Domingo 13 de Noviembre de 2005_________Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

LA NECESARIA DESIGUALDAD DE LOS HOMBRES

“En aquel tiempo Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los cielos se parece también a un hombre que iba a salir de viaje a tierras lejanas; llamó a sus servidores de confianza y les encargó sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro, dos; y a un tercero, uno, según la capacidad de cada uno, y luego se fue.

El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió un talento hizo un hoyo en la tierra y allí escondió el dinero de su señor.

Después de mucho tiempo regresó aquel hombre y llamó a cuentas a sus servidores.

Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: “Señor, cinco talentos me dejaste; aquí tienes otros cinco, que con ellos he ganado”. Su señor le dijo: “Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu señor”.

Se acercó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: “Señor, dos talentos me dejaste; aquí tienes otros dos, que con ellos he ganado”. Su señor le dijo: “Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor, te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu señor”.

Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y le dijo: “Señor, yo sabía que eres un hombre duro, que quieres cosechar lo que nos has plantado y recoger lo que no has sembrado. Por eso tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo”.

El señor le respondió: “Siervo malo y perezoso. Sabías que cosecho lo que no he plantado y recojo lo que no he sembrado. ¿Por qué, entonces, no pusiste mi dinero en el banco para que, a mi regreso, lo recibiera yo con intereses? Quítenle el talento y dénselo al que tiene diez. Pues al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que tiene poco, se le quitará aun eso poco que tiene.

Y a este hombre inútil, échenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación”.

 

 

Momento 2

Momento 3

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1.- Estimados amigos:

Hoy sale a nuestro encuentro la parábola de los talentos, una parábola dura y exigente. Aquí el hombre es presentado como alguien favorecido por Dios pero, al mismo tiempo, se le recuerda que solamente es un administrador de aquello que no le es propio, y para lo que Dios le está pidiendo ser competente.

Esta parábola de los talentos se encarga de iluminar de manera directa y auténtica la naturaleza de nuestros pecados de omisión.

2.-Sólo cuando alguien no se haya sentado a reflexionar con seriedad sobre la profundidad de lo anterior, podrá sacar como conclusión que la religión cristiana es una especie de “opio”, que aliena o que desfasa, que nos puede sacar del marco de la realidad.

La religión cristiana debiera ser, en coherencia con el Evangelio, totalmente todo lo contrario. El Señor Jesús nos recuerda que se nos han entregado talentos y que tenemos la responsabilidad de multiplicarlos.

Fíjate como todos los hombres estamos dotados de una variedad de capacidades para que seamos colaboradores de Dios en la construcción de un mundo mejor. Y fíjate como nuestra vida consistirá no en aquello que tenemos de más o de menos en relación con los demás, sino en aquello que cada uno de nosotros hace con el más o con el menos que recibió.

3.-La verdad es que varios juicios injustos se han erguido, a lo largo de los tiempos, contra esta parábola: ¿Por qué cada uno recibe distintos talentos? ¿Por qué uno resulta menos favorecido que los otros dos en los dones delegados por Dios? ¡Es injusto hacer distinciones!

Somos tantos los que pareciéramos proponer una especie de socialismo colectivizante de las virtudes. ¡Es que todos debiéramos ser iguales!...

No debemos olvidar que en la variedad es en donde está la riqueza, la fortaleza, la complementariedad, la belleza y la armonía. ¡Abre bien los ojos y date cuenta! La variedad, la diversidad y la multiplicidad de la naturaleza se da en toda la creación y también entre los hombres.

En nuestra sociedad industrio-cibernética se estila fabricar todo en serie: libros, zapatos, automóviles, televisores, trajes, casas... Lo anterior, no representa complicación alguna,... nuestros problemas surgen cuando éstas pretensiones se hacen extensivas a la vida del hombre o a las relaciones entre las personas.

Pareciera que esta es la pretensión y la presunción de la ciencia respecto al hombre en la actualidad: manipular y regir con la biotecnología los estándares en la producción del ser humano. Hoy, el hombre quisiera clonar y que hubiera 5 Einstein, 5 Da Vinci o 5 Dostoievsky.

