Domingo
1 de Mayo de 2005_________Pbro. Rogelio Narváez
Martínez ______progelio@rosario.org.mx
SIERVOS EN LUGAR DE HIJOS
“En
aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si
me aman, cumplirán mis mandamientos; yo le rogaré
al Padre y Él les enviará otro Consolador que esté
siempre con ustedes, el Espíritu de verdad. El mundo no
puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; ustedes, en cambio,
sí lo conocen, porque habita entre ustedes y estará
en ustedes.
No
los dejaré desamparados, sino que volveré a ustedes.
Dentro de poco, el mundo no me verá más, pero ustedes
sí me verán, porque yo permanezco vivo y ustedes
también vivirán. En aquel día entenderán
que yo estoy en mi Padre, ustedes en mí y yo en ustedes.
El
que acepta mis mandamientos y los cumple, ése me ama. El
que me ama a mí, lo amará mi Padre, yo también
lo amaré y me manifestaré a él.”
Traigamos
a la memoria, en este sexto domingo de la Pascua, una historia que
ha sido escrita con elementos antiguos y que todavía hoy
se redacta con elementos recientes. Se trata no de una unión
de narraciones distintas en un texto sino de una misma historia,
cuya trama se va entretejiendo con relatos que han sido obtenidos
en diferentes épocas y con distintos personajes.
Se
trata de una historia demasiado familiar,... tan familiar nos debe
resultar como lo puede ser tu historia,... y mi historia...
Es
esta una narración sobre unos esclavos acostumbrados a sus
yugos, que tanto se llegaron a familiarizar con sus coyundas y cadenas,
que prácticamente se convirtieron en nuevas extremidades
de su organismo,...
Es
esta la historia de unos extraños esclavos que se sienten
libres al jactarse en el desprecio de la propia libertad y que transforman
sus grilletes en accesorios de presuntuosidad.
Se
trata de la narración sobre un hombre y un pueblo; es esta
la historia de todos los hombres y de todos los pueblos.
2.-
Se trata de ese miedo que provoca la libertad en el ser humano,...
No es otra cosa esta historia que el anhelo que provoca extrañar
la cebollas de la esclavitud cuando te encuentras en las tierras
de la libertad; en donde se prefiere lo seguro aunque se esté
subyugado sobre la mismísima aventura de la libertad en la
incertidumbre y el abandono a la Providencia.
El
hombre le tiene miedo a la experiencia de un Éxodo, de una
salida,... y a iniciar una historia de libertad.
Es
esta la historia de un ser humano que se ha acostumbrado a sus propias
esclavitudes, no es otro que el ciudadano de la caverna al que le
molesta en los ojos la intensidad de la luz del día y que
se siente asfixiar en la angostez de sus braqueas y la explosión
de los pulmones, al estar respirando el aire puro en la tierra de
los libertos.
Es
este el hombre restaurado que sigue usando muletas, es el hombre
erguido que sigue inclinado hacia su bastón, es el ser humano
adulto que sigue usando andadera, es el hombre maduro que necesita
niñera. No es otro, que ese hombre nuevo que quiere seguir
siendo hombre viejo, y el hijo que renuncia a ser hijo para ser
esclavo. Se trata de un ser extraño que rechaza el amor para
vivir en el temor, que renuncia a la alegría del anuncio
de la propia dignidad para proclamar desde lo alto de los púlpitos
un mensaje que atemoriza y que sigue esclavizando las conciencias.
3.-
Se trata de una epidemia que cruzando sigilosamente todas las fronteras
y los retenes sanitarios, ha llegado al territorio cristiano
y se ha expandido escandalosamente, y la verdad, es que son muy
pocos los hombres que podríamos sentirnos libres del contagio.
Esta
enfermedad no es otra que la del legalismo, convertido
en una onerosa casuística vivida en el más degradante
de los fariseísmos.
Son
muchas las expresiones y no pocas las avergonzantes exageraciones.
