Domingo 23 de Enero de 2005_________Pbro. Rogelio Narváez Martínez

PESCADORES Y NO SEMBRADORES.

“Al enterarse Jesús de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea, y dejando el pueblo de Nazareth, se fue a vivir a Cafarnaúm, junto al lago, en territorio de Zabulón y Neftalí, para que así se cumpliera lo que había anunciado el profeta Isaías: “Tierra de Zabulón y Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras una luz resplandeció”.

Desde entonces comenzó Jesús a predicar, diciendo: “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos”.

Una vez que Jesús caminaba por la ribera del mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés, los cuales estaban echando las redes al mar, porque eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme y los haré pescadores de hombres”. Ellos inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Pasando más adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que estaban con su padre en la barca, remendando las redes, y los llamó también. Ellos, dejando enseguida la barca y a su padre, lo siguieron.

Andaba por toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando la buena nueva del Reino de Dios y curando a la gente de toda enfermedad y dolencia”

Momento 2

Momento 3

1.-  Muy queridos amigos:

Jesucristo, El Señor, en su sapiente pedagogía aplicada al mensaje de la salvación de todos los hombres, gustaba de utilizar una infinidad de recursos destinados a que el hombre adquiriera una mejor comprensión del mensaje Divino.

Uno de esos muchos recursos utilizados es el de la referencia a los oficios de los hombres de su tiempo. De esta manera, al invitar al hombre a trabajar a favor del Reino de los Cielos, el Señor, analogaba este quehacer con los oficios de aquellos tiempos para manifestar las cualidades que se esperan de nosotros.

Pastor, Carpintero, Administrador, Mayordomo, Comerciante, Constructor, Juez, Viñador, Médico, Jardínero, Alfarero, Costurero, Ama de casa,... son solamente algunos de los muchos oficios referidos por el Señor en su enseñanza.

2.- Pero, sin lugar a dudas, aquellos que son comúnmente asociados y que más son utilizados para referir la labor de Cristo y la de sus apóstoles son los oficios del Sembrador y del Pescador.

El día de hoy en que el evangelio nos trae a nuestra reflexión esta invitación del Señor: "¡Síganme y los haré Pescador de hombres!" es necesario que clarifiquemos principalmente las actitudes que encierra este oficio.

3.- Muy queridos hermanos:

Como un mecanismo de ayuda les quiero proponer que utilicemos el método del contraste y la comparación, para poder lograrlo el día de hoy quisiera referir esos dos oficios más usados, para que entonces distingamos sus diferencias y captemos la invitación que el Señor nos hace cuando quiere que seamos Pescadores de hombres.

4.- El agricultor, todas las mañanas, cuando el día está todavía oscuro, se encamina presuroso por el sendero que lo lleva hacia su terreno de cultivo. Incluso, su vereda se encuentra trillada de tanto ir y venir por el mismo lugar. Se trata de un camino andado y desandado, que lo conoce a la perfección como si fuera la palma de su mano. La vida y la repetición de los días llega a tal punto que hasta sus animales van y regresan solos por el campo. Su itinerario es, hasta un cierto punto, rutinario. Recorre siempre el mismo camino que sus antepasados han recorrido. Sus hijos y sus nietos, sin lugar a duda, recorreran la misma senda. El ya conoce en dónde está la piedra, en dónde está la nopalera, en donde está el árbol, en donde estará la sombra al medio día, dónde es el lugar de sus alimentos.

5.- A diferencia de todo lo anterior, el quehacer de un pescador es muy distante y muy distinto. En el mar no existen los caminos prefabricados, ni las veredas. Siempre se habrá que ir por nuevos derroteros. Nunca las olas son las mismas, ni puede ser la misma su intensidad. Cada día el viento sopla diferente y hay que inventar un camino nuevo y acomodar de forma nueva la vela o sacar los remos para utilizarlos. En ocasiones se encuentra con un mar apacible, pero las más de las veces la mar está furiosa. En ocasiones, el viento sopla benefactoramente en la Popa y en otras sopla contra la Proa. El mar es caprichoso, en ocasiones por más esfuerzo que se imprima, la pesca se niega y en otros momentos pareciera que el mar le está vomitando los peces.

