Domingo 20 de Febrero de 2005_________Pbro.
Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx
TRIUNFAR ES DE HUMANOS.
“En
aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago
y a Juan, el hermano de éste, y los hizo subir a solas
con él a un monte elevado. Ahí se transfiguró
en su presencia: su rostro se puso resplandeciente como el sol
y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve. De
pronto aparecieron ante ellos Moisés y Elías, conversando
con Jesús.
Entonces Pedro
le dijo a Jesús: “Señor, ¿qué
bueno sería quedarnos aquí! Si quieres, haremos
aquí tres chozas, una para ti, otra para Moisés
y otra para Elías”.
Cuando aún
estaba hablando, una nube luminosa los cubrió y de ella
salió una voz que decía: “Éste es mi
hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias; escúchenlo”.
Al oír esto, los discípulos cayeron rostro en tierra,
llenos de un gran temor. Jesús se acercó a ellos,
los tocó y les dijo: “Levántense y no teman”.
Alzando entonces los ojos, ya no vieron a nadie más que
a Jesús.
Mientras bajaban
del monte, Jesús les ordenó: “No le cuenten
a nadie lo que han visto, hasta que el Hijo del hombre haya resucitado
de entre los muertos”.
Hay
tres montañas que ocupan un lugar clave en la vida del Señor
Jesús: en la primera de ellas se nos predicaron las Bienaventuranzas,
casi al inicio de su vida pública; la segunda de ellas es
el Monte Tabor, desde el cual nos ofreció una relampagueante
manifestación de su gloria; y, en la tercera, el Monte Gólgota,
será el lugar en el que ofrezca su sacrificio para la salvación
de todos los hombres.
2.-
El día de hoy, el Evangelio nos sitúa en el segundo
Monte: el Tabor.
¿Alguien
piensa que en el Tabor se nos ofrece uno de los hechos más
extraordinarios? Y tenemos que darnos cuenta de que el acontecimiento
de la Transfiguración no es, en modo alguno, un milagro extraordinario
para aquel que era el Hijo de Dios.
No
se trata de una luz que le esté revistiendo desde fuera,
sino de aquello que él contiene en su interior y que ahora
está traspasando los hilos de su ropaje terreno. En su Transfiguración,
el Señor nos muestra la gloria de su naturaleza divina.
El
estado de gloria no es lo anormal, sino la normalidad en el Hijo
de Dios.
La
divinidad estaba oculta en la humanidad y sólo se traslucía
con la virtud que salía de Él, así como en
sus palabras y hechos. En el Monte Tabor se suspende por unos instantes
el estado anormal, para dejarse ver en su forma natural.
¡No
es un Milagro, el momento fugaz de la transfiguración!. Milagro
eran todos esos otros momentos en los que la divinidad quisó
adoptar los procesos y las manifestaciones de una humanidad que
fue asumida desde el mismísimo momento de la encarnación.
3.-
Querido amigo:
La
enseñanza de Cristo en este día no debe de ser otra
que la invitación para que también nosotros mostremos,
a aquellos que tienen un contacto con nosotros, quienes somos en
la vida.
La
exhortación que se nos hace, es a que dejemos ver en la vida
lo que llevamos en el interior de cada uno de nosotros: Somos hijos
de Dios. Es verdad que el hombre es barro, pero también es
cierto que somos espíritu.
Los
seres humanos somos el centro y la cúspide de la creación
de Dios.
Recuerda
como en cada uno de los días de la creación se fue
manifestando la bondad que le imprimió el Divino Creador
a las obras de sus manos. Sin embargo, al crear al ser humano el
beneplácito de Dios se muestra todavía superior. Después
de que en cada uno de los primeros cinco días al terminar
con su jornada creadora, la Escritura dice: Vió Dios que
estaba bien,... llegó entonces el sexto día, en el
cual Dios creó al hombre, y al concluir su obra maestra narra
la Escritura: “Vió Dios
que todo estaba muy bien”. Dios había
creado al hombre a su imagen y semejanza.