Se ha llegado a los extremos de abandonar dolosamente el don de
la vida en el inocente por negarle las trasfusiones sanguíneas,
y todo esto amparados por el argumento de una ley que no tiene absolutamente
nada de cristiana,... y es que, en la realidad algunos de ellos
no son cristianos, sino testigos de un antiguo testamento que ha
sido superado por la nueva alianza que en Jesucristo se nos ha ofrecido.
Pero ellos se quedan en el hombre viejo y han renunciado al hombre
nuevo, se han quedado en el primer Adán y han renunciado
al Nuevo y definitivo Adán, que es Cristo, el Hijo de Dios,
hombre nuevo para todos los hombres.
Pero
bueno,... tampoco podemos negar la viga que nosotros podemos llevar
en nuestros ojos. En lo auténtico todos somos muy poco cristianos.
Es
esta la historia de una ley que desplazó al hombre y al mismo
Dios, y si no lo quieres creer, contempla la cruz que tienes en
tu casa: en el nombre de la Ley Dios fue sacrificado, Dios fue condenado
en el nombre de Dios.
4.-
¡Paradógico!, resulta contradictorio
lo que dice el cura,... ¡pues te diré que es más
aberrante lo que sucedió el viernes santo,... y lo que sucede
en tantos viernes santos que se siguen viviendo en el mundo a causa
de aquellos que tenemos el antiguo testamento en las manos y que
en el corazón no tenemos el nuevo testamento.
Se
trata de la Ley, un elemento que fue bondadoso en sus inicios, pero
que se fue adulterando con el paso del tiempo y que se llegó
a contaminar por la intransigencia del hombre, por la dureza de
un corazón retorcido.
Dios
no se ha equivocado, es el hombre el que se equivoca,... pero sucede
que el hombre le atribuye a Dios sus errores, al endosarle sus malas
interpretaciones y la parcialidad de su visión.
5.-
En su orígen, la Ley, junto con la dimensión religiosa
tenía una dimensión social, la ley era profundamente
divina y humana.
A
través de los preceptos se buscaba la justicia, el descanso
del hombre, la protección del débil, el respeto por
la vida, el decoro de la sexualidad, la salvaguarda de la familia,
el testimonio y la defensa de la verdad,... En pocas palabras,...
que el hombre fuera más humano.
El
descanso sabático se prescribía, en el libro del Éxodo,
recordando la obra del Creador y así su descanso el séptimo
día: seis días trabajarás y al séptimo
descansarás; en el Deuteronomio, por su parte, le recuerda
a Israel el tiempo de la esclavitud en Egipto, y que debe tratar
humanamente a su siervo y que él mismo no se debe convertir
en esclavo de su ambición.
Con
el descanso del séptimo día, se intentaba salvar la
soberanía del hombre sobre la creación, y que este
hombre no se convirtiera en siervo de la tiranía de sus propias
inclinaciones.
Durante
seis días de la semana todo hombre se encuentra atrapado
en el engranaje de un tiempo programado. Pero el día séptimo
el hombre debiera volver a disponer de su tiempo, y tener un respiro.
6.-
La ley divina protege al hombre, pero el hombre no lo comprende.
El hombre no acepta la virtud del descanso y se convierte
en prisionero de su codicia. Se vuelca hacia las cosas y se olvida
de Dios, olvida el rostro de las personas y se olvida de sí
mismo. El hombre se reduce, entonces, a una máquina de producción.
La ley era buena, muy buena, en sus inicios...
Sin
embargo, la Ley no estuvo privada de nuestros excesos humanos. Surgieron
actitudes desorbitadas que convirtieron la Ley en un Yugo y en los
más lamentables grilletes. Baste el recordar que la Ley Judía
y la que observan las sectas fundamentalistas, está compuesta
no tan sólo por diez mandamientos, sino por 678
preceptos: de los cuales hay 365 prescripciones y 313 prohibiciones.
Surgió
entonces el grupo de los fariseos, ... los defensores de la Ley,
de la tradición y de la estricta observancia. Ellos cumplen
meticulosamente todos los preceptos de la Ley, detallándolos
y multiplicándolos.
A
pesar de lo anterior, ellos tuvieron una gran influencia religioso-ideológica
sobre el pueblo, eran mirados con admiración por la gente
sencilla,... aunque el Señor Jesús no se deja engañar
por los rostros maquillados.
