Domingo 5 de Febrero de 2006_________Pbro.
Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx
EL DIA CRISTIANO TIENE VEINTICUATRO HORAS.
“En aquel tiempo, al salir
Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a la casa
de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba
en cama, con fiebre, y enseguida le avisaron a Jesús. Él
se le acercó y tomándola de la mano, la levantó.
En ese momento se le quitó la fiebre y se puso a servirles.
Al atardecer, cuando el sol se
ponía, le llevaron a todos los enfermos y poseídos
del demonio, y todo el pueblo se apiñó junto a la
puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó
a muchos demonios, pero no dejó que los demonios hablaran,
porque sabían quién era él.
De madrugada, cuando todavía
estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió
y se fue a un lugar solitario, donde su puso a orar. Simón
y sus compañeros lo fueron a buscar, y al encontrarlo,
le dijeron: “Todos te andan buscando”. Él les
dijo: “Vamos a los pueblos cercanos para predicar también
allá el Evangelio, pues para eso he venido”. Y recorrió
toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando a los demonios.”
Al
participar en la celebración de la Santa Misa en este domingo,
y escuchar detenidamente las tres lecturas se van a encontrar con
Tres voces y con tres estilos de vida que se unen para emitir la
consonancia de un solo mensaje, y que nos marca una pauta para la
composición de una sinfonía en la existencia cristiana.
Se trata de una sola invitación transformada en un solo canto,
que se percibe detrás de esas tres entonaciones: Vivamos
nuestra vida y asumamos las responsabilidades que con ella se adquieren.
Empecemos
por escuchar con detenimiento a Aquel que lleva la voz principal
en esta ejecución y en toda la Sagrada Escritura, se trata
de aquel cuya vida se ha convertido en el más bello de los
cantos, y cuya melodía existencial va moviendo nuestros corazones
hacia la armonía de esta vida, y a que nos preparemos para
que justo en el momento en que nuestras voces parezcan apagarse,
nos dispongamos a entonar el mejor de los cantos.
2.-¿Te gustaría conocer lo que fue un día
en la vida del Señor? El Evangelio nos presenta
uno solo de sus días como los hubo muchos, tan lleno de responsabilidades
y de oportunidades aprovechadas; lleno, ciertamente, de ese sentido
mesiánico que acompaña toda la vida del Señor
Jesús como un palpiteo de su corazón, pero también
acompañado de esa entrega humana con que quiso revestir la
obra salvadora.
Se
trata de un día aprovechado en cada una de sus horas: Él
curó a la suegra de Simón Pedro, alivió las
dolencias del cuerpo y del espíritu de tanta gente; tuvo
tiempo tanto para convivir en la mesa de la casa del amigo como
para atender a las multitudes del pueblo que se apiñaban
en torno suyo. Él se levantaba a temprana hora para orar,
y cuando apenas despuntaba la aurora, se disponía a peregrinar
por las aldeas y los pueblos para anunciar en todas partes la Buena
Noticia de la salvación, puesto que para eso ha venido a
nosotros.
Te
puedes dar cuenta de que se trata de una vida muy parecida a la
nuestra, a la tuya y a la mía. ¡Éso espero!
O ¿qué te parece si mejor lo decimos de otra manera?:
Él nos vino a recordar lo que
debe ser nuestra vida, y la dignidad que esto encierra.
El Evangelio nos muestra la vida cotidiana del Señor de los
Cielos que se hizo hombre para que los hombres podamos acceder a
la vida de los cielos.
¿Sabes?
Nuestra vida diaria debiera iniciar también en un amanecer
de cada uno de nuestros días con ese ánimo dispuesto
a afrontar nuestras propias responsabilidades, aún sin saber
con certeza lo que nos depara la jornada, pero con plena confianza
en la Providencia Divina. La vida de Cristo nos debe inspirar para
vivir en una dignidad totalmente nueva.
3.-
Y es aquí, en donde podemos distinguir, entender
y apreciar esa voz de Job que entona una melodía mucho más
primitiva en la primera lectura, pero en consonancia con el sinfonía
del Evangelio.