Todas las mañanas el buen pescador tiene que pararse frente a la mar voraginosa y preguntarle al Señor: "Dios, y ahora, ¿por dónde?, ¿dónde están los peces hoy?". El pescador pareciera repetir cada día con el salmista: " Muestrame, Señor, tus caminos. Haz que tu senda pueda encontrar". (Sal 25,4).

En cierta manera, el Pescador depende cada día de una vredadera reflexión y de un contínuo cuestionamiento. Sabe, y esto es lo mejor de todo, que no tiene el camino hecho. El pescador tiene que ser creativo y siempre original. El mar con todas sus variantes se convierte en un desafío contínuo y diferente.

6.- El sacerdote, y con él todos los cristianos, como nuevos Pescadores de hombres, cada día deben preguntarle a Jesucristo el camino que deberán de recorrer. Ellos dependen diariamente de Dios y no de un camino prefabricado.

Y no obstante, muchos de nosotros lejos de querer ser pescadores optamos por ser sembradores. Y no tiene problemas el oficio por sí solo sino las actitudes, pues el Señor quiere que la labor evangelizadora tenga el dinamismo del pescador más que el costumbrismo del sembrador.

Muchos evangelizadores como si fuéramos labradores del campo del Señor hemos convertido nuestra labor apostólica en un camino super trillado. De esta manera el impredecible viento del Espíritu Santo ha sido esquematizado en un sistema y en un programa. Hemos convertido el viento impetuoso del Espíritu Santo en un aire artificial que manipulamos y que hemos acondicionado a nuestro beneplácito, que se puede regular de acuerdo a las comodidades del momento. Realizamos nuestra acción apostólica como recorriendo un camino rutinario, donde no hay lugar para esas sorpresas siempre gratas que nos ofrece el Espíritu Santo.

7.- Pero,... vayamos por partes, y apliquemos este evangelio en lo inmediato a la vocación sacerdotal y, después al matrimonio.

Los sacerdotes del Señor hemos de abrir las velas de nuestra embarcación al viento del Espíritu Santo, para dejarnos conducir por su misterioso soplo que nunca es igual. Así como el Pescador tiene que renovar su rumbo cada mañana, el sacerdote cotidianamente se debe arriesgar hacia horizontes desconocidos, guiado sólo por el poder del Espíritu Santo.

En lo personal, en el camino de mi vida vocacional y ministerial he podido entrar en contacto con sacerdotes creativos, personas con inventiva, ministros sedientos en el Señor de originalidad.

Por desgracia, algunos otros, pareciéramos tener un recetario que soluciona cualquier situación, somos aquellos que solemos decir: “¡Ah, toca este Evangelio!”, “¡Ah, ya se está acercando la cuaresma!”, y sacamos de unos cajones llenos de polvo un montón de papeles avejentados en los que tenemos escrito todo lo que hay que hacer en la cuaresma, en la navidad, y así todos los años... En lugar de ser escribas del Reino para sacar de nuestro baúl cosas antiguas y nuevas, solemos sacar sólo recursos antiguos, y muchas veces obsoletos.

¡Qué lamentable que no vivamos la intensidad de una vida que tiene que ser siempre nueva, y que nos presenta siempre nuevos retos! Créemelo, este mundo en el que estoy viviendo, no es en lo mínimo el mismo que conocí cuando me ordené sacerdote hace casi quince años, y este mundo por lo tanto me está exigiendo respuestas nuevas a problemas nuevos. Si así es en lo referente a mis años de ordenado, entonces podrás imaginarte que aquello que estudie en la Universidad ha tenido que ser actualizado en un sin fin de ocasiones. El Evangelio será siempre el mismo, pero esta mar exige que innovemos nuevos métodos para pescar en un mar tan cambiante.

