Domingo 27 de Marzo de 2005_________Pbro.
Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx
PASCUA
Por
esta ocasión dediquemos seis segmentos a nuestra reflexión:
cuatro de ellos a la celebración del Viernes Santo y dos
de ellos a la celebración del Domingo de Pascua.
La
razón de que el domingo de pascua tenga sólo dos
momentos es que hace dos domingos (13 de Marzo de 2005) meditábamos
acerca del sentido de la resurrección que transforma nuestra
muerte. Iniciemos:
1.-
¡Todo esta consumado! Esta confusión parece
oscurecer la razón del hombre, y esa confusión en
su razón oscurecerá su propia historia, aunque ellos
ni siquiera puedan imaginar que esta cruz no es otra cosa en la
realidad que el más bello candelero, desde el cual la luz
eterna saldrá disparada en todas las direcciones del orbe,
en todos los tiempos y en todos los espacios.
2.-
Hoy, es viernes 07 de abril del año 30, son la 3
de la tarde, el cielo oscurecido y el temblor en la tierra manifiestan
ahora en el silencio discreto la más elocuente de las protestas
en contra de la violencia y de la injusticia perpetrada contra ti,
que eres mi Hijo amado,...
Hoy,
el cielo y la tierra, aquellos testigos de la alianza que un día
puse ante mi pueblo (Dt 30,15), han manifestado la vergüenza,
el luto y el dolor que el hombre no ha sabido expresar, y con ello
le reclaman al ser humano la injusticia perpetrada contra el Dios
del Amor y la Fidelidad.
3.-
¿Cómo es que las cosas han llegado hasta este momento?
Y me has dicho: Padre, perdónales por
que no saben lo que hacen,... y te comprendo porque sé
lo que hay en tu corazón, y comparto contigo lo que tienes
en tu corazón. ¡Tú sabes lo que palpita en el
mío!- Por hablar en términos humanos-.
¡Quizá
hoy el hombre ignore o quiera ignorar que la crucifixión,
la muerte con la que han pretendido conseguir tu fin, fue usada
por primera vez como pena capital para los esclavos de parte del
Imperio Persa, y que a través de ellos se divulgó
a todo el mundo,... que fue adoptada más tarde por el Imperio
Helénico y que hace unos cien años recibió
la carta de ciudadanía de parte del Imperio Romano,... para
con ella poder ajusticiar a lo indeseables y a los insurrectos.
4.-
¡Qué lamentable que las cosas terminaran así!
Y aún desde la cruz tu corazón ha manifestado misericordia,
no tan sólo para la colectividad de los hombres, sino también
para la individualidad en la que se concretiza la vida humana, aún
cuando la condena en el caso de aquel que está a tu lado,
ingrese dentro de los parámetros humanos de la justicia,
tú le has dicho al ladrón en su arrepentimiento que:
Hoy mismo compartirá contigo el paraíso. ¿Sabes?
Quisiera que el hombre jamás olvidará lo que le has
dicho al ladrón arrepentido, así como quisiera que
jamás olvidaran aquella parábola, que ellos han llamado
del Hijo Pródigo,
pero que lejos de ser sólo una historia emergida del pensamiento,
es la historia de nuestros sentimientos.
¡Ah!
Sí el hombre supiera, sí percibiera lo que ha acontecido.
Esa cruz que contemplan los hombres de donde pende tu cuerpo desangrado,...
¡cómo se ha transformado! Hace 7 siglos, la cruz no
era más que una gruesa estaca de madera en la cual se colgaba
el cadáver o la cabeza del ejecutado, un espectáculo
ya desde entonces, atroz, y que ya desde entonces entre los Persas
tenía como finalidad el humillar al condenado y que fuera,
al mismo tiempo, un elemento de disuasión para los espectadores
en su comportamiento. Ese madero, que ya era catalogado como una
maldición y que aquel que pendía del madero era considerado
“un maldito”.
Y
ahí estás tú, naturaleza de mi naturaleza y
hombre casi como todo hombre, y es que tú no tienes pecado,
eres como Cordero inmolado, verdadero Cordero de la Pascua, Cordero
sin mancha y sin pecado, pero que perdonas todos los pecados. Buen
Pastor, Dios verdadero, que has dado la vida por las Ovejas, y que
has convertido la cruz en tu callado,...
5.-
Y allí está ella, ¿Ya la has visto? Allí
está María, la más virginal de las
criaturas, la que te recibió en su seno, mujer fuerte, verdadera
Eva para la humanidad, al pie del árbol de la vida, aquella
que le creyó a mi mensajero, mujer fiel desde la cuna hasta
la tumba. Y tú le has dicho: Ahí
tienes a tu hijo, y al discípulo amado le has obsequiado
diciéndole: ahí tienes a tu Madre
Una
injusticia tu muerte, ¿se acordará el hombre? O ¿acaso
habrá olvidado el recorrido de la cruz y su tranformación?
En el Imperio helénico se le dio un giro político,
y así, aunque era utilizada para castigar a los malvivientes,
su matiz peyorativo les llevó, a que en algunos núcleos
del poder la visualizaran como una forma de mantener el dominio
sobre la población, aún cuando fuera en forma injusta
o ilegítima. Aquello que escribió Platón sobre
el destino que un hombre perfectamente justo podría esperar
de parte de los que querían mantener el poder, pareciera
haberlo escrito uno de nuestros profeta, quizá Isaías
o mejor Jeremías, pero él lo redactó en su
libro la República: “El
hombre justo, pues, tal como lo hemos descrito, será azotado,
torturado y encarcelado, le sacarán los ojos y después
de padecer toda clase de humillación será crucificado”.
Y allí está la historia para aclararle
al hombre la veracidad de esta historia.
6.-
Y allí está María, a ella parece no amedrentarle
aquellos que han adoptado el suplicio de la cruz para sus propios
fines, y ahora para los fines del sanedrín. Y ahí
estás tú, mi Hijo muy amado, gritando esa cuarta palabra
en la cruz que ha rasgado el velo del cielo: y que ha retumbado
en la eternidad y en el tiempo: ¡Dios mío, Dios mío,
por qué me has abandonado! Y no es que estuvieras abandonado,
y no es que yo te hubiese abandonado..., los hombres sí te
abandonaron.
Pero
tú no acusas al hombre, no le condenas; a él no le
muestras molestia, pero ante mí, tienes confianza, eres mi
Hijo, soy tu Padre y yo sé que el dolor ha llegado al máximo.
La
cruz, tu cruz, la cruz de lo hombres no se puede entender sin la
resurrección que ha de vivirse, aunque esto no te ha eximido
de la vivencia humana del dolor. Y es que tú mismo aceptaste
a favor de los hombres, muchos siglos antes del sí de María,
en ese hágase según tu palabra, tú ya habías
pronunciado tu sí personal.
El
dolor se vuelve humanamente insoportable. Y es que el Imperio Romano
ha llevado el castigo hasta el extremo. Para ellos la crucifixión
no tenía como destinatarios a los ciudadanos libres, sino
que era un castigo principalmente para los esclavos, aunque también
la extendieron para los alborotadores. En ellos se ha vuelto tan
común el torturar al reo, dándole azotes hasta hacerle
sangrar, con el fin de debilitarle y apresurar su muerte, parece
que ellos han juzgado como demasiado grave tu delito, puesto que
el castigo infringido en los azotes ha subido en el tono de severidad.
Y
allí sigue ella, allí está María, aquella
que no conoció el dolor del parto pero que comparte otros
dolores más intensos conmigo. Ella ha visto como te han obligado
a cargar la cruz hasta el lugar en donde ibas a ser sacrificado,
allí en donde se han unido ese madero horizontal llamado
PATIBULUM con el
madero vertical que los romanos han llamado STIPES.
