Domingo
27 de Noviembre de 2005_________Pbro. Rogelio
Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx
DESPIÉRTAME ANTES QUE MUERA
“ En aquel tiempo, Jesús
dijo a sus discípulos: Velen y estén preparados,
porque no saben cuando llegará el momento. Así como
un hombre que se va de viaje, deja su casa y encomienda a cada
quien lo que debe hacer y encarga al portero que esté velando,
así también velen ustedes, pues no saben a qué
hora va a regresar el dueño de la casa: si al anochecer,
a la medianoche, al canto del gallo o a la madrugada. No vaya
a suceder que llegue de repente y los halle durmiendo. Lo que
les digo a ustedes, lo digo para todos; permanezcan alerta”.
1.-
Muy estimados amigos, les agradezco por la gentileza que nos brindan
al frecuentar este espacio de reflexión.
En
este primer domingo de adviento en que el Evangelio nos dice: “¡Vigilad,
estad atentos!” Debemos preguntarnos: ¿Estad
atentos a qué? ¿Qué hacemos mal? ¿Qué
cosas hacemos en la vida y de lo cual nos podemos arrepentir? ¿Vigilar,
qué? ¿Cómo vivimos para no llorar cuando sea
demasiado tarde?
Adviento,
significa: “venida”. Y este tiempo litúrgico
llamado adviento, y compuesto por cuatro semanas, nos prepara progresivamente
para la celebración litúrgica de la primera venida
de Cristo, el próximo 25 de diciembre.
Sin
embargo, Dios a través de su Palabra nos va a presentar algunos
elementos que son fundamentales, en orden a que preparemos nuestro
adviento existencial.
El
adviento es un tiempo de conversión,
un tiempo para ingresar a nuestro interior, en orden a detectar
tanto aquellos elementos nocivos en nuestra vida así como
aquellos elementos positivos que no han sido suficientemente fortalecidos.
El
adviento es un tiempo para que hagamos un alto en la existencia,
y así una vez revisado el marco de la vida, nos dispongamos
a continuar por el buen camino, o bien seamos capaces de retomar
ese camino que hemos abandonado.
2.-
¡Fíjate! Como la solución de casi todos nuestros
problemas nace cuando somos capaces de admitir nuestros errores,
cuando miramos hacia adentro con sinceridad.
Cuando
somos capaces de reconocer y aceptar nuestro egoísmo en nuestros
actos, cuando no tenemos miedo de aceptar nuestro error, cuando
aceptamos una conciencia en claridad, es entonces que se empieza
a vivir.
Mientras,
no puedo llegar al núcleo del problema que está en
mí, en la manera cómo yo sea capaz de aceptar la vida
y sus inconvenientes con claridad, sin miedo y con la difícil
capacidad de arrepentirme y de vivir purificándome de los
lastres que sin querer he ido aceptando. Se dice que No es posible
vivir feliz en el presente a menos que el pasado se haya 'limpiado'
y el futuro sea brillante y prometedor".
El
Evangelio de este domingo nos invita a que dejemos nuestra pasividad
en la vida, y a que nos convirtamos en verdaderos hombres comprometidos
con nuestra vida y con nuestra historia. Que dejemos de ser reactores
y que nos convirtamos en los actores de ese trozo de trama que Dios
me ha confiado.
3.-
¡Vigilad, estad atentos!, nos dice el Señor, y es que
las cosas más bellas de la vida se pueden escapar, se pueden
perder si vivimos en la somnolencia.
Te
quiero comentar una escena en mi vida:
Como
sacerdote, y desde que era seminarista siempre me ha causado gran
preocupación, algo que yo autitulaba y autotitulo: "estacionarme".
Al
ingresar al Seminario entré en un ambiente en el que me sentía
profundamente a gusto, y gritaba a los cuatro vientos, el haber
sido una de las personas más afortunadas. Me sentía
como un pez en el agua, como un ave disfrutando de la placidez del
viento, como una gacela corriendo por la campo. En lo personal,
disfrutaba de las oraciones, de la Santa Misa, del Apostolado el
fin de semana y en vacaciones, del Deporte, de las Clases, del Estudio
Personal, de los convivios, de la Vida Comunitaria e Interpersonal.
El Seminario, de pronto, se convirtió en mi segunda y verdadera
familia. Le llegué a asimilar como si fuera una segunda madre
que terminó de alimentarme. Estaba como un bebé cómodamente
ubicado en su placenta.
