Domingo 26 de Junio de 2005_________Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

EL LIBRO DE LA CRUZ.

“ En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.

El que salve su vida la perderá y el que la pierda por mí, la salvará.

Quien los recibe a ustedes me recibe a mí; y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado.

El que recibe a un profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta; el que recibe a un justo por ser justo, recibirá recompensa de justo.

Quien diere, aunque no sea más que un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, por ser discípulo mío, yo les aseguro que no perderá su recompensa”.


Momento 2

Momento 3

  Firmar Libro de visitas

1.- Muy queridos amigos:

El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí... La vida cristiana posee una cláusula inevitable: Tomar la cruz...

Sobre la cruz nos decía SS Juan Pablo II: “ La cruz es un libro vivo, del que aprendemos definitivamente quiénes somos y cómo debemos actuar. Este libro siempre está abierto ante nosotros”.

Tomar la cruz y seguir al Maestro...

2.- La cruz es considerada como el símbolo religioso más característico del cristianismo, incluso como el signo específico de nuestra religión. Este símbolo, contradictorio por sus orígenes históricos, ha sido asimilado en la historia y en él se ha contemplado todo el contenido de la salvación revelada plenamente en Jesucristo. Se trata del signo que permite accesar a nuestra mente cada una de las dimensiones del amor que Dios ha tenido para con el hombre.

Así pues, la cruz, que fue el instrumento de nuestra redención, se ha convertido en uno de los términos esenciales que nos sirven para evocar nuestra salvación.

2.- En nuestro tiempo y en nuestra cultura, nos es relativamente fácil el contemplar la representación gráfica o plástica del Crucificado, o las diversas formas estilizadas y ornamentales de la cruz, ya que suele estar no tan sólo presente en los objetos y lugares de culto, sino que se utiliza, muchas veces, en lugares públicos (crucifijos en los caminos, en edificios públicos, en los vehículos de transporte), en lugares privados (en las tumbas, en casas habitación) y en utensilios y accesorios de uso personal.

3.- Pero nos resulta adecuado que reflexionemos sobre los siguientes elementos: ¿Cuál es el origen histórico de la cruz?, ¿Cuál es su carga de contenido en la redención de Cristo?, ¿Qué ha significado para el cristiano de estos más de 2000 años esta imagen bendita? ¿Qué significa para cada uno de nosotros en la actualidad el símbolo religioso de la cruz?

Hagamos un recorrido, a través de la historia de la humanidad y del cristianismo, para encontrar a lo largo de esa historia, una nueva historia que, en sus momentos se le llegó a calificar de locura y de escándalo.

4.- La muerte en la cruz o crucifixión al parecer fue usada por primera vez como pena capital para los esclavos de parte del Imperio Persa (539-333 a.C.), a través de ellos se divulgó, y fue adoptada más tarde por el Imperio Helénico (333-63 a.C.) y por el Imperio Romano (63 a.C.).

En sus inicios históricos la cruz era una gruesa estaca de madera en la cual se colgaba el cadáver o la cabeza del ejecutado, un espectáculo, en sí mismo, atroz y cuya finalidad era humillar al condenado y que fuera, al mismo tiempo, un elemento de disuasión para los espectadores en su comportamiento. Desde el punto de vista religioso era considerado “un maldito” aquel que pendía de un madero (Dt 21,22; 1Sam 31,9-10).

En el Imperio helénico se le dio un giro político a la muerte en la cruz, ya que, aunque era utilizada para castigar a los malvivientes, parece ser que su matiz peyorativo le llevó a que algunos núcleos de poder lo visualizaran como una posible forma de mantener un dominio sobre la población, aún cuando fuera en forma injusta o ilegítima. Esto lo podemos percibir en el siglo IV antes de Cristo, cuando Platón sugería en la introducción al libro II de su REPUBLICA la clase de destino que un hombre perfectamente justo podría esperar de parte de los que querían mantener su hegemonía: “El hombre justo, pues, tal como lo hemos descrito, será azotado, torturado y encarcelado, le sacarán los ojos y después de padecer toda clase de humillación, será crucificado”.

