Domingo 23 de Enero de 2005_________Pbro.
Rogelio Narváez Martínez
PESCADORES Y NO SEMBRADORES.
“Al
enterarse Jesús de que Juan había sido arrestado,
se retiró a Galilea, y dejando el pueblo de Nazareth, se
fue a vivir a Cafarnaúm, junto al lago, en territorio de
Zabulón y Neftalí, para que así se cumpliera
lo que había anunciado el profeta Isaías: “Tierra
de Zabulón y Neftalí, camino del mar, al otro lado
del Jordán, Galilea de los paganos. El pueblo que habitaba
en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en
tierra de sombras una luz resplandeció”.
Desde entonces comenzó Jesús a
predicar, diciendo: “Conviértanse, porque ya está
cerca el Reino de los cielos”.
Una vez que Jesús caminaba por la ribera
del mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado
Pedro, y Andrés, los cuales estaban echando las redes al
mar, porque eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme
y los haré pescadores de hombres”. Ellos inmediatamente
dejaron las redes y lo siguieron. Pasando más adelante,
vio a otros dos hermanos, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que
estaban con su padre en la barca, remendando las redes, y los
llamó también. Ellos, dejando enseguida la barca
y a su padre, lo siguieron.
Andaba por toda Galilea, enseñando en
las sinagogas y proclamando la buena nueva del Reino de Dios y
curando a la gente de toda enfermedad y dolencia”
Jesucristo,
El Señor, en su sapiente pedagogía aplicada al mensaje
de la salvación de todos los hombres, gustaba de utilizar
una infinidad de recursos destinados a que el hombre adquiriera
una mejor comprensión del mensaje Divino.
Uno
de esos muchos recursos utilizados es el de la referencia a los
oficios de los hombres de su tiempo. De esta manera, al invitar
al hombre a trabajar a favor del Reino de los Cielos, el Señor,
analogaba este quehacer con los oficios de aquellos tiempos para
manifestar las cualidades que se esperan de nosotros.
Pastor,
Carpintero, Administrador, Mayordomo, Comerciante, Constructor,
Juez, Viñador, Médico, Jardínero, Alfarero,
Costurero, Ama de casa,... son solamente algunos
de los muchos oficios referidos por el Señor en su enseñanza.
2.-
Pero, sin lugar a dudas, aquellos que son comúnmente asociados
y que más son utilizados para referir la labor de Cristo
y la de sus apóstoles son los oficios del Sembrador y del
Pescador.
El
día de hoy en que el evangelio nos trae a nuestra reflexión
esta invitación del Señor: "¡Síganme
y los haré Pescador de hombres!" es
necesario que clarifiquemos principalmente las actitudes que encierra
este oficio.
3.-
Muy queridos hermanos:
Como
un mecanismo de ayuda les quiero proponer que utilicemos el método
del contraste y la comparación, para poder lograrlo el día
de hoy quisiera referir esos dos oficios más usados, para
que entonces distingamos sus diferencias y captemos la invitación
que el Señor nos hace cuando quiere que seamos Pescadores
de hombres.
4.-
El agricultor, todas las mañanas, cuando el día está
todavía oscuro, se encamina presuroso por el sendero que
lo lleva hacia su terreno de cultivo. Incluso, su vereda
se encuentra trillada de tanto ir y venir por el mismo lugar. Se
trata de un camino andado y desandado, que lo conoce a la perfección
como si fuera la palma de su mano. La vida y la repetición
de los días llega a tal punto que hasta sus animales van
y regresan solos por el campo. Su itinerario es, hasta un cierto
punto, rutinario. Recorre siempre el mismo camino que sus antepasados
han recorrido. Sus hijos y sus nietos, sin lugar a duda, recorreran
la misma senda. El ya conoce en dónde está la piedra,
en dónde está la nopalera, en donde está el
árbol, en donde estará la sombra al medio día,
dónde es el lugar de sus alimentos.
