Domingo 19 de Junio de 2005_________Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

VALOR Y SEGURIDAD

“ En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: No teman a los hombres. No hay nada oculto que no llegue a descubrirse; no hay nada secreto que no llegue a saberse. Lo que les digo de noche, repítanlo en pleno día, y lo que les digo al oído, pregónenlo desde las azoteas

No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman, más bien, a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el cuerpo.

¿No es verdad que se venden dos pajarillos por una moneda? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae por tierra si no lo permite el Padre. En cuanto a ustedes, hasta los cabellos de su cabeza están contados. Por lo tanto, no tengan miedo, porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo.

A quien me reconozca adelante de los hombres, yo también lo reconoceré ante mi Padre, que está en los cielos; pero al que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre, que está en los cielos”

Momento 2

Momento 3

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1.- Muy queridos amigos:

Alguien sabe, ¿qué es el miedo? ¿Cómo lo podríamos definir?

El miedo suele ser ese sentimiento de inseguridad que se genera ante aquello que nos puede ocurrir, y que nos hace olvidar de que aquello que nos puede ocurrir no está, a fin de cuentas, en nuestras manos.

El miedo es un sentimiento convertido en actitud y que nos impide llevar una vida normal, bloquea el trabajo, es un obstáculo para la felicidad, reprime nuestros movimientos y nos provoca sentimientos de inferioridad; el miedo estropea la actividad y entorpece el pensar y el razonar.

El miedo es ese sentimiento nocivo que nos hace vivir a puerta cerrada, cuando Dios nos ha venido a participar de su vida y de su libertad.

2.- Hoy existen muchas personas que, patológicamente, se han desplazado desde sus miedos hasta experimentar fobias, ansiedades, pánico y angustias. Todo lo anteriormente mencionado, se ha convertido en los miedos así llamados irracionales.

Para comprender lo que es la angustia, sería útil que consideráramos la raíz lingüística de esta palabra: Angustia en latín proviene de la palabra: angustus y significa obviamente angostez, estrechez. La raíz se refiere a la estrechez del aparato respiratorio, a la congoja. La angustia surge del sofoco que experimentamos cuando las dificultades nos abrazan y no nos dejan respirar.

3.- ¿Qué realidades o qué situaciones son detonantes del miedo? Hay una gran cantidad de factores que nos provocan miedo. Pero, ordinariamente los hombres le tenemos miedo a todo aquello que no podemos controlar.

Este nuestro tiempo, ha generado una serie de circunstancias que se han degenerado en mazmorras para el alma del hombre actual. Los miedos suelen convertirse en nuestras propias cárceles.

Nos acontece como a la Jibia, especie de calamar, un molusco que para ocultarse contra el peligro que le acecha suelta una especie de tinta negra. Los pescadores al ver el agua teñida, tiran sus redes y las pescan.

El miedo puede ser representado con esa tinta negra que impregna el alma y que la estrangula poco a poco, haciéndola su prisionera.

4.- El miedo no respeta a nadie, ataca lo mismo al operario que al profesionista, a los arquitectos como a los albañiles, a los hombres como a las mujeres, a los dirigentes de empresas y a los comerciantes, a los genios y a los ignorantes, a los amantes del hogar y a los que siempre están por la calle.

Te parecerá algo gracioso pero Napoléon Bonaparte sentía un miedo espantoso de los gatos. Se cuenta que la noche anterior a la batalla de Waterloo pasó muy cerca de él un gato negro, y al verlo, aquel gran estratega militar fue presa de un ataque de nervios.

Cuentan que Enrique III, rey de Francia, también se desmayaba cuando veía un gato, y que uno de los Fernandos de Alemania se ponía a temblar de pies a cabeza cuando veía una gata inofensiva.

Algunos se desplazaron del miedo a la fobia, es decir al miedo irracional. Alejandro Manzoni e Isaac Newton vomitaban al encontrarse con la inofensiva agua. Arthur Schopenhauer temblaba a la vista de una navaja de afeitar. Schumann y Chopin tenían miedo a la oscuridad. Maupassant le tenía horror a las puertas.

