Domingo
22 de Mayo de 2005_________Pbro. Rogelio
Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx
EL AMOR ES CAUSA NO EFECTO.
“
Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo
único, para que todo el que crea en él no perezca,
sino que tenga la vida eterna. Porque Dios no envió a su
Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara
por él. El que cree en él no será condenado;
pero el que no cree ya está condenado, por no haber creído
en el Hijo único de Dios”.
Hablar
de la Trinidad es hablar de la única historia cristiana sobre
Dios, así como hablar de la única posibilidad de que
nuestra historia sea verdadera y auténticamente cristiana.
Y
esta historia cristiana no es otra historia que la historia del
amor. Se trata de una historia de amor en la que el Dios de todo
y de todos ha querido ingresar en las coordenadas de nuestra propia
historia y con ello ha conseguido que los hombres pudiésemos
traspasar nuestras propias coordenadas, y que, a través de
ello, pudiésemos escribir nuestra propia historia, allá
en donde no existen las coordenadas y en donde el tiempo no tiene
otro nombre sino el de la eternidad.
2.-
Esta es la historia del Amor, que nos manifiesta la historia de
Dios y que se convierte en la historia del hombre.
Se
trata de la historia de Dios puesto que el amor tiene su orígen
en el Dios que ha creado al hombre a su imagen y semejanza; pero
una historia que ha tenido su razón de ser, su esencia, su
fundamento y su realización en la recreación del hombre
efectuada con el sacrificio de Cristo. Y así de esta manera,
si bien en el hombre, como íkono de la Trinidad creado en
el sexto día del principio de la historia se tiene ya un
adelanto de lo incomprensible, en el sexto día de la recreación
que efectúa Cristo hemos contemplado y comprendido la certeza
de las certezas que sobre Dios el hombre pudiera tener: Dios es
el que ama.
La
historia del amor es también el proyecto cristiano para la
historia del hombre. Así desde su origen, puesto que Dios
ha querido que el amor sea uno de los distintivos fundamentales
de la persona humana: sólo el hombre es capaz de amar; pero
sobre todo en la plenitud, de tal manera que el amor se convierte
en el auténtico factor cristiano.
Amor
verdadero es el humano y amor eminente es el divino. Se trata de
un amor que ennoblece, que enriquece y que nos asemeja a Aquel que
es el Amor. El hombre cuando verdaderamente ama se asemeja más
a Dios.
3.-
Y es esta la historia del Dios, Uno y Trino y la historia de los
que creen, aman y esperan en el Dios, Uno y Trino...
Ninguna
prueba del amor divino hay tan patente como la prueba de la encarnación
que hoy nos expone el Evangelista san Juan. La prueba por la que
el Dios, creador de todas las cosas, se hiciera criatura, la prueba
por la que el Señor se hiciera nuestro hermano, la prueba
por la que el Hijo de Dios se hiciera hijo de hombre.
Ernest
Bloch, el teórico marxista, en la página
1482 de su obra “Das Prinzip Hoffnung”
(El principio de la Esperanza), afirmaba:
“Se
reza a un niño nacido en un establo. No cabe una mirada a
las alturas hecho desde más cerca, desde más abajo,
desde más en casa. Por eso es verdadero el pesebre: un origen
tan humilde para un Fundador no se lo inventa uno. Las sagas no
pintan cuadros de miseria y, menos aún, los mantienen durante
toda una vida. El pesebre, el hijo de carpintero que se mueve entre
gente baja y el patíbulo final..., todo eso está hecho
con material histórico, no con el material dorado tan querido
por la leyenda”.
Se
trata del material histórico del amor. Un amor que es tendencia
del hombre hacia el bien, y es que sólo el bien es causa
del amor.
Si
alguna vez alguien ama el mal sería porque lo percibiría
como un bien engañosamente aparente. Y es de esta manera,
que cuando un día deja de ser “un bien” aquello
que se ama, el amor se corrompe y no da frutos... Esto sucede con
el hombre, pero no así con Dios.
En
la historia de Dios el amor ha salido de la cuna y se ha proyectado
hasta la tumba, y más allá de la tumba.
4.-
Sabemos que el cristianismo no es el monopolio del amor, ni es un
amor distinto, nuevo o meramente espiritual: es simplemente el Amor.
