Domingo 27 de Marzo de 2005_________Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

PASCUA

Por esta ocasión dediquemos seis segmentos a nuestra reflexión: cuatro de ellos a la celebración del Viernes Santo y dos de ellos a la celebración del Domingo de Pascua.

La razón de que el domingo de pascua tenga sólo dos momentos es que hace dos domingos (13 de Marzo de 2005) meditábamos acerca del sentido de la resurrección que transforma nuestra muerte. Iniciemos:

Momento 2

Momento 3

Momento 4

Momento 5

Momento 6

LAS SIETE PALABRAS.

1.- ¡Todo esta consumado! Esta confusión parece oscurecer la razón del hombre, y esa confusión en su razón oscurecerá su propia historia, aunque ellos ni siquiera puedan imaginar que esta cruz no es otra cosa en la realidad que el más bello candelero, desde el cual la luz eterna saldrá disparada en todas las direcciones del orbe, en todos los tiempos y en todos los espacios.

2.- Hoy, es viernes 07 de abril del año 30, son la 3 de la tarde, el cielo oscurecido y el temblor en la tierra manifiestan ahora en el silencio discreto la más elocuente de las protestas en contra de la violencia y de la injusticia perpetrada contra ti, que eres mi Hijo amado,...

Hoy, el cielo y la tierra, aquellos testigos de la alianza que un día puse ante mi pueblo (Dt 30,15), han manifestado la vergüenza, el luto y el dolor que el hombre no ha sabido expresar, y con ello le reclaman al ser humano la injusticia perpetrada contra el Dios del Amor y la Fidelidad.

3.- ¿Cómo es que las cosas han llegado hasta este momento? Y me has dicho: Padre, perdónales por que no saben lo que hacen,... y te comprendo porque sé lo que hay en tu corazón, y comparto contigo lo que tienes en tu corazón. ¡Tú sabes lo que palpita en el mío!- Por hablar en términos humanos-.

¡Quizá hoy el hombre ignore o quiera ignorar que la crucifixión, la muerte con la que han pretendido conseguir tu fin, fue usada por primera vez como pena capital para los esclavos de parte del Imperio Persa, y que a través de ellos se divulgó a todo el mundo,... que fue adoptada más tarde por el Imperio Helénico y que hace unos cien años recibió la carta de ciudadanía de parte del Imperio Romano,... para con ella poder ajusticiar a lo indeseables y a los insurrectos.

4.- ¡Qué lamentable que las cosas terminaran así! Y aún desde la cruz tu corazón ha manifestado misericordia, no tan sólo para la colectividad de los hombres, sino también para la individualidad en la que se concretiza la vida humana, aún cuando la condena en el caso de aquel que está a tu lado, ingrese dentro de los parámetros humanos de la justicia, tú le has dicho al ladrón en su arrepentimiento que: Hoy mismo compartirá contigo el paraíso. ¿Sabes? Quisiera que el hombre jamás olvidará lo que le has dicho al ladrón arrepentido, así como quisiera que jamás olvidaran aquella parábola, que ellos han llamado del Hijo Pródigo, pero que lejos de ser sólo una historia emergida del pensamiento, es la historia de nuestros sentimientos.

¡Ah! Sí el hombre supiera, sí percibiera lo que ha acontecido. Esa cruz que contemplan los hombres de donde pende tu cuerpo desangrado,... ¡cómo se ha transformado! Hace 7 siglos, la cruz no era más que una gruesa estaca de madera en la cual se colgaba el cadáver o la cabeza del ejecutado, un espectáculo ya desde entonces, atroz, y que ya desde entonces entre los Persas tenía como finalidad el humillar al condenado y que fuera, al mismo tiempo, un elemento de disuasión para los espectadores en su comportamiento. Ese madero, que ya era catalogado como una maldición y que aquel que pendía del madero era considerado “un maldito”.

Y ahí estás tú, naturaleza de mi naturaleza y hombre casi como todo hombre, y es que tú no tienes pecado, eres como Cordero inmolado, verdadero Cordero de la Pascua, Cordero sin mancha y sin pecado, pero que perdonas todos los pecados. Buen Pastor, Dios verdadero, que has dado la vida por las Ovejas, y que has convertido la cruz en tu callado,...

5.- Y allí está ella, ¿Ya la has visto? Allí está María, la más virginal de las criaturas, la que te recibió en su seno, mujer fuerte, verdadera Eva para la humanidad, al pie del árbol de la vida, aquella que le creyó a mi mensajero, mujer fiel desde la cuna hasta la tumba. Y tú le has dicho: Ahí tienes a tu hijo, y al discípulo amado le has obsequiado diciéndole: ahí tienes a tu Madre

Una injusticia tu muerte, ¿se acordará el hombre? O ¿acaso habrá olvidado el recorrido de la cruz y su tranformación? En el Imperio helénico se le dio un giro político, y así, aunque era utilizada para castigar a los malvivientes, su matiz peyorativo les llevó, a que en algunos núcleos del poder la visualizaran como una forma de mantener el dominio sobre la población, aún cuando fuera en forma injusta o ilegítima. Aquello que escribió Platón sobre el destino que un hombre perfectamente justo podría esperar de parte de los que querían mantener el poder, pareciera haberlo escrito uno de nuestros profeta, quizá Isaías o mejor Jeremías, pero él lo redactó en su libro la República: “El hombre justo, pues, tal como lo hemos descrito, será azotado, torturado y encarcelado, le sacarán los ojos y después de padecer toda clase de humillación será crucificado”. Y allí está la historia para aclararle al hombre la veracidad de esta historia.

6.- Y allí está María, a ella parece no amedrentarle aquellos que han adoptado el suplicio de la cruz para sus propios fines, y ahora para los fines del sanedrín. Y ahí estás tú, mi Hijo muy amado, gritando esa cuarta palabra en la cruz que ha rasgado el velo del cielo: y que ha retumbado en la eternidad y en el tiempo: ¡Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado! Y no es que estuvieras abandonado, y no es que yo te hubiese abandonado..., los hombres sí te abandonaron.

Pero tú no acusas al hombre, no le condenas; a él no le muestras molestia, pero ante mí, tienes confianza, eres mi Hijo, soy tu Padre y yo sé que el dolor ha llegado al máximo.

La cruz, tu cruz, la cruz de lo hombres no se puede entender sin la resurrección que ha de vivirse, aunque esto no te ha eximido de la vivencia humana del dolor. Y es que tú mismo aceptaste a favor de los hombres, muchos siglos antes del sí de María, en ese hágase según tu palabra, tú ya habías pronunciado tu sí personal.

El dolor se vuelve humanamente insoportable. Y es que el Imperio Romano ha llevado el castigo hasta el extremo. Para ellos la crucifixión no tenía como destinatarios a los ciudadanos libres, sino que era un castigo principalmente para los esclavos, aunque también la extendieron para los alborotadores. En ellos se ha vuelto tan común el torturar al reo, dándole azotes hasta hacerle sangrar, con el fin de debilitarle y apresurar su muerte, parece que ellos han juzgado como demasiado grave tu delito, puesto que el castigo infringido en los azotes ha subido en el tono de severidad.

