Domingo 13 de Febrero de 2005_________Pbro.
Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx
LAS PRUEBAS DE LA VIDA Y LAS TENTACIONES DE LA MUERTE.
“
En aquel tiempo, Jesús fue conducido por el Espíritu
al desierto, para ser tentado por el demonio. Pasó cuarenta
días y cuarenta noches sin comer y, al final, tuvo hambre.
Entonces se le acercó el tentador y le dijo: “Si
tú eres el Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan
en panes”. Jesús le respondió: “Está
escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino también
de toda palabra que sale de la boca de Dios”
Entonces
el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en la parte
más alta del templo y le dijo: “Si eres el Hijo de
Dios, échate para abajo, porque está escrito: Mandará
a sus ángeles para que te cuiden y ellos te tomarán
en sus manos, para que no tropiece tu pie en piedra alguna”.
Jesús le contestó: “También está
escrito: No tentarás al Señor tu Dios”.
Luego
lo llevó el diablo a un monte muy alto y desde ahí
le hizo ver la grandeza de todos los reinos del mundo y le dijo:
“Te daré todo esto, si te postras y me adoras”.
Pero Jesús le replicó: “Retírate, Satanás,
porque está escrito: Adorarás al Señor, tu
Dios, y a él sólo servirás”.
Entonces
lo dejó el diablo y se acercaron los ángeles para
servirle.
Existe
una ley que Dios ha querido inscribir en lo profundo del corazón
del hombre y en el Universo entero, según la cual, nadie
puede ser coronado a menos que antes haya luchado. Ninguna aureola
auténtica de mérito verdadero y genuino puede brillar
en torno a la cabeza de aquellos que no han querido enfrentar su
combate. Solamente aquellos que hayan sido capaces de elegir, y
de comprometerse con cada una de sus decisiones podrán ser
reconocido por sus actos. La hondura del carácter se revelará
en el medio de las tentaciones y las pruebas, y en la resistencia
que brota de la fuerza interior del hombre.
2.-
El Evangelio de este domingo nos muestra la primera acción,
el primer encuentro y la primera predicación del Señor
después de su bautismo, en donde Jesucristo da razón
de su misión no ante un maestro humano, sino en un debate
contra el proyecto del mismo príncipe del mal y en el combate
contra sus insinuaciones y propuestas de falsedad.
Se
trata de aquel que siendo de condición divina ha querido
hacerse perfecto hombre, y que ha querido enseñarnos el cómo
poder resistir a las tentaciones, y el cómo sobreponernos
a las diferentes pruebas de la vida.
Jesús
ha enfrentado, como cada uno de nosotros, verdaderas tentaciones.
Se trata de la condición humana que ha querido asumir el
Hijo del Padre eterno desde el momento de la encarnación.
Las
tentaciones que experimenta el Señor provienen no de dentro
sino solamente de fuera, y no de dentro y de fuera,
como ocurre en cada uno de nosotros que traemos fracturado ese nuestro
cuadro interior que reúne la voluntad y el entendimiento.
De esta manera aunque el tentador era pecaminoso, el tentado era
inocente, y en su inocencia nos ha dado ejemplo de virtud a los
hombres.
3.-
Este domingo, hablemos de nuestras propias tentaciones, pero antes,
te invito para que nos demos un poco de espacio y así marquemos
las diferencias existentes entre las tentaciones y las pruebas.
Se parecen tanto pero son tan distintas.
Las
diferencias son radicales: La prueba te hace crecer
y la tentación busca destruirte; la prueba se presenta como
algo sumamente difícil y la tentación suele presentarse
como algo muy atractivo; la prueba busca mantenerte en el camino
aun cuando ocasional o permanentemente sea difícil el caminar
y la tentación te presenta otras alternativas de caminos
sin complicaciones pero que desvían a las personas; la prueba
viene de Dios, o por lo menos es permitida por Él, y la tentación
viene del maligno.
4.-
Y nos preguntaremos: ¿Qué es una tentación?
¿Cómo distinguir en lo práctico las tentaciones
en nuestra vida?
