Domingo
8 de Mayo de 2005_________Pbro. Rogelio Narváez
Martínez ______progelio@rosario.org.mx
SINFONIA INCONCLUSA
“En
aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea y
subieron al monte en el que Jesús los había citado.
Al ver a Jesús, se postraron, aunque algunos titubeaban.
Entonces,
Jesús se acercó a ellos y les dijo: “Me ha
sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues,
y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en
el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y
enseñándolas a cumplir todo cuanto yo les he mandado;
y sepan que yo estaré con ustedes todos los días,
hasta el fin del mundo”.
¿Hay
alguien al que le gusten las despedidas?, ¿Quién
de nosotros no ha rehuído alguna vez la ocasión de
decir adiós y ha preferido mejor desaparecerse discretamente
sin tener que justificar el porqué de nuestras momentáneas
o definitivas ausencias?;...
Todavía
recuerdo aquella tarde de hace 17 años en la Parroquia de
la Resurrección del Señor, parroquia de mi juventud,
cuando teniendo unos 22 años el padre Rafael Uribe, erudito
sacerdote agustino, me pedía que me sentara junto a él
en una comida de despedida que le organizó nuestra comunidad
después de 8 años sirviendo a los fieles de Cristo
de nuestra feligresía. Aquel hombre austero, sencillo, elocuente,
de rasgos duros y en la apariencia seco e inconmovible, abogado
titulado por doble partida, así en las leyes civiles como
en las leyes eclesiásticas,... un hombre que me imponía
siempre con su hábito negro, por su excelente dominio intelectual
en diversos campos y por su carácter fuerte, formado indudablemente
en la recia y antigua disciplina eclesial religiosa. Sentado junto
a él le veía sonreir ante las muestras de afecto de
los bautizados y en su silencio imposibilitado para contener las
lágrimas de sus ojos que le traicionaron y que sin previa
solicitud de permiso escapaban rodando por sus mejillas,... y me
decía: “Rogelio, ¡Quién dice que no cuesta
despedirse es por que nunca lo ha hecho!”... Y yo volteé
a mirarlo y le dije: “y sin embargo está feliz ¿no
es así?” El me dijo: lacónicamente: “sí”,...
Concluí entonces: “Déjese
querer, Don Rafa, ¡Déjese querer!”...
2.-
Todos nosotros debemos ser conscientes de que los caminos tienen
un principio e incluyen un final, que toda competencia
tiene su señal de salida e incluye una meta, que todos los
libros deben de tener una introducción y contemplan alegremente
una conclusión, que todo prólogo promete siempre un
epílogo, que los días poseen sus amaneceres y sus
anocheceres, que existe en el horizonte una aurora y un ocaso, que
la primavera acusará la factura del invierno, que toda obra
musical posee una obertura y también tiene una nota final,
que la niñez trae consigo el germen de la ancianidad y que
el cansancio de la siembra trae en sus espaldas la alegría
de la cosecha. El telonero en el teatro de nuestra vida apenas abre
las cortinas y tiene que estar preparado para cuando deje caer el
telón. ¡Debemos ser conscientes
y consecuentes!
3.-
No obstante, los hombres de nuestro tiempo solemos no darnos cuenta,
o por lo menos vivimos de tal manera, que pareciéramos, sino
en lo teórico sí en lo práctico, querer olvidar
la transitoriedad que encierra nuestra vida y la medida que tiene
todo aquello que se gesta en el tiempo y en el espacio.
Muchas
de nuestras actuaciones en la vida diaria suelen denunciar una falta
de conciencia en torno a nuestra contingencia existencial. Nuestra
vida diaria se vive, las más de las veces, con tanta frivolidad
e irresponsabilidad, que pareciéramos tener en un presupuesto
de seguridad la certeza de la posesión de la eternidad mientras
que estamos viviendo todavía en la temporalidad.
Y
es entonces, que surgen tantas escenas tristes que nos hablan de
nuestros fracasos humanos: edificios sin terminar en las grandes
avenidas; casas residenciales a medio construir; carreteras, autopistas
y anillos viales interrumpidos en su realización, obras de
drenaje pluvial detenidas sin un avistamiento de su conclusión
o simuladas en su inconclusión bajo el silencio de la superficie;
libros diseñados que se han quedado a la mitad de su redacción;
y así tantas y tantas sinfonías inconclusas de la
vida humana.
