Domingo 16 de Octubre de 2005_________Pbro. Rogelio
Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx
NI CESAROPAPISMOS NI PAPOCESARISMOS
“En aquel tiempo, se reunieron los fariseos para ver la manera de hacer caer a Jesús, con preguntas insidiosas, en algo de que pudieran acusarlo.
Le enviaron, pues, a algunos de sus secuaces, junto con algunos del partido de Herodes, para que le dijeran: “Maestro, sabemos que eres sincero y enseñas con verdad el camino de Dios, y que nada te arredra, porque no buscas el favor de nadie. Dinos, pues, que piensas: “¿Es lícito o no pagar el tributo al César?”
Conociendo Jesús la malicia de sus intenciones, les contestó: “Hipócritas, ¿por qué tratan de sorprenderme? Enséñenme la moneda del tributo”. Ellos le presentaron una moneda. Jesús les preguntó: “¿De quien es esta imagen y esta inscripción?” Le respondieron: “Del César”. Y Jesús concluyó: “Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”.
Resulta indudable que la Fe cristiana se encarga de iluminar nuestra Razón. Bastaría que leyéramos y reflexionáramos detenidamente el Evangelio que la Liturgia nos propone este domingo para que lo pudiéramos comprender.
Conforme a nuestra razón, la omnipotencia suele ser la más recurrente de las cualidades que, cualquier expresión religiosa, le refiere a Dios, Nuestro Señor.
Basta y sobra, que nos pongamos a leer la historia de las religiones o cualquier libro sobre filosofía como para que coincidamos con esta apreciación. Y es que para todos los teóricos de la religión suele ser el poder, la prerrogativa por antonomasia de la divinidad. Y, todos nosotros, fácilmente podríamos coincidir con la anterior apreciación o, por lo menos, no encontrar alguna razón para presentarle una oposición: ¡Dios es aquel que todo lo puede!
Lo anteriormente expresado se suele llegar a convertir en un presupuesto intelectual que transforma en una especie de binomio inseparable lo divino y lo poderoso. Binomio que, por su parte, acarrea otro tipo de deducciones que si bien no dejan de ser infantiles, en algunos casos, tampoco dejan de ser reales: si Dios es el poderoso, aquel que tiene el poder posee algo de... la divinidad. ¡Puedes sonreír!
2.-Será a partir de ese elemento constante que se ha sucedido la constancia de los momentos en que algunos hombres en el nombre de Dios se han apropiado del poder humano y otros hombres en el nombre del poder humano han llegado a usurpar el nombre sagrado.
Son abundantes los momentos en la historia en que los hombres que ostentan el poder han querido atribuirse prerrogativas divinas y tantos los momentos en el tiempo en que los ministros de los diferentes cultos se han querido apropiar del poder humano.
La fusión entre el poder y la religión o bien de la religión con el poder han sido la historia nuestra de cada día. Basta y sobra que leamos un libro serio sobre la historia universal y nacional para caer en la cuenta de cómo las violaciones de las fronteras, por las dos partes, han sido bastante frecuentes, y todas aparentemente justificadas por numerosas y muy válidas razones de apoyo.
3.-Y lo mismo se han dado las interferencias que las intromisiones. Bastaría recordar los títulos divinos de los faraones y de los emperadores, las guerras entre Cristianos y Sarracenos, luchas entre Católicos y Anglicanos, conflictos entre Judíos y Árabes, la actual guerra santa de una parte del mundo musulmán con el occidental, al identificar lo occidental con lo cristiano y con el judaísmo, esas religiones del libro que para el mundo musulmán son identificadas con el Satán. Y así, se han sucedido las conquistas, los descubrimientos y las colonizaciones de losContinentes, y ahora la noticia develada hace una semanas para confirmar una suspicacia histórica: un gobierno Occidental y un Medio Oriental se declararon la guerra mutuamente “en el nombre de Dios”, provocando una “tormenta en el desierto”, un combate llamado “Justicia Infinita” y hasta una Yihad. Y vemos al leer la prensa escrita que esta historia, por desgracia, continuará aparentemente día tras día.