Wolfgang
Pannenberg ha mencionado que la tentación es aquella realidad
o situación que te hacer ver como real solamente lo que en
ese momento te incita o te excita, y en donde todo lo demás
es desplazado al ámbito de lo irreal. ¿No lo quieres
creer? Mira a tu alrededor y fíjate como para aquel que vive
envuelto en los placeres o sumergido en el alcohol o en la adicción
a las drogas, ni la propia familia le es real, ni su salud ni su
vida misma, ni siquiera Dios; solamente alcanza a contemplar como
real aquello que en ese momento le está resultando atractivo
y que le está destruyendo.
5.-
¿Y cuáles son nuestra tentaciones? Se trata
de las mismas y consabidas expresiones que han seducido y que siguen
seduciendo a todo hombre. Hoy las tentaciones simulan tener otros
rostros, otros nombres y hasta otros apellidos, pero siguen siendo
las tres mismas tentaciones de la antigüedad y de la actualidad:
El Placer, el Tener y el Poder.
Algunos
teólogos, han ubicado estas tres tentaciones en un proceso
escalonado durante esos distintos momentos de una vida plenamente
consciente en las personas: El placer lo ubican como la tentación
del ejercicio consciente de los primeros 30 años, el tener
como la tentación de los hombres que viven la segunda edad,
es decir entre los 30 y los 60 años, y el poder como la tentación
de las personas de la tercera edad.
Afirman
ellos, que al joven en su mocedad le son atractivos los placeres
de la vida, aquello que activa los instintos, y que adolesce ante
aquello que le incita los sentidos. El adulto, por su parte, es
frágil en otro ámbito: a él le es atractivo
el trabajo, el emprender continuamente y el ir acumulando bienes,
le seducen los logros empresariales que se obtienen muchas veces,
a costa de olvidarse de estar más tiempo con los seres queridos,
y aún a costa de su propia vida y salud. Y, que todas las
personas una vez llegadas a la madurez de edad, es decir pasando
los 60 años, solemos ya no desgastarnos en contiendas con
la tentación del placer ni tampoco con la seducción
de la acumulación de riquezas, pero que enfrentamos la última
expresión de las tentaciones: nos resistimos a perder el
poder y el dominio sobre aquellos que un día estuvieron en
nuestra propia casa o que fueron confiados bajo nuestra tutela,
sobre aquellos que ahora han formado nuevas familias, que tienen
una serie de responsabilidades y que ahora les toca ir tomando sus
propias decisiones.
6.-
Creo que hay algo cierto en esta interpretación de las tentaciones
del placer, del tener y del poder en referencia con las
edades de la vida, sin embargo considero que no se puede absolutizar,
y así nos encontramos con jóvenes que quieren tener
también poder, y adultos que siguen siendo presa de los placeres.
Considero que en algunas ocasiones las tentaciones se van alternando
en una brevedad de tiempo, que en otros momentos se van mezclando,
y que hasta se llegan a confundir.
7.-
Refiramos una palabra adicional sobre cada una de las tentaciones.
El
tener es una tentación a la vez antigua y siempre nueva.
El hambre de tener nos provoca que olvidemos los valores, las personas
y la propia vida. Hoy, en nuestra sociedad se habla del hombre de
éxito midiéndolo siempre con parámetros monetarios.
¿Qué es éxito en nuestro tiempo? ¿No
te parece que si se pudiera ganar todo el dinero del mundo, pero
a costa de ello se pierde la familia, la salud y la vida, esto no
se puede considerar un éxito verdadero?
La
tentación del placer y de las pasiones se
manifiesta y no le deja al hombre pensar ni decidir adecuadamente.
Los instintos van estableciendo su reinado y no dejan que actúe
nuestra voluntad. El placer se manifiesta en el carnaval de la vida
con muchos y muy variados antifaces: la droga, el alcohol, el erotismo,
la sexualidad... El hombre de hoy parece que no se ha dado cuenta
de que no existe nada como llevar una vida ordenada.
La
tentación del poder nos deslumbra a las personas
y va provocando que el rostro del hermano, del familiar y del amigo
vayan desapareciendo de nuestro horizonte. Esta tentación
suele recurrir constantemente al chantaje de las personas. Se trata
de ese manipuleo deshonesto utilizado para no perder el dominio
sobre las personas. Son todos esos momentos en que las razones que
presentamos no resultan suficientemente convincentes, y entonces
utilizamos el manejo de los sentimientos sobre el otro.
