Domingo 17 de Diciembre de 2006_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

LA EXPERIENCIA NOS TRANSFORMA

 “  En aquel tiempo, la gente le preguntaba a Juan el Bautista: “¿Qué debemos hacer?” El contestó: “Quien tenga dos túnicas, que dé una al que no tiene ninguna, y quien tenga comida, que haga lo mismo”.

También acudían a él los publicanos para que los bautizara, y le preguntaban: “Maestro, ¿qué debemos hacer nosotros?” Él les decía: “No cobren más de lo establecido”. Unos soldados le preguntaron: “Y nosotros, ¿qué debemos hacer?” Él les dijo: “No extorsionen a nadie, ni denuncien a nadie falsamente, sino conténtese con su salario”

Como el pueblo estaba en expectación y todos pensaban que quizá Juan era el Mesías, Juan los sacó de dudas, diciéndoles: “Es cierto que yo bautizo con agua, pero ya viene otro más poderoso que yo, a quien no merezco desatarle las correas de las sandalias. Él los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. Él tiene el bieldo en la mano para separar el trigo de la paja; guardará el trigo en su granero y quemará la paja en un fuego que no se extingue”.
Con éstas y otras muchas exhortaciones anunciaba al pueblo la buena nueva. ”

Momento 1

Momento 2

Momento 3

 

1.- Muy queridos amigos:

Ha escrito Don Gustavo Adolfo Becquer su rima LXVI sobre la peor epidemia que existe en el mundo:

“         Llegó la noche y no encontré un asilo;
¡y tuve sed!... Mis lágrimas bebí.
¡Y tuve hambre!... ¡Los hinchados ojos
cerré para morir!

¿Estaba muerto en un desierto? Aunque a mi oído
de las turbas llegaba el ronco hervir,
yo era huérfano y pobre... El mundo estaba
desierto... ¡para mí!            

Se trata de la epidemia provocada por la ausencia de bondad en el corazón de los hombres.

Vivimos en un mundo contradictorio. La perplejidad surge cuando se consideran dos datos que poco tenemos presentes: En los arsenales atómicos del mundo están depositadas varias decenas de millares de megatones. Si una revista norteamericana que goza de seriedad no se equivoca: existen 20 toneladas de trilita por cada habitante de la tierra. Parece que esperamos a un loco, al que se le ocurra aplastar un botón.

Por otro lado, ¡Qué contradictorio es este mundo!, dicen los nutriólogos que para una vida normal se necesitan 2,700 calorías al día. Dicen que si el hombre come debajo de 2,000 calorías vive en un “ayuno crónico”. Así mismo, nos dicen las estadísticas que 30 millones de personas están muriendo al año a causa de una alimentación insuficiente. Por falta de pan.

2.-     La hambruna que padece el mundo actual, es el fruto de nuestro egoísmo y de una vergonzosa rapiña que ha llegado a adquirir dimensiones planetarias. Bastaría que leyéramos el último número del Fortune o del Forbes, para que nos demos cuenta de esa escandalosa desproporción que existe entre la riqueza de pocos y la miseria de muchos, aún en aquellos que con la bandera del comunismo se llegan a presentar con un disfraz de Mesianismo y en esa lista ya están incluidos uno o dos mexicanos en el top ten.

Hoy, resulta lamentable el constatar que en el momento actual no hace falta pan sino misericordia en el corazón del hombre. El hombre actual es codicioso y no es capaz de compadecerse del hermano.

3.-         ¿Pero, cómo es que el hombre puede tener acceso a la compasión?

Parece que muchos de nosotros necesitaríamos experimentar alguna vez la pobreza para que podamos salir del caracol de nuestro egoísmo e indiferencia.

Es la experiencia humana la que nos transforma en personas, y es la experiencia de Dios la que nos puede hacer mejores cristianos.

La experiencia nos transforma. Todo lo que predicamos en la vida no puede quedarse en mera teoría para la existencia, nos hace falta el factor experimental. El amor se experimenta, la pobreza se experimenta, la fragilidad se experimenta, el perdón se experimenta.