En el Imperio Romano la crucifixión no estaba destinada a los ciudadanos libres, sino que era un castigo principalmente para los esclavos, aunque existen algunos vestigios que dan testimonio de la crucifixión de alborotadores o sediciosos. Era común torturar al reo, casi siempre dándole azotes hasta hacerlo sangrar, lo cual lo debilitaba y apresuraba su muerte, dicho maltrato era más o menos severo de acuerdo al delito que se había cometido. Luego se le obligaba al ajusticiado a cargar el travesaño o PATIBULUM de la cruz hasta el lugar en donde iba a ser sacrificado, en el suelo previamente se había fijado el madero vertical llamado STIPES. Los verdugos colocaban entonces al condenado sobre el PATIBULUM, generalmente lo ataban y, sólo en los casos de sedición lo clavaban de las muñecas de las manos. Después levantaban el travesaño y lo encajaban en el STIPES, que estaba cortado para que embonara a tope con aquél. Los Evangelios nos narran que sobre la cabeza del Señor se colocó una inscripción (Mt 27,37; Lc 23,38)

El peso del cuerpo descansaba en un escabel que llamaban SUPPEDANEUM que era clavado en el STIPES. El castigo continuaba en las inclemencias del tiempo, la molestia de los insectos y el escarnio público. El dolor se llegaba a hacer insoportable, es por ello que las mujeres israelitas ofrecían a los crucificados un brebaje analgésico elaborado con vinagre y mirra.

Flavio Josefo llamaba a esta forma de castigo “la más terrible de las muertes” y da testimonio de muchas crucifixiones En ocasiones se apresuraba la muerte del reo quebrándoles las piernas, razón por la que los romanos también llamaban a la crucifixión “piernas rotas”.

5.- Contrario a lo que percibían los escritores romanos y judíos, los autores del Nuevo Testamento, en particular San Pablo, mirarán en la cruz un motivo de orgullo y de gloria. Como instrumento por medio del cual Dios llevó a cabo su plan preconcebido para la expiación final del pecado (Hch 2,23), la cruz se convirtió en el símbolo supremo de la nueva fe (Col 2,13-14; 1Pe 2,24) y el meollo de la doctrina del Apóstol de los gentiles (1Cor 1,17-18. 23; 2,2).

6.- Los Evangelios sinópticos han trazado la línea de su narración sobre el telón de la cruz, en dónde se ha manifestado el modo en que Dios ha querido y permitido que se realizara la obra de la salvación. Podemos afirmar que el cuerpo de los distintos relatos evangélicos son en realidad una explicación pormenorizada del drama de la cruz. Es tan dramática la escena, que tienen que explicar el porque de la historia que ha llegado precisamente a esos extremos.

Los primeros tres Evangelistas ponen de relieve las dos dimensiones principales del misterio de la cruz, como si fueran los dos travesaños que se contemplan en la misma: Una dimensión vertical por una parte, en la cual presentan la Cruz como algo querido por el Padre y aceptado libre y obedientemente por Cristo; en este sentido la cruz no puede ser un fracaso, sino un medio de salvación. La dimensión horizontal por otra parte, es la descripción de cómo un hecho ha sido destinado para liberar a todos los hombres de sus pecados.

7.- La Cruz de Cristo pregona una ley universal: la ley de la Cruz. Cristo murió por nosotros para salvarnos de la muerte, pero no para eximirnos de la cruz. Todo lo contrario, en el Evangelio del día de hoy se nos invita a que la carguemos sobre nuestros hombros, como aquel hombre de Cirene.

San Juan, por su parte, será aquel que en torno a la cruz hará claras referencias a una gran cantidad de imágenes del Antiguo Testamento.

En su teología pone la exaltación de la cruz en estrecha relación con su “glorificación”. Dios demuestra su amor al mundo dando a su Hijo único para que el hombre tenga vida definitiva (3,16); ese amor es su misma gloria, que se manifiesta al manifestarse la gloria de su Hijo (17,1).

La gloria del amor que nos tiene se manifiesta en toda la actividad de Jesús como dador de vida (11,4.40), pero alcanza su expresión suprema en la cruz, cuando Jesús acepta voluntariamente la muerte por amor al hombre, para comunicarle la vida verdadera.