Hoy,
somos tantos los que cargamos con nuestra propia sinfonía
inconclusa, sobre todo cuando no hemos sido capaces de prever la
limitación real de nuestros recursos. Somos cada vez más,
los que hemos puesto los cimientos de nuestras grandes construcciones
académicas, comerciales, laborales, de inversiones y hasta
familiares, pero que no hemos pensado con seriedad en la necesidad
de diseñar y prever la realización sostenida de todas
y cada una de las etapas de nuestros edificios, especialmente las
últimas.
4.-
No obstante, mi querido amigo:
Es
bueno que, no te quedes discurriendo solamente en tu entorno y en
esas realidades materiales,... de tal manera que puedas asumir la
invitación para que transciendas en los recursos del pensamiento,
y así puedas darte cuenta de que muchas de nuestras familias
y de nuestras propias vidas son esas enciclopedias inacabadas.
Somos
tantas las personas que no asumimos la caducidad de nuestra vida,
y que actuamos en la existencia como si fuéramos eternos,
o por lo menos, cómo si tuviéramos la seguridad de
que vamos a vivir cien años,... o un poquito más.
Piensa
y trata de resolver, no en voz alta sino en la interioridad y en
la sinceridad éstas preguntas:
¿Tu familia está preparada para cuando sobrevenga
tu ausencia? –Sí o no- ¡Sé
sincero!
¿Si el día de mañana,... o esta misma noche,
Dios te llamara a su presencia y tú ya no te encuentras junto
a los tuyos, las cosas podrían continuar con su desarrollo
normal?
¿Están preparados tus seres queridos para asumir el
timón de la embarcación y seguir el rumbo de la vida,
cuando tú no estés al frente de ellos? ¿Saben izar las velas y capitalizar
la fuerza del viento? ¿Les has dado las herramientas
necesarias como para que sigan trabajando en tu ausencia o te has
conformado con entregarles abundantes frutos de un trabajo que ni
siquiera saben cómo se realiza, y que cuándo les toque
a ellos tomar el arado no serán capaces de autoproveerse?
5.-
La fiesta de la Ascensión del Señor nos recuerda a
cada uno en lo personal que, junto con la voluntad general de Dios,
que consiste en la salvación de todos los hombres,
actúa también en nuestra vida una voluntad específica
de parte de Él: Dios nos ha enviado al mundo con una misión.
¿Te has dado cuenta de que un día tenemos que escribir
la última letra en el libro de nuestra vida y de que un día
entonaremos inexorablemente la última nota de nuestro canto?
Una
primera actitud para asumir en la vida cristiana, debiera ser la
necesidad de que aprendamos a vivir nuestra vida en perspectiva.
Esto es lo que nos puede abrir los ojos hacia un futuro que en realidad
no es tan distante, o que por lo menos no nos toca a nosotros determinar
su arribo. Solamente en la medida de que vayamos adquiriendo la
conciencia de la transitoriedad e inexorabilidad del tiempo, podremos
detenernos a pensar en las consecuencias de las cosas que hacemos
en el presente y de aquellas que erróneamente evitamos que
hagan nuestros seres queridos. El ver las cosas en perspectiva,
nos permite avistar el día de mañana y nos impulsa
a ser previsores al sensibilizarnos a causa de la fugacidad de nuestra
presencia al lado de los seres que más amamos.
6.-
Sin embargo, cada vez somos más las personas que queremos
pasarnos la vida resolviendo problemáticas que les tocaría
resolver a nuestros consanguíneos, y asumiendo responsabilidades
de nuestros familiares, viviendo una vida que no es la nuestra y
atrofiando el campo de deberes que tienen otras personas. ¡Por
favor! Te pido que pienses, antes de continuar obrando así,
en ese momento en que ya no estés junto a ellos. ¡Enséñales
a valerse por sí mismos!
Cuando
oigo decir a los padres de familia, incluyendo a mis hermanos y
hermanas, que esperan que sus hijos no vivan las dificultades que
ellos padecieron, no puedo estar totalmente de acuerdo. Tales dificultades
que enfrentamos se han encargado de esculpir el semblante de lo
que nosotros somos ahora. En la incertidumbre de la que estamos
revestidos todos los seres humanos, jamás podremos saber
cuáles serán las situaciones que viviremos el día
de mañana y cuáles serán nuestras desventajas.
