Domingo
5 de Junio de 2005_________Pbro. Rogelio
Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx
¿QUIÉN ES BUENO Y QUIÉN
ES MALO?
“En
aquel tiempo, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado
a su mesa de recaudador de impuestos, y le dijo: “Sígueme”.
Él se levantó y lo siguió.
Después,
cuando estaba a la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y
pecadores se sentaron también a comer con Jesús
y sus discípulos. Viendo esto, los fariseos preguntaron
a los discípulos: “¿Por qué su Maestro
come con publicanos y pecadores?” Jesús los oyó
y les dijo: “No son los sanos los que necesitan de médico,
sino los enfermos. Vayan, pues, y aprendan lo que significa: Yo
quiero misericordia y no sacrificios. Yo no he venido a llamar
a los justos, sino a los pecadores”.
Extraña
actitud entraña el corazón de tantos hombres, los
cuales nos sentimos superiores a los demás, pero todavía
es más extraña y nociva la actitud de aquellos hombres
que nos solemos juzgar como buenos, a costa del desprecio de los
hermanos.
Los
hombres, tal parece que no hemos comprendido la realidad sobre la
salvación que trajo Jesucristo,
la cual por ser divina, tiene alcances universales. Los seres humanos
no hemos comprendido que Dios ama a todos los hombres y, que espera
algún día tenernos reunidos como su familia, en torno
a la mesa del banquete eterno.
Esos
hombres erráticos de todos los tiempos y de todas las religiones,
entre los cuales estamos tú y yo, hemos estado luchando y
fracasando ante esa gran tentación que amenaza al hombre
religioso: la reducción del particularismo. Los hombres nos
hemos encargado de segregar y proscribir al hermano.
“¿Por
qué su Maestro come con publicanos y pecadores?” No
comprendemos la lógica de Dios.
2.-
Somos precisamente los hombres, aquellos que hemos fraccionado esta
tierra que Dios nos ha dado. Los seres humanos nos hemos
dado a la tarea de crear esas líneas imaginarias que marcan
las fronteras en la geografía de este mundo. Todo esto, hasta
cierto punto, es comprensible y hasta cierto punto útil.
Nuestra verdadera complicación radica, en el hecho de que
no hayamos alcanzado a comprender que en la geografía de
Dios no existen los confines, que para Él no hay lugares
limítrofes. En la geografía del divino Creador no
se han diseñado distancias y, por tanto, para Él no
existen los distantes. Y en cuestiones de humanidad, para Él
no existen las castas, y por lo tanto no existen los propios ni
los extraños.
Somos
los hombres los que nos hemos encargado de separar a nuestros hermanos
por colores, por raza, por cultura, por economías y por ideologías.
Los hombres hemos fabricado los ghettos, las alambradas y los muros.
De una u otra manera todos los hombres, solemos despreciar a los
que son distintos, y le hemos querido llamar pureza a nuestro racismo
y al desprecio por el hermano le hemos llamado patriotismo.
3.-
Este domingo, conforme al Evangelio leído, tenemos que reconocer,
con verdadera vergüenza, que la frontera más dolorosa
y la más intransitable suele ser la frontera religiosa, y
que las guerras más despiadadas han sido, son y serán
aquellas que emprendemos los hombres en el “supuesto”
nombre de Dios.
El
que los hombres nos sintamos distintos no genera pecado alguno,
pero sí el sentirnos superiores a los demás, y más
aún, trasladar nuestro afán de superioridad al plano
moral y religioso despreciando, desacreditando, condenando, y muchas
veces, atacando al que no piensa como yo y tú, o que no pertenece
a nuestro exclusivo círculo. A esto, se le llama fundamentalismo.
El
hombre fundamentalista, suele mirar a los enemigos
propios como si fueran los enemigos de Dios; es por ello que el
Señor Jesús, en su sabiduría y amor, nos pide
amar a los enemigos y rezar por ellos. El Señor Jesucristo,
bien sabe que en el momento en que rezo por alguien, ése
alguien, por quien elevo una plegaria, ha dejado de ser mi enemigo.
