Domingo 27 de Febrero de 2005_________Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

ENCUENTRO EN LA HORA DEL DESENCUENTRO.

“En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria, llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José. Ahí estaba el pozo de Jacob. Jesús, que venía cansado del camino, se sentó sin más en el brocal del pozo. Era cerca del mediodía.

Entonces llegó una mujer de Samaria a sacar agua y Jesús le dijo: “Dame de beber”. (Sus discípulos habían ido al pueblo a comprar comida). La samaritana le contestó: “¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?” (Porque los judíos no tratan a los samaritanos). Jesús le dijo: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva”.

La mujer le respondió: “Señor ni siquiera tienes con que sacar agua y el pozo es profundo, ¿cómo vas a darme agua viva? ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del que bebieron él, sus hijos y sus ganados?” Jesús le contestó: “El que bebe de esta agua vuelve a tener sed. Pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un manantial capaz de dar la vida eterna”.

La mujer le dijo: “Señor dame de esa agua para que no vuelva a tener sed ni tenga que venir hasta aquí a sacarla”. Él le dijo: “Ve a llamar a tu marido y vuelve”. La mujer le contestó: “No tengo marido”. Jesús le dijo: “Tienes razón en decir: “No tengo marido”. Has tenido cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad”.

La mujer le dijo: “Señor, ya veo que eres profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte y ustedes dicen que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén”. Jesús le dijo: “Créeme, mujer, que se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos. Porque la salvación viene por los judíos. Pero se acerca la hora, y ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así es como el Padre quiere que se le dé culto. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad”.

La mujer le dijo: “Ya sé que va a venir el Mesías (es decir, Cristo). Cuando venga, él nos dará razón de todo”. Jesús le dijo: “Soy yo, el que habla contigo”.

En esto llegaron los discípulos y se sorprendieron de que estuviera conversando con una mujer; sin embargo, ninguno le dijo: “¿Qué le preguntas o de qué hablas con ella?” Entonces la mujer dejó su cántaro, se fue al pueblo y comenzó a decir a la gente: “Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será éste el Mesías?” Salieron del pueblo y se pusieron en camino hacia donde él estaba.

Mientras tanto, sus discípulos le insistían: “Maestro, come”, Él les dijo: “Yo tengo por comida un alimento que ustedes no conocen”. Los discípulos comentaban entre sí: “¿Le habrá traído alguien de comer?” Jesús les dijo: “MI alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿Acaso no dicen ustedes que todavía faltan cuatro meses para la siega? Pues bien, yo les digo: Levanten los ojos y contemplen los campos, que ya están dorados para la siega. Ya el segador recibe su jornal y almacena frutos para la vida eterna. De este modo se alegran por igual el sembrador y el segador. Aquí se cumple el dicho: “Uno es el que siembra y otro es el que cosecha”. Yo les envíe a cosechar lo que no habían trabajado. Otros trabajaron y ustedes recogieron su fruto”.

Muchos samaritanos de aquel poblado creyeron en Jesús por el testimonio de la mujer: “Me dijo todo lo que he hecho”. Cuando los samaritanos llegaron a dónde él estaba, le rogaban que se quedara con ellos, y se quedó allí dos días. Muchos más creyeron en él al oír su palabra. Y decían a la mujer: “Ya no creemos por lo que tú nos has contado, pues nosotros lo hemos oído y sabemos que él es, de veras, el salvador del mundo”.

Momento 2

Momento 3

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1.-  Muy queridos amigos:

Todo parecía indicar que aquel momento en que coinciden el Nazareno y la samaritana junto al brocal del pozo era para Él un descanso y para ella un momento de trabajo. Mientras que para Él parecía ser aquel brocal un lugar idóneo para detenerse en su desplazamiento y para ella un lugar al que hay que apresurarse para evitar cualquier rostro conocido, en realidad aquel estar frente a frente el uno del otro sería uno de los encuentros más privilegiados que transforman la vida de cualquier persona.

