Domingo 27 de Febrero de 2005_________Pbro.
Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx
ENCUENTRO EN LA HORA DEL DESENCUENTRO.
“En
aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria,
llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José.
Ahí estaba el pozo de Jacob. Jesús, que venía
cansado del camino, se sentó sin más en el brocal
del pozo. Era cerca del mediodía.
Entonces
llegó una mujer de Samaria a sacar agua y Jesús
le dijo: “Dame de beber”. (Sus discípulos habían
ido al pueblo a comprar comida). La samaritana le contestó:
“¿Cómo es que tú, siendo judío,
me pides de beber a mí, que soy samaritana?” (Porque
los judíos no tratan a los samaritanos). Jesús le
dijo: “Si conocieras el don de Dios y quién es el
que te pide de beber, tú le pedirías a él,
y él te daría agua viva”.
La
mujer le respondió: “Señor ni siquiera tienes
con que sacar agua y el pozo es profundo, ¿cómo
vas a darme agua viva? ¿Acaso eres tú más
que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del que bebieron
él, sus hijos y sus ganados?” Jesús le contestó:
“El que bebe de esta agua vuelve a tener sed. Pero el que
beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá
sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro
de él en un manantial capaz de dar la vida eterna”.
La
mujer le dijo: “Señor dame de esa agua para que no
vuelva a tener sed ni tenga que venir hasta aquí a sacarla”.
Él le dijo: “Ve a llamar a tu marido y vuelve”.
La mujer le contestó: “No tengo marido”. Jesús
le dijo: “Tienes razón en decir: “No tengo
marido”. Has tenido cinco, y el de ahora no es tu marido.
En eso has dicho la verdad”.
La
mujer le dijo: “Señor, ya veo que eres profeta. Nuestros
padres dieron culto en este monte y ustedes dicen que el sitio
donde se debe dar culto está en Jerusalén”.
Jesús le dijo: “Créeme, mujer, que se acerca
la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán
al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos
lo que conocemos. Porque la salvación viene por los judíos.
Pero se acerca la hora, y ya está aquí, en que los
que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu
y en verdad, porque así es como el Padre quiere que se
le dé culto. Dios es espíritu, y los que lo adoran
deben hacerlo en espíritu y en verdad”.
La
mujer le dijo: “Ya sé que va a venir el Mesías
(es decir, Cristo). Cuando venga, él nos dará razón
de todo”. Jesús le dijo: “Soy yo, el que habla
contigo”.
En
esto llegaron los discípulos y se sorprendieron de que
estuviera conversando con una mujer; sin embargo, ninguno le dijo:
“¿Qué le preguntas o de qué hablas
con ella?” Entonces la mujer dejó su cántaro,
se fue al pueblo y comenzó a decir a la gente: “Vengan
a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No
será éste el Mesías?” Salieron del
pueblo y se pusieron en camino hacia donde él estaba.
Mientras
tanto, sus discípulos le insistían: “Maestro,
come”, Él les dijo: “Yo tengo por comida un
alimento que ustedes no conocen”. Los discípulos
comentaban entre sí: “¿Le habrá traído
alguien de comer?” Jesús les dijo: “MI alimento
es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término
su obra. ¿Acaso no dicen ustedes que todavía faltan
cuatro meses para la siega? Pues bien, yo les digo: Levanten los
ojos y contemplen los campos, que ya están dorados para
la siega. Ya el segador recibe su jornal y almacena frutos para
la vida eterna. De este modo se alegran por igual el sembrador
y el segador. Aquí se cumple el dicho: “Uno es el
que siembra y otro es el que cosecha”. Yo les envíe
a cosechar lo que no habían trabajado. Otros trabajaron
y ustedes recogieron su fruto”.
Muchos
samaritanos de aquel poblado creyeron en Jesús por el testimonio
de la mujer: “Me dijo todo lo que he hecho”. Cuando
los samaritanos llegaron a dónde él estaba, le rogaban
que se quedara con ellos, y se quedó allí dos días.
Muchos más creyeron en él al oír su palabra.
Y decían a la mujer: “Ya no creemos por lo que tú
nos has contado, pues nosotros lo hemos oído y sabemos
que él es, de veras, el salvador del mundo”.