Y allí sigue ella, allí está María, aquella que no conoció el dolor del parto pero que comparte otros dolores más intensos conmigo. Ella ha visto como te han obligado a cargar la cruz hasta el lugar en donde ibas a ser sacrificado, allí en donde se han unido ese madero horizontal llamado PATIBULUM con el madero vertical que los romanos han llamado STIPES. Es cierto que a algunos les ataban, pero en tu caso, acusado por el sanedrín de sedición te han clavado de las muñecas de las manos. Y sobre tu cabeza se ha colocado una inscripción: Jesús el Nazareno, el Rey de los Judíos,... ¡No puedo estar de acuerdo con ellos: Rey de todos los hombres, de todos y de todo..., debieron haber escrito.

7.- Y ahí te encuentras tú, mi Único Hijo, exhánime, siervo y varón de dolores. El justo de lo justos: agua de la vida, implorándole ahora al hombre un poco de agua y recibiendo la caridad del vinagre: Tengo sed, has exclamado.

Te contemplo descansando momentáneamente el peso de tu divino cuerpo en ese escabel mal llamado por tus captores SUPPEDANEUM, clavado fijamente en el STIPES. El castigo ha continuado durante tres horas, una hora por cada año de tu ministerio ante tu pueblo, ante mi pueblo, una hora por cada diez años de los que has vivido en el anonimato de la grandeza de la familia, junto a María y junto a un hombre tan justo como lo fue José, el hijo de Jacob, el nieto de Mattan, el carpintero de Nazaret que nació en Belén y que tuvo que vivir en tanta partes para cuidarte a tí,... son tres horas expuesto a las inclemencias del tiempo, a la molestia de los insectos y al escarnio público, algunos gritan y se ríen burlonamente en la ignorancia y otros lo hacen en la inconsciencia. Tu dolor se ha tornado humanamente insoportable, ya las mujeres israelitas, las hijas de Jerusalén te han ofrecido piadosamente ese brebaje analgésico elaborado con vinagre y con mirra.

8.- son casi las tres de la tarde. ¡Todo está consumado! ¡Todo está cumplido! ¡Todo se ha terminado!

Haz sido obediente y con la obediencia haz borrado la desobediencia de los hombres, con tu sencillez has reparado lo que la soberbia humana había dañado. El gran sacrificio ha llegado al cúlmen, el mayor de los sacrificios.

Tu castigo será catalogado por lo historiadores, aún por los escritores judíos como “la más terrible de las muertes”. “Piernas rotas” le llaman los historiadores de Roma, a causa de esa práctica de conmiseración que tenían para con ello interrumpir el dolor de los ejecutados acabando de una buena vez, quebrándoles sus piernas,... y, precisamente ya se han acercado los mercenarios para apresurar tu muerte intentando quebrarte las piernas, por razones de trabajo para ellos, ¡Vale más que todo termine!,... por razones de la Pascua para los judíos, ellos no quieren que la fiesta de su liberación sea contaminada con tu cuerpo expuesto al aire, pero a ti no te quebrarán uno sólo de tus huesos, serás el Cordero perfecto para salvación de todos los hombres.

9.- son las tres de la tarde, y desde la cruz te escucho gritar, buscarme, mirarme, hablarme: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Los hombres se retiran a su templo y no saben que aquí hay alguien más grande que el templo, los hombres regresan a su ciudad, y no se han dado cuenta de que aquel para quien desde el principio no hubo un lugar, y tuvo que nacer fuera de la ciudad, ha entregado su vida fuera de la ciudad, y es que tú eres el ciudadano del mundo.

son las tres de la tarde, la cruz, como lo dirá un día el Vicario del Pescador de Galilea se convierte en ese libro vivo, del que los hombres aprenderán definitivamente quiénes son y cómo deberán de actuar. El árbol de la cruz será ese libro que siempre estará abierto ante ellos.

 

ADORACIÓN DE LAS LLAGAS DE CRISTO

Cristo Jesús, el cual existía en la forma de Dios,
No exigió tener la gloria debida a su divinidad,
se anonado tomando la forma de siervo de Dios
Y se asemejó a todos los hombres en su condición.
Haciéndose hombre se humilló
se hizo obediente hasta morir en la cruz
Por eso Dios, en forma admirable a Cristo exhaltó
Y le otorgó un nombre tan alto que a todo excedió,
Para que así, el cosmos entero se centre en Jesús.
El es el señor que a todos conduce al Padre. Amén.

 

1.- Son las tres de la tarde del viernes santo del año 100, ¡bueno!, mejor dicho, ya han pasado 163 años desde que Pompeyo, el general Romano, conquistó para el Imperio la región de Palestina,... pero para los cristianos este es el año 100 y pronto lo será para todo el mundo conocido.

Los cristianos ya han salido del cenáculo empujados por el Espíritu Santo, ya han muerto los apóstoles, y en su momento al ir muriendo cada uno de ellos, los restantes han impuesto las manos sobre sus sucesores, tal y como un día lo hicieron con Matías, el que ocupó el lugar de Judas.

2.- Adoramos,señor, la llaga de tu mano derecha, y por ella te pedimos nos concedas la gracia de hacer siempre buenas obras. Amén.

son las tres de la tarde del viernes santo del año 100, y muy por el contrario a lo que habían percibido los escritores romanos y judíos, los cristianos que han colaborado con el Espíritu Santo en la redacción del Nuevo Testamento, en particular San Pablo, miran en la cruz un motivo de orgullo y de gloria.

La cruz ha sido el instrumento por medio del cual Dios llevó a cabo su plan preconcebido para la expiación final del pecado, la cruz se ha convertido en el símbolo supremo de la nueva fe y en el meollo de la doctrina del Apóstol de los gentiles.

3.- Adoramos, señor, la llaga de tu mano izquierda, y por ella te pedimos la gracia de que nunca te ofendamos con nuestras manos. Amén.

son las tres de la tarde del viernes santo del año 100. san Lucas, san Mateo y san Marcos, inspirados por el Espíritu, han trazado la línea de la narración evangélica sobre el telón de la cruz, en dónde se ha manifestado el modo en que Dios ha querido y permitido que se realizara la obra de la salvación.

En la realidad, el cuerpo de los distintos relatos evangélicos es ante todo una explicación pormenorizada del drama de la cruz. Ha sido tan dramática la escena, que han tenido que escribirles a sus destinatarios para explicar el porque de una historia que ha llegado precisamente a esos extremos.

Ellos ponen de relieve las dos dimensiones principales del misterio de la cruz, como si fueran los dos travesaños que se contemplan en la misma: Una dimensión vertical por una parte, en la cual presentan la Cruz como algo querido por el Padre y aceptado libre y obedientemente por Cristo; en este sentido la cruz no puede ser un fracaso, sino un medio de salvación. La dimensión horizontal de la otra, es la descripción de como un hecho ha sido destinado para liberar a todos los hombres de sus pecados.

La Cruz de Cristo pregona una ley universal: la ley de la Cruz. Cristo murió por nosotros para salvarnos de la muerte, pero no para eximirnos de la cruz. Todo lo contrario nos invita a que la carguemos sobre nuestros hombros:
“ El que quiera ser mi dicípulo que se niegue a sí mimo, que cargue con su cruz y que me siga, pues el que quiera salvar su vida la perderá pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio ese la salvará”.