Y es que, el Encuentro es nuestra vocación y la vocación de todo hombre, y al mismo tiempo es nuestro destino y la meta de todo ser humano.

2.- Hablemos hoy sobre los encuentros, aunque estos, tenemos que decirlo, ya se habían iniciado en este camino de nuestra cuaresma.

Desde el primer domingo cuaresmal, meditábamos sobre aquel encuentro que se realizó después de miles de milenios de años entre Dios y el Demonio en el desierto. Allí fue donde Jesús nos enseñó a tener en el encuentro con el Padre la fuerza que necesitamos para vencer en el combate con las tentaciones de la muerte y para salir avantes en las pruebas de la vida.

Y así también el domingo pasado, ¿tú te acuerdas?... El Señor nos invitaba en la escena de la tansfiguración para que no perdiéramos el sentido de la vida olvidando que nuestro tiempo es efímero e inexorable y que nuestra vida debe entenderse como un encuentro con nuestros seres queridos, al mismo tiempo que nos invitaba a tener tiempo para subir a la montaña y tener un Encuentro con Dios para que nos posibilite vencer en las batallas de los valles.

3.- Y ahora, un nuevo encuentro..., el momento de mayor dicha para aquella mujer marcada por la señal de la desdicha. Un encuentro con quien favorecía el desencuentro.

El camino que lleva del sur al norte, de Judea a Galilea, de Jerusalén a Nazareth tiene que pasar a fuerza por las tierras de Samaria, una travesía que era poco agradable para los judíos, los cuales evitaban esto yéndose por Perea aunque con ello dieran un enorme rodeo. Esto no les importaba.

La razón por la que evitaban Samaria se ubicaba en aquellos conflictos ancestrales iniciados desde la separación histórica y política de los reinos del norte y del sur a la muerte de Salomón, continuándola con aquella alianza que pactaron los del reino del Norte, cuya capital política era Samaria, con los Asirios para favorecer la destrucción de Jesusalén en tiempos del destierro,... y ahora habían venido muy a menos en lo económico. Razones humanamente comprensibles para el desprecio. Más aún los judíos veían a los Samaritanos como unos mestizos a causa de las mezclas que permitieron con los habitantes de Siria y de Asiria, la “gran Babilonia”. El judío tenía demasiados resentimientos por los cuales le llamaba al samaritano con un apelativo de desprecio: “perro apestoso”

El judío veía en ellos al traidor, al idólatra, a un israelita espúreo. Se habían separado las doce tribus y los samaritanos se quedaron sólo con la primera parte del Antiguo Testamento, principalmente con el Pentateuco y algunos libros proféticos principalmente escritos por aquellos profetas que fueron conocidos como los profetas del Reino de Norte.

Al separarse del tronco de David los samaritanos nunca cifraron su esperanza religiosa en la llegada de un Mesías Rey, o proveniente del tronco de David, sino que ellos esperaban a un Mesías con cualidades especialmente ligadas a sus libros que aceptaban,... esperaban a un Mesías que fuera profeta. Mientras tanto, después de haber construido santuarios en Dan y Betel, ahora ellos celebraban el culto a Dios en el Monte Garizim.

4.- Era tanto el odio que les tenían los judíos que evitaban ponunciar la palabra samaritano, esta es la razón por la que aquel escriba que le preguntó al Señor sobre quién es el prójimo, al recibir la respuesta de Jesús mediante la parábola del Buen Samaritano, a pregunta expresa del Señor sobre quién fue el prójimo del hombre golpeado por los salteadores, él le respondió con un circunloquio, es decir con un rodeo verbal: me supongo que “aquel que tuvo compasión de él”, el escriba no iba a decir que “un samaritano”...¡Ellos son perros apestosos!

Y, todo este mi propio rodeo conceptual, te puede ayudar a disponerte para la escena de este encuentro en el lugar del desencuentro.

Los judíos evitaban el encuentro con los samaritanos yéndose por Perea, pero nuestro Señor no lo hizo así.

