Domingo 31 de Diciembre de 2006_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

LA PROFUNDIDAD DEL CORAZÓN.

“  Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén para las fiestas de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, fueron a la fiesta, según la costumbre. Pasados aquellos días, se volvieron, pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo supieran. Creyendo que iba en la caravana, hicieron un día de camino; entonces lo buscaron, y al no encontrarlo, regresaron a Jerusalén en su busca.

Al tercer día lo encontraron en el templo, sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían se admiraban de su inteligencia y de sus respuestas. Al verlo, sus padres se quedaron atónitos y su madre le dijo: “Hijo mío, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te hemos estado buscando, llenos de angustia”, Él les respondió: “¿Por qué me andaban buscando? ¿No sabían que debo ocuparme en las cosas de mi Padre?” Ellos no entendieron la respuesta que les dio. Entonces volvió con ellos a Nazaret y siguió sujeto a su autoridad. Su madre conservaba en su corazón todas aquellas cosas. Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en la gracia ante Dios y ante los hombres. ”

Momento 1

Momento 2

Momento 3

 

1.- Muy queridos amigos:

El texto del Evangelio de este día me ha traído a la memoria ineludiblemente el feliz momento de mi ingreso al Seminario. Recuerdo, como si fuera el día de ayer, aquel domingo 17 de Agosto de 1980 cuando por primera vez dormí en aquella que se convertiría en mi casa durante los once años de mi formación y otros diez años que serví como formador.

Recuerdo que al día siguiente de mi ingreso, el lunes 18 de Agosto, algunos compañeros nos dimos a la tarea de recorrer aquellos monumentales edificios y con este recorrido llegamos a la puerta de lo que en aquel tiempo era el Seminario Mayor. Nunca se me olvida cuando al abrir aquella puerta de cuatro hojas contemplé al fondo aquel hermoso vitral de Cristo Rey enmarcado con las montañas de nuestra ciudad, y al voltear mi cara hacia el lado izquierdo del inicio de aquel pasillo me tope con una frase escrita el latín, la cual no entendí en aquel momento pero que inmediatamente escribí en una libreta para investigar en lo posterior lo que significaba, la frase era precisamente la que el día de hoy nos ofrece el Evangelio en nuestra reflexión: “Et conservabat omnia verba haec in corde suo”. En la realidad aquel texto no era tan sólo una frase para traducir sino la propuesta de un auténtico proyecto de vida: “hay que aprender a clarificar en el sagrario del corazón, allí en donde nos encontramos con Dios, cualquier decisión que uno quiera tomar en la vida”.

2.-     “Su madre conservaba en su corazón todas aquellas cosas”. El Evangelista san Lucas nos está indicando con este texto la forma en que la Virgen María consideraba los acontecimientos que han sucedido en la aldea de Belén, los que acontecen en Jerusalén y los que se llevarán a cabo durante toda su vida.

La Madre de Jesús sabía vivir la vida y cada uno de los acontecimientos, no de una forma superficial o tan solo sentimental, sino que ella los guardaba en su corazón, en lo más íntimo de su persona, y se esforzaba por entenderlos a la luz de Dios, cada vez más y mejor.

3.-     Muy querido amigo:

La invitación que estamos recibiendo, tú y yo, en esta fiesta de el Sagrada Familia, es a no ser superficiales. Debemos profundizar en el misterio de la Navidad y en el misterio de nuestra vida. No nos podemos quedar simplemente en la poesía, en el sentimiento o en lo externo. Se nos invita a que nos sumerjamos en el mensaje de Cristo, de tal manera que no nos quedemos en la corteza, en la periferia, en los sentimentalismos estériles... La Madre de Jesucristo, nos lo enseña con sus propias actitudes.

Y es que la Navidad, es esa estación en que los ojos y los corazones son movidos a la memoria y al amor del Niño que nació en una cueva bajo el piso del mundo. Se trata del Niño cuyo nacimiento conmovió al mundo en sus mismos cimientos. La hora de la Navidad es el momento del misterio de la omnipotencia de Dios envuelta en pañales y yaciendo en un pesebre. Y es que Dios se encuentra siempre donde el mundo menos lo espera encontrar. La historia de la Navidad es la historia de Dios que estuvo sin hogar en su propio Hogar, Aquel a quien los suyos no lo recibieron y a quien el mundo no lo conoció.