8.-
Queridos amigos: ¡la Cuaresma ha llegado!
El
tiempo de la Cuaresma es una oportunidad propicia para que verifiquemos
si nuestro proyecto corresponde verdaderamente con el de Dios.
La
conversión a la que se nos invita no es otra cosa, sino el
darle la espalda a nuestros miserables y confusos proyectos, para
así apuntar en dirección del proyecto original que
Dios había trazado sobre nuestra vida.
El
Evangelio nos invita para que superemos nuestras propias tentaciones,
para que reaccionemos como cristianos, para que seamos personas.
9.-¿Sabes?
Me agrada la respuesta que ha dado Cristo y la propuesta que nos
ha hecho la Iglesia para que, así mantengamos el dominio
sobre el tentador: la triple práctica de piedad cuaresmal:
oración, limosna y ayuno.
Para
que nos sostengamos de pie contra la tentación del placer,
la Iglesia nos invita al ayuno y a la abstinencia,
se trata de unirnos un poco a los sufrimientos de Cristo y de unirnos
a aquellos que siempre viven la vigilia por la pobreza. Se trata
de fortalecer nuestra voluntad.
Para
sobreponernos a la tentación del tener, la Iglesia nos propone
la práctica de la limosna. Nos invita a no
apegarnos a los bienes, a que seamos generosos con el necesitado.
Se trata de depurar nuestra libertad.
Y
para combatir la tentación del poder, la Iglesia nos propone
la Oración contínua; orar significará
aprender a postrarnos ante Aquel que tiene la autoridad absoluta,
y que nos recuerda que nuestra supuesta autoridad no es más
que una delegación de la que a Él le corresponde.
Todo esto nos ayudará a que no seamos poseedores abusivos
y olvidadizos de los dones de Dios. Se trata de aclarar nuestros
pensamientos.
10.-
La triple práctica cuaresmal: ayuno, limosna y oración,
también nos permiten purificar nuestras relaciones:
La Oración, en primer lugar, nos une a Dios, la limosna,
por su parte, nos acerca y nos une al hermano y, finalmente, el
ayuno y la abstinencia nos ayudan a relacionarnos adecuadamenbte
con la creación, para que así nos experimentemos como
lugartenientes de la creación y no como esclavos de las cosas
materiales.
11.-
¿No te has dado cuenta? Las tentaciones de Cristo
se presentan inmediatamente después del pasaje del Jordán.
Y nuestras tentaciones se presentan después de nuestro propio
Bautismo, y suelen ser ese prólogo necesario de aquellos
que queremos proclamar la Buena Nueva.
Hermanos:
¡Combatamos como el Maestro para que podamos recibir la corona
de la vida!
LO INESPERADO DE
UN ENCUENTRO ESPERADO.
“Cuarentena
de sal sobre el desierto,
la sal de la penitencia;
el Tallo de David en él ha inserto
su fecunda presencia.
La
raíz inocente lenta absorbe
Amargura y dolor.
Sube crespa la tentación del orbe
Al cáliz del Señor.
Sangrienta
savia de padecimiento
Que aflora en redenciones;
Más el Señor aún se siente hambriento,
Con hambre de corazones...
Cual
víbora sutil entre las hiedras,
Se desliza Satán.
-Si eres el Hijo de Dios, di que estas piedras
se conviertan en pan.
En
pan color de oro, humedecido
Con lágrimas de pobre.
Hazte sordo al famélico alarido,
Con tal que a tí te sobre.
-Yo
tengo otro manjar que la materia.
La Verdad es mi comida.
Y para el desfallecido en la miseria,
Yo soy el Pan de Vida.
Jesucristo
tentado: cuando sienta
Mi hambre de paganía,
A la carne ruin y al oro ahuyenta
Con pan de Eucaristía.
-Si
quieres ser ejemplo
han de verte lucir sobre la cumbre;
¡tírate desde el Templo
con angélica sed de muchedumbre!
