Domingo 24 de Julio de 2005_________Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

LAS RENUNCIAS DE LAS ELECCIONES .

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo.

El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una perla valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra.

También se parece el Reino de los cielos a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación.

¿Han entendido todo esto?” Ellos le contestaron: “Sí”. Entonces él les dijo: “Por eso, todo escriba instruido en las cosas del Reino de los cielos es semejante al padre de familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas”.

Momento 2

Momento 3

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1.- Muy queridos amigos:

El ser persona en el ser humano es una de sus máximas fuerzas. Pero, al mismo tiempo, cuando no lo vivimos en toda su expresión y cualidades, esto se puede convertir en nuestro máximo adversario, o por lo menos, en nuestro más duro acusador.

Por persona entendemos el sujeto último de todo ser y obrar. Se trata de un sujeto distinto a todo otro. Podríamos agregarle a lo anterior, que la persona humana ha recibido de Dios el don y la posibilidad del ejercicio de las facultades así llamadas espirituales: inteligencia, voluntad y libertad.

Ser persona es también un elemento dinámico, que se ubica en la posibilidad que tenemos de ir escribiendo, día con día, el “argumento” de nuestra propia historia.

Ser persona es un gran reto, es nuestro riesgo y puede convertirse en nuestro más crítico juez, ya que exige de nosotros el compromiso de ejercitar rectamente esas facultades del espíritu.

Sólo nosotros, como personas humanas, podemos conocer, discernir, elegir y amar. Podemos entender, bajo este contexto, aquella expresión del dominio común: “El hombre nace pero la persona se hace”.

Sólo nosotros los seres humanos podemos ser héroes o villanos, podemos ser protagonistas o antagonistas, podemos ser famosos o infames; sólo nosotros podemos aspirar a la santidad,... o vivir en el pecado.

2.-Es aquí, en donde se ubica la ley humana de nuestra libertad de elección. Y, la elección, será el ejercicio de nuestra vida hasta que terminemos nuestros días.

Nosotros, no podemos sentirnos y proclamarnos ya salvados, por el sólo hecho de haber sido bautizados en la Iglesia Católica o en alguna otra confesión cristiana.

Debemos reconocer esa parte personal que tiene siempre el proceso de la salvación y debemos darnos cuenta de que, así como en el ambiente más santo puede existir la condenación, en un mundo contaminado como el nuestro jamás se podrá impedir que crezca la Santidad.

No es un tiempo o un lugar especial, lo que nos puede hacer santos, ni tampoco el que puede convertirnos en pecadores.

No podemos negar ni la libertad de las personas ni la posibilidad de santidad que puede surgir en un mundo tan conflictivo, tal como un lirio puede crecer en el cieno hediondo del pantano.

Es este misterio del ejercicio de la libertad humana el que nos ayuda a comprender cómo puede ser posible que coincidan en un mismo tiempo y en un mismo espacio, tanto devastadores destructores así como seráficas criaturas como lo fue San Francisco de Asís. El ejercicio de la libertad humana nos ayuda a comprender cómo en la historia pueden coexistir verdaderos villanos con evangélicas personas, tal como lo fue la Madre Teresa de Calcuta.

3.-Se trata de esa ley de la libertad y de esas voluntades firmes que son iluminadas por la gracia de Dios. Se trata de personas que han querido ser dóciles a los impulsos de la vida interior, pero que han sabido poner esa parte que les corresponde en su propia historia de salvación.

Nuestra vida no sólo es algo que nos acontece. Nosotros podemos elegir y esa es nuestra grandeza y esa puede ser nuestra bajeza. A cada instante, elegimos qué dirección debemos tomar: hacia la luz o hacia las tinieblas, hacia la libertad o hacia la esclavitud, hacia el bien o hacia el mal, hacia la vida o hacia la muerte, hacia la caridad o hacia el egoísmo, hacia la gracia o hacia el pecado.

Si el ser persona será siempre un proceso, ¡cuánto más lo será la vida cristiana! Nosotros, tú y yo, no somos más que cristianos en gestación.

4.-El tema de este domingo es por demás bello: el Señor Jesucristo nos invita a ser libres. Dios quiere personas que libremente ejerzan sus facultades, quieran seguirle a Él, y que opten por el Reino de los cielos.

Jesucristo no quiere gente a la fuerza. Los esclavos se pueden regresar a su Egipto con su faraón, o pueden irse buscando otros faraones.

