Domingo 6 de Febrero de 2005_________Pbro.
Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx
LA LUZ DEL MUNDO.
“
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes
son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida,
¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no
sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente.
Ustedes
son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida
en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde
debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero para que
alumbre a todos los de la casa.
Que
de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para
que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su
Padre, que está en los cielos”.
El
tema de la luz atraviesa a lo largo de la revelación bíblica.
Recordemos tan sólo en este momento esos dos episodios que
abren y cierran la revelación sagrada: el primer acto creador
de parte de Dios es la separación de la luz y las tinieblas
(Gen 1,3ss.) y al final de la historia, en la nueva creación,
Dios será la luz de todos (Ap 21,23).
2.-
La luz es un signo que nos manifiesta visiblemente algo del ser
de Dios. La Luz es como el reflejo de su gloria, de allí
que en las teofanías este sea un elemento central: el rostro
iluminado de Jesucristo evocará el misterio de la presencia
divina en su trascendencia y nos dejará una nota tranquilizadora
de su benevolencia.
Jesucristo
se manifiesta como la luz del mundo y la Iglesia en su profesión
de fe le confiesa como Aquel que es Dios de Dios, Luz de Luz, Dios
verdadero de Dios verdadero. Jesucristo es el Sol que nace de lo
alto y que ha invitado a sus discípulos a ser Luz para el
Mundo, tal y como lo hemos escuchado hoy en el Evangelio: “Ustedes
son la luz del mundo”.
3.-
Los cristianos hemos comprendido que nuestra vida al igual que la
luz es un don, al mismo tiempo que una tarea, es por ello que esta
nuestra reflexión nos debe ser útil, en primer lugar,
para dar gracias a Dios y, en segundo, para suplicarle con confianza
filial.
Debe
ser acción de gracias por los dones que Dios nos ha concedido
en su generosidad, y debe ser una súplica filial porque queremos
pedirle que nos obsequie la fuerza necesaria para cumplir con nuestras
tareas delegadas y asumidas.
A
través de la imagen de la luz, los cristianos hemos llegado
a comprender que los dones de Dios mucho más que fuente de
privilegios serán siempre una fuente de responsabilidad.
4.-
Y esta vocación para ser luz en el mundo la hemos recibido
desde nuestro bautismo.
Apenas
se habían iniciado los días de nuestra vida y nuestros
padres nos acercaron al bautismo. Ese día se encendió
nuestro cirio del Cirio Pascual, que representa a Cristo, y ese
cirio encendido nos significa la fe cristiana como un don de Dios,
significa también la presencia de Cristo en nuestra vida
y, finalmente, significa la vocación de la vida del cristiano.
El
cirio manifiesta plenamente el llamado de Dios al cristiano: ser
luz del mundo. Pero el ser luz encierra un doble
movimiento: El don y la tarea ya mencionados. El
don es el iluminar, el que brillemos, el que seamos útiles;
la tarea es el arder, el consumirse, el dar la vida.
Las
dos cosas van de la mano: solamente se brilla cuando se arde, solamente
iluminamos cuando nos consumimos.
Y
es aquí en donde tenemos que asimilar que debemos aprender
a pagar el costo de nuestro ser luz y no tenerle miedo a desgastarnos
sabiendo que será la única manera de que seamos útiles
a los demás.
5.-
En realidad, esto se aplica a todos los campos humanos, y es de
allí que en lo cristiano lo debemos asimilar, para que no
nos engañemos y para que entendamos que no nos son lícitos
tantos pretextos utilizados para ser tibios y mediocres en nuestra
relación con Dios.
Vayamos
a lo humano para después dirigir nuestra mirada a lo cristiano...
6.-
Se habla en todas partes de las estrellas o de las luminarias, de
aquellos que destacan en las diferentes ramas, campos y disciplinas.