5.-
A diferencia de todo lo anterior, el quehacer de un pescador es
muy distante y muy distinto. En el mar no existen los caminos
prefabricados, ni las veredas. Siempre se habrá que ir por
nuevos derroteros. Nunca las olas son las mismas, ni puede ser la
misma su intensidad. Cada día el viento sopla diferente y
hay que inventar un camino nuevo y acomodar de forma nueva la vela
o sacar los remos para utilizarlos. En ocasiones se encuentra con
un mar apacible, pero las más de las veces la mar está
furiosa. En ocasiones, el viento sopla benefactoramente en la Popa
y en otras sopla contra la Proa. El mar es caprichoso, en ocasiones
por más esfuerzo que se imprima, la pesca se niega y en otros
momentos pareciera que el mar le está vomitando los peces.
Todas
las mañanas el buen pescador tiene que pararse frente a la
mar voraginosa y preguntarle al Señor: "Dios,
y ahora, ¿por dónde?, ¿dónde están
los peces hoy?". El pescador pareciera repetir
cada día con el salmista: "
Muestrame, Señor, tus caminos. Haz que tu senda pueda encontrar".
(Sal 25,4).
En
cierta manera, el Pescador depende cada día de una vredadera
reflexión y de un contínuo cuestionamiento. Sabe,
y esto es lo mejor de todo, que no tiene el camino hecho. El pescador
tiene que ser creativo y siempre original. El mar con todas sus
variantes se convierte en un desafío contínuo y diferente.
6.-
El sacerdote, y con él todos los cristianos, como nuevos
Pescadores de hombres, cada día deben preguntarle a Jesucristo
el camino que deberán de recorrer. Ellos dependen
diariamente de Dios y no de un camino prefabricado.
Y
no obstante, muchos de nosotros lejos de querer ser pescadores optamos
por ser sembradores. Y no tiene problemas el oficio por sí
solo sino las actitudes, pues el Señor quiere que la labor
evangelizadora tenga el dinamismo del pescador más que el
costumbrismo del sembrador.
Muchos
evangelizadores como si fuéramos labradores del campo del
Señor hemos convertido nuestra labor apostólica en
un camino super trillado. De esta manera el impredecible viento
del Espíritu Santo ha sido esquematizado en un sistema y
en un programa. Hemos convertido el viento impetuoso del Espíritu
Santo en un aire artificial que manipulamos y que hemos acondicionado
a nuestro beneplácito, que se puede regular de acuerdo a
las comodidades del momento. Realizamos nuestra acción apostólica
como recorriendo un camino rutinario, donde no hay lugar para esas
sorpresas siempre gratas que nos ofrece el Espíritu Santo.
7.-
Pero,... vayamos por partes, y apliquemos este evangelio en lo inmediato
a la vocación sacerdotal y, después al matrimonio.
Los
sacerdotes del Señor hemos de abrir las velas de nuestra
embarcación al viento del Espíritu Santo, para dejarnos
conducir por su misterioso soplo que nunca es igual. Así
como el Pescador tiene que renovar su rumbo cada mañana,
el sacerdote cotidianamente se debe arriesgar hacia horizontes desconocidos,
guiado sólo por el poder del Espíritu Santo.
En
lo personal, en el camino de mi vida vocacional y ministerial he
podido entrar en contacto con sacerdotes creativos, personas con
inventiva, ministros sedientos en el Señor de originalidad.
Por
desgracia, algunos otros, pareciéramos tener un recetario
que soluciona cualquier situación, somos aquellos que solemos
decir: “¡Ah, toca este
Evangelio!”, “¡Ah, ya se está acercando
la cuaresma!”, y sacamos de unos cajones llenos de polvo un
montón de papeles avejentados en los que tenemos escrito
todo lo que hay que hacer en la cuaresma, en la navidad, y así
todos los años... En
lugar de ser escribas del Reino para sacar de nuestro baúl
cosas antiguas y nuevas, solemos sacar sólo recursos antiguos,
y muchas veces obsoletos.
¡Qué
lamentable que no vivamos la intensidad de una vida que tiene que
ser siempre nueva, y que nos presenta siempre nuevos retos! Créemelo,
este mundo en el que estoy viviendo, no es en lo mínimo el
mismo que conocí cuando me ordené sacerdote hace casi
quince años, y este mundo por lo tanto me está exigiendo
respuestas nuevas a problemas nuevos. Si así es en lo referente
a mis años de ordenado, entonces podrás imaginarte
que aquello que estudie en la Universidad ha tenido que ser actualizado
en un sin fin de ocasiones. El Evangelio
será siempre el mismo, pero esta mar exige que innovemos
nuevos métodos para pescar en un mar tan cambiante.