4.-Tenemos que reconocer que la Iglesia, por su parte, también ha tenido que lidiar en su historia con dos tentaciones opuestas: por un lado la intromisión teocrática y por el otro un repliegue espiritualista.
Y es que, han existido tantos césares que han confundido su causa con la de Dios y han pululado tantos representantes de Dios que han ambicionado convertirse en los césares del mundo. En la historia se han dado cita tanto una autoridad religiosa con pretensiones de poder como una autoridad civil con pretensiones sacras.
Las delimitaciones auténticas entre el territorio espiritual y el temporal siguen suscitando discusiones vivas.
5.-El mismo pueblo de Israel era participe de esta confusión: con ansia esperaban que el Mesías de Dios tuviera incidencia política. Israel quería que su Ungido les liberara del poder extranjero. Su esperanza era que el Mesías viniera con tanto poder que los convirtiera en el pueblo más poderoso del orbe. Es evidente que Israel no separaba, en ese momento, lo temporal de lo eterno. A Israel no le preocupaba tanto si el “césar” de los romanos era “dios” o no, ellos querían que su Dios fuera un “césar” que acabara con unos gentiles que les subyugaban. Bastaría que leyeras completamente el Salmo 149 para entender lo que te digo.
Y es aquí en donde se ubica la respuesta contundente del Señor Jesús en el Evangelio de san Mateo que hemos leído: No confundas a Dios con el “césar”, ni al “césar” con Dios.
6.-¿Que si hay césares que quisieran ser “dioses”? Bastaría recordar el momento más patético del siglo pasado: un joven de origen austriaco lee la obra que escribió A. Moeller van der Bruck en 1923: Das Dritte Reich (El Tercer Reino). Después de esa lectura el joven tiene trazado su proyecto vital sin duda referido a personajes de la historia como lo fueron Carlomagno y Bismack pero también influenciado por Joaquín de Fiore: ya pasó el Primer Reino: el del Padre en el Antiguo Testamento, con el pueblo de Israely el poder de la sinagoga; ya sucedió el Segundo Reino: el del Hijo en el Nuevo Testamento, el poder de la Iglesia clerical. Ahora es el tiempo de fundar un nuevo MILLENIUM, es el tiempo de que surjaun TERCER REICH. En este año estamos celebrando los sesenta años de “La Caída” de este avergonzante episodio de la historia de los hombres. J. Fowles, autor de la novela “El Mago” se encargará de poner en boca de un personaje de la misma, refiriéndose a Adolfo Hitler, la siguiente frase: “Lo grave no es que existiese un hombre con un valor suficiente para ser tan malvado, sino que hubiera millones de hombres sin el valor necesario para ser buenos.”
Y la verdad es que son tantos los Zaratustras que al descender de la montaña siguen vociferando contra Dios al aparentemente no haberle encontrado. Es tanto el engreimiento, la soberbia y el egoísmo. ¿No te has dado cuenta de que el poder enferma a las personas? Bastaría con que unas cuantas moléculas de proteínas alimentaran algunas neuronas y podríamos recordar escenas de nuestra “novela nacional” y entender que el poder enferma y hace que el hombre se sienta como si fuera un “dios”. ¿Que cómo lo podemos saber? Por sus frutos los conoceréis: los productos cancerosos de esta enfermedad llamada poder son las guerras y los asesinatos, el hambre y la miseria, la injusticia y la desigualdad social, la corrupción y el enriquecimiento ilícito...
7.-Y es aquí en donde tengo que diferir de aquellos, tanto los creyentes como los respetablemente incrédulos, que la frase: “Dad, pues, al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” la suelen utilizar como si fuera una máxima para argumentar la necesaria separación de la Iglesia y la Política, de lo sagrado y lo profano, de lo eterno y lo temporal, de lo religioso y lo secular. ¡Todo esto es bueno! Sin embargo, suele escapar a muchos de nosotros el verdadero contexto y significado de esta expresión de nuestro Señor Jesucristo: la desacralización del poder.