¿Su novedad? La esperanza secreta que lleva en sus
entrañas, por el hecho de que el amor cristiano no es una
flor que muere con el tiempo, sino una flor que sobrevivirá
para siempre por ser más fuerte que la muerte. Pero no es
un amor distinto, es simplemente el Amor.
En
Cristo hemos comprendido que el amor, en su sentido estricto, es
la entrega personal y desinteresada por otra persona y con ello
hemos comprendido que el amor se manifiesta a través de las
obras. El amor mucho más que dar es el darse a uno mismo.
En Cristo hemos conocido que lo característico del amor es
el ir transformando al amante en el amado.
Jesucristo
es el Dios del amor. Para conocer qué es el amor verdadero,
cuáles son sus características y cuáles son
sus cualidades, es necesario ver a Jesús, su vida y su conducta.
Jamás las palabras dirán tanto sobre el amor como
aquello que nos enseñan los hechos, sobre todo cuando los
hechos abarcan toda la vida y han rebasado la frontera de la muerte:
“Tanto amó Dios al mundo
que nos envió a su único Hijo para que todo el que
crea en Él no se pierda sino que tenga la vida eterna”.
Y nos dirá más adelante: “Nadie tiene amor más
grande que el que da la vida por sus amigos”.
En
Cristo, acorde con san Pablo, hemos conocido las dimensiones de
la anchura y de la longitud, de la altura y de la profundidad del
Amor más puro que existe.
5.-
Y no obstante, este mundo que Dios ha amado tanto, no es lo que
Dios ha querido que fuera, y hoy nos encontramos a raudales con
la evidencia del egoísmo.
La
evidencia experimental de los efectos dañinos de una vida
sin amor se encuentran en los cada vez más llenos consultorios
de los psiquiatras, en la depresión y en la neurosis, en
la violencia, en la desintegración, en tantos inadaptados,
en el hambre de notoriedad, en la mendicidad de afecto, en nuestra
volcadura hacia las cosas, en la absolutización de lo pasajero
y en la pérdida de respeto por nuestras personas. La ausencia
del amor nos hace perder el sentido del propio valor, el vacío
de sentido en nuestra identidad, el conservar el odio y el temor,
así como la tortura ante nuestras ansiedades.
Y
es que, constantemente encontramos en nuestra vida esas ocasiones
privilegiadas de manifestar nuestro amor a Dios y al prójimo,
y no las aprovechamos nosotros a favor del otro ni el otro a favor
de nosotros. Y esto se convierte en un círculo vicioso en
donde no terminamos de comprender, de que no podemos esperar que
el otro me ofrezca lo que yo no soy capaz de ofrecerle.
Para
vivir cristianamente no es necesario que estemos esperando ocasiones
excepcionales para amar. Hemos de aprender a amar en lo corriente,
en lo cotidiano, en lo ordinario, en la vida diaria y aun en lo
mal llamado “rutinario”, y esto, a través del
espíritu de servicio, con el trabajo bien hecho, con la servicialidad
y con la presencia, con una conversación amable, sin herir
nunca, con la serenidad en los momentos de dificultad y de cansancio...
6.-
Es el Amor cristiano en nuestra vida aquel que se encargará
de transformar la misma vida: la nuestra y la de los demás.
Y es que el Amor no es algo que se genera sino algo que está
generando.
Fíjate
como hoy en día la gente habla del amor como si fuese algo
que uno puede dar, como si fuera un ramo de flores u otro obsequio.
Y así muchos piensan que dan el amor: simplemente nos lo
endilgan como si fuera una carga inútil y,... perfumada.
En lo personal no creo que el amor sea algo que podemos dar.
El
amor es más bien una fuerza en nuestro interior que nos permite
dar otras cosas y más que cosas darnos a nosotros mismos.
El amor es un poder motivador. El amor nos faculta para ofrecer
fortaleza y vigor, libertad y paz a otra persona, ternura y amabilidad,
comprensión y servicialidad. El Amor no es un efecto, sino
una causa. El Amor no es un producto sino productor. El Amor es
una fuerza semejante y superior a cualquier energético. El
Amor auténtico no tendrá ningún valor si nosotros
no podemos dar algo más por medio de él.
7.-
En Cristo hemos comprendido que el amor jamás se pierde,
así como una palabra o un gesto de amabilidad nunca se pierde.