Sin embargo, ¡entiende que la peor desventaja que podrán
enfrentar tus hijos en la vida estriba en el no haber aprendido
a luchar!
Si
realmente quieres ayudarles tienes que dejarlos enfrentar la vida
por sí mismos, brindarles las herramientas pero no hacer
los trabajos que a ellos les corresponden, permitir que afronten
adversidades para que puedan conocer y desarrollar su fuerza y sus
capacidades. Recuerda que en los mares tranquilos no se forjan buenos
marineros. Si tú quisieras que tus hijos nunca experimenten
la violencia de un posible naufragio, entonces no les compres un
barco, cómprales una isla, y ¡créeme!, ni siquiera
esto les podrá asegurar una vida totalmente tranquila.
7.-
Queridos amigos:
Hoy,
la liturgia nos invita a reflexionar sobre el retorno de nuestro
Señor Jesucristo a la Casa del Padre, y nos hace presente
esa línea divisoria que existe entre la misión de
Cristo en la tierra y la que será la Misión de su
Iglesia. Hoy es el día en que celebramos el que los Apóstoles
hayan recibido una estafeta para iniciar la parte que les toca en
la noble competición, y es que el tiempo del entrenamiento
se ha terminado.
Jesucristo
asciende victorioso y alegre y se sienta a la derecha del Padre,...
su Iglesia ha sido preparada para asumir sus responsabilidades.
Estoy
convencido de que las múltiples historias del grano de mostaza
que ha subsistido en este árbol, que es la Iglesia, a lo
largo de dos mil años y la de la poca levadura que ha fermentado
la masa de la que se compone el mundo, van unidas a dos factores:
En primerísimo lugar, la presencia del Espíritu Santo
que asiste y en Segundo lugar, el que el Señor haya preparado
a cada uno para sus responsabilidades. A San Pedro le confió
el Primado, los Apóstoles fueron enviados a evangelizar y
están al frente de las comunidades que se van fundando, y
así en un movimiento apostólico ininterrumpido un
día se fundó esta Iglesia de Monterrey que amamos.
8.-
La historia le ha dado la razón a la forma que tuvo de proceder
el Señor: lo que ocurrió en aquel ignorado rincón
de Galilea, lo que inició con aquel puñado de hombres,
con aquellos insignificantes pescadores se ha mantenido de pie,
y sigue siendo una permanente actualidad en nuestros días.
Y la pregunta que tienes que hacerte es:¿cuándo
a tí te toque despedirte, crees que las cosas y los tuyos
continuarán con su curso?
ESTA
HISTORIA CONTINUARÁ...
“En
aquel tiempo, Jesús se acercó a los once y les dijo:
“Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan,
pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas
en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y
enseñándolas a cumplir todo cuanto yo les he mandado;
y sepan que yo estaré con ustedes todos los días,
hasta el fin del mundo”.
1.-
Sobre la fiesta que hoy celebramos: “la Solemnidad de la Ascensión
del Señor” domina una sola pregunta de fondo: ¿Se
trata de una conclusión o de un principio?
Podría
parecerte irrespetuoso e irreverente, el que nos preguntemos todo
esto al leer la Sagrada Escritura, pero bien te podría decir
que el día de hoy se nos está hablando de una Conclusión
que ineludiblemente se convierte en una Introducción.
Y
en esto precisamente se manifiesta el principal sentido de nuestra
fiesta: Para el cristiano la Conclusión se convierte siempre
en la Introducción a una nueva etapa.
2.-
Regresando al texto del Evangelio podemos constatar el que la Ascensión
de Jesucristo se convierte en el inicio de la vida de la Iglesia;
cuando Aquel que es la Cabeza ha ascendido a lo alto de los cielos
es el momento para que su Cuerpo místico inicie sus quehaceres;
una vez que el Pastor habita victorioso en los prados de la eternidad
es el tiempo de que su rebaño se esfuerce en llegar a donde
su Pastor ha ido por delante; es ahora el tiempo de que los hijos
por adopción trabajemos a ejemplo de Aquel que es el Hijo
por naturaleza.
