Domingo 30 de Octubre de 2005_________Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

A NADIE LE LLAMES PASTOR

“En aquel tiempo Jesús dijo a las multitudes y a sus discípulos: En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. Hagan, pues, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra. Hacen fardos muy pesados y difíciles de llevar y los echan sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con el dedo los quieren mover. Todo lo hacen para que los vea la gente. Ensanchan las filacterias y las franjas del manto; les agrada ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; les gusta que los saluden en las plazas y que la gente los llame “maestros”.

Ustedes no dejen que les llamen “maestros”, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A ningún hombre sobre la tierra lo llamen “padre”, porque el Padre de ustedes es el Padre celestial. No se dejen llamar “guías”, porque el guía de ustedes es solamente Cristo. Que el mayor de entre ustedes sea su servidor, porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”. (Mt 23,1-12).

 

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1.- Muy queridos amigos:

Hoy les quiero pedir un permiso. ¡Permítanme jugar un poco con el lenguaje! ¿Sí? ¡Gracias!

La humanidad se ha convertido en una especie de entarimado en donde se ejecuta reiteradamente la danza entre lo simbólico y lo diabólico. Se trata de un escenario de todos los tiempos y de todos los espacios y de un espectáculo representado por hombres de hace 2000 años y por sus descendientes del principio de este Tercer Milenio. Los artistas bien se pueden ubicar en la privilegiada Palestina neotestamentaria así como en nuestra querida ciudad regiomontana.

Y, aunque en esta danza, el proyecto de Dios debiera ser nuestra pauta y la regla que normara cada uno de nuestros movimientos, somos conscientes de que no siempre ha sido así; y son estas variantes las que van provocando que nuestras interpretaciones rayen cuando somos fieles en lo simbólico y cuando somos infieles en lo diabólico.

2.-Mientras que lo simbólico es lo que nos acerca, lo diabólico es lo que nos separa. Lo simbólico es lo de Dios, es lo que nos mantiene unidos y que estrecha los lazos. Lo que nos distancia y fragmenta es lo diabólico.

Lo simbólico (sym-ballein) es lo que hace presente una realidad superior. Se trata de esas realidades fecundadas por aquello que las trasciende y que las plenifica.

Lo diabólico (dia-ballein) es aquello que nos distancia, que usurpa y que miente. Se trata del engaño, de lo que provoca la muerte de toda realidad.

En pocas palabras, lo simbólico es aquello que une en tanto que lo diabólico es lo que nos aleja.

3.-Este es el tema que aborda hoy la Palabra de Dios, ¡aunque no lo crean! A nadie le llamen maestro, a nadie le llamen padre, a nadie le llamen guía...; y es que, el ser maestro, el ser padre y el ser guía, mucho más que un nombre que pudiera ir perdiendo dramáticamente su sentido a causa de la incoherencia, son realidades que al ser tan dignas merecerían vivirse a fondo o simplemente no nombrarse, porque se pueden convertir en un engaño y hasta en una usurpación.

Estos nombres en lo cristiano refieren funciones relacionadas con el ser y el quehacer de Dios, y aquí no es válido ni el plagio ni el fraude.

4.-Y así podemos darnos cuenta de que el comentario más inmediato, el más auténtico y el más claro que sugiere el Evangelio de este domingo, en las recomendaciones que nos hace el Señor Jesús, es el que se puede aplicar a todos los que hemos recibido la delegación de la autoridad.

La vocación cristiana de los que detentamos la autoridad es la de asumirnos respetuosamente como símbolo de Aquel que nos sobrepasa: Dios. Y nuestra tentación de los que detentamos inmerecidamente la autoridad, y la de todos los hombres en todos los tiempos, es la de usurpar y la de adueñarnos de aquello que no nos pertenece, se trata de lo diabólico.

Los cristianos entendemos que sólo hay un Padre: el del Cielo; que sólo hay un Maestro: Cristo; que sólo hay un guía: el Espíritu Santo. Pero, al mismo tiempo, entendemos que Dios ha querido valerse de cada uno de nosotros para que seamos sus ministros y para que reproduzcamos en nuestra vida sus rasgos y actitudes.

Nuestra vocación es la de ser símbolos de Dios, sabiendo que en esta función tenemos encomendada la responsabilidad de que todos aquellos que un día se pudieran topar con nosotros puedan llegar a esa realidad superior que se encuentra solamente en Dios.

