Domingo 30 de Abril de 2006_________Pbro.
Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx
LA VERDAD SALVÍFICA.
“Cuando los dos discípulos regresaron de Emaús y llegaron al sitio donde estaban reunidos los apóstoles, les contaron lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.
Mientras hablaban de esas cosas, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz sea con ustedes”. Ellos, desconcertados y llenos de temor, creían ver a un fantasma. Pero él les dijo: “No teman, soy yo. ¿Por qué se espantan? Por qué surgen dudas en su interior? Miren mis manos y mis pies. Soy yo en persona. Tóquenme y convénzase: un fantasma no tiene ni carne ni huesos, como ven que tengo yo”. Y les mostró las manos y los pies. Pero como ellos no acababan de creer de pura alegría y seguían atónitos, les dijo: “¿Tienen aquí algo de comer?” Le ofrecieron un trozo de pescado asado; él lo tomó y se puso a comer delante de ellos.
Después les dijo: “Lo que ha sucedido es aquello de que les hablaba yo, cuando aún estaba con ustedes: que tenía que cumplirse todo lo que estaba escrito sobre mí en la ley de Moisés, en los profetas y los salmos”.
Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las escrituras y les dijo: “Está escrito que el Mesías tenía que padecer y había de resucitar de entre los muertos al tercer día, y que en su nombre se había de predicar a todas las naciones; comenzando por Jerusalén, la necesidad de volverse a Dios y el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de esto”.
Durante la semana meditaba los textos de la palabra de Dios que escuchamos el día de hoy y danzaban en mi mente las definiciones que durante los estudios filosóficos aprendí sobre la llamada verdad lógica y la verdad ontológica. "La verdad ontológica es entendida como la adecuación de la realidad al intelecto y la verdad lógica como la adecuación del intelecto a la realidad".
Y, ¿sabes? El día de hoy el Señor nos quiere mostrar una nueva comprensión sobre la verdad.
Te lo explico de la mejor manera: ¿A cuántos de nosotros no nos ha sucedido que no una sino varias circunstancias de la vida han sido muy distintas de lo que habíamos pensado en nuestro proyecto existencial? ¿Acaso cuando alguien de ustedes se casó estaba pensando en la posibilidad de que a los tres años de casado se pudiera perder el empleo? ¿Puede ser que alguien se haya graduado pensando que nunca iba a ejercer profesionalmente aquello para lo que se graduó? ¿Podría ser que un joven haya ingresado al Seminario pensando que cuando fuera ordenado sacerdote lejos de estar los primeros años de su ministerio en una parroquia iba a estar en una Casa de Formación? ¿Acaso alguien se dirigió al matrimonio pensando que su esposo iba enfermar gravemente a los pocos años de vivir juntos? ¿Cabe la posibilidad de que alguien haya pensado que el hijo que Dios le dio iba a morir antes que él o que ella?
Hay tantas historias que se han desarrollado muy distintas de aquello en lo que tú y yo habíamos pensado, que si no se saben asimilar nos pueden provocar amargura, y es que el que estos desarrollos sean distintos no significa que sean malos, ¡simplemente son distintos!
2.- Aparece, hoy en el Evangelio, una historia que se desarrollo de forma distinta a lo que habían pensaban los discípulos del Nazareno. Y podríamos hoy hablar de la no adecuación de nuestro proyecto al proyecto de Dios y de que nuestro esfuerzo radica en muchas ocasiones en que el plan de Dios coincida o se adecúe con el mío. Pareciera ser que esta es nuestra propuesta de verdad,... nuestra única propuesta de verdad.
Y es que,... el pecado de nuestro tiempo consiste en esa tendencia del hombre a querer que el Evangelio se adecúe a nuestra vida y no que nuestra vida se adecúe al Evangelio. En estas circunstancias de la existencia, nos hace falta que Dios venga a explicarnos detenidamente las cosas, que abra nuestro entendimiento para que alcancemos a comprender sus grandes misterios que se siguen manifestando en nuestra vida.
La tentación de los discípulos de Emaús y la tentación de todos nosotros cristianos, no es otra sino la osadía de exigirle a Dios que coincida con mis pensamientos, a que la realidad se adecue a mi estructura mental, o aunque fuere que mi estructura mental sea capaz de entender la realidad, y habrá muchos momentos en que ni una cosa ni otra se dan.
