Domingo 20 de Marzo de 2005_________Pbro.
Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx
VIVIR LA VIRTUD DEL TIEMPO.
Cuando
se aproximaban ya a Jerusalén, al llegar a Betfagé,
junto al monte de los Olivos, envió Jesús a dos
de sus discípulos, diciéndoles: “Vayan al
pueblo que ven allí enfrente; al entrar, encontrarán
amarrada una burra y un burrito con ella; desátenlos y
tráiganmelos. Si alguien les pregunta algo, díganle
que el Señor los necesita y enseguida los devolverá.”
Esto
sucedió para que se cumplieran las palabras del profeta:
Díganle a la hijna de Sión: He aquí que tu
rey viene a ti, apacible y montado en un burro, en un burrito,
hijo de animal de yugo.
Fueron,
pues, los discípulos e hicieron lo que Jesús les
había encargado y trajeron consigo la burra y el burrito.
Luego pusieron sobre ellos sus mantos y Jesús se sentó
encima. La gente, muy numerosa, extendía sus mantos por
el camino; algunos cortaban ramas de los árboles y las
tendían a su paso. Los que iban delante de Él y
los que lo seguían gritaban: “¡Hosanna! ¡Viva
el Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
¡Hosanna en el cielo!”
Al
entrar Jesús en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió.
Unos decían: “¿Quién es éste?”
Y la gente respondía: “Este es el profeta Jesús,
de Nazareth de Galilea”.
El
día de hoy, Domingo de Ramos, se inician esos Ocho días
en la vida de Jesucristo y de los cristianos que están cargados
de alegría y de amistad, de nobleza en el corazón
y de sinceridad infantil, de cánticos y de danzas, de abrazos
y gritos clamorosos, de aclamaciones y proclamaciones; pero, también
hoy se está dando inicio a esos Ocho días que estarán
sobrecargados por la muerte y la tristeza; que harán que
se acompañen el odio junto a las lágrimas; que generarán
el sudor, la sangre y la enemistad; se reunirán en la ciudad
santa el engaño y la traición; el corazón albergará
la hipocresía de los ancianos atizada por el martilleo; sobrevendrán
las espinas y los golpes, así los empujones como los gritos
de condena. Se le llama a este día, el Domingo de la Pasión.
2.-
Hoy, se le da inicio a esos Ocho días en la Vida de nuestro
Señor Jesucristo, que significan la total concentración
de la vida de cada ser humano y de toda la humanidad, y que al mismo
tiempo, significarán la enseñanza y la comunicación
de la Vida Verdadera a favor de todos los hombres. Se trata de los
Ocho días de una nueva creación, los ocho días
de la recreación humana.
Hoy,
es apenas el primero de esos días y la creación entera
ya empieza a recibir los beneficios de la redención. Se trata
de una creación liberada de ese nuevo caos, originado por
el pecado, en el que permanecía aprisionada, para que con
su existir pueda rendir honor y gloria al Divino Creador y Redentor
de su existencia, que está entrando a la Jerusalén
del Universo concentrada en la Jerusalén de la geografía
y de la historia.
3.-
De esta manera, así como en una semana se realizó
la creación de todas las cosas en el origen de los tiempos
y del espacio, así se dará ahora el devenir de cada
uno de estos Ocho días de la nueva creación: aquí
habrá ahora un espacio para cada cosa y para cada persona.
Y
asi, al igual que en el principio de la creación, ahora también
el sexto día, será sin duda uno de los días
más esperados. Se trata del día en que el nuevo hombre
será creado. La muerte se hará entonces presente en
el verdadero árbol de la Vida, para redimir a todos aquellos
que pretendieron alcanzar por medio del despojo, aquello que solamente
Dios puede conceder como don de su benevolencia: la inmortalidad.
Se
trata de la tarde de nuestro viernes santo. Y será
en el atardecer de ese sexto día de esta nueva semana, el
preciso momento en que Jesucristo inicie la nueva creación
de la Nueva Humanidad.
