Domingo 9 de Julio de 2006_________Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

¡QUÉ DIFÍCIL ES PREDICAR EN NAZARETH!

En aquel tiempo, Jesús fue a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba se preguntaba con asombro: “¿Dónde aprendió este hombre tantas cosas? ¿De dónde le viene esa sabiduría y ese poder para hacer milagros? ¿Qué no es éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas?” Y estaban desconcertados.

Pero Jesús les dijo: “Todos honran a un profeta, menos los de su tierra, sus parientes y los de su casa”. Y no pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó a algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y estaba extrañado de la incredulidad de aquella gente. Luego se fue a enseñar en los pueblos vecinos.

Momento 1

Momento 2

Momento 3

1.-Muy querido amigo:

Imagínate, por un solo momento, que el Señor te hubiese pedido que fueras él o la responsable  de realizar el diseño de su presencia en nuestra historia. Piensa, un solo instante, que el Señor te hubiese pedido que te encargaras de elegir el lugar geográfico en el que debería haber nacido, el tiempo histórico oportuno, la estación anual y la casa para su nacimiento; así también el tiempo adecuado para que iniciara su presencia y su predicación pública, el número y la identidad de sus apóstoles, el desenlace de la trama salvífica, entre otras muchas cosas...

2.-         Ubicándonos en el Evangelio del día de hoy. ¿Qué lugar te hubiera gustado escoger para que el Señor Jesús iniciara la predicación del Reino de los Cielos? ¿En dónde poder dar la primer enseñanza? ¿Cuál es el sitio idóneo para que nos diese el primer sermón? Se trata de ese primer auditorio elegido para ser receptores del primer mensaje de salvación emitido por Aquel que es la Palabra e Hijo eterno del Padre.

¿Qué lugar te hubiera gustado para la primer homilía? ¿En que localidad te hubiera agradado que nos diera las primeras palabras de vida eterna? Sin lugar a dudas, algunos pensarían que era necesario desplazarse a Ur de Caldea, puesto que el Señor va a iniciar la formación del Nuevo Pueblo Elegido... Estoy seguro, que algunos también hubiesen pensado en el Mar Rojo, ya que en la realidad, con el Señor Jesucristo se estaba iniciando el nuevo y verdadero éxodo para todos los hombres... Otros podrían pensar en el Monte Sinaí, como el lugar elegido, puesto que ha sido Jesucristo el que ha perfeccionado la ley miasaica y quien nos ha entregado su mandamiento nuevo... No pocos, pensarán en el interior del majestuoso Templo de Jerusalém, como el lugar más indicado para aquella primera enseñanza de Aquel que nos trae la Nueva y definitiva Alianza en su Cuerpo y en su Sangre.
3.-     Y, sin embargo, tenemos que abrir bien los ojos para descubrir el lugar elegido por Dios. ¿Qué lugar le gustó a Jesús para iniciar su ministerio de enseñanza? ¿Cuál auditorio escogió para predicar?

Ha elegido la Sinagoga de Nazareth. ¿Y qué tiene de particular o cuál podría ser la dificultad?

Se trata, ni más ni menos, que del pueblo de su infancia. Su auditorio está formado por todos esos rostros de gente que le vio crecer e irse haciendo un hombre aparentemente como cualquier otro. Ellos son las personas que le vieron en su niñez, en su juventud y que le han visto convertirse en un adulto. Se trata de sus vecinos, de sus amigos, de sus parientes, de los clientes de la carpintería, de sus compañeros de los estudios, de la gente que le conoce. ¡Tú lo sabes!... En los pueblos toda la gente se conoce, y en no pocas ocasiones más de la cuenta.

Escogió el lugar más complicado, y el público más exigente. Se trata de aquellos hombres y mujeres con los que convivió no durante 3 años de su vida pública, sino a lo largo de 30 años de su existencia. Ellos aparentemente conocen a la perfección sus días y sus noches, sus primaveras y sus inviernos, sus proyectos y sus realizaciones. Ellos han visto su rostro en las alegrías y en las humanas incertidumbres. Ellos le ubican en el barrio, le han visto cuando iba al brocal del pozo a llevar el agua para su hogar, van a la misma Sinagoga, han ido a su taller.