Se ha llegado a afirmar que el mismísimo Marco Tulio Cicerón no pronunció el mejor de sus discursos, el Pro Milone, es decir el discurso sobre “el miedo de los hombres”, precisamente sin miedo, sin que estuviera temblando y golpeando sus rodillas una con otra.

5.- Y así, el hombre se ha ido olvidando que su vocación es la de ser más grande que cualquier cosa que pudiera sucederle.

En la historia clásica "Pinocho" del Escritor Italiano Carlo Lorenzini, hay una escena en la que el Hada le da un medicamento a Pinocho que tiene una fiebre muy alta. Después de todas las peripecias para que aceptara el medicamento. El Hada le pregunta ¿por qué no querías tomarlo? y responde Pinocho: "- Oh, todos los niños somos iguales. Tenemos más miedo de la medicina que de la enfermedad."

Recuerda Arturo Paoli que “los primeros pilotos aéreos que trataron de atravesar la barrera del sonido perdieron la vida porque, al tener la impresión de topar con una superficie dura, de chocar contra una montaña invisible, les sobrevino la reacción natural de frenar, perdían el control e iban a pique o se estrellaban. Hubo uno más intrépido que, en lugar de frenar, aceleró, y pasó”.

Muchos cristianos nos hemos estado estrellando contra el muro imaginario de nuestros propios miedos porque, sin darnos cuenta, pisamos el freno cuando constatamos que en el mundo actual nuestra vida despierta más conmiseración que admiración.

6.- Al miedo se le puede enfrentar de dos maneras: con valor y con seguridad, y es esto lo que nos menciona hoy el Evangelio. El valor: “ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo”, y la seguridad: “En cuanto a ustedes, hasta los cabellos de su cabeza están contados”.

7.- Primero está el valor: ¿Qué es un valor? Un valor, en su sentido más simple, es aquello que interna o externamente nos hace valer más. Al mismo tiempo, debemos ser conscientes de que un valor es también en su sentido auténtico y estricto, aquello que nos debiera plenificar como personas. Si algo me degrada como persona o degrada a los demás como personas, eso no puede ser considerado como un valor.

Los valores constituyen una relación en cuanto que nos enriquecen y, al mismo tiempo, integran una percepción de algo magnífico y que nos conduce a querer vivirlo y enfrentar con dignidad cualquier tipo de situaciones por difíciles que parezcan.

Los valores, también son las aptitudes propias de las cosas y de cada uno de nosotros, que nos ayudan a satisfacer las necesidades que imperan en nuestra vida y que nos proporcionan bienestar.

Los valores pueden ser actitudes de la voluntad del hombre que son iluminadas por la inteligencia. Un valor también puede entenderse como una cualidad del ánimo, fundamentada en estas mismas actitudes, y que nos puede conducir a realizar grandes empresas o a enfrentar los más diversos peligros sin tenerles miedo.

Decía Ernest Hemingway que el valor es la gallardía bajo presión.

8.- Pero también está la seguridad: Se trata de aquello que nos hace falta hoy en día para vivir “a tope” los valores del Evangelio.

¿No te has fijado, cómo para enfrentar algunos de los factores atemorizantes, nuestra sociedad ha previsto un sistema de seguridades externas a nosotros mismos?

Se venden seguros para los coches, para la vivienda, de gastos médicos, para tu negocio, para los estudios, para el viaje, etc...

Pero, hay algo que nuestra sociedad no ha logrado ni logrará asegurarnos: la paz y la tranquilidad interior.

Si algo dejó, en el corazón del hombre actual, los terribles y reprobables acontecimientos del ya tristemente célebre: martes 11 de septiembre del 2001, fue el sentimiento de inseguridad, impotencia, pánico, angustia... Ese día, nos pudimos dar cuenta de la gran razón que tenía Séneca cuando escribía: “una era construye las ciudades y una hora las destruye”.

9.- En Jesús tenemos nuestra seguridad puesto que “hasta los cabellos de nuestra cabeza están contados”, y si bien la angustia no es suprimida si es situada, porque para nosotros la esperanza es certeza, el dolor es iluminado y, aún la muerte se vuelve fecunda.

La vida cristiana marca una pauta de distinción en relación a cualquier forma de vida en que esté ausente Cristo.

A aquél al que se le hace patente, en la figura de Jesús, que existe un fundamento del mundo y que él es objeto de amor, le será posible perder el miedo.