Es cierto que a algunos les ataban, pero en tu caso, acusado por
el sanedrín de sedición te han clavado de las muñecas
de las manos. Y sobre tu cabeza se ha colocado una inscripción:
Jesús el Nazareno, el Rey de los Judíos,... ¡No
puedo estar de acuerdo con ellos: Rey
de todos los hombres, de todos y de todo..., debieron haber escrito.
7.-
Y ahí te encuentras tú, mi Único Hijo, exhánime,
siervo y varón de dolores. El justo de lo justos:
agua de la vida, implorándole ahora al hombre un poco de
agua y recibiendo la caridad del vinagre: Tengo sed, has exclamado.
Te
contemplo descansando momentáneamente el peso de tu divino
cuerpo en ese escabel mal llamado por tus captores SUPPEDANEUM,
clavado fijamente en el STIPES. El castigo ha continuado durante
tres horas, una hora por cada año de tu ministerio ante tu
pueblo, ante mi pueblo, una hora por cada diez años de los
que has vivido en el anonimato de la grandeza de la familia, junto
a María y junto a un hombre tan justo como lo fue José,
el hijo de Jacob, el nieto de Mattan, el carpintero de Nazaret que
nació en Belén y que tuvo que vivir en tanta partes
para cuidarte a tí,... son tres horas expuesto a las inclemencias
del tiempo, a la molestia de los insectos y al escarnio público,
algunos gritan y se ríen burlonamente en la ignorancia y
otros lo hacen en la inconsciencia. Tu dolor se ha tornado humanamente
insoportable, ya las mujeres israelitas, las hijas de Jerusalén
te han ofrecido piadosamente ese brebaje analgésico elaborado
con vinagre y con mirra.
8.-
son casi las tres de la tarde. ¡Todo
está consumado! ¡Todo está cumplido! ¡Todo
se ha terminado!
Haz
sido obediente y con la obediencia haz borrado la desobediencia
de los hombres, con tu sencillez has reparado lo que la soberbia
humana había dañado. El gran sacrificio ha llegado
al cúlmen, el mayor de los sacrificios.
Tu
castigo será catalogado por lo historiadores, aún
por los escritores judíos como “la más terrible
de las muertes”. “Piernas rotas” le llaman los
historiadores de Roma, a causa de esa práctica de conmiseración
que tenían para con ello interrumpir el dolor de los ejecutados
acabando de una buena vez, quebrándoles sus piernas,... y,
precisamente ya se han acercado los mercenarios para apresurar tu
muerte intentando quebrarte las piernas, por razones de trabajo
para ellos, ¡Vale más que todo termine!,... por razones
de la Pascua para los judíos, ellos no quieren que la fiesta
de su liberación sea contaminada con tu cuerpo expuesto al
aire, pero a ti no te quebrarán uno sólo de tus huesos,
serás el Cordero perfecto para salvación de todos
los hombres.
9.-
son las tres de la tarde, y desde la cruz te escucho gritar, buscarme,
mirarme, hablarme:Padre,
en tus manos encomiendo mi espíritu. Los
hombres se retiran a su templo y no saben que aquí hay alguien
más grande que el templo, los hombres regresan a su ciudad,
y no se han dado cuenta de que aquel para quien desde el principio
no hubo un lugar, y tuvo que nacer fuera de la ciudad, ha entregado
su vida fuera de la ciudad, y es que tú eres el ciudadano
del mundo.
son
las tres de la tarde, la cruz, como lo dirá un día
el Vicario del Pescador de Galilea se convierte en ese libro vivo,
del que los hombres aprenderán definitivamente quiénes
son y cómo deberán de actuar. El árbol de la
cruz será ese libro que siempre estará abierto ante
ellos.
ADORACIÓN
DE LAS LLAGAS DE CRISTO
Cristo
Jesús, el cual existía en la forma de Dios,
No exigió tener la gloria debida a su divinidad,
se anonado tomando la forma de siervo de Dios
Y se asemejó a todos los hombres en su condición.
Haciéndose hombre se humilló
se hizo obediente hasta morir en la cruz
Por eso Dios, en forma admirable a Cristo exhaltó
Y le otorgó un nombre tan alto que a todo excedió,
Para que así, el cosmos entero se centre en Jesús.
El es el señor que a todos conduce al Padre. Amén.
1.-
Son las tres de la tarde del viernes santo del año 100,
¡bueno!, mejor dicho, ya han pasado 163 años desde
que Pompeyo, el general Romano, conquistó para el Imperio
la región de Palestina,... pero para los cristianos este
es el año 100 y pronto lo será para todo el mundo
conocido.
Los
cristianos ya han salido del cenáculo empujados por el Espíritu
Santo, ya han muerto los apóstoles, y en su momento al ir
muriendo cada uno de ellos, los restantes han impuesto las manos
sobre sus sucesores, tal y como un día lo hicieron con Matías,
el que ocupó el lugar de Judas.
2.-
Adoramos,señor, la llaga de tu mano derecha, y por ella te
pedimos nos concedas la gracia de hacer siempre buenas obras. Amén.
son
las tres de la tarde del viernes santo del año 100, y muy
por el contrario a lo que habían percibido los escritores
romanos y judíos, los cristianos que han colaborado con el
Espíritu Santo en la redacción del Nuevo Testamento,
en particular San Pablo, miran en la cruz un motivo de orgullo y
de gloria.
La
cruz ha sido el instrumento por medio del cual Dios llevó
a cabo su plan preconcebido para la expiación final del pecado,
la cruz se ha convertido en el símbolo supremo de la nueva
fe y en el meollo de la doctrina del Apóstol de los gentiles.
3.-
Adoramos, señor, la llaga de tu mano izquierda, y por ella
te pedimos la gracia de que nunca te ofendamos con nuestras manos.
Amén.
son
las tres de la tarde del viernes santo del año 100. san Lucas,
san Mateo y san Marcos, inspirados por el Espíritu, han trazado
la línea de la narración evangélica sobre el
telón de la cruz, en dónde se ha manifestado el modo
en que Dios ha querido y permitido que se realizara la obra de la
salvación.
En
la realidad, el cuerpo de los distintos relatos evangélicos
es ante todo una explicación pormenorizada del drama de la
cruz. Ha sido tan dramática la escena, que han tenido que
escribirles a sus destinatarios para explicar el porque de una historia
que ha llegado precisamente a esos extremos.
Ellos
ponen de relieve las dos dimensiones principales del misterio de
la cruz, como si fueran los dos travesaños que se contemplan
en la misma: Una dimensión vertical por una parte, en la
cual presentan la Cruz como algo querido por el Padre y aceptado
libre y obedientemente por Cristo; en este sentido la cruz no puede
ser un fracaso, sino un medio de salvación. La dimensión
horizontal de la otra, es la descripción de como un hecho
ha sido destinado para liberar a todos los hombres de sus pecados.
La
Cruz de Cristo pregona una ley universal: la ley de la Cruz. Cristo
murió por nosotros para salvarnos de la muerte, pero no para
eximirnos de la cruz. Todo lo contrario nos invita a que la carguemos
sobre nuestros hombros: “ El que quiera ser mi dicípulo
que se niegue a sí mimo, que cargue con su cruz y que me
siga, pues el que quiera salvar su vida la perderá pero el
que pierda su vida por mí y por el Evangelio ese la salvará”.
En
ese sentido, aquel hombre de Cirene se ha convertido en un modelo
para todos lo hombres. ¡Qué extraño ha resultado
que aquel que ayudó a cargar la cruz del Maestro haya sido
un extranjero y no uno de los doce!
4.-
Adoramos, señor, la llaga de tu pie derecho, y por ella te
pedimos la gracia de poder caminar siempre por los senderos que
conducen a la vida eterna. Amén.