4.-Las pretensiones colectivizantes no se han quedado en lo biológico, sino que también se han transportado al plano de lo psicológico: en muchas de nuestras familias, de las amistades y, sobre todo, en una gran cantidad de matrimonios, queremos que el otro piense las cosas como yo las pienso, que sienta como yo siento, que opine como yo opino, que hable como yo hablo o que se calle cuando yo me callo. Hoy son tantas y tan variadas las mentes castrantes.

Los talentos recibidos por cada persona son diferentes, por eso no es valido exigir a los demás que vivan o que se exijan como yo, ni tampoco el quedarnos a la mitad del camino porque los demás están cansados.

5.-El Evangelio nos muestra a tres hombres distintos y a cada uno nos lo muestra con su tesoro. Debemos darnos cuenta de que Dios no nos fabricó en serie sino que nos hizo en serio. Cada uno tiene las propias huellas digitales, la propia configuración genética, distinta de la de los demás. Tenemos nuestra propia personalidad, nuestra manera de sonreír, de enojarse, de ser uno mismo.

No podemos pasarnos la vida mirando el patio o el jardín ajeno sin disfrutar del propio. No debes compararte con nadie.

6.-El Evangelio nos muestra la gran riqueza de la obra de Dios: No tenemos porque ser exactamente iguales. En la creación la variedad es precisamente una de las más claras manifestaciones de la grandeza y sabiduría de Dios: en las flores, en los frutos, en los colores, en la fauna, en los órganos, en la misma sexualidad.

Imagina, por un solo momento, que todas la flores del mundo fueran iguales. Aunque fueran rosas todas las flores, esto empobrecería nuestros campos.

Imagínate un mundo sin gama de colores. ¡Por favor! Elige el color que más te guste y piensa que todas las cosas en la creación fueran únicamente de ese color, sin alguna otra variante. ¿Acaso no te parecería aburrido un mundo monocromático?

Imagínate la fauna de la creación y, sí quieres, piensa en tu mascota preferida. Si todos los animales del orbe, fueran solamente de una especie, esto se convertiría en una plaga y perdería su encanto.

Imagínate tan sólo sistemas respiratorios en el organismo humano, sin el sistema circulatorio, sin el sistema nervioso o sin nuestro sistema digestivo. El “ser vivo” no sería un organismo sino acumulación de órganos idénticos. Cada órgano de nuestro cuerpo tiene, en la variedad, su verdadera importancia.

Imagínate que el ser humano fuera monosexuado. Si nuestra humanidad fuera solamente del sexo masculino no habría posteridad, amén de convertirse en un verdadero manicomio. Imagínate que en éste mundo solo existiera el sexo femenino, nadie escucharía... Este sería el mundo más aburrido de entre los posibles e imaginables.

Todos nosotros disfrutamos con un concierto de violín, de clavecín o de piano.Todos disfrutamos de un concierto de guitarra clásica o de guitarra flamenca. Pero tú y yo sabemos que, estrictamente hablando, no existe nada tan bello como la Polifonía. La polifonía, con la diversidad de sus instrumentos, es la máxima y más perfecta expresión de la música.

7.-Yo no logro entender, como es que existimos hombres que quisiéramos que todos los seres humanos fuéramos creados en serie y que detestamos esa sabiduría suprema de Dios plasmada en la biodiversidad, la psicodiversidad, la sociodiversidad...

Imagina éste mundo uniformado, sin esos talentos que Dios le dio a cada hombre:

Imagina que Ludwing Von Bethoven no hubiese compuesto su música, imagina que Don Gustavo Adolfo Becquer no hubiese escrito sus rimas, imagina que Miguel Angel Bounarroti no hubiese esculpido, imagina que Vincent Van Gogh no hubiese pintado, imagina que Gian Lorenzo Bernini no hubiese construído, imagina que Thomas Alba Edison no hubiese pensado, imagina que Marie y Pierre Curie no hubiesen investigado ni experimentado, imagina que Herbert Von Karajan no interpretara, imagina que Luciano Pavarotti no cantara, imagina que san Francisco de Asís no se hubiese desposado con la Dama Pobreza, imagina que no hubiese existido un corazón como el de la Madre Teresa de Calcuta, imagínate un siglo XX sin Juan Pablo II.