Los
sacerdotes debemos trascender nuestros caminos archiconocidos de
pastoral ya obsoleta y aventurarnos a incursionar nuevos derroteros
en el mar de la evangelización, desplegando nuestras velas
para adentrarnos en este mundo en el que nos ha tocado vivir y al
que debemos evangelizar.
Debemos
usar toda la astucia y el atrevimiento para propagar el Evangelio,
aun por los medios hasta ahora “imposibles”. El Señor
escogió valientes pescadores y no rutinarios labradores.
De esta manera, nos está llamando a ser pescadores de hombres.
8.-
Y, ¿qué decir sobre el matrimonio cristiano?
La
creatividad es la más elemental de las cualidades que debe
tener hoy en día un padre de familia. Tú, mejor que
nadie, te das cuenta del cambio tan radical y vertiginoso que han
vivido nuestras familias.
Y
tú, te has dado cuenta de que los problemas que enfrentan
hoy tus hijos no se parecen a los que enfrentamos nosotros. Lo que
nuestros padres hicieron por nosotros fue útil en su tiempo
para nosotros, pero hoy tus hijos viven nuevos tiempos que exigen
ante todo nuevas actitudes.
Yo
soy el primero que reconozco que los valores no pueden cambiar,
pero al mismo tiempo puedo constatar que, aunque el pasajero sea
el mismo el vehículo tiene que actualizarse, aunque el sujeto
es el mismo la vestidura no puede quedarse en la antiguedad.
No
puedes cortar a los hijos con las mismas tijeras con que fuímos
cortados nosotros, ni puedes sacar tus papeles amarillentos del
archivero para solucionar situaciones que hoy en día son
muy distintas a las que regían nuestras vidas.
El
padre cristiano tiene que saber contemporizar, y
con ello adaptarse y amoldarse al tiempo en el que tiene realizar
su misión. Y con ello no perder la paciencia que exige su
profesión de pescadores, sería más fácil
ser sembradores, simple y llanamente hacer siempre lo mismo, sin
tantas complicaciones. Las cosas no son tan sencillas...
Y
quedaríamos congelados en el tiempo, y con ello perderíamos
de nuestro horizonte el reto que significa el ser pescadores en
un mar que cada día es distinto y que exige cada día
actitudes renovadas.
CONFIANZA Y ESFUERZO
PARA SER PESCADORES DE HOMBRES.
“ Una vez que Jesús
caminaba por la ribera del mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón,
llamado Pedro, y Andrés, los cuales estaban echando las redes
al mar, porque eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme
y los haré pescadores de hombres”. Ellos inmediatamente
dejaron las redes y lo siguieron. Pasando más adelante, vio
a otros dos hermanos, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que estaban
con su padre en la barca, remendando las redes, y los llamó
también. Ellos, dejando enseguida la barca y a su padre,
lo siguieron.
1.- Muy
querido amigo:
El
texto del Evangelio de este domingo me ha traído a la memoria
aquel pensamiento conocido como la Fórmula de San Ignacio
de Loyola “De tal manera debemos
esforzarnos como si todo el éxito dependiera únicamente
de nuestro esfuerzo; y al mismo tiempo, de tal manera debemos confiar
en Dios como si todo dependiera exclusivamente de Él”.
¿Sabes?
Evitando el riesgo herético de aquellos que proponían
entre Dios y el hombre una sinergia, es decir una igualdad de fuerzas
que las equipararía, concibiéndolas prácticamente
como idénticas, tenemos que hablar del Dios que ha querido
darle un lugar al hombre. Tenemos que hablar de aquello que San
Ignacio de Loyola llegó a comprender cuando hablaba de la
importancia que tiene tanto el esfuerzo humano como nuestra plena
confianza en Dios y la acción que Él realiza.
2.-
Dios es el Dueño y el Señor de todo, pero ha querido
requerirle al hombre su digna participación en la historia
de la salvación y para ello nos llama a ser Pescador de hombres,...;
en realidad, se trata de algo que trasciende nuestras pretensiones
personales.