Le conocen cuando en su infancia jugaba en sus parques y cuando siendo un joven platicaba con los amigos. Se trata de aquellos que compartían las mismas calles que andaba y que desandaba cargando los maderos y otros accesorios para la carpintería; le veían llevar a entregar los encargos que se le hacían a ese varón justo, llamado José, el artesano de la madera, el carpintero. Le conocieron en esas aulas del colegio en las que aprendió el alefato; en donde se instruyó para contabilizar las dracmas, los ases; en donde se le enseñó sobre las medidas de los odres y las cánones para las longitudes.

Ellos le han visto sudando en el trabajo y al recorrer sus calles. Su rostro les es demasiado familiar, sobre todo cuando desde su juventud, al salir del taller traía residuos de serrín en sus barbas y el polvo de la madera en sus ropas.

4.-     Se trata del auditorio más difícil para Él y para nosotros. Digamos que ellos te conocen más y te exigen más o no te ofrecen su atención. Se trata de aquellos, que también en muchas ocasiones, se van acostumbrando a tu presencia y para quienes te conviertes en alguien ordinario, eres parte del paisaje del horizonte o del mobiliario inventariado de las habitaciones del pueblo. Aquellos que te conocen tanto, y a los que les resulta demasiado difícil reconocer algo extraordinario o un cambio sustancial en aquello o en aquellos con los que se han familiarizado en demasía.

5.-     ¿Te das cuenta? ¡Qué difícil es predicar en Nazareth! Pero es allí, en donde tiene que empezar nuestra misión existencial.

¿Sabes? Cuando los recién ordenados sacerdotes vamos a celebrar nuestra Primera Misa se acostumbra en la Iglesia Católica que lo hagamos en nuestra Nazareth, en nuestra Parroquia, en nuestro barrio, con nuestra familia, con los compañeros de la escuela, con aquellos jóvenes con los que convivimos en los grupos parroquiales; con toda esas personas, que durante tanto tiempo esperaron este día y este momento, como lo esperamos cada uno de los que anhelamos un día ser ordenados a favor de nuestro pueblo.

Se trata de esas caras tan conocidas, aquellos que conocen tus procesos o tus retrocesos, tus progresos o tus regresos, tus avances o tus estancamientos... y es allí en donde hay que ofrecer la primera predica, y la más importante.

Allí no hay margen de engaño. Te conocen, te han visto, saben si eres congruente o si no lo eres. Te escucharán con atención o te reclamarán las imprecisiones y las incoherencias.

6.-     ¿Es difícil predicar en Nazareth?

Sin duda este es el auditorio más exigente. Pero, puedo decir que las celebraciones pueden convertirse en las más hermosas y,... las más fructíferas.

Pero,... no se trata solamente de un sermón aislado, sino de la Evangelización. Muchos de nosotros preferimos predicar en otras latitudes. Si nos dieran a escoger, optaríamos por ir a los mismísimos confines de la tierra y hasta a otras Galaxias del universo; a cualquier lugar,... con tal de no hacerlo en Nazareth.

7.-         Somos tantos, incluyéndome yo mismo, los que Evangelizamos a medio mundo, pero que nos olvidamos de nuestro Nazareth. Hemos iluminado copiosamente las calles y hemos mantenido nuestras casas en la más profunda oscuridad; nos hemos convertido en excelentes jueces de procesos ajenos y en nuestra propia casa se viven las peores injusticias, y no hay quien se interese por ser un constructor de la paz. Somos excelentes consejeros de todo mundo menos de los nuestros.

Se trata de esos padres de familia tan buenos para solucionarles los problemas a medio mundo, pero que no han sabido ofrecer una sola recomendación, sugerencia, advertencia, indicación, aviso o exhortación a los que han procreado para la vida y para la fe cristiana. Se trata de la esposa que recomienda reconciliación conyugal a su vecina y que en el seno de su matrimonio tiene tanto tiempo sin ofrecerle una sola palabra a aquel que es castigado con el lacerante flagelo del silencio y del desprecio de aquella a la que más ama en la vida. Se trata de tantos hijos que somos tan apostólicos en nuestras comunidades parroquiales, y hasta en misiones de semana santa y veraniegas, pero que no nos preocupamos de hacer una sola oración al sentarnos en la mesa de nuestro hogar, ni siquiera nos esforzamos por invitar a la Iglesia a nuestros seres más queridos. Somos aquellos llamados cristianos que somos buenos para pintar el templo y cortarle el zacatito pero que al vecino y al propio padre enfermo no le barremos ni medio metro.