Sólo los faraones, los emperadores y los tiranos quieren gente sin libertad. Jesucristo, en cambio, te da a escoger y Él respeta tu decisión.

Él nos pide que seamos nosotros los que elijamos entre nuestros valores relativos y el valor absoluto que Él nos ofrece. Se trata tanto de ese tesoro que lo vale todo, como de esa perla que bien amerita vender todo el cofre de mis perlas con el fin de adquirirla.

Se trata de tomar decisiones de una forma clara y de un ejercicio necesario de la libertad humana. Dios no nos impone nada. Dios quiere voluntarios.

5.-Y ¿sabes? Quizá nuestro verdadero problema estribe en que nunca hayamos tenido un encuentro personal con Jesucristo y con su Reino.

Una gran mayoría de nosotros vivimos por vivir. Todavía no nos hemos encontrado con el tesoro precioso del Reino. ¡No sabemos lo que esto significa! Y es por ello, que todavía no hemos vendido todas esas perlas relativamente bellas para quedarnos con la Perla Preciosa del Evangelio.

San Mateo dejó un día la mesa de los impuestos al encontrarse con el “tesoro” que Jesús nos ofrece. Moisés, un día dejó su estabilidad cuando se encontró con el plan de Dios. San Pablo un buen día dejó su propio proyecto para asumir el de Dios, y así una vez que encontró el tesoro de Cristo, todo lo demás lo consideró como “basura”. San Francisco de Asís llevaba una vida liviana en medio de parrandas y placeres mundanos hasta que un día encontró ese tesoro inapreciable del Reino, por el cual se despojó de todo aquello que le ataba a su pasado.

Y es que, el conocimiento verdadero de Jesús nos debe llevar, tarde que temprano, a tomar una posición en nuestra vida. Conocer al Divino Galileo nos conduce ineludiblemente a autocuestionarnos: “¿Y ahora qué? ¿Sobre quién quiero fundar mi vida, mi familia, mi profesión?” No se puede permanecer tibio en la existencia cristiana. En Jesucristo no puede existir la neutralidad.

Jamás he podido olvidar una de las cuestionantes en los ejercicios ignacianos: ¿Cuál bandera eliges? ¿A quién quieres seguir?

6.-Seamos conscientes de que Elegir es un valor que posee al mismo tiempo un costo: la Renuncia. La adhesión implicará siempre una ruptura.

Aquellos que queramos hacer negociaciones para poseer la Perla del Reino y las otras perlas, caeremos en las medianías que se llaman tibiezas, y que no nos permiten ser aptos para el Reino de los Cielos.

Muchos de nosotros hemos puesto la cruz de Cristo en la cima de las montañas y en todas las colinas. La hemos colocado en la parte más alta de las construcciones y en el interior de las habitaciones, en las aulas y sobre nuestra cama. Pero no la hemos puesto en nuestro interior.

7.-El Hijo eterno del Padre, en el Evangelio del día de hoy, nos muestra la libertad que tenemos los seres humanos ante sus enseñanzas. Sin embargo, también nos muestra la dignidad de su origen divino y de su Palabra: Él jamás esperó aplausos, ni reconocimientos humanos. Al enseñar la verdad sobre el Reino, Él no consciente “negociaciones”. Jesucristo renunció a esas simpatías que se obtienen a costa de la reducción de la verdad. Jesucristo estuvo dispuesto a quedarse sólo, antes que pactar sobre las condiciones de su seguimiento.

El Evangelio, nos presenta al Señor, mediante las parábolas del Reino, buscando entre los presentes a aquél que quiera ser fiel. Al Señor no le interesa la cantidad de la multitud sino la calidad del cristiano que se quiera comprometer, por aquella Perla que ha encontrado, valorado y elegido.

8.-Ojalá que no olvidemos un elemento que el Evangelio de hoy subraya: la alegría. El cristiano que haya elegido el tesoro del Reino deberá manifestar en su vida esa cualidad indispensable: la alegría.

En las personas verdaderamente comprometidas con Dios y con su Iglesia, se nota esa gran diferencia: viven contentos. En ellos sobresale el gozo y la seguridad que sólo Dios nos da. A ellos no hay que arrastrarlos para que cumplan con sus deberes cristianos. No hay que forzarlos para que sus costumbres sean limpias y para que sean luz ante los otros. Ellos se han dejado fascinar por las cosas de Dios.

