Domingo 30 de Enero de 2005_________Pbro.
Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx
SEREIS BIENAVENTURADOS....
“En
aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió
al monte y se sentó. Entonces comenzó a enseñarles
y les dijo:
“Dichososo los pobres
de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Dichosos los que lloran, porque serán consolados. Dichosos
los que sufren, porque heredarán la tierra. Dichosos los
que tienen hambre y sed de justicia porque será saciados.
Dichosos los misericordiosos,
porque obtendrán misericordia. Dichosos los limpios de
corazón, porque verán a Dios. Dichosos los que trabajan
por la paz, porque se les llamará hijos de Dios. Dichosos
los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el
reino de los cielos.
Dichosos serán ustedes,
cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas por causa
mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio
será grande en los cielos”.
¡Cuánta
razón tiene G. Lipovetsky, cuando en su
libro “La era del vacío” critica
la incoherencia existente en esos grandes adelantos de nuestra época
que han acarreado enormes fracasos en lo humano, al afirmar que
hoy en día “Han desaparecido
los sordos, los ciegos, los lisiados, pero ha surgido la edad de
los que no quieren oír, de los que no quieren ver y de los
que no son capaces de caminar ni de esforzarse en la vida.”!
Y, es
que, tú estarás de acuerdo conmigo, su existencia
y corroboración es tremendamente inobjetable, y así,
de esta manera, una de las enfermedades, quizá la más
agresiva, que está afectando seriamente al ser humano de
nuestro tiempo, radica en esa miopía en la que nos encontramos
muchos seres humanos, pensando sólo en la inmediatez y olvidándonos
de la trascendencia como nuestra propia vocación.
Vivimos
de tal manera que pareciera que el ser humano pretende negar o,
por lo menos ignorar que el buen Dios al crear al hombre, ha querido
que en su propia constitución poseyéra una apertura
hacia la trascendencia. El hombre tiene necesidad, está sediento,
se encuentra en una ansiosa búsqueda de Dios.
2.-
Los cristianos predicamos al hombre como CAPAX
DEI, es decir, capaz de Dios, y hemos adquirido la conciencia
de que el fin último de todo ser humano ha sido conocido
en Cristo, y de que ese fin último Él nos lo ha señalizado
en la eternidad.
Sin embargo,
el hombre pareciera tener sus cualidades atrofiadas al estarse dirigiendo
recurrentemente al camino contrario para el cual fue destinado.
Y es entonces, que no se llega a la meta, que no se consigue nuestro
verdadero fin, y se falla en el blanco. Y, sobreviene la frustación
y con la frustración el más lamentable de los fracasos.
En nuestra
comprensión de que el ser humano tiene grabado en su interior
su propio proyecto y la meta de sí mismo y, más aún,
por el conocimiento absoluto de la plenitud de la verdad que hemos
obtenido en Cristo, fallar en el blanco significa para nosotros
“perdernos a nosotros mismo”. Es precisamente en esta
situación en donde tiene su consistencia el pecado y cada
una de sus consecuencias para nosotros.
El
Señor nos indica que el hombre que no es capaz de dominarse
a sí mismo no es feliz.
3.-
¡Qué lástima que el hombre se pase la vida negando
el proyecto de Dios y quiera quedarse sólo en lo material
y se olvide de lo espiritual, que se conforme con lo inmediato y
que desatienda lo trascendente, que se engolosine con el placer
pasajero y que abandone la esperanza de la eternidad!
No olvidemos
que más allá de nuestra condición humana, que
necesita de Dios y que reclama a gritos desesperados su presencia
entre nosotros, también se encuentra aquella verdad que Jesucristo
nos ha traído y esa invitación para que dirijamos
nuestra mirada hacia las Bienaventuranzas, es decir, que el Señor
nos invita a que creamos, esperemos y amemos un futuro de bondad
en el que saldremos de los límites de este tiempo y de este
espacio.
