Domingo 9 de Enero de 2005_________Pbro. Rogelio Narváez Martínez

NACER SIENDO YA VIEJO.

“ En aquel tiempo, Jesús llegó de Galilea al Jordán y le pidió a Juan que lo bautizara. Pero Juan se resistía, diciendo: “Yo soy quien debe ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a que yo te bautice?” Jesús le respondió: “Haz ahora lo que te digo, porque así es necesario que cumplamos todo lo que Dios quiere”. Entonces Juan accedió a bautizarlo.

Al salir Jesús del agua, una vez bautizado, se le abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios, que descendía sobre él en forma de paloma y oyó una voz que decía, desde el cielo:
Este es mi hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias”.

Momento 2

Momento 3

1.-  Muy estimados amigos:

El mundo y el tiempo en el que vivimos es un mundo y un tiempo tan difícil y tan complejo; lleno de problemas, complicaciones, injusticias y de situaciones en ocasiones hasta dolorosas, violentas e incomprensibles como las que acaban de suceder en Asia.

Ante este mundo difícil y violento, y muchas veces incomprensible los hombres podemos tener una doble actitud: Por un lado se puede enfrentar la vida con apatía, cinismo, sarcasmo e ironía, o, por otro lado, se puede afrontar con un verdadero espíritu cristiano.

Tal vez muchos de ustedes, que comparten esta reflexión conmigo, han llegado a escuchar palabras tan llenas de amargura, de desesperanza, de desconfianza y hasta de una falta de fe en Dios Nuestro Señor, pronunciadas sinceramente desde el fondo del corazón, por parte de personas que se encuentran algún día con la cruda realidad del mal, del sufrimiento y del dolor que abundan en este mundo, en esta sociedad que es la nuestra, y que van poco a poco causando en estos hermanos y hermanas, actitudes que de la desesperación se pasan al cinismo y del cinismo se trasladan a otras soluciones evasivamente materialistas, o caen en situaciones anticristianas de violencia, o simplemente de encerrarse en una penumbra interior que no alumbra la conciencia y que llega a esterilizar nuestra vida.

Se trata de palabras y reclamos amargos lanzados al cielo: “¿Cómo puede ser que Dios permita que sucedan todas estas cosas, que sufran los inocentes?”, que tal vez es lo más doloroso e inexplicable de todo. La enfermedad, el dolor, los desastres naturales, la injusticia y la prepotencia,... que hacen sufrir al inocente, es lo que amarga el corazón de las personas, y de mucha de nuestra gente joven.

2.- Y es que..., nuestro mundo y cada uno de los hombres están necesitando de un Bautismo en el Espíritu.

Más allá del bautismo que se recibe una sola vez en la vida, y más allá de la necesariedad del ser bautizado para que cada hombre pueda acceder al Reino y recibir el perdón, hoy resulta urgente el que los cristianos dejemos de aprisionar al Espíritu de Dios y que al ser dóciles a sus impulsos, seamos capaces de comunicar la vitalidad del Santo Espíritu en los ambientes y en las estructuras, y que con Jesucristo, que es el Agua Viva limpiemos, empapemos, revivifiquemos y transformemos todo este tipo de situaciones que nos están dañando y que exigen una respuesta cristiana.

El bautizarse en el Agua y en el Espíritu, para cualquier hombre, significa la regeneración, un nuevo nacimiento. El bautismo de los hombres, aún y cuando nos trae el perdón del Pecado Original y de cualquier pecado que la persona tuviera en el caso de los adultos, no es tan sólo una ablución o uno más de los ritos purificatorios de la antigüedad o de la modernidad, sino que se trata de un Nuevo Nacimiento en el Espíritu Santo.

Este nuestro mundo no tan sólo necesita de una ablución, sino que también está necesitado de una verdadera regeneración.

