Domingo 3 de Diciembre de 2006_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

NOS INTERESA CRUZAR LA META

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: Habrá señales prodigiosas en el sol, en la luna y en las estrellas. En la tierra, las naciones se llenarán de angustia y de miedo por el estruendo de las olas del mar; la gente se morirá de terror y de angustiosa espera por las cosas que vendrán sobre el mundo, pues hasta las estrellas se bambolearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube, con gran poder y majestad.

Cuando estas cosas estén comiencen a suceder, pongan atención y levanten la cabeza, porque se acerca la hora de la liberación. Estén alerta, para que los vicios, con el libertinaje, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida no entorpezcan su mente y aquel día los sorprenda desprevenidos; porque caerá de repente como una trampa sobre todos los habitantes de la tierra.

Velen, pues, y hagan oración continuamente, para que puedan escapar de todo lo que ha de suceder y comparecer seguros ante el Hijo del hombre”.


Momento 1

Momento 2

Momento 3

 

1.- Muy queridos amigos: "Una Iglesia que no espera en la venida del Señor, es porque ha perdido el núcleo de su esencia, y entonces ha perdido toda su fuerza".

Un nuevo Año y un nuevo relevo en nuestra vigilia ante Dios que viene. Es una nueva oportunidad para cada uno de los cristianos de renovarse y de crecer. Así como las plantas se desarrollan dentro de un ciclo de crecimiento y cada año tienen una nueva oportunidad de dar frutos, para el cristiano cada año litúrgico será una nueva y gran oportunidad para fructificar.

Esta es nuestra preparación para que Dios venga. Imagínate al pueblo Israelita. Ese resto fiel que esperaba con ansia al Salvador de Israel. Imagínate a María Santísima quien había concebido en la virginidad esperando al niño Jesús que habría de nacer. ¿Puedes pensar en sus preparativos, sus actitudes, sus esperanzas?

La esperanza del adviento va unida a la imagen de la gestación y por ello tiene un sentido especial, puesto que esperamos lo que poseemos, lo mismo que la madre espera el nacimiento del hijo que ya posee.

Fue en esa navidad, hasta la encarnación, cuando el hombre terminó de esperar a Dios, es ahora cuando Dios espera al hombre. Dios se ha hecho don, presencia, intimidad. Cada día que pasa es un momento en que el instante del encuentro se acerca más.

2.-     Velen y hagan oración continuamente, nos dice el Señor. Vigilar se convierte en una acción significativa en la que están implicados los oyentes y los creyentes. La acción de vigilar comporta sin duda el no dormirse pero también una disposición en el alma. Velar es mantener despierto el espíritu cuando tantos duermen; velar es sobreponerse a las tinieblas que nos rodean y al sopor que se genera en esas condiciones del cuerpo y en esas circunstancias del día; velar es vivir en el ámbito de la Luz de Dios cuando todo se ha oscurecido. El Señor nos invita para que renunciemos a todo aquello que es propicio en las tinieblas, tal  como lo es el pecado.

Velar, para un cristiano, consiste en aprender a entrar en los planes de Dios y decidirse a realizar activamente su destino.

Aquí la única certidumbre es la de la incertidumbre y la única certeza es la de lo incierto. ¿Qué más queremos saber en la vida? No sabemos cuando llegará ese momento en que regrese el dueño de la casa.

3.-     Y en la vida cristiana será importante que cada quien se ponga a trabajar puesto que Dios ha dejado encomendado a cada quien lo que deben de hacer.

Y lo mejor que nos puede suceder es el que no nos encuentre durmiendo. Tiempo excelente es este del Adviento, para velar sobre nosotros mismos y para no dejarnos llevar por el aletargamiento y por la distracción, sino para vivir vigilantes.

Dios viene pronto y espera que le recibamos. Qué estemos listos para el encuentro. No podemos vivir nuestra vida pensando en que nos va a pasar a ti y a mí como al buen ladrón que se salvó faltando un minuto para el silbatazo final.

El Señor Jesús hoy nos enseña que la vida en la tierra vale en cuanto que es preparación de la vida eterna.