3.- Aparece, hoy en la escena del Evangelio, la presentación de la Historia de Dios explicada por el mismo resucitado. Ha acontecido que su realización ha sido bastante distinta y muy distante a la historia tal y como pensaban los discípulos que iba a suceder.
De esta manera, la primera invitación que nos dirige el Señor en este día es para que pensemos, en la muy frecuente no adecuación, del proyecto de Dios con nuestros proyectos.
Y es que son demasiadas las ocasiones en que nuestro egoísmo nos hace pensar al revés, ya que nos apegamos a nuestras ideas y a nuestro entendimiento, el cual las más de las veces se encuentra embotado. Nuestro esfuerzo por comprender las cosas a nuestra manera subsiste, generalmente, queriendo que el plan de Dios coincida con el nuestro.
En estas circunstancias de nuestras pretensiones, siempre nos hará falta que Dios camine a nuestro lado y que Él mismo venga a explicarnos detenidamente su plan de salvación en nuestra propia vida. Solamente así, nosotros podremos comprender sus insondables misterios, los cuales se siguen manifestando en nuestra existencia, aún a costa de no coincidir con nuestros bocetos, y de provocar molestias en muchos de nosotros.
4.- La tentación de los discípulos de Emaús, de los apóstoles, de santo Tomás el así llamado incrédulo, de las mujeres, y la de todos nosotros, así como sucedió con Judas Iscariote, consiste en esa osadía de exigirle a Dios que su pensamiento coincida con nuestros pensamientos, querer que la realidad y voluntad divinas se adecúen a nuestra estructura mental, y con ello a la sinrazón de muchos de nuestros pensamientos.
Ojalá que nosotros le demos la oportunidad a Dios, para que nos haga comprender esa su sabiduría que supera nuestra razón humana, y sobretodo, que nosotros no nos precipitemos, como lo hizo Judas Iscariote, a querer obtener lo que pretendemos aún a costa de entregar a nuestro Maestro.
¡Nosotros esperábamos que las cosas sucedieran de esta manera!...
5.- ¿Cuántas veces te ha sucedido que la historia de Dios es distinta de la historia que habías pensado?Y no obstante, la historia de Dios, aunque sea distinta a lo que habíamos proyectado de nuestra historia, siempre será mejor de la que hubiesemos pensado cualquiera de nosotros.
En este tenor, quizá el nombre de Emily Perl Kingley te resulta extraño de entrada, pero sí la unieras a uno de sus primeros libros que tituló “The Big Bird” y que fue el inicio de una historia que después se llamó “Plaza Sésamo”, concidirás conmigo en que su nombre no es del todo desconcio.
Emily nos comparte la forma en que asimiló la llegada de un niño especial a su vida, y a esa genial forma de asimilarlo le llamó: “Holanda”. Te la comparto a continuación, considero que te puede agradar.
6.- “ Con frecuencia, me piden que describa la experiencia de criar a un niño con discapacidad. Para intentar ayudar a entenderlo a las personas que no han tenido esa experiencia, a imaginar cómo es el sentimiento. Es así: Cuando se va a tener un bebé, es como planear un fabuloso viaje de vacaciones: a Italia. Se compra una cantidad de guías de turismo y hace maravillosos planes: El Coliseo, el "David" de Miguel Angel, las góndolas de Venecia. Incluso se puede aprender algunas frases corrientes en Italiano. Es todo muy excitante.
Después de meses de ávida anticipación, llega finalmente el día. Toma el equipaje y se va.. Varias horas después, aterriza. La azafata entra y dice:
- Bienvenido a Holanda.
- ¡¿¡HOLANDA?!?!. ¿Qué quiere decir con Holanda? ¡Yo contraté un viaje a Italia! Yo suponía estar en Italia. Toda mi vida he soñado con ir a Italia".
Pero hay un cambio en el plan de vuelo. Han aterrizado en Holanda y allí debe usted quedarse. Lo importante es que no han elegido un lugar horrible, repugnante, sucio, lleno de pestilencia, hambre y enfermedad. Sólo es un lugar diferente. Por lo que debe salir y comprar nuevas guías de turismo. Y debe aprender un nuevo idioma. Y se encontrará un nuevo grupo de personas que nunca se habría encontrado.