En ese sentido, aquel hombre de Cirene se ha convertido en un modelo para todos lo hombres. ¡Qué extraño ha resultado que aquel que ayudó a cargar la cruz del Maestro haya sido un extranjero y no uno de los doce!

4.- Adoramos, señor, la llaga de tu pie derecho, y por ella te pedimos la gracia de poder caminar siempre por los senderos que conducen a la vida eterna. Amén.

Son las tres de la tarde, hace pocos años que murió Juan, aquel que pensaban que no iba a morir, pero el Maestro no había dicho que no iba a morir, sino que: si yo quiero que esté para cuando yo regrese, ¿a ti qué?.

san Juan ha escrito el cuarto Evangelio, y es aquel que en torno a la cruz ha hecho claras referencias a una gran cantidad de imágenes del Antiguo Testamento.

En su exposición pone la exaltación de la cruz en estrecha relación con su “glorificación”. Dios ha demostrado su amor al mundo dándonos a su Hijo único para que el hombre tenga vida definitiva; ese amor es su misma gloria, que se muestra al manifestarse la gloria de su Hijo.

La gloria del amor que nos tiene se ha manifestado en toda la actividad de Jesús como dador de vida, pero ha alcanzado su expresión suprema en la cruz, cuando el Maestro ha aceptado voluntariamente la muerte por amor al hombre, para comunicarle la vida verdadera.

La serpiente de bronce levantada por Moisés en el desierto, que fue signo de salvación para el pueblo hebreo ha sido superada en supremacía por aquel que levantado en lo alto atrae a todos los hombres hacia sí mismo.

Son la tres de la tarde, la cruz no es para san Juan lo más hondo de la humillación a la que sigue la exaltación, sino el principio de la glorificación, de tal forma que la “hora de Jesús” comprende ambas cosas. La “exaltación” de Jesús en la cruz les concede a los creyentes la vida de Dios, puesto que Cristo exaltado en la cruz “atraerá todas las cosas hacia sí”, siendo glorificado como Él mismo glorifica al Padre.

El discípulo amado considera la tenebrosa hora terrena de la crucifixión como la verdadera hora de la glorificación.

La hora de la glorificación del Hijo Eterno del Padre, nos hace entender cómo es que San Juan ha favorecido en sus escritos la comparación de la cruz con el árbol de la vida.

En el libro del Génesis se nos relataba como Dios había colocado en el jardín del Edén el árbol de la Vida, cuyo fruto comunicaba el don de la inmortalidad. Ante el conocido fracaso del primer hombre y de sus pretensiones, el Evangelista san Juan, nos muestra a Jesucristo desde el árbol de la cruz, como aquel que ha dado vida en plenitud a la nueva humanidad, y lo ha hecho al entregar su espíritu y haciendo que de su costado manara sangre y agua. Ahora desde la cruz se ha abierto el camino que conduce al paraíso hallado y nosotros podremos comer de los frutos de la cruz, verdadero árbol de la vida. El antiguo signo de maldición se ha convertido ahora en el árbol de la vida en plenitud.

5.- Adoramos, señor, la llaga de tu pie izquierdo, y por ella te pedimos la gracia de evitar toda mala compañía y todo lo que pueda arrebatarnos la inocencia. Amén.

Son las tres de la tarde del viernes santo del año 100, y ya han pasado muchos años desde que en el camino de Damasco ha acontecido uno más de los encuentros del crucificado, quien se ha encontrado con Saulo y le ha cuestionado el porqué le esta persiguiendo: “Yo soy Jesús a quien tú persigues”. Ya ha ido saulo con Ananías y el anciano le ha abierto los ojos a aquel joven impetuoso e incansable.

Es el año 100 y el persecutor se convirtió en Apóstol. San Pablo se enamorará de esta cruz

San Pablo se ha dado a la tarea de presentar toda la carga salvífica del acontecimiento de la cruz, y lo ha hecho pensando en los dos primeros destinatarios del mensaje del Evangelio: los judíos y los gentiles provenientes de la cultura helénica.

Para el núcleo del judaísmo, la cruz era un escándalo; para el núcleo de los gentiles la cruz es toda una locura. Se trata de la locura como una de las reacciones espontáneas del hombre sumergido en una cultura como la grecorromana por la crucifixión, ya lo hemos visto, para ellos la muerte en la cruz era un suplicio reservado principalmente para los esclavos.

Se trata del escándalo como una reacción de los judíos ante una muerte marcada por un estigma que era considerada como maldición divina.

San Pablo ha iluminado esta locura y este escándalo con el acontecimiento de la resurrección. Por ser la resurrección el siguiente momento, se ha podido constatar que en la debilidad de Dios se ha manifestado su fuerza, en su locura se manifiesta su superioridad sobre la sabiduría humana. Si la debilidad de Dios es más fuerte y la locura es más sabia que los hombres, es porque apuntan a algo que acontece en el centro de lo sucedido en la cruz, y que es realmente fuerte y sabio. Ello implica evidentemente que el Señor Jesús resucitó. Y lo implica de tal modo que la afirmación de la resurrección será inseparable de la crucifixión, ya que ambas realidades están objetiva y estrechamente unidas.

San Pablo ha presentado un matiz nuevo y exclusivo de una teología que sólo puede ser cristiana y de un cristianismo que se convierte en una teología con rasgos insospechados por cualquier pensamiento humano. Se trata de una teología que entiende dinámicamente el escándalo de la cruz: como crisis ante el aparente fracaso de la cruz, pero como crisis que supone el viraje de dos términos en un espacio que separa el sábado del domingo de Pascua y que manifestará el sí del Padre eterno a la obra redentora de su Hijo.

La cruz ya no será para san Pablo ni para el cristiano una ignominia, sino un título de gloria, primero para Cristo, luego para todos los cristianos. Se trata de Dios que ha clavado la sentencia de la ley en la cruz de su Hijo.

6.- Adoramos, señor, la llaga de tu sacratísimo costado, y por ella te pedimos la gracia de encontrar siempre en él un refugio seguro contra todas la tentaciones y asalto del maligno enemigo. Amén.

son las tres de la tarde del viernes santo del año 100, por la sangre de Cristo derramada en la cruz hemos sido reconciliados todos los seres. La cruz se yergue entre las fronteras de las economías del Antiguo y del Nuevo Testamento para suprimir las antiguas divisiones causadas por el pecado, restableciendo la paz y la unidad entre judíos y paganos para que no formen ya sino un solo cuerpo.


VIACRUCIS DE LA HISTORIA (1).

Señor mío Jesucristo, que nos invitas a tomar la Cruz y seguirte, caminando tú delante para darnos ejemplo: danos tu luz y tu gracia al meditar en este Vía Crucis tu pasos para saber y querer seguirte.

Madre dolorosa: inspíranos los sentimientos de amor con que acompañaste en este camino de amargura a tu Divino Hijo. Amén.

Son la tres de la tarde del viernes santo del año doscientos. La Iglesia celebra el viacrucis de Jesucristo.

Los cristianos han hecho práctica, camino, culto, testimonio y espiritualidad la doctrina de la cruz contenida en el Nuevo Testamento.

La Santa Cruz aparece pintada y grabada en las catacumbas, en las paredes y en los sarcófagos. Se le contempla como el árbol de la vida.