Imagina que un Arquitecto o un Ingeniero no hubiera construido el Templo al que asistes, imagina que el médico que consultas no te atendiera, imagina que el maestro de tu escuela no enseñara, imagina que tu padre o tu madre no cuidaran de su familia, imagina que el Sacerdote no cuidara del Pueblo de Dios, imagina que el gobernante no gobernara.

Un mundo con puros médicos no funcionaría, un planeta con puros arquitectos sería el caos, y así podríamos seguir discurriendo..., sin final.

8.-Para Dios ninguno de nosotros es un número en medio de la infinitud de seres humanos. Dios nos conoce, nos ama, ha pensado particularmente en cada uno, nos trata como a personas, y esperará de nosotros solamente aquello que sabe que nosotros podemos ofrecerle.

Resulta entristecedor que nuestra vida consistiera en mirar a otros que siguen creciendo, mientras que nosotros vamos muriendo en la ociosidad.

La vida cristiana es exigente: cada uno tiene distintos talentos, cada quien debe entregar sus propias cuentas a Dios. Es lamentable constatar, por el contrario, que existimos tantos prudentes que hemos pecado de perezosos. Nuestra inactividad no tan sólo atrofia los músculos y el cerebro, sino también la vida cristiana. Cada uno sufre por su irresponsabilidad. Cada uno sufre la atrofia de sus cualidades, y cuando se atrofia la conciencia porque no queremos estar despiertos no tendremos más remedio que arrastrarnos y mendigar. Y... ¡Entonces también seremos excluidos del Reino de los Cielos!

Es cierto que nadie puede ponerlo todo pero, también es cierto que, todos podemos poner lo nuestro. "El Señor prefiere a aquellos que han corrido riesgos negociando sus talentos sobre aquellos que los entierran bajo la tierra".

 

¿TRABAJAR CAVANDO AGUJEROS?

Después de mucho tiempo regresó aquel hombre y llamó a cuentas a sus servidores.

Se acercó el que había recibido cinco talento y le presentó otros cinco, diciendo: “Señor, cinco talentos me dejaste; aquí tienes otros cinco, que con ellos he ganado. Su señor le dijo: “Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte de la alegría de tu señor”.

Se acercó luego el que había recibido dos talentos y sucedió lo mismo.

Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y le dijo: Señor, yo sabía que eres un hombre duro, que quieres cosechar lo que nos has plantado y recoger lo que no has sembrado. Por eso tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo.”

1.-Gentil amigo:

Estamos casi por terminar nuestro camino ordinario, en una semana se concluye el año litúrgico. El Evangelio nos muestra al Rey que se marcha y que está dejando sus talentos al cuidado del hombre.

El próximo domingo celebraremos precisamente a ése Rey, al Rey del Universo.

Esta ubicación contextual nos puede ayudar a entender lo que Dios nos quiere decir este domingo.

Si las palabras de la semana anterior eran vigilancia y responsabilidad, la continuación y la explicación puede ser la que hoy va a dominar en la reflexión: Fructificar.

Esa es la advertencia, la indicación clara de ésta parábola. O damos fruto, o se podrirá lo que guardamos para que no se escape. O damos vida, o se apodera de nuestra existencia la muerte; pero, quedarme como estoy, ¡no puede ser posible!

Y sin embargo esto es lo que vivimos: ¿Cuántas ocasiones no tiene uno el impulso de querer regresar atrás y hacer lo que tuvimos que hacer o decir lo que tuvimos que decir?

Esa sensación de tránsito, de cambio, de que el ayer no vuelve, produce o nostalgia o esperanza, o rechazo o aceptación, pero no sirve de nada mirar atrás, porque la vida es movimiento y fruto hacia adelante.

Y el no hacer lo que teníamos que hacer, nos condena a que nos pasemos la existencia mendigándole a la vida un poco de salud, un poco de paz, un poco de amor, un poco de aquello que tenemos que dar primero porque nadie recibirá lo que antes no haya dado, pero aquello que haya dado fructificará y lo recibirá. Todo fructifica, tanto lo bueno como lo malo; se siembran vientos y se recogen tempestades, se siembra cariño y comprensión y se recoge amor.

