Domingo 30 de Enero de 2005_________Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

SEREIS BIENAVENTURADOS....

“En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces comenzó a enseñarles y les dijo:

“Dichososo los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Dichosos los que lloran, porque serán consolados. Dichosos los que sufren, porque heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia porque será saciados.

Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Dichosos serán ustedes, cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos”.

Momento 2

Momento 3

1.-  Muy queridos amigos:

¡Cuánta razón tiene G. Lipovetsky, cuando en su libro “La era del vacío” critica la incoherencia existente en esos grandes adelantos de nuestra época que han acarreado enormes fracasos en lo humano, al afirmar que hoy en día “Han desaparecido los sordos, los ciegos, los lisiados, pero ha surgido la edad de los que no quieren oír, de los que no quieren ver y de los que no son capaces de caminar ni de esforzarse en la vida.”!

Y, es que, tú estarás de acuerdo conmigo, su existencia y corroboración es tremendamente inobjetable, y así, de esta manera, una de las enfermedades, quizá la más agresiva, que está afectando seriamente al ser humano de nuestro tiempo, radica en esa miopía en la que nos encontramos muchos seres humanos, pensando sólo en la inmediatez y olvidándonos de la trascendencia como nuestra propia vocación.

Vivimos de tal manera que pareciera que el ser humano pretende negar o, por lo menos ignorar que el buen Dios al crear al hombre, ha querido que en su propia constitución poseyéra una apertura hacia la trascendencia. El hombre tiene necesidad, está sediento, se encuentra en una ansiosa búsqueda de Dios.

2.- Los cristianos predicamos al hombre como CAPAX DEI, es decir, capaz de Dios, y hemos adquirido la conciencia de que el fin último de todo ser humano ha sido conocido en Cristo, y de que ese fin último Él nos lo ha señalizado en la eternidad.

Sin embargo, el hombre pareciera tener sus cualidades atrofiadas al estarse dirigiendo recurrentemente al camino contrario para el cual fue destinado. Y es entonces, que no se llega a la meta, que no se consigue nuestro verdadero fin, y se falla en el blanco. Y, sobreviene la frustación y con la frustración el más lamentable de los fracasos.

En nuestra comprensión de que el ser humano tiene grabado en su interior su propio proyecto y la meta de sí mismo y, más aún, por el conocimiento absoluto de la plenitud de la verdad que hemos obtenido en Cristo, fallar en el blanco significa para nosotros “perdernos a nosotros mismo”. Es precisamente en esta situación en donde tiene su consistencia el pecado y cada una de sus consecuencias para nosotros.

El Señor nos indica que el hombre que no es capaz de dominarse a sí mismo no es feliz.

3.- ¡Qué lástima que el hombre se pase la vida negando el proyecto de Dios y quiera quedarse sólo en lo material y se olvide de lo espiritual, que se conforme con lo inmediato y que desatienda lo trascendente, que se engolosine con el placer pasajero y que abandone la esperanza de la eternidad!

No olvidemos que más allá de nuestra condición humana, que necesita de Dios y que reclama a gritos desesperados su presencia entre nosotros, también se encuentra aquella verdad que Jesucristo nos ha traído y esa invitación para que dirijamos nuestra mirada hacia las Bienaventuranzas, es decir, que el Señor nos invita a que creamos, esperemos y amemos un futuro de bondad en el que saldremos de los límites de este tiempo y de este espacio.

Nos invita a ser conscientes de que mucho más allá de nuestro rígido presente se encuentra la promesa de nuestra Vida Gloriosa con Dios.

Seréis Bienaventurados significa: en el futuro les espera la bondad, o por mejor decirlo como cristianos, en la eternidad nos espera Aquél que es la Bondad.

4.- Y no obstante, seguimos cometiendo errores de fatalidad. La vacua sociedad en el presente nos seduce con sus falsas promesas de vida fácil y con sus propias propuestas de felicidad.

El hombre es un ser con sed de infinito en una sociedad que nos instala en el presente.