8.-     ¡Qué difícil es predicar en Nazareth!

Hoy que hablamos de nuestros Nazareths y sobre nuestra predicación en nuestro Nazareth, te quería compartir un texto sumamente significativo, en el que Santa Teresita del Niño Jesús, nos enseña cual es la verdadera doctrina religiosa en su relato autobiográfico: La Historia de un Alma:

 “Este año..., Dios me ha concedido la gracia de comprender qué es la caridad; antes yo la comprendía, es verdad, pero de manera imperfecta: No había profundizado todavía en aquellas palabras de Jesús: “El Segundo Mandamiento es semejante al primero: tú amarás al prójimo como a ti mismo”. Yo antes me había dedicado sobre todo a amar a Dios, y amándole a Él me di cuenta de que era menester que mi amor no se tradujese solamente a palabras, ya que no son los que dicen: ¡Señor, Señor!, los que entran en el Reino de los Cielos, sino aquellos que cumplen la voluntad de Dios”. Esta voluntad nos la ha dado, pero fue en la última cena cuando el dulce Jesús quiso darnos su mandamiento nuevo. Y nos dice con una inefable ternura: “Os doy un mandamiento nuevo, que os améis unos a los otros como yo los he amado...” Al meditar estas palabras divinas, me di cuenta de cuan imperfecto era mi amor a mis hermanas, de cómo yo no las amaba con el mismo amor que Jesús”. Y concluye más tarde la santa: “La caridad fraterna lo es todo en el mundo. Amamos a Jesús en la medida en que amamos a los demás.”

Pero,... ¿saben qué año hizo Santa Teresita este descubrimiento? Era el año 1897, ¡El año de su muerte!

9.-     Y es que no nos hemos dado cuenta de que el verdadero peligro para el cristiano es el de la “distracción”.

Muchos de nosotros, en nuestras confesiones nos acusamos de “las distracciones en la oración”. Y no pensamos en las distracciones por el camino y en la caridad, y al no predicar en nuestro Nazareth. ¡Cuántas veces nos topamos con Cristo sin darnos cuenta! Pero, no lo reconocemos.

Tiene el inconveniente de tener una cara demasiado conocida. Y nosotros que conocemos esa cara, no sabemos reconocerlo. El Señor nos dice que en Nazareth está el primer destinatario de nuestra predicación. Y tú, sí tú... ¿Cómo está tu Nazareth?


¡LOS HERMANOS DE JESÚS!

 “En aquel tiempo, Jesús fue a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba se preguntaba con asombro: “¿Dónde aprendió este hombre tantas cosas? ¿De dónde le viene esa sabiduría y ese poder para hacer milagros? ¿Qué no es éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas?” Y estaban desconcertados.

1.-     Muy queridos amigos:

Muchos de ustedes se habrán preguntado, a lo largo de los cuatro años y n mes que tiene el programa de radio de un servidor en el aire, sobre el esquema en el que está pensado y se realiza.

Te lo explico porque la reflexión que comparto en la página de internet en la parroquia tiene el mismo esquema. ¡Es posible que los lectores de la internet se hayan preguntado sobre el porque hay tres “homilías” o tres segmentos de “homilía” en el mismo espacio.

El programa de radio se llama Camino, Verdad y Vida y consta de tres segmentos que bien podrían ser identificados con los tres sustantivos categóricos que identifican a la persona de Jesucristo: Camino, Verdad y Vida.

En el primer segmento solemos hacer una aplicación del Evangelio que el Señor nos ofrece cada domingo a nuestra propia Vida; en el segundo segmento, el cual correspondería con el presente que compartimos, solemos tocar, aunque sea someramente algún tema de formación y de información, se trata del segmento llamado Verdad; y en el tercero y último buscamos iluminar algunas situaciones cotidianas con el Evangelio que el Señor nos obsequia, se trataría del segmento identificado con la Vida.