3.- Un nuevo nacimiento en el mundo se dará cuando en el mundo le dejemos un lugar a Dios, y existan actitudes nuevas y se haga presente esa alma en el cuerpo del mundo, que es la auténtica vida cristiana.

Si al mirar este mundo y la sociedad en la que vivimos, nos damos cuenta de que no representan en manera alguna ni el proyecto de Dios ni la voluntad divina, debemos darnos cuenta de las necesidades que tiene y las carencias que existen. El mundo en el que vivimos representa lo que cada uno de nosotros hemos hecho de él o hemos dejado de hacer a favor de él, ya que el dolor y el sufrimiento no son realidades que Dios haya querido en su divino propósito.

El mal no se encontraba en el proyecto de Dios. Su proyecto estaba formado en la armonía y en la bondad de la creación.

A Dios no le agradan las cosas como están y su inconformidad la ha manifestado, en el misterio que ya hemos celebrado en la Navidad, al mandar a su único Hijo al mundo. Precisamente porque Dios no quiere que el mundo esté como está, nos manda a su Hijo. El mal y el sufrimiento no son pertenencia de Dios ni mucho menos fueron queridos por Él.

No te olvides de que lo mismo que te está haciendo sufrir a ti fue lo que llevó a Cristo al Calvario.

El que nosotros vivamos, en lo cotidiano, de acuerdo a la vida de Cristo y el enseñarla como ejemplo para el mundo, esa es nuestra alternativa contra el cinismo. El pecado no ha sido ni será la última palabra en la Historia de la Salvación.

4.- La alternativa de Cristo no es ni la desfachatez ni la violencia, como tampoco es la desvergüenza ni el hedonismo. La alternativa de Cristo es la del amor, la justicia, la bondad, la paz, la vida, la verdad y la entrega.

El cristiano es aquel que debe saber descubrir la esperanza aun en medio de la desesperanza, las oportunidades en medio de las tormentas, la presencia de la Providencia aún en medio de las noches del alma.

La alternativa cristiana es Cristo mismo, y este es el factor que nos da identidad en medio de este mundo al que debemos amar tal como Cristo le amó, y por el cual debemos trabajar hasta dar nuestra propia vida, tal como Cristo la ha entregado.

Juan Pablo II nos ha recordado, en multiplicidad de ocasiones, que la violencia solamente engendra violencia. Extendamos esta verdad: la ironía engendra ironía, el cinismo engendra cinismo, el odio engendra odio, la injusticia engendra injusticia, la mentira engendra mentiras, el egoísmo engendra egoísmo, la insolidaridad engendra la insolidaridad y la muerte engendra solamente la muerte. Lo dice el poeta cubano de una forma hermosa: “Cuándo planté rosales coseché siempre rosas”.

El cristiano está llamado a depositar en el campo de la vida la simiente de la esperanza. En este mundo, como si fuere un terreno en barbecho, debemos ir plantando semillas de verdad, de justicia y de bondad.

Los cristianos conocemos los elementos que dan respuesta a las situaciones que ponen interrogantes acerca de la vida en nuestro mundo y poseemos las herramientas para cuando nuestra vida parece no funcionar: la alternativa de Cristo es la que nos ha transformado a nosotros y la que también puede transformar al mundo en el que vivimos.

5.- Pero, antes de transformar el mundo debemos transformarnos nosotros mismos, de tal maneta que cada cristiano pueda manifestarse transformado ante un mundo que está exigiendo más testimonio que predicaciones. Decía Nietszche a los cristianos de su tiempo: “¿Quieren que crea en su redentor? Entonces, muéstrense redimidos”.

El poeta Hugo Fóscolo tiene un trozo, de esos que dejan un amargo sabor de boca:

“ En el tiempo de bárbaras naciones,
colgaban de las cruces los ladrones;
pero ahora, en el siglo de las luces,
del pecho del ladrón cuelgan las cruces.”