Todo
parecía indicar que aquel momento en que coinciden el Nazareno
y la samaritana junto al brocal del pozo era para Él un descanso
y para ella un momento de trabajo. Mientras que para Él parecía
ser aquel brocal un lugar idóneo para detenerse en su desplazamiento
y para ella un lugar al que hay que apresurarse para evitar cualquier
rostro conocido, en realidad aquel estar frente a frente el uno
del otro sería uno de los encuentros más privilegiados
que transforman la vida de cualquier persona.
Y
es que, el Encuentro es nuestra vocación y la vocación
de todo hombre, y al mismo tiempo es nuestro destino y la meta de
todo ser humano.
2.-
Hablemos hoy sobre los encuentros, aunque estos, tenemos que decirlo,
ya se habían iniciado en este camino de nuestra cuaresma.
Desde
el primer domingo cuaresmal, meditábamos sobre aquel encuentro
que se realizó después de miles de milenios de años
entre Dios y el Demonio en el desierto. Allí fue donde Jesús
nos enseñó a tener en el encuentro con el Padre la
fuerza que necesitamos para vencer en el combate con las tentaciones
de la muerte y para salir avantes en las pruebas de la vida.
Y
así también el domingo pasado, ¿tú
te acuerdas?... El Señor nos invitaba en
la escena de la tansfiguración para que no perdiéramos
el sentido de la vida olvidando que nuestro tiempo es efímero
e inexorable y que nuestra vida debe entenderse como un encuentro
con nuestros seres queridos, al mismo tiempo que nos invitaba a
tener tiempo para subir a la montaña y tener un Encuentro
con Dios para que nos posibilite vencer en las batallas de los valles.
3.-
Y ahora, un nuevo encuentro..., el momento de mayor dicha para aquella
mujer marcada por la señal de la desdicha. Un encuentro con
quien favorecía el desencuentro.
El
camino que lleva del sur al norte, de Judea a Galilea, de Jerusalén
a Nazareth tiene que pasar a fuerza por las tierras de Samaria,
una travesía que era poco agradable para los judíos,
los cuales evitaban esto yéndose por Perea aunque con ello
dieran un enorme rodeo. Esto no les importaba.
La
razón por la que evitaban Samaria se ubicaba en aquellos
conflictos ancestrales iniciados desde la separación histórica
y política de los reinos del norte y del sur a la muerte
de Salomón, continuándola con aquella alianza que
pactaron los del reino del Norte, cuya capital política era
Samaria, con los Asirios para favorecer la destrucción de
Jesusalén en tiempos del destierro,... y ahora habían
venido muy a menos en lo económico. Razones humanamente comprensibles
para el desprecio. Más aún los judíos veían
a los Samaritanos como unos mestizos a causa de las mezclas que
permitieron con los habitantes de Siria y de Asiria, la “gran
Babilonia”. El judío tenía demasiados resentimientos
por los cuales le llamaba al samaritano con un apelativo de desprecio:
“perro apestoso”
El
judío veía en ellos al traidor, al idólatra,
a un israelita espúreo. Se habían separado las doce
tribus y los samaritanos se quedaron sólo con la primera
parte del Antiguo Testamento, principalmente con el Pentateuco y
algunos libros proféticos principalmente escritos por aquellos
profetas que fueron conocidos como los profetas del Reino de Norte.
Al
separarse del tronco de David los samaritanos nunca cifraron su
esperanza religiosa en la llegada de un Mesías Rey, o proveniente
del tronco de David, sino que ellos esperaban a un Mesías
con cualidades especialmente ligadas a sus libros que aceptaban,...
esperaban a un Mesías que fuera profeta. Mientras tanto,
después de haber construido santuarios en Dan y Betel, ahora
ellos celebraban el culto a Dios en el Monte Garizim.
4.-
Era tanto el odio que les tenían los judíos que evitaban
ponunciar la palabra samaritano, esta es la razón
por la que aquel escriba que le preguntó al Señor
sobre quién es el prójimo, al recibir la respuesta
de Jesús mediante la parábola del Buen Samaritano,
a pregunta expresa del Señor sobre quién fue el prójimo
del hombre golpeado por los salteadores, él le respondió
con un circunloquio, es decir con un rodeo verbal: me supongo que
“aquel que tuvo compasión de él”, el escriba
no iba a decir que “un samaritano”...¡Ellos son
perros apestosos!