Vivir es caminar, avanzar, dejando atrás lo que no avanza, aceptando lo imprevisto, aquello que nos sale al encuentro porque en esta vida estamos en movimiento, porque estamos en camino. Nuestro miedo al futuro o a lo que pueda venir, hace que sea tentador y cómodo asegurar la rutina y no querer saber de novedades.

Todos hemos sido llamados a vivir para fructificar. La semilla que no fructifica se pierde. ¿También el hombre? Todos nosotros no somos ni seremos iguales, ¿podemos hacer algo para fructificar hacia la eternidad?

2.-El talento ofrecido por Dios no se gana, no se conquista, no se merece. El talento se recibe de su generosidad.

Los tres empleados de la parábola están equiparados en esta realidad deldon. Un don distinto cuantitativamente. Pero siempre un don. Para todos. En la vida cristiana, pues, el punto de partida no está representado por la nada. Nunca se parte de cero.

Me he hecho yo solo”, proclaman habitualmente, con tono de satisfacción, algunos personajes importantes, en los campos más diversos, algunos cercanos a nosotros, “llegados” a posiciones de prestigio.

El Evangelio nos dice que la existencia se construye con un material que se ha puesto a nuestra disposición, que se nos ha dado gratuitamente.

¡Todo es gracia! Y nuestra vida se convierte en tarea, es decir, no es más que la respuesta a un don que todos nos hemos encontrado inmerecidamente entre las manos.

3.-La intención principal de la parábola es la de amonestar a los oyentes para que aprovechen las ocasiones de la vida presente a fin de realizar algo hermoso, algo bueno, algo nuevo. El sentido de responsabilidad se manifiesta en el ánimo para intentar.

La vida se desperdicia irremediablemente cuando no hacemos que suceda algo.

La fe resulta inútil, es decir, no utilizada, cuando no provoca algo distinto, insólito, asombroso.

El amor muere, y es sepultado, en el mismo instante en que deja de causar sorpresa.

4.-Dice el Evangelio: “El que había recibido un talento, fue, hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor”. Sería interesante y sorprendente el trazar un mapa de los hoyos que se han excavado y que se siguen excavando en el terreno de la vida cristiana.

Aquí tienes tu vida, Señor... Te la devuelvo casi intacta. No me he atrevido a vivir, ni me he complicado. Tenía demasiado miedo a equivocarme.

Aquí tienes el cerebro que me diste, Señor... Está nuevito. No quise correr riesgos de pensar, todo lo que he vivido ha sido asumido de lo que pensaban los demás. He tenido miedo de divagar y poder naufragar en la mar-océano casi infinita de esta mente que me has dado.

Aquí tienes la conciencia que me has dado como donación. Está prácticamente intacta, inmaculada. De hecho, he andado con mucho cuidado al usarla, por miedo a ensuciarla... ¿¡Tú lo comprendes!?

Aquí tienes tu libertad. La he arrinconado, la he aleccionado y la he mantenido bajo estrecha vigilancia (conozco los riesgos a los que me puedo exponer...). Casi nunca me he servido de ella. Es demasiado el compromiso, ¡qué paquetón!

Aquí tienes el corazón que me has dado. En realidad lo he usado demasiado poco, con mucha cautela, con juicio. No quería exagerar. Por eso lo he tenido bajo estrecho control, por miedo a que me llevara a hacer locuras, a que me empujase hacia exageraciones inconvenientes.

Aquí tienes la imaginación y la fantasía. Quizás ha sido un regalo superfluo, no sólo peligroso. Siempre he mantenido a esta “loca de la casa” bajo llave y en cautiverio; nunca la he dejado en libertad. ¿Quién sabe a donde me habría llevado?

Aquí esta la fe Señor, la tengo amortajada, como si fuera un cadáver, en el sepulcro de mi mediocridad, de un lenguaje apagado, aunque te puedo decir que es perfectamente ortodoxo.

Aquí tienes la verdad, anquilosada y endurecida en el desuso, un evangelio embalsamado en la disciplina o desfigurado por mi fariseísmo, una levadura que he enterrado bajo montones de conformismos, una luz puesta debajo de la cama de mi pereza o de la vasija de mi activismo, un espíritu agriado en la burocracia, un nuevo vino en mis avejentados odres, unas bienaventuranzas reducidas a la más estricta conformidad y,... uniformidad.

