Domingo 10 de Julio de 2005_________Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

CONTINGENCIA AMBIENTAL.

“Un día salió Jesús de la casa donde se hospedaba y se sentó a la orilla del mar. Se reunió en torno suyo tanta gente, que Él se vio obligado a subir a una barca, donde se sentó, mientras la gente permanecía en la orilla. Entonces Jesús les habló de muchas cosas en parábolas y les dijo:

Una vez salió un sembrador a sembrar, y al ir arrojando la semilla, unos granos cayeron a lo largo del camino; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros granos cayeron en terreno pedregoso, que tenía poca tierra; ahí germinaron pronto, porque la tierra no era gruesa; pero cuando subió el sol, los brotes se marchitaron, y como no tenía raíces, se secaron. Otros cayeron entre espinos, y cuando los espinos crecieron, sofocaron las plantitas. Otros granos cayeron en tierra buena y dieron fruto: unos, ciento por uno; otros, sesenta; y otros, treinta. El que tenga oídos para oír, que oiga”.

Momento 2

Momento 3

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1.- Muy queridos amigos:

Cuando al escuchar el texto anterior de la Palabra de Dios solemos inmediatamente identificar dos factores como los importantes para una cosecha congruente: una buena semilla y una buena tierra.

Sin embargo, esta tarde, a la luz de la Palabra de Dios, quisiera invitarte para que percibas el cómo en la buena cosecha de Dios son necesarios no dos sino tres factores: Una buena Semilla, Una buena Tierra y un favorable Medio Ambiente. Estos tres elementos nos ayudan para que podamos dar abundantes frutos. Hablemos sobre cada uno de ellos.

2.- En primer lugar, para obtener una cosecha abundante, nos hace falta una buena Semilla: En la dinámica del Reino de los Cielos la Semilla es la Palabra de Dios, y su calidad es inmejorable. La Palabra de Dios es creadora y recreadora. La Palabra de Dios tiene esa fuerza interna que sana y que vivifica. La Palabra de Dios tiene un dinamismo liberador y plenificante.

Sin embargo, esa buena semilla de vida verdadera tiene necesidad de otros dos factores, para mostrar su virtud.

3.- Y es aquí, en donde tenemos que hablar de un segundo elemento: la buena tierra. Existe la mala tierra, existimos aquellos que lejos de asimilar y trabajar nuestras cualidades sólo causamos tristeza y destrucción.

Hay algo, que en alguna parte de nosotros, funciona mal. Somos tantas las personas inútiles, aquellos que como tierras labrantías necesitamos de la labor del disco del arado para que parta en dos nuestras mediocridades, nuestra pasividad, nuestras tibiezas y nuestro egoísmo.

No nos gustan los sacrificios y, olvidamos que sólo mediante la violencia se puede barbechar la tierra y disponerla para la siembra.

Muchos de nosotros, somos no esa tierra mal dispuesta sino esos desolados desiertos en los que solamente existe aridez y muerte.

La aridez de nuestros desiertos no es solamente una cuestión ambiental, sino una pobre propiedad de nuestra composición. ¡Vamos!, te lo voy a explicar de otra manera.

Daniel Garric escribió en 1987, un artículo en LE POINT de Francia sobre el desierto y afirmaba: “La verdadera razón de que el desierto esté seco no estriba en la escasez de la lluvia, sino porque la arena no retiene el agua”. El se apoyaba en las investigaciones de una empresa británica: Chemical Discoveries.

Es tiempo, de que revises la textura de esa tierra a la que Dios le envía continuamente la lluvia de su bondad.

4.- Amables amigos:

Considero que en los campos del Señor hay de todo. Sin embargo, considero que la tierra de aquellos que me escuchan tiene buenas cualidades. Estoy convencido de que este domingo le hablo, a través de este magnífico medio, a terrenos dispuestos y, que por eso, buscan escuchar enseñanzas sobre el Señor.

No creo, estarles hablando a terrenos pedregosos o llenos de maleza. No creo que tú que me escuchas seas esa superficie dura en la que la semilla no penetra. Más aún, creo que les hablo a terrenos que no son para producir el 30 o el 60 %, sino que son una tierra selecta que puede producir el 100 % de buenos frutos.