Así,
en el deporte se habla de un deportista que solamente podrá
destacar en la medida en que no le tenga miedo ni a consumirse en
la entrega diaria, ni a ser disciplinado en su vida ordinaria, ni
a soportar las intensas jornadas de entrenamiento así en
los días de frío como de lluvia como los que hemos
vivido, en los que nos resultaría más placentero no
poner un pie bajo la cama, y es que sólo en este estilo de
vida algún día, él o ella podrán despuntar
con luz propia y brillarán ante los demás porque no
le tienen miedo a la ardua tarea en la que se va ardiendo en la
vida cotidiana.
Un
estudiante podrá ser considerado destacado y brillante durante
sus períodos de formación e información en
las aulas sólo y en la medida en que aprende a dedicar tiempo
al estudio, y de que en la convicción y la dedicación
no le tiene miedo al sacrificio personal, negándose a todas
aquellas cosas que le podrían resultar inmediatamente atractivas
en las reuniones nocturnas diarias o en esos recurrentes fines de
semana transpirando humores etílicos, pero entiende que nadie
puede ser coronado a menos que haya aprendido a luchar.
7.-
Y así podríamos hablar de tantos y tantos campos,
por no decirlo de todos: el científico, el hombre
en la industria de la transformación, en las empresas prestadoras
de servicios, en las profesiones, en los oficios, en los comercios,
en las artes... incluso aquellas personas consideradas geniales
en sus disciplinas han tenido que aprender esta dialéctica
humana entre el don y la tarea, y para ello citemos sólo
cuatro casos...
Pablo
Sarasate, quien ha sido considerado el mejor violinista
español de finales del siglo XIX y principios del siglo XX,
afirmaba que en uno de sus conciertos una buena mujer le grita un
excelente cumplido después de una magistral interpretación:
“Sarasate eres un genio”.
A lo que él le respondió: “Me
llamas ¡Genio! ¿a mí?, sí todos los días
tengo que ensayar 11 horas”.
¿Sabes?
Lo mismo se cuenta de Fritz Kreisler, otro gran
violinista de fama mundial, al cual se le acercó una dama
entusiasta de la música y le dijo: “Señor
Kriesler, ¡Yo daría mi vida por tocar como usted!”.
A lo que contestó con calma el violinista: “Señora,
eso es exactamente lo que yo he hecho, he dado mi vida”.
Otro
gran personaje, ¿quién mejor que nuestro querido Ludwig
van Beethoven? ¿te acuerdas de aquella antigua
película sobre su vida? ¿Te acuerdas de los últimos
años cuando al no escuchar con sus oídos pegaba su
vientre a la madera de la caja de resonancia para sentir las vibraciones
provocadas por los martillos percutores al paso deslizante de sus
dedos sobre el teclado, y así poder seguir tocando? Sucede
que el genio de todos los tiempos se pasaba horas y horas ensayando
monótonamente las mismas notas, los mismos acordes, las mismas
piezas, todos los días, aún y cuando ya era una persona
con reconocimiento de los especialistas y de la sociedad, razón
por la cual su ama de llaves enjaquecada por la rutina del maestro,
le pregunta un día la razón de tantas horas en que
repetía lo mismo, “¿para
qué tantos ensayos?” A lo que Bethoven
le respondió mirándola a ella y mirando al perro que
estaba en el patio: “Señora,
tengo que ensayar siempre. Sí un día dejo de ensayar
al otro día yo me doy cuenta, sí dos días dejo
de ensayar al otro día usted se dará cuenta, y sí
tres días dejo de ensayar, hasta aquel perro se dará
cuenta”.
Y
el cuarto ejemplo, muy especial: Nunca falta aquel que no tiene
un instrumento pero que sabe que solamente se brilla cuando se arde,
y sólo se ilumina cuando aprende uno a consumirse, aunque
lo hagan de otra manera, tal como se cuenta de Liu Shikun a quien
sólo Van Cliburn superó en el concurso Chaikovski
de 1958, y que fue encarcelado en la China de Mao Tse Tung de 1967
a 1973. A Liu Shikun durante los seis años que estuvo preso
no le permitieron tocar el piano.
Poco
después de su liberación inició una gira. Los
críticos, asombrados, comentaron que su maestría musical
era más admirable que nunca.
-“¿Cómo
lo logró, si durante seis años no tuvo oportunidad
de practicar?” –le preguntaron.