4.-     Toda enseñanza que Cristo propone para nuestra consideración tiene siempre diversos planos que serán más o menos claros y evidentes según lo que nos va dando a comprender el mismo Espíritu de Dios. Pero también según los acontecimientos, según las realidades que estamos viviendo en la vida.

La pérdida lamentable de la vida de dos jóvenes cercanos a muchos de nosotros en esta misma semana debería mantenernos despiertos para lo que realmente trasciende.

Aquí tienes por ejemplo el pasaje del Evangelio de este día: nosotros, en todo este contexto, le damos muy fácilmente el sentido de que Dios puede venir en cualquier momento, dando fin a todo el mundo que conocemos, cambiando toda la realidad que nos rodea y que tenemos que estar siempre preparados para ese encuentro con Dios. Podemos también pensar que el mundo terminará, que Cristo vendrá al encuentro de vivos y a muertos y que no les juzgará como los juzga el mundo sino que pesará en su balanza el corazón de cada hombre y sus buenas obras. Ahora hemos leído este pasaje evangélico sobre su regreso final y, en la asimilación de la pérdida de quienes amamos, hemos comprendido algo más; que el mundo no es nuestro. Ni el mundo, ni todas las cosas, ni todos los bienes, ni todas las bellezas, ni todas las grandezas del mundo nos han sido dadas en propiedad. O, por lo menos, que el ser propietarios y dueños de un modo distinto a nuestra manera materialista del uso y del abuso, la destrucción de todo lo que es nuestro, simplemente porque es nuestro.

Pregúntale, sí es que pudieras, a los que se han ido de este mundo ¿cuanto se han llevado? Lo único que se llevan y que te llevas son las obras que no son más que esas respuestas oportunas a la responsabilidad de vivir que Dios asignó a cada uno.

5.-     El Señor nos invita a estar preparados para el mejor momento de nuestra vida, y hay que decirlo sin miedo y con todas las letras: ¡Nuestro mejor momento!, ¿O hay alguien a quien no le agrade la graduación, el cruzar la meta o el nacimiento de quien se espera con amor? Dirijamos la pregunta desde el otro ángulo: ¿Hay alguien a quien le gustaría pasarse la vida en las aulas, eternamente corriendo o con un bebé en gestación? ¿Te das cuenta como hablamos realmente del mejor momento? Es por esto que debemos tener todo alistado, como cuando una mamá se prepara para venida de su bebé, son algunos días previos en los que enfatiza la preparación. Todo tiene que estar dispuesto cómo cuando alguien se prepara para su boda y va disponiendo de todas sus cosas, como cuando un seminarista se prepara para su ordenación y no quiere que nada se le olvide, así como los jóvenes preparan su graduación, como alguien que avanza vertiginosamente hacia la meta espera cortar con su propio cuerpo la línea tendente que está frente a sí,...

En otros momentos el Señor nos ha dicho que es como cuando un Rey viene a una ciudad y todas las casas se preparan, las calles se adornan y se limpian, los caminos se arreglan y existe un vigía que cuida de avisar oportunamente a sus conciudadanos el momento en que el Rey se acerca... El Señor ha puesto a sus ministros sobre la torre para avisar el momento en que Él regrese, "yo te quiero decir: "El Señor no tarda, estén preparados".

6.-     En realidad el mundo está en un continuo adviento viviendo en un silencio expectante, así como en el teatro, como en un concierto, como en una película en la sala de cine. Se trata del silencio de algo sumamente importante que viene o que se presenta. Tú sabes que el silencio en el culto litúrgico en el inicio de la Santa Misa, en el OREMUS, y desde el SANTUS hasta el PABRENUESTRO nos hablan de algo sumamente importante que está por suceder, que sucede y que ha sucedido dependiendo del momento al que nos referimos.

El Señor también te invita para que busques durante este tiempo de adviento el silencio de la oración, aunque sean tan sólo CINCO minutos al día vividos de camino hacia el trabajo o al regresar a la casa. Pueden ser al empezar el día o al terminar la jornada, pero se trata de que pienses aunque sea por un sólo instante en Aquél a quien esperas: reza el Padrenuestro y dile a Dios que venga su reino, que venga a mí y a ti su reino y que en mi y en ti esté, que venga a mi familia y a tu familia, y a los que me rodean y a los que te rodean, que venga a nuestra comunidad, que venga a nuestro pueblo, que venga SU REINO A NUESTRO MUNDO.