Los cristianos, a semejanza con todos, no sabemos lo que vendrá, pero, a diferencia de todos, sí sabemos quién viene. Aquel que posee la certeza sobre la última hora de la vida no tiene por qué temerle al minuto próximo.

Un buen cristiano no le tiene miedo ni a los rechazos, ni a las enfermedades, ni a los problemas. El cristiano sólo le debe temer a no cumplir con su misión, puesto que ahí se le puede ir la vida y la mismísima eternidad. Dejar de cumplir su misión es “hacerle caso a Aquel que mata el cuerpo y el alma y los lanza al lugar de castigo”.

10.- Alguien quizá este día quisiera preguntarme: Y usted padre Rogelio, ¿a qué le tiene miedo?

En lo personal, no le suelo tener miedo a alguna situación. Pero hay algo ante lo cual tengo temor: le tengo miedo a lo que destruye al otro, a lo que me hace déspota, egoísta, despreciable, y a no encontrarle sentido a la vida. Le tengo miedo a esto anterior por que es lo que me aleja de Dios y de mis hermanos y me puede llevar a negar ante los hombres a Aquel que debo predicar con las palabras y con mi ejemplo.

 

NADA TE TURBE.

“ En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: No teman a los hombres. No hay nada oculto que no llegue a descubrirse; no hay nada secreto que no llegue a saberse. Lo que les digo de noche, repítanlo en pleno día, y lo que les digo al oído, pregónenlo desde las azoteas

No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman, más bien, a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el cuerpo.

1.- Amigos: Continuemos hablando hoy sobre el miedo.

¿Sabías tú que de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, junto con otras alteraciones del cuerpo, la enfermedad que más está afectando a los hombres de este naciente tercer milenio es la depresión? ¿Sabías tú que de acuerdo a la Comisión Pontificia de la Salud en el encuentro realizado el 30 de Noviembre del ya pasado 2003 el hombre de este siglo XXI ha sido definido como el “Homo Pavidus”, el hombre atemorizado?

2.- Los hombres, solemos confundir el miedo con la preocupación y con la ya mencionada angustia, pero en la realidad son realidades distintas.

El miedo nos lo provocan seres o situaciones reales y tangibles de este mundo.

La preocupación, por su parte, suele ser la actitud que tomamos ante una solicitud particular que se nos ha hecho, o el cuidado que tenemos a propósito de un trabajo o de una misión que se nos delega.

La angustia, por su parte, es una inquietud que brota de las profundidades del yo, una incertidumbre, sobretodo, frente a la muerte o en relación a un futuro que siempre será incierto.

El mismo Platón en el diálogo llamado “Fedón” dice que hay escondido en nosotros un niño que tiene miedo a la muerte, y hasta Sócrates no se considera inmune a este miedo, ya que afirma en la “Apología” que él no es de piedra o de madera.

3.- Todos nosotros, que también somos susceptibles por las diferentes expresiones del miedo, debemos escuchar la invitación que nos hace el Señor Jesús en el Evangelio: “No tengan miedo”.

El cristiano es invitado por Cristo a ser impertérrito. Es decir, impávido, valiente y audaz en todo tipo de situaciones.

4.- Te quiero recompartir una escena de mi vida familiar: Cuando como seminarista de nuestro Seminario de Monterrey, había sido enviado a estudiar en la Universidad Pontificia de México, en la delegación de Tlalpan de la ciudad de México, recuerdo que en unas vacaciones del año 1989 había venido a Monterrey y estaba en la casa de mis padres junto a mi madre adelantando un trabajo sobre la moral de la vida. El tema que desarrollaba versaba sobre las situaciones y realidades que provocaban miedos y fobias en un hombre que se acercaba vertiginosamente a los momentos finales del siglo XX.

-“¿Qué haces?, hijo”- Me preguntó mi madre. A la pregunta le respondí: “que junto con un grupo de compañeros seminaristas, elaborábamos un trabajo en base a las respuestas proporcionadas por la gente sobre una encuesta que habíamos aplicado en la ciudad de México y en nuestras ciudades de origen”.

