Domingo 31 de Julio de 2005_________Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

EL SUEÑO DE UNA VIDA REAL

“En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, subió a una barca y se dirigió a un lugar apartado y solitario. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Cuando Jesús desembarcó, vio aquella muchedumbre, se compadeció de ella y curó a los enfermos.

Como ya se hacía tarde, se acercaron sus discípulos a decirle “Estamos en despoblado y empieza a oscurecer. Despide a la gente para que vayan a los caseríos y compren algo de comer”. Pero Jesús les replicó: “No hace falta que se vayan. Denles ustedes de comer”. Ellos le contestaron: “No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados”. Él les dijo: “Tráiganmelos”.

Luego mandó que la gente se sentara sobre el pasto. Tomó los cinco panes y los dos pescados, y mirando al cielo, pronunció una bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran a la gente. Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que habían sobrado, se llenaron doce canastos. Los que comieron eran unos cinco mil hombres.

Momento 2

Momento 3

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1.-Muy queridos amigos:

La vida humana se va entretejiendo en sus distintos momentos, tal como si fuera un artístico tapiz. Los hilos, que son sacados del cajón del artista, y que cuentan con una muy amplia gama en sus distintas tonalidades, pueden ser llamados: Sueños y Realidades, Gracia y Libertad, Comisiones y Omisiones, Acciones e Intenciones.

Se trata del tapiz de nuestra existencia, en el que queda plasmado el curso de la vida, y en el cual concursan el recurso divino y el recurso humano.

2.-¿Qué mejor discurso para pregonarse desde éste púlpito, que esta invitación para que el hombre comprenda que las acciones que transforman este mundo que Dios nos ha dado, están compuestas por la acción comprometida del creyente y la acción realizadora de Aquél que lo puede todo?

Pero,... uno bien se podría preguntar: ¿Qué es lo que el hombre puede aportar en la historia de la salvación? ¿Cuál es su lugar en ese tapiz que se va entretejiendo con el paso del tiempo y en nuestro propio espacio?

El ser humano puede quedarse en promesas sin llegar a realidades, en proyectos sin llegar a concreciones, en preparativos sin contemplarejecuciones. El hombre puede quedarse en intenciones sin llegar a las acciones. Se trata del ser humano que solicita bienes en su oración; pero que, en más de una ocasión, cuando éstos son obsequiados no son aceptados o bien son anulados, porque el hombre se da cuenta de que los dones de Dios suelen convertirse en trabajo y compromisos.

3.-El Evangelio de este domingo, nos presenta a un Dios que lo puede todo, pero al que no le agrada solucionar fácilmente un problema en el que los hombres pueden y deben hacer algo. Dios nos enseña, que Él ha querido necesitar de la cooperación de los hombres.

El Señor Jesucristo no ha querido ofrecernos el pan sin el esfuerzo. El no ha querido mostrarnos el rostro de un Dios que mágicamente quiera facilitar o solucionar lo que está en nuestras propias manos.

Dios ha querido tener necesidad de nuestras alforjas, casi vacías, pero dispuestas a cooperar con Él. El Señor quiere necesitar de nuestras leves aportaciones. El Hijo eterno del Padre ha querido esperar de cada uno de nosotros, esos elementos humanos que complementan su plan de salvación.

4.-Hoy, el Evangelio nos presenta la aportación del hombre. Desde lo humano, se trata de algo hasta cierto punto desalentador: sólo cinco panes y dos pescados; sin embargo, Dios ha querido que éstos sean necesarios.

Y así ha sido siempre en esta historia que Dios ha querido escribir con la ayuda del hombre.

Y, ¿sabes?... Quizá no se ha escrito nunca una paradoja tan grande como ésta: por un lado, la soberanía del Señor, y por la otra, su aparente necesidad. Se combina la divinidad con la dependencia, la posesión de todas las cosas con el despojo del existir, la riqueza con la pobreza.

