Domingo 1 de Mayo de 2005_________Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

SIERVOS EN LUGAR DE HIJOS

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si me aman, cumplirán mis mandamientos; yo le rogaré al Padre y Él les enviará otro Consolador que esté siempre con ustedes, el Espíritu de verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; ustedes, en cambio, sí lo conocen, porque habita entre ustedes y estará en ustedes.

No los dejaré desamparados, sino que volveré a ustedes. Dentro de poco, el mundo no me verá más, pero ustedes sí me verán, porque yo permanezco vivo y ustedes también vivirán. En aquel día entenderán que yo estoy en mi Padre, ustedes en mí y yo en ustedes.

El que acepta mis mandamientos y los cumple, ése me ama. El que me ama a mí, lo amará mi Padre, yo también lo amaré y me manifestaré a él.”

Momento 2

Momento 3

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1.- Muy queridos amigos:

Traigamos a la memoria, en este sexto domingo de la Pascua, una historia que ha sido escrita con elementos antiguos y que todavía hoy se redacta con elementos recientes. Se trata no de una unión de narraciones distintas en un texto sino de una misma historia, cuya trama se va entretejiendo con relatos que han sido obtenidos en diferentes épocas y con distintos personajes.

Se trata de una historia demasiado familiar,... tan familiar nos debe resultar como lo puede ser tu historia,... y mi historia...

Es esta una narración sobre unos esclavos acostumbrados a sus yugos, que tanto se llegaron a familiarizar con sus coyundas y cadenas, que prácticamente se convirtieron en nuevas extremidades de su organismo,...

Es esta la historia de unos extraños esclavos que se sienten libres al jactarse en el desprecio de la propia libertad y que transforman sus grilletes en accesorios de presuntuosidad.

Se trata de la narración sobre un hombre y un pueblo; es esta la historia de todos los hombres y de todos los pueblos.

2.- Se trata de ese miedo que provoca la libertad en el ser humano,... No es otra cosa esta historia que el anhelo que provoca extrañar la cebollas de la esclavitud cuando te encuentras en las tierras de la libertad; en donde se prefiere lo seguro aunque se esté subyugado sobre la mismísima aventura de la libertad en la incertidumbre y el abandono a la Providencia.

El hombre le tiene miedo a la experiencia de un Éxodo, de una salida,... y a iniciar una historia de libertad.

Es esta la historia de un ser humano que se ha acostumbrado a sus propias esclavitudes, no es otro que el ciudadano de la caverna al que le molesta en los ojos la intensidad de la luz del día y que se siente asfixiar en la angostez de sus braqueas y la explosión de los pulmones, al estar respirando el aire puro en la tierra de los libertos.

Es este el hombre restaurado que sigue usando muletas, es el hombre erguido que sigue inclinado hacia su bastón, es el ser humano adulto que sigue usando andadera, es el hombre maduro que necesita niñera. No es otro, que ese hombre nuevo que quiere seguir siendo hombre viejo, y el hijo que renuncia a ser hijo para ser esclavo. Se trata de un ser extraño que rechaza el amor para vivir en el temor, que renuncia a la alegría del anuncio de la propia dignidad para proclamar desde lo alto de los púlpitos un mensaje que atemoriza y que sigue esclavizando las conciencias.

3.- Se trata de una epidemia que cruzando sigilosamente todas las fronteras y los retenes sanitarios, ha llegado al territorio cristiano y se ha expandido escandalosamente, y la verdad, es que son muy pocos los hombres que podríamos sentirnos libres del contagio.

Esta enfermedad no es otra que la del legalismo, convertido en una onerosa casuística vivida en el más degradante de los fariseísmos.