Solamente es un lugar diferente. Es menos movido que Italia, menos relumbrante que Italia. Pero después de que haber estado allí durante algún tiempo y coger contacto con el ambiente, echar una mirada alrededor, empezará a notar que Holanda tiene tulipanes. Holanda incluso tiene Rembrandts.
Pero todos a quienes conoce están atareados y de viaje por Italia, y presumirán sobre el tiempo maravilloso que allí tenían. Y por el resto de su vida, se dirá: "Sí, allí es donde yo suponía que iba: Eso es lo que yo había planeado".
Y el dolor de eso nunca querrá irse, porque la pérdida de ese sueño es una pérdida muy significativa. Pero si lleva luto toda su vida por el hecho que no llegó a Italia, nunca podrá ser libre para disfrutar especialmente de las cosas sumamente encantadoras de Holanda.
7.- “Nosotros esperábamos que Dios actuara así”... ¡Pero resulta que las cosas se han desarrollado de una forma que no entendemos!
¿Sabes? Tú y yo necesitamos pedirle a Dios que nos explique cada una de las escenas difíciles de nuestra vida para que así comprendamos con la luz cristiana esa verdad salvífica que va más allá de una verdad ontológica en la que la realidad se adecúa al entendimiento y esa verdad lógica en la que el entendimiento se adecúa a la realidad. Tenemos que entender aquella verdades que vienen de Dios o verdades salvíficas en las que la realidad y el entendimiento no coninciden entre sí pero que se han adecuado al proyecto de Dios.
Un proyecto distinto muy al tuyo y al mío, pero al fin y al cabo un proyecto que supera infinitamente lo que tú y yo hemos pensado. Después de que el Maestro disfrazado de peregrino se acerca a nosotros llegamos a comprender que Dios no se equivoca, aunque sus proyectos sean distintos a lo que nosotros esperábamos.
Y, de esta manera, cuando nuestro proyecto se llega a asimilar, se convierte en uno solo con el proyecto de Dios, la verdad salvífica se convierte en nuestra verdad e ingresamos a una dimensión nueva.
TRANSFORMACIÓN GLORIOSA.
“Cuando los dos discípulos regresaron de Emaús y llegaron al sitio donde estaban reunidos los apóstoles, les contaron lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.
Mientras hablaban de esas cosas, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz sea con ustedes”.
1.- Muy querido amigo:¡Felices pascuas de resurrección!
Todo en esta vida es transitorio, efímero e inconstante. Hay bajo el sol, un tiempo para cada cosa y para cada persona. Solamente Dios es para siempre y está sobre todo.
Lo anterior pudiera apuntar nuestro pensamiento hacia el absurdo, en el caso de que no fuera iluminado con la resurrección de Cristo, el Hijo eterno del Padre.
El acontecimiento de la Pascua de Jesucristo nos muestra cómo la vida y la muerte también se encuadran en el plan divino de la salvación, y cómo Dios sabe obtener bien del mal.
Es en Cristo en donde hemos comprendido que la muerte no es el término del existir sino que se convierte en el paso, el tránsito, la entrada y la liberación. La muerte es la salida de una condición y de un estado llamémosle esclavizante, para poder ingresar a una situación de plenitud y de victoria.
¿Sabes? La constatación de los apóstoles en este día le ha heredado a la Iglesia el verdadero conocimiento en torno al destino final del hombre. La muerte para nosotros será siempre contemplada con los ojos del resucitado. La salvación eterna es encontrada solamente en Cristo Jesús.
Y así hemos llegado a comprender de que el hombre durante su vida, mientras posea un respiro y tenga un resquicio de tiempo, podrá elegir libremente entre la vida o la muerte.
2.- Démonos cuenta de cómo la Resurrección de Jesucristo se ha convertido en la mejor medicina para así curar absolutamente todos nuestros males.
Resucitar no es un revivir como lo proponía Platón en sus Diálogos. Para los cristianos la Resurrección es una “transformación gloriosa”, cosa que no sucede con el sólo hecho de volver a esta vida. La resurrección no suele ser un hecho obvio a la razón, sino algo inaudito y definitivo, una realidad sobrenatural.
La Resurrección es el dominio sobre la muerte, se trata de una palabra que aclara una vida desconocida.
La fe cristiana en la Resurrección no se basa solamente en el destino humano sino principalmente en la promesa cristiana. La Resurrección que esperamos es un futuro para los creyentes en Cristo, no es la meta final de la humanidad.