4.-
El lenguaje que utiliza el libro del Génesis nos ayuda a
comprender la constitución de todo ser humano: somos barro
y espíritu.
El
barro nos habla de nuestra fragilidad, de nuestras limitaciones,
de nuestras incongruencias y equivocaciones.
El
Espíritu, por su parte, nos habla abiertamente del soplo
de Dios que le ha dado vida a nuestros cuerpos inertes y que nos
ha hecho superiores a todas las demás creaturas.
Con
este binomio de composición, comprendemos que nuestra vida
se desarrolla entre la limitación del barro y la manifestación
del espíritu.
5.-
“Errar es de humanos”, dice un refrán
que muchos hemos convertido en una especie de máxima de verdad
para nuestra vida. Se trata de una especie de bandera que hemos
enarbolado en el mástil de nuestra barca para cruzar por
las mares de la existencia. Se trata
de una expresión de la ingenuidad y de la necedad que se
convierte en un discurso programático.
¡Errar
es de humanos!, es una verdad. Pero una verdad a medias,
que como todas la verdades a medias se suele convertir en una de
las más grandes mentiras.
¡Errar
es de humanos!, -es cierto- pero también lo es el
triunfar, el tener aciertos e ilusiones, el poseer ideales, el soñar
en la vida y el levantarse con la victoria.
Y
entre estas dos expresiones y manifestaciones, es donde se va escribiendo
nuestra vida.
6.-
Nuestra historia cristiana se escribe, digámoslo en el lenguaje
de este día, entre un estarnos desfigurando y un irnos transfigurando.
Somos
muchos más de los que pensamos, aquellos que nos desfiguramos
en la vida.
La
cobardía, la mediocridad, la pereza, los miedos, las iras,
los rencores, los celos, la superficialidad, las adicciones, el
consumismo, el hedonismo, el materialismo y la falta de compromiso,
no son más que las manifestaciones de aquellos que parecemos
darle más importancia al recipiente de barro que al tesoro
que en él se encuentra depositado.
7.-
La invitación es para que también nosotros nos transfriguremos.
El
transfigurarnos significará un manifestarle amor a la vida
y a las personas, el mostrar coraje en las dificultades, el presentar
el rostro de la dignidad en los problemas que enfrentamos, el mantenernos
unidos en familia aún en medio de los embates que sufrimos,
el ser capaces de mostrarnos serviciales a pesar de las eventualidades
y de nuestras perezas, el saber perdonar o el saber pedir perdón,
para así solucionar esas diferencias que tenemos con las
personas amadas.
Si
aspiramos a la Transfiguración, tenemos que comprender, que
el secreto de nuestra Transfiguración se encuentra en la
Montaña.
Al
mismo tiempo, debemos entender, que hay una actividad que nos posibilita
esta transformación: la oración.
8.-
Y lo que nosotros hacemos es preciamente lo contrario: Es
verdaderamente triste que el hombre actual no tenga un poco de tiempo
ni para dirigirse a la Montaña ni para hacer oración.
Hoy el ser humano se encuentra sumergido en medio del trajín
diario, del tráfico y del asfalto de la vida. Son tantos
los negocios que tenemos que atender en este mundo globalizado que
parece que no nos hemos dado cuenta que se está fragmentando
nuestra familia, nuestra persona y nuestra sociedad.
El
resultado lo conocemos, bastaría que encendiéramos
un solo instante la radio o el televisor, o que nos diéramos
una paseada por las calles o los supuestos lugares de diversión:
nos encontramos con personas sin rostro, entes sin identidad, gente
que ha convertido sus noches en días y sus días en
noches, casas que se están convirtiendo en dormitorios, en
hoteles o en restaurants, hombre y mujeres encapsulados en la voragine
de la vida y que no han sabido darse un poco de tiempo, para así
perforar la existencia diaria y en la oración fabricar unos
respiraderos como para no asfixiarse.