Los sacerdotes debemos trascender nuestros caminos archiconocidos de pastoral ya obsoleta y aventurarnos a incursionar nuevos derroteros en el mar de la evangelización, desplegando nuestras velas para adentrarnos en este mundo en el que nos ha tocado vivir y al que debemos evangelizar.

Debemos usar toda la astucia y el atrevimiento para propagar el Evangelio, aun por los medios hasta ahora “imposibles”. El Señor escogió valientes pescadores y no rutinarios labradores. De esta manera, nos está llamando a ser pescadores de hombres.

8.- Y, ¿qué decir sobre el matrimonio cristiano?

La creatividad es la más elemental de las cualidades que debe tener hoy en día un padre de familia. Tú, mejor que nadie, te das cuenta del cambio tan radical y vertiginoso que han vivido nuestras familias.

Y tú, te has dado cuenta de que los problemas que enfrentan hoy tus hijos no se parecen a los que enfrentamos nosotros. Lo que nuestros padres hicieron por nosotros fue útil en su tiempo para nosotros, pero hoy tus hijos viven nuevos tiempos que exigen ante todo nuevas actitudes.

Yo soy el primero que reconozco que los valores no pueden cambiar, pero al mismo tiempo puedo constatar que, aunque el pasajero sea el mismo el vehículo tiene que actualizarse, aunque el sujeto es el mismo la vestidura no puede quedarse en la antiguedad.

No puedes cortar a los hijos con las mismas tijeras con que fuímos cortados nosotros, ni puedes sacar tus papeles amarillentos del archivero para solucionar situaciones que hoy en día son muy distintas a las que regían nuestras vidas.

El padre cristiano tiene que saber contemporizar, y con ello adaptarse y amoldarse al tiempo en el que tiene realizar su misión. Y con ello no perder la paciencia que exige su profesión de pescadores, sería más fácil ser sembradores, simple y llanamente hacer siempre lo mismo, sin tantas complicaciones. Las cosas no son tan sencillas...

Y quedaríamos congelados en el tiempo, y con ello perderíamos de nuestro horizonte el reto que significa el ser pescadores en un mar que cada día es distinto y que exige cada día actitudes renovadas.




 

CONFIANZA Y ESFUERZO PARA SER PESCADORES DE HOMBRES.

“ Una vez que Jesús caminaba por la ribera del mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés, los cuales estaban echando las redes al mar, porque eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme y los haré pescadores de hombres”. Ellos inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Pasando más adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que estaban con su padre en la barca, remendando las redes, y los llamó también. Ellos, dejando enseguida la barca y a su padre, lo siguieron.

 

1.- Muy querido amigo:

El texto del Evangelio de este domingo me ha traído a la memoria aquel pensamiento conocido como la Fórmula de San Ignacio de Loyola “De tal manera debemos esforzarnos como si todo el éxito dependiera únicamente de nuestro esfuerzo; y al mismo tiempo, de tal manera debemos confiar en Dios como si todo dependiera exclusivamente de Él”.

¿Sabes? Evitando el riesgo herético de aquellos que proponían entre Dios y el hombre una sinergia, es decir una igualdad de fuerzas que las equipararía, concibiéndolas prácticamente como idénticas, tenemos que hablar del Dios que ha querido darle un lugar al hombre. Tenemos que hablar de aquello que San Ignacio de Loyola llegó a comprender cuando hablaba de la importancia que tiene tanto el esfuerzo humano como nuestra plena confianza en Dios y la acción que Él realiza.

2.- Dios es el Dueño y el Señor de todo, pero ha querido requerirle al hombre su digna participación en la historia de la salvación y para ello nos llama a ser Pescador de hombres,...; en realidad, se trata de algo que trasciende nuestras pretensiones personales.