Nuestra sociedad se ha encargado de ofrecernos la felicidad en lo efímero, así en la sonrisa maquillada de los artistas; nos oferta y nos vende la felicidad en los viajes de placer, en los anuncios de la falsedad, en los adelantos domésticos, en todo lo que al momento produce el gozo de un placer. Y todos, la verdad es que todos hemos caído, un poco o un mucho, en esa invitación a ser felices consumiendo, teniendo y gozando cuando la ocasión se nos presenta, y un día, si seguimos viviendo de esta manera, pagaremos la más dolorosa de las facturas.

Más aún, nuestra sociedad del consumo nos va conduciendo al egoísmo, al olvido del otro como hermano y al olvido de Dios. Nos hemos volcado hacia nosotros mismos y nos hemos olvidado de la fraternidad, de la solidaridad, de la caridad y... de la eternidad.

5.- El Evangelio de este domingo, a través de la radicalidad de las Bienaventuranzas, nos está invitando para que asumamos y que detectemos el reduccionismo de nuestra visiones, a que seamos conscientes de nuestras propias responsabilidades y a que seamos lo suficientemente maduros como para que no le reclamemos a Dios cuando un día estemos pagando las consecuencias de nuestros actos y decisiones.

La Palabra de Dios, nos debe hacer reflexionar sobre cómo en un sinfín de ocasiones la desgracia, la marginación o la injusticia se pueden generar a causa de esa corresponsabilidad activa o pasiva de cada uno de nosotros con este tipo de situaciones.

El que una persona viva situaciones de escasez o de dolor debiera cuestionarnos acerca de la cantidad de culpa que tenemos cada uno de nosotros en esa situación.

Desde este ángulo, podrermos entender las bienaventuranzas. Es bueno que comprendamos lo que Dios nos expresa en su Palabra: ni la pobreza, ni el llanto, ni el hambre, ni la persecución,... son dichosas en sí mismas. Lo son en la medida que se viven cristianamente y en la medida que no nos alejan del camino de Dios, a diferencia de aquellos que alejándose de Dios van generando este tipo de situaciones tan dolorosas para sus hermanos.

6.- Se trata en realidad de la lamentable coexistencia de personas, y por lo tanto, la posible corresponsabilidad emergida de la colindancia de situaciones tan contrastantes. Se trata de la pobreza en cuanto correlativa con aquella riqueza de un rico que convive indiferentemente con el pobre.

Sin que pretendamos excedernos de los propios espacios y sin que nos aventuremos a un juicio que no nos corresponde, por querer hacer un análisis estructural de las situaciones, deberíamos avanzar y comprender que la correlación implica un lazo, un vínculo y por lo tanto cierta culpabilidad. Se trata de un concepto que supera la pura coincidencia temporal: implica que uno de los miembros se apoya en el otro o lo necesita para existir: el rico que necesita del pobre para existir como tal y que no le conviene su desaparición, aunque con ello se gane la desaparición eterna.

Quizá lo podamos y debamos comprender mucho mejor aquellos que nos preciamos de vivir en un mundo globalizado. Nuestro mundo está tan estrechamente unificado que difícilmente dejan de estar relacionadas unas situaciones con otras.

7.- Este tipo de correlación nos permite comprender el lenguaje del Evangelio. Sin la comprensión de esta correlación el Evangelio podría convertirse en una valoración masoquista del llanto, la pobreza, la hambruna, la persecución... Esta valoración sería totalmente ajena a la promesa de eternidad que se adjudica a cada bienaventuranza.

El Señor nos invita para que comprendamos que la salvación tiene una perspectiva universal, sin embargo el Señor ha querido hablar dentro de ese amplio horizonte de una puerta angosta.

Hoy debiéramos revisarnos aquellos que queremos acomodar el Evangelio a nuestra vida lejos de amoldar nuestra vida al Evangelio.

¡Más claro ni el agua! Entendamos que el único paso autorizado a la vida eterna es el del compromiso personal y el de la decisión de tomar en serio las exigencias Evangélicas, sin intentar astutamente reducir el cociente de dificultades. Nuestra entrada a la eternidad no es cuestión de membresías ni de inscripciones, sino que es un asunto de amor. ¿Qué escoges?

8.- Precisamente, nuestro cristianismo encuentra su fundamento en una postura ante la vida que cree en el triunfo del bien callado y de la labor no premiada; que cree en la elocuencia del testimonio y en la amplitud de las cosas ordinarias hechas con amor.