9.-
Y tú: ¿Qué has hecho
de tu vida? ¿Te has desfigurado o te has transfigurado?
¡Respóndete con sinceridad!
Yo
me resisto a creer, que un joven un día haya querido ofrendar
su vida y haya tenido como un noble ideal el sacerdocio, como para
que otro día sea solamente un sacerdote mediocre.
Yo
me resisto a creer, que alguien haya querido casarse un día
y formar una familia, incubando en su corazón la posibilidad
del fracaso, o permitiéndose pensar por un solo instante
en la infidelidad.
Yo
me resisto a creer, que alguien un día haya querido ser médico,
un samaritano de la salud, pensando solamente en su beneficio o
en su cartera, y que con el paso del tiempo se haya convertido en
un mercader de la vida y de la salud.
Yo
me resisto a creer, que algún día alguien haya querido
ilusionadamente ser maestro, como para convertirse solamente en
un comerciante de las letras o un mezquino docente.
Yo
me resisto a creer, que un día alguien haya pensado en ser
arquitecto, y que en su mente no haya pasado la leve y peregrina
idea de ser alguien que verdaderamente brinde un servicio al hombre
y a la sociedad.
Yo
me resisto a creer, que alguien un día se hubiera convertido
en abogado descartando en su pensamiento la ilusión de impartir
la justicia o buscar el honor de la verdad.
Yo
me resisto a creer, que un joven no sea capaz de valorar su propia
vida y que este pensando en malbaratarla o echarla a perder.
Yo
me resisto a creer, que un joven prudente haya pensado, por un solo
momento, en pisotear su salud con adicciones o en echar por el drenaje
su sexualidad.
Yo
me resisto a creer que exista un hombre sobre la tierra que un día
no haya tenido sueños elevados, que un día no haya
tenido nobles ideales, que un día no haya sabido valorar
el porqué y para qué Dios lo puso en esta tierra.
10.-
¡Tantas cosas se solucionarían si el hombre se diera
tiempo para respirar el aire puro del Tabor!
Solamente
aquellos que hayan querido “perder un poco de tiempo”
para retirarse a la Montaña, podrán vencer en la batalla
de los valles, podrán resistir a la tentación de ceder,
de adaptarse y podrán recibir de Dios la gracia de, que en
las dificultades, no se desfigure su rostro cristiano sino, que
por el contrario, pueda llegar a transfigurarse.
EL MEJOR PAN PARA
CAMINAR EN EL DESIERTO.
“En
aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago
y a Juan, el hermano de éste, y los hizo subir a solas con
él a un monte elevado. Ahí se transfiguró en
su presencia: su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus
vestiduras se volvieron blancas como la nieve. De pronto aparecieron
ante ellos Moisés y Elías, conversando con Jesús.
1.-Lo
importante en la vida es la meta más que el recorrido. Es
más estimable el final del viaje que el desplazamiento. No
obstante, recorrido y desplazamiento son útiles para obtener
aquello que aspiramos recibir.
La
Pascua es el destino del viaje que hemos emprendido, la cuaresma
no es más que un itinerario para conseguirlo.
2.-
Nosotros practicamos una cuaresma de cuarenta días porque
el Señor ayunó cuarenta días en el desierto
para prepararse a su misión.
El
número cuarenta es uno de los que están más
cargados de sentido en la Escritura: Cuarenta días
del diluvio, cuarenta días de exploración de la tierra
prometida, cuarenta años de la marcha errante por el desierto
antes de entrar en la tierra de la promisión, cuarenta días
que Moisés permaneció en el Monte Sinaí en
donde Dios ratificó la alianza, cuarenta días de marcha
de Elías por el desierto y cuarenta días del anuncio
de la destrucción de Nínive.
Los
cuarenta días significan una nueva creación.
La cuaresma nos hace una clara referencia a nuestro Bautismo, a
nuestro ser creaturas nuevas.