Creo que cada uno de nosotros somos esa buena tierra a la que solamente le falta arreglarla un poco. A la que, posiblemente le falte la acción efectiva del Espíritu Santo.

Creo que todos nosotros, los de más edad y los de menos edad, los hombres y las mujeres, los ancianos y los niños, los más sofisticados y los más sencillos, somos esa buena tierra en la que Dios deposita su Buena Semilla esperando levantar una buena cosecha

Creo, así mismo, que cuando al Espíritu Santo se le compara con la imagen del agua es para aleccionarnos sobre aquello que nos vuelve fecundos en frutos de eternidad.

Creo en la recreación por obra del Espíritu Santo, tal como lo dice el Salmo 104: ¡Envía, Señor tu Espíritu! Y renovarás la faz de la tierra

Creo firmemente que, así como la tierra árida no da fruto si no recibe el agua, así también nosotros, que éramos antes como una tierra árida, nunca hubiéramos dado el fruto de vida sin esta gratuita lluvia que viene de lo alto. Creo, que aunque fuéramos comparables con el desierto, Dios tiene el poder hasta para hacer salir agua de nuestra roca.

5.- Sin embargo, no debo hacer a un lado en mi reflexión una referencia al tercer factor: el Medio Ambiente. Hoy quisiera hacer hincapié en este elemento, quisiera hablar de una Ecología de la Ética más que de una Ética Ecológica.

Les quiero hablar más que de una Ética del medio ambiente sobre el Medio Ambiente de la Ética.

Cuando el Medio Ambiente es adverso, poco puede hacer la Semilla por mejor que fuera y poco puede hacerse en un buen terreno.

En la actualidad, sabemos que nuestro Medio Ambiente está alterado, que lo hemos alterado: la contaminación del aire y del agua, las pruebas nucleares, los elementos químicos en el campo y en los alimentos. Los gases contaminantes liberados en la atmósfera, por algunos artículos y enseres de uso doméstico e industrial provocan erosiones, la lluvia ácida, esos nuevos acomodos ecológicos en el ritmo climático.

Hoy, los especialistas hablan de Ecocidio y, nos invitan a adaptarnos a los cambios ambientales. Hablan de una nueva etapa ambiental.

6.- Sin embargo, es tiempo de que apliquemos la Parábola a nuestra vida: Existe una Buena Semilla, es la Palabra de Dios, creo que en nosotros existe una buena tierra para producir el 100 %. Pero creo que nuestro Medio Ambiente es adverso.

Tú sales de nuestros templos parroquiales con los mejores propósitos, pero cuando estás en la calle, o llegas a tu casa, a las aulas, a la oficina o llegas a tus círculos de amistades, te encuentras con un ambiente nocivo para que la Palabra de Dios, la mejor Semilla, pueda producir buenos frutos. Y nuestros buenos deseos se quedan en buenos propósitos.

Tampoco podemos aislarnos, como es la tendencia de algunos de los que nos llamamos cristianos. Puesto que Cristo nos ha dicho que nosotros debemos ser sal para la tierra y luz para el mundo.

7.- Amigos, nuestro Medio Ambiente necesita higiene: en la calle y en algunos lugares de diversión aparece como una especie de lluvia ácida la pornografía, la violencia, el alcoholismo y la drogadicción.

¡Tu Medio Ambiente necesita higiene! En algunos planteles educativos, tú vas con la mejor disposición de estudiar y te encuentras con un ambiente adverso. Pulula, como verdadera inversión térmica, la mediocridad, el soborno, el ausentismo y el engaño.

¡Tu Medio Ambiente necesita higiene! En algunos círculos laborales aparecen mares contaminados, son lugares en donde se fomenta la injusticia, la infidelidad, en donde existen los dobles frentes y la doble moral, en donde en las fiestas antes se contrataba una orquesta para amenizar y ahora utilizan los servicios de algunas bailarinas convirtiéndose en ambientes dionisíacos, verdaderos bacanales. Los habitantes de Sodoma y Gomorra se hubieran asustado.

¿No te parece extraño y contradictorio, el que, para que haya una reunión de trabajo se tenga que ir a un centro de prostitución?