Él
va a utilizar en su canto tres imágenes para comparar la
vida de todos los hombres: el soldado,
el siervo y el esclavo. Sintonizando la frecuencia
en la que emite su mensaje, podemos entender que así como
en la vida del soldado, el vivir es dar y arriesgarse; el hombre
tiene que entender que vivir es también disfrutar de la victoria
después de la entrega generosa; afirma que nuestro vivir,
como en el caso de un jornalero, es aprender a terminar extenuado
pero satisfechos con cada uno de nuestros días para así
poder cobrar el fruto de nuestro trabajo, recibiendo el salario
justo. Finalmente nos recuerda que, el vivir, hasta en la vida del
esclavo, es gozar del descanso y de la frescura de la sombra después
de una intensa jornada.
Y
quizá, lo más bello, en la letra de esta melodía
radique en ese entender que nadie puede imaginar lo que significa
un vaso de agua fresca mientras no haya tenido sed. Nadie conoce
el verdadero sentido de la victoria si no conoce el campo de combate.
Nadie disfruta ni valora el frescor de una sombra si no ha experimentado
el calor agobiante que le flagela en la espalda a la mitad de la
jornada. Nadie valora ni goza del fruto de un trabajo, sino aquel
que ha sabido ejercitarse en la generosidad y en el empeño.
4.-
Y así llega al estrado del escenario una tercera figura:
San Pablo.
Sin
lugar a confusiones, Jesucristo es quien entona el canto perfecto
que Dios ha querido dirigirnos a los hombres. Pero, al leer el libro
de Job, nos hemos dado cuenta cómo ya desde el Antiguo Testamento,
Dios deleitaba al hombre con algunos solfeos que nos iban ejercitando
para escuchar la perfección de su canto intepretado por su
Hijo Jesucristo. De la misma manera, llega ahora San Pablo, para
entonar algunos acordes con los que busca aterrizar en lo cotidiano
del cristiano el mensaje central del Evangelio. En san Pablo nos
encontramos con un predicador incansable del Evangelio, que realiza
su ministerio con todo tipo de iniciativas, sin ninguna otra motivación
que la fidelidad a la encomienda recibida de parte de Dios, esperando
por su fidelidad recibir los mismos bienes que el Evangelio nos
ofrece.
5.-
Aceptemos esta luz que se dispara desde cada uno de los tres textos
de la Palabra de Dios que estamos meditando, y que ilumina tantas
áreas ensombrecidas en la vida actual de tantos hombres.
Aceptemos
que una de las peores enfermedades de nuestro tiempo es la tendencia
a cobrar sin haber trabajado, a beber sin haber sudado; la tendencia
a intimidarnos ante la proporción de nuestras responsabilidades
y a escandalizarnos miserable y cobardemente ante la posibilidad
del dolor. Hoy, somos tantos los que actuamos sobreprotectoramente
y ésto provoca que nos vayamos atrofiando en muchas áreas
de la vida.
Terminemos
ya de comprender que lo que no nos cuesta no se valora. No nos dejemos
engañar por esas mentiras con las cuales se sobrecubre la
realidad y se solapa la irresponsabilidad más negra de nuestro
tiempo.
Tenemos
que afrontar esa realidad y tenemos que desafiarla con un verdadero
espíritu cristiano, con el espíritu de fe que solamente
nosotros, en la medida en que hayamos sabido ser hombres, sabremos
poseer como parte integrante e integradora de nuestra personalidad.
6.-
No nos está permitido deformar la realidad. Seamos honestos,
en primer lugar, con nosotros mismos, y renunciemos al fruto de
un trabajo que no hemos hecho. Devolvamos lo que no hemos merecido,
sepamos afrontar el dolor y el sufrimiento como parte integrante
de una lucha de superación personal, así como de una
lucha por el bien y la verdad de nuestros semejantes.
Cristo
es aquel que afrontó los golpes, quien no rechazó
las incomprensiones, quien afrontó la enfermedad de los demás
con compasión, así como afrontó el dolor personal.
Cristo cumplió con su misión redentora con el mismo
sentido de responsabilidad con el que Dios pide y espera que cada
uno de nosotros afronte la realidad de la vida, con la verdad en
la mente y en el corazón. Sin engaños, sin fantasías,
sin quimeras, sin representaciones y sin proteccionismos.