No sabe duda, que los bautizados tenemos que aprender a ser más cristianos. Este era precisamente el reclamo de Voltaire en aquella oración que compuso y que se ha hecho irónicamente memorable, pero verdadera:

No me dirijo a los hombres. Me dirijo a tí, Dios de todos los seres, de todos los mundos, de todos los tiempos;

No nos has dado el corazón para aborrecernos y las manos para degollarnos...

... que los que encienden sus cirios en pleno mediodía para celebrarte, soporten a los que se contentan con la luz de tu sol;...

6.- Queridos amigos:

La vida que vivamos será nuestra mejor forma de predicar y de comunicar, un poco y un mucho de nuestro ser bautizados, a un mundo que está necesitado de un nuevo nacimiento.

Te invito para que enfoquemos nuestra mirada hacia la enfermedad, y que puedas mostrar tu propia aprobación ante lo que dice G. Colombero: “Mil personas afectadas por la misma enfermedad ofrecen mil modos diferentes de ser hombres. Uno sale de la enfermedad siendo más hombre y otro menos, uno más adulto y otro más niño; hay quien sabe esperar y lucha contra toda evidencia, y hay quien considera muy ardua la esperanza; hay quien abdica después de tres días, y quien no lo hace ni siquiera después de diez años” (La malattia, una stagione per il coraggio). Entendamos que la autenticidad de nuestra vida cristiana, se manifiesta en los momentos de dificultad y, es allí en donde le podemos mostrar al mundo el rostro de dignidad que tiene la vida en Cristo.

7.- Este domingo Dios nos invita a la transformación, nos invita a una renovación de nuestro bautismo que transforme toda nuestra vida y todas nuestras actitudes. Dios quiere también un Bautismo para el mundo. O ¿qué?, ¿vamos a sentirnos derrotados y admitir que el mal es en mucho más fuerte que el bien?, ¿vamos a caer también derrotados en las actitudes escépticas y cínicas de los materialistas? El cinismo, la violencia y el hedonismo no cambian las cosas sino que las perpetúan, canonizan lo que es corrupto, sucio, vil, en este mundo en el que vivimos.

Busquemos en Cristo y en el camino que Él nos marca, un verdadero sentido a nuestra existencia. Seamos nosotros ahora los que como “hijos amados de Dios”, luchamos por transformar este mundo que Dios ha venido a redimir, y cuando lo hagamos las cosas realmente cambiarán.

Dios nos invita a dejar a un lado el cinismo y a ponernos a trabajar, a ser nosotros mismos artífices de cambio en este mundo. Dios nos invita a un cambio de actitudes ante el desastre que el mundo nos presenta. Ser bautizados es nacer de nuevo siendo ya viejos, lo cual lo necesita cada hombre, y lo necesita este mundo y sus estructuras.




 

LO DEMOSTRATIVO Y LO INDICATIVO.

“ Al salir Jesús del agua, una vez bautizado, se le abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios, que descendía sobre él en forma de paloma y oyó una voz que decía, desde el cielo: “Este es mi hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias”.

 

1.- Amables amigos:

El bautismo del Señor Jesucristo es un acontecimiento en la vida del Salvador, que se mueve tanto en lo demostrativo como se mueve en lo indicativo.

El bautismo del Señor, en primer lugar, nos muestra quien es Jesús, en su manifestación como Hijo de Dios y en la expresión de la augusta Trinidad. Pero, junto con lo demostrativo, el bautismo de Jesús es también un momento indicativo,... y es que a partir del bautismo se nos indica como es que debe ser el hombre.

El Bautismo del Señor nos viene a mostrar lo valioso que es el hombre, y nos indica como es que debemos de vivir.

2.- Los cristianos, también somos bautizados, de no serlo así no seríamos cristianos, y nuestro bautismo nos muestra la dignidad que en Cristo hemos adquirido, pero también nos recuerda las indicaciones sobre lo que debe ser nuestra vida.