Es
la Solemnidad de la Ascensión, y con ello ha llegado el momento
de que todos aquellos que hemos seguido al Maestro nos convirtamos
en infatigables pescadores de hombres, en aquellos que buscan servir
y no ser servidos, en los pastores que apacientan las ovejas de
aquel que le ha dicho a san Pedro: “apacienta a mi rebaño”.
Es ahora el tiempo de la Iglesia, es el tiempo de los cristianos,
que necesitarán la asistencia del Espíritu Santo,
para continuar con la obra de Aquel que se encarnó por obra
y gracia del Espíritu Santo en el vientre inmaculado de la
Virgen Santísima.
3.-
Cristo ha concluído su obra y ahora se ha iniciado el quehacer
de los apóstoles, y así continuará
la misión de una Iglesia católica, que no tiene ni
veinte ni cien años de haber iniciado su caminar, sino los
mismísimos veinte siglos que tiene el Señor de haber
ascendido a las alturas de la gloria y la eternidad, y de una obra
que si fuera de los hombres se hubiera acabado, como lo decía
el rabino Gamaliel, pero que sí es de Dios aunque nos empecinemos
en destruir no terminará jamás, tal cómo ha
sucedido, por la gracia de Dios.
Se
trata de una Iglesia que bien puede reconstruir, sin engaños,
una lista ininterrumpida de sucesiones desde san Pedro y los once
hasta llegar a Benedicto XVI y Don Francisco
Robles, en nuestra propia ciudad, aunado al colegio episcopal.
4.-
Cristo está ascendiendo a los cielos y la historia no termina,
puesto que los apóstoles y sus sucesores han obedecido el
mandato del Señor.
Y
de esta manera la Ascensión, si bien puede ser visualizada
como conclusión en la vida sobre la tierra del Señor,
es también el inicio de una nueva forma de manifestarse:
mediante aquellos que son su prolongación hasta nuestros
días. La ausencia tiene una nueva forma de presencia.
La
historia ha continuado, y allí se encuentra la religiosa
que trabaja y cuida enfermos en el silencio caritativo de una casa-hogar
para enfermos terminales en el norte de la ciudad de Monterrey o
cuidando ancianitos en la Casa de
Reposo “Nuestra Señora del Rosario”;
allí están los padres de familia que soportan desvelos,
desilusiones e incomprensiones luchando por inculcar los valores
del Reino través de su palabra y ejemplo en el pensamiento
y la vida de sus hijos; allí están los jóvenes,
los señores y las señoras dando catecismo, esforzándose
día tras día por evangelizar a los niños y
sembrando el amor y la paz de Cristo en sus corazones; allí
están los grupos de profesionistas atendiendo apostolados
intensos y cualificados.
La
historia no se ha interrumpido y allí está el ministro
de la Sagrada Comunión llevando con celo el Pan de la Vida
a los enfermos en sus casas y en los hospitales, allí están
muchos sacerdotes, ¡más de los que puedas imaginar!,
cargados con sus años, pero mostrando la buena madera del
árbol del que proceden, puesto que siguen soportando el peso
de la jornada y continúan dando ejemplo de consagración
total por amor a Cristo a favor de su Iglesia.
5.-
¿Cómo podrá nuestra ciudad dejar en el sarcófago
del olvido el trabajo de un Padre Ponce o del padre Arroyito quienes
desgastaron sus ojos con la única intención de mostrar
el dulce rostro de Cristo a los hombres que estaban sumergidos en
la oscuridad del alma?¿Cómo
abandonar en el desierto de los desmemoriados a nuestro querido
Monseñor Galván desgastado en el servicio con una
entereza que solamente viene del Señor?¿Cómo
podríamos ser justos si olvidáramos las bendiciones
que Él mismo ha derramado en nuestra vida a través
del fructífero ministerio de Mons. Alfonso Hinojosa Berrones
y de Don Adolfo Suárez Rivera, ahora eméritos, que
se gastaron y desgastaron por el cuidado del rebaño de Cristo?
Y como estas historias hay muchas más, puesto que tendría
que hablarte del Padre Huertita, del Padre Leoncito, del
Padre José Luis Guzmán, del Padre Catarino, del Padre
Lugo, de Mons. Panchito Hernández, Mons. Garza Salinas y
de Mons. Peñita, por sólo mencionarte unos
cuántos. Y, ¿cómo no mencionar al Padre Lupito
Rodríguez Martínez que el sábado 30 de Abril
fue llamado a la casa de Dios teniendo 37 años de vida y
8 de ministerio sacerdotal?