7.-
Muy querido amigo:
Cada
uno debe aprender que nadie puede vivir la vida por nosotros y que
vivir la vida es luchar. Vivir es arriesgar y es también
sufrir derrotas; vivir es afrontar la enfermedad y el dolor, y nadie
puede vivir ni por tí ni por mí como ni tú
ni yo podemos vivir por nadie. Vivir es aprender a disfrutar de
la rosa y el no tenerle miedo a esa espina que frecuentemente punza
nuestra mano.
8.-
El canto que Dios nos dirige el día de hoy posee una invitación
muy directa: Aprendamos a vivir durante el
día cristiano las veinticuatro horas que le forman, con sus
horas de alegría y con sus horas de tristeza, así
con sus horas de trabajo como también con sus horas de descanso,
ya con las horas de compañía ya con las horas de soledad,
sin desperdiciar las horas de luz ni rehusarnos a las horas de oscuridad,
buscando las horas del encuentro con Dios y potenciando las horas
de encuentro con el hermano.
De
la misma manera en que nuestra sinfonía necesita de cada
nota, así también nuestra vida tiene necesidad de
cada uno de sus instantes,
Seamos
capaces de vivir en el transcurso de nuestro año cristiano
los días felices y los días de desdicha, los días
de fiesta y los días de dolor, los días fastos y los
días nefastos, los días de prosperidad y los días
de adversidad, los días gratos y los días ingratos,
los días de salud y los días de enfermedad.
Seamos
capaces de vivir cada una de las estaciones de la vida: así
disfrutar de la primavera como el no tenerle miedo al invierno,
aceptando la esperanza del otoño como no negándonos
a la ocasional o frecuente desesperación que provoca nuestro
lacerante verano. Dios nos invita a vivir cada uno de los meses
que configuran nuestro calendario. Abril y Mayo son sin duda bellos,
pero no son eternos. Aprendamos a sembrar la simiente en la fatiga,
con la dulce esperanza del tiempo de la cosecha.
Debemos
ser capaces de vivir las edades de la vida: disfrutar de la inocencia
de la niñez, gozar y crecer con el tiempo de la juventud,
fortalecerse y proyectarse a través de la edad adulta, aprender
a recoger los frutos con el paso de los años y estar dispuesto
a vivir los tiempos en que los árboles empiezan ya a declinar
en sus frutos, pero que han aprendido a morir de pie. La mar-océano
tiene su tiempo de flujo así como sus reflujos.
Enfaticemos,
no obstante, el mensaje que el Evangelio nos ofrece aún sobre
el mensaje de Job: seamos capaces de vivir como hijos, más
que como asalariados.
9.-
Afrontemos el miedo al futuro, el miedo al presente y el miedo de
la vida, para así desafiar, como Cristo, la realidad de la
vida, enfrentándonos con la verdad tal como es y no como
quisiéramos que fuera.
¿Quieres
conocer lo que fue un día en la vida del Señor Jesús?
Relee el Evangelio del día de hoy.
LA
DESPROTECCIÓN DE LA SOBREPROTECCIÓN.
Al
atardecer, cuando el sol se ponía, le llevaron a todos los
enfermos y poseídos del demonio, y todo el pueblo se apiñó
junto a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males
y expulsó a muchos demonios, pero no dejó que los
demonios hablaran, porque sabían quién era él.
De
madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús
se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, donde
su puso a orar.
1.-
¿Quieres conocer lo que fue un día en la vida del
Señor Jesús? Vuelve a leer el Evangelio del día
de hoy.
Y
podrás darte cuenta de aquello a lo que en el argot eclesiástico
nos referimos cuando decimos: “por la antífona se conoce
el Salmo”, o lo que de forma popular se menciona: “para
muestra nos basta un botón”.
Jesucristo,
el Hijo eterno del Padre es aquel que enfrentó con dignidad
todo tipo de situaciones humanas durante su vida, así llamada
“pública”.
Pero
ya desde su infancia y su juventud su rostro se había convertido
en un rostro demasiado familiar. Tenía la familiaridad de
lo ordinario.