El árbol de la cruz, en los frescos de las catacumbas es representada como árbol florido del nuevo paraíso, tan amplio como el cielo abriendo sus dos brazos para abarcar el universo. se ha comprendido que la redención de Cristo no se limita a los hombres, sino que alcanzaba al universo todo.

  • Primera estación: Jesús es condenado a muerte.
    Señor, que al recordar la condena injusta que tú sufriste, nos cuidemos de no condenar a los hermanos...

    Los primeros cristianos descubren en algunos signos del Antiguo Testamento anuncios que presagiaban la presencia de la cruz en la obra de la salvación. El cayado de Moisés, la encina de Mambré, incluso la zarza y la columna de fuego en el camino del Éxodo.

    Son las tres de la tarde del viernes santo del año doscientos y así predica Clemente en Alejandría:
    “Aquel fuego, que parecía una columna, y el fuego que consumía la zarza eran símbolos del fuego sagrado, que se saca de la tierra y vuelve de nuevo llameante al cielo a través del madero, por cuyo medio nos fue dada la visión espiritual”.


    Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén
  • Segunda estación: Jesús con la cruz a cuestas:
    Señor, concédenos, para hacernos digno de ti, el saber aceptar nuestras cruces de cada día, con amor...

    Algunas imágenes referidas por los primeros cristianos, se antojan extrañas tales como el recuerdo de la TAV que utilizaban los judíos para sellar, así como también la imagen de las alas de Dios, recordando la expresión utilizada por Jesús en el apóstrofe a Jerusalén, o algún otro texto de orígen salmódico ó profético, pero,... todo es útil para predicar la cruz.

    Son las tres de la tarde del viernes santo del año 300, y así predica Lactancio:
    “Dios en su pasión extendió sus brazos y abarcó el orbe de la tierra para indicar por adelantado que desde Oriente a Occidente habría de congregar bajo sus alas un pueblo futuro”


    Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

 

  • Tercera estación: La primera caída de nuestro señor Jesucristo:

    Señor, todo aquel que camina, cae. Que sepamos levantarnos y ayudemos a los demás a seguir caminando...

    Los cristianos hemos encontrado en la imagen de la Santa Cruz, un camino por el cual transitamos en la vida diaria.

    Son la tres de la tarde del viernes santo del año 305 y ya se preparan los conversos para su bautismo, esperan escuchar en la pascua de resurrección que el sacerdote exprese en un rito que se escuchará como si fuera el más bello de los discursos programáticos para la vida del bautizado:
    “ Recibe la señal de la Cruz, tanto en la frente como sobre el corazón: toma la fe en los mandamientos celestiales.
    Te signo la frente, para que recibas la Cruz del Señor.
    Te signo los oídos, para que escuches los preceptos divinos.
    Te signo los ojos, para que veas la claridad de Dios.
    Te signo la nariz, para que percibas el buen olor de la suavidad de Cristo.
    Te signo la boca, para que pronuncies palabras de vida.
    Te signo el pecho, para que creas en Dios.
    Te signo las espaldas, para que cargues con el yugo de su servicio.
    Te signo cuanto eres en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, para que tengas vida eterna y vivas por los siglos de los siglos”.


    Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

  • Cuarta estación: Jesús se encuentra a su santísima Madre:

    Señor, que nosotros seamos para quienes nos rodean una presencia de paz, y un estímulo que aliente a seguir caminando...

    La cruz nos recuerda el corazón abierto, en donde se derrama lo último de la sustancia de Jesús: sangre y agua, se trata de los sacramentos de la Iglesia. De la misma manera en que la primera mujer nace del costado del primer hombre dormido, ahora el Dios que se ha hecho hombre, quiere que en su dormición terrena pueda salir de su costado la nueva humanidad. Y allí se encuentra en la fidelidad su santísima Madre.

    Son las tres de la tarde del año 370 y así predica san Ambrosio en la catedral de Milán:
    “Cristo ven en busca de tu oveja, no por medio de siervos, ni por medio de asalariados, sino ven en persona. Tómame en esta carne que cayó Adán. Tómame, no de Sara, sino de María... Llévame a la Cruz, que es salvación para los que yerran; sólo allí encuentran descanso los que están fatigados, y vida, los que están muriendo”.


    Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

  • Quinta estación: El cirineo ayuda a Jesús a cargar con la cruz:

    Señor, que sepamos donar un poco de nuestro tiempo y de nuestro amor a aquellos que lo necesitan...

    La cruz no está hecha para soportarse sino para tomarse. El dolor, que acompaña tantas veces la vida de todo hombre y de cualquier cristiano, puede ser un medio que Dios le envía para ejercitar y robustecer sus virtudes y para unirse a los padecimientos de Cristo Redentor.

    La cruz cuando se acepta produce paz y gozo aún en medio del dolor; cuando no se acepta, el alma queda desentonada o con una íntima rebeldía que sale enseguida al exterior en forma de tristeza o malhumor.

    Son las tres de la tarde del viernes santo del año 380 y san Cirilo predica en Jerusalén:
    “ En la cruz Dios extendió sus brazos para abarcar todo el orbe de la tierra


    Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

  • Sexta estación: La Verónica limpia el rostro de Jesús:
    Señor, ayúdanos a ser también como la Verónica: cristianos valerosos, para solidarizarnos con lo que lloran y sufren...

    La cruz se ha convertido en un signo de bendición que nos enorgullece. Es posible que en los inicios de la Iglesia los círculos en los que se movían los cristianos se mofaran al contemplar la Cruz. En nuestro tiempo, es posible que no exista alguien que se ría de la cruz al contemplarla físicamente, pero sí de su significado y de todo aquello a lo que nos invita.

    Son las tres de la tarde del viernes santo del año 400 y así predica san Juan Crisóstomo en la Catedral de Constantinopla:
    “Oigan esto cuantos se avergüenzan de la Pasión y de la Cruz de Cristo. Porque si el Príncipe de los Apóstoles, aun antes de entender claramente este misterio, fue llamado Satanás por haberse avergonzado de Él, ¿qué perdón pueden tener aquellos que, después de tan manifiesta demostración, niegan la economía de la Cruz? Porque si el que así fue proclamado bienaventurado, si el que tan gloriosa confesión hizo, tal palabra hubo de oír, considerad lo que habrán de sufrir los que, después de todo eso, destruyen y anulan el misterio de la Cruz”.


    Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

  • Séptima estación: Jesús cae por segunda ocasión:
    Señor, que no nos desalentemos frente a nuestros fracasos o debilidades, sino que sepamos levantarnos y sigamos caminando...

    Cuando la Iglesia salió de las catacumbas, se reprodujo con profusión la señal de la cruz y se extendió su culto. Se adornaron entonces las fachadas de las casas, los dinteles de las puertas, las decoraciones de los interiores en las casas de los cristianos. En lo litúrgico había un culto de veneración que tenían los primeros cristianos a la cruz de Cristo.

    Tertuliano nos da ya noticia de la señal de la cruz, que se hacía con el pulgar y el índice de la mano derecha y que se trazaba sobre la frente.