Liu
contestó: -“Practiqué
todos los días. Ensayaba mentalmente cada una de las piezas
que alguna vez había tocado, nota por nota”.
8.-
Ser luz del mundo. Sólo se brilla cuando se arde
y esto lo comprendemos también en los quehaceres más
sencillos y más trascendentes de nuestra vida: Un padre de
familia debe aprender a no tenerle miedo al desgaste de la entrega
diaria a favor de los que ama. No debe tenerle miedo al sacrificio,
a el arder en su vida, a ese irse consumiendo en los quehaceres
diarios, puesto que conoce esto, como la única forma de iluminar
la vida de los demás. Sabe que el ser luz en su vida no es
algo ornamental sino algo funcional y que si no cumple con sus quehaceres
estará perdiendo lo más importante.
Y
así es en la vida del sacerdote y de todos aquellos que hemos
consagrado nuestra vida al Señor,... sí queremos
iluminar la vida de los demás debemos aprender a consumirnos
en la entrega silenciosa y desinteresada, solamente así podremos
iluminar a los que se acercan a requerir de esas medicinas que en
nuestro ministerio ofrecemos al ámbito de la vida.
9.-
Y sobrevendrá un día la otra parte de nuestra historia:
La persona brilla e ilumina a una familia, les es útil, ha
guiado a los que Dios le ha confiado, pero al mismo tiempo se ha
ido consumiendo: canas, pliegues en la piel, padecimientos, achaques
y enfermedades se van haciendo presente en la vida del cristiano.
La persona en el arder se va acabando. Pero es aquí en donde
adquiere su verdadera dimensión el perder la vida para ganarla:
solamente aquel que ha perdido la vida es el que ha vivido.
La
vocación del cristiano es ser luz aunque en el ser luz pierda
la vida. El cristiano no le tiene miedo a consumirse,
por el contrario sabe que hay que morir para poder vivir. El cristiano
debe ser otro Cristo en este mundo. Cristo es la luz del mundo y
brilla para siempre, pero porque ha sabido arder, se ha sabido consumir.
Pero, su luz sigue y seguirá brillando y ha sido solución
para miles de millones de hombres. Es luz para mis pasos e ilumina
mi vida, mis problemas. Él responde mis interrogantes, pero
porque ha sabido arder y entregarse.
Quieres
comprender lo que significa el ser luz, contempla la imagen del
Señor en la cruz y te darás cuenta de que Jesucristo
no le tuvo miedo a la entrega, a la autonegación, al ofrecimiento,
al saber arder, no le tuvo miedo al consumirse, y de allí
esa cruz, que en un momento de la existencia apareció rodeada
de un cielo oscurecido, se convirtió en el candelero que
dispara la luz hacia todos los rincones del mundo.
Y, sabemos y hemos experimentado, que Jesucristo es la luz que ha
trascendido, una luz que no se extinguirá a lo largo del
tiempo ni en la eternidad.
LA SAL DE LA TIERRA.
“
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes
son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con
qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada
y se tira a la calle para que la pise la gente”.
1.- La
sal es uno de los elementos más usados por todos los hombres
de todos los tiempos, al mismo tiempo que es uno de los artículos
más necesarios para la vida de los hombres.
En
cuanto factor cultural tiene varios significados: La sal
es en primer lugar un instrumento de conservación, por lo
cual cuando se habla de una alianza de sal (Lev 2,13) se
está refiriendo a una alianza que se conserva, una alianza
duradera, permanente. Significa el valor duradero y estable de un
contrato, un pacto perpetuo.
La
sal, en segundo lugar, tenía una función purificadora,
razón por la cual Israel dejaba caer la sal en las aguas
en tiempos de Eliseo para sanear el vital líquido
(2Re 2,19-22), y es esta la razón por la cual se frotaba
con sal al recién nacido (Ez 16,4).
La
sal expresa una acción de compartir con los demás
aquello que tenemos, así se habla del compartir el pan y
la sal, o bien se habla del salario para referir aquello que se
nos retribuye por un trabajo, de parte de alguien con mayor solvencia
(Esd 4,14).
