Domingo 26 de Febrero de 2006_________Pbro.
Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx
“En
una ocasión, en que los discípulos de Juan el Bautista
y los fariseos ayunaban, algunos de ellos se acercaron a Jesús
y le preguntaron: “¿Por qué los discípulos
de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, y los
tuyos no?”
Jesús
les contestó: “¿Cómo van a ayunar los
invitados a una boda, mientras el novio está con ellos?
Mientras está con ellos el novio, no pueden ayunar. Pero
llegará el día en que el novio les será quitado
y entonces sí ayunarán.
Nadie
le pone un parche de tela nueva a un vestido viejo, porque el
remiendo encoje y rompe la tela vieja y se hace peor la rotura.
Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino rompe los
odres, se perdería el vino y se echarían a perder
los odres. A vino nuevo, odres nuevos”.
Las
costumbres de los preparativos y de la realización del matrimonio
en el pueblo de Israel incluía, aparte de los invitados,
la presencia de un amigo del esposo encargado de preparar el encuentro
nupcial y de servir de intermediario de los futuros esposos hasta
que llegara la hora de la boda, en la que él mismo se encargaba
de presentar a la novia al esposo, y luego se esfumaba.
2.-
El día de hoy, Jesucristo al dar la razón fundamental
del porque sus discípulos no ayunan, utiliza como referente
esta costumbre de su pueblo, y con ello se revela en su divinidad
y llama a sus discípulos “los amigos del esposo”,
sus amigos, sus invitados. Esos amigos no tienen necesidad de ayunar
en tanto que Él está con ellos.
Mientras
que el Esposo está presente, sus amigos deben disfrutar de
la alegría de su presencia. Ya después llegará
el momento en que les sea arrebatado el Esposo, y entonces sí
tendrán necesidad de ayunar.
3.-
Parece que las cosas se tornan más confusas. ¿No te
parece así?
Te
preguntarás entonces, ¿Cuál es la razón
que justificaba el ayuno de los Israelitas, de escribas y de fariseos
y de los discípulos de Juan el Bautista?
Por
una razón: Ellos se abstenían del alimento para así
ser dignos de encontrarse con Dios, o mejor dicho para así
tener un contacto con Dios. El ayuno es un ejercicio de piedad religiosa
en los israelitas y en todos los hombres para elevar al hombre más
allá de lo material y disponerle a la trascendencia de Dios.
¿Ahora
sí comprendes? Los apóstoles de Jesucristo no necesitan
ayunar por una razón demasiado clara: porque en Jesucristo
es Dios mismo quien está con ellos. No es necesario, por
el momento, esforzarse por subir a aquel que ha descendido a los
hombres ¡Y esto es lo que Cristo les quiere dar a entender!
Cuando
Cristo ya no esté visiblemente presente entre los hombres,
entonces sí será necesaria la mortificación
para poder verle con los ojos del alma, o para que fortalezca su
débil oración y puedan hacer milagros en el nombre
del Esposo ausente físicamente pero presente en aquellos
que forman sus órganos.
4.-
Los escribas que le están cuestionando, necesitan comprender,
en primer lugar, que Jesucristo es el Esposo Divino de la humanidad,
quien se está presentando como el Dios verdadero que ha venido
a dar cumplimiento a los anuncios mesiánicos de Oseas, de
Isaías y de otros de los profetas. De tal manera que mientras
que Cristo está con los amigos, ellos no necesitan elevar
el espíritu, puesto que ha sido Dios mismo quien en la Encarnación
de Cristo ha querido bajar del Cielo.
En
la presencia de Cristo entre los hombres, los apóstoles viven
una situación idéntica a la que tendremos tú
y yo, Dios mediante y mediante nuestras buenas obras, en la Vida
Eterna; cuando en la contemplación del rostro de Dios, tampoco
será necesario ni oportuno el ayuno, ni cualquier otro tipo
de penitencia, pues le estaremos contemplando cara a cara.