Es muy importante que, en medio de la agitada superficie, en medio de todo el dolor o alegría que cada día trae consigo, haya en lo más profundo de nuestro corazón, en lo más íntimo de nuestro ser, un rincón de paz suscitado por la oración y que de allí se alimente una gran expectación que al mismo tiempo se encargue de alimentar la vida.     

7.-     El adviento es tiempo de esperanza, es tiempo de renovar las fuerzas, de tomar nuevos ánimos. "En aquellos días y en aquella hora yo haré nacer del tronco de David un vástago santo, que ejercerá la justicia y el derecho en la tierra”, nos ha dicho el Señor. Y Él lo cumple y en Él esta nuestra esperanza.

Es muy cierto que el encanto de la Navidad está en que aquí se juntan lo humano y lo divino, lo terreno y lo celeste, lo natural y lo sobrenatural. Pero hoy por hoy también la Iglesia se haya en un adviento real del sufrimiento y le gritamos al Señor que venga.

Nuestro adviento es la espera de una noche que queremos que pase y de un día del que tenemos expectación por su llegada. Queremos escuchar el grito que nos despierta: "¡La noche ha pasado, está viniendo el día!..." El adviento y la navidad significan la venida de Dios que nos da su gracia, que se nos da a sí mismo; venida hoy y aquí del Dios que viene a salvar al hombre.

Esperamos la venida de Dios en su amor generoso y cálido, con su majestad y realeza, con todo lo que ello significa de seriedad plena y de plena alegría.

Se acercan los días, dice el Señor, en que cumpliré mi promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá” hemos escuchado este domingo. El tiempo de Adviento es tiempo de esperanza. Esperanza de lo temporal que desemboca en la Navidad y esperanza de eternidad que desemboca en nuestra auténtica Natividad.

El cristiano tiene siempre la necesidad de contemplar la existencia como un continuo comenzar. Solamente entonces se comprenderá que la vida eterna no es sino la prolongación de lo que en esta vida hayamos hecho. La muerte no será entonces un epílogo sino el prólogo de una historia en la eternidad. El cielo no será entonces un punto de llegada sino un punto de partida para todos nosotros.

Pero... somos tantos los que estamos esperando el futuro en lugar de construir el futuro. Parafraseando el escrito de Don Amado Nervo, ¿En qué hemos convertido nuestra vida? ¿Qué somos cada uno de nosotros? ¿Arquitectos o peones de nuestro propio destino?

INSENSATEZ O SENTIDOS ENTORPECIDOS.

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: Habrá señales prodigiosas en el sol, en la luna y en las estrellas. En la tierra, las naciones se llenarán de angustia y de miedo por el estruendo de las olas del mar; la gente se morirá de terror y de angustiosa espera por las cosas que vendrán sobre el mundo, pues hasta las estrellas se bambolearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube, con gran poder y majestad.

Cuando estas cosas estén comiencen a suceder, pongan atención y levanten la cabeza, porque se acerca la hora de la liberación. Estén alerta, para que los vicios, con el libertinaje, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida no entorpezcan su mente y aquel día los sorprenda desprevenidos; porque caerá de repente como una trampa sobre todos los habitantes de la tierra.

1.-     Muy queridos amigos:
                                                                                             
A toda luz, a todos nos resulta evidente que nuestra realización humana será inseparable de la posesión de ciertos bienes que nos permiten cubrir nuestras distintas necesidades básicas,... no obstante, en ningún caso nuestra realización humana se puede reducir solamente a ello,...  no se puede empobrecer al hombre queriendo que sea, consista o se construya en sólo un conjunto de bienes.
                                                                                             