Pero,
dejemos lo personal y detengamos nuestra mirada en aquellos que
son los destinatarios de nuestra misión: “Pescadores
de hombres”. Aquí es tan importante el género
como la especie, o por decirlo de otra manera, es tan importante
el nombre como el apellido. “Pescadores de hombres”.
Se trata de beneficiar al hermano, de tal manera que todos nuestros
talentos los pongamos al servicio de Dios para servir a los hombres.
Y
esto nunca debemos olvidarlo todos aquellos que en la Iglesia y
en nuestras casas le hemos dado tanta importancia a los adelantos
científicos, a la técnica, la cibernética,
a la vanguardia tecnológica,... que nos hemos olvidado de
los destinatarios. Excelentes en las artes de pesca pero pésimos
en el trato con los hombres.
3.-
¿Sabes? Te quiero compartir una narración que nos
cuenta Julián Barnes en su novela UNA HISTORIA DEL MUNDO
EN DIEZ CAPÍTULOS Y MEDIO: “hoy
en día, los barcos se han ido haciendo más grandes,
mientras que las tripulaciones se vuelven cada vez más pequeñas
y todo se maneja mediante la tecnología. Se programa un ordenador
en el Golfo Pérsico, o donde sea, y el buque se gobierna
prácticamente solo hasta Londres o Sidney. Es mucho mejor
para los armadores, que se ahorran un montón de dinero, y
mucho mejor para la tripulación, que sólo tiene que
preocuparse por combatir el aburrimiento y se pasan la mayor parte
del tiempo bajo cubierta, bebiendo cerveza y viendo películas
en vídeo.
“En
los viejos tiempos, siempre había alguien en la torre de
vigía o en el puente, vigilando. Pero hoy, en los grandes
buques, ya no hay vigía, sino que, de vez en cuando, alguien
observa una pantalla llena de puntos luminosos móviles. En
los viejos tiempos, un náufrago a bordo de una pequeña
balsa o de un bote, perdido en medio del mar, tenía algunas
posibilidades de ser rescatado si un barco pasaba cerca de él.
Bastaba con que atara la camisa en lo alto de un mástil,
agitara los brazos, se desgañitara gritando, o bien disparara
un cohete de señales para que el vigía de turno lo
localizara. Ahora puedes estar durante semanas a la deriva en el
océano y que los superpetroleros pasen de largo sin advertir
tu presencia: el “radar” no te detecta, porque eres
demasiado pequeño; tendrás que confiar en que alguien,
inclinado sobre la barandilla de cubierta para aliviar su mareo,
se percate de tu existencia. Seguramente abunden los casos de náufragos
que en otro tiempo habrían sido salvados y a los que ahora
nadie recoge; e incluso casos de personas que han sido atropelladas
por los barcos que ellas creían se acercaban a rescatarlas.
Trato de imaginar lo espantoso que puede ser, la terrible espera...
y, luego, la sensación de desolación cuando el barco
pasa de largo y no puedes hacer nada, porque todos tus gritos quedan
ahogados por el ruido de los motores. No pensamos en salvar a otras
personas; seguimos navegando hacia delante confiando en nuestras
máquinas. Todo el mundo está bajo cubierta, tomando
una cerveza con Greg”.
4.-
Lo que nos narra Barnes no está tan lejano de la tremenda
organización que tienen nuestras parroquias y todos los adelantos
virtuales aplicados a la pastoral, pero tenemos que revisar si hemos
perdido el contacto con el destinatario de nuestra misión.Excelentes pescadores con doctorados
y con redes teledirigidas, pero,... ¿de hombres?
Y
esto también tienen que pensarlo todas las instituciones,
incluyendo las educativas y de todo tipo de servicios, pero por
hoy dirijamos la palabra hacia los padres cristianos, los cuales
tienen que pensar con seriedad si los muchos adelantos científicos,
técnico-educativos, de monitoreo no les han hecho perder
el contacto con sus hijos. Excelentes pescadores con una red de
circuitos cerrados, que cuentan con una sofisticada dotación
de radiolocalizadores, y que han enriquecido las arcas de los vendedores
de telefonía celular con tal de tener a la distancia de la
pulsión de un botón a aquellos que durarán
días y días sin tratar directamente.