5.-
Gentiles amigos:
En
este domingo, más allá, de meditar en la figura de
Aquél que los cristianos reconocemos y amamos como el Dios
verdadero, el Esposo de la Iglesia, el Esposo de la humanidad, que
ha venido al mundo. Más allá, de la meditación
en torno a la bondad del ayuno, cuya piadosa práctica resulta
tan necesaria para aquellas personas que vivimos en un mundo como
el nuestro, algunos sumergidos en extravagantes excesos y otros
arraigados en hedonistas y hasta esotéricas practicas ascético-dietéticas
con claros tintes de vanidad o de autodominio, lo cual meditaremos
a partir del próximo miércoles al inicio de la cuaresma
con la práctica de la recepción de la ceniza. En este
primer segmento de nuestra reflexión quisiera invitarte para
que meditemos sobre la necesidad de vivir esa actitud cristiana
llamada: adaptación.
6.-
El Señor Jesucristo utiliza sabiamente las imágenes
del vino y los odres, y del remiendo y el vestido, para así
referir con una imagen comprendida por las mujeres y otra comprendida
por los hombres sobre las exigencias propias que trae consigo cada
situación particular, a la cual tendremos que responder con
dignidad. El Señor nos advierte con claridad: Al vino nuevo
le corresponden odres nuevos y al vestido viejo un remiendo viejo.
La
adaptación es la virtud y la actitud por la cual los seres
vivos nos acomodamos con un adecuado discernimiento al medio en
el que nos ha tocado vivir, y a los cambios posibles que experimentamos.
La
Encarnación de Jesucristo, el Hijo eterno del Padre, es el
ejemplo más claro de lo que significa adaptarse. Es en la
Encarnación en donde se da el mejor ejercicio entre el Encuentro
y el Intercambio. Dios en la Encarnación no ignoró
las categorías espacio-temporales en las que tuvo su contexto
histórico el Nacimiento de Aquel que está sobre todo
Tiempo y sobre todo Espacio. El Señor no renunció
a su marco cultural, social, político, económico y
religioso. Sin duda Él depura estas realidades, las eleva
y, a los cristianos nos orienta sobre la adecuada vivencia en torno
a nuestras obligaciones temporales. En pocas palabras, el Dios encarnado
supo adaptarse y evangelizar en el marco de la realidad que le tocó
vivir.
De
la misma manera, los primeros cristianos aprendieron rápido
esta lección. Albert Harnack nos expresa que una de las razones
del éxito que tuvo el cristianismo primitivo fue su capacidad
para adaptarse a las más diversas culturas (a la hebrea,
la griega, la latina, la copta, la árabe, la irania,...)
sin perder por ello su identidad.
7.-
Nuestro tiempo exige nuevas actitudes y nuevas categorías
mentales. Renovación, aggior-namento, actualización,
contemporizar; esa suele ser la temática y la exigencia actual.
Es difícil contemporizar, porque suele ser muy difícil
el que rompamos con esos moldes que hemos fabricado en nuestra vida,
no tan sólo en nuestras estructuras sino también en
nuestra mente. Sin embargo, sin que le tengamos miedo a la adaptación,
jamás debemos olvidar que el contenido no cambia aunque cambien
las formas.
Acerca
de la necesidad que tenemos en la Iglesia de actualizarnos y de
adaptarnos el Papa Benedicto XVI, cuando como cardenal Joseph Ratzinger
era el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la
Fe, escribió un libro sobre la Iglesia en el que tiene en
el proemio una anécdota con la que nos instruye:
8.-
“Se trata de un circo que se está
instalando en una población, la gente del pueblo se encuentra
entusiasmada por tan grata noticia. Las familias se preparan y hacen
sus planes, los ahorros y las compras para así asistir a
las funciones de estreno del primer fin de semana. ¡Nadie
quería perderse la oportunidad de presenciar el espectáculo
prometido en aquellas carteleras.
El
momento llega en que la gran carpa se encuentra instalada y la primera
función está por empezar. Un río de gente va
alimentando aquellas butacas progresivamente hasta lucir atiborradas
aquellas tribunas.
Una
vez que hubo empezado la función, el dueño del circo
recorría el entorno de aquella carpa. Una sonrisa de satisfacción
se dibujaba en su semblante, sus ojos brillaban y pronunció
en sus labios: ¡Es un excelente negocio venir con nuestro
espectáculo a estos pueblos!
En
estos pensamientos se encontraba cuando repentinamente levantó
su mirada hacia lo alto y el brillo de felicidad que tenía
en sus ojos se confundió con el movimiento de unas llamas
en lo más alto de aquella lona de material sintético.