¡Tu Medio Ambiente necesita higiene! En nuestros mismos hogares existe contingencia ambiental por el odio y los rencores, por la apatía o porque algunos no nos interesamos de cumplir nuestras obligaciones. La persona prefiere no estar en la casa, los hijos se la pasan en otros hogares, la madre se la pasa con sus amigas un buen tiempo del día, el esposo le da 2 vueltas a la manzana en el coche antes de decidir llegar a su casa.

¡Tu Medio Ambiente necesita higiene! No puedo creer que algunas fiestas para despedir a la soltera o al soltero, se tenga que traer un Show de Trasvestistas o una bailarinas o bailarines.

No soy pesimista, creo en la bondad del hombre pero creo que el hombre ha viciado su medio ambiente y no sabe como descontaminarlo.

¡Hace falta higiene ambiental! Al igual que en el ámbito físico hace falta sanear nuestro Medio Ambiente vital, al igual que en lo físico podríamos denunciar nuestra incapacidad de transformar estructuras de pecado.

Sé, que nosotros no podemos hacerlo todo, pero sí podemos hacer algo, y es de eso de lo que Dios nos pedirá cuentas a ti y a mí. Nos toca tomar acciones personales o familiares, que sean capaces de limpiar el entorno más cercano, mi esfera existencial.

Empieza por lo más cercano, inicia con acciones concretas.

Si tú y yo, y si todos los que estamos en este ejercicio de comunicación este domingo 10 de julio nos damos a la tarea de barrer la acera de nuestras casas, las cosas pueden mejorar en nuestra sociedad.

 

 

EL SEMBRADOR DE LA EDUCACIÓN.

“Un día salió Jesús de la casa donde se hospedaba y se sentó a la orilla del mar. Se reunió en torno suyo tanta gente, que él se vio obligado a subir a una barca, donde se sentó, mientras la gente permanecía en la orilla. Entonces Jesús les habló de muchas cosas en parábolas y les dijo:

Una vez salió un sembrador a sembrar,...

 

1.- Esta tarde le quiero enviar un saludo a mi hermana María del Rosario, quien el próximo viernes que 15 de Julio, Dios mediante, cumplirá años de vida.

“Una vez salió un sembrador a sembrar, y al ir arrojando la semilla, unos granos cayeron a lo largo del camino;...”

2.- Muy queridos amigos:

Al encontrarme este domingo con la parábola del sembrador, no quiero perder la oportunidad de invitarles a reflexionar, sobre la necesidad que tenemos de darles una buena educación a aquellos que Dios nos ha confiado.

La presente aplicación de la Palabra de Dios, no es en modo alguno una arbitraria y subjetiva disposición de un mensaje que Dios nos ofrece.

Lo que hoy hemos escuchado en el Evangelio, no es más que una manifestación de la infinita sabiduría de Dios.

Jesucristo, aquel que era Dios desde el principio, en su sapiente y divina pedagogía gustaba de utilizar una infinidad de recursos destinados, a fin de que el hombre pudiera adquirir una mejor comprensión del mensaje Divino.

Uno de esos muchos recursos utilizados por el Señor, es el de ejemplificar con algunos oficios de su tiempo. De esta manera, al invitarnos a trabajar por el Reino de los Cielos, el Señor comparaba los quehaceres de algunas profesiones, para con ello, manifestar las cualidades que debe tener el trabajo que realizamos a favor del Reino de Dios.

Los quehaceres del Pastor y del Carpintero, del Administrador y del Comerciante, del Constructor y del Juez, del Viñador y del Médico, son solamente algunos de los oficios referidos por el Señor en su enseñanza.

3.- El oficio del sembrador nos presenta a un Dios generoso en su trabajo a favor de los hombres. En ese trabajo, Dios le da mucha mayor importancia a la siembra que realiza, que a la recolección de frutos.

Este sembrador no le niega su buena semilla ni al terreno comprimido de los superficiales ni al pedregoso de los inconstantes. Tampoco se la niega al terreno lleno de espinos de los que se deslumbran por el brillo del oropel.

Fíjate como este sembrador es obsequioso, y al encontrarse con una tierra buena, sabe que cada terreno tiene distintas potencialidades y, no se manifiesta como si fuera egoísta para privilegiar solamente al que le da el ciento por uno. Este sembrador acepta, que algunos aún siendo buenos, puedan ofrecerle el treinta y otros el sesenta por uno.

