Domingo 6 de Agosto de 2006_________Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

LA SAETA HA DADO EN EL BLANCO

“En aquel tiempo, Jesús tomó aparte a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos a un monte alto y se transfiguró en su presencia. Sus vestiduras se pusieron esplendorosamente blancas, con una blancura que nadie puede lograr sobre la tierra. Después se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.

Entonces Pedro le dijo a Jesús: “Maestro, ¡qué a gusto estamos aquí! Hagamos tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. En realidad no sabía lo que decía, porque estaban asustados.
Se formó entonces una nube, que los cubrió con su sombra, y de esta nube salió una voz que decía: “Este es mi hijo amado; escúchenlo”.
En ese momento miraron alrededor y no vieron a nadie sino a Jesús, que estaba solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó que no contaran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos guardaron esto en secreto, pero discutían entre sí qué querría decir eso de “resucitar de entre los muertos”.

Momento 1

Momento 2

Momento 3

Estimados amigos de la parroquia del Rosario:
El Evangelio de este domingo es idéntico al que reflexionamos en el 2° Domingo de Cuaresma el 12 de Marzo de este 2006, por lo cual añado una reflexión inicial y dos segmentos de la reflexión de ese domingo. Al final te comparto una composición poética de un anónimo sobre la Transfiguración y dos himnos de la fiesta de la Transfiguración tomados del tomo IV de la liturgia de las horas.

1.- Muy queridos amigos:

Al celebrar la solemnidad de la Transfiguración del Señor celebramos un momento muy especial en la vida de Jesús: cuando mostró su gloria a tres de sus apóstoles. Allí nos dejó un ejemplo sensible de la gloria que a todos nos espera en el cielo.

Está fiesta empezó a celebrarse en el siglo XI; pero fue el Papa Calixto III en el año 1547 quien la extendió a toda la iglesia a consecuencia de la victoria, que los ejércitos cristianos lograron sobre los turcos en la ciudad de Belgrado, cuya noticia llegó a Roma el 6 de Agosto.

Uno de los elementos esenciales en el mensaje de la Trasfiguración y de esta fiesta es el del anuncio de que Cristo es la luz del Mundo. ¡Dos mil años después, la Iglesia repite con inmutado vigor que Cristo es la luz del mundo! Su luz es la que imprime todos los días un sentido nuevo a nuestra manera de vivir.

2.-     Este anunció de Jesucristo como luz del mundo conformó toda la existencia del siervo de Dios Pablo VI, fallecido precisamente el 6 de agosto de 1978. Con motivo del "Angelus" de aquel día, que él no pudo pronunciar a causa de su deceso, había escrito previamente:

"La Transfiguración del Señor arroja una luz deslumbrante sobre nuestra vida cotidiana y nos lleva a dirigir la atención al destino inmortal que se esconde detrás de aquel acontecimiento".

3.-     La Transfiguración de Jesucristo en el Tabor es una anticipación de la gloria de Cristo, a fin de que los cristianos podamos alentar nuestro caminar y no claudiquemos cuando nos encontremos bajo cualquier condición en la vida.

Esta es la apreciación que se encuentra en la enseñanza de Santo Tomás de Aquino que nos manifiesta que para que una persona ande rectamente por un camino es preciso que conozca antes, de algún modo el fin al que se dirige: “como el arquero no lanza con acierto la saeta si no mira primero al blanco al que la envía. Y esto es necesario sobre todo cuando la vía es áspera y difícil y el camino laborioso... Y por esto fue conveniente que manifestase a sus discípulos la gloria de su claridad, que es lo mismo que transfigurarse, pues en esta claridad transfigurará a los suyos”

“Mira a las estrellas y presta atención en tu camino” menciona un pensamiento anónimo muy relacionado con la manifestación anticipada de la gloria de Cristo en el Monte Tabor.

Nuestra vida es un camino hacia el Cielo. Y, en ocasiones, nuestra vida se vuelve complicada. Hoy el Señor nos manifiesta que hasta el último momento habremos de luchar contra corriente, y es posible que también llegue a nosotros la tentación de querer hacer compatible la entrega que nos pide el Señor con una vida fácil, como la de tantos que viven con el pensamiento puesto exclusivamente en las cosas materiales... ¡Pero no es así! El cristianismo no puede dispensarse de la cruz: la vida cristiana no es posible sin el peso fuerte y grande del deber... si tratásemos de quitarle ésto a nuestra vida, nos crearíamos ilusiones y debilitaríamos el cristianismo; lo habríamos transformado en una interpretación muelle cómoda de la vida.