Nos invita
a ser conscientes de que mucho más allá de nuestro
rígido presente se encuentra la promesa de nuestra Vida Gloriosa
con Dios.
Seréis
Bienaventurados significa:en
el futuro les espera la bondad, o por mejor decirlo como cristianos,
en la eternidad nos espera Aquél que es la Bondad.
4.-
Y no obstante, seguimos cometiendo errores de fatalidad.
La vacua sociedad en el presente nos seduce con sus falsas promesas
de vida fácil y con sus propias propuestas de felicidad.
El hombre
es un ser con sed de infinito en una sociedad que nos instala en
el presente.
Nuestra
sociedad se ha encargado de ofrecernos la felicidad en lo efímero,
así en la sonrisa maquillada de los artistas; nos oferta
y nos vende la felicidad en los viajes de placer, en los anuncios
de la falsedad, en los adelantos domésticos, en todo lo que
al momento produce el gozo de un placer. Y todos, la verdad es que
todos hemos caído, un poco o un mucho, en esa invitación
a ser felices consumiendo, teniendo y gozando cuando la ocasión
se nos presenta, y un día, si seguimos viviendo de esta manera,
pagaremos la más dolorosa de las facturas.
Más
aún, nuestra sociedad del consumo nos va conduciendo al egoísmo,
al olvido del otro como hermano y al olvido de Dios. Nos hemos volcado
hacia nosotros mismos y nos hemos olvidado de la fraternidad, de
la solidaridad, de la caridad y... de la eternidad.
5.-
El Evangelio de este domingo, a través de la radicalidad
de las Bienaventuranzas, nos está invitando para que asumamos
y que detectemos el reduccionismo de nuestra visiones,
a que seamos conscientes de nuestras propias responsabilidades y
a que seamos lo suficientemente maduros como para que no le reclamemos
a Dios cuando un día estemos pagando las consecuencias de
nuestros actos y decisiones.
La Palabra
de Dios, nos debe hacer reflexionar sobre cómo en un sinfín
de ocasiones la desgracia, la marginación o la injusticia
se pueden generar a causa de esa corresponsabilidad activa o pasiva
de cada uno de nosotros con este tipo de situaciones.
El que
una persona viva situaciones de escasez o de dolor debiera cuestionarnos
acerca de la cantidad de culpa que tenemos cada uno de nosotros
en esa situación.
Desde
este ángulo, podrermos entender las bienaventuranzas. Es
bueno que comprendamos lo que Dios nos expresa en su Palabra:
ni la pobreza, ni el llanto, ni el hambre, ni la persecución,...
son dichosas en sí mismas. Lo son en la medida
que se viven cristianamente y en la medida que no nos alejan del
camino de Dios, a diferencia de aquellos que alejándose de
Dios van generando este tipo de situaciones tan dolorosas para sus
hermanos.
6.-
Se trata en realidad de la lamentable coexistencia de personas,
y por lo tanto, la posible corresponsabilidad emergida de la colindancia
de situaciones tan contrastantes. Se trata de la pobreza
en cuanto correlativa con aquella riqueza de un rico que convive
indiferentemente con el pobre.
Sin que
pretendamos excedernos de los propios espacios y sin que nos aventuremos
a un juicio que no nos corresponde, por querer hacer un análisis
estructural de las situaciones, deberíamos avanzar y comprender
que la correlación implica un lazo, un vínculo y por
lo tanto cierta culpabilidad. Se trata de un concepto que supera
la pura coincidencia temporal: implica que uno de los miembros se
apoya en el otro o lo necesita para existir: el rico que necesita
del pobre para existir como tal y que no le conviene su desaparición,
aunque con ello se gane la desaparición eterna.
Quizá
lo podamos y debamos comprender mucho mejor aquellos que nos preciamos
de vivir en un mundo globalizado. Nuestro mundo está tan
estrechamente unificado que difícilmente dejan de estar relacionadas
unas situaciones con otras.