Son muchas las expresiones y no pocas las avergonzantes exageraciones. Se ha llegado a los extremos de abandonar dolosamente el don de la vida en el inocente por negarle las trasfusiones sanguíneas, y todo esto amparados por el argumento de una ley que no tiene absolutamente nada de cristiana,... y es que, en la realidad algunos de ellos no son cristianos, sino testigos de un antiguo testamento que ha sido superado por la nueva alianza que en Jesucristo se nos ha ofrecido. Pero ellos se quedan en el hombre viejo y han renunciado al hombre nuevo, se han quedado en el primer Adán y han renunciado al Nuevo y definitivo Adán, que es Cristo, el Hijo de Dios, hombre nuevo para todos los hombres.

Pero bueno,... tampoco podemos negar la viga que nosotros podemos llevar en nuestros ojos. En lo auténtico todos somos muy poco cristianos.

Es esta la historia de una ley que desplazó al hombre y al mismo Dios, y si no lo quieres creer, contempla la cruz que tienes en tu casa: en el nombre de la Ley Dios fue sacrificado, Dios fue condenado en el nombre de Dios.

4.- ¡Paradógico!, resulta contradictorio lo que dice el cura,... ¡pues te diré que es más aberrante lo que sucedió el viernes santo,... y lo que sucede en tantos viernes santos que se siguen viviendo en el mundo a causa de aquellos que tenemos el antiguo testamento en las manos y que en el corazón no tenemos el nuevo testamento.

Se trata de la Ley, un elemento que fue bondadoso en sus inicios, pero que se fue adulterando con el paso del tiempo y que se llegó a contaminar por la intransigencia del hombre, por la dureza de un corazón retorcido.

Dios no se ha equivocado, es el hombre el que se equivoca,... pero sucede que el hombre le atribuye a Dios sus errores, al endosarle sus malas interpretaciones y la parcialidad de su visión.

5.- En su orígen, la Ley, junto con la dimensión religiosa tenía una dimensión social, la ley era profundamente divina y humana.

A través de los preceptos se buscaba la justicia, el descanso del hombre, la protección del débil, el respeto por la vida, el decoro de la sexualidad, la salvaguarda de la familia, el testimonio y la defensa de la verdad,... En pocas palabras,... que el hombre fuera más humano.

El descanso sabático se prescribía, en el libro del Éxodo, recordando la obra del Creador y así su descanso el séptimo día: seis días trabajarás y al séptimo descansarás; en el Deuteronomio, por su parte, le recuerda a Israel el tiempo de la esclavitud en Egipto, y que debe tratar humanamente a su siervo y que él mismo no se debe convertir en esclavo de su ambición.

Con el descanso del séptimo día, se intentaba salvar la soberanía del hombre sobre la creación, y que este hombre no se convirtiera en siervo de la tiranía de sus propias inclinaciones.

Durante seis días de la semana todo hombre se encuentra atrapado en el engranaje de un tiempo programado. Pero el día séptimo el hombre debiera volver a disponer de su tiempo, y tener un respiro.

6.- La ley divina protege al hombre, pero el hombre no lo comprende. El hombre no acepta la virtud del descanso y se convierte en prisionero de su codicia. Se vuelca hacia las cosas y se olvida de Dios, olvida el rostro de las personas y se olvida de sí mismo. El hombre se reduce, entonces, a una máquina de producción. La ley era buena, muy buena, en sus inicios...

Sin embargo, la Ley no estuvo privada de nuestros excesos humanos. Surgieron actitudes desorbitadas que convirtieron la Ley en un Yugo y en los más lamentables grilletes. Baste el recordar que la Ley Judía y la que observan las sectas fundamentalistas, está compuesta no tan sólo por diez mandamientos, sino por 678 preceptos: de los cuales hay 365 prescripciones y 313 prohibiciones.

Surgió entonces el grupo de los fariseos, ... los defensores de la Ley, de la tradición y de la estricta observancia. Ellos cumplen meticulosamente todos los preceptos de la Ley, detallándolos y multiplicándolos.

A pesar de lo anterior, ellos tuvieron una gran influencia religioso-ideológica sobre el pueblo, eran mirados con admiración por la gente sencilla,... aunque el Señor Jesús no se deja engañar por los rostros maquillados.