La
verdadera meta de la cuaresma es la de acercar a los fieles a Dios,
entendido como la única fuente auténtica de santidad;
esto, a través de la intensidad de una vida sacramental.
3.-
Y hemos llegado, mis queridos hermanos, a nuestro segundo domingo
cuaresmal, en el que se nos permite contemplar la Transfiguración
de Cristo.
Hace
apenas una semana meditábamos acerca de las tentaciones que
Jesús enfrentó en el desierto, y ya el día
de hoy se nos lanza una invitación: que el camino que hemos
iniciado en nuestra Cuaresma no nos impida visualizar la meta de
la Pascua.
Y
para que no olvidemos la meta pascual, en este camino de la Cuaresma
litúrgica se nos hacen presentes en el Tabor dos personajes
sumamente importantes en la Cuaresma de Israel: Moisés y
Elías.
4.-
¿Qué lugar tienen estos dos personajes? ¿Por
qué precisamente Moisés y Elías y, por poner
un ejemplo, no están allí Abraham y Jeremías?
Hay
razones coincidentes en estos dos personajes que me gustaría
referir:
Primero:
Ambos, Moisés y Elías, vivieron su propia cuaresma.
La Cuarentena de años de Moisés en el recorrido que
le llevó hacia la tierra prometida y su cuarentena de días
sobre el Monte Sinaí, así como los cuarenta días
que Elías vivió en el Monte Carmelo en oración.
Segundo:
A estos dos personajes durante sus cuarentenas se les permitió
contemplar a Dios en cuanto es posible hacerlo aquí en la
tierra: Moisés al ver su espalda y Elías
al descubrirlo en la brisa suave.
Tercero:
Los dos fueron alimentados por un pan que Dios les concedió
durante el tiempo de sus cuarentenas. Ambos en los
días aciagos fueron consolados por Dios recibiendo el obsequio
de un pan de orígen divino. Sobre Moisés e Israel
conocemos hasta la saciedad, la referencia al maná proveniente
del cielo con el que Dios les favoreció. Se trata de ese
pan con el que Dios les nutrió para que, llenos de vitalidad,
pudieran dejar atrás el Monte Horeb, y así llegar,
después de su cuarentena de años, a la tierra prometida.
Elías, a diferencia de Moisés, no llega al monte Horeb
y a la visión divina sino al final de su santa cuarentena.
En
Elías, las fuerzas necesarias para superar la prueba no le
vienen de él mismo, al contrario: “... Anduvo por el
desierto un día de camino y fue a sentarse bajo una retama.
Deseó la muerte y dijo: Ahora ya basta, Yahwéh. Toma
mi vida, que yo no soy mejor que mis padres.” Así,
al cabo de un día, lo vemos desalentado. Pero Dios viene
en su auxilio. “Echándose allí Elías,
se quedó dormido. Pero el ángel de Yahwéh le
tocó y le dijo: “Levántate y come.” Miró
y vio en su cabecera una torta cocida y una vasija de agua. Se levantó,
comió y bebió, y anduvo con la fuerza de aquella comida
cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de Dios, Horeb”.
Cuarto:
Los dos, Moisés y Elías, conforme a la Palabra de
Dios y la tradición del pueblo Hebreo, recibieron el regalo
de la asunción al cielo. De Elías
es conocido el pasaje en el que se nos narra su ser arrabatado en
aquel carruaje de fuego. De Moisés se termina el libro del
Deuteronomio mencionando que no entró a la tierra prometida,
sino que la contempló de lejos y que murió en el Monte
Nebo, y que fue enterrado, pero que hasta el momento en que se escribe
el libro del Deuteronomio no se sabía el lugar en que fueron
enterrados sus restos mortales.