Camino, ¿qué me dice el Evangelio?, Verdad, ¿en qué aspecto habría que profundizar sobre el Evangelio?, y Vida, ¿cómo leer cristianamente nuestras situaciones existenciales?

2.-         Conforme a lo anterior, no quiero dejar la oportunidad de que en este segmento hablemos sobre el tema referido en el Evangelio, de los así llamados: hermanos de Jesús.

Y es que la expresión bíblica “hermanos de Jesús” representa el plato fuerte de algunos que se llaman cristianos y que se manifiestan como abiertos enemigos de la Virgen María, al querer desacreditar a aquella que es Madre de Cristo y Madre nuestra.

La palabra hermano (´ah, ´ahót) en hebreo, que es el idioma que el Señor Jesucristo hablaba, tiene un significado más amplio que en el idioma castellano que tú y yo hablamos.

La palabra hermano se usa en el hebreo para toda clase de parentesco: primo, sobrino, cuñado, tío, abuelo, nieto, etc.; se usa también para señalar a los componentes de la misma tribu y del mismo pueblo, a los amigos, a los aliados y al prójimo en general.

3.-     Por ejemplo, Abraham, que es tío de Lot declara en Génesis 13,8 que son “hermanos” él y Lot, cuando su relación es de tío y sobrino. San Pablo llama en 2Cor 2,13 hermano a Tito, y en Filipenses 2,25 llama hermano a Epafrodito. El Señor Jesucristo también quiere que nos veamos como hermanos, y nos dice en Mt 5,23 que no nos presentemos con nuestra ofrenda ante el altar sí tenemos algo en contra de un “hermano”. Con este mismo tenor de significado: prójimo, es utilizado hermano en Hch 1,15 en donde dice: “Uno de aquellos días, Pedro se puso de pie en medio de los hermanos que eran alrededor de ciento veinte”. ¡A que Jonas, el padre de san Pedro, tan seriecito que se veía y tuvo 120 hijos! ¿No te parece?... “No sea iluso padre”, me dirían no pocos, y tienen razón, pero,... ¿por qué entonces los hermanos de Jesús sí dicen que eran hijos de la Virgen María? Y lo mismo dice 1Cro 15, 4 al narrarnos a la letra: “Reunió David a los hijos de Aarón..., y a sus hermanos, ciento veinte”. Te provocaría risa el sólo hecho de que yo te preguntara: ¿Es posible que todos estos “hermanos” hayan tenido a la misma mujer como madre?

Santiago y José son hijos de un hombre llamado Alfeo y de su mujer llamada María,... una de tantas Marías que había en aquellos tiempos como las hay el día de hoy, y que no se puede confundir ni comparar con María la Madre de Jesús. Por su parte Judas Tadeo se reconoce como servidor de Jesucristo en el primer versículo de su carta, y Simón, apodado el Zelote es llamado el Cananeo, es decir el originario de Canan ¡exacto el lugar donde Jesús tiene parientes y en donde realizó el primero de los milagros: en la bodas de Canán.

4.-     Si los hermanos separados conocieran realmente la Palabra de Dios, como lo presumen, más que aprenderse unos textos de memoria para atacar, sabrían que conforme lo dice Lev 18,6-17: el Marido y la mujer desposados están incorporados normalmente al clan familiar: bêt ´ab, a la gran familia, a la que pertenecen por lo general hasta cuatro generaciones. Y que esas cuatro generaciones se llamaban hermanos entre sí: tíos, sobrinos, padres, hermanos, nietos... Sabrían que en la usanza hebrea regularmente la mujer se incorpora a la comunidad de la familia del marido, y que entre ellos todos se llaman hermanos.

5.-         María, la Madre de Jesús, fue siempre Virgen. Este ha sido siempre el sentir de la Iglesia desde un principio de la historia de los verdaderos cristianos en base a la Palabra de Dios, pero esto no lo es para aquellos que un día se han sentido iluminados, o que han seguido a alguien que se ha sentido iluminado.

Predicaba eruditamente san Agustín a los cristianos de Hipona en el siglo V:

 “Cristo ha nacido, como Dios del Padre, como hombre, de la Madre; de la inmortalidad del Padre, de la virginidad de la Madre; del Padre sin madre, de la madre sin padre; del Padre sin tiempo, de la madre sin semen; en el nacimiento del Padre es principio de la vida, en el nacimiento de la madre, fin de la muerte”.