Jesucristo,
el Hombre Nuevo, será quien desde lo más alto de la
cruz expire el hálito de vida al entregar su Espíritu,
para así devolverle la vida a todos los hombres. Se trata
del Nuevo Adán que está dormido, y al ser enterrada
en su costado la lanza de aquel soldado, brotarán de su interior
la sangre y el agua, los sacramentos del Bautismo y la Sagrada Eucaristía,
el fundamento y el origen de la Iglesia, la Nueva Eva de la humanidad...
Y
será en el Séptimo día, cuando aparentemente
el Hijo de Dios está descansando, en que Cristo manifestará
la dimensión universal de su obra..., ese sábado Dios
en realidad no descansa, puesto que en la realidad, Cristo se encuentra
en el centro de una concentración dinámica, de una
actividad tan intensa con la que le comunica la vida a todos los
que estuvieron esperando desde la primera creación este momento
de plenitud. Será tal el dinamismo emergente, que la noche
del día séptimo desembocará en la claridad
del día primero con una explosión de fuerza salvífica.
Se trata del inicio de nuestro día Octavo, un día
que no ha terminado para los cristianos.
Hoy,
se inician los Ocho días más singulares y virtuosos
de la historia. Hoy, se inicia en la semana santa
la trama de la Vida de todos los hombres. Se trata de un período
de tiempo en el que el decurso de los días nos presentará
los distintos cuadros que escenifican nuestra vida, la tuya y la
mía y la de todos los hombres.
4.-
Durante estos días las actitudes también cuentan,...
cuentan demasiado y nos enseñan: el Señor Jesús
conoce hacia dónde llega el camino que hoy se inicia y que
está recorriendo,... Él sabe que por
muchos menos motivos acabaron con la vida de san Juan el Bautista.
La muerte aparece entonces con su sombra dibujada en el telón
de fondo de la escena y, sin embargo,... la fiesta debe continuar.
Es ahora el tiempo de la alegría y del abrazo, del júbilo
y la algazara, y el Señor no interrumpe el gozo que brota
naturalmente de la sencillez de su pueblo.
“A
cada día le bastan sus propios afanes”,
-en el Gólgota se sigue escuchando ese eco de lo que en el
Sermón de la Montaña había pronunciado el Maestro.
5.-
¡Fíjate! Como cada una de las actitudes de Jesucristo
están cargadas de contenido salvífico. Su actitud
de tranquilidad en medio del asedio del rencor humano, debe ser
una seria cuestionante para muchos de nosotros.
Sobre
todo, para aquellos que a costa del sufrimiento de nuestro “viernes
santo”, no somos capaces de compartir la alegría que
trae el “domingo de ramos” a nuestra vida, y les vamos
imponiendo a quienes tienen gozo y merecen estar contentos, un silencio
sepulcral, y tienen que pagar por adelantado nuestra factura de
dolor.
Somos
cada uno de nosotros, los que tarde o temprano nos vamos a encontrar
con nuestro propio camino, e irán desfilando absolutamente
ante nosotros todos esos momentos con todos esos diversos contenidos:
algunos plagados de alegría y otros impregnados de la tristeza.
La
mejor de nuestras actitudes será, sin duda, al igual que
Jesucristo, el vivir con intensidad cada uno de los momentos que
Dios nos está brindando, el saber disfrutar de la virtud
del instante, aún con la carga de contrariedades que pudieran
tener o que le pudieran acompañar.
El
auténtico cristiano es aquel que vive plenamente su vida
y está en paz en medio de la luz o en la oscuridad; goza
de la existencia tanto en los tiempos de frío como en los
de calor; disfruta al contemplar el flujo y el reflujo de la mar;
alcanza a percibir la belleza de las plantas, tanto en su inspiración
como en su expiración, con sus frutos y aún con la
pérdida de su follaje; se deleita con la compañía
de los que nos aman y no rechaza ni se asusta ni con la posible
ni con la real soledad...
En
pocas palabras, el cristiano comprenderá la sabia composición
de las cosas y aprenderá a disfrutar de cada uno de los momentos
que le brinda Dios, nuestro Señor, en la vida.
6.-
Cada uno de los días que vivimos trae su propia carga de
exigencias, sus propias necesidades y sus propias complicaciones.