Puesto que no tan sólo nos llamamos hijos de Dios sino que lo somos, y sí nosotros somos hijos de Dios, nuestra vida debe ser el mejor indicativo.

El día en que nuestra madre nos dio a luz se nos concedió el nacimiento y el día en que fuimos bautizados se nos concedió el renacimiento. De esta manera, si por nuestro nacimiento hemos obtenido las realidades presentes, al renacer se nos concedieron las realidades eternas.

La regeneración espiritual, o el nuevo nacimiento que se opera por el Bautismo, es semejante al nacimiento corporal: así como los niños que se hallan en el seno de su madre no se alimentan por sí mismos, sino que se nutren por el sustento de la madre, así también los bebés que no tienen uso de razón y están como niños en el seno de su Madre que es la Iglesia, por la acción de la Iglesia y no por sí mismos reciben la salvación que solamente Cristo nos proporciona.

Es así como el bautismo nos da una vida nueva, nos hace hombres nuevos,... pero es necesario que mostremos esa vida nueva en nuestra propia vida.

Será la vida cotidiana el mejor sinodal de nuestro cristianismo, y es el mundo el juez más insobornable sobre la autenticidad de la vida en Cristo.

3.- Y es que nuestra vida, como la vida de todo hombre se va moviendo entre lo valioso y lo superfluo, y se desplaza por los límites fronterizos de lo tangible y lo etéreo, entre lo real y lo ideal.

Tarde o temprano los principios tienen que convertirse en caminos y nuestros valores se deben volver vida en nuestra persona.

Te das cuenta, cómo es tan importante el elemento demostrativo de la fiesta del bautismo como el elemento indicativo: que se nos diga lo que somos y que se nos recuerde cómo es que debemos vivir.

Es fácil el que nos movamos en la sola dimensión de lo etéreo y el que los cristianos, nos lleguemos a pensar como irreprensibles por conocer nuestros valores, pero no por vivirlos.

Pero tarde que temprano, debemos vivir lo que conocemos y hemos recibido y aceptado en nuestra vida.

Tarde que temprano el hombre que se siente honesto se encuentra ante las situaciones que le exigen demostrar su honestidad. Tarde que temprano el joven que se presume con principios, y que ha llegado a pensar que jamás cometerá una injusticia, se encuentra con la oportunidad de demostrarse a sí mismo que en realidad puede ser justo.

El cristiano debe aprender a ser fiel a sus valores y a sus ideales. Las situaciones de la vida se manifiestan siempre con diferentes rostros, pero el cristiano debe aprender a ser fiel a sus convicciones.

El cristiano que no sabe respetar sus ideales o sus convicciones, que no hace vida las virtudes, será un hombre apocado, disminuído, es alguien que no tiene aprecio hacia aquello que conoce que vale la pena vivir y, por ende, vive una vida sin valor.

Hemos recibido en el bautismo la fe, la esperanza y la caridad. La vida exigirá que manifiestes que eres un hombre de fe, que no desfalleces en la esperanza y que la caridad se convierte no tan sólo en tu proyecto, sino en tu misma vida.

4.- Pero regresemos a nuestro juego de palabras:Tarde que temprano lo etéreo se convierte en tangible y lo ideal se convierte en real.

La persona que se consagra le promete a Dios: Pobreza, Obediencia y el Celibato por el Reino de los Cielos.

Es fácil prometerlo, es difícil el vivirlo. Pero sólo aquel que sea fiel a sus ideales podrá ser fiel a sus promesas.

La pobreza tiene nombre y significa abandono a la Providencia de Dios, significa un desapego de la riqueza y un confiar indefectiblemente en la mano Providente de Dios.

Momento crítico en mi vida significó el desempleo de mi padre cuando el tenía 53 años y yo tenía 23 años. Llevaba casi 9 años en el Seminario. La economía empeoraba en mi casa y yo estaba a casi 1000 kilometros de distancia.
Mis amigos, mis compañeros de la escuela, mis primos ya graduados o con un trabajo y con un ingreso.
No faltaba quien ya tenía un coche y que ayudaba a sus padres de acuerdo a sus posibilidades. Yo me llegué a sentir inútil, mis padres que se empezaban a endeudar y yo tenía que pedirles un peso para el camión, estiraba la mano para tomar una pasta de dientes o un jabón en mi casa.