7.-
Este tipo de correlación nos permite comprender el lenguaje
del Evangelio. Sin la comprensión de esta correlación
el Evangelio podría convertirse en una valoración
masoquista del llanto, la pobreza, la hambruna, la persecución...
Esta valoración sería totalmente ajena a la promesa
de eternidad que se adjudica a cada bienaventuranza.
El Señor
nos invita para que comprendamos que la salvación tiene una
perspectiva universal, sin embargo el Señor ha querido hablar
dentro de ese amplio horizonte de una puerta angosta.
Hoy debiéramos
revisarnos aquellos que queremos acomodar el Evangelio a nuestra
vida lejos de amoldar nuestra vida al Evangelio.
¡Más
claro ni el agua! Entendamos que el único
paso autorizado a la vida eterna es el del compromiso personal y
el de la decisión de tomar en serio las exigencias Evangélicas,
sin intentar astutamente reducir el cociente de dificultades. Nuestra
entrada a la eternidad no es cuestión de membresías
ni de inscripciones, sino que es un asunto de amor. ¿Qué
escoges?
8.-
Precisamente, nuestro cristianismo encuentra su fundamento en una
postura ante la vida que cree en el triunfo del bien callado y de
la labor no premiada; que cree en la elocuencia del testimonio y
en la amplitud de las cosas ordinarias hechas con amor.
En
la realidad, pasaremos a la amplitud del Reino, en la medida que
vivamos la estrechez de una vida que sea consecuente con la amplitud
de nuestro corazón. Y solamente así, nuestros horizontes
se ensancharán si el corazón se dilata pasando por
la puerta estrecha de la verdadera vida cristiana. La
“estrechez” de la solidaridad, de la fraternidad y del
servicio al hermano frente al egoísmo; la “estrechez”
del control y de nuestro dominio sobre el consumismo frente a la
idolatría del dinero; la “estrechez” de la pureza
y del amor sincero frente al amplio camino del solo placer y de
un pansexualismo que domina a hombres y mujeres sin hacer alguna
especie de distingos...
9.-
El acceso a la bienaventuranza del reino pasa por la cruz del trabajo
cotidiano y de una vida auténticamente virtuosa.
Hoy debemos elegir entre el placer inmediato o el acceso a la vida
eterna.
Asimilemos,
en fin, el programa de santidad que Jesucristo nos ha expuesto en
el Sermón de la Montaña, cuya obertura son las bienaventuranzas
que este domingo hemos leído y que se centra, motiva y fundamenta
en la santidad misma de Dios a quien servimos y en nuestra esperanza
de obtener la eternidad viviendo coherentemente y sin egoísmos
nuestro presente.
LOS DOS MONTES MÁS
DIFÍCILES DE ESCALAR.
En aquel tiempo, cuando Jesús
vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces
comenzó a enseñarles y les dijo:
“Dichososo los pobres de
espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Dichosos
los que lloran, porque serán consolados. Dichosos los sufridos,
porque heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre
y sed de justicia porque serán saciados“.
1.- Muy
queridos amigos:
Dos
montes nos sirven de referencia a un drama escrito con tinta indeleble
divina y con tinta sangre humana en dos actos. En el primer
acto nos encontramos expectantes en el Monte de la Bienaventuranzas
y en el segundo acto nos encontramos exultantes al mismo tiempo
que sumegidos en el silencio contemplando el Monte Gólgota.
Aunque esto último parezca ser contradictorio, en realidad
más contradictoria resultó ser la respuesta de los
hombres.
Estos
dos montes que son inseparables y aparentemente contradictorios,
o por lo menos contrapuestos, como lo son el día y la noche,
y la mar y el litoral de la tierra que le contiene nos presentan
un solo mensaje.
2.-
Jesús, al inicio de su vida pública ha querido subir
al primero de los montes y nos ha predicado las Bienaventuranzas,
y no obstante, al final de su vida pública subirá
al segundo de aquellos montículos para poner en práctica
lo predicado. Sin duda el más grande mensaje, y
me refiero al segundo, antecedido del más bello de los discursos
programáticos.