Nosotros los cristianos esperamos un futuro totalmente nuevo, no la reiteración del presente terreno, aunque se propusiera como transformado. Nosotros no esperamos el retorno a un pasado original sino el acceso a la eternidad, porque Cristo así nos lo ha dicho.
Al hablar, en torno a las realidades que están más allá de la conclusión de nuestros signos vital-temporales, debemos ser conscientes de que los cristianos no creemos ni en reciclajes ni en reencarnaciones, sino en una transformación gloriosa a imagen de Cristo.
3.- La superioridad de Cristo, de su naturaleza, de su obrar y de sus promesas, sobre cualquier instancia espacio-temporal la ha manifestado, predicado y testimoniado con la misma sangre, nuestra fe cristiana, desde el primer momento en que fue contemplado su rostro resucitado.
Y así, la experiencia de los hombres que afirman haber visto al Resucitado es irrepetible para nosotros en su inmediatez. Pero no es una experiencia inaccesible a nosotros, pues la magnitud fue tal que ha marcado para siempre a la historia con la aparición de la comunidad de los creyentes.
Para los cristianos, muerte y resurrección no son dos momentos contrarios, sino que son un mismo movimiento en dos polos: Jesús muere y se dirige hacia la resurrección, el Nuevo Testamento no separará ambos acontecimientos, más bien se convertirá en una fórmula doble: “ Porque si creemos que Jesús murió y resucitó”, predicaba el Apóstol.
De estamanera, la muerte no es el término, ni el límite, ni mucho menos el fracaso o la nada a la que se llega; sino que la muerte se convierte en un paso.
La resurrección ha hecho que en la muerte el silencio de Dios quede rasgado y que la muerte se convierta en liberación, entendiendo por esta la salida de una condición y un estado de sujeción a la esclavitud de una serie de poderes, para ingresar en una situación de plenitud y de victoria.
El último enemigo que quedaba por vencer ha sido vencido: la muerte. Con la victoria sobre la muerte ha empezado la victoria final y definitiva.
4.- Pero,... ¿qué es resurrección?
En la resurrección de Cristo nos enfrentamos a la irrupción de la plenitud final dentro de los límites de la misma historia. La historia es fecundada por la eternidad.
Nunca había sucedido algo como lo que sucedió la noche que dió paso al primer día de la semana de la que todavía hoy el Evangelio nos hace mención: la Resurrección gloriosa de Jesucristo.
Si jamás había acontecido algo igual, entonces... ¿cómo llamarle? ¿Cómo explicarle?
Ninguna noche como esa noche..., yo te pregunto a ti... ¿cómo le llamarías a lo que ha acontecido?
5.- El término resurrección será el que resulte victorioso entre una serie de posibilidades que se propusieron para expresar el contenido de la experiencia pascual de los apóstoles. El acontecimiento victorioso de Cristo, al que hoy le llamamos resurrección se llamó también consumación de Jesús, sesión a la diestra del Padre, exaltación, triunfo de Jesús..., entre otros. Sin embargo, será Resurrección el término que se utilice al final.
Es bueno recordar, y resulta una exigencia de la honestidad, el comentar como lo hacíamos que el término Resurrección ya había sido utilizado por los griegos, concretamente por Platón, pero en ellos significaba: revivir. Este significado lo sigue teniendo entre los médicos cuando hablan de aplicar técnicas de resucitación. ¡He aquí el primer problema! Porque lo que en Cristo sucedió no fue un revivir, no fue solamente un recuperar los signos vitales...
6.- Pero,... ¿qué es Resurrección? Si fuéramos a una funeraria nos encontraríamos con personas que confunden los conceptos cristianos. Mencionan en su dolor: Si Cristo resucitó a Lázaro, ¿por qué no resucita a mi hijo que ha fallecido?
¿Podrías entender que ni tú ni yo, si somos auténticamente cristianos podemos esperar que Dios les dé a nuestros seres queridos una resurrección como la de Lázaro? ¿Eres consciente de que la resurrección que esperamos es una resurrección a imagen y semejanza de la que aconteció con Jesucristo?
7.- Pero,... ¿cómo fue la resurrección de Cristo?