Se daba cuenta que la carpa empezaba a incendiarse. -¿Qué
hacer?-, hay que actuar con rapidez. “Pero, si entro y aviso
a la gente va a cundir en pánico y posiblemente quienes resulten
dañados sean los niños y los ancianitos”. ¿Qué
hacer?, ¡Ya se!, voy a pedir a alguien que vaya a la plaza
del pueblo y que pida ayuda a la gente.
El
empresario caminaba rápidamente hacia la oficina de administración
para buscar a algún emisario y, cuando pasaba por los vestíbulos
sucedió que se topó con "Gomita", el payaso
estelar que se dirigía hacia el interior de la carpa para
así realizar su rutina de comediante. Aquel ingenioso bufón
traía puesto su traje multicolor, una redonda peluca, una
nariz grande, zapatos de medio metro, un descomunal broche de esos
que llamamos “seguros” y su rostro profesionalmente
maquillado.
-“Gomita,
quiero que vayas al pueblo a pedir ayuda porque el circo se está
quemando”- Le dijo el patrón. “-Pero, es mi turno
en el espectáculo”- respondió el comediante.
-No importa, yo haré los arreglos necesarios-. Inquirio el
Dueño. -“Está bien, voy a quitarme los atuendos”.
Volvió a responder el payaso –“No hay tiempo,
¡urge que vayas a pedir ayuda!”- insistió el
empresario.
Empieza
Gomita a correr dificultosamente debido a su atuendo. Y después
de muchos esfuerzos logró llegar a la plaza de la población.
Una vez que estaba en la mejor esquina de aquella locación,
el payaso empezó a gritar con fuerte voz: "El circo
se está quemando, vengan a ayudarnos".
Alguna
gente al escucharle salió de sus casas, otros se asomaron
al balcón, y algunos más salieron de algunos negocios
y hasta del templo parroquial de aquel lugar. Gomita se siente satisfecho
de haber logrado llamar la atención de aquella gente y vuelve
a gritar: “El circo se quema necesitamos que nos ayuden".
Alguien de entre la gente expresa: "Excelente mercadotecnia
la del circo". Otros comentan: "Magnífico payaso,
en la primera oportunidad que tenga llevaré a mi familia".
El
payaso empieza a desesperarse ante la confusión que aquella
gente tiene y vuelve a gritar "¡El circo se quema, por
el amor de Dios, vengan a ayudarnos!" Aquella gente expresa
palabras de reconocimiento ante la excelente actuación del
cómico, y no faltó alquien que iniciara con aquellos
aplausos que pronto se generalizaron. El payaso tenía el
rostro desencajado, se puso de rodillas, suplicó y terminó
llorando y gritando: "¡El circo se está quemando
por favor vengan a ayudarnos!"- Y los comentarios continúan,
ante la sensibilidad confundida de aquella gente: “¡Nunca
había visto otro payaso como éste, es el mejor del
mundo!” Y alquien de entre aquella gente inició con
un acto de reconocimiento: Le aventaron monedas, y más monedas,
y algunos billetes.
9.-
El entonces Cardenal Ratzinger termina aquella anécdota diciendo:
“Predicamos la más grande verdad que ha existido en
la historia: predicamos a Jesucristo, pero si la Iglesia quiere
vivir encerrada en el siglo XVI, la gente no va a aceptar la bondad
del mensaje de salvación. Si nuestra Iglesia, en un naciente
siglo XXI quiere vestir con un traje del siglo XII, lo único
que conseguirá es arrancar las risas burlonas entre aquellos
que logren vernos.
INCULTURAR EL EVANGELIO.
“En
una ocasión, en que los discípulos de Juan el Bautista
y los fariseos ayunaban, algunos de ellos se acercaron a Jesús
y le preguntaron: “¿Por qué los discípulos
de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, y los tuyos
no?”
Jesús
les contestó: “¿Cómo van a ayunar los
invitados a una boda, mientras el novio está con ellos? Mientras
está con ellos el novio, no pueden ayunar. Pero llegará
el día en que el novio les será quitado y entonces
sí ayunarán.
1.-
Muy queridos amigos: ¡A vino nuevo, odres nuevos!
El
Evangelio de hoy nos refiere la importancia de encontrar el mejor
de los recipientes para que el vino pueda llegar a los hombres.
Digamos que es necesario que la Iglesia, sin traicionar los contenidos
de la fe, busque las formas adecuadas para que las reciba el hombre
de nuestro tiempo.
