Domingo 13 de Agosto de 2006_________Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

LA ROSA DE HIROSHIMA

“En aquel tiempo los judíos murmuraban contra Jesús, porque había dicho: Yo soy el Pan vivo bajado del cielo”, y decían: “¿No es éste, Jesús, el hijo de José? ¿Acaso no conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo nos dice que ha bajado del cielo?”

Jesús les respondió: “No murmuren. Nadie puede venir a mí, sino lo atrae el Padre, que me ha enviado, y a ése yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en los profetas: Todos serán discípulos de Dios. Todo aquel que conoce al Padre y aprende de Él, se acerca a mí. No es que alguien haya visto al Padre, fuera de aquel que procede de Dios. Ese sí ha visto al Padre”

Yo les aseguro: el que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Sus padres comieron el maná en el desierto y sin embargo murieron. Este es el pan que ha bajado del cielo para que, quien lo coma, no muera. Yo soy el Pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida”.

Momento 1

Momento 2

Momento 3

1.- Muy queridos amigos:

En esta semana en que hemos recordado con tristeza el aniversario sextuagésimo primero de la detonación de las bombas atómicas en la ciudad de Hiroshima y en el puerto de Nagasaki, quisiera invitarte a elevar una oración para pedirle a Dios por la paz del mundo, y simultáneamente pedirle perdón al Creador divino por un tiempo como el nuestro en el que la barbarie y la sinrazón humana han vuelto a interpretar en el escenario de la tierra la melodía más patética y parecen estar dispuestos a escribirle un réquiem a la humanidad.

El hombre puede perder la noción de lo que quiera, pero hay algo que jamás debe olvidar: aquella mañana del 6 de agosto de 1945, cuando a las 8:15 de la mañana el Enola Gay, un bombardero norteamericano dejó caer aquella funesta arma de destrucción y de alteración masiva. Una leve fracción de tiempo bastó para que se detuviera el reloj biológico de una población completa, y así 230,000 personas murieron por la explosión y por sus secuelas.

Tres días después, a un genio de la ciencia, el físico alemán Otto Hahn, célebre inventor de la fisión del átomo de uranio, quien se hallaba recluído en un campo de concentración inglés, junto con otros eminentes hombres del universo científico, aquel 9 de agosto de 1945, le llegó a sus oídos la lamentable noticia de que el puerto de Nagasaki en Japón acababa de ser arrasada por la detonación de la segunda bomba atómica, la cual había provocado la muerte de otras 80,000 personas.

La reacción de Otto Hahn fue de profundísima culpabilidad y quedó sumergido en el profundo abismo de su propia incomprensión. Fue entonces que él pudo darse cuenta como sus investigaciones sobre la fisión del uranio, galardonadas un año antes, en 1944 con el premio de la Academia de las Ciencias y de las Artes, el premio Nóbel a la Química, habían acabado de servir para la más terrible secuela de masacre que el hombre pudo haber imaginado y un día recordado.

La muerte y la destrucción se habían apoderado de la faz de la tierra, procedentes de las actitudes de este hombre que hoy sigue murmurando contra Dios, y que no es capaz de admitir ni sus enseñanzas ni su ejemplo de vida verdadera. ¡La enseñanza y el ejemplo del Señor les parecen demasiado descabelladas!

2.-     El hombre de la más bárbara de las épocas continúa hoy confabulándose contra Dios y quiere manipular para sus intereses mezquinos el don de la creación... El resultado de esas pretensiones son todos esos frutos aparentemente bellos pero insípidos, todas esas flores disimuladamente hermosas pero sin aroma, todos esas sonrisas maquilladas que se quiebran con el solo impacto del aire.

Las murmuraciones del hombre se convierten, hoy por hoy, en un manipuleo del rumbo de la vida que daña a una tierra que hoy se erosiona en la tristeza.

3.-         Recordaba, ésta semana tristemente célebre, a causa del recuerdo de la historia y por una historia que pronto será un triste recuerdo, aquella triste canción que en mi mocedad le escuchaba a Tania Libertad, y que fue escrita por Vinisius de Moraes y a la cual puso por título: La Rosa de Hiroshima.