Platón tenía ya un concepto en su memoria sobre el significado de la resurrección: indicaba la vuelta de un muerto a esta vida, a partir de la idea de un alma inmortal que sigue viviendo y que vuelve a revestir un cuerpo que abandonó. Pon mucha atención, porque tampoco este es el significado cristiano.
Resurrección se utiliza en otros pasajes del Evangelio para significar: Revivir. Es clara pues, la confusión provocada por el uso de términos iguales para realidades tan distintas: Hablamos de la resurrección de Lázaro, del hijo de la viuda de Naím y de la hija de Jairo equiparándola al hablar con la resurrección de Jesús, y hay tanta diferencia.
8.- La resurrección de Jesús es una transformación gloriosa, es la irrupción de la Escatología, se trata del dominio sobre la muerte, se trata de una palabra esbozada y pronunciada sobre una vida totalmente desconocida e insospechada.
Entendamos, Lázaro resucitó pero volvió a morir físicamente después de un cierto período de tiempo, y Jesucristo ya nunca muere, con su resurrección ha vencido a la misma muerte.
Recuerda que ya en el Antiguo Testamento aparece en el capítulo cuatro del segundo libro de los Reyes (vv. 8-37): El milagro de Eliseo que resucita, o mejor dicho, que revive al hijo de la sunamita.
En el Nuevo Testamento aparece en el capítulo ocho del Evangelio de san Lucas (vv. 40-56) la resurrección de la Hija de Jairo y en el capítulo siete del mismo Evangelio de san Lucas (vv.11-17) la resurrección del Hijo de la viuda de Naím. Recuerda que el capítulo once de san Juan nos refiere la resurrección de su amigo Lázaro. Y que tanto San Pedro como San Pablo resucitan por el poder de Dios a algunos muertos. San Pedro resucitó a Tabitá en la ciudad de Joppe y nos lo narra el capítulo nueve del libro de los Hechos de los Apóstoles (vv.36-43). San Pablo también resucitó en Troade a Eutico, lo cual es referido en el capítulo veinte del mismo libro de los Hechos (vv.7-12). Pero todos ellos volvieron a morir biológicamente. Vemos pues que resurrección coincide en la mayoria de los casos con revivir.
9.- En Jesucristo, la Resurrección es “transformación gloriosa”, realidad que no sucede con el sólo volver a la vida. Es el dominio sobre la muerte, es una palabra sobre una vida desconocida.
Recuerda que la primera reacción de los apóstoles fue el pensar que se habían robado el cuerpo del maestro: Le dice María al divino jardinero: “Si tú sabes donde lo han puesto dime para ir a dónde él”. El mensaje que se ha escuchado que se llevó a los apóstoles es el mismo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto”.
Así pues, podemos ver que la resurrección de Jesús no tiene comparación con algún otro acontecimiento en la historia. ¡Fue difícil encontrar el término que expresara lo que aconteció con Él!.
La historia ha testificado muertes y sucesos extraordinarios y alguna reviviscencia. Pero sólo en Jesús se ha dicho que ocurrió algo como el contenido del Nuevo Testamento da a su Resurrección.
¿POR QUÉ SURGEN DUDAS EN SU INTERIOR?
Mientras hablaban de esas cosas, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz sea con ustedes”. Ellos, desconcertados y llenos de temor, creían ver a un fantasma. Pero él les dijo: “No teman, soy yo. ¿Por qué se espantan? Por qué surgen dudas en su interior? Miren mis manos y mis pies. Soy yo en persona. Tóquenme y convénzase: un fantasma no tiene ni carne ni huesos, como ven que tengo yo”. Y les mostró las manos y los pies. Pero como ellos no acababan de creer de pura alegría y seguían atónitos, les dijo: “¿Tienen aquí algo de comer?” Le ofrecieron un trozo de pescado asado; él lo tomó y se puso a comer delante de ellos.
Después les dijo: “Lo que ha sucedido es aquello de que les hablaba yo, cuando aún estaba con ustedes: que tenía que cumplirse todo lo que estaba escrito sobre mí en la ley de Moisés, en los profetas y los salmos”.
Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las escrituras y les dijo: “Está escrito que el Mesías tenía que padecer y había de resucitar de entre los muertos al tercer día, y que en su nombre se había de predicar a todas las naciones; comenzando por Jerusalén, la necesidad de volverse a Dios y el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de esto”.