Así mismo, continúe, “ante la pregunta que les hicimos: “¿Y usted en este fin de milenio a qué le tiene miedo?”, las personas encuestadas habían coincidido en cinco motivos a los que les tenían miedo”. “¿Y a qué le tienen miedo?” Volvió a preguntar.

Le contesté: “Algunos nos respondieron que le tenían miedo al dolor, otros que a la enfermedad, otros más que a la soledad, algunos otros habían respondido que al fin del mundo, y otros más que a la muerte”.

Mi madre se me quedó mirando y me dijo que a nada de eso le tenía miedo. Entonces le pregunte específicamente: “y usted, ¿no le tenía miedo a la muerte?” Y ella me respondió:

“Hijo, yo nunca le he tenido miedo a la muerte después de que ustedes, mis hijos, crecieron. Yo le tenía un cierto miedo cuando ustedes eran niños, cuando eran pequeños. Yo no quería abandonarlos físicamente cuando ustedes me necesitaban, antes de que crecieran, me preocupaba dejarles desamparados, que no tuvieran a su lado quien les alimentara, quien les vistiera, quien les ofreciera un medicamento. Pero, ahora han crecido lo suficiente, casi todos están casados y tú ya pronto de ordenarás, si Dios así lo quiere... Ahora, yo no le tengo miedo a la muerte”

5.- ¿Y tú a qué le tienes miedo?

Carl Gustav Jung menciona que el hombre de hoy le tiene miedo al silencio: “Quien tiene miedo busca el ruido y el bullicio que ahuyenta los demonios (los medios primitivos adecuados son los gritos, la radio, la televisión, la música, los tambores, los fuegos artificiales, las campanas, etc...) El ruido inspira seguridad, como hallarse en medio de una multitud, nos protege de las reflexiones dolorosas, disipa los sueños de ansiedad, nos asegura que estamos todos juntos, que causamos tal barahúnda que nadie se atreverá a atacarnos. El alboroto es tan inmediato, tan avasayadoramente real, que todo lo demás queda relegado al estado de un pálido fantasma. Nos exime de todo esfuerzo, pues el aire mismo retumba al impacto de nuestra invencible manifestación de vida”.

“En la soledad, el temor me haría reflexionar, y es difícil preveer todo aquello de lo que podríamos tomar conciencia. La mayoría de la gente tiene miedo al silencio; de ahí que cuando cesa el ruido constante de una discusión, por ejemplo, hay que hacer algo, decir algo, silbar, cantar, toser o murmurar. La necesidad de ruido resulta casi insaciable, aun si a veces la barahúnda llega a hacerse intolerable. Aun así, es mejor que nada. En el tan traído y llevado “silencio sepulcral”, se respira una atmósfera siniestra. ¿Por qué? ¿Es que rondan por allí los fantasmas? En absoluto. A lo que realmente tememos es a lo que pueda surgir de nuestro interior, es decir, lo que el ruido ha suprimido”.

6.- ¿A qué le tenemos miedo? Una de las grandes angustias del hombre actual radica en el experimentarse sólo, “espantosamente sólo ante la nada”, como lo decía López Ibor.

También le tenemos miedo al enfrentarnos con la noche. Preferimos la luz del día, en donde las cosas no nos cuestan tanto esfuerzo. Los ojos no necesitan agudizarse para percibir los movimientos, ni los colores, ni las formas de las personas y de los objetos.

La noche entraña una virtud, que pocos conocemos: la noche nos sensibiliza, así la noche cronológica como la noche espiritual.

7.- En esta semana que ha terminado pude pasar unos días de ejercicios espirituales en la casa del Refugio, en Santiago, N. L.

Aparte del tiempo dedicado a la oración, a la reflexión, a la meditación, creo que un gran regalo de Dios, han sido esas noches en las que después de rezar las últimas oraciones nos retirábamos a descansar en el silencio.

Antes de dormirme, salía de mi habitación y me quedaba mirando el cielo fijamente hasta que la pupila de mis ojos se dilataba y alcanzaba su máxima sensibilidad: Entonces miles de estrellas se podían ver en el firmamento.

Puede resultar una paradoja o una contradicción lo que expreso, pero puedo decir que: Poco a poco, los sentidos se iban sensibilizando.