Faltaba poco para ordenarme, pero los tiempos se habían tornado difíciles. Y no obstante lo anterior, la respuesta de mi padre y de mi madre ante mis inquietudes siempre era la misma: “Han existido situaciones más difíciles, y Dios no nos ha abandonado

Es fácil elaborar un discurso sobre la pobreza, pero es difícil el vivirlo. ¿Te fijas como tarde que temprano lo etéreo se vuelve tangible?

Prometemos obediencia: y la promesa de obediencia suele ser hasta romántica, pero la puesta en práctica suele costar y suele hacer sangrar el alma en ocasiones. Obedecer significa interrumpir, trasladarte, significa regresar y terminar, significa ir a un destino del cual no te consultaron y en el cuál te necesitan, significa despedirte de una comunidad, significa emprender un nuevo nombramiento. Obediencia en los casi 15 años de ordenado ha significado estar en 5 lugares distintos, alguien pensará que son muchos para tan pocos años. Pero en la realidad no son tantos para la aunténtica vivencia de la obediencia.

Prometemos Celibato por el Reino de los Cielos, y es hermoso realmente como voto y como promesa a Dios pero tarde o temprano, el celibato adquiere nombre y apellido. Y no debe asustarnos el ser fieles así en lo etéreo como en lo tangible, así en lo ideal y en lo real.

5.- El que se casa promete amor y fidelidad a su cónyuge. Pero tarde o temprano el amor y la fidelidad adquieren nombre y apellidos.

El amor adquiere nombre y apellidos cuando se presenta la enfermedad, o cuando viene la oscuridad. Adquiere nombre y apellidos cuando vienen los fracasos económicos o se presenta el desempleo en la vida de la persona.

La fidelidad también tarde o temprano adquiere nombre y apellidos, y es que, fidelidad es el nombre que adquiere el amor cuando pasan los años. Prometiste fidelidad a tu cónyuge, a tu consorte y tarde o temprano tu promesa adquiere un nombre y un apellido, adquiere un rostro y cualidades concretas. Y es allí en donde el hombre vive los valores que lleva en el alma no en lo etéreo sino en lo concreto, no en lo ideal sino en la realidad.
Prometes amor y fidelidad... Pues, la vida te dará la oportunidad de vivir el amor y la fidelidad.

6.- Los valores adquieren nombre y apellido. Alguien quiere ser amable, la vida diaria le dará la oportunidad para serlo con nombre y apellido, alguien le pide a Dios el ser servicial, la vida diaria le pone nombre y apellido a lo que le pides a Dios. Alguien quiere dejar el rencor y aprender a perdonar, la vida diaria le dará la ocasión de hacerlo vida.

7-.-Celebrar el bautismo de Cristo debe hacernos volver a nuestras raíces.

Yo me resisto a creer que un jóven un día haya querido ofrendar su vida y haya tenido como ideal el sacerdocio para ser un sacerdote mediocre.

Yo me resisto a creer que alguien un día haya querido casarse pensando en el fracaso o pensando en la infidelidad.

Yo me resisto a creer que alguien un día haya querido ser médico pensando solamente en su cartera y con el paso del tiempo se haya convertido en un mercader de la vida.

Yo me resisto a creer que alguien un día haya querido ser maestro para ser solamente un comerciante de sus conocimientos.

Yo me resisto a creer que alguien un día haya pensado ser arquitecto y en su mente no haya pasado la leve y peregrina idea de ser alguien que brinde un servicio a la sociedad.

Yo me resisito a creer que alguien un día se hubiera convertido en abogado, no pensando en la impartición de la justicia o del beneficio del hombre y del honor a la verdad.