Pero, dejemos lo personal y detengamos nuestra mirada en aquellos que son los destinatarios de nuestra misión: “Pescadores de hombres”. Aquí es tan importante el género como la especie, o por decirlo de otra manera, es tan importante el nombre como el apellido. “Pescadores de hombres”. Se trata de beneficiar al hermano, de tal manera que todos nuestros talentos los pongamos al servicio de Dios para servir a los hombres.

Y esto nunca debemos olvidarlo todos aquellos que en la Iglesia y en nuestras casas le hemos dado tanta importancia a los adelantos científicos, a la técnica, la cibernética, a la vanguardia tecnológica,... que nos hemos olvidado de los destinatarios. Excelentes en las artes de pesca pero pésimos en el trato con los hombres.

3.- ¿Sabes? Te quiero compartir una narración que nos cuenta Julián Barnes en su novela UNA HISTORIA DEL MUNDO EN DIEZ CAPÍTULOS Y MEDIO: “hoy en día, los barcos se han ido haciendo más grandes, mientras que las tripulaciones se vuelven cada vez más pequeñas y todo se maneja mediante la tecnología. Se programa un ordenador en el Golfo Pérsico, o donde sea, y el buque se gobierna prácticamente solo hasta Londres o Sidney. Es mucho mejor para los armadores, que se ahorran un montón de dinero, y mucho mejor para la tripulación, que sólo tiene que preocuparse por combatir el aburrimiento y se pasan la mayor parte del tiempo bajo cubierta, bebiendo cerveza y viendo películas en vídeo.

“En los viejos tiempos, siempre había alguien en la torre de vigía o en el puente, vigilando. Pero hoy, en los grandes buques, ya no hay vigía, sino que, de vez en cuando, alguien observa una pantalla llena de puntos luminosos móviles. En los viejos tiempos, un náufrago a bordo de una pequeña balsa o de un bote, perdido en medio del mar, tenía algunas posibilidades de ser rescatado si un barco pasaba cerca de él. Bastaba con que atara la camisa en lo alto de un mástil, agitara los brazos, se desgañitara gritando, o bien disparara un cohete de señales para que el vigía de turno lo localizara. Ahora puedes estar durante semanas a la deriva en el océano y que los superpetroleros pasen de largo sin advertir tu presencia: el “radar” no te detecta, porque eres demasiado pequeño; tendrás que confiar en que alguien, inclinado sobre la barandilla de cubierta para aliviar su mareo, se percate de tu existencia. Seguramente abunden los casos de náufragos que en otro tiempo habrían sido salvados y a los que ahora nadie recoge; e incluso casos de personas que han sido atropelladas por los barcos que ellas creían se acercaban a rescatarlas. Trato de imaginar lo espantoso que puede ser, la terrible espera... y, luego, la sensación de desolación cuando el barco pasa de largo y no puedes hacer nada, porque todos tus gritos quedan ahogados por el ruido de los motores. No pensamos en salvar a otras personas; seguimos navegando hacia delante confiando en nuestras máquinas. Todo el mundo está bajo cubierta, tomando una cerveza con Greg”.

4.- Lo que nos narra Barnes no está tan lejano de la tremenda organización que tienen nuestras parroquias y todos los adelantos virtuales aplicados a la pastoral, pero tenemos que revisar si hemos perdido el contacto con el destinatario de nuestra misión. Excelentes pescadores con doctorados y con redes teledirigidas, pero,... ¿de hombres?

Y esto también tienen que pensarlo todas las instituciones, incluyendo las educativas y de todo tipo de servicios, pero por hoy dirijamos la palabra hacia los padres cristianos, los cuales tienen que pensar con seriedad si los muchos adelantos científicos, técnico-educativos, de monitoreo no les han hecho perder el contacto con sus hijos. Excelentes pescadores con una red de circuitos cerrados, que cuentan con una sofisticada dotación de radiolocalizadores, y que han enriquecido las arcas de los vendedores de telefonía celular con tal de tener a la distancia de la pulsión de un botón a aquellos que durarán días y días sin tratar directamente.