“El que encuentra el tesoro del Reino... lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo”.

El buen cristiano no añora lo mundano que se ha dejado atrás, más bien, se alegra de haber encontrado “un tesoro” en su nueva manera de vivir.

Lo incoherente y lamentable en la vida cristiana de muchos de nosotros, será ese rostro de tristeza y de amargura que aleja del cristianismo a cualquier persona que quisiera conocer a Jesús. Los rostros acartonados y sin ilusión de muchos bautizados son nuestra más lamentable “mala propaganda” y nuestra peor predicación.

Diría la Madre Teresa de Calcuta, la cual encontró un día el tesoro y la perla preciosa del Reino: “Aquellos que están llenos de gozo no necesitan palabras para predicar”. Nuestra alegría y buen ejemplo se convertirán en una excelente campana que llamará a la muchedumbre a la Iglesia de Cristo.

 

EL VALOR ABSOLUTO DEL REINO

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo.

El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una perla valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra.

1.- Muy querido amigo:

¿No te parece que vivimos en un mundo contradictorio?

Hoy, hay tantas personas que ponen el grito en el cielo cuando se corta un árbol y que, al mismo tiempo, son partidarios del aborto con y sin condiciones. ¿Qué extraño? Les preocupa mucho que se corte la vida de la flora, si se maltrata a un perrito de la calle y no les preocupa, lo más mínimo, que se corte la vida humana.

2.-Lo anterior, no es más que uno de los síntomas de una enfermedad que debiéramos diagnosticar en orden a buscarle curación. La inconsistencia en nuestros juicios y actitudes no es más que el efecto de una causa, a la cual no debiéramos tener miedo de llamarle por su nombre.

Vivimos en un mundo que se ha olvidado de Dios, y por ello nuestra visión sobre las realidades se ha atrofiado. Este nuestro mundo adolece por la confusión en su escala de valores. Nuestra capacidad de jerarquizar las prioridades la hemos disminuido. No somos capaces de distinguir entre lo que es esencial y lo que es accesorio. Y, todo tiene su raíz en el desplazamiento que hemos hecho de Dios en nuestra vida.

3.-El Evangelio nos muestra claramente, el día de hoy, esa vocación trascendente del hombre, la cual radica en esa urgencia y necesidad de discernir las realidades que vive y de ser capaz de encontrar a través, o aún a pesar de ellas, a Dios.

La incansable búsqueda del hombre, tan lleno de ideales y sediento de verdades, tendrá siempre y solamente una realización parcial en los valores temporales, dejándole la convicción de que su plena realización se obtiene solamente al acceder a Aquel que es en sí mismo el Valor absoluto.

4.-Hablemos sobre los valores y, dejemos un espacio en la reflexión para que la Evangelio nos permita dirigir una mirada hacia Aquel que es el Valor Absoluto: Dios.

5.-¿Qué es un valor? Un valor, en su sentido más simple, es aquello que interna o externamente nos hace valer más. Al mismo tiempo, debemos ser conscientes de que un valor es también en su sentido auténtico y estricto, aquello que nos debiera plenificar como personas. Si algo me degrada como persona o degrada a los demás como personas, eso no puede ser considerado como un valor.

Los valores pueden ser actitudes de la voluntad del hombre que son iluminadas por la inteligencia. Un valor también puede entenderse como una cualidad del ánimo, fundamentada en estas mismas actitudes, y que nos puede conducir a realizar grandes empresas o a enfrentar los más diversos peligros.

Los valores constituyen una relación en cuanto que nos enriquecen y, al mismo tiempo, integran una percepción de algo magnífico y que nos conduce a querer vivirlo y enfrentar con dignidad cualquier tipo de situaciones por difíciles que parezcan.

Los valores, también son las aptitudes propias de las cosas y de cada uno de nosotros, que nos ayudan a satisfacer las necesidades que imperan en nuestra vida y que nos proporcionan bienestar.

6.-Existe una amplia gama de enlistados de valores en las distintas escalas de jerarquización. Existen los valores considerados como Clásicos: la Verdad, el Bien y la Belleza. Los valores catalogados como Espirituales: amor, alegría, paz, mansedumbre, benignidad...

Tenemos que ponderar los valores reconocidos como Morales y Jurídicos: Valentía, Veracidad, Justicia, Templanza, Patriotismo. También existen los valores llamados Estéticos: armonía, belleza, elegancia, prestancia,higiene, orden.