La serpiente de bronce que fue signo de salvación para el pueblo hebreo ha sido superada en supremacía por aquel que levantado en lo alto atrae a todos los hombres hacia sí mismo (Num 21, 4-9; Jn 3,14).

La cruz ya no es para él lo más hondo de la humillación a la que sigue la exaltación, sino el principio de la glorificación, de tal forma que la “hora de Jesús” comprende ambas cosas. La “exaltación” de Jesús en la cruz les concede a los creyentes la vida de Dios (Jn 3,14), puesto que Cristo exaltado en la cruz “atraerá todas las cosas hacia sí” (12,32), siendo glorificado como Él mismo glorifica al Padre (cfr. 12,27; 13,30).

San Juan puede, según todo lo anteriormente mencionado, considerar entonces la tenebrosa hora terrena de la crucifixión (cfr. 12,27; 13,30) como la verdadera hora de la glorificación.

La hora de la glorificación del Hijo Eterno del Padre, nos podrá hacer entender como es que San Juan ha favorecido en sus escritos la comparación de la cruz con el árbol de la vida.

En el libro del Génesis se nos relata como Dios había colocado en el jardín del Edén el árbol de la Vida, cuyo fruto comunicaba el don de la inmortalidad (Gen 2,9; 3,22).

Ante el conocido fracaso del primer hombre y de sus pretensiones, el Evangelista san Juan, nos muestra a Jesucristo desde el árbol de la cruz, como aquel que ha dado vida en plenitud a la nueva humanidad, y lo ha hecho al entregar su espíritu (Jn 19,30) y haciendo que de su costado manara sangre y agua (19,34).

Ahora, desde la cruz se ha abierto el camino que conduce al paraíso antes perddo y ahora recuperado, en tanto que cada uno de nosotros podremos comer de los frutos de la cruz, verdadero árbol de la vida (Ap 22,2.14. 19). El antiguo signo de maldición se ha convertido ahora en el árbol de la vida en plenitud.

 

EL ARBOL DE LA CRUZ.

“ En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.

1.- Tomar la cruz y seguir al Maestro,...

El Apóstol san Pablo es, sin lugar a dudas, el escritor del Nuevo Testamento, que ha desarrollado la teología de la cruz con copiosidad y con clara profundidad. Para el apóstol de los gentiles es en la cruz y en la debilidad del Dios, que se hizo hombre, en donde se ha manifestado plenamente la sabiduría de Dios y la fortaleza que sólo proviene de Él (1Cor 2,2).

San Pablo se dará a la tarea de presentar toda la carga salvífica del acontecimiento de la cruz, y lo hará pensando en los dos primeros destinatarios del mensaje del Evangelio: los judíos y los gentiles de cultura helénica.

Para el núcleo del judaísmo, la cruz es un verdadero escándalo; para el núcleo de los gentiles la cruz es toda una locura. Se trata de la locura como una de las reacciones espontáneas del hombre sumergido en una cultura como la grecorromana por la crucifixión, ya hemos mencionado su apreciación: para ellos la muerte en la cruz era un suplicio reservado principalmente para los esclavos (Flp 2,8). Y se trata del escándalo como una reacción de la cultura judía ante una muerte marcada por un estigma que era considerada como maldición divina, también lo hemos referido (Dt 21,22; Gal 3,13).

2.- San Pablo iluminará esta locura y este escándalo con el acontecimiento de la resurrección. Por ser la resurrección el auténtico desenlace de la obra del crucificado, podemos constatar que en la debilidad de Dios se manifiesta su fuerza, y que en su aparente locura se manifiesta su superioridad sobre la sabiduría humana. Si la debilidad de Dios es más fuerte que la fortaleza de los judíos y la locura es más sabia que cualquier sabiduría helénica, es porque apuntan a algo que acontece en el centro de lo acontecido en la cruz, y que es realmente fuerte y sabio. Ello implica evidentemente que el Señor Jesús resucitó. Y lo implica de tal modo que la afirmación de la resurrección será inseparable de la crucifixión, ya que ambas realidades están objetiva y estrechamente unidas.