Pero
resulta que en el mes de Abril de 1985, el Señor me iba a
ofrecer una sorpresa. ¡Me iba a despertar!
Mientras
trabajaba en la carpintería del seminario, algo extraordinario
parecía poder cambiar repentinamente el rumbo de mi vida.
Lo que me sucedió estaba atentando contra lo que yo buscaba,
y de pronto las luces de alerta se encendieron vertiginosamente,
el faro amarillo se encendía intermitentemente, y una especie
de sirena ululaba en un espacio abierto, y todas mis seguridades
parecían correr el peor de los peligros. La señal
de alarma provocó sobresalto, y por primera vez en la vida,
experimentaba que podía perder algo que amaba con toda el
alma
Yo
tenía 19 años y era aquel ya mi quinto año
en el Seminario, era mi oficio ése año por segundo
año consecutivo el de carpintero en la comunidad, y trabajaba
en el taller en las horas de trabajo físico, que en justicia
y obligación teníamos que realizar para el buen funcionamiento
de nuestro Seminario.
Recuerdo
que hacíamos unos reclinatorios para la capilla del Instituto
de Filosofía y mientras empujaba con los dedos pulgares la
madera que ingresaba equidistantemente a la sierra eléctrica,
el dedo pulgar de mi mano izquierda brincó el borde de la
madera que empujaba y por el impulso, se fue a estrellar con el
disco de la sierra eléctrica.
En
la realidad no me cortó, era algo peor: me estaba destruyendo
el dedo pulgar de la mano izquierda, me lo estaba desflorando, lo
había destrozado. Los afilados dientes distribuidos irregularmente
en aquella sierra eléctrica no me cortaron, me golpearon
duramente la punta del dedo y destrozaron la huella digital.
El
sangrado era exagerado, y en ese momento pensando en mil cosas,
me dirigí hacía la oficina del Padre Lorenzo Barrera
Charles, la cual estaba a unos doscientos metros de donde estaba
ubicada la carpintería. El era mi prefecto y tenía
que ponerle al tanto del accidente. Recuerdo que no me dolía
el dedo, ya que estaba profundamente caliente y adormecido, pero
el sangrado seguía siendo incesante.
El
padre no estaba en ese preciso momento, y me dirigí junto
con un compañero hacia la Cruz Roja de san Pedro, que está
a unos 1000 metros del Seminario de san Pedro.
De
pronto una idea me asaltó. Hacía 2 Años, el
año 1983 de entonces, que el Código de Derecho Canónico,
el cual rige la vida interna de la Iglesia, había cambiado,
pero bien recordaba que decía el anterior Código que
"un defecto notable en las manos del candidato era un impedimento
para que alguien se ordenara sacerdote". Esto me perturbó,
me despojó de la paz.
Ya
estando en la Cruz Roja, llegó el padre Lorenzo, quien ya
enterado del accidente y me encontró haciendo sala de espera
para ser atendido. El padre se adelantó y trajo a una doctora,
quien le dijo en un tono que quería ser tranquilizador, que
el dedo no se iba perder pero que iba a quedar defectuoso, le explicaba
la doctora al Padre, que se había perdido "demasiada
sustancia".
Una
vez que la doctora regresó a su consultorio, el padre Lorenzo
se sentó a mi lado y me preguntó, al verme llorando
en ese momento, “¿quieres que te lleve con un cirujano
plástico que conozco, o quieres que te atiendan aquí?”
Recuerdo
como si fuera el día de ayer mi respuesta entre sollozos:
"Padre, no me preocupa si el dedo me queda estético
o no? ¿No me preocupa si queda chueco o torcido? Lo que si
me preocupa es que el día de mañana no me quieran
ordenar sacerdote. Padre, yo quiero ser sacerdote, yo quiero ser
padre."
El
padre Lorenzo decidió llevarme con el Doctor Rodrigo, su
amigo especialista en cirugía plástica, con el cual
todavía me siento agradecido, y pido a Dios constantemente
por él y por su familia. Se me hizo una cirugía reconstructiva,
gracias a Dios no se habían afectado ni los músculos
ni los nervios.
4.-
Este acontecimiento me sacudió en mi vida, y me hizo espabilarme
en medio de un grato pero somnoliento proceso. ¿Estás
de acuerdo conmigo en que cuando todo es agradable entra la somnolencia?
¿No te has dado cuenta que cuando el clima es placentero
y no tiene variantes suele adormecernos?