Existen valores llamados Psicológicos: Seguridad, estima, Ecuanimidad, sentido de la pertenencia, Fraternidad, Convivencia, justiprecio. Existen los valores Sociales: heroísmo, servicialidad, altruismo, filantropía,responsabilidad, honradez, Amistad, libertad y Compromiso.

Existen los valores vitales: la misma vida, la salud, la integridad física, el vestido, el alimento, la vivienda. Podríamos hablar de los valores Religiosos: Santidad, Gracia, Piedad, Temor de Dios, Caridad. Finalmente, podríamos decir que el hombre del siglo XXI ha creado o enfatizado sus propios valores con un tinte claramente utilitarista: laboriosidad, ahorro, austeridad, ciencia, calidad, eficiencia, excelencia...

7.-Todo lo anteriormente referido, y todos los valores que nos faltaron por citar, no pueden dejarnos en el desconocimiento o en la negación de Dios, puesto que Él es el que le puede dar sentido a los mismos valores.

Nuestro problema radica en ese nuestro comportamiento, a través del cual erguimos todos estos valores como si fueran absolutos y que provocan el desplazamiento o la anulación de Dios.

En la vida hay muchos valores, pero ninguno de ellos es absoluto. Solamente Dios es el valor absoluto.

Entendámoslo con cosas prácticas: la vida es un valor para nosotros pero no es un valor absoluto, en el preciso momento en que levantemos la vida como si fuera un valor absoluto y no relativo, ésta se convertirá en un ídolo y desplazará a Dios del lugar que a Él le corresponde y se le llama biolatría. El dinero es un valor, sin lugar a dudas, pero es un valor relativo y no absoluto, ya que en el momento en que el dinero se convierta en mi valor absoluto éste se convertirá en ese ídolo que suplantará a Dios del lugar que sólo a Él le es propio y esto no es otra cosa que la codicia, la envidia o la avaricia. Así podemos habla sobre la ciencia, sobre la belleza, la salud y tantas cosas más, son valores indudables pero no absolutos, ya que en el momento en que adquieran la etiqueta de absolutos se convertirán en nuestros ídolos, como lo son para tantas gentes.

Se entiende por relativo aquello que es parcial y que no es total, aquello que es proporcional y que no es universal, lo que es limitado o fragmentario y que nos puede alejar del Todo.

8.-Esto es precisamente lo alarmante. En el momento actual, nos resulta lamentable el constatar, que el hombre se ha quedado en sus valores transitorios y que se ha olvidado del Valor Absoluto. Hoy en día, son tantos los apegos del hombre, que le han llevado tantas veces a negarse al seguimiento del Señor.

El hombre prefiere sus perlas de valor parcial y relativo, y rechaza esa perla fina y extraordinariamente valiosa. El hombre no ha querido despojarse de los bienes efímeros para comprar ese campo en el que ha encontrado el tesoro de un Reino para la eternidad.

9.-Hace poco tiempo leía un artículo de Benjamín Stein en “El Espectador Americano” que tocaba el tema de la riqueza,

“¿Cuánto dinero debe uno tener para ser considerado rico en nuestra sociedad? Las cifras, que andan por los millones, varían.

Pero yo pienso en toda la gente inmensamente rica que conozco, que no parece feliz. También en todos aquellos que sudan para pagar sus cuentas, y pese a ello son ricos.

Si puede usted compartir cualquier problema con su cónyuge, es rico. Si puede darse tiempo para dialogar con sus hijos, es rico. Si puede mirar de frente a sus padres, convencido de haberles retribuido aunque sea en mínima parte lo que ellos le dieron, es usted rico. Si puede tomarse una tarde libre para salirse al cine con su familia, es usted rico. Si puede decir con toda honradez que no tiene nada que esconder, es usted verdaderamente rico”.

10.-El dinero y los valores transitorios se han convertido en nuevos ídolos que desplazan a Dios y que, tarde o temprano, le volverán la espalda al hombre.

La vocación trascendente del hombre consiste en encontrar a Aquel que por ser el Valor Absoluto le da un sentido a los valores transitorios. Se trata de Aquel que “vale más que la vida”, y en cuya ausencia sobreviene el vacío de sentido que ha llevado al hombre, en un sinfín de ocasiones, a descubrir que todo sentido terreno es provisorio e insuficiente.