El Señor reconoce su autoridad, pero criticará su casuística intransigente y denunciará su legalismo, su hipocresía, su ambición y las presiones desproporcionadas que ejercían sobre la gente más sencilla.

Al mismo tiempo, el Señor Jesús desautorizó el presunto carácter salvador de la Ley Mosaica. La ley era un pedagogo mientras que el hombre llegaba a la madurez. Pero esa desautorización no dejará al hombre a la deriva, remitido sólo a sí mismo, sino que le remitirá a la gracia y al propio Jesús.

7.- Jesús nos anuncia la libertad del hombre nuevo, que no es ésta la libertad del egoísmo, sino la libertad del amor.

El hombre que Jesús concibe es el hombre a quien en realidad le es exigido más que a nadie, pues las exigencias del amor son las más radicales que existen.

Con Jesucristo la Ley olvida el deber y busca el ser, la vida religiosa deja de ser imposición y se convierte en Evangelio, una fe vivida en la alegría.

8.- Hablamos de algo totalmente nuevo: “Os doy un nuevo mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado”. Se trata de un mandamiento que no se encuentra en ninguna otra religión. La misma Ley Judía, y la ley de aquellos que llamándose cristianos se quedan en el Antiguo Testamento, le pide al creyente amar a Dios primero y después al prójimo con la intensidad en que nos amamos a nosotros mismos.

Ahora, las cosas son distintas,... es Dios quien no nos pide que le amemos primero; sino que, al amarnos Él primero, hasta dar su vida en la cruz, quiere que en esa misma dimensión nos amemos los unos a los otros, y esto es el ser cristiano. En el cristianismo lo primero no es amar a Dios y luego al prójimo, sino que lo primero es que Dios nos ha amdo y lo segundo es que nos amemos cómo Él nos ha amado.

9.- ¡Por favor! No le quites la vida al inocente al negarle la trasfusión o la donación de un órgano, aprende a amarle como Jesús nos ama, hasta dar nuestra propia vida, no quitándole la suya

Amar al hermano como Cristo nos ha amado, significa amarle hasta ser capaces de no rechazar ni claudicar en nuestra experiencia de dolor, de soledad, de abandono, de traición, de desprecio, de burlas, de injusticia,.... y hasta dar la misma vida. De esa manera amó Cristo.

El Señor Jesús está dejando en claro que las exigencias del amor son en mucho más grandes que todos los requisitos de la ley. El ser humano que se compromete a una relación legalista, puede llegar a un punto en que diga: “Ya he hecho lo suficiente. Ya he cumplido todas mis obligaciones”. Por el contrario, el amor nunca lo podrá decir. Si sigo la ley, haré todo lo que debo hacer. Si sigo el amor, haré todo lo que pueda hacer.

La novedad cristiana radica en que el amor no es “legalizable”, no puede ser preceptuado. El cristiano está llamado, “simple” y “sencillamente” al seguimiento de Cristo,... Incluyendo, el dar la vida por el hermano.

Este es nuestro distintivo y la forma en que aquellos que nos encuentren conozcan que somos en verdad de Cristo, y no testigos de la antiguedad.

 

HACER DEL MATRIMONIO EL CIELO

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si me aman, cumplirán mis mandamientos; yo le rogaré al Padre y Él les enviará otro Consolador que esté siempre con ustedes, el Espíritu de verdad”.

 

1.- Hablando sobre el amor cristiano, les quiero dedicar este fragmento de reflexión a mi hermana Maribel y a su esposo Lalo, a mi hermana Hermila y a su esposo Benjamín, a mi hermana Rosario y a su esposo Jesús, a mi hermano José Luis y a Norma su esposa, y a mi hermano Efrén y a Alma su esposa, lo mismo que a Beto y a Lulú. Este fragmento es una condensación que he reconstruído de un material que traigo en la memoria sobre un libro de Erma Bombeck titulado: Hacer del Matrimonio el cielo.