San Pablo presentará entonces un matiz nuevo y exclusivo de una teología que sólo puede ser cristiana, al mismo tiempo que ofrece a judíos y griegos un cristianismo que se convierte en una teología con rasgos insospechados por cualquier pensamiento humano. Se trata de una teología que entiende dinámicamente el escándalo de la cruz: como crisis ante el aparente fracaso de la cruz, pero como crisis que supone el viraje de dos términos en un espacio que separa el viernes santo del domingo de Pascua y que manifestará el sí del Padre eterno a la obra redentora de su Hijo.

3.- La cruz no será, entonces, para san Pablo una ignominia, sino un título de gloria, primero para Cristo, luego para todos los cristianos. Se trata de Dios que ha clavado la sentencia de la ley en la cruz de su Hijo (Col 2,14s).

Por la sangre de Cristo derramada en la cruz hemos sido reconciliados todos los seres (Col 1,20). La cruz se yergue entre las fronteras de las economías del Antiguo y del Nuevo Testamento para suprimir las antiguas divisiones causadas por el pecado, restableciendo la paz y la unidad entre judíos y paganos para que no formen ya sino un solo cuerpo (Ef 2,14-18).

Y así anque la veneración cristiana de la Cruz de Cristo no cobró auge sino hasta la primera mitad del siglo IV, desde tiempos remotos dicho símbolo había tenido una indudable importancia religiosa.

Se trata de la asimilación histórica y cotidiana del mandato del día de hoy: el que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí...”

4.- Y así, apenas habían muerto aquellos primeros apóstoles de Cristo, y los cristianos harán práctica, camino, culto, testimonio y espiritualidad la doctrina de la cruz contenida en el Nuevo Testamento.

La Santa Cruz aparecerá pintada y grabada en las catacumbas, en las paredes y en los sarcófagos. Se le contemplará como el árbol de la vida.

El árbol de la cruz, que en los frescos de las catacumbas se representa como árbol florido del nuevo paraíso, y es tan amplio como el cielo y abre sus dos brazos para abarcar el universo. Los primeros cristianos mostraban con ello que la redención de Cristo no se limitaba a los hombres, sino que alcanzaba al universo todo.

5.- Los santos padres al respecto del Viernes Santo, influenciados por el pensamiento Paulino y Joánico relacionaron el lugar de la crucifixión con la sepultura de Adán. Evidentemente no en orden a ninguna teoría arqueológica. Igualmente, la tradición cristiana admira el hecho de que Cristo muriera en el leño de la cruz, como para subrayar mejor que así reparaba un pecado cometido originariamente bajo el árbol del fruto prohibido. Les llamaba la atención que hubiera muerto un viernes por la tarde, siendo así que el hombre había sido creado precisamente en la tarde del sexto día de la primera semana, es decir el viernes. No podían sacar otra conclusión de mayor claridad: Jesucristo, Muerto y Resucitado, es el inicio de la Nueva Creación y de la Nueva Humanidad.

6.- De esta manera, cuando la Iglesia salió de las catacumbas, se reprodujo con profusión la señal de la cruz y se extendió su culto. Se adornaron entonces las fachadas de las casas, los dinteles de las puertas, las decoraciones de los interiores en las casas de los cristianos. En lo litúrgico, ya las apologías del siglo II insinúan el culto de veneración que tenían los primeros cristianos a la cruz de Cristo.

Tertuliano nos da ya noticia de la señal de la cruz, que se hacía con el pulgar y el índice de la mano derecha y que se trazaba sobre la frente.

Bastaría leer detenidamente el siguiente texto homilético de San Juan Crisóstomo, ubicable en las fronteras trazadas hacia el final del siglo IV y el inicio del siglo V, para darnos cuenta del uso tan extendido que tenía ya, para este entonces, la imagen bendita de la cruz y su signación:
“ Que nadie se avergüence de los símbolos sagrados de nuestra salvación (...); llevemos más bien por todas partes, como una corona, la Cruz de Cristo. Todo, en efecto, entra en nosotros por la Cruz. Cuando hemos de regenerarnos, allí está presente la Cruz; cuando nos alimentamos de la mística comida; cuando se nos consagra ministros del altar; cuando se cumple cualquier otro misterio, allí está presente siempre este símbolo de victoria. De ahí el fervor con el que lo inscribimos y dibujamos, en nuestras casas, sobre las paredes, sobre las ventanas, sobre nuestra frente y en el corazón. Porque éste es el signo de nuestra salvación, el signo de la libertad del género humano, el signo de la voluntad de Dios para con nosotros”.

