Domingo 25 de Septiembre de 2005_________Pbro. Rogelio
Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx
DIOS ES UN PADRE QUE TIENE DOS HIJOS.
“En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “¿Qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos se fue a ver al primero y le ordenó: “Hijo, ve a trabajar hoy en la viña”. Él le contestó: “Ya voy, señor”, pero no fue. El padre se dirigió al segundo y le dijo lo mismo. Este le respondió: “No quiero ir”, pero se arrepintió y fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?” Ellos le respondieron: “El segundo”.
Entonces Jesús les dijo: “Yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios. Porque vino a ustedes Juan, predicó el camino dela justicia y no le creyeron; en cambio, los publicanos y las prostitutas sí le creyeron; ustedes, ni siquiera después de haber visto, se han arrepentido ni han creído en él.”
De nuevo este domingo aparece la viña, y la gente que trabaja en ella. O, por mejor decirlo, que debería trabajar.
El Evangelio nos informa sobre las dos clases de hijos que tiene Dios. Los del “sí que es no” y los del “no que es sí”. Se trata de dos hijos arrepentidos.
Humanamente podríamos decir: un Padre desafortunado. El cual tiene la desgracia de tener un hijo que dice inmediatamente que sí y que resulta inconsistente en su buen propósito. Y pareciera una desgracia mayor encontrarse con otro hijo que le dice en su cara simplemente: “No quiero”.
Los dos se arrepienten: El primero se arrepiente del sí... “pero no fue”..., y el segundo se arrepiente de su negativa... “pero después se arrepintió y fue”. Jugando con las palabras: hay quien dice “sí” y vive un “no” y hay quien dice que “no” y finalmente vive un “sí”.
2.-Evidentemente lo mejor resultaría que alguien le dijese que sí y que efectivamente hiciese un sí. Pero también es claro que entre el que dice “sí” y no hace, y el que “no” tiene las palabras precisas en la boca pero es capaz de presentar acciones convincentes, la preferencia de Dios se inclina por esta segunda categoría de individuos.
La pregunta de Jesús en el Evangelio nos presenta la intención en la búsqueda de Dios: “¿Cuál de los dos hizo la voluntad del Padre?”
A Dios le interesa que el hombre haga de su voluntad su propia vida: pues se trata de una voluntad que busca el bienestar del hombre.
El Padre sabrá esperar hasta que el corazón del hombre manifieste su verdadera dimensión, quenoesprecisamenteladimensiónde las palabras.
El Padre deja el espacio necesario para que el “sí” de la boca se haga también un “sí” en las acciones.
3.-¿Sabes? Quizá lo más formidable del Evangelio de este domingo sea el hecho de que el Padre no se haya precipitado en juzgar, y que haya dejado un espacio suficiente de tiempo, de tal manera que un “no” en nuestras palabras pueda cambiarse en un “sí” de conversión.
Por fortuna para nosotros, el Padre tiene muy en cuenta aquello que viene “detrás” del sí o “detrás” del no. Dios tiene la costumbre de estar mirando hacia dónde llevan las palabras, y de fijarse en cómo se emplean nuestras manos después de nuestros aplausos...
4.-La parábola de este domingo, más allá del contexto inmediato a que se refiere, nos presenta una rotunda condenación de un cristianismo de palabrerías, declamatorio, hinchado de palabras, de fórmulas y de profesiones solemnes; del cristianismo de aquellos que pensamos que basta con sólo proclamar la fe,pero que vivimos un vacío de hechos convincentes.
No bastan los aplausos entusiastas para seguir después haciendo lo que uno quiera.
A las palabras deben seguirle los hechos, a los principios debe seguir una conducta coherente, a las enseñanzas debe seguir el ejemplo de la persona, a la profesión con tu boca, con tu corazón y con esa voz gritona debe seguirle una vida que no lo desmienta clamorosamente.
Es indispensable hacer la verdad y no sólo conocerla, pensarla, atesorarla, presumirla y anunciarla.