6.-
La historia ha continuado y hemos tenido el privilegio de formar
parte de una milécima de segundo en el día de la jornada
de la vida de nuestra Iglesia, y no nos queda más que la
satisfacción de haber cumplido con las indicaciones del Maestro.
Muchos
hablan de crisis en la Iglesia: ¡qué superficialidad!
¡Qué visión tan ligera! ¿Crisis? La Iglesia
ha vivido en crisis, siempre han existido los dramas pavorosos.
La historia de la Iglesia podríamos decir que es una contínua
crisis y así hemos ido hacia delante. Y es que la Iglesia
está viva y participa de la vida. Y toda vida verdadera es
verdadera crisis. Los únicos que no enfrentan dificultades
son los muertos, ¡y yo lo dudo! Las crisis de hoy no son mejores
ni peores que las del pasado. Y el Señor permite que con
su gracia sigamos con la vida de una Iglesia que si bien ha pasado
por momentos difíciles, su vida no depende absolutamente
de nuestras miserias sino que posee vida verdadera por la gracia
de Aquel que nos ha enviado al mundo.
7.-
Y con todo lo anterior, debemos ser congruentes, si la crisis de
la Iglesia reside en que se secan la reservas espirituales, está
claro que la curación está en la búsqueda de
reservas espirituales, y si hoy en día percibimos que se
acerca un tiempo de escasez sacerdotal, es ahora el tiempo de redoblar
la oración por las vocaciones sacerdotales, y de que los
jóvenes se cuestionen sobre la generosidad que han tenido
en el llamado que Cristo sigue haciendo hoy en día.
Como
todavía tenemos agua para nuestro consumo, nos resulta fácil
acabarnos toda el agua del depósito, sin preocuparnos por
el agua de consumo de aquellos que han de venir después que
nosotros. ¡Es demasiado egoísmo! Oye
joven,... ¡sí tú! ¿Quién
bautizará a tus nietos? Te has preguntado:
¿quién asistirá la enfermedad de tus ahora
pequeños hijos si es que no redoblamos la oración
por las vocaciones sacerdotales?
8.-
Invito a los jóvenes y a nuestras familias para que seamos
generosos con el Dios de la generosidad.
¿Sabes?
Nunca se me olvida aquella escena en la que un grupo de fieles cristianos
fue ante Don José de Jesús Tirado y Pedraza para solicitarle
un sacerdote que atendiera a su comunidad. Y el señor Tirado
y Pedraza, que de Dios goza, les dijo con esa agilidad mental y
ese buen humor que le carecterizaba: “¿Quiéren
un sacerdote? Les quiero preguntar: ¿cuántos seminaristas
tienen en nuestro seminario?” Ellos le respondieron: “ninguno”.
Y él les recalcó: “Dénme
un seminarista y yo les doy un sacerdote. Los sacerdotes no se cosechan
en los árboles sino que nacen en las familias cristianas”.
9.-
Y la historia debe cotinuar... La Ascensión del Señor
junto con el ser una conclusión será siempre un inicio.
Y
esto también podríamos aplicarlo a nuestra separación
temporal de aquellos a los que amamos. Para el cristiano la muerte
no es algo que termina sino el punto de partida verdadero. Para
nosotros la muerte no es algo que sucede sino Alguien que nos sale
al encuentro. Decía san Agustín: “No
teme perder a aquellos que ama, quién los ama en Aquel que
no se pierde”
Estoy
seguro que la muerte no debería compararse con una luz que
se extingue sino con un tapiz que alguien termina de tejer con una
filigrana de abundantes obras buenas.
Y
lo anterior se ubica en la frontera del tiempo y la eternidad.
10.-
¡Cuánto más debe pensarse de cada etapa de nuestra
vida! Todo lo que concluímos es simultáneamente
un punto de partida: terminas los estudios y con la graduación
inicias tu vida profesional, concluye una mujer con la etapa del
embarazo y con el parto se inicia la etapa práctica de la
maternidad y la paternidad, concluyen los estudios en el Seminario
y con la ordenación sacerdotal se inicia la vida ministerial,
se concluye el noviazgo y con el matrimonio se inicia la vida esponsal.