A
la gente de su tiempo les pareció algo tan conocido su vida
y su familia. Le habían visto por los caminos, junto al brocal
del pozo, en los juegos de la infancia, en el colegio...
Todos
coincidieron en que Jesucristo era el “hijo del carpintero”,
conocen a sus padres y a sus parientes, y por degracia algunos,
no estuvieron dispuestos a arrodillarse frente a aquel paisano suyo,
a quien creían conocer plenamente en cada una de sus veinticuatro
horas de esos 365 días que formaban sus 33 años.
Le
habían visto caminar por las calles llevando un madero en
el hombro y dirigiéndose a la carpintería de su padre.
Trabajaba como todos. Sudaba como todos. Su cara les resultaba familiar
desde su juventud, cuando al salir del taller traía residuos
de serrín en sus barbas y el polvo de la madera en sus ropas.
2.-
Y esta es la invitación de Dios en este día: Vivir
nuestra vida a plenitud, asumiendo las propias responsabilidades
y no rehusándonos a aceptar la realidad, aún cuando
esto contraiga dolor y cansancio.
Pero,...
al parecer, en nuestro tiempo vivimos todo lo contrario, y esto
se ha convertido en un brote epidémico.
Los
hombres queremos las cosas hechas y la pereza va haciendo presa
de los niños y de nuestros jóvenes. Date una vuelta
por la calle, por los lugares de esparcimiento y por nuestros colegios,
aún por aquellos que tienen certificaciones
ISO “sabrá Dios que número”,
y te podrás dar cuenta de que abundan aquellos que en el
inicio y en la plenitud del vigor, parecen preferir la mendicidad
sobre el esfuerzo y sobre el cansancio fructificante.
Y
es que en el fondo de todas las cosas se encuentran aquellos padres
de familia que dan a sus hijos el fruto de un trabajo que no han
hecho, que les permiten demasiado y que les exigen demasiado poco:
recuerda que lo que no cuesta no se valora, no se cuida, y mucho
menos se agradece.
3.-Hay un error en muchos de los padres
de familia: querer hacer todas
las cosas complicadas que a los hijos les corresponden, querer resolverles
todos los problemas e intentar eximirles de las consecuencias de
su obrar asumiendo sus responsabilidades en la vida. Esta
actitud tiene su origen en una forma de pensar que tú y yo
hemos escuchado en muchísimas ocasiones: “no
quiero que sufran lo que yo sufrí”.
Cuando,
en tantas ocasiones, escucho decir a mis hermanos, o a mis amigos,
que esperan que sus hijos no tengan que pasar por las estrecheces
que ellos padecieron, no estoy totalmente de acuerdo. Tales estrecheces
nos hicieron lo que somos. Es posible padecer toda clase de desventajas.
Sin embargo, los padres no se dan cuenta de que
la peor desventaja que podremos enfrentar en la vida será
el no haber aprendido a luchar.
Cuando
queremos realmente a una persona tenemos que aprender a no sobreponer
los afectos sobre nuestros pensamientos, tal y como lo contataban
los chinos al mencionar su afamado refrán: “Es
más fácil gobernar a un pueblo que a un hijo”.
El
buscar el bienestar de los que queremos nos debe permitir llamarles
la atención cuando sea necesario, así también
el no eximirles del cansancio y la satisfacción que acompaña
al trabajo que nuestra vida encierra, aún a pesar de la molestia
e incomprensión que podamos provocar.
Es
tan difícil lo anterior, que se dice que cualquiera sabe
criar a los hijos. Cualquiera, salvo los padres. Y así nos
encontramos con la dolorosa constatación que hizo la poetisa
Gloria Fuertes al escribir: Otros pobres.
Hoy
me entristecen otros pobres.
Dan
pena los mendigos,
los mendigos de letras,
los mendigos de duda,
los mendigos de ciencia,
esos sí que me dan pena.
Los
que no tienen nada
duermen a pierna suelta,
en un banco, en el puente,
beben en la taberna,
dicen: "¡Dios se lo pague!",
se rascan una pierna,
se comen un tomate
y piensan que son profetas.
Mendigo
es el que dice:
¿Y si Dios no existiera?