Y
es así, por lo que aconteció en el segundo de los
montes, el que todos nosotros y todos los hombres podemos llegar
a ser conscientes de que las Bienaventuranzas son la esencia de
nuestro cristianismo, pero será necesario que un día
las intentemos vivir para que entonces nos acarreemos la ira del
mundo y estaremos dirijiendo nuestra existencia al segundo de los
montes.
Y
es que todo el mundo quiere ser feliz pero en otro camino muy distinto
al de las Bienaventuranzas.
3.-
En las Bienaventuranzas se están desafiando las máximas
humanas que escuchamos en los corredores de la vida cotidiana: “Es
que sólo se vive una vez”, “Hay que aprovechar
al máximo la vida”, “El sexo sirve para el placer,
no para el amor o la vida”.
La
bienaventuranzas se convierten en un atentado contra esas palabras
programáticas que conforman el vocabulario de nuestro mundo
de “éxito”: seguridad, riqueza, risa, popularidad,
satisfacción, compensación, placer, sexo, venganza,
violencia, comodidad...
4.-
Y será así que Cristo responda a aquellos que dicen:
No puedes ser feliz sino eres rico... Bienaventurados serán
los pobres.
Cristo
les precisa a aquellos que aclaman con soltura: No dejes que se
salgan con la suya, tienes que acabar con ellos... Bienaventurados
serán los misericordiosos.
Jesucristo
escucha al mundo y responde con serenidad a aquellos que mencionan:
Ríe y el mundo reirá contigo... Bienaventurados
serán los que lloran.
Jesús
ama y desea todo bien a los que opinan que: Si la naturaleza te
ha dado instintos no debes reprimirlos... Bienaventurados
serán los limpios de corazón.
El
Señor, Siervo Doliente y varón de dolores, ofrece
su dolor por aquellos que nos proponen: Procura ser popular y conocido...
Bienaventurados serán los
perseguidos.
Jesucristo
ofrece la paz, que traspasa todo esfuerzo y anhelo humano, a aquellos
que consideran que el tiempo de paz es para prepararnos a la guerra
diciéndoles...Bienaventurados
serán los pacíficos.
Cristo
ha respondido a las malaventuranzas del mundo con las bienaventuranzas
del Reino.
5.-
Y será así, que aquel día de las Bienaventuranzas,
Cristo hubo firmado su sentencia de muerte. Será
otro día, durante la hora sexta, que se escuchará
que el martillo estará entonando su canto triste y los clavos
penetrarán a través de la carne humana del Hijo de
Dios.
Hoy
el hombre,... y muchos pseudocristianos, quieren negar las Bienaventuranzas
y afirman que Cristo vivió su tiempo y que nosotros vivimos
el nuestro. En realidad, todos lo sabemos, el Sermón del
Monte está en discrepancia de todo lo que el mundo aprecia,
en aquel tiempo y en este tiempo.
Y
así, el mundo actual también se encargará de
crucificar a todos los que intenten vivir tal Sermón, tal
como Cristo mismo tuvo que morir. El Calvario es el precio del sermón
de la Montaña. El segundo monte sobrevendrá a cobrar
la factura del primero de los montes.
Y
es así, como nos vamos dando cuenta de que sí sólo
las medianías sobreviven en este mundo, serán las
actitudes firmes las que nos llevarán a la vida verdadera.
6.-
¿Sabes qué? ¡Déjale, déjale! Déjale
que predique las bienaventuranzas y un día el hombre se encargará
de exigirle el pago con su vida del más bello de los mensajes.
¡Déjale,
déjale! Déjale que venga este mundo
a hablar sobre los pobres... y Él mismo será tan pobre
que así como no tuvo un lugar para nacer, mañana no
tendrá en donde reclinar la cabeza, y en el último
de sus días tendrá necesidad de un sepulcro prestado
para su muerte.