-Por
no tentar a Dios desde mi altura,
mi táctica es sencilla;
empinarán dos palos mi estatura,
en cruz que doblará toda rodilla.
Si
un día he de volar hasta la alteza
De aguiluchos romanos,
¡Que no pierda, Dios mío la cabeza
creyendo que soy mejor que mis hermanos!
-¿Quieres
ser Rey? Te entregaré mi mundo
-el mundo es del demonio-
con sólo que un segundo
me des adoración y testimonio.
-Antes perderlo todo que una ofensa
al Creador infinito.
Adorarás, Satán, su Gloria inmensa:
En mi libro está escrito.
Aunque
esté el cielo nebuloso y triste,
Y el suelo tentador y escurridizo,
¡Qué no vierta el alma que me diste
por grietas de mi vaso quebradizo!
(Fernando Mateos)
1.- ¡Hola!,
¡Buenas tardes! Desde luego, parece enteramente una de esas
ficciones o parábolas destinadas a la instrucción
religiosa de los hombres: el encuentro que tuvo lugar un
día entre Dios y el demonio... Y resulta que sí, que
es verdad, que al fin nos hemos encontrado. Al fin después
de tantos milenios de milenios, por hablar en términos humanos.
Tenía que ser aquí, en la Tierra; en términos
espaciales, tan humanos, digamos que tu has descendido a la Tierra
y que yo he subido a la Tierra, para encontrarnos justamente a mitad
del camino. ¿No es acaso el
hombre el punto equidistante entre Dios y el Diablo?
Hablar del hombre entre tú y yo sería como hablar
de una transcripción moral de aquel principio geométrico
según el cual todo cuerpo equidista entre lo infinito y lo
infinitésimal. Los dos sabemos de sobra lo que son de frágiles,
ruines y falaces estas cosmovisiones humanas, y cómo resultan
casi inservibles, por demasiado toscas e inertes, las palabras creadas
por los hombres. Pero no tenemos otro remedio: tenemos que recurrir
al lenguaje humano. Puesto que tú y yo hablamos idiomas tan
diferentes, no cabe sino utilizar una tercera lengua que los dos,
más o menos, hemos llegado a dominar. Se trata de una lengua
balbuciente, áspera y grosera. Sin embargo, aún así
y todo, es preferible limar con una sierra a empeñarse a
serrar con un martillo. En efecto, ¿cómo
podríamos entendernos si cada uno de nosotros emplease su
propio idioma, llamémosle divino al tuyo, llamémosle
diabólico al mío? Algo peor que un
diálogo de sordos: un diálogo entre judíos
y árabes, entre norteaméricanos e iraquíes,
entre católicos y protestantes. Convengamos, pues, en este
tercer medio de expresión, aunque sea incapaz de enunciar
lo más importante, lo inefable, lo que queda entre la cuerda
y el arco, entre Orión y la Tierra. Hablaremos la ruda, trabajosa,
inflexible lengua de los mortales. Sujeto,
verbo, predicado. Pasado, presente y futuro; largo, ancho, alto,
profundo. Las clásicas miserias humanas,
las servidumbres del espacio y del tiempo, la lenta aproximación
a un punto dado, el tartamudeo inevitable, los tartamudeos mentales.
He aquí la tarea más fastidiosa.
Ocurre
además otra cosa. Parece ser que nuestra conversación
deberá ser legada un día a los hombres.
Pero
no hay otro remedio, no hay otra solución, no existe otro
lenguaje del que podamos hoy servirnos. Procuraremos entendernos.
Dos emperadores entrevistándose en campo neutral, en un cobertizo
situado sobre la misma línea de fuego. Es la Tierra lugar
tan inhóspito, entre todos los del orbe, que por elemental
justicia hubiste de comprometerte a indemnizar a toda persona que
naciera sobre su suelo, dotándola de inquebrantable esperanza
a la vez que de una especial ceguera o insensibilidad para el desastre.
Es el mundo de los humanos.