Nuestro
tiempo ha cambiado, y si bien la persona sigue siendo la misma debemos
aprender que los ropajes deben adaptarse conforme a las exigencias
de su tiempo.
El
pasajero sigue siendo el mismo, pero el vehículo por el que
llega el mensaje de salvación debe adaptarse a la modernidad.
La energía eléctrica sigue iluminando pero las lámparas
deben ofrecernos nuevas opciones y adaptaciones.
¿Sabes?
Podemos partir del mensaje del Evangelio del día de hoy para
tocar un tema de suma importancia en el cristianismo: el de la relación
del Evangelio con la cultura de los hombres. ¡Créeme!
no es otra cosa ésta sino el vínculo existente entre
el vino y los odres, el vestido y el remiendo, y su mutua necesidad.
2.-
Puesto que hablaremos de la Evangelización de la cultura
tenemos que ponernos de acuerdo primero sobre lo que significa:
cultura.
Y
tenemos que ser sinceros ya que, siguiendo el tenor del Evangelio,
aquí se trata de un vestido que tiene una amplia gama de
colores.
Clyde
Kluckhohn y Alfred Louis Kroeber en su publicación: “Cultura.
Una revisión crítica de conceptos y definiciones”
recopilaron la irrisoria cantidad de 164 definiciones distintas
del término cultura. ¿Cuántas? ¡164!
¿Cuándo? En 1952. Lo anterior nos permite percibir
la dispersión semántica que sobre este término
existe.
Cultura
se deriva del latín COLERE y significaba
simple y sencillamente: cultivar. De hecho Catón
el Viejo en el siglo II a.C. aplicaba COLERE al cultivo de la tierra.
Cicerón, por su parte, aplicó COLERE en las DISPUTAS
TUSCULANAS al “cultivo del espíritu” y acuñó
el significado humanista y clásico de la palabra “cultura”.
3.-
Hablemos pormenorizadamente de 3 conceptos del término cultura.
Cultura
significa en primer término: erudición,
refinamiento intelectual, bagaje de conocimientos, se trata
de los frutos superiores del espíritu. Éste, hasta
cierto punto, es un planteamiento elitista, ya que reduce la cultura
a aquellos que hayan ido a las aulas o bien a aquellos que pudieron
acceder de alguna manera a los diferentes niveles académicos.
En
segundo lugar ubicamos el concepto más auténtico:
cultura es un constitutivo ontológico
de todo hombre enraizado en el tiempo y en el espacio concreto:
aquí entra la comunicación, el poner a punto técnicas
que nos protejan de las adversidades naturales, el interpretar y
el darle sentido a la vida, etc.... Es lo que hace al hombre un
ex-animal.
La
UNESCO, por su parte y en tercer término, en 1982 decía
que la cultura puede considerarse como el conjunto
de rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales
y afectivos, que caracterizan a una sociedad o a un grupo social.
Engloba no sólo las artes y las letras, sino también
los modos de vida, los derechos fundamentales del ser humano, los
sistemas de valores, las tradiciones y las creencias. La cultura
le da al hombre la capacidad de reflexión sobre sí
mismo. Es la cultura la que hace de cada uno de nosotros seres específicamente
humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos.
Por ella es como discernimos los valores y realizamos nuestras opciones.
A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de
sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en
cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente
nuevos significados y crea obras que lo trascienden.
Las
diferencias entre la cultura erudita y la cultura vivida son grandes.
El protagonista de la cultura erudita es el individuo; el de la
cultura vivida, toda la colectividad. Mientras que la cultura erudita
presenta un matiz voluntario y consciente, la cultura vivida ofrece
connotaciones pasivas y con frecuencia inconscientes.
4.-
Y es aquí, en el espacio cultural, en donde el Evangelio
debe tener un espacio ¡Dígamos que sus odres!. Ni la
Inspiración ni la revelación ni la Evangelización
pueden estar libres de algún préstamo cultural.
¡Al
vino nuevo odres nuevos! Es inevitable el recipiente aunque
lo importante será siempre el contenido.
El
cristianismo, en realidad, ha nacido en un sincretismo cultural
con elementos del judaísmo y con elementos del helenismo.
Sin duda, era posible el que se expresara en cualquier otra categorías,
pero no podía expresarse en ninguna categoría. El
Evangelio eterno irá expresado siempre en una cultura temporal.