No debemos tenerle miedo a ese nadar contra corriente, puesto que en el río de la vida los únicos peces que no nadan contra corriente son aquellos que están muertos.

4.-         Menciona san León Magno que en el Monte Tabor Dios se mostró en Jesucristo “en la claridad soberana que quiso fuese visible para estos tres hombres, reflejando lo espiritual de una manera adecuada a la naturaleza humana. Pues, rodeados todavía de la carne mortal, era imposible que pudieran ver ni contemplar aquella inefable e inaccesible visión de la misma divinidad, que está reservada en la vida eterna para los limpios de corazón”, aquella realidad que nos aguarda si procuramos ser fieles cada día de la vida.

Menciona el mismo San León Magno que: “El fin principal de la transfiguración era desterrar del alma de los discípulos el escándalo de la cruz” que poco antes había mencionado en el Evangelio.

También a nosotros quiere el Señor hoy confortarnos con la esperanza del Cielo que nos aguarda, especialmente si alguna vez el camino se hace costoso y asoma el desaliento. Pensar en lo que nos aguarda nos ayudará a ser fuertes y a perseverar. No dejemos de traer a nuestra memoria el lugar que Dios nuestro Padre nos tiene preparado y al que nos encaminamos. Cada día que pasa nos acerca un poco más.

5.-     San Pedro, Santo Santiago y San Juan han experimentado lo que es el Cielo. Después de ellos, Dios ha escogido a otros santos para que compartieran esta experiencia antes de morir: Santa Teresa de Ávila, san Juan de la Cruz, santa Teresita del Niño Jesús y el mismo san Pablo, entre otros muchos. Todos ellos gozaron de gracias muy especiales que Dios quiso darles y su testimonio nos sirve para proporcionarnos una pequeña idea de lo maravilloso que es el Cielo claramente manifestado en la Transfiguración del Monte Tabor.

Santa Teresita explicaba que el regalo de la visión de Dios es sentirse “como un pajarillo que contempla la luz del Sol, sin que su luz lo lastime.”

Cuenta Santa Teresa que hablando de Dios con el Padre García de Toledo, su confesor, vio a Jesús transfigurado que le dijo: "En estas conversaciones yo siempre estoy presente".

Augusto Valensín, jesuita francés, escribe sobre la Transfirguración a la luz de los pensamientos que vivía cuando estaba esperando la muerte: “Estos son los sentimientos que me gustaría tener a la hora de la muerte: pensar que voy a descubrir la ternura. Yo sé que es imposible que Dios me decepcione. ¡Sólo esa hipótesis es absurda! Yo iré hasta él y le diré: No me glorío de nada más que de haber creído en tu bondad. Mas es aquí donde está mi fuerza. Si esto me abandonase, si me fallase la confianza en tu amor, todo habría terminado. Porque no tengo el sentimiento de valer nada sobrenaturalmente. No, cuanto más avanzo por la vida, mejor veo que tengo razón al presentarme a mi Padre como indulgencia infinita. 
Aunque los maestros de la vida espiritual digan lo que quieran, aunque hablen de justicia, de exigencias, de temores, el juez que yo tengo es aquel que todos los días se subía a la terraza para ver si por el horizonte asomaba el hijo pródigo de vuelta a casa. ¿Quién no querría ser juzgado por él? San Juan escribe; "Quien teme, no ha llegado a la plenitud del amor” (1 Jn 4, 18). Yo no temo a Dios, y el motivo no es tanto que yo le ame, como el que sé que me ama él. Y no siento necesidad de preguntarme por qué me ama mi Padre o qué es lo que él ama en mí. Me costaría mucho responder a estas preguntas. Sería totalmente incapaz de res­ponder. Pero yo sé que él me ama porque es amor; y basta que yo acepte ser amado por él, para que me ame efectivamente. Basta con que yo realice el gesto de aceptar. Padre mío, gracias porque me amas. No seré yo el que grite que soy indigno. Porque, efectivamente, amarme a mí tal como soy, es digno de tu amor esencialmente gratuito. Este pensamiento de que me amas porque así te place, me encanta. Y así puedo librarme de todos los escrúpulos, de la falsa humildad que descorazona, de la tristeza espiritual, de todo miedo a la muerte”.
Comenta sobre la Transfiguración Lanza del Vasto: “Entonces, en la cumbre del cielo, estalla la grandeza de Dios de manera que ni siquiera nos hubiéramos atrevido a soñar. Estalla como una tempestad, pero como una tempestad que habla. Barre las resistencias, hace callar todo delirio y todo pensamiento y toda visión. Y toda figura se borra en la nube luminosa y ya nada subsiste en el abismo tonante, salvo la sombra luminosa de la revelación. Los tres apóstoles comprenden que están ante algo definitivo y terrible. Por eso caen al suelo, “se prosternaron rostro en tierra, sobrecogidos de un gran temor” (Mt 17,6). Han  entrado en contacto con la divinidad. Caen en oración”.