El Señor Jesús les advierte a los fariseos y herodianos la notoriedad de la trampa que le han tendido. Y les va a dar una primer enseñanza al pedirles una moneda, al mirarla y mostrarla a los que lo cuestionan. “¿De quién es esta imagen?” pregunta el Maestro. “Del César” le responderán. “Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” pareciera concluir con esto la disputa, pero en realidad apenas se estaba abriendo.
8.-Y es que ahora viene una segunda enseñanza del Señor Jesús que es en realidad la más importante, y quien se comporta libre, crítico y valiente ante la trampa que le han tendido y responde: “¡El César no es Dios!”. Y es que tendrías que saber que para el imperio romano, como para los imperios antiguos “sus césares” eran llamados el “sol invictus”, el Sol invencible, y su nacimiento era celebrado como “el nacimiento del Sol que nace de lo alto”. La respuesta del Señor es inesperada. Para cualquiera de nosotros sería fácil decirla en nuestros días, pero ubiquémonos en el contexto espacio-temporal y percibamos la dificultad del momento. Recordemos el martirio de tantos cristianos precisamente por no darle culto al Emperador, por no reconocerlo como una deidad.
Para alcanzar a comprender el mensaje de este domingo en el que el Señor desacraliza el poder, nos faltaría el Evangelio del próximo domingo (Mt22,34-40), sacrificado por el DOMUND. En ese texto nuevamente se le pone a prueba al cuestionársele: ¿Cuál es el mayor de los mandamientos? El Hijo eterno del Padre subraya el amor como el mandamiento que acerca al Cristiano a la perfección, que le acerca a Dios.
9.-Es aquí en donde la fe ilumina la razón: Si todas la religiones predican como principal atributo de Dios el poder, la religión cristiana predica el amor. El cristiano no debiera identificar el poder con Dios, sino el amor. ¡Date cuenta que las personas que más se han parecido a Dios no son los que ostentan el poder sino aquellos que saben amar!
Evitemos repetir los errores de la historia. Evitemos engendrar nuevos centauros temporales. Digamos:¡no!, tanto a los cesaropapismos como a los papocesarismos.
LA AUTORIDAD CIVIL.
“En aquel tiempo, se reunieron los fariseos para ver la manera de hacer caer a Jesús, con preguntas insidiosas, en algo de que pudieran acusarlo.
Le enviaron, pues, a algunos de sus secuaces, junto con algunos del partido de Herodes, para que le dijeran: “Maestro, sabemos que eres sincero y enseñas con verdad el camino de Dios, y que nada te arredra, porque no buscas el favor de nadie. Dinos, pues, que piensas: “¿Es lícito o no pagar el tributo al César?”
1.-¿Es lícito pagar el impuesto al César?
¿Sabes querido amigo? Hoy quiero aprovechar este medio para dirigir una mirada al ejercicio cristiano de la autoridad política.
Para ello quiero pedirle a Dios a través de la intercesión de Santo Tomás Moro, a cuyo cuidado celestial la Iglesia de Jesucristo ha confiado los extenuantes y cualificados quehaceres de los políticos, que en primer lugar ellos puedan encontrar en la vida de este gran santo una fuente inspiradora para un ejercicio tan delicado: primero, el obrar siempre conforme a una recta conciencia; segundo,el ser custodios y defensores de la verdad y la justicia; tercero, el no tenerle miedo a los momentos difíciles que su obrar congruente les pueda acarrear; y cuarto, el sentirse necesitados de esa única postración que le debemos solamente a Dios.
Todas estas actitudes las adquirió Santo Tomás Moro a través del conocimiento del Evangelio, por lo cual considero que aún aquellos que no se profesaran católicos pueden coincidir con estos valores comunes que se deben perseguir. O, si no se fuera cristiano, en la misma ley natural, que Dios nos ha dado, es posible encontrar la fuente positiva de una heteronomía auténtica y constructiva tal como se puede percibir en las afirmaciones de Aristóteles en su libro sobre La Política: “Un hombre bueno es mucho mejor gobierno del Estado que una ley buena”.