4.-
Los cristianos tenemos que ser coherentes con la fe que profesamos.
Nosotros debemos luchar contra la hipocresía de nuestro propio
fariseísmo.
Se
trata de la falsedad, porque en nuestra visión de la vida,
nosotros siempre somos los héroes y los otros son los villanos,
nosotros somos los buenos y los otros son los malos. Muchos predicadores
parecemos esos niños que juegan a policías y ladrones,
en donde nosotros seremos siempre los guardianes del orden y los
demás son los que delinquen. En el guión de la trama
que nosotros mismos hemos redactado, nosotros seremos siempre los
santos y los otros serán los pecadores.
Nosotros
somos Abel y los otros son los Caínes. Pero, ¿Quién
es realmente bueno y quién es auténticamente malo
en la vida?
5.-
Hoy, el Evangelio nos presenta el relato vocacional de Mateo, el
recaudador de impuestos, acompañado del reproche de los fariseos
ante el llamado que Cristo le hace y ante ese “permiso”
tomado para sentarse a su mesa y no obstaculizar que otros publicanos
se sentaran junto a Él.
Los
fariseos suelen ser tan rígidos en sus esquemas que parecen
no haber comprendido que la operación de Dios tiene dos nombres:
misericordia y paciencia. Y estas son las principales estrategias
del divino redentor: misericordia y paciencia.
6.-
¿Quién es bueno y quién es malo en los campos
de Dios? Al inicio de la historia o en el transcurso de
la misma, el hombre puede equivocarse. Dios prefiere esperar el
desenlace para que termine la película de nuestra vida. El
Señor espera a que se desarrolle cada acto y que también
concluya la escena final y, aparezcan ya los créditos en
la pantalla de la existencia, para que entonces no haya margen de
error y sobre todo,... porque espera el sorpresivo cambio que provoca
el arrepentimiento humano como para ofrecernos su no tan “sorpresiva”
misericordia.
¿Quién
es bueno y quién es malo? Dios no suele precipitarse. Esta
actitud del Maestro a favor de Mateo, tiene tanto eco a lo largo
y ancho del Evangelio.
¿Te
acuerdas? Un Padre tenía dos hijos y le manda a uno trabajar
y dice que sí va pero no fue, el otro le dice que no al principio,
pero sí lo hace. ¿Quién resultó ser
el bueno y quién el malo al final?
¡Haz
un poco de memoria!: En la parábola llamada del Buen Samaritano,
en donde al ver a un hombre herido, ni el sacerdote ni el levita
se detienen a ofrecerle auxilio, y el único que se detiene
a hacer una obra de misericordia es un “mal llamado”,
por los judíos, “apestoso Samaritano”. Sí,
fue un Samaritano, a quién los judíos del tiempo de
Jesús, le llamaban “perro”, por ser considerado
un mestizo, el cual se comportó como prójimo del hombre
mal herido en el camino. ¿Quién es bueno y quién
es malo en el desenlace de la historia?
¿Puedes
hacer otro esfuerzo? En el templo, frente al altar de Dios hay un
virtuoso y presuntuoso fariseo y, a la distancia, un publicano que
ante Dios ni siquiera levanta la cabeza y solamente alcanza a reconocerse
como un "pecador", y a pedirle incesantemente perdón.
Dice el Señor que el publicano bajó justificado y
que el impecable fariseo no. ¿Quién es realmente bueno
y quién es malo?
La
historia parece no terminar, sí es que no perdemos la memoria:
Una mujer es sorprendida en flagrante adulterio y sus acusadores
tienen ya las piedras en sus manos para lapidarla. Jesús
escruta, interroga, va directo a lo esencial y luego le deja al
hombre que decida y actue: “el que esté libre de pecado
que tire la primera piedra”. ¿Quién resultó
ser el malo en la historia?
7.-
Y la verdad que Dios nos enseña, continúa interminablemente.