Piensa en tantos niños mudos telepáticos,
piensa en las muchachas, secas inexactas.
Piensa en las mujeres rotas alteradas,
piensa en las heridas como rosas cálidas.

Pero nunca olvides la rosa de las rosas,
la rosa de Hiroshima, rosa hereditaria.

La rosa radioactiva, estúpida e invalida
la rosa con cirrosis, anti-rosa atómica,
sin color, sin perfume, sin rosa, sin nada.

4.-         Amigos del alma: Es tiempo de orar por la paz y de esforzarnos por ser sus constructores.

La paz es un anhelo del reino de los hombres y es una de las características del Reino de lo Cielos, el Reino de Dios.

Se trata de una necesidad que apremia en nuestros corazones y que solamente Dios puede satisfacer plenamente.

Y es que, hoy vivimos en la selva de asfalto, en la jungla del concreto y este hombre que vive golpeando el rostro del hermano, irónicamente reclama la paz para su vida y para los suyos.

Decía Séneca, el viejo, con tanta certeza: “una era construye las ciudades y una hora las destruye”. ¿Sabes? Un amigo cercano, hace nueve años que me escuchó pronunciar esta referencia de autor en una homilía, me cuestionó sobre el orígen histórico de esta sentencia,... ¿por qué? Porque Marco Anneo Séneca la escribió en su Historia de las Guerras Civiles y él nació y murió en lo que hoy es Córdoba, España, entre los años 54 a.C. y 39 d.C. Preguntaba él: “¿es posible que hace 2000 años en una hora se podiera destruir una ciudad?”,... y yo le respondía que: “Sí” y que hace cuatro mil también.

Al final de cuentas lo que tenemos que entender es que el hombre jamás podrá encontrar, al  margen de Dios, la verdadera fisonomía de la paz.

5.-         ¿Quién puede olvidar a un San Agustín de Hipona buscando desesperadamente la paz? Aquellas noches de inquietud, Agustín salía a la costa y les gritaba a las caudalosas aguas en sus límites marítimos: “¡Mares-oceános, dadme un poco de paz!”, y entre el ruido del impetuoso mar alcanzó a escuchar que le decían: “Busca más arriba”. Se dirigió entonces, con su mirada y con su plegaria, a las crestas que trazaban las líneas de las colinas: “Montes y montañas, ¡Dadme un poco de paz!”, y entre el sonido del viento que provenía del bosque y la floresta pudo escuchar que le decían: “Busca más arriba”. Finalmente este inquieto santo se dirigió al firmamento celeste y les gritaba en su desazón: “Astros del cielo, ¡Dádme un poco de paz!”, -y menciona el santo que entre el silencio elocuente de la cúpula estelar pudo escuchar que se le decía: “¡Busca más arriba!”. Y fue sólo entonces que san Agustín levantó su mirada y su corazón a Dios y,... encontró la paz . En realidad este proceso de búsqueda puede ser el de una hora y el de toda una era en nuestra propia vida.

6.-         Amigos de búsqueda cristiana: ¿Quién de ustedes puede olvidar o borrar de su memoria aquellas escenas trágicas de Lady Macbeth huyendo de su propio conflicto de conciencia, expresando a aquellos con quienes se encuentra que el fétido olor de las manchas de sangre que tiene en sus manos, ni siquiera los más intensos perfumes árabes podían neutralizarlas?

¿En qué consiste esa paz de la que todos los hombres nos sentimos  necesitados?

El pueblo hebreo entendía la paz como la prosperidad material y espiritual, los griegos la entendían como un estado libre de contrastes y los Romanos la pretendían como la prosperidad Universal.

El hombre actual sigue caminando hacia un sólo sentido: en la búsqueda de la paz verdadera. Neil Armstrong y sus compañeros que alunizaron, llevaron a la estratósfera una inscripción en metal que dejaron en la superficie lunar aquel 20 de julio de 1969, y que es todo un testimonial del anhelo de todos los hombres de todo tiempo: “Hemos venido aquí en busca de la paz para toda la humanidad”....