2.-Comprendo que es difícil el quehacer que realizan, pero quiero externarles que la mejor teoría política brotará siempre de las bases antropológicas que se posean, y que para aquellos que somos cristianos las bases antropológicas no se pueden separar de las bases teológicas.
¿Cuál es la antropología que propone la vida cristiana como base para nuestra teoría política?
Los cristianos concebimos a todo ser humano como centro y cúspide de la creación. El ser humano ha sido creado como imagen y semejanza de Dios. Estas afirmaciones predican en la persona humana desde lo ontológico su individualidad, su ser criatura y su ser relacional y, desde el punto de vista axiológico, le muestra como el más alto valor de nuestra creación.
4.-Es aquí, en donde ya se puede palpar la claridad de una enseñanza: el hombre es un ser social, y no un mero sujeto individual desconectado e insolidario con sus hermanos, que forman una sociedad.
El cristiano consciente y consecuente alcanza a comprender que será trabajando en este mundo, en donde podrá merecer la vida eterna y en donde deberá aprender a ser fiel en lo poco para poder gozar de lo mucho.
San Pablo ha reprendido severamente, en el nombre de Dios, a aquel que rehuyendo a sus compromisos temporales se refugia en un mundo de fantasmagorías pseudoreligiosas (2 Tes 3, 10-12).
Es interesante, la apreciación que tiene la Iglesia primitiva sobre los deberes del cristiano con nuestro mundo manifestada magistralmente en el texto de la Epístola a Diogneto 5-6: “Los cristianos... habitan sus propias patrias, pero como forasteros; toman parte en todo como ciudadanos y todo lo soportan como extranjeros... Pasan el tiempo en la tierra, pero tienen su ciudadanía en el cielo. Obedecen a las leyes establecidas; pero con su vida sobrepasan las leyes... Los cristianos viven de paso en moradas corruptibles, mientras esperan la incorrupción en los cielos... Tal es el puesto que Dios les señaló y no les es lícito desertar de él”.
El cristiano ha asimilado que en el mundo no se tiene una “morada permanente”, pero también conoce que en esta vida tiene que participar del mundo como el fermento en la masa: “Lo que el alma es en el cuerpo, eso son los cristianos en el mundo” dice la misma carta. O como lo expresaría lúcidamente Ludwig Wittgenstein: “La vida eterna le corresponde a quienes hayan vivido el presente”.
5.-Y así el cristiano en lo temporal forma parte de los pueblos, conforma las naciones, y es servido y colabora con sus estados y gobiernos.
El fiel cristiano ha comprendido que no basta la multitud de personas para formar a un pueblo, sino que es necesaria una interrelación estable y solidaria en iniciativas para el bien, la verdad, la paz y la justicia.
Hemos clarificado que juntos vamos conformando una nación, cuando en la historia y en la cultura hay elementos que confieren identidad a nuestro pueblo y sus habitantes a través de los usos, costumbres, lengua y manera particular de vivir.
Somos conscientes de que un Estado está llamado a servir a la Nación, ya que comprendemos al Estado como una comunidad política y jurídicamente organizada que debe colaborar a construir el bien común de nuestro pueblo por medio de la solidaridad.
Y finalmente, consideramos que dentro de nuestro Estado, el ente gubernamental aparecerá como el conjunto de personas e instituciones que funjan como autoridad civil para nuestra sociedad.
6.-La auténtica labor de un gobierno debe ser la de facilitar el surgimiento de todas las riquezas y el desarrollo de las potencialidades de nuestra sociedad. Es aquí, en donde se da paso a la concepción tradicional de la política como aquello que contribuye al bien común, o por mejor citar a Marco Tulio Cicerón en su obra De Republica corroboramos que:“La salud del pueblo es la primera ley”. El bien común rectamente discernido está siempre sobre cualquier expresión de individualismo.