En la realidad, pasaremos a la amplitud del Reino, en la medida que vivamos la estrechez de una vida que sea consecuente con la amplitud de nuestro corazón. Y solamente así, nuestros horizontes se ensancharán si el corazón se dilata pasando por la puerta estrecha de la verdadera vida cristiana. La “estrechez” de la solidaridad, de la fraternidad y del servicio al hermano frente al egoísmo; la “estrechez” del control y de nuestro dominio sobre el consumismo frente a la idolatría del dinero; la “estrechez” de la pureza y del amor sincero frente al amplio camino del solo placer y de un pansexualismo que domina a hombres y mujeres sin hacer alguna especie de distingos...

9.- El acceso a la bienaventuranza del reino pasa por la cruz del trabajo cotidiano y de una vida auténticamente virtuosa. Hoy debemos elegir entre el placer inmediato o el acceso a la vida eterna.

Asimilemos, en fin, el programa de santidad que Jesucristo nos ha expuesto en el Sermón de la Montaña, cuya obertura son las bienaventuranzas que este domingo hemos leído y que se centra, motiva y fundamenta en la santidad misma de Dios a quien servimos y en nuestra esperanza de obtener la eternidad viviendo coherentemente y sin egoísmos nuestro presente.





 

LOS DOS MONTES MÁS DIFÍCILES DE ESCALAR.

En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces comenzó a enseñarles y les dijo:

“Dichososo los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Dichosos los que lloran, porque serán consolados. Dichosos los sufridos, porque heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia porque serán saciados“.

 

1.- Muy queridos amigos:

Dos montes nos sirven de referencia a un drama escrito con tinta indeleble divina y con tinta sangre humana en dos actos. En el primer acto nos encontramos expectantes en el Monte de la Bienaventuranzas y en el segundo acto nos encontramos exultantes al mismo tiempo que sumegidos en el silencio contemplando el Monte Gólgota. Aunque esto último parezca ser contradictorio, en realidad más contradictoria resultó ser la respuesta de los hombres.

Estos dos montes que son inseparables y aparentemente contradictorios, o por lo menos contrapuestos, como lo son el día y la noche, y la mar y el litoral de la tierra que le contiene nos presentan un solo mensaje.

2.- Jesús, al inicio de su vida pública ha querido subir al primero de los montes y nos ha predicado las Bienaventuranzas, y no obstante, al final de su vida pública subirá al segundo de aquellos montículos para poner en práctica lo predicado. Sin duda el más grande mensaje, y me refiero al segundo, antecedido del más bello de los discursos programáticos.

Y es así, por lo que aconteció en el segundo de los montes, el que todos nosotros y todos los hombres podemos llegar a ser conscientes de que las Bienaventuranzas son la esencia de nuestro cristianismo, pero será necesario que un día las intentemos vivir para que entonces nos acarreemos la ira del mundo y estaremos dirijiendo nuestra existencia al segundo de los montes.

Y es que todo el mundo quiere ser feliz pero en otro camino muy distinto al de las Bienaventuranzas.

3.- En las Bienaventuranzas se están desafiando las máximas humanas que escuchamos en los corredores de la vida cotidiana: “Es que sólo se vive una vez”, “Hay que aprovechar al máximo la vida”, “El sexo sirve para el placer, no para el amor o la vida”.

La bienaventuranzas se convierten en un atentado contra esas palabras programáticas que conforman el vocabulario de nuestro mundo de “éxito”: seguridad, riqueza, risa, popularidad, satisfacción, compensación, placer, sexo, venganza, violencia, comodidad...

4.- Y será así que Cristo responda a aquellos que dicen: No puedes ser feliz sino eres rico... Bienaventurados serán los pobres.

Cristo les precisa a aquellos que aclaman con soltura: No dejes que se salgan con la suya, tienes que acabar con ellos... Bienaventurados serán los misericordiosos.

Jesucristo escucha al mundo y responde con serenidad a aquellos que mencionan: Ríe y el mundo reirá contigo... Bienaventurados serán los que lloran.

Jesús ama y desea todo bien a los que opinan que: Si la naturaleza te ha dado instintos no debes reprimirlos... Bienaventurados serán los limpios de corazón.

El Señor, Siervo Doliente y varón de dolores, ofrece su dolor por aquellos que nos proponen: Procura ser popular y conocido... Bienaventurados serán los perseguidos.