Los cristianos debemos evitar lo diabólico, es decir, tenemos que procurar que los títulos y las dignidades no se adhieran a nuestra piel como si fueran solamente un respaldo de un nombramiento de autoridad que en la realidad no corresponde con la coherencia de una vida auténticamente cristiana.

5.-Nuestra vida es lo simbólico, es decir, asumir la dignidad de nuestra propia vocación en todo aquello que Dios ha querido que se nos confíe para el servicio del hermano.

Es preciso entender que se debe vivir la Paternidad a imagen y en semejanza de aquel que es el Padre en sentido pleno, que debemos ser Maestros a imagen y semejanza de Aquel que es el Rabí por excelencia, que debemos guiar a los que se nos han confiado dejándonos guiar primero nosotros por Aquel que nos conduce a Cristo, quien es nuestro Maestro y el Camino inequívoco que nos conduce al único Padre.

Debemos entender que el Evangelio no se está desgastando en evitar que le llames “padre” a aquel por el cual Dios te dio la vida biológica o al ministro de nuestra Iglesia que fue instrumento del Señor para concederte el nacimiento en el Espíritu; tampoco se preocupa en evitar el que le llames “maestro” al que te enseña una ciencia, un arte, un oficio o la doctrina cristiana; finalmente, tampoco se ocupa de evitar el que le llames “guía” a los mentores de la vida en alguna de sus etapas.

6.-El Evangelio denuncia la hipocresía de un fariseísmo ampliamente extendido en toda religión, incluyendo el cristianismo de cualquier nomenclatura y por ello quiere evitar que esto sea solamente un título usurpando algo que le corresponde a Dios como propio y a cualquiera de nosotros por razón de participación. El Evangelio quiere evitar el despojo de lo simbólico y el asalto de lo diabólico.

Si fuésemos estrictos a nadie llamaríamos tampoco Pastor, puesto que el auténtico Pastor es Cristo, y todos los demás no somos más que ovejas de su rebaño. ¿O hay alguien que sea Pastor y no oveja? Pero,... tú y yo comprendemos en la sensatez, que se trata de una denuncia de las actitudes de falsedad que favorecemos aquellos que decimos cosas que no hacemos, así seamos llamados padres, maestros o pastores...

Pero por desgracia tenemos que reconocer que más que lo simbólico parece ser que es lo diabólico la práctica de nuestros días: Personas que usurpan lo que no merecen, que detentan lo que no viven. Personas que quieren llamarse “padres” sólo porque procrean o porque bautizan, pero sin la capacidad de enseñar a vivir ni de mostrar los rasgos de bondad, misericordia y fidelidad del Padre del Cielo. Personas que quieren llamarse “maestros” por ir a una aula o por cargar un libro, pero sin enseñar y sin vivir lo que enseñan. Personas que quieren llamarse guías y aconsejar lo que no practican en su propia vida; y ¿por qué no decirlo?: “pastores” que les despojan de sus propiedades a las ovejas de Cristo, único Pastor verdadero, utilizando el manipuleo de los mismísimos textos sagrados.

7.-La verdad es que, esto se ha generalizado más de lo que te pudieras imaginar, tanto en la Iglesia como en la sociedad. No creas que todo se queda en manipular este texto para atacar a la Iglesia católica por ese nombre que nuestros fieles le suelen dar a sus ministros al llamarles “padres”. ¡Ojalá que todo fuera como eso! Ya que al llamarles presbíteros te ahorrarías los problemas. Pero, entonces surgirá la pregunta: Presbítero significa anciano, ¿realmente se posee la sabiduría y la prudencia del anciano? Te pido que no te quedes en las ramas sí podemos llegar a la raíz de las cosas.

Hoy se ostentan títulos, tanto en lo civil como en lo religioso, que no convergen con la vida. Ministros que no somos ministros. Ministro significa servidor y son tantas las ocasiones en que los ministros religiosos y civiles no servimos y, en cambio, si esperamos que nos sirvan o servirnos de nuestra condición. Personas que ostentan en título: “servidor público”, pero que esto se queda sólo en la glosa.