5.- El Evangelio del día de hoy nos dice que Dios confía en el hombre, y que ha querido correr el riesgo que brota del amor, como para darle un lugar muy especial a su esfuerzo y participación, al mismo tiempo que le pide al hombre que confie en que Él lo puede todo. Pero hay que llegar a ser pescadores de hombres convencidos de Aquel que les llama y que les envía a las mares de la vida cotidiana.

6.- No sé si te lo haya contando, pero hace algunos años, me tocó encontrarme en mi ministerio con un ejemplo de vida cristiana que me cautivó. Un ejemplo de amor materno que sólo puede tener a Dios como su fuente, se trata de una historia en la que la acción de Dios fue acompañada de la acción de,... una mujer cristiana.

Ella una madre de familia que asistía a la Santa Misa todos los días, madre de tres hijos, dos varones y una mujer. Su única hija mujer se casó poco tiempo antes de que yo conociera a la familia, me tocó conocer a este joven matrimonio formado por la hija de esta asidua feligrés cuando recién llegué a la parroquia de san Juan Bosco, se veían un buen matrimonio. Ella ya estaba embarazada, se le veía radiante y a los pocos meses ingresó a la clínica maternidad.

Por desgracia, hubo complicaciones en el parto, en donde perdió a la bebita y ella cayó en coma, situación de la cual salió casi cuarenta horas después, pero al “regresar” a la realidad se encontraba cuadrapléjica, sin poder mover ninguna de sus cuatro extremidades ni poder fonetizar palabra alguna. Los pronósticos médicos eran por demás desalentadores

Al salir del hospital acordaron su esposo y los padres de ella, que se iban a mudar a la habitación que ella tenía en la casa paterna, la cual se habilitó como una verdadera habitación de hospital, al principio el esposo dormía en un sofá, después tenía que ir a darse las vueltas a la casa que habían comprado, y casi al año ya no regresó.

Su madre continúo en la cercanía de Dios y en la cercanía con ese sacramento de Dios en el que se había convertido su propia hija. En lo personal fui a visitarla a su casa en variadas ocasiones e iba contemplando como aquella madre se esforzaba por sacar adelante a su hija, recuperando el trato que tuvo para con ella cuando era una bebé, y yo la veía sacar fuerza de la Sagrada Comunión de todos los días para seguir luchando por su hija.

Su tenacidad le llevó a no perder nunca la fe y a no descansar hasta agotar todos los recursos médicos posibles para que su hija saliera de la habitación oscura en la que se había confinada.

Sin lugar a dudas, hubo muchos intentos en los que los resultados fueron nulos o mínimamente perceptibles, y cada mañana aquella madre de familia después de recibir al Señor en la Sagrada Comunión se comprometía a lanzar la red de la vida cristiana como digna pescadora de hombres.

En los tres años que los traté de lo cotidiano, la hija había logrado mover los dedos de sus manos y con ello comunicarse, pedir las cosas, agradecer y manifestar el amor que tiene en su corazón para su madre. Un día tuve que seguir mi camino y salir de la parroquia, y ahora he regresado a una parroquia muy cercana.

Han pasado 13 años desde que los conocí y te quería comentar que hace un año me habían pedido que fuera a visitar a un enfermo por aquel rumbo y pasé por enfrente de aquella casa, y me encontré a aquella joven regando las plantas de su casa con una sonrisa, detuve mi coche, la salude y le pregunté por su madre pero no se encontraba, a los pocos minutos llegó en su coche y me abrazó llorando y me decía: Padre Rogelio, ¡el Señor me la regresó!, ¡el Señor le devolvió la salud! El Señor escuchó mi súplica de todos los días.

7.- Muy queridos amigos:

El cristiano debe esforzarse en lo humano y confiar en lo cristiano en que como pescadores de hombres nuestra pesca será generosa aún en medio de una mar que se porta tantas veces caprichosa.