5.-De acuerdo al Evangelio: El verdadero cristiano no es aquel que confiesa con su boca, sino el que hace con sus manos la voluntad de Dios.
Al final de nuestra jornada en la viña, no se nos juzgará por las palabras ni por proclamaciones, aclamaciones y declamaciones; sino por los hechos.
6.-Quiero invitarte para que no te dejes conducir por el movimiento que se genera por la inercia del pensamiento. No hablemos de un hijo mayor ni de un hijo menor, el Evangelio no lo dice así. Se habla del primero que dice que sí y que no va y del segundo que dice que no y que sí va.
Retomando a ese hijo que es llamado llanamente como el primero de los dos hijos, y revisando qué tanto se identifica con cada uno de nosotros, tenemos que decir que el sí pronunciado por aquellos que no hacemos nada, hoy se ha diversificado enormemente en algunas personas que sacamos de nuestro acervo un verdadero torrente de palabrerías.
Aquellos que no somos coherentes con lo que decimos, solemos querer que todos escuchen nuestras acusaciones: somos aquellos que en nuestra apreciación detectamos los errores cometidos en el cultivo de la viña y que podemos pasarnos horas, días, semanas, meses y años discutiendo, pero que no somos capaces de salir de nuestra mesa de las discusiones.
7.-Hoy, los que decimos que “sí” y que ese sí no lo respaldamos con nuestra vida, somos capaces de programar con criterios modernos y eficaces el cultivo de la viña, en dónde las responsabilidades se delegan a cualquiera menos a los que somos habladores. Cada método lo explicamos con una terminología especializada, y nos pasamos el tiempo discutiendo, pero en la realidad no conocemos la viña.
La viña está esperando a que alguien la trabaje, y el primer hijo pasa de los problemas a su solución teórica, del análisis del pasado a las perspectivas para el futuro, pero jamás ha sido capaz de pasar de las palabras a los hechos, no es capaz de cambiar los discursos por el azadón.
El hijo que con sus palabras dice continuamente que “sí”, pero que no es capaz de trabajar, ha fijado su residencia en una oficina, y en ocasiones entra en las salas de los debates, aparece en las mesas de las discusiones y en los programas televisivos, ese hijo ha ganado la fama de ser “un creador de opinión”. En ocasiones aparece en las plazas para prestar su contribución prestigiosa, tomarse una fotografía y recibir los aplausos.
Este primer hijo está enfermo de protagonismo y de exhibicionismo, pero en la viña nunca ha estado, jamás ha puesto un pie en ese lugar, ni siquiera sabe donde está. Le tiene miedo a mancharse ese traje impecable. En ocasiones le buscan los que si trabajan, pero él no quiere hablar con ellos. Esa gente no está a su altura. Ellos no tienen capacidad de entenderlo. Los obreros de una viña no tienen títulos y no poseen ni siquiera un poco de su sobrada inteligencia, ni mucho menos de su capacidad verbal, una capacidad entrenada para decir “sí” de forma indefinida a todas las cosas, pero que no sabe hacer aquellas cosas que parece aceptar.
El primero de los hijos se ha especializado en esos “análisis correctos” de las situaciones, en preparar documentos, en redactar “instancias”, en poner a punto los programas, en discursear con peroratas en la busca de las causas últimas de las situaciones.
Está siempre dispuesto a recoger y a lanzar cualquier especie de desafío. Menos, obviamente, el desafío del trabajo serio y silencioso en la viña. El primer hijo, ese que dice que “sí” y que no hace nada, es aquel que en ocasiones logra procesar y condenar al mundo entero.
8.-Es el individuo que se ensaña con vehemencia acusando la corrupción dominante en los que pertenecen a otra confesión de fe, por ejemplo a la Iglesia católica y, que después te das cuenta, que lleva una vida doble y que no es capaz de resistirse a esa fascinación indiscreta de aquello que ataca con tanta saña.
