Domingo 6 de Noviembre de 2005_________Pbro. Rogelio
Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx
SER VIGILANTES
“En aquel tiempo Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los cielos es semejante a diez jóvenes, que tomando sus lámparas, salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran descuidadas y cinco, previsoras. Las descuidadas llevaron sus lámparas, pero no llevaron aceite para llenarlas de nuevo; las previsoras, en cambio, llevaron cada una un frasco de aceite junto con su lámpara. Como el esposo tardaba, les entró el sueño a todas y se durmieron.
A media noche se oyó un grito: “¡Ya viene el esposo! ¡Salgan a su encuentro!” Se levantaron entonces todas aquellas jóvenes y se pusieron a preparar sus lámparas, y las descuidadas dijeron a las previsoras: “Dennos un poco de su aceite, porque nuestras lámparas se están apagando”. Las previsoras les contestaron: “No, porque no va a alcanzar para ustedes y para nosotras. Vayan mejor a donde lo venden y cómprenlo”.
Mientras aquéllas iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban listas entraron con Él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras jóvenes y dijeron: “Señor, Señor, ábrenos”. Pero él les respondió: “Yo les aseguro que no las conozco”.
Estén, pues, preparados, porque no saben no el día ni la hora.”
Alguien no ha dudado en llamarle a la parábola de este domingo: “una parábola trágica”. Algún otro la ha considerado como una de las dos parábolas más difíciles, la otra es la de los viñadores homicidas.
Admito que es una parábola difícil, pero tengo que decir que la dificultad no se atribuye a la parábola en sí, sino al tema que nos invita a que revisemos: la vigilancia. Te das cuenta como la parábola posee un epílogo trágico en el que se nos recuerda que la conclusión del último tomo de la historia de nuestra vida también puede ser verdaderamente trágico.
Así pues, resulta necesario que no eludamos la enseñanza de Dios: ¿qué es la vigilancia? ¿Por qué es necesaria? ¿En qué consiste? ¿Qué puesto ocupa en la vida del creyente? ¿Qué se opone a ella? ¿Qué peligros la amenazan?
2.-Vayamos por partes: La vigilancia surge de dos elementos fundamentales en la vida cristiana: La incertidumbre respecto al momento en que se efectúe el regreso del Señor y la constatación del tema del retraso. La constatación de los dos elementos anteriores conllevan el peligro de la disminución en la tensión y con ello el debilitamiento del fervor inicial y de la diligencia. Por eso, el acento se ha desplazado de la proximidad de la venida a su carácter humanamente imprevisible. Y si a un elemento tuviéramos que darle espacio en nuestra constatación de este domingo es a la invitación que Dios nos hace para que no nos dejemos sorprender.
La parábola nos presenta dos contrastes demasiado claros: un primer contraste, el de los dos grupos de jóvenes, calificadas unas como sensatas y las otras como necias. El Evangelio no nos está hablando de cualidades intelectuales, sino de la apertura y de la cerrazón que se puede tener frente a una opción existencial, moral y religiosa.
El segundo contraste que nos muestra la parábola es el que se encuentra entre el sueño y la vigilia. El sueño alude a nuestro sopor espiritual, a la frialdad, a la inacción; el que duerme momentáneamente no está en el círculo vivo de las acciones humanas, más bien uno se llega a asemejar a un cadáver. Por el contrario, el estado de la vigilancia suele ser un índice de rapidez, tensión, amor activo e inteligencia.
3.-La parábola del Evangelio se inserta en una problemática particularmente viva en la Iglesia primitiva, y que ha sido revivida por algunos movimientos de la actualidad.
Los cristianos creemos que la primera venida de Cristo fue en la encarnación por obra del Espíritu Santo del vientre virginal de María Santísima. Los bautizados esperamos la segunda venida del Señor, se trata de lo que llamamos Parusía. La Parusía será el retorno de Jesús al final de los tiempos.
Y así, entre la primera venida y la segunda se encuentra el tiempo presente. El tiempo de la espera. El tiempo de la Iglesia.
En aquel entonces, y en este tiempo, han existido fanáticos que tienden a manipular, acortar o anular este tiempo intermedio. Durante todo el tiempo del cristianismo han existido los impostores que, aprovechando la emotividad popular, predican la inminencia de un final fatídico.
Se trata de todos esos movimientos llamados apocalípticos o milenaristas que tienen un indudable gancho entre la gente más sencilla por ofrecerles seguridades y por jugar con el terror de las consciencias.