Son
las tres de la tarde, hace pocos años que murió Juan,
aquel que pensaban que no iba a morir, pero el Maestro no había
dicho que no iba a morir, sino que: si yo quiero que esté
para cuando yo regrese, ¿a ti qué?.
san
Juan ha escrito el cuarto Evangelio, y es aquel que en torno a la
cruz ha hecho claras referencias a una gran cantidad de imágenes
del Antiguo Testamento.
En
su exposición pone la exaltación de la cruz en estrecha
relación con su “glorificación”. Dios
ha demostrado su amor al mundo dándonos a su Hijo único
para que el hombre tenga vida definitiva; ese amor es su misma gloria,
que se muestra al manifestarse la gloria de su Hijo.
La
gloria del amor que nos tiene se ha manifestado en toda la actividad
de Jesús como dador de vida, pero ha alcanzado su expresión
suprema en la cruz, cuando el Maestro ha aceptado voluntariamente
la muerte por amor al hombre, para comunicarle la vida verdadera.
La
serpiente de bronce levantada por Moisés en el desierto,
que fue signo de salvación para el pueblo hebreo ha sido
superada en supremacía por aquel que levantado en lo alto
atrae a todos los hombres hacia sí mismo.
Son
la tres de la tarde, la cruz no es para san Juan lo más hondo
de la humillación a la que sigue la exaltación, sino
el principio de la glorificación, de tal forma que la “hora
de Jesús” comprende ambas cosas. La “exaltación”
de Jesús en la cruz les concede a los creyentes la vida de
Dios, puesto que Cristo exaltado en la cruz “atraerá
todas las cosas hacia sí”, siendo glorificado como
Él mismo glorifica al Padre.
El
discípulo amado considera la tenebrosa hora terrena de la
crucifixión como la verdadera hora de la glorificación.
La
hora de la glorificación del Hijo Eterno del Padre, nos hace
entender cómo es que San Juan ha favorecido en sus escritos
la comparación de la cruz con el árbol de la vida.
En
el libro del Génesis se nos relataba como Dios había
colocado en el jardín del Edén el árbol de
la Vida, cuyo fruto comunicaba el don de la inmortalidad. Ante el
conocido fracaso del primer hombre y de sus pretensiones, el Evangelista
san Juan, nos muestra a Jesucristo desde el árbol de la cruz,
como aquel que ha dado vida en plenitud a la nueva humanidad, y
lo ha hecho al entregar su espíritu y haciendo que de su
costado manara sangre y agua. Ahora desde la cruz se ha abierto
el camino que conduce al paraíso hallado y nosotros podremos
comer de los frutos de la cruz, verdadero árbol de la vida.
El antiguo signo de maldición se ha convertido ahora en el
árbol de la vida en plenitud.
5.-
Adoramos, señor, la llaga de tu pie izquierdo, y por ella
te pedimos la gracia de evitar toda mala compañía
y todo lo que pueda arrebatarnos la inocencia. Amén.
Son
las tres de la tarde del viernes santo del año 100, y ya
han pasado muchos años desde que en el camino de Damasco
ha acontecido uno más de los encuentros del crucificado,
quien se ha encontrado con Saulo y le ha cuestionado el porqué
le esta persiguiendo: “Yo soy Jesús a quien tú
persigues”. Ya ha ido saulo con Ananías y el anciano
le ha abierto los ojos a aquel joven impetuoso e incansable.
Es
el año 100 y el persecutor se convirtió en Apóstol.
San Pablo se enamorará de esta cruz
San
Pablo se ha dado a la tarea de presentar toda la carga salvífica
del acontecimiento de la cruz, y lo ha hecho pensando en los dos
primeros destinatarios del mensaje del Evangelio: los judíos
y los gentiles provenientes de la cultura helénica.
Para
el núcleo del judaísmo, la cruz era un escándalo;
para el núcleo de los gentiles la cruz es toda una locura.
Se trata de la locura como una de las reacciones espontáneas
del hombre sumergido en una cultura como la grecorromana por la
crucifixión, ya lo hemos visto, para ellos la muerte en la
cruz era un suplicio reservado principalmente para los esclavos.
Se
trata del escándalo como una reacción de los judíos
ante una muerte marcada por un estigma que era considerada como
maldición divina.
San
Pablo ha iluminado esta locura y este escándalo con el acontecimiento
de la resurrección. Por ser la resurrección el siguiente
momento, se ha podido constatar que en la debilidad de Dios se ha
manifestado su fuerza, en su locura se manifiesta su superioridad
sobre la sabiduría humana. Si la debilidad de Dios es más
fuerte y la locura es más sabia que los hombres, es porque
apuntan a algo que acontece en el centro de lo sucedido en la cruz,
y que es realmente fuerte y sabio. Ello implica evidentemente que
el Señor Jesús resucitó. Y lo implica de tal
modo que la afirmación de la resurrección será
inseparable de la crucifixión, ya que ambas realidades están
objetiva y estrechamente unidas.
San
Pablo ha presentado un matiz nuevo y exclusivo de una teología
que sólo puede ser cristiana y de un cristianismo que se
convierte en una teología con rasgos insospechados por cualquier
pensamiento humano. Se trata de una teología que entiende
dinámicamente el escándalo de la cruz: como crisis
ante el aparente fracaso de la cruz, pero como crisis que supone
el viraje de dos términos en un espacio que separa el sábado
del domingo de Pascua y que manifestará el sí del
Padre eterno a la obra redentora de su Hijo.
La
cruz ya no será para san Pablo ni para el cristiano una ignominia,
sino un título de gloria, primero para Cristo, luego para
todos los cristianos. Se trata de Dios que ha clavado la sentencia
de la ley en la cruz de su Hijo.
6.-
Adoramos, señor, la llaga de tu sacratísimo costado,
y por ella te pedimos la gracia de encontrar siempre en él
un refugio seguro contra todas la tentaciones y asalto del maligno
enemigo. Amén.
son
las tres de la tarde del viernes santo del año 100, por la
sangre de Cristo derramada en la cruz hemos sido reconciliados todos
los seres. La cruz se yergue entre las fronteras de las economías
del Antiguo y del Nuevo Testamento para suprimir las antiguas divisiones
causadas por el pecado, restableciendo la paz y la unidad entre
judíos y paganos para que no formen ya sino un solo cuerpo.
VIACRUCIS
DE LA HISTORIA (1).
Señor
mío Jesucristo, que nos invitas a tomar la Cruz y seguirte,
caminando tú delante para darnos ejemplo: danos tu luz y
tu gracia al meditar en este Vía Crucis tu pasos para saber
y querer seguirte.
Madre
dolorosa: inspíranos los sentimientos de amor con que acompañaste
en este camino de amargura a tu Divino Hijo. Amén.
Son
la tres de la tarde del viernes santo del año doscientos.
La Iglesia celebra el viacrucis de Jesucristo.
Los
cristianos han hecho práctica, camino, culto, testimonio
y espiritualidad la doctrina de la cruz contenida en el Nuevo Testamento.
La
Santa Cruz aparece pintada y grabada en las catacumbas, en las paredes
y en los sarcófagos. Se le contempla como el árbol
de la vida.
El
árbol de la cruz, en los frescos de las catacumbas es representada
como árbol florido del nuevo paraíso, tan amplio como
el cielo abriendo sus dos brazos para abarcar el universo. se ha
comprendido que la redención de Cristo no se limita a los
hombres, sino que alcanzaba al universo todo.
Primera
estación: Jesús es condenado a muerte.
Señor,
que al recordar la condena injusta que tú sufriste, nos
cuidemos de no condenar a los hermanos...