8.-Por favor:¡No seamos ilusos! No existe contradicción en la Palabra de Dios: el Señor Jesús es el que prohibe llamar a otra persona “padre” y es quien, al mismo tiempo, nos recuerda el cuarto mandamiento: honrarás a tu padre y a tu madre (Mc 7,10-11). En realidad se trata de distinguir entre la Paternidad Fontanal que solamente le corresponde a Dios y la paternidad participada, que es la de cualquiera de nosotros (en lo biológico o en lo espiritual). Se trata de una invitación a la coherencia.

Se trata de que los nombres dejen de ser nombres y se conviertan en realidades. Se trata de ser símbolos, signos claros de la presencia de Dios en la vida cotidiana. Se trata de evitar todo aquello que nos hace imitadores del Diablo, del Usurpador, del que se apropia aquello de lo que sólo se le participó un día de parte de Aquel al que le pertenece todo.

El ser verdaderamente un “padre” puede acercarme al Padre del Cielo; el solamente llamarme “padre” puede alejarme totalmente de Él. El ser verdaderamente un “maestro” me puede acercar a Cristo Maestro; el solamente llamarme “maestro” puede alejarme de Él. El convertirme en un verdadero “guía” para los que se me confían me hace caminar conforme a las mociones del Espíritu Santo; el sólo llamarme “guía” me aleja de Él.

9.-Concuerdo con Juan Lorente y su meditación en torno a las Bienaventuranzas: “Felices los que tenéis la mirada limpia, incapaz de dobles intenciones. Felices los artesanos de la paz, los incansables pacificadores. Felices, felices, felices, los que os parecéis a Dios, por que Dios se aparece en vosotros.”

Se trata de la danza del mundo actual: la ejecución de lo simbólico y lo diabólico. ¿Procuras parecerte a Dios al ejercer la autoridad o al usurpar te conformas con un título incoherente alejado de Aquél que es la realidad de todo? ¿Cuál es el ritmo que sigues en tu danza: lo simbólico o lo diabólico?

 

BIBLIA EN LAS MANOS PERO NO EN EL CORAZÓN.

“En aquel tiempo Jesús dijo a las multitudes y a sus discípulos: En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. Hagan, pues, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra”. (Mt 23,1-3).

1.-Muy queridos amigos:

El día de hoy, Cristo en el Evangelio hace un reconocimiento y unas denuncias.

En primer lugar, reconoce que los escribas y fariseos poseen la autoridad que les brinda la ley de Moisés, puesto que ellos son los que están sentados en la cátedra de Moisés. La cátedra, aunque muchos la relacionamos con una silla, ha sido y es en la realidad un aula desde la cual se imparten materias en los niveles académicos superiores. El Señor reconoce que ellos, los escribas y los fariseos, en su tiempo hacen las veces de Moisés en cuanto a enseñanzas de la ley se refiere, más aún reconoce que lo que enseñan es bueno, y a causa de ello exhorta a que se observe sus enseñanzas, sin embargo hay algo que no está bien y que les recrimina el maestro...

2.-Cristo denuncia la incoherencia en el ejercicio de aquellos que dicen magistralmente una cosa pero que hacen otra, de aquellos que hacen fardos pesados pero para echarlos sobre los hombros de la gente más sencilla y que ellos ni siquiera son capaces de tocarles con la punta del dedo.

El Señor nos invita a evitar la incoherencia y a suscitar la congruencia en nuestra vida.

Hablemos pues acerca del fariseísmo en cuanto tal y vamos a darnos un espacio para hablar de la hipocresía de aquellos y de todos los fariseos.

3.-Los especialistas, dicen que en la época de nuestro Señor, se contaban en Jerusalén veinticuatro grupos sociales y religiosos distintos, entre los cuales podríamos referir los Esenios, los Zelotes, los Sicarios, los Herodianos, los seguidores del Bautista, los Samaritanos, los Saduceos,...

Uno de estos grupos, sin duda de los más grandes, era el de los fariseos. En tiempo del Señor contaban con poco más de seis mil adeptos e incluían entre sus miembros a la totalidad de los escribas y doctores de la ley.

El término fariseo proviene de la palabra hebrea: PERUSHIM que significa: los separados. Ellos se sentían separados porque se sentían los santos, los perfectos, los puros, los más importantes, los impecables, los intachables...