5.-
El Evangelio del día de hoy nos dice que Dios confía
en el hombre, y que ha querido correr el riesgo que brota del amor,
como para darle un lugar muy especial a su esfuerzo y participación,
al mismo tiempo que le pide al hombre que confie en que Él
lo puede todo. Pero hay que llegar a ser pescadores de
hombres convencidos de Aquel que les llama y que les envía
a las mares de la vida cotidiana.
6.-
No sé si te lo haya contando, pero hace algunos años,
me tocó encontrarme en mi ministerio con un ejemplo de vida
cristiana que me cautivó. Un ejemplo de amor materno
que sólo puede tener a Dios como su fuente, se trata de una
historia en la que la acción de Dios fue acompañada
de la acción de,... una mujer cristiana.
Ella
una madre de familia que asistía a la Santa Misa todos los
días, madre de tres hijos, dos varones y una mujer. Su única
hija mujer se casó poco tiempo antes de que yo conociera
a la familia, me tocó conocer a este joven matrimonio formado
por la hija de esta asidua feligrés cuando recién
llegué a la parroquia de san Juan Bosco, se veían
un buen matrimonio. Ella ya estaba embarazada, se le veía
radiante y a los pocos meses ingresó a la clínica
maternidad.
Por
desgracia, hubo complicaciones en el parto, en donde perdió
a la bebita y ella cayó en coma, situación de la cual
salió casi cuarenta horas después, pero al “regresar”
a la realidad se encontraba cuadrapléjica, sin poder mover
ninguna de sus cuatro extremidades ni poder fonetizar palabra alguna.
Los pronósticos médicos eran por demás desalentadores
Al
salir del hospital acordaron su esposo y los padres de ella, que
se iban a mudar a la habitación que ella tenía en
la casa paterna, la cual se habilitó como una verdadera habitación
de hospital, al principio el esposo dormía en un sofá,
después tenía que ir a darse las vueltas a la casa
que habían comprado, y casi al año ya no regresó.
Su
madre continúo en la cercanía de Dios y en la cercanía
con ese sacramento de Dios en el que se había convertido
su propia hija. En lo personal fui a visitarla a su casa en variadas
ocasiones e iba contemplando como aquella madre se esforzaba por
sacar adelante a su hija, recuperando el trato que tuvo para con
ella cuando era una bebé, y yo la veía sacar fuerza
de la Sagrada Comunión de todos los días para seguir
luchando por su hija.
Su
tenacidad le llevó a no perder nunca la fe y a no descansar
hasta agotar todos los recursos médicos posibles para que
su hija saliera de la habitación oscura en la que se había
confinada.
Sin
lugar a dudas, hubo muchos intentos en los que los resultados fueron
nulos o mínimamente perceptibles, y cada mañana aquella
madre de familia después de recibir al Señor en la
Sagrada Comunión se comprometía a lanzar la red de
la vida cristiana como digna pescadora de hombres.
En
los tres años que los traté de lo cotidiano, la hija
había logrado mover los dedos de sus manos y con ello comunicarse,
pedir las cosas, agradecer y manifestar el amor que tiene en su
corazón para su madre. Un día tuve que seguir mi camino
y salir de la parroquia, y ahora he regresado a una parroquia muy
cercana.
Han
pasado 13 años desde que los conocí y te quería
comentar que hace un año me habían pedido que fuera
a visitar a un enfermo por aquel rumbo y pasé por enfrente
de aquella casa, y me encontré a aquella joven regando las
plantas de su casa con una sonrisa, detuve mi coche, la salude y
le pregunté por su madre pero no se encontraba, a los pocos
minutos llegó en su coche y me abrazó llorando y me
decía: Padre Rogelio, ¡el Señor me la regresó!,
¡el Señor le devolvió la salud! El Señor
escuchó mi súplica de todos los días.
7.-
Muy queridos amigos:
El
cristiano debe esforzarse en lo humano y confiar en lo cristiano
en que como pescadores de hombres nuestra pesca será generosa
aún en medio de una mar que se porta tantas veces caprichosa.