Tantas cosas hermosas se han escrito de aquella que Dios encontró hermosa como para llamarle “llena de gracia” y elegirla como Madre de su Hijo eterno.

En el Catecismo de la Iglesia Católica es referida de la siguiente manera: “María, la Santísima Madre de Dios, la siempre Virgen, es la obra maestra de la misión del Hijo y del Espíritu Santo en la plenitud de los tiempos”.

Tú y yo sabemos que no se puede separar a la Virgen María de la obra de Cristo, es por ello que en torno a la Virgen María, la ha Iglesia predicado cuatro verdades: Maternidad Divina, Virginidad Perpetua, Inmaculada Concepción y Asunción gloriosa a los cielos. Digamos una palabra sobre cada una de estas verdades.

5.-         Primero es la Maternidad Divina, ya que Dios decretó salvar al mundo mediante la Encarnación del Verbo, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad; quien sin dejar de ser verdadero Dios empezó a ser verdadero hombre; por eso se preparó y tuvo una verdadera Madre.

Predicar que María es Madre de Dios es aceptar que el Verbo de Dios asumió verdaderamente la naturaleza humana al hacerse hombre.

María Santísima es verdadera Madre de Dios, porque es madre según la humanidad de la Persona que posee la divinidad y la humanidad. Entre ella y su Hijo Jesucristo existe una relación idéntica a la que existe entre una Madre y su Hijo.

Todos los demás privilegios tienen su fundamento y justificación en su privilegio central, es decir, su maternidad divina.

6.-     La segunda verdad que predicamos es la de la Virginidad Perpetua. A este respecto la Liturgia de la Iglesia le canta a la Madre del Señor y Madre nuestra: “Eres bienaventurada, Virgen María, tú que llevaste en tu seno al Señor, creador del mundo: diste a luz a Aquel que te creó a ti, y tú permaneces virgen por la eternidad”.

La Santa Virgen concibió y dio a luz a su Hijo sin daño a su virginidad ni al concebirlo, ni al darlo a luz, y permaneció virgen para siempre; también después del parto. Además de que su virginidad debe ser entendida en todos los sentidos que implica el término, el físico-moral de su cuerpo y espíritu.

San Agustín ha cantado con amor filial: “María concibió virgen, dio a luz virgen; virgen embarazada, virgen da a luz, virgen perpetua; y ¿por qué te maravillas de esto? ¿cómo dejaba de ser Dios, cuando empezó a ser hombre, aquel que a su madre concedió no dejar de ser virgen cuando lo dio a luz?”.

San Juan Damasceno, por su parte dirá: “Aquel que cuando fue concebido conservó virgen a aquella que lo había concebido, así incólume conservó su virginidad de ella al nacer, solo Él pasando por ella y manteniéndola cerrada... Y esto no le era imposible, que pasara por la puerta sin tocar por nada sus sigilos. Permaneció, pues, también después después del parto virgen, y siempre permaneció virgen; nunca tuvo comercio con varón hasta la muerte.”.

7.-     La tercera verdad definida por la Iglesia en torno a la Santísima Virgen María es la de la Inmaculada Conceción, es decir que fue concebida sin la culpa del Pecado Original y así le canta la Iglesia a nuestra Madre santa: “Toda hermosa eres, María, y en ti no se encuentra la mancha original. Arrástranos tras de ti, Virgen Inmaculada, y corremos atraídos por el amor de tus perfumes”.

La Santa Virgen María, Madre de Dios, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente no tuvo el pecado original y ello porque la suya fue una redención preventiva y no liberativa, esto es, se pagó anticipadamente impidiendo con ello caer en la esclavitud; diferente de la redención liberativa, esto es, pagando un rescate para liberar de la esclavitud, y esta última es la nuestra. La Virgen María, quien también recibió el beneficio de la redención de Cristo, como todos los hombres, fue preservada no liberada.

La lógica de la fe se mueve conforme a este pensamiento: Dios pudo preservar a María del pecado original, era conveniente, lo quiso y lo hizo.

En la Inmaculada Concepción aparece el tipo más hermoso de la humanidad reparada, aparece la gloriosa anticipación de lo que también en nuestra naturaleza producirá la gracia bautismal.