Durante las horas-luz las cosas se obsequian solas. Durante la noche, el obsequio es de nuestros sentidos, es sólo entonces que somos capaces de ver las estrellas que se encuentran más distantes. Y así pasa con nuestra vida interior,...

8.- ¿Te has dado cuenta? Muchas personas piensan que el acercarnos a Dios, nos hace inmunes a las dificultades. Y se encuentran en un error. Todos tenemos que enfrentar en algún momento de la vida, la muerte de un ser querido, la enfermedad que nos puede postrar en el lecho, la soledad, la injusticia, la persecución,...

El que alguna persona frecuente la santa Misa o asista a una experiencia de retiro, no le aleja de los problemas, no le vacuna contra las dificultades, no le aísla de la incomprensión y de situaciones difíciles en la familia.

Debemos comprender que la vida no cambia en la cercanía con Dios, qué quienes cambiamos somos nosotros y que se nos capacita para vivir la existencia de una forma distinta.

9.- En la noche de las dificultades surge el brillo de la fe y la esperanza. Nosotros hemos aprendido que Dios no quiere el dolor, ni la muerte, ni la enfermedad, ni la soledad, ni el abandono, y tan es así que no lo quiere, que aquello que nos hace sufrir a nosotros, a ti y a mí, fue lo mismo que hizo sufrir a Cristo.

Amados hermanos: Dios me ha hecho comprender, que no debo ponerle un signo de interrogación a aquellas situaciones en las que Dios le ha puesto un punto final.

10.- ¡No tengan miedo!, nos dice el Señor.

El discípulo que confía, aquél que en Jesucristo vence sus miedos, se convierte en testigo fiel, que apoya su fidelidad en el Dios que es fiel.

Para nosotros, la confianza en Dios, aún en las horas de crisis nos dará una seguridad indefectible para ser verdaderamente cristianos.

Hace falta que todos nosotros presentemos los colores cristianos en el óleo de la vida, de no ser así, sobrevendrán aquellos que colocan las tonalidades grises del miedo y del pesimismo, en el suave lienzo de Dios.

El cristiano debe aprender a vivir en este mundo, que se presenta con sus retos ante cada uno de nosotros.

11.- ¿Sabes? Durante esta semana de ejercicios me volví a topar con esa bella oración que escribió santa Teresa de Jesús:

Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda.

La paciencia, todo lo alcanza quien a Dios tiene, nada le falta.

Sólo Dios basta, sólo Dios basta, sólo Dios basta, Aleluya.

Quien a Dios tiene, nada le falta, aleluya.

Queridos amigos: ¡La paz esté con ustedes! No tengan miedo,...

 


UN PADRE DISTINTO.

“ ¿No es verdad que se venden dos pajarillos por una moneda? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae por tierra si no lo permite el Padre. En cuanto a ustedes, hasta los cabellos de su cabeza están contados. Por lo tanto, no tengan miedo, porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo.


1.- El Evangelio nos invita a superar nuestros miedos y temores teniendo presente que Dios es ese Padre bueno que cuida de cada una de las aves del cielo, en la conciencia de que uno sólo de nosotros somos más importante para Él que todas las aves del mundo.

Este mensaje al coincidir providencialmente con este día en que, si tú quieres en lo comercial, festejamos el día del padre, nos da la oportunidad para que reflexionemos sobre el sentido cristiano de la paternidad.

2.- La paternidad es un don muy especial de Dios, pero tenemos que entender al hablar de este don de Dios que los dones son siempre una tarea por realizar. Recordemos que los dones de Dios más que fuente de privilegios serán siempre una fuente de responsabilidades.

Y por desgracia en nuestro tiempo, el ser padre se ha convertido en un “nombre” o en un simple “título” para muchos que desde hace muchos días no tienen una verdadera y estrecha relación con sus vástagos.

Y es que no hemos aprendido a diferenciar entre el Progenitor y el Padre, y esto genera confusión en la mente de algunos y dolor en la vida de muchos. Hon en día, son cada vez más los progenitores que nunca han llegado a ser verdaderos padres.

Decía el pueblo judío en su sabiduría de corte popular, que “el padre no es el que da la vida sino aquel que enseña a vivir”.

¿Qué es un progenitor y que es un padre de familia?