Muchos han llegado a hablar de días o de fechas, todo ello equivocado en la ingenuidad y hasta manipulado en la sagacidad. Algunos han manejado operaciones aritméticas en la datación, que era para el año 1914 y luego para el año 1917, otros más dijeron que en el 2000, y otros muchos han manejado acontecimientos descriptivos y hasta impactantes (guerras, hambre, enfermedades, desastres naturales como los pasados huracanes Emily, Stan, Wilma, Alfa, Beta..., cosas que han acontecido siempre), todo ello lo harán para ganar adeptos y, no pocos de ellos, buscan mejores diezmos y limosnas.
Al principio te ofrecen frutas en sus carpas, en los cines y hasta en los salones de hotel, y te ofrecerán cobertores, material de construcción, despensas para las familias, dulces y juguetes para los niños en la cercana navidad pero,... dentro de algunos meses cuando estés dentro de su carpa o de su cine te pasarán la factura: por lo menos el diez por ciento semanal de todos tus ingresos, y en no pocas ocasiones manipulando los textos de los Hechos de los Apóstoles te pedirán que vendas el patrimonio de tus hijos para que se los entregues y así no perezcas como le pasó a aquel hombre impío del libro de los Hechos de los Apóstoles, quien murió fulminado por no ser generoso con Dios. Mientras que ellos se convierten en un grupo acaudalado y tienen grandes sumas depositadas en los bancos de los Estados Unidos, de México y ahora hasta de Brasil.
4.-Y aquí tenemos que recordar lo que el Señor Jesús nos ha expresado abiertamente al manifestar que Él no ha venido a suministrar precisiones acerca del “cuando”. Un cristiano no tiene necesidad de conocer la hora exacta.
No se trata de discusiones sobre quien tiene la razón, si el sacerdote que está hablando en la radio y escribe en la internet o el pastor que grita en las asambleas o que habla con acento brasileño en la televisión. Aquí no se trata de que se sobreponga ni el sacerdote católico ni un ministro de otro culto, se trata de que la enseñanza de Jesús sea la que verdaderamente se imponga, lo único que prevalezca.
¡Por favor! Relee el Evangelio del día de hoy y date cuenta de que: Cristo más que establecer un plazo, exhorta a la vigilancia: “Estén, pues, preparados, porque no saben ni el día ni la hora.” La vigilancia viene motivada por la incertidumbre acerca de la fecha de la llegada del Señor.
El creyente no puede ser alguien que viaje con un calendario en la mano, sino con un corazón que verdaderamente palpite por el hermano. El cristiano, efectivamente, no es alguien que ya sabe todo de antemano, ¡bueno!, perdóname que tenga que auto-corregirme porque sí hay algo que conoce: “¡el día y la hora es desconocida!” .
5.-Y así, al regresar al Evangelio nos damos cuenta de que la culpa de la que pudiera ser acusado el cristiano no es por la carencia de información sobre el día y la hora, sino por no estar preparado.
Esa extraña curiosidad de muchos que nos llamamos cristianos sobre nuestro fin, o simplemente sobre el fin, me ha recordado a los antiguos cíclopes, aquellos personajes legendarios de la mitología griega que tenían un ojo en el centro de la frente. De acuerdo a las narraciones de la Grecia antigua, ellos tenían un “don”: los dioses les habían concedido el “regalo” de conocer con exactitud el día y la hora en que ellos iban a morir. La mitología cuenta que era esta información conocida lo que los mantenía tristes y llorosos toda su existencia.
¿Quieres saber cuándo es el fin?¿Quieres saber cuándo se acaba todo?¿Quieres saber cuando vas a morir? ¡Oye!, y,... ¿Por qué mejor no disfrutas adecuadamente de este día que Dios te está brindando en su generosidad?
6.-El tiempo es la única moneda que tenemos en la vida, y sólo nosotros podemos decidir cómo gastarla. Hay que tener cuidado, no sea que la dejemos sin utilizar, o que permitamos a otros gastarla por nosotros.
En cierto sentido el cristiano “sabe” y “no sabe”. Sabe que el Señor vendrá, pero no sabe ni “cuándo” ni “cómo”. Es por ello que lejos de tener curiosidad, la incertidumbre nos obliga a que seamos vigilantes. Y así, el Evangelio mucho más que ser un lugar para las informaciones debe ser asumido como el espacio de las exhortaciones.