La ausencia de Dios en nuestra visión de la vida ha provocado que cada uno coloque en el propio horizonte sus propias prioridades y que, por lo tanto, nuestra visión de la vida al dejar de ser objetiva se vuelva subjetiva.

Tendríamos que ser objetivos y clarificar nuestros criterios de discernimiento. ¿A qué le llamamos valor?

El hombre ha renunciado a Dios, y según dice: ha puesto al hombre en el centro de su historia. Hoy, nos hemos dado cuenta de que cuando queremos un humanismo sin Dios construimos un humanismo inhumano.

¿Vivimos hoy el tiempo del progreso o vivimos nuestras regresiones?, ¿hemos evolucionado o sufrimos una involución?, ¿vivimos realmente a la vanguardia o hemos sido enviados a la retaguardia de la historia?

El subjetivo criterio de cada hombre se ha erguido como si fuera el genuino elemento de valoración. Pero el hombre es caprichoso y en sus caprichos actúa arbitrariamente.

Esta es precisamente la tentación de todo hombre y de todo tiempo: “el querer ser como dioses”. Lo anterior, no es otra cosa que la pretensión humana del querer convertirse en el creador último de los valores.

Solamente en el momento en que Dios ocupe el primer lugar en nuestras elecciones, las personas y las cosas recuperaran su valor auténtico.

La adquisición de este campo, entraña la adquisición de un tesoro que nos concede la verdadera alegría en la vida. Al encontrar a Dios, el comerciante en perlas finas finalmente se puede sentir satisfecho por la adquisición de aquella Perla que le ha dado sentido a todas sus búsquedas.

 


¿Y TÚ, QUE LE PEDIRIAS A DIOS?

“En aquellos días, el Señor se le apareció al rey Salomón en sueños y le dijo: “Salomón, pídeme lo que quieras, y yo te lo daré”.

Salomón le respondió: “Señor, tú trataste con misericordia a tu siervo David, mi padre, porque se portó contigo con lealtad, con justicia y rectitud de corazón. Más aún, también ahora lo sigues tratando con misericordia, porque has hecho que un hijo suyo lo suceda en el trono. Sí, tú quisiste, Señor y Dios mío, que yo, tu siervo, sucediera en el trono a mi padre, David. Pero yo no soy más que un muchacho y no sé cómo actuar. Soy tu siervo y me encuentro perdido en medio de este pueblo tuyo, tan numeroso, que es imposible contarlo. Por eso te pido que me concedas sabiduría de corazón, para que sepa gobernar a tu pueblo y distinguir entre el bien y el mal. Pues sin ella, ¿quién será capaz de gobernar a este pueblo tuyo tan grande?”

Al Señor le agradó que Salomón le hubiera pedido sabiduría.


1.-
Muy queridos amigos:

La oración es otro de esos temas sobre el que todo hombre tiene una opinión más que cualificada.

No obstante, quisiera este día, antes de dirigir la mirada al contenido del texto sagrado, recuperar algunos pensamientos cristianos de grandes maestros de oración sobre aquello que tantas gentes dicen tantas cosas: “Ora como si todo dependiera de Dios, y trabaja como si todo dependiera del hombre” nos decía el cardenal Spellman.

Santa Teresa de Avila, por su parte, en su biografía nos menciona: “No es otra cosa la oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos que nos ama”. Y ella misma, en el Camino de Perfección, nos refiere su propia experiencia: “Sin este cimiento de la oración todo edificio va falso”. Y ella, nuevamente en su biografía nos mencionará: “Por no estar arrimada a esta fuerte columna de la oración, pasé este mar tempestuoso casi veinte años con estas caídas”.

2.-La oración le da solidez a nuestra vida: Escribía Juan Casiano en su colación 9: “Si la oración no mantiene este edificio y sostiene todas sus partes conjugándolas entre sí, no podrá ser firme y sólido, ni subsistir por mucho tiempo”.

Orígenes, por su parte, refiere el lugar que tiene la oración en nuestras debilidades humanas: “Hay que orar, no para dejar de ser tentados –cosa imposible-, sino para noser enredados por la tentación, como sucede a los que son atrapados y vencidos por ella”.