4.-     Pero mientras que rendimos este acto primario de adoración al Dios que nos trajo los cielos a la tierra, al Dios cercano que vino a los hombres, existe un peligro real de que algunos podamos olvidar cómo nos vino el Niño al mundo: en efecto, ciertas formas modernas del cristianismo hablan del Niño que nos ha nacido, pero nunca dicen una palabra sobre la Madre del Niño. En algunas estaciones radiofónicas de nuestra ciudad pudiste escuchar en días pasados algunas reflexiones navideñas en las que se habló del nacimiento sin hablar de la que le dio a luz. ¿No te da tristeza, el que un celo mal entendido se convierta en un aparente odio, en ofensas,... o por lo menos en olvidos que dejan mucho que desear?

El Niño de Belén no cayó de los cielos a un lecho de paja, sino que vino a este mundo por medio de una gran Mujer que le concibió y que le dio a luz por obra y gracia del Espíritu Santo.

Y es que los hijos son inseparables de las madres, y las madres son inseparables de los hijos. –Al menos en la lógica de Dios- Es por ello que existe el peligro de que, por celebrar la Navidad sin la Madre, vayamos a llegar a un punto de que un día celebremos la Navidad sin el Niño ¡Y que absurdo sería, pues, así como no puede haber una Navidad verdadera sin Jesús, tampoco puede haber un Jesús que nos nace sin una María! Aunque temo decirte que hoy existen muchos lugares en los que en la Navidad ya se han olvidado también de Jesucristo.

5.-     Yo le ruego a Dios para que la Navidad no la vivamos de una manera en que pareciera que el Niño es un Huérfano, sino un Hijo de María.

Le ruego a Dios para que en el cristianismo alentemos el respeto por la Maternidad, y que vibremos de amor y de respeto por esa Madre que nos trajo al Salvador al mundo.

Ver al Niño en brazos de su Madre es ver el Cielo y la tierra unidos por el gran misterio que la Navidad encierra. En efecto, al ver el Niño en brazos de su Madre, pareciera que los cielos y la tierra cambiaran de lugar.

En estos días cuando la Madre se halla separada de su Hijo, por políticas poco cristianas de control de la Natalidad, por la separación de las familias, por los problemas económicos, por el morbo y la frivolidad en la sexualidad, le rogamos a Dios para que retorne el Ideal de la Madre con su Hijo en brazos, que nos ha recordado la escena de la Navidad.

6.-     Muy querido amigo:

El día de mañana, ocho días después de la Navidad y coincidente con el principio del año civil precisamente se nos ofrecerá la festividad de Santa María como Madre del misterio de Dios, para que contemplemos la figura de aquella que acepta en plenitud la voluntad de Dios. Esa fue la tónica de su vida, y la lección para nosotros. Ante la difícil invitación del ángel, la misma contestación de siempre: “hágase en mí según tu palabra”. Y eso es lo que caracterizó su vida: una disponibilidad sin condiciones.

Hoy le quiero pedir a Dios, de una forma especial, por todas aquellas madres de familia, que han aceptado en su vida la voluntad de Dios, al recibir amorosamente a cada uno de sus hijos, aún aquellos que conforme a los criterios del mundo no cumplirían con los requerimientos de calidad.

7.-     Así mismo, en este día de la Sagrada Familia y en la cercanía con la fiesta de la Maternidad Divina, quiero compartirte un mensaje que fue escrito por Marianne Neifert acerca de la maternidad, considerada como don y como tarea:

“De no haber tenido hijos, probablemente hubiera contado con más dinero y más cosas materiales. Quizá hubiera viajado mucho y dormido a placer, y me hubiera dado más gustos. Pero mi vida hubiera sido más aburrida y previsible. Como resultado de mi maternidad, he reído intensamente y he llorado con mayor frecuencia. Me he preocupado más y he corrido más. He dormido menos, pero de una u otra manera me he divertido más y he madurado más. Mi corazón ha experimentado un mayor dolor, y he amado a un grado que trasciende todo lo que hubiera podido imaginar. He dado mucho más de mí misma y le he encontrado mayor sentido a la vida”

Sin lugar a dudas que la maternidad exige la generosidad de parte de la madre de familia, se trata de un amor generoso que busca el bien de aquellos que a los ojos de ellas serán siempre hijos, independientemente de la edad que pueda tener el hijo.