¿Los
apóstoles no tuvieron ese problema? Tendrías
que leer el capítulo 15 de los hechos de los Apóstoles
en donde finalmente los apóstoles, a la luz del Espíritu
Santo, llegaron a clarificar los elementos que son esenciales en
la vida cristiana y poder así diferenciarlos de aquellos
elementos que al ser contingentes eran por lo tanto reemplazables.
Encontraron los odres nuevos y dejaron los odres viejos.
5.-
Y así se fue un día cuando el Evangelio llegó
a Roma, a la India, a Etiopía, a Arabia... Afortunadamente,
san Pablo (Hch 17,22-31) comprendió que su misión
consistía en llevar a los gentiles el Evangelio de Jesucristo,
pero no las categorías culturales judías como pretendían
los judeocristianos. Los viejos odres ya habían sido útiles
para el vino del Antiguo Testamento pero ahora el nuevo vino del
Evangelio exigía odres nuevos.
San
Pablo se hizo gentil con los gentiles (1Cor 9,20-22). “Todo
esto lo hago por el Evangelio”, decía con sencillez.
San Pablo expresaba el Evangelio en aquellas categorías culturales
que suponía podían ser las de los oyentes, bastaría
recordar su predicación en el Areópago de Atenas.
6.-
No han faltado en la historia del cristianismo, y de algunas
de sus derivaciones que ya no son cristianas, el intento de algunos
por conservar los viejos odres para el vino nuevo del Evangelio.
Algunos hasta luchan en las cortes por justificar su derecho al
asesinato por omisión en la no-trasfusión sanguínea,
y ha surgido entonces el aislamiento.
En
el catolicismo también han existido algunas impresiciones.
No han faltado los científicos que, siendo fieles a la fe
cristiana: Laënnec, Ampére, Cauchy, Pasteur y Branly...
lo han hecho partiendo su mente y su vida en dos mitades. Recordemos
la terrible confesión de Don Louis Pasteur: “Me quito
la fe para ponerla en la percha antes de tomar mi bata de laboratorio;
la retorno a la salida...”
El
Papa Pablo VI acusó en el número 20 de la Evangelii
Nuntiandi lo siguiente: “La ruptura entre Evangelio
y cultura es, sin duda alguna, el drama de nuestro tiempo”.
¿Te fijas como es el problema del vino y los odres?
En
la ruptura la fe pierde, ya que es imposible conciliar la propia
fe con la cultura dominante (surge la increeencia sociológica)
y cuando la fe se expresa en categorías culturales del pasado,
se hace muy difícil evangelizar a los hombre de hoy.
7.-
A vino nuevo odres nuevos: Veamos tres modelos de relación
entre la cultura y el Evangelio, parafrasemos para ello la frase
del Evangelio que hemos tomado como hilo conductor de nuestra reflexión.
Primero:
La fe desprecia a la cultura, digamos que se trata de un vino que
aparentemente no necesita de los odres, y se trata aquí de
la postura típica de los integrismos, entre ellos, Taciano
y Tertuliano. Todos somos tributarios de una determinada cultura.
Si la fe no se expresa en categorías de hoy se expresarán
en categorías de hace 3 siglos; sino es en las categorías
de una localidad cercana será con categorías de localidades
lejanas y lo que puede ser peor, con categorías culturales
ya obsoletas.
Segundo:
La fe se identifica con la cultura, digamos que se trata de alguien
que considera como más importante el odre que la mismísima
calidad del vino, aquí podríamos citar a un Pedro
Abelardo que llega a empatizar tanto hasta bautizar toda la cultura,
incluyendo los pecados de la misma.
Tercero:
La fe dialoga con la cultura. Es decir el vino no puede prescindir
de los odres pero tampoco los puede considerar como lo esencial.
Esto es darle su lugar al vino y darle su lugar a los odres, o lo
que se llamaría inculturación del Evangelio cuyo fin
es mostrar a los hombres de una época y un lugar determinados
que para abrazar la fe no necesitan renunciar a ningún rasgo
positivo de su cultura.
Esto
es lo que continúa enseñándonos Pablo VI en
el número 20 de la Evangeli Nuntiandi:
“Evangelizar no de una manera decorativa, como con un barniz
superficial, sino de manera vital, en profundidad y hasta sus mismas
raíces, la cultura y las culturas del hombre” .