Y es esta la apreciación y la invitación que la Iglesia, en su liturgia, nos hará extensiva durante este Adviento naciente, el cual como río de aguas caudalosas tendrá la desembocadura de su cauce en la mar de una Navidad auténticamente cristiana. Navidad dirigida a reconocer la majestuosidad del Dios de la vida que ha querido compartir la sencillez de nuestra condición humana. Para lograr lo anterior, se nos invitará a que también nosotros salgamos, tanto de nuestra comodidad como de esos apresuramientos que están consumiendo nuestra vida, en orden a que vayamos en búsqueda del Dios que le da sentido a nuestra existencia y a todo lo que humanamente hacemos con honestidad.
                                                                                             
2.-         Efectivamente, todos los cristianos recibimos, ya desde el día de hoy, un llamado para que superemos nuestros movimientos primarios, que nos sobrepongamos a esa nuestra simple orientación instintiva hacia un mundo terreno, temporal y experimental, para que así nos dispongamos a desarrollar nuestra apertura hacia los bienes superiores, los que trascienden,... especialmente a Dios, el Bien Supremo del cual se participa toda bondad.
                                                                                             
Se nos hace una advertencia concreta para que no dejemos que nuestros sentidos se entorpezcan, y que con ellos se entorpezca nuestra mente, nuestros afectos y nuestra misma vida cristiana, y que atrofiándose nuestra vida perdamos la destreza, y no poseamos ni la agilidad ni la motivación para buscar vivir en el mejor de nuestros días nuestra propia Navidad con el Dios que ha rasgado los cielos para conseguir venir Él a nosotros e ir nosotros a donde Él.
                                                                                             
¿Torpeza de los sentidos? Pareciera una exageración y no es así del todo.
                                                                                             
3.-     Dos son las direcciones en las que nuestros sentidos se entorpecen el día de hoy, como en los tiempos antiguos y en todos los tiempos: algunos de nosotros los atrofiamos por nuestra apatía y algunos otros a causa de los excesos.
                                                                                             
En nuestra apatía, somos tantos los que sufrimos, y hacemos sufrir a muchos, a causa de la irresponsabilidad. Nuestras cualidades se van atrofiando junto con la vida y la propia conciencia; y cuando se atrofia la conciencia porque no queremos estar despiertos, porque preferimos estar adormilados, porque tenemos miedo de aceptar nuestra vocación a la eternidad no tenemos más remedio que arrastrarnos y mendigar en una vida que ya no es verdadera vida. Y un día mendigaremos en esta vida que se nos dé un poco de salud, un poco de paz, un poco de amor y un poco de comprensión. Lo más lamentable de todo, será cuando llegue el día que debería ser el “mejor” de nuestros días, y que entonces mendiguemos la eternidad, después de habernos pasado el tiempo eximiéndonos de nuestros propios compromisos existenciales. 
                                                                                             
4.-     Y la apatía, no es más que el primero de nuestros caminos a la perdición, ya que existe una segunda vía que pareciera ser una autopista hacia nuestro propio fracaso y condenación...
                                                                                             
El exceso, es el segundo factor que nos atrofia. Hoy se entorpecen nuestros sentidos en el placer, el hastío, la embriaguez y la repugnancia. Se trata de una vida que todo lo permite y que se ha olvidado del valor de la austeridad y del orden. El consumismo, el materialismo, el hedonismo, el relativismo y el libertinaje se han convertido en la expresión constante y sonante del aprisionamiento esclavizante de nuestra sed de trascendencia en el sólo abrevadero de lo temporal.
                                                                                             
El atractivo inmediato y efímero de esta sociedad de consumo nos ha impulsado a renunciar al esfuerzo de buscar y de vivir los valores espirituales y religiosos, que si bien tardan en conseguirse, poseen la permanencia en esta vida y se convierten en nuestra llave para abrir la puerta de la eternidad. Y así, resulta constatable que nuestra visión hedonista de la sexualidad la ha reducido a ser un simple bien de consumo. De la misma manera, nuestra experiencia desviada de la libertad ha hecho que concedamos un asentimiento ciego a nuestros instintos.
                                                                                             
Hoy en día, en el embotamiento de nuestra mente, hemos renunciado al crecimiento, a la paz del corazón y a nuestra vocación de trascendencia.
                                                                                             