8.-     Pero, lo mismo lo podríamos decir acerca de la paternidad. ¿Sabes? Edward Handman, un célebre y reconocido actor de teatro en Broadway, narra este aspecto del amor en aquellos que han recibido el regalo del amor fecundo, al compartirnos una escena de su vida, cuando una tarde salió a caminar con uno de sus hijos, que en ese entonces tenía 25 años, y al caminar en el parque el hijo se quitó la camiseta y su pregunta inmediata fue:¿No tienes frío, hijo?

No –repuso él, con paciencia- Si tuviera frío, me pondría la camiseta.

Adam su hijo ostentaba ya un título universitario, había iniciado su propia empresa, y se sentía autosuficiente.

Y el se preguntaba: Acaso ¿Existe en alguna parte del mundo un padre de familia que no haya entrado a la habitación de su hijo en donde lee muy a gusto, para decirle: “¿Hace demasiado calor aquí”? ¿Y hay acaso una madre que no le haya recomendado a su hijo adolescente o adulto: “No se te olvide comer”?

Cuenta el mismo Edward Handman que tiene un amigo, considerado uno de los más sobresalientes psiquiatras en New York, quien cuenta con 50 años, un exitoso médico, el cual en una ocasión en que fue a la opera con su madre, y que ya se iban a subir al Mercedes Benz del médico, cuando ella se volteó a verlo y le dijo: “Hijo ¿No tienes que ir al baño?”

Los padres que hacen esto deben tener el mejor de los consuelos: si sus hijos han aprendido bien la lección, posiblemente harán otro tanto con los propios hijos.

9.-     En lo personal me agrada que todavía en estos días invernales escuchar a mi padre cuando me oye toser: “Hijo, abrígate bien”, “¿Estás tomando el medicamento?”. Guardo con el afecto más sincero en el cofre del alma el tesoro de las palabras de mi madre, quien de Dios goza, quien al llamarle por teléfono me preguntaba ¿si es que ya había comido?, o que al salir de la casa en las alegres noches de la Navidad o de año Nuevo después de haber estado con ellos compartiendo la alegría cristiana, me pedía que le llamara al llegar de regreso al Seminario para estar tranquila de que había llegado con bien – le preocupaba el que me desplazara en medio de la ciudad y saliera rumbo al camino a San Mateo en una noche en que gran cantidad de gente, por desgracia, está alcoholizada. 

¿Cuándo los hijos comprenderán a sus padres? Cuando los hijos un día sean padres. ¡Felíz día de la Sagrada Familia y felicidades adelantadas por la fiesta de la Maternidad Divina!

A LA PUERTA DE UN AÑO NUEVO.

“  Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén para las fiestas de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, fueron a la fiesta, según la costumbre. Pasados aquellos días, se volvieron, pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo supieran. Creyendo que iba en la caravana, hicieron un día de camino; entonces lo buscaron, y al no encontrarlo, regresaron a Jerusalén en su busca.

1.-     Muy queridos amigos:

¡El Señor está a la puerta y nos llama! Él espera que le abramos y que no le neguemos un espacio en nuestra vida y en nuestra familia.

¡El Señor está a la puerta y nos llama! Esto no ha sido tan sólo una vivencia del peregrinar de sus santísimos padres aquella noche santa de su nacimiento, sino también es esto lo que Él realiza este día en que se inicia un nuevo año civil, y en cada uno de los días que nos permita vivir por su bondad,... y es que debes tener presente que el mes de Enero que iniciamos tiene su raíz en la palabra “Janua” que precisamente significa: Puerta.

Efectivamente Enero es para todos nosotros una nueva puerta que se nos ofrece para ingresar a un país de maravillas y a un mundo de posibilidades, al universo de las fantasías así como a la galaxia de la incertidumbre,... pero todo esto deberá ser visualizado por todos nosotros desde una perspectiva auténticamente cristiana.

Y después de que tengamos la visión cristiana podrán brotar de manera natural todas esas actitudes que manifiestan que hemos comprendido que la vida no está hecha de una sola pieza, sino que por lo general, nuestra existencia suele ser la formación de las diferentes escenas en las que se escribe la trama del existir. Esto, sin lugar a dudas, se aplica a este inicio de año civil que tú y yo estamos viviendo.

2.-     Y en este año que iniciamos nos toparemos con la entereza de todas aquellas personas que soportan los helados vientos de las dificultades y que no le tienen miedo a las tormentas que asaltan el corazón, y que aún con todo lo anterior ellos tienen la resistencia y la fortaleza de carácter para aguardar serenamente los días del mes de abril.