8.-
Se cuenta del Papa León XIII que, hablando con un legitimista
que insistía en la necesidad de seguir defendiendo el Antiguo
Régimen, es decir los antiguos odres, le dijo, señalando
un crucifijo: “Este es el único cadáver con
el que está ligada la Iglesia y resucitó”, le
estaba mostrando el Papa el vino nuevo por el que el cristianismo
debe dar la vida y no casarse con odres anquilosados.
El
Concilio Vaticano II en el número 58 de la Gaudium et Spes
recordó oportunamente que “La Iglesia, enviada a todos
los pueblos sin distinción de épocas y regiones, no
está ligada de manera exclusiva e indisoluble a raza o nación
alguna, a ningún sistema particular de vida, o costumbres
alguna antigua o reciente” .
Como
lo dijo, el amablente recordado, Su Santidad Juan Pablo II en su
discurso del 3 de Noviembre de 1982 en la Universidad Complutense:
“Una fe que no se hace cultura es una fe no plenamente acogida,
no totalmente pensada, no fielmente vivida”.
9.-
La Iglesia necesita hoy Evangelizadores que encuentren esos nuevos
odres para llevar el suave vino de la eternidad a los hombres. Algunos
ya lo han logrado. ¿Por qué nosotros no?
Recordemos
que la mitad del género humano se conmovió ante la
pantalla viendo Bernardette, de Henry King; que fueron muchos los
que se entusiasmaron con El Evangelio según San Mateo, de
Pedro Pablo Pasolini, o con un Hermano Sol, Hermana Luna, de Franco
Zeffirelli; y –no digamos nada- con la ópera rock Jesucristo
Superstar de Andrew Lloyd Webber, que muchos jóvenes llegaron
a saber casi de memoria, así como en tiempos recientes con
la Pasión de Mel Gibson
QUE
EL FLORERO NO SEA MÁS QUE LA FLOR.
Nadie
le pone un parche de tela nueva a un vestido viejo, porque el remiendo
encoje y rompe la tela vieja y se hace peor la rotura. Nadie echa
vino nuevo en odres viejos, porque el vino rompe los odres, se perdería
el vino y se echarían a perder los odres. A vino nuevo, odres
nuevos”.
1.-
¡A vino nuevo, odres nuevos!
Desde
lo eclesial, los cristianos debemos preocuparnos por responder a
las necesidades del hombre de nuestro tiempo. Resulta necesario
que tengamos los instrumentos adecuados para dialogar con interlocutores
que hoy hablan un lenguaje cada vez más distinto al nuestro,
y que viven situaciones diferentes y, en lo que percibimos, mucho
más complejas a las de hace 30 años, y obviamente
a las que se vivían en el siglo XVIII.
La
Santa Madre Iglesia, como depositaria y como realización
del Reino de los Cielos, tiene el deber de sacar del interior de
su cofre esos tesoros antigüos, y disponer de esos elementos
nuevos, que nos ayuden en la vida cotidiana, tanto a los cristianos
como a los hombres de buena voluntad.
2.-
Es muy cierto, que debemos buscar los odres adecuados, esos recipientes
convenientes, para ofrecerle al sediento peregrino del tiempo de
este vino delicioso que mitiga la sed del alma y abre las puertas
d ela eternidad. Pero debemos ser cuidadosos para que en nuestra
obsesiva búsqueda del recipiente no vayamos a olvidarnos
de la importancia del buen vino del cristianismo.
Es
un peligro real, el que en nuestros anuncios, catequesis y predicaciones
nos quedemos en la cuidadosa selección y en el ofrecimiento
de hermosos recipientes pero que están vacíos de contenido
a nuestros fieles, en donde éstos recipientes verdaderamente
no toman la bella forma de un mensaje evangélico que les
llene, ni tienen el suave aroma del vino de la vida.
Son
importantes los odres, es importante que el odre sea el adecuado,
pero jamás podrá ser tan importante como lo es el
buen vino que Cristo nos ha ofrecido. El florero no puede ser más
que la flor, el barniz no puede sabotear la importancia de la madera,
la habitación jamás podrá anular al habitante.
3.