El “grito”: “¡ya viene el esposo!”, no es una señal ni de advertencia ni de amenaza, sino una señal de anuncio. En el momento en que dé el anuncio ya no quedará tiempo. ¿Se puede hacer algo? Demasiado tarde. Habría que pensarlo antes. La fidelidad tenemos que entender que no se improvisa en un solo instante, sino que es un ejercicio del tiempo.
En esa nuestra hora, siempre sorprendente, del encuentro, sólo va a contar lo que se tiene, lo que se es, no lo que se puede juntar de improviso ni lo que se querría tener, ni lo que otros hayan hecho por sí mismos..., nuestras lamentaciones nunca sustituirán la fidelidad esperada por Dios.
Jesucristo en el Evangelio nos está invitando para que no estemos sacando fechas de una imaginación fantasiosamente delirante, ni que mucho menos nos confiemos de esas mentes esquizofrénicas de los que mal predican por las calles.
7.-El discurso de la vigilancia se entrelaza necesariamente con el de la sabiduría. Se trata de estar presentes en el presente, de no olvidar los compromisos de cada día.
Decía Don Gabriel Marcel, aquel filósofo existencialista abiertamente católico y de comunión diaria: “Morir es abrirse a lo que hemos vivido sobre la tierra”.
No podemos estar pensando en la “hora” sin la capacidad de vivir nuestras horas. Se trata de abrirse al futuro, sin traicionar el presente. Y dedicarse al presente sin olvidar el futuro.
EDUCAR EN LA RESPONSABILIDAD.
Las descuidadas dijeron a las previsoras: “Dennos un poco de su aceite, porque nuestras lámparas se están apagando”. Las previsoras les contestaron: “No, porque no va a alcanzar para ustedes y para nosotras. Vayan mejor a donde lo venden y cómprenlo”.
1.-Muy queridos amigos:
Hace doce años fui a visitar a Ricardo Ibarra, unexcompañero de la Universidad y amigo sacerdote de Mexicali, y me hospedé en la casa parroquial. Como el vuelo se retrasó, llegué hacia las 2:00 de la madrugada, fue por mi al aeropuerto y al llegar a la parroquia inmediatamente me indicó la habitación en la que me iba a alojar. Era un cuarto sencillo, tenía un santo Cristo en la pared, una cama, un pequeño escritorio, un buró, una lámpara y una silla, lo estrictamente necesario para estar bien. Recuerdo que, en mi cansancio apenas me había recostado e inmediatamente me dormí.
Al despertar al otro día, me di un buen baño, y al rasurarme me di cuenta de que el vidrio del espejo del baño tenía grabado un mensaje que decía: "Estas viendo la cara de la única persona responsable de tu felicidad el día de hoy".
Busqué incesantemente y solamente aparecía mi cara en el espejo, y pensaba: Este Ricardo que nunca deja sus novedades,... aunque pensándolo bien, ¡es cierto!, Dios es el artífice de mi felicidad, pero yo soy el responsable de aceptarla o de no aceptarla.
2.-Hoy, que tú y yo, vivimos en una época plagada de permisivismo y relativismo, es urgente que seamos responsables y que formemos en la responsabilidad a aquellos que se nos han confiado.
Es cierto que nadamos contra corriente y que en ocasiones nuestra vida se asemeja a la voz que clama en el desierto pero, tenemos que nadar y tenemos que predicar. Recuerda que los únicos peces que no van contra la corriente son los que están muertos.
3.-¡Fíjate!, cómo cada vez abundan más los psicólogos de pacotilla que ponen en mal a los psicólogos verdaderamente profesionales y honestos, al recomendar a sus pacientes: Haz a un lado tus complejos, tus fracasos, tus dolores y cansancios y dedícate a caminar por el camino del placer, el camino que es de tu agrado, no te compliques la vida. ¡Vive la vida! ¡Sólo se vive una sola vez!
Son esos psicólogos, digámoslo así, del Hakuna Matata. Parece que recomiendan cantar esa canción de aquella película de Walt Disney:
Hakuna Matata, una forma de ser.
Hakuna Matata, nada que temer.
Sin preocuparse es cómo hay que vivir
a vivir así, yo aquí aprendí.
¡Qué triste! ¿Te acuerdas de la película del Rey León? Me parece verdaderamente lamentable el que, mientras la comunidad esté muriendo devorada por nuestras hienas, tú te la pases bailando y cantando, y que entones "el no preocuparse" como la forma de vivir.