Las historias son insistentes y, con ello, se vuelven contundentes:
Un padre tiene dos hijos y el menor le pide la parte de su herencia,
y va y malgasta sus bienes de forma disoluta. El otro permanece
en casa, al parecer fielmente. Termina la parábola y ¿Quién
fue el bueno y quién fue el malo?
Concluyamos,
de una buena vez, sin que con ello silenciemos la elocuencia de
Dios: Jesús va a comer a la casa de Simón el fariseo
y, una mujer de mala vida se cuela en la reunión y se sienta
a sus pies, está llorando y con su llanto lava los pies del
Maestro. El virtuoso fariseo ciertamente no se imaginaba tan inesperada
e incómoda visita en su casa y emite su juicio de la descalificación
ajena y de su autocalificación hipócrita. ¿Te
acuerdas del Evangelio? ¿Quién fue el bueno y quién
terminó siendo el malo?
¿Quién
es bueno y quién es malo? ¡Dios no tiene prisa! Él
sabe, que solamente al final de la historia las buenas obras, se
ubicarán muy por encima de nuestras solas apariencias. El
Señor sabe que no basta con una buena reputación ni
tan sólo con palabrerías. Cristo sabe que no basta
con que el hombre le llame: “Señor, Señor”
para que entre al Reino de los cielos.
8.-
Aquellos que citan tantas ocasiones, al tocar las puertas de las
casas, el texto de Romanos 10, 9-10 diciéndote que “basta
que tú confieses con tu boca y que creas con tu corazón
que Jesús es el Señor y tú serás salvo”,
tienen que hacer un gran esfuerzo de memoria para recordar lo que
dice el mismo Jesucristo en el Evangelio de san Mateo capítulo
7, versículos 21 al 28 que leíamos la semana pasada:
“No todo el que me diga: Señor, Señor, entrará
en el Reino de los Cielos”. ¿Quién es bueno
y quién es malo?
El
Evangelio del día de hoy, nos invita a reconocer que todos
ante Dios podemos tener un cambio. Que ante Dios, sea cual fuere
nuestra forma de vida, seguimos siendo personas y que todos merecemos
respeto y una nueva oportunidad. Dios tiene siempre un nuevo boceto
para la historia del hombre.
9.-
Y esta es la mejor de las noticias para ti y para mí que
somos tan pecadores, ¡no para los que se sientan
justos!: Cuando aquellos que te rodean piensen que tu vida se te
ha ido de las manos, Dios tendrá preparado siempre un nuevo
proyecto.
Cuando
juzgamos, o somos engreídos o somos injustos.
Dios tiene criterios dispares a los de los hombres. Solamente Dios
conoce el desenlace de la trama de nuestra vida. Hoy, aparece un
Dios paciente, un Dios que ve el corazón, un Dios que da
nuevas oportunidades al hombre.
Debemos
acercarnos a Dios con humildad, apertura, sencillez y confianza...
Jesús se aleja cuando no los hay. El hombre humilde es el
hombre de la verdad, el recto, el coherente. El hombre soberbio
es el que inventa, el que exagera, el que se olvida de Dios y del
hermano y solamente piensa en sí mismo, y en sus exclusivismos
salvíficos.
LA
MESA DE LA SOLEDAD Y LA MESA DE LA COMUNIDAD
“En
aquel tiempo, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado
a su mesa de recaudador de impuestos, y le dijo: “Sígueme”.
Él se levantó y lo siguió.
Después,
cuando estaba a la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores
se sentaron también a comer con Jesús y sus discípulos.
Viendo esto, los fariseos preguntaron a los discípulos: “¿Por
qué su Maestro come con publicanos y pecadores?”
1.-
La salvación que nos ha traído Jesucristo tiene como
destinatarios a todos los hombres.
La
sangre del Señor ha sido derramada para la salvación
de todos, y su alcance redentor sobrepasa cualquier tipo de fronteras,
especialmente las del espacio y las del tiempo.
Sin
embargo, esta redención de Jesucristo sólo podrá
entenderla y aceptarla aquél que se sienta necesitado de
la misma, es decir los que se saben pecadores y, por lo tanto, que
se sientan necesitados de redención.