Es el moralista hipócrita, siempre dispuesto a denunciar con palabras de fuego el estilo de vida de aquellos que no pertenecen a su congregación, a su grupo de autoproclamados “salvos”. Y apenas lo conoces un poco de cerca, te das cuenta de que él pisotea ciertos valores fundamentales con la mayor desenvoltura. Aunque él tiene la costumbre de no llamarlos escándalos. Los escándalos, ¡qué caramba!, son los que se dan en la casa del vecino.
9.-El primer hijo, aquel que habla y que no hace, es también el pseudo-creyente que rechaza cualquier compromiso cristiano serio, pero que está dispuesto a escandalizarse de la vestimenta y del celibato de los curas o de cualquier defección en el campo religioso. Y exclama teatralmente en sus cultísimas charlas: “¿Cómo se puede seguir creyendo todavía?”. Y lo dice, precisamente él que no sabe donde está la viña, y que solamente cree en el dinero y en el poder.
Es ese catedrático tan lleno de erudición y que critica la actividad agotadora de una monjita que trabaja desde el amanecer en una difícil, o casi imposible, sala de hospital.
10.-Ese primer hijo que dice que sí y que no hace nada suelo ser también yo, quien en ocasiones estoy enfermo de verbalismo, que someto a la discusión todo, y a todos, excepto a mí mismo, infalible acusador de los errores ajenos.
11.-Ese primer hijo sueles ser también tú que en ocasiones dices: “Haría falta”, “es absolutamente necesario”, “es urgente”, “se debería”. Pero jamás sale de tus labios un “debo”, y la viña queda como está, gracias a nuestras vanas palabras. En nosotros se da el mezquino intento de cubrir con un río de palabras el compromiso fallido.
12.-Lo peor de todo, es que el primer hijoque no ha hecho nada en ocasiones tiene la desfachatez de presumir el trabajo ajeno.
Suele ser aquel que lejos de trabajar para la viña, trabaja para sí mismo, para su monumento, su carrera.
Hay quienes hacen con su propia sangre y sudor la historia de la viña, hay quienes escriben la historia de la Iglesia, hay quienes hacen la vida de una parroquia con su trabajo muchas veces subterráneo y cotidiano,... el primer hijo suele hoy tener una costumbre: presumir, colocar su nombre y su fotografía en las obras que otros hicieron en la viña de Dios.
EL HIJO QUE DIOS ESPERA QUE SEAMOS.
“En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “¿Qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos se fue a ver al primero y le ordenó: “Hijo, ve a trabajar hoy en la viña”. Él le contestó: “Ya voy, señor”, pero no fue. El padre se dirigió al segundo y le dijo lo mismo. Este le respondió: “No quiero ir”, pero se arrepintió y fue.
1.-Muy queridos amigos:
En la viña de Dios hace falta un tercer hijo que sepa decir que sí, y más aún, que sea capaz quizá de no pronunciar una sola palabra, pero que sea capaz de hacer la voluntad del Señor y así pueda convertirse en una verdadera bendición para todos los que vivimos en esta viña de Dios, que es este nuestro mundo.
Hoy hacen falta más hijos de Dios que sean también hijos del silencio y de la ocultación. Hijos, que más que saber hablar tenga buenos oídos para escuchar. Y que tengan ojos penetrantes para ver lo que hay que hacer. Mejor dicho, aquello que él debe y quiere hacer. Digámoslo en palabras de nuestro muy querido y recordado Juan Pablo II: “Este nuestro mundo no necesita maestros sino testigos”.
Hoy hace falta ese “tercer hijo” que no está a gusto ni en los palcos ni en las plazas donde abundan los aplausos, y que jamás se le ve sentado en torno a mesas redondas donde se debaten los grandes problemas (es más a nadie se le ocurriría invitarle a esas mesas de los intelectuales); en compensación él se deja encontrar en todas esas citas que son decisivas con los quehaceres más ingratos.