Jesucristo ofrece la paz, que traspasa todo esfuerzo y anhelo humano, a aquellos que consideran que el tiempo de paz es para prepararnos a la guerra diciéndoles...Bienaventurados serán los pacíficos.

Cristo ha respondido a las malaventuranzas del mundo con las bienaventuranzas del Reino.

5.- Y será así, que aquel día de las Bienaventuranzas, Cristo hubo firmado su sentencia de muerte. Será otro día, durante la hora sexta, que se escuchará que el martillo estará entonando su canto triste y los clavos penetrarán a través de la carne humana del Hijo de Dios.

Hoy el hombre,... y muchos pseudocristianos, quieren negar las Bienaventuranzas y afirman que Cristo vivió su tiempo y que nosotros vivimos el nuestro. En realidad, todos lo sabemos, el Sermón del Monte está en discrepancia de todo lo que el mundo aprecia, en aquel tiempo y en este tiempo.

Y así, el mundo actual también se encargará de crucificar a todos los que intenten vivir tal Sermón, tal como Cristo mismo tuvo que morir. El Calvario es el precio del sermón de la Montaña. El segundo monte sobrevendrá a cobrar la factura del primero de los montes.

Y es así, como nos vamos dando cuenta de que sí sólo las medianías sobreviven en este mundo, serán las actitudes firmes las que nos llevarán a la vida verdadera.

6.- ¿Sabes qué? ¡Déjale, déjale! Déjale que predique las bienaventuranzas y un día el hombre se encargará de exigirle el pago con su vida del más bello de los mensajes.

¡Déjale, déjale! Déjale que venga este mundo a hablar sobre los pobres... y Él mismo será tan pobre que así como no tuvo un lugar para nacer, mañana no tendrá en donde reclinar la cabeza, y en el último de sus días tendrá necesidad de un sepulcro prestado para su muerte.

¡Déjale, déjale! Déjale que venga a este mundo que predica su mensaje de los fuertes, del rencor, de la venganza y del odio y que Él alabe a los que sufren... y Él mismo conocerá en carne propia lo que es el sufrimiento y los golpes.

¡Déjale, déjale! Déjale que venga a exaltar a los que lloran en este mundo que exalta la hilaridad y las componendas... y Él mismo recibirá burlas, risas y traición, y le coronarán con espinas para que también llore, no las lágrimas sino la sangre carmesí.

¡Déjale, déjale! Déjale que venga a este mundo satisfecho con sus verdades relativas y acomodaticias, y que ni acepta ni respeta la verdad absoluta y universal, para que entonces predique que son Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia... y ellos mismos, a través del consenso de las multitudes permitirán que se elija a Barrabás sobre el buen Jesús, que solamente se encargó de hacer el bien.

¡Déjale, déjale! Déjale que venga a este mundo violento y que sólo piensa en sí mismo, y que nos diga que son bienaventurados los que tienen misericordia,... y encontrará que para él no existirá la misericordia y que habrá cinco ríos de sangre que brotarán de su cuerpo mancillado, que el vinagre y la hiel saciarán su sed, y que una lanza se hundirá en su costado, aún después de muerto.

¡Déjale, déjale! Déjale que venga a este mundo que predica con todo tipo de altavoces el placer, la esclavitud de los instintos, la castidad como el sexo frustrado, la pureza como frigidez, la continencia como una anormalidad y la unión del hombre y la mujer hasta la muerte como algo insoportablemente existente sólo en los enfermos de la mente; déjale que venga a este mundo que dice que el matrimonio solamente dura cuanto duran las glándulas, que la carnalidad está sobre el espíritu y que las vírgenes son unas neuróticas, y que diga que son bienaventurados los puros y los limpios de corazón... y Él mismo se verá colgado de la cruz, y en su desnudez se convertirá en el más dolorosamente célebre de los espectáculos para los ángeles y los hombres.

¡Déjale, déjale! Déjale que venga a este mundo de venganzas y de hipocresías y que nos diga que son Bienaventurados los que luchan, los que se esfuerzan, los que construyen la paz,... y entonces vendrán los ejércitos de los hombres para hacerle la guerra al Hijo de Dios y se impondrá violentamente la ley del acero y de los golpes, de los azotes y de las espinas, de los clavos y de la hiel y le colocarán un letrero en su suplicio y un centinela en su sepultura.