Comenta Martín Descalzo: “La zarza ardiendo de la eternidad está ante sus ojos. No fue pues una invención, ni un sueño, fue una realidad percibida por los apóstoles en su mundo interior, fue el descorrimiento de un velo que mil veces habían intuido y nunca comprendido”.

Romano Guardini le llama a este descubrimiento el fuego, esa unión misteriosa que hay entre el Hijo de Dios hecho hombre en Jesús y que hace de él un hombre hiperviviente en plenitud de vida humana pero elevada a dimensiones que jamás podremos los hombres entender.

6.-     Y la tentación en la pretensión de san Pedro de querer "hacer tres tiendas" está siempre presente. Es curioso que el hombre se preocupe siempre por construirle una casa a Dios, cuando el mismo Dios ha bajado a la tierra para vivir en las casas de los hombres. Dios no tiene tanta necesidad de metros cuadrados como de acogida en el corazón humano. Dios no quiere vivir en un "hotel para dioses" relegado como nuestros ancianos, en una especie de estacionamiento. Dios quiere vivir en familia con los hombres, andar entre sus pucheros, como lo advertía santa Teresa de Ávila. Entendamos que por equipados que estén nuestros templos, tiendas que levantamos para Dios, sin la presencia de la comunidad, siempre le resultarán fríos a un Dios que busca el cobijo de los hombres.

El Dios-con-nosotros no puede quedar en una especie de producto situado en un mercado al que se acude cuando se necesitan servicios religiosos. Dios no es un objeto de consumo. Él es la vida misma del hombre, pero nosotros nos empeñamos en confinarlo en su casa en lugar de tenerlo como compañero continuo en el camino de la vida.

 

REGALOS FUGACES PARA LO TRANSITORIO.

 “En aquel tiempo, Jesús tomó aparte a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos a un monte alto y se transfiguró en su presencia. Sus vestiduras se pusieron esplendorosamente blancas, con una blancura que nadie puede lograr sobre la tierra. Después se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.

Entonces Pedro le dijo a Jesús: “Maestro, ¡qué a gusto estamos aquí! Hagamos tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. En realidad no sabía lo que decía, porque estaban asustados.

1.-         Hermanos muy queridos:

¿Cuántos de nosotros vivimos sumergidos en esa necedad de no comprender la necesidad que tiene la virtud del tiempo?

Para los tres discípulos, la transfiguración del Señor, supuso una visión fugaz que les permitió salir de sus dudas y les confirmó en la fidelidad.

Pero,... de la misma manera en que aparece en la noche profundamente oscura, el trazo repentino y efímero del rayo para iluminar transitoriamente la negra bóveda, de esa misma manera aquel momento de dicha y de gloria celestial estuvo también caracterizado por la brevedad.

No nos toca ni a tí ni a mí el decidir ni el cómo ni el cuándo, ni mucho menos la duración de tiempo en la que debe manifestarse Dios, pero sí nos toca a tí y a mí abrir bien los ojos para reconocerlo y disfrutar de aquello que en el carruaje del tiempo trae la marca de lo transitorio.

2.-         Somos tantos de nosotros los que en la relación con Dios, lo mismo que con las personas que nos rodean, quisieramos congelar ese instante fugaz para hacer otras cosas en el “mientras tanto” de la vida, o bien para quedarnos en un eterno “mientras tanto”, sin que por ello sigamos avanzando hacia un auténtico destino de eternidad.

En lo que se refiere a Dios, Él jamás nos abandona, y nos va asistiendo para otorgarnos aquellos bienes que más necesitamos, en el momento en que más los necesitamos.

Y, resulta que nosotros queremos que nuestros momentos de extrema felicidad se detengan y quedarnos en ellos para siempre. Quisiéramos que nuestros calendarios ya no se deshojaran y que los relojes se detuvieran, quisiéramos quedarnos en la montaña de Dios y no regresar a nuestros deberes cotidianos.