Y,
todo este mi propio rodeo conceptual, te puede ayudar a disponerte
para la escena de este encuentro en el lugar del desencuentro.
Los
judíos evitaban el encuentro con los samaritanos yéndose
por Perea, pero nuestro Señor no lo hizo así.
El
Señor no evita el encuentro con aquellas personas, con aquellas
tierras, con aquella mujer. Jesucristo es el hacedor de todas las
tierras, de todos los mundos y de todos los hombres, para Él
no existen las distancias y por lo tanto no existen los distantes.
5.-
Y aquella mujer, miembro de un pueblo que era evitado, evitaba también
a los de su pueblo.
Aquella
hora es incómoda, era el mediodía en el medio oriente,
¿sabes lo que esto significa? El sol estaba en el meridiano
durante la travesía del Señor por el desierto de Samaria.
Hace demasiado calor. Después de un largo viaje, Jesús
se encuentra realmente cansado. Y tiene realmente sed. El Señor
se sienta en el brocal de aquel pozo.
Y
en eso se acerca aquella mujer “incómoda” a una
hora demasiado incómoda. -¡Dame de beber!- Le dice
el Señor a aquella mujer.
La
verdad histórica y la verdad lógica nos dice que era
muy poco frecuente que una mujer oriental fuera a aquella hora de
tanto calor a buscar agua. ¿Por qué mejor no a otra
hora? ¿A las nueve de la mañana o a las seis de la
tarde?,... Pero, ¿a pleno mediodía en el desierto?
Y aquella era una hora favorecida por aquella mujer, el mediodía
era la hora en que menos complicaciones podía tener. Era
una hora en que no tenía que ver los rostros de aquellos
que se burlaban por su estilo de vida. A esa hora todo mundo estaba
metido en su casa.
6.-
Ella buscaba el horario más inverosímil para evitar
los encuentros, y ahora allí estaba aquel judío sentado
en el brocal del pozo. No había confusión,
sus rasgos le delataban. Sin duda, era igual que los demás
judíos: presuntuoso y ofensivo, y cuánto más
con ella: una mujer y que llevaba una vida poco imitable,... ¿por
qué tenía que estar allí sentado cuando el
sol está castigando el cráneo de los transeúntes?
Y
aquella mujer evitando los encuentros tuvo el mejor de los encuentros.
Le pasó como a Zaqueo: el Señor encontró a
Zaqueo no Zaqueo a Él; e igual que a san Pablo: Jesús
a quién perseguía le salió al encuentro en
el camino a Damasco.
Y
con el encuentro sobreviene el cambio en la vida: el divino médico
encontró un corazón enfermo y rápido se apresta
a ofrecerle cuidados quirúrgicos. Se trata de una mujer sedienta
que trae el alma hecha jirones.
El
divino cirujano ya tiene lista el agua viva para lavar aquellas
heridas.
CUANDO EL CANSANCIO
NOS DESCANSA.
“En
aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria,
llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José.
Ahí estaba el pozo de Jacob. Jesús, que venía
cansado del camino, se sentó sin más en el brocal
del pozo. Era cerca del mediodía.
Entonces
llegó una mujer de Samaria a sacar agua y Jesús le
dijo: “Dame de beber”.
1.-Muy queridos amigos:
El
Evangelio de hoy es la narrativa de la humanidad, nuestra propia
historia.
2.-
¿Sabes? Yo siempre había pensado que el hombre de
nuestro tiempo solía enfrentar tan sólo cuatro tipos
de cansancio y, la verdad es que el día de hoy, el Señor
me ha hecho contemplar un quinto tipo de cansancio que poco suele
considerarse.
¿Cuáles
son esas cuatro causas de cansancio y cuál es la quinta?
3.-
Primero las primeras cuatro.
La
primera de las cuatro se vive, sin duda, cuando existen cargas excesivas
en alguien.
Es decir, cuando a una persona se le delegan o bien asume demasiadas
responsabilidades. Puede tener demasiadas cualidades, pero el cansancio
en éste caso surge a causa del exceso y lo vivimos muchos
de nosotros que no dimensionamos ni nuestras fuerzas ni lo que realmente
es valioso en nuestra vida, aunque también lo sufren aquellos
que de pronto se han quedado sólos al frente de su embarcación
porque su cónyuge emprendió la graciosa huída.