Resulta fácil hablar de la muerte, pero de la muerte del otro, del que no está cerca de nosotros, del que no lleva mi sangre. Pero, cuando la muerte toca a la puerta de nuestra casa nos sentimos impactados y afectados, y es entonces que comprendemos la caducidad del tiempo. Nuestra vida no puede ser la misma, una vez que experimentamos la muerte.

Es fácil, dar un discurso sobre la pobreza, pero es distinto el experimentarla: acusan los psiquiatras que sus divanes se están llenando de jóvenes que nadan en la abundancia. Hace falta experimentar la carencia para que cambie nuestra forma de percibir la vida.

Aprendemos a valorar cuando experimentamos la carencia. Tanto hacia las personas como hacia las cosas, nos damos cuenta de su verdadero valor, cuando experimentamos su ausencia.

En más de una ocasión me he encontrado con el joven que cambia de vida a raíz de un lamentable accidente. La experiencia hace cambiar a la persona.

La enfermedad terminal hace recapacitar a muchas personas que estaban lejos de Dios.

Las experiencias te transforman. Al conducir mi vehículo suelo bajar la velocidad, rezar un Padre Nuestro y un Ave María, al encontrarme con una ambulancia o con el vehículo de la funeraria. Pide uno por el cristiano transladado de emergencia a los puestos de salud, pide uno por el eterno descanso de quien se dirige a su última morada en la tierra, o bien por el consuelo y la esperanza de los deudos.

Las cosas cambian cuando uno vive esas situaciones. Hace falta que un día uno vaya en una ambulancia acompañando a un ser querido para comprender la labor de estos voluntarios y no irnos atravesando por enmedio de su trayecto, o siguiendo la estela que dejan en su camino para pensar que es gracioso el pasarnos en rojo los semáforos.

Hace falta que uno experimente el ir en el séquito fúnebre de una persona muy amada para que aprendamos a no desesperarnos y llegar a comprender el dolor de las familias que se dirigen al camposanto.     

4.-     No cabe duda que son las experiencias las que nos transforman.

Carlos Díaz, español de nacimiento, hace pocas semanas estuvo en nuestra comunidad parroquial y dialogue con aquel que desde hace más de veinte años conocía y admiraba a través de sus libros. Un hombre sencillo, catequista en su parroquia, esposo ejemplar, padre de tres hijos y abuelo de tres nietos, ya está preparando sus maletas para viajar al África a ayudar al hermano más necesitado.

Albert Schweitzer, alemán de nacimiento, fue uno de los mejores doctores en teología, de los mejores maestros en la Universidad de Hamburgo, pero llegó el momento en que el contacto con los leprosos le llevó a dejar las aulas y dedicarse a cuidar enfermos de lepra. Los amigos que le conocen dicen que ha dado, desde entonces, su mejor cátedra en teología que pudo haber dado: cuidar al leproso en Lambaréné, en el África Ecuatorial Francesa.

Raoul Follereau, francés de nacimiento, era un brillante periodista y autor dramático durante la segunda guerra mundial. Liberalista, su nombre estuvo inscrito en las listas negras de la Gestapo. En una persecusión buscó refugio en un convento de Venissieux, cerca de Lyon. Aquellos frailes estaban preocupados, porque ellos querían construir una colonia para los leprosos de Adzopé y no tenían dinero. Raoul les dijo a los monjes: "ustedes cuiden a los leprosos,...de los dineros me encargo yo". Y empezó una vida dedicada a recolectar fondos para construir leprosarios. Después le siguieron los leprosarios de las Antillas, de Guinea, etc...Este es el hombre que ha sabido amar a los leprosos, porque dice: "la compasión no es suficiente". Follereau fue conocido como "el vagabundo del amor".

5.-     ¡Es la experiencia la que nos transforma!

