Domingo 18 de Junio de 2006_________Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

EL REINO DE LOS SEMBRADORES

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos de las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha”.

Les dijo también: “¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra”.

Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.”

Momento 1

Momento 2

Momento 3

1.-Muy queridos amigos:

Al encontrarme este domingo tan especial, por ser el día del padre, con dos parábolas del Reino en la que se nos hace referencia al Sembrador Divino, no quiero perder la oportunidad de invitarles a reflexionar, sobre esa necesidad que tienen los padres de familia de darles una buena educación a aquellos que Dios les confió.

La presente aplicación de la Palabra de Dios, no es en modo alguno una arbitraria y subjetiva disposición de un mensaje que Dios nos ofrece.

Lo que hoy hemos escuchado en el Evangelio, no es más que una manifestación de la infinita sabiduría de Dios y una invitación para que el hombre viva conforme a las actitudes divinas.

2.-     El oficio del sembrador nos presenta a un Dios generoso en su trabajo a favor de los hombres. En ese trabajo, Dios le da mucha mayor importancia a la siembra que realiza, que a la recolección de frutos.

Este sembrador es experto en el oficio de la paciencia, puesto que conoce que todo en nuestra vida tiene un proceso, y que nuestros procesos son sobre todo cuestión de tiempo, que nuestra vida es siempre cuestión de tiempo.

Esta será una de las mejores enseñanzas del día de hoy: Dios, nuestro sembrador bueno y paciente, encuentra mayor alegría en la siembra que en la cosecha, y el tiempo que dista para que desgrane la espiga no será nunca un tiempo considerado como perdido sino como un tiempo bien invertido.

Dios te espera a ti y me espera a mí, Dios tiene paciencia contigo y conmigo, y nos invita a tener paciencia contigo mismo y a tener paciencia con los demás.

3.-         Apliquémoslo a nuestra vida. En la educación de los hijos –como lo decía Don Jacinto Benavente- hay mucha mayor alegría en la siembra que en la cosecha.

A un auténtico cristiano, le deben importar más la cantidad y la calidad de sus propios esfuerzos que la cuantía de los resultados.

¿Qué es lo que siembras en tus hijos? ¿Cuáles son las semillas que depositas en su conciencia?

Date cuenta de que, no es posible esperar que la conciencia sin cultivar nos dé frutos, no es posible cosechar en el campo de su conciencia ningún fruto que no se haya sembrado antes. El campo de la conciencia, que es nuestra vida, no depende de la suerte para que dé frutos, depende de los sembradores.

Sin embargo, al hombre actual le parece una pérdida de tiempo todo lo que no tenga un éxito inmediato, todo lo que no dé, de forma rápida, un buen resultado. A nuestros hombres eficientistas, no les cabe en la cabeza el emplear el tiempo y el esfuerzo para cultivar su conciencia, ni la conciencia de los demás, y solamente se dedican a trabajar, a ganar todo el dinero posible.

El padre y el educador tiene que parecerse a un sembrador y, por ello, puedo hablar de las siguientes características en su quehacer:

4.-         Primero: Ni el sembrador ni el padre pueden regatear las semillas de su ejemplo, de sus orientaciones, aún cuando caigan en terreno inhóspito, esto no les puede ni les debe desanimar.

Segundo: Deben ser pacientes para aprender a sembrar a manos llenas y siempre esperar. Entendamos que aunque los hijos fuéramos una buena tierra, bien podemos pasar por alguna etapa difícil de la vida, como la han pasado todos.

Tercero: Un Sembrador y un padre deben tener esperanza: Si alguien no está convencido de que tarde o temprano se pueden obtener buenos frutos, no tendrá nunca la ilusión en aquello que está realizando fatigosamente.

Y cuarto y último, deben comprender la diferencia que existe entre los distintos tipos de tierra buena: No podemos, ni debemos, medir a todos los hijos con el mismo rasero. No se les pueden exigir los mismos rendimientos.