La
tradición respetable de nuestros hermanos judíos,
cree que Moisés al no entrar a la tierra prometida sino comtemplarla
de lejos, recibió de Dios otro regalo en mucho más
excelso que el ingreso a una tierra física, profesan que
fue llevado por Dios a la verdadera tierra que mana leche y miel,
confiesan que fue asunto al cielo, y que ese fue el premio de parte
de Dios por todo su quehacer y su desgaste durante el desierto al
frente de un pueblo de Israel tantas veces testarudo. Ellos manifiestan
que, si no se sabe en que lugar fueron puestos sus restos mortales,
fue porque Dios le concedió el regalo de su asunción
al cielo.
Así
pues, Moisés y Elías, quienes están con Jesús
en el Tabor, tienen elementos que les relacionan estrechamente.
Sin embargo su presencia en el Tabor es también en fuerza
del testimonio que se necesita de dos personas para manifestar la
veracidad de un acontecimiento. En Moisés aparece la ley
testificando la divinidad de Jesucristo y en Elías aparece
el testimonio de los profetas. El camino ha tenido su desenlace
en la meta.
El
recorrido hacia Dios en el Antiguo Testamento llegó a su
destino pleno en la persona de Jesucristo. Y Dios, que es fiel,
recompensa a sus siervos de la antigüedad que también
le han sido fieles.
5.-
Muy queridos amigos:
Al
igual que Moisés y Elías hemos inciciado nuestra cuarentena,
de la cual llevamos apenas diez días de recorrido, y la Iglesia
nos invita a no perder el fervor con el que iniciamos este camino.
Al
igual que Moisés y Elías, hemos sido llamados a contemplar
el rostro transfigurado de Cristo, y esto lo obtendremos en nuestra
capacidad de transfigurarnos nosotros.
Nuestra
transfirguración se logrará sólo si somos capaces
de experimentar la muerte a nuestras propias iniquidades.
Recuerda
que uno de los nombres de la penitencia es el de la mortificación.
Mortificación implica muerte, eso es mortificarse, morir.
De esto se trata sin duda en la cuaresma.
La
ceniza nos ha recordado cuál es nuestro orígen y cuál
puede ser nuestro destino... a no ser que le pidamos
a Dios y nos acerquemos a Aquel que nos puede permitir el pasar
de la corrupción a la incorrupción y de la muerte
a la vida.
Son
dos muertes las que comprende la Cuaresma: la iniciada el miércoles
de ceniza y la del viernes santo, que se une a la celebración
pascual.
¿No
es evidente que para resucitar es necesario morir primero?
La realidad de nuestra vida cristiana estará, pues, en proporción
con nuestra generosidad durante la cuaresma.
La
cuaresma debe dirigirnos a la celebración pascual como resucitados.
6.-
Al igual que Moisés y Elías pidámosle a Dios
el divino alimento para nuestro caminar por el desierto de la vida.
Al
igual que Elías, cuando el ayuno cuaresmal nos parezca demasiado
austero, pensemos que es el tiempo de una práctica eucarística
más ferviente. El maná, alimento en el desierto, al
igual que la torta de Elías, ¿no son acaso figura
de la Santísima Eucaristía?
Al
igual que Moisés y Elías esperamos también
ser conducidos hacia la Patria celeste.
Los
cristianos comprendemos que nuestra Iglesia vive oculta en el desierto
hasta que regrese Cristo. Mientras tanto, nos rehusamos a que Satán
quiera convertir las piedras en panes y le pedimos a Cristo que
sea Él, el que multiplique los pocos panes que ponemos con
nuestro esfuerzo; más aún, le pedimos que podamos
comprender el misterio por el cual, Él que se negó
a convertir las piedras en pan, sí quiso convertir su Cuerpo
Santísimo en pan de vida verdadera.
Pidámosle
que seamos conscientes de que se ha inaugurado el tiempo nuevo,
en el que maravillosamente vivimos del alimento del Pan de su Cuerpo
y del Pan de su Palabra .