Yo me resisto a creer que el joven no sea capaz de valorar su vida y la malbarate, que un joven solamente piense en pisotear su salud o que un joven eche al drenaje su propia sexualidad.

Yo me resisto a creer que exista un hombre sobre la tierra que un día no haya tenido sueños, que un día no haya tenido ideales, que un día no haya sabido valorar el porqué Dios lo puso en esta tierra.

El hombre debe tener valores para poder vivir y debe vivir conforme esos valores.

El Evangelio del Bautismo es ciertamente demostrativo pero lo es también indicativo, nos muestra la grandeza de Dios y de su Hijo Jesucristo, pero nos indica también la grandeza del hombre que debiera saber escuchar la voz de Dios: ¡Tú éres mi hijo muy amado en quien tengo mis complacencias.

Lo demostrativo es el ser hijos de Dios y lo indicativo es que nuestra vida debiera ser de tal manera que Dios encontrara complascencia en nosotros.


SALIDA DEL EGIPTO ESPIRITUAL.

“En aquel tiempo, Jesús llegó de Galilea al Jordán y le pidió a Juan que lo bautizara. Pero Juan se resistía, diciendo: “Yo soy quien debe ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a que yo te bautice?”.

1.-  Desde los primeros años del cristianismo, la Iglesia ha comparado la vida cristiana con las etapas de la vida de Israel en el Antiguo Testamento.

De esta manera nuestro Bautismo ha sido visualizado como ese momento en el que Jesucristo nos saca del Egipto espiritual y nos hace cruzar el Río Jordán de la libertad encaminándonos hacia la tierra prometida.

Ha sido así, mi querido amigo, que cuando tus padres te hicieron llegar a la fuente del Bautismo, entonces también tú, por ministerio de los sacerdotes, atravesaste el Río Jordán y entraste en la tierra prometida, en la que te recibió Jesucristo, el verdadero Moisés, el verdadero libertador, y Él se ha convertido en tu guía por el nuevo camino de la vida.

De la misma manera en que aquellos Israelitas ya adultos fueron caminando por el desierto llevando en sus brazos a sus pequeños hijos, para que también ellos recibieran el regalo de la libertad y de la tierra prometida, así también los cristianos llevan a esa tierra a sus bebés. ¿Tú te imaginarías a aquellos israelitas dejando a sus pequeños hijos al otro lado del Jordán esperando a que ellos tuvieran 33 años, o esperando a que ellos fueran conscientes y decidieran por sí mismos si querían cruzar el Río Jordán o si no querían cruzarlo? ¡Hasta la pregunta te resulta necia! Entonces..., ¿porque algunos, que se llaman cristianos, dejan a sus hijos siendo niños en el Egipto espiritual, en la esclavitud del pecado y sin la capacidad de ingresar, ya no a una tierra prometida material, sino a la verdadera tierra prometida como lo es el Reino de los cielos?

2.- Pero bueno, ahora quisiera invitarte para que reflexionemos sobre algunos elementos de una auténtica vida cristiana.

¿Cuántos de nosotros no nos repetimos incesantemente: ¡Si yo pudiera llevar tal otra vida y hacer tales o cuales cosas que hoy no puedo hacer!?... Y cuántos de nosotros si pudiéramos llevar esa vida y hacer esas cosas, desearíamos esta vida y los hechos actuales. Porque, al final de cuentas, lo que queremos es aquella vida, y esta, y la otra, y toda más.

El pueblo hebreo, al salir de Egipto, ansiaba la tierra de la promisión, y, una vez en ella, suspiraban por el Egipto de la esclavitud. Y es que en realidad querían las dos tierras a la vez, y el hombre quiere todas las tierras y todos los siglos y vivir simultáneamente en todo el espacio y en el tiempo todo.

¿Cuántos de nosotros, por nuestra falta de conciencia, hemos osado vivir en la tierra prometida y darnos los paseillos por la tierra de la esclavitud?