Agnes Gonxha Bejaxhui, Yugoeslava de nacimiento, fue mejor conocida como la Madre Teresa de Calcuta. Calcuta, "la Ciudad de la Pesadilla" como la llamó Nehrú, se convirtió en el sueño más noble y el lugar del amor más desinteresado de esta mujer, de aspecto muy débil, pero con una increíble fortaleza interior y que fue incansable en la entrega. Era el año 1979 y se le concedió el premio Nóbel de la Paz, pero ese año no hubo banquete para entregarle el premio a la madre Teresa, ya que se le entregaron los 30,000 dolares que iba a costar el banquete de la entrega del premio para que pudiera alimentar a 400 seres humanos durante todo un año.

Todos lo sabemos: Calcuta es la ciudad de los pobres y se convirtió en el santuario de la caridad de la madre Teresa. Ella significó, en éste mundo de mediocridades y de egoísmos, el mejor ejemplo del amor en activo, ella fue un evangelio viviente.

Karol Wojtila, Polaco de nacimiento... Charles de Foucauld, Francés de nacimiento... Francesco de Asis, Italiano de nacimiento..., Paul Claudel, Francés de Nacimiento, Edith Stein, polaco-germana de nacimiento. Podríamos seguir hablando de esas personas, a las cuales sus propias experiencias les transformaron su existencia.

6.-     Creo que la verdadera civilización todavía está por empezar, a pesar de los aviones supersónicos, de los satélites artificiales, de los milagros de la cibernética y de sus aplicaciones en mil campos.

La primera página de la historia de la civilización tendrá que empezar con una noticia vulgar para muchos de nosotros: sobre la tierra había un pedazo de pan para cada hombre.

Hoy se ha escrito la historia de la barbarie. Una barbarie capaz de cosas inauditas, de refinamientos inesperados, pero al fin y al cabo barbarie.

Hoy, más que milagros hace falta interés del hombre por el hermano.

Sin embargo, muy lejos se encuentra el hombre de ponderar a Dios, la vida, la caridad, la compasión y los sentimientos. Coincido con el Card. Pierre Veuillot, el cual afirmaba que: “Una sociedad se juzga por el lugar que tenga para con sus seres más necesitados”.    

Hoy, el hombre tiene el vientre y los bolsillos llenos pero el corazón  está vacío.

Dios nos invita para que veamos como propio el mundo del otro, sentirse afectado, como una reacción ante el sufrimiento de las víctimas. Es fácil decirle a Dios: ¡Soluciónales el problema!

La vocación del cristiano no es la de poseer, sino la de distribuir. Hoy no nos falta pan, nos hace falta misericordia y compasión.

 

CANDIL DE LA CALLE.

“  En aquel tiempo, la gente le preguntaba a Juan el Bautista: “¿Qué debemos hacer?” El contestó: “Quien tenga dos túnicas, que dé una al que no tiene ninguna, y quien tenga comida, que haga lo mismo”.

1.-     Muy queridos amigos:

El mensaje de este domingo me ha hecho recuperar en mi memoria aquella imagen de san Martín de Tours, mejor conocido entre todos nosotros como San Martín Caballero y que preside la actividad cristiana de muchísimos comerciantes. La imagen tú la conoces: aquel caballero arriba de su montura cortando la orla de su manto para favorecer a un hombre menesteroso que está postrado en el suelo.

Este es el ejercicio al que hace referencia el Evangelio del día de hoy, debes compartir con el hermano pero sin olvidar que tú también tienes necesidades, y quizá lo más importante: los tuyos tienen necesidades.

O por mejor decirlo en el ejercicio de este adviento como preparación a la navidad tan importante será lo que hagamos a favor del hermano como lo que hagamos a favor de nuestra propia familia: “Quien tenga dos túnicas que dé una al que no tiene ninguna”.

2.-         ¿Sabes? Muy querido amigo: Al principio del mes de mayo de este año 2006 hice algo que en mi vida puede ser considerado, sino como un momento inusual sí puede ser considerado poco usual: ¡me senté frente a la televisión durante dos horas para ver una película! La película era del año 1986, pero el protagonista era Tom Hanks y el director de la película era Steven Spielberg y fue esto lo que me convenció para invertir muy a mi pesar dos horas de tiempo.