 “Mira más arriba” les tenemos que decir a los nuevos agustínes.

7.-     ¿En qué consiste la paz que nos brinda el Reino de Dios?

Los cristianos entendemos la paz como la unión con Dios y la recepción plena de sus dones. La paz cristiana sobrepasa todo anhelo y esfuerzo humano, es uno de los frutos del Espíritu Santo y una de las características del Reino de Dios.

La paz de Cristo aparece ante el cristiano como uno de los elementos centrales del mensaje Evangélico. Desde la primeras escenas hasta sus últimos episodios, el mensaje de la paz va danzando a lo largo y ancho de la Buena Nueva que el Señor Jesús nos ha traído.

Al nacer en el tiempo el Hijo eterno del Padre, el canto de los ángeles es exclamación de gloria para Dios y un sincero deseo de paz para los hombres. Al concluir el Evangelio, el mensaje es también de paz: Jesucristo que ha resucitado, nos muestra sus llagas y al saludar a los apóstoles, les dice en repetidas ocasiones: “La paz sea con ustedes”. Es Cristo el Rey de la Paz que ha vencido con la mansedumbre y con su propia vida, la violencia de Caín y la de todos los hombres.

8.-         Debemos ser conscientes de que la paz y la guerra comienzan en la propia casa. Si en verdad queremos paz para el mundo, comencemos por amarnos mutuamente dentro de nuestras familias.

Los acontecimientos desgarradores de nuestros días deben dejarnos en claro lo que nunca será la paz. Debemos darnos cuenta de que la paz de Dios no es como la paz del mundo. La oferta del mundo parece decir: Vive tu vida, sé feliz, disfruta cuanto puedas, sobreponte a los demás y deja los asuntos importantes para cuando no haya más remedio... Es cómo si preferiéramos unos momentos de locura a toda una vida de verdadera paz.

La verdadera paz que nadie puede quitar es la que cada uno puede lograr desde la fidelidad a la Vida y al Amor. La Paz Cristiana se consigue, no tan sólo en el respeto al derecho ajeno sino también en el mismo ejercicio de los propios deberes y obligaciones.

Hermanos, que nada nos quite la paz del corazón. Que la paz del alma y del mundo la concede Dios a quienes sirven y a quienes soportan con alegría el peso de la vida y del servicio sincero a los hermanos.

 

LA LLAVE DE LA ÚLTIMA PUERTA.

“En aquel tiempo los judíos murmuraban contra Jesús, porque había dicho: Yo soy el Pan vivo bajado del cielo”, y decían: “¿No es éste, Jesús, el hijo de José? ¿Acaso no conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo nos dice que ha bajado del cielo?”

Jesús les respondió: “No murmuren. Nadie puede venir a mí, sino lo atrae el Padre, que me ha enviado, y a ése yo lo resucitaré en el último día”.

Yo les aseguro: el que cree en mí, tiene vida eterna.

1.-         Amigos muy queridos:

Peter Wust, filósofo alemán neopersonalista y existencialista cristiano que nació el 28 de agosto del año 1884 y murió el 3 de abril del año 1940, escribía en sus últimas líneas: “Antes de alejarnos definitivamente, tal vez queráis preguntarme si conozco la llave mágica capaz de abrir la última puerta. Ciertamente la conozco, pero esta llave mágica no es la reflexión, como acaso esperábais de un filósofo, sino la oración”.

2.-         ¡Oye!, ¿Y tú tienes a la mano la llave que abre la última y la más importante de las puertas?

El tema de la fe, de los sacramentos y de la totalidad de la vida cristiana debiera ser profundizado por nosotros en este domingo en el que el Señor nos expresa con claridad cómo el incrédulo pierde el sentido de la realidad y puede perder el sentido de aquello que hace.

Jesús se ha ofrecido generosamente a sí mismo como el Pan de la Vida, y muchos de nosotros quizá como aquellos judíos nos la pasamos murmurando acerca de las posibilidades del Dios que está más allá de cualquier posibilidad.