2.-
La sal se utiliza en la elaboración de los alimentos para
darles sabor (Job 6,6).
¿Cuál
es el significado de la metáfora de Jesús en este
domingo: “Si la sal pierde su sabor, ¿con qué
se le sazonará?”
¿Se
referirá a la Nueva Alianza que Dios ha pactado con su pueblo?,
esto significaría que si se rompe de parte nuestra la alianza
con el Señor, no es posible reanudarla. Y aquí conforme
lo que nos menciona san Mateo al invitarnos a reconocer que somos
la Sal de la tierra, tenemos como encargo el darle sabor al mundo
de los hombres a través y en razón de nuestra alianza
con Dios. De lo contrario nuestra vida cristiana no sirve para nada.
Y
la verdad, es que hoy abundamos los insaboros, los que no le hemos
dado sabor cristiano a tantos desaguisados del mundo. La falta de
testimonio nos daña tanto a nosotros como a los demás,
así como nuestra ausencia de compromiso.
Queremos
las cosas fáciles y por ello no nos comprometemos. Ser sal
nos compromete en la vida.
Entre
tanta elocuencia y tanta sabiduría, entre tantas palabras
que se oyen en los periódicos, en la radio, en la televisión,
en las revistas de gran difusión, en la boca de políticos,
periodistas y gente importante, pero separadas de un obrar coherente
el mundo vive en la desazón. Las incongruencias de muchos
cristianos acaban produciendo en el mundo desconfianza, decepción,
cansancio y sensación de vacío... todo por nuestra
falta de testimonio.
3.-
Es por lo anterior, que en este domingo, al hablar de la luz del
mundo y de la sal de la tierra, ¡creéme! aunque me
he escondido incesantemente en los rincones más recónditos
no he podido evitar que me encuentre una y otra vez el acusador
fantasma de la memoria. Y es que esta semana ha sido tan
evocativa y tan intensa, por la oración elevada a Dios por
el Vicario de Cristo. La magia de este verso me permite compartirte
un verso que se ha convertido en uno de mis más inseparables
recuerdos:
“
Llegados a la orilla del otoño,
temor y amor estallarán en contrarios deseos:
ansiando el temor el retorno a lo que fue existencia,
lo es todavía;
el amor anhelando alcanzar a Aquel
que a la existencia otorga su futuro.
Y en nosotros,
contempladores de la otoñal ribera,
se desata la lucha a lo largo de toda la grieta
que surca al hombre
cuando es aún su cuerpo pasado del propio porvenir
-cuando el hombre no acierta a ensamblar
su cuerpo y su futuro.”
4.-
El poema anterior es la traducción literaria que hizo Jorge
Blajot en 1982 del original en polaco, en una publicación
que preparaba una de las visitas de Juan Pablo II a España.
Se
compilaban una serie de poesías escritas por Karol
Joseph Wojtyla entre los años de 1939 y 1966. Período
que se inicia cuando el joven Wojtyla tenía 19 años
y participaba en el Círculo de Teatro de Wadowice. Período
que coincide también con el inicio de la Segunda Guerra Mundial
y con el trabajo que realizaba Karol como repartidor y obrero en
la cantera de Solvay. El polo opuesto de esta etapa del tiempo se
ubica en la víspera en que, aquel que ya era Arzobispo de
Cracovia, iba a recibir la dignidad del Cardenalato bajo el Pontificado
de Pablo VI.
Se
trata de un fragmento de un bello poema que él tituló:
“Meditación sobre la muerte”.
La Meditación consta de 4 partes: La Madurez, El Misterio
Pascual, En el Principio el temor y La Esperanza del más
allá.
Cuatro
partes fácilmente perceptibles en la vida misma del ahora
anciano pontífice. Pero..., existe una diferencia entre lo
que escribió el jóven a quien su familia le llamaba
con cariño “Lolek” y lo que actualmente está
viviendo uno de los Pontífices que más tiempo ha estado
en la Sede Pontifical: Lo que escribió con su puño
y letra, ahora lo está viviendo en carne propia y la rúbrica
ha sido impresa con la propia tinta-sangre.