Decía Winston Churchill que “el precio de la grandeza es la responsabilidad”, y yo le agregaría a lo anterior que el precio de la santidad y el único costo que tiene la eternidad es también el de la responsabilidad.
Ser responsable significa ser capaz de responder, ser capaz de dar respuesta ante el mundo en medio de las dificultades, ser capaz de dar respuesta ante la propia conciencia después de un cristiano discernimiento, y así un día responder ante Dios, de los propios actos, decisiones y actitudes del corazón.
Cada persona es responsable de lo que recibe, y un día tendrá que responder de aquello que promete, de lo que dice y de lo que hace.
4.-El Evangelio de Jesucristo, este día, nos dirige una invitación a la responsabilidad. Se nos habla de aquellas jóvenes que quieren trasvasar extemporáneamente un poco del aceite de las otras cinco, y cómo estas les expresan abiertamente su negativa.
Uno podría quedarse pensando y hasta juzgar de egoísmo la actitud de aquellas vírgenes que les niegan el combustible, pero en la realidad el Evangelio quiere enseñarnos que hay realidades y valores que no se pueden ni se deben “transferir” sin más ni más, porque no son objeto de cambio.
5.-Lo decía San Agustín en el siglo V del cristianismo: “el que te creó sin ti no te salvará sin ti”
En nuestro momento decisivo ante Dios, ni yo puedo responder por ti ni tú podrás hacerlo por mí. Y, este puede ser uno de nuestros dos problemas: o el de aquellos que nos confiamos ilusamente en el otro o el de aquellos que queremos culposamente hacer todo por el otro.
El Evangelio nos advierte para que no olvidemos que cada uno de nosotros es el protagonista único e insustituible de su propia historia, el único responsable de sus opciones. Cada uno, cuando llegue el Esposo, tiene que pronunciar su propia respuesta, y aquí no se pueden ni ofrecer ni recibir préstamos.
6.-¡No sé tú! Pero yo conozco individuos que, con el máximo descaro, se la pasan anunciando:
-Estoy seguro del todo, estoy al abrigo y protegido de cualquier peligro, porque, ¿no sé si lo sepas? tengo una tía monjita que reza por mí todos los días; yo, en realidad no tengo tiempo de rezar. Ella reza continuamente rosarios por mí. ¡Qué suertudo soy!
O también uno se encuentra a aquellos que dicen:
Tengo una mujer que se la pasa todo el santo día en la Iglesia, en rezos, en apostolado, y que hace tanto bien que basta para los dos y sobra para compartirle a los demás...
O hay incluso aquellos que comentan a sus amigos:
En nuestra familia tenemos un monseñor que ocupa un puesto muy importante,... ¡Ah sí!, pues nosotras somos hermanas del padre Rogelio...
Ellos, al hacer este comentario nos dejan entender que él o ella encontrarán la manera, a lo mejor recurriendo a un subterfugio para hacer entrar al paraíso a toda su caravana familiar, aún a los haraganes que han descuidado el aceite de su lámpara.
Confiándole este asunto, a las monjas, a los clérigos, y a las esposas cristianas, ellos entre tanto pueden continuar viendo todo el santo día telenovelas, leyendo el libro vaquero, mandando solamente a los hijos a la Iglesia, mientras los hijos se dejen, pero sin ponerles el buen ejemplo, confiándose en la poca ciencia que su hermano pueda tener pero sin preocuparse de conocer a Dios y de amarle como Él se lo merece. Piensan que el buen éxito del último viaje está garantizado y... se equivocan. Aún cuando él o ella tuviesen aceite suficiente en su lámpara
7.-Vivir supone trabajo personal callado y solitario en esa parcela única y personal en la que nadie puede trabajar por nosotros. ¡Entiéndelo! Nadie puede vivir el cristianismo en nuestro lugar. Cuando se trata de la vigilancia y de la fidelidad no se pueden permitir las sustituciones.
¡No se trata de cualquier cosa! A nuestra cita más decisiva, hace falta que nos presentemos nosotros, no está permitido hacerse representar por otro, aquí no valen ni las delegaciones, ni los plenipotenciarios, ni los representantes, ni las influencias. Las obras buenas se producen a nombre propio y en beneficio propio, no se subarriendan.