Se trata del único Hijo por naturaleza de Dios que se convierte en el Pan de Vida para los Hijos de adopción. No es otra cosa este pan, sino el delicioso manjar que se nos ofrece a fin de que gocemos de la herencia auténtica y de la única tierra prometida.

Pero, para que gocemos de este pan, tenemos que superar cualquier esclavitud que pudiera ejercer nuestra razón, así como todas esas dudas que ejercen nuestro razonamiento y que se convierten en oscuridad latente ante el más grande de los milagros patentes.

3.-     En cierta manera, tenemos que ser libres para que como hijos disfrutemos de este pan incomparable. Y es que un manjar recibido y consumido en la esclavitud, nunca será un verdadero manjar para aquel que se jacte de ser un verdadero hombre, y que busca ser hijo.

Y, te puedes dar cuenta como en este espisodio del Evangelio de este domingo nos encontramos entre la negación de los hombres ante la magnificencia de Dios y la afirmación de Dios ante la incredulidad de los hombres. La Palabra de Dios nos presenta con claridad la distinción que existe entre un pan que nos impide morir y un Pan que nos ayuda a Vivir.

4.-     Las Palabras que el Señor pronuncia en el Evangelio no son falsas, pero nos suelen resultar lejanas, difíciles e inaplacables. Si Dios no nos da lo que pensamos necesitar tal como pensamos necesitarlo, entonces no esperamos que aquello que Él nos ofrezca pueda resultarnos útil.

Los hombres preferimos aquel maná que se corrompía al día siguiente aún sobre aquel Pan que evita que nosotros nos corrompamos, puesto que nos ofrece la resurrección y la vida eterna. Esta es la pretensión del hombre: si Dios no soluciona mis problemas y los problemas de éste mundo tal como nosotros se lo indicamos, entonces ¿qué sentido tiene creer o no?, aún cuando sus soluciones pudieran ser en mucho mejores que nuestras pretensiones.

Si Dios no está para solucionar mis problemas, si no me da el trabajo, pan y salud en las especificaciones que le he hecho llegar, entonces no me interesa. Lo demás nos parecerán siempre palabras, simples palabras...,
esas Palabras del Señor Jesús que se pierden entre la gente de aquel tiempo y de este tiempo.

5.-         Digamos que el punto central del Evangelio deden ser estas Palabras del Señor: “Lo que Dios quiere es que tengáis confianza en aquel que ha enviado".

En Jesús creemos, aunque sus palabras nos pudieran resultar duras en más de una ocasión, precisamente porque esas palabras no son como nosotros las esperaríamos o le sugeriríamos. Él nos ha enseñado que hay cosas que se saben aunque no se vean, que se viven con certeza y no se pueden argumentar, ni probar, pero son ciertas, se intuyen, se deducen, se sienten sin temor a la duda.

Si nuestra fortaleza no está en esa confianza que el Señor pide de nosotros, entonces nos convertimos en el blanco de las burlas como la que hace Johann Gottfried Herder al escribir: “Todo animal tiene un ciclo al que pertenece desde su nacimiento, entra en seguida en él, en él permanece de por vida y muere... El hombre no tiene esa clase de esfera uniforme y restringuida, en la que le aguarda tan sólo un trabajo: un mundo de negocios y determinaciones se extiende en torno a él... La naturaleza fue para él la más dura madrastra, ya que para cada uno de los insectos fue la madre más pródiga. El hombre es un huérfano de naturaleza: desnudo y despojado, débil e indigente, apocado e inerme y, lo que constituye el cúlmen de su miseria, privado de todas las guías de la vida. Nacido con una capacidad sensorial tan dispersa y debilitada, con unas facultades indeterminadas, con unas pulsiones divididas.”      

Y tienes que saber tú que aquello que Herder ha visto como negativo es lo que percibía san Juan Crisóstomo como positivo: “Habiendo dotado a los demás animales de la velocidad en la carrera, o la rapidez en el vuelo, o de uñas, o de dientes, o de cuernos, sólo al hombre lo dispuso de tal forma que su fortaleza no podía ser otra que la del mismo Dios: y esto lo hizo para que, obligado por la necesidad de su flaqueza, pida siempre a Dios cuanto pueda necesitar”.