“ ...No hay mejor joya en la corona imperial que la cruz que la remata (...). En las casas, en las calles, en el desierto, en los caminos, en los montes, en las cascadas, en las colinas, en el mar, en el bosque, en las islas, en los lechos y en los vestidos, en las armas y en los tálamos, en los convites y en los vasos religiosos, en las joyas y en las paredes decoradas, en los cuerpos de animales enfermos, en los cuerpos de los hombres posesos, en la guerra, en la paz, en el día y en la noche..., todos buscan su inefable gracia. Nadie se avergüenza de este signo de la cruz”. (Hom. san Mateo, 54).

7.- La pda reflexión de los Santos Padres descubrirá también en algunos signos veterotestamentarios anuncios que presagiaban la presencia de la cruz en la obra de la salvación. El cayado de Moisés, la encina de Mambré, incluso la zarza y la columna de fuego en el camino del Éxodo.
“ Aquel fuego, que parecía una columna, y el fuego que consumía la zarza eran símbolos del fuego sagrado, que se saca de la tierra y vuelve de nuevo llameante al cielo a través del madero, por cuyo medio nos fue dada la visión espiritual”. Expresa Clemente de Alejandría, Stromateis; I, 164, 4.

Otras imágenes recordadas son la serpiente de bronce levantada durante la caminata en el desierto, la verdadera cátedra para los discípulos de Moisés y para todos los hombres:
“El madero en que están fijos los miembros del hombre que muere, es también la cátedra del maestro que enseña”. Menciona San Agustín, Trat. Evang. S. Juan, 119.

Algunas imágenes de los Santos Padres, se antojan extrañas tales como la TAV que utilizaban los judíos para sellar, así como también la imagen de las alas de Dios, recordando la expresión utilizada por Jesús en el apóstrofe a Jerusalém, o algún otro texto de orígen salmódico y profético.
“ Dios en su pasión extendió sus brazos y abarcó el orbe de la tierra para indicar por adelantado que desde Oriente a Occidente habría de congregar bajo sus alas un pueblo futuro” – Decía Lactancio.

“ Cristo es, ante todo, nuestra vida. Su divinidad es vida, su eternidad es vida, su carne es vida, su Pasión es vida. Así lo dijo Jeremías: Viviremos a su sombra (Lam 4,20). La sombra de sus alas es la sombra de su Cruz, la sombra de su Pasión, Su muerte es vida, su herida es vida, su sangre es vida, su sepultura es vida, su resurrección es vida...” Mencionaba San Ambrosio, In Ps. 36,36s.

La imagen del árbol será también utilizada por los padres de la Iglesia. Nuevamente habrá referencias que mencionan el recurso a la administración fontanal de los textos del Génesis, de San Juan y de San Pablo. Inclusive, se podrán percibir algunos elementos de origen helénico en algunos de ellos. El recurso a elementos gnósticos pueden percibirse cristianizados en el caso de la Homilía del Pseudo-Hipólito que atribuye a la cruz un significado cósmico. Leámoslo y démonos cuenta de que no se puede poner en tela de juicio su ortodoxia:

“ De este árbol me nutro para la vida eterna...,
en sus raíces me arraigo, con sus ramas me extiendo...
Éste árbol grande como el cielo ha crecido desde la tierra hasta el cielo.
Planta inmortal que se alza entre el cielo y la tierra.
Es el sólido punto de apoyo del Universo, el quicio de todas las cosas,
El cimiento del orbe de la tierra, el eje cósmico.
En sí unifica las múltiples formas de la naturaleza humana.
Está fijado con los clavos invisibles del Espíritu para no perder su unión con lo divino.
Toca las cimas más altas del cielo y apoya sus pies en la tierra,
Y con sus inconmensurables brazos abarca la ancha atmósfera intermedia”.

8.- ”Tomar la cruz y seguir al Maestro”. En el ámbito litúrgico, la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz parece haber nacido en su solemnidad en Jerusalém hacia el siglo IV.