¡Déjale, déjale! Déjale que venga a este mundo de aduladores, de lambiscones y de hipócritas, y que nos diga que los perseguidos a causa de la justicia son los bienaventurados, que seremos bienaventurado cuando nos injurien, nos odien, nos persiguen..., y Él mismo se encontrará sin un amigo, proscrito en la otra montaña, con una multitud enardecida que gritarán hasta la locura: “crucifícale, crucifícale”, y con su carne colgando de su cuerpo como jirones de púrpura divina.

¡Déjale, déjale...! Él comprenderá que no pueden separarse las Bienaventuranzas de la cruz. Y tendrá que aceptar que las Bienaventuranzas concluyen en la cruz, y aprenderá y a amar esa cruz en donde muere el hombre viejo que llevamos todos los hombres dentro de nosotros.

7.- Y también a nosotros, las Bienaventuranzas nos llevarán a la cruz..., y está sera nuestra propia historia y es nuestra oportunidad de acceder a la vida eterna.

Y es que sólo así, solamente así... podremos llegar a obtener el Reino de los Cielos prometido a los que son fieles...

Sólo así podremos ser consolados por Aquel que enjuga las lágrimas del alma con manos divinas en una fiesta imperecedera...

Sólo así heredaremos una tierra nueva en una herencia de eternidad que trasciende lo que es efímero...

Sólo así seremos saciados por aquel que nos invita a un banquete de eternidad en las Bodas del Cordero...

Sólo así obtendremos misericordia en un juicio que emerge del corazón de bondad que fue traspasado en el tiempo...

Sólo así podremos ver verdadera y plenamente al Dios de la bondad en una visión beatífica que trasciende nuestra visión difusa en un espejo atrofiado por nuestros sentidos...

Sólo así seremos llamados hijos de Dios en los labios de un Padre de misericordia que esperará nuestro retorno a aquella Casa de la que un día salimos a emprender la aventura de un hijo que tantas veces se sintió autosuficiente...

Sólo así será como obtendremos un premio grande en los cielos en una corona que no se marchitará jamás...


LA PARADOJA COMO CAMINO.

“ En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces comenzó a enseñarles y les dijo:

Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Dichosos serán ustedes, cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos”

1.-  Muy gentil amigo

El día de hoy que el Señor nos propone las Bienaventuranzas como camino y como proyecto de vida te quiero invitar para que, a la luz del Evangelio de este día, insertes en tu diccionario cotidiano un concepto poco usual: la palabra Paradoja.

Paradoja en cuanto término se define como una contradicción existente entre dos cosas o ideas. En cuanto a método del pensamiento la paradoja es una figura mental que emplea expresiones o frases que envuelven la contradicción.

Digamos simple y sencillamente, para no complicarnos, que la paradoja es una contradicción...

2.- El Señor Jesús solía usar la contradicción o la paradoja para enseñarnos las verdades de la eternidad: ¡el que tenga oídos para oír que oiga!
¡Tienen ojos y no ven!
¡Al que tenga poco se le quitará y al que tienen mucho se le dará aún más!
¡Fuiste fiel en lo poco se te confiará lo que es de gran valor!
¡Quieres quitar la paja en el ojo ajeno y no eres capaz de quitar la viga que tiene en el tuyo!
¿No te parece paradógico el obrar del hombre?

Podríamos decir que el cristianismo es la religión de la paradoja, y esto nos lo recuerdan el día de hoy el mensaje de las Bienaventuranzas. La paradoja aparece en las enseñanzas de Cristo y acontece con la vida misma de Jesús.

El Dios que se ha hecho hombre es una contradicción, y el Dios que ha dado su vida por nosotros en el segundo de los montes es la paradoja más radical de las que se predican en esta tierra. Pero, ¡pensándolo bien!, también es paradógica, para la razón no para la fe, la resurrección: Cristo resucitó y nosotros resucitaremos con un cuerpo espiritual. ¿No es esto una contradicción? ¿O es cuerpo o es espíritu? Pero el Señor nos dice que se trata de un cuerpo espiritual aquel con el que gozaremos de la eternidad prometida en las bienaventuranzas. Y nosotros creemos en Él y le creemos a Él.