El Señor no evita el encuentro con aquellas personas, con aquellas tierras, con aquella mujer. Jesucristo es el hacedor de todas las tierras, de todos los mundos y de todos los hombres, para Él no existen las distancias y por lo tanto no existen los distantes.

5.- Y aquella mujer, miembro de un pueblo que era evitado, evitaba también a los de su pueblo.

Aquella hora es incómoda, era el mediodía en el medio oriente, ¿sabes lo que esto significa? El sol estaba en el meridiano durante la travesía del Señor por el desierto de Samaria. Hace demasiado calor. Después de un largo viaje, Jesús se encuentra realmente cansado. Y tiene realmente sed. El Señor se sienta en el brocal de aquel pozo.

Y en eso se acerca aquella mujer “incómoda” a una hora demasiado incómoda. -¡Dame de beber!- Le dice el Señor a aquella mujer.

La verdad histórica y la verdad lógica nos dice que era muy poco frecuente que una mujer oriental fuera a aquella hora de tanto calor a buscar agua. ¿Por qué mejor no a otra hora? ¿A las nueve de la mañana o a las seis de la tarde?,... Pero, ¿a pleno mediodía en el desierto? Y aquella era una hora favorecida por aquella mujer, el mediodía era la hora en que menos complicaciones podía tener. Era una hora en que no tenía que ver los rostros de aquellos que se burlaban por su estilo de vida. A esa hora todo mundo estaba metido en su casa.

6.- Ella buscaba el horario más inverosímil para evitar los encuentros, y ahora allí estaba aquel judío sentado en el brocal del pozo. No había confusión, sus rasgos le delataban. Sin duda, era igual que los demás judíos: presuntuoso y ofensivo, y cuánto más con ella: una mujer y que llevaba una vida poco imitable,... ¿por qué tenía que estar allí sentado cuando el sol está castigando el cráneo de los transeúntes?

Y aquella mujer evitando los encuentros tuvo el mejor de los encuentros. Le pasó como a Zaqueo: el Señor encontró a Zaqueo no Zaqueo a Él; e igual que a san Pablo: Jesús a quién perseguía le salió al encuentro en el camino a Damasco.

Y con el encuentro sobreviene el cambio en la vida: el divino médico encontró un corazón enfermo y rápido se apresta a ofrecerle cuidados quirúrgicos. Se trata de una mujer sedienta que trae el alma hecha jirones.

El divino cirujano ya tiene lista el agua viva para lavar aquellas heridas.

 

CUANDO EL CANSANCIO NOS DESCANSA.

“En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria, llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José. Ahí estaba el pozo de Jacob. Jesús, que venía cansado del camino, se sentó sin más en el brocal del pozo. Era cerca del mediodía.

Entonces llegó una mujer de Samaria a sacar agua y Jesús le dijo: “Dame de beber”.

1.-Muy queridos amigos:

El Evangelio de hoy es la narrativa de la humanidad, nuestra propia historia.

2.- ¿Sabes? Yo siempre había pensado que el hombre de nuestro tiempo solía enfrentar tan sólo cuatro tipos de cansancio y, la verdad es que el día de hoy, el Señor me ha hecho contemplar un quinto tipo de cansancio que poco suele considerarse.

¿Cuáles son esas cuatro causas de cansancio y cuál es la quinta?

3.- Primero las primeras cuatro.

La primera de las cuatro se vive, sin duda, cuando existen cargas excesivas en alguien. Es decir, cuando a una persona se le delegan o bien asume demasiadas responsabilidades. Puede tener demasiadas cualidades, pero el cansancio en éste caso surge a causa del exceso y lo vivimos muchos de nosotros que no dimensionamos ni nuestras fuerzas ni lo que realmente es valioso en nuestra vida, aunque también lo sufren aquellos que de pronto se han quedado sólos al frente de su embarcación porque su cónyuge emprendió la graciosa huída.