Se cuenta en la Tradición de la Iglesia, que en el año 326 el emperador Constantino buscó los lugares sagrados en donde sufrió el Señor. Descubrió el Santo Sepulcro bajo las ruinas del templo de Afrodita y su madre, Helena, encontró allí la Santa Cruz. La Cruz será exhibida con gran fervor, será exaltada y se convertirá en símbolo del cristianismo.

La cruz se convertió en camino de vida cristiana y en vida cristiana para nuestro camino en el tiempo. Sólo así seremos dignos del Maestro.

 

 


LA CRUZ: MISTERIO Y EJEMPLO.

“ En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.

Quien diere, aunque no sea más que un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, por ser discípulo mío, yo les aseguro que no perderá su recompensa”.


1.- “Tomar la cruz y seguirle...” Hemos hablado sobre el significado que tiene la cruz en la Palabra de Dios y en la vida de los primeros cristianos.

La cruz conservará una carga intensa de significación en el pensamiento cristiano de los siglos posteriores: se trata del memorial de la Pasión de Jesucristo y de nuestra redención, es símbolo de la inmolación espiritual del cristiano, es signo de penitencia y de unión a los padecimientos de Cristo, es signo del sacrificio y de la propia entrega de la vida. Lo anterior le podrá hacer entender, a cualquier hombre, el porque la Iglesia contempla la cruz de Cristo, como signo bendición y la propone como camino de espiritualidad: “ Sólo tú has sido exaltado por encima de todos los cedros; de ti estuvo suspendida la vida del mundo; en ti triunfó Cristo; en ti venció la muerte a la muerte para siempre”, canta la Iglesia en su liturgia.

2.- PRIMERO: EN LA CRUZ NACE LA IGLESIA: La cruz nos recuerda el corazón abierto, en donde se derrama lo último de la sustancia de Jesús: sangre y agua, se trata de los sacramentos de la Iglesia. De la misma manera en que la primera mujer nace del costado del primer hombre dormido, ahora el Dios que se ha hecho hombre, quiere que en su dormición terrena pueda salir de su costado la nueva humanidad. La Iglesia tiene su origen en la cruz tal como lo recuerda san Cirilo de Jerusalén.
“ En la cruz ha extendido Dios sus brazos para abarcar todo el orbe de la tierra”.

3.- SEGUNDO: HAY UN PROGRAMA DE VIDA: Los cristianos, principalmente los de Occidente o Latinos, hemos encontrado en la imagen de la Santa Cruz, un camino por el cual transitamos en la vida diaria. Bastaría el traer a nuestra memoria aquello que el sacerdote expresa al bautizar a un hombre maduro conforme al Ritual del Bautismo de Adultos, se trata de un rito que debiera escucharse como si fuera un verdadero discurso programático para nuestra vida:

“ Recibe la señal de la Cruz, tanto en la frente como sobre el corazón:
toma la fe en los mandamientos celestiales.
Te signo la frente, para que recibas la Cruz del Señor.
Te signo los oídos, para que escuches los preceptos divinos.
Te signo los ojos, para que veas la claridad de Dios.
Te signo las narices, para que percibas el buen olor de la suavidad de Cristo.
Te signo la boca, para que pronuncies palabras de vida.
Te signo el pecho, para que creas en Dios.
Te signo las espaldas, para que cargues con el yugo de su servicio.
Te signo cuanto eres en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
para que tengas vida eterna y vivas por los siglos de los siglos”.

4.- TERCERO: NOS CONFIGURA CON CRISTO: Los cristianos hemos comprendido que debemos adquirir los mismos rasgos de Jesucristo, tanto en nuestra acciones como en nuestros sentimientos. Solamente al configurarnos con Cristo habremos dejado atrás al hombre viejo y nos habremos revestido del hombre nuevo. Sabemos que Jesús es el camino verdadero para recorrer en la vida tal y como lo predicaba san Ambrosio:
“El Sumo Sacerdote murió por ti, fue crucificado por ti, para que tú te aferres a sus clavos. Verdaderamente Él te asumió en su carne, a ti y tus pecados”.