3.- Pero, vayamos por partes e iniciemos con la primera de las páginas de esta historia que ha llegado al primero de los Montes, aunque si fuésemos fieles al método de la paradoja tendríamos que empezar desde la última de ellas, que es la página de la resurrección, después del segundo de los montes, en donde la historia en realidad está comenzando...

No obstante, el que todavía estemos en el mes de Enero nos ofrece la posibilidad, cuando hablamos del nacimiento de Cristo hallar que antes de su naciento se encuentra la primera paradoja: una Virgen que concibe y que da a luz. Y así ha querido Dios que fuese la historia de la salvación.

Para el juicio humano el nacimiento del Hijo de Dios a través de una mujer tan sencilla y con un orígen tan humilde es también una contradicción, pero esto no es más que el principio de toda una historia paradógica.

4.- El nacimiento en Belén, y todo lo que encierra, es una de las paradojas más grandes: allí se encuentra por un lado, la soberanía del Señor de la vida, y por la otra, su necesidad. Allí se combina la divinidad con la dependencia, la posesión de todas las cosas con el despojo del existir, la más grande de las riquezas con la más inocente de las pobrezas.

Se trata del mismísimo Hijo de Dios, el dueño de todo y de todos, que pide prestado un pesebre para nacer,...

Pero la historia continuará así de paradógica: ya que él mismo quiso pedir una barca para predicar, él fue el que tomó prestados de aquel joven cinco panes de cebada y dos peces para multiplicarlos y saciar a la multitud. Él pedirá un asno prestado para entrar a Jerusalén, y para la Cena de las cenas tendrá necesidad de un cenáculo prestado que se le acondicione; y en los momentos cruciales de discernimiento, el traspatio de aquel préstamo se convierte en el mejor lugar de encuentro con el Padre de bondad: el huerto de los olivos desde el cual eleva la plegaria de mayor confianza y de abandono que ha existido.

5.- Se trata del divino menesteroso, y decir ésto es una paradoja: ¿un ser divino puede ser menesteroso o un menesteroso podría ser considerado un Dios? Al final, la historia terminará exactamente con el mismo tenor: morirá despojado el dueño de todas las cosas y habrá necesidad de que se pida un sepulcro vacío para que descanse Aquel que no tiene donde reclinar la cabeza. Y, ¡todavía más!, será en un trozo de tierra prestado desde donde acontezca el milagro de los milagros: la resurrección gloriosa.

Y es que, a veces Dios se permite tomar cosas de los hombres para recordarnos que todo procede de Él, y que todo le pertenece.

Toda la historia de Dios es de paradojas, y la paradoja no tiene otro mensaje sino el decirnos que para Dios no hay imposibles, aunque para los hombres esto no sea más que la espina de lo irracional: una Virgen que concibe y da a luz, una mujer estéril y anciana que da a luz al precursor, el agua que sale de la roca que golpea Moisés, el Dios que nos da a comer de su carne...

6.- La paradoja, la contradicción... y así es todo el Evangelio: Sí solamente pensáramos en la profundidad de la invitación que nos hace el Señor a reconocer que: a aquellos que dan fruto Él los poda para que den más fruto, nos encontraríamos con la humana contradicción, la paradoja.

Otras veces, al igual que hoy en la Bienaventuranzas, el evangelio nos sitúa frente a comportamientos moralmente heróicos, humanamente contradictorios. Son como una “provocación” al heroísmo de la vida: ¿Amar a los enemigos? ¿Castidad de por vida? ¿Alegría en el sufrimiento? ¿Renunciar a sí mismo por los demás?...

7.- Y, ¿qué tal lo que nos dice el día de hoy? El dolor, las lágrimas, la persecución, el hambre, la sed, la pu, las persecuciones,... todo esto no lo elijo yo conforme a un comportamiento regido sólo por mi humanidad. Ni llegan cuando yo lo preveo, ni de la manera más fácil para afrontarlos, de “de donde” me los esperaba.