El
Señor nos hace una advertencia: No
sabemos ni el día ni la hora.
Abundamos
quienes nos sentimos dueños de la vida, creemos que tenemos
nuestro tiempo comprado. No debemos olvidar que en este vida el
único momento que tenemos seguro es el momento presente,
éste día que Dios me da y que debo aprovechar al máximo.
5.-
Cuando los grandes momentos de la existencia se ven como un punto
de llegada, nuestra vida se vuelve un lastre. El cristiano debe
contemplar siempre la existencia como un continuo empezar. Ni siquiera
la vida eterna será algo que nos haga concluir, sino que
se convertirá en el inicio definitivo.
Dice
el Prefacio I de los fieles Difuntos: "Pues para los cristianos,
la vida se transforma no se acaba, y cuando se disuelve nuestra
morada terrenal tú nos prepara una mansión eterna
en el cielo".
El
mismo cielo no es el fin sino el comienzo. Cada momento
de esta vida es un volver a empezar.
¿Sabes?
Hay una oración muy breve, que he agregado a las de todos
los días y que he estado repitiendo desde hace muchos años
al iniciar y concluir mis labores cotidianas: “¡Señor,
despiértame antes que muera!”
6.-
Muy queridos amigos: “Es imposible darle marcha atrás
al reloj, pero si Dios te ha permitido darle cuerda otra vez, tienes
que aprovecharlo”.
PEONES DE ALBAÑIL DE LA PROPIA EXISTENCIA.
“En
aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: Velen y
estén preparados, porque no saben cuando llegará el
momento.
1.-
Muy querido amigo:
¿No
sé si te has fijado? Pero..., los hombres y las mujeres de
todos los tiempos tenemos una doble forma de ver las realidades
que vivimos en nuestra existencia: en primer lugar todo lo que obtenemos
o aquello que se nos obsequia se puede ver como un punto de llegada,
o bien, en segundo lugar, todo puede ser visualizado como un punto
de partida.
Es
así, de estas dos formas, como contemplamos el nacimiento,
el noviazgo, el matrimonio, el ingreso al Seminario, la ordenación
sacerdotal, la graduación, el establecimiento de un negocio,
el misterio de la muerte... todo, completamente todo, puede ser
visualizado desde esta doble perspectiva,... aún aquellas
cosas más sagradas.
Lo
anteriormente mencionado pareciera no tener una gran notoriedad,
sino fuera porque las diferencias en la vida, y en nuestra forma
de ver la vida, se van marcando por esta doble forma de avizorar
la existencia.
2.-
¿Punto de llegada o punto de partida? Las dos formas
suelen parecer tan semejantes, y esto en ocasiones nos adormece,
pero las actitudes que se generan por una u otra óptica existencial
marcan una distancia abismal.
Démonos
tiempo, el día de hoy, para que revisemos nuestra vida cristiana,
el matrimonio, la vida consagrada y mi sacerdocio, el misterio de
la muerte, bajo esta perspectiva.
3.-
El matrimonio, para aquellos que ven la celebración del sacramento
como un punto de llegada, podrá ser entendido como algo que
logras alcanzar en la vida, como la realización de un sueño,
como una ilusión concretizada. Se trata de un lugar al que
anhelabas llegar y al que al fin has accedido. Se trata de una especie
de conquista obtenida.... ¿y qué tiene esto de malo?
–te preguntarás-. Dame un poco de tiempo y lo verás.
Por
otro lado, el matrimonio cuando es visto como un punto de partida,
debe ser entendido como un nacimiento y como el inicio de un estilo
nuevo en la vida que Dios les concede a los cristianos. Se trata
del inicio de algo totalmente nuevo que supera las expectativas
y los sueños del hombre.
Las
diferencias entre una y otra forma de ver el matrimonio, como punto
de llegada y como punto de partida, todavía no son muy notorias...,
las verdaderas diferencias vendrán en las actitudes de lo
cotidiano, lo cual suele transformar los sueños en pesadillas.
Aquellos
que contemplan el matrimonio como un punto de llegada, tienen el
riesgo de caer en el limbo de la mediocridad, pueden aletargarse,
caen en el sopor y en el engaño.
El
experimentar esa “seguridad” que nos da lo adquirido,
ha hecho, de muchos esposos y esposas, personas que olvidan todo
aquello que mantenía con vida el amor durante el tiempo del
enamoramiento y del noviazgo.