Cuando se tiene una interpretación individualista de la sociedad somos llevados a visualizar al Estado y su Gobierno como una amenaza de la que tiene que defenderse el individuo, más que como una instancia que le favorece y potencia, al mismo tiempo que, en vistas del bien común, le condiciona y limita. Las facultades y los condicionamientos individuales que otorga el ejercicio recto de la política tienen como finalidad el bien de la comunidad como lo expresaba la exhortación apostólica sobre la misión de los laicos: “Una política para la persona y para la sociedad, encuentra su rumbo constante de camino en la defensa y promoción de la justicia”.
7.-El Estado y su ente gubernamental serán siempre los responsables del bien común de la sociedad, puesto que esta tarea le ha sido encomendada por la misma sociedad. Es, pues, la sociedad la que tiene la obligación de controlar la actividad del Estado y simultáneamente tiene el deber de suministrarle los recursos necesarios para cumplir con sus tareas gubernamentales.
Es adecuado recordar que la importancia de un Estado y la eficiencia de su Gobierno se manifiesta cuando se evitan dos factores de riesgo social: primero, una anarquía paralizante, en la que las nuevas “feudalidades”, hoy virulentamente nocivas y expresadas en los cárteles, puedan perseguir y conseguir a su talante sus intereses egoístas y mezquinos con detrimento del bien común y de los grupos minoritarios, pero también se debe evitar una hipertrofia que le convierta en una especie de Molók que exija el alimento de la individualidad de los ciudadanos al acaparar toda actividad humana en provecho propio de un grupo de poder que ha ascendido al órgano rector o que está detrás de un aparato de gobierno.
8.-Para evitar el riesgo anterior es adecuado recordar esos tres elementos esenciales de los que está compuesto un Estado: la población, el territorio y la organización política. El elemento sociológico es el natural y original en un Estado, el territorial y el jurídico tienen razón de ser y de existir a partir de las necesidades y aspiraciones del núcleo de la población. El ente gubernamental se vuelve obsoleto si olvida el elemento social o si se vuelve ineficiente. Es esto lo que expresó el nóbel irlandés George Bernard Shaw al afirmar en El Hombre y el Superhombre:“La solución que ofrece mayor garantía es el del gobierno por grupos de personas de calidad, que se pueden criticar públicamente con toda la severidad posible y que sean periódicamente reemplazadas”.
En lo jurídico, cualquiera que sea el régimen político y el sistema de repartición de poderes que se adopte, el Gobierno de un Estado tiene la obligación de establecer reglas de alcance general, organizar y hacer funcionar servicios públicos, prever y desempeñar la administración de la justicia.
9.-El poder de un Estado y la necesidad que tenemos todos los que habitamos su territorio de ejecutar sus decisiones se comprende desde un término necesario: soberanía. La soberanía, sin embargo, no debe ser la divinización del estado sino el reinado del derecho.
Y es aquí en donde ingresa la relación de la autoridad religiosa con la autoridad política. Unos y otros no somos más que servidores de este noble pueblo y de nuestra nación.
El ideal cristiano en la política no es el de un superhombre, sino el de un servidor de los hombres.
10.-En realidad, ambos, Iglesia y Estado, se necesitan mutuamente no para establecer un contubernio sino para trabajar desde los diferentes fueros a favor de nuestra nación.
La Iglesia, comunidad humana y sobrenatural, no puede existir sin las instituciones que le hacen tomar cuerpo en la vida de los hombres.
El Estado y la Iglesia son poderes independientes, pero no por ello deben ignorarse, y mucho menos combatirse; es mucho mejor, puesto que su acción se aplica al mismo sujeto, el que se colabore respetuosamente en una mutua comprensión.
LA ÉTICA DE LOS IMPUESTOS.
“Maestro, sabemos que eres sincero y enseñas con verdad el camino de Dios, y que nada te arredra, porque no buscas el favor de nadie. Dinos, pues, que piensas: “¿Es lícito o no pagar el tributo al César?”
1.-¿Es lícito pagar tributo al César?
¿Cómo debe ver el cristiano sus obligaciones tributarias?
¿Tenemos obligación moral de pagar impuestos?
¿Al no pagarlos incurrimos en alguna falta o en pecado?