El Progenitor es el que procrea, es aquel que engendra; el padre, en tanto, es aquel que da la vida en lo cotidiano. Para que alguien sea progenitor bastan algunos segundos, en cambio para que alguien sea padre necesita de días, de meses, de años, en realidad de toda la vida. Para que un hombre procree necesita solamente que dos células se fusionen y entonces aparece el milagro de la existencia, en cambio para que alguien sea verdaderamente un padre necesitará aprender a guiar, aconsejar, corregir y apoyar a sus hijos.

3.- Hoy en día hay dos actitudes erróneas, entre otras muchas, en el ejercicio de la paternidad y que brotan simultánemente de dos expresiones también equivocadas que se han vuelto tan comunes, y que el día de hoy quisiera invitarte para que las analizáramos en orden a tener una apreciación cristiana.

4.- En primer lugar, se encuentra la actitud de aquellos que radicalizan en lo material su óptica sobre la paternidad, considerándose, si no en la teoría sí en la práctica, solamente como unos simples proveedores del hogar. La actitud tiene un respaldo en algunas expresiones que se inspiran en nuestra forma de apreciar, o mejor dicho de “despreciar” el don de Dios.

Cada día, es más frecuente que nos encontremos con aquellos padres de familia que dicen: “Es que quiero darle a mis hijos lo que yo nunca tuve”.

Nuestro problema radica no en las pretensiones de una vida digna, sino en la apreciación de lo que es una “vida digna”, y en que muchos, por darles a los hijos lo que no tuvieron, les despojan de aquello que si tuvieron.

Les ofrecen a los niños la ropa que no tuvieron, los juguetes con los que no jugaron, los viajes que no realizaron, los cursos que no estudiaron,... pero les despojan del cariño y de la presencia que disfrutaron, les privan del beso, del abrazo, de la palmada, del reconocimiento, de la corrección,... del tiempo y de tantas cosas que sus padres, cuando ellos eran niños, sí les ofrecieron aunque hubiesen vivido modestamente.

Hoy, hay tantos niños que sufren soledad a causa de la despreocupación, porque sus padres no se ocupan de ellos. Lo tienen todo, navegan en la abundancia, no les falta “nada”, pero les falta alguien.

Este tiempo en que vivimos, en un sin fin de ocasiones, va trastornando nuestra escala de valores. Se nos han vendido imágenes ficticias de felicidad que nos han pedido a cambio, la hipoteca de nuestra familia.

5.- ¿No sé si en alguna parte del planeta haz oído alguna expresión como: “Yo no se de qué se quejan, no les falta nada”?
¿Te parece familiar una expresión como la siguiente: “Muchas personas quisieran tener lo que ustedes tienen y estar en dónde ustedes están”...”Lo tienen todo, no les falta nada”?

Cuántas veces tendríamos que responder: “Tienes razón, en decir que no nos falta nada, en realidad nos falta alguien... Alguien que nos escuche, que esté con nosotros, que aconseje o que corrija a sus hijos, que nos apoye, que nos respete,...alguien que nos ame.

Es posible, que ahora también puedas comprender que hay cosas que son muy costosas y que no tienen tanto valor en la vida, y que al mismo tiempo, hay cosas que son tan valiosas aún cuando no tienen un alto costo, al menos monetario.

Revisemos nuestra vida cotidiana y tengamos un juicio adecuado sobre lo que le ofrecemos a nuestros seres queridos.

6.- Pero existe un segundo error muy actual en muchos de los padres de familia: “el querer hacer todas las cosas complicadas que a los hijos les corresponden”, el querer resolverles todos los problemas y el intentar eximirles de las consecuencias de su obrar asumiendo sus responsabilidades en la vida. Esta actitud tiene su origen en una forma de pensar: “no quiero que mis hijos sufran lo que yo sufrí”.

Cuando, en tantas ocasiones, escucho decir a tantos padres de familia que esperan que sus hijos no tengan que pasar por estrecheces que ellos padecieron, no estoy totalmente de acuerdo. Tales estrecheces nos hicieron lo que somos. Es posible padecer toda clase de desventajas. Sin embargo, los padres no se dan cuenta de que la peor desventaja que podremos enfrentar en la vida será el no haber aprendido a luchar.