Así la ha venerado la Iglesia desde la antigüedad como lo podemos constatar al escuchar a san Justino: “Por su infidelidad y desobediencia Eva nos dio la perdición, por su fe y obediencia María nos dio la vida”..

O aquello que expresaba bellamente san Efrén: “María es la no-manchada, la incontaminada Madre de Dios, la más gloriosa, más sublime que los cielos, más pura que el resplandor del sol.”.

San Ambrosio, por su parte, expresará: “María por gracia no tuvo pecado.”

San Germán de Constantinopla ha querido llamarle: “La Virgen María es la toda pura”, y san Juan Damasceno afirmará: “Tú, puente de la vida y escalera del cielo, ¡Oh inmaculada!”.

Quisiera dejar para el último de los segmentos el cuarto dogma mariano.

LA POLILLA DE LA COSTUMBRE.

“¿Dónde aprendió este hombre tantas cosas? ¿De dónde le viene esa sabiduría y ese poder para hacer milagros? ¿Qué no es éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas?” Y estaban desconcertados.

Pero Jesús les dijo: “Todos honran a un profeta, menos los de su tierra, sus parientes y los de su casa”. Y no pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó a algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y estaba extrañado de la incredulidad de aquella gente. Luego se fue a enseñar en los pueblos vecinos.

1.-     Muy queridos amigos:

Hemos hablado acerca de la Maternidad Divina, de la Virginidad Perpetua y sobre la Inmaculada Concepción, sólo nos falta hablar del cuarto dogma mariano: La Asunción de María Santísima a los cielos.

La Iglesia profesa su fe en torno a la Asunción gloriosa de la Virgen María, creemos que allá en donde está el Hijo está la Madre y que allá en donde está el Rey está la Reina. La Liturgia la honra de la siguiente manera: “Eres bella y hermosa, Hija de Jerusalén; subes al cielo, resplandeciente como la aurora cuando amanece”.

Se trata del don de la anticipada glorificación integral de su ser, alma y cuerpo, a semejanza de su Hijo; significa que terminado el curso de la vida terrena no padeció ni por un instante la corrupción del sepulcro; y esto fue o por anticipada resurrección, es decir, la virgen murió y su cuerpo fue puesto en el sepulcro, pero antes de que empezara el proceso natural de putrefacción fue resucitada. O por instantánea transformación del cuerpo pasible a cuerpo impasible y glorioso, obteniendo así anticipadamente la plenitud de la vida y de la gloria, plenitud que todos los que mueren en la gracia de Dios, tendrán en la resurrección al final de los tiempos.

Esta es la terminología usada por la Iglesia desde sus inicios para hablar de esta verdad: Dormición, Traslado, Asunción, Reposo, Cambio, Descanso, Cesación, Paso, Tránsito...

Y así opinaban los grandes santos sobre ella, entre ellos san Juan Damasceno: “Era preciso que Ella... como madre fuera trasladada junto con su Hijo... Era preciso que la que había albergado en su seno al Verbo de Dios, tuviera como morada los tabernáculos de su Hijo, también su madre debía habitar en el paraíso real de su Hijo”.

San Germán de Constantinopla afirmará con sabiduría: “La incorrupción y la asunción al cielo del cuerpo de la Virgen, madre de Dios, es conveniente no solo a su divina maternidad sino también a su especial santidad de su mismo cuerpo virginal.”

Finalmente san Andrés de Creta aseverará con fluída erudición: “La dormición de María, Madre de Dios, es un glorioso e inefable misterio. No queda encarcelada bajo el dominio de la muerte como acontece a nosotros sino que, a través de un sueño estático había de entrar en un éimpetu espiritual que la trasladaría hacia los bienes que son objeto de la esperanza y que operan una transformación divinizadora.”

2.-     ¿Por qué el cura nos estará comentando estas cosas? –Se preguntará alguno de ustedes-.

¡Fijate como todos guardamos un afecto muy especial para nuestra madre, que en prueba de ese afecto quisiéramos ponerles todas las coronas existentes sobre la tierra!