La vida cristiana consiste en el cruce consciente del Jordán, pero muchos de nosotros permanecemos en numerosas cegueras, esclavitudes, y tinieblas... Tal vez, hasta lo justifiquemos todo y pongamos nuestra ilusión en ello. Tal vez echamos mano de “aparentes” soluciones, salidas desestresantes, escapes momentáneos y vacaciones del espíritu.

3.- Hoy, el Señor nos invita a que no nos autoengañemos, puesto que a Él no le engañamos. Se nos exhorta a que ubiquemos las verdaderas coordenadas de nuestra vida, de tal manera que descubramos si nos encontramos allende el Jordán o en la tierra prometida.

Revisemos nuestra vida cotidiana y descubramos si realmente vivimos en la libertad de los hijos de Dios o todavía vivimos esclavizados por nuestro pecado. ¿Cómo es nuestro actuar? ¿Cuáles son nuestras obras? ¿Cuáles sentimientos laten en nuestro corazón?

Revisemos si realmente nuestras amistades nos ayudan a la vida cristiana. Recuerda que un amigo verdadero es aquel que quiere cosas buenas para tí. Si alguien está provocándote problemas en tu matrimonio, le debes poner en tela de duda el calificativo de amistad.

Piensa en el tipo de reuniones a las que asistes, aunque sean de trabajo, o para atender a un buen cliente o para cerrar un jugoso contrato. ¿Por qué las reuniones laborales tienen que tener tanto alcohol o espectáculos denigrantes?¡Es que los logros en mi negocio benefician a mi familia!- Ten cuidado porque de nada sirven los supuestos logros si se pierde a la familia, y en la vida cristiana de nada nos sirve ganar el mundo entero si nos perdemos a nosotros mismos.

Alguien debe pensar en los espectáculos que está frecuentando. ¿Te has puesto a pensar en la clasificación de las películas que miras en la televisión comercial o en la privada? -Es que somos de amplio criterio-. ¡Quizá ya se te han olvidado los criterios cristianos!

Otros podemos y debemos pensar en esa modalidad que han adquirido las despedidas de soltera a las que se asiste. –Es que son familiares-... Bueno, por favor, respóndeme una sola cosa: ¿llevarías a tus hijos, a tu esposo o a tu esposa a esas despedidas?

Muchos esposos tienen que ser sinceros sobre los métodos de regulación natal, desde los anticonceptivos hasta los abortivos. Tenemos que decir las cosas por su nombre y mencionar que el Dispositivo Intra Uterino es abortivo, puesto que corta una vida que ya ha sido concebida, y lo mismo de la píldora del día siguiente.

Meditemos sobre nuestras relaciones familiares, tanto con los ascendentes como con los descendientes. Y,... ¿Cómo es tu relación de esposo (a) ?

4.- ¿Dónde me encuentro? ¿En la tierra de la libertad de aquellos que nos realizamos y permitimos que otros se realicen en el contacto con nuestra generosidad y bondad? ¿O nos encontramos en la tierra de la esclavitud de nuestro egoísmo, en el desierto de nuestro orgullo?

Hace algunos años, leía en una revista científica llamada: “Chemical Discoveries” la siguiente afirmación: “La verdadera razón de que el desierto esté seco no estriba en la escasez de lluvia, sino porque la arena no retiene el agua”.

Piensa, de nuevo, por un momento en esa afirmación: “La verdadera razón de que el desierto esté seco no estriba en la escasez de lluvia, sino porque la arena no retiene el agua”.

Y, es que esto es lo que sucede en nuestra vida, la razón de casi todos nuestros problemas no estriba tanto en las cosas o situaciones externas, sino en nuestro interior. Digámoslo de la siguiente manera:
la soledad no suele ser la ausencia de personas sino el exceso de nuestro egoísmo,
el divorcio no es provocado por la ausencia del amor sino por el asesinato del amor provocado por nuestro orgullo, negligencias y frivolidades.