4.-
Y es aquí, queridos amigos, en donde termina la
poesía melosa y tiene su inicio una realidad que nos arranca
lágrimas y que nos quita el sueño. Se trata de esas
ineptitudes de nuestros jóvenes que tienen su orígen
en esas actitudes de muchos padres de familia que generan esas mentiras
con las cuales se cubre la realidad, y muchas veces se encubren
también los delitos más imperdonables y la irresponsabilidad
más negra de nuestro tiempo.
Pregúntate,
por favor: ¿Quién se
engaña todavía creyendo que le está haciendo
un bien a un atleta impidiéndole que se supere en entrenamientos
severos? Sucederá lo que todos sabemos, o
por lo menos debemos sospechar, que el deportista no será
campeón jamás y que un día aquel hombre fracasado,
cuando ya no pueda hacer algo para recuperar el tiempo perdido,
se va a volver contra quien le impidió la disciplina, el
aparente sufrimiento y la lucha por la superación personal.
Pregúntate,
por favor: ¿Quién se
engaña todavía pensando que le está haciendo
un bien a su hijo dándole aquello que no ha merecido?
El hijo nunca aprenderá a valerse por sí mismo, ya
que todo se lo resuelve su padre. ¡Comprende! los frutos de
tu trabajo son tuyos y tú no puedes vivir la vida de tu hijo.
Una cosa es darles instrumentos de trabajo y otra cosa es querer
darles los frutos de un trabajo que ellos no han realizado.
Sé
que tu quehacer se torna cada día más difícil,
puesto que te tienes que enfrentar a influjos que parecen tener
más poder que el que tiene tu propio empeño, tu buen
consejo y hasta tu testimonio. Hoy en día, la televisión,
la internet y todo tipo de publicidad inculcan el afán de
consumo en los niños. De muchas partes, se pretende hacerles
creer que la felicidad está en las cosas materiales.
5.-
Pero aún y con todo lo anterior, permíteme ofrecerte
un consejo en este domingo, a la luz de la Palabra de Dios: Si quieres
que tus hijos tengan los pies bien puestos sobre la tierra, colocales
alguna responsabilidad sobre los hombros
Tú
te podrás acordar de cuáles fueron aquellas situaciones
que a nosotros mismos y a nuetros hermanos nos fueron de gran utilidad,
¿o no es así? Entonces no les eximas a tus hijos de
ello.
En
tiempos de nuestros padres o de nuestros abuelos, depende de la
edad que tengamos y del lugar en el que vivamos, ellos trabajaban
ordeñando vacas, cuidando chivas, recogiendo huevos, tallando
lechugilla, recolectando frutos, comprimiendo quesos.
En
nuestra propia infancia, aparte de estudiar, muchos
de nosotros vendimos periódicos o chicles, lustramos calzado,
hacíamos mandados a los vecinos, empaquetábamos mercancía
en los supermercados, vendíamos aguas de fruta, lavábamos
lápidas en el panteón de la colonia, le ayudábamos
al tendero..., y mil cosas más. Aprendimos la dignidad
del trabajo y lo decoroso que significa ganar una
moneda con el sudor de la frente, y la posibilidad de ayudar un
poco en cantidad, pero que en la calidad de las realidades se transformó
en algo proporcionalmente grande para nuestras familias.
Hoy
en día, desgraciadamente, casi no se les pide nada a los
niños. Yo no pugno ni propongo una regresión de situaciones,
sino que mi propuesta cristiana es por la recuperación de
los valores. Lo importante no es la forma sino el contenido, tanto
de nuestro ser como de nuestro quehacer. Pueden ser cosas muy sencillas
las que les pidamos pero debemos enseñarles el valor del
esfuerzo y el costo que traen consigo las gratificaciones en la
vida.
6.-
Ya sabemos lo que les pasa a los niños cuyos padres insisten
en tomar por ellos las decisiones y las responsabilidades. El
niño un día se convertirá en un adulto inmaduro
o en una especie de embrión social, quizá, ¡aunque
te duela! se convertirá en un molusco familiar o en un parásito
social.
Recordemos
que todos los seres humanos crecemos en la lucha y al aprender a
tomar nuestras propias decisiones.