Y
es el año 30 de tu vida mortal. Puedes suponer que desde
que naciste tenía gran interés en encontrarme a solas
contigo. No es que me haya sido imposible hasta este momento, simplemente
me resultaba inadecuado. Inadecuada toda ocasión anterior,
inadecuado el lugar, aquel pueblo ruidoso en el que vivías,
aquel taller, aquel empeño tuyo de comportarte siempre como
un ciudadano más, carpintero, hijo de María y de José,
puntual en el pago de los impuestos, asiduo lector de las Escrituras.
En
Nazareth había doscientos hombres igual que tú, en
Asiria y en Etiopía doscientos pueblos igual que Nazareth.
Era lo más inadecuado y lo más desalentador. Ahora
ya no, aquí ya no. Entre todos los parajes de la Tierra,
el desierto es el menos inconveniente, el menos mancillado por los
hombres, el rincón más silencioso de esta casa llamada
tierra y el más aseado de su cobertizo, donde esa proliferación
de muerte que ellos llaman vida se redujo al mínimo, dos
escorpiones y tres cardos en media legua a la redonda. El contexto
más apropiado.
¿Y
el momento? El más afortunado. Acabas de erigirte por fin
como Mesías, dando por clausurados tus treinta años
de anonimato. Has recibido directamente del Padre tu ejecutoria
pública junto al Jordán. No repruebo tu decisión
de hacerte bautizar; bien mirado, es por tu parte un detalle de
gentileza hacia los hombres, tan menesterosos de perdón,
tan necesitados también de algún símbolo o
apariencia que haga perceptible el perdón. Y ahora has venido
al desierto, impulsado por el Espíritu. ¿No has venido
precisamente a buscarme? Quiero decir: a fortalecer tu alma en la
prueba a templar el acero en el fuego. Oficialmente yo soy el tentador.
Ya sé, la expresión es desafortunada, pero el lenguaje
no nos deja para más: tú eres bueno y yo soy malo.
Sujeto, verbo y predicado.
Tu
has venido al desierto a buscarme. ¿buscando pelea? Yo no
diría eso, ni tampoco que hayas venido pidiéndome
audiencia. Me guardaré muy bien de atribuirte tanto una intención
hostil como una disposición suplicante. No prejuzgo. Tú
están allí enfrente, eso es todo. Estamos no como
dos poderes rivales, sino simplemente vecinos. Como esta piedra
y esa otra piedra. Yo no pienso que me consideres una serpiente
y que tú seas un cazador de serpientes. Insisto: como esta
piedra y esa otra piedra.
Al fin nos hemos encontrado, a mitad de camino, en el planeta Tierra
¿creo que así se llama?, en un punto equidistante
del bien y del mal. El bien y el mal, ya sabes, palabras humanas,
dos sustantivos tan relativos y oscilantes como dos adverbios de
lugar, arriba y abajo. ¿Qué más da?
Sin
embargo... Sin embargo, hay una cuestión previa. Nuestra
cita aquí, en el mundo de los hombres, ha hecho posible este
encuentro, pero a la vez lo hace tremendamente ambiguo. Para poder
reunirnos, los dos hemos necesitado adoptar una figura humana, un
traje que nos proteja del incendio que seguramente nuestro contacto
inmediato provocaría. Nuestras personas han quedado así
hasta cierto punto encubiertas, enmascaradas, no directamente identificables.
He aquí, de entrada, un problema capital. ¿Soy
realmente yo el que tú venías buscando? ¿Y
cómo saberlo? Hay que contar con otra dificultad,
nada desdeñable. Recuerda que me llaman impostor, falsario,
mentiroso y padre de la mentira. Si yo negara ser el diablo, tú
deducirías que lo soy, puesto que siempre miento. Pero como
yo sé que tú sabes que miento, diría que sí,
que soy el Diablo, a fin de que creyeras que no lo soy. Pero como
me imagino que ya sabes que yo sé que tu sabes. La pregunta,
pues, sigue en pie: ¿soy yo,
de verdad, realmente, el Demonio?
Yo
podría, pues, ser efectivamente Satán a pesar de este
pobre atuendo, a pesar de este aspecto mío tan humano, modesto
y apacible, tan humano como el tuyo. Podría.
He
ahí la particularidad de los seres humanos ¡por eso
me gustan! y de quienes han venido a parar a la Tierra, punto equidistante
no sólo del bien y del mal, sino también de la verdad
y el error.