5.-
El mensaje de Juan Pablo II es doble: brota espontáneamente
de la necesidad de transmitir el gusto por la etapa de su vida aún
en la vivencia del propio otoño existencial y surge de la
obligatoriedad cristiana de darle un sentido a la muerte.
¿Quién
mejor que Juan Pablo II, Sal de la tierra que no se ha desvirtuado,
para que nos recuerde hoy el pleno sentido de la vejez?¿Quién mejor que Karol
Wojtyla, Luz del mundo, para que les diga a las personas de la tercera
edad que su vida es valiosa?¿Quién
mejor que el ahora otoñal “Lolek”, cuyas obras
han brillado para gloria del Padre, para que desde la fe pueda hablar
de la preparación para la muerte?
Juan
Pablo II, un Papa anciano y ahora enfermo, nos invita a mirar con
renovados ojos la madurez en la persona de la tercera edad. La dirección
de los destinatarios en la invitación debería ser
doble: se trataría de una mirada desde el interior realizada
por el propio anciano, pero también de una mirada desde el
exterior realizada principalmente por la familia y la sociedad.
6.-
Desde el interior, el Papa invita a los ancianos para que valoren
plenamente los años que les quedan por vivir. Se
trata de una exhortación a mostrar el semblante de la alegría
en su rostro y para que no se pierda el gusto por la vida.
Desde
el exterior invita a la familia y a la sociedad a contemplar en
ellos no las virtudes en potencia sino la realización virtuosa
del camino de la vida. Ellos son los que nos han legado su herencia
de trabajo y cuyos frutos nos siguen alimentando. Ellos fueron los
creadores de la fisonomía del mundo que ahora disfrutamos.
–Ojalá ¡Qué
los jóvenes no perdamos la memoria!-. En
los ancianos se encuentran las raíces del presente y la interpretación
privilegiada de nuestros valores.
¿Cuántas
veces vamos condenando a nuestros ancianos a una soledad involuntaria,
pero dolorosa y desgarradora?
Se trata del abandono, del desamparo y del rechazo. Les hacemos
experimentar el dolor de la devaluación y de la propia desintegración
del ser.
La
familia cristiana debe recordar el cuarto mandamiento y debe esforzarse,
en todo lo posible, por conservar dentro del calor del hogar a aquellos
que nos dieron su sangre, su carne y su herencia; a aquellos que
nos han dado la vida, y mucho más que la vida, a aquellos
que han sido sal y luz para nuestra vida. Solamente en un exámen
emergido del discernimiento de una conciencia recta se podrán
percibir las circunstancias que exijan para el bienestar de nuestros
ancianos un lugar de atenciones especiales y profesionales, en el
que también se les debe brindar afecto y respeto.
7.-
Debemos predicar el Evangelio de Cristo, pero desde nuestra propia
casa, y con ello cuidar para que los asilos no se conviertan en
los desvanes de la vida a donde van a parar aquellas personas que
son tratadas como si fueran cosas inservibles. Son tantas
las ocasiones, en que condenamos a nuestros ancianos a una muerte
social que pronto, más pronto de lo que imaginamos, se convertirá
en muerte biológica.
La
sociedad debe recibir la solicitud, en nuestra predicación,
para que respete el don precioso de la vida. Más allá
de la moral cristiana que amablemente marca la pauta de la melodía
existencial de los que somos hijos de la Iglesia, debemos invitar
a la sociedad a practicar una ética más humanista
que cualitativa, que nuestra sociedad sea más humana.
8.-
El Papa, como todo cristiano, en el otoño de la vida sigue
trabajando y se sigue preparado para la Pascua definitiva.
Mientras esto acontece en el insondable designio de Dios, Juan Pablo
II vive plenamente la etapa de la madurez. Posee todas esas cualidades
que Erik Erikson describía en su libro IDENTIDAD
Y CICLO VITAL al hablar de la madurez humana: la integridad,
la sabiduría, la camaradería, el compañerismo
con el pasado, la aceptación de la propia vida y la capacidad
de mirar hacia atrás y ver como se es capaz de madurar a
través del tiempo y aún en el sufrimiento. Lo anterior
sin detenernos a describir la presencia de aquellas cualidades que
solamente da la gracia de Dios.