Cada
quien tiene sus propias responsabilidades, el adulto tiene su empleo
o tiene un desempeño laboral en el propio negocio. La madre
ha diversificado y multiplicado sus labores en nuestro tiempo. Los
hijos debemos aprender la virtud del trabajo, de los quehaceres
diarios, de las responsabilidades y del estudio.
7.-
Tenemos que afrontar esa realidad y tenemos que desafiarla con un
espíritu cristiano, con el espíritu de una fe auténtica
que solamente nosotros, en la medida en la que hayamos sabido ser
hombres, sabremos poseer como parte integrante e integradora de
nuestra personalidad.
Pero
dime tú ¿Cómo
vamos a ser hombres si no aceptamos el dolor como parte de la vida
misma? ¿Sí queremos los frutos pero no queremos pagar
el precio? ¿Cómo vamos a ser hombres si no estamos
enfrentándonos con la verdad y preferimos la oscura mediocridad
del engaño? ¿Cómo vamos a ser cristianos si
no contemplamos en el espejo de nuestra propia vida ese rostro del
hombre que sustente una fe bien entendida y bien vivida?
Y
yo quisiera que tambien, una vez más, todos los que en alguna
forma estamos sufriendo de esta grave irresponsabilidad, de esta
deformación ante la realidad, seamos honestos con nosotros
mismos, no nos apropiemos de aquello que no nos pertenece y que
apredamos a afrontar el dolor y el sufrimiento como parte integrante
de una lucha de superación personal y una lucha por el bien
y la verdad de nuestros semejantes.
LO
IDEAL ES VIVIR LA REALIDAD.
De
madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús
se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, donde
su puso a orar. Simón y sus compañeros lo fueron a
buscar, y al encontrarlo, le dijeron: “Todos te andan buscando”.
Él les dijo: “Vamos a los pueblos cercanos para predicar
también allá el Evangelio, pues para eso he venido”.
1.-
¡Qué interesante escena nos muestra el Evangelio! ¿No
te parece así? Los discípulos van a buscar a Jesús
porque, al mismo tiempo lo anda buscando todo el mundo, y resulta
que Él está allá rezando en un lugar solitario.
¿Sabes?
Me parece que no hemos llegado a comprender la fuerza de la enseñanza
de Dios. Pero te lo explico de esta manera: Ha llegado el tiempo
en que alguno esté interesado en buscarnos a nosotros precisamente
porque rezamos. ¡Sí! así es en la vida de todos
los tiempos: El hombre místico suele ser un hombre buscado
por todos, pero será un místico verdaderamente cristiano
en la medida en que se interese por buscarlos a todos.
Es
hermoso pensar que la oración pueda ser ese lugar seguro
donde todos puedan encontrarnos, pero es más cristiano el
pensar que nos pueda disponer y fortalecer como para salir de nosotros
y que podamos alcanzarlos a todos.
2.-
El contemplar, en un mismo cuadro, al Señor Jesús
sumergido en la más profunda de las oraciones, y volcado
al emerger hacia una intensa actividad en esas imágenes antecedentes
y consecuentes, nos debería dar la pauta para que hablemos
sobre lo que se ha dado a llamar la mística de la acción.
En
nuestra Iglesia católica han sido muchísimos los místicos
de la acción, aquellos que profundamente fortalecidos por
Dios en su oración han participado en el obrar mismo de Dios
en el mundo histórico: así san Ignacio de Loyola,
la beata María de la Encarnación y Teilhard de Chardin.
Es aquí en donde se ubican los gigantes de la caridad, así
san Vicente de Paúl como la Madre Teresa de Calcuta.
3.-
El día de hoy te quiero invitar para que percibas que es
la oración personal la que nos ayuda a hacer mejor el trabajo,
a cumplir adecuadamente con nuestras obligaciones y deberes con
la familia y con la sociedad, a tratar mejor a los demás.
Es la oración la que nos hace firmes ante las pruebas y las
dificultades.
Decía,
el felízmente recordado Juan Pablo II, en una de sus alocuciones
casi al empezar su Pontificado, el 14 de Marzo de 1979:
“
¡No dejen de orar! ¡Que no pase un día sin que
hayan orado un poco! ¡La oración es un deber, pero
también es una gran alegría, porque es un diálogo
con Dios por medio de Jesucristo! ¡Cada domingo, la Santa
Misa, y si es posible, alguna vez también durante la semana;
cada día, las oraciones de la mañana y de la noche,
y en los momentos más oportunos!”