¡Déjale,
déjale! Déjale que venga a este mundo
que predica su mensaje de los fuertes, del rencor, de la venganza
y del odio y que Él alabe a los que sufren... y Él
mismo conocerá en carne propia lo que es el sufrimiento y
los golpes.
¡Déjale,
déjale! Déjale que venga a exaltar
a los que lloran en este mundo que exalta la hilaridad y las componendas...
y Él mismo recibirá burlas, risas y traición,
y le coronarán con espinas para que también llore,
no las lágrimas sino la sangre carmesí.
¡Déjale,
déjale! Déjale que venga a este mundo
satisfecho con sus verdades relativas y acomodaticias, y que ni
acepta ni respeta la verdad absoluta y universal, para que entonces
predique que son Bienaventurados los que tienen hambre y sed de
justicia... y ellos mismos, a través del consenso de las
multitudes permitirán que se elija a Barrabás sobre
el buen Jesús, que solamente se encargó de hacer el
bien.
¡Déjale,
déjale! Déjale que venga a este mundo
violento y que sólo piensa en sí mismo, y que nos
diga que son bienaventurados los que tienen misericordia,... y encontrará
que para él no existirá la misericordia y que habrá
cinco ríos de sangre que brotarán de su cuerpo mancillado,
que el vinagre y la hiel saciarán su sed, y que una lanza
se hundirá en su costado, aún después de muerto.
¡Déjale,
déjale! Déjale que venga a este mundo
que predica con todo tipo de altavoces el placer, la esclavitud
de los instintos, la castidad como el sexo frustrado, la pureza
como frigidez, la continencia como una anormalidad y la unión
del hombre y la mujer hasta la muerte como algo insoportablemente
existente sólo en los enfermos de la mente; déjale
que venga a este mundo que dice que el matrimonio solamente dura
cuanto duran las glándulas, que la carnalidad está
sobre el espíritu y que las vírgenes son unas neuróticas,
y que diga que son bienaventurados los puros y los limpios de corazón...
y Él mismo se verá colgado de la cruz, y en su desnudez
se convertirá en el más dolorosamente célebre
de los espectáculos para los ángeles y los hombres.
¡Déjale,
déjale! Déjale que venga a este mundo
de venganzas y de hipocresías y que nos diga que son Bienaventurados
los que luchan, los que se esfuerzan, los que construyen la paz,...
y entonces vendrán los ejércitos de los hombres para
hacerle la guerra al Hijo de Dios y se impondrá violentamente
la ley del acero y de los golpes, de los azotes y de las espinas,
de los clavos y de la hiel y le colocarán un letrero en su
suplicio y un centinela en su sepultura.
¡Déjale,
déjale! Déjale que venga a este mundo
de aduladores, de lambiscones y de hipócritas, y que nos
diga que los perseguidos a causa de la justicia son los bienaventurados,
que seremos bienaventurado cuando nos injurien, nos odien, nos persiguen...,
y Él mismo se encontrará sin un amigo, proscrito en
la otra montaña, con una multitud enardecida que gritarán
hasta la locura: “crucifícale, crucifícale”,
y con su carne colgando de su cuerpo como jirones de púrpura
divina.
¡Déjale,
déjale...! Él comprenderá que
no pueden separarse las Bienaventuranzas de la cruz. Y tendrá
que aceptar que las Bienaventuranzas concluyen en la cruz, y aprenderá
y a amar esa cruz en donde muere el hombre viejo que llevamos todos
los hombres dentro de nosotros.
7.-
Y también a nosotros, las Bienaventuranzas nos llevarán
a la cruz..., y está sera nuestra propia historia y es nuestra
oportunidad de acceder a la vida eterna.
Y
es que sólo así, solamente así... podremos
llegar a obtener el Reino de los Cielos prometido a los que son
fieles...