Esta será una de las mejores enseñanzas del día de hoy: Dios, nuestro sembrador bueno, encuentra mayor alegría en la siembra que en la cosecha.

Dios te espera, Dios tiene paciencia contigo y te invita a tener paciencia contigo mismo y a tener paciencia con los demás.

4.- Apliquémoslo a nuestra vida. En la educación de los hijos -como lo decía Don Jacinto Benavente- hay mucha mayor alegría en la siembra que en la cosecha.

A un auténtico cristiano, le deben importar más la cantidad y la calidad de sus esfuerzos que la cuantía de los resultados que los demás nos ofrecen.

¿Qué es lo que siembras en tus hijos? ¿Cuáles son las semillas que depositas en su conciencia?

Date cuenta de que, no es posible esperar que la conciencia sin cultivar nos dé frutos, no es posible cosechar en el campo de su conciencia ningún fruto que no se haya sembrado antes. El campo de la conciencia, que es nuestra vida, no depende de la suerte para que dé frutos, depende de los sembradores.

Sin embargo, al hombre actual le parece una pérdida de tiempo todo lo que no tenga un éxito inmediato, todo lo que no dé, de forma rápida, un buen resultado. A nuestros hombres eficientistas, no les cabe en la cabeza el emplear el tiempo y el esfuerzo para cultivar su conciencia, ni la conciencia de los demás, y sólo se dedican a trabajar, a ganar todo el dinero posible.

El padre y el educador tiene que parecerse a un sembrador y, por ello, puedo hablar de las siguientes características en su quehacer:

  • 4.1.- No pueden regatear las semillas de su ejemplo, de sus orientaciones, aún cuando caigan en terreno inhóspito, esto no les puede ni les debe desanimar.
  • 4.2.- Deben ser pacientes: para aprender a sembrar a manos llenas y siempre esperar. Entendamos que aunque los hijos fuéramos una buena tierra, bien podemos pasar por alguna etapa difícil de la vida.
  • 4.3.- Deben tener esperanza: Si alguien no está convencido de que tarde o temprano se pueden obtener buenos frutos, no tendrá nunca la ilusión en aquello que está realizando fatigosamente.
  • 4.4.- Finalmente, debe comprender la diferencia que existe entre los distintos tipos de tierra buena: No podemos, ni debemos, medir a todos los hijos con el mismo rasero. No se les pueden exigir los mismos rendimientos.

 

Tenemos que aceptar el dinamismo y la complementariedad que brota de las diferencias entre las personas. ¿No te parece increíble que en la unión de nuestros padres, aún sabiendo que provenimos de dos fuentes genéticas y morales comunes, los hijos podamos nacer con tantas y tan notorias diferencias? Esta es, precisamente nuestra riqueza y una de las manifestaciones de la sabiduría de Dios. Y en la obra de Dios hay un espacio para todos: El bosque sería silencioso si sólo les permitiéramos cantar a las aves que lo hacen mejor.

5.- ¿Es sumamente complicada la labor de la educación de los hijos?

Debemos tener cuidado con los excesos, ya que si la falta del amor paterno a los hijos les puede matar, el exceso de amor no es menos peligro. El consentirles todo a los niños es la mejor manera de hacerles egoístas, individualistas y caprichosos. No podemos confundir el amor, que siempre es necesario, con el abuso del amor.

'No podemos darte eso' son cuatro palabras mágicas que deberían formar parte de la educación de cada hijo.

Hace tres días, y hace tres semanas y hace tres meses nos levantábamos escuchando esas terribles noticias sobre la vida que se corta dramáticamente. La velocidad, la impericia y la inmadurez, que nos hace pensar que el mundo nos pertenece, nuevamente les siguen jugando rudo a unos jóvenes y, lamentablemente, a sus familias...

Esa falsa seguridad que se convierte en capricho se convierte en la vulnerabilidad de nuestros jóvenes. ¿Sabes? Me han hecho recordar la tragedia griega que narra la historia de Faetón, hijo de Febo.

"En la conversación se mostraba jactancioso y en su comportamiento inútil y arrogante. Como los amigos lo insultaron llamándolo bastardo, quiso demostrar a todos lo importante que él era. Acudió al palacio de Febo y le preguntó si en realidad él era su padre. Febo le dijo que efectivamente lo era, y para demostrárselo le dijo que le pidiera cualquier cosa. Faetón le pidió a Febo que le dejara conducir el carruaje del sol.