Y, así lo percibe desde lo natural Blas Pascal al percibir una vida a la luz de aquel que nos pide esperanza, se trata del fragmento 113 de sus Pensamientos: “El ser humano es como una caña frágil, pero que piensa; en eso consiste su grandeza. Lo puede aplastar una roca, pero el hombre lo sabe, y por eso es superior a lo que lo mata. Asimismo, su dignidad no se puede confinar al espacio, sino reside en su pensamiento: en cuanto cuerpo, el universo espacial nos posee y nos devora, pero por medio del pensamiento nosotros lo poseemos a él”.

6.-     Y tú, ¿le crees al Señor o no le crees? ¿Le consideras como el Dios que tiene palabras de vida eterna o sólo le consideras como el hijo del carpintero?

Al acercarse al Señor, existen demasiadas personas que quieren sentir la seguridad en lo más esencial de la vida, de no ser así no le creen tampoco  a Él. ¡Cómo sí el hombre pudiera poseer un medidor empírico para que sacando del pecho del hombre el corazón encontrará entre los tejidos y el plasma hemático aquellas evidencias del amor y de la lealtad, o como si al extirparle la masa encefálica a la bóveda craneal pudiera encontrar entre las neuronas aquellos pensamientos que le quitan el sueño al ser humano a favor del ser amado,... y sucede con el hombre que cuando en algunos momentos se carece por completo de las evidencias del amor del otro, se les viene encima la fuerte y fría cascada de los celos que acaba con todo lo que encuentra a su paso, aunque las evidencias se muestren elocuentemente, éstas no serán nunca suficientes sí no corresponden a nuestras pretensiones y esquemas.

El hombre cree que lo importante sólo puede percibirse a través de los ojos, e ignora en su mente lo que el corazón lleva, a esto se le llama ceguera; y olvida en su corazón lo que la mente posee y a esto no se le llama de otra manera sino locura.

Así, aunque el agua en los espacios subterráneos no es vista inmediatamente por el ojo humano, las raíces de los árboles la evidencian pues se nutren lentamente de ella. Los árboles reflejan en lo exterior, en sus ramas y en sus flores toda la fuerza de la vida, que se proyecta en su crecimiento constante, proviniendo de lo más profundo.

No olvidemos que aquellas cosas que no vemos en el árbol son tan reales cómo que son aquellas que sostienen todo aquello que contemplamos sobre la superficie. Así sucede también con la cimentación de cualquier edificio que no se percibe en lo externo pero que sostiene todo aquello que nos es de utilidad.

7.-     Las más bellas evidencias suelen ser invisibles ante los ojos humanos, aunque tenemos que entender que no son estrictamente necesarias, tal como lo afirmaba el mismo Pablo Neruda al afirmar que  “Aunque un día alguien pudiera cortar todas las flores, la primavera no dejará de existir”.

Aunque ciertas evidencias no se constaten tan fácilmente habrá realidades que por sí solas subsistan. ¿O acaso las ondas de sonido que llevan nuestra voz en vibraciones al manifestar nuestros más profundos sentimientos, las microondas de radio que nos hacen disfrutar de bellas melodías y la información que en el espectro del espacio se traslada sigilosamente pueden ser negadas por el sólo hecho de no ser visualizadas sensorialmente? ¿Alguien ha contemplado la estela que deja el tiempo sin que esto sea a través de efectos circunstanciales sobre el hombre y sobre su vida? ¿Existe alguien que niegue la soledad por el hecho de no poder separarla del padecimiento humano?

Al final de cuentas coincidiremos con el locutor norteamericano Daniel Prager cuando afirma: “El creyente en Dios debe explicar una cosa: la existencia del sufrimiento. El ateo, en cambio, tiene que explicar el sufrimiento y todo lo demás”.