De la misma manera, queremos tanto a aquella que es Madre del Señor, que los cristianos hemos querido colocar todas las coronas existentes sobre su frente. La queremos tanto que le llamamos Reina, Princesa, Emperatriz...,  sin lugar a dudas, ella ocupa un lugar importantísimo en el Reino, y si no existieran coronas las inventaríamos aquellos que la queremos. Pero si, en este domingo, más allá de las coronas, fuéramos capaces de comprender lo que significa que ella es la Madre de Jesucristo, si más allá de nuestras letanías, nos diéramos cuenta de lo que significa que Jesucristo le halla llamado: Mamá..., nos daríamos cuenta de que ella merece todo nuestro respeto, nuestro afecto y cualquier manifestación de nuestra ternura.

Y sin embargo, hay tantos que la ofenden, la injurian, la humillan y hasta se burlan de ella... ¿Qué pensará sobre esto Cristo que ama con un corazón perfecto, con un corazón sagrado, con un corazón divino,... si nosotros amando con un corazón tan imperfecto como es el corazón humano, guardamos en tan alta estima a la que nos dio la vida?

3.-     Y es que la polilla más destructiva que podemos experimentar es la de no aprender a apreciar a aquellos que experimentamos más cercanos, así con la Santísima Virgen María, como con aquellos que viven y conviven con nosotros.

Hace muchos años leía en escaparate de un negocio de fotocopiado una frase que me hizo reflexionar: “ Lo más significativo del viaje a la luna no fue que el hombre pusiera los pies en la superficie lunar, lo mejor de todo es que el hombre, por fin, puso sus ojos en la tierra.”

La glosa anterior, hoy, me ha venido a la memoria al meditar el texto del Evangelio que la Liturgia nos ofrece.

Pensaba en aquellos hombres que en Nazareth conocían a la perfección al Hijo eterno del Padre hecho hombre, que se llegaron a acostumbrar tanto a su presencia doméstica y ordinaria, como para que no fueran capaces de reconocerlo en el momento en que manifestaba su misión mesiánica.

¿El Mesías? ¡Imposible! ¿No es éste el carpintero, el hijo de José?

Ellos esperaban al Mesías enmarcado en todo un aparato de grandiosidad. Aquel que está frente a ellos les resulta tan familiar, tan sencillo, tan común y tan conocido, que al mismo tiempo les parece que tiene tan poco de excepcional y extraordinario. No cumple con sus expectativas.

El pecado de los Nazarethanos es el de querer aprisionar a Jesucristo dentro de sus esquemas, el de mantenerlo cautivo en el interior de sus proyectos y diseños humanos.

Ellos, como todos los israelitas, esperaron durante tanto tiempo, que el Mesías interviniera en la historia, pero no son capaces de imaginar al Mesías con la ropaje humano y con el trato de todos los días. Parece que preferirían a un Mesías que actuara sobre la historia, desde fuera de la misma. Rehusan uno de los más grandes regalos que Dios nos ha hecho: la encarnación de su propio Hijo.

Pero, es aquí en donde se inicia la manifestación de la sabiduría divina, en lo que humanamente parece antojarse como el inicio de la locura humana. ¿Qué pensarán los Nazarethanos cuando se den cuenta de que la sabiduría de Dios se dirige hacia la cruz?

4.-         Nosotros también tenemos que pensar en que la presencia de Cristo se ha realizado preferencialmente en nuestro Nazareth. Y, es a los habitantes de nuestro Nazareth a los que más nos hemos acostumbrado.

El que nos acostumbremos a los seres más queridos nos conduce, entre otras muchas situaciones, a dos actitudes pecaminosas sobre las que tenemos que meditar: la minusvaloración y nuestro desamor, al ya no esperar que puedan cambiar o ser mejores en la vida.

Nos hace falta estar en otro lugar para poder valorar lo propio. Hace falta que un día nos ausentemos del lugar en el que nos encontramos para que entonces ponderemos lo que con gran privilegio poseemos. ¿Cuántas veces tenemos que tener los pies en otra parte para que podamos tener los ojos en aquello o en aquellos que tenemos?

5.-     Pero, resulta que cada uno de nosotros nos acostumbramos a lo más grande, y aún a lo más sagrado. La polilla de la costumbre se encuentra destruyendo, en la infravaloración, nuestro propio Nazareth.