¿Sabes? Aunque estamos a casi un año de su viaje a
la patria eterna, me estaba acordando que hace poco más de
seis años, un grupo de hermanos homofílicos entablaron
una demanda judicial, ante una corte internacional, contra nuestro
entonces pontífice Juan Pablo II acusándole de practicar
la discriminación, por el hecho de no aceptar el que en la
Iglesia católica se realizaran ceremonias religiosas de matrimonios
entre homosexuales, y por no aceptar ni apoyar que se les pudiera
dar en adopción un bebé.
Fue
entonces cuando también recordé aquel otro momento,
cuando hace 9 años en el campo Marte frente a la torre Eiffel,
en París, S.S. Juan Pablo II exhaltaba la obra del médico
cristiano Jerome Lejeune defensor de la vida y descubridor del gen
que da origen a la Trisomia 21, mejor conocida como Mongolismo.
A los pocos metros de donde se encontraba el Pontífice, deambulaban
mujeres que protestaban con el torso desnudo y un grupo de opositores
se dedicaban a entregar los llamados por ellos: “300 mil preservativos
masculinos benditos”.
Se
trata de un sector del mundo que sigue alzando la voz para cuestionar
todo lo que no le agrada. Digamos que,... a nombre de los odres
están renunciando al vino de la eternidad. Personas que quisieran
calificar como bondadoso solamente lo que les gusta, lejos de aceptar
que hay cosas que por su sola bondad debiéramos gustarlas.
4.-
Hablar de la importancia de los odres y de la superioridad que tiene
el vino del Evangelio, me hace también recordar aquel momento
en que también el memorable Juan Pablo II era cuestionado
casi al inicio de su ministerio.
Era
la primera visita que realizaba a Holanda, y el Papa les mandó
pedir a los Obispos que realizaran un sondeo sobre el tema que los
jóvenes querían escuchar en el encuentro que tendría
con ellos. La comisión designada cumplió fielmente
su solicitud.
Cuando
el Papa estaba ante aquella multitud de jóvenes que abarrotaban
el estadio de futbol de Amsterdam, les dirigió las siguientes
palabras:
¡Muy
queridos jóvenes! He tomado muy en cuenta, y con la seriedad
que se necesita, las sugerencias que ustedes me han hecho llegar.
Hoy les traigo el mensaje del Evangelio de Jesucristo.
En
sus cartas me han cuestionado sobre el porque el Papa y la Iglesia
no aceptan el matrimonio entre homosexuales, el porque no se acepta
el uso de anticonceptivos, el porque no se aceptan las relaciones
extramaritales y prematrimoniales, el porque no se acepta el aborto
y la eutanasia.
Queridos
jóvenes: El Papa debe ser fiel al Evangelio de Jesucristo.
Y les quiero decir que en la Iglesia creemos profundamente en el
valor de la vida, desde la concepción del hombre y hasta
su fin natural; sostenemos el valor y la dignidad de la sexualidad;
defendemos la nobleza de los sentimientos y el orden natural que
Dios le ha querido dar a la afectividad del ser humano. El Papa
cree en el hombre y en su capacidad de ser fiel al amor verdadero.
Mientras
que el Papa sea fiel a Jesucristo y a su mensaje de salvación,
la Iglesia no puede aceptar un atentado contra la vida del niño
en gestación ni contra la vida del anciano. No aceptamos
que se atente contra el amor, ni contra la recta sexualidad, ni
contra los sentimientos, ni contra la familia.
5.-
Queridos amigo: ¿No te has dado cuenta? Vivimos en una sociedad
que confunde la normalidad de la realidad con lo común de
las situaciones.
Recuerda
que lo común es aquello que corresponde a lo ordinario, a
lo acostumbrado; se trata de lo que corresponde a una serie repetitiva
de actos. Sin embargo, lo normal es aquello que corresponde a la
norma; se trata de lo justo, lo sano, lo equilibrado.
Lo
común no tiene porque ser normal. Podría ser común
el que yo me tropezara al entrar a la Iglesia del Rosario, porque
resulta que cada vez que ingreso al templo tú percibes que
me caigo, esto sería algo común, pero jamás
puede ser normal. Debe existir una explicación: problemas
en mi vista o en los músculos de mis piernas, pies torpes,
piso resbaladizo, el tipo de calzado y mil explicaciones más,
pero no tiene porque ser normal.
Debemos
buscar los mejores odres, pero no podemos traicionar, ni reemplazar,
ni adulterar el vino del mensaje de la salvación.