Hoy, nos hemos dejado engañar con los argumentos más infantiles. A primera vista, parece que sólo es bueno aquello que no nos duele, que sólo hay que buscar lo que nos es agradable;... se nos ha convencido de que es malo renunciar cuando se ofrece y decir que no, cuando se podría decir que sí, que todo sacrificio es malo y que todo placer es bueno.
                                                                                             
Nos han embaucado después de que hemos permitido que se nos mintiera. Todos, al parecer, hemos caído en la trampa que provoca el barniz de lo material y el oropel del consumismo. En el afán de ganarnos la “vida” no hemos tenido tiempo para vivir y no tenemos tiempo para Aquél que es la misma Vida.
                                                                                             
5.-     ¡Ah!, tal pareciera que este cura, el día de hoy al amanecer lo primero que hizo fue ponerse las gafas del pesimismo. Y la verdad, es que las realidades no pueden ni aceptarse con afirmaciones gratuitas ni negarse con descalificaciones gratuitas.
                                                                                             
¿Qué te parece si mejor le dejamos un espacio a la afirmación de una descalificación que Mario Benedeti hizo al periódico El País hace doce años, exactamente el 28 de Marzo de 1994?: “El anhelado bienestar sólo se compone de bienes y disfrutes materiales, y su obligado surtidor es el mercado de consumo; nadie menciona, ni por equivocación, el bienestar de la conciencia, la salud y los estados de ánimo, la necesidad del descanso, la recompensa del goce”, y yo podría agregarle, ¿quién incluye nuestra dimensión espiritual en el ideal del bienestar?
                                                                                             
Ojalá, que pensarás bien las cosas antes de que te ubicarás en un posicionamiento, y ojalá que cambiarás de posicionamiento antes de que las situaciones sean irreversibles.
                                                                                             
6.-         ¡Hagamos un alto en la vida! ¡Tenemos que darnos el tiempo para tener un respiro! ¿Qué es el Adviento sino un tiempo para detenernos, y un tiempo para que en la conversión volvamos a empezar, siendo capaces de corregir nuestra existencia?
                                                                                             
Vamos a darnos un poco de tiempo para que hagamos un alto, te lo enseña el Señor, yo te lo comunico y te lo agradecerá más de uno, aparte de aquel que miras en el espejo cada mañana. ¡No dejes que tu imagen en el espejo emprenda la mudanza antes de que hagas un alto en tu vida! ¡No dejes que tu imagen se desvanezca en el espejo de tu familia! ¡Haz algo! ¿Cuándo? Ahora...
                                                                                             
La verdad es que, yo no sé a dónde vamos tan de prisa, pero el apresuramiento ya se nos ha hecho costumbre, nuestra vida se mueve por la inercia y ha dejado de ser una reflexión. Nos diría José Narosky: “Quien apura su vida, sólo apura su muerte”. Y la peor Muerte sobrevendrá después de que se acabe esta pseudo-vida vivida en el auntoengaño.
                                                                                             
Lamentablemente, no nos damos cuenta de que nuestros auntoengaños se convertirán en autodestrucción. Somos tantos, los que nos sentimos dueños de la existencia; los que creemos que tenemos nuestra vida, el tiempo, las cosas y las personas compradas.
                                                                                             
7.-     La invitación del Evangelio no es otra, sino a que nos mantengamos despiertos y a que asumamos nuestras responsabilidades. Se nos invita para que dejemos de hacer las cosas, porque así se han hecho desde tiempos de Noé y desde antes del diluvio.
                                                                                             
Velen y estén preparados, porque no saben qué día vendrá si Señor.
                                                                                             
Se trata de,... ¡que no estemos adormilados por el desgano, ni vivamos sedados por los enervantes del consumismo!
                                                                                             
La vigilancia debe ser una actitud del cristiano en cada momento. Porque cuando sin querer nos descuidamos, casi sin darnos cuenta, ya no tenemos presente el por qué de nuestra vida.
                                                                                             
Vigilar significa que, en lo espiritual, nunca podremos descansar creyendo que ya hemos llegado, que ya estamos bien.
                                                                                             
La atención ha de ser constante, pues el contagio, el mal se infiltra cuando bajamos la guardia. El mal está siempre ahí, por siempre atento y se apodera de nosotros cuando nos confiamos. Y ése es el peligro constante, no que aceptemos el mal, sino que se apodera poco a poco cuando los hombres no estamos vigilantes.
                                                                                             