Sobre la utilidad de la oración nos referirá san Agustín: “En la oración tiene lugar la conversión del alma hacia Dios, y la purificación del corazón”. Y más adelante nos dirá: “Si la fe falta, la oración es imposible. Luego, cuando oremos, creamos y oremos para que no falta la fe. La fe produce la oración, y la oración produce a su vez la firmeza de la fe”. ¿Sabes? San Agustín tiene un Sermón célebre sobre la naturaleza y la gracia en el que se nos enseña acerca de la fuerza que el hombre obtiene en la oración : “Haz tú lo que puedas, pide lo que no puedes, y Dios te dará para que puedas”.

Acerca de esta nuestra fuerza ubicada en la oración escribe san Juan Crisóstomo: “ Habiendo Dios dotado a los demás animales de la velocidad en la carrera, o la rapidez en el vuelo, o de uñas, o de dientes, o de cuernos, sólo al hombre lo dispuso de tal forma que su fortaleza no podía ser otra que la del mismo Dios: y esto lo hizo para que, obligado por la necesidad de su flaqueza, pida siempre a Dios cuanto pueda necesitar”.

3.-Pero, hace falta, conforme a lo que nos enseña Orígenes en su tratado sobre la oración saber que es lo que le pedimos a Dios: “Es preciso no sólo orar, sino orar como es debido y pedir lo que conviene”.

Y dentro de este ejercicio, la perseverancia, la constancia es una cualidad exigitiva, sobre todo en los momentos de aridez: “Y aunque no halle gusto en estos ejercicios, no desista de ellos, porque no se requiere que sea siempre sabroso lo que ha de ser provechoso”, así enseñaba san Pedro de Alcántara.

No obstante, en la oración habrá necesidad de ser menos egoístas y mucho más fraternos, tal y como nos lo enseña san Ambrosio de Milán en su homilía sobre Caín y Abel: “ Si sólo ruegas por ti, también tú serás el único que suplica por ti”.

Si perseveramos y si somos fraternos en nuestra oración obtendremos lo que pedimos y mucho más de lo que pedimos como gritaba desde el púlpito san Ambrosio de Milán: “El Señor concede siempre más de lo que se le pide: el ladrón sólo pedía que se acordase de él, pero el Señor le dice: Hoy mismo estarás conmigo en el paraíso”.

4.-Es la oración la orientación para nuestros pasos, de tal manera que si nos hayamos vagando en la mar de la confusión no es por otra cosa que por nuestra deficiencia en la oración. Así lo percibe san José M. Escrivá de Balaguer: “La oración es un norte claro para nuestra existencia cristiana”.

Oye, prometo ya no alargarme más, pero escucha este pensamiento que sobre la oración escribió el Cardenal Merry del Val: “reza despacio, pero si notas que has dicho la oración apresurada y distraídamente, no la repitas, sino pídele a Dios que te dé la gracia para decirla mejor la próxima vez.

Cuando te des cuenta de que has fallado en algo, de inmediato haz actos de virtud, contrarios a tu falta.

Dios da sus gracias en el momento en que uno las necesita. No nos atormentemos previendo sacrificio que de momento Él no nos está pidiendo y no dudemos que Dios nos dará fuerzas suficientes para hacer lo que Él nos pide”.

Bueno, seamos caballerosos, el último pensamiento de esta antología se lo dejamos a una dama, Santa Teresa de Avila: “Hay cuatro tipos de oración y sus respectivos símiles:

  • MEDITACION: agua de pozo para regar el huerto.
  • QUIETUD: agua de noria que supone menos trabajo.
  • UNION: Agua de río o de fuente; basta encauzar el agua.
  • ARROBAMIENTO MISTICO O EXTASIS: Agua de lluvia, en la que Dios lo hace todo. Siempre ha de haber cuidado de cuando falte la una agua, procurar la otra”.

Y así podríamos seguir hablando sin interrupción y sin respiro sobre el tema de la oración,... No obstante en este tema lo importante será siempre aquello que hablemos con Dios en nuestra oración. Pero,... ¿Qué palabras podemos usar para hacer oración?

5.-¡Bueno!, un último pensamiento antes de continuar, te prometo que es sólo una puerta que nos permite continuar con nuestra reflexión. Decía el fisiólogo Alexis Carrel, premio nobel de medicina: “de la misma manera en que nuestro cuerpo necesita del oxígeno nuestra alma necesita de la oración”.

Oye,... ¿Tienes tiempo para hacer oración?
¿Cómo está tu vida interior?
¿Cuánto tiempo ha pasado desde que hiciste tu última jornada de oración?
¿Te has dado tiempo para apartarte de la vida cotidiana y hacer un poco de oración, un día de retiro o unos ejercicios espirituales?