Se trata de todos esos momentos en que queremos plantar tres tiendas para que la experiencia se congele, ¡cuando todo se acaba! La vida cristiana, para que sea digna, tiene que vivirse bajo la evidencia del encuentro o deja de ser vida cristiana.

La transfiguración será un regalo que se recibe cuando Dios quiere y como Él quiere, pero que requiere por parte nuestra, esa apertura de nuestro ser para que Dios pueda aparecer en el Tabor de nuestra existencia.

Dios es Vida, es Amor, es Trascendencia, es Inefable y es Inexplicable, sólo aparecerá cuando el hombre esté abierto a todo lo posible y a lo imposible, cuando el hombre pueda ser capaz de soñar e imaginar, cuando el hombre pueda ofrecerle una fe sincera que no busque transformarse aquí en la tierra en una certeza de eternidad. La fe es experiencia de nuestra vida, la visión permanente será la experiencia de la eternidad.

3.- Nuestra fe es catalogada por no pocos como si fuera un peso y una carga, pero yo en lo personal la considero como un alivio y un descanso. La podemos sentir como un peso cuando nos fijemos sólo en sus exigencias consecuentes de nuestro cristianismo. Pero el cristiano que sea fiel, en el momento más oportuno encontrará en la fe ese alivio necesario, cuando la fe con su luz ilumine los problemas de la vida y llene de nuevas esperanzas el corazón cansado. Pidámosle a Dios que nos deje sentir la eficacia de su presencia en nuestras vidas.

Hoy en día, hay tantos aduladores que reptamos en lugar de ensayar el vuelo, hay otros que ofrecen fáciles estupefacientes que idiotizan pero que no ayudan al hombre a ser hombre verdadero: el odio, la magia, los horóscopos, la superstición, los astros...

Recuerda que la fe tendrá siempre sus pruebas que le fortalezcan: una fe sin crisis es una fe infantil, una fe en crisis podríamos llamarle que es una fe adolescente; pero una fe que subsiste a pesar de nuestras muchas crisis es una fe adulta.

4.-     Es más tenemos que decir que la noche trae consigo su séquito de regalos. Pero también hay que señalizar que somos muchos los que le tenemos tanto miedo al enfrentarnos con la noche. Preferimos la luz del día, en donde las cosas no nos cuestan tanto esfuerzo. Los ojos no necesitan agudizarse para percibir los movimientos, ni los colores, ni los objetos.

La noche entraña una virtud: nos sensibiliza. Durante varios veranos de mi vida pase tres semanas en un lugar llamado: Pablillos, en Galeana, N.L. Siempre fueron tres semanas muy agradables. Aparte del tiempo dedicado a la oración, a la reflexión, a la meditación, creo que un gran regalo fue esas noches sin luz eléctrica en las que después de rezar a las 10:00 de la noche nos retirábamos a descansar en el silencio. Fue allí que mientras los muchachos del seminario se dormían me quedaba mirando el cielo fijamente hasta que la pupila de los ojos se dilataba y alcanzaba su máxima sensibilidad: Miles de estrellas se podían ver en el firmamento. Entonces aguzaba el oído y empezaba a escuchar todo tipo de ruídos: de distintos animales y de los insectos, procuraba distinguir y separar cada uno de ellos.

Puede resultar una paradoja o una contradicción lo que te expreso, pero puedo decir que: Poco a poco, los sentidos se iban sensibilizando. Durante el día las cosas se obsequian solas, nosotros no hacemos tanto esfuerzo. Durante la noche, el obsequio es de nuestros sentidos, es entonces que somos capaces de ver las estrellas que se encuentran más distantes.

5.-         Queridos amigos:

La noche y el día tienen sus virtudes, pero una y otra son transitorias.

Nuestro problema es el querer entender la vida, incluso la cristiana, como si fuera un destino y, no es así, el cristiano la debe entender como un viaje.

La gran tentación de San Pedro y de muchísimos cristianos es la de plantar una tienda aquí y no darnos cuenta que todo lo que sucede en los términos espacio-temporales es pasajero.

En la Transfiguración, cuando la gloria de Dios iluminó momentaneamente a la persona de Jesús, la reacción de san Pedro fue típicamente humana: quiso plantar tres tiendas ahí y quedarse para siempre en la montaña.