Esfuerzo
y confianza nos pedirán las estaciones de nuestra vida,
tanto para soportar los vientos helados de las dificultades y las
tormentas que en ocasiones parecieran destrozar el corazón.
Esfuerzo y confianza serán necesarios para resistir nuestros
inviernos y aguardar serenamente los días de abril en este
oficio de la pesca.
Esfuerzo
y confianza son necesarios, si somos capaces de comprender que durante
nuestros días vivimos momentos de sol y momentos nublados
y, que durante nuestras noches la luna suele ser tan cambiante,
y que cuando parece haber llegado a la plenitud inicia el decrecimiento.
Esfuerzo y confianza tienen que hacerse presentes para no temerle
a los cuartos menguantes de la vida y saber esperar los crecientes.
Ser
pescadores significa tener paciencia y significa saber esperar.
Dios
quiere necesitar de ti y de mí. La Barca y las redes le pertenecen
a san Pedro, pero la iniciativa y el milagro le pertenecerán
a Dios.
Entendiendo
que Dios y el hombre no son magnitudes simétricas, pero con
nuestra confianza puesta en Él y con la dignidad de nuestro
esfuerzo podremos conseguir pescas abundantes en nuestra vida de
pescadores de hombres. ¡Solamente así!
APTITUDES
Y ACTITUDES.
“
Una vez que Jesús caminaba por la ribera del mar de Galilea,
vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés,
los cuales estaban echando las redes al mar, porque eran pescadores.
Jesús les dijo: “Síganme y los haré pescadores
de hombres”.
1.-
Muy queridos
amigos:
El
Evangelio nos muestra una escena compuesta por el Hijo de Dios y
un grupo de personas a los que les invita a emprender la más
delicada de las misiones: ser pescadores de hombres
Y
con este telón de fondo, resulta necesario que teniendo frente
a nosotros la imagen del pescador podamos meditar en torno a la
insuficiencia del cúmulo de nuestras aptitudes personales
si éstas se viven en la lejanía de Dios, así
como la importancia que tienen nuestras actitudes en nuestra vida,
sobre todo si son auténticamente cristianas, pero para ello
es necesario que nuevamente recreemos la escena evangélica.
2.-
Aquellos pescadores estaban echando sus redes al mar cuando el Maestro
les pide que le sigan para hacer de ellos pescadores de hombres.
En
realidad la mar a la que les envía el Maestro es en mucho
más compleja y caprichosa que aquella en la que vivieron
su infancia y demás años de vida. Y será sólo
esto lo que nos puede ayudar a comprender el significado y la diferencia
que existe entre nuestras aptitudes y nuestras actitudes. Y, querámoslo
aceptar o no, nos muestra la superioridad que tienen las actitudes
sobre nuestras más presuntuosas aptitudes. ¡Vamos!,
para ser pescador en el mar de Galilea se necesitan aptitudes suficientes
para el oficio pero para ser pescador en los mares de los hombres
serán necesarias las actitudes cristianas.
3.-
Entendemos por una aptitud una disposición natural en una
persona, se trata de una cierta idoneidad que tenemos como para
realizar algo en la existencia. En cambio, una actitud
es esa nuestra disposición de ánimo manifestada exteriormente
ante cualquier situación que afrontemos, sea del tipo que
fuere.
Juguemos
con las palabras y digamos que en la vida hay personas que tenemos
muchas aptitudes pero que nuestras nocivas actitudes nos llevan
al fracaso, y que, así mismo, hay personas que no hemos sido
dotados humanamente de muchas aptitudes pero que nuestras actitudes
se han convertido en nuestra mejor carta de presentación.
Al
final de cuentas, las actitudes y no las aptitudes son las que nos
permiten alcanzar y conservar aquello que anhelamos.
En
la imagen del pescador, a diferencia del sembrador tal y como lo
meditábamos en el primer segmento, se recrean las actitudes
personales que se deben de tener ante una vida que cada día
nos ofrece una nueva sorpresa, y en la que las aptitudes en ocasiones
no son suficientes.
Y
dentro del campo de nuestras actitudes se encontrará nuestro
posicionamiento ante las demandas del mundo y de nuestro tiempo.