De la misma manera en que se desarrollará el ciclo lunar durante cada uno de los meses de este naciente 2007, habrá que aprender a disfrutar cada escena en la trama de nuestra película sin querer cortar su desarrollo antes de que se concluya con el elenco de los créditos. No nos es dado temerle a los cuartos menguantes de nuestra vida ya que son inevitables, luego ha de venir la luna nueva y empezarán los cuartos crecientes que nos han de conducir a una luna llena de nuevo. ¿Acaso no te deleitaste con la hermosa luna creciente que Dios nos regaló estos días pasados y que parecía una luminaria gigantesca?

3.-     ¡El Señor está a la puerta y nos llama! Y así será en cada uno de los días de este año 2007. Es por ello que una gracia tenemos que pedirle al Señor cuando toque a nuestra puerta: “que ingresemos por su Puerta” y que “todas las demás puertas de este año las abramos conscientes de que hemos ingresado por la Puerta de su bondad”.

Pidámosle a Dios que este año aprendamos a entrar del todo y salir del todo sin temor. Que no nos manifestemos ignorantes de que la vida se compone de etapas, largas y breves; unas que duran años, otras que se esfuman en segundos. Pero que todas ellas son importantes, esenciales, vitales.

Tenemos que vivir cada etapa y cada momento en la totalidad de su sentido y en la profundidad de su presencia.

Cada entrada y salida de cada evento y de cada día será para nosotros un ensayo cumulativo y decisivo para cuando sobrevenga nuestro definitivo entrar y salir que marcará nuestra eternidad, según haya marcado nuestra vida.

Y es que en nuestra incapacidad de vivir el momento presente de la existencia sucede que un momento de nuestro día que debía haberse vivido con atención exclusiva para su plenitud individual en el conjunto, queda emborronado por la intrusión de los momentos vecinos, así sea la sombra de la memoria del momento anterior o bien esa preocupación del instante que ha de seguir.

Y nos pasamos la vida sin vivirla a profundidad. ¡Vamos arrastrando los pies!

4.-         Nuestro problema suele ser uno sólo: que todos vivimos nuestra vida a medias. No vivimos del todo la vida porque queremos entrar cuando todavía no hemos salido. Y vivimos nuestra vida a medias porque vivimos cada situación a medias. No entramos del todo a una situación, y no salimos del todo de ninguna. Vivimos siempre a medias, siempre incompletos y siempre insatisfechos.

Siempre pintamos nuestros lienzos a medio ocre. Así se tratare de momentos grandes o circunstancias pequeñas, acontecimientos trascendentes o situaciones mínimas, crisis de la vida o rutinas diarias...; todo simplemente lo vivimos a medias.

¿No te has fijado? Desayunamos leyendo el periódico, cenamos viendo la televisión, conducimos hablando por teléfono, escribiendo en un papel o terminando con el arreglo personal, estamos en la santa misa tomando una botella de agua, vamos a clases y estamos oyendo música, estamos en el restauran con la lap-top abierta, viajamos de vacaciones con papeles de la oficina o del colegio, asistimos al funeral de nuestros padres arreglando por teléfono los problemas de la oficina, trabajamos pensando en casa, y estamos en casa pensando en el trabajo, contestamos sin escuchar, hablamos a uno mirando a otro...

Esta es nuestra vida que no es vida: Siempre divididos, siempre a medias, siempre aquí y siempre allá, siempre sin acabar de entrar del todo y siempre sin acabar de salir del todo. El “hic et nunc”, el aquí y ahora no existe para todos nosotros que no somos capaces de salir para entrar.

5.-     Y así vamos haciendo nuestras cosas a medias, y llegamos a experimentar la insatisfacción de no entregarnos del todo a nada ni mucho menos a nadie, de no vivir nuestra vida a plenitud, porque no vivimos cada situación en su totalidad.

Benjamín Constant, un escrior y político francés que participó en el Consulado de Napoleón, le escribía a Madame de Nassau en 1808 precisamente esta apreciación por medio de la siguiente premisa: “La vida consiste en salir de las cosas”.