El amor va pasando de una persona a otra hasta que, por fin regresará
a uno. De la misma manera, debemos darnos cuenta que todo en nuestra
vida tiene efectos y afecta al otro, igual que una piedra produce
ondas concéntricas al caer en las aguas tranquilas. Todo
aquel que piense que su vida no toca al otro es alguien que podría
pensar que su cuerpo no tiene sombra.
El
amor es la causa humana por excelencia pero tendrá siempre
necesidad de sus efectos. Santo Tomás de Aquino ha señalado
cinco efectos del amor en nuestra vida: primero, la unión
de quienes se aman; segundo, la identificación de voluntades;
tercero, la admiración gozosa hacia la persona que se ama;
cuarto el celo, que busca desinteresadamente el bien de quien se
ama, hasta llegar a los mayores sacrificios; y quinto el sufrimiento
compartido, por el que se hacen propios las penas y dolores de la
persona a la que se ama.
8.-
El amor es la explicación de todo. Un amor que se
abre al otro en su individualidad irrepetible y que le dice la palabra
decisiva: “Quiero que tú
seas quien eres”. Si no se comienza por esta
aceptación del otro, como quiera que se presente, reconociendo
en él una imagen real, aunque empañada, de Cristo,
no se puede decir que se ama verdaderamente.
Y
así en todos los ámbitos, así en la relación
filial como fraternal, así esponsal como paternal. En una
familia no es el amor pasional y sensible, sino la caridad, que
es el Amor que viene de Dios, la que afianza las buenas obras entre
los casados.
Por
experiencia todos nosotros sabemos que, cuando soportamos pruebas
difíciles por alquien a quien queremos, no se derrumba el
amor, sino que crece. Y así ha sido en la vida de los santos,
que han soportado por amor a Dios cualquier contrariedad, y se afianzan
en su amor con ello; es como un artista, que se encariña
más con la obra que más sudores le cuesta.
Nuestra
felicidad brotará de esa capacidad de armonizar lo que tenemos,
lo que se valora y aquello que se ama. El amor produce en el hombre
la perfecta alegría y conduce a la felicidad. Pero, no puede
ser feliz quien no tiene lo que ama, sea lo que fuere; ni el que
tiene lo que ama si es pernicioso; ni el que no ama lo que tiene,
aun cuando sea lo mejor.
9.-
Y así se vive la vida, y solamente así la vida resulta
vivible: Ser amado sin amar es egoísmo,
amar y ser amado es amistad y amar aun sin ser amado es caridad.
El egoísmo: todo para sí; la amistad:
algo para sí y para el otro; la caridad: todo para los demás,
y al final de cuentas para nosotros, pero sin intereses mezquinos.
Egoísmo,
amistad y caridad, tres ritmos del corazón diferentes: el
egoísmo empequeñece, la amistad lo vivifica y la caridad
le diviniza.
En
el Hijo de Dios a quien el Padre ha enviado por obra y gracia del
Espíritu Santo hemos comprendido que el amor auténtico
se escribe amar, pero se pronuncia sacrificarse.
¡Oye!,
y si el amor auténtico, aun el amor humano, da tantos consuelos
aquí, ¿Qué será el Amor en el
cielo?
LA
PLUSVALÍA DE LA VIDA CRISTIANA.
“
Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo
único, para que todo el que crea en él no perezca,
sino que tenga la vida eterna”.
1.-
Estimados amigos:
Este
domingo en que glorificamos al Dios que es
Padre, Hijo y Espíritu Santo, he querido
pedirle a Dios que podamos recordar que todos nosotros bautizados
al renacer del agua y del Espíritu Santo hemos sido constituídos
en hijos del Padre eterno, que se nos ha obsequiado el ser hermanos
de Jesucristo, Hijo eterno del Padre y que se nos ha transformado
por la benevolencia de Dios en Templos del Espíritu Santo.
Creemos
en el Dios que siendo Uno se abre a la diversidad y que siendo Diverso
es constructor de la Unidad, y esto debe ser un modelo para nuestra
familia.
Quisiera
que las anteriores afirmaciones nos ofrecieran este día,
esa luz que sólo viene de Dios para que ilumine un tema que
es por demás doloroso en una vida que de pronto se experimenta
oscurecida y que sigue lastimando a nuestras familias: el tema del
suicidio.