5.- CUARTO: NOS MUESTRA NUESTRA IDENTIDAD: La cruz es un verdadero signo de bendición que nos enorgullece. Es posible que en los inicios de la Iglesia, como lo refiere el mismo san Pablo, los círculos en los que se movían los cristianos se mofaran al contemplar la Cruz. En nuestro tiempo, es posible que no exista alguien que se ría de la cruz al contemplarla físicamente, pero sí de su significado y de todo aquello a lo que nos invita. Ojalá tuviéramos presente la siguiente advertencia de San Juan Crisóstomo:
“Oigan esto cuantos se avergüenzan de la Pasión y de la Cruz de Cristo. Porque si el Príncipe de los Apóstoles, aun antes de entender claramente este misterio, fue llamado Satanás por haberse avergonzado de Él, ¿qué perdón pueden tener aquellos que, después de tan manifiesta demostración, niegan la economía de la Cruz? Porque si el que así fue proclamado bienaventurado, si el que tan gloriosa confesión hizo, tal palabra hubo de oír, considerad lo que habrán de sufrir los que, después de todo eso, destruyen y anulan el misterio de la Cruz”.

6.- QUINTO: REVELA EL MISTERIO DE DIOS Y SE MUESTRA COMO EJEMPLO PARA EL CRISTIANO: La cruz de Cristo es el signo del misterio de la salvación. Se trata de una economía que al llegar a su plenitud nos muestra a los grandes personajes del Antiguo Testamento, como si fueran aquellos generales de guerra que conocían tan solo parcialmente la estrategia a realizar. El sentido pleno de la revelación se ha conocido en aquel que es la Palabra y que es el Hijo Único del Padre (Cfr. Jn 1,17-18). Una vez que se ha consumado la victoria de Dios, hemos conocido todo el MISTERION (Cfr. Ef. 1,9). Se trata del misterio del amor que Dios nos tiene. La Cruz conserva toda una carga de ejemplaridad para todos nosotros, el discípulo sabe que nunca será superior a su Maestro, y que debe aprender a reproducir todo aquello que su Maestro le ha dejado, tal como lo predicaba el Papa San León Magno:
“ La Cruz de Cristo, que ha sido colocada para salvación de los mortales, es, a la vez, Misterio y Ejemplo. Misterio, en cuanto que la fuerza de Dios despliega toda su potencialidad por medio de la Cruz; Ejemplo, en cuanto que la Cruz enciende en el hombre la voluntad de entrega”. (Sermón 72,1).

7.- SEXTO: SOLIDARIDAD PARA CON EL HERMANO: Que la cruz es solidaridad, es algo que la Iglesia ha visto desde siempre en la forma misma de la cruz: expansión hacia todas las dimensiones del mundo, brazos abiertos que quieren abrazarlo todo. Será un recuerdo constante de que el cristiano debe aprender a abrazar, al igual que su Maestro, a todos los hombres, lo decía otro Papa a quien se le dio el apelativo de “Magno”, san Gregorio:
“De dos modos podemos llevar la cruz del Señor, o afligiendo a nuestro cuerpo con la abstinencia o, por compasión al prójimo, considerando como nuestras sus necesidades. El que se conduele de las necesidades ajenas lleva la cruz en su corazón”. (Hom. 37 sobre los Evangelios).

8.- SÉPTIMO: LA CRUZ ES FORTALEZA PARA EL DIARIO CAMINAR: La cruz no está hecha para soportarse sino para tomarse. El dolor, que acompaña tantas veces la vida de todo hombre y de cualquier cristiano, puede ser un medio que Dios le envía para ejercitar y robustecer sus virtudes y para unirse a los padecimientos de Cristo Redentor. La cruz cuando se acepta produce paz y gozo en medio del dolor; cuando no se acepta, el alma queda desentonada o con una íntima rebeldía que sale enseguida al exterior en forma de tristeza o de malhumor. Nuevamente san Ambrosio nos alecciona cristianamente:
“Cristo ven en busca de tu oveja, no por medio de siervos, ni por medio de asalariados, sino ven en persona. Tómame en esta carne que cayó Adán. Tómame, no de Sara, sino de María... Llévame a la Cruz, que es salvación para los que yerran; sólo allí encuentran descanso los que están fatigados, y vida, los que están muriendo”. (In Ps. 118, XXII, 30).