Se trata del Hijo de Dios que ha querido aparecer como ese divino menesteroso. Se trata de Aquél que ha pedido prestado un pesebre para nacer, el que pidió una barca para predicar. Él mandó pedir un asno prestado para entrar a Jerusalén, la razón que los discípulos deben dar para explicar es que: “el Señor tiene necesidad de ello”; poco tiempo después les mandó pedir prestado un lugar para celebrar la Última Cena y, en ese lugar instituir la Sagrada Eucaristía.

Al final, la historia terminará con el mismo tenor: habrá necesidad de que se pida un sepulcro vacío para que descanse Aquél que efectivamente no tiene donde reclinar la cabeza. Será en un sepulcro prestado en donde suceda el acontecimiento más grande en la historia.

En la realidad, Dios se permite tomar algunas cosas de los hombres para recordarnos que todo procede de Él.

5.-Y así, Dios, en sus milagros de todo tiempo, ha querido necesitar de la aportación del hombre; aunque sea el estirar nuestra mano para tocar la orla de su manto, el gritar para que me oigan aunque se molesten algunos, el lanzar la red aún a pesar del cansancio y la desilusión, el llenar de agua los odres de las purificaciones, el quitar la piedra de un sepulcro en dónde está depositado aquel que ya experimenta el proceso natural de la descomposición,... y hoy, el Evangelio nos invita para que pongamos nuestros cinco panes y nuestros dos pescados en las manos de Dios.

El Señor nos invita para que colaboremos con su obra. ¿Te acuerdas? Él nos ha prometido como recompensa de nuestras acciones, aparte de la vida eterna, el ciento por uno. Pero no te olvides que nunca existirá el Ciento, si yo no soy capaz de poner el Uno que debo aportar.

6.-¡Fíjate bien! En el tiempo actual, más que milagros, hace falta amor al trabajo e interés por el hermano. Hablemos del amor al trabajo, más adelante reflexionaremos sobre la compasión o interés por el hermano.

7.-¿Pero qué tanto puedo yo aportarle a la obra de Dios?

Resulta necesario, darnos cuenta que la desproporción existente entre lo que el hombre aporta y la grandeza de la obra de Dios se anula cuando lo poco que se tiene, o la nada que se piensa ser y tener, se convierte en el todo que se le entrega a Dios, y que se pone a disposición del hermano.

Al hablar de esos nuestros juicios emitidos sobre la simpleza de mis cinco panes y mis dos pescados, he recordado aquella propuesta de Sören Kierkegaard, quien ha hablado sobre “Los Saberes Socráticos”, los cuales se deben enseñar y conjugar en el modo verbal conocido como Gerundio.

Recordando el método mayéutico de Sócrates, Kierkegaard lo aplicaba a la practicidad de la vida y a la necesidad de ponernos a trabajar. Acorde a la enseñanza de los dos filósofos: a pensar se aprende pensando, a estudiar se aprende estudiando, a nadar se aprende nadando, a orar se aprende orando, a trabajar se aprende trabajando...

8.-En la realidad, no se trata de otra cosa, sino de esos cinco panes y de esos dos pescados que el hombre debe poner en su profesión, en su trabajo, en la oficina, en la escuela, en su hogar, en su esfuerzo diario, en su dedicación para cada cosa que quiere aprender o que piense adquirir.

No obstante, es recurrente el que los hombres queramos una multiplicación de panes sin poner panes, queremos una pesca milagrosa sin ir a pescar, queremos la conversión del agua en vino sin llenar de agua los odres.

¿No te has fijado? Los jóvenes pretenden pasar un examen sin ponerse a estudiar una sola hora. ¡Eso no puede ser posible!

Algunos profesionistas desempleados pretenden tener un buen empleo, pero lo quieren conseguir levantándose a las once de la mañana, y saliendo al mediodía a tocar las puertas de las empresas. Eso no es posible ¡Por el amor de Dios!