4.-Conforme a lo que nos enseña el Señor Jesucristo en el Evangelio del día de hoy los fariseos se distinguen, entre otras cosas, por los siguientes cinco rasgos:

Primero: Son los que dicen y no hacen. Se trata de esos buenos e inmejorables consejeros pero de la vida ajena, de aquellos que tienen soluciones para todo mundo, pero que ellos no las aplican en la propia vida. “Dicen y No hacen”.

Segundo: Son aquellos que hacen sus buenas obras para ser vistos. Se trata de aquellos extraños místicos que gustan del ayuno pero con tal de que lo perciba la gente, sino que chiste tiene. Son aquellos que saben que hay que ofrecer limosna pero que les agrada que los demás se enteren para así poder sentirse bien. Son aquellas almas piadosas que hacen muchas oraciones pero que les gusta exhibirse ante los demás para que así todo mundo conozca la profunda espiritualidad que se posee. “Hacen sus obras buenas para ser vistos”.

Tercero: Son aquellos que maximizan lo que es menos importante y que minimizan lo que es realmente importante: Son aquellos que cuelan el mosquito y que se comen el camello. Son los que ven la paja en el ojo del hermano pero que no ven la viga en el propio. Se trata de aquellos que pagan el impuesto hasta de la menta, del comino, de la ruda y del anís pero que se han olvidado del mandamiento del amor al hermano. “Maximizanlo insignificante y minimizan lo trascendente”.

Cuarto: Se trata de aquellos que les gusta ser protagonistas en la vida de la comunidad y que no tolerarían un aparente desaire en su currículum de estrellas. Ellos mismos se encargan de buscar los primeros puestos en las asambleas y en los banquetes donde la comunidad se reúne, les agrada que les rindan pleitesía. Que la gente los reconozca aunque no los conozca en realidad, y que los saluden en las plazas.

Quinto: Es quizá el factor más importantemente lamentable de todos: les gusta sentirse los ya acabados, los santos, hasta cierto punto “los salvos”. Ellos son superiores a los demás, y deben ser por ello tratados como los más importantes. Es por lo anterior que a ellos en este contexto les agrada ser los “maestros”, los “padres” y los “guías”, porque entonces ven a los demás como sus inferiores. Los demás son los discípulos, los hijos, los imperfectos, los extraviados. Y es esto, precisamente lo que el Evangelio como práctica está criticando y como actitud está condenando.

5.-Hoy, los cristianos deberíamos darnos cuenta de que el fariseísmo no es sólo una categoría de personas sino una categoría del espíritu. El fariseísmo es un espíritu opuesto al Evangelio y ojalá que lo entendiéramos los cristianos de cualquier denominación, porque sí es así entonces llegaríamos a comprender que las denuncias llegan hasta nosotros puesto que el conflicto de Jesús tiene alcances y un valor transhistórico.

El fariseísmo es una postura interior. Se trata del comportamiento de una persona cerrada. No es otra cosa sino ese virus que puede infectar todo tipo de vida religiosa.

Hay fariseísmo, cuando uno se cubre con la máscara de la justicia para dispensarse de vivirla interiormente o de reconocerse pecador y escuchar el llamamiento de Dios, cuando encierra uno el amor de Dios en un círculo estrecho de su ciencia religiosa.

6.-Aún y cuando algunos puedan utilizar este texto del día de hoy para fastidiar a los católicos al cuestionarles sobre porque le llaman: “padre” a los presbíteros de la Iglesia, tengo que decir que, sin quitar aquello a lo que nos exhorta este texto a cada uno, se está denunciando el fariseísmo de todo cristiano. Y ojalá que comprendiéramos que el fariseísmo amenaza al cristianismo, llámese católico, bautista, evangelista, pentecostal..., en la medida en que éste retrocede al estadio de la sola observancia legal y desconoce la universalidad de la gracia. ¿A quién de nosotros nos dice algo este Evangelio? Espero yo no ser tan fariseo en mi vida, pero que tampoco lo sean aquellos que tocan la puerta de tu casa para insultarte y mandarte al infierno por el hecho de llamarle: “padre” a aquel que ha bautizado a tus hijos, por la gracia de Dios.

7.-George Bernanos planteaba una brutal pregunta: “¿quién puede gloriarse de no tener, en sus propias venas, una sola gota de la sangre de aquellas víboras?”

Los fariseos, son los que tienen complejo de ortodoxia o de élite; los intolerantes, los intransigentes, los incapaces de amar, los críticos de todo y de todos, los satisfechos de sí mismos.