Los primeros
cristianos descubren en algunos signos del Antiguo Testamento
anuncios que presagiaban la presencia de la cruz en la obra de
la salvación. El cayado de Moisés, la encina de
Mambré, incluso la zarza y la columna de fuego en el camino
del Éxodo.
Son las tres
de la tarde del viernes santo del año doscientos y así
predica Clemente en Alejandría:
“Aquel fuego, que parecía una columna, y el fuego
que consumía la zarza eran símbolos del fuego sagrado,
que se saca de la tierra y vuelve de nuevo llameante al cielo
a través del madero, por cuyo medio nos fue dada la visión
espiritual”.
Te adoramos,
Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al
mundo y a mí, pecador. Amén
Segunda
estación: Jesús con la cruz a cuestas:
Señor,
concédenos, para hacernos digno de ti, el saber aceptar
nuestras cruces de cada día, con amor...
Algunas imágenes
referidas por los primeros cristianos, se antojan extrañas
tales como el recuerdo de la TAV que utilizaban los judíos
para sellar, así como también la imagen de las alas
de Dios, recordando la expresión utilizada por Jesús
en el apóstrofe a Jerusalén, o algún otro
texto de orígen salmódico ó profético,
pero,... todo es útil para predicar la cruz.
Son las tres
de la tarde del viernes santo del año 300, y así
predica Lactancio:
“Dios en su pasión extendió sus brazos y abarcó
el orbe de la tierra para indicar por adelantado que desde Oriente
a Occidente habría de congregar bajo sus alas un pueblo
futuro”
Te adoramos,
Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al
mundo y a mí, pecador. Amén
Tercera
estación: La primera caída de nuestro señor
Jesucristo:
Señor,
todo aquel que camina, cae. Que sepamos levantarnos y ayudemos
a los demás a seguir caminando...
Los cristianos
hemos encontrado en la imagen de la Santa Cruz, un camino por
el cual transitamos en la vida diaria.
Son la tres
de la tarde del viernes santo del año 305 y ya se preparan
los conversos para su bautismo, esperan escuchar en la pascua
de resurrección que el sacerdote exprese en un rito que
se escuchará como si fuera el más bello de los discursos
programáticos para la vida del bautizado: “ Recibe la señal de
la Cruz, tanto en la frente como sobre el corazón: toma
la fe en los mandamientos celestiales.
Te signo la frente, para que recibas la Cruz del Señor.
Te signo los oídos, para que escuches los preceptos divinos.
Te signo los ojos, para que veas la claridad de Dios.
Te signo la nariz, para que percibas el buen olor de la suavidad
de Cristo.
Te signo la boca, para que pronuncies palabras de vida.
Te signo el pecho, para que creas en Dios.
Te signo las espaldas, para que cargues con el yugo de su servicio.
Te signo cuanto eres en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu
Santo, para que tengas vida eterna y vivas por los siglos de los
siglos”.
Te adoramos,
Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al
mundo y a mí, pecador. Amén
Cuarta
estación: Jesús se encuentra a su santísima
Madre:
Señor,
que nosotros seamos para quienes nos rodean una presencia de paz,
y un estímulo que aliente a seguir caminando...
La cruz nos
recuerda el corazón abierto, en donde se derrama lo último
de la sustancia de Jesús: sangre y agua, se trata de los
sacramentos de la Iglesia. De la misma manera en que la primera
mujer nace del costado del primer hombre dormido, ahora el Dios
que se ha hecho hombre, quiere que en su dormición terrena
pueda salir de su costado la nueva humanidad. Y allí se
encuentra en la fidelidad su santísima Madre.
Son las tres
de la tarde del año 370 y así predica san Ambrosio
en la catedral de Milán:
“Cristo ven en busca de tu oveja, no por medio de siervos,
ni por medio de asalariados, sino ven en persona. Tómame
en esta carne que cayó Adán. Tómame, no de
Sara, sino de María... Llévame a la Cruz, que es
salvación para los que yerran; sólo allí
encuentran descanso los que están fatigados, y vida, los
que están muriendo”.
Te adoramos,
Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al
mundo y a mí, pecador. Amén
Quinta
estación: El cirineo ayuda a Jesús a cargar con
la cruz:
Señor,
que sepamos donar un poco de nuestro tiempo y de nuestro amor
a aquellos que lo necesitan...
La cruz no
está hecha para soportarse sino para tomarse. El dolor,
que acompaña tantas veces la vida de todo hombre y de cualquier
cristiano, puede ser un medio que Dios le envía para ejercitar
y robustecer sus virtudes y para unirse a los padecimientos de
Cristo Redentor.
La cruz cuando
se acepta produce paz y gozo aún en medio del dolor; cuando
no se acepta, el alma queda desentonada o con una íntima
rebeldía que sale enseguida al exterior en forma de tristeza
o malhumor.
Son las tres
de la tarde del viernes santo del año 380 y san Cirilo
predica en Jerusalén:
“ En la cruz Dios extendió sus brazos para abarcar
todo el orbe de la tierra
Te adoramos,
Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al
mundo y a mí, pecador. Amén
Sexta
estación: La Verónica limpia el rostro de Jesús:
Señor,
ayúdanos a ser también como la Verónica:
cristianos valerosos, para solidarizarnos con lo que lloran y
sufren...
La cruz se
ha convertido en un signo de bendición que nos enorgullece.
Es posible que en los inicios de la Iglesia los círculos
en los que se movían los cristianos se mofaran al contemplar
la Cruz. En nuestro tiempo, es posible que no exista alguien que
se ría de la cruz al contemplarla físicamente, pero
sí de su significado y de todo aquello a lo que nos invita.
Son las tres
de la tarde del viernes santo del año 400 y así
predica san Juan Crisóstomo en la Catedral de Constantinopla:
“Oigan esto cuantos se avergüenzan de la Pasión
y de la Cruz de Cristo. Porque si el Príncipe de los Apóstoles,
aun antes de entender claramente este misterio, fue llamado Satanás
por haberse avergonzado de Él, ¿qué perdón
pueden tener aquellos que, después de tan manifiesta demostración,
niegan la economía de la Cruz? Porque si el que así
fue proclamado bienaventurado, si el que tan gloriosa confesión
hizo, tal palabra hubo de oír, considerad lo que habrán
de sufrir los que, después de todo eso, destruyen y anulan
el misterio de la Cruz”.
Te adoramos,
Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al
mundo y a mí, pecador. Amén
Séptima
estación: Jesús cae por segunda ocasión:
Señor,
que no nos desalentemos frente a nuestros fracasos o debilidades,
sino que sepamos levantarnos y sigamos caminando...
Cuando la Iglesia
salió de las catacumbas, se reprodujo con profusión
la señal de la cruz y se extendió su culto. Se adornaron
entonces las fachadas de las casas, los dinteles de las puertas,
las decoraciones de los interiores en las casas de los cristianos.
En lo litúrgico había un culto de veneración
que tenían los primeros cristianos a la cruz de Cristo.
Tertuliano
nos da ya noticia de la señal de la cruz, que se hacía
con el pulgar y el índice de la mano derecha y que se trazaba
sobre la frente.
Son la tres
de la tarde del viernes santo del año 410 y de nuevo San
Juan Crisóstomo, predica sobre la importancia que tiene
la imagen de la cruz: “Que nadie se avergüence
de los símbolos sagrados de nuestra salvación (...);
llevemos más bien por todas partes, como una corona, la
Cruz de Cristo. Todo, en efecto, entra en nosotros por la Cruz.