2.-Para ese “tercer hijo” resultaría suficiente que el Padre le indicara donde esta la viña. Esa viña donde no todo está en orden. Donde abundan los hierbajos, las espinas, las ortigas, las piedras,... y el desinterés. Pero donde existe, al mismo tiempo, una esperanza prometedora de una gran cosecha, a condición de que alguien se decida a doblar la espalda.
El Padre mira complacido a este tipo de hijos. Dios sabe que puede contar con aquel hijo, aunque ni siquiera haya sido capaz de decir “sí”, y por supuesto “que nunca pensó en decir que no”. Precisamente como el señor san José, esposo de la Virgen María. Son los santos de la discreción.
¡Que qué! ¿Hay oscuridad absoluta en la viña? ¿Existen grandes sombras? Este hijo, intrépido, es capaz de encender una lámpara para trabajar.
¡Que qué! ¿Hay mucho fango en todas partes? ¿Abunda la basura en la viña? Este hijo es capaz de crear, personalmente, un espacio limpio.
¡Que qué! ¿Existe mucha falsedad entre algunos de los que trabajamos en la viña? Este hijo es capaz de producir sinceridad y transparencia.
¡Que qué! ¿Existen infinidad de deslealtades, incongruencias, desconfianzas, egoísmos, mezquindades? Él logra presentar en el mercado el producto genuino que necesita la gente.
¡Que qué! ¿Le llueven las piedras de la maledicencia? Él se inclina a recogerlas, puesto que le pueden servir para construir unaprotección para la viña o para ponerles redondeles a los árboles.
¡Que qué! ¿Existen muchas cosas que están torcidas? Él se preocupa exclusivamente de caminar derecho y en la dirección justa.
¡Que qué! ¿Hay demasiada palabrería? Él suele cerrar la boca, se acomoda las mangas de la camisa y abre las manos para trabajar.
3.-Por supuesto que las manos de este tercer hijo no están cuidadas, más bien suelen raspar al saludarle. Al contacto con las espinas, la grama, las ortigas, las piedras, es normal que a la tarde sus manos queden un poco desolladas y no muy limpias,... quizá perforadas por ese metal que se le ha hendido en sus carnes, como un día le sucederá al dueño de la viña.
Pero tendrá una gran compensación: la viña aparecerá un poco más limpia y, sobre todo, se habrá borrado del rostro del Padre esa sombra que provoca la desilusión.
El Padre, después de muchos “sí” que resultaron ser “no”, y muchos “no” que pueden convertirse en un “sí”, y de tantos “peros”,... y de tantos “consejeros”,... finalmente escuchará satisfecho el elocuente silencio de este hijo y disfrutará de la música que emite el azadón y de ese bello canto que entona la pala al contacto con la tierra.
4.-Querido amigo:
En realidad, el Padre no pretende que tú le digas “sí” inmediatamente. Él está a la espera. Tampoco está esperando un “sí” aunque sea retardado, sino que aquello que está esperando es vernos trabajar. ¡Hacer algo por este mundo y por nuestros hermanos!
Las solas palabras, con frecuencia, son somníferas o ésas sí que “suelen ser el verdadero opio de los pueblos”. Las palabras se convierten en una especie de cortina de humo. Hay que esperar a que el humo desaparezca, aunque sea el humo del incienso de muchos de nosotros, para poder conocer la realidad, solamente después puede ser posible ver y valorar el comportamiento de las personas.
Se plantea así un cuestionamiento fundamental: ¿quiénes somos los individuos auténtica y verdaderamente confiables?
5.-Es tiempo de que revisemos el verdadero sentido de nuestra obediencia a Dios. En efecto, puede haber gente que se muestre rebelde por amor. Y puede haber quien es fiel... pero con amargura.
Hay quienes somos un poco indisciplinados, descarados y desgarbados, pero sustancialmente obedientes, animados por un amor real. Y, hay quien cubre, bajo la costra de un respeto formal, de un cumplimiento superficial y presuntuoso, una realidad profundamente más ambigua.
Los aplausos con frecuencia cierran un discurso o lo llegan a interrumpir... Pero, los aplausos difícilmente abren un compromiso concreto.
