Domingo 16 de Enero de 2005_________Pbro.
Rogelio Narváez Martínez
EL TRIUNFO ES DEL CORDERO.
“
En aquel tiempo, vio Juan el Bautista a Jesús, que venía
hacia él, y exclamó: “Este es el Cordero de
Dios, el que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de
quien yo he dicho: “El que viene después de mí,
tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes
que yo”. Yo no le conocía, pero he venido a bautizar
con agua, para que él sea dado a conocer a Israel”.
Entonces Juan dio este testimonio:
“Vi al Espíritu descender del cielo en forma de paloma
y posarse sobre él. Yo no lo conocía, pero el que
me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre
quien veas que baja y se posa el Espíritu Santo, ése
es el que ha de bautizar con el Espíritu Santo”.
Pues bien, yo lo vi y doy testimonio de que éste es el
Hijo de Dios”.
Apaciblemente
Jesús se viene acercando al Bautista del Jordán y
a esta humanidad, tan necesitada de un bautismo de renovación,
como si fuese un Cordero poseedor en su mirada del proyecto de su
vida y suscitador en su propia vida de la mejor de sus miradas.
Se
trata de Aquel que tiene precedencia sobre el Bautista y sobre todos,
que existía antes que Juan y que todos, aquel que bautiza
con el Espíritu Santo, el Hijo eterno de Dios, ahora presente
aquí en la tierra en la humildad del Cordero divino que ofrece
su sacrificio en el silencio de su inocencia y en el misterio de
la real divinidad unida a la verdadera humanidad.
Cordero
Pascual, víctima inocente por cuya sangre hemos sido liberados
todos los hombres de la esclavitud de nuestro Egipto espiritual.
Cordero
de la Pascua verdadera y universal inmolado en la
tarde de la preparación, en la víspera de la Pascua
litúrgica del Pueblo de Israel para convertirse en el Cordero
que ha de descender al lugar de los muertos para comunicar la libertad
eterna a todos los que esperaron la redención de Israel.
Cordero
de Dios en el altar de la cruz, al que no se le
quiebran los huesos, para ser inmolado como víctima sin defecto
para la redención de un Nuevo Israel con alcances universales.
Cordero
de Dios y de los hombres inmolado, degollado, sacrificado,
y que permaneces de pie frente al altar del tiempo y de la eternidad.
Cordero
celestial y triunfante que con tu muerte redentora
te has alzado con la victoria, y que compartes el trono del Dios
eterno, que eres digno de la adoración de todos los seres,
y que has sido investido de poder divino.
2.-
¡He aquí a Jesucristo! ¡He aquí al Cordero
de Dios! Y en el Cordero divino he aquí la mirada y el proyecto
de Dios, y en el Cordero de Dios he aquí nuestra mirada y
nuestro proyecto.
La
presencia del Cordero es elocuentemente persuasiva, y en ella se
impone fuertemente ante nuestros ojos su fuerte carga de significado,
su exhortación y un intenso contraste generado ante la propuesta
actual del hombre y del mundo.
El
verdadero triunfo es del Cordero de Dios no es del león solitario
ni del ejército de lobos: el triunfo final
es y será solamente de aquel que haya podido ofrecer su vida
sin algarabías inútiles. El triunfo auténtico
viene de una vida que no se impone sino que se propone. El
triunfo finalmente no es de aquel que vence sino de aquel que convence.
3.-
Y esta es la historia de aquel tiempo y la historia de todos los
tiempos. El león atemoriza y los lobos destruyen, el Cordero
ofrece confianza y nos ofrece salud.
Decía
Emanuel Mounier que el totalitarismo de los leones y los lobos se
encargan de dañar y de engañar al hombre: “los
estragos causados a los hombres en nombre de un futuro radiante
son casi siempre irreparables”.
4.-
El Cordero de Dios: he aquí nuestra mirada y he aquí
nuestro proyecto.