Nuestra vida no es otra cosa sino el aprender a tener los dos pies, al igual que la mente y el corazón, en una realidad. Pero no estamos ni con las personas ni muchas veces con nosotros mismos. Estoy convencido de que era esto precisamente lo que quería expresar Antonio Machado cuando escribía en las “Nuevas Canciones”:

Tengo a mis amigos
en mi soledad
Cuando estoy con ellos
Que lejos están.

Y esto podría decirlo cualquiera de nosotros o mejor dicho cualquiera de los nuestros:

Tengo a mis hermanos,... a mi esposo, a mi esposa, a mi padre, a mis hijos, a mis nietos...
en mi soledad
Cuando estoy con ellos
Que lejos están.

5.-     ¡El Señor está a la puerta y nos llama! Y Él también podría decirnos a todos: Dime ¿Dónde estás cuando no estás conmigo? O peor aún: ¿Dónde estás cuando aparentas estar conmigo? ¿A dónde te vas cuando estás físicamente en mi Casa, pero no eres capaz de ofrecerme una sola hora en mi presencia sin que te hagan o tú hagas esas llamadas tan importantes? ¿Qué puede ser tan importante?

Y así vivimos nuestra vida. Decimos que nuestra alma está dentro del cuerpo. ¡Ojalá que fuera verdad! Algunos realizamos nuestros propios viajes astrales sin tomar algún tipo de afrodisíacos.

Vivir cada día, abrir cada puerta, aprender a entrar después de haber salido de nuestra anterior estancia, nadie puede servir a dos amos, a cada día le bastan sus propias ocupaciones... Juan Ramón Jiménez de Moguer, quien a causa de la irónica conducta de los hombres fue reconocido con el Premio Nóbel de literatura precisamente al estar moribundo, poseía el siguiente aforismo en su Ideología: “Líbrame de adherencias aurora! ¡Que hoy sea solo hoy!”

Se trata de vivir el presente, de vivir el momento, de disfrutar auténticamente de la vida. Y es que el hoy si no es hoy no es nada. Las adherencias a las que se refiere Juan Ramón Jiménez son los polvos de nuestro camino que se llegan a convertir en lodos, tal como lo menciona el refrán español, se trata de esos parásitos heredados o de unos virus de un futuro en la incertidumbre.

6.-     El padre Carlos González Vallés en su libro “Elogio de la vida diaria” narra que  a solicitud expresa acompañó a un compañero maestro que fue a su casa por algunas prendas de ropa de su esposa: “ Mi amigo abrió el cajón de la cómoda de su esposa y levantó un paquete envuelto en papel de seda. “Esto –dijo- no es un simple paquete, es lencería”. Tiró el papel que lo envolvía y observó la exquisita seda y el encaje. “Ella compró esto la primera vez que fuimos a New York, hace 8 o 9 años. Nunca lo usó. Lo estaba guardando para una “ocasión especial”. Bueno... creo que esta es una ocasión especial. Se acercó a la cama y colocó la prenda junto con las demás ropas que iba a llevar a la funeraria. Su esposa acababa de morir en un accidente. Volviéndose hacia el Padre G. Vallés el maestro le dijo: “No guardes nada para una ocasión especial. Cada día que vives es una ocasión especial”.

El padre Carlos G. Valles, menciona: Todavía estoy pensando en esas palabras...., y han cambiado mi vida. Ahora estoy leyendo más y obsesionándome menos. Me siento en la terraza y admiro la vista sin fijarme en las malas hierbas del jardín. Pasó más tiempo con mi familia y mis amigos, y menos tiempo en el trabajo o en la oficina. He aprendido que la vida debe ser un patrón de experiencias para disfrutar, no para sobrevivir.

Ya no guardo nada. Uso mis copas de cristal todos los días. Me pongo mi saco nuevo para ir al supermercado, si así lo decido y me da la gana. Ya no guardo mi mejor perfume para fiestas especiales, lo uso cada vez que quiero hacerlo. Las frases “algún día”.... y “uno de estos días...”  están desapareciendo de mi vocabulario. Si vale la pena verlo, escucharlo o hacerlo, quiero verlo, escucharlo o hacerlo ahora.

Son esas pequeñas cosas dejadas sin hacer las que me harían enojar si supiera que mis horas están limitadas. Enojado porque dejé de ver a buenos amigos con quienes me iba a poner en contacto “algún día”. Enojado porque no escribí ciertas cartas que pensaba escribir “uno de estos días”. Enojado y triste porque no les dije a mis hermanos y a mis hijos con suficiente frecuencia cuánto los amo. Ahora trato de no retardar, detener o guardar nada que agregaría risa y alegría a nuestras vidas. Y cada mañana me digo a mí mismo que este día es especial,... cada día, cada hora, cada minuto... es especial.