La podredumbre del fariseísmo tiene un solo nombre: “hipocresía”.

Es por eso, que en la acepción popular “fariseo” se ha convertido en un sinónimo de “hipócrita”.

Los hipócritas son aquellos que tienen una doble cara: la que mira a Dios y la que mira a los hombres.

8.-El Señor Jesucristo, el día de hoy nos está invitando a la conversión.

Hablando de conversiones, hoy me asalta en el recuerdo, aquella bella anécdota en la vida de Charles de Foucauld, que él mismo contaba.

El era miembro del ejército francés durante la Primera Guerra Mundial, un buen día presumía las insignias de la milicia ante sus sobrinos, eran demasiadas las distinciones, él les iba explicando el valor y la forma en que había obtenido cada una de ellas.

Todo iba bastante bien, hasta que su sobrina más pequeña le preguntó: “¿Y de Dios qué has obtenido, tío?...” Él se quedó pensativo.

Efectivamente, Charles de Foucauld, uno de los grandes místicos del siglo XX, experimentó un gran vacío en su interior después del ejercicio de las armas.

Fue entonces, que se fue recorriendo las calles de París en la búsqueda del Dueño de la Vida, y en las calles ingresaba a todo templo que se encontraba.

Ingresó a Templos de diferentes denominaciones cristianas y en muchos de ellos salía insatisfecho al escuchar mensajes como este: “Bienvenidos hermanos, aquí nos encontramos los elegidos de Dios, todos aquellos que nos hemos de salvar, nos encontramos en este recinto solamente los santos y los puros”.

Recorrió otros templos, y el mensaje seguía en la misma consonancia y resonancia: “Sean bienvenidos los santos de Dios, los que están en el libro de los elegidos, allá afuera está la escoria, los que están perdidos, los idólatras, los que ofenden a Dios, los que se van a condenar en el intenso y eterno fuego del infierno.”

Seguía Charles de Foucauld, en su camino, recorriendo templos sin sentirse a gusto.

Un buen día, llegó a la Iglesia parroquial de San Pablo Apóstol, e ingresó en el preciso momento en que daba inicio la celebración de la Santa Misa. Un sacerdote principiaba la celebración del Señor, con los ritos iniciales: “Hermanos: sean bienvenidos a la Casa de Dios. Antes de empezar a celebrar estos sagrados misterios de la redención, reconozcamos que todos nosotros somos pecadores ante Dios, y que estamos necesitados de su infinita misericordia. Hermanos: les invito para que ante Aquel que conoce el secreto de la vida, y que nos ama tanto y que está siempre dispuesto a perdonarnos, a pesar de nuestras muchas flaquezas, le pidamos perdón por nuestras faltas y nos dispongamos al encuentro con Él, en la mesa de la Palabra y en la mesa de la Eucaristía”.

En ese momento, Charles de Foucald se sintió a gusto y dijo en su interior: “Este es un lugar para mí, aquí están los míos, los pecadores que necesitan de la misericordia de Dios.”

9.- Hermanos: El fariseo necesita cambiar de corazón, cambiar de pensamientos y cambiar de sentimientos. Pidámosle a Dios que nos ayude.

 

NUESTRO GUÍA HACIA LA ETERNIDAD.

“No se dejen llamar “guías”, porque el guía de ustedes es solamente Cristo. Que el mayor de entre ustedes sea su servidor, porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”.

1.-Estimados amigos:

El próximo miércoles 02 de noviembre en la Iglesia de Jesucristo tendremos la celebración de los fieles difuntos. A causa de lo anterior hoy les quiero enviar un saludo cristiano a todos aquellos que han vivido la separación de un ser querido y elevo a Dios al mismo tiempo una plegaria por todos ustedes.

2.-La muerte no es algo que nos sucede sino Alguien que nos sale al encuentro.

Es por ello que este domingo quiero compartirles una reflexión más que sobre la muerte sobre nuestra celebración cristiana de la muerte y, para ello, les comparto primero un sermón de san Juan Crisóstomo que predicó en el oficio exequial de las Vírgenes Berenice y Prósdace en la Catedral de Constantinopla en el siglo IV:

“Al principio se hacían por los muertos señales de dolor y lamentaciones. Ahora se cantan salmos e himnos. Se lloró a Jacob durante cuarenta días, y otros tantos días lloraron los judíos a Moisés, porque en aquel entonces la muerte era la muerte. Ahora ya no es así: se dicen cánticos, oraciones y salmos, todo lo cual significa que este acontecimiento es fausto. En efecto, los salmos son señal de regocijo. Como nosotros rebosamos de alegría, cantamos por los difuntos salmos que nos exhortan a la confianza ante la muerte”.