El segundo tipo de las cuatro expresiones de cansancio consabidas suele sobrevenir a causa de las cargas prematuras, se trata de una persona que evidentemente no tiene excesos en sus responsabilidades, sin embargo, todavía no es tiempo de que se descarguen sobre sus frágiles hombros tantas responsabilidades, y sobreviene el cansancio provocado por la antelación de responsabilidades no correspondientes con la etapa de la vida. Tantos de nuestros niños tienen que ejercitarse en los roles paternos cuando el progenitor ha muerto, o cuando ha querido pasarse de vivo.

Y llega un tercer tipo de cansancios lastimosamente generalizado, y que se experimenta cuando hay ausencia de una motivación emergente en la negación de una palabra o actitud de reconocimiento por lo que el otro nos ofrece. Las cargas podrían no ser excesivas o serlo, en el rol del tiempo no hay apresuramientos o aunque lo hubiera, aunque tengo que decirlo que generalmente se trata de trabajos cotidianos pero, por desgracia, se sobrepone la ausencia de palabras de aliento y de reconocimiento. Tantos padres de familia que han dado lo mejor de ellos y que les bastaría un “simple” gracias como para que retomaran la vitalidad y en un nuevo esfuerzo continuarían ofreciendo lo mejor de ellos, pero,... en los glosarios de nuestra vida esas palabras han desaparecido y somos maleducados.

Por último, en este primer paquete viene el cansancio que se genera en la intensidad o en la acumulación de nuestras jornadas iniciadas. Cansancio que exige detenerse en la vida para tomar un respiro tal como el Señor lo hace al llegar a Sicar y sentarse junto al brocal del pozo... Un respiro y un alto en la vida que no sabe tomar el hombre de hoy en día sumergido en una actividad deshumanizada tal y como lo describía Wayne E. Oates: "El esclavo del trabajo desaparece de la comunidad humana... come, bebe y duerme su profesión. Se despierta a una hora fija, en la oficina se muestra cruel en sus propias exigencias para una realización perfecta... Al regresar al hogar, se va enseguida de cabeza en busca de su estudio o taller con el fin de aprovechar al máximo las restantes horas del día."

¿Realidad o ficción? Friedrich Nietzsche afirmaba que quien no dispusiera al menos de dos horas para sí mismo en el día activo, es un esclavo, y que quien no disponga de cuatro para ayudar al hermano no está liberado.

4.- Pero bueno,... dejemos atrás el paquete de cuatro cansancios clásicos e ingresemos a un quinto tipo de cansancio,... ¡Exacto! ¿Cómo sabes? Se trata del cansancio que vivía aquella mujer de Samaria y el que vivimos todos nosotros cuando cargamos sobre nuestras espaldas los efectos de tantos errores en nuestra vida.

Se trata de otro tipo de cansancio, que se genera en el egoísmo de aquellas personas que no han aprendido a jerarquizar los valores de la vida. Se trata de aquellos que nunca verán saciada su ambición de tener, de poder y de placer, y que esto un día le llevará a vivir ese cansancio que provoca la soledad.

En la actualidad nos ha tocado presenciar la paradoja de la humanidad: las soledades compartidas. Hoy la vida solitaria se ha vuelto abundante en los encuentros efímeros y ocasionales, así ha sucedido en esta historia que nos encontramos el día de hoy.

5.- Y esta mujer cansada se encuentra con el Señor Jesús que venía cansado por su tavesía. Cristo estaba cansado en su trabajo no de su trabajo. ¡Ah, el cansancio del Señor que hará descansar a aquella mujer de Samaria! ¿Te acuerdas de otros pasajes de cansancio? ¿precisamente con mujeres?...

Nuevamente,... ¡Exacto! Se trata de dos de las mayores conversiones que obró el Señor precisamente con dos mujeres, una en la persona de la siriofenicia y ahora con esta mujer samaritana, fueron hechas cuando el Maestro estaba cansado. Digamos que cuando humanamente menos idóneo parecía estar el Rabí para las cosas de su Padre, Él las seguía realizando eficazmente como siempre. Y es que el corazón cuando está bien dispuesto sabe crear siempre las propias oportunidades, y esto lo tenemos que aprender nosotros.