2.-
Hoy, peor que nunca nos hemos dado cuenta de que esta enfermedad
llamada suicidio está afectando a todo tipo de personas:
ancianos, adultos, jóvenes y niños; hombres y mujeres;
solventes y desposeídos; gente culta y personas sencillas;
ciudadanos de la metropolí y habitantes de nuestros campos;
empresarios y obreros; solteros y casados,...
¿Cómo
puede ser posible que alguien llegue a perder la propia valoración
de su vida?¿Cómo
se puede llegar a tal grado de autodevaluación como para
que se debilite y llegue a desaparecer el más natural y sagrado
de los instintos y de los mecanismos como lo es el de la sobrevivencia?
3.-
Recuperemos algunos datos para que nos ayuden a ailuminar este rincón
tan oscuro en el desván de nuestra humanidad.
Juan
Rof Carballo, en su artículo: LA TRISTEZA
DE EUROPA, constata el enorme incremento del número
de suicidios en el viejo continente, y precisamente en esos países
calificados como "progresistas". Menciona Rof Carballo
que de cada cinco habitantes de Alemania uno está sometido
a tratamiento psicoterapéutico. Uno de cada cuatro tiene
transtornos del sueño y lo que resulta más doloroso,
una cuarta parte de los niños son calificados como enfermos,
perturbados y minusválidos. El menciona que una mitad de
los enfermos que acuden a la seguridad social son reconocidos como
psicosomáticos. Y todo esto en un país "progresista".
¿Qué
acontece con nuestra sociedad? ¿Por qué menospreciamos
la vida?
4.-
Muchos hemos querido llamarle presuntuosamente a nuestro tiempo
la era dorada de la humanidad, y esto en base a los adelantos tecnológicos
y cibernéticos, y con ello todo el cúmulo de aplicaciones
en el campo de la medicina, del diseño, de la ingeniería,
de la arquitectura, de la biología, de la física,
de la vida doméstica, entre otras más.
Tendríamos
que ser objetivos y clarificar nuestros criterios de discernimiento.
¿A qué le llamamos dorado? ¿A un hombre que
expulsa a Dios de sus ambientes?
¿Puedes
llamarle edad de oro a este aniversario 60 de la conclusión
de la segunda guerra mundial en una era en que se graban en las
mentes escenas como las de Hiroshima y Nagasaki? ¿Podrá
llamársele edad dorada a un tiempo en el que los sólos
nombres de Auschwitz, los Balcanes, Bagdag, Gaza, y ahora Nueva
York y Madrid traerán escenas de dolor a nuestro recuerdo?
¿Puedes llamarle época de Oro a este tiempo en el
que el tráfico de narcóticos se ha convertido en un
“negocio” tan próspero? ¿Puedes llamarle
era de oro a este tiempo en que el hombre sigue queriendo ser dios
y decidir quien vive y quien muere? ¿Podría esta ser
nuestra Moderna Leyenda Dorada con tan alto índice de suicidios
o con tanto espectro de soledad en el corazón del hombre?
¿Es
la época de oro el tiempo de la muerte de los ideales, del
vacío de sentido y de una búsqueda insaciable de nuevas
sensaciones que nos regresan a la animalidad y que van contra la
dignidad de la persona?¿Es período
dorado este tiempo de tanto permisivismo y de consumismo?
5.-
Todavía no termino de asimilar, ¡Quizá soy demasiado
lento!, el que hasta hace unos cinco años un joven
enamorado pudiera invitar a su enamorada a ver una película
o a cenar, y que ahora el joven presuntamente enamorado hace extensiva
una invitación a un bar, a un antro o a un motel a quien
dice amar entrañablemente. ¿Son esas nuestras aspiraciones?
¿Vivimos
hoy el tiempo de progreso o del regreso, hemos evolucionado o sufrimos
una involución, vivimos realmente a la vanguardia o hemos
sido enviados a la retaguardia de la historia?
Vivimos
un tiempo en el que las personas tenemos nuestro bolsillo lleno
pero traemos el corazón vacío.
Narraba
Víctor Hugo con alegría y emoción:
“Me encontré en la calle
a un joven muy pobre, pero un joven que estaba enamorado e ilusionado.
Llevaba un sombrero viejo y una chaqueta raída; el agua entraba
por sus agujerados zapatos, y las estrellas, la estrellas entraban
por su alma”.