El
segundo tipo de las cuatro expresiones de cansancio consabidas suele
sobrevenir a causa de las cargas prematuras,
se trata de una persona que evidentemente no tiene excesos en sus
responsabilidades, sin embargo, todavía no es tiempo de que
se descarguen sobre sus frágiles hombros tantas responsabilidades,
y sobreviene el cansancio provocado por la antelación de
responsabilidades no correspondientes con la etapa de la vida. Tantos
de nuestros niños tienen que ejercitarse en los roles paternos
cuando el progenitor ha muerto, o cuando ha querido pasarse de vivo.
Y
llega un tercer tipo de cansancios lastimosamente generalizado,
y que se experimenta cuando hay ausencia de una motivación
emergente en la negación de una palabra o actitud de reconocimiento
por lo que el otro nos ofrece.
Las cargas podrían no ser excesivas o serlo, en el rol del
tiempo no hay apresuramientos o aunque lo hubiera, aunque tengo
que decirlo que generalmente se trata de trabajos cotidianos pero,
por desgracia, se sobrepone la ausencia de palabras de aliento y
de reconocimiento. Tantos padres de familia que han dado lo mejor
de ellos y que les bastaría un “simple” gracias
como para que retomaran la vitalidad y en un nuevo esfuerzo continuarían
ofreciendo lo mejor de ellos, pero,... en los glosarios de nuestra
vida esas palabras han desaparecido y somos maleducados.
Por
último, en este primer paquete viene el cansancio que se
genera en la intensidad o en la acumulación de nuestras jornadas
iniciadas.
Cansancio que exige detenerse en la vida para tomar un respiro tal
como el Señor lo hace al llegar a Sicar y sentarse junto
al brocal del pozo... Un respiro y un alto en la vida que no sabe
tomar el hombre de hoy en día sumergido en una actividad
deshumanizada tal y como lo describía Wayne E. Oates: "El
esclavo del trabajo desaparece de la comunidad humana... come, bebe
y duerme su profesión. Se despierta a una hora fija, en la
oficina se muestra cruel en sus propias exigencias para una realización
perfecta... Al regresar al hogar, se va enseguida de cabeza en busca
de su estudio o taller con el fin de aprovechar al máximo
las restantes horas del día."
¿Realidad
o ficción? Friedrich Nietzsche afirmaba que
quien no dispusiera al menos de dos horas para sí mismo en
el día activo, es un esclavo, y que quien no disponga de
cuatro para ayudar al hermano no está liberado.
4.-
Pero bueno,... dejemos atrás el paquete de cuatro cansancios
clásicos e ingresemos a un quinto tipo de cansancio,... ¡Exacto!
¿Cómo sabes? Se trata del cansancio
que vivía aquella mujer de Samaria y el que vivimos todos
nosotros cuando cargamos sobre nuestras espaldas los efectos de
tantos errores en nuestra vida.
Se
trata de otro tipo de cansancio, que se genera en el egoísmo
de aquellas personas que no han aprendido a jerarquizar los valores
de la vida. Se trata de aquellos que nunca verán saciada
su ambición de tener, de poder y de placer, y que esto un
día le llevará a vivir ese cansancio que provoca la
soledad.
En
la actualidad nos ha tocado presenciar la paradoja de la humanidad:
las soledades compartidas. Hoy la vida solitaria se ha vuelto abundante
en los encuentros efímeros y ocasionales, así ha sucedido
en esta historia que nos encontramos el día de hoy.
5.-
Y esta mujer cansada se encuentra con el Señor Jesús
que venía cansado por su tavesía. Cristo
estaba cansado en su trabajo no de su trabajo. ¡Ah, el cansancio
del Señor que hará descansar a aquella mujer de Samaria!
¿Te acuerdas de otros pasajes de cansancio? ¿precisamente
con mujeres?...
Nuevamente,...