La película es una comedia titulada en castellano: “Hogar, dulce hogar”. Ignoraba que fuese una cinta de humor negro de parte de los norteamericanos, pero al iniciarse la trama y al desarrollarse poco a poco me fue fastidiando ver que en la película, aquella pareja que con mucho sacrificio e ilusión compró una casa, estaba viviendo todo tipo de infortunios que pasaban de lo inusitado como es el hecho de que una escalera colonial de acceso al segundo nivel se viniera completamente abajo, hasta la inverosímil situación de que Tom Hanks se hubiese quedado atorado en una horadación inexplicable en el segundo piso, pero que sostenido por un tapete haya permanecido durante toda una tarde, toda la noche y la mañana del día siguiente, y esto por sólo contar algunos aspectos...

La verdad es que tuve la tentación de apagar el reproductor y el televisor, puesto que me sentía que desaprovechaba mi tiempo, pero en auto-revisión me contuve, y me hice el propósito de terminar de ver aquella película y, ¿sabes? ya hacia el final de la cinta me encontré con una frase que le dio sentido a ese tiempo que invertía...

Aquella pareja había pagado a unos contratistas para que repararan la casa y cuando el supervisor de la reparación les entregó la obra concluida le dijo lo siguiente a aquella pareja que veía satisfecha el resultado final en su hogar: “Desde que vi la casa supe que podía hacerse algo por ella, ya que me di cuenta de que los cimientos estaban en buenas condiciones, y es que mientras que los cimientos estén en buenas condiciones siempre puede hacerse algo por una casa”.

3.-         ¡Mientras que los cimientos estén en buenas condiciones se puede hacer algo por una casa!,... Cuanta razón hay en estas palabras. Se pueden estar cayendo las ventanas, el sistema eléctrico puede ser deficiente, el techo  se encontrará anegado en la tormenta y con el agua filtrándose, las puertas derribadas..., pero siempre que los cimientos estén en buenas condiciones se puede hacer algo por una casa, a favor de una familia, en beneficio de un hogar. Es que,... ¡padre! se está desmoronando todo,... No lo olvides: ¡siempre puede hacerse algo si los cimientos están en buenas condiciones!

Y es que en tanto haya un poco de incandescencia en la hoguera hay que aprender a atizar el fuego... No hay que apagar la mecha que todavía humea nos diría el profeta Isaías... Mientras que la caña no se quiebre totalmente no hay que acabar con ella...

Mientras que haya un poco de vida en una planta hay que saber remover la tierra en el redondel para buscar que la leve manifestación de vida no se asfixie...; basta que una persona manifieste la más elemental signo de vitalidad para que cualquier hombre tenga por obligación hacer todo lo que sea posible a favor de ella.

4.-     Hay un autor llamado John Mortimer que nos narra en su obra titulada: “Los cuentos del Canal de la Mancha” una serie de escenas que se viven en altamar de parte de aquellos que están habituados a la navegación. Con los conocimientos que hubo adquirido como viejo lobo de mar, él nos cuenta cómo es posible salvarse en la vida aún en los momentos de la más severa dificultad.

Contra toda lógica primaria John Mortimer menciona en su obra, que de aquellas personas que un día naufragaban en el Canal de la Mancha sólo unos no enfrentaban el peligro de la muerte: ¡aquellos que no sabían nadar!

¿Qué, ¡qué!? Sí, solamente aquellos que no sabían nadar son los que se salvan después de un naufragio, y entonces nos narra las mil y una situaciones que le tocó presenciar en altamar. Menciona que cuando una persona se ve uno en apuros, si sabe nadar se arroja al agua para que a través de su braceo en la mar alcanzar la costa, pero ignoran los que saben nadar que para alcanzar la costa la persona tiene que contar aparte de una buena técnica con una envidiable condición física. De allí que aquellos que sabían nadar invariablemente se ahogaban. En cambio cuando no se sabe nadar, la persona se aferra a los despojos de la embarcación, a los jirones de restos que quedan de lo que fue una embarcación.