7.-     ¡El Señor está a la puerta y nos llama! Ojalá que le abramos este año, que le dejemos entrar en nuestra vida. Ojalá que terminemos de entender que la lección permanente es la de entrar y salir. Se trata de vivir el presente con los argumentos del presente, sin dejarlo contaminarse por el mal recuerdo del pasado ni por la hipótesis de un futuro, y sin estar donde estamos sin pretender estar donde no estamos. Simplemente el cuerpo se encuentra en una parte, en el único sitio donde puede estar, que es el presente, mientras que la mente está en otra parte, se va de paseo por otros horizontes que causan división y estorban el gozo auténtico.

Abramos la puerta de este año y abramos nuestra puerta al Señor que nos está invitando a disfrutar de una vida auténticamente cristiana.

 

EL BEBÉ ES EL PADRE DEL HOMBRE.

Al tercer día lo encontraron en el templo, sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían se admiraban de su inteligencia y de sus respuestas. Al verlo, sus padres se quedaron atónitos y su madre le dijo: “Hijo mío, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te hemos estado buscando, llenos de angustia”, Él les respondió: “¿Por qué me andaban buscando? ¿No sabían que debo ocuparme en las cosas de mi Padre?” Ellos no entendieron la respuesta que les dio. Entonces volvió con ellos a Nazaret y siguió sujeto a su autoridad. Su madre conservaba en su corazón todas aquellas cosas. Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en la gracia ante Dios y ante los hombres. ”

1.-     Muy querido amigo:

¡Qué difícil es el oficio de la paternidad! Sin lugar a dudas esta angustia de la que nos habla el Evangelio el día de hoy es de las que más duelen en el alma.

¿Sabes? Hoy te quiero confesar que existe una frase anónima que necesitó de un buen tiempo para que en lo personal yo pudiera asimilarla: El niño es el padre del hombre.

Al principio mi inexperiencia no me permitía asimilar la veracidad: ¿El niño es el padre del hombre? Hoy la comprendo y te comparto mi aprendizaje: Cuando por primera vez se vive el nacimiento de un bebé nace un padre, al nacer un bebé se da a luz algo que antes era inexistente en el hombre. La gestación de un niño es, en cierto modo, la gestación de un padre y de una madre: nacen en ellos dimensiones inéditas de su personalidad.

2.-     ¡El niño es el padre del hombre! En lo personal, siempre he considerado que cuando Dios les concede a los esposos cristianos el regalo del amor fecundo les está obsequiando dos regalos que están íntimamente ligados, solo que suele acontecer que solamente uno de los dos regalos en ocasiones se percibe y sólo ese se agradece, mientras que el segundo de los obsequios al ser ignorado no es valorado, y al no ser valorado no suele ser agradecido.

El primer gran regalo que Dios nuestro Señor les concede a los esposos con el don de la paternidad es sin lugar a dudas el misterio sagrado y profundo de esa posibilidad de tener a alguien en tus brazos que es sangre de tu sangre, alguien que es vida de tu vida, un ser que es herencia de tu herencia. ¿Cómo no va a ser un regalo especial este inmenso don?

¿Y cuál es el segundo regalo? – me preguntarán- El segundo obsequio que Dios les concede a aquellos que han recibido el precioso don de la vida prolongada en la descendencia es el de un sentimiento que Dios permite que puedan experimentar un hombre y una mujer en su corazón: se trata del amor paterno y del amor materno. Este sentimiento había sido desconocido por una persona hasta que él o ella no tienen el gusto de abrazar y cargar a aquel que es una proyección y una prolongación de su existencia. Es muy cierto, que las personas han conocido diferentes expresiones del amor, puede ser que casi todas, pero sí no han tenido a alguien en sus brazos que es sangre de su sangre, entonces desconocen ese sentimiento que ha sido elegido por el mismo Dios para así expresarnos el amor que Él nos tiene.