El
Papa Wojtyla es poseedor de una autoridad ejercida en el servicio.
La coherencia, su sabiduría, la preocupación por todo
los hombres y, principalmente, la gracia de Dios lo han acompañado
en el camino hacia el “ancianidad” de su existencia.
9.-
Las hojas del otoño están cayendo sobre el Puente.
Él representa dignamente a todos aquellos que viven la edad
avanzada. Juan Pablo II, sigue predicando el Evangelio de Jesucristo
y, con su vida y palabras, les dice a los hermanos ancianos que
la vida es digna y que tienen tanto por aportar a este Nuevo Milenio,
y tanto por esperar de la eternidad. Permítanme
poner en labios de Su Santidad las palabras del cristiano Víctor
Hugo: “El invierno está sobre mi cabeza, pero la eterna
primavera está en mi corazón”.
¡Dios
siga bendiciendo a aquél que sigue siendo Puente entre Dios
y los hombres, aún y cuando las hojas de los árboles
van cayendo en el otoño!
¡Oremos
por la salud de aquel que ha sido Luz del mundo y Sal de la tierra!
EL
CELEMÍN DE NUESTRA VIDA.
“
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes
son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida
en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde
debajo de un celemín, sino que se pone sobre un candelero
para que alumbre a todos los de la casa.
Que
de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para
que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre,
que está en los cielos”.
1.-
Querido amigo:
¿Qué
es un celemín? –Nada más a este
cura se le ocurre preguntarlo- ¿Qué importa su significado?
¡Sí hasta la traducción litúrgica ya
cambio el término por el de olla! ¿A
quién le interesa? Nos interesa a nosotros.
Es importante saber qué es, porque a Jesús le agradó
advertirnos a través de este antiguo artefacto sobre algunas
posibles desviaciones de nuestra vida cristiana.
Según
el padre Xavier de León Dufour en su Diccionario del Nuevo
Testamento:
“Un celemín era una medida romana de capacidad para
granos, legumbres y otras cosas sólidas, en la que caben
unos 8,75 litros. El recipiente podría servir a los pobres
como plato o como soporte para depositar los alimentos”.
2.-
¿Cuál es la enseñanza de Jesús?
La más inmediata es que, sí una luz se ha encendido
no ha sido ni para que se apague ni para que se esconda. La Luz
debe iluminar porque para eso ha sido encendida, y es por ello que
se le debe colocar sobre el candelero, porque ése es su puesto
en el centro de la habitación.
Pero,
considero adecuado que después de haber hablado en los dos
espacios anteriores sobre las funciones que tienen la luz y la sal,
ahora nos detengamos un poco sobre este extraño artefacto.
3.-
El uso del celemín nos recuerda dos advertencias del Señor
para nuestra vida: el celemín es un instrumento
de medida, al mismo tiempo que de trabajo. Y en estas dos relaciones
nos detendremos en nuestra reflexión: no es conveniente ni
que la luz se vaya racionando ni que el trabajo impida nuestra vida
cristiana.
4.-
Primero hablemos sobre esa nuestra intención de estarle poniendo
mezquinamente una serie de medidas a nuestra vida cristiana.“Ama todo lo que puedas”
decía Santo Tomás de Aquino, mientras que san Bernardo
de Claraval nos advertía: “la
medida del amor es amar sin medida”.
Así
ha sido la vida de grandes personajes del pasado siglo XX, luz sin
medida: Albert Schweitzer, alemán de nacimiento,
es uno de los mejores doctores en teología, de los mejores
maestros que ha tenido la Universidad de Hamburgo, pero llega el
momento en que se da cuenta de que la luz de su lámpara estaba
demasiado tenue encerrada en las cordenadas de los libros,... y
así, el contacto con los leprosos le llevará a dejar
las aulas y dedicarse a cuidar enfermos de lepra. Los amigos que
le conocen dicen que ha dado desde entonces la mejor cátedra
en teología que pudo haber dado: cuidar al leproso en Lambaréné,
en el África Ecuatorial Francesa.