Esa ha sido su conclusión en la constatación: si uno se encuentra en apuros, uno no debe sentirse un superhéroe ¡hay que aferrarse a los despojos!

Y así sucede en la vida de toda persona porque las dificultades se presentan tarde que temprano. Así es en el matrimonio, en el ministerio sacerdotal, así en la vida de la Iglesia.

5.-         Sobre las vicisitudes que un matrimonio vive, un prestigiado autor como lo es Hienrich Heine ha escrito que: “Todo aquel que se casa es como Pedro Orseolo que se desposaba con el mar”. Pedro Orseolo fue conocido como el Dux de Venecia, se trata de un famoso navegante que se casó con el mar y que recibió del emperador el título de Dux de Venecia y de Dalmacia. Menciona Heine que así como el Dux de Venecia no sabe lo que le depara su esposa la mar, el que se casa no sabe qué es lo que se oculta en su desposada, si tesoros, si perlas, si monstruos, si días de calma o si tormenta.”

Y en la vida acontece así, un día te encuentras con el tesoro de la salud y al otro día con el monstruo de la enfermedad.

Un día vives al lado del tesoro de la abundancia y al otro día con el monstruo de la escasez.

Un tiempo cohabitas con el tesoro de lo fasto y al otro con el monstruo de lo nefasto.

Un día reside contigo el tesoro de la alegría y al otro el monstruo de la  tristeza...

Un buen consejo es este de aprender a encontrarle el lado positivo a la vida y todo aquello que se hace acompañar de ella: se trata de comprender que mientras que los cimientos de una casa se encuentren en buenas condiciones se puede hacer algo para recuperarla, o también se trata de aferrarse uno a los despojos.

6.-     En ese aprendizaje de valorar y cuidar todo lo que es positivo en nuestra vida, hay una mujer que en un artículo nos invita a percibir la riqueza ¿de qué crees? De la invariabilidad.

Anna Quindlen ha titulado su artículo en la que describe su propia vida: “En la invariabilidad está el gusto”.

 “Llevo diez años, o poco menos, casada con el mismo hombre. Al principio, cada uno de nosotros dudaba de que ser humano alguno fuera capaz de sobrevivir a una larga convivencia con una persona testaruda, maniática y difícil como el otro. Pero las cosas han marchado bien.

Mucha gente cree, al parecer, que los cónyuges deben contemporizar y cambiar mucho para conservar la unión. Pues bien, nada está más lejos de la verdad. La estabilidad es uno de los soportes del matrimonio. Uno se siente seguro cuando sabe exactamente lo que el otro consorte dirá o hará en determinado momento. Si mi marido se contentase un día con cortar una pechuga de cerdo que estuviera ligeramente rosada y engullir el trozo en seguida, en vez de sostenerlo con el tenedor a la altura de los ojos, escudriñando como si se tratara de un presunto homicida, y preguntar “¿Está bien cocido esto?”, yo entraría en sospechas.

Cuántas veces he comprado un vestido para alguna ocasión especial, y mi esposo ha descubierto en el cesto de los papeles las etiquetas delatoras, con el precio. “¿Necesitabas un vestido nuevo?”, me pregunta invariablemente, aludiendo con ello una vez más a la diferencia entre los puntos de vista de cada uno de los sexos en cuanto a la necesidad y deseo.

Conozco bien sus ardides, y él los míos. Creo que ese es el secreto de todo buen matrimonio. Me gusta que haya cierta constancia en el modo de ser del hombre, como la hay en el mío. Si le pongo enfrente a mi marido en la mesa, un plato con cierta lechuga exótica, y empiezo a contar mentalmente, no llego a más de cinco cuando él pregunta, con tono suspicaz, “¿Qué hierbas son estas?”, al tiempo que remueve la lechuga con el tenedor.

¡Eso me encanta!”. –Concluye ella.                    