9.- OCTAVO: EJERCICIO PARA LA VIRTUD CRISTIANA: La cruz será para el cristiano una invitación a ejercitarse en las virtudes. Se trata de cultivar las que no se tienen y de crecer en las que se poseen. Con toda razón expresará el Doctor Angélico que en la cruz encontramos el ejemplo de todas las virtudes y así lo repite la Imitación de Cristo:
“ En la cruz está la salud y la vida. En la cruz, la defensa contra los enemigos. En la cruz, la infusión de la suavidad soberana. La cruz es la fortaleza del corazón. En la cruz está el gozo del espíritu. En la cruz está la suma virtud. En la cruz está la perfección de la santidad. No está la salud del alma ni la esperanza de la vida eterna en otro lugar, sino en la cruz”.

10.- FINALMENTE: UNA CRUZ QUE ABARCA LAS DIFERENTES SITUACIONES DE LA VIDA: El cristiano sabe que la cruz del Señor Jesús le espera cada día de la vida. Dificultades, enfermedades, desastres económicos y naturales, la muerte de un ser querido, contrariedades, imprevistos, incomprensiones. Diría San Francisco de Sales que la cruz está hecha de todos los tipos de madera que te puedas imaginar. Todo tipo de situaciones pueden contribuir a la santificación del cristiano:
“Nunca se ha sabido con certeza de qué madera fue la cruz de Nuestro Señor. Yo pienso que es para amar sin distinción las cruces que nos envía, sean de la madera que sean, y que no digamos: Esta cruz o aquélla no son amables, porque no son de tal madera.

Las mejores cruces son las más pesadas, y las más pesadas son las que más repugnan al corazón...; a medida que son más importunas, son mejores que los cilicios, las disciplinas, los ayunos y cuanto han inventado de austeridad.

Las cruces que nosotros hacemos o que inventamos son siempre bien pulidas por lo que tienen de nuestro y, por eso, menos fortificantes. Humillaos, pues, y recibid alegremente las que se os impongan sin vuestra voluntad. Lo largo de la cruz le da el precio, pues no hay pena más dura que la dure.” ( Epistolario, fragm. 47, 1. C., p. 681).

11.- Muy queridos amigos:

La Santa Cruz que se nos invita a tomar para seguir al Maestro, nos debe hacer mirar a Cristo en su humillación y en su amor, como el Dios que quiso hacerse hombre igual a nosotros, que habló nuestra lengua y secó nuestra lágrimas, que se identifica con el necesitado, de suerte que podemos encontrarle en cualquier esquina de nuestras calles; porque, ¿quién no necesita de nuestra solidaridad y de nuestra ayuda?

Nos recordará dos realidades: Primero, al Señor Jesús, que carga solidariamente sobre sus hombros nuestros pecados y miserias. Segundo, que podemos y debemos solidarizarnos con los demás miembros del Cristo místico, arrimando nuestro hombro para ayudar a llevar la inmensa cruz que gravita sobre el cuerpo social.

Unos para otros somos Cristos, en la doble figura de necesitados y de personas que solícitamente ayudan al hermano. El Cristo amante en uno sirve al Cristo necesitado en otro. El Reino de Cristo no es otra cosa, sino que nos reconozcamos unos a otros como necesitados y que tratemos mutuamente de servirnos en esa necesidad. Es cierto que Cristo está en el necesitado, pero también está en el que le ayuda. Cristo está en el que tiene hambre pero también en el que le da de comer, Cristo está en el que tiene sed pero también está en el que le da de beber. Cristo está en el enfermo y en el que lo cura, en el preso y en el que le visita, en el desnudo y en el que le viste. “Dar un vaso de agua y se obtiene la recompensa”



___________________________________Firmar Libro de visitas

Biblioteca Virtual

Jun19
Jun12
Jun05
May29
May22
May15
May08
May01
Abr.24
Abr.17
Abr.10
Abr.3
Mar.27
Mar.20
Mar.13
Mar.6
Feb.27
Feb.20
Feb.13
Feb.6
Ene.30
Ene.23
Ene.16
Ene.9
Ene.2
Dic.26
Dic.19
Dic.12
Dic. 5
Nov. 28
Nov. 21
Nov. 14
Nov. 7
Oct. 31
Oct. 24
Oct. 17
Oct. 10
Oct. 3
Sept. 26
Sept. 19
Sept. 12
Sept. 5