6.-
Muy queridos amigos:
Hoy,
por desgracia estos jóvenes van desapareciendo de nuestro
horizonte, y esto es culpa de todos: hoy nos encontramos con jóvenes
elegantemente vestidos pero que traen raída el alma, sus
zapatos están lustrosos pero su corazón está
agujerado, traen camisas de marca pero en su interior se encuentra
el vacío.
¿Quién
puede ignorar la reflexión de un Jorge Luis Borges
en la edad jovial, escribiendo ante el lamentable escape de la vida
perpetrado por el mejor de sus amigos? Borges acusaba a este mundo
en el que vivimos de no enseñar a amar a las personas:
“No
te culpo, naciste en este mundo tan bello, pero nadie te enseñó
a oler las flores. Naciste en este mundo tan maravilloso pero nadie
te pidió que te detuvieras un momento a contemplar el cielo.
Naciste en este mundo increíble, pero nadie te dijo un día
que te amaba.”
7.-
Es lamentable, pero hoy vivimos y padecemos en la soledad.
La soledad provocada por la indiferencia es un fenómeno de
nuestras ciudades. Es una forma ampliamente extendida, que se debe
a un estilo de vida impuesto por el mundo moderno. Al crearse la
indiferencia se crea el abandono.
Las
apariencias nos muestran supuestas "cercanías":
la ciudad, el teléfono, los automotores, el metro, las vías
aéreas, la internet. Pero en realidad es el reinado de la
"célula" y del "encarcelamiento". Es
posible cruzarse con un vecino sin identificarlo y sin identificarse.
Se puede morir el hombre, sin que nadie se entere, sin que nadie
se preocupe por él.
Los
hombres pasan, desfilan y se van. En la ciudad suenan las campanas
de la soledad. El indiferente encuentra a su alrededor sólo
indiferencia.
Se
padece la soledad que nace de la incomprensión por parte
de los que estan cerca de nosotros: parientes, amigos, compañeros
de trabajo. Soledad tanto más penosa cuanto que proviene
de aquellos con los que, normalmente, deberíamos contar más
en nuestra vida.
Esta
soledad se encuentra en las Familias, dónde
los esposos viven codo con codo, en donde cohabitan padres e hijos,
arrimados el uno al otro. La familia se encuentra sin hablarse,
o se habla sin encontrarse de verdad, ya que se sienten incomprendidos.
Es el drama actual entre padres e hijos; unos padres impotentes
y sin recursos, a pesar de su inmensa buena voluntad; unos hijos
que abandonan el hogar dando un golpe a la puerta, para juntarse
con grupos inadaptados o escapando por la puerta falsa...
8.-
También hay soledad por el abandono, el desamparo y el rechazo:
es la soledad más vaga, la más visceral y la más
profunda. Es la experiencia de la total devaluación y desintegración
del ser. "Para aquellos que te abadonaron tú no has
valido un centavo". Es el estado de algunas personas de edad
avanzada, pero también de los niños y de muchos jóvenes.
Es el estado de los enfermos crónicos, de enfermos terminales,
de muchos discapacitados. El hombre se experimenta en "el desván
de la vida": en donde van a parar los objetos inservibles.
Experimentan una muerte social que pronto se convertirá en
biológica.
También
hay soledad provocada por el aislamiento, del hombre que piensa
poder vivir sólo. Aparece en personas que han conocido pronto
el fracaso en su vida, pero sin aceptarlo ni superarlo. Se han llenado
de amargura, de resquemor, de agresividad contra todo y contra todos.
Una vida que podría dar todavía fruto se hace estéril
a la fuerza. El aislamiento puede coincidir con la vida en medio
de la masa. El aislamiento es un estado de ruptura consigo mismo
y con los demás. Y no es raro que conduzca también,...
al suicidio.
Aquí
está el número tremendo de divorcios, de dramas conyugales
y familiares, que nos revela una forma trágica de esta soledad.
Por diversos motivos, dos personas que en un tiempo preciso no podían
vivir la una sin la otra empiezan a huir el uno del otro, a odiarse
y a agredirse mutuamente. Esta ruptura engendra, al mismo tiempo
una espiral de rupturas y de aislamientos: entre los hijos y los
padres, entre los hijos en guerra contra una sociedad que los ha
reducido a no pertenecer a nadie. Éste fenómeno de
"soledades en cadena", es una de las tristes
características de nuestra época.