Esto que nos narra el Crisóstomo es la vivencia de los primeros cristianos en un tiempo en que la fe estaba intensamente viva. Es por ello, que en las simbologías que aparecen grabadas en las catacumbas no aparecen motivos fúnebres sino de alegría y esperanza: estaba el Buen Pastor que nunca abandona a las ovejas mientras atraviesan las cañadas oscuras de la muerte y que les lleva sobre los hombros a los pastos de la eternidad; estaba el Pescador cargando en sus irrompibles redes la pesca del tiempo para las mares de la eternidad; estaba el hortelano que satisfecho posee un huerto cuyos rosales son tan altos como los cipreses; estaba Jonás expulsado del vientre del cetáceo de la muerte descansando en la costa de la eternidad; estaba la palma verde y prometedora de los mártires como clara señal de la victoria; estaban los frescos representando el paraíso y a los descendientes del nuevo Adán...

3.-Eran aquellos los tiempos en que las celebraciones litúrgicas de los fieles difuntos se vivían con candelas encendidas en las manos de los fieles cristianos que acompañaban al finado en el templo como un claro índice de la esperanza, y en aquella celebración los salmos graduales que se cantaban estaban anunciando al mundo que el difunto estaba subiendo a la Jerusalén celestial, y al final de los ritos litúrgicos había un banquete en el entendimiento de que el difunto participaba ya en el alegre festín del reino.

Lo anterior nos ayuda a comprender aquella observación que hacía Tertuliano en su libro sobre la mortalidad, cuando en el capítulo 20 escribe: “Como la muerte del hombre constituye su entrada en el cielo, es improcedente adoptar vestiduras negras cuando él mismo se ha revestido de vestiduras blancas”.

Y así eran también los temas de la liturgia de la Palabra: se leía el éxodo cuando Moisés fue liberado del poder del faraón; o en el primer libro de Samuel se escuchaba cuando David derrotaba a Goliat; en el libro de Daniel se escuchaba cuando los tres jóvenes iban saliendo indemnes del horno ardiente; y así también se leía cuando Daniel estaba rodeado de leones y, no obstante, aparece ileso y ocupado en alabar a Dios,...

4.-La comunidad cristiana relacionaba la primera visita del cristiano a la Iglesia en el Bautismo con la última que se efectuaba en las exequias litúrgicas, en la primera fue traído en brazos y ahora ha sido traído en hombros. Primero entró en la Iglesia y ahora entra a la vida eterna; al igual que en el bautismo se ha preparado el mismo hisopo, el mismo cirio pascual; al inicio se le vistió con la túnica blanca y ahora se le ha vestido de fiesta; la flor ha caído en tierra porque el fruto ha brotado en el árbol de la vida cristiana; en el bautismo se había nacido para morir y ahora en las exequias se muere para nacer; se trata de un nuevo nacimiento: se han vivido momentos violentos en los dos partos, y estos acontecen con la convicción de que sí no se es expulsado del vientre materno la matriz se convierte en elemento nocivo y letal. El bautismo ha sido una muerte y la muerte es ahora un bautismo, diría san Basilio en su homilía 13: “Toda la vida es bautismo”.

¿Te fijas cómo la liturgia fúnebre es una de las más bellas celebraciones? Se trata de la celebración del encuentro y del bautismo definitivo. Y es que el bautismo es pascua de liberación, lo mismo que la muerte.

La Pascua de la Vida Eterna la debemos contemplar como la primavera que llega después de los largos inviernos de la enfermedad, del dolor, de la soledad, de la dependencia que provoca la enfermedad.

5.-Y aquí, en este ámbito oscuro de nuestra vida, Dios quiere ser nuestro guía aquí y ahora en orden a invitarnos a distinguir ya desde ahora entre lo que es perecedero y lo eterno, entre lo que es secundario y lo primario, entre lo que es sustancial y lo accidental, entre lo que es efímero y lo vital, para así convertirse un día en el guía que nos conduce a nuestro destino de eternidad.