6.- Pero, debe llamarnos la atención su pedagogía: Allí estaba el Dios que es dueño de todos y de todo pidiéndole al ser humano que le comparta aquello que él le ha dado y que le pertenece en su totalidad. Ahí está el “divino menesteroso” ahora como el “omnipotente cansado” ¡qué contradicción!

Se trata de Cristo, nuestro Señor, que nos sigue pidiendo algo: ya pidió un pesebre, un lugar en la posada, una barca; ya pedirá un asno, un lugar para morir, una habitación para la pascua. Y ahora a la samaritana le está pidiendo un vaso de agua. Pero, esto no es más que una táctica, un bello recurso utilizado sabiamente por un menesteroso que es divino y por aquel ser omnipotente en su cansancio, ya que después el solicitante se convertirá en donante y el que viene cansado le ofrecerá el descanso a aquella dama. El gran bien que le aguardaba a aquella mujer era algo desconocido por ella y por todos.

Pero, lo anterior sólo se lo podrá ofrecer, ¡así lo quiso hacer en su respeto por nuestra libertad!, en el momento en que aquella mujer se reconozca con el cansancio de su alma... El médico divino tiene aprestados sus instrumentales quirúrgicos y únicamente falta el autoreconocimiento de parte de aquella mujer enferma.

7.- Así es en la vida del cristiano, lo primero es el reconocimiento de la propia enfermedad, aunque esto parezca una terapia poco alentadora, lo verdaderamente desalentador será nuestra muerte sí no le dejamos al cirujano que se apresta a utilizar su instrumental.

Pero me temo, que en aquella mujer y en cada uno de nosotros no se trata de una epidermis sino de una enfermedad grave y delicada. Impostergable es la cirugía, a menos que aquella mujer enferma se quiera regresar a agonizar en su habitación oscurecida y respirando interminablemente un aire enrarecido que preparará nuestra desventura eterna.

Y, allí viene el Maestro a ofrecernos alivio a los que estamos cansados y agobiados por nuestra propia carga prometiéndonos que su yugo es suave y que su carga es ligera.

8.- Resulta difícil la tarea de este cirujano, no por su falta de destreza sino por la torpeza de nosotros.

Así es nuestra vida, tal parececiera que muchos de nosotros daríamos cualquier cosa por no entrar al quirófano.

Pero aquella mujer ya ha permitido los cuidados preoperatorios, y el médico no le engaña puesto que la situación a causa de la gravedad se torna delicada. Lo que se busca es que no sobrevenga la muerte.

Y el Señor hace lo que el médico realiza ante una persona que está al borde de la muerte: le aplica estímulos y espera que esto le provoque una reacción. Espera una reacción. Decir que alguien no reacciona significa la muerte.

En ocasiones algunos necesitamos de una bofetada simplemente, otros un poco de agua, alguien más estímulos en nuestras áreas reflejas, y algunos otros necesitamos electrochoques, una descarga eléctrica para poder reaccionar.

Es necesario que esta mujer se reconozca sedienta para que experimente la necesidad de aquel que le ofrece el agua de la vida, un agua que le devolverá y le mejorará la vida como para que frecuente las horas usuales, sin que tenga miedo de encontrarse con el rostro de nadie.

9.- “¡En eso tienes razón: has tenido siete maridos y el actual no es tu marido!” ¿Verdad que es éso lo que te tiene insatisfecha? El bisturí del cirujano le ha dejado abierta la herida no para lastimarla sino para extirpar el tumor canceroso.

Y entonces cae la careta y aparece de nuevo aquel rostro surcado por las huellas de la insatisfacción. De los pliegues de la sonrisa aflora el despliegue de la tristeza. La risa se rompe, como un cristal que estalla con una piedra que se convierte en proyectil, y estalla en un grito de dolor.