Debemos renunciar a lo fácil como norma, al éxito como fin, al podium como situación.                                                             
                                                                                             
8.-     ¿Qué hacer para mantenernos despiertos? Quizá, tendríamos que visitar los panteones, los hospitales, los reclusorios, los psiquiátricos, los asilos, los orfelinatos,... si lo hacemos nos ayudará a reflexionar en muchas cosas y a encontrarle un poco de sentido a lo que hacemos.
                                                                                             
Al Señor, solamente se le puede esperar en el estupor de la vigilancia, con las puertas abiertas de par en par, manos trabajadoras, ojos liberados de la pesantez, y corazón finalmente curado de la dureza que provocan nuestra apatía y nuestros excesos.
                                                                                             
No dejemos que nuestros sentidos se atrofien. No debemos vivir de las ilusiones, porque luego vienen las desilusiones desgarradoras.
                                                                                             
El cristiano tiene dos alternativas: vivir solamente el instante o trascender en la historia para llegar hasta la eternidad. Y tú, ¿qué eliges?

SEMILLA DE ETERNIDAD.

Velen, pues, y hagan oración continuamente, para que puedan escapar de todo lo que ha de suceder y comparecer seguros ante el Hijo del hombre”.

1.-     Muy estimados amigos:

Les agradezco por la gentileza que nos brindan al frecuentar este espacio de reflexión.

En este primer domingo de adviento en que el Evangelio nos dice: “¡Vigilad, y hagan oración!” Debemos preguntarnos: ¿Velar, orar,... para qué? ¿Qué hacemos mal? ¿Qué cosas hacemos en la vida y de lo cual nos podemos arrepentir? ¿Vigilar, qué? ¿Cómo vivimos para no llorar cuando sea demasiado tarde?

2.-         Adviento, significa: “venida o advenimiento”. Y este tiempo litúrgico llamado adviento, y compuesto por cuatro semanas, nos prepara progresivamente para la celebración litúrgica de la primera venida de Cristo, el próximo 25 de diciembre.

Sin embargo, Dios a través de su Palabra nos va a presentar algunos elementos que son fundamentales, en orden a que preparemos nuestro adviento existencial.

El adviento es un tiempo de conversión, un tiempo para ingresar a nuestro interior, en orden a detectar tanto aquellos elementos nocivos en nuestra vida así como aquellos elementos positivos que no han sido suficientemente fortalecidos.

El adviento es un tiempo para que hagamos un alto en la existencia, y así una vez revisado el marco de la vida, nos dispongamos a continuar por el buen camino, o bien seamos capaces de retomar ese camino que hemos abandonado.

3.-         ¡Fíjate! Como la solución de casi todos nuestros problemas nace cuando somos capaces de admitir nuestros errores, cuando miramos hacia adentro con sinceridad.

Cuando somos capaces de reconocer y aceptar nuestro egoísmo en nuestros actos, cuando no tenemos miedo de aceptar nuestro error, cuando aceptamos una conciencia en claridad, es entonces que se empieza a vivir.

Mientras, no puedo llegar al núcleo del problema que está en mí, en la manera cómo yo sea capaz de aceptar la vida y sus inconvenientes con claridad, sin miedo y con la difícil capacidad de arrepentirme y de vivir purificándome de los lastres que sin querer he ido aceptando. Se dice que No es posible vivir feliz en el presente a menos que el pasado se haya 'limpiado' y el futuro sea brillante y prometedor".     

El Evangelio de este domingo nos invita a que dejemos nuestra pasividad en la vida, y a que nos convirtamos en verdaderos hombres comprometidos con nuestra vida y con nuestra historia. Que dejemos de ser reactores y que nos convirtamos en los actores de ese trozo de trama que Dios me ha confiado.

4.-         ¡Velad, haced oración!, nos dice el Señor, y es que las cosas más bellas de la vida se pueden escapar, se pueden perder si vivimos en la somnolencia.