Aquí está, Señor mi futuro y la eternidad comprometidos en la reedición interminable de un pasado rancio. Aquí te entrego mis sueños neutralizados por el desencanto.

Aquí está la proclamación de la palabra secuestrada por la costumbre, la frescura de mi bautismo disecado por la rutina y por el cálculo oportunista, aquí te entrego la misericordia estrangulada por mis temores.

Aquí están mis liturgias y mis cantos que se convierten en un triste desencanto por el aburrimiento, el gorjeo, los gritos desgañitados que buscan amedrentar las conciencias, así como por mis cantinelas insoportables.

Aquí está tu palabra que se convierte en letra muerta, repetitiva, diseccionada de manera pedante, sometida a una brutal cirugía en los laboratorios especializados de una interpretación sin alma y sin calor y sin poesía. Aquí está tu palabra a la que se hace circular privada de su potencial, anónima, impersonal, aséptica.

Aquí está tu palabra alejada de la vida real, de los problemas concretos de mis hermanos, comentada muchas veces para anunciar la eternidad pero eludiendo todos los compromisos con el presente. Aquí está tu palabra adormecida o sacrificada bajo los ropajes del triunfalismo y las frases rimbombantes.

5.-Aquí está el talento oculto bajo la tierra. “yo sabía que eres un hombre duro, que quieres cosechar lo que nos has plantado y recoger lo que no has sembrado”. Aquí tienes lo tuyo

Aquí está tu palabra sofocada, pesada, descuidada, medida, incapaz de despertar a los que duermen.

Aquí está mi predicación descolorida, jugada en los acostumbrados registros consumidos por el uso y el abuso, cortada sobre mis esquemas ya probados que siempre me han dado resultado y que hacen brotar los aplausos (no importa que sean mezquinos), no importa que no tengan fantasía y que carezcan de ingenio y creatividad, de participación visceral.

Aquí está mi persona señor que ha sido tragada también por el agujero, aquí estoy yo que no he salido al aire libre, y que he sido incapaz de responder a aquel que tú me acercas en la vida, y a tí mismo que eres la vida verdadera.

6.-Hoy, Señor, has querido ilustrar y explicarme lo que significa realmente el acto de vigilar: Vigilar significa ser fiel, activo y rechazar la pereza.

Por favor. ¡Perdóname Señor!:

Resulta increíble, que tú me hayas dado las manos para llevar a mis hermanos el beneficio de tus dones, y que esas manos las haya utilizado para coger el azadón y cavar esas fosas, para así tener en donde enterrar los talentos que tú me has ofrecido.

 

LA RIQUEZA DE LA DIVERSIDAD EN LA FAMILIA.

Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y le dijo: Señor, yo sabía que eres un hombre duro, que quieres cosechar lo que nos has plantado y recoger lo que no has sembrado. Por eso tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo.

El señor le respondió: “Siervo malo y perezoso. Sabías que cosecho lo que no he plantado y recojo lo que no he sembrado. ‘¿Por qué entonces, no pusiste mi dinero en el banco para que, a mi regreso, lo recibiera yo con intereses?”

1.-El protagonista de la parábola de este domingo es un propietario riquísimo pero, a pesar de ello, no ha querido dejar dormir sus capitales, y menos aún a sus empleados. Es más ésta parece su preocupación principal. En efecto, por lo menos tiene esos ocho talentos; podría depositarla personalmente en el banco o invertirla de otra manera; pero prefiere confiarla a sus intermediarios. Cambia aquella operación segura, cómo Él mismo lo reconoce hablando con el siervo llamado malo y perezoso, por otra más arriesgada, solamente para ver en realidad la diligencia y el esfuerzo ajeno.

Esta anomalía revela que su primera intención no es el rendimiento sino el examen de la capacidad, de la habilidad, del espíritu de iniciativa de sus subalternos. La entrega de los talentos más que un acto jurídico es un acto de confianza en su buena voluntad. No quiere que sean simples dependientes sino colaboradores conscientes de sus negocios.