Pero Cristo, nuestro médico divino, ya tiene preparados los cuidados postoperatorios, ya tiene a la mano el medicamento, se trata de un agua viva de cualidades insospechables: su gracia, el alimento que a Él mismo le sostiene y aquel que El mismo nos ofrecerá...

Todo el que beba de este pozo, volverá a tener sed; pero con el agua que yo te daré, jamás volverás a tener sed.

10.- Cristo hace advertir la desproporción entre la sed del hombre y la posibilidad de apagamiento que nos ofrecen las criaturas

No pone acento en el límite de lo terreno, sino en la grandeza del hombre.

No es que sean pequeñas las alegrías humanas. Es que el corazón del hombre ha sido fabricado grande, y todas esas alegrías dejan un vacío enorme que está clamando e invocando “otra cosa”, algo más grande.

Frente a las atractivas propuestas humanas, Cristo nos manifiesta que el hombre tiene necesidad y busca otro tipo de respuestas.

Cristo no condena las aguas más o menos cenagosas de la tierra, ni les quita a los hombres sus “cisternas”, sin ofrecerles en cambio algo mejor.


RETROPARAFRASEAR PARA RETROTRAERNOS.

Entonces llegó una mujer de Samaria a sacar agua y Jesús le dijo: “Dame de beber”. (Sus discípulos habían ido al pueblo a comprar comida). La samaritana le contestó: “¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?” (Porque los judíos no tratan a los samaritanos). Jesús le dijo: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva”.

La mujer le respondió: “Señor ni siquiera tienes con que sacar agua y el pozo es profundo, ¿cómo vas a darme agua viva? ¿caso eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del que bebieron él, sus hijos y sus ganados?” Jesús le contestó: “El que bebe de esta agua vuelve a tener sed. Pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un manantial capaz de dar la vida eterna”.

1.-  “Tengo en moneda cobre el oro de ayer cambiado” escribía Machado haciendo alusión a una antigua canción española. Y, esa ha sido la melodía en la vida de aquella mujer samaritana y en la vida de muchos de nosotros.

Pero,... por el momento, es necesario que dejémos al Médico divino que continúe con aquella cirugía realizada en el más extraño de los quirófanos, con los instrumentos más inusitados y con los métodos más inusuales.

2.- El Cirujano Divino quiere dejarnos en claro que los bienes de esta tierra suelen ser satisfactores, pero sólo lo son en lo momentáneo, motivo por el cual no nos deben alejar de aquello que prevalece para siempre y que abre nuestra vida a la eternidad. Y, para conseguirlo, nos ofrece sus dones a cambio de sus solicitudes.

Y, es que, cada vez que nuestro Señor deseaba hacer algo a favor de los hombres, empezaba por pedirle al hombre un favor. No empezaba con una represión ni con un regaño sino con una solicitud: “Muchachos ¿Tienen algo de comer?”, “¡Dénles ustedes de comer!”, “¡Llenen de agua esas tinajas!”... Y ahora, lo primero que le dice a aquella mujer es “¡Dame!”.

Parece ser que, más allá de la labor cooperadora de cada hombre, el Señor nos invita en este domingo para que exista en nosotros un verdadero vaciamiento de lo humano de tal suerte que el factor divino pueda llenar el alma, ya que en Él lo divino se vació a sí mismo para poder llenar lo humano.

3.- Continuamos en el brocal del pozo de Sicar, aquella mujer iba a buscar agua, el Señor le pide agua para beber, ella le cuestiona sobre el agua que solicita y el Señor le promete el agua viva, ella duda que Él la pueda ofrecer, puesto que carece de instrumentos y al final ella misma le pide esta agua para que nunca vuelva a la cisterna... El Señor conoce nuestro lenguaje y nuestras necesidades: el agua acaparaba los pensamientos de aquella mujer, y llegó a ser el común denominador entre la solicitud y el ofrecimiento de aquel que estaba sin pecado y una mujer marcada por el pecado. El Señor sabe utilizar con sabiduría el marco psico-existencial del ser humano.