El
Señor reconoce su autoridad, pero criticará su casuística
intransigente y denunciará su legalismo, su hipocresía,
su ambición y las presiones desproporcionadas que ejercían
sobre la gente más sencilla.
Al
mismo tiempo, el Señor Jesús desautorizó el
presunto carácter salvador de la Ley Mosaica. La ley era
un pedagogo mientras que el hombre llegaba a la madurez. Pero esa
desautorización no dejará al hombre a la deriva, remitido
sólo a sí mismo, sino que le remitirá a la
gracia y al propio Jesús.
7.-
Jesús nos anuncia la libertad del hombre nuevo, que no es
ésta la libertad del egoísmo, sino la libertad del
amor.
El
hombre que Jesús concibe es el hombre a quien en realidad
le es exigido más que a nadie, pues las exigencias del amor
son las más radicales que existen.
Con
Jesucristo la Ley olvida el deber y busca el ser, la vida religiosa
deja de ser imposición y se convierte en Evangelio, una fe
vivida en la alegría.
8.-
Hablamos de algo totalmente nuevo: “Os doy un nuevo mandamiento:
que se amen los unos a los otros como yo los he amado”. Se
trata de un mandamiento que no se encuentra en ninguna otra religión.
La misma Ley Judía, y la ley de aquellos que llamándose
cristianos se quedan en el Antiguo Testamento, le pide al creyente
amar a Dios primero y después al prójimo con la intensidad
en que nos amamos a nosotros mismos.
Ahora,
las cosas son distintas,... es Dios quien no nos pide que le amemos
primero; sino que, al amarnos Él primero, hasta dar su vida
en la cruz, quiere que en esa misma dimensión nos amemos
los unos a los otros, y esto es el ser cristiano. En el cristianismo
lo primero no es amar a Dios y luego al prójimo, sino que
lo primero es que Dios nos ha amdo y lo segundo es que nos amemos
cómo Él nos ha amado.
9.-
¡Por favor! No le quites la vida al inocente al negarle la
trasfusión o la donación de un órgano, aprende
a amarle como Jesús nos ama, hasta dar nuestra propia vida,
no quitándole la suya
Amar
al hermano como Cristo nos ha amado, significa amarle hasta ser
capaces de no rechazar ni claudicar en nuestra experiencia de dolor,
de soledad, de abandono, de traición, de desprecio, de burlas,
de injusticia,.... y hasta dar la misma vida. De esa manera amó
Cristo.
El
Señor Jesús está dejando en claro que las exigencias
del amor son en mucho más grandes que todos los requisitos
de la ley. El ser humano que se compromete a una relación
legalista, puede llegar a un punto en que diga: “Ya he hecho
lo suficiente. Ya he cumplido todas mis obligaciones”. Por
el contrario, el amor nunca lo podrá decir. Si sigo la ley,
haré todo lo que debo hacer. Si sigo el amor, haré
todo lo que pueda hacer.
La
novedad cristiana radica en que el amor no es “legalizable”,
no puede ser preceptuado. El cristiano está llamado, “simple”
y “sencillamente” al seguimiento de Cristo,... Incluyendo,
el dar la vida por el hermano.
Este
es nuestro distintivo y la forma en que aquellos que nos encuentren
conozcan que somos en verdad de Cristo, y no testigos de la antiguedad.
HACER DEL MATRIMONIO
EL CIELO
“En aquel tiempo, Jesús
dijo a sus discípulos: “Si me aman, cumplirán
mis mandamientos; yo le rogaré al Padre y Él les enviará
otro Consolador que esté siempre con ustedes, el Espíritu
de verdad”.
1.-
Hablando sobre el amor cristiano, les quiero dedicar este fragmento
de reflexión a mi hermana Maribel y a su esposo Lalo, a mi
hermana Hermila y a su esposo Benjamín, a mi hermana Rosario
y a su esposo Jesús, a mi hermano José Luis y a Norma
su esposa, y a mi hermano Efrén y a Alma su esposa, lo mismo
que a Beto y a Lulú. Este fragmento es una condensación
que he reconstruído de un material que traigo en la memoria
sobre un libro de Erma Bombeck titulado: Hacer
del Matrimonio el cielo.