3.-         Alguien puede saber lo que es el amor filial, si se tiene al papá o a la mamá, conoce sobre el amor fraterno si Dios nos ha dado hermanos, ha experimentado el amor de amistad si hay personas que nos han ofrecido un sentimiento noble y transparente en la correspondencia, se ha vivido el amor de noviazgo cuando se ha iniciado la historia de la unión y se conoce hasta el amor esponsal cuando Dios permite que el amor de noviazgo se transforme de un amor sincero en un amor sagrado y de un amor posesivo en un amor oblativo, de un amor humano en un amor santo... pero, ¿el amor paterno y el amor materno?,... suele ser desconocido, sólo hasta que una persona no llega a tener en sus brazos a aquel o aquella que es sangre de su sangre y vida de su vida.

Es entonces cuando alguien logra experimentar ampliamente ese segundo regalo, ese sentimiento espontáneo, indiscriminado y gratuito conforme al cual preferirías que te doliera a ti algo antes que algo le doliera a tu hijo, un amor por el que preferirías pasar carencias antes que ellos pasaran carencias, preferirías enfermarte tú antes que ellos se enfermaran e incluso desearías morir tú antes que ellos murieran.

El amor materno y el amor paterno es el sentimiento más incondicional que existe y Dios mismo ha encontrado en ellos, ¡cuando son auténticos!, el mejor lenguaje para hacernos entender acerca del amor que Él nos tiene.

4.-         Hablemos pues, sobre el gran regalo de la paternidad y sobre el difícil arte del ejercicio de la paternidad:

Ante la ausencia de liderazgo por parte de los padres, algunos niños se vuelven extremadamente odiosos y desafiantes, especialmente en lugares públicos. Tal vez el mejor ejemplo lo dio un niño de 10 años llamado Robert, quien era paciente del doctor William Slonecker, y el cual narra esta historia en un libro titulado “Consejos para los padres de parte de un pediatra”.

El doctor Slonecker y su personal pediátrico le tenían horror a los días programados para las consultas de Robertito. Literalmente, él atacaba la clínica, cogiendo las revistas, los instrumentos, los archivos y los teléfonos. Su madre pasiva no podía hacer más que mover la cabeza en señal de desconcierto y sólo decir: ¡A qué Robertito!

Las cosas se complicaron un día para el doctor Slonecker. Durante un examen físico, el doctor observó varias caries en los dientes de Robertito, y supo que el niño debía ser enviado a algún dentista en la localidad. ¿Pero quién recibiría semejante honor? ¿o mejor dicho tan tremendo horror? Enviar a un paciente como Robertito con un colega podía significar el fin de una amistad profesional. Finalmente, el doctor Slonecker decidió enviarlo a un dentista mayor, de quien se decía comprendía a los niños, no sin antes la advertencia explícita del Doctor Slonecker: ¡Oye Doc, te voy a enviar un caso difícil! “No hay problema” le dijo aquel médico intrépido. El enfrentamiento que siguió se yergue ahora como uno de los momentos clásicos en la historia del conflicto humano.

Robertito llegó al consultorio dental, preparado para la batalla.

 “Súbete a la silla, jovencito”, dijo el doctor.

 “¡Ni loco!”, gritó el niño.

 “Hijo, te dije que te subieras a la silla, y eso es lo que quiero que hagas”, dijo el dentista.

Robertito se le quedó mirando a su adversario por un momento y luego replicó, “Si me hace subir a esa silla, me quitaré toda la ropa”.

El dentista le dijo calmadamente, “Hijo, quítatela”.

El chico inmediatamente se quitó la camisa, la camiseta, los zapatos, y las medias, y luego alzó la mirada desafiante.

 “Bueno, hijo”, dijo el dentista. “Ahora súbete a la silla”.

 “Usted no me oyó”, farfulló Robert. “Dije que si me hacía subir a esa silla, me quitaré toda la ropa”.

 “Hijo, quítatela”, respondió el hombre.

Robertito procedió a quitarse los pantalones y los calzoncillos, finalmente quedando totalmente desnudo delante del dentista y de su asistente.

 “Ahora, hijo, súbete a la silla”, dijo el doctor ofreciéndole aquella capa de la higiene que se amarra en torno al cuello.

Robertito hizo lo que se le dijo y se sentó de manera cooperativa durante todo el procedimiento. Una vez que las caries fueron agujereadas con el torno y rellenadas, se le ordenó que bajara de la silla.

 “Ahora deme mi ropa”, dijo el niño con orgullo.

 “Lo siento”, contestó el dentista. “Dile a tu mamá que esta noche vamos a guardar tu ropa. Ella podrá venir a recogerla mañana”.