Otra
luz encendida para iluminar al mundo: Raoul Follereau,
francés de nacimiento, era un brillante periodista y autor
dramático durante la segunda guerra mundial. Liberalista,
estaba inscrito en las listas negras de la Gestapo. Busca refugio
en un convento de Venissieux, cerca de Lyon. Aquellos frailes contemplan
la oscuridad en la que la lepra sumerge a los hombres y están
preocupados, porque quieren construir una colonia para los leprosos
de Adzopé y no tienen dinero. Raoul les dice: “de los
dineros me encargo yo”. Después le siguieron los leprosarios
de las Antillas, Guinea, etc... Este es el hombre que ha sabido
amar a los leprosos, porque la compasión no es suficiente
y la luz no debe medirse mediocremente. Follereau ha sido conocido
como el vagabundo del amor.
Y
así, continúa Dios ofreciéndonos personas que
no le pusieron límites al amor y que han brillado en el horizonte
oscuro del egoísmo humano. Ahora una gran mujer: Agnes Gonxha
Bejaxhui, Yugoeslava de nacimiento, mejor conocida como la Madre
Teresa de Calcuta. Precisamente en Calcuta, "la
Ciudad de la Pesadilla" como la llamó Nehru,
pero que se convirtió en el sueño más noble
y el amor más desinteresado de esta mujer, de aspecto débil,
pero incansable en entregas. Era el año 1979 y se le concede
el premio nóbel de la paz, pero no habrá banquete
para entregar el premio a la madre Teresa, se le han entregado,
conforme lo ha solicitado, aquellos 30,000 dolares que costaría
el banquete, para que ella alimente a 400 seres humanos durante
un año. Y Calcuta de ser la ciudad de los pobres será
conocida como la ciudad de la madre Teresa. Ella significa en éste
mundo de medianías el mejor ejemplo de un amor ilimitado,
el mejor, el amor en activo, un evangelio viviente, luz de Jesucristo
para el Mundo.
La
Madre Teresa comprendió el Evangelio y aprendió que
la medida del amor es el amar sin medida. Ella le expresaba a un
sacerdote que la veía atareada y que le pedía que
no se afanara tanto: “El cielo
tiene un precio, usted lo sabe”.
Hoy
somos tantos de nosotros que nos ufanamos y que no hemos aprendido
a afanarnos en la vida. Debemos empezar a hacer algo, sí
es que no queremos que se pierda todo.
Y
así podríamos continuar citando todos esos candeleros
que con su luz han iluminado nuestro tiempo y otros tiempos,...
Karol Wojtila, polaco de nacimiento, por quien hemos rezado intensamente
en esta semana y a quien hemos referido en el segmento anterior...
así también Charles de Foucauld, Francés de
nacimiento..., y trasladándonos más allá de
estos siglos llegar a hablar de Francesco Bernardone, Italiano de
nacimiento, nacido en Asis... Podríamos seguir hablando de
personas que los hechos, y más aún, sus propias experiencias
han tranformado la manifestación de su misma vida y otras
existencias, porque han sabido ser luz intensa, no aquella que es
condicionada por un celemín, por una medición de aquello
que no debería tener gradualidades.
5.-
¿Te acuerdas de aquel libro que leímos durante los
estudios de la preparatoria: Tus zonas erróneas...?
Hoy, tú has de saber que no se habla tan sólo de tus
zonas erróneas, algunos hablan de las zonas cómodas.
Dicen que nunca gozamos de la plenitud de nuestras capacidades,
porque nunca las ponemos a prueba. Se ha dicho que el promedio de
las personas utilizamos solamente el 10 % de nuestras capacidades.
El 90 % restante yace enterrado en tumbas de miedo. tenemos miedo
a fracasar... Por eso, cavamos un agujero y nos establecemos en
nuestro cómodo rincón, y cada nuevo día es
igual al de ayer y al de mañana. Nos ponemos la misma ropa,
decimos las mismas cosas, nos encontramos con las mismas personas
y realizamos las mismas rutinas, porque en esa forma es como nos
sentimos cómodos. Y esto se refleja en la vida cristiana
de muchos de nosotros, en ese modular mediocremente la luz de nuestra
vida.