2.-
“Estábamos allí sentados,
los dos, uno frente al otro, en la mesa de jardín, en el
patio de la casa.
Nos
veíamos un tanto ridículos con aquellos sombreros
de fiesta atados a la barbilla, ambos con cuarentaycinco años
de edad.
La
verdad es que yo había imaginado siempre de una manera muy
distinta mis bodas de plata.
Yo
siempre había imaginado una gran carpa blanca adornada con
bellas flores. Una orquesta iba a tocar bellas melodías,
mientras los invitados iban a pasear por doquier. Bill me iba a
dar arándanos fuera de temporada, e íbamos a compartir
regalos iguales: un par de brazaletes de oro con diamantes engarzados.
Mientras la orquesta tocaba nuestra melodía preferida: “Nuestro
amor nunca acabará”, ambos nos ibamos a deslizar por
la pista del baile.
Al
final nos ibamos a despedir desde la cubierta de un barco. Ibamos
a lanzar serpentinas, y mientras nuestros hijos se quedaban llorando
en el muelle, nosotros ibamos a brindar con copas de champagña...
Pero,...
las cosas han resultado de forma muy distinta: nuestros hijos han
asado salchichas y hamburguesas en el patio de la casa. Ellos las
han engullido y se han marchado, dejándonos a nosotros que
recojamos los vasos, los platos, los cubiertos, los manteles, las
mesas, las sillas…
Mientras
Bill empezaba a trabajar, yo veía sobre la mesa los regalos
que nos hicieron: nos regalaron un par... de batas de baño
con nuestra iniciales bordadas. Allí se encontraba también
el regalo que Bill me hizo: me regalo un,... dispositivo para la
ducha, de esos que tienen hasta cinco operaciones, desde una suave
brisa que acaricia el rostro hasta un potente chorro que casi me
lanza contra la pared.
En
otro tiempo, yo hubiese esperado una recepción distinta:
que nos recibieran todos de pie, con una ovasión y un aplauso,
pero ahora parece que las cosas han cambiado: nuestros amigos nos
miran un tanto con tristeza, ellos piensan que no hemos tenido el
valor como para tomar otro tipo de desiciones,... pero ellos se
equivocan, porque yo amo a Bill y sé que él me ama
a mí. Nuestros hijos nos miran con extrañeza como
si fuéramos una especie de animales en extinsión.
Me
gusta mucho leer las participaciones sociales en la prensa, sobretodo
cuando alguien cumple cincuenta o sesenta años de matrimonio.
Pienso y me imagino que yo también puedo cumplirlos. Lo que
no me gusta es la fotografía: dos personas sentadas una junto
a la otra pero sin tomarse de la mano. A ella se le empieza a ver
el cabello ralo y a él se le mira ya el cuero cabelludo.
Ambos traen gafas iguales.
Mientras
pensaba en esto, Bill se acercó y me dijo: pasamos una bonita
noche, ¿no es así? “Claro que sí -le
contesté-. ¿te gustaría comerte la útima
hamburguesa? –me preguntó.
Yo
la acepté, y mientras la empezaba a comer: pensaba en aquella
lista de cosas que hacia veinticinco años había escrito
y que me hubiesen gustado que Bill cambiara, y la verdad es que
ha cambiado muy pocas cosas: Él sigue siendo un impuntual,
yo no comprendo como él no puede imaginar que la puntualidad
no es cuestión ni de un reloj ni de tiempo sino de educación,
de cariño, de respeto y de atención para la persona
amada. También el sigue siendo un desmañanado, a él
le gusta levantarse muy temprano y a mí me gusta levantarme
más tarde, el problema no es a que horas se lavanta, sino
que parece que le gusta azotar la puertas y los cajones mientras
que yo necesito descansar un poco más. Tengo que admitir
que algunas cosas sí las ha cambiado: antes le gustaba irse
con los amigotes, y ahora lo ha modificado por irse a trotar por
las tardes o irse de pesca. Yo también le he enseñado
cosas buenas: antes no le gustaban las verduras y ahora las come
dos, tres o hasta cuatro veces por semana, y él sabe que
está comiendo cosas más sanas.