1.- Muy queridos amigos:
Escribía el Cardenal Ratzinger, ahora Benedicto XVI sobre la resurrección y sobre el texto que hemos leído: “Sabemos que Cristo, por su resurrección, no volvió otra vez a su vida terrena anterior, como, por ejemplo, el hijo de la viuda de Naím o Lázaro. Cristo ha resucitado a la vida definitiva, a la vida que no cae bajo las leyes químicas o biológicas y que, por tanto, cae fuera de la posibilidad de morir; Cristo ha resucitado a la eternidad del amor. Por eso, los encuentros con Él se llaman "apariciones”; por eso, sus mejores amigos, que hasta hacía dos días se habían sentado con Él a la misma mesa, no le reconocen; le ven cuando Él mismo les hace ver; sólo cuando Él abre los ojos y mueve el corazón puede contemplarse en nuestro mundo mortal la faz del amor eterno que ha vencido a la muerte, y su mundo nuevo y definitivo, el mundo del futuro.”
2.- La condición en que se encuentra el resucitado es una situación totalmente nueva: Su condición no es la de lo sólo físico, no es la del tiempo y el espacio: Ingresa a un cenáculo cerrado y atraviesa puertas herméticamente taponeadas; El resucitado no es reconocido de forma inmediata por las personas que más lo quieren, así sucede con María la de Magdala, aquella a la que le transformó la vida del libertinaje a la dignidad ¡Y no le reconoce! Piensa que es el jardinero,... Los discípulos de Emaús tampoco le reconocen, recuerda que un discípulo es alguien que ha estado con Jesús desde el Bautismo hasta la resurrección,... y acontece que aquellos hombre que tienen tres años de haberlo dejado todo para seguir a Jesús regresan apesadumbrados a Emaús y es entonces que el Señor se les hace presente, dialoga con ellos, les explica las Escrituras, parte para ellos el pan; se trata de once kilómetros de presencia en los que no le reconocen, hasta que en la fracción del pan, como tú y como yo, le reconocieron. Y así acontece con los apóstoles, quienes piensan que es un fantasma. Las condiciones en las que Jesucristo se encuentran son totalmente nuevas.
3.- Y sin embargo, aunque está fuera de las leyes físicas y biológicas, Él conserva las cualidades “físicas”, puesto que es palpable como lo menciona el día de hoy el Evangelio: tiene pies, manos y costado en donde meter los dedos de los incrédulos. Más aún, después de que la incredulidad se mezcla con el desconcierto les da una prueba más para que puedan ver que él conserva las propiedades corpóreas al comer el pescado y el pan, al deglutir los alimentos: “Le ofrecieron un trozo de pescado asado; él lo tomó y se puso a comer delante de ellos”.
Más adelante junto a la rivera de Galilea les volverá a mostrar que Él puede asir los objetos, que parte el pan y que lo reparte. “Entonces Jesús toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez”.
Las reacciones ante un hecho inusitado son igualmente nuevas de parte de aquellos que le quieren. La experiencia del resucitado es una experiencia muy grata, pero nueva y extraña, el Evangelio nos dice que en algunos provoca susto, en algún otro temblor, en algunos refiere el espanto y hasta el miedo, en los discípulos de Emaús provocó que su corazón ardiera. Hoy se dice que los hombres no alcanzaban a creer por la alegría, se menciona que tienen miedo, que están asombrados, desconcertados, que estaban atónitos y un poco más atrás se había mencionado que las Mujeres tenían miedo.
Esta experiencia nueva y extraña, todos sabemos que llegó a provocar incredulidad en los más cercanos: Es fácil recordar a Tomás como el incrédulo, pero en justicia tendríamos que decirlo también de “los discípulos de Emaús quienes le dicen al peregrino de Emaús: algunas mujeres dicen que está vivo, pero... Recuerda que tampoco los apóstoles le creen a las mujeres ni terminan de asimilar lo que están viendo. Hoy mismo el Señor les ofrece la prueba del costado y de sus llagas ya no a Tomás sino también a los otros apóstoles.
4.- La condición en la que se encuentra el resucitado, ha recibido de parte de san Pablo un especial interés al hablarnos del centro de nuestra fe: Si Cristo no ha resucitado vana es nuestra fe.
San Pablo explica la resurrección con un pleonasmo, con una contradicción de términos: un cuerpo espiritual.