Si los talentos se distribuyen según la capacidad de cada uno, es para dar a todos la posibilidad del rendimiento máximo, no para favorecer a unos con perjuicio de los otros. La distribución desigual de los talentos subraya la diversidad y la complementariedad en las tareas asignadas a cada creyente.

2.-Y este es un mensaje de eclesialidad que debiéramos aplicar a nuestra vida cotidiana: el universalismo se desposa en el seno de la Iglesia con el respeto de la diversidad. La unidad se realiza en el pluralismo.

En este apartado, tenemos que reconocer que precisamente el Espíritu Santo es el principio de unificación pero también el de diferenciación.

La Iglesia alcanzará un respiro de universalidad no sofocando, manipulando, nivelando en particularidades, sino exaltándolas.

3.-Pero vayamos a lo particular, o mejor dicho, a lo cotidiano: Hoy que tan de moda se ha puesto el tema de la clonación, tendríamos que hablar no tan sólo de la posibilidad de una clonación biológica, sino de la realidad y del desastre causado por la que podríamos llamar clonación psicológica.

Entiendo el matrimonio cristiano como la asociación sacramental de dos individualidades diferentes, pero que se complementan.

A todo mundo nos agrada el hecho de que en el matrimonio ya no sean dos sino que sean uno sólo. El problema resulta cuando algunos pretendemos que ese “ser uno sólo” del matrimonio, sea el “yo” y no el “tú”. Suele ser allí, en dónde se ha realizado el funeral del tú: “tú ya no piensas”, “tú ya no sientes”, “tú no opinas”, “tú no hables”, “cuando estemos con los amigos tienes que decir lo que yo estoy diciendo”. Desgraciadamente el tú ha sido despojado de su carnet de identidad al ingresar en el asfixiante y dictatorial mundo del yo de muchos de los esposos tiránicos.

El matrimonio no debería de ser ni la prevalencia del yo ni la del tú, sino el nacimiento del nosotros, y es sólo así como podemos entender el uno sólo. Se trata de la afirmación de la primera persona, pero en el plural, en el que entra y se contempla la grandeza del “yo” y del “tú”.

El amor verdadero es incompatible con el egoísmo. El nosotros considera un yo y un tu que son diferentes, pero nunca inferiores.

Detesto la comparación del amor con la “media naranja”: creo que para hacer una pareja sana no bastan dos mitades; si no que se necesitan dos enteros. Sólo cuando estemos satisfechos de lo que somos y nos desempeñemos bien como personas independientes, respetando lo que el otro es, podremos desempeñarnos bien en una relación de familia.

Considero que el matrimonio no es resta, sino suma. No es empobrecimiento sino enriquecimiento. Y dentro de este significado el respeto por la otra persona tendrá siempre un lugar sumamente importante.

Y, sin embargo, este es nuestro problema: el esposo somete a sus estructuras a su esposa, los hijos a los padres y muchos de nosotros a nuestros amigos.

4.-Hay una narración de Poter Robinson en una publicación titulada: Mitos y Leyendas del mundo antiguo, que habla sobre las pretensiones impositivas de los hombres.

“Había una vez un rey extraño y excéntrico como pocos en la historia de los reinos. Tenía muchos admiradores en la comarca y en los lugares cercanos, y decidió hacer una especie de monumento que nadie olvidara jamás.

Después de consultar a sus consejeros: determinó hacer una cama de oro con incrustaciones de piedras preciosas en la cabecera y en los costados que fuera insuperable en toda la tierra, sin importarle si se gastaba todas sus riquezas y los ahorros de varias décadas. El lecho debería estar cuajado de zafiros, rubíes, esmeraldas y diamantes, para que todos los invitados tuvieran el honor y el agasajo de pasar una noche en la cama real.

Evidentemente que dormir en la cama sería un honor, y se le debería guardar el máximo respeto, ya que en ella se reflejaba todo el orgullo y pedantería del rey y de la corte.

Así que mandó llamar a los mejores orfebres y diseñadores para su fabricación, pero se encontraron con un problema y decidieron preguntarle al rey.

-Majestad, ¿qué medidas debe tener la cama real para los invitados?