Pensaba
en ese momento: sí acaso él tenía alguna lista
con las cosas que le hubiese gustado que yo cambiara y me provocaba
terror el pensar cuantas de esas cosas él había tachoneado.
Mientras
estaba en estos pensamiento, volteé a mirarlo y le veía
que seguía trabajando, plegando sillas y entonces no me resisti
a hacerle un comentario que nunca he podido olvidar:
¡Oye,
Bill! –Mande-, me contesto sin siquiera voltear.
¿Sabías
tú que Richard Burton le regalo a Elizabeth Taylor un diamante
muy raro?
Ahá – contestó sin siquiera voltear y mientras
seguía trabajando.
¡Oye,
Bill! –Mande-, parecía gruñir cuando nuevamente
me contestó y seguía desarmando algunas mesas.
¿Sabías
tú que Elizabeth Taylor le regaló a Richard Burton
un abrigo largo de piel?
Él
entonces no aguantó más, dejó a un lado las
sillas y las mesas, se acercó a donde estaba yo y me dijo
con molestia: ¿Y para qué crées que iba yo
a querer un abrigo largo de piel? Después se fue a seguir
trabajando.
La
verdad es que yo le amo a él y sé que él me
ama a mí. Hemos pasado muchos momentos juntos, algunos alegres
y otros sumamente difíciles.
Son
veinticinco años juntos y hemos sobrevivido a dos guerras,
a tres cambios de casa, a ocho cambios de coche, a la muerte de
dos de nuestros hijos. Sin lugar a dudas, el momentos más
difícil de nuestra vida y el momento en que más unidos
hemos estado.
Yo
le he cortado el cabello unas doscientas o trascientas veces y le
he doblado la ropa interior 33, 435 ocasiones.
Él
me ha lavado los pies cuando en los días de embarazo yo ni
siquiera puedo tocarlos. Y cuando he estado en el hospital, por
embarazo o por enfermedad, él ha estado siempre junto a mí.
Quizá lo más extraordinario de todo es el que él
ha vuelto a estacionar el coche 18,675 veces en que yo lo he dejado
mal estacionado, incluyendo el regresar el asiento a su posición
original.
Hemos
compartido el closet, las deudas, el dentrífico, los parientes...
Y
sobre todo me agrada que él es una persona recta, a él
le gusta ser honesto y leal. Así en el trabajo: Si él
tiene un peso es porque él se lo ha ganado, a él no
le gusta hacer las cosas, más que como Dios manda. Me gusta
que sea así, porque sé que es un valor que vive también
en el matrimonio: sé que él es leal conmigo, que él
es fiel, que él es honesto y que él obra como Dios
manda.
Mientra
pensaba en esto. Nuevamente él se acercó y me dijo:
“te tengo un regalo sorpresa”.
-¿Qué
es?- Le pregunté con ilusión. -Cierra los ojos-, me
dijo. Y cuando me pidió que los abriera, él tenía
escondido algo entre sus manos. Fue abriendo dedo por dedo, y cuando
al final terminó, tenía asido con el dedo pulgar e
índice de su mano derecha una.... coliflor de esas que salen
en los frascos de los pepinillos.
“La
guardé para ti” –me dijo con alegría.
Después
continúo: “Yo sabía que te gustaban, y si la
hubiese dejado allí, los muchachos la hubiesen devorado”.
Pero, ¿sabes por qué la guarde?
Porque
me recordó el día en que te conocí. ¿Tú
te acuerdas?
Recordé
aquel día en que entré a aquel restaurante del pueblo.
Tú estabas ya sentada en una mesa comiendo una hamburguesa.
Cuando te ví, yo me senté lo más cercano a
tu mesa, te miraba de reojo, y le pedí al mesero que también
me trajera una hamburguesa y, algo como esto, que tú tenías
en el plato, y que yo ni siquiera sabía que existían,
ni mucho menos cómo se llamaban.