2.- “Estábamos allí sentados, los dos, uno frente al otro, en la mesa de jardín, en el patio de la casa.

Nos veíamos un tanto ridículos con aquellos sombreros de fiesta atados a la barbilla, ambos con cuarentaycinco años de edad.

La verdad es que yo había imaginado siempre de una manera muy distinta mis bodas de plata.

Yo siempre había imaginado una gran carpa blanca adornada con bellas flores. Una orquesta iba a tocar bellas melodías, mientras los invitados iban a pasear por doquier. Bill me iba a dar arándanos fuera de temporada, e íbamos a compartir regalos iguales: un par de brazaletes de oro con diamantes engarzados. Mientras la orquesta tocaba nuestra melodía preferida: “Nuestro amor nunca acabará”, ambos nos ibamos a deslizar por la pista del baile.

Al final nos ibamos a despedir desde la cubierta de un barco. Ibamos a lanzar serpentinas, y mientras nuestros hijos se quedaban llorando en el muelle, nosotros ibamos a brindar con copas de champagña...

Pero,... las cosas han resultado de forma muy distinta: nuestros hijos han asado salchichas y hamburguesas en el patio de la casa. Ellos las han engullido y se han marchado, dejándonos a nosotros que recojamos los vasos, los platos, los cubiertos, los manteles, las mesas, las sillas…

Mientras Bill empezaba a trabajar, yo veía sobre la mesa los regalos que nos hicieron: nos regalaron un par... de batas de baño con nuestra iniciales bordadas. Allí se encontraba también el regalo que Bill me hizo: me regalo un,... dispositivo para la ducha, de esos que tienen hasta cinco operaciones, desde una suave brisa que acaricia el rostro hasta un potente chorro que casi me lanza contra la pared.

En otro tiempo, yo hubiese esperado una recepción distinta: que nos recibieran todos de pie, con una ovasión y un aplauso, pero ahora parece que las cosas han cambiado: nuestros amigos nos miran un tanto con tristeza, ellos piensan que no hemos tenido el valor como para tomar otro tipo de desiciones,... pero ellos se equivocan, porque yo amo a Bill y sé que él me ama a mí. Nuestros hijos nos miran con extrañeza como si fuéramos una especie de animales en extinsión.

Me gusta mucho leer las participaciones sociales en la prensa, sobretodo cuando alguien cumple cincuenta o sesenta años de matrimonio. Pienso y me imagino que yo también puedo cumplirlos. Lo que no me gusta es la fotografía: dos personas sentadas una junto a la otra pero sin tomarse de la mano. A ella se le empieza a ver el cabello ralo y a él se le mira ya el cuero cabelludo. Ambos traen gafas iguales.

Mientras pensaba en esto, Bill se acercó y me dijo: pasamos una bonita noche, ¿no es así? “Claro que sí -le contesté-. ¿te gustaría comerte la útima hamburguesa? –me preguntó.

Yo la acepté, y mientras la empezaba a comer: pensaba en aquella lista de cosas que hacia veinticinco años había escrito y que me hubiesen gustado que Bill cambiara, y la verdad es que ha cambiado muy pocas cosas: Él sigue siendo un impuntual, yo no comprendo como él no puede imaginar que la puntualidad no es cuestión ni de un reloj ni de tiempo sino de educación, de cariño, de respeto y de atención para la persona amada. También el sigue siendo un desmañanado, a él le gusta levantarse muy temprano y a mí me gusta levantarme más tarde, el problema no es a que horas se lavanta, sino que parece que le gusta azotar la puertas y los cajones mientras que yo necesito descansar un poco más. Tengo que admitir que algunas cosas sí las ha cambiado: antes le gustaba irse con los amigotes, y ahora lo ha modificado por irse a trotar por las tardes o irse de pesca. Yo también le he enseñado cosas buenas: antes no le gustaban las verduras y ahora las come dos, tres o hasta cuatro veces por semana, y él sabe que está comiendo cosas más sanas.