Para ser agradable a Dios, lo importante no es “decir con tu boca y con tu corazón”, sino que hay que saber hacer con tus manos, tanto, que hasta se te hagan callos en ellas, aunque la boca y el corazón no digan nada.
Y, a pesar de todo, nosotros, impertérritos, no dejamos de “decir”, no dejamos de “pronunciar con los labios”. Nos limitamos a “decir”.
Hablamos sobre humildad, obediencia, amor, unidad, paz, diálogo, tolerancia, pluralismo, dignidad de la persona, papel de la mujer en la Iglesia. Y no se nos ocurre pensar que hay que ser humildes, obedientes, obrar conforme a la fe, amar concretamente al prójimo, respetar de verdad al otro...
6.-Quisiera comentarte otra cosa:
Un factor importante del mensaje evangélico, que en lo personal me ha ayudado en mi vida cristiana: ¿Sabes cuál es?...
Parece ser que Cristo tuvo una especie de simpatía especial hacia “los rebeldes”, hacia aquellas ovejas que en muchas ocasiones no están con el grueso del rebaño, hacia aquellos que sobradas veces echaron su vida por el drenaje de la existencia pero que un día se arrepienten y son capaces de llorar hasta el cansancio su desventura, hacia aquellos que en la ignorancia hasta llegaron a cometer injusticias aprovechando su buen posicionamiento pero que un día en la curiosidad llegan a subirse al sicomoro de la conversión y después compartieron sus bienes con los desposeídos... podríamos seguir hablando de mil imágenes más entresacadas del mismo Evangelio, y una y otra vez nos encontraremos que Jesucristo es seducido por los que vivieron un tiempo bajo el signo de la necedad... Su postura le parece a Él que se origina en un malentendido. Malentendido que no puede durar y que, sobre todo, más tarde puede revelarse como benéfico...
7.-Esto me ha traído consuelo en muchas ocasiones. La parábola de este domingo lo confirma: al final, ése se arrepiente.
Esta “conversión” probablemente no ha acaecido sin una historia, sin dificultad, pero ahí queda el hecho de que él, “el rebelde”, ha entrado a la viña. El “no” pronunciado momentáneamente ha desembocado en un verdadero “sí”.
Jesús nos muestra que un camino de la rebelión no es necesariamente un camino sin salida. Y este es precisamente el broche final que Él mismo le ha puesto al Evangelio que hemos leído:
“Entonces Jesús les dijo: “Yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios”.
8.-Esta es la razón, por la que a “la fe que se profesa con los labios” y a esa caridad que se muestra con las manos encallecidas, les debe acompañar una virtud llamada esperanza.
La parábola tiene dos caras: ¿sobre cuál de ellas ha de ponerse el acento? Si se dirige a los que se sienten justos, los santos de los últimos días, les advierte que tengan cuidado ya que el “sí” puede convertirse en un “no”, y ese salón del reino puede quedarse en un solo pedazo de hermosa construcción, hecho aquí en la tierra con los mejores materiales, pero que en nada se compara con el premio que Jesucristo nos ha ofrecido en la eternidad y que se nos está yendo de las manos. Esta parábola es giratoria, y si se dirige a aquellos que podemos ser acusados de pecadores por tantos predicadores callejeros, tenemos que ser conscientes de que nuestras posibilidades están intactas: el “no” puede convertirse en un “sí”
Para Dios nunca será demasiado tarde, mientras que quede, aunque sea sólo un segundo en el reloj de nuestra vida...
9.-Querido Amigo:
Nunca será demasiado tarde como para empezar a trabajar en la viña de Dios, jamás será inoportuno el que seamos empleados por esas necesidades que tienen nuestros hermanos; en ningún tiempo dejaremos de ser colocables en un buen puesto para que hagamos oración, vivamos la esperanza o ejerzamos la justicia.