Nuestro
tiempo –y todo tiempo- exige en nosotros y en todos que desarrollemos
nuestra capacidad de adaptación, se trata de una de las actitudes
que supera en mucho nuestras aptitudes. Adaptarse es saber vivir.
Debemos recordar que aquella famosa selección natural no
fue la imposición de la ley del más fuerte sino la
sobreposición de aquellas especies que han tenido capacidad
de adaptación.
Escribía
el Dr. Lewis Thomas, neoevolucionista moderado, en uno de sus libros:
“Hace un siglo, había consenso
general en cuanto a que la evolución era la historia de una
guerra declarada entre especies que competían entre sí;
en cuanto a que los más aptos eran los agresores más
fuertes, etcétera. Ahora, este enfoque empieza a cambiar.
El mayor éxito en la evolución, los mutantes que la
han realizado, la han logrado adaptándose al resto de la
vida, y sosteniéndola.”
4.-
¿Te das cuenta como la actitud supera con mucho la aptitud?
Contaba Charles de Foucald una narrativa que me entusiasmo sobre
esa capacidad de adaptación, hablando precisamente de pescadores
y de actitudes:
“Cuentan que existía en algún
lugar del planeta un hombre que era un experto en las artes de pesca:
tenía su caña especial, contaba siempre con la mejor
carnada, tenía ubicado el mejor lugar en la ribera en donde
conocía que se encontraba un rico banco de peces y poseía
las técnicas necesarias para conseguir siempre el mejor pescado.
Se ufanaba este hombre diciéndole a propios y extraños:
“Yo saco los pescados hasta de donde no existen”. Y,
la verdad es que, nadie podía decir lo contrario de este
maestro pescador.
Un
buen día, llegó a aquella zona un invierno extraordinariamente
frío. Cayó la nieve copiosamente y las tierras y las
hierbas del campo se congelaron. Cuando pasó la etapa más
cruda de aquel invierno el deshiele de las regiones provocó
que el río fuera en crecida ante el afluente de las copiosas
aguas. Esto provocó que el río socavara algunas regiones
de la ribera y que se modificara el trazo caprichosamente accidental
del mismo río. Al final de aquel invierno el río había
cambiado de cauce.
Nuestro
personaje un día se alistó para ir de pesca y se fue
directamente hacia donde estaba su roca: se sentó sobre ella,
sacó su caña especial, utilizó su mejor carnada
y puso en práctica sus técnicas inmejorables. Solamente
que se topó con una dificultad: el río se había
desviado varios metros de allí y el lugar en el que caía
el anzuelo solamente tenía piedras. Aquel hombre se decía
a sí mismo: “es aquí en donde están los
mejores peces y es aquí en donde los tengo que encontrar”.
Y ahí estaba aquel hombre ingenuo que presumía de
sacar los peces hasta de donde no los hubiera, viviendo y muriendo
de lo que un día llegó a ser y que nunca volverá
a regresar.
Termina
Foucald diciendo: “Si el río
ha cambiado de cauce, cambia tu también”.
5.-
Aptitudes y actitudes suelen moverse cada una de ellas en una región
de las dos áreas del campo de juego de nuestra vida. Las
aptitudes suelen moverse en la región de nuestro entendimiento,
en cambio, nuestras actitudes se desplazan a través de la
región de la voluntad y, lo que es mejor, de nuestra esperanza.
Las
mejores actitudes brotan de nuestra búsqueda de Cristo, y
en ese camino que El mismo nos marca, encontrando con ello el verdadero
sentido para nuestra existencia.
El
Señor nos invita para que seamos pescadores de hombres, y
con ello para que dejemos a un lado el cinismo y que nos pongamos
a trabajar, muy a pesar de nuestros cansancios y de otras expresiones
de nuestros obstáculos humanos.
6.-
Dios nos invita para que al ser pescadores tengamos un cambio de
actitudes ante el desastre que este mundo nos presenta.
En Cristo, que ha vencido todo aquello que al hombre le aquejaba,
el hombre ha encontrado una razón para seguir esperando y
un motivo para seguir luchando.