Me
recordó ese primer día en que te ví, y en que
me enamoré de ti. Me recordó que aceptaste que nos
pudieramos ver en otra ocasión.
¿Sabes?
El día en que aceptaste ser mi novia, sentía que me
estaba volviendo loco por la felicidad que experimentaba en mi corazón.
Me
recordó que el día en que aceptaste ser mi esposa
no podía conciliar el sueño, quería levantar
a toda la gente del pueblo y decirles la noticia más grande
de mi vida.
¿Sabes?
Me duele que en ocasiones las cosas no salgan como yo las planeo,
me duele que en muchas ocasiones uno tiene un proyecto y resulta
todo lo contrario. Trabajo mucho y en ocasiones gano poco, yo quisiera
darte más cosas, pero en ocasiones en lugar de avanzar retrocedo.
Pero
esta noche te quiero decir una cosa: Que tú éres lo
más valioso en mi vida, que tú éres lo más
grande que Dios me ha dado, que soy muy feliz en mi matrimonio,
y te quiero decir que una sola cosa le he pedido a Dios en esta
noche: le he pedido que si permitiera volver a nacer que me permitiera
conocerte otra vez, y que me permitiera volverme a casar contigo.
¿Sabes?
Dios ha sido muy bueno conmigo. Y aunque no tenemos muchas cosas,
yo a ti no te cambiaría por nada de lo que hay en el mundo.
Te amo, ¿lo sabías?
En
esos momentos mis ojos lloraban. Bill me había hecho comprender
que el amor está hecho de cosas muy sencillas”.
3.-
Hermanos muy queridos:
¡Cuánta
razón! tenía la madre Teresa de Calcuta cuando decía:
No importa lo que das sino el amor con el que lo das.
INCONGRUENCIAS.
“En
aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si
me aman, cumplirán mis mandamientos...
El
que acepta mis mandamientos y los cumple, ése me ama. El
que me ama a mí, lo amará mi Padre, yo también
lo amaré y me manifestaré a él.”
1.- Muy queridos amigos:
La
incongruencia es la disociación, la separación, el
divorcio, la no correspondencia, la inconsistencia, la inadecuación
entre lo que se espera y aquello que se ofrece.
Todos
sabemos, tú y yo somos conscientes, que nuestro mundo se
está muriendo por las incongruencias, que nuestra patria
está agonizando por las incongruencias, que nuestra Iglesia
se enferma por las incongruencias, que la familia se destruye por
las incongruencias, y que el hombre se duele y ya no confía
en nadie precisamente a causa de tantas y tantas incongruencias.
2.-
Incongruencia suele ser esa distancia que existe entre el decir
y el hacer, y a esto le llamamos fariseísmo. Pero
incongruencia es también la separación existente entre
aquello que somos y lo que dejamos de hacer, y a esto le llamamos
incoherencia.
Tan
incongruente es aquel que predica en el púlpito, o en los
areópagos de la radio y de otros medios, y que no vive lo
que predica; como incongruente es aquel que posee una identidad
y que no vive de acuerdo a aquello que le identifica.
A
todos nosotros, a los que, por gracia de Dios, nos toca hablar sobre
el Evangelio, se nos puede tildar de incongruentes cada vez que
no vivimos lo que enseñamos, cuando nos especializamos en
imponer cargas sobre los hombros de los demás, que nosotros
no somos capaces de cargar. Y de esta manera, en la medida de que
el radio de alcance de la palabra se extiende, la propensión
a ser juzgado también crece,... y nuestra lucha no debe ser
contra el juicio que se tenga en torno nuestro, sino que nuestro
combate debe ser precisamente contra nuestras incongruencias.
Pero,
las cosas no se quedan alli; nuestro análisis no puede quedarse
allí,... también somos incongruentes muchos de nosotros,
ministros y fieles que nos llamamos cristianos y que no somos capaces
de actuar en la vida diaria de acuerdo a nuestra identidad; y quiza
aquí en la honestidad debamos empezar nuevamente por los
clérigos, por los ministros de Dios, los sacerdotes en las
parroquias y en los seminarios, pero sin quedarnos solamente en
ellos.