A partir del versículo treinta y cinco del capítulo quince en la Primera Carta a los Corintios menciona “Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitan los muertos? ¿Con qué cuerpo vuelven a la vida? Necio, Lo que tú siembras no revive si no muere. Y lo que tu siembras no es el cuerpo que va a brotar sino un simple grano, de trigo por ejemplo y emerge una planta, se siembra corrupción y resucita incorrupción, se siembra vileza y resucita gloria, se siembra debilidad y resucita fortaleza,...” La respuesta más elocuente se encuentra en el versículo cuarenta y cuatro al decir san Pablo: se siembra un cuerpo natural y resucita un Cuerpo Espiritual.
5.- Y, ¿cómo vamos a resucitar nosotros?Hablemos sobre la eternidad como nuestro destino pero sin dejar de hablar sobre el tiempo: nuestro camino.
Algunos solemos tratar de una forma ligera este misterio que es de suma importancia para el hombre, pero sin darle una respuesta.
La muerte, dicen algunos pensadores, es una exigencia de la vida. Para que la vida se diversifique, progrese, las generaciones han de sucederse.
Al dejar de visualizar la eternidad se pierden las razones para vivir, y el perder las razones para vivir, es estar ya muerto. Esos pensadores se matan inmediatamente para no afrontar la incertidumbre y la angustia de una pregunta desgarradora e ineluctable.
Si un día la tierra será aniquilada, ¿por qué seguir actuando, sufriendo, procreando? Todo da igual, si todo es inútil. Todo es insensato, si no hay dirección, meta, utilidad.
Y es aquí en donde sobreviene la grandeza de nuestra fiesta del día de hoy. Tenemos que reconocer en la Resurrección de Jesucristo aquella respuesta necesaria en nuestra vida.
6.- Muy queridos amigos: Para los cristianos la muerte no es un camino cortado sino una meta alcanzada.
La Pascua de la Vida Eterna la debemos contemplar como la primavera que llega después de los largos inviernos de la enfermedad, del dolor, de la soledad, de la dependencia que provoca la enfermedad.
Dios, el día de hoy, nos está invitando a distinguir entre lo perecedero y lo eterno, entre lo secundario y lo primario, entre lo sustancial y lo accidental, entre lo efímero y lo vital. Para nosotros algo termina y algo empieza.
Estamos orientados hacia el porvenir. Un “futuro sin porvenir” es un contrasentido, una especie de condena al sinsentido.
7.- Cuando el telón de mi vida se cierre, me quitaré el maquillaje, me quitaré el disfraz, le entregaré mi papel al autor, y mientras los espectadores quizá siguen aplaudiendo, Dios no buscará condecoraciones sino que buscará cicatrices en mis manos.
El único paso autorizado para la Vida eterna es el compromiso personal y el de la decisión de tomar en serio las exigencias del Evangelio, sin intentar astutamente reducir el cociente de dificultades. La entrada no es cuestión de membresías ni de inscripciones, sino que es un asunto de amor.
La vida terrena se prolonga en la vida celestial, la vida temporal aparece como antesala de la vida eterna. La vida terrena no se prolonga al negar la vida de ultratumba sino que se encoge miserablemente.
Las conclusiones de una reflexión sobre la eternidad no nos llevan a una tranquilidad adormecedora como nos acusaba Feuerbach, sino que no lleva a una incesante vigilancia.
8.- El más allá pone los cimientos de las relaciones del más acá.
El hombre no es un ser para la muerte sino un peregrino en busca de la luz, de un nuevo horizonte.
La muerte no debe ser comparada con la inmensa mar irreversible sino con un arroyo poco profundo que nos ayuda a cruzar la frontera para la vida.
Un mundo abandonado por el amor habrá de asumirse en la muerte... Donde persiste el amor, donde triunfa de cuanto quiera degradarlo, la muerte acaba definitivamente vencida.
Aquel a quien el amor no toca, camina en la oscuridad. El que no ama camina en las tinieblas nos dice el Evangelio.
El misterio de la muerte se esclarece por el misterio del amor: A la muerte del ser amado, la única actitud verdaderamente espiritual es, en consecuencia, la de la fe y la oración.
Sin embargo se nos presenta una fe en una realidad totalmente nueva: esperamos una transfiguración no una reproducción.
La vida eterna no es simplemente una prolongación, después de la muerte, de la existencia terrena, sino un estado de glorificación del que Cristo nos participa.