¿Pueden comprender la impresión que recibió la madre de Robertito cuando se abrió la puerta del consultorio a la sala de espera, y ver allí a su hijo sonrosado, tan desnudo como el día en que nació y cuando Adán fue creado por el Divino Creador? La sala estaba llena de pacientes que sonreían, pero Robertito y su mamá salieron de en medio de ellos hacia el pasillo. Bajaron por un ascensor público y llegaron a la playa de estacionamiento, ignorando las risas contenidas de los curiosos.

Al día siguiente, la madre de Robertito regresó para recuperar la ropa del niño, y pidió hablar con el dentista. Sin embargo, ella no vino a protestar. Este fue su sentir: “No sabe usted cuán agradecida estoy por lo que pasó aquí ayer. Verá, Robertito me ha estado chantajeando con lo de su ropa por años. Siempre que estamos en algún lugar público, como por ejemplo, en una tienda de comestibles, me exige cosas irrazonables. Si no le compro de inmediato lo que él quiere, amenaza con quitarse toda la ropa. Usted es la primera persona que lo ha puesto en evidencia, doctor, ¡y el impacto que esto ha causado en Robertito ha sido increíble!”

5.-     Muy queridos amigos: Ser padres es un arte difícil y sobre todo el día de hoy que se han decretado los derechos de los niños y no los derechos de los padres de familia. La responsabilidad es enorme.

El padre de familia debe ser consciente de que él es el único padre posible para su hijo y que tiene el compromiso de cumplir lo mejor posible su tarea. No basta el sentido común para educarle. No sirve aquello de «yo educo a mis hijos tal como me educaron a mí», pues los problemas de hoy eran insospechados el día de ayer, y requieren respuestas nuevas.

Además, resulta necesario comprender que cada persona es diferente y sus necesidades, por lo mismo, también lo son. Aprende a pedir ayuda.

6.-     Te doy un consejo antes de despedirme en esta fiesta de la Sagrada Familia: Prepara en tus hijos recuerdos para el futuro: Todos tenemos estas oportunidades. A veces es algo sencillo: la decisión de abstenerse de algún quehacer con tal de llevar a sus hijos de paseo por el parque durante una hermosa mañana. O hacer de repente una visita a algún vecino anciano. Es la suma de momentos como esos, cuando dedicamos tiempo a los demás, la que crea una especie de collage de recuerdos. Los fragmentos de amabilidad se juntan a las demostraciones de afecto, e integran en conjunto hermosas remembranzas.

Lo mejor que se les puede dar a los niños además de buenos hábitos, son buenos recuerdos.

7.-     ¡El niño es el padre del hombre! Yo sé que sobre nuestra primera entrada, que es el nacimiento, las personas no parece que podamos hacer mucho, dado que no estamos por el momento en circunstancias conscientes de poder alterar los acontecimientos o nuestra manera de recibirlos. Pero sí podemos hacer dos cosas.

Primero: los padres, y más aún las madres en el papel que les es correspondido en gestación y nacimiento, pueden influir en que la entrada en el mundo del nuevo ser sea lo más benéfica posible y constituya un primer principio ejemplar de todas las entradas subsiguientes que corresponderán al neófito a lo largo de su vida.

Y, segundo, todos nosotros, al aprender algo sobre la influencia que esa primera entrada de gestación y nacimiento tiene en la vida y la ha tenido también en la nuestra, podemos entendernos mejor a nosotros mismos, y saber por qué reaccionamos algunas veces como reaccionamos, y así ir mejorando las demás entradas parciales que nos esperan en el resto de nuestra vida.

La vida se inicia desde el vientre materno, ojalá que nunca lo olvidáramos. Yo sé que el nacimiento de una nueva vida es como el abrir una puerta desconocida: tiene el vago sabor de lo desconocido, y despierta la sensación de pasar a un momento nuevo, en el que se manifestará de manera impredecible la confusión mundana.

¡Cuánta razón tiene Jerome Lejeune, el médico francés célebre por el descubrimiento de la trisomia del gen del par 21, y que ha mencionado lo siguiente: “Es mucho menos pesado tener a un niño en brazos que cargarlo sobre la conciencia”.

En este día de la Sagrada Familia te deseo: Felicidades por el doble regalo que has recibido de Dios en el nacimiento de tus hijos.


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