Dice el pueblo chino en un refrán: “Es más fácil gobernar a una nación que a un hijo”. Y tienen razón porque para gobernar a un pueblo necesitas buenos pensamientos pero en el ejercicio de la paternidad los sentimientos en muchas ocasiones hacen que declines en tus pensamientos. Estás convencido que algo es bueno para tus hijos, pero los lloriqueos, los berrinches, y las incomodidades que provoca un enojo momentáneo hacen que dejes tus pensamientos en el desván sin que quieras ser consciente de que les estás haciendo más daño al desistir de tus propósitos.

Cuando queremos realmente a una persona tenemos que aprender a no sobreponer los afectos sobre los pensamientos. El buscar el bienestar de los que queremos nos debe permitir llamarles la atención cuando sea necesario aún a pesar de la molestia que podamos provocar. Lo importante será siempre el bienestar de nuestros seres queridos. Es tan difícil lo anterior, que se dice que “Cualquiera sabe criar a los hijos. Cualquiera, salvo los padres”.

7.- Aceptemos que una de las enfermedades de nuestros tiempos es la tendencia a cobrar sin haber trabajado, a beber sin haber sudado, a cosechar frutos que no se sembraron; la tendencia que tenemos a intimidarnos ante las responsabilidades y a escandalizarnos miserablemente ante el dolor. Hoy, somos tantos los que actuamos sobreprotectoramente y ésto provoca que algunos de nuestros seres queridos se atrofien en muchas áreas de la vida.

¿Quién se engaña todavía creyendo que le está haciendo un bien a un atleta impidiéndole que se supere en entrenamientos severos? No será campeón jamás y un día el fracasado se va a volver contra quien le impidió el sufrimiento y la lucha por la superación personal. ¿Quién se engaña pensando que le está haciendo un bien a su hijo dándole lo que no ha merecido? Nunca aprenderá a valerse por sí mismo, ya que todo se lo resuelve su padre. Los frutos de tu trabajo son tuyos y tú no puedes vivir la vida de tu hijo. Una cosa es dar instrumentos de trabajo y otra cosa es darles frutos de un trabajo que ellos no han realizado.

Cada uno debe aprender que nadie puede vivir la vida por nosotros y que vivir la vida es luchar. Vivir es arriesgar y es también sufrir derrotas; vivir es afrontar la enfermedad y el dolor y nadie puede vivir por ti como tú no puedes vivir por nadie. Vivir es disfrutar de la rosa y no temerle a la espina.

8.- ¡Qué difícil es el arte de la paternidad! Hace algunos años me encontré con este pensamiento anónimo que me dejó pensando,...

“No me des todo lo que pida, a veces yo sólo pido para ver hasta cuanto puedo obtener.

No me des siempre órdenes; si en vez de órdenes, a veces me pidieras las cosas,
yo las haría más rápido y con más gusto.

Cumple las promesas buenas o malas; si me prometes un premio dámelo;
pero también si es un castigo.

No me compares con nadie, especialmente con mi hermano o mi hermana.
Si tu me haces lucir peor que los demás, entonces seré yo quien sufra.

No me corrijas mis faltas delante de nadie. Enséñame a mejorar cuando estemos a solas.

No me grites, te respeto menos cuando lo haces
y me enseñas a gritar a mí también y yo no quiero hacerlo.

Déjame valerme por mí mismo, si tú haces todo por mí, yo nunca aprenderé.

No digas mentiras delante de mí, ni me pidas que las diga por tí,
aunque sea para sacarte de un apuro.
Me haces sentir mal y perder la fe en lo que dices.

Enséñame a conocer y a amar a Dios,
pero de nada vale si yo veo que ustedes no conocen ni aman a Dios.

Cuando te cuente mis problemas, no me digas: "no tengo tiempo para boberías"
o "eso no tiene importancia" trata de comprenderme y ayudarme.

Quiéreme y dímelo, a mí me gusta oírtelo decir, aunque tu no lo creas necesario.

9.- En este día del padre, quiero elevar a Dios una plegaria por todos ustedes que han recobido el don de la paternidad y por aquél por medio del cual Dios me ha dado la vida. En la profunda convicción de que mi madre está con el Señor, en mi oración hoy le quiero agradecer a aquella que eligió a mi padre como su esposo, y que le amó profundamente.

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