Los
hombres que confían en la Palabra de Cristo que los ha enviado
a la mar de la humanidad son capaces de motivarse ellos mismos,
sentirse lo suficientemente hábiles para encontrar las formas
de alcanzar sus objetivos, asegurarse cuando se encuentran en un
aprieto que las cosas van a mejorar, ser lo suficientemente hábiles
para encontrar formas de alcanzar sus metas o modificarlas si se
vuelven imposibles, y tener la posibilidad de reducir una tarea
monumental en fragmentos más pequeños y manejables.
Remar
mar adentro en el universo de los hombres para ser pescadores significa
abrigar esperanza y con ello garantizar que uno no cederá
a la ansiedad abrumadora, a una actitud derrotista ni a la depresión
cuando nos enfrentemos a desafíos o contratiempos.
El
cristiano sabe esperar en Dios más que en las cosas, de tal
manera que bien puede perder todas las cosas, pero eso no significa
que deba perder su esperanza en Dios.
7.-
¡Mira!, apliquemos el tema de las actitudes y las aptitudes
a nuestra vivencia como familia y con ello quedará más
en claro lo que significará el ser pescadores de hombres.
Tú
y yo, conocemos cantidad de personas que desfilaron por las Universidades
siempre con la mejores notas y hasta con menciones honoríficas,
en la realidad son las personas más aptas ¡nadie puede
negarlo!, pero sus actitudes negativas se convierten en su propia
derrota. Y es que al sobrevenir la
crisis más ridícula se vencen, renuncian, se cruzan
de brazos, se sientan a llorar y claudican ante los problemas.
¿Cuántos
de los esposos que nos escuchan o que leen este mensaje son esos
discípulos a los que el Señor les ha mandado de dos
en dos a ser pescadores, y han sabido lanzar la red en el nombre
del Señor? ¿Cuántos de ustedes
en esas ocasiones en que la pesca se les niega en el nombre del
Señor han continuado con su misión?
8.-
La jornada ha sido dura, pero el Señor ha ido llenando sus
redes. Y quizá el esposo hoy le podría decir
a su esposa, a su compañera de tantos y tantos años,
aquel pensamiento de Ramuz:
"Te acuerdas mujer, no había nada
para comenzar, todo estaba por hacer. Y nos metimos en la lucha,
pero ha sido duro, demasiado duro. Hace falta coraje, hace falta
perseverancia, hace falta amor y el amor no es lo que uno cree cuando
se empieza.
El
amor no es tan sólo esos besos que nos dimos, ni siquiera
esas palabras que susurramos al oído, el amor no es tan sólo
las caricias que compartimos ni siquiera ése estar tan juntos
el uno del otro. El tiempo de la vida es largo y el día de
la boda es un sólo día. Fue luego, tú te acuerdas,
solamente luego cuando comenzó la vida. Hay que hacer y se
deshace, hay que volver a hacer y se vuelve a deshacer.
Y
luego vienen los hijos, hay que alimentarlos, hay que vestirlos,
hay que educarlos. Es algo que nunca termina. Y luego caían
enfermos. Tú te pasabas la noche en vela y yo tenía
que trabajar de la mañana hasta la noche.
A
veces, uno se desespera, el tiempo pasa y no se avanza y a veces
pareciera como si camináramos hacia atrás.
Te
acuerdas mujer, todas aquellas luchas, todos aquellos combates,
sólo tú estabas allí y así yo pude apoyarme
en tí y tu pudiste apoyarte en mí.
Tuvimos
la gracia de estar juntos y nos metimos en la lucha, soportamos
los golpes y las dificultades. Hoy, mujer los hijos han crecido,
ellos cumplen ya sus obligaciones.
Sabes
mujer, el amor no es lo que uno cree cuando se empieza, el amor
no es de un día, sino de siempre. El amor es ayudarse, el
amor es comprenderse."
9.-
Muy querido amigo: Estoy convencido de que no son las aptitudes
las que sacan adelante a las personas sino las actitudes.
Por desgracia, son cada día más frecuentes esas personas
brillantes que se dan por vencidas. ¿Quién
quiere correr el riesgo de recibir un golpe más? ¿Tú?
Pues
en el nombre del Señor te invito para que lances la red.
¡No te arrepentirás! Sé pescador de hombres.