Sólo
así podremos ser consolados por Aquel que enjuga las lágrimas
del alma con manos divinas en una fiesta imperecedera...
Sólo
así heredaremos una tierra nueva en una herencia de eternidad
que trasciende lo que es efímero...
Sólo
así seremos saciados por aquel que nos invita a un banquete
de eternidad en las Bodas del Cordero...
Sólo
así obtendremos misericordia en un juicio que emerge del
corazón de bondad que fue traspasado en el tiempo...
Sólo
así podremos ver verdadera y plenamente al Dios de la bondad
en una visión beatífica que trasciende nuestra visión
difusa en un espejo atrofiado por nuestros sentidos...
Sólo
así seremos llamados hijos de Dios en los labios de un Padre
de misericordia que esperará nuestro retorno a aquella Casa
de la que un día salimos a emprender la aventura de un hijo
que tantas veces se sintió autosuficiente...
Sólo
así será como obtendremos un premio grande en los
cielos en una corona que no se marchitará jamás...
LA
PARADOJA COMO CAMINO.
“
En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió
al monte y se sentó. Entonces comenzó a enseñarles
y les dijo:
Dichosos
los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Dichosos
los limpios de corazón, porque verán a Dios. Dichosos
los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos
de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque
de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos
serán ustedes, cuando los injurien, los persigan y digan
cosas falsas por causa mía. Alégrense y salten de
contento, porque su premio será grande en los cielos”
1.-
Muy gentil amigo
El
día de hoy que el Señor nos propone las Bienaventuranzas
como camino y como proyecto de vida te quiero invitar para que,
a la luz del Evangelio de este día, insertes en tu diccionario
cotidiano un concepto poco usual: la palabra Paradoja.
Paradoja
en cuanto término se define como una contradicción
existente entre dos cosas o ideas. En cuanto a método del
pensamiento la paradoja es una figura mental que emplea expresiones
o frases que envuelven la contradicción.
Digamos
simple y sencillamente, para no complicarnos, que la paradoja es
una contradicción...
2.-
El Señor Jesús solía usar la contradicción
o la paradoja para enseñarnos las verdades de la eternidad:
¡el que tenga oídos para oír
que oiga!
¡Tienen ojos y no ven!
¡Al que tenga poco se le quitará y al que tienen mucho
se le dará aún más!
¡Fuiste fiel en lo poco se te confiará lo que es de
gran valor!
¡Quieres quitar la paja en el ojo ajeno y no eres capaz de
quitar la viga que tiene en el tuyo!
¿No te parece paradógico el obrar del hombre?
Podríamos
decir que el cristianismo es la religión de la paradoja,
y esto nos lo recuerdan el día de hoy el mensaje de las Bienaventuranzas.
La paradoja aparece en las enseñanzas de Cristo y acontece
con la vida misma de Jesús.
El
Dios que se ha hecho hombre es una contradicción, y el Dios
que ha dado su vida por nosotros en el segundo de los montes es
la paradoja más radical de las que se predican en esta tierra.
Pero, ¡pensándolo bien!, también es paradógica,
para la razón no para la fe, la resurrección: Cristo
resucitó y nosotros resucitaremos con un cuerpo espiritual.
¿No es esto una contradicción? ¿O
es cuerpo o es espíritu? Pero el Señor nos dice que
se trata de un cuerpo espiritual aquel con el que gozaremos de la
eternidad prometida en las bienaventuranzas. Y nosotros creemos
en Él y le creemos a Él.
3.-
Pero, vayamos por partes e iniciemos con la primera de las páginas
de esta historia que ha llegado al primero de los Montes, aunque
si fuésemos fieles al método de la paradoja tendríamos
que empezar desde la última de ellas, que es la página
de la resurrección, después del segundo de los montes,
en donde la historia en realidad está comenzando...
No
obstante, el que todavía estemos en el mes de Enero nos ofrece
la posibilidad, cuando hablamos del nacimiento de Cristo hallar
que antes de su naciento se encuentra la primera paradoja: una Virgen
que concibe y que da a luz. Y así ha querido Dios que fuese
la historia de la salvación.