9.-
Y querámoslo o no, este es el medio ambiente en el que aparece
como una sombra danzando en los tejados de nuestras casas la lúgubre
muerte con el peor de los antifaces: el del suicidio.
Junto
con elevar a Dios una oración por cada una de sus familias,
les quiero recordar que: "El
suicidio no es un acto aislado, sino el final de un proceso".
Es decir, en la vida del propenso o del “candidato”
se van sucediendo una serie de actitudes y de avisos que van dirigiéndose
hacia la puerta falsa. Te puede parecer extraño pero el suicida
te avisa, no una sino muchas veces. Y la familia debe estar unida
y atenta no tan sólo para observar, sino también para
interpretar los signos manifiestos.
10.-
También quisiera invitar a los familiares de alguien que
haya interrumpido su vida que no dejen de rezar por él o
por ella. Es posible que ésto nos cause mayor violencia
a algunos de nosotros que hemos memorizado la doctrina antigua en
la que al suicida se le condenaba eternamente.
El
Catecismo de la Iglesia Católica nos dice en el número
2282: "Transtornos psíquicos
graves, la angustia, o el temor grave de la prueba, del sufrimiento
o de la tortura, pueden disminuir la responsabilidad del suicida."
Y
continúa el número 2283: "No
se debe desesperar de la salvación eterna de aquellas personas
que se han dado muerte. Dios puede haberles facilitado por caminos
que Él sólo conoce la ocasión de un arrepentimiento
salvador. La Iglesia ora por las personas que han atentado contra
su vida."
11.-
Te invito a que seas preventivo y a que les concedas a tus hijos
un chaleco salvavidas para los momentos de naufragio: este chaleco
salvavidas se confecciona de fe, de auténtico amor y de esperanza
cristiana.
Y
para aquellos que han padecido el dolor de la autopérdida
irreparable de un ser querido nunca olviden que por muy grande que
sea la miseria del hombre la misericordia de Dios será siempre
mayor.
EL
AMOR ES MUCHO MÁS QUE UNA DEFINICIÓN
“ Tanto amó Dios
al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que
todo el que crea en él no perezca, sino que tenga la vida
eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo,
sino para que el mundo se salvara por él. El que cree en
él no será condenado; pero el que no cree ya está
condenado, por no haber creído en el Hijo único de
Dios”.
1.- Muy gentiles amigos:
En
nuestro tiempo, todo mundo habla acerca del amor con pretendida
erudición. Resulta sorprendente el encender la radio o la
televisión, ir al cine o escuchar alguna conferencia, y encontrarnos
con un sin fin de personas que aparentan ser doctos sobre la materia.
Más sorprendente aún, nos debe resultar esa frivolidad
con que algunos medios y conductores abordan un tema tan trascendente,
apropiándose el título de expertos.
2.-
Si tú y yo, un día, incursionáramos en una
Biblioteca y nos dedicáramos a inspeccionar en los libros
que allí se encuentran, nos quedaríamos pasmados ante
la gran cantidad de autores que han escrito sobre este tema: filósofos,
pensadores, científicos, teólogos, psicólogos,
pedagogos, sociólogos, terapeutas y místicos,... por
sólo referir a algunos.
Si
quisiéramos encontrarnos una definición o una descripción
sobre el amor, jamás terminaríamos de recolectarlas.
Son tantas y tan variadas las alusiones que, acerca del amor, pueden
llegar a nuestras manos.
Cuando
estudiaba la Filosofía, discutíamos los alumnos en
las aulas sobre las opiniones que emitían santo Tomás
de Aquino y san Agustín, el primero Aristotélico y
el segundo Platónico. Se ama
lo que se conoce decía Santo Tomás,
Se conoce lo que se ama
decía san Agustín. Y nos preguntábamos ¿Qué
es primero?, ¿Primero se conoce y luego se ama?, ¿o
primero se ama y luego se conoce? ¿Qué es primero
la acción de la inteligencia o la acción de la voluntad?...
Y las discusiones no terminaban.
3.-
Ahora bien, ¿Cómo se define el amor? La Madre
Teresa de Calcuta, una mística activa del
siglo XX, nos decía “no
importa lo que das sino el amor con el que lo das”.