    Son la tres de la tarde del viernes santo del año 410 y de nuevo San Juan Crisóstomo, predica sobre la importancia que tiene la imagen de la cruz:
    “Que nadie se avergüence de los símbolos sagrados de nuestra salvación (...); llevemos más bien por todas partes, como una corona, la Cruz de Cristo. Todo, en efecto, entra en nosotros por la Cruz. Cuando hemos de regenerarnos, allí está presente la Cruz; cuando nos alimentamos de la mística comida; cuando se nos consagra ministros del altar; cuando se cumple cualquier otro misterio, allí está presente siempre este símbolo de victoria. De ahí el fervor con el que lo inscribimos y dibujamos, en nuestras casas, sobre las paredes, sobre las ventanas, sobre nuestra frente y en el corazón. Porque éste es el signo de nuestra salvación, el signo de la libertad del género humano, el signo de la voluntad de Dios para con nosotros”.


    “...No hay mejor joya en la corona imperial que la cruz que la remata (...). En las casas, en las calles, en el desierto, en los caminos, en los montes, en las cascadas, en las colinas, en el mar, en el bosque, en las islas, en los lechos y en los vestidos, en las armas y en los tálamos, en los convites y en los vasos religiosos, en las joyas y en las paredes decoradas, en los cuerpos de animales enfermos, en los cuerpos de los hombres posesos, en la guerra, en la paz, en el día y en la noche..., todos buscan su inefable gracia. Nadie se avergüenza de este signo de la cruz”.

    Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén


VIACRUCIS DE LA HISTORIA (II).

La cruz conserva toda una carga de significación en el pensamiento cristiano de los siglos posteriores: se trata del memorial de la Pasión de Jesucristo y de nuestra redención, es símbolo de la inmolación espiritual del cristiano, es signo de penitencia y de unión a los padecimientos de Cristo, es signo del sacrificio y de la propia entrega de la vida. Lo anterior le podrá hacer entender, a cualquier hombre, el porque la Iglesia contempla la cruz de Cristo, como signo de bendición y la propone como camino de espiritualidad: “ Sólo tú has sido exaltado por encima de todos los cedros; de ti estuvo suspendida la vida del mundo; en ti triunfó Cristo; en ti venció la muerte a la muerte para siempre”. Reza la antífona del benedictus en la fiesta de la santa Cruz.

 

  • Octava estación: Jesús consuela a la piadosas mujeres de Jerusalén.
    Señor, que nosotros sepamos asumir una actitud de fe, amor y esperanza frente a nuestro dolor y al sufrimiento de lo demás...

    La cruz de Cristo es el signo del misterio de la salvación. La Cruz conserva toda una carga de ejemplaridad para todos nosotros, el discípulo sabe que nunca será superior a su Maestro, y que debe aprender a reproducir todo aquello que su Maestro le ha dejado como ejemplo.

    Son las 3 de la tarde del viernes santo del año 460 y así predica el Papa san León Magno a los cristianos de Roma:
    “La Cruz de Cristo, que ha sido colocada para salvación de los mortales, es, a la vez, Misterio y Ejemplo. Misterio, en cuanto que la fuerza de Dios despliega toda su potencialidad por medio de la Cruz; Ejemplo, en cuanto que la Cruz enciende en el hombre la voluntad de entrega”.


    Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

  • Novena estación: Jesús cae por tercera ocasión:

    Señor, que no seamos causa de tropiezo para lo demás sino una mano amiga que alivia y levanta...

    Que la cruz es solidaridad, es algo que la Iglesia ha visto desde siempre en la forma misma de la cruz: expansión hacia todas las dimensiones del mundo, brazos abiertos que quieren abrazarlo todo. Será un recuerdo constante de que el cristiano debe aprender a abrazar, al igual que su Maestro, a todos los hombres.

    Son la tres de la tarde del viernes santo del año 600, san Gregorio Magno predica a los cristianos de todo el mundo desde la sede en Roma:
    “De dos modos podemos llevar la cruz del Señor, o afligiendo a nuestro cuerpo con la abstinencia o, por compasión al prójimo, considerando como nuestras sus necesidades. El que se conduele de las necesidades ajenas lleva la cruz en su corazón”.


    Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

  • Décima estación: Jesús es despojado de su vestidura:
    Señor, cuando el dolor nos toque y nos despoje de nuestro egoímo y orgullo, que sepamos llenarnos de tu amor...

    La cruz será para el cristiano una invitación a ejercitarse en las virtudes. Se trata de cultivar las que no se tienen y de crecer en las que se poseen. Con toda razón expresará el Doctor Angélico que en la cruz encontramos el ejemplo de todas las virtudes.

    Son la tres de la tarde de un viernes santo del siglo xIV y en algún lugar de Europa Tomás de Kempis escribe la Imitación de Cristo:
    “En la cruz está la salud y la vida. En la cruz, la defensa contra los enemigos. En la cruz, la infusión de la suavidad soberana. La cruz es la fortaleza del corazón. En la cruz está el gozo del espíritu. En la cruz está la suma virtud. En la cruz está la perfección de la santidad. No está la salud del alma ni la esperanza de la vida eterna en otro lugar, sino en la cruz”.


    Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

  • Décimoprimera estación: Jesús es clavado en la cruz:
    Señor, que tengamos el valor de saber perdonar siempre y a todos...

    El cristiano sabe que la cruz del Señor Jesús le espera cada día de la vida. Dificultades, enfermedades, desastres económicos y naturales, la muerte de un ser querido, contrariedades, imprevistos, infortunios, incertidumbres, incomprensiones. Diría San Francisco de Sales que la cruz está hecha de todos los tipos de madera que te puedas imaginar.

    Son la tres de la tarde de un viernes santo del año 1600 y predica san Francisco desde una Iglesia en sales, en la actual suiza:
    “Nunca se ha sabido con certeza de qué madera fue la cruz de Nuestro Señor. Yo pienso que es para amar sin distinción las cruces que nos envía, sean de la madera que sean, y que no digamos: Esta cruz o aquélla no son amables, porque no son de tal madera.


    Las mejores cruces son las más pesadas, y las más pesadas son las que más repugnan al corazón...; a medida que son más importunas, son mejores que los cilicios, las disciplinas, los ayunos y cuanto han inventado de austeridad.

    Las cruces que nosotros hacemos o que inventamos son siempre bien pulidas por lo que tienen de nuestro y, por eso, menos fortificantes. Humillaos, pues, y recibid alegremente las que se os impongan sin vuestra voluntad. Lo largo de la cruz le da el precio, pues no hay pena más dura que la dure.”

    Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

  • Décimosegunda estación: Jesús muere en la cruz:
    Señor, ayúdanos a comprender que morir no es quedar muerto, sino vivir plenamente...

    La oración cristiana se dirige normalmente al Padre por Cristo, apelando a la virtud redentora del Salvador muerto en la cruz. Esta invocación se hace permanente a través del culto a la cruz. El uso de la cruz es una constante apelación objetivada a la gracia proveniente de la muerte en la cruz, como defensa contra los espíritus malignos y contra las tentaciones y como medio para obtener ayuda y protección.

    Son la tres de la tarde del viernes santo del año 1630 y Félix Lope de Vega Carpio escribe con gran soltura al contemplar a Cristo crucificado su rima sacra xIV, conocida como de La Divina Espera amorosa :

Pastor que con tus silbos amorosos
Me despertaste del profundo sueño;
Tú, que hiciste cayado de ese leño
En que tiendes los brazos poderosos.