Pensaba en ese momento: sí acaso él tenía alguna lista con las cosas que le hubiese gustado que yo cambiara y me provocaba terror el pensar cuantas de esas cosas él había tachoneado.

Mientras estaba en estos pensamiento, volteé a mirarlo y le veía que seguía trabajando, plegando sillas y entonces no me resisti a hacerle un comentario que nunca he podido olvidar:

¡Oye, Bill! –Mande-, me contesto sin siquiera voltear.

¿Sabías tú que Richard Burton le regalo a Elizabeth Taylor un diamante muy raro?
Ahá – contestó sin siquiera voltear y mientras seguía trabajando.

¡Oye, Bill! –Mande-, parecía gruñir cuando nuevamente me contestó y seguía desarmando algunas mesas.

¿Sabías tú que Elizabeth Taylor le regaló a Richard Burton un abrigo largo de piel?

Él entonces no aguantó más, dejó a un lado las sillas y las mesas, se acercó a donde estaba yo y me dijo con molestia: ¿Y para qué crées que iba yo a querer un abrigo largo de piel? Después se fue a seguir trabajando.

La verdad es que yo le amo a él y sé que él me ama a mí. Hemos pasado muchos momentos juntos, algunos alegres y otros sumamente difíciles.

Son veinticinco años juntos y hemos sobrevivido a dos guerras, a tres cambios de casa, a ocho cambios de coche, a la muerte de dos de nuestros hijos. Sin lugar a dudas, el momentos más difícil de nuestra vida y el momento en que más unidos hemos estado.

Yo le he cortado el cabello unas doscientas o trascientas veces y le he doblado la ropa interior 33, 435 ocasiones.

Él me ha lavado los pies cuando en los días de embarazo yo ni siquiera puedo tocarlos. Y cuando he estado en el hospital, por embarazo o por enfermedad, él ha estado siempre junto a mí. Quizá lo más extraordinario de todo es el que él ha vuelto a estacionar el coche 18,675 veces en que yo lo he dejado mal estacionado, incluyendo el regresar el asiento a su posición original.

Hemos compartido el closet, las deudas, el dentrífico, los parientes...

Y sobre todo me agrada que él es una persona recta, a él le gusta ser honesto y leal. Así en el trabajo: Si él tiene un peso es porque él se lo ha ganado, a él no le gusta hacer las cosas, más que como Dios manda. Me gusta que sea así, porque sé que es un valor que vive también en el matrimonio: sé que él es leal conmigo, que él es fiel, que él es honesto y que él obra como Dios manda.

Mientra pensaba en esto. Nuevamente él se acercó y me dijo: “te tengo un regalo sorpresa”.

-¿Qué es?- Le pregunté con ilusión. -Cierra los ojos-, me dijo. Y cuando me pidió que los abriera, él tenía escondido algo entre sus manos. Fue abriendo dedo por dedo, y cuando al final terminó, tenía asido con el dedo pulgar e índice de su mano derecha una.... coliflor de esas que salen en los frascos de los pepinillos.

“La guardé para ti” –me dijo con alegría.

Después continúo: “Yo sabía que te gustaban, y si la hubiese dejado allí, los muchachos la hubiesen devorado”. Pero, ¿sabes por qué la guarde?

Porque me recordó el día en que te conocí. ¿Tú te acuerdas?

Recordé aquel día en que entré a aquel restaurante del pueblo. Tú estabas ya sentada en una mesa comiendo una hamburguesa. Cuando te ví, yo me senté lo más cercano a tu mesa, te miraba de reojo, y le pedí al mesero que también me trajera una hamburguesa y, algo como esto, que tú tenías en el plato, y que yo ni siquiera sabía que existían, ni mucho menos cómo se llamaban.