7.-         Amigos muy queridos: El amor es como un océano: siempre está allí... y siempre es diferente, no le tengas miedo a luchar por aquellos que amas. El adviento tiene un destinatario especial en nuestra familia.

Preocúpate por los cimientos de tu construcción, y recuerda que los cimientos para los cristianos están sólo en Dios, ocúpate de invitarle a Él a tu vida de familia y que Él no se quede ni sólo en el templo en el que te casaste ni en un accesorio ornamental de tu hogar, sino que se convierta en Aquel que en tu casa es considerado, consultado y tomado en cuenta.

¿Cómo están tus cimientos? Nunca sabes hasta que punto crees en realidad algo o en algo, hasta que su verdad o su falsedad se vuelve cuestión de vida o muerte. Es fácil decir que creemos que una cuerda es fuerte mientras sólo estamos utilizándola para atar cosas. Pero supongamos que tuviéramos que colgar de esa cuerda sobre un precipicio. ¿No trataríamos de descubrir antes cuánto confiamos realmente en ella?

Hay más tempestades dentro de nosotros mismos y en nuestros hogares que en la tierra o en la mar, y los esposos debieran esforzarse por comprender que van los dos en la misma embarcación y que se deben el uno al otro mutua fidelidad.  

¡Mientras que los cimientos estén en buenas condiciones puede hacerse algo por nuestra casa! No la abandones, no la derribes, lucha hasta el final y experimentarás más paz de la que te imaginas y aquellos que Dios te ha enviado te lo agradecerán.

LA CULTURA DE LA SOLIDARIDAD.

También acudían a él los publicanos para que los bautizara, y le preguntaban: “Maestro, ¿qué debemos hacer nosotros?” Él les decía: “No cobren más de lo establecido”. Unos soldados le preguntaron: “Y nosotros, ¿qué debemos hacer?” Él les dijo: “No extorsionen a nadie, ni denuncien a nadie falsamente, sino conténtese con su salario”

1.-     Muy queridos amigos:

Como lo podrás recordar, en el primer domingo de Adviento hemos hablado acerca de la necesidad de la vigilancia para que nuestros sentidos no se entorpezcan y que esto nos impida recibir al Salvador, en el segundo hablamos sobre la sencillez  que Dios elige para nacer, y en sus mensajeros, de forma especial en el Precursor, y con él la invitación para que preparemos el camino del Señor. El día de hoy, aparece otro invitado muy necesario en este camino de nuestro Adviento: la Solidaridad aunada a esa invitación a la conversión cristiana.

Debemos de aprovechar la predicación del Precursor en este tercer domingo de Adviento, para que nos ayude a reflexionar sobre este invitado de la vida cristiana, que ha sido limitado en muchos de nosotros, o reducido al más lamentable olvido en no pocos.

2.-     La solidaridad es, digámoslo así, como ese tercer movimiento necesario en la sonata que le estamos escribiendo al Hijo Eterno del Padre, en la celebración de los 2006 años de su nacimiento en nuestra historia.

¿Cuál ha sido el primer movimiento en esta composición musical? La invitación a la vigilancia. ¿Cuál ha sido el segundo? La exhortación a la sencillez.

Si la Navidad ha sido y es ese momento en que Dios se acerca para ofrecerle un abrazo afectuoso al hombre. La invitación que se nos hace ahora es para que, a través de la solidaridad, seámos nosotros los que nos dispongamos a ofrecerle un “abrazo en la caridad al hermano”.

3.-     Pero, ¿qué es la Solidaridad cristiana? ¿Cuál es su lugar en nuestra preparación a la Navidad?

La Solidaridad es esa actitud congruente de aquél que, habiendo recibido el beneficio del Dios que nos ama profundamente, se dispone, en la correspondencia, a ofrecerle al hermano una manifestación del amor que tiene en su corazón.

Entendemos por Solidaridad el principio que nace de la vida cristiana, en virtud del cual, podemos influír positivamente en la vida espiritual y corporal de los demás.