Lo
importante será el cuadro de actitudes que tengamos en la
vida.
Así
por ejemplo, el matrimonio más que la llegada a una meta
es la señal de salida que se da para iniciar un nuevo camino,
más que al atardecer de una ilusión es el amanecer
de un nuevo ideal, más que el ocaso de un proyecto es la
aurora de una realidad totalmente nueva, más que la conclusión
de un tomo en la historia de tu vida es la introducción a
un nuevo tomo con una gran cantidad de hojas en blanco por escribir,
más que cerrar una puerta es la apertura de una puerta con
la incertidumbre que trae el ingreso a una nueva habitación
que exige confianza en el alma.
Y
el problema de muchos matrimonios es el vivir la vida esponsal como
algo adquirido más que como un punto de partida, y será
entonces que se deja morir aquello que necesita vida a través
de los detalles y de todas aquellas cosas que los esposos conocen
que le agrada a aquel que un día cortejaron o que les cortejaron.
¿Punto de partida o de llegada?
He allí el dilema y,... el nacimiento de nuestros problemas.
BATALLA,
VICTORIA Y TRIUNFO.
“En
aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea y subieron
al monte en el que Jesús los había citado. Al ver
a Jesús, se postraron, aunque algunos titubeaban.
Entonces,
Jesús se acercó a ellos y les dijo: “Me ha sido
dado todo poder en el cielo y en la tierra. Sepan que yo estaré
con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”.
1.- Muy queridos amigos:
Para
el cristiano la Conclusión se convierte siempre en la Introducción
a una nueva etapa y, mientras llegue la vida eterna, el final no
es más que el inicio de una nueva realidad.
Los
cristianos sabemos que nuestra meta definitiva es la vida eterna,
y que mientras vivamos en esta tierra, Dios nos ofrecerá
una nueva oportunidad.
Mientras
que Dios no nos llame a la vida eterna, nuestros epílogos
darán siempre pauta a una nueva vida, y se convertirán
simultáneamente en prólogos de nuevas y mejores realidades.
Y
es que, somos conscientes de que nuestra vida, por gracia de Dios,
no esta compuesta por un sólo tomo,... sino que suelen ser
varios los tomos que Dios ordinariamente nos da para escribir, y
que quizá el tomo anterior no nos haya satisfecho en su totalidad,
pero que el día de hoy, si Dios nos ha regalado la vida,
es precisamente para que escribamos uno mejor.
¿Qué,...
cuántos tomos tendrá tu vida? No lo
sé ¿Con cuántos volúmenes contará
mi vida? Lo ignoro. Sólo sé que, mientras tengamos
la pluma en la mano debemos seguir escribiendo nuestra trama existencial.
Sabemos
que en lo humano, es imposible dar marcha atrás en el reloj
a las manecillas, así como pegar las hojas caídas
al calendario; pero somos conscientes de que si Dios nos ha permitido
develar una nueva hoja en el calendario de la vida y que le diéramos
cuerda otra vez a la maquinaria de la sucesión de los instantes,
ésto tenemos que aprovecharlo.
2.-
¿Sábes? Hay dos temas adicionales que, el día
de hoy tendríamos que aplicar a nuestra vida concreta: primero:
no olvidar el destino de eternidad que en Cristo hemos conocido,
segundo: asimilar que la Ascención a los cielos es la manifestación
del triunfo de Jesucristo.
3.-
En primer lugar visualicemos nuestro destino: Para ello
dirijamos nuestra mirada hacia el cielo en donde Cristo ha sido
glorificado y seamos conscientes de que allá, en donde está
aquel que es la cabeza esperamos estar aquellos que formamos su
cuerpo, que allá en donde está aquel que es el Buen
Pastor esperamos estar aquellos que formamos su rebaño.
Blas
Pascal refiere que una oveja puede perderse si no hace más
que pastar sin tener la capacidad de mirar hacia arriba. Y explica,
aplica y suplica: “acaso esto llegue a ocurrirnos;
podemos concentrarnos tanto en lo que está inmediatamente
cercano a nosotros, que dejamos de ver la vida en una perspectiva
amplia, nos llegamos a engolosinar con lo inmediato que olvidamos
lo eterno, nos quedamos en lo efímero y se nos pierde de
vista aquello que permanecerá para siempre”.