Vuelve tus ojos a mi fe piadosos,
Pues te confieso por mi amor y dueño,
Y la palabra de seguirte empeño
Tus dulces silbos y tus pies hermosos.

Oye, Pastor, que por amores mueres,
No te espante el rigor de mis pecados,
Pues tan amigo de rendidos eres.

Espera pues, y escucha mis cuidados;
Pero; ¿Cómo te digo que me esperes,
Si estás para esperar los pies clavados?

Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén.

  • Décimotercera estación: Jesús en los brazos de María santísima:
    Señor, que el dolor por quienes amamos nos lleve a comprender a aquellos que están lejos de nosotros...

    La proclamación de la victoria de Cristo por medio de la cruz nos da a los cristianos la seguridad de que, después del acontecimiento convulsivo de la muerte de Cristo, sufrida a favor de nosotros, nuestra existencia ha cambiado, la fuerza del pecado está quebrantada, el jefe de este mundo ha sido destronado.

    Son la tres de la tarde del viernes santo del año 1920 Giovanni Papini está en un hospital, se acerca un sacerdote y le dice que si quiere dialogar. Tras charlar un rato, Papini le dice al cura que se siente insatisfecho con 39 años de vida y aunque ya ha escrito varios libros siente que las manos las tiene vacías, y entonces le muestra sus manos. El sacerdote le pide que repita el gesto. Al hacerlo, le coloca en las palmas el crucifijo que estaba inicialmente sobre la cabecera, añadiendo: “Esas manos ya están llenas...”

    Un año después (1921) ya restablecido, escribe su obra “La Historia de Cristo”, él manifestaba que ve en el mundo una gran Cruz invisible, plantada en medio de la tierra:
    “Bajo esa cruz gigantesca, goteando sangre todavía, van a llorar y buscar fuerzas los crucificados en el alma.”


    Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

  • Décimocuarta estación: Jesús es puesto en el sepulcro:

    Señor, que no tengamos miedo de morir porque la muerte es un paso a la Vida que ere tú...

    El signo de la cruz perpetúa ante la humanidad la invitación a seguir a Jesús crucificado por la vía de la obediencia absoluta a la voluntad del Padre hasta la muerte. La exigencia de este seguimiento se opone a la inclinación espontánea de asegurar la satisfacción del amor propio egoísta e inmanente como valor principal de la existencia. No hay que olvidar que el seguimiento de Jesús implica lucha y sacrificio, es decir, la “cruz”.

    Son la tres de la tarde del viernes santo del año 1930, Miguel de Unamuno escribe desde su estudio en salamanca:

“ Mientras la tierra sueña solitaria,
Vela la luna blanca;
Vela el hombre desde su cruz,
Mientras los hombres sueñan;

Vela el hombre sin sangre, El hombre blanco
Como la luna de la noche negra;
Vela el hombre que dio toda su sangre
Porque las gentes sepan que son hombres.”

Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén

 


LA RESURRECCIÓN: EL ÚNICO TÓNICO CONTRA EL ABSURDO.

“El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto”.

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro, e inclinándose, miró los lienzos puestos en el suelo, pero no entró.

En eso llegó también Simón Pedro, que lo venía siguiendo, y entró en el sepulcro. Contempló los lienzos puestos en el suelo y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, puesto no con los lienzos en el suelo, sino doblado en sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó, porque hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos.”


1.- Muy queridos amigos: Complementemos ahora aquella reflexión que sobre la resurrección habíamos iniciado hace dos domingos al referir la resurrección de Lázaro.

2.- ¡Felices pascuas de resurrección!

Aunque con alguna relativa frecuencia las creaciones humanas sobreviven a sus autores, siempre estarán abocadas a la muerte, y su valor estará sólo y estrictamente circunscrito por el tiempo y el espacio.

Esto puede ser constatable en la historia de ayer, de hoy y de siempre; así se llamen civilizaciones, imperios, reinos, empresas, partidos, corrientes, ideologías, sistemas o negocios...

Aún aquellos hombres más ufanos, engreídos, soberbios, pedantes y orgullosos de la historia han quedado sumergidos en el olvido bajo la arena del desierto o bajo la abundante vegetación de las selvas y de las montañas; o se encuentran, a lo sumo, referidos en los libros de la historia.

También han caído por su propio peso, o mejor dicho por el sobrepeso, aquellos sistemas que hasta hace poco tiempo se consideraban intocables, sólidos, permanentes y perennes; los actuales, tú ya te habrás dado cuenta, también son transitorios. ¿Cuánto tiempo les durará la vida? ¡Solamente Dios lo sabe!, pero no son eternos.

3.- Los grandes imperios, sus fastuosos palacios, y sus monumentales edificios, han quedado bajo el olvido de los caminos ignorados. Se ha convertido en labor de los arqueólogos, el buscar los vestigios para reconstruir los segmentos de la historia. Los libros se ocupan de ellos. En los museos, si bien les ha ido, se encuentra parte de sus construcciones. Bajo la misma tierra que ahora estamos pisando se encuentran los restos de aquellos que gobernaron en el pasado: Ramsés, Nabucodonosor, Nebuzaradán, Ciro, Darío, Jerjes, Artajerjes, Filipo, Alejandro, Ptolomeo, Seleuco, Antioco IV Epífanes, Marco Antonio, Pompeyo, Herodes, Pilato, Nerón, Constantino, Atila, Dioclesiano, Teodosio, Timurlan, Pipino, Carlomagno, Salamino, Tlacaelel, Tizoc, Cuitláhuac, Tezozomoc, Nezahualcoyotl, Luis XVI, Carlos III, Napoleón, Don Porfirio, Mussolini, Hitler...

Reyes y guerreros de éste mundo, así sus cuerpos como sus imperios se encuentran bajo la profundidad de la tierra. Incluso muchos de sus restos mortales yacen en el anonimato del olvido, y ni siquiera sabemos en donde están enterrados. El polvo ha retornado al polvo...

Y sin embargo, mientras ellos vivían pensaron que sus Reinos nunca terminarían, que serían eternos y algunos hasta “sacros” se hicieron llamar. No faltó aquel Romano llamado Octaviano, quien en el año 27 antes de Cristo, asumió el título de “augustus”, afirmando de este modo con claridad que era él el único y exclusivo depositario de todos los auspicios, frente a cualquier sorpresa desagradable. Y llergó un día en el que aquel jactancioso “augustus” se convirtió en un tremendo “angustus”.

Ellos fueron víctimas de las tentaciones de todos los tiempos y de todos los hombres.

4.- En la realidad, todo en esta vida es transitorio, efímero e inconstante. Hay bajo el sol, un tiempo para cada cosa y para cada persona. Solamente Dios es para siempre y está sobre todo.


5.- Todo lo anteriormente referido pudiera apuntar nuestro pensamiento hacia el absurdo, esto en el caso de que no fuera iluminado con el acontecimiento de Cristo, el Hijo eterno del Padre.

De esta manera, si la encarnación redentora del Hijo Eterno del Padre, decidida en el plan divino desde toda la eternidad, nos ofrece a los hombres la garantía de que no existe nada de ingrato o injusto en la misma existencia humana. Sin embargo, será la muerte de Jesucristo y su resurrección aquello que nos ofrezca el testimonio de que la existencia humana es buena, y de que todo en ella tiene un sentido.