Si en este domingo, nos diéramos un espacio para describir el proceso que nos lleva a la vivencia de la Solidaridad, tendríamos que hablar de una virtud que exige en su expresión cristiana de un triple componente, manifestado al final en un solo gesto, en una sola actitud, en una sola vivencia: el abrazo a nuestro hermano.

4.-     El primer componente para que se viva la Solidaridad cristiana es la experiencia de la COMPASIÓN. Se trata de ver como propio el mundo del otro, sentirse afectado, como una reacción ante el sufrimiento de las víctimas. La compasión tiene su inicio en un corazón que se ha sensibilizado, que palpita más humanamente y que ha llegado a conocer lo que significa el “padecer junto con” el hermano. “Duélete con mis dolores, si en verdad, tú me has querido”, canta con toda elocuencia una pieza musical de un género llamado “vidala” argentina.

El segundo componente de la solidaridad será EL RECONOCIMIENTO. La acción solidaria, después de compadecerse, acoge al otro radicalmente “por ser quien es”. Se trata de la dialéctica, o de ese movimiento que surge entre la alteridad y la comunión. La Solidaridad permite desplegarnos del yo al tú, en el que percibimos en el rostro del otro, el rostro del ser humano, de la persona,... el rostro del hermano y el rostro de Cristo, para aquellos que somos cristianos.

El tercer y último componente, después de la compasión y el reconocimiento, será la cualidad de LA UNIVERSALIZACIÓN. La Solidaridad permite que la alteridad se forme en un “nosotros” que no puede tener fronteras. La Solidaridad jamás puede manejar el singular sino el plural, no puede ser excluyente de “nadie” sino incluyente del “todos”. Si en la vivencia de “la solidaridad” nos manifestamos sectarios, no podemos llamarnos verdaderamente cristianos.

La Solidaridad debe hacer que cada uno pueda sentir como algo personal la suerte de todos, entendiendo por todos: el conjunto de los individuos, y la situación personal de cada uno, lo cual implicará la búsqueda del bienestar de modo particular para los más desposeídos de bienes; esta Solidaridad se traducirá en el compartir y en el buscar un orden satisfactorio para todos.

5.-     La solidaridad se enfrenta a nuestro individualismo, cuyo interés se encierra en la conveniencia personal, familiar o de un solo grupo, y se levanta incluso frente a una justicia “mal” entendida como el mero cumplimiento de las normas legales de respeto y distribución de los bienes.

La cultura de la solidaridad es aquella que pueda dar solución a los urgentes problemas de nuestra sociedad contemporánea. Hoy, podríamos decirlo, que este no es un tiempo en el que nos falta el pan, ni el vestido, ni la tierra, ni los bienes materiales... hoy es el tiempo en el que nos falta amor en el corazón y Solidaridad en nuestras actitudes.

Hoy es un tiempo en el que permanecemos encerrados en un egoísmo que nos impide llegar a una verdadera madurez cristiana.

La caridad surgirá de la exigencia de una madura y plena realización personal. Como ha reconocido Eric Erikson, sólo existe la adultez en “la persona que tiene cuidado de sí, del otro, del ambiente; en una palabra, la persona solidaria. Todas las otras personas –independientemente de sus años-o permanecen en el estado de adolescencia egoístamente inmaduros o son viejos de espíritu. Sólo la solidaridad es capaz de hacer madurar en la persona la estructura adulta y lograda: la personal, la altruista y la ambiental”.

6.-         Podríamos decir, no obstante, que esta cultura llamada moderna, se ha encargado de desplazar a las sombras al hombre solidario y ha engendrado al hombre burgués y que la cultura post-moderna atrajo sobre nuestra sociedad una nueva etapa en la vida de la humanidad. Muchos piensan que hemos avanzado, pero temo decirte este domingo de que en lugar de haber avanzado hemos retrocedido.