¡Exacto! Se trata de dos de las mayores conversiones que obró
el Señor precisamente con dos mujeres, una en la persona
de la siriofenicia y ahora con esta mujer samaritana, fueron hechas
cuando el Maestro estaba cansado. Digamos que cuando humanamente
menos idóneo parecía estar el Rabí para las
cosas de su Padre, Él las seguía realizando eficazmente
como siempre. Y es que el corazón cuando está bien
dispuesto sabe crear siempre las propias oportunidades, y esto lo
tenemos que aprender nosotros.
6.-
Pero, debe llamarnos la atención su pedagogía: Allí
estaba el Dios que es dueño de todos y de todo pidiéndole
al ser humano que le comparta aquello que él le ha dado y
que le pertenece en su totalidad. Ahí está el “divino
menesteroso” ahora como el “omnipotente cansado”
¡qué contradicción!
Se
trata de Cristo, nuestro Señor, que nos sigue pidiendo algo:
ya pidió un pesebre, un lugar en la posada, una barca; ya
pedirá un asno, un lugar para morir, una habitación
para la pascua. Y ahora a la samaritana le está pidiendo
un vaso de agua. Pero, esto no es más que una táctica,
un bello recurso utilizado sabiamente por un menesteroso que es
divino y por aquel ser omnipotente en su cansancio, ya que después
el solicitante se convertirá en donante y el que viene cansado
le ofrecerá el descanso a aquella dama. El gran bien que
le aguardaba a aquella mujer era algo desconocido por ella y por
todos.
Pero,
lo anterior sólo se lo podrá ofrecer, ¡así
lo quiso hacer en su respeto por nuestra libertad!, en el momento
en que aquella mujer se reconozca con el cansancio de su alma...
El médico divino tiene aprestados sus instrumentales quirúrgicos
y únicamente falta el autoreconocimiento de parte de aquella
mujer enferma.
7.-
Así es en la vida del cristiano, lo primero es el reconocimiento
de la propia enfermedad, aunque esto parezca una terapia poco alentadora,
lo verdaderamente desalentador será nuestra muerte sí
no le dejamos al cirujano que se apresta a utilizar su instrumental.
Pero
me temo, que en aquella mujer y en cada uno de nosotros no se trata
de una epidermis sino de una enfermedad grave y delicada. Impostergable
es la cirugía, a menos que aquella mujer enferma se quiera
regresar a agonizar en su habitación oscurecida y respirando
interminablemente un aire enrarecido que preparará nuestra
desventura eterna.
Y,
allí viene el Maestro a ofrecernos alivio a los que estamos
cansados y agobiados por nuestra propia carga prometiéndonos
que su yugo es suave y que su carga es ligera.
8.-
Resulta difícil la tarea de este cirujano, no por su falta
de destreza sino por la torpeza de nosotros.
Así
es nuestra vida, tal parececiera que muchos de nosotros daríamos
cualquier cosa por no entrar al quirófano.
Pero
aquella mujer ya ha permitido los cuidados preoperatorios, y el
médico no le engaña puesto que la situación
a causa de la gravedad se torna delicada. Lo que se busca es que
no sobrevenga la muerte.
Y
el Señor hace lo que el médico realiza ante una persona
que está al borde de la muerte: le
aplica estímulos y espera que esto le provoque una reacción.
Espera una reacción. Decir que alguien no reacciona significa
la muerte.
En
ocasiones algunos necesitamos de una bofetada simplemente, otros
un poco de agua, alguien más estímulos en nuestras
áreas reflejas, y algunos otros necesitamos electrochoques,
una descarga eléctrica para poder reaccionar.
Es
necesario que esta mujer se reconozca sedienta para que experimente
la necesidad de aquel que le ofrece el agua de la vida, un agua
que le devolverá y le mejorará la vida como para que
frecuente las horas usuales, sin que tenga miedo de encontrarse
con el rostro de nadie.
9.-
“¡En eso tienes razón: has tenido siete maridos
y el actual no es tu marido!” ¿Verdad que es éso
lo que te tiene insatisfecha? El bisturí del cirujano
le ha dejado abierta la herida no para lastimarla sino para extirpar
el tumor canceroso.
Y
entonces cae la careta y aparece de nuevo aquel rostro surcado por
las huellas de la insatisfacción. De los pliegues de la sonrisa
aflora el despliegue de la tristeza. La risa se rompe, como un cristal
que estalla con una piedra que se convierte en proyectil, y estalla
en un grito de dolor.