Esfuerzo y confianza nos pedirán las estaciones de nuestra vida, tanto para soportar los vientos helados de las dificultades y las tormentas que en ocasiones parecieran destrozar el corazón. Esfuerzo y confianza serán necesarios para resistir nuestros inviernos y aguardar serenamente los días de abril en este oficio de la pesca.

Esfuerzo y confianza son necesarios, si somos capaces de comprender que durante nuestros días vivimos momentos de sol y momentos nublados y, que durante nuestras noches la luna suele ser tan cambiante, y que cuando parece haber llegado a la plenitud inicia el decrecimiento. Esfuerzo y confianza tienen que hacerse presentes para no temerle a los cuartos menguantes de la vida y saber esperar los crecientes.

Ser pescadores significa tener paciencia y significa saber esperar.

Dios quiere necesitar de ti y de mí. La Barca y las redes le pertenecen a san Pedro, pero la iniciativa y el milagro le pertenecerán a Dios.

Entendiendo que Dios y el hombre no son magnitudes simétricas, pero con nuestra confianza puesta en Él y con la dignidad de nuestro esfuerzo podremos conseguir pescas abundantes en nuestra vida de pescadores de hombres. ¡Solamente así!




APTITUDES Y ACTITUDES.

“ Una vez que Jesús caminaba por la ribera del mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés, los cuales estaban echando las redes al mar, porque eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme y los haré pescadores de hombres”.

1.-  Muy queridos amigos:

El Evangelio nos muestra una escena compuesta por el Hijo de Dios y un grupo de personas a los que les invita a emprender la más delicada de las misiones: ser pescadores de hombres

Y con este telón de fondo, resulta necesario que teniendo frente a nosotros la imagen del pescador podamos meditar en torno a la insuficiencia del cúmulo de nuestras aptitudes personales si éstas se viven en la lejanía de Dios, así como la importancia que tienen nuestras actitudes en nuestra vida, sobre todo si son auténticamente cristianas, pero para ello es necesario que nuevamente recreemos la escena evangélica.

2.- Aquellos pescadores estaban echando sus redes al mar cuando el Maestro les pide que le sigan para hacer de ellos pescadores de hombres.

En realidad la mar a la que les envía el Maestro es en mucho más compleja y caprichosa que aquella en la que vivieron su infancia y demás años de vida. Y será sólo esto lo que nos puede ayudar a comprender el significado y la diferencia que existe entre nuestras aptitudes y nuestras actitudes. Y, querámoslo aceptar o no, nos muestra la superioridad que tienen las actitudes sobre nuestras más presuntuosas aptitudes. ¡Vamos!, para ser pescador en el mar de Galilea se necesitan aptitudes suficientes para el oficio pero para ser pescador en los mares de los hombres serán necesarias las actitudes cristianas.

3.- Entendemos por una aptitud una disposición natural en una persona, se trata de una cierta idoneidad que tenemos como para realizar algo en la existencia. En cambio, una actitud es esa nuestra disposición de ánimo manifestada exteriormente ante cualquier situación que afrontemos, sea del tipo que fuere.

Juguemos con las palabras y digamos que en la vida hay personas que tenemos muchas aptitudes pero que nuestras nocivas actitudes nos llevan al fracaso, y que, así mismo, hay personas que no hemos sido dotados humanamente de muchas aptitudes pero que nuestras actitudes se han convertido en nuestra mejor carta de presentación.

Al final de cuentas, las actitudes y no las aptitudes son las que nos permiten alcanzar y conservar aquello que anhelamos.

En la imagen del pescador, a diferencia del sembrador tal y como lo meditábamos en el primer segmento, se recrean las actitudes personales que se deben de tener ante una vida que cada día nos ofrece una nueva sorpresa, y en la que las aptitudes en ocasiones no son suficientes.

Y dentro del campo de nuestras actitudes se encontrará nuestro posicionamiento ante las demandas del mundo y de nuestro tiempo.