Una sola pregunta, ¡bueno! Mejor varias: Conociendo el contenido de este Evangelio
¿Estamos preparados para obtener el Reino de los cielos?,
¿para ser saciados por Dios?,
¿para heredar la tierra de la plenitud?,
¿para obtener su misericordia?,
¿para ser llamados hijos de Dios?,
¿para obtener la recompensa en la eternidad?...

¡Fíjate como el día de hoy, el Señor difiere de los discursos humanos! Su propuesta es la de la paradoja: Bienaventurados los pobres, los que lloran, los que sufren, los que tienen hambre y ser de justicia, los perseguidos por cauda de la justicia...

¿Se trata acaso de un juego? ¿De una adivinanza? ¿Son una utopía o una mera posibilidad estas palabras del Señor Jesús? Pareciera esto, en definitiva, una errónea estrategia en esa búsqueda de discípulos, se trata de un programa poco atractivo y escasamente alentador en el mismísimo principio de su ministerio.

8.- Si quisiéramos utilizar un juego de palabras diríamos que este Evangelio parece una negación de la afirmación o, mejor dicho, una afirmación de la negación. Pero, ¿sabes?, nos presenta una verdad que se ubica en el tiempo y el espacio, aunque de la misma manera, se trata de una verdad que trasciende el tiempo y el espacio, y que se proyecta a la eternidad.

Se trata de la negación de esas rimbombantes afirmaciones del mundo y de la afirmación de todo aquello que el mundo detesta en su comodismo.

El Señor en las Bienaventuranzas nos invita a perder la vida para ganarla. ¿No estaremos hablando de la oposición a la alegría?

9.- Y así es la historia del cristianismo: aquí los verdaderamente grandes son los más pequeños, los más pobres son los más ricos, los más débiles son los más fuertes, los últimos son los primeros, los que pierden su vida la están ganando,...

Y los hombres encontraron verdaderamente bella esta enseñanza contradictoria y sobre todo la paradoja de su vida y de su entrega. Y, de esta manera, por Jesucristo se construyeron majestuosos edificios como la Catedral de Chartres, la Basílica de Notre Dame, por Él grandes santos como san Francisco de Asís y la Madre Teresa de Calcuta han dedicado gozosamente su vida a servir a Dios y a los hombres. Para mayor gloria del mensaje de la paradoja cristiana Bach y Mozart compusieron, el Greco y Miguel Angel pintaron, San Agustín escribió y Pascal plasmó sus pensamientos.

La religión que Él nos ha dado es una forma de vida, no una forma de pensar o un conjunto de preceptos. Cuando alguien vive realmente esa experiencia, la religión cristiana vive. Sólo en la experiencia de fe queda en claro lo que Jesús significa.

10.- El secreto de su poder sobre el corazón y la mente de los hombres estriba en sus enseñanzas, al mismo tiempo tan puras, tan majestuosas, tan sencillas y tan divinas. ¡Tan paradógicas!

Jesús pidió a sus discípulos más de lo que ningún otro maestro u hombre haya pedido: hacer el bien a aquellos que nos hacen daño, y orar por quienes nos persiguen; cuando te den una bofetada ofrecerle la otra mejilla, y cuando te despojen del manto ofrecerle también la túnica, si te piden caminar mil pasos camina dos mil.

Jesucristo ha usado la paradoja de una forma maravillosa para iluminarnos: ¡El amor es al mismo tiempo lo más frágil y lo más fuerte que existe! y esta es la más grande de las paradojas, si no lo quieres creer, contempla la cruz que tienes en tu habitación en el lugar de la segunda montaña.

El Señor no nos engaña. Él nos presenta las exigencias del Reino en las Bienaventuranzas.

Revisemos: ¿Cuántos de nosotros por evitar el sufrimiento y el dolor, queremos distraernos de nuestra misión y de nuestra renuncia?

En la realidad, estamos perdiendo la vida cuando no hemos hecho el bien a los demás, cuando no nos hayamos entregado... y, es entonces, que estamos perdiendo la posibilidad de la vida eterna.

 


Biblioteca Virtual

Ene.23
Ene.16
Ene.9
Ene.2
Dic.26
Dic.19
Dic.12
Dic. 5
Nov. 28
Nov. 21
Nov. 14
Nov. 7
Oct. 31
Oct. 24
Oct. 17
Oct. 10
Oct. 3
Sept. 26
Sept. 19
Sept. 12
Sept. 5