Los esposos quieren solucionar sus conflictos sin cederse a sí mismos un espacio para el otro. Quieren que Dios, y que el otro hagan todo el trabajo y se olvidan de que las relaciones humanas siempre serán un movimiento de dos. ¡Es muchísima nuestra soberbia!

Hoy se quiere la multiplicación de panes sin que ponga cada uno de nosotros los dos panes y los cinco pescados que se poseen. Lo anterior es un absurdo, y a Dios nunca le han agradado los absurdos.

9.-¿Te acuerdas de nuestro tiempo en la escuela? ¿Quién de nosotros no se deleitó en su niñez y en la adolescencia leyendo esas narraciones cortas, llamadas Fábulas de Esópo?

Esópo cuenta en una fábula la importancia que tiene nuestro trabajo: “Un granjero que estaba a punto de morir y deseaba comunicar a sus hijos un importante secreto, los llamó y les dijo:

-Hijos míos, moriré dentro de poco. Por tanto, sabed que en mi viñedo hay un tesoro oculto. Cavad en la viña y lo encontraréis.

En cuanto el padre murió, los hijos empuñaron la azada y el rastrillo, y removieron una y otra vez el terreno, en busca del tesoro que supuestamente estaba enterrado allí. Ellos no encontraron nada, pero las viñas, con la tierra removida, produjeron una cosecha como jamás se había visto en aquella comarca.

La moraleja era fácil de encontrar: “No hay tesoro sin esfuerzo”. Pero,... parece que nosotros no lo hemos comprendido.

10.-Dios quiere el bien del hombre, y el hombre debe de ver por su bienestar. Debe poner en las manos de Dios sus panes y sus pescados para que los bendiga y los multiplique en favor de todos los hombres.

Son mis cinco panes y mis dos pescados, los que pueden saciar el hambre de una multitud, o los que, en el enmohecimiento de la apatía y del desgano, les pueden condenar a la desgracia.

Nuestra vida será sueño o será realidad, será omisión o será comisión. La vida será gracia y será libertad, será intención y será acción. Nuestra vida será ganancia o será pérdida.

11.-Volvamos a nuestras labores y presentemos a Dios con fe, en el trabajo de la vida diaria, nuestros cinco panes y nuestros dos pescados, y Dios nos concederá todos los días el milagro de su multiplicación.

 

HAMBRE DE MISERICORDIA

“En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, subió a una barca y se dirigió a un lugar apartado y solitario. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Cuando Jesús desembarcó, vio aquella muchedumbre, se compadeció de ella y curó a los enfermos.

1.- Muy querido amigo:

Hace un momento, al reflexionar sobre la multiplicación de los panes, se subrayaba la importancia que tiene el trabajo humano en la obra de Dios.

No obstante, el Evangelio también nos presenta este día un segundo elemento fundamental en la multiplicación de los panes: la necesaria bondad en los sentimientos del corazón.

2.-El Señor Jesucristo al ver a aquella muchedumbre, que le siguió desplazándose por tierra desde los pueblos, se compadeció de ella.

Hablando de la multiplicación de panes, a través de la cual el Señor sació el hambre de aquella multitud, hoy resulta lamentable el constatar que, tal como lo había constatado el Papa Juan XXIII, en el momento actual no nos hace falta pan, sino que aquello que hace falta es la existencia de misericordia en el corazón del hombre. El hombre actual es codicioso y, en un sinfín de momentos, no es capaz de compadecerse del hermano.

La hambruna que padece el mundo actual es, en gran parte, el fruto de nuestro egoísmo y de una vergonzosa rapiña que ha llegado a adquirir dimensiones planetarias. Bastaría que leyéramos el último número del Fortune o del Forbes, para que nos demos cuenta de esa escandalosa desproporción que existe entre la riqueza de pocos y la miseria de muchos.