El conducir el carro del sol no era cualquier cosa, según la mitología sólo Febo lo podía hacer. Cualquier otro ser que lo intentara lo tenía que hacer con peligro de su vida.

Por eso, Febo, arrepentido de la promesa hecha a su hijo, y moviendo la cabeza, trató de disuadirlo con estas palabras:

"Tu petición me ha hecho ver, Faetón, que he hablado de forma temeraria. Lo que deseas hacer es peligroso. Es algo que está fuera de tu alcance, no apropiado a tus fuerzas ni a tus años juveniles. Dentro de tu ignorancia pretendes algo más de lo que incluso se pudiera conceder a los dioses. Hijo mío, si quieres alguna garantía de que eres en verdad mi hijo, te la estoy ofreciendo al demostrarte que temo por tu vida. Vamos, mírame a la cara. Sólo quiero que pudieras ver el interior de mi corazón y percibieras cuánta ansiedad paterna se encierra en él".

A pesar de sus súplicas, el hijo se mostró terco; y el padre no tuvo más opción que cumplir con el deseo manifestado y con la promesa ofrecida. Con el corazón destrozado lo acompañó hasta el carro y le advirtió que tuviera cuidado con los caballos.

Faetón, lleno de orgullo por su juventud y su fuerza, saltó dentro del ligero carro, satisfecho de poder tomar las riendas que su padre le había dado. Se situó en su puesto y le dio las gracias a su desventurado padre.

Los caballos, con la tendencia que tenían siempre a ser irrefrenables, notaron la falta de peso en el carro. Se sintieron libres para correr a sus anchas y así lo hicieron. Faetón se llenó de pánico y no tuvo la habilidad de saber manejar bien las riendas.

Al verse en ese apuro y contemplar desde aquellas alturas de vértigo la tierra en toda su extensión y tan alejada de él, se quedó pálido y con las piernas temblando lleno de miedo repentino, al tiempo que sus ojos quedaron deslumbrados por aquel exceso de luz...

Los caballos que respiraban fuego dominaban por completo la situación, ya que Faetón, repleto de miedo, había soltado las riendas. Los caballos volaron tan cerca de la tierra que ésta se prendió fuego, y naciones enteras ardieron en llamas.

El carro se iba poniendo también al rojo vivo, y aquel desgraciado respiraba fuego ardiente. Envuelto en humo y en negra oscuridad, ni sabía dónde se encontraba ni a dónde iba, sino que se sintió arrastrado y al antojo de aquella pareja de caballos con alas desplegadas, que sembraba por doquier la destrucción.

Cuentan los griegos que Febo lloraba por la inminente muerte de su hijo."

6.- ¿Te parece exagerada nuestra reflexión? Entonces, te pido que releas los periódicos de esta semana y pídele a Dios esa luz que clarifica la vida.

Pídele al Señor, esta tarde, que como buen sembrador deposites las buenas semillas sobre la tierra de la conciencia de tus hijos. Es cierto que la cosecha no depende totalmente de ti, pero sí la siembra.

 


EL GRANO DE TRIGO QUE MUERE.

“Una vez salió un sembrador a sembrar, y al ir arrojando la semilla, unos granos cayeron en tierra buena y dieron fruto: unos, ciento por uno; otros, sesenta; y otros, treinta. El que tenga oídos para oír, que oiga”.


1.- Muy queridos amigos:

Hoy es domingo, es la fiesta de la Pascua semanal y, junto con ustedes elevo una plegaria a Dios, por aquellos que viven el Domingo sin ocaso.

Nos dice el Evangelio: “La semilla sembrada en tierra buena representa a quienes oyen la palabra, la entienden y dan fruto.”

El grano de trigo de nuestros seres queridos difuntos ha caído en tierra y, ahora obtiene frutos para la eternidad.

Debemos ser conscientes de que el cristiano durante su vida diaria vive la siembra de un futuro imperecedero.