2.-Me estaba acordando de aquella escena de la historia universal sobre la toma de la ciudad de Constantinopla, el último reducto del Imperio Romano de parte de los Otomanos: “ Cuando en 1453 Constantino XI, llamado Paleólogo, veía acercarse la amenaza del imperio otomano, el emperador se arrodilló ante los hombres más ricos de su imperio implorándoles ayuda para resistir al enemigo.
Se cuenta de que, los hombres ricos de su tiempo se mofaron de él.
Luego, cuando escucharon el rugir de los cañones en las puertas de la ciudad sitiada, se apresuraron a ofrecerle todo cuanto él quisiera.
Pero el emperador rechazó en ese momento la ayuda que ellos ofrecían y les dijo: “Morid con vuestros tesoros ya que no podéis vivir sin ellos”.
3.-Al final vamos a regresar sobre lo anteriormente referido. Quisiera por el momento, recuperar algunos elementos de la doctrina cristiana sobre este difícil tema de la gravación de impuestos
El ser humano ha recibido en administración la tierra y sus recursos para que los cuide, les domine con su trabajo y se beneficie a sí mismo y a sus semejantes con sus frutos.
Si bien los bienes de la tierra tienen un destino universal deben, al mismo tiempo, ayudar en lo particular al bienestar de cada hombre. Y así, de esta manera, no obstante ese destino universal de los recursos de la tierra, ha sido lícita su repartición entre los hombres, para así satisfacer sus necesidades fundamentales y las de los suyos.
Es de esta manera como consideramos el principio de la propiedad privada a favor del hombre, con la condición de que no propiciemos la indigencia entre nuestros hermanos.
La Gaudium et Spes menciona que “La propiedad privada tiene también, por su misma naturaleza, una índole social cuyo fundamento reside en el destino común de los bienes.”
La propiedad privada puede ser adquirida mediante el trabajo, se le puede recibir en herencia o también en regalo, y esto no es contrario al destino universal de los bienes. Sin embargo, el creyente no podrá olvidar que la propiedad de los bienes le convierte en administrador de la Providencia Divina.
La misma Gaudium et Spes mencionará: “El hombre, al servirse de esos bienes, debe considerar las cosas externas que posee legítimamente no sólo como suyas, sino también como comunes, en el sentido de que han de aprovechar no sólo a él, sino también a los demás”.
El hombre tiene como vocación el trabajar por disponer de mejores condiciones de vida.
4.-En la doctrina cristiana entendemos que el hombre es un ser social, y no un mero sujeto individual desconectado e insolidario con sus hermanos, que forman una sociedad. Sabemos que formamos parte de un Pueblo, conformamos una Nación, y colaboramos y somos servidos en un Estado y su Gobierno.
Sabemos que un grupo de personas no forma un Pueblo, sino que se exige una interrelación solidaria en iniciativas para el bien, la verdad, la paz y la justicia.
Comprendemos que una Nación se forma, cuando en la historia y la cultura hay rasgos que identifican un pueblo y sus habitantes en usos, costumbres, lengua o formas de vida.
Somos conscientes de que el Estado, como comunidad política y jurídica, está llamado a servir a la Nación mediante la solidaridad.
Conocemos que dentro del Estado, el ente Gubernamental es el conjunto de personas e instituciones que fungen como autoridad civil para nuestra sociedad.
Hemos asimilado que el Estado es el responsable del bien común de la sociedad, tarea que le fue encomendada por ésta misma. Así mismo que la sociedad está obligada a controlar su actividad pero, simultáneamente, le debe suministrar los recursos necesarios para que cumpla con sus tareas a favor de la misma sociedad.
Por último, estamos advertidos de que la Hacienda Pública es la parte del Estado referida a la obtención de un ingreso proporcional a la realización de los gastos públicos.
5.-Las actividades que debe cubrir una política presupuestaria son: actividades generales que no deben cubrirse por el sector privado: órganos legislativo, ejecutivo y judicial, defensa...; actividades pro-bienestar social: educación, sanidad, seguridad, vivienda, urbanismo, cultura..; actividades pro-desarrollo económico: inversiones; y actividades no clasificables, pero necesarias: servicio de la deuda pública...