3.-¿Pero, cómo es que el hombre puede tener acceso a la compasión?

La experiencia humana es la que nos transforma en personas, y la experiencia de Dios es la que nos puede hacer mejores cristianos.

El hombre necesita experimentar la pobreza para que pueda salir de su caracol de egoísmo e indiferencia. Lo que predicamos se queda en teoría si nos falta el factor experimental. El amor se experimenta, la pobreza se experimenta, la fragilidad se experimenta, el perdón se experimenta. La experiencia es la que nos transforma.

Resulta fácil hablar de la muerte, pero de la muerte del otro, del que no está cerca de nosotros, del que no lleva mi sangre. Pero, cuando la muerte toca a la puerta de nuestra casa nos sentimos impactados y entonces comprendemos la caducidad del tiempo. Nuestra vida no puede ser la misma, una vez que experimentamos la muerte.

Es fácil, dar un discurso sobre la pobreza, pero es distinto experimentarla: acusan los psiquiatras que sus divanes se están llenando de gente “bien”, de señoras sin preocupaciones o de jóvenes que nadan en la abundancia pero que no le encuentran sentido a la existencia. Hace falta experimentar la carencia para que cambie nuestra forma de percibir la vida.

Es fácil convertirnos en los jueces del hermano, y acusar la fragilidad de los demás e indiciarlos. Es fácil señalar la paja de los ojos ajenos, pero cuando uno experimenta la viga en los propios ojos, uno aprende a ser menos duro y exigente con el hermano.

Aprendemos a valorar cuando experimentamos la carencia. Tanto hacia las personas como hacia las cosas, nos damos cuenta de su verdadero valor, cuando experimentamos su ausencia.

En más de una ocasión me he encontrado con el joven que cambia de vida a raíz de un lamentable accidente. La experiencia cambia a las personas.

Las enfermedades terminales también hacen recapacitar a muchas personas que estaban lejos de Dios.

4.-Las experiencias te transforman. Al conducir mi vehículo suelo bajar la velocidad, rezar un Padre Nuestro y un Ave María, al encontrarme con una ambulancia o con el vehículo de la funeraria. Pide uno por el cristiano trasladado de emergencia a los puestos de salud, pide uno por el eterno descanso de quien se dirige a su última morada en la tierra, o bien por el consuelo y la esperanza de los deudos.

Las cosas cambian cuando uno vive esas situaciones.

Hace falta que un día uno, súbitamente sumergido en la mar de la humana incertidumbre y experimentando la impotencia para gobernar el tiempo, vaya arriba de una ambulancia acompañando a un ser querido para comprender la labor de estos voluntarios y no irnos atravesando en medio de su trayecto, o siguiendo caprichosamente la estela que dejan en su camino, e ir pensando que es demasiado gracioso o hasta intrépido el pasarnos en rojo esos semáforos que los demás no se pasan.

Hace falta que uno experimente en la vida la sensación de viajar en el séquito fúnebre de una persona sumamente amada, para que así aprendamos a no desesperarnos y para que lleguemos a comprender el dolor que experimentan las familias cuando se dirigen al camposanto.

5.-No cabe duda que las experiencias son las que nos transforman.

Albert Schweitzer, alemán de nacimiento, fue uno de los mejores doctores en teología, maestro en la Universidad de Hamburgo, pero llegó el momento en que el contacto con los leprosos le llevó a dejar las aulas y dedicarse a cuidar enfermos de lepra. Los amigos que le conocen dicen que ha dado desde entonces la mejor cátedra en teología que pudo haber dado: cuidar al leproso en Lambaréné, en el África Ecuatorial Francesa.