6.- El acontecimiento de la Pascua de Jesucristo nos muestra cómo la vida y la muerte también se encuadran en el plan divino de la salvación, y cómo Dios sabe obtener bien del mal.

Si la Encarnación del Divino Verbo, por obra y gracia del Espíritu Santo, en el vientre inmaculado de la Virgen María, ha sido la entrada de Dios en la historia; entonces la muerte y la resurrección del Hijo de Dios hecho hombre es la entrada del hombre a la metahistoria, es decir, es nuestro ingreso a la eternidad.

7.- Es en Cristo en donde hemos comprendido que la muerte no es el término del existir sino que se convierte en el paso, el tránsito, la entrada y la liberación. La muerte es la salida de una condición y de un estado llamémosle esclavizante, para poder ingresar a una situación de plenitud y de victoria.

Todavía el día de hoy, en el contexto del misterio de la salvación que hemos meditado y celebrado jubilosamente en esta Semana Santa tan intensa, podemos y debemos decir que lo único a lo que le tememos los cristianos, es que, después de esta vida y de esta muerte, seamos merecedores de la así llamada muerte segunda (Ap. 2,11; 20,6.14; 21,8), que no es otra realidad, que esa muerte eterna de la cual ya no habrá regreso.

Todo lo anteriormente referido y celebrado, le ha heredado a la Iglesia el verdadero conocimiento en torno al destino final del hombre. La muerte será siempre contemplada con los ojos del resucitado. La salvación eterna se encuentra solamente en Cristo Jesús.

El hombre durante su vida, mientras posea un respiro y tenga un resquicio de tiempo, podrá elegir libremente entre la vida o la muerte (Mt 25,31-46).

8.- Es por lo anterior, que la muerte será vista por nuestros hermanos los Santos de una forma distinta a la que la contemplan aquellos que no tienen fe. Algunos le llaman la hermana, otros le llaman la amiga, o bien el final de la espera, le refieren como la salida del hotel de segunda o el abandono de esa pieza de hospital en donde se extrañará a aquellos que nos atendieron, pero que ellos mismos deberían alegrarse de que hayamos dejado esa condición... La muerte ya no es vista como enemiga.

Démonos cuenta de cómo la Resurrección de Jesucristo se ha convertido en la medicina que cura absolutamente todos nuestros males.

Resucitar no es revivir como lo proponía Platón y, como lo proponen muchos otros después de él, algunos aún hoy en nuestros días, que andan tocando nuestras puertas, para cumplir con el legalismo de sus setenta horas de apostolado, nuevas tradiciones que anulan la Palabra de Dios, puesto que ni siquiera son cristianos, aunque ellos no lo acepten. ¡Exacto!, me refiero a los que consideran que al cielo solamente irán 144 mil.

9.- Para los cristianos la Resurrección es una “transformación gloriosa”, cosa que no sucede con el sólo hecho de volver a esta vida. La resurrección no es un hecho obvio a la razón, sino algo inaudito y definitivo, una realidad sobrenatural. La Resurrección es el dominio sobre la muerte, se trata de una palabra que aclara una vida desconocida.

La fe cristiana en la Resurrección no se basa solamente en el destino humano sino principalmente en la promesa cristiana. La Resurrección que esperamos es un futuro para los creyentes en Cristo, no es la meta final de la humanidad.

Nosotros los cristianos esperamos un futuro totalmente nuevo, no la reiteración del presente terreno, aunque sea transformado. Nosotros no esperamos el retorno a un pasado original sino el acceso a la eternidad, porque Cristo así nos lo ha dicho.

Al hablar, en torno a las realidades que están más allá de la conclusión de nuestros signos vital-temporales, debemos ser conscientes de que los cristianos no creemos ni en reciclajes ni en reencarnaciones, sino en una transformación gloriosa a imagen de Cristo.

10.- En este sentido me agrada la apreciación que sobre este tema hace el padre Louis Evely cuando afirma: “Nosotros los cristianos no creemos en una vida futura sino en la vida eterna, que es algo muy diferente. Porque si es eterna, es porque ya ha comenzado”. No obstante, difiriendo un poco del Padre Evely, te quisiera decir esta tarde, que la vida verdadera es eterna y es futura: es eterna porque se inició cuando se nos comunicó la vida sobrenatural en nuestro bautismo, y es futura porque superará lo que en este mal espejo estamos viendo.

La superioridad de Cristo, de su naturaleza, de su obrar y de sus promesas, sobre cualquier instancia espacio-temporal la ha manifestado, predicado y testimoniado con la misma sangre, nuestra fe cristiana, desde el primer momento en que fue contemplado su rostro resucitado.

UN CUERPO ESPIRITUAL.

“El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto”.

1.- La experiencia de los hombres que afirman haber visto al Resucitado es irrepetible para nosotros en su inmediatez. Pero no es una experiencia inaccesible a nosotros, pues la magnitud fue tal que ha marcado para siempre a la historia con la aparición de la comunidad de creyentes.

Para los cristianos, muerte y resurrección no son dos momentos contrarios, sino que son un mismo movimiento en dos polos: Jesús muere y se dirige hacia la resurrección, el Nuevo Testamento no separará ambos acontecimientos, más bien se convertirá en una fórmula doble: 1 Tes 4,14 dice: “ Porque si creemos que Jesús murió y resucitó”.

La muerte no es el término, ni el límite, ni mucho menos el fracaso o la nada a la que se llega; sino que la muerte se convierte en un paso (eso significa la Pascua, es un paso, es la entrada,...).

La resurrección hace que en la muerte el silencio de Dios quede rasgado y que la muerte se convierta en liberación, entendiendo por esta la salida de una condición y un estado de sujeción a la esclavitud de una serie de poderes, para ingresar en una situación de plenitud y de victoria.

El último enemigo que quedaba por vencer ha sido vencido: la muerte. Con la victoria sobre la muerte empieza la victoria final y definitiva.

2.- Pero,... ¿qué es resurrección? Los primeros cristianos enfrentaron un doble problema al hablar de resurrección en los principios de la Iglesia: un problema por el término y un problema por el concepto. Voy a tratar de ser lo más sencillo posible en mis palabras.

Pensemos que en la resurrección de Cristo nos enfrentamos a la irrupción de la plenitud final dentro de los límites de la misma historia. La historia es fecundada por la eternidad.

Nunca había sucedido algo como lo que sucedió la noche de anoche, y lo que estamos celebrando en este primer día de la semana: la Resurrección gloriosa de Jesucristo.

Si jamás había acontecido algo igual, entonces... ¿cómo llamarle? ¿Cómo explicarle?

Ninguna noche como esa noche..., yo te pregunto a ti... ¿cómo le llamarías a lo que ha acontecido?

3.- El término resurrección será el que resulte victorioso entre una serie de posibilidades que se propusieron para expresar el contenido de la experiencia pascual de los apóstoles. El acontecimiento victorioso de Cristo, al que hoy le llamamos resurrección se llamó también consumación de Jesús, sesión a la diestra del Padre, exaltación, triunfo de Jesús..., entre otros. Sin embargo, será Resurrección el término que se utilice al final.