El
ser Cordero es para nosotros una actitud, una postura
ante la vida que todos los hombres del mundo pueden comprender.
El
Señor y Dueño de todo el mundo ha querido aparecer
ante el mundo como Cordero, como aquel que es manso, como pequeño,
como humilde, como aquel que ha venido a servir, aquel que pasa
su vida haciendo el bien.
El
cristianismo de aquellos que hemos conocido y que amamos al Cordero
de Dios, es para nosotros el recuerdo presente y constante de una
postura ante la vida de aquellos que creen en el triunfo del bien
callado, en la victoria de la labor aparentemente no premiada. Del
triunfo del bien sobre el soberbio y el dominador.
El
Cordero es también una figura silenciosamente sugerente de
la grandeza de la pequeñez, de la elocuencia del silencio
y de la proporcionalidad del ofrecimiento sincero.
El
Cordero de Dios nos muestra la verdadera fuerza de Dios y de los
hombres a través de una imagen sin alardes, ni imposiciones,
ni dogmatismos, ni gritos, ni guerras, ni violencia.
5.-
Y así, hemos comprendido que el verdadero triunfo del hombre
no suele ser visto en lo cotidiano, temporalmente no suele ser premiado,
generalmente no es reconocido, casi siempre no puede ni debe celebrarse
en público.
Y
así, ha acontecido que aquellos que no lo hemos comprendido
hemos tenido que buscar nuestros propios triunfos en el aplauso,
en el reconocimiento, en ese querer subir a toda costa un poco más,
el tener un poco más, el querer ser un poco más...,
¡claro! pero siempre en una clara referencia a los demás,
pero nunca en referencia a nosotros mismos, allí en donde
se podría dar el auténtico crecimiento. Pero, eso
es para quienes no hemos recibido la visita del Señor y que
tenemos necesidad de otras visitas.
El
triunfo es del Cordero y de aquellos que quieren realmente servir
como lo ha hecho el Cordero,... pero se trata de
servir auténticamente, puesto que suele acontecer que somos
muchos los que le queremos servir a Dios,... pero como consejeros,
queremos diseñarle sus estrategias y con ello impornerle
nuestros criterios,... los criterios del león y del lobo,
no los del cordero.
6.-
¿Sabes? Hace algunos años me regalaron aquel bello
libro que escribió Charles De Gaulle con el título
de MEMORIAS DE ESPERANZA, y me fascinó desde la
primera página, en donde me llamaba la atención la
dedicatoria allí escrita a su esposa: “A Yvonne,
pues sin ella no habría podido hacerse nada de lo que se
hizo”.
Era
la mejor de las puertas que me pudieron poner al frente como para
así invitarme a ingresar en aquellas mágicas habitaciones
de letras y conceptos, de pensamientos y sentimientos, de historias
y acontecimientos.
De
inmediato quise yo saber la razón de aquellas palabras, y
terminé aquel libro y busque otros, hasta que hace apenas
unos meses lo entendía al leer un relato biográfico
sobre la familia De Gaulle, pero visto desde la perspectiva de la
esposa. El libro se llama MADAME DE GAULLE y es de la autoría
de Jean-Marie Javron.
Varias
cosas me llamaron la atención: los casi cincuenta
años de casados, ya que Charles De Gaulle murió el
9 de Noviembre de 1970, y de haber llegado al 7 de abril de 1971,
cinco meses después, hubieran cumplido sus cincuenta años
de matrimonio.