Aquellos
para quienes el matrimonio es un punto
de llegada, se les suelen olvidar todas aquellas
atenciones,... y los detalles. La celebración sacramental
del matrimonio se convierte, para esta pobre gente, en una adquisición,
en una conquista.
Con
el paso del tiempo, se les llega a mirar descuidados en su aspecto
físico, desaliñados. Se sienten seguros de tener a
alguien que llega o que le espera en casa. No les preocupa nada,
al fin y al cabo, ya han llegado a donde esperaban llegar y han
obtenido lo que deseaban obtener.
Pero...
¿y para aquellos que el matrimonio
es un punto de partida?
Todo
lo contrario sucede, con aquellos que contemplan el matrimonio como
un punto de partida: ellos ni pueden ni quieren darse el lujo de
adormecerse, de perder los pormenores, esas pequeñas cosas
de la vida. Para ellos, no hay un lugar para la somnolencia.
Ellos
no pueden dejar morir algo tan sagrado, que vieron nacer cuando
recibieron el sacramento del matrimonio. En su vida no hay lugar
para el sopor, el aburrimiento, la pereza o la costumbre.
4.-
Ahora podrás darte cuenta de que: El mejor deseo que podríamos
tener para una persona que se casa, es el que su matrimonio no sea
un punto de llegada sino un punto de partida.
Lo
mejor que podríamos anhelar para ellos es que, el formar
una familia no sea el llegar a una meta sino el recibir de Dios
la señal de salida para iniciar una noble competición
cristiana; que para ellos el matrimonio no sea el anochecer sino
el amanecer de un sueño totalmente nuevo; que no sea el ocaso
sino el despuntar de una nueva ilusión; que el Sacramento
que reciben no sea la conclusión de un tomo sino la introducción
a una nueva etapa; que la celebración litúrgica no
sea el escribir el epílogo de una historia, sino el escribir
el prólogo de un nuevo tomo en la vida.
5.-
¿Sabes? La vida consagrada también tiene los mismos
peligros. Cuando para un sacerdote o una religiosa aquel momento
tan sublime en que se consagró la vida, es visto como un
punto de llegada y no un empezar a caminar, puede llevarle a convertir
paradógicamente lo más sagrado en una vida poco digna.
Para
quienes la consagración es un lugar al que se llega, la consagración
se convierte entonces en un “status”, en donde se ha
adquirido una “falsa seguridad”. Las personas empezamos
a olvidar todo aquello que mantenía con vida lo que es vital,
ya no hay preocupación por la oración, ya no se estudia,
ya no hay retiros ni ejercicios espirituales..., los libros se convierten
en un adorno en la oficina.
Entonces
el sacerdocio, la parroquia y la vida en medio de la comunidad de
vida consagrada, se convierte en una especie de conquista, un lugar
al que se llega y sobreviene nuestra lamentable monotonía.
Nos vamos arrastrando en el polvo de la rutina y la amargura.
En
cambio, aquel sacerdote o aquella religiosa que vea su consagración
como un punto de partida no podrá dejar asfixiarse algo que
es considerado un Don y un Misterio. No se podrán descuidar
todos aquellos elementos de la formación permanente que mantienen
siempre vivo lo que en la formación básica se recibió.
6.-
¡Fíjate! Como son tantos los ámbitos en que
se aplican estos principios...
Hay
quien pensó que su graduación era un punto de llegada
que le hacía merecedor de un excelente puesto en una empresa,
sin que esto significara un punto de partida de una vida profesional
cimentada en el esfuerzo de la vida diaria... Hay tantos profesionistas
que hicieron de la salida de las aulas el punto al que se llegó,
y se han quedado obsoletos en sus conocimientos y en los servicios
que ofrecen.
7.-
Pero..., mejor dejemos nuestro espacio del pensamiento, para dirigir
la mirada a nuestra vida cristiana.
Dice
el Evangelio: “Velen y estén
preparados... Lo que les digo a ustedes lo digo para todos: permanezcan
alerta”.
La
vida cristiana es un prolongado y recurrente punto de partida. Solamente
así a Dios se le puede amar y esperar en el estupor, con
las puertas de la mente abiertas de par en par, con las manos trabajadoras,
con nuestros ojos liberados de la pesantez, y con el corazón
finalmente curado de la dureza que provocaba nuestra esclerocardia.