2.- Al venir a este mundo fuimos colocados en la tierra como el germen de una semilla dada por Dios que tendrá su final, cuando cada uno haya sido liberado de la tierra y sea aceptado en el reino eterno de Dios. Mientras llega ese momento, el creyente está sujeto a los avatares y condiciones de una creación de la que, en muchas ocasiones, sólo comprendemos que vivimos, y nada más.

Comprendemos que vivimos, ¡así es!, pero al mismo tiempo sabemos que esta vida es pasajera, transitoria, efímera y fugaz.

Lo peor, que le puede suceder al cristiano, es que se encapriche con aquello que no es más que un camino y un pasar. Lo peor que nos puede suceder, es que convirtamos los medios en fines y los viajes en destinos.

Pero hay algo peor que el querer quedarse para siempre en el camino. Hay algo peor que el querer afincarse a lo que esta vida ofrece. Hay algo peor que esto, que en sí mismo nos trae siempre decepciones y desengaños, y que al final genera el llanto de la pérdida.

Peor que lo anterior, es el no darse cuenta de que la vida de cada uno es una siembra para la eternidad. ¡Eso es peor! No querer ver que en esta vida vivimos para un futuro y que el futuro será irremediablemente el fruto de nuestra tierra sembrada en el presente. Y ahí está nuestra suerte y nuestra desgracia.

La libertad es humana, y precisamente por ella, nosotros podemos elegir entre el sembrar para el futuro en vida, o en el sólo depositar en la tierra la corrupción y la muerte.

3.- El hombre debe recordar que el presente compromete el futuro y los cristianos debemos recordar que el presente compromete la eternidad.

Diría Ludwig Wittgenstein, que la vida eterna les corresponde a aquellos que han vivido el presente.

Lo peor del hombre, es que no acierta a comprender y no quiere admitir que lo que haga en esta vida o lo que deje de hacer, tiene repercusiones en la perpetuidad.

Hoy, el hombre no comprende que la creación se mueve y se crea por eclosión de las semillas, resultado de la tierra que sembramos, que nace lo que había en germen, que se desarrolla lo que tiene un origen, que nada surge de la nada, y que el hombre está totalmente condicionado por lo que hace y por lo que siembra para vivir su futuro inmediato y para el futuro de la eternidad.

El presente de cada uno, lo que cada uno siente y vive, es el resultado de todo lo que ha sabido sembrar. Cuando nos olvidamos que todo lo que hacemos, y que la intención y el motivo de lo que hacemos un día germinará, es entonces cuando tendremos que recoger los frutos de nuestra incoherencia y de nuestra falta de previsión.

Si hoy vivimos sin pensar, mañana nos lamentaremos por no haber sembrado semillas de bondad.

Nuestra vida es el nacimiento de un germen, es el resultado de un crecimiento. Lo peor de todo serán siempre esos nuestros nocivos juicios que ignoran la bondad de Dios. Hay quien blasfema al decir que esta vida son las incoherencias, o lo que ellos llaman “los caprichos” de Dios. El cristiano, si es un buen sembrador no puede estar de acuerdo con esto, y por eso cada día, cada semana, cada mes y cada año deposita en tierra lo que quiere recoger.

Pero, el hombre olvida esa imagen en su vida personal y cree que puede esperar un futuro feliz desde un presente sembrado en la corrupción, el abandono, la mentira, la injusticia y todas las formas con que nos sentimos tentados a vivir despreocupados y distraídamente.

4.- ¿Te acuerdas de Goethe?. Sí, aquel que escribió el Fausto. Johann Wolfgang von Goethe, escribió los siguientes versos, que bien los podríamos aplicar a nuestras expectativas de eternidad:

"No seremos nunca segadores
de frutos dorados y maduros
si no hemos sido sembradores
que han regado con lágrimas los surcos.

No es algo que sólo heredamos,
este místico mundo de los hombres.
El campo de la vida da lo que plantamos,
una cosecha de espinas o de flores.

5.- Amigos muy queridos:

Cuando pienso en la semilla que ha caído en la tierra. Cuando hablo sobre la muerte, en lo personal, prefiero compararla no con el pabilo de una vela que se extingue sino con un tapiz que termina de tejerse. La muerte para el cristiano no es el final sino el inicio. No es una realidad que se consume sino una obra que se perfecciona. Se trata del hombre que le da los últimos pincelazos al lienzo de su vida y que se presenta ante Dios con las obras de la existencia. ¡Esta es la visión cristiana!