También
me llamó la atención, ¿cómo no lo iba
a hacer?, su catolicismo arraigado, al igual que su entereza y dedicación
a cada uno de sus tres hijos: Philippe, Elizabeth y Anna. Especial
dedicación tuvo para con Anna, quien habían nacido
afectada por el gen causante de la Trisonomia del par 21, mejor
conocida como mongolismo. Ivonne atendió a Anna con dedicación
y amor hasta su muerte cuando en 1948 la hija contaba con 20 años
de edad. Atrajo mi atención el hecho de que ella supo estar
al lado de su esposo en casi todos los 31 atentados de muerte que
él padeció, especialmente el de aquel 22 de agosto
de 1962 durante la rebelión argelina. Aún cuando un
proyectil le paso a pocos milímetros de la cabeza de Yvonne,
ella decidió seguir acompañando a su esposo a sus
viajes. Durante ese atentado fue cuando su esposo le empezó
a decir: TANTE IVONNE, y, ¡en verdad que fue grande!
Quizá
lo que más me impactó de Ivonne fue aquella entrevista
que concedió a la publicación LE NOUVEL OBSERVATOUR,
y en cuyas expresiones habrá alguien que no coincida con
mi beneplácito: Le preguntaban acerca de la fórmula
para resolver el problema del ser esposa de un roble real. A lo
que Yvonne respondió: “Charles
es un Roble Real y Yo elegí ser el suelo en donde él
echara sus raíces”.
Fue
entonces cuando me dí cuenta de que Charles De Gaulle tenía
grandes razones como para que le dedicara a su esposa Yvonne su
libro MEMORIAS DE ESPERANZA, con esas palabras: “A Yvonne,
pues sin ella no habría podido hacerse nada de lo que se
hizo”.
7.-
Jesucristo es manso y humilde de corazón. Y para nosotros
los seguidores del Cordero, la soberbia será uno de los vicios
más peligrosos, su raíz se encuentra en el amor propio
desordenado.
Si
sabemos proceder con humildad nos amarán más que al
hombre dadivoso. Debemos hacernos mucho más pequeños
cuanto más grande pensamos ser.
En
Cristo, el Cordero sin mancha que quita el pecado del mundo, Dios
se ha manifestado en la sencillez.
El
Cordero es nuestro símbolo, nuestra confesión y es
también nuestro proyecto. Al contemplar al Cordero de Dios
que se acerca al Bautista en el Jordán sabemos cómo
debemos actuar y cuáles deben ser nuestras convicciones.
¿Sabes?
Le preguntaban al entonces Cardenal Angelo Giussepe Roncalli, quien
después fue el Papa Juan XXIII sobre las personas que él
más admiraba, y él contestaba con claridad que cuando
él era más joven, admiraba a las personas listas,
a los sobresalientes, a los sumamente inteligentes, a las personas
geniales. Ahora que soy viejo –contestó-, admiro a
las personas que son bondadosas. Y concluía la entrevista
diciendo: “Un corazón
bueno vale más que todas las cabezas de este mundo”.
8.-
El Cordero de Dios es aquel que nos salva y él es también
nuestro proyecto.
CORDEROS QUE SE
DISFRAZAN DE LOBOS.
“ En aquel tiempo, vio Juan el Bautista a
Jesús, que venía hacia él, y exclamó:
“Este es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo.
Éste es aquel de quien yo he dicho: “El que viene después
de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía
antes que yo”. Yo no le conocía, pero he venido a bautizar
con agua, para que él sea dado a conocer a Israel”.
1.- Muy
estimados amigos:
Estaba
recordando una célebre homilía de san Juan Crisóstomo:
“Mientras seamos corderos, la
victoria es nuestra y superaremos a los lobos, aunque nos rodeen
en gran número. Pero si llegamos a ser lobos, entonces seremos
vencidos, porque entonces nos faltará la ayuda del Pastor.
Este, en efecto, no apacienta lobos, sino corderos, y por esto te
abandona y se aparta de ti, porque no lo dejas mostras su poder”
2.-
El Cordero de Dios, Pastor eterno, nos lanza una invitación
para que seamos Corderos,... situación difícil, pero,
¿quién te engañó al decirte que la vida
cristiana era fácil?