En
cambio, a aquellos que se sientan que ya son justos, que piensen
que ya están sanos o que consideren que ya están en
el número de los salvados, esas presunciones les pueden convertir
en irredentos.
2.-
Históricamente, se puede percibir la cercanía del
Señor con todos aquellos seres humanos necesitados de la
Buena Noticia de la Salvación.
Lo
anterior, le llevó a tener una Opción Preferencial,
aunque no exclusiva ni mucho menos excluyente, por las personas
marginadas de la sociedad judía de su tiempo.
Esto
nos puede resultar irritante a no pocos, como les resultó
irritante a los fariseos tal y como hoy nos lo señala el
Evangelio. Se trata de uno de los puntos importantes que jugará
un papel crucial, en aquel camino que tiene como desenlace, la condena
y ejecución de Jesucristo en el Calvario.
Hablar
de la cercanía de Cristo para con los marginados de su tiempo,
es tocar un punto demasiado álgido y, que puede ser, susceptible
a una mala interpretación.
Sin
embargo, dejar de referirlo, sería incurrir en una grave
omisión, que pudiera ser culposa y condenable en nuestra
vida y, sobre todo, en nuestra predicación.
3.-
Entendamos, que hablar de los marginados no es sólo hacer
una referencia a los pobres económicamente. Si bien
ellos están incluidos, ello no debe excluir a otro tipo de
personas a las que se les condenaba a la proscripción social
y religiosa, aún y cuando, en muchas ocasiones fueran solventes
en lo monetario, tal y cómo es el caso del Evangelio de este
día.
4.-
¿Quiénes son los marginados en tiempos de Cristo?
Se
trata de todos aquellos que vivían, o se les hacía
vivir, al margen de la sociedad judía de aquel entonces,
y entre los cuales se podían contar: Prostitutas,
Publicanos, Samaritanos, Gentiles, Leprosos, Enfermos, Mujeres,
Viudas, Ignorantes, Niños, Pecadores Públicos, Limosneros,
Gente del Campo, Pobres Económicamente...
Los
miembros del Sanedrín, entre ellos los fariseos, llamaban
a los marginados con un calificativo global y despectivo:
los pecadores.
A
los ojos de los fariseos: eran la gente sin formación en
la ley, los incultos, los que no podían salvarse porque no
conocían la Ley de Moisés; y además eran considerados
socialmente como inmaduros, ignorantes y rudos.
En
tiempos del Señor, se vivía en una sociedad teocrática
en la que el vocablo pecador, no era una simple designación
espiritual o moral, sino que se convertía en una designación
sociológica.
Los
marginados eran aquellos que estaban “fuera”,
los mal vistos, los “outsiders” como
hoy se les llama. Se trata de aquellos que son considerados enemigos
y, a quienes se les llega a desplazar del ser los enemigos propios,
para ser identificados como los enemigos de Dios.
5.-
El Señor Jesús les quiso llamar a este mismo grupo
de personas: los Pobres, los simples, “los mínimos”,
“los más pequeños”, “los insignificantes”.
Jesús
ha llamado “pequeños” a la Gente de corazón
roto, los que tienen peso de culpa, los condenados por la sociedad,
los tristes, los desanimados, los que tienen hambre y sed, los que
lloran, los enfermos, los agobiados, los últimos, los perdidos.
Ellos son los "mal vistos".
6.-
Al optar el Señor Jesús, por ese grupo de personas
a quienes Él llama “los pequeños”, nos
ha invitado a ver en su rostro su propio rostro: “aquel que
dé un vaso de agua a uno de estos pequeños por ser
mis discípulos no quedará sin recompensa”, “estuve
sediento y no me dieron de beber;... ¿cuándo Señor?