Nuestros tíos monseñores, nuestros hermanos sacerdotes y nuestras parientes monjitas, más que provocarnos un adormecimiento evasor e ingenuo, deberían servir para ponernos el reloj despertador, para darnos la señal de alarma. Deben advertirnos que estamos en peligro. Que nuestro peligro es el de la negligencia, el de la inconsciencia y el del retraso.
8.-Ninguno de nosotros puede ni debe sustituir a los demás en las decisiones fundamentales ni en su opción fundamental. El hermano no es un recipiente que debamos llenar con nuestra doctrina, ni tampoco es una cabeza que debamos amueblar con nuestras verdades.
Sabio es aquel que permite al otro encontrar su propio camino, que lo orienta hacia la fuente, que lo estimula a descubrir su propio rostro frente al espejo.
Y ¡fíjate! Cómo hay algunos que tocan nuestras puertas e ignoran este mensaje del Evangelio. ¿Por qué ignoran a Cristo? Algunos de ellos han fabricado su propia doctrina y olvidan que Cristo nos enseña que este aceite no puede ser compartido, y entonces algunos hasta se bautizan en el nombre de los tatarabuelos, y tienen una lista genealógica en una increíble computadora para bautizar a todos tus antepasados hasta la “n” generación, aunque hayan muerto hace quinientos años o más... Parece ser que ya bautizaron a Adán y a Eva.
9.-Vivir juntos la espera, sostenernos en la esperanza, enseñar la verdad a alguien, es algo muy distinto a pensar, a juzgar o a obrar en lugar de los otros. Exhortar a alguien para que esté preparado no significa gestionar la conciencia del otro.
El aceite de la lámpara de nuestra fe no se trasvasa, banalmente, de un candil a otro. Lo importante es que cada uno reencuentre, cultive y cuide la chispa de la fe que enciende la lámpara de su propio interior y que tengamos las actitudes necesarias, como para que le alimentemos continuamente de tal manera que nuestra lámpara dure encendiday con el aprovisionamiento necesario hasta que Cristo regrese.
No se podrá improvisar esa hora, ni se podrá aplazar. Sólo se preparará uno dando valor y significado a todas las demás horas de nuestro reloj.
10.-Amigos: El Evangelio nos dice que nuestro pecado está precisamente en el no caer en la cuenta, en vivir inconscientemente, en despreocuparse de todo, en no sospechar, en vivir como si... En eludir la responsabilidad.
El esposo puede retrasarse. Pero por ninguna parte aparece que haya mandado a decir que ya no llegará...
La verdadera esperanza no deja de lado el hoy. No es posible nutrirse de una esperanza fuera del tiempo. ¡Eduquemos en la responsabilidad!
"Estas viendo la cara de la única persona responsable de tu felicidad el día de hoy". Rezaba en el silencio aquel espejo de Ricardo el “novedoso”.
LA PUNTUALIDAD NO ES CUESTIÓN DE RELOJES.
“En aquel tiempo Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los cielos es semejante a diez jóvenes, que tomando sus lámparas, salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran descuidadas y cinco, previsoras. Las descuidadas llevaron sus lámparas, pero no llevaron aceite para llenarlas de nuevo; las previsoras, en cambio, llevaron cada una un frasco de aceite junto con su lámpara. Como el esposo tardaba, les entró el sueño a todas y se durmieron.
A media noche se oyó un grito: “¡Ya viene el esposo! ¡Salgan a su encuentro!”
1.-Muy queridos amigos:
En la parábola de las vírgenes prudentes e imprudentes nos sorprende cómo, por una cosa tan insignificante como es el no tener aceite para volvera encender la lámpara, en el caso remoto de que llegue el esposo en una hora inesperada, tuvo para esas jóvenes tanta gravedad como de que tocaran a la puerta y las desconocieran por completo y no pudieran entrar al banquete del Esposo. Llama la atención ¿Cómo una cosa tan pequeña puede tener tanta trascendencia?
Y sin embargo, aquí es en donde precisamente entra el sentido de la parábola de este domingo. Se trata de una clara denuncia contra esa enfermedad de nuestros tiempos, como en el fondo bien pudo haberlo sido de todos los tiempos y de todas las generaciones: nuestra incapacidad para comprender la trascendencia de lo que decimos y de aquello que hacemos.
2.-El Evangelio del día de hoy nos dirige una llamada de atención a todos nosotros para que seamos más profundos, para que aprendamos a ser responsables. Se trata de ser capaces de comprender la trascendencia de todo aquello que estamos diciendo y de aquello que estamos haciendo.