Se ha encontrado con una mujer que a fuerza de abundancia se siente insatisfecha, que a razón de los excesos se experimenta en el vaciamiento personal, que a ejercicio de las muchas compañías se siente profundamente sola, que a práctica de encuentros tiene que buscar los desencuentros... No es evidentemente una vida ejemplar. Ni tampoco una vida feliz. Ligereza, insensatez, inestabilidad, recurrencia en el error, torpeza en las decisiones. Desilusiones dadas y desilusiones recibidas. Lágrimas arrancadas y lágrimas derramadas. Una mujer que tiene el recurso del agua pero que se está muriendo de sed.

Y el Señor se encuentra con ella, con alguien que le ha dado tanta importancia al florero que ha descuidado la flor y que ha provocado su muerte. Alguien que en el momento más emocionante del concierto de su vida ha dado no una sino cinco notas fuera de tono y ya va en la sexta, y que ha perdido la única nota exacta, la que encierra la mayor autenticidad en nuestra vida: la del autorespeto.

4.- ¡Dame de beber! En realidad el Señor no es el que recibe sino el que ofrece. Ella se había equivocado pensando que Él tenía necesidad de ella, cuando en realidad era ella la que necesitaba de Él, aunque aparentemente era un judío más...

En un principio veía al hombre no al Hijo de Dios; contemplaba al judío que interrumpe sus desencuentros y no al Dios con nosotros; observaba al viajero cansado, pero no a aquel que es descanso de las almas fatigadas; miraba al forastero sediento, pero no a aquel que venía a calmar la sed de todos los hombres.

5.- Y viene entonces la lección: todas las satisfacciones de los deseos del cuerpo y del alma tienen un defecto: el que no satisfacen para siempre. Los satisfactores suelen servir para amortiguar la presente necesidad; pero no la extinguen. La necesidad subsiste siempre. Las aguas que nos da el mundo regresan a la tierra; pero el agua de la vida que nos ofrece el Maestro se vuelve impulso sobrenatural y nos empuja hacia arriba, hacia el cielo mismo.

Cristo no le quita méritos al agua del pozo de Jacob, se limita a poner de relieve su insuficiencia. No es que sean pequeñas las alegrías humanas. Es que el corazón humano ha sido creado demasiado grande. El maestro nos enseña que los sueños del hombres no deben morir al alba sino que deben proyectarse hacia la eternidad, puesto que las realidades que nos ofrece superan en luminosidad cualquier sueño falaz. El maestro nos conduce a percibir esos garabatos en el lienzo de nuestra vida y nos invita a que retomemos el trazo de nuestra obra maestra.

No se trata de negar la virtud de aquello que Dios mismo ha creado, sino de que las creaturas no anulen nuestra necesidad de Dios. Si el ser humano se limita sólo a las fuentes de la felicidad humana, nunca quedará completamente satisfecho.

6.- Se trata de nuestra necesidad de Dios. Se trata de estar cercanos al Señor para aprender a controlar nuestra vidas. Hacer lo contrario, sería literalmente desperdiciarlas. ¿Te acuerdas de la película de Papillón?

El prisionero francés condenado a cadena perpetua en la prisión de la Isla del Diablo, se veía conturbado por una pesadilla recurrente. Repetidas veces soñaba que se encontraba de pie delante de un severo tribunal,... el de su conciencia y el de aquel sinsabor que se genera por una existencia echada a la basura.

“Se le acusa”, le gritaban, “de llevar una vida desperdiciada. ¿Cómo se declara?”.

“Culpable, Su Señoría”, respondía, “me declaro culpable”.

Papillón, el prisionero, conocía el significado de la palabra desperdicio. Para él, desperdicio significaba dejar que su vida transcurriera bajo el control de sus solos impulsos. Sin embargo cada uno de nosotros somos prisioneros, cada uno a nuestra propia manera. Debemos abrirnos paso a través de los barrotes del conformismo y de la ligereza que hemos construido a nuestro alrededor. No debemos permitir que nuestras vidas transcurran en una penosa marcha en círculos, uno detrás de otro, que a su vez sigue a otro, que en última instancia quizá no esté siguiendo.