Difícil
y, ¡más que difícil!, pero no imposible, sobre
todo y aún cuando consideramos que este mundo se ha convertido
en la estepa de los lobos, y para muestra bastaría un solo
boton proveniente del casimir del lobo que se ha exhibido en la
pasarela de la humanidad en estos días en que el hambre y
los brotes endémicos se han convertido en la secuela de las
devastaciones naturales en los países asiáticos.
La
necesidad insoslayable de alimentos y medicamentos han hecho que
muchos medios informativos nos recuerden sobre la injusta distribución
de la riqueza, sobre las negligencias en cuestión de prevención
de desastres,... pero mucho más que una sola información
se nos ha hecho conscientes de una sola realidad: “el mundo
en el que vivimos se ha convertido en el campo de juego para la
justa de unos lobos que han desplazado a los corderos”.
Es
muy cierto, que nuestra mirada no se puede quedar en una óptica
dirigida desde el pesimismo, ya que entonces la unilateralidad y
el reduccionismo se encargarían de anular la sensatez y el
fermento de verdad que se pueda poseer en nuestra reflexión.
No todo es negativo en esta nuestra
“civilización”.
3.-
En honor a la verdad, tenemos que decir que nuestro tiempo
nos asombra cada día con las empresas espaciales, nos sobrepasa
con la capacidad que se tiene de reducir distancias y nos entusiasma
con las conquistas de la técnica; reconocemos que los logros
obtenidos en la ingenieria y en la ciberbetica aplicada a los más
diversos campos, entre ellos la medicina, nos han dejado perplejos...
4.-
Pero el asombro se transforma en incomprensión cuando consideramos
dos datos que poco tenemos presentes en estos días de solidaridad
ante la desgracia: En los arsenales atómicos del
mundo están depositadas varias decenas de millares de megatones.
Si una revista norteamericana que goza de total seriedad no se equivoca:
existen 20 toneladas de trilita por cada habitante de la tierra.
No
obstante no es este el único regalo que nos ha dejado este
progreso que terminará en el peor de los regresos. Hay otro
regalo que nos ofrece una civilización en la que los lobos
han vencido y hasta convencido a los corderos: dicen los nutriólogos
que para tener una vida normal se necesitan dos mil setecientas
calorías al día, pero que si un hombre consume debajo
de dos mil calorías está viviendo en un “ayuno
crónico”. Y de esta manera nos dicen las estadísticas
en las revistas de la ciencia que 30 millones de personas mueren
al año a causa de una alimentación insuficiente...
Por falta de pan.
Ojalá,
que se pudiera sugerir a través de los medios que se implante
un centro de canje para ofrecer nuestra trilita y megatones por
un poco de alimento o de medicamentos a favor de nuestros hermanos
que han sufrido la devastación.
5.-
Pero los lobos continúan escribiendo con tinta sangre de
inocentes nuestras líneas de la historia, como lo reflexiona
Salvatore Quasimodo:
“
Eres tú el mismo, el mismo de la piedra y de la honda,
hombre de mi tiempo. Estabas en tu escondite, yo te he visto,
con tus alas malignas, meridianos de la muerte,
y en el carro de fuego, en el patíbulo, y en la rueda maldita
que tortura-
Yo te he visto. ¡Eras tú!
Con tus ciencias hambrientas sedientas de exterminio,
sin amor y,... sin Cristo.
Has seguido matando como siempre; como hicieron los padres,
Como mataron aquellos primeros animales que encontraste.
Esa sangre está clamando al cielo como la de aquel día,
Cuando un hermano le dijo al otro hermano: “vámonos
de paseo”.
Y ese eco frío, cortante,
Ha llegado hasta ti, metiéndose en tu vida”.
6.-
Aunque a los lobos les moleste, es necesario comprender que la verdadera
civilización todavía está por empezar, a pesar
de los aviones supersónicos, de los satélites artificiales,
de los milagros de la cibernética.