Has
vivido aquí cuarenta días, dedicado a la oración,
que es un género de reflexión tan vulnerable como
cualquier otro. ¿Cómo
saber que tú, tras esta larga permanencia en el desierto
seas capaz de no ver cosas que imaginas? ¿No seremos dos
piezas de ajedrez sobre un tablero que tiene las dimensiones del
universo mundo?
¿Tú
mismo eres Dios? ¿Estás seguro? Por
fuerza has de hacer algo para disipar esa duda y recobrar tu seguridad.
¿Cómo? Basta aplicar una regla cualquiera de comprobación
y después de la comprobación la verificación
o la rectificación. Basta un milagro, un solo milagro para
cerciorarte de que verdaderamente eres el Hijo de Dios. Por ejemplo...:
“si eres el Hijo de Dios, haz que estas piedras se conviertan
en pan”.
¿Qué
te pasa? ¿Puedes o no puedes? ¿Eres el Hijo de Dios
o éres solamente humano?
Está
escrito: “No sólo de
pan vive el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de
Dios”...
(Mil gracias Cabodevilla...)
MI
LUCHA MÁS SANGRIENTA ES CONMIGO MISMO.
“
En aquel tiempo, Jesús fue conducido por el Espíritu
al desierto, para ser tentado por el demonio. Pasó cuarenta
días y cuarenta noches sin comer y, al final, tuvo hambre.
Entonces se le acercó el tentador...”.
1.-
Muy queridos
hermanos:
Jesucristo,
aun mojado en sus cabellos por el agua derramada en su bautismo
y lleno de la fuerza del Espíritu Santo, afronta todas las
tentaciones como se presentan en la realidad.
Las
tentaciones parten siempre de un bien concreto que deberá
ser agradecido y subordinado como un medio en nuestra vida, pero
jamás como un fin en sí mismo: allí está
el pan o el derecho a la existencia, después viene la riqueza
o el derecho a poseer, y finalmente la pompa del éxito humano
a través de la seducción para apropiarse de las cosas.
Satanás
nos engaña al querer que transformemos lo que es un medio
en un fin, al invitarnos para que convirtamos nuestros caminos en
destinos, y nuestros transportes en paraderos permanentes para aprisionarnos.
2.-
Y allí está el Señor, su combate con las tentaciones
se sitúa en el umbral mismo de su actividad mesiánica.
Antes de que dé comienzo a su predicación, ora intensamente.
Antes de presentarse entre las poblaciones, se dirige al inhóspito
desierto. Antes de mezclarse con el pueblo, se retira a la soledad.
Antes de ir al encuentro con los hombres, busca la intimidad de
su Padre.
Jesús
tenía conciencia purísima, caridad perfecta y el ejercicio
de su misión no le podía dividir interiormente, como
nos suele pasar a nosotros. La oración del Señor procede
de su conciencia de Hijo y Redentor. Jesús nos enseña
con su ejemplo, que inútilmente predica la Palabra de Dios
por fuera aquel que no se da tiempo como para escucharla por dentro.
3.-
Y allí está el Señor en el desierto.
El
desierto ha sido, es y será el camino necesario hacia la
tierra prometida, pero es allí también el lugar en
donde acontece la tentación. El desierto suele ser el período
y el lugar en donde se da esa relación de amor de noviazgo
entre Dios e Israel. El desierto es la escuela de la vida, fue la
escuela de Moisés y de Elías, de san Pablo, y es la
escuela del hombre. Jesús no rehusó a ella.
En
su mentalidad, los árabes sostienen que el desierto es el
jardín de Dios. De ahí que el Señor haya quitado
todo animal y todo ser humano superfluo, para que existiere un lugar
en el que Él pudiera pasear en paz.
Según
la más profunda tradición profética el desierto
será el lugar ideal para que el fiel tenga una cita con Dios.