Y
es que incongruentes somos todos los cristianos cuando decimos amar
a Cristo y no guardamos sus mandamientos; ¡sí!,...
mucho afecto pero poco efecto en la vida. Cristo ha dado su vida
por nosotros y nosotros no somos capaces ni de tenerle presente
ni de hacerle presente en nuestra vida.
3.-
Tenía razón Hugo Fóscolo, el célebre
escritor italiano de “Los Sepulcros” cuando escribía
a principios del siglo XIX:
"En
el tiempo de bárbaras naciones,
colgaban de las cruces los ladrones;
pero ahora, en el siglo de las luces,
del pecho del ladrón cuelgan las cruces."
Las
críticas se dirigirán siempre hacia la incongruencia,
y la verdad es que hoy en día la incongruencia no solamente
se presenta con el rostro de la injusticia, sino que ha ido tomando
los más variados disfraces: el del esposo, el del padre,
el del hijo, el del hermano, el de los novios, el del sacerdote,
el de la religiosa, el del laico comprometido, y muchos más...
Asomémonos
un instante por nuestra ventana para que contemplemos el desfile
de la incongruencia, y quizá nos encontraremos jugando nosotros
mismos en el patio de nuestra inconsistencia.
Amamos
a Cristo pero no cumplimos sus mandamientos,... que no son otros
sino el mandamiento del amor y ¡tú bien lo sabes!
4.-
Incongruentes son los esposos que dicen conocer y amar a Dios y
que durante esos viajes de trabajo, de estudio o de placer viven
en otras geografías como si fueran solteros, quitando de
su mano la argolla conyugal, como si el círculo de nuestra
vida se cinrcunscribiera a un pedazo de metal,... Incongruentes
son muchos matrimonios que dicen conocer y amar a Dios y que hasta
a círculos de oración asisten, pero guardándose
entre sí rencores ancestrales,... Incongruentes son los casados
que dicen formar parte de los matrimonios cristianos y que apoyan
abiertamente el aborto y la anticoncepción artificial,...
Incongruentes son los padres de familia que se la pasan en grupos
de apostolado y que en la primera oportunidad asisten a espectáculos
que degradan a la persona y su sexualidad... Incongruentes son aquella
que llamándose católicas por el derecho a decidir,
deciden por todo menos por el Evangelio, y que lejos de vivir el
amor generoso pugnan por el amor de los instintos, y que lejos de
querer dar la vida son aquellas que se desgastan luchando porque
la misma vida de un ser inocente se detenga al arbitrio de aquellas
que si bien tienen un vientre que concibe, su corazón tiene
tanto tiempo que sufre de apoplejía, esclerocardia es la
enfermedad que se padece.
Incongruente
es el joven que dice conocer y amar a Cristo pero que su noviazgo
no lo vive en los valores cristianos, todo se permite, existen todos
los derechos y ninguna de las obligaciones,... Incongruentes somos
los hijos que nos hemos vuelto muy apostólicos pero que se
nos olvida que el apostolado empieza en nuestra casa con nuestra
propia familia,... Incongruentes somos los cristianos que aparentamos
mucha piedad pero que cada día faltamos a la caridad con
la suegra o con la nuera, con el yerno o con el cuñado y
la cuñada.
Incongruentes
somos todos aquellos que como falsos místicos hablamos con
Dios pero que no le hablamos al hermano,... Incongruentes somos
todos aquellos místicos de extrañas órbitas
y de vuelos rastreros que vemos a Dios en todas partes pero que
no vemos el rostro de nuestro hermano de sangre o no le hablamos
a la sobrina por rencores del pasado,... Incongruentes somos todos
aquellos que simulando santidad escuchamos la voz de Dios y hasta
el revolotear de la alas de los ángeles pero que no escuchamos
a nuestro padre que necesita un poco de presencia y de paciencia.