Cuando no lo hicieron con uno de estos pequeños conmigo lo
dejaron de hacer...” con lo anterior nos deja en claro cuatro
propiedades de su mensaje de salvación:
· En primer lugar: la UNIVERSALIDAD
de esa Salvación, en la cual tiene importancia, tanto el
todo de la comunidad así como cada una de las partes en los
individuos, incluidos aquellos a quienes los fariseos llaman pecadores.
· En segundo lugar: la IGUALDAD
de todos los hombres ante los ojos de Dios y la absoluta GRATUIDAD
de los dones que Él nos ofrece.
· En tercer lugar: esa BONDAD
de Dios, muchas veces incomprensible para los hombres.
· Finalmente: el DINAMISMO
de las diferencias entre los hombres, que hace que solamente aquellos
que se acepten enfermos, puedan sentir la necesidad del médico,
acercarse a Él y recibir sus beneficios.
7.-
Es conveniente, y no presuntuoso, el que conozcas que un escritor
llamado Joachim Jeremías, converso del judaísmo al
cristianismo, quien conoce a la perfección la cultura judía
de tiempos del Señor, en su obra “Teología del
Nuevo Testamento” afirma:
Existe
una norma de los judíos: “Un fariseo no se queda de
huésped con ellos, los mal vistos, ni los recibe en su casa”.
Más tajante era un comentario sobre la Ley, llamado el Midrash
de Samuel que decía: “está prohibido apiadarse
de alguien que no tiene formación”, por eso no es extraño
que una Oración de la comunidad esenia de Qumrán rezara
de esta manera: “No voy a apiadarme de todos aquellos que
se apartan del camino”.
8.-
Los que se oponían a los pequeños, eran principalmente
los fariseos de aquel tiempo; pero también los fariseos de
nuestro tiempo.
Los
cristianos, tenemos que ser coherentes con la fe que profesamos.
Debemos luchar contra el fariseísmo, que es también
nuestra tentación y la de todos las religiones. Luchemos
contra nuestro complejo de élite que nos lleva a tener una
actitud que se convierte en veneno circulando en las venas de la
vida cristiana. El fariseísmo de los que nos llamamos cristianos
nos hace sentirnos que solamente nosotros somos los puros y los
justos. A la Iglesia le hacemos más daño los hipócritas
que los ateos.
9.-
FREDOR MIJAILOVICH DOSTOIEVSKY en su novela de “Los hermanos
Karamasov” narra de una forma genial la intransigencia de
muchos de los que nos llamamos cristianos:
Estaba
el Santo Tribunal, el Santo Oficio y el Inquisidor empezaba a escrutar
al acusado:
"Encausado",
dijo el Gran Inquisidor, "se os acusa de incitar a la gente
a quebrantar las leyes, tradiciones y costumbres de nuestra santa
religion ¿Cómo os declaráis?:
"Culpable, su Señoría".
"Encausado
se os acusa de frecuentar la compañía de herejes,
prostitutas, pecadores públicos, recaudadores de impuestos
y ocupantes extranjeros de nuestra santa nación ¿cómo
os declaráis?"
"Culpable, su Señoría"
Encausado,
por último, se os acusa de revisar, corregir y poner en duda
los sagrados dogmas de nuestra fe. ¿Cómo os declaráis?".
"Culpable, su Señoría".
¿Cuál
es vuestro nombre, encausado?
"Jesucristo, su señoría".
10.-
Muy queridos amigos: Pensemos ahora en los pequeños de nuestro
tiempo. ¿Quiénes son nuestros marginados?
No
se trata solamente de los pobres en lo económico, ya que,
sucede también a esta sociedad cristiana que, al hablar de
“gente baja” o de “gente corriente”, no
aprendemos a distinguir entre lo sociológico y lo moral,
mucho menos lo económico.
Hoy,
los marginados y, nuestros pequeños, son también los
indígenas, los indigentes, los niños que vagan por
nuestras calles, los limosneros, los seropositivos, los drogadictos,
los alcohólicos, las prostitutas, tantos desempleados y subempleados,
muchos de los divorciados, los ancianos, los niños en el
vientre materno...
No
obstante, pensemos aunque sea por un momento, también, en
los marginados y pequeños que están a nuestro lado.