4.-
Muy queridos amigos:
Cuando
el cristiano descuida su trato con Dios pierde la alegría
y no tiene las fuerzas para cumplir con los compromisos adquiridos.
Hoy
le quiero pedir a Dios, por todos aquellos cuyo don recibido ya
ha sido contemplado en su verdadero alcance: el don es una tarea
por realizar. Desgraciadamente, ellos mismos son los que en muchas
ocasiones han olvidado que es la oración esa brújula
necesaria que les puede permitir orientarse hacia el rumbo adecuado.
5.-
A propósito de esos deberes que tienes para con tu familia
y que en sus auténticas dimensiones necesitaría de
la ayuda que se obtiene mediante la oración, te quería
comentar una escena de la historia universal:
Se
cuenta que cuando Gian Lorenzo Bernini, aquel célebre arquitecto
italiano, escultor y constructor del baldaquino en el altar mayor
de la basílica de san Pedro, de la plaza y de la columnata
que se encuentra en el exterior de la misma Basílica, entre
otras obras,... concluyó una de sus obras maestras en la
Iglesia de Santa María de la Victoria en Roma, titulada “El
éxtasis de Santa Teresa”, pieza en la que se contempla
en imágenes en marmol blanco en medio de destellos dorados,
a Santa Teresa de Ávila y al ángel de Dios, mientras
que ella en arrobamiento místico se encuentra suspendida
sobre una nube de mármol, entonces se acercó uno de
sus amigos y le dice: “Gian Lorenzo, te felicito, ésta
es tu obra maestra”. A lo que Bernini le contestó:
“Esta no es mi obra maestra, mis hijos, mi familia ellos son
mi obra maestra”.
6.-
Pst, pst,...¡Oye tú!, si tú, pseudo-místico
que te pasas todo el santo día en el templo, en los grupos
o en tu cuarto haciendo oración. Tú que confiesas
con tu boca y crees con tu corazón...
¿Cómo está tu obra maestra? ¿Cómo
está tu familia?
Hoy,
el Señor nos invita para que afrontemos la realidad y para
que hagamos de nuestros seres queridos, personas que no le tengan
miedo al mundo real.
7.-
¿Qué quiere decir el cura al hablar del mundo real?
¿Cuántos mundos hay?
¡Ah!,
¿No te has dado cuenta? En
nuestra vida existe un mundo ideal y un mundo real.
Muchas
personas prefieren vivir en una especie de mundo ideal, ya que a
menudo anhelan y pelean con la bandera de la libertad, por la dignidad,
los derechos humanos, los privilegios, las concesiones y la independencia
como algo bueno en sí mismo, pero sin estar dispuestos a
tener un acercamiento con esas trabas exigidas por las obligaciones
y los deberes de la vida.
Nuestro
mundo real es ése contexto de nuestras responsabilidades
para con Dios, con los padres y la familia, con los amigos, las
autoridades y la sociedad.
El
mundo cristiano es un mundo en donde la libertad tiene que responder
cristianamente a las circunstancias, a los deberes y a las limitaciones
concretas. Sólo en este mundo real de la vida diaria –no
en el de la esfera ideal- existe la libertad humana y cristiana.
El
hombre permanece siempre libre para elegir. Diría Gabriel
Marcel: “No es lo mismo ser
libre que ser independiente”.
Aquellos
que confundimos la libertad con la independencia
vamos a caer fácilmente en las peores esclavitudes humanas.
Actualmente, en la supuesta autonomía del hombre han surgido
nuevas formas de esclavitud social y psicológica.
El
mismo Gabriel Marcel, existencialista francés que se confesó
católico, al publicar su libro SER Y TENER, criticaba el
que ésta nuestra civilización solamente se encargara
de enseñarnos el cómo poseer las cosas, cuando aquello
que nos debería enseñar es el arte de renunciar a
ellas. Él afirma que no hay libertad ni verdadera vida si
no aprendemos a renunciar a las cosas.
8.-Y éste es el tono en el que se educa a los hijos.