Es bueno recordar, y resulta una exigencia de la honestidad, el comentar como lo hacíamos en el segmento anterior que el término Resurrección ya había sido utilizado por los griegos, concretamente por Platón, pero en ellos significaba: revivir. Este significado lo sigue teniendo entre los médicos cuando hablan de aplicar técnicas de resucitación. ¡He aquí nuestro primer problema! Porque lo que en Cristo sucedió no fue un revivir, no fue solamente un recuperar los signos vitales...

4.- Sin embargo tenemos otro problema, que se desplaza de lo terminológico a lo conceptual.

Platón tenía ya un concepto en su memoria sobre el significado de la resurrección: indicaba la vuelta de un muerto a esta vida, a partir de la idea de un alma inmortal que sigue viviendo y que vuelve a revestir un cuerpo que abandonó. Pon mucha atención, porque tampoco este es el significado cristiano.

¡Perdóname el que en este domingo te esté mareando con contenidos tan poco digeribles, pero créeme son necesarios!

Resurrección se utiliza en otros pasajes del Evangelio para significar: Revivir. Es clara pues, la confusión provocada por el uso de términos iguales para realidades tan distintas: Hablamos de la resurrección de Lázaro y hablamos de la resurrección de Jesús, y hay tanta diferencia.

La resurrección de Jesús es una transformación gloriosa, es la irrupción de la Escatología, se trata del dominio sobre la muerte, se trata de una palabra esbozada y pronunciada sobre una vida totalmente desconocida e insospechada.

Entendamos, Lázaro resucitó pero volvió a morir físicamente después de un cierto período de tiempo, y Jesucristo ya nunca muere, con su resurrección ha vencido a la misma muerte.

Recuerda que ya en el Antiguo Testamento aparece en el capítulo cuatro del segundo libro de los Reyes (vv. 8-37): El milagro de Eliseo que resucita, o mejor dicho, que revive al hijo de la sunamita.

En el Nuevo Testamento aparece en el capítulo ocho del Evangelio de san Lucas (vv. 40-56) la resurrección de la Hija de Jairo y en el capítulo siete del mismo Evangelio de san Lucas (vv.11-17) la resurrección del Hijo de la viuda de Naím. Recuerda que el capítulo once de san Juan nos refiere la resurrección de su amigo Lázaro. Y que tanto San Pedro como San Pablo resucitan por el poder de Dios a algunos muertos. San Pedro resucitó a Tabitá en la ciudad de Joppe y nos lo narra el capítulo nueve del libro de los Hechos de los Apóstoles (vv.36-43). San Pablo también resucitó en Troade a Eutico, lo cual es referido en el capítulo veinte del mismo libro de los Hechos (vv.7-12). Pero todos ellos volvieron a morir biológicamente. Vemos pues que resurrección coincide en la mayoria de los casos con revivir.

5.- En Jesucristo, la Resurrección es “transformación gloriosa”, realidad que no sucede con el sólo volver a la vida. Es el dominio sobre la muerte, es una palabra sobre una vida desconocida.

Un hecho único y el más grande de la historia del que la muda noche fue testigo. "Ninguna noche como esta noche" cantaba la Iglesia, la noche de anoche, en la Madre de todas la Vigilias.

Recuerda que la primera reacción de los apóstoles fue el pensar que se habían robado el cuerpo del maestro: Le dice María al divino jardinero: “Si tú sabes donde lo han puesto dime para ir a dónde él”. El mensaje que se ha escuchado que se llevó a los apóstoles es el mismo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto”.

Así pues, podemos ver que la resurrección de Jesús no tiene comparación con algún otro acontecimiento en la historia. ¡Fue difícil encontrar el término que expresara lo que aconteció con Él!.

La historia ha testificado muertes y sucesos extraordinarios y alguna reviviscencia. Pero sólo en Jesús se ha dicho que ocurrió algo como el contenido del Nuevo Testamento da a su Resurrección.

6.- La condición en que se encuentra el resucitado es una situación totalmente nueva: Su condición no es la de lo sólo físico, no es la del tiempo y el espacio: Ingresa a un cenáculo cerrado y atraviesa puertas herméticamente taponeadas; El resucitado no es reconocido de forma inmediata por las personas que más lo quieren, así sucede con María la de Magdala, aquella a la que le transformó la vida del libertinaje a la dignidad ¡Y no le reconoce! Piensa que es el jardinero,... Los discípulos de Emaús tampoco le reconocen, recuerda que un discípulo es alguien que ha estado con Jesús desde el Bautismo hasta la resurrección,... y acontece que aquellos hombre que tienen tres años de haberlo dejado todo para seguir a Jesús regresan apesadumbrados a Emaús y es entonces que el Señor se les hace presente, dialoga con ellos, les explica las Escrituras, parte para ellos el pan; se trata de once kilómetros de presencia en los que no le reconocen, hasta que en la fracción del pan, como tú y como yo, le reconocieron. Y así acontece con los apóstoles, quienes piensan que es un fantasma. Las condiciones en las que Jesucristo se encuentran son totalmente nuevas.

7.- Y sin embargo conserva las cualidades físicas, puesto que es palpable, tiene pies, manos y costado en donde meter los dedos de los incrédulos. Conserva propiedades corpóreas al comer el pescado y el pan, al deglutir los alimentos. Se trata de alguien que puede asir los objetos, que parte el pan y que lo reparte. “Entonces Jesús toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez”.

Las reacciones ante un hecho inusitado son igualmente nuevas de parte de aquellos que le quieren. La experiencia del resucitado es una experiencia muy grata, pero nueva y extraña, el Evangelio nos dice que en algunos provoca susto, en algún otro temblor, en algunos refiere el espanto y hasta el miedo. El versículo cinco del capítulo veinticuatro del Evangelio de san Lucas se nos dice llanamente: Las Mujeres tenían miedo.

Esta experiencia nueva y extraña, todos sabemos que llegó a provocar incredulidad en los más cercanos: Es fácil recordar a Tomás como el incrédulo, pero en justicia tendríamos que decirlo también de “los discípulos de Emaús quienes le dicen al peregrino de Emaús: algunas mujeres dicen que está vivo, pero... Recuerda que tampoco los apóstoles le creen a las mujeres.

8.- El término resurrección, aun y con todo lo maravilloso que sea para nosotros, tendriamos que decir que es muy pobre para expresar lo que sucedió con Jesús. Pero te vuelvo a preguntar: Y tú, ¿cómo le llamarías a lo que aconteció la noche de anoche?

La condición en la que se encuentra el resucitado, ha recibido de parte de san Pablo un especial interés al hablarnos del centro de nuestra fe: Si Cristo no ha resucitado vana es nuestra fe.

San Pablo explica la resurrección con un pleonasmo, con una contradicción de términos: un cuerpo espiritual.

A partir del versículo treinta y cinco del capítulo quince en la Primera Carta a los Corintios menciona “Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitan los muertos? ¿Con qué cuerpo vuelven a la vida? Necio, Lo que tú siembras no revive si no muere. Y lo que tu siembras no es el cuerpo que va a brotar sino un simple grano, de trigo por ejemplo y emerge una planta, se siembra corrupción y resucita incorrupción, se siembra vileza y resucita gloria, se siembra debilidad y resucita fortaleza,...” La respuesta más elocuente se encuentra en el versículo cuarenta y cuatro al decir san Pablo: se siembra un cuerpo natural y resucita un Cuerpo Espiritual.



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