Es  auténticamente humana, porque todos nosotros queremos hacer lo mismo: queremos que los momentos de extrema felicidad se cristalicen y quedarnos en ellos para siempre. Pero nuestros relojes siguen caminando y los calendarios siguen deshojándose. Necesitamos bajar de la montaña de felicidad suprema. Sin embargo, puesto que la vida y la muerte significan algo para nosotros, es realmente crítico e importante el recordar que un día subiremos al monte del Señor y contemplaremos su belleza para siempre.

6.-         Pero,... ¿qué hacemos nosotros? Parece ser que en el trato con las personas también nos hemos olvidado del carácter de transitoriedad que tiene nuestro tiempo y, por ende, nuestra vida aquí en la tierra.

No nos damos cuenta que el trabajo puede esperar mientras mostramos el arcoiris al niño, pero el arcoiris no esperará mientras nosotros trabajamos.

Me asalta en la memoria un recuerdo sobre aquel libro que leí en 1996 de Benjamín Stein titulado: “Más que todo el oro del mundo”. Nos narra los momentos en los que llegó a comprender la importancia de la paternidad

El primer momento, cuando un amigo le dijo que para su hijo era un héroe y, que era una lástima el que se obsesionaba con el trabajo.

El segundo, cuando un amigo le dijo que debería aprovechar mientras su hijo deseaba estar con él. “Pronto llegará el día en que no querrá que lo vean con sus padres. Granjéate su cariño ahora, cuando aún es tiempo.”

El momento decisivo: cuando leyéndole un cuento infantil, le dijo con voz clara y una pronunciación perfecta: “Buenas noches papá, gracias”.

Se trata del único hijo de Benjamín Stein, un hijo adoptivo. Hijo sobre el cual considera que el tiempo que pasa con él, jamás será una perdida ni una distracción de su propósito en la vida. Simplemente él es la razón de ser de ese propósito.

7.-         ¿Quién no se acuerda de aquel texto que se encuentra en el cristal de tantas vitrinas?

"El siempre decía que se retiraría
cuando hubiera conseguido un millón limpio;
y así se afanó desde la mañana al atardecer,
de día en día, y de año en año.
Al fin abrió el libro mayor
y observó el importe del capital anotado;
pero cuando comenzó a vivir
se encontró con que ya había muerto."

8.-         Vendrá un momento en que relojes y calendarios habrán terminado su misión con cada uno de nosotros.

Pidamos a Dios que nos permita disfrutar de la dulzura de su Persona y que no olvidemos disfrutar de aquellos que nos rodean.

Al meditar sobre la Transfiguración, pidámosle también su luz para nuestras noches oscuras.

Es de noche, Señor, para la persona que se encuentra sumergida en la enfermedad.
Es de noche, Señor, para todos aquellos que se encuentran en la desesperación.
Es de noche, Señor, para quien experimenta una especie de sinsentido en la vida.
Es de noche, Señor, para quien ha perdido a un ser querido.
Es de noche, Señor, para aquellos que de pronto se han quedado solos.
Es de noche, Señor, para aquél que se encuentra injustamente encarcelado.
Es de noche, Señor, para aquellos que no tienen un pan para darles de comer a sus hijos.
Es de noche, Señor, para las personas que como Abraham, han visto que se ha roto el hilo con el pasado y que se está rompiendo el hilo con el porvenir.
Es de noche, Señor, para tantas personas aunque los relojes de las otras personas estén marcando el mediodía.
Es de noche, Señor, para tantos seres humanos, a pesar de que el sol se encuentre en el meridiano.

9.-     Y somos tantos los que quisiéramos saltar por encima de las tinieblas y que nos iluminara inmediatamente la luz. Demasiado simple. Porque es necesario pasar a través de la noche, explorarla de fondo. También la noche tiene indicios de luz.

Cuando tú pienses que todo está perdido, cuando pienses que todo se ha acabado. Entonces nos queda Cristo, entonces nos queda Dios.

Entonces Dios nos enciende una lámpara para que caminemos en la oscuridad. La lámpara no elimina la noche, pero nos permite caminar para que nuestros pies no tropiecen.

 

TRIUNFAR ES DE HUMANOS.

Se formó entonces una nube, que los cubrió con su sombra, y de esta nube salió una voz que decía: “Este es mi hijo amado; escúchenlo”. En ese momento miraron alrededor y no vieron a nadie sino a Jesús, que estaba solo con ellos.

Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó que no contaran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos guardaron esto en secreto, pero discutían entre sí qué querría decir eso de “resucitar de entre los muertos”.

1.-         Apreciables amigos:

Hay tres montañas que ocupan un lugar clave en la vida del Señor Jesús: en la primera de ellas el Maestro nos predicó las Bienaventuranzas, casi al inicio de su vida pública; la segunda de ellas es el Monte Tabor, desde el cual nos ofreció una relampagueante manifestación de su gloria divina; y, en la tercera, el Monte Gólgota, será el lugar en el que ofrezca el sacrificio supremo para la salvación de todos los hombres.

2.-     Hoy, el Evangelio nos sitúa en el Monte intermedio, en el Tabor. Y tenemos que decir que el acontecimiento de la Transfiguración, que hoy hemos escuchado, no será, en modo alguno, un milagro extraordinario para aquel que era el Hijo de Dios.

No se trata de una luz que le esté revistiendo desde fuera,... sino de aquello que Jesucristo contiene en su interior y que ahora,... permíteme que lo diga así con todo respeto, ha traspasado los hilos de su ropaje terreno. En su Transfiguración, el Señor nos está mostrando la gloria de su naturaleza divina oculta en la discresión de su verdadera humanidad.

Pero tenemos que afirmar que el estado de gloria era en la realidad el estado normal en la persona de Jesucristo, Verbo de Dios encarnado. La divinidad estaba oculta al unirse a la humanidad y a sus procesos, y sólo se traslucía con la virtud que salía de Él, así como en sus palabras y hechos. En el Monte Tabor se suspende por un instante el estado extraordinario que parecía el ordinario, para dejarse ver en su forma connatural.

¡No es un Milagro el momento fugaz de la transfiguración!. Milagro han sido todos esos otros momentos en los que la divinidad quisó adoptar las manifestaciones de una humanidad que fue asumida desde el mismísimo momento de la encarnación.

3.-     La enseñanza cristiana debera ir dirigida en torno a este camino: Dios nos invita para que mostremos, a aquellos que tienen un contacto con nosotros, quienes somos auténticamente en la vida. La exhortación que se nos hace, es a que dejemos ver en la vida lo que llevamos en el interior de cada uno de nosotros: Somos barro, pero también espíritu. Somos hijos de Dios.

Centauros ónticos diría el Doctor Basave, un regiomontano por adopción, que falleció hace poco tiempo.

Los seres humanos somos el centro y la cúspide de la creación de Dios. Se trata de una creación que se fue manifestando en cada momento con el sello de la bondad que le imprimió el Divino Creador a las obras de sus manos. Sin embargo, al crear al ser humano el beneplácito de Dios es todavía superior. El Creador tenía un designio primordial: hacer al hombre a su imagen y semejanza.

4.-     El lenguaje que utiliza el Génesis nos podrá ayudar a comprender la constitución de todo ser humano: barro y espíritu. El barro nos habla de nuestra fragilidad, de nuestras limitaciones, de nuestras incongruencias, de nuestras equivocaciones. El Espíritu, por su parte, nos habla abiertamente del soplo de Dios que le ha dado vida a nuestros cuerpos inertes y que nos ha hecho ser superiores a todas las demás creaturas.

Recuerda cómo se realizó la creación: Fue el mismo Dios que acariciando el barro fue moldeando al hombre, aquel que una vez que terminó su obra maestra se inclinó ante aquel genial amasijo de barro postrado por la inercia e insufló en las fosas nasales el hálito de vida, y entonces aquel cuerpo inánime cobró vida, la fluidez del aire en su sistema respiratorio inició su inquebrantable camino, el corazón inició su palpitar incesante, la piel comenzó a tomar color y temperatura, los ojos se abrieron y el hombre se erguió para iniciar un camino que tiene destino en la eternidad. El hombre es barro y espíritu de Dios.

Con este binomio de composición de todos los hombres, podremos comprender que nuestra vida se desarrollará entre las manifestaciones del barro y la manifestación del espíritu que nos ha encumbrado sobre las demás creaturas y que nos ha convertido en lugartenientes de Dios en la creación.

5.-     Errar es de humanos, dice un refrán que muchos hemos convertido en una especie de máxima de verdad para nuestra vida. Se trata de una especie de bandera que hemos enarbolado en el mástil de nuestra barca para cruzar por las mares de la existencia. Se trata de una expresión de la ingenuidad y de la necedad que se convierte en discurso programático.