Me recordó ese primer día en que te ví, y en que me enamoré de ti. Me recordó que aceptaste que nos pudieramos ver en otra ocasión.

¿Sabes? El día en que aceptaste ser mi novia, sentía que me estaba volviendo loco por la felicidad que experimentaba en mi corazón.

Me recordó que el día en que aceptaste ser mi esposa no podía conciliar el sueño, quería levantar a toda la gente del pueblo y decirles la noticia más grande de mi vida.

¿Sabes? Me duele que en ocasiones las cosas no salgan como yo las planeo, me duele que en muchas ocasiones uno tiene un proyecto y resulta todo lo contrario. Trabajo mucho y en ocasiones gano poco, yo quisiera darte más cosas, pero en ocasiones en lugar de avanzar retrocedo.

Pero esta noche te quiero decir una cosa: Que tú éres lo más valioso en mi vida, que tú éres lo más grande que Dios me ha dado, que soy muy feliz en mi matrimonio, y te quiero decir que una sola cosa le he pedido a Dios en esta noche: le he pedido que si permitiera volver a nacer que me permitiera conocerte otra vez, y que me permitiera volverme a casar contigo.

¿Sabes? Dios ha sido muy bueno conmigo. Y aunque no tenemos muchas cosas, yo a ti no te cambiaría por nada de lo que hay en el mundo. Te amo, ¿lo sabías?

En esos momentos mis ojos lloraban. Bill me había hecho comprender que el amor está hecho de cosas muy sencillas”.

3.- Hermanos muy queridos:

¡Cuánta razón! tenía la madre Teresa de Calcuta cuando decía: No importa lo que das sino el amor con el que lo das.


 


INCONGRUENCIAS.

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si me aman, cumplirán mis mandamientos...

El que acepta mis mandamientos y los cumple, ése me ama. El que me ama a mí, lo amará mi Padre, yo también lo amaré y me manifestaré a él.”

 


1.- Muy queridos amigos:

La incongruencia es la disociación, la separación, el divorcio, la no correspondencia, la inconsistencia, la inadecuación entre lo que se espera y aquello que se ofrece.

Todos sabemos, tú y yo somos conscientes, que nuestro mundo se está muriendo por las incongruencias, que nuestra patria está agonizando por las incongruencias, que nuestra Iglesia se enferma por las incongruencias, que la familia se destruye por las incongruencias, y que el hombre se duele y ya no confía en nadie precisamente a causa de tantas y tantas incongruencias.

2.- Incongruencia suele ser esa distancia que existe entre el decir y el hacer, y a esto le llamamos fariseísmo. Pero incongruencia es también la separación existente entre aquello que somos y lo que dejamos de hacer, y a esto le llamamos incoherencia.

Tan incongruente es aquel que predica en el púlpito, o en los areópagos de la radio y de otros medios, y que no vive lo que predica; como incongruente es aquel que posee una identidad y que no vive de acuerdo a aquello que le identifica.

A todos nosotros, a los que, por gracia de Dios, nos toca hablar sobre el Evangelio, se nos puede tildar de incongruentes cada vez que no vivimos lo que enseñamos, cuando nos especializamos en imponer cargas sobre los hombros de los demás, que nosotros no somos capaces de cargar. Y de esta manera, en la medida de que el radio de alcance de la palabra se extiende, la propensión a ser juzgado también crece,... y nuestra lucha no debe ser contra el juicio que se tenga en torno nuestro, sino que nuestro combate debe ser precisamente contra nuestras incongruencias.

Pero, las cosas no se quedan alli; nuestro análisis no puede quedarse allí,... también somos incongruentes muchos de nosotros, ministros y fieles que nos llamamos cristianos y que no somos capaces de actuar en la vida diaria de acuerdo a nuestra identidad; y quiza aquí en la honestidad debamos empezar nuevamente por los clérigos, por los ministros de Dios, los sacerdotes en las parroquias y en los seminarios, pero sin quedarnos solamente en ellos.