¡Dios
quiera que tú y yo jamás olvidemos que esta vida no
es más que un camino y que lo importante será llegar
al destino, que la temporalidad no es más que la pista de
la mejor de las competencias pero que la línea de meta se
cruza en el umbral ubicado entre la muerte y la eternidad!
4.-
Te quería comentar un hecho registrado en los anales de la
historia del deporte. Conforme a los registros de la natación,
la primer mujer que cruzó a nado el Canal de la Mancha fue
la inglesa Florence Shardwik.... Pero, esta hazaña la obtuvo
después de muchos y muy variados intentos, y por ende, después
de una gran cantidad de aparentes fracasos, los cuales como en el
ejercicio de la prueba y el error, le llevaron a conseguir un día
la constatación de la victoria anhelada. Uno nunca sabe en
cuál de los golpes se romperá la roca, pero sabemos
que no fue ese golpe sino la suma de los intentos lo que consigue
lo que al final se manifiesta.
Una
vez que Florence Shardwik hubo cruzado ese estrecho marítimo
que une el Oceano Atlántico con el Mar del Norte y que separa
las islas británicas de la Francia en el continente europeo,
un sinfín de reporteros le abordaron para hacerle una serie
de preguntas. Uno de ellos después de felicitarle por su
logro, nos hizo el favor de preguntarle lo más importante:
acerca de las experiencias difíciles que hubiese tenido en
sus intentos, a lo que Shardwik le respondió con sinceridad:
“Había tenido ya varios intentos por conseguir, lo
que hoy, gracias a Dios, conseguí. Lo había intentado
de todas las formas, evitando las tormentas y evadiendo el sol desgastante,
buscando la temperatura ideal y evitando las fuertes corrientes
marítimas, de día y de noche, en invierno y en primavera,
y en una y otra ocasión no había logrado conseguir
mi objetivo. No obstante si quieres saber cuál fue el momento
más difícil, te diré que fue aquél día
en que después de tener una brillante idea, salí del
campamento cuando apenas iniciaba la luz del día, había
un poco de neblina y en mi juicio pensé que esto me favorecería,
esperando que en la medida en que fuera avanzando la neblina se
fuera disipando. Me zambullí en la mar, y al principio, al
estar todavía oscuro podía ver la incandescencia de
algunas luces muy a la distancia que me señalizaban el lugar
al que me dirigía, pero grande fue mi sorpresa cuando al
ir adentrándome en la mar abierta, la neblina se volvió
más densa, el día fue clareando y al ir braceando
empecé a tener una extraña sensación de desesperación.
Repentinamente dejé de ver la costa a la que me dirigía
e ignoraba si iba avanzando, si estaba nadando en círculos,
sí me iba inclinando hacia el rumbo equivocado, volteé
hacia atrás y tampoco veía el lugar del que había
salido para iniciar mi recorrido, todo en mi derredor era agua y
neblina y me sentí fatigada, insegura, sin respiración.
La verdad es que el no ver la costa me provocó pánico,
¡qué me podría preocupar si faltaba mucho con
tal que tuviera la certeza de ir avanzando en la dirección
correcta!, al fin y al cabo podría administrar mi esfuerzo,
nadar y propiciar algunos descansos flotando en la mar. Pero no
veía la costa y las cosas se volvieron desesperantes, tremendamente
inciertas,... y me hundí más en el remolino de mi
desesperación que en el de una tormenta en alta mar. Me sacaron
inconsciente, y tarde mucho en atreverme a reiniciar mis intentos
en mi propósito que hoy he logrado.
5.-
Muy queridos amigos:
“Dejé
de ver la costa y me sumergí en la desesperación”.
En realidad este es el secreto más valioso y el inicio del
mejor de los consejos para nuestra vida. Siempre que tengamos un
porqué en la vida encontraremos un cómo hacer las
cosas. El problema es que no sabemos ni para que hacemos las cosas,
ni hacia donde nos dirigimos, y por ellos ignoramos si vamos en
la dirección adecuada, y entonces viene el cansancio, la
sinrazón y el abandono de aquello que nos ilusionó
tantas veces y que debiera seguirle dando sentido a lo que hacemos.