Nadie nos garantiza hoy que con la muerte del burgués renazca un ciudadano maduro. Podría, en su lugar, nacer el adolescente. Si el burgués era aquel que sacrificaba el placer de vivir a favor de la acumulación de las riquezas, el adolescente es aquel que quiere, ante todo, divertirse, relajarse, pasársela bien, sin complicaciones, gastar y escapar de los rigores de la escuela por la vía del ocio.

Tan poco solidario, fue el hombre de la modernidad, como lo es hoy el de la post-modernidad.

7.-     El tema de la solidaridad ha sido, para nuestro anterior Santo Padre, un tema recurrente. Juan Pablo II nos propuso el mensaje social cristiano en estos términos: Pasar de la lucha de clases a la cultura de la solidaridad.

Incluso, el documento generado durante el Sínodo de los Obispos para la Iglesia en América expone que la conciencia de la Comunión con Cristo y con el hermano, que es fruto de la conversión, nos debe llevar al servicio del hermano, tanto en lo material como en lo espiritual.

La solidaridad es también un tema de interés para el Catecismo de la Iglesia Católica. Al hablar del séptimo Mandamiento, subraya en la relación  que tiene el cristiano con los bienes materiales, la práctica de tres virtudes: la templanza, la justicia y la solidaridad. Y esta temática va muy de la mano con la predicación de san Juan Bautista que hemos escuchado este día.

La templanza es esa virtud que nos ayuda a moderar nuestro apego a los bienes de este mundo; la justicia, por su parte, nos ayuda a preservar los derechos del prójimo y a darles aquello que les es debido; y, finalmente, la solidaridad es entendida como la vivencia de la regla de oro de nuestra vida cristiana, por la cual somos capaces de vivir la generosidad que tuvo para con nosotros el mismo Hijo de Dios, que “siendo rico se hizo pobre por nosotros a fin de enriquecernos con su pobreza”.

Lo anteriormente mencionado por el Catecismo de la Iglesia Católica nos muestra que la Doctrina Social de la Iglesia podría ser utópica si pensara que la solidaridad basta por sí sola y sí se olvidara de los otros recursos, entre ellos, de forma muy especial: la justicia. ¿De qué serviría que algunos cristianos viviéramos mucho la solidaridad compartiendo de aquello de lo que nosotros mismos le estamos despojando al hermano?

¡No nos engañemos! ¡Entendámoslo! La solidaridad no se logrará cuando lleguen esos días en los que el campo produzca en abundancia, ni cuando en algún momento los conocimientos científico-técnicos parezcan superar las dificultades de la humanidad. Hará siempre falta que, en nuestra Iglesia y en nuestra ciudad, que en nuestra sociedad y en lo personal, cada uno seamos verdaderos constructores de aquello que Juan Pablo II ha propuesto, desde la comprensión del Evangelio: como “La Cultura de la Solidaridad”.

8.-     Se acerca la Navidad, y debemos recordar que la Solidaridad de Dios se ha manifiestado plenamente en el Acontecimiento de la Encarnación y la celebramos año con año en la fiesta cristiana de la Navidad. La Solidaridad del hombre debe ir unida a la vivencia cristiana del Año Jubilar de la Encarnación, en la práctica de las obras de misericordia.

Y es que, todo cristiano por más rico o más pobre que diga o piense ser, tiene en su guardarropa dos túnicas o tiene algo adicional en el alimento, como para así compartirlo con el hermano.


___________________________________Firmar Libro de visitas

Biblioteca Virtual

Dic10
Dic03
Nov26
Nov19
Nov12
Nov05
Oct29
Oct22
Oct15
Oct08
Oct01
Sep24
Sep17
Sep10
Sep03
Ago27
Ago20
Ago13
Ago06
Jul30
Jul23
Jul16
Jul09
Jul02
Jun25
Jun18
Jun11
Jun04
May28
May21
May14
May07
Abr30
Abr23
Abr16
Abr09
Abr02
Mar26
Mar19
Mar12
Mar05
Feb26
Feb19
Feb12
Feb05
Ene29
Ene22
Ene15
Ene08
Ene01

2005

2004