Y es que incongruentes somos todos los cristianos cuando decimos amar a Cristo y no guardamos sus mandamientos; ¡sí!,... mucho afecto pero poco efecto en la vida. Cristo ha dado su vida por nosotros y nosotros no somos capaces ni de tenerle presente ni de hacerle presente en nuestra vida.

3.- Tenía razón Hugo Fóscolo, el célebre escritor italiano de “Los Sepulcros” cuando escribía a principios del siglo XIX:

"En el tiempo de bárbaras naciones,
colgaban de las cruces los ladrones;
pero ahora, en el siglo de las luces,
del pecho del ladrón cuelgan las cruces."

Las críticas se dirigirán siempre hacia la incongruencia, y la verdad es que hoy en día la incongruencia no solamente se presenta con el rostro de la injusticia, sino que ha ido tomando los más variados disfraces: el del esposo, el del padre, el del hijo, el del hermano, el de los novios, el del sacerdote, el de la religiosa, el del laico comprometido, y muchos más...

Asomémonos un instante por nuestra ventana para que contemplemos el desfile de la incongruencia, y quizá nos encontraremos jugando nosotros mismos en el patio de nuestra inconsistencia.

Amamos a Cristo pero no cumplimos sus mandamientos,... que no son otros sino el mandamiento del amor y ¡tú bien lo sabes!

4.- Incongruentes son los esposos que dicen conocer y amar a Dios y que durante esos viajes de trabajo, de estudio o de placer viven en otras geografías como si fueran solteros, quitando de su mano la argolla conyugal, como si el círculo de nuestra vida se cinrcunscribiera a un pedazo de metal,... Incongruentes son muchos matrimonios que dicen conocer y amar a Dios y que hasta a círculos de oración asisten, pero guardándose entre sí rencores ancestrales,... Incongruentes son los casados que dicen formar parte de los matrimonios cristianos y que apoyan abiertamente el aborto y la anticoncepción artificial,... Incongruentes son los padres de familia que se la pasan en grupos de apostolado y que en la primera oportunidad asisten a espectáculos que degradan a la persona y su sexualidad... Incongruentes son aquella que llamándose católicas por el derecho a decidir, deciden por todo menos por el Evangelio, y que lejos de vivir el amor generoso pugnan por el amor de los instintos, y que lejos de querer dar la vida son aquellas que se desgastan luchando porque la misma vida de un ser inocente se detenga al arbitrio de aquellas que si bien tienen un vientre que concibe, su corazón tiene tanto tiempo que sufre de apoplejía, esclerocardia es la enfermedad que se padece.

Incongruente es el joven que dice conocer y amar a Cristo pero que su noviazgo no lo vive en los valores cristianos, todo se permite, existen todos los derechos y ninguna de las obligaciones,... Incongruentes somos los hijos que nos hemos vuelto muy apostólicos pero que se nos olvida que el apostolado empieza en nuestra casa con nuestra propia familia,... Incongruentes somos los cristianos que aparentamos mucha piedad pero que cada día faltamos a la caridad con la suegra o con la nuera, con el yerno o con el cuñado y la cuñada.

Incongruentes somos todos aquellos que como falsos místicos hablamos con Dios pero que no le hablamos al hermano,... Incongruentes somos todos aquellos místicos de extrañas órbitas y de vuelos rastreros que vemos a Dios en todas partes pero que no vemos el rostro de nuestro hermano de sangre o no le hablamos a la sobrina por rencores del pasado,... Incongruentes somos todos aquellos que simulando santidad escuchamos la voz de Dios y hasta el revolotear de la alas de los ángeles pero que no escuchamos a nuestro padre que necesita un poco de presencia y de paciencia.