Sin embargo, será precisamente en la capacidad de vivir intensamente
los momentos que Dios nos brinde, en donde encontraremos verdaderamente
la felicidad.
Entonces,
cuando vivamos esta virtud cristiana, cada momento de nuestra vida
biológica será como si fuera un volver a empezar.
¡Así, con esta actitud, debemos empezar cada día
que Dios nos da! La vida temporal debe aprender a vivirse a contrareloj,
sin desperdiciar ni despreciar uno sólo de los momentos que
forman las diferentes escenas de nuestro existir.
El
cristiano será aquél, que lejos de empeñarse
y desgastarse imaginando lo que sucederá el día de
mañana, será capaz de concentrar su interés
en el día que tiene por ventura vivir, y que no se volverá
a repetir en sus mismas y precisas dimensiones.
Resulta
necesario el que aprendamos a grabar las imágenes en nuestra
memoria y en nuestro corazón, para que así captemos
la belleza del día presente, independientemente de lo que
nos sucederá el día de mañana. ¡Lo segundo
no depende de nosotros, las más de las veces!
7.-
El Señor está contento este domingo, sin aparentemente
darle tanta importancia a lo que dentro de cinco días sucederá.
El
cristiano es aquel que vive intensamente cada uno de los días
de su existir: en la oración le pide a Dios el pan nuestro
de cada día y, también, en su vida toma la cruz de
cada día. El pan de mañana no le preocupa, ese lo
pedirá al día siguiente, si Dios le conserva la vida;
la cruz de mañana tampoco le desgasta, sino que le ocupa
lo que hoy debe asumir.
Es
en este contexto en donde podemos coincidir con la sabiduría
que tenía el ya extinto escritor católico, Morris
West, autor de las Sandalias del Pescador y de Eminencia, cuando
manifestaba congruentemente en el escrito: “A view from
the ridge”: “Pregunte
a cualquier persona que haya sobrevivido a un infarto y le dirán
lo mismo: que cada hora, de cada día es un regalo de Dios”.
8.-
Este Domingo de Ramos, y su alegría, que Cristo y la gente
sencilla viven en una muy cercana vecindad con el dolor del Viernes
Santo, debiera ayudarnos a ver todas las cosas de nuestra vida de
una forma distinta.
En
el momento en que aprendamos a ocuparnos de la vida más que
preocuparnos por ella, conseguiremos colocarle esos nuevos cristales
que necesitan nuestros anteojos, y serán nuevas las percepciones
de la vida, los intereses cambiarán radicalmente, nuestra
jerarquía de valores se transformará rotundamente
y, lo más importante de todo: el aprecio por las personas
se volverá distinto y... mucho mejor de lo que piensas.
Simple
y sencillamente, entonces descubrimos con toda claridad que “todo
en la vida es gracia”; que nada nos pertenece en absoluto;
que todo lo que tenemos es prestado, hasta la misma vida, y que
la vida debe convertirse en una continua “acción de
gracias” para Dios, así fuere domingo de ramos o viernes
santo.
VIVE EL MOMENTO.
Fueron,
pues, los discípulos e hicieron lo que Jesús les había
encargado y trajeron consigo la burra y el burrito. Luego pusieron
sobre ellos sus mantos y Jesús se sentó encima. La
gente, muy numerosa, extendía sus mantos por el camino; algunos
cortaban ramas de los árboles y las tendían a su paso.
Los que iban delante de Él y los que lo seguían gritaban:
“¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David! ¡Bendito
el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!”
1.-Muy
queridos amigos de cada semana, que inmerecidamente me honran con
su atención en este domingo sumamente especial, y queridos
amigos que accesan por primera ocasión este espacio de reflexión
cristiana.
Muy
queridos viajeros, que por motivos de descanso, laborales, familiares
o estudiantiles, han llegado o están llegando o, bien que
están por salir de nuestra ciudad: Debemos llevarnos o traer
un pensamiento durante esta semana: la semana santa debe llevarnos
a imitar a Jesucristo.