Cuando hemos de regenerarnos, allí está presente
la Cruz; cuando nos alimentamos de la mística comida; cuando
se nos consagra ministros del altar; cuando se cumple cualquier
otro misterio, allí está presente siempre este símbolo
de victoria. De ahí el fervor con el que lo inscribimos
y dibujamos, en nuestras casas, sobre las paredes, sobre las ventanas,
sobre nuestra frente y en el corazón. Porque éste
es el signo de nuestra salvación, el signo de la libertad
del género humano, el signo de la voluntad de Dios para
con nosotros”.
“...No
hay mejor joya en la corona imperial que la cruz que la remata
(...). En las casas, en las calles, en el desierto, en los caminos,
en los montes, en las cascadas, en las colinas, en el mar, en
el bosque, en las islas, en los lechos y en los vestidos, en las
armas y en los tálamos, en los convites y en los vasos
religiosos, en las joyas y en las paredes decoradas, en los cuerpos
de animales enfermos, en los cuerpos de los hombres posesos, en
la guerra, en la paz, en el día y en la noche..., todos
buscan su inefable gracia. Nadie se avergüenza de este signo
de la cruz”.
Te adoramos,
Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al
mundo y a mí, pecador. Amén
VIACRUCIS
DE LA HISTORIA (II).
La
cruz conserva toda una carga de significación en el pensamiento
cristiano de los siglos posteriores: se trata del memorial de la
Pasión de Jesucristo y de nuestra redención, es símbolo
de la inmolación espiritual del cristiano, es signo de penitencia
y de unión a los padecimientos de Cristo, es signo del sacrificio
y de la propia entrega de la vida. Lo anterior le podrá hacer
entender, a cualquier hombre, el porque la Iglesia contempla la
cruz de Cristo, como signo de bendición y la propone como
camino de espiritualidad: “ Sólo tú has sido
exaltado por encima de todos los cedros; de ti estuvo suspendida
la vida del mundo; en ti triunfó Cristo; en ti venció
la muerte a la muerte para siempre”. Reza la antífona
del benedictus en la fiesta de la santa Cruz.
Octava
estación: Jesús consuela a la piadosas mujeres de
Jerusalén.
Señor,
que nosotros sepamos asumir una actitud de fe, amor y esperanza
frente a nuestro dolor y al sufrimiento de lo demás...
La cruz de
Cristo es el signo del misterio de la salvación. La Cruz
conserva toda una carga de ejemplaridad para todos nosotros, el
discípulo sabe que nunca será superior a su Maestro,
y que debe aprender a reproducir todo aquello que su Maestro le
ha dejado como ejemplo.
Son las 3 de
la tarde del viernes santo del año 460 y así predica
el Papa san León Magno a los cristianos de Roma:
“La Cruz de Cristo, que ha sido colocada para salvación
de los mortales, es, a la vez, Misterio y Ejemplo. Misterio, en
cuanto que la fuerza de Dios despliega toda su potencialidad por
medio de la Cruz; Ejemplo, en cuanto que la Cruz enciende en el
hombre la voluntad de entrega”.
Te adoramos,
Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al
mundo y a mí, pecador. Amén
Novena
estación: Jesús cae por tercera ocasión:
Señor,
que no seamos causa de tropiezo para lo demás sino una
mano amiga que alivia y levanta...
Que la cruz
es solidaridad, es algo que la Iglesia ha visto desde siempre
en la forma misma de la cruz: expansión hacia todas las
dimensiones del mundo, brazos abiertos que quieren abrazarlo todo.
Será un recuerdo constante de que el cristiano debe aprender
a abrazar, al igual que su Maestro, a todos los hombres.
Son la tres
de la tarde del viernes santo del año 600, san Gregorio
Magno predica a los cristianos de todo el mundo desde la sede
en Roma:
“De dos modos podemos llevar la cruz del Señor, o
afligiendo a nuestro cuerpo con la abstinencia o, por compasión
al prójimo, considerando como nuestras sus necesidades.
El que se conduele de las necesidades ajenas lleva la cruz en
su corazón”.
Te adoramos,
Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al
mundo y a mí, pecador. Amén
Décima
estación: Jesús es despojado de su vestidura:
Señor,
cuando el dolor nos toque y nos despoje de nuestro egoímo
y orgullo, que sepamos llenarnos de tu amor...
La cruz será
para el cristiano una invitación a ejercitarse en las virtudes.
Se trata de cultivar las que no se tienen y de crecer en las que
se poseen. Con toda razón expresará el Doctor Angélico
que en la cruz encontramos el ejemplo de todas las virtudes.
Son la tres
de la tarde de un viernes santo del siglo xIV y en algún
lugar de Europa Tomás de Kempis escribe la Imitación
de Cristo:
“En la cruz está la salud y la vida. En la cruz,
la defensa contra los enemigos. En la cruz, la infusión
de la suavidad soberana. La cruz es la fortaleza del corazón.
En la cruz está el gozo del espíritu. En la cruz
está la suma virtud. En la cruz está la perfección
de la santidad. No está la salud del alma ni la esperanza
de la vida eterna en otro lugar, sino en la cruz”.
Te adoramos,
Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al
mundo y a mí, pecador. Amén
Décimoprimera
estación: Jesús es clavado en la cruz:
Señor,
que tengamos el valor de saber perdonar siempre y a todos...
El cristiano
sabe que la cruz del Señor Jesús le espera cada
día de la vida. Dificultades, enfermedades, desastres económicos
y naturales, la muerte de un ser querido, contrariedades, imprevistos,
infortunios, incertidumbres, incomprensiones. Diría San
Francisco de Sales que la cruz está hecha de todos los
tipos de madera que te puedas imaginar.
Son la tres
de la tarde de un viernes santo del año 1600 y predica
san Francisco desde una Iglesia en sales, en la actual suiza:
“Nunca se ha sabido con certeza
de qué madera fue la cruz de Nuestro Señor. Yo pienso
que es para amar sin distinción las cruces que nos envía,
sean de la madera que sean, y que no digamos: Esta cruz o aquélla
no son amables, porque no son de tal madera.
Las mejores
cruces son las más pesadas, y las más pesadas son
las que más repugnan al corazón...; a medida que
son más importunas, son mejores que los cilicios, las disciplinas,
los ayunos y cuanto han inventado de austeridad.
Las cruces
que nosotros hacemos o que inventamos son siempre bien pulidas
por lo que tienen de nuestro y, por eso, menos fortificantes.
Humillaos, pues, y recibid alegremente las que se os impongan
sin vuestra voluntad. Lo largo de la cruz le da el precio, pues
no hay pena más dura que la dure.”
Te adoramos,
Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al
mundo y a mí, pecador. Amén
Décimosegunda
estación: Jesús muere en la cruz:
Señor,
ayúdanos a comprender que morir no es quedar muerto, sino
vivir plenamente...
La oración
cristiana se dirige normalmente al Padre por Cristo, apelando
a la virtud redentora del Salvador muerto en la cruz. Esta invocación
se hace permanente a través del culto a la cruz. El uso
de la cruz es una constante apelación objetivada a la gracia
proveniente de la muerte en la cruz, como defensa contra los espíritus
malignos y contra las tentaciones y como medio para obtener ayuda
y protección.
Son la tres
de la tarde del viernes santo del año 1630 y Félix
Lope de Vega Carpio escribe con gran soltura al contemplar a Cristo
crucificado su rima sacra xIV, conocida como de La Divina Espera
amorosa :
Pastor
que con tus silbos amorosos
Me despertaste del profundo sueño;
Tú, que hiciste cayado de ese leño
En que tiendes los brazos poderosos.
Vuelve
tus ojos a mi fe piadosos,
Pues te confieso por mi amor y dueño,
Y la palabra de seguirte empeño
Tus dulces silbos y tus pies hermosos.
Oye,
Pastor, que por amores mueres,
No te espante el rigor de mis pecados,
Pues tan amigo de rendidos eres.