Más
aún, mientras este mundo sea de lobos no podemos hablar de
una civilización auténtica. Lo constataba Antonio
de Rivarol al escribir: “Las
personas más civilizadas están tan cerca de la barbarie
como el hierro más pulido lo está de la herrumbre.”
La
primera página de la historia de la civilización tendrá
que empezar con una noticia vulgar para muchos de nosotros que se
ufanan del progreso y de la ciencia: “sobre la tierra había
un pedazo de pan para cada hombre”.
Pero,...
hoy se sigue escribiendo la historia de los lobos, la narrativa
de la barbarie entre los hombres. Una barbarie capaz de cosas inauditas,
de refinamientos inesperados, pero al fin y al cabo barbarie.
7.-
Nuestra propuesta no es otra que la del Cordero, ante la
violencia, para el cristiano no hay más postura que la no-violencia.
Pero la no-violencia auténtica es la de los verdaderamente
fuertes no la de los resignados ni los débiles, ni de los
impotentes que se amargan la existencia; ¡entendámoslo
bien!
En
China relatan una anécdota antigua y que tiene su base en
sus tres o cuatro mil años de civilización: “Se
dice que dos peones chinos estaban discutiendo con apasionamiento
en medio de una multitud, mientras que en sus palabras y en el movimiento
de sus manos manifestaban la ira en ascenso. Un forastero que los
veía, expresó su sorpresa al ver que se retiraron
sin que se hubiesen dado de golpes. Un amigo del país le
explicó: “El que pega
primero reconoce que ya no tiene ideas, o que las ideas le han fallado.”
Los
hombres parece que hemos olvidado que la no-violencia debe ser la
expresión clara de nuestra fuerza. Los cristianos debemos
ocupar en la vida la parte que nos es propia: la del Cordero, aunque
se rían burlonamente los lobos.
8.-
Ojalá, comprendiéramos que precisamente en donde los
lobos están logrando su más preciada victoria es allí
en donde ellos han conseguido que los corderos les imiten...
Como lo corrobora Mazzolari:
“No
se puede hacer una guerra sino de lobo a lobo, entre lobos, usando
los métodos del lobo, mientras que en la guerra de guerrillas
se participa de ella sin dejar de ser corderos pero imitando a los
lobos,...
El
lobo debe llevarse una sorpresa agradabilísima cada vez que
se da cuenta y descubre que el cordero le imita.
Degollar
a un cordero parece cosa fácil. Y no es así... El
balido llega a lo más hondo del corazón;...
Que
un lobo se convierta en cordero es menos monstruoso que el que un
cordero se convierta en lobo. Cambiándose en lobo, el cordero
demuestra que no cree en la bondad, mientras que el lobo, al vestirse
de cordero, le rinde su homenaje.
El
que muere como lobo tendrá la recompensa del lobo; quien
muere como cordero, se asemeja al cordero “que quita los pecados
del mundo” y tendrá su recompensa.
El
cristiano que ataca al maligno con los mismos medios del maligno
ya es presa del maligno”.
9.-
Y, de esta manera, aunque hay quien se ríe de nuestra propuesta
de corderos, aún así tenemos que gritar: ¡La
violencia engendra violencia! La espiral de la violencia, no consigue
nada, excepto heridas.
Hay
que salir de este cerco. Hay que romper esta concatenación
de actos de violencia con un hecho nuevo: asumir una conducta distinta
a la del adversario.
Hay
que dar el primer paso para acercarse. Hay que salir del círculo
infernal del odio y del rencor. Nosotros conocemos la salida: tener
la idea prodigiosa de comenzar a amar al enemigo, es aquí
en donde sucede lo inesperado.
Y
esto lo corroboraba Francis Bacon, el filósofo no el pintor,
en el siglo XVII: “Vengándose,
uno iguala a su enemigo; perdonando, uno se muestra superior a él.”