2.-
Pero,... ¿Cómo poder imitar al Maestro? Acerca de
esa imitación de Cristo que significa seguimiento del Maestro
y el configurarnos con Él, estaba recordando una oración
que solía hacer el filósofo danés Sören
Kierkegaard:
“Señor
Jesús, Tú no viniste al mundo para ser servido, ni
tampoco para ser admirado o simplemente adorado. Tú mismo
eres el Camino, la Verdad y la Vida. Tú has deseado solamente
seguidores. Por eso, despiértame si estoy adormecido en este
engaño de querer admirarte, en vez de seguirte y parecerme
a Ti”.
3.-
Gentiles amigos:
Hoy,
iniciamos la celebración cristiana de la semana más
singular y que tiene pleno alcance universal. Se trata de una fracción
en la sucesión inexorable del tiempo, en donde la temporalidad
y la eternidad lidiarán en singular combate. Y, cuando pareciera
que en la noble danza, el tiempo se estuviera convirtiendo en la
tumba de la perennidad, Aquél que es el Alfa y la Omega en
la victoria pascual convertirá al tiempo en la cuna de la
eternidad.
Como
lo hemos referido, a imagen de aquella semana de días, del
principio de la historia, en esta semana emergerá desde el
sepulcro virginal del huerto de los Olivos el esplendor de la Luz
de este Sol que ha nacido de lo alto, y del costado del crucificado
se manifestará el Agua Viva que brotará de la fuente
inagotable de la vida, desde al árbol de la cruz se ofrecerán
al mundo los frutos más deliciosos y nutritivos que broten
de cualquier árbol, en un cielo entenebrecido ante el espectáculo
de la injusticia humana se manifestarán los inicios y los
indicios de lo que serán esos cielos y esa tierra nueva,
y allí en el ara de la cruz donde el Cordero de Dios ha sido
inmolado, se mantiene erguido y victorioso el Hijo eterno del Padre
para mostrarnos el verdadero rostro del hombre nuevo.
Este
es el primer día de una semana no de siete sino de ocho días.
4.-
Y esta es, la Mayor de las Semanas, para todos los cristianos, puesto
que en ella han sido recreadas todas las cosas.
Soy
consciente que cada uno de nosotros vivirá de forma muy distinta
ésta semana de la recreación; sin embargo, cada uno
deberá iluminar las diferentes expresiones de la recreación,
a partir de la recreación que nos ha ofrecido el mismo Hijo
de Dios en la nueva creación.
Es
cierto que, recrear significa desde la apreciación humana
el descanso, la diversión y el deleite, pero no debemos olvidar
que desde lo cristiano recrear también significa: “crear
o producir algo de nuevo”.
Y
para ello, resulta sumamente importante, que el conocimiento cristiano
no ignore que el centro del misterio que se está iniciado
en este día es el de un género de vida nueva que se
obtiene solamente en Cristo.
Lo
anterior, nos llevará a muchos a celebrar este misterio desde
las más bellas expresiones de la liturgia y, Dios quiera
que, aún en aquellos que su recreación significa solamente
diversión puedan, sino celebrar la liturgia, sí vivir,
desde el lugar en dónde se encuentren, el misterio que verdaderamente
crea de nuevo la vida, elevando ellos su pensamiento a Cristo, el
Santísimo Redentor.
5.-
Hoy, es apenas el primero de estos ocho días tan intensos
y en la escena aparece la manifestación sencilla de aquellos
pobladores que le rinden públicamente el honor y la gloria
al Divino Creador y Salvador de su existencia, que está entrando
sobre la sencillez de un borriquillo a la ciudad santa de Jerusalén.
Y
será tal el dinamismo que emerja de estos días, que
al inicio del primer día de la siguiente semana, es decir
de hoy en ocho, aparecerá una explosión de fuerza
salvífica, manifestada plenamente en la resurrección.
Se iniciará entonces un día que no ha terminado para
los cristianos: el Octavo día.
6.-
En el contexto de estos ocho días en la nueva historia de
los hombres, teniendo como transfondo la celebración de la
Pasión del Señor, recordemos la invitación
de Cristo para que aquellos que le queramos seguirle, aprendamos
a cargar la cruz de cada día.