Pero
Cristo, nuestro médico divino, ya tiene preparados los cuidados
postoperatorios, ya tiene a la mano el medicamento, se trata de
un agua viva de cualidades insospechables: su gracia, el alimento
que a Él mismo le sostiene y aquel que El mismo nos ofrecerá...
Todo
el que beba de este pozo, volverá a tener sed; pero con el
agua que yo te daré, jamás volverás a tener
sed.
10.-
Cristo hace advertir la desproporción entre la sed del hombre
y la posibilidad de apagamiento que nos ofrecen las criaturas
No
pone acento en el límite de lo terreno, sino en la grandeza
del hombre.
No
es que sean pequeñas las alegrías humanas. Es que
el corazón del hombre ha sido fabricado grande, y todas esas
alegrías dejan un vacío enorme que está clamando
e invocando “otra cosa”, algo más grande.
Frente
a las atractivas propuestas humanas, Cristo nos manifiesta que el
hombre tiene necesidad y busca otro tipo de respuestas.
Cristo
no condena las aguas más o menos cenagosas de la tierra,
ni les quita a los hombres sus “cisternas”, sin ofrecerles
en cambio algo mejor.
RETROPARAFRASEAR
PARA RETROTRAERNOS.
Entonces
llegó una mujer de Samaria a sacar agua y Jesús le
dijo: “Dame de beber”. (Sus discípulos habían
ido al pueblo a comprar comida). La samaritana le contestó:
“¿Cómo es que tú, siendo judío,
me pides de beber a mí, que soy samaritana?” (Porque
los judíos no tratan a los samaritanos). Jesús le
dijo: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que
te pide de beber, tú le pedirías a él, y él
te daría agua viva”.
La
mujer le respondió: “Señor ni siquiera tienes
con que sacar agua y el pozo es profundo, ¿cómo vas
a darme agua viva? ¿caso eres tú más que nuestro
padre Jacob, que nos dio este pozo, del que bebieron él,
sus hijos y sus ganados?” Jesús le contestó:
“El que bebe de esta agua vuelve a tener sed. Pero el que
beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá
sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de
él en un manantial capaz de dar la vida eterna”.
1.-
“Tengo
en moneda cobre el oro de ayer cambiado” escribía Machado
haciendo alusión a una antigua canción española.
Y, esa ha sido la melodía en la vida de aquella mujer samaritana
y en la vida de muchos de nosotros.
Pero,...
por el momento, es necesario que dejémos al Médico
divino que continúe con aquella cirugía realizada
en el más extraño de los quirófanos, con los
instrumentos más inusitados y con los métodos más
inusuales.
2.-
El Cirujano Divino quiere dejarnos en claro que los bienes de esta
tierra suelen ser satisfactores, pero sólo lo son en lo momentáneo,
motivo por el cual no nos deben alejar de aquello que prevalece
para siempre y que abre nuestra vida a la eternidad. Y,
para conseguirlo, nos ofrece sus dones a cambio de sus solicitudes.
Y,
es que, cada vez que nuestro Señor deseaba hacer algo a favor
de los hombres, empezaba por pedirle al hombre un favor. No empezaba
con una represión ni con un regaño sino con una solicitud:
“Muchachos ¿Tienen algo
de comer?”, “¡Dénles ustedes
de comer!”, “¡Llenen
de agua esas tinajas!”... Y ahora, lo primero
que le dice a aquella mujer es “¡Dame!”.
Parece
ser que, más allá de la labor cooperadora de cada
hombre, el Señor nos invita en este domingo para que exista
en nosotros un verdadero vaciamiento de lo humano de tal suerte
que el factor divino pueda llenar el alma, ya que en Él lo
divino se vació a sí mismo para poder llenar lo humano.
3.-
Continuamos en el brocal del pozo de Sicar, aquella mujer iba a
buscar agua, el Señor le pide agua para beber, ella le cuestiona
sobre el agua que solicita y el Señor le promete el agua
viva, ella duda que Él la pueda ofrecer, puesto que carece
de instrumentos y al final ella misma le pide esta agua para que
nunca vuelva a la cisterna... El Señor conoce nuestro
lenguaje y nuestras necesidades: el agua acaparaba los pensamientos
de aquella mujer, y llegó a ser el común denominador
entre la solicitud y el ofrecimiento de aquel que estaba sin pecado
y una mujer marcada por el pecado. El Señor sabe utilizar
con sabiduría el marco psico-existencial del ser humano.