Se trata de los que no comparten nuestras ideas, los que no se comportan
según nuestros gustos, los que “aparentemente”
nos fastidian con sus problemas, los que nos molestan con sus miserias,
los que no respetan nuestros programas.
¡Cuántos
pequeños y marginados, excluidos, rechazados, condenados
a la soledad, en nuestro programa familiar y personal! Pensemos
en el matrimonio mal avenido, en la madre soltera,...
11.-
Busquemos restituir a los marginados a nuestra sociedad, pero busquemos
restituirlos también a la vida de Dios.
Preocupémonos
de recuperar a todos aquellos que se han alejado, o que han sido
expulsados de nuestros círculos.
¡Evangelicemos!,
Iluminemos toda vida con el mensaje cristiano, tanto a través
de las palabras pero principalmente con la coherencia de nuestras
acciones. Aceptemos al hermano pero siendo celosos del cristianismo.
Incentivemos
una pastoral en cada una de las situaciones especiales en la que
viven y sufren tantas personas a las que proscribimos. Pero, tengamos
cuidado de que los cuidados pastorales especializados, por ser tan
especializados, no se encarguen de marginar en nuevos campos de
concentración a aquellos a los que el Señor quiere
restituir a la sociedad de su tiempo y de nuestro tiempo.
Nadie
debe ser excluido de nuestro amor, ya que Cristo se ha unido en
la encarnación a cada hombre, especialmente a los más
pobres.
MADRE
Y MAESTRA
Cuando
Jesús estaba a la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos
y pecadores se sentaron también a comer con Él y sus
discípulos. Viendo esto, los fariseos preguntaron a los discípulos:
“¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?”
Jesús los oyó y les dijo: “No son los sanos
los que necesitan de médico, sino los enfermos. Vayan, pues,
y aprendan lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios.
Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.
1.- Muy queridos amigos:
Una
visión actual de aquello que es la Iglesia se la debemos
al Papa Juan XXIII, el Papa llamado bueno, el cual al hablar sobre
la Iglesia la definió como Madre y Maestra.
Al
hablar de la Maternidad de la Iglesia habló sin duda de su
fecundidad, lo mismo que del amor que debe manifestar para con aquellos
que somos sus hijos. Hablar del lugar de la Iglesia como Maestra
nos debe recordar su función de conducir, educar y orientar
a aquellos que el Señor le confió.
Madre
y Maestra: Se trata de experimentar a los hombres como sus hijos
y se trata de la labor de procurarles alimentos que realmente les
nutran.
2.-
Hoy en la primera lectura del profeta Oseas se resaltan estos dos
elementos en Dios: Dios como Padre quiere más que
sacrificios sobre su altar que haya misericordia en el corazón
de sus hijos, y como Maestro de los hombres quiere que sus hijos
adquieran conocimiento de Él aún sobre los mismísimos
holocaustos que podrían ofrecerle:
“Porque yo quiero amor y no
sacrificios, conocimiento de Dios, más que holocaustos”
Se
trata de ese lenguaje de la misericordia y de ese mensaje de corrección
que también nos ofrecen las actitudes de Jesús en
el Evangelio. Y es que sólo se podrá hablar con toda
propiedad sobre Dios cuando hayamos aprendido el lenguaje de la
misericordia y cuando este lenguaje nos haya trasnformado. ¿Quiéres
tener una definición sobre lo que es Dios? Tendrás
que aprender que Él se define como el que ama y como Aquél
que sabe perdonar a todos los hombres.
3.-
Y éste es también el mensaje del Evangelio en el día
de hoy: Dios da siempre una oportunidad al frágil.
El Señor nos invita a reconocer que todos los hombres ante
Dios pueden tener un cambio. Qué ante Dios sea cual fuere
nuestra forma de vida seguimos siendo personas y que todos merecemos
respeto y una nueva oportunidad.
Cuando
para el hombre su historia se ha terminado, cuando para los que
te rodean tu vida se te haya ido de las manos, Dios siempre tiene
preparado un nuevo proyecto.