Hay muchas personas que pronunciaron constantemente un “no” con sus labios, y un día el Señor, que nunca se cansa de esperarnos, les dirige nuevamente una invitación ante la cual llegan a pronunciar por primera vez un “sí”.
LA FIDELIDAD A LA PALABRA PRONUNCIADA.
“En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “¿Qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos se fue a ver al primero y le ordenó: “Hijo, ve a trabajar hoy en la viña”. Él le contestó: “Ya voy, señor”, pero no fue. El padre se dirigió al segundo y le dijo lo mismo. Este le respondió: “No quiero ir”, pero se arrepintió y fue.
1.-Querido amigo:
El Evangelio de este domingo posee dos mensajes inconfundibles: por un lado condena la hipocresía de aquellos que nos quedamos solamente en la pronunciación de buenas palabras y, por el otro lado resalta esa posibilidad de conversión que tenemos todos los hombres. Sin embargo, también nos es útil para que meditemos sobre esa reflexión que debe acompañar nuestras palabras antes de ser pronunciadas.
Al escuchar sobre un “sí” que fácil, y hasta precipitadamente, se pronuncia, y que pronto se convierte en un “no”, quisiera invitarte a reflexionar sobre la seriedad de esas palabras que pronunciamos al adquirir un compromiso.
Todosnosotros,queundíallegamosalaedaddelamadurez, pronunciamos solemnemente un sí ante la presencia de Dios, para comprometernos a trabajar en su viña, a través de una familia, en el sacerdocio o en la vida consagrada. Y, desgraciadamente, somos cada día más aquellos que hemos abandonado el azadón en medio de los surcos del viñedo.
Hoy ha proliferado tanto la deserción, por ejemplo en el matrimonio, que en la actualidad, hay tantas hectáreas en la viña que se encuentran tan descuidadas, produciendo cardos y espinas, en lugar de producir generosos frutos.
Algunos Viñedos han recibido el trabajo generoso de personas extrañas que, sin duda, recibirán un premio de parte del auténtico dueño de la viña, síes que en el desinterés total procuran realizar su trabajo inspirados por la bondad del corazón. Lo mejor hubiese sido que aquél que un día pronunció un sí no hubiese abandonado el trabajo que un día libremente aceptó.
2.-Al recorrer la inmensidad de las parcelas del Señor, nos resulta lamentable encontrarnos con esos letreros que penden de una cerca, en los que con tristeza, impotencia y hasta urgencia están garabateadas unas pocas letras: se solicitan viñadores.
Y, gran parte de la responsabilidad sobre esta situación se encuentra en nuestra irreflexión, es decir, en esa incapacidad de tomar nuestra vida con seriedad.
3.-Se trata de esa necedad de muchos padres de familia, en un intento por maquillar situaciones,... pero sin comprenden que para que se dé un matrimonio cristiano, hace falta una edad propicia y que haya una verdadera disposición.
Pero,... no todo se queda ahí, sino que también hay culpabilidad, en esa actitud caprichosa de tantos jóvenes que quieren acelerar procesos o bien quieren evadir situaciones incómodas en la viña paterna, y piensan que lo pueden hacer jugando a ser ellos mismos viñadores, sin poseer o sin haber cultivado las virtudes necesarias.
4.-Este domingo, quisiera hablar sobre la importancia que tiene nuestra fidelidad a esas palabras que pronunciamos irreflexivamente ante el dueño de la viña.
“Sí” y “No” son palabras demasiado cortas, pero son aquellas sobre las que más se necesita recapacitar antes de pronunciarlas. Se trata de dos monosílabos; son dos adverbios, uno afirmativo y el otro negativo y que, por lo tanto, como modificadores verbales: afirman o niegan una acción verbal. Sí quiero, sí prometo, sí acepto, sí estoy dispuesto... Se trata de la pronunciación de un “sí”, que transforma toda nuestra vida.
El hombre y la mujer le han dado su palabra al dueño de la viña, y parece ser que hoy no lo quieren aceptar. Por lo menos no son consecuentes.