En
cambio, para quienes pensamos que ya hemos llegado, o que la vida
cristiana es una adquisición de nuestro bautismo, nos podemos
convertir en esos hombres mediocres que piensan que son sus credenciales
con las que podrán acceder al Reino, o que, por ir a tal
parroquia los católicos, o a tal congregación nuestros
hermanos separados, ya poseen una especie de membresía de
la eternidad, ya están en el número de los salvados.
¡Qué triste engaño!
8.-
La hiperconfianza suele ser tan nociva. Ayer como
hoy, y quizá hoy más que ayer, somos tantos los que
nos sentimos dueños de la vida, los que creemos que tenemos
el tiempo, las cosas y las personas compradas.
La
vigilancia deberá ser una actitud del cristiano en cada momento.
Porque cuando sin querer nos descuidamos, casi sin darnos cuenta,
ya no tenemos presente el por qué de tantos desvelos y de
tantas preocupaciones.
Vigilad
significa que nunca podremos descansar creyendo que ya hemos llegado,
que ya estamos bien, que ya somos lo suficientemente buenos como
para descansar, dormirnos y despreocuparnos.
Nuestra
atención ha de ser constante, pues el contagio, el mal se
infiltra cuando bajamos la guardia. El mal está siempre ahí,
siempre atento y se apodera de nosotros cuando nos confiamos. Y
ése es el peligro constante, no que aceptemos el mal, sino
que se vaya apoderando poco a poco de nosotros al no estar atentos.
Nuestra
vida cristiana, como punto de partida debe ser ofrecimiento y lucha.
Sólo se vivirá cristianamente en el esfuerzo y en
la donación. ¡Porque el que da la vida y todas las
cosas, es Dios!
8.-
El cristiano tiene siempre la necesidad de contemplar la existencia
como un continuo comenzar. Solamente entonces comprenderá
que la vida eterna es la prolongación de lo que en la vida
hayamos hecho. La muerte no será entonces un epílogo
sino el prólogo de una historia en la eternidad, no será
un tomo que se cierre sino nuestro ingreso a un tomo en el que estén
escritos nuestros nombres. El cielo no será entonces un punto
de llegada sino un punto de partida para todos nosotros.
Pero...,
somos tantos los que estamos esperando el futuro en lugar de construir
el futuro. Parafraseando el escrito de Don Amado Nervo, ¿En
qué hemos convertido nuestra vida? ¿Qué somos
cada uno de nosotros? ¿Somos Arquitectos o peones de albañil
de nuestro propio destino? ¿Tienes un proyecto por realizar
o las cosas simplemente se van dando una tras otra en un ineludible
movimiento mecanicista?
9.-"Una Iglesia que no espera en la venida del Señor,
ha perdido el núcleo de su esencia, ha perdido toda su fuerza".
VIGILANCIA
EN LA FAMILIA.
“Así
como un hombre que se va de viaje, deja su casa y encomienda a cada
quien lo que debe hacer y encarga al portero que esté velando,
así también velen ustedes, pues no saben a qué
hora va a regresar el dueño de la casa: si al anochecer,
a la medianoche, al canto del gallo o a la madrugada. No vaya a
suceder que llegue de repente y los halle durmiendo. Lo que les
digo a ustedes, lo digo para todos; permanezcan alerta”.
1.-
Muy queridos amigos:
Un
nuevo Año litúrgico y un nuevo relevo en nuestra vela
ante Dios que viene. Es una nueva oportunidad para cada uno de los
cristianos de renovarse y de crecer. Así como las plantas
se desarrollan dentro de un ciclo de crecimiento y cada año
tienen una nueva oportunidad de dar frutos, el cristiano cada año
litúrgico tendrá una nueva y gran oportunidad para
fructificar.
La
preparación para que Dios venga. Imagínate al pueblo
Israelita. Ese resto fiel que esperaba con ansia al Salvador de
Israel. Imagínate a María Santísima quien había
concebido en la virginidad esperando al niño Jesús
que habría de nacer. Sus preparativos, sus actitudes, sus
esperanzas. La esperanza del adviento tiene un sentido especial,
puesto que esperamos lo que poseemos, lo mismo que la madre espera
el nacimiento del hijo que ya posee.
Fue
en esa navidad, hasta la encarnación, cuando el hombre terminó
de esperar a Dios, es ahora cuando Dios espera al hombre. Dios se
ha hecho don, presencia, intimidad. Cada día que pasa es
un momento en que el momento del encuentro se acerca más.