¿Te has dado cuenta? No son las montañas que tenemos enfrente las que nos cansan; sino el grano de arena que llevamos en el zapato. Pero nosotros no queremos deshacernos de esas arenillas que lastiman tanto a los que queremos.

5.- Considero que la base fundamental para la felicidad de una familia, estriba en darle prioridad cristiana a las personas. Desgraciadamente, muchos padres parecen estar persuadidos de que se puede tomar una familia al azar, durante el tiempo libre, piensan que es un pasatiempo.

Tenemos que revisar un día en nuestra vida, una semana en nuestras labores, y descubrir lo que tiene prioridad en nuestra existencia.

Las prioridades son tu escala de valores. Cuando pienses cuáles son tus prioridades, te será relativamente fácil ver qué es importante en tu vida, con sólo verificar el tiempo que le inviertes a cada cosa.

El padre que ve varias horas de televisión al día, pero que no tiene tiempo para llevar al hijo al partido de football, claramente le está comunicando al hijo que ver televisión es más importante que pasar tiempo en su compañía, y verlo crecer y desarrollarse.

El papá que pasa diez horas a la semana con sus amigos, pero no tiene tiempo para sacar a la familia a comer, claramente está comunicando cuáles son sus prioridades y, qué lugar le asigna a la familia en su jerarquía de importancia.

La mamá que se pasa la mañana en el gimnasio o en el café, o toda la tarde en el Buffet de la merienda de algunos restaurantes y que no es capaz de ir a una junta de la Escuela o del Catecismo de sus hijos, está diciendo claramente que sus satisfacciones personales son más importantes que acompañar a su hijo en una actividad para su crecimiento.

El papá que se la pasa domingo tras domingo, frente a un televisor viendo toda la jornada deportiva, y que no es capaz de acompañar a sus hijos a la Iglesia porque “es el único día que tiene para sí mismo”, está despreciando la enseñanza de los valores espirituales.

Si, como sacerdote yo dejara la oración para mis tiempos libres y no la pusiera como un momento privilegiado, mi sacerdocio empezaría a adolecer en su misma esencia de vida. La oración no puede ser algo accidental en mi vida, que queda para ver si me sobra algo de tiempo en mi vida. ¿Cuáles son mis prioridades? Y, ¿Cuáles son tus prioridades?

6.- ¿En dónde vives? ¿Allende el Jordán o en la tierra prometida? Hay que renacer. Hay que ser bueno...; he aquí nuestra obra. Todo lo demás es obra de la gracia de Dios, que por Cristo nos ha hecho hijos suyos.

Pidamos a Dios en este día en que celebramos el Bautismo del Señor, que nos conceda el Espíritu de la vida. Ya que de la misma manera como la tierra árida no da fruto si no recibe el agua, así también nosotros, que por nuestros egoísmos somos como un leño árido, nunca daremos el fruto de la vida sin esta gratuita lluvia de lo alto

Procuremos que, al dejar este mundo, veamos no solo el que hayamos sido buenos, sino que dejamos un mundo bueno tras de nosotros.

Una última cosa te aconsejo: Ten cuidado, querido hijo de Dios, en no dudar de la gracia que el Señor te ha dado. Es por la obra del Espíritu Santo, por la cual has sido engendrado en el vientre de la Iglesia. Si ya eres bautizado, nunca permitas que te vuelvan a “re-bautizar”. Y es que, de la misma manera en que un hombre no nace más que una vez, igualmente el cristiano sólo una vez puede ser bautizado.

Si Jesucristo te ayudó a cruzar el Jordán, no es necesario que lo vuelvas a cruzar, sólo porque un hombre te lo dice, ¡eso es una aberración!, lo que hace falta es el adaptarte a una vida en la libertad de los hijos de Dios pidiéndole a Dios su gracia de todos los días.


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