Nuestro tiempo –y todo tiempo- exige en nosotros y en todos que desarrollemos nuestra capacidad de adaptación, se trata de una de las actitudes que supera en mucho nuestras aptitudes. Adaptarse es saber vivir. Debemos recordar que aquella famosa selección natural no fue la imposición de la ley del más fuerte sino la sobreposición de aquellas especies que han tenido capacidad de adaptación.

Escribía el Dr. Lewis Thomas, neoevolucionista moderado, en uno de sus libros: “Hace un siglo, había consenso general en cuanto a que la evolución era la historia de una guerra declarada entre especies que competían entre sí; en cuanto a que los más aptos eran los agresores más fuertes, etcétera. Ahora, este enfoque empieza a cambiar. El mayor éxito en la evolución, los mutantes que la han realizado, la han logrado adaptándose al resto de la vida, y sosteniéndola.”

4.- ¿Te das cuenta como la actitud supera con mucho la aptitud? Contaba Charles de Foucald una narrativa que me entusiasmo sobre esa capacidad de adaptación, hablando precisamente de pescadores y de actitudes:
“Cuentan que existía en algún lugar del planeta un hombre que era un experto en las artes de pesca: tenía su caña especial, contaba siempre con la mejor carnada, tenía ubicado el mejor lugar en la ribera en donde conocía que se encontraba un rico banco de peces y poseía las técnicas necesarias para conseguir siempre el mejor pescado. Se ufanaba este hombre diciéndole a propios y extraños: “Yo saco los pescados hasta de donde no existen”. Y, la verdad es que, nadie podía decir lo contrario de este maestro pescador.

Un buen día, llegó a aquella zona un invierno extraordinariamente frío. Cayó la nieve copiosamente y las tierras y las hierbas del campo se congelaron. Cuando pasó la etapa más cruda de aquel invierno el deshiele de las regiones provocó que el río fuera en crecida ante el afluente de las copiosas aguas. Esto provocó que el río socavara algunas regiones de la ribera y que se modificara el trazo caprichosamente accidental del mismo río. Al final de aquel invierno el río había cambiado de cauce.

Nuestro personaje un día se alistó para ir de pesca y se fue directamente hacia donde estaba su roca: se sentó sobre ella, sacó su caña especial, utilizó su mejor carnada y puso en práctica sus técnicas inmejorables. Solamente que se topó con una dificultad: el río se había desviado varios metros de allí y el lugar en el que caía el anzuelo solamente tenía piedras. Aquel hombre se decía a sí mismo: “es aquí en donde están los mejores peces y es aquí en donde los tengo que encontrar”. Y ahí estaba aquel hombre ingenuo que presumía de sacar los peces hasta de donde no los hubiera, viviendo y muriendo de lo que un día llegó a ser y que nunca volverá a regresar.

Termina Foucald diciendo: “Si el río ha cambiado de cauce, cambia tu también”.

5.- Aptitudes y actitudes suelen moverse cada una de ellas en una región de las dos áreas del campo de juego de nuestra vida. Las aptitudes suelen moverse en la región de nuestro entendimiento, en cambio, nuestras actitudes se desplazan a través de la región de la voluntad y, lo que es mejor, de nuestra esperanza.

Las mejores actitudes brotan de nuestra búsqueda de Cristo, y en ese camino que El mismo nos marca, encontrando con ello el verdadero sentido para nuestra existencia.

El Señor nos invita para que seamos pescadores de hombres, y con ello para que dejemos a un lado el cinismo y que nos pongamos a trabajar, muy a pesar de nuestros cansancios y de otras expresiones de nuestros obstáculos humanos.

6.- Dios nos invita para que al ser pescadores tengamos un cambio de actitudes ante el desastre que este mundo nos presenta. En Cristo, que ha vencido todo aquello que al hombre le aquejaba, el hombre ha encontrado una razón para seguir esperando y un motivo para seguir luchando.