10.-
El Cordero nos ayuda a pensar las cosas de forma distinta.Y
sí lo pensamos bien, llegaremos a comprender que la capacidad
de disculparse es probablemente uno de los atributos más
civilizados del ser humano, y nos hace algo más que civilizados.
La
misericordia nos hace creadores y el perdón nos dimensiona
en otra órbita. Lo decía William Shakespeare: "El
poder humano se parece al divino cuando la misericordia produce
la justicia."
Dios
es el Cordero, Él no se ha dejado esclavizar por el pecado,
por la ira, por el rencor, no hace como nosotros. Cuando el primer
hombre se escondía Él le salió a su encuentro
y cuando el hijo del primer hombre se había manchado las
manos de sangre Él le ha protegido. Dios da siempre el primer
paso y su corazón nunca deja de latir por amor al hombre.
Se
trata de ser libres, el Cordero de Dios es libre y nos pide que
descubramos el rostro del hombre en el del enemigo y detrás
de él el rostro del hermano... y el rostro auténtico
de Cristo, del Cordero sin mancha.
¿Ves
a Cristo en el hermano? Si así le ves, descarga tu odio...
si es que te atreves.
EL
CORDERO ES EL QUE PERDONA EL PECADO.
“Entonces
Juan dio este testimonio: “Vi al Espíritu descender
del cielo en forma de paloma y posarse sobre él. Yo no lo
conocía, pero el que me envió a bautizar con agua
me dijo: “Aquel sobre quien veas que baja y se posa el Espíritu
Santo, ése es el que ha de bautizar con el Espíritu
Santo”. Pues bien, yo lo vi y doy testimonio de que éste
es el Hijo de Dios”.
1.-
Jesús,
el Cordero de Dios, es también el Hijo de Dios y nos ha enseñado
a perdonar. Le reconocemos como el Cordero que nos ha venido a salvar,
a aquel que le pedimos perdón y que le pedimos la paz.
Pidámosle
en este día la gracia de aprender a perdonar.
2.-
Muy queridos amigos, al meditar sobre este pasaje del Evangelio
de san Juan inmediatamente se dio cita en mi memoria una frase que
leí cuando cursaba los estudios filosóficos: “ERRAR
ES DE HUMANOS, PERDONAR ES DIVINO”.
“ERRAR
ES DE HUMANOS, PERDONAR ES DIVINO”. Con esta
frase de Alexander Pope quiero abrir la tercera puerta de nuestra
reflexión. De acuerdo al pensamiento de este poeta inglés
del siglo XVIII, pareciera que las ofensas y los errores formaran
una parte ineludible de la vocación humana, así mismo
parece afirmar que el perdón encierra la totalidad de la
vocación cristiana.
Sin
caer en una imagen únicamente negativa del hombre podríamos
coincidir con el poeta, en cuanto a aquello que se refiere al hombre
sin Cristo; ya que tenemos que decir que el hombre que vive bajo
el signo de Cristo cuenta con la ayuda de la gracia, aún
cuando nuestra concupiscencia nos siga poniendo a prueba. Esta concupiscencia
es la que provoca que aún con la ayuda de la gracia divina,
cada uno de nosotros nos mantengamos en lucha incesante mientras
llegamos plenamente hasta la vida perfecta en Cristo. El hombre,
mientras está de camino por esta vida, puede ofender o puede
ser ofendido, y en muchas ocasiones no precisamente por maldad.
Puede ser, por ejemplo, a causa de la desatención, de la
negligencia, del descuido,...
3.-
Es por ello que el gran distintivo que marca la enseñanza
cristiana será siempre el tema del perdón. Podemos
decir que el perdón forma parte importante del factor cristiano,
y que inclusive es este la expresión más clara del
factor cristiano. Por Cristo y en Cristo, hemos conocido que el
perdón se ha convertido en la manifestación más
nítida del amor que alguien puede tener en su corazón.
Sin
embargo, los cristianos debemos contemplar el perdón con
ojos muy distintos de aquellos que no reconocen la fe en Jesucristo.