Gabriel Marcel, filósofo personalista abiertamente católico,
escribió que amar a alguien será esperar siempre en
él. Don Manuel García Morente, Decano de la Facultad
de Filosofía en Madrid y, después de reconvertirse,
se llegó a ordenar sacerdote, con pleno conocimiento de la
realidad, redactaba que el amor es el rosal que tiene más
rosas y que tiene más espinas. Henry D. Thoureau defenderá
que el amor debe ser una luz para la vida y no solamente una llama.
¿Qué
otra definición pudiéramos tener sobre el amor?
Erich Fromm escribe que el amor inmaduro es aquel que dice: “Te
amo porque te necesito” y que el amor maduro es el que dice:
“Te necesito porque te amo”. Mucho antes, decía
con entusiasmo el filósofo Platón que, con un solo
toque de amor cualquier persona se convierte en poeta. Blas Pascal,
místico del siglo XVII, en sus Pensamientos dejó escrito:
El corazón tiene razones que la razón no comprende,
más tarde este pensamiento se le ha atribuido a Antoine de
Saint Exúpery. Y, en el siglo XIX, Friedrich Nietzsche había
dicho lo mismo al expresar: “Siempre
hay un poco de locura en el amor. Pero siempre hay un poco de razón
en la locura”.
Se
preguntarán ustedes ¿Habrá otras definiciones
o alusiones?: “Ama y haz lo que quieras”
decía también San Agustín. Por su parte, Santo
Tomás de Aquino nos dice: “Ama
todo lo que puedas”. San Juan de la Cruz,
en tanto, escribía: “Donde
no hay amor pon amor y sacarás amor”
y sentenciaba el mismo místico un poco más adelante:
“Que es dolencia de amor que
no se cura, sino con la presencia y la figura”.
San Bernardo de Claraval, por propia cuenta, será el autor
de aquella famosa sentencia: “La
medida del amor es amar sin medida”.
4.-
¿Qué tan cierta te parece la siguiente afirmación
de La Rochefoucauld: “El mismo viento que apaga una llama,
aviva una hoguera; así pasa con la ausencia: mata el amor
pequeño y acrecienta uno grande”?
En
realidad La Rochefoucauld se inspiró en una antigua seguidilla
popular que se cantaba con esta estrofa:
El
amor que te tengo
Parece sombra,
Cuanto más alejado
Más cuerpo toma.
La ausencia es aire
Que apaga el fuego corto
Y enciende el grande.
¿Alguien
más en la historia quiera incluir algún otro elemento?
Cuando a Sigmund Freud le pidieron una definición
acerca de la salud mental y emocional, dijo: “Es la
capacidad de trabajar y amar”. De la misma manera,
Alfred Adler expresó que “Todos los fracasos humanos
suelen ser el resultado de una falta de amor”. Finalmente
dentro de los psicoterapeutas, Karl Menninger, gustaba de repetir:
“El amor cura todo. Cura a aquellos que lo dan y cura a aquellos
que lo reciben”.
5.-
Y, ¿cuál es la aportación de los poetas? Alfonso
Karr dirá que: “el amor nace de nada y muere
de todo”, ¡cuánta verdad tiene! Y, que
te parece el pensamiento de Don Ramón de Campoamor: “Todo
en amor es triste, más, triste y todo, es lo mejor que existe”.
Y
también hay los anónimos como aquel que dice: “Ámame
menos a la vez y me amarás por más tiempo”...
En lo personal, me agrada ese pensamiento anónimo que dice
que en no ser amado hay mala suerte, pero en no saber amar hay infelicidad.
¡Oye!,
te prometo ya no alargarme más en esta lista de alusiones.
Pero por favor ¡Dime!, ¿qué te parece el siguiente
soneto?:
No
hallar fuera del bien centro y reposo,
Mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
Enojado, valiente, fugitivo,
Satisfecho, ofendido, receloso.
Huir
el rostro al claro desengaño,
Beber veneno por licor suave,
Olvidar el provecho, amar el daño;
Creer
que un cielo en un infierno cabe,
Dar la vida y el alma a un desengaño:
Esto es amor. Quién lo probó lo sabe”.
Que,...
¿Quién lo escribió?, ¡no me lo vas a
creer!,... un sacerdote, Don Felix Lópe de Vega,
aquel que es considerado como uno de los más grandes baluartes
de la letra castellana, ubicado sólo después de Cervantes.