Raoul Follereau, francés de nacimiento, fue un brillante periodista y autor dramático durante la segunda guerra mundial. Liberalista, su nombre estuvo inscrito en la lista negra de la Gestapo. En una persecución buscó refugio en un convento de Venissieux, cerca de Lyon. Aquellos frailes estaban preocupados, porque ellos querían construir una colonia para los leprosos de Adzopé y no tenían dinero. Raoul les dijo a los monjes: "ustedes cuiden a los leprosos,...de los dineros me encargo yo". Y empezó una vida dedicada a recolectar fondos para construir leprosarios. Después le siguieron los leprosarios de las Antillas, de Guinea, etc... Este es el hombre que ha sabido amar a los leprosos, porque dice: "la compasión no es suficiente". Follereau ha sido conocido como "el vagabundo del amor".

Agnes Gonxha Bejaxhui, Yugoeslava de nacimiento, mejor conocida como la Madre Teresa de Calcuta. Calcuta, "la Ciudad de la Pesadilla" como la llamó el mismísimo Nehrú, se convirtió en el sueño más noble y el lugar del amor más desinteresado de esta mujer, de aspecto débil, pero con una increíble fortaleza interior y que fue incansable en la entrega.

Calcuta ha sido Santuario de la Caridad de la Madre Teresa. Ella significó, en éste mundo de mediocridad el mejor ejemplo del amor en activo, ella fue un evangelio viviente. El año 1979 se le concedió el premio Nóbel de la Paz, pero ese año no hubo banquete para entregar el premio a la Madre Teresa, ya que se le entregaron los 30,000 dólares que iba a costar el banquete, para que alimentara a 400 seres humanos durante todo un año.

Karol Wojtila, Polaco de nacimiento... Charles de Foucauld, Francés de nacimiento... Francesco de Asis, Italiano de nacimiento..., son personas, a las cuales sus propias experiencias les transformaron la existencia, y les llevó a poner en las manos de Dios sus cinco panes y sus dos pescados.

6.-Hoy, más que hablar de las zonas erróneas se habla de nuestras zonas cómodas. Se dice que nunca llegamos a gozar de la plenitud de nuestras capacidades, porque nunca las hemos puesto a prueba.

¿Sabías tú que el siglo XIX, de acuerdo a la apreciación de Nikolai Gogol, fue el tiempo en que perduraban Narciso y Prometeo? Narciso era aquel personaje que se pasaba su vida en autocontemplación. Prometeo era aquel semi-dios necesitado de reconocimiento y homenaje: como el hombre no se lo daba se alía a Zeus, como Zeus no se lo daba, Prometeo también se volvió contra éste. Se trata del orgullo indomable.

¿Sabías tú que en 1942, Albert Camus sugirió que el símbolo idóneo del hombre de la mitad del siglo XX era Sísifo, que fue condenado por los dioses a hacer rodar sin cesar una roca hasta la cumbre de una montaña, desde donde volvía a caer siempre por su propio peso?

Aunque, probablemente, el mito deSísifo no llegó a alcanzar una vigencia social análoga a la de Prometeo, es innegable que expresó muy bien los avatares que vivió la generación del genial literato argelino-francés. Habían dedicado esfuerzos ímprobos a construir Europa, y la Primera Guerra Mundial convirtió su obra en un montón de escombros. Iniciaron animosos la reconstrucción, pero la Segunda Guerra Mundial lo arrasó todo otra vez. Con tenaz esperanza volvieron a empezar en cuanto se firmó la paz... ¿Y así, hasta cuando?, pregunta Camus. Pues bien, a pesar de todo, él mismo se niega a claudicar y propugna plantar cara al absurdo en “El Mito de Sísifo”: “Hay que imaginarse a Sísifo feliz”, decía.

Hoy, la generación de los postmodernos quiere recuperar la imagen de un Prometeo reelaborado que le dice a Sísifo que ya no hay que empeñarse una y otra vez en subir la roca a lo alto de la montaña. ¡Dejémosla abajo y disfrutemos de la vida! Joaquín García Roca en su obra “Solidaridad y Voluntariado” acusa a nuestra generación de inmadurez: “Nadie garantiza hoy que con la muerte del burgués renazca el ciudadano. Podría, en su lugar, nacer el adolescente. Si el burgués sacrificaba el placer de vivir en la acumulación de las riquezas, el adolescente “quiere, ante todo, divertirse, relajarse, escapar de los rigores de la escuela por la vía del ocio.”