2.-
La vigilancia debe ser una actitud del cristiano en cada momento,
pero de una manera especial deben tenerla los recién-casados,
aquellos que han cambiado su vida y que deben asimilar su situación:
han pasado de ser sujetos pasivos y se han convertido en los responsables
de una familia, como hijos de familia eran excelentes ejecutores
de un instrumento musical en la gran orquesta familiar, pero ahora
se han convertido en directores de la propia orquesta, con batuta
compartida y tocando, en muchas ocasiones, un concierto de piano
a cuatro manos. No se deben sorprender al encontrar dificultades
en el inicio y en el transcurso.
Es
más, a lo largo de la vida esta será la palabra clave:
vigilar, estar alertas. Porque cuando sin querer nos descuidamos,
casi sin darnos cuenta, ya no tenemos presente el porqué
de tantos desvelos y preocupaciones. Bastaría una sola pregunta
en esos momentos para solucionar cualquier problema: ¿lo
que hago o dejo de hacer queda en mí, o tiene proyección
y vida?
3.-
Uno de los peores males que puede vivir un matrimonio es el ingresar
en el limbo de la rutina, el adquirir la membresía del club
de la costumbre. La monotonía, es decir, ese estar escuchando
todo en un mismo tono, sin esas variantes que reflejan el don de
la vida y no que ha llegado la muerte, o ese estar viendo siempre
el mismo tono en el horizonte sin la amplia gama de matices que
nos ofrece Dios, es la peor de las polillas en los matrimonios.
La
mujer debería cuidar aquellos detalles que, ella bien sabe,
le son atractivos al esposo. Quizá uno de los momentos que
provocan mayor crisis en el matrimonio es ese momento en que, como
regalo de Dios, se asume el segundo papel en la trama del matrimonio:
cuando ya no tan sólo son esposos, y empiezan a ser padres.
Los
casados deben ser conscientes de que el ser padres no los exime
de las responsabilidades que tienen como esposos.
4.-¡Vigilar, estar alertas!
Vigilar
se convierte en una acción significativa en la que están
implicados los oyentes. La acción de vigilar comporta no
dormirse. Velar es mantener despierto el espíritu cuando
tantos duermen; velar es sobreponerse a las tinieblas que nos rodean;
velar es vivir en el ámbito de la Luz de Dios. Renunciemos
a todo lo propicio de las tinieblas como lo es el pecado.
Velar,
para un cristiano, consiste en entrar en los planes de Dios y decidirse
a realizar activamente su destino.
La
rutina y la costumbre se han convertido en esos vicios con los que
debemos luchar en nuestras familias. Resulta terrible el pensar
que hasta podemos llegar a destruirnos a fuerza de acostumbrarnos
a lo que Dios nos ha dado.
Respóndete
a las siguientes preguntas: ¿Tú
sigues creciendo? ¿Siguen creciendo tus seres queridos?
De no ser así, es posible que encontremos la explicación
en la monotonía de nuestro acostumbrarnos a las personas.
5.-
Muy queridos amigos: Dos son las actitudes que hoy tenemos que tener
presente para iniciar una andadura segura a nuestro caminar.
Primero:
ver. El querer ver. El no tenerle miedo a reconocer, llegar a saber
dónde está el origen y los motivos que me impulsan
a vivir, detectando aquellas situaciones que nos provocan muerte.
En
segundo lugar: el valor. Se trata de tener la valentía, la
capacidad, el coraje, el esfuerzo y el arrojo de arrepentirse, de
pedir perdón.
Y
entonces, sólo entonces, se puede hacer la luz en nuestro
interior, es entonces que puede venir el Señor, en nosotros
puede habitar la plenitud del amor de Dios que sólo puede
entrar cuando somos capaces de abrir el corazón a la claridad.
6.-
No existe solución para nadie fuera de la claridad de su
conciencia, la cual se obtiene en la cercanía con Dios. No
existe vida humana en el error. No es posible vivir en la pereza
y cumplir mi papel, no es posible ver a Dios desde el placer en
el que estoy envuelto, como búsqueda ansiosa de pasar la
vida.
Vigilar
y estar atentos: Porque aunque eso es difícil, no se va a
encontrar seguridad y apoyo en el ambiente, pues, al fin y al cabo
sólo en la claridad personal se inicia el proceso de conversión
hacia Dios, el cual nos podrá conducir hacia la salvación
personal.