Los hombres que confían en la Palabra de Cristo que los ha enviado a la mar de la humanidad son capaces de motivarse ellos mismos, sentirse lo suficientemente hábiles para encontrar las formas de alcanzar sus objetivos, asegurarse cuando se encuentran en un aprieto que las cosas van a mejorar, ser lo suficientemente hábiles para encontrar formas de alcanzar sus metas o modificarlas si se vuelven imposibles, y tener la posibilidad de reducir una tarea monumental en fragmentos más pequeños y manejables.

Remar mar adentro en el universo de los hombres para ser pescadores significa abrigar esperanza y con ello garantizar que uno no cederá a la ansiedad abrumadora, a una actitud derrotista ni a la depresión cuando nos enfrentemos a desafíos o contratiempos.

El cristiano sabe esperar en Dios más que en las cosas, de tal manera que bien puede perder todas las cosas, pero eso no significa que deba perder su esperanza en Dios.

7.- ¡Mira!, apliquemos el tema de las actitudes y las aptitudes a nuestra vivencia como familia y con ello quedará más en claro lo que significará el ser pescadores de hombres.

Tú y yo, conocemos cantidad de personas que desfilaron por las Universidades siempre con la mejores notas y hasta con menciones honoríficas, en la realidad son las personas más aptas ¡nadie puede negarlo!, pero sus actitudes negativas se convierten en su propia derrota. Y es que al sobrevenir la crisis más ridícula se vencen, renuncian, se cruzan de brazos, se sientan a llorar y claudican ante los problemas.

¿Cuántos de los esposos que nos escuchan o que leen este mensaje son esos discípulos a los que el Señor les ha mandado de dos en dos a ser pescadores, y han sabido lanzar la red en el nombre del Señor?
¿Cuántos de ustedes en esas ocasiones en que la pesca se les niega en el nombre del Señor han continuado con su misión?

8.- La jornada ha sido dura, pero el Señor ha ido llenando sus redes. Y quizá el esposo hoy le podría decir a su esposa, a su compañera de tantos y tantos años, aquel pensamiento de Ramuz:
"Te acuerdas mujer, no había nada para comenzar, todo estaba por hacer. Y nos metimos en la lucha, pero ha sido duro, demasiado duro. Hace falta coraje, hace falta perseverancia, hace falta amor y el amor no es lo que uno cree cuando se empieza.

El amor no es tan sólo esos besos que nos dimos, ni siquiera esas palabras que susurramos al oído, el amor no es tan sólo las caricias que compartimos ni siquiera ése estar tan juntos el uno del otro. El tiempo de la vida es largo y el día de la boda es un sólo día. Fue luego, tú te acuerdas, solamente luego cuando comenzó la vida. Hay que hacer y se deshace, hay que volver a hacer y se vuelve a deshacer.

Y luego vienen los hijos, hay que alimentarlos, hay que vestirlos, hay que educarlos. Es algo que nunca termina. Y luego caían enfermos. Tú te pasabas la noche en vela y yo tenía que trabajar de la mañana hasta la noche.

A veces, uno se desespera, el tiempo pasa y no se avanza y a veces pareciera como si camináramos hacia atrás.

Te acuerdas mujer, todas aquellas luchas, todos aquellos combates, sólo tú estabas allí y así yo pude apoyarme en tí y tu pudiste apoyarte en mí.

Tuvimos la gracia de estar juntos y nos metimos en la lucha, soportamos los golpes y las dificultades. Hoy, mujer los hijos han crecido, ellos cumplen ya sus obligaciones.

Sabes mujer, el amor no es lo que uno cree cuando se empieza, el amor no es de un día, sino de siempre. El amor es ayudarse, el amor es comprenderse."

9.- Muy querido amigo: Estoy convencido de que no son las aptitudes las que sacan adelante a las personas sino las actitudes. Por desgracia, son cada día más frecuentes esas personas brillantes que se dan por vencidas. ¿Quién quiere correr el riesgo de recibir un golpe más? ¿Tú?

Pues en el nombre del Señor te invito para que lances la red. ¡No te arrepentirás! Sé pescador de hombres.


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