Y este es el hombre de un naciente siglo XXI que esconde en su alforja los cinco panes y sus dos pescados: cavamos un agujero y nos establecemos en nuestro cómodo rincón, y cada nuevo día se convierte en un día igual al anterior e idéntico al día de mañana, porque en esa forma es como nos sentimos cómodos y, sin complicaciones.

7.-El Evangelio nos invita para que veamos como propio el mundo del otro, sentirse afectado, como una reacción ante el sufrimiento de las víctimas. Es fácil decirle a Dios: ¡Despide a la gente para que vayan a los caseríos y que compren algo de comer!...

La compasión tiene su inicio en un corazón que se sensibiliza y que llega a conocer lo que significa “padecer junto con” el hermano. “Duélete con mis dolores, si en verdad, tú me has querido”, canta una vidala argentina.

Salir de nuestra zona cómoda significará agrandarnos por la experiencia de Dios y del hermano. Significará soñar el sueño imposible, alcanzar lo que antes no habíamos intentado, hacer lo que nunca hemos hecho, arriesgarnos y atrevernos a ir a los lugares en donde nunca hemos estado.

La vocación del cristiano no es la de poseer, sino la de distribuir. Hoy no nos falta pan, nos hace falta misericordia y,... ganas de trabajar.

 


SERÁN LOS DOS UNO SOLO

“En aquel tiempo, los discípulos le dijeron a Jesús: “Estamos en despoblado y empieza a oscurecer. Despide a la gente para que vayan a los caseríos y compren algo de comer”. Pero Jesús les replicó: “No hace falta que se vayan. Denles ustedes de comer”. Ellos le contestaron: “No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados”. Él les dijo: “Tráiganmelos”


1.-
Muy queridos amigos:

No cabe la menor duda, de que los hombres y las mujeres somos bastante distintos.

Y, es precisamente, en las diferencias en donde se encuentra nuestra mayor riqueza.

El matrimonio suele ser la asociación de dos individualidades diferentes, pero que se complementan. La alianza matrimonial como sacramento cristiano se convierte entonces en una comunidad de vida y de amor.

¿Sabes? A todo mundo, nos agrada el que en el matrimonio los esposos ya no sean dos, sino que los dos sean uno sólo. Nuestro problema resulta, cuando se pretende que ese ser “uno sólo” del matrimonio, sea el “yo” de mi persona que prevalezca sobre el “tú” de la otra persona.

En el matrimonio, cada vez son más los que se empecinan pensando que para que los dos “sean uno sólo” hace falta la desaparición del “tú”, y que el “yo propio” sea el único que determine el rumbo de las cosas.

En la realidad, el matrimonio no debe de ser ni la muerte del “tú” ni la instalación del imperio del yo, sino el generoso nacimiento de un “nosotros” y será, sólo de esa manera, como se pueda entender el “ser uno sólo”.

Se trata de la afirmación de la primera persona pero en el plural, en un “nosotros” que contempla la grandeza del “yo” y la inmensidad del “tú”.

2.-¿A qué viene todo lo anterior? ¿Por qué el cura habla de esas cosas?

Debemos hablar de la multiplicación de los panes en nuestra familia. Para ello quisiera recurrir al Evangelio del día de hoy, en su versión de san Marcos, la cual nos habla sobre un muchacho que traía cinco panes y dos pescados,... quizá si hubiera sido una muchacha, lejos de traer cinco panes y dos pescados hubiera traído cinco pescados y dos panes. ¡Esto no importa demasiado!, lo trascendente se ubica en el hecho de que ya sean cinco panes o cinco pescados, cada uno, tanto el hombre como la mujer, ponga en las manos de Dios aquello que antes de salir al campo de la vida, Dios mismo le quiso poner en su alforja.