La
invitación es para que tomemos la cruz cotidiana, no tan
sólo la extraordinaria. Se trata de una cruz
formada no tan sólo por un martirio o sacrificio excepcional
sino por lo ordinario de las ocupaciones, incomprensiones, pequeños
sacrificios, trabajos, olvido de sí, un servicio habitual
ofrecido al otro y no siempre tomado en cuenta.
Lo
que la semana santa nos pide es que nuestra vida se ofrezca a Dios
y al hermano en la cruz ordinaria, hecha de cosas pequeñas
no siempre agradables. Se trata del compromiso humilde a lo largo
de los caminos “acostumbrados”. Y sobre todo, que al
día siguiente volveremos a asumir.
¿Y
qué pensar sobre la muerte? ¿Qué elemento adicional
le ha comunicado el misterio de la Resurrección gloriosa
de Cristo?
7.-
Muy gentiles amigos:
Muerte
y resurrección no son dos momentos contrarios en la apreciación
del cristiano, sino un mismo movimiento en dos polos: Jesús
muere y se dirige hacia la resurrección.
La
muerte no es, para el cristiano, el término sino que se convierte
en paso. La muerte se vuelve liberación para entrar en una
situación de plenitud y de victoria.
8.-
Pidámosle al Dios de la creación y de la recreación,
que el esfuerzo que invertimos para recrearnos en lo corpóreo,
no provoque en nosotros el olvido de la necesidad de acercarnos
a Él, para que nuestra vida realmente se pueda recrear en
su presencia.
Sin
la recreación que viene exclusivamente de Dios, nuestros
cansancios se disiparán solamente en lo momentáneo
y en la apariencia. Sin nuestro acercamiento a Dios, regresaremos
la próxima semana a nuestros quehaceres, con la peor de las
fatigas, que es la del alma en el desencanto. No se habrá
liberado nuestro interior de todo aquello que nos desgasta y que
nos provoca pavorosa angustia en nuestra vida.
9.-
Jesucristo nos saludará victoriosamente el próximo
domingo: “La paz sea con ustedes”; y nosotros
ni siquiera podremos imaginar lo que significa la paz, mucho menos
el experimentarla, y es por ello que continuarémos sobreviviendo
sumergidos en la angustia.
Para
comprender la esencia de la angustia que ataca a los hombres, y
entender lo que muchos experimentamos en nuestro propio interior,
sería útil que consideráramos, sólo
por esta ocasión, la raíz lingüística
de esta palabra: “Angustia”
en latín proviene de la palabra: “angustus” y
significa obviamente angostez y estrechez. Con esta
palabra se referían en la antigüedad a la estrechez
del aparato respiratorio, aquello que llamamos congoja. En sus orígenes
se refería a la angustia que surge del sofoco que experimentamos
cuando las dificultades nos abrazan y no nos dejan respirar.
10.-
Hay que intentar la liberación de la angustia del hombre,
pero no a la manera como lo propone el Fausto en la obra de Goethe,
quien se debate a pesar de todo en ganar un sentido, viviendo día
a día sin cuestionar, vegetando sin más.
Esta
es la semana más santa en la vida del cristiano, el tiempo
que debiera provocar un cambio positivo en nosotros, como lo ha
provocado en tantos hombres. Si tú eres uno de esos eruditos
que sólo se preocupan de recrear el cuerpo, y posiblemente
no conozcas lo que fue la vida de San Francisco, la de Santa Teresita
o la de la Beata Madre Teresa, es posible que, por lo menos, no
ignores lo que se narra en el Fausto.
¿Te
acuerdas cómo era la vida de Fausto? ¿Se parece en
algo a la tuya?
11.-
El escritor alemán Johann Wolfgang Goethe en 1808 simbolizó
en el Fausto al hombre que conquistó el mundo y que se perdió
a sí mismo. Era un buen médico, a quien se le agradecía
el haber salvado al pueblo de una agresiva epidemia de peste, y
en el desarrollo de la trama, él y su discípulo Wagner
han logrado reproducir en el laboratorio al Homúnculo, el
hombre artificial...