Y es que llega a tal grado nuestra inconsciencia que frecuentemente no sabemos ni siquiera pagar las consecuencias de nuestras necedades y la no pocas veces la emprendemos violentamente contra Dios, culpándole a Él de los funestos desenlaces de nuestras propias decisiones. Y no hay más culpable que nuestra propia enfermedad, nuestra propia frivolidad y esa nuestra superficialidad en todo lo que decimos y en todo lo que hacemos.
3.-El Señor nos invita para que aprendamos a vivir el presente, que dejemos ya de ser diferidores. Nos invita para que seamos prudentes, responsables y sabios, con esa sabiduría que debe empezar por comprender nuestra realidad como presupuesto y punto de partida para alcanzar la sabiduría que viene solamente de Dios.
Y es que, no podemos seguir actuando como actuamos, con motivos tan miopes, tan superficiales como son los motivos que están en la base de muchas de las cosas que suceden a nuestro alrededor. No podemos seguir por el camino de comprometer el futuro simplemente por esa poca seriedad de no comprender la trascendencia de lo que hacemos.
Hoy se nos invita para que no perdamos de vista la perspectiva de la eternidad, y para que no dejemos escapar el instante fugaz del tiempo. No seamos ni extraños ni distraídos en el mundo.
Nosotros los cristianos creemos que la retribución de Nuestro Señor Jesucristo entraña la vida eterna y la vida futura. Es vida eterna porque ya ha comenzado cuando se nos comunicó la vida sobrenatural en nuestro bautismo, y es vida futura porque la expresión de plenitud que en Cristo recibiremos superará lo que en este mal espejo estamos contemplando.
4.-Y en este ambiente de nuestras expectativas de eternidad, el Evangelio, muy a propósito nos habla de diez mujeres jóvenes y lo hace con el objetivo de señalizarnos que aunque Él se retrase nosotros debemos mantenernos en la esperanza que nace de la juventud y lozanía de la vida cristiana. Nuestros problemas van a surgir de esos momentos en que por perder la actitud de vigilancia nos debilitemos, nos avejentemos, se endurezca nuestra vida, al corazón le surjan esos pliegues en sus membranas que son síntoma del tiempo acumulado.
La única certeza que tenemos en cuanto al tiempo que abra la puerta de la eternidad no es otra que la del retraso. Y, es que en la realidad, cuando Dios se retrasa está siendo verdaderamente puntual y demasiado considerado con nosotros, puesto que espera que reaccionemos a tiempo. Sabemos que Dios llegará puntual respecto a su hora, y que esta llegará a través de una sucesión interminable de retrasos en relación a nuestros relojes.
En la realidad Dios no se retrasa, Él llegará en el momento justo. ¡Quizá Él, en no pocas ocasiones, estará retrasando su llegada para darnos un margen de tiempo, buscando provocar nuestra preparación para el encuentro! Esperando que nos alistemos con el aceite necesario para que nuestras lámparas encendidas nos permitan reconocer su divino rostro a la medianoche de nuestra historia. Y por desgracia, seremos nosotros los que no nos presentaremos puntuales al encuentro con lo que es importante, decisivo, en nuestra vida.
Será de suma importancia que no se utilice la espera de Dios para envejecer. Muchos nos hemos dedicado a envejecer en lugar de aprender a vivir y ésta es la antinomia del cristianismo.
¿Será esto lo que habría comprendido y aquello que habría querido expresar el cristiano Víctor Hugo al escribir: “El invierno está sobre mi cabeza, pero la eterna primavera está en mi corazón”?
Para un cristiano no existe la vejez, existen las personas mayores. Jesús cuando regrese reconocerá sólo a las personas que se mantengan joviales, aquellos que no han permitido que los años empañen la frescura inicial, aquellos que no refrenen el empuje, aquellos que no hayan debilitado sus sueños e ilusiones.
La juventud es la única manera sabia de vivir la espera y de prepararse al encuentro con Jesucristo.
5.-Y aquí podemos regresar a las sorpresas que nos trae el Evangelio. ¡Qué cosa tan pequeña! No previeron que el marido iba a llegar temprano y sin embargo, mira las consecuencias que tuvo... ¡Mide las consecuencias de tus actos!