Ha escrito el matemático y biofísico francés Pierre Lecomte Du Nouy en El destino humano: “ Muchos hombres inteligentes y de buena fe, imaginan que no pueden encontrar a Dios, porque no pueden concebirlo. Un hombre honesto dotado de curiosidad científica, no necesita concebir una imagen visual de Dios, tal como un hombre de ciencia no necesita ver el electrón”.

8.-     El hombre no puede contar con Dios como una solución automática a todos los problemas del mundo, pero no puede vivir sin su presencia. A Dios hoy en día se le niega o se le encuadra, y difícilmente se le acepta como es, como viene, como Él quiere.

Albert Einstein, autor de la teoría de la relatividad, se negaba a creer que Dios "estuviera jugando a los dados con el Universo" y afirmaba que "La religión sin la ciencia estaría ciega, y la ciencia sin la religión estaría coja también, que la ciencia y la fe pueden coexistir perfectamente en un mismo espíritu."

Jesucristo es aquel que tiene palabras de vida y que puede dar sentido  a la existencia. ¿Sabes? Hay una bella espresión en la canción final de la ópera pop Godspell, que se presentó alrededor del año 1973. La canción se llama "Day by Day" y ahí se le dice al Señor: "Día tras día, oh querido Señor, tres cosas te ruego: verte más claramente, amarte más intensamente, seguirte más de cerca. Días tras día."

9.-         Amigos muy queridos: Cualquier médico sabe que aunque una persona se perciba inconsciente puede existir en él la vida, y es por ello que ante una persona inconsciente le suele aplicar estímulos y espera pacientemente que esto provoque una reacción en la persona. ¡Espera una reacción! Decir que alguien no reacciona significa la muerte.

En ocasiones algunos necesitamos de una bofetada simplemente, y algunos otros necesitamos electrochoques, una descarga eléctrica para poder reaccionar.

Busquemos a Dios para que no naufragemos en los mares de la vida aún cuando muchas veces las cosas no sean como nosotros pretendamos que sean. No dejemos a un lado la llave de la última puerta que sólo el Señor nos ofrece, y que nos puede conducir a la Verdad y a la Felicidad.

 

EL PAN PARA NO MORIR Y EL PAN PARA VIVIR.

“En aquel tiempo los judíos murmuraban contra Jesús, porque había dicho: Yo soy el Pan vivo bajado del cielo”.

Jesús les respondió: “Yo les aseguro: el que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Sus padres comieron el maná en el desierto y sin embargo murieron. Este es el pan que ha bajado del cielo para que, quien lo coma, no muera.”

1.-         Estimados amigos:

La comprensión de la vida cristiana encierra la capacidad de asimilar el lugar que tiene en nuestra propia vida el experimentarnos como instrumentos de Dios.

Tenemos que ser capaces de entender que nuestra relación para con Dios se desarrolla de la misma manera en que una relación humana comporta siempre un lugar para los diferentes mediadores. Esto es parte fundamental de esa dimensión social que Dios le ha querido dar a nuestra existencia.

Todos nos necesitamos mutua y recíprocamente. En ocasiones soy yo el que ayuda al hermano, y él, al mismo tiempo, me ofrece su ayuda en sectores de mi vida en los que yo me experimento carente. Lo anterior, no nos hace ni superiores ni inferiores de aquellos que están junto a nosotros, sino simple y sencillamente debemos ser corresponsables y vivir la fraternidad. En la corresponsabilidad se encierra nuestro ser intermediarios de alguien o el necesitar la intermediación de alguien.

En lo humano podemos comprender que los intermediarios son aquellos en quienes confía un jefe, o alguien superior, para alguna misión ocasional o alguna función permanente a favor de sus subordinados.

2.-     Los hombres somos intermediarios de Dios. Se trataría de árbitros o intercesores. Llamémosle de una forma sencilla: instrumentos de Dios.

¡Entiéndelo bien! Y no me malinterpretes. No se trata de que yo te esté proponiendo el que algunas personas usurpen la trascendencia y el poder único que le corresponde sólo a Dios. ¡Lejos de mí el hacerlo! ¿Quién podría ser mediador entre dos realidades sin medida común y desproporcionadas: Dios y los hombres?