Espera
pues, y escucha mis cuidados;
Pero; ¿Cómo te digo que me esperes,
Si estás para esperar los pies clavados?
Te
adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste
al mundo y a mí, pecador. Amén.
Décimotercera
estación: Jesús en los brazos de María santísima:
Señor,
que el dolor por quienes amamos nos lleve a comprender a aquellos
que están lejos de nosotros...
La proclamación
de la victoria de Cristo por medio de la cruz nos da a los cristianos
la seguridad de que, después del acontecimiento convulsivo
de la muerte de Cristo, sufrida a favor de nosotros, nuestra existencia
ha cambiado, la fuerza del pecado está quebrantada, el
jefe de este mundo ha sido destronado.
Son la tres
de la tarde del viernes santo del año 1920 Giovanni Papini
está en un hospital, se acerca un sacerdote y le dice que
si quiere dialogar. Tras charlar un rato, Papini le dice al cura
que se siente insatisfecho con 39 años de vida y aunque
ya ha escrito varios libros siente que las manos las tiene vacías,
y entonces le muestra sus manos. El sacerdote le pide que repita
el gesto. Al hacerlo, le coloca en las palmas el crucifijo que
estaba inicialmente sobre la cabecera, añadiendo: “Esas
manos ya están llenas...”
Un año
después (1921) ya restablecido, escribe su obra “La
Historia de Cristo”, él manifestaba que ve en el
mundo una gran Cruz invisible, plantada en medio de la tierra:
“Bajo esa cruz gigantesca, goteando sangre todavía,
van a llorar y buscar fuerzas los crucificados en el alma.”
Te adoramos,
Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al
mundo y a mí, pecador. Amén
Décimocuarta
estación: Jesús es puesto en el sepulcro:
Señor,
que no tengamos miedo de morir porque la muerte es un paso a la
Vida que ere tú...
El signo de
la cruz perpetúa ante la humanidad la invitación
a seguir a Jesús crucificado por la vía de la obediencia
absoluta a la voluntad del Padre hasta la muerte. La exigencia
de este seguimiento se opone a la inclinación espontánea
de asegurar la satisfacción del amor propio egoísta
e inmanente como valor principal de la existencia. No hay que
olvidar que el seguimiento de Jesús implica lucha y sacrificio,
es decir, la “cruz”.
Son la tres
de la tarde del viernes santo del año 1930, Miguel de Unamuno
escribe desde su estudio en salamanca:
“
Mientras la tierra sueña solitaria,
Vela la luna blanca;
Vela el hombre desde su cruz,
Mientras los hombres sueñan;
Vela
el hombre sin sangre, El hombre blanco
Como la luna de la noche negra;
Vela el hombre que dio toda su sangre
Porque las gentes sepan que son hombres.”
Te
adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste
al mundo y a mí, pecador. Amén
LA
RESURRECCIÓN: EL ÚNICO TÓNICO CONTRA EL ABSURDO.
“El
primer día después del sábado, estando todavía
oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la
piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa
donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien
Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro
al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto”.
Salieron
Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos iban
corriendo juntos, pero el otro discípulo corrió más
aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro, e inclinándose,
miró los lienzos puestos en el suelo, pero no entró.
En
eso llegó también Simón Pedro, que lo venía
siguiendo, y entró en el sepulcro. Contempló los lienzos
puestos en el suelo y el sudario, que había estado sobre
la cabeza de Jesús, puesto no con los lienzos en el suelo,
sino doblado en sitio aparte. Entonces entró también
el otro discípulo, el que había llegado primero al
sepulcro, y vio y creyó, porque hasta entonces no habían
entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía
resucitar de entre los muertos.”
1.- Muy queridos amigos: Complementemos ahora aquella reflexión
que sobre la resurrección habíamos iniciado hace dos
domingos al referir la resurrección de Lázaro.
2.-
¡Felices pascuas de resurrección!
Aunque
con alguna relativa frecuencia las creaciones humanas sobreviven
a sus autores, siempre estarán abocadas a la muerte, y su
valor estará sólo y estrictamente circunscrito por
el tiempo y el espacio.
Esto
puede ser constatable en la historia de ayer, de hoy y de siempre;
así se llamen civilizaciones, imperios, reinos, empresas,
partidos, corrientes, ideologías, sistemas o negocios...
Aún
aquellos hombres más ufanos, engreídos, soberbios,
pedantes y orgullosos de la historia han quedado sumergidos en el
olvido bajo la arena del desierto o bajo la abundante vegetación
de las selvas y de las montañas; o se encuentran, a lo sumo,
referidos en los libros de la historia.
También
han caído por su propio peso, o mejor dicho por el sobrepeso,
aquellos sistemas que hasta hace poco tiempo se consideraban intocables,
sólidos, permanentes y perennes; los actuales, tú
ya te habrás dado cuenta, también son transitorios.
¿Cuánto tiempo les durará
la vida? ¡Solamente Dios lo sabe!, pero no son eternos.
3.-
Los grandes imperios, sus fastuosos palacios, y sus monumentales
edificios, han quedado bajo el olvido de los caminos ignorados.
Se ha convertido en labor de los arqueólogos, el buscar los
vestigios para reconstruir los segmentos de la historia. Los libros
se ocupan de ellos. En los museos, si bien les ha ido, se encuentra
parte de sus construcciones. Bajo la misma tierra que ahora estamos
pisando se encuentran los restos de aquellos que gobernaron en el
pasado: Ramsés, Nabucodonosor, Nebuzaradán, Ciro,
Darío, Jerjes, Artajerjes, Filipo, Alejandro, Ptolomeo, Seleuco,
Antioco IV Epífanes, Marco Antonio, Pompeyo, Herodes, Pilato,
Nerón, Constantino, Atila, Dioclesiano, Teodosio, Timurlan,
Pipino, Carlomagno, Salamino, Tlacaelel, Tizoc, Cuitláhuac,
Tezozomoc, Nezahualcoyotl, Luis XVI, Carlos III, Napoleón,
Don Porfirio, Mussolini, Hitler...
Reyes
y guerreros de éste mundo, así sus cuerpos como sus
imperios se encuentran bajo la profundidad de la tierra. Incluso
muchos de sus restos mortales yacen en el anonimato del olvido,
y ni siquiera sabemos en donde están enterrados. El
polvo ha retornado al polvo...
Y
sin embargo, mientras ellos vivían pensaron que sus Reinos
nunca terminarían, que serían eternos y algunos hasta
“sacros” se hicieron llamar. No faltó aquel Romano
llamado Octaviano, quien en el año 27 antes de Cristo, asumió
el título de “augustus”, afirmando de este modo
con claridad que era él el único y exclusivo depositario
de todos los auspicios, frente a cualquier sorpresa desagradable.
Y llergó un día en el que aquel jactancioso “augustus”
se convirtió en un tremendo “angustus”.
Ellos
fueron víctimas de las tentaciones de todos los tiempos y
de todos los hombres.
4.-
En la realidad, todo en esta vida es transitorio, efímero
e inconstante. Hay bajo el sol, un tiempo para cada cosa y para
cada persona. Solamente Dios es para siempre y está sobre
todo.
5.- Todo lo anteriormente referido pudiera apuntar nuestro
pensamiento hacia el absurdo, esto en el caso de que no fuera iluminado
con el acontecimiento de Cristo, el Hijo eterno del Padre.
De
esta manera, si la encarnación redentora del Hijo Eterno
del Padre, decidida en el plan divino desde toda la eternidad, nos
ofrece a los hombres la garantía de que no existe nada de
ingrato o injusto en la misma existencia humana. Sin embargo, será
la muerte de Jesucristo y su resurrección aquello que nos
ofrezca el testimonio de que la existencia humana es buena, y de
que todo en ella tiene un sentido.