Pidámosle
que en el momento concluyente del camino de la cuaresma de nuestra
existencia, la Eucaristía también sea asumida no tan
sólo como semilla de vida eterna, sino también como
poder de resurrección, según sus mismas palabras:
“El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna,
y yo lo resucitaré el último día”.
Pidámosle
al Señor que en el momento en que los cristianos iniciemos
nuestro tránsito definitivo recibamos la ayuda para abrazar
la muerte, misteriosamente unidos con el Señor crucificado
y resucitado, quien nos espera con la plenitud de la vida.
7.-
Hermanos: El cristiano, quien ha salido de la esclavitud
del pecado al cruzar el Mar Rojo de su Bautismo, debe aprender a
caminar por el desierto de la vida, recibiendo continuamente el
verdadero maná en la Eucaristía de Jesucristo, nuestro
Señor. De esta manera cuando se encuentre en la cercanía
de cruzar el Río Jordán de su existencia, recibirá
también en el pan de la vida la última ayuda que le
fortalecerá mientras entra a la posesión de la verdadera
tierra que mana leche y miel: la Vida Eterna.
La
Eucaristía ha sido, es y será el verdadero alimento
para los hombres, superior al maná de Moisés en el
desierto, y a la torta que Elías recibió de parte
de Dios, tanto en nuestro camino del tiempo como en nuestro camino
hacia la eternidad.
8.-
¡Qué lástima que algunos se hayan dejado seducir
por las palabras de predicadores de cartelera, y hayan dejado de
recibir un alimento que ni los ángeles pueden recibir! El
Cuerpo y la Sangre de Cristo, Pan de vida y Bebida de salvación.
¿No lo crees así?
REGALOS
FUGACES PARA LO TRANSITORIO.
Entonces
Pedro le dijo a Jesús: “Señor, ¿qué
bueno sería quedarnos aquí! Si quieres, haremos aquí
tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”.
Cuando
aún estaba hablando, una nube luminosa los cubrió
y de ella salió una voz que decía: “Éste
es mi hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias;
escúchenlo”. Al oír esto, los discípulos
cayeron rostro en tierra, llenos de un gran temor.
1.-
Muy queridos
amigos:
¿Cuántos
de nosotros vivimos sumergidos en esa necedad de no comprender la
virtud del tiempo?
Para
los tres discípulos, la transfiguración del Señor,
supuso una visión fugaz que les permitió salir de
sus dudas y les confirmó en la fidelidad.
Pero,...
de la misma manera en que aparece en la noche profundamente oscura,
el trazo repentino y efímero del rayo para iluminar transitoriamente
la negra bóveda, de esa misma manera aquel momento de dicha
y de gloria celestial estuvo caracterizado por la brevedad.
No
nos toca ni a tí ni a mí el decidir ni el cómo
ni el cuándo, ni mucho menos la duración de tiempo
en la que se debe manifestar Dios, pero sí nos toca a tí
y a mí abrir bien los ojos para reconocerlo.
2.-
Somos tantos de nosotros los que en la relación con Dios,
lo mismo que con las personas que nos rodean, quisieramos congelar
ese instante fugaz para hacer otras cosas en el “mientras
tanto” de la vida, o bien para quedarnos en un eterno “mientras
tanto”, sin que por ello avancemos hacia un destino de eternidad.
En
lo que se refiere a Dios, Él jamás nos abandona, y
nos va asistiendo para otorgarnos aquellos bienes que más
necesitamos, en el momento en que más los necesitamos.
Y,
resulta que nosotros queremos que nuestros momentos de extrema felicidad
se detengan y quedarnos en ellos para siempre. Quisiéramos
que nuestros calendarios ya no se deshojaran y que los relojes se
detuvieran, quisiéramos quedarnos en la montaña de
Dios y no regresar a nuestros deberes cotidianos.
Se
trata de esos momentos en que nosotros también queremos plantar
tres tiendas para que la experiencia se congele, ¡cuando
todo se acaba!