4.-
Las tentaciones de Jesús no deben interpretarse como un hecho
aislado que tuvo lugar una vez sin repetirse más. Deben entenderse
como algo que sucedió al comienzo del ministerio público
del Señor y que en su conjunto representa nuestra lucha sin
tregua contra el poder del mal
Nuestra
primera tentación es la del egoísmo materialista:
vivir para sí, para los bienes materiales, para satisfacer
la presión de los sentidos. ¡Pero no sólo de
pan vive el hombre! Es laudable el empeño de producir para
vivir mejor, pero es desorden si ese empeño no va presidido
por la divisa de ser más, dentro de un humanismo pleno.
Nuestra
segunda tentación, es de orgullo: vivir de
manera distinta de los demás, señalarse por sus acciones,
gestos, dichos, que no son signo de amor a nadie, más que
a sí mismo. Eso es tentar a Dios, desde el momento en que
sus dones se orientan al hombre y no al dador ni al hermano. Realizarse
y valorizarse como persona es, sin lugar a duda, un bien, pero no
de tal manera que se convierta uno mismo en objeto de adoración.
Y
llega nuestra tentación de poder: vivir para tener más,
gozar más, poder más, figurar más, aunque haya
que adorar lo que sea. Pero sólo a Dios se ha de adorar.
5.-
Jorge Zink dice que la más grande tentación con la
que combate el hombre de nuestro tiempo: es la del decir
que las cosas que suceden no tienen un sentido visible, y que esta
apreciación suele venir también del maligno. Debemos
pedirle a Dios que nos libre de decir: “Nada tiene sentido”.
Que nos libre de pensar que es más fuerte la mentira, la
injusticia, la violencia y la maldad. ¡Señor líbranos
de decir: “Nada tiene sentido”!.
6.-
¿Cuál es tu combate? ¿Con qué luchas?
¿placer? ¿poder? ¿tener?
¡Sabes!
Hay una imagen que me quedó grabada de la terapia de los
alcohólicos anónimos. Primero que nada invitan a que
reconozcamos que nadie se puede curar mientras que no sea capaz
de reconocerse enfermo. Algunos manejan la tentación del
alcohol como si fuera un barril de pólvora en el cual el
hombre se encuentra sentado. Es posible que en su control alguien
haya sido capaz de apagar la mecha que le llevaba a la destrucción.
Sin embargo, al tener un desliz la persona vuelve a encender la
mecha, y quizá sea capaz de volver a apagarla, pero debe
darse cuenta de que la mecha es ahora mucho más pequeña
y que la destrucción se encuentra más cercana.
7.-
¿Cuál es mi combate? ¿Con qué lucho?
¿placer? ¿poder? ¿tener?
En
lo personal puedo decirte que mi combate más sangriento y
violento ha sido conmigo mismo, y que en muchas ocasiones, no les
puedo decir que he ganado, al contrario tendría que afirmar
que he perdido. Y no quiero dejar de luchar. En lo personal entiendo
perfectamente a san Pablo cuando expresa que el bien que se quiere
no se hace y el mal que se quiere evitar es lo que se hace en la
vida. ¡Cómo sufro, cuando piensan que estoy gozando!
¡Cómo gozo, cuando piensan que estoy sufriendo! Tres
veces al día le he pedido a Dios que me quite está
espina que llevo clavada en mi carne y tres veces me ha dicho: “¡mi
gracia te basta!” Y, ¿sabes qué? El Señor
me lo ha cumplido fielmente.
8.-
Pero,... ¿Cuál es la tentación con la que está
combatiendo la humanidad? Tendría que decir que
las tres ya citadas: Poder, Placer
y Tener,... No obstante tengo hoy que mencionar
que hay una que está flagelando a nuestra sociedad hasta
el punto de haber llegado con sus tentáculos a todos los
rincones, incluyendo los más insospechables: El querer convertir
las piedras en Pan,...
No
sólo de pan vive el hombre..., contesta Jesús a Satanás,
cuando éste le propuso una especie de milagro alquimístico,
al estilo de “la piedra filosofal”.
Convertir
las piedras en pan es Fabricar el pan sin sudor, suprimir el sudor
de la frente.
Pero
el apego del corazón a los bienes materiales nos conduce
a que nos manchemos las manos de sangre inocente, producto de nuestra
insaciable codicia, y de ese quere volverse rico de la noche a la
mañana, olvidando los procesos necesarios.