Debemos
estar atentos, especialmente para no caer en esa seducción
que genera los populismos.
¡Es
que todo mundo lo hace!, ¡Esto ya es normal! ¡Nunca
como hoy había sido tan popular! Y me puedes decir ¿cuál
es la factura?
Borreguismos,
aplausos, reconocimientos, sonrisas y adulaciones. Siempre habrá
quien nos los profiera, y habrá quien los prefiera porque
no tiene la capacidad de vivir su vida y la busca en la falsedad
de ese engaño pasajero que es la bufonada de los demás.
Podemos
elegir entre el aplauso del momento que puede durar un corto tiempo,
o esa paz y serenidad de nuestra conciencia que nos acompañará
siempre. Y cuando alguien elige el aplauso necesariamente se elige
el egoísmo.
7.-
Todo acto de egoísmo nos encierra, y todo mirar
hacia arriba nos libera, nos eleva y nos comunica con los deseos
profundos de nuestro ser. ¿Qué es el pecado? Dejarse
arrastrar por cualquier cosa que acabe en mí y sea sólo
para mí.
Pecado
no es maldad, la maldad viene como consecuencia de no poder resistir
a las exigencias continuas de una manera de vivir en la que sólo
importo yo y lo que me gusta. Luego, ya no me preocupa lo que pueda
ocurrir a los demás y no me importa hacer el mal.
Debemos
estar vigilantes, para no elegir lo que deslumbra, y para no estar
pediendo lo que no nos corresponde, para tener el corazón
libre de error, de pecado, de egoísmo y de exigencias.
El
pecado es un error que pagamos, pero también pagamos una
vida que no tiene fuerzas para ofrecerse y sacrificarse en aras
de la construcción común del Reino y de la obtención
de la eternidad. El pecado del hombre comienza en la ignorancia,
en la incomodidad de no querer saber, en todo tipo de exigencia
a la vida y a los demás para mí.
8.-
Vigilad, significa que nunca podremos descansar creyendo que ya
hemos llegado, que ya estamos bien, que ya somos lo suficientemente
buenos como para descansar y despreocuparnos.
La
atención, la vigilancia ha de ser constante, pues el contagio,
el mal, se infiltra cuando bajamos la guardia. El mal está
siempre ahí, siempre atento, forma parte de este mundo y
se apodera de nosotros cuando nos confiamos. Y ése es el
peligro constante, no que aceptemos el mal, sino que se apodera
poco a poco cuando el hombre no está atento y admite todo
lo que le llega y lo que le gusta.
Nuestra
vida cristiana es ofrecimiento, lucha, violencia, claridad, purificación.
En una palabra la vida cristiana es conversión.
Lo
totalmente otro es la tentación que se apodera, que nos engaña
y que nos mata. Sólo se vive en el esfuerzo y en el ofrecimiento.
Porque el que da la vida es Dios, y no podremos entrar al Reino
mientras no seamos capaces de reconocer nuestros errores y pedir
perdón.
Cada
uno tiene los suyos, cada uno sabe por dónde entró
el demonio del egoísmo, del dominio, de la pereza. ¡Pídale
a Dios el don de la conversión que nos prepare para la celebración
litúrgica de la Navidad!
9.-
Pero, sobre todo, pidamos a Dios que nos prepare para cuando celebremos
nuestra propia Navidad en la contemplación de su divino rostro.
Propiciemos
el Silencio Expectante. Como en el teatro, como en un concierto,
como en la película. El silencio de algo importante que viene
o se presenta. El silencio en el culto litúrgico en el inicio
de la misa, en el OREMUS, desde el SANTUS hasta el Padrenuestro
que nos hablan de algo importante que está por suceder. Busca
durante este tiempo de adviento el silencio de la oración,
CINCO minutos al día de camino al trabajo o al regresar.
Al empezar el día o al terminarlo y piensa un sólo
instante en aquél a quien esperas: reza el Padrenuestro y
dile a Dios que venga su reino, que venga a mí su reino y
en mi esté, que venga a mi familia y a los que me rodean,
que venga a mi comunidad, que venga a mi pueblo, que venga SU REINO
A NUESTRO MUNDO.
Es
muy importante que, en medio de la agitada superficie, en medio
de todo el dolor o alegría que cada día trae consigo,
haya en lo más profundo de nuestro corazón, en lo
más íntimo de nuestro ser, un rincón de paz
y que allí se alimente una gran expectación,... porque
el Señor ya viene.