6.- ¿Qué diferencia existe entre la visión cristiana y la no cristiana? Muy sencillo, la diferencia se llama Pascua de Resurrección.

La resurrección de Jesucristo, es aquello que transforma todas las cosas, aún las más complicadas de explicar.

¿Sabes? James Donovan, senador por el Estado de Nueva York, fue ferviente partidario de la pena de muerte. A principios de 1978 escribió al Card. Fulton Sheen diciéndole que si no fuera por la pena capital, no existiría la fe cristiana. “¿Qué hubiera sido de su Iglesia”, preguntaba, “si Jesús hubiese sido condenado de ocho a quince años de cárcel, con la posibilidad de conmutarle la pena por buena conducta?”

El Card. Sheen, quien tenía un programa de radio y quien claramente se oponía a la pena de muerte, señaló en la siguiente emisión: “Fue la resurrección de Jesucristo lo que fundó la Iglesia, no la crucifixión. Si el senador Donovan puede incluir la resurrección en la pena de muerte, yo estaría dispuesto a estudiar su posible aceptación.

7.- ¿Qué es la muerte sin la eternidad? ¿Cómo es contemplada la cruz sin la resurrección? Sin la resurrección, la cruz de Cristo era para los judíos un castigo. Sin la resurrección, la cruz de Cristo era para los apóstoles un fracaso.

Es la resurrección, la que nos permite contemplar la cruz no como castigo ni como fracaso, sino como acontecimiento de salvación.

La resurrección nos permite contemplar el plan divino oculto detrás de todos los acontecimientos. Por la resurrección, sabemos que Dios sabe obtener bienes aún de aquellas realidades que aparentan ser males.

8.- Es esto lo que le conduce a san Agustín a expresar: “No pierde a los que ama quien los ama en Aquel que no se pierde”.

La vida terrena se prolonga en la vida celestial, la vida temporal aparece como antesala de la vida eterna. La vida terrena no se prolonga al negar la vida de ultratumba sino que se encoge miserablemente.

Las conclusiones de una reflexión sobre la eternidad no nos llevan a una tranquilidad adormecedora como nos acusaba Feuerbach, sino que nos conduce a una incesante vigilancia.

El más allá pone los cimientos de la relaciones del más acá.

El hombre no es un ser para la muerte sino un peregrino en busca de la luz, de un nuevo horizonte.

La muerte no se debe comparar con la inmensa mar irreversible sino con un arroyo poco profundo que nos ayuda a cruzar la frontera para la vida.

Un mundo abandonado por el amor habrá de asumirse en la muerte... Donde persiste el amor, donde triunfa de cuanto quiera degradarlo, la muerte acaba definitivamente vencida.

Aquel a quien el amor no toca, camina en la oscuridad decía Platón, en su “Banquete”. El que no ama camina en las tinieblas nos dice el Evangelio.

El misterio de la muerte se esclarece por el misterio del amor: A la muerte del ser amado, la única actitud verdaderamente espiritual es, en consecuencia, la de la fe y la oración.

9.- Cantaba la Iglesia primitiva:
“Alguien muere y es como unos pasos que se detienen, pero para nosotros es en realidad para emprender un nuevo viaje.

Alguien muere y es como una semilla que cae en tierra y para nosotros es en realidad para ser transformado y producir un fruto de abundancia.

Alguien muere y es como una puerta que se cierra y para nosotros es en realidad para entrar a parajes que transforman la vida.

Alguien muere y es como una voz que se silencia y para nosotros es en realidad para escuchar y entonar un nuevo canto”.

La resurrección nos hace comprender de modo distinto nuestra muerte, y esto se ha manifestado en el gran tesoro de nuestra santa Madre Iglesia, la cuál tiene, no dos décadas sino dos milenios de fidelidad a Jesucristo.

Elevo a Dios una plegaria para que la Pascua de nuestros seres queridos, nos permita a ti y a mí vivir nuestra Pascua de Conversión, y que un día nos reditúe en vida eterna.

Dios nos invita a distinguir entre lo perecedero y lo eterno, entre lo efímero y lo vital. “Sólo pensando en la muerte se puede vivir despierto”, decía Unamuno, y sólo así el grano que caiga en tierra no se perderá.

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