Y
sin embargo, el doctor Fausto, tan lleno de logros y de aparentes
satisfacciones, llega a un momento de su existencia en que no le
encuentra sentido a la vida, y está a punto de escapar por
la puerta falsa en la mismísima semana mayor.
¿Recuerdas
aquel episodio en la noche de la Pascua cuando ya se había
llevado a los labios la copa del veneno, aterrorizado como estaba
por la duda y la desesperación que ascendían desgarradoramente
a través de su corazón? Mientras Fausto contemplaba
el reflejo de sus propios ojos en aquel líquido que buscaba
que se convirtiera en su pasaporte a la muerte, de pronto algo le
provocó interrumpir aquel ritual de la autoaniquilación...
En el espacio silencioso de aquel cielo pueblerino, el aire llevaba
alegremente las hondas sonoras del repique jubiloso de las campanas
de la celebración cristiana de la Pascua de la resurrección,
y ese sonido alcanzó momentaneamente a Fausto como un mensaje
liberador, como la palabra de Aquel que siendo el Dueño de
todo, poniéndole la mano sobre su hombro le decia: ¡No
tienes que morir, Dios ha rasgado los cielos!
12.-
Amigos muy queridos:
Los
cristianos, en la incertidumbre que brota de nuestra humanidad,
así como en la de aquellos que no son cristianos, no sabemos
lo que vendrá el día de mañana, pero sabemos
Quién ha venido y conocemos Quién volverá.
Aquel que posee la certeza sobre la última hora, no tiene
por qué temerle al minuto próximo ni vivir angustiado.
¡Es
Semana Santa! ¡Es tiempo de recrear la vida en su totalidad!
EL DIVINO MENESTEROSO
Cuando se aproximaban ya a Jerusalén,
al llegar a Betfagé, junto al monte de los Olivos, envió
Jesús a dos de sus discípulos, diciéndoles:
“Vayan al pueblo que ven allí enfrente; al entrar,
encontrarán amarrada una burra y un burrito con ella; desátenlos
y tráiganmelos. Si alguien les pregunta algo, díganle
que el Señor los necesita y enseguida los devolverá.”
1.-
Muy queridos amigos:
La
vida humana se va entretejiendo en sus distintos momentos, tal como
si fuera un artístico tapiz, el más bello de todos.
Los distintos hilos, que han sido, son y serán sacados del
cajón del artista, y que cuentan con una muy amplia gama
en sus distintas tonalidades, pueden ser llamados: Sueños
y Realidades, Gracia y Libertad, Comisiones y Omisiones, Acciones
e Intenciones.
Se
trata del tapiz de nuestra existencia, en el que queda plasmado
el curso de la vida, y en el cual concursan el recurso divino y
el recurso humano.
2.-
¿Qué mejor discurso para pregonarse desde éste
púlpito en este domingo de ramos, que una invitación
para que el hombre comprenda que las acciones que transforman este
mundo que Dios nos ha dado, están compuestas por la acción
comprometida del creyente y la acción realizadora de Aquél
que lo puede todo?
Pero,
cada uno de nosotros se podría preguntar: ¿Qué
es lo que el hombre puede aportar en la historia de la salvación?
¿Cuál es nuestro lugar en ese tapiz que se va entretejiendo
con el paso del tiempo y en nuestro propio espacio?
Los
seres humanos podemos quedarnos en las solas promesas sin llegar
a realidades, en los solos proyectos sin llegar a realizaciones,
en puros preparativos sin contemplar las ejecuciones. El hombre
puede pensar en sus solas intenciones sin llegar a las acciones.
Se trata del ser humano que solicita bienes en su oración;
pero que en variadas ocasiones, cuando éstos son obsequiados
no son aceptados, puesto que estos dones de Dios suelen convertirse
en compromisos.
3.-
El Evangelio de este domingo, nos presenta a un Dios que no quiere
dedicarse a solucionar fácilmente el problema inmediato de
los hombres. Más aún, Dios nos enseña, que
Él ha querido necesitar de la cooperación de los hombres.