3.-¡Fíjate! Cómo somos tan distintos los hombres y las mujeres: para la mujer una cosa es importante y para el hombre no lo es tanto, para el hombre algo es bello y a la mujer no le resulta igual.

Leía, hace cinco años,en una publicación médica titulada: Archivos de Neurología, un artículo de un matrimonio de médicos llamados Ruben y Raquel Gur, los cuales afirmaban una lista de diferencias entre el cerebro del hombre y el de la mujer. Más allá de la brecha del lenguaje que suele favorecer a la mujer, y la de la orientación que parece favorecer al hombre, hablaban sobre otras cosas más esenciales.

Dicen los médicos que al salir de viaje una mujer se fija más en la tienda, la farmacia, el mercado y las iglesias; y que los hombres consideramos más la distancia y la dirección (medio kilómetro hacia el oeste y después dos kilómetros hacia el norte).

Mencionan ellos, que en la noción de espacio, los así llamados “del sexo fuerte” les aventajamos a las así llamadas “del sexo débil”, y ejemplificaban sugiriendo que se contemple el momento en que una mujer y un hombre estacionamos un vehículo. ¡Ellos dicen que la mujer batalla más! ¿Será?

Afirman, entre otros datos, que la mujer suele tener mejor memoria que el hombre. Sin embargo, me llamaron la atención dos diferencias concretas:

Refieren que una mujer para realizar una tarea, aunque sea el sólo mover los dedos pulgares de la mano, suele activar sus neuronas en un área más extensa del cerebro, y lo explican diciendo que hay una mayor extensión en el puente de fibras que une los hemisferios cerebrales en la mujer, a diferencia del hombre. Lo anterior les hace afirmar el ejercicio de asociación de ideas, que hoy llaman inteligencia emocional, y que ya, hace mucho tiempo era llamado con el nombre de intuición femenina.

Por otro lado, dice el matrimonio de especialistas, que el cerebro del hombre, tiene una mayor capacidad para la concentración. El hombre puede estar leyendo un libro y abstraerse en su lectura, no importa que toquen la puerta, que pase el tren, que ladre el perro, que suene el teléfono y que llore el niño. Para una mujer esto no puede ser posible.

Mencionan que una mujer puede descubrir más fácilmente los sentimientos de los demás: Raquel y Ruben Gur hicieron un estudio obteniendo tomografías del cerebro de personas voluntarias que veían fotografías de actores. Hombres y mujeres percibían por igual, con mucha facilidad cuando alguien estaba feliz. Pero al tratarse de descubrir los rostros de los que estaban tristes, los hombres batallaron más, tenían que estar llorando para percibir su tristeza, la mujer en cambio no necesitaba esforzarse tanto para descubrirlo con claridad.

Todo lo anterior, mencionan los especialistas, va acarreando con el paso del tiempo sus propias consecuencias.

Si bien, es cierto que el cerebro del hombre es un 10 o un 15% más grande que el de las mujeres, con el proceso de la ancianidad el cerebro del hombre se encoge más aprisa que el de las mujeres, lo que traerá como consecuencia la pérdida de la memoria, menor capacidad de atención, la tendencia a la depresión y a ser irritable. Afirmaban que, sí los hombres se vuelven más gruñones cuando llegan a viejos, la culpa la tiene su cerebro.

El hombre recibe sus afecciones, pero la mujer también. Raquel y Rubén Gur afirman que en el año 1999, tan sólo en los Estados Unidos, había 4 millones de estadounidenses que padecían Alzheimer, y afirmaban que de los 4 millones, 3 millones son mujeres. ¡Tres cuartas partes!