La
Ascensión del Señor nos recuerda que nuestra mirada
debe estar puesta en nuestra morada, en la costa de la eternidad,
que es allá en donde está nuestra meta. Si visualizamos
nuestro destino, y que se va nadando en la dirección correcta
soportaremos el cansancio y la desilusión, ¡qué
nos puede importar el que nos falte mucho o poco, si es que vamos
nadando en el rumbo adecuado! Pero, cuándo un día
dejamos de ver la costa y nuestro destino, es entonces cuando nos
volvemos susceptibles a sumergimos en la más terrible de
las desesperaciones. ¡Haz oración, esto te
permitirá encontrar la brújula en tu vida!
6.-
Quiero no agotar este espacio en la fiesta de la Ascención
del Señor, sin que nos demos la oportunidad de referir el
segundo factor: Hoy celebramos el triunfo
de Jesucristo, es la fiesta litúrgica de Aquel que entra
triunfante al cielo, una vez que ha vencido al pecado, al mal y
a la muerte.
Para
llegar al triunfo se tuvo que ser beligerante contra los enemigos
del hombre y de Dios, pasar por el desgastante campo de batalla
y obtener la victoria después de derramar el sudor y la sangre,
sólo después de la victoria en el lugar de la batalla
se puede gozar de la corona triunfal.
Te
explico la diferencia entre la batalla, la victoria y el triunfo
con el acontecimiento de la salvación en Cristo: la batalla
fue toda una vida en donde el viernes-santo no fue un momento aislado
sino el espacio culminante, la cruz se convierte en la señal
de la contienda; la resurrección nos manifiesta la victoria,
es Jesucristo quien ha lidiado en singular batalla con la muerte
y al resucitar glorioso se levanta con la victoria, aunque trae
en sus manos, sus pies, su frente y su costado las huellas del combate.
Pero hasta aquí contemplamos solamente la victoria, el triunfo
se obtiene en su entrada gloriosa entre voces de júbilo por
el arco de la eternidad.
7.-
Te lo explico rápidamente con un ejemplo para que lo entendamos:
en la cercanía del mundial de Alemania sabemos que un equipo
tiene su batalla en la cancha, es allí en donde los miembros
del equipo deben vencer a todos y vencerse a sí mismos para
no claudicar en su intento, la victoria se obtiene cuando se concluye
el tiempo reglamentario con el resultado a favor, pero el triunfo
es el momento en el que en el podium ve ondear el lábaro
patrio de su nación y escucha la solemnidad del himno de
su pueblo, se coloca entonces una corona de laurel en la frente
o un collar de flores, se le entrega un ramo de flores o se le coloca
una medalla en el pecho, se le entrega un trofeo o un documento
simbólico... ¿Percibes
la diferencia entre la batalla, la victoria y el triunfo?
En
las guerras así sucedía, el soldado en la batalla
luchaba cuerpo con cuerpo, derramando sudor, lágrimas y sangre.
Cuando escuchaba un toque especial de trompeta o se veían
ondear banderolas blancas sabía que la victoria se había
obtenido y la guerra había terminado. Pero el triunfo era
catalogado como el momento en que solemnemente regresaban entre
vítores a su ciudad cruzando un arco de triunfo construído
para los que habían vencido en el campo de batalla, y que
en su cuerpo traen las señales del combate.
8.-
Concluyamos:La ascensión
es el triunfo de aquel que luchó en la vida, en la cruz y
en el sepulcro, y que obtuvo la victoria en la resurrección,
pero ahora vencedor se levanta glorioso y asciende para cruzar el
arco de la eternidad. No obstante, no olvidemos que Aquel que asciende,
es el mismo que estaba en la cruz y que se apareció en el
cenáculo a los apóstoles, y por lo tanto, es Aquel
que trae en sus manos, en sus pies, en su frente y en su costado
los escaños de la contienda.
Y
todavía, hay quienes queremos obtener la victoria y el triunfo
sumergidos en la mediocridad y sin hacer el mínimo de los
esfuerzos.
Sólo
se puede gozar del triunfo cuando hayamos gozado de la victoria.
No existe forma alguna para que el cristiano pueda gozar de Dios
y del triunfo sino a partir de la lucha y del vencer en la disputa
de lo cotidiano.