El
Señor Jesús no ha querido ofrecernos el pan sin el
esfuerzo ni el vino sin nuestra cooperación. El no ha querido
mostrarnos un rostro de un Dios que mágicamente quiera facilitar
lo que está en nuestras manos.
Dios
ha querido tener necesidad de nuestras alforjas, sí tú
quieres, casi vacías, pero bien dispuestas a cooperar con
Él. El Hijo eterno del Padre ha querido esperar de cada uno
de nosotros, esos elementos humanos que complementan su plan de
salvación.
4.-
Hoy, el Evangelio nos presenta la aportación del hombre.
Humanamente, se trata solamente de un borrico prestado;
sin embargo, Dios ha querido que éste sea útil para
su ingreso en la ciudad santa, en lo que será el inicio de
la nueva creación, y así más adelante requerirá
de un cenáculo prestado para dejarnos el pan de la vida,
después de un huerto de los olivos prestado para efectuar
la oaración de abandono más hermosa, y finalmente
de un sepulcro prestado para que allí suceda el acontecimiento
más grande de la historia... Una semana de préstamos
para recrear a un hombre con la peor de las deudas.
Y
así ha sido esta historia que Dios ha querido escribir con
la ayuda del hombre.
Quizá
no se ha escrito nunca una paradoja tan grande como ésta:
por un lado, la soberanía del Señor, y por la otra,
su aparente necesidad. Se combina la divinidad con la dependencia,
la posesión de todas las cosas con el despojo del existir,
la riqueza con la pobreza.
Se
trata del Hijo de Dios que ha querido aparecer como ese divino menesteroso.
Se trata de Aquél que tiempo atrás había pedido
prestado un pesebre para nacer, el que pidió una barca para
predicar. El que pidió unos panes y unos peces para multiplicar
y que ahora manda pedir un asno prestado para entrar a Jerusalén,...
la razón que los discípulos deben dar para explicar
es que: “el Señor tiene
necesidad de ello y que enseguida los devolverá”, ¡y
claro que nos lo devolverá y con creces!
En
la realidad, Dios se permite tomar algunas cosas de los hombres
para recordarles que todo, en la realidad, procede de Él.
5.-
Dios, en sus milagros y en sus intervenciones salvíficas
de todos los tiempos, del ayer y del presente, ha querido necesitar
de la aportación del hombre; aunque sea el estirar nuestra
mano para tocar la orla de su manto, el gritar para que me oiga
aunque se molesten algunos de los que le siguen, el lanzar la red
aún a pesar del cansancio y la desilusión, el llenar
de agua los odres de las purificaciones, el quitar la piedra de
un sepulcro en dónde está depositado aquel amigo que
ya experimenta el proceso natural de la descomposición,...
Hoy, el Evangelio nos invita para que pongamos todo lo que somos
y tenemos en las manos de Dios.
6.-
El Señor nos invita para que colaboremos con su obra.
¿Te acuerdas? Él nos ha prometido como recompensa
de nuestras acciones, aparte de la vida eterna, el ciento por uno.
Pero,... no te olvides que nunca existirá el ciento, si yo
no soy capaz de poner el Uno que debo aportar.
7.-
Y lo anterior nos ofrece el secreto para solucionar cualquier tipo
de situaciones ¡¿Por qué diantre tenemos que
esperar a que acontezca un Tsunami para entonces unirnos y ayudar
al necesitado?!
¡Fíjate
bien! En el tiempo actual, más que milagros, nos hacen falta
dos cosas. En primer lugar: que tengamos amor a lo que hacemos,
y en segundo lugar: que manifestemos un verdadero interés
por el hermano.
Hablemos,
en primer lugar, del amor a nuestro trabajo, más adelante
reflexionaremos sobre el interés por el hermano.
8.-
¿Pero qué tanto puedo yo aportarle a la obra de Dios?
Resulta
necesario, el darnos cuenta de que esa desproporción que
existe entre lo que los hombres aportamos y la grandeza de la obra
que Dios realiza, se anula cuando lo poco que se tiene, o la nada
que se piensa ser y tener, se convierte en el todo que se le entrega
a Dios, y que se pone a disposición del hermano.