Dios nos ha dado la capacidad de dirigir nuestra propia vida. Hacer lo contrario, como los Papillones podrán atestiguar, sería simplemente un desperdicio. Pero necesitamos de Dios, puesto que sin Él no podemos, ni tú ni yo, ni nadie.

7.- Y este es el mecanismo de la vida cristiana: primero tenemos que ser conscientes de la ausencia para después experimentar la presencia, esta es la mecánica de los encuentros del Señor con los hombres de todos los tiempos.

Los Encuentros personales y decisivos con Jesús se han hecho carne e historia en tantos personajes célebres del mundo de los convertidos: Paul Claudel, Edith Stein, Gilbert Keith Chesterton, Gabriel Marcel, Frossard, Baker... El efecto es siempre el mismo: la transformación de una vida.

“Tener en moneda oro el cobre de ayer cambiado”. ¡Exacto! Estoy retroparafraseando a Machado. ¿Existe el verbo retroparafrasear? ¿No? Pues, ¡Inventémoslo! O, ¿por qué mejor no reinventamos nuestra vida? ¡Eso es la conversión! Hacer de algo o de alguien una realidad distinta.

El cambio ya se ha iniciado desde el momento mismo en que el Maestro quiso venir por la encarnación a sentarse en el brocal del pozo en el Sicar de toda la humanidad.

El Señor Jesús en realidad no predica ante todo la conversión del hombre a Dios, eso es religión en todas partes; sino la iniciativa de Dios a favor de los hombres y eso es cristianismo y, ¡únicamente cristianismo! Esta es la diferencia, no para la altivez sino para que nosotros también vayamos al pueblo a predicar nuestro encuentro, Dios se ha convertido al hombre, Dios ha venido al brocal del pozo: “¡Soy yo! el que te pide de beber”. Sólo así la costra de la herida se abrirá: “Señor, dame de esa agua...”

Y se inicia una conversión que se convertirá en historia nueva, y hasta se abandonará el cántaro puesto que ya no nos resulta necesario, tal como un día Pedro dejó las redes y la barca, y Mateo dejó la mesa de los impuestos.

8.- Pero, el quirófano a todos nos genera temor. El momento de inconsciencia nos suele sumergir en la conciencia de nuestro subconsciente. El solo pensar en el bisturí que abre los tejidos nos causa pánico y angustia, y así acontece con nuestra conversión.

Reconocer nuestros errores supone la valentía de mirar despacio hacia el interior de la conciencia para ver cómo se está viviendo, cuáles son los valores, dónde están los ídolos. Un momento de reflexión nos lleva a la claridad para ver dónde está nuestra falla. Sólo después viene la mejor de las conversiones, no la de aquellos que hemos cambiado de actividades sino la de aquellos que han cambiado de corazón.

9.- Y entonces la vida se dará inicio. La mujer pecadora se convierte en templo de Dios y será invitada para que sea una auténtica adoradora de Dios, y que lo sea en espíritu y en verdad, sin tener que ir a Jerusalém ni a Garizim, puesto que Dios es quien ha venido a ella.

Estoy seguro que es esto lo que comprendió, sobre nuestro Señor, Paul Claudel al escribir: “En el avaro más roñoso, en lo más profundo de una prostituta y de un borracho hay un alma inmortal, santamente ocupada en respirar, que, excluida de día, practica la adoración nocturna”.

En el hombre más abominable subsiste un rincón de inocencia, accesible únicamente a una inocencia correspondiente.

En todo hombre hay una imagen de Dios. Con frecuencia esta imagen ha sido saboteada, corrompida, ha sufrido daños muy grandes. ¡Retrotraigámonos! Esta palabra sí existe y debe significar conversión.

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