El segundo pecado que se engendra por la costumbre es el del desamor hacia los seres más queridos. En el desamor ya no les damos la oportunidad de cambiar. Dejamos de esperar en ellos, todas sus posibilidades están agotadas. Sus rostros y sus personas se encuentran ya clasificados en nuestros lamentables archiveros mentales.

No me deja de resultar difícil, el comprender ¿cómo es posible que una generación abierta al cambio en todos los niveles de la vida, que le ha tocado vivir una época en que lo único permanente parece ser el cambio, sea tan impermeable para comprender que hay realidades de mucho más contenido y valor que también pueden cambiar?

Sabemos que el mundo cambia, pero no somos capaces de pensar que la persona también va cambiando. Aceptamos el perfeccionamieto en tantas áreas, pero no le damos la oportunidad a las personas de ser mejores. Contemporizamos en lo que se refiere a lo material, pero en cuanto a las personas nos mantenemos conservadores. Con las cosas vamos a la vanguardia y con las personas nos mantenemos a la retaguardia. Las cosas pueden cambiar pero no se lo permitimos a las personas.

Se trata de ese nuestro acostumbrarnos a Nazareth, que nos ha hecho tanto daño.

6.-     Hoy, en día, la sabiduría divina se sigue manifestando en lo que tantos de nosotros apreciamos como una nueva locura. Muchas de nuestras actitudes así lo demuestran.

En la actualidad, existimos una buena porción de nuevos Nazarethanos. Aquellos que decimos conocer demasiado a Jesús, y que no le reconocemos en el rostro del hombre.

Nosotros también hemos fabricado nuestros estereotipos del rostro divino y rehusamos las diferencias. Nos negamos a ver a un Dios que se revela en el rostro del hermano.

Se nos olvida que Jesús ha querido seguir presente en sus discípulos, es a Él a quien se le persigue cuando se persigue a los cristianos; y que también ha querido seguir adoptando los rostros más ordinarios: el enfermo, el hambriento, el sediento, el forastero, el encarcelado, el desnudo... Parece que hemos olvidado que Jesús no se ha marchado y que ha querido quedarse aquí abajo en los más sencillos.

7.-     El Señor sigue presente en los rostros conocidos y en los desconocidos. Sin embargo, puedo afirmar que, aunado a la frecuencia del trato, se encuentran esos pecados que nos hacen ignorar el rostro de Cristo, más en los cercanos que en los lejanos.

El rostro de Cristo está también en la faz de los padres, de los hermanos, de los parientes, de los vecinos y de los amigos. Pero, es en nuestro Nazareth, en donde nos resulta más difícil percibir la presencia del Dios que se ha encarnado.

La rutina y la costumbre se han convertido en vicios con los que debemos luchar en nuestras familias. Es terrible pensar que podemos destruirnos a fuerza de conocernos. ¿Cuántos hijos son mejores lejos de su familia que en su seno? La razón estriba en que afuera hay quien cree en ellos y dentro de la familia ya todos le conocemos. ¡Ya no esperamos en ellos! ¡Ya nada nos sorprende de ellos!

8.-     Han sido tantas las veces en que me he encontrado con personas que conocen mejor que nosotros a mi padre o a mi madre, que de Dios goza, y que son capaces de reconocer su trabajo, su sencillez, su servicialidad, su honestidad y su hospitalidad. ¡Qué lástima que los hijos seamos los últimos en valorar a los que tenemos y que sea, entonces, cuando ya no los tenemos, cuando los valoremos adecuadamente y con justicia!

Te hace falta que un día salgas o que pierdas lo que tienes para que al tener los pies en otra  parte puedas dirigir la mirada hacia aquellos que tienes y hacia el mundo en el que vives rutinariamente. El maestro Amado Nervo lo decía de una forma muy bella: “La ausencia es el ingrediente que le devuelve al amor el gusto que la costumbre le hizo perder”.

Hay que comenzar a reconstruir muchos de nuestros hogares. Los cónyuges deben volver a reubicarse en su papel de compañeros de viaje, de “ayuda adecuada” el uno para el otro; tal como Dios lo había planeado desde el principio de la creación. Pidámosle a Dios que fumigue nuestros hogares contra la polilla de la costumbre que los está destrozando.

 

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