Hoy,
Dios nos invita a sacar del casiller al hermano para quitarle esa
etiqueta inamovible de su frente.
4.-
Anouilh nos relata en su drama “VIAJERO SIN PASADO”
una historia que nos puede ayudar a comprender el pecado en el que
incurrimos aquellos que no dejamos que el otro pueda ser mejor y
que con ello anulamos su proyecto, nuestro propio proyecto y el
proyecto de Dios.
Un
joven soldado había recibido durante la guerra un disparo
en la cabeza que le privó completamente de la memoria. Llega
un momento en que ya no sabe como se llama, de dónde es,
ni reconoce a su familia. La noticia de este caso se difunde por
radio y la prensa con la petición de que se presenten en
el cuartel los posibles parientes. Tras haberse recibido una serie
de comunicaciones, el joven es enviado en una gira con el objeto
de que se presente y se cerciore de si realmente son sus padres
algunos de los que se han puesto en comunicación.
En
los primeros casos no se trata más que de referencias erróneas
con sus consiguientes decepciones, hasta que una familia al verlo
exclama a coro: ¡Pero si es nuestro hijo! ¡Es nuestro
hermano! Se trata de una familia solvente de la sociedad. Pero mientras
que los suyos lo reconocen, él, el hombre sin memoria, sigue
sin poder recordar y sintiéndose incapaz de participar y
terriblemente extraño en medio de los suyos.
Entonces
se les ocurre una brillante idea: le intentan refrescar la memoria
recordándole algunas de la impresiones más fuertes
de la juventud. Le lleva, por ejemplo, a una escalera en el segundo
piso de la construcción, desde la cual empujó en una
ocasión lleno de ira a un compañero de juegos que
al caer se le rompió el cuello y un brazo: un tremendo recuerdo
de la juventud que le estaba impactando en la memoria. Pero aún
y con las imágenes que empiezan a moverse en su memoria,
él permanece inalterable; parece que su memoria le traiciona.
Lo toma entonces una empleada de la casa a la que le había
causado mucho daño con sus travesuras de niño y ésta
le pregunta entre lágrimas si ya no se acuerda de lo que
le había hecho.
Al
fallarle de nuevo la memoria, ella le ofrece una prueba de su identidad
aludiendo a una mancha de nacimiento que lleva en su cuerpo. Ante
un espejo constata que así es y parece que ya no puede escapar
a la evidencia de quién es él.
De
pronto aquel joven que vivía solamente en el presente y que
no tenía otra cosa que la forja de un futuro, se encuentra
con un pasado. De pronto aquel joven que viajaba sin equipaje se
encuentra con una gran carga de culpas.
Aunque
el joven lo recuerda, en realidad no lo soporta y se calla lo que
ha conocido de repente. Ahora finge incomprensión.
Resulta
que hay otra familia que también ha pasado aviso de que su
hijo no ha regresado de la guerra, y entonces va a visitarla aunque
es consciente de que ya no tiene sentido la búsqueda. También
la nueva familia cae inmediatamente en la cuenta, en cuanto la ve,
de que no es su hijo, pero por alguna razón aquella familia
humilde necesita un hijo varón que ayude a aquel hombre anciano
en los trabajos del campo y así se pone de acuerdo él
con aquella familia para fingir que es su hijo.
¿Por
qué? Por la sencilla razón de que allí podrá
comenzar de nuevo, porque podrá ser un hombre sin pasado,
ser ese viajero sin equipaje y únicamente disponer de su
futuro.
5.-
Esta es nuestra historia y, por ejemplo, esta es la desgracia de
los que abandonan la cárcel: se les continúa
identificando con su acción pasada y no reciben más
que negativas en su vida de exclaustración que se les empujará
nuevamente a la enclaustración,... y esta es la desgracia
de muchos de nuestros seres más queridos.