6.-
El acontecimiento de la Pascua de Jesucristo nos muestra cómo
la vida y la muerte también se encuadran en el plan divino
de la salvación, y cómo Dios sabe obtener bien del
mal.
Si
la Encarnación del Divino Verbo, por obra y gracia del Espíritu
Santo, en el vientre inmaculado de la Virgen María, ha sido
la entrada de Dios en la historia; entonces la muerte y la resurrección
del Hijo de Dios hecho hombre es la entrada del hombre a la metahistoria,
es decir, es nuestro ingreso a la eternidad.
7.-
Es en Cristo en donde hemos comprendido que la muerte no es el término
del existir sino que se convierte en el paso, el tránsito,
la entrada y la liberación. La muerte es la salida
de una condición y de un estado llamémosle esclavizante,
para poder ingresar a una situación de plenitud y de victoria.
Todavía
el día de hoy, en el contexto del misterio de la salvación
que hemos meditado y celebrado jubilosamente en esta Semana Santa
tan intensa, podemos y debemos decir que lo único a lo que
le tememos los cristianos, es que, después de esta vida y
de esta muerte, seamos merecedores de la así llamada muerte
segunda (Ap. 2,11; 20,6.14; 21,8), que no es otra realidad, que
esa muerte eterna de la cual ya no habrá regreso.
Todo
lo anteriormente referido y celebrado, le ha heredado a la Iglesia
el verdadero conocimiento en torno al destino final del hombre.
La muerte será siempre contemplada con los ojos del resucitado.
La salvación eterna se encuentra solamente en Cristo Jesús.
El
hombre durante su vida, mientras posea un respiro y tenga un resquicio
de tiempo, podrá elegir libremente entre la vida o la muerte
(Mt 25,31-46).
8.-
Es por lo anterior, que la muerte será vista por nuestros
hermanos los Santos de una forma distinta a la que la contemplan
aquellos que no tienen fe. Algunos le llaman la hermana,
otros le llaman la amiga, o bien el final de la espera, le refieren
como la salida del hotel de segunda o el abandono de esa pieza de
hospital en donde se extrañará a aquellos que nos
atendieron, pero que ellos mismos deberían alegrarse de que
hayamos dejado esa condición... La
muerte ya no es vista como enemiga.
Démonos
cuenta de cómo la Resurrección de Jesucristo se ha
convertido en la medicina que cura absolutamente todos nuestros
males.
Resucitar
no es revivir como lo proponía Platón y, como lo proponen
muchos otros después de él, algunos aún hoy
en nuestros días, que andan tocando nuestras puertas, para
cumplir con el legalismo de sus setenta horas de apostolado, nuevas
tradiciones que anulan la Palabra de Dios, puesto que ni siquiera
son cristianos, aunque ellos no lo acepten. ¡Exacto!, me refiero
a los que consideran que al cielo solamente irán 144 mil.
9.-
Para los cristianos la Resurrección es una “transformación
gloriosa”, cosa que no sucede con el sólo hecho de
volver a esta vida. La resurrección no es un hecho
obvio a la razón, sino algo inaudito y definitivo, una realidad
sobrenatural. La Resurrección
es el dominio sobre la muerte, se trata de una palabra que aclara
una vida desconocida.
La
fe cristiana en la Resurrección no se basa solamente en el
destino humano sino principalmente en la promesa cristiana. La Resurrección
que esperamos es un futuro para los creyentes en Cristo, no es la
meta final de la humanidad.
Nosotros
los cristianos esperamos un futuro totalmente nuevo, no la reiteración
del presente terreno, aunque sea transformado. Nosotros no esperamos
el retorno a un pasado original sino el acceso a la eternidad, porque
Cristo así nos lo ha dicho.
Al
hablar, en torno a las realidades que están más allá
de la conclusión de nuestros signos vital-temporales, debemos
ser conscientes de que los cristianos no creemos ni en reciclajes
ni en reencarnaciones, sino en una transformación gloriosa
a imagen de Cristo.
10.-
En este sentido me agrada la apreciación que sobre este tema
hace el padre Louis Evely cuando afirma: “Nosotros
los cristianos no creemos en una vida futura sino en la vida eterna,
que es algo muy diferente. Porque si es eterna, es porque ya ha
comenzado”. No obstante, difiriendo un poco
del Padre Evely, te quisiera decir esta tarde, que la vida verdadera
es eterna y es futura: es eterna porque se inició cuando
se nos comunicó la vida sobrenatural en nuestro bautismo,
y es futura porque superará lo que en este mal espejo estamos
viendo.
La
superioridad de Cristo, de su naturaleza, de su obrar y de sus promesas,
sobre cualquier instancia espacio-temporal la ha manifestado, predicado
y testimoniado con la misma sangre, nuestra fe cristiana, desde
el primer momento en que fue contemplado su rostro resucitado.
UN
CUERPO ESPIRITUAL.
“El
primer día después del sábado, estando todavía
oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la
piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa
donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien
Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro
al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto”.
1.-
La experiencia de los hombres que afirman haber visto al Resucitado
es irrepetible para nosotros en su inmediatez. Pero no
es una experiencia inaccesible a nosotros, pues la magnitud fue
tal que ha marcado para siempre a la historia con la aparición
de la comunidad de creyentes.
Para
los cristianos, muerte y resurrección no son dos momentos
contrarios, sino que son un mismo movimiento en dos polos: Jesús
muere y se dirige hacia la resurrección, el Nuevo Testamento
no separará ambos acontecimientos, más bien se convertirá
en una fórmula doble: 1 Tes 4,14 dice:
“ Porque si creemos que Jesús murió y resucitó”.
La
muerte no es el término, ni el límite, ni mucho menos
el fracaso o la nada a la que se llega; sino que la muerte se convierte
en un paso (eso significa la Pascua, es un paso, es la entrada,...).
La
resurrección hace que en la muerte el silencio de Dios quede
rasgado y que la muerte se convierta en liberación, entendiendo
por esta la salida de una condición y un estado de sujeción
a la esclavitud de una serie de poderes, para ingresar en una situación
de plenitud y de victoria.
El
último enemigo que quedaba por vencer ha sido vencido: la
muerte. Con la victoria sobre la muerte empieza la victoria final
y definitiva.
2.-
Pero,... ¿qué es resurrección? Los
primeros cristianos enfrentaron un doble problema al hablar de resurrección
en los principios de la Iglesia: un problema por el término
y un problema por el concepto. Voy a tratar de ser lo más
sencillo posible en mis palabras.
Pensemos
que en la resurrección de Cristo nos enfrentamos a la irrupción
de la plenitud final dentro de los límites de la misma historia.
La historia es fecundada por la eternidad.
Nunca
había sucedido algo como lo que sucedió la noche de
anoche, y lo que estamos celebrando en este primer día de
la semana: la Resurrección gloriosa de Jesucristo.
Si
jamás había acontecido algo igual, entonces... ¿cómo
llamarle? ¿Cómo explicarle?
Ninguna
noche como esa noche..., yo te pregunto a ti... ¿cómo
le llamarías a lo que ha acontecido?
3.-
El término resurrección será el que resulte
victorioso entre una serie de posibilidades que se propusieron para
expresar el contenido de la experiencia pascual de los apóstoles.
El acontecimiento victorioso de Cristo, al que hoy le llamamos resurrección
se llamó también consumación de Jesús,
sesión a la diestra del Padre, exaltación, triunfo
de Jesús..., entre otros. Sin embargo, será Resurrección
el término que se utilice al final.
Es
bueno recordar, y resulta una exigencia de la honestidad, el comentar
como lo hacíamos en el segmento anterior que el término
Resurrección ya había sido utilizado por los griegos,
concretamente por Platón, pero en ellos significaba: revivir.