Sí
un día una mujer se casa con un perro, y después otra
mujer se casa con un perro, y después otra mujer se casará
con un perro. Esto podríamos ser llamado, si tú quieres,
algo común; pero jamás sería algo normal, aunque
fueran 1000 gentes las que se casaron con un canino.
Desgraciadamente,
cada día hay más tendencias por implantar el imperio
y la tiranía de los consensos y de los plebiscitos. Se trata
de una máscara democrática con la que se presenta
la anarquía en nuestros días.
Decía
Mark Twain: “Cada vez que se encuentre usted del lado de la
mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar.”
Sí
un día un hombre decide caminar con sus cuatro extremidades,
es decir con sus pies y con sus manos, y luego otro hombre decide
caminar con pies y manos y luego otro hombre camina con pies y manos.
Esto podría llamarse algo común, pero nunca podrá
ser calificado como normalidad.
6.-Confundimos lo común con lo
normal. Dicen algunos
psicólogos y hasta algunos comentaristas de radio que es
normal el que la gente se masturbe, que es normal la prostitución,
que es normal la relación premarital, que es normal el uso
de anticonceptivos, que es normal el aborto, que es normal el homosexualismo.
Podrá ser común, más no por ello normal.
Recuerda
que la verdad será verdad aunque nadie la sostenga. A la
verdad podemos aplicarle la ley de la conservación de la
materia, la verdad no se crea ni se destruye... simple y grandiosamente
existe.
En
la Iglesia, somos tantos, los que vamos cayendo en el juego de juzgar
los éxitos por lo aparatoso del impacto y por las normas
de preferencia.
Parecería
que hemos llegado al juicio de que los odres, más que ser
escogidos en la presencia de Dios, para que no se pierda el buen
vino, esos odres del vino evangélico deberían ser
escogidos por la votación de la mayoría, y en base
a la opinión de los psicólogos freudianos. Aún
y cuando derramen el buen vino por su inoperancia.
7.-La Iglesia católica debe ser fiel a Jesucristo,
que nos ha dado la bebida de la salvación en el vino de su
Palabra y en su preciosísima sangre ofrecida en la Sagrada
Eucaristía y derramado por Cristo en la Cruz por la salvación
de todos. No obstante, la Iglesia, cada día debe desvanecerse
los sesos para encontrar esos odres necesarios en orden a comunicar
el elixir de la vida, sin que por ello tenga miedo al abandono de
algunos grandes sectores.
“ Una vez llegó un profeta a una ciudad
con el fin de convertir a sus habitantes.
Al principio la gente le escuchaba cuando hablaba,
pero poco a poco se fueron apartando,
hasta que no hubo nadie que escuchara las
Palabras del profeta.
Cierto día, un viajante le dijo al profeta:
“¿Por qué sigues predicando?
¿No ves que tu misión es imposible?”.
Y el profeta respondió: “Al principio tenía
la esperanza de poder cambiarlos.
Pero si ahora sigo gritando es únicamente para que no me
cambien ellos a mí”.
8.-
Muy queridos cristianos:
El
fracaso en la Iglesia Católica sobrevendrá no cuando
se le junten a Benedicto XVI 5 personas, y otras miles y millones
lo boicoteen. El fracaso vendrá cuando el Papa deje de anunciar
el mensaje de Jesucristo. Nunca como hoy el Papa y los cristianos
habiamos vivido la suerte del profeta, nunca como hoy, el Papa había
experimentado el rechazo que el mismo Cristo sintió cuando
predicaba el Evangelio del amor y la gente rechazaba su mensaje.
¡Creánme! el fracaso vendrá cuando deje de predicar,
no cuando se quede con 5 personas.
Hay
fracasos que no son fracasos y hay triunfos que no son triunfos.
La cruz puede significar para muchos un aparente fracaso, ¡pero
no lo es!, la cruz es el árbol más fértil que
existe, nunca había existido un árbol que produjera
tantos frutos.
Pidámosle
a Dios que nos abra el entendimiento para comprender que ni la bondad,
ni la verdad, ni la justicia pueden basarse en criterios únicamente
subjetivos.
La
Iglesia prefiere la verdad que en muchas ocasiones nos resulta incómoda,
porque la Iglesia no puede aceptar una mentira que olvide el Evangelio
de Jesucristo y que destruya al hombre y sus valores. Son importantes
los odres pero más importante es el vino de la vida y de
la eternidad.