¿Sabías que en la arquidiócesis de Monterrey durante este año 2006 han fallecido 9 sacerdotes? Es imposible referirte ahora acerca de los nueve pero sí te puedo hablar de tres de ellos. Se trata de tres hermanos presbíteros, a los que podría calificar llanamente como: “sacerdotes de los buenos”.

El primer deceso aconteció, cuando apenas amanecía en el horizonte del presente año, el 05 de Enero. Nuestro muy querido amigo, Don Pablo Ponce fue llevado por el Hijo eterno del Padre a contemplar los misterios que aquí celebró con celo y fidelidad. Le conocí hace más de 25 años, pero mi trato cercano se dio hace 14 cuando yo tenía 2 años de ordenado y el padecía a causa de la enfermedad. Su sencillez, su necesidad de recibir la Sagrada Eucaristía, su solicitud expresa a un inexperto sacerdote joven para que le administrara el sacramento de la Reconciliación, su invitación para que rezáramos juntos el Oficio de la Liturgia de las Horas han quedado grabados en mi memoria y en mi alma.

El segundo deceso aconteció el sábado 26 de Agosto cuando fue llamado por el Señor de la vida a la alegría del Reino, un pastor valiente y un creyente indoblegable que recibió el nombre cristiano de Leopoldo González García. Le conocí hace 10 años y le veía orgulloso de la Congregación a la que pertenecía, y lo volví encontrar incardinado a nuestra arquidiócesis de Monterrey orgulloso de su ministerio. Se trata de un gran sacerdote con pocos años de ordenado y con un espíritu intensamente sacerdotal manifestado en su corazón y en su presencia. La vida le ofreció mil posibilidades de realización, pero para él sólo existía una: el ministerio sagrado. 

El tercer deceso se dio el muy cercano 18 de Septiembre, el Pastor bondadoso cargó sobre sus divinos hombros al muy querido “amigo” el Padre Víctor Manuel Chaveznava Siller, un pastor de la Iglesia que supo cargar con las penas de una gran cantidad de personas. Mi trato cercano con él se inició en Agosto de 1983, cuando él en su caridad visitaba la casa de Allende de nuestro Seminario, a partir de allí se inició una relación de cercanía ofreciéndome su ayuda como director espiritual y confesor. Le admiré siempre su generosidad, y una vez que el Divino Pastor le hizo cruzar por las cañadas oscuras de la muerte para hacerle ingresar a los pastos de la eternidad, me he encontrado con una gran cantidad de personas que al igual que un servidor hubieron recibido manifestaciones de un desprendimiento desinteresado, que le hicieron vivir al final de su vida algo que él bien sabía se presentaría, y no obstante, le aceptó y amó: una conclusión muy sacerdotal de su ministerio en la escasez.

En estos tres amados presbíteros podemos encontrar cuatro elementos coincidentes, entre otras muchas: su amor por el sacerdocio ministerial, su generosidad pastoral, una fuerte convicción celibataria y una intensa espiritualidad.

Nosotros los cristianos al día siguiente de la muerte de un ser querido le llamamos eternidad. Los cristianos celebramos la muerte como el nacimiento definitivo de una persona. Muy queridos Padres Pablo, Leopoldo, Víctor Manuel “Ad perpetuos annos vivas”.

El Señor quiso alegrar a su Iglesia y a sus fieles con la cercanía de estos tres pastores, y ahora la Iglesia los ha regresado a la cercanía de su Señor, para que los reciba en la alegría que nunca acaba. Que esta semilla de ministerio en la eternidad nos conceda a esta amada Iglesia diocesana muchos sacerdotes de los buenos.

5.-     La hiperconfianza suele ser tan nociva. Ayer como hoy, y quizá hoy más que ayer, somos tantos los que nos sentimos dueños de la vida, los que creemos que tenemos el tiempo, las cosas y las personas compradas.

La vigilancia deberá ser una actitud del cristiano en cada momento. Porque cuando sin querer nos descuidamos, casi sin darnos cuenta, ya no tenemos presente el por qué de tantos desvelos y de tantas preocupaciones.

Vigilad significa que nunca podremos descansar creyendo que ya hemos llegado, que ya estamos bien, que ya somos lo suficientemente buenos como para descansar, dormirnos y despreocuparnos.