¿Qué
otra cosa podría estar motivando a quienes hoy están
comerciando con los narcóticos y con la sexualidad de tantas
mujeres y hasta de nuestros niños?
¿Qué otro factor podría estar en el fondo de
los impulsos de quien está prostituyendo su sexualidad o
que se dedica a comerciar con el morbo de su propia desnudez?
¿Qué otros elementos podrían estar creando
los afanes de quienes como dueños de los Medios de Comunicación
Masiva transmiten asesinatos, exhibición de situaciones de
drogadicción, adulterios, relaciones incestuosas, prácticas
homosexuales en horarios y canales accesibles a los niños?
Se trata de esa sed insaciable de un dinero obtenido en la mayor
cantidad posible, en el menor de los tiempos y con el mínimo
de los esfuerzos de creatividad. Lo anterior, sin que hablemos por
el momento de aquellos que dedican su vida al robo, al secuestro
y al asalto. El apego al dinero nos puede hacer cometer verdaderas
y muy graves injusticias. Y todavía
nuestra gente tiene que besar agradecida la mano de los dueños
de los Medios porque organizan Teletones y Juguetones...
9.-
Sin lugar a dudas, los Medios están explotando algunos impulsos
demasiado primitivos que todos los hombres traemos en nuestro interior.
Hoy
los Medios, y nuestra incapacidad de educar de parte de la Iglesia
y de la familia, provocan que confundamos lo grande con lo grandioso
y lo asombroso con lo importante.
¿Qué
otra cosa podría ser el así llamado Big Brother sino
esa hambre de notoriedad? ¿Qué otra realidad puede
estar detrás de tantos programas que embotan los sentidos
en los que un conductor exhibe la mismísima intimidad de
las personas?
No importa lo que hagas, lo importante es que hablen de ti, aunque
con ello te degrades. No confundas el éxito con la fama,
hay personas famosas en quienes no podríamos reconocer el
éxito.
10.-
Es este apego desordenado a las riquezas en el que también
nos movemos en otros renglones maquillados con la careta de la beneficiencia,
del progreso y de un desarrollo que no es un verdadero desarrollo,
de tal manera que el progreso de la técnica y el desarrollo
de la civilización de nuestro tiempo, que está marcado
por el dominio de la técnica, debiera exigir un desarrollo
proporcional y simultáneo de la moral y de la ética.
De
esta manera podemos comprender que el sentido esencial de la realeza
y de este dominio del hombre sobre el mundo visible debe consistir
en la prioridad de la ética sobre la técnica, en el
primado de la persona sobre las cosas y en la superioridad del espíritu
sobre la materia.
11.-
Es posible que esta consideración quede parcialmente “abstracta”,
es factible que ofrezca la ocasión para que el hombre en
nombre de la ciencia acuse esta forma de pensar como retrógrada
u oscurantista, olvidando cada una las propias culpas.
Es posible que provoque nuevas acusaciones contra la Iglesia. Ésta,
en cambio, no disponiendo de otras armas, sino de las del espíritu,
de la palabra y del amor, no puede renunciar a denunciar las nuevas
esclavitudes y a anunciar la “palabra de Verdad a tiempo y
a destiempo” y de pronunciar en todos los púlpitos
la enseñanza de aquel que es Camino, Verdad y Vida.
Por
esto no puede ni debe de cesar de pedirle a todo hombre en el nombre
de Dios y en el nombre del hombre:
¡el pan tiene un proceso!
¡no maten!
¡No preparen a los hombres destrucciones y exterminio!
¡ No prostituyan a nuestros niños!
¡No envenenen a nuestra juventud!
¡No despojen al corazón de la inocencia y al cuerpo
de su pureza!
¡Piensen en sus hermanos que sufren hambre y miseria!
¡No propicien la desintegración de nuestras familias!
¡Respeten la dignidad y la libertad de cada uno de los hombres!
12.-
El demonio no comprende que el pan está ligado no a un milagro,
sino al trabajo, al sudor de la frente.
El
pan adquiere dignidad cuando lleva su marca de fábrica: la
fatiga y el sudor del hombre.