Dios quiere ser nuestro guía para que seamos cristianos auténticos y conello servidores de los demás para que evitemos el ser enaltecidos y que podamos vivir la humildad.

Y nos muestra que el único paso autorizado a la vida eterna es el de la coherencia y el compromiso personal acompañado de la decisión de tomar en serio las exigencias del Evangelio, sin intentar astutamente reducir el cociente de dificultades.

La entrada al Reino de los Cielos no será cuestión de membresías ni de inscripciones, sino que es un asunto de amor auténtico.

6.-En la realidad, pasaremos a la amplitud del Reino, en la medida que vivamos la estrechez de una vida consecuente de una amplitud del corazón. Nuestros horizontes se podrán ensanchar si nuestro corazón se dilata pasando por la puerta estrecha de la verdadera vida cristiana. La “estrechez” de la solidaridad, fraternidad y servicio al hermano frente al egoísmo; control y dominio del consumismo frente a la idolatría del dinero, expresión de una vida congruente frente al maquillaje de nuestro fariseísmo que quiere enaltecernos sobre los demás y olvidarse de que a esta vida hemos venido a servir...

Ser católico es ser luchador y la corona por la que se lucha no es otra sino la eternidad.

7.-Que el mayor de entre ustedes sea su servidor¿Sabes? Nuevamente la memoria me ha trasladada hacia lo que ha sido la vida en las distintas escuelas, para ayudarme a comprender algunos principios de la Escuela de la Vida y... de la Escuela de la eternidad.

El Evangelio de hoy me recordó aquel principio físico de que “la materia no se crea ni se destruye sólo se transforma”. Los animales y las plantas sólo cambian sus calorías, sus átomos y sus moléculas. Su materia básica es imperecedera.

Sin embargo hay un dato que el Evangelio le añade a la ley física si utilizamos la imagen del grano de trigo tan favorecida por el Evangelio: la transformación puede ser de muerte o de vida.

Si el grano de trigo no muere bajo la tierra queda infecundo, no germina, no va a fructificar, pero si es capaz de morir vivirá auténticamente y de una formas más plena.

Es nuestra capacidad que se tiene de morir bajo la tierra lo que nos da la capacidad de adquirir un género de vida mejor: Renacer incesantemente en otra planta que le reemplazan con ventaja. “Si la semilla no muere...”

Pero la semilla en tierra no muere. Al contrario fructifica, es un foco de actividad intensa, se transforma y se multiplica. La que no muere es la que en realidad muere, y la que muere es la que en realidad tiene vida.

8.-Hablando de la materia debemos agregar que alguna se transforma en vida y otra en deshechos infértiles. Esto al mismo tiempo debe hacernos comprender el mensaje de vida eterna: conservarse es morir en la transformación posterior; sacrificarse, entregarse, dar la vida significará vivir en la transformación posterior que esperamos los cristianos.

La excesiva y continua preocupación por uno mismo no deja tiempo para morir. Y el grano de trigo sigue al sol y al aire, pero sólo, convirtiéndose en materia infértil.

La vida terrena se prolonga en la vida celestial, la vida temporal aparece como antesala de la vida eterna. La vida terrena no se prolonga al negar la vida de ultratumba sino que se encoge miserablemente.

Nuestra vida será insatisfactoria, no porque sea breve, sino porque no la vivimos a la altura de nuestra aspiración más elemental y más profunda. La verdadera muerte no es el morir; es dejar de creer, dejar de amar, dejar de crecer... ¡Y esto se puede dejar de hacer a cualquier edad y en cualquier momento!

Las conclusiones de una reflexión sobre la eternidad no nos llevan a una tranquilidad adormecedora como nos acusaba Feuerbach, sino que no lleva a una incesante vigilancia.

9.-El más allá pone los cimientos de la relaciones del más acá.

La muerte es un desafío que nos dice constantemente que no perdamos el tiempo.

¿Sabes? Hay un ejemplo de un filósofo español llamado Xavier Zubiri que siempre vio y vivió su vida en una dimensión cristiana. Él murió en septiembre de 1983 y en su sepultura quiso que figurara la siguiente inscripción: “¡Aleluya, aleluya, aleluya! Cristo ha resucitado. No es vana nuestra fe”.

El hombre no debe ser visto como un ser para la muerte sino un peregrino en busca de la luz, de un nuevo horizonte.

 

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