Nuestra atención ha de ser constante, pues el contagio, el mal se infiltra cuando bajamos la guardia. El mal está siempre ahí, siempre atento y se apodera de nosotros cuando nos confiamos. Y ése es el peligro constante, no que aceptemos el mal, sino que se vaya apoderando poco a poco de nosotros al no estar atentos.

Nuestra vida cristiana, como punto de partida debe ser ofrecimiento y lucha. Sólo se vivirá cristianamente en el esfuerzo y en la donación. ¡Porque el que da la vida y todas las cosas, es Dios!

6.-         ¡Vigilar, hacer oración!

Vigilar se convierte en una acción significativa en la que están implicados los oyentes. La acción de vigilar comporta no dormirse. Velar es mantener despierto el espíritu cuando tantos duermen; velar es sobreponerse a las tinieblas que nos rodean; velar es vivir en el ámbito de la Luz de Dios. Renunciemos a todo lo propicio de las tinieblas como lo es el pecado.

Velar, para un cristiano, consiste en entrar en los planes de Dios y decidirse a realizar activamente su destino.

7.-     Muy queridos amigos: Dos son las actitudes que hoy tenemos que tener presente para iniciar una andadura segura a nuestro caminar.

Primero: ver. El querer ver. El no tenerle miedo a reconocer, llegar a saber dónde está el origen y los motivos que me impulsan a vivir, detectando aquellas situaciones que nos provocan muerte.

En segundo lugar: el valor. Se trata de tener la valentía, la capacidad, el coraje, el esfuerzo y el arrojo de arrepentirse, de pedir perdón.

Y entonces, sólo entonces, se puede hacer la luz en nuestro interior, es entonces que puede venir el Señor, en nosotros puede habitar la plenitud del amor de Dios que sólo puede entrar cuando somos capaces de abrir el corazón a la claridad.

7.-     No existe solución para nadie fuera de la claridad de su conciencia, la cual se obtiene en la cercanía con Dios. No existe vida humana en el error. No es posible vivir en la pereza y cumplir mi papel, no es posible ver a Dios desde el placer en el que estoy envuelto, como búsqueda ansiosa de pasar la vida. 

Vigilar y estar atentos: Porque aunque eso es difícil, no se va a encontrar seguridad y apoyo en el ambiente, pues, al fin y al cabo sólo en la claridad personal se inicia el proceso de conversión hacia Dios, el cual nos podrá conducir hacia la salvación personal.

Debemos estar atentos, especialmente para no caer en esa seducción que genera los populismos.

¡Es que todo mundo lo hace!, ¡Esto ya es normal! ¡Nunca como hoy había sido tan popular! Y me puedes decir ¿cuál es la factura?

Borreguismos, aplausos, reconocimientos, sonrisas y adulaciones. Siempre habrá quien nos los profiera, y habrá quien los prefiera porque no tiene la capacidad de vivir su vida y la busca en la falsedad de ese engaño pasajero que es la bufonada de los demás.              

Podemos elegir entre el aplauso del momento que puede durar un corto tiempo, o esa paz y serenidad de nuestra conciencia que nos acompañará siempre. Y cuando alguien elige el aplauso necesariamente se elige el egoísmo.

8.-         ¡Velar y hacer oración!

Nuestra vida cristiana es ofrecimiento, lucha, violencia, claridad, purificación. En una palabra la vida cristiana es conversión. ¡Esto es lo propio!

Lo totalmente otro, lo que no nos pertenece, es la tentación que se apodera, que engaña y que mata. Sólo se vive en el ofrecimiento y en el esfuerzo. Porque el que da la vida es Dios, y no podremos entrar al Reino mientras no seamos capaces de reconocer nuestros errores y cambiar.

Cada uno tiene los suyos, cada uno sabe por dónde entró el demonio del egoísmo, del dominio, de la pereza. ¡Pídele a Dios el don de la conversión que nos prepare para la celebración litúrgica de la Navidad!

Pero, sobre todo, pidamos a Dios que nos prepare para cuando celebremos nuestra propia Navidad en la contemplación de su divino rostro. ¡Nadie sabe ni el día ni la hora! Hay que estar preparados.



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