Salir
de nuestras zónas cómodas significa agrandarnos. Significa
soñar el sueño imposible, alcanzar lo que antes no
habíamos intentado, no dejar morir nuestra esperanza, arriesgarnos
a la posibilidad del fracaso en una lucha por servir mejor a los
demás, atrevernos a ir a los lugares en donde nunca hemos
estado. En pocas palabras no permitir que nuestros conformismos
estén debilitando nuestra vida cristiana en una lámpara
que lejos de estar expuesta en un candelero en medio de la habitación
permanece aprisionada por un aparato de mezquinas mediciones.
6.-
Y de la medición nos desplazamos a la otra aplicación
que tiene el celemín: es un instrumento de trabajo.
¡Ah!
¡Esos nuestros quehaceres de nuestro egoísmo que tantas
veces nos impiden ser luz para los demás!
Con
cuanta razón recuerdo aquellas palabras pronunciadas por
el Santo Cura de Ars en su Sermón sobre
la Oración: “¿Quién
de nosotros podrá oír, sin llorar de compasión,
a esos pobres cristianos que se atreven a deciros que no tienen
tiempo para orar? ¡Pobres ciegos!... ¡No tenéis
tiempo!, más, decidme, ingratos, si Dios os hubiese enviado
la muerte esta noche, ¿habríais trabajado? Si Dios
os hubiese enviado tres o cuatro meses de enfermedad, ¿habrías
trabajado?”
Y
la verdad es que nuestro activismo lo utilizamos como una excelente
excusa para no atender la vida cristiana; y esto se da tanto en
los jóvenes que estudian o que trabajan, en las amas de casa
que se afanan y en los esposos y padres de familia que no
tienen tiempo para iluminar la vida de su familia; así sean
sus padres, hermanos, esposos, esposas o hijos...
Al
final de nuestra vida, no nos lamentaremos por no haber aprobado
un exámen más, o por no haber ganado un caso más
o cerrado un contrato más, ni siquiera por no haber tenido
impecable la casa. ¡No! Lamentaremos el no haber escuchado
la advertencia de un Dios que nos invita a colocar nuestra lámpara
de vida cristiana en el centro de nuestras casas, el no haber pasado
más tiempo junto al esposo, al hijo, al hermano, al amigo
o al padre, el no rezar juntos.
Nuestro
éxito en la vida no depende de lo que ocurra en el celemín,...
en una oficina, una nave industrial o un aula, sino de aquello que
acontezca en esos nuestros hogares que esperaban que la lámpara
estuviera iluminando nuestra habitación.
Te
aduerdas de aquel refrán: “El
trabajo puede esperar mientras mostramos el arcoiris al niño,
pero el arcoiris no esperara mientras trabajamos”.
Y, creo que tenemos que afirmar que no tan sólo el arcoiris
no puede esperar, sino también los hijos,... y otras personas.
En
ocasiones, nuestros mejores frutos los tenemos destinados a la exportación,
y así sucede con nuestras buenas obras. Debiéramos
destinar buenos frutos para un amplio consumo doméstico.
Somos
aquellos que brillamos en otro lugar y que olvidamos brillar en
la propia casa. El padre que es generoso en otros lares, las madres
que dan buenos consejos a otros jóvenes y no a los propios,
los hijos que somos acomedidos en otros hogares y no en el propio.
Ahora sí, que cómo lo dice el refrán popular:
Candil de la calle y oscuridad de
la casa.
7.-
Quisiera, finalmente invitarte para que no pierdas de vista que
la luz en nuestra vida, así como los dones con los que hemos
sido agraciados por Dios pueden tener un doble uso, positivo o negativo:
el bisturí puede ser usado magistralmente para una cirugía
reparadora o puede convertirse en un instrumento destructor. Hay
indicios de la paulatina degradación de muchas profesiones.
Muchas
luces se han convertido en fogatas que están incendiado al
mundo entero y que van dándole muerte a la dignidad misma
del hombre.