Resulta muy fácil,culpar a nuestra inmadurez e inexperiencia en los errores de nuestra vida. Pero, cuando en los errores se va tu vida, se compromete la vida de los demás o nuestra mismísima vida cristiana, debiéramos ser mucho más analíticos y más cautelosos para tomar nuestras decisiones.
El “sí” que pronunciamos ante Dios nos compromete para siempre. De esta manera, aunque siempre se tengan pretextos que intenten justificar la validez de nuestra infidelidad; recuerda que, lo que nunca tendrá justificación será la traición al compromiso con una persona y, mucho menos, al compromiso que se contrajo en la presencia de Dios.
Lapalabrapronunciada ante Dios exige el respeto total de las personas. No juguemos con la vida de aquellos a los que prometimos amar y ser fieles.
Alguien podrá decir que desapareció el afecto, pero nunca podrá decir que desapareció el compromiso. Nuestros acuerdos no se podrán mantener desde una vida que sólo busca sus propias satisfacciones.
Recuerda, que en los momentos difíciles no existen las soluciones fáciles.
Cada persona debe ser responsable de lo que promete, de lo que cree y de aquello que hace.
Ser responsables significa que las personas seamos capaces de dar respuesta de nuestros propios actos, decisiones y actitudes del corazón.
¡Ojalá comprendieran esas jóvenes ilusas, que si alguien no ha sido capaz de ser fiel a sus propias responsabilidades, y entre ellas las que se adquieren ante Dios, no podrá ser responsable de aquello que te está diciendo, aunque sus palabras suenen a las de un verdadero mártir!...
5.-Pero,...no nos desviemos del tema. Comprende querido amigo:
Tu “sí” y tu “no”, ante el dueño de la viña, deben pronunciarse después de una reflexión verdaderamente concienzuda.
Los especialistas en lenguaje enseñan que un “sí” y un “no”, en esos momentos de la vida en que nos encontramos premeditadamente ante una presencia especial de Dios, no pueden ser palabras calificadas como asertivas, sino que se convierten en un lenguaje operativo o performativo.
6.-Y ahora... ¿Qué quiere decir este cura con eso del lenguaje asertivo y el operativo?
Muy sencillo, no podrá nunca ser lo mismo el que alguien te diga: “¡Buenos días!” a que alguien diga: “En este momento se declara el inicio de la huelga en esta paraestatal”. ¡Dios nos libre de la segunda afirmación!
La diferencia estriba, en que la primera afirmación se realiza con ese lenguaje que llamamos asertivo y la segunda se pronunciada desde el lenguaje llamado operativo o ejecutivo, el cual tiene repercusiones jurídicas, legislativas y judiciales.
Nuestro análisis debiera realizarse no desde una visión solamente humana; pero, ojalá que no perdamos de vista que si las palabras que pronuncian los hombres tienen tanta eficacia, mucha más lo tienen nuestras palabras que pronunciamos ante Dios.
Se trata de un “sí” que nos compromete. Ten mucho cuidado, nos diría don Miguel de Cervantes y Saavedra: “se trata de aquel sí que se pronuncia con dos letras y nos da que llorar durante muchos años”.
7.-Casarse es fácil, permanecer casado es algo muy difícil.
Resulta lamentable la inconsistencia de nuestro tiempo. Debemos educar a nuestros jóvenes, de tal manera que ellos se tomen con seriedad a sí mismos, pero sobre todo, que aprendan a tomar con seriedad a Dios.
¡El amor es ciego!, dicen algunos... Enseñemos a nuestros jóvenes que el amor verdadero no puede ser ciego sino clarividente, puesto que es capaz de elegir entre mil personas a la persona amada y es capaz de descubrir en ella esas cualidades excelsas, ocultas al ojo indiferente del que no ama con sinceridad... El amor no es ciego, el que es ciego es el instinto y nuestro apasionamiento, que no es capaz de medir el riesgo de contagio, ni la destrucción de una familia, ni la prostitución de los sentimientos más nobles. Nada detendrá a una persona que se mueva por el instinto y sin valores.