5.- Incongruente es una sociedad como la de un país en el norte del hemisferio, de ese país que le está enviando recursos a tantas sectas, buenas cantidades de dólares y hasta panfletos ofensivos; que ha llenado nuestras casas con impresos que atacan con un P.O. Box al final para que recibas mayores ofensas y que llenan nuestras calles con misioneros itinerantes y farsantes; una sociedad farisea que en el interior de su nación hace apenas un mes más de un millón de mujeres se manifestaban en Washington a favor del aborto,... ¿para qué vienen a evangelizar afuera y no empiezan por su casa, con una sociedad convertida en la principal consumidora de narcóticos, impulsores del mercado de la pornografía?,... Evangelicen a sus soldados que en Iraq se burlaban del hermano... Incongruentes, empiecen por su propia casa, ¿para qué vienen a predicar? ¿Quieren que dentro de cien años o menos, seamos iguales o peores que ustedes mismos?

Incongruentes somos muchos pseudocristianos que un día nos empecinamos en dividir a nuestras familias, o que le faltamos el respeto a nuestros padres, después de que ellos se preocuparon por engendrarnos para la vida y para la fe, y un día en que nos encontramos con una nodriza somos capaces de renunciar a nuestra propia madre, o de dejarla en el peor de los abandonos, ¡ah!, pero eso sí, cumpliendo setenta horas a la semana de apostolado tocando las puertas de extraños cuando tenemos años y años sin tocarle la puerta a nuestros propios padres, llamándole hermano a todo mundo pero sin hablarle a nuestros hermanos biológicos. ¡Hipócritas! ¡Sepulcros blanqueados! ¡Raza de víboras!

Incongruentes somos cuando decimos amar a Cristo y que no guardamos sus mandamientos, y se trata de todos los mandamientos no nada más aquellos que nos convienen.

6.- El que me ama cumplirá mi palabra. El Señor Jesús pide que le amemos, pero manifestándose que Él mismo nos amará tanto como para dar la vida por nosotros. Nuestras palabras deberán ir acompañadas de nuestras obras.

¡Qué extraño el proceder de muchos que nos llamamos cristianos! Te dices cristiano y sobas la panza del buda al entrar en tu negocio, te llamas cristiano y continúas con tus así llamadas "curiosidades" buscando que te lean el café o el tarot. Te llamas cristiano y crees que las cuadraturas de Júpiter decidirán quién gana un juego de futbol profesional. Es más fácil echarle la culpa a las estrellas que asumir nuestras responsabilidades.

Comprende: No puede ser que junto al Cristo estén los ajos, los moños rojos o la herradura.

7.- Te quería comentar que cuando era vicario parroquial en san Juan Bosco en una ocasión llegó una señora preguntando por mí y al encontrarme me pidió un favor: "Oiga, padre Rogelio me han dicho, gente de mucha confianza, que usted es muy bueno para leer las cartas, le pido que, por favor, me las lea".

Me causó extrañeza lo que me pidió, pensé que estaba jugando conmigo, pero al verla que conservaba la seriedad, también adquirí un semblante de seriedad y le dije: “Sí como no, soy buenísimo para leer las cartas, pero necesito más tiempo y estar en mi escritorio, usted comprenderá,... allí tengo mis cosas", "¿Que le parece si viene mañana?".

La señora asintió y al siguiente día estaba puntual a la entrevista. Una vez sentados en torno al escritorio saque lo necesario y le dije a la señora: "Voy a leerle las Cartas. ¿Qué le parece si empezamos por leerte la Carta de san Pablo a los Gálatas aquí en donde dice que sí un ángel les predicara un Evangelio distinto al de Cristo no le crean? O se me hace que le hace bien que yo le lea la Primera Carta de san Pablo a los Corintios aquí en donde dice: "No se engañen ni los impuros, ni los idólatras, ni los hechiceros... entrarán al reino de los Cielos",... O que le parece...

8.- ¡Qué incongruentes somos los hombres!,... que decimos amar a Cristo y que no cumplimos sus mandamientos.




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