Para
el juicio humano el nacimiento del Hijo de Dios a través
de una mujer tan sencilla y con un orígen tan humilde es
también una contradicción, pero esto no es más
que el principio de toda una historia paradógica.
4.-
El nacimiento en Belén, y todo lo que encierra, es una de
las paradojas más grandes: allí se encuentra
por un lado, la soberanía del Señor de la vida, y
por la otra, su necesidad. Allí se combina la divinidad con
la dependencia, la posesión de todas las cosas con el despojo
del existir, la más grande de las riquezas con la más
inocente de las pobrezas.
Se
trata del mismísimo Hijo de Dios, el dueño de todo
y de todos, que pide prestado un pesebre para nacer,...
Pero
la historia continuará así de paradógica: ya
que él mismo quiso pedir una barca para predicar, él
fue el que tomó prestados de aquel joven cinco panes de cebada
y dos peces para multiplicarlos y saciar a la multitud. Él
pedirá un asno prestado para entrar a Jerusalén, y
para la Cena de las cenas tendrá necesidad de un cenáculo
prestado que se le acondicione; y en los momentos cruciales de discernimiento,
el traspatio de aquel préstamo se convierte en el mejor lugar
de encuentro con el Padre de bondad: el huerto de los olivos desde
el cual eleva la plegaria de mayor confianza y de abandono que ha
existido.
5.-
Se trata del divino menesteroso, y decir ésto es una paradoja:
¿un ser divino puede ser menesteroso o un menesteroso podría
ser considerado un Dios? Al final, la historia terminará
exactamente con el mismo tenor: morirá despojado el dueño
de todas las cosas y habrá necesidad de que se pida un sepulcro
vacío para que descanse Aquel que no tiene donde reclinar
la cabeza. Y, ¡todavía más!, será en
un trozo de tierra prestado desde donde acontezca el milagro de
los milagros: la resurrección gloriosa.
Y
es que, a veces Dios se permite tomar cosas de los hombres para
recordarnos que todo procede de Él, y que todo le pertenece.
Toda
la historia de Dios es de paradojas, y la paradoja no tiene otro
mensaje sino el decirnos que para Dios no hay imposibles, aunque
para los hombres esto no sea más que la espina de lo irracional:
una Virgen que concibe y da a luz, una mujer estéril y anciana
que da a luz al precursor, el agua que sale de la roca que golpea
Moisés, el Dios que nos da a comer de su carne...
6.-
La paradoja, la contradicción... y así es todo el
Evangelio: Sí solamente pensáramos en la profundidad
de la invitación que nos hace el Señor a reconocer
que: a aquellos que dan fruto Él los poda para que den más
fruto, nos encontraríamos con la humana contradicción,
la paradoja.
Otras
veces, al igual que hoy en la Bienaventuranzas, el evangelio nos
sitúa frente a comportamientos moralmente heróicos,
humanamente contradictorios. Son como una “provocación”
al heroísmo de la vida: ¿Amar
a los enemigos? ¿Castidad de por vida? ¿Alegría
en el sufrimiento? ¿Renunciar a sí mismo por los demás?...
7.-
Y, ¿qué tal lo que nos dice el día de hoy?
El dolor, las lágrimas, la persecución, el hambre,
la sed, la pu, las persecuciones,... todo esto no lo elijo yo conforme
a un comportamiento regido sólo por mi humanidad. Ni llegan
cuando yo lo preveo, ni de la manera más fácil para
afrontarlos, de “de donde” me los esperaba.
Una
sola pregunta, ¡bueno! Mejor varias: Conociendo el contenido
de este Evangelio ¿Estamos preparados para obtener
el Reino de los cielos?,
¿para ser saciados por Dios?,
¿para heredar la tierra de la plenitud?,
¿para obtener su misericordia?,
¿para ser llamados hijos de Dios?,
¿para obtener la recompensa en la eternidad?...