6.-
Pongamos un límite a nuestras inspecciones. Ya que podríamos
seguir ocupando la totalidad del espacio de la reflexión
rememorando tantas y tan distintas alusiones o definiciones acerca
del amor.
7.-
Todo aquello que con seriedad se diga acerca del amor puede ser
grato e iluminador, pero nos toca ahora, dirigir la mirada hacia
Aquél que personifica el amor. Para los cristianos,
el amor ha tenido su pleno significado en Cristo Jesús. Se
trata del amor verdadero y auténtico. Se trata de Aquél
que siendo enviado por el Padre eterno nos ha manifestado la proporción
con que hemos sido amados.
Dios
Padre nos dió en Jesús todo y lo mejor. No tiene otro
Hijo de reserva, se trata del Único Hijo. En Cristo, se ha
despojado a favor de los hombres.
El
poeta Archibald McLeish menciona que los símbolos nos afectan
más que las ideas. Los católicos tenemos sobre los
altares de nuestras iglesias un gran crucifijo. Bajo Él pende
un letrero imaginario y silencioso en el que deberíamos leer
cada uno de nosotros lo que hoy hemos leído en el Evangelio:
“Tanto amó Dios al mundo que nos envío
a su único Hijo para que todo el que crea en Él no
se pierda sino que tenga vida eterna”.
8.-
¿Sabes? Hoy, me entristece el que los cristianos renunciemos
al rostro claro del amor que Dios nos ofrece. Me parece
lamentable que andemos en la vida, como si fuéramos limosneando
un poco de cariño tras creencias equivocadas e inseguridades
erróneas. ¡Qué triste que, olvidando la grandeza
de nuestra fe, andemos suplicando esperanzas vacías en otros
lugares! Es, verdaderamente lamentable, el que, como lo decía
el profeta Jeremías, hayamos dejado el manantial del agua
viva y andemos en búsqueda de esas cisternas agrietadas.
9.-
Lo más lamentable en el cristiano, es la posibilidad del
olvido de ese significado del amor auténtico y verdadero:
¡Qué extraño el pensamiento de alguien
que se quiere llamar cristiano y que olvida que Cristo vino al mundo
para salvar y no para condenar! Olvidamos que el Señor Jesús
vino al mundo como el divino médico, no por los sanos sino
por los enfermos; que como Salvador y Redentor vino al mundo no
por los justos sino por los pecadores.
Resulta
repugnante para cualquier cristiano serio, el que se siga predicando
por las calles: Dios Padre había sido ofendido por el hombre
y esa ofensa adquirió matices de inmensidad, por razón
de aquel que fue ofendido. Que esa ofensa no podía ser saldada
por el hombre ni por un ángel, sino que tenía que
venir el Hijo de Dios a hacerse hombre para saldar esa ofensa contra
el Padre Eterno. ¡Qué extraño pensamiento de
los que ignoran el mensaje del Evangelio y presentan al Padre Eterno
como si fuera alguien inmaduro y vengativo, como alguien que pareciera
negarse a dar el perdón hasta que Cristo con su muerte pueda
cumplir el capricho de sus peticiones! A todos esos predicadores
de la venganza se les olvida el Evangelio de Jesucristo que nos
habla sobre un amor infinito del Padre que no nos acusa sino que
nos manda a su Hijo para manifestarnos el amor que nos tiene.
10.-
¡Que mensaje tan distinto y tan distante de lo que el Evangelio
nos anuncia! ¡Qué raro que el día de hoy persistan
los hombres atemorizados por mensajes de condena y de coacción
espiritual y que ellos mismos renuncien a recordar que Dios es Padre!
¡Qué extraña actitud la del hombre que prefiere
el mensaje de un Dios que castiga, en lugar de contemplar el rostro
de un Padre que ama y que la prueba del amor que nos tiene, es precisamente
que sigue a la espera de cada uno de nosotros!
11.-
¿A qué nos invita la Palabra de Dios el día
de hoy? El amor no es una definición, sino el distintivo
fundamental de la enseñanza de Cristo.
En
Jesucristo, que ha venido al mundo y que se ofrece en la cruz, hemos
comprendido que el amor auténtico no se limita a dar, sino
que se expresa en el darnos a nosotros mismos.