Sin embargo, tenemos que mantener muy vivo y muy consciente el sentimiento de nuestra responsabilidad personal ante Dios.

El llegar a experimentarnos intermediarios, intercesores o instrumentos de la bondad de Dios, debe significar para cada uno de nosotros el asumir con responsabilidad la misión que Dios nos ha querido confiar a favor de aquellos que nos rodean. Recuerda que los dones de Dios más que fuente de privilegios lo será siempre de responsabilidades.

3.-     No obstante, todo lo anterior, si el ser mediador de Dios encierra una serie de cualidades que se deberían vivir en intensidad: lealtad, eficiencia, integridad, creatividad, ímpetu, entrega, constancia, alegría, totalidad, perpetuidad,... entre otras muchas; tenemos que decir que la principal de todas las cualidades que debería vivir un intermediario, un intercesor o un instrumento es,... ¿quiéres saberlo?

¡Acertaste!, el experimentar la funcionalidad de lo que ha recibido, o por mejor decirlo en dos palabras: ni abandonar ni usurpar, ni el desuso ni el abuso, ni la pasividad ni el apropiarse aquello de lo que solamente es un lugarteniente, un administrador y un servidor ni dejarlo en el abandono de la desidia.

4.-     Pero dejemos de especular sin aparente fundamento, y vayamos al texto del Evangelio: Hoy el Señor nos lo recuerda con claridad: Sus padres comieron el maná en el desierto y sin embargo murieron. Este es el pan que ha bajado del cielo para que, quien lo coma, no muera.”.

Sin duda, es Cristo el Pan de la Vida, en mucho superior a aquel maná que se recibió en el desierto de manos de Moisés, no obstante, es adecuado el que hoy recordemos que la verdadera grandeza de Moisés fue la de su instrumentalidad, su ser un intermediario, su ser mediador para los beneficios que Dios le concedía a su pueblo.

5.-     En el ser instrumentos de Dios estará siempre nuestra alegría, nuestra paz y nuestra realización. En el sabernos útiles para alguien, y en ese alguien que es útil para Dios, es allí en donde debemos sentirnos realizados.

El problema surge en todos aquellos que hemos olvidado el carácter instrumental de nuestra existencia. El hecho de que ya no haya maná para los hombres de hoy a causa de nuestra pereza, o lo que es peor el que vayamos pregonando que el maná lo concedemos nosotros, ¡qué nosotros lo podemos todo!, y que le estemos despojando a Dios de aquello que solamente a Él le pertenece.

Todos nosotros podemos ser esas manos que distribuyen el Pan que el Señor ha multiplicado, o podemos ser como Moisés, quien aunque no da el pan del Cielo, esto no le entristece, sino que por lo contrario se siente orgulloso de ser el que simplemente ha distribuído el Maná de Dios.

6.-         ¿Qué? ¿Tú también quieres murmurar contra este Dios que nos pide hacer algo por el hermano?

Todos nosotros podemos hacer algo por los demás, tanto en la vida doméstica como en la amistad, en lo eclesial y en lo social, en lo familiar y en lo profesional.

Cuálquiera que sea tu profesión es útil para el hermano: así en la optometría, en la arquitectura, en la medicina, en la música, en la comunicación o en la docencia.

Ojalá comprendiéramos que Dios no nos ha enviado al mundo como ornamentos sino como instrumentos. Y en esta nuestra misión habrá dos pecados que tenemos que evitar: el desuso y el abuso.

¿Cuál es nuestra misión en la vida? Ante la amplia gama de beneficios recibidos pregúntate: ¿Para qué he recibido los beneficios? Cuándo Dios concede un don a alguien se lo concede para algo.

¿Cuál es mi misión? ¿Para qué estoy aquí?

7.-     Te quiero compartir un trozo de un poema que leí hace algunos años:                  

Si te sientas al ponerse el sol
y cuentas los actos realizados
y encuentras, al contar,
un acto abnegado, una palabra,
que alivió el corazón de quien la ha escuchado,
una mirada afable
que alumbrara como el sol lo que mirase,
puedes considerarlo un día ganado.