¡Fíjate
como el día de hoy, el Señor difiere de los discursos
humanos! Su propuesta es la de la paradoja: Bienaventurados los
pobres, los que lloran, los que sufren, los que tienen hambre y
ser de justicia, los perseguidos por cauda de la justicia...
¿Se
trata acaso de un juego? ¿De una adivinanza? ¿Son
una utopía o una mera posibilidad estas palabras del Señor
Jesús? Pareciera esto, en definitiva, una errónea
estrategia en esa búsqueda de discípulos, se trata
de un programa poco atractivo y escasamente alentador en el mismísimo
principio de su ministerio.
8.-
Si quisiéramos utilizar un juego de palabras diríamos
que este Evangelio parece una negación de la afirmación
o, mejor dicho, una afirmación de la negación.
Pero, ¿sabes?, nos presenta una verdad que se ubica en el
tiempo y el espacio, aunque de la misma manera, se trata de una
verdad que trasciende el tiempo y el espacio, y que se proyecta
a la eternidad.
Se
trata de la negación de esas rimbombantes afirmaciones del
mundo y de la afirmación de todo aquello que el mundo detesta
en su comodismo.
El
Señor en las Bienaventuranzas nos invita a perder la vida
para ganarla. ¿No estaremos hablando de la oposición
a la alegría?
9.-
Y así es la historia del cristianismo: aquí
los verdaderamente grandes son los más pequeños, los
más pobres son los más ricos, los más débiles
son los más fuertes, los últimos son los primeros,
los que pierden su vida la están ganando,...
Y
los hombres encontraron verdaderamente bella esta enseñanza
contradictoria y sobre todo la paradoja de su vida y de su entrega.
Y, de esta manera, por Jesucristo se construyeron majestuosos edificios
como la Catedral de Chartres, la Basílica de Notre Dame,
por Él grandes santos como san Francisco de Asís y
la Madre Teresa de Calcuta han dedicado gozosamente su vida a servir
a Dios y a los hombres. Para mayor gloria del mensaje de la paradoja
cristiana Bach y Mozart compusieron, el Greco y Miguel Angel pintaron,
San Agustín escribió y Pascal plasmó sus pensamientos.
La
religión que Él nos ha dado es una forma de vida,
no una forma de pensar o un conjunto de preceptos. Cuando alguien
vive realmente esa experiencia, la religión cristiana vive.
Sólo en la experiencia de fe queda en claro lo que Jesús
significa.
10.-
El secreto de su poder sobre el corazón y la mente de los
hombres estriba en sus enseñanzas, al mismo tiempo tan puras,
tan majestuosas, tan sencillas y tan divinas. ¡Tan paradógicas!
Jesús
pidió a sus discípulos más de lo que ningún
otro maestro u hombre haya pedido: hacer el bien a aquellos que
nos hacen daño, y orar por quienes nos persiguen; cuando
te den una bofetada ofrecerle la otra mejilla, y cuando te despojen
del manto ofrecerle también la túnica, si te piden
caminar mil pasos camina dos mil.
Jesucristo
ha usado la paradoja de una forma maravillosa para iluminarnos:
¡El amor es al mismo tiempo
lo más frágil y lo más fuerte que existe!
y esta es la más grande de las paradojas, si no lo quieres
creer, contempla la cruz que tienes en tu habitación en el
lugar de la segunda montaña.
El
Señor no nos engaña. Él nos presenta las exigencias
del Reino en las Bienaventuranzas.
Revisemos:
¿Cuántos de nosotros
por evitar el sufrimiento y el dolor, queremos distraernos de nuestra
misión y de nuestra renuncia?
En
la realidad, estamos perdiendo la vida cuando no hemos hecho el
bien a los demás, cuando no nos hayamos entregado... y, es
entonces, que estamos perdiendo la posibilidad de la vida eterna.