En esta sociedad consumista, los
niños tienen en sus habitaciones tantos lujos innecesarios
que para castigarlos habría que mandarlos a la alcoba de
sus padres o, quizá a sentarse en la entrada de la casa,
en vez de encerrarlos en su habitación.¡Ese
ya no es ningún castigo en nuestro tiempo!
Eduquémos
a la familia para que no le tengan miedo a las renuncias ni a los
deberes en la vida. Nuestros deberes los vamos adquiriendo en cada
una de las decisiones de libertad ejercidas a lo largo de la vida.
Eduquémosle
para que no le tengan miedo a esos rostros poco atractivos que traen
sobrepuestos algunos de nuestros días, y que pueden ser los
más felices de nuestro existir.
9.-
A mí me parece obvio que cada nuevo día - junto con
las personas y hechos de ese día- nos plantea una serie de
interrogatorios y espera de nosotros una reacción adecuada,
una reacción cristiana...
De
esta manera la persona necesitada y, a la vez, poco atractiva
por el descuido me pregunta qué tanto puedo amar en realidad...
La muerte
de una persona querida me pregunta qué es lo que creo en
verdad acerca de la muerte y con cuánto provecho me puedo
enfrentar cristianamente a la pérdida y a la soledad...
Un bello
día, una persona amable y espléndida, un logro y
una adquisición me preguntan qué tan capaz soy de
alegrarme sin que caiga en el orgullo...
Un buen comentario
y aún algunos de mis errores me preguntan qué tanto
sentido del humor tengo...
Una persona
muy diferente a mí, que ha vivido en un ambiente muy distinto
al mío me pregunta sí soy capaz de comprender a
fondo...
El éxito
y el fracaso me piden que defina mis ideas acerca del éxito,
del fracaso y de la felicidad...
El dolor
personal me pregunta si en verdad creo que puedo crecer aún
en medio de la contrariedad...
Una crítica
que me hacen, me interroga acerca de mi sensibilidad, de mi madurez
y de la confianza en mí mismo...
El afecto
y la entrega de otras personas, a mí me está interrogando
si es verdad que dejo que me quieran...
10.-
¿Te das cuenta cómo todo puede ser capitalizado?
Debemos
formar a nuestros seres queridos, a fin de que cada uno asuma la
realidad de la vida con sus deberes y con sus responsabilidades.
Los
cristianos no podemos confundir el amor, que siempre es necesario,
con el abuso del amor. ¡Date cuenta! “Si la falta de
amor materno y paterno puede matar, el exceso de amor no es menos
peligro”. El consentirles todo
a los niños es la mejor manera de hecharlos a perder, de
hacerles egoístas, individualistas y caprichosos.
11.-
Al leer y releer el Evangelio de este domingo, debemos estar convencidos
de que lo mejor de la vida tiene un costo por cubrirse: la entrega
y la constancia.
Hace
muchos años Calvin Coolidge decía: “Nada
en el mundo puede reemplazar la perseverancia. Ni siquiera el talento.
Nada es más común en nuestro tiempo que los hombres
de talento fracasados. El genio no puede reemplazar a la constancia.
La educación no la puede reemplazar. Nuestro mundo está
lleno de náufragos educados”.
Cuando
se ha procurado que los hijos estén cercanos a Dios y se
les ha enseñado el valor de la perseverancia, en alguna situación
adversa, tal vez se detengan momentáneamente, y quizá
en algunos momentos vayan dando algunos traspiés de tal manera
que parecieran ir en retroceso, pero el ir hacia atrás les
será de utilidad como para que agarren impulso, y de esta
manera, seguirán adelante y no pararán hasta alcanzar
sus metas. Continuarán buscándolas y en el camino
descubrirán que son demasiados pocos los problemas que no
puedan resolverse con una firme perseverancia, y qué absolutamente
ningún problema es imposible para aquel que esté cercano
a Dios.
¡Hagamos
oración y afrontemos la vida! Es en la oración en
donde percibiremos las necesidades reales de nuestros hermanos,
nos fortaleceremos de cara a las posibilidades que tenemos delante
de nosotros y tomaremos fuerza para seguir cumpliendo con nuestra
misión.