Dios se ha convertido en nuestro mismísimo modelo en esa
puesta en práctica del perdón. Esto es lo que hoy
nos recuerda el Evangelio al mostrarnos a Cristo
como el Cordero de perdón para el mundo.
4.-
El rencor y la cólera, respaldados por el orgullo y la soberbia,
son aquello que nos impide perdonar al hermano. Ese resentimiento
va provocando una serie de efectos nocivos en nuestra vida: son
como una especie de residuos en el fondo del corazón que
pueden intoxicar la totalidad de la vida cristiana, son como esas
adherencias que forman parte de nuestros órganos, las cuales
podrían causar alarma en cualquier médico sensato.
Al final de cuentas, somos tú y yo los que nos volvemos esclavos
de nuestros resentimientos, ya que el rencor no suele dañar
a aquel que se le tiene sino a aquel que lo tiene y lo quiere conservar.
Saber
perdonar es querer vivir en libertad, es aprender a vivir hacia
el futuro sin lastres ni rencores, es saber dar el paso definitivo
hacia el dominio de mis instintos de venganza y de mi propia justicia.
El
Cordero de Dios nos invita a levantar la mirada hacia arriba para
que seamos menos egoístas. Todo acto de egoísmo
nos encierra, y todo mirar hacia arriba nos eleva y nos comunica
con los deseos profundos de nuestro ser. El pecado y el rencor es,
entre otras muchas cosas, el dejarse arrastrar por cualquier cosa
que acabe en mí y sea sólo para mí.
5.-
Te quería referir lo que escribe Francine Cockenpot, una
joven mujer salvajemente agredida en su casa, en su libro titulado:
EL AGRESOR. Ella vivió un largo combate interior
antes de poder finalmente perdonar. Sin embargo, gracias a la ayuda
de Dios, pudo ella liberarse del saco de resentimientos, rencores,
odios y resquemores que llevaba cargando durante años en
sus frágiles espaldas. De acuerdo a su libro, este es su
itinerario:
“Lo
que me has hecho, difícilmente puedo perdonártelo...
no soy capaz de perdonártelo.
Dirígete al que hizo a los lobos al mismo tiempo que a los
hombres.
Dirígete al que sabe que tú no eres un lobo, sino
un hombre...
Yo no tengo el valor de mirarle,
Porque lo que tú has herido en mí, es la imagen misma
del hombre.
Dirígete a Él y olvídame; yo soy un obstáculo
entre Él y tú...
Espero
de Ti, Señor, la experiencia del perdón.
No el que se desvía, no el que olvida,
Sino el que se acuerda para amar más,
Para devolver la vida a lo que estaba muerto o era “no vida”.
Espero de Ti, Señor, que mi agresor viva en mí
Como un hermano al que no habría conocido bastante pronto
Para amarlo e impedirle ser un asesino...
Te
dejo.
Sigue tu vida. Yo intentaré vivir la mía.
No serán jamás las mismas, ni la mía ni la
tuya...
Entre tú y yo hay una vida destruida y quizá la esperanza...
De una vida de la que yo no conocía nada,
de la que tú no conoces nada.
Otra vida, otra tierra fertilizada por la sangre y el incendio.
Otra vida para ti y para mí.
Quizás
Señor...
Cuando me presente ante ti
te hablaré de él primero.
Puede que nadie jamás te haya hablado de él.
Puede que nadie jamás te haya pedido
con tanta fuerza para que se convierta en tu hijo pródigo...
Perdóname
que te diga: No me salves sin salvarle.
Padre, en tus manos encomiendo mi alma.
Tómala ensangrentada y torturada, y pacifícala.
La justicia de los hombres no da paz,
sino que condena los remordimientos e incita a la revancha...
Tú sólo lo levantas de nuevo.
Tú solo, con una mirada de amor,
Transformas en hombre al que vivía con los lobos.