Se
ha encontrado con una mujer que a fuerza de abundancia se siente
insatisfecha, que a razón de los excesos se experimenta en
el vaciamiento personal, que a ejercicio de las muchas compañías
se siente profundamente sola, que a práctica de encuentros
tiene que buscar los desencuentros... No es evidentemente una vida
ejemplar. Ni tampoco una vida feliz. Ligereza, insensatez, inestabilidad,
recurrencia en el error, torpeza en las decisiones. Desilusiones
dadas y desilusiones recibidas. Lágrimas arrancadas y lágrimas
derramadas. Una mujer que tiene el recurso del agua pero que se
está muriendo de sed.
Y
el Señor se encuentra con ella, con alguien que le ha dado
tanta importancia al florero que ha descuidado la flor y que ha
provocado su muerte. Alguien que en el momento más emocionante
del concierto de su vida ha dado no una sino cinco notas fuera de
tono y ya va en la sexta, y que ha perdido la única nota
exacta, la que encierra la mayor autenticidad en nuestra vida: la
del autorespeto.
4.-
¡Dame de beber! En realidad el Señor no es el que recibe
sino el que ofrece. Ella se había equivocado pensando que
Él tenía necesidad de ella, cuando en realidad era
ella la que necesitaba de Él, aunque aparentemente era un
judío más...
En
un principio veía al hombre no al Hijo de Dios; contemplaba
al judío que interrumpe sus desencuentros y no al Dios con
nosotros; observaba al viajero cansado, pero no a aquel que es descanso
de las almas fatigadas; miraba al forastero sediento, pero no a
aquel que venía a calmar la sed de todos los hombres.
5.-
Y viene entonces la lección: todas las satisfacciones de
los deseos del cuerpo y del alma tienen un defecto: el que no satisfacen
para siempre. Los satisfactores suelen servir para amortiguar la
presente necesidad; pero no la extinguen. La necesidad
subsiste siempre. Las aguas que nos da el mundo regresan a la tierra;
pero el agua de la vida que nos ofrece el Maestro se vuelve impulso
sobrenatural y nos empuja hacia arriba, hacia el cielo mismo.
Cristo
no le quita méritos al agua del pozo de Jacob,
se limita a poner de relieve su insuficiencia. No es que sean pequeñas
las alegrías humanas. Es que el corazón humano ha
sido creado demasiado grande. El maestro nos enseña que los
sueños del hombres no deben morir al alba sino que deben
proyectarse hacia la eternidad, puesto que las realidades que nos
ofrece superan en luminosidad cualquier sueño falaz. El maestro
nos conduce a percibir esos garabatos en el lienzo de nuestra vida
y nos invita a que retomemos el trazo de nuestra obra maestra.
No
se trata de negar la virtud de aquello que Dios mismo ha creado,
sino de que las creaturas no anulen nuestra necesidad de Dios.
Si el ser humano se limita sólo a las fuentes de la felicidad
humana, nunca quedará completamente satisfecho.
6.-
Se trata de nuestra necesidad de Dios. Se trata de estar cercanos
al Señor para aprender a controlar nuestra vidas. Hacer lo
contrario, sería literalmente desperdiciarlas. ¿Te
acuerdas de la película de Papillón?
El
prisionero francés condenado a cadena perpetua en la prisión
de la Isla del Diablo, se veía conturbado por una pesadilla
recurrente. Repetidas veces soñaba que se encontraba de pie
delante de un severo tribunal,... el de su conciencia y el de aquel
sinsabor que se genera por una existencia echada a la basura.
“Se
le acusa”, le gritaban, “de llevar una vida desperdiciada.
¿Cómo se declara?”.
“Culpable,
Su Señoría”, respondía, “me declaro
culpable”.
Papillón,
el prisionero, conocía el significado de la palabra desperdicio.