5.-
Incongruente es una sociedad como la de un país en el norte
del hemisferio, de ese país que le está enviando recursos
a tantas sectas, buenas cantidades de dólares y hasta panfletos
ofensivos; que ha llenado nuestras casas con impresos que atacan
con un P.O. Box al final para que recibas mayores ofensas y que
llenan nuestras calles con misioneros itinerantes y farsantes; una
sociedad farisea que en el interior de su nación hace apenas
un mes más de un millón de mujeres se manifestaban
en Washington a favor del aborto,... ¿para qué vienen
a evangelizar afuera y no empiezan por su casa, con una sociedad
convertida en la principal consumidora de narcóticos, impulsores
del mercado de la pornografía?,... Evangelicen a sus soldados
que en Iraq se burlaban del hermano... Incongruentes, empiecen por
su propia casa, ¿para qué vienen a predicar? ¿Quieren
que dentro de cien años o menos, seamos iguales o peores
que ustedes mismos?
Incongruentes
somos muchos pseudocristianos que un día nos empecinamos
en dividir a nuestras familias, o que le faltamos el respeto a nuestros
padres, después de que ellos se preocuparon por engendrarnos
para la vida y para la fe, y un día en que nos encontramos
con una nodriza somos capaces de renunciar a nuestra propia madre,
o de dejarla en el peor de los abandonos, ¡ah!, pero eso sí,
cumpliendo setenta horas a la semana de apostolado tocando las puertas
de extraños cuando tenemos años y años sin
tocarle la puerta a nuestros propios padres, llamándole hermano
a todo mundo pero sin hablarle a nuestros hermanos biológicos.
¡Hipócritas! ¡Sepulcros blanqueados! ¡Raza
de víboras!
Incongruentes
somos cuando decimos amar a Cristo y que no guardamos sus mandamientos,
y se trata de todos los mandamientos no nada más aquellos
que nos convienen.
6.-
El que me ama cumplirá mi palabra. El Señor
Jesús pide que le amemos, pero manifestándose que
Él mismo nos amará tanto como para dar la vida por
nosotros. Nuestras palabras deberán ir acompañadas
de nuestras obras.
¡Qué
extraño el proceder de muchos que nos llamamos cristianos!
Te dices cristiano y sobas la panza del buda al entrar en tu negocio,
te llamas cristiano y continúas con tus así llamadas
"curiosidades" buscando que te lean el café o el
tarot. Te llamas cristiano y crees que las cuadraturas de Júpiter
decidirán quién gana un juego de futbol profesional.
Es más fácil echarle la culpa a las estrellas que
asumir nuestras responsabilidades.
Comprende:
No puede ser que junto al Cristo estén los ajos, los moños
rojos o la herradura.
7.-
Te quería comentar que cuando era vicario parroquial en san
Juan Bosco en una ocasión llegó una señora
preguntando por mí y al encontrarme me pidió un favor:"Oiga, padre Rogelio me han dicho,
gente de mucha confianza, que usted es muy bueno para leer las cartas,
le pido que, por favor, me las lea".
Me
causó extrañeza lo que me pidió, pensé
que estaba jugando conmigo, pero al verla que conservaba la seriedad,
también adquirí un semblante de seriedad y le dije:
“Sí como no, soy buenísimo para leer las cartas,
pero necesito más tiempo y estar en mi escritorio, usted
comprenderá,... allí tengo mis cosas", "¿Que
le parece si viene mañana?".
La
señora asintió y al siguiente día estaba puntual
a la entrevista. Una vez sentados en torno al escritorio saque lo
necesario y le dije a la señora:
"Voy a leerle las Cartas. ¿Qué
le parece si empezamos por leerte la Carta de san Pablo a los Gálatas
aquí en donde dice que sí un ángel les predicara
un Evangelio distinto al de Cristo no le crean? O se me hace que
le hace bien que yo le lea la Primera Carta de san Pablo a los Corintios
aquí en donde dice: "No
se engañen ni los impuros, ni los idólatras, ni los
hechiceros... entrarán al reino de los Cielos",...
O que le parece...
8.-
¡Qué incongruentes somos los hombres!,... que decimos
amar a Cristo y que no cumplimos sus mandamientos.