En este ámbito una política fiscal tiene siempre una doble finalidad natural: recaudatoria y redistributiva.
En lo recaudatorio se considera la percepción, la utilización o la posesión. Se trata de impuestos sobre la renta, sobre el consumo y sobre el patrimonio. Otra forma de clasificación es la de los impuestos directos e indirectos.
6.-Una vez que se comprende el papel del Estado y sus responsabilidades en la vida social, no puede ser lícito el poner en duda la obligación de todos los ciudadanos de contribuir a la financiación de estas actividades.
El Estado es un elemento indispensable para la creación y mantenimiento de un orden social justo, lo cual nos lleva a la comprensión de la obligación moral de pagar tributos.
El pago del impuesto es para el cristiano una obligación moral, y no sólo una obligación penal, según la cual se movería a la conciencia de cumplir con la pena impuesta sólo en caso de que algo no se cumpla y sea descubierta en la comisión de la infracción.
Todo ciudadano debe cubrir una parte de los recursos que la sociedad necesita.
7.-La recaudación de impuestos no se puede poner en tela de juicio, el problema radica en tres realidades: la estructura del sistema impositivo, la aplicación de esta estructura y, por último, la destinación de los recursos obtenidos.
La estructura del sistema refiere la cuantía de lo que se tiene que pagar y la cuantía global de la recaudación. ¿Con qué criterios se fija?
¿El de la justicia conmutativa? Según este principio se le fijaría a alguien la contribución global proporcional al beneficio global que recibe del Estado.
¿El principio de la capacidad de pago? Aquí la recaudación es proporcional a la capacidad económica de cada sujeto tributario.
8.-No obstante, el tema más difícil es el del destino de los recursos recaudados. Las circunstancias de un pasado fraudulento y de un presente desalentador, le complican, pues todavía no percibimos el beneficio de una redistribución seria y madura.
Aún es tiempo del cambio. La solución a nuestros problemas la dará una ética social que aborde una moralidad integral del sistema tributario.
El ciudadano se debe convertir en juez del gasto estatal; si esto se realiza, tendremos menos excusas para omitir el pago de impuestos o para disminuir su cuantía.
Desde el ámbito gubernamental, la solución se encuentra en la transparencia, la justicia y el equilibrio de un sistema tributario de conjunto con el que se considere no tan sólo la gravación, sino también una sana redistribución y que se eviten los excesos.
Somos conscientes de que el pago de los impuestos es uno de los elementos que contribuyen a la prosperidad de una nación, tan como lo afirmaba la Rerum Novarum de León XIII:
“Ahora bien, lo que más contribuye a la prosperidad de las naciones es la probidad de las costumbres, la recta y ordenada constitución de las familias,... las moderadas cargas públicas y su equitativa distribución, los progresos de la industria y del comercio, la floreciente agricultura y otros factores,...”
Los cristianos, como sujetos pacientes, hemos recibido la salvación a través de una economía, entendiendo a la economía como la administración recta y prudente de parte de Dios, de los bienes que nos conceden la salvación. Los cristianos, tanto los que somos gobernados como los que gobiernan, debemos ser conscientes de que, como sujetos agentes, obtendremos la salvación eterna si tenemos una administración recta y prudente de los bienes temporales.
9.-Y es aquí en donde regresamos a la narrativa de la historia en el principio de este segmento:
¡Seamos conscientes de que la recaudación contribuye a la prosperidad de una nación! ¡Sean consecuentes con una transparente redistribución para que nuestro país no siga perdiendo la credibilidad y se dañe a quienes necesitarían de nuestra solidaridad!
¿Utopía? ¡Tú tienes la respuesta!
Mientras tanto nuestra ciudad está sitiada por unos Otomanos encubiertos por la máscara de la miseria, la inseguridad, la violencia, las adicciones, la muerte por el desabasto de medicamentos, las pensiones de miseria... ¡Ojalá que los servidores públicos fueren más coherentes!