Yo no sabía que tú ibas a permitir
Que su salvación estuviera ligada a la mía por el
crimen de sangre.
Padre, en tus manos encomiendo nuestras almas.”
6.-
El Cordero de Dios nos muestra en su propia vida su propio mensaje.
ERRAR ES DE HUMANOS, PERDONAR ES DIVINO: ¡No hay
ninguna duda de que es el perdón el que nos acerca a Dios!
Es el perdón lo que nos permite mostrar en nosotros el rostro
amable del Nazareno, del Cordero de Dios, de aquel que perdonó
hasta a sus verdugos. Ya san Juan Crisóstomo, les decía
a sus feligreses de Constantinopla, a través de su predicación,
en los principios del siglo V: “nada nos asemeja tanto a Dios
como estar siempre dispuestos a perdonar”.
El
perdón que debemos ofrecer no termina nunca, no se interrumpe,
nunca se acaba. El perdón es
una historia estupenda ininterrumpida
Es
aquí, en donde nos encontraremos con la más grandes
de nuestras carencias. Se trata de la necesidad que todos tenemos
de una cirugía mayor para nuestra alma. Esto sí que
resulta difícil pero no imposible para el cristiano. La intervención
consistirá en bajar hasta lo más profundo del corazón
y limpiar todo perfectamente, como cuando una mujer limpia su casa
de las impurezas, como cuando un cirujano extirpa el tejido más
profundo de células cancerosas.
El
perdón, pedido y otorgado, se convertirá en nuestra
fuente de alivio y de libertad. El expediente debe
quedar limpio: Solamente así será como la persona
que ha sido perdonada ya no deberá llevar la carga de su
culpa, pero de la misma manera, la persona que haya perdonado ya
no deberá llevar la carga del resentimiento.
La
ofensa nos causa una herida y cuando la persona nos pide perdón
está intentando sanar la herida, pero tal parece que a nosotros
nos gusta ir caminando con las llagas abiertas,
con nuestros tejidos expuestos,... no somos capaces de perdonar
al otro y, no nos damos cuenta de que, por esa misma razón
no hemos sido capaces de sanar.
Resulta
increíble que nosotros mismos hayamos creado circunstancias
de rencor y de odio y, lo más increíble es que las
sigamos alimentando, de tal manera que con ello vayamos amargando
nuestro ser, nuestra vida, nuestra existencia. Soy
yo el primer afectado por mi rencor, soy yo el que me esclavizo
con mis resentimientos.
Todos
necesitamos de la conversión, sin conversión no se
pide perdón. Convertir nuestra vida de lobos
en una vida de Corderos. Hace falta internarnos en nuestra propia
vida y revisar honestamente todo aquello en lo que hemos lacerado
al hermano, todo aquello en lo que le hemos dañado o en lo
que le hemos dejado de ayudar, reconocer nuestras comisiones y nuestras
omisiones. El que ha pecado con la ofensa necesita conversión.
7.-
Sin embargo, también aquel que recibe una solicitud de perdón
necesita un cambio en su vida, sin conversión no se sabe
perdonar. Alguno pudiera presumirse como alguien sin faltas,
que se ha esforzado en no ofender a nadie, y lo ha cumplido,...
pero si no existe el amor en su corazón, esa persona posee
el mayor pecado que puede haber, y por lo tanto, también
necesita de la conversión.
Como ser humano, como cristiano y como sacerdote, estoy plenamente
convencido de que, para que alguien solicite el perdón a
alguien tiene necesidad de humildad, puesta en práctica desde
el momento en que reconocemos que hemos transgredido o lastimado
a una persona. Sin embargo, también estoy convencido de que
para que alguien de nosotros perdone, suele tener necesidad del
amor en nuestro corazón. La persona que no ama no perdona.
El
Cordero de Dios, es nuestra bandera, nuestra fe y nuestror proyecto.