¡Es cierto que errar es de humanos!, ¡es verdad! Pero decirlo solamente así es decir una verdad a medias, que como todas las verdades a medias se suele convertir en una de las más grandes mentiras.

Errar es de humanos, pero también lo es el triunfar, el acertar, el tener ilusiones, el tener ideales, el soñar en la vida y el levantarse con la victoria.

Y entre estas dos expresiones y manifestaciones, es donde se va escribiendo nuestra vida.

6.-         Nuestra historia cristiana se escribe, entonces, entre un estarnos desfigurando al ensalzar un barro que encarcela el espíritu y un irnos transfigurando cuando es el espíritu el que hace que el barro se convierta en materia y forma de la trascendencia.

Pero, sí somos sinceros tenemos que decir que somos muchos más de los que pensamos, aquellos que nos desfiguramos en la vida. La cobardía, la mediocridad, la pereza, los miedos, las iras, los rencores, los celos, la superficialidad, las adicciones, el consumismo, el hedonismo, el materialismo y la falta de compromiso, no son más que algunas de las manifestaciones de aquellos que parecemos darle más importancia, y valorar más y mejor, al recipiente de barro, que a nuestro mismísimo tesoro que en el barro se encuentra depositado.

7.-     El transfigurarnos debe significar, por el contrario, un manifestarle amor a la vida y a las personas, el mostrar coraje en las dificultades, el presentar el rostro de la dignidad en los problemas que enfrentamos, el mantenernos unidos en familia aún en medio de los embates que sufrimos, el ser capaces de mostrarnos serviciales a pesar de las eventualidades y de nuestras perezas, el saber perdonar o el saber pedir perdón, para así solucionar esas diferencias que tenemos con las personas amadas.

Si aspiramos a la Transfiguración, debemos comprender, que el secreto de nuestra Transfiguración se encuentra en un solo lugar: en la Montaña. Al mismo tiempo, debemos entender, que hay una actividad que nos posibilita esta transformación: la oración. No se trata de otra cosa, que la cercanía y nuestro trato filial con Dios.

8.-     Y lo que nosotros hacemos es preciamente lo contrario: Es verdaderamente triste que el hombre actual no tenga un poco de tiempo ni para dirigirse a la Montaña ni para hacer oración. Hoy el ser humano se encuentra sumergido en medio del trajín diario, del tráfico y del cocreto y del asfalto de la vida. Son tantos los negocios que todos tenemos que atender en este mundo globalizado que tal parece que no nos vamos dando cuenta que se está fragmentando nuestra familia, nuestra persona y nuestra sociedad.

El resultado lo conocemos, bastaría que encendiéramos un rato la televión o que nos diéramos una paseada por las calles o los supuestos lugares de diversión: nos encontramos con personas sin rostro, entes sin identidad, gente que ha convertido sus noches en días y sus días en noches, casas que se están convirtiendo en dormitorios, en hoteles o en restaurants, hombre y mujeres encápsulados en la voragine de la vida y que no han sabido darse un poco de tiempo, para así perforar la existencia diaria y en la oración fabricar sus propios respiraderos.

9.-     Y tú: ¿Qué has hecho de tu vida? ¿Te has desfigurado o te has transfigurado? Respóndete con sinceridad. ¿Desfigurarse o transfigurarse?

Yo me resisto a creer, que un joven un día haya querido ofrendar su vida y haya tenido como un noble ideal el sacerdocio, como para que otro día sea solamente un sacerdote mediocre.

Yo me resisto a creer, que alguien haya querido casarse un día y formar una familia, incubando en su corazón la posibilidad del fracaso, o permitiéndose pensar por un solo instante en la infidelidad.

Yo me resisto a creer, que alguien un día haya querido ser médico, un samaritano de la salud, pensando solamente en su beneficio o en su cartera, y que con el paso del tiempo se haya convertido en un mercader de la vida y de la salud.

Yo me resisto a creer, que algún día alguien haya querido ilusionadamente ser maestro, como para convertirse solamente en un comerciante de las letras o en un mezquino docente.

Yo me resisto a creer, que un día alguien haya pensado en ser arquitecto, y que en su mente no haya pasado la leve y peregrina idea de ser alguien que verdaderamente brinde un servicio al hombre y a la sociedad.

Yo me resisto a creer, que alguien un día se hubiera convertido en abogado descartando en su pensamiento la ilusión de impartir la justicia o buscar el honor de la verdad.