8.-Yo creo en el poder de las palabras. Y creo también que el amor con el paso del tiempo tiene un solo nombre: fidelidad.
Un leprosario,... el sólo hecho de pronunciarlo es algo duro, es algo muy dificíl.
Un leprosario es un lugar en donde la gente está sola... mejor dicho está abandonada. Un leprosario es un lugar en el que la gente no hace nada... en el que a la gente ya no se le puede hacer nada. Un leprosario es un lugar en el que la gente camina por su cuarto, la gente camina por el patio,... la gente camina por su jaula.
Lo mismo da que haga frío o que haga calor... ya ni la temperatura sienten. Lo mismo da que sea de día o que sea de noche... ¿qué diferencia existe?
Y entre aquella gente había uno, solamente uno , que cuando yo le ofrecía algo, él volteaba y me sonreía, y decía gracias padre,... y sus ojos brillaban.
Quise yo saber la razón de aquel milagro, que era lo que hacía que aquel hombre, en una situación tan deprimente, fuese capaz de sonreír y de agradecer... y me dedique a observarlo.
Y observaba yo, que todas las tardes, aquel buen hombre salía de su cuarto, se dirigía hacia aquel patio y miraba hacia aquel grueso muro que separaba al hospital de la calle... y de pronto aparecía un rostro frágil, el rostro de una mujer que le sonreía,... y él también sonreía. Era como el pan de su vida, era como el pan de su esperanza.
De pronto el rostro desaparecía, y él regresaba sonriente a su habitación... pero se dio cuenta de que yo lo observaba,... y un tanto con timidez solamente acertó a decirme: “Es mi mujer, padre”.
Y, después de guardar silencio, volteó a mirarme y me dijo: Padre, antes que me trajeran aquí, ella me cuidaba, ella hizo todo lo que pudo: consiguió medicinas, consiguió yerbas, consiguió pomadas...
Todas las tardes ella me untaba toda la cara, toda... excepto un espacio pequeño: mis labios, padre, el espacio preciso para inclinarse, darme un beso y decirme: querido estés como estés y pase lo que pase, yo te sigo amando.
Pero, un día no se pudo más... y ellos me trajeron aquí. Ella sufrió como yo estoy sufriendo ahora...
Pero ella me ha seguido..., y cada vez que yo la veo y cada vez que ella me sonríe, sé padre que hay alguien en este mundo para quien yo sigo siendo una persona..., cada vez que yo la veo y cada vez que ella me sonríe, mi corazón empieza a palpitar aceleradamente y me doy cuenta deque aún y como me veo, todavía no he muerto..., cada vez que yo la veo y cada vez que ella me sonríe, mi sangre recorre vertiginosamente por mis venas y me doy cuenta de que aún soy amado y aún sigo amando...
9.-El amor es, al mismo tiempo, un momento y es toda nuestra vida.
Lo importante en nuestra vida será siempre mantenernos en la fidelidad.
Estar con quien se quiere cuando la vida te sonríe, estar con quien se quiere cuando se está en plenitud de vigor, estar con quien se quiere cuando tienes algunos billetes en los bolsillos eso es relativamente fácil. Pero..., estar con quien quieres cuando la vida parece haberte volteado la cara, estar con quien se quiere cuando se presenta la enfermedad, estar con quien se quiere cuando no tienes ni una sola moneda en el bolsillo, es entonces cuando el amor se llama fidelidad y, se manifiesta plenamente en su pureza.
¿En dónde están tus testigos? ¿Qué tan fácilmente se le olvida a las personas las palabras que se pronuncian? ¿Por qué prestar los nombres para pretender incurrir en el engaño? Los hombres podrán olvidar las palabras, pero no aquellas bancas, no aquellos reclinatorios, no aquellas piedras.
10.-Muchas gracias, queridos amigos:
Te deseo ¡Que nuestro sí pronunciado ante el dueño de la viña, vaya respaldado por nuestra propia vida!