La
conversión y nuestro recibir el perdón debe significar:
lograr un nuevo futuro, que me quiten el equipaje, que se quede
el pasado en el pasado y que se escriba un nuevo capítulo
en mi existencia. Sanar porque el médico divino me ha tocado,...
una historia nueva porque el pecador ha tenido frente a sí
mismo al Divino Redentor
6.-
Cristianamente la conversión es también dejar a Cristo
que Él cargue sobre sí mis propios pecados, que los
lleve en mi lugar y recibir una nueva oportunidad.
Cuando
Dios perdona no es que se refiera sobre el hombre como el que hizo
tal o cual cosa, sino como aquel con el cual, a pesar de todo, se
puede hacer algo nuevo.
Cristo
se ha llevado mi pasado para que yo tenga una nueva oportunidad
y consiga un nuevo futuro.
Pero,...
pensemos en este momento en como nuestras etiquetas hacen que no
creamos en el proyecto nuevo que representa el otro: ¡Ah!,
es mi esposa, ¡Ah!, así es tu papá. ¡Ah!,
tú sabes como son los hijos. ¡Ah! Es el publicano con
el que come, y está también con los pecadores.
Esas
etiquetas que ponemos a las personas son las que no les permiten
cambiar. Los metemos en el casiller y no permitimos un cambio en
sus personas.
Aquellos
fariseos, doctos en la ley de Moisés que critican a Jesucristo
por sus actitudes de misericordia, adolecen por la falta de comprensión
sobre la única lección que no deberían haber
olvidado: la lección de la misericordia de Dios: Vayan, pues,
y aprendan lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios.
7.-
Y es esta la mejor de las noticias para nosotros: Dios siempre tiene
tiempo mientras que en el reloj de nuestra vida tengamos un poco
de tiempo.
Podemos
pensar en grandes personajes y hablar de su conversión al
cristianismo, hablar de cuando el médico divino vino a ofrecerles
la vida nueva.
El
inglés Gilbert Keith Chesterton se convirtió y fue
bautizado cuando tenía 48 años de edad. El filósofo
existencialista francés Gabriel Marcel (muerto en 1973),
escritor, filósofo, dramaturgo se convirtió al catolicismo
y se bautizó en 1929, a la edad de cuarenta años.
Allí
está el escritor italiano Giovanni Papini, quien por su parte,
se convirtió al catolicismo cuando en 1920 estando en un
hospital, se acercó un sacerdote y le dijo si quería
dialogar. Tras charlar un rato, Papini le dijo que se sentía
insatisfecho con 39 años de vida y aunque ya había
escrito varios libros (“tragedia cotidiana”, “experiencia
futurista”) sentía que las manos las tenía vacías,
y entonces le mostró sus manos. El sacerdote le pidió
que repitiera el gesto. Al hacerlo, le colocó en las palmas
un crucifijo, añadiendo: “Esas manos ya están
llenas...”
De
hecho, cuando un año después ya restablecido, escribía:
“La Historia de Cristo”, él manifestaba que veía
en el mundo una gran Cruz invisible, plantada en medio de la tierra:
“Bajo esa cruz gigantesca, goteando sangre todavía,
van a llorar y buscar fuerza los crucificados en el alma.”
8.-
Debemos predicar palabras que traspasen el corazón y no que
se queden en una sola acaricia cutanea. La Palabra de Dios debe
llegar hasta la médula de los huesos y no quedarse en una
sola acción epidérmica.
Se
trata de aceptar ubicarnos entre la espada y la pared y aceptar
la acción del Evangelio de Jesucristo.
Para
ello, no importan las complejas argumentaciones ni la sutileza de
las palabras en las interpretaciones, se trata de algo más
que provocar vagas emociones o irritaciones fatigosas.
Conversión
significará una historia nueva, una historia vuelta al revés
con respecto a nuestras viejas y despreciables costumbres.
La
vocación cristiana es un encuentro personal, un seguimiento
entusiasmado y una relación de amistad personal con el enviado
de Dios.
Al
mismo tiempo, aquel que ha descubierto a Jesús debe preocuparse
por comunicar su experiencia a los demás, como lo hizo san
Mateo.