Este significado lo sigue teniendo entre los médicos cuando
hablan de aplicar técnicas de resucitación. ¡He
aquí nuestro primer problema! Porque lo que en Cristo sucedió
no fue un revivir, no fue solamente un recuperar los signos vitales...
4.-
Sin embargo tenemos otro problema, que se desplaza de lo terminológico
a lo conceptual.
Platón
tenía ya un concepto en su memoria sobre el significado de
la resurrección: indicaba la vuelta de un muerto a esta vida,
a partir de la idea de un alma inmortal que sigue viviendo y que
vuelve a revestir un cuerpo que abandonó. Pon mucha atención,
porque tampoco este es el significado cristiano.
¡Perdóname
el que en este domingo te esté mareando con contenidos tan
poco digeribles, pero créeme son necesarios!
Resurrección
se utiliza en otros pasajes del Evangelio para significar: Revivir.
Es clara pues, la confusión provocada por el uso de términos
iguales para realidades tan distintas: Hablamos de la resurrección
de Lázaro y hablamos de la resurrección de Jesús,
y hay tanta diferencia.
La
resurrección de Jesús es una transformación
gloriosa, es la irrupción de la Escatología, se trata
del dominio sobre la muerte, se trata de una palabra esbozada y
pronunciada sobre una vida totalmente desconocida e insospechada.
Entendamos,
Lázaro resucitó pero volvió a morir físicamente
después de un cierto período de tiempo, y Jesucristo
ya nunca muere, con su resurrección ha vencido a la misma
muerte.
Recuerda
que ya en el Antiguo Testamento aparece en el capítulo cuatro
del segundo libro de los Reyes (vv. 8-37): El milagro de Eliseo
que resucita, o mejor dicho, que revive al hijo de la sunamita.
En
el Nuevo Testamento aparece en el capítulo ocho del Evangelio
de san Lucas (vv. 40-56) la resurrección de la Hija de Jairo
y en el capítulo siete del mismo Evangelio de san Lucas (vv.11-17)
la resurrección del Hijo de la viuda de Naím. Recuerda
que el capítulo once de san Juan nos refiere la resurrección
de su amigo Lázaro. Y que tanto San Pedro como San Pablo
resucitan por el poder de Dios a algunos muertos. San Pedro resucitó
a Tabitá en la ciudad de Joppe y nos lo narra el capítulo
nueve del libro de los Hechos de los Apóstoles (vv.36-43).
San Pablo también resucitó en Troade a Eutico, lo
cual es referido en el capítulo veinte del mismo libro de
los Hechos (vv.7-12). Pero todos ellos volvieron a morir biológicamente.
Vemos pues que resurrección coincide en la mayoria de los
casos con revivir.
5.-
En Jesucristo, la Resurrección es “transformación
gloriosa”, realidad que no sucede con el sólo volver
a la vida. Es el dominio sobre la muerte, es una palabra sobre una
vida desconocida.
Un
hecho único y el más grande de la historia del que
la muda noche fue testigo. "Ninguna noche como esta
noche" cantaba la Iglesia, la noche de anoche, en
la Madre de todas la Vigilias.
Recuerda
que la primera reacción de los apóstoles fue el pensar
que se habían robado el cuerpo del maestro: Le dice María
al divino jardinero: “Si tú sabes donde lo han puesto
dime para ir a dónde él”. El mensaje que se
ha escuchado que se llevó a los apóstoles es el mismo:
“Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos
dónde lo habrán puesto”.
Así
pues, podemos ver que la resurrección de Jesús no
tiene comparación con algún otro acontecimiento en
la historia. ¡Fue difícil encontrar el término
que expresara lo que aconteció con Él!.
La
historia ha testificado muertes y sucesos extraordinarios y alguna
reviviscencia. Pero sólo en Jesús se ha dicho que
ocurrió algo como el contenido del Nuevo Testamento da a
su Resurrección.
6.-
La condición en que se encuentra el resucitado es una situación
totalmente nueva: Su condición no es la de lo sólo
físico, no es la del tiempo y el espacio: Ingresa a un cenáculo
cerrado y atraviesa puertas herméticamente taponeadas; El
resucitado no es reconocido de forma inmediata por las personas
que más lo quieren, así sucede con María la
de Magdala, aquella a la que le transformó la vida del libertinaje
a la dignidad ¡Y no le reconoce! Piensa que es el jardinero,...
Los discípulos de Emaús tampoco le reconocen, recuerda
que un discípulo es alguien que ha estado con Jesús
desde el Bautismo hasta la resurrección,... y acontece que
aquellos hombre que tienen tres años de haberlo dejado todo
para seguir a Jesús regresan apesadumbrados a Emaús
y es entonces que el Señor se les hace presente, dialoga
con ellos, les explica las Escrituras, parte para ellos el pan;
se trata de once kilómetros de presencia en los que no le
reconocen, hasta que en la fracción del pan, como tú
y como yo, le reconocieron. Y así acontece con los apóstoles,
quienes piensan que es un fantasma. Las condiciones en las que Jesucristo
se encuentran son totalmente nuevas.
7.-
Y sin embargo conserva las cualidades físicas, puesto que
es palpable, tiene pies, manos y costado en donde meter los dedos
de los incrédulos. Conserva propiedades corpóreas
al comer el pescado y el pan, al deglutir los alimentos. Se trata
de alguien que puede asir los objetos, que parte el pan y que lo
reparte. “Entonces Jesús
toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez”.
Las
reacciones ante un hecho inusitado son igualmente nuevas de parte
de aquellos que le quieren. La experiencia del resucitado es una
experiencia muy grata, pero nueva y extraña, el Evangelio
nos dice que en algunos provoca susto, en algún otro temblor,
en algunos refiere el espanto y hasta el miedo. El versículo
cinco del capítulo veinticuatro del Evangelio de san Lucas
se nos dice llanamente: Las Mujeres tenían miedo.
Esta
experiencia nueva y extraña, todos sabemos que llegó
a provocar incredulidad en los más cercanos: Es fácil
recordar a Tomás como el incrédulo, pero en justicia
tendríamos que decirlo también de “los discípulos
de Emaús quienes le dicen al peregrino de Emaús: algunas
mujeres dicen que está vivo, pero... Recuerda que tampoco
los apóstoles le creen a las mujeres.
8.-
El término resurrección, aun y con todo lo maravilloso
que sea para nosotros, tendriamos que decir que es muy pobre para
expresar lo que sucedió con Jesús. Pero te vuelvo
a preguntar: Y tú, ¿cómo le llamarías
a lo que aconteció la noche de anoche?
La
condición en la que se encuentra el resucitado, ha recibido
de parte de san Pablo un especial interés al hablarnos del
centro de nuestra fe: Si Cristo no ha resucitado vana es nuestra
fe.
San
Pablo explica la resurrección con un pleonasmo, con una contradicción
de términos: un cuerpo espiritual.
A
partir del versículo treinta y cinco del capítulo
quince en la Primera Carta a los Corintios menciona “Pero
dirá alguno: ¿Cómo
resucitan los muertos? ¿Con qué cuerpo vuelven a la
vida? Necio, Lo que tú siembras no revive
si no muere. Y lo que tu siembras no es el cuerpo que va a brotar
sino un simple grano, de trigo por ejemplo y emerge una planta,
se siembra corrupción y resucita incorrupción, se
siembra vileza y resucita gloria, se siembra debilidad y resucita
fortaleza,...” La respuesta más elocuente se encuentra
en el versículo cuarenta y cuatro al decir san Pablo: se
siembra un cuerpo natural y resucita un Cuerpo Espiritual.