Para él, desperdicio significaba dejar que su vida transcurriera
bajo el control de sus solos impulsos. Sin embargo cada uno de nosotros
somos prisioneros, cada uno a nuestra propia manera. Debemos abrirnos
paso a través de los barrotes del conformismo y de la ligereza
que hemos construido a nuestro alrededor. No debemos permitir que
nuestras vidas transcurran en una penosa marcha en círculos,
uno detrás de otro, que a su vez sigue a otro, que en última
instancia quizá no esté siguiendo.
Dios
nos ha dado la capacidad de dirigir nuestra propia vida. Hacer lo
contrario, como los Papillones podrán atestiguar, sería
simplemente un desperdicio. Pero necesitamos de Dios, puesto que
sin Él no podemos, ni tú ni yo, ni nadie.
7.-
Y este es el mecanismo de la vida cristiana: primero tenemos que
ser conscientes de la ausencia para después experimentar
la presencia, esta es la mecánica de los encuentros del Señor
con los hombres de todos los tiempos.
Los
Encuentros personales y decisivos con Jesús se han hecho
carne e historia en tantos personajes célebres del mundo
de los convertidos: Paul Claudel, Edith Stein, Gilbert Keith Chesterton,
Gabriel Marcel, Frossard, Baker... El efecto es siempre el mismo:
la transformación de una vida.
“Tener
en moneda oro el cobre de ayer cambiado”. ¡Exacto! Estoy
retroparafraseando a Machado. ¿Existe
el verbo retroparafrasear? ¿No? Pues, ¡Inventémoslo!
O, ¿por qué mejor no reinventamos nuestra vida? ¡Eso
es la conversión! Hacer de algo o de alguien una realidad
distinta.
El
cambio ya se ha iniciado desde el momento mismo en que el Maestro
quiso venir por la encarnación a sentarse en el brocal del
pozo en el Sicar de toda la humanidad.
El
Señor Jesús en realidad no predica ante todo la conversión
del hombre a Dios, eso es religión en todas partes; sino
la iniciativa de Dios a favor de los hombres y eso es cristianismo
y, ¡únicamente cristianismo! Esta es
la diferencia, no para la altivez sino para que nosotros también
vayamos al pueblo a predicar nuestro encuentro, Dios se ha convertido
al hombre, Dios ha venido al brocal del pozo: “¡Soy
yo! el que te pide de beber”. Sólo así la costra
de la herida se abrirá: “Señor, dame
de esa agua...”
Y
se inicia una conversión que se convertirá en historia
nueva, y hasta se abandonará el cántaro puesto que
ya no nos resulta necesario, tal como un día Pedro dejó
las redes y la barca, y Mateo dejó la mesa de los impuestos.
8.-
Pero, el quirófano a todos nos genera temor. El momento de
inconsciencia nos suele sumergir en la conciencia de nuestro subconsciente.
El solo pensar en el bisturí que abre los tejidos nos causa
pánico y angustia, y así acontece con nuestra conversión.
Reconocer
nuestros errores supone la valentía de mirar despacio hacia
el interior de la conciencia para ver cómo se está
viviendo, cuáles son los valores, dónde están
los ídolos. Un momento de reflexión nos lleva a la
claridad para ver dónde está nuestra falla. Sólo
después viene la mejor de las conversiones, no la de aquellos
que hemos cambiado de actividades sino la de aquellos que han cambiado
de corazón.
9.-
Y entonces la vida se dará inicio. La mujer pecadora
se convierte en templo de Dios y será invitada para que sea
una auténtica adoradora de Dios, y que lo sea en espíritu
y en verdad, sin tener que ir a Jerusalém ni a Garizim, puesto
que Dios es quien ha venido a ella.
Estoy
seguro que es esto lo que comprendió, sobre nuestro Señor,
Paul Claudel al escribir: “En
el avaro más roñoso, en lo más profundo de
una prostituta y de un borracho hay un alma inmortal, santamente
ocupada en respirar, que, excluida de día, practica la adoración
nocturna”.
En
el hombre más abominable subsiste un rincón de inocencia,
accesible únicamente a una inocencia correspondiente.
En
todo hombre hay una imagen de Dios. Con frecuencia esta imagen ha
sido saboteada, corrompida, ha sufrido daños muy grandes.
¡Retrotraigámonos! Esta palabra sí existe y
debe significar conversión.