Al
hablar de esos nuestros juicios emitidos sobre la intrascendencia
de un borriquito prestado, he recordado aquella propuesta del ya
mencionado filósofo del siglo XIX, Sören Kierkegaard,
quien ha hablado sobre “Los Saberes Socráticos”,
los cuales se deben enseñar, según el filósofo,
en el modo verbal conocido como Gerundio.
Recordando
el método de Sócrates, Kierkegaard lo aplicaba a la
practicidad de la vida y a la necesidad de realizar comprometidamente
lo nuestro: a pensar se aprende pensando, a estudiar se aprende
estudiando, a nadar se aprende nadando, a orar se aprende orando,
a trabajar se aprende trabajando.
9.-
En la realidad, no se trata de otra cosa, sino de los bienes humanos
que el hombre debe poner en su profesión, en su trabajo,
en la oficina, en la escuela, en su hogar, en la Iglesia, en su
esfuerzo diario, en su dedicación para cada cosa que quiere
aprender o que piense adquirir.
No
obstante, es recurrente el que los hombres queramos una entrada
de Dios a nuestra Jerusalém sin que nosotros seamos generosos
con Él, queremos una multiplicación de panes sin poner
panes, queremos una pesca milagrosa sin ir a pescar, queremos la
conversión del agua en vino sin llenar de agua los odres.
10.-
¿No te has fijado? Los jóvenes pretendan pasar un
examen sin ponerse a estudiar una sola hora. ¡Eso no puede
ser posible!
Algunos
profesionistas desempleados pretenden tener un buen empleo con una
excelente paga, pero lo quieren conseguir levantándose a
las once de la mañana, y saliendo al mediodía a tocar
las puertas de las empresas. Eso no es posible ¡Por el amor
de Dios!
Los
esposos quieren solucionar sus conflictos sin cederse a sí
mismos un espacio para el otro. Quieren que Dios, y que el otro
hagan todo el trabajo y se olvidan de que las relaciones humanas
siempre serán un movimiento de dos. Pero,... ¡Es
muchísima nuestra soberbia!
Hoy
se quiere disfrutar de la Sagrada Eucaristía sin que le ofrezcamos
a Dios nuestro cenáculo. Lo anterior es un absurdo, y a Dios
nunca le han agradado los absurdos.
11.-
Dios quiere el bien del hombre, y el hombre debe de ver por su propio
bienestar. Diría san Agustín: “El que te creo
sin ti no te salvará sin ti”.
Nuestra
vida será sueño o será realidad, será
omisión o será comisión. La vida será
gracia y será libertad, será intención y será
acción. Nuestra vida será ganancia o será perdida.
12.-
Muy queridos amigos:
Estamos
ya en el Domingo anterior a la Pascua, nuestro Domingo de Ramos,
fecha en que las familias del pueblo judío utilizaban para
elegir el Cordero que iba a ser sacrificado. Ya ha sido elegido
el Cordero que se llevará al templo en la madrugada del día
viernes, para que por la tarde sea sacrificado.
Faltan
pocos días para que los ¡Hosannas!
que hemos escuchado se conviertan en ¡crucifícale!,
que las Palmas se conviertan en lanzas, que los lienzos que se ponen
a sus pies se conviertan en aquellos lienzos de los que se le va
a despojar, las coronas que ahora querían ponerle en su cabeza
pronto se convertiran en espinas, y el trono ofrecido pronto se
convertirá en una cruz.
13.-
¡Dispongámonos a celebrar el misterio de la vida! La
historia apenas empieza, de la misma manera en que el Hijo de Dios
ha querido un borrico prestado para ingresar a Jerusalén,
requerirá de la generosidad humana para que se le preste
un sepulcro en el que nos pueda ofrecer la eternidad.
¿Sabes?
Escribió Blas Pascal en sus Pensamientos: “Para
que la pasión no estorbe, hagamos como si no hubiese más
que ocho días de vida”. ¿Qué
quiere decir? Lo dejo a tu reflexión de esta semana... ¡Vive
el momento!
Deseo
que al concluir nuestro recorrido de estos días de la salvación,
volvamos a nuestras casas y labores diarias recreados en el alma.