Pero si en ese largo día,
a nadie han alegrado tus palabras,
si nada encuentras
entre las acciones de ese día
que llevara el sol a ningún rostro,
ningún ínfimo acto
que ayudara a ningún alma a ningún costo,
considera que ese día está perdido.

8.-     Este es un Sabio y Bello poema de la así llamada George Eliot, o por ser justos un día en la vida y un tiempo en la historia, de aquella mujer que producto del tiempo y de esas injusticias que en la historia se cometen, tuvo que firmar sus escritos como varón, porque su delito era ser en su tiempo una bella, inspirada y creativa dama: Mary Ann Evans.     

Habla el poema de las pérdidas y de las ganancias, y las pérdidas se dan simple y sencillamente cuando el hombre olvida ser instrumento de Dios y las ganancias se dan al recordarlo y al ponerlas al servicio del hermano.

Esa es la advertencia, la indicación clara del Evangelio: O cumplimos nuestra misión o nuestra vida pierde su sentido, y se sobrevive en el sinsentido. O damos fruto, o se podrirá lo que guardamos para que no se escape. O damos vida, o se apodera de nuestra vida la muerte, ¡Pero quedarme como estoy, no es posible!

Vivir es caminar, avanzar, dejando a un lado lo que no avanza, aceptando incluso lo imprevisto, lo que sale al encuentro, y aún los tropiezos, porque se camina. El miedo al futuro o a lo que pueda venir hace que sea tentador y cómodo asegurar la rutina y no querer saber de novedades. Y entonces sobreviene nuestra desaparición del horizonte de los demás, y se desdibuja nuestro propio horizonte, ¡aunque no el horizonte de Dios! Sin embargo, asumamos que en el momento en que dejemos de crecer es cuando empezamos a morir.

Es muy triste mirar a otros que crecen mientras que nosotros perecemos. ¡Tú bien lo sabes: hay ancianos jóvenes y hay tantos jóvenes ancianos!

9.-         Todos hemos sido llamados a vivir para ser instrumentos y para fructificar. Nuestra vida ha sido comparada por el Señor con los talentos, con los dones, con el árbol y hasta con el grano de mostaza y el grano de trigo que necesita caer en tierra. La semilla que no frucitifica se pierde. ¿También el hombre? Tú y yo no somos ni seremos lo que no empecemos a ser ya desde ahora, ¿podemos hacer algo para fructificar hacia la eternidad? La eternidad le corresponde a aquellos que han vivido intensamente el presente.

Todos aquellos que no vivimos, o que nos hemos dedicado a sobrevivir, un día nos encontraremos con que el futuro será una fusión indiscriminada y amalgamada de todo lo que ha existido, y ¡para nuestra sorpresa!, de todo aquello que debiera existir y que no hemos dejado que exista.La vida del hombre no es una excepción en la naturaleza viva. El hombre participa de esta naturaleza, pero no lo puede hacer a nivel inconsciente o sólo en lo simplemente instintivo, porque el hombre se sentirá inútil, desplazado, inseguro, perdido.

10.-   Se nos ha dado la Vida, pero para que cada uno empleando sus cualidades más humanas, pueda descubrir y salir al encuentro de Aquel que es la Vida.

¡Ese es el deseo más profundo!, deseo que sólo puede ser alcanzado si no tenemos miedo a ser instrumentos y dar fruto, a responder con dignidad humana a las exigencias de un mundo que camina hacia la perfección, pero a través de un proceso de siembra, de sacrificio y de ofrecimiento.

Tenemos que aprender a ver lo positivo y aceptar lo negativo para aprender a cambiarlo. Tenemos que comprender que Dios es la fuente de todo y que es también nuestra meta.

Debemos ver más allá de lo positivo, y descubrir que no es Moisés el que nos da el Pan del Cielo. Es Dios quien nos da el Pan Verdadero, nosotros no somos más que instrumentos y ésta será nuestra satisfacción.

 

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