La
vida cristiana para que sea una vida auténtica tiene que
vivirse bajo la evidencia del encuentro, de no ser así dejará
de ser cristiana, por que dejará de ser vida.
La
transfiguración será un regalo que se recibe cuando
Dios quiere y como Él quiere, pero que requiere
por parte nuestra, esa apertura de nuestro ser para que Dios pueda
aparecer en el Tabor de nuestra existencia.
Dios
es Vida, es Amor, es Trascendencia, es Inefable y es Inexplicable,
sólo aparecerá cuando el hombre esté abierto
a todo lo posible y a lo imposible, cuando el hombre pueda ser capaz
de soñar e imaginar, cuando el hombre pueda ofrecerle una
fe sincera que no busque transformarse aquí en la tierra
en una certeza de eternidad. La fe es experiencia de nuestra vida,
la visión permanente será la experiencia de la eternidad.
3.-
Nuestra fe que es catalogada por no pocos como un peso, deberá
ser considerada en su sentido auténtico como un alivio.
¡Es cierto! que la podemos sentir como un peso cuando nos
fijemos sólo en sus exigencias consecuentes de nuestro cristianismo.
Pero el cristiano que sea fiel, en el momento más oportuno
encontrará en la fe ese alivio necesario, cuando esa fe con
su luz ilumine los problemas de la vida y llene de nuevas esperanzas
el corazón cansado.
Recuerda
que la fe tendrá siempre sus pruebas para fortalecerse: una
fe sin crisis es una fe infantil, una fe en crisis, podríamos
llamarle que es una fe adolescente; pero una fe que subsiste a pesar
de nuestras muchas crisis es una fe adulta.
4.-
Dios sabe lo que cada uno necesitamos y nos lo concede en el momento
oportuno. Te quería comentar lo siguiente:
Considero
que el compositor francés Héctor Berlioz al inicio
del siglo XIX, poco podía pensar que una de sus muchas composiciones
musicales iba a ser motivo para la conversión cristiana de
uno de los más grandes pensadores de la España del
siglo XX.
Don
Manuel García Morente es una de las grandes figuras españolas
del siglo XX, fue Decano de la Facultad de Filosofía y Letras
de Madrid, y cuenta él mismo su conversión la noche
del 29 al 30 de abril de 1937.
García
Morente un día de cansancio provocado por la sinrazón
de una guerra civil que iba devastando a su patria, en su casa,
enciende la radio para distraerse, y escucha fragmentos de la obra
“La infancia de Jesús” de Berlioz. Esta obra
le sumergió en un estado de “deliciosa paz”.
La marea de la belleza iba aliada con la revelación de un
Dios hecho niño, que esconde su divinidad de forma humilde.
Y suscitó en su inquieta imaginación una visión
intensa de escenas de la vida de un Dios hecho un ser menesteroso,
como nosotros, y entregado a hacer el bien hasta su muerte en una
cruz. Esta imagen abrió por primera ocasión en su
vida: la confianza y el amor.
Y
llegó la conversión, pasó de la noche a la
luz, después se haría sacerdote.
5.-
Queridos amigos:
Nuestro
problema es el querer entender la vida, incluso la cristiana, como
si fuera un destino y, no es así, el cristiano la debe entender
como un viaje.
La
gran tentación de San Pedro y de muchísimos cristianos
es la de plantar una tienda aquí y no darnos cuenta que todo
lo que sucede en los términos espacio-temporales es pasajero.
En
la Transfiguración, cuando la gloria de Dios iluminó
momentaneamente a la persona de Jesús, la reacción
de san Pedro fue típicamente humana: quiso plantar tres tiendas
ahí y quedarse para siempre en la montaña.
