por la vida y por la Maternidad, de tal manera que seamos capaces de vibrar de amor por esa Madre que nos trajo al Salvador al mundo.

Ver al Niño en brazos de su Madre es ver el Cielo y la tierra unidos por el gran misterio que la Navidad encierra. En efecto, al ver a este Niño en brazos de su Madre, pareciera que los cielos y la tierra cambiaran de lugar.

En estos días cuando la Madre se halla separada de su Hijo, por políticas poco cristianas de control de la Natalidad, por la separación de las familias, por los problemas económicos, por el morbo y la frivolidad en la sexualidad, le rogamos a Dios para que retorne el Ideal de la Madre con su Hijo en brazos, que nos ha recordado la Navidad auténticamente cristiana.

5.- Muy querido amigo:

En este primer día del año se nos ofrece la festividad de Santa María como Madre del misterio de Dios, para que contemplemos la figura de aquella que acepta en plenitud la voluntad de Dios. Esa fue la tónica de su vida, y la lección para nosotros. Ante la difícil invitación del ángel, la misma contestación de siempre: “hágase en mí según tu palabra”. Y eso es lo que caracterizó su vida: una disponibilidad sin condiciones, y alguien que en el fondo del corazón, allí en lo secreto en donde Dios es encontrado, supo clarificar la voluntad del Dios que nos ama.

Hoy, también le quiero pedir especialmente a Dios por todas aquellas madres de familia, que han aceptado en su vida la voluntad divina, al recibir amorosamente a cada uno de sus hijos, aún aquellos que conforme a los criterios del mundo no cumplen con sus requerimientos de calidad.

6.- En este día de la Maternidad Divina quiero compartirte un mensaje escrito por Marianne Neifert acerca de la maternidad, considerada como un don y una tarea:

“De no haber tenido hijos, probablemente hubiera contado con más dinero y más cosas materiales. Quizá hubiera viajado mucho y dormido a placer, y me hubiera dado más gustos. Pero mi vida hubiera sido más aburrida y previsible. Como resultado de mi maternidad, he reído intensamente y he llorado con mayor frecuencia. Me he preocupado más y he corrido más. He dormido menos, pero de una u otra manera me he divertido más y he madurado más. Mi corazón ha experimentado un mayor dolor, y he amado a un grado que trasciende todo lo que hubiera podido imaginar. He dado mucho más de mí misma y le he encontrado mayor sentido a la vida”

¿Sabes? La maternidad exige la generosidad de parte de la madre de familia, pues se trata de un amor generoso que busca el bien de aquellos que a sus ojos serán siempre hijos independientemente de la edad que puedan tener: el hijo será siempre hijo para su madre. ¡Obvio!,... aunque no tanto,... para algunos.

7.- Edward Handman, un célebre y reconocido actor de teatro en Broadway, narra este aspecto del amor en aquellos que han recibido el regalo del amor fecundo, al compartirnos una escena de su vida, cuando una tarde salió a caminar con uno de sus hijos, que en ese entonces tenía 25 años, y al caminar en el parque el hijo se quitó la camiseta y su pregunta inmediata fue:”¿No tienes frío, hijo?”

“¡No!” –repuso él, con paciencia aunque también con rudeza- “Si tuviera frío, me pondría la camiseta”.

Adam su hijo ostentaba ya un título universitario, había iniciado su propia empresa, y se sentía autosuficiente.

Y el se preguntaba: “Acaso ¿Existe en alguna parte del mundo un padre de familia que no haya entrado a la habitación de su hijo en donde lee muy a gusto, para decirle: “Hace demasiado calor aquí”? ¿Y hay acaso una madre que no le haya recomendado a su hijo adolescente o adulto: “No se te olvide comer”?”

Narra el mismo Edward que él cuenta con un amigo, considerado como uno de los más sobresalientes psiquiatras en New York, quien tiene 50 años, un exitoso médico, el cual en una ocasión en que fue a la opera con su madre, cuando al salir ya se iban a subir al Mercedes Benz del médico, ella se volteó a verlo y le dijo: “Hijo ¿No tienes que ir al baño?”

Los padres que hacen esto deben tener el mejor de los consuelos: “si sus hijos han aprendido bien la lección y ellos tienen hijos, posiblemente harán otro tanto con los propios hijos”. Concluye Handman.

8.- En lo personal, me agrada que todavía en estos días invernales escucho a mi padre cuando me oye toser: “Hijo, abrígate bien”, “¿Estás tomando el medicamento?”. Guardo con el afecto más sincero en el cofre del alma el tesoro de las palabras de mi madre, quien de Dios goza, cuando al llamarle por teléfono invariablemente me preguntaba ¿ya comiste?, o cuando al salir de la casa en las alegres noches de la Navidad o de año Nuevo después de haber estado con ellos compartiendo la alegría cristiana, me pedía, en ese entonces, que le llamara al llegar de regreso al Seminario para estar tranquila de que había llegado con bien – le preocupaba el que me desplazara en medio de la ciudad y saliera rumbo al camino a San Mateo en una noche en que gran cantidad de gente, por desgracia, está alcoholizada.

9.- Concluyo este segmento compartiéndote un texto escrito por Erma Bombeck a su hija en 1977, sobre la maternidad:

'Es que,... ¡Tú no me quieres!' ¿Cuántas veces nos habrán espetado este reproche nuestros hijos? ¿Y cuántas, como madres o padres, nos habremos aguantado las ganas de decirles lo mucho que los queremos?

Algún día, cuando estén en edad de comprender los móviles de la conducta de una madre, les diré a mis hijos:

Te amaba lo suficiente como para fastidiarte preguntando, cada vez que salías, adónde ibas, quién te acompañaba y a qué hora volverías a casa.

Te amaba lo suficiente como para no callarme mi opinión y decirte que aquel amigo que habías escogido tan cuidadosamente no era más que un pelmaso cualquiera.

Te amaba lo suficiente como para hacerte devolver la pastilla de chocolate que ya mordías y confesarle al tendero que la habías hurtado.

Te amaba lo suficiente como para estarme dos horas viendo cómo ponías en orden tu habitación, tarea que yo habría despachado en quince minutos.

Te amaba lo suficiente para no esperar disculpas a pesar de tus impertinencias y de tus malos modales.

Te amaba lo suficiente como para no tener en cuenta todo lo que las otras madres del mundo si hacía, decían o permitían.

Te amaba lo suficiente como para adivinar tus mentiras... y perdonártelas después de confirmarlas.

Te amaba lo suficiente para aceptarte tal como eres, sin pensar en lo que yo querría de ti.

Y sobre todo, te amaba lo suficiente para negarte algo a sabiendas de que me detestarías, eso era lo más difícil de todo.

10.- ¿Cuándo llegará el día en que los hijos comprendan a sus padres? ¡Cuando los hijos un día sean padres!, si es que Dios así se los permite, entonces viajarán al otro ángulo de la vida y experimentarán en su corazón un sentimiento ahora desconocido, en el que querrán primero sufrir ellos antes que sufran los que aman, querrán ellos pasar limitaciones antes que las pasen sus hijos, querrán primero llorar ellos antes que lloren los hijos.

¡Felíz día de la Maternidad Divina!

 

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