-Bueno.... -contestó el rey y guardó silencio sumergiéndose en sus pensamientos:

"Si la hago demasiado larga, los de corta estatura tendrán dificultades; y si la hago demasiado corta, los de estatura larga van a tener problemas... pero la cama tiene que hacerse..."

-Majestad - insistieron los constructores- no nos ha respondido qué medidas debe tener el lecho.

-¡Ah! si, ya sé - respondió el rey, quien continuaba absorto en su cavilación -. Debe de tener un tamaño standard, o sea, hay que sacar la medida promedio de todos los habitantes y visitantes especiales del reino. Si los de menor estatura miden un metro cincuenta centímetros, y los más altos miden dos metros, hay que obtener el promedio de todos.

-Majestad - preguntaron los fabricantes-, ¿quiere decir que la cama debe medir un metro con setenta y cinco centímetros?

-¡Exacto! - respondió el rey entusiasmado.

Los constructores trabajaron arduamente durante varios meses hasta que satisfechos dieron por concluido su trabajo.

El rey, feliz con el monumento terminado, decidió dar una fiesta. Invitó a su palacio a las mujeres y hombres más famosos del reino y sus alrededores. Todos iban enardecidos, ansiaban saber quién tendría el privilegio de pasar la primera noche en la cama de oro y joyas, ignorando que la única condición del rey para dormir en ella, era medir un metro setenta y cinco centímetros. La persona debía de adaptarse a la cama para no deshonrarla.

Y así sucedió. Al elegido que medía dos metros se le daba a escoger, en medio de los resplandores del oro y las piedras preciosas, qué parte quería que se le mutilara: la cabeza, el cuello o las piernas. Los de baja estatura eran estirados en máquinas atroces por hombres corpulentos en una o dos sesiones hasta dar con la medida. Los únicos que realmente disfrutaron el honor de dormir plácidamente en ella, fueron los que medían exactamente un metro setenta y cinco centímetros.

La cama era venerada por el reino, pero quedó intacta durante muchos años. Sólo unos cuantos, con conceptos erróneos acerca de lo que es un privilegio; aún sin dar la medida, deseaban dormir en ella, encontrando inevitablemente la muerte, ya que sus cuerpos eran descuartizados o mutilados de una o de otra forma.

5.-Podría decir que todos los problemas que existen en el mundo, radican en las camas de oro y diamantes que cada uno ha formado en su propia mente. Y así tratan de que la esposa (o), los hijos, los amigos y la sociedad se adapten a la medida exacta de sus propias pretensiones.

Si alguien no da la talla, se le descuartiza o se le mutila de una u otra forma, opacando o aniquilando totalmente su personalidad, llamándolo loco, pecador, extravagante, por el único hecho de ser diferente. Los que dancon nuestra medida son aceptados, llenándolos de oro y de piedras preciosas, pero se pierden en su pequeño mundo de oropel, limitados; a una medida de la cual no se puede salir por ser considerada inmutable.

Y así se trata a los hijos, no nos damos cuenta de que cada nuevo ser que llega a la tierra es portador de un destino único e irrepetible. Lo anterior es una realidad sagrada que no puede profanarse. Es un misterio que debe ser acogido y respetado.

6.-Nuestras relaciones con los demás, han dejado de ser espontáneas y le suelen faltar el respeto a los otros. Les ofrecemos nuestro afecto pero detrás de ello le hacemos llegar la factura que hay que cubrir a cambio de nuestro “cariño”.

Nuestra vida se ha convertido en una puesta en escena en donde solamente dejamos pasar a aquellos que han pagado el boleto de admisión: el importe es la alabanza y la adulación, el placer y la satisfacción. Nos reservamos el Derecho de Admisión: negamos el acceso a los que suelen ser una carga o una aparente molestia, a aquellos que no son como nosotros o como nosotros quisiéramos que fueran. Y éste suele ser uno de los peores pecados de nuestro tiempo.

El Evangelio nos invita para que usemos los talentos que poseemos. Reconociendo la riqueza universal que nace de la diversidad en la individualidad.

¿Sabes? No nos hemos percatado que nuestros bosques serían silenciosos si sólo cantaran las aves que lo hacen mejor.

 

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