Yo me resisto a creer, que un joven no sea capaz de valorar su propia vida y que este pensando en malbaratarla o echarla a perder.

Yo me resisto a creer, que un joven prudente haya pensado, por un solo momento, en pisotear su salud con adicciones o en echar por el drenaje de la existencia su sexualidad.

Yo me resisto a creer que exista un hombre sobre la tierra que un día no haya tenido sueños elevados, que un día no haya tenido nobles ideales, que un día no haya sabido valorar el porqué y para qué Dios lo puso en esta tierra.

10.-         ¡Tantas cosas se solucionarían si el hombre se diera tiempo para respirar el aire puro del Monte Tabor!

Solamente aquellos que hayan querido “perder un poco de tiempo” para retirarse a la Montaña, podrán vencer en la batalla de los valles, podrán resistir a la tentación de ceder, de adaptarse y podrán recibir de Dios la gracia de, que en las dificultades del Monte final, no se desfigure su rostro cristiano sino, que por el contrario, pueda llegar a transfigurarse eternamente.

LA TRANSFIGURACIÓN.

Se acaba el tiempo, llega la Pasión,
el humano clamor, la noche oscura,
se plegarán las alas de la Altura
y se impondrá la gran tribulación.

Jesús sabe la débil condición
de sus fieles apóstoles, procura
fortalecer su fe con la ventura
de prever la final Resurrección.

Con Juan, Santiago y Pedro, que estarán
en la agonía de Getsemaní,
sube la monte Tabor, ascenso místico.
Alcanzará la cima el nuevo Adán,
mostrará que es divino, es el Rabí
que dará Vida en pábulo eucarístico.


Sube la tríada humana hasta la cumbre.

Jesús se transfigura en su presencia.
Surgen Moisés y Elías, evidencia
de leyes y profetas, dogma y lumbre.

Resplandece el Mesías. Certidumbre

de su divinidad y omnipotencia.
Es su rostro esplendente transparencia
del Hijo en holocausto y mansedumbre.

Los apóstoles ven, anonadados,

los signos de la transfiguración 
y sienten en su espíritu la paz.

Luz y blancura, símbolos sagrados

de eternidad y trascendencia, son
anuncio de armonía en la Unidad.

Pedro evoca las tiendas de la historia,

 quiere hacer perdurable este momento,
solicita a Jesús consentimiento
para permanecer bajo la gloria.

La Voz entre una nube trae memoria

de su más importante mandamiento,
escuchar al Mesías, que es cimiento,
piedra angular, ofrenda expiatoria.

El temor se apodera de los fieles.

Vuelve la oscuridad. Les vence el miedo.
Jesús dice no teman ni lo digan

hasta que resucite con laureles,

vencedor de la muerte, y en su credo
la almas rescatadas le bendigan.

Himno de las Laudes.
Jesús de dulce memoria,
Que das la paz verdadera;
Más dulce que toda miel
Es tu divina presencia.-

Nada se canta más suave,
Ni grato se experimenta,
Ni alegría mayor hay
Que de Cristo un alma llena.-

Jesús, tu dulzura excede
-fuente de paz verdadera-
todos los gozos humanos,
cuanto el hombre soñar pueda.-

Si nuestras mentes visitas,
La luz de verdad destella,
El mundo aparece vano,
Todo, tu amor lo supera.-

Danos, benigno, perdón,
De la gracia gran cosecha;
Hay que gocemos perennes
De tu esplendor la presencia.-

Cantamos tus alabanzas,
Jesús, sentado a la diestra
De tu Padre, cuyo Amor
Tu ser divino revela. Amén

 

Himno de las II Vísperas.

En la cumbre del monte,
Su cuerpo barro
Se vistió de soles.-

En la cumbre del monte,
Su veste de nieve
Se cuajó de flores.-

En la cumbre del monte,
Excelso misterio;
Cristo, Dios y hombre.-

En la cumbre del monte,
A la fe se abrieron
Nuestros corazones.
Amén

 

___________________________________Firmar Libro de visitas

Biblioteca Virtual

Jul30
Jul23
Jul16
Jul09
Jul02
Jun25
Jun18
Jun11
Jun04
May28
May21
May14
May07
Abr30
Abr23
Abr16
Abr09
Abr02
Mar26
Mar19
Mar12
Mar05
Feb26
Feb19
Feb12
Feb05
Ene29
Ene22
Ene15
Ene08
Ene01

2005

2004