Es
auténticamente humana, porque todos nosotros queremos hacer
lo mismo: queremos que los momentos de extrema felicidad se cristalicen
y quedarnos en ellos para siempre. Pero nuestros relojes siguen
caminando y los calendarios siguen deshojándose. Necesitamos
bajar de la montaña de felicidad suprema. Sin embargo, puesto
que la vida y la muerte significan algo para nosotros, es realmente
crítico e importante el recordar que un día subiremos
al monte del Señor y contemplaremos su belleza para siempre.
6.-
Pero,... ¿qué hacemos nosotros?
Parece ser que en el trato con las personas también nos hemos
olvidado del carácter de transitoriedad que tiene nuestro
tiempo y, por ende, nuestra vida aquí en la tierra.
No
nos damos cuenta que el trabajo puede esperar mientras mostramos
el arcoiris al niño, pero el arcoiris no esperará
mientras nosotros trabajamos, y no temo el decirte que tampoco tus
hijos.
Ray
Bradbury, el célebre autor de ciencia ficción, al
cual conocí al leer "Las crónicas Marcianas"
tiene un libro llamado: "El Encanto del Diente de León"
en el que narra la historia de un hombre que trabaja en su laboratorio
durante semanas enteras, meses y años, construyendo una Máquina
de la Felicidad.
Finalmente
parecía haberlo logrado sólo para darse cuenta de
que al encenderla un circuito se incendia y provocó que aquel
invento se transformara en un total fracaso. Al final decepcionado
se sienta en una silla y ve a sus seis hijos a través de
la ventana de su casa.
A
la luz de la lámpara, sentados en el concreto del patio ellos
juegan y le recuerdan, aquel hombre sale de su laboratorio y al
sentarse con sus hijos se puso a jugar con ellos; y menciona Bradbury:
ésta es la verdadera Máquina de la Felicidad. Lástima
que la presencia de las personas sea como el encanto del Diente
de León, que sea algo que pueda desaparecer pronto sin que
los disfrutes, o sin que los quieras disfrutar.
7.-
¿Quién no se acuerda de aquel texto que se encuentra
en el cristal de tantas vitrinas, escritorios, recepciones o mostradores?
"
El siempre decía que se retiraría
cuando hubiera conseguido un millón limpio;
y así se afanó desde la mañana al atardecer,
de día en día, y de año en año.
Al fin abrió el libro mayor y observó el importe del
capital anotado;
pero cuando comenzó a vivir se encontró con que ya
había muerto."
8.-
Vendrá un momento en que relojes y calendarios hayán
terminado su misión con cada uno de nosotros.
Pidamos
a Dios que nos permita disfrutar de la dulzura de su Persona y que
no olvidemos disfrutar de aquellos que nos rodean.
Al
meditar sobre la Transfiguración, pidámosle también
su luz que ilumina nuestra vida cuando está sumergida en
la noche oscura.
Es
de noche, Señor, para la persona que está sumergida
en la enfermedad
Es
de noche para todos aquellos que se encuentran en la desesperación.
Es
de noche para quien experimenta una especie de sinsentido en la
vida.
Es
de noche para quien ha perdido a un ser querido.
Es
de noche para aquellos que de pronto se han quedado solos.
Es
de noche para aquél que se encuentra injustamente encarcelado.
Es
de noche para aquellos que no tienen un pan para darles de comer
a sus hijos.
Es
de noche para tantas personas aunque los relojes de las otras personas
estén marcando el mediodía.
Es
de noche para tantos seres humanos, a pesar de que el sol se encuentre
en el meridiano.
9.-
Y somos tantos los que quisiéramos saltar por encima de las
tinieblas y que nos iluminara inmediatamente la luz. Demasiado simple.
Porque es necesario pasar a través de la noche, explorarla
de fondo. También la noche tiene indicios
de luz.
Cuando
pienses que todo está perdido, cuando pienses que todo se
ha acabado. Entonces nos queda Cristo, entonces nos queda Dios.
Entonces
Dios nos enciende una lámpara para que caminemos en la oscuridad.
La lámpara no elimina la noche, pero nos permite caminar
para que nuestros pies no tropiecen.