El Señor nos invita a la vigilancia, y esto significa tener sentido de espera. Espera no de algo sino de Alguien.
La vigilancia no es identificable con el ser insomne. Hoy, hay muchas personas que no dormimos, pero no por eso estamos vigilantes.
Ser vigilantes no es estar esperando pasivamente, inertes, olvidando el presente, es más, vaciando de valor el presente. Ni la vida humana ni la vida cristiana se pueden convertir en una aburrida sala de espera.
El creyente ni es ajeno al hoy, ni permite que la realidad presente le ciegue respecto a su futuro. Se trata, como lo dice Dietrich Bonhöeffer, de tomar en serio las “realidades últimas” y, al mismo tiempo, tomar decididamente posiciones ante las “penúltimas realidades” que son las de todos los días que Dios nos da.
El mejor modo para esperar será el vivir en plenitud cada instante. Se trata de no desentenderse de nada, no dejar pasar ni siquiera el más minúsculo acontecimiento sin prestarle atención y sin asumirlo responsablemente.
El Evangelio nos invita a ser previsores en la vida y a que nos demos cuenta de la trascendencia en lo que decimos y hacemos, aunque parezcan cosas pequeñas, como lo es un poco de aceite en nuestras lámparas.
6.-Y sobre la educación en la responsabilidad quisiera dejar un espacio final para hablar de las “horas” que nos prepararán para el momento de nuestra “hora”. Reza un pensamiento anónimo: Si usted quiere que sus hijos tengan los pies sobre la tierra, colóqueles alguna responsabilidad sobre los hombros.
¿Cómo educas a tus hijos? John Dreschler en Signos de los tiempos del mes de abril de 1984, dice que los niños pasan por tres edades: REGLAMENTACIÓN, IMITACIÓN E INSPIRACIÓN. Un padre que permite cuando hay que reglamentar y se ríe y celebra, cuando quiera reglamentar su hijo ya no aceptará reglas y estará en la edad de la imitación.
EDAD DE LA REGLAMENTACIÓN:De los 1 a los 7 años. Durante este tiempo el niño necesita que se le diga qué es lo que se espera. Si el niño no tiene reglas precisas y claras para guiarse, se vuelve díscolo, no está contento, se siente inseguro y adquiere el sentimiento de que no es amado. Además será malcriado y actuará en una forma a veces desagradable tratando de descubrir dónde están sus límites y dónde sus controles. Los primeros años de la vida del niño son los importantes para su formación moral. Necesita conocer qué es lo que debe hacer, antes de pensar o poner en práctica lo que quiere hacer. Este aprendizaje empieza cuando nace y le será enseñado principalmente por los que están más cerca de él.
Durante estos primeros años el niño vive en un mundo de sentimientos y de descubrimientos más bien que de la razón. Él depende de los padres para que le den dirección, Necesita reglas para seguir, un camino que se le marque para transitar. El niño pequeño se confunde si se le hace razonar y decidir su propia conducta.
EDAD DE LA IMITACIÓN: Ocurre entre los ocho y los doce años de edad. Durante estos años son sumamente importantes los modelos. Las reglas son importantes, pero el ejemplo es el gran estímulo. A esta edad el niño aprende con el ejemplo, puesto que su capacidad de pensar en abstracto no está bien desarrollada hasta entonces. La educación religiosa no puede contrarrestar totalmente el ejemplo que dan los padres: "Tus hijos prestan más atención alo que hagas que a lo que digas".
EDAD DE LA INSPIRACIÓN: La siguiente edad, de los trece años en adelante. Durante la época de la adolescencia el joven se inspira por grandes ideas de una u otra índole. Durante la adolescencia necesita héroes o heroínas. Si no los tiene, los buscará; y si no le inspiran los buenos, lo inspirarán los malos. Durante éste período el adolescente adquiere gran estabilidad y carácter si tiene siempre presentes determinadas metas. Necesita metas tanto a corto como a largo plazo.
7.-El Evangelio de hoy nos invita a comprender que en nuestra vida y en nuestras relaciones sociales es necesario llamar a las cosas por su nombre, afirmar convicciones, asumir responsabilidades, sostenernos en la verdad. No podemos ceder ni doblegarnos, no podemos ser irreflexivos nitampoco irresponsables. Solamente la firmeza en nuestras convicciones y decisiones puede mejorar nuestro mundo y hacernos merecedores de la eternidad. ¿Pero..., si sólo les faltaba un poco de aceite?