¿Sabes? La oración es considerada por los maestros espirituales como el alma de toda nuestra vida.

La experiencia demuestra que todos los grandes santos en el cristianismo han sido almas de oración. Y, poco importa que en su oración fueran contemplativos o que estuvieran en la vida diaria como apóstoles, que fueren laicos o que hayan recibido el don del sacerdocio. La vida de oración se ofrece y se impone a todo cristiano.

Y así, el cristiano ha sido invitado por el Señor para que convierta la oración en su propia vida y para que transforme su vida en una oración.

6.-Pero, dejemos a un lado nuestras palabras y dejémosle el espacio a lo que Dios en su Palabra nos enseña y que es la más grande enseñanza en torno a la oración en el Antiguo Testamento.

Lo que Dios nos narra el día de hoy en la primera lectura suele no ser comprendido por más de uno de nosotros.

Salomón tiene frente a sí una oportunidad como la envidiarían muchos. “Salomón, pídeme lo que quieras y yo te lo daré”. Tú sabes que lo puedo todo, díme ¿qué quieres de mí?...

7.-¿No te parece increíble lo que sucedió? Se trata de una oportunidad de ensueño y parece ser que Salomón en esta ocasión no recurrió ni a los consejeros bursátiles ni a los analistas sobre situaciones, no se le ocurrió pedir asesoría a ningún colegio de consultores antes de dejar ir una de las mejores oportunidades en su vida, una situación que seguramente jamás se le volverá a presentar.

Por un momento, imagínate a ti mismo en esta situación. ¿Aprovecharías para pedirle algo? Y de pedirle algo, ¿Qué le pedirías tú al dueño de todo y de todos? ¿Cuál sería tu petición? ¿Qué ponderarías como lo más urgente?

8.-Y sin embargo, esta es la verdadera enseñanza: No debemos ocuparnos en pedirle a Dios cosas superfluas. Revisemos con honestidad, cada uno, lo que nuestro tiempo nos ha hecho creer que es lo oportuno y necesario en el existir.

¿No te has dado cuenta? En el tiempo presente, abundamos en la iglesia aquellos que nos limitamos a pedirle a Dios algunos objetos, más allá del solicitarle y valorar sus verdaderos dones.

Salomón le pide a Dios sabiduría para guiar a su pueblo, y esto lo tenemos que entender los padres de familia y también los sacerdotes, que en el ejercicio de nuestras responsabilidades solemos todos los días pedirle a Dios en nuestra oración: trabajo, dinero, bienes materiales, casas, carros, alimentos, buenos colegios..., y se nos olvida pedirle a Dios Sabiduría para guiar a los que Él mismo nos ha querido confiar.

Hemos olvidado que el amor exige la sabiduría, y esto tanto los padres como las madres de familia. Por ejemplo, hay que saber cuál es el momento oportuno para llamar la atención a alguien. No es prudente quejarse con el marido de que ha subido el precio del atún precisamente cuando él va llegando del trabajo después de haber tenido un altercado con su jefe.

De igual manera, no hay que regañar en seguida a un niño que llega malhumorado de la escuela, reprobado de alguna materia y que da algún portazo. Debemos aprender a esperar y, antes de recordarle que las puertas fueron hechas para abrir, entrar, salir y cerrar, y no para desahogarse de su furia, preguntarle porque está molesto. Es preciso aprender a dominarse para no reaccionar a la violencia con violencia.

Los padres necesitan ejercer la autoridad con sabiduría, puesto que su ausencia convierte la autoridad en despotismo y hace que su ejercicio sea como un querer trazar las líneas de una escultura con un cincel sin filo que lo único que consigue es lastimar.

9.-Y tú, ¿qué le pedirías a Dios? Pídele sabiduría para cumplir con su encomienda y todo lo demás viene por añadidura.

Al Señor le agrado que Salomón le hubiera pedido sabiduría y le dijo: “Por haberme pedido esto, y no una larga vida, ni riquezas, ni la muerte de tus enemigos, sino sabiduría para gobernar, yo te concedo lo que me has pedido. Te doy un corazón sabio y prudente, como no lo ha habido antes, ni lo habrá después de ti. Te voy a conceder además, lo que no me has pedido: tanta gloria y riqueza, que no habrá rey que se pueda comparar contigo”.



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