4.-Los cinco panes y los dos pescados que el hombre pone, o los cinco pescados y dos panes que la mujer comparte, un buen día, después de haber saciado las necesidades de una gran cantidad de personas, llega el momento en que se consumen, aunado al sentimiento de satisfacción por el provecho brindado a los que nos encontramos en la vida.

Dios no se equivoca. Él bien conoce la perfección de lo que ha creado. Dios ha creado al hombre y a la mujer tan distintos uno del otro, para que se complementen y para que le ayuden a saciar el hambre de una multitud.

5.-El amor verdadero es incompatible con el egoísmo. El nosotros del matrimonio considera a un “yo” y un “tú” que son diferentes, pero nuncasuperiores ni inferiores.

Considero que el matrimonio no puede ser una resta sino una suma. La relación esponsal no debe ser un empobrecimiento sino el enriquecimiento.

Y dentro de éste significado, el respeto por la otra persona tendrá siempre un lugar sumamente importante. Muchos de nuestros problemas se originan por la incapacidad de respetar al otro en su identidad. El trato cortés y afectuoso será el que mantenga viva la flama del cariño conyugal.

Más aún, pensando en esos momentos en que nuestras diferencias lejos de ayudarnos, pareciera que nos están distanciando, es el momento preciso para que los dos consideren, en la presencia de Dios, el revisar todos aquellos elementos que lastiman al otro y que es preciso cambiar.

No puede existir verdadera felicidad, cuando el ser humano está sólo en la supuesta felicidad.

6.-El perdón entre los esposos deberá convertirse en un ejercicio necesario y cotidiano.Esto le convertirá en la increíble posibilidad, ofrecida a los hijos, de una manifestación del amor más sincero.

Ojalá, que no rechacemos esa posibilidad de imitar la misericordia sin límites del Dios que nos ama, en la capacidad de poner a cero las cuentas y de anular las deudas.

Ojalá, que eliminemos de nuestro corazón todos esos vestigios de rencor.Los residuos en la vida siempre nos provocarán problemas. Resulta triste constatar que en nuestro corazón se conserven odios y resentimientos.

El rencor no daña al que se le tiene, daña al que lo tiene y lo conserva.

7.-El mejoramiento humano viene de dentro hacia afuera. Saber perdonar es querer vivir en libertad, es querer vivir hacia el futuro sin lastres ni rencores, es saber dar el paso hacia el dominio de mis instintos de venganza y de mi propia justicia.

¡Es muy cierto! Qué para pedir perdón hace falta tener humildad, pero, también es cierto, que para perdonar hace falta amor. Quien no es humilde no pide perdón y quién no ama no será capaz de perdonar.

La soledad no es la ausencia de personas sino el exceso del egoísmo.

Revisa tu vida y sinceramente encuentra todos aquellos momentos en que, por causa del orgullo, se han ido debilitando las relaciones.

Gustavo Adolfo Becquer dibuja en su Rima XXX lo que acontece en la vida de los enamorados cuando el orgullo se apodera de la relación. Ellos se han ofendido, el orgullo no le permite a él pedir perdón, y es el orgullo lo que no le permite a ella perdonar. Después viene el arrepentimiento de ambos, quizá cuando ya poco, o ya nada, se puede hacer...

“Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mis labios una frase de perdón;
habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.
Yo voy por un camino, ella por otro;
Pero al pensar en nuestro mutuo amor,
Yo digo aún: “¿Por qué callé aquel día?”,
Y ella dirá: “¿Por qué no lloré yo?”.

Y esta es nuestra más triste realidad. Los esposos quieren solucionar sus conflictos sin cederle un espacio al otro. Quieren que Dios, y que el otro hagan todo el trabajo y se olvidan de que las relaciones humanas siempre serán un movimiento de dos. ¡Es mucha nuestra soberbia!

¡Hoy somos muchos los que queremos que Dios sea el que multiplique los panes y los peces, sin poner cada uno los cinco panes y dos pescados que se poseen!

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