Tenemos que aceptar el dinamismo y la complementariedad que brota de las diferencias existentes entre las personas. ¿No te parece increíble que en la unión de nuestros padres, aún sabiendo que provenimos de dos fuentes genéticas  y morales comunes, los hijos podamos nacer con tantas y tan notorias diferencias? Esta es, precisamente nuestra riqueza y una de las manifestaciones de la sabiduría de Dios. El bosque sería silencioso si sólo les permitiéramos cantar a las aves que lo hacen mejor.

5.-     Hoy es día del padre y el Evangelio nos habla del Sembrador. ¿Es sumamente complicada la labor de la educación de los hijos?

Siempre debemos tener mucho cuidado con los excesos, ya que si la falta del amor paterno a los hijos les puede matar, el exceso de amor paterno no es menos peligro. El consentirles los padres todo a los niños es la mejor manera de hacerles egoístas, individualistas y caprichosos. No podemos confundir el amor, que siempre es necesario, con el abuso del amor.

¿Sabes? 'No podemos darte eso' son cuatro palabras mágicas que deberían formar parte de la educación de cada hijo.

Hace tres días, y hace cuatro días, y hace un mes, y hace un año, y posiblemente mañana,.... nos levantaremos escuchando una terrible noticia sobre la vida del joven que se corta dramática y drásticamente. La velocidad, la impericia y la inmadurez, que nos hace pensar y que les hace pensar que el mundo nos pertenece, les jugaron y les seguirán jugando rudo a cuatro muchachos y,... lamentablemente, a sus familias...

6.-     La falsa seguridad se convierte en la más nefasta vulnerabilidad de nuestros jóvenes. Recordo aquella tragedia griega en donde se narra la historia de Faetón el hijo de Febo.

"En la conversación se mostraba jactancioso y en su comportamiento inútil y arrogante. Como los amigos lo insultaron llamándolo bastardo, quiso demostrar a todos lo importante que él era. Acudió Faetón al palacio de Febo y le preguntó si en realidad él era su padre. Febo le dijo que efectivamente lo era, y para demostrárselo le dijo que le pidiera cualquier cosa. Faetón le pidió a Febo que le dejara conducir el carruaje del sol.

El conducir el carro del sol no era cualquier cosa, según la mitología sólo Febo, aquel padre de Faetón, lo podía hacer. Cualquier otro ser que lo intentara lo tenía que hacer con peligro de su vida.
Por eso, Febo, arrepentido de la promesa hecha a su hijo, y moviendo la cabeza, trató de disuadirlo con estas palabras:

"Tu petición me ha hecho ver, Faetón, que he hablado de forma temeraria. Lo que deseas hacer es peligroso. Es algo que está fuera de tu alcance, no apropiado a tus fuerzas ni a tus años juveniles. Dentro de tu ignorancia pretendes algo más de lo que incluso se pudiera conceder a los dioses. Hijo mío, si quieres alguna garantía de que eres en verdad mi hijo, te la estoy ofreciendo al demostrarte que temo por tu vida. Vamos, mírame a la cara. Sólo quiero que pudieras ver el interior de mi corazón y percibieras cuánta ansiedad paterna se encierra en él".

A pesar de sus súplicas, el hijo se mostró terco, y al insistir consiguió en el padre el desistir; y el padre no tuvo más opción que cumplir el deseo manifestado. Con el corazón destrozado lo acompañó hasta el carro y le advirtió que tuviera cuidado con los briosos corceles.

Faetón, lleno de orgullo y jactancioso por su juventud y su fuerza, saltó dentro del ligero carro, satisfecho de poder tomar las riendas que su padre le había dado. Se situó en su puesto y sonriendo le dio las gracias a su desventurado padre envuelto en lágrimas.

Los caballos, con la tendencia que tenían siempre a ser irrefrenables, notaron la falta de peso en el carro. Se sintieron libres para correr a sus anchas y así lo hicieron. Faetón se llenó de pánico y no tuvo la habilidad de saber manejar bien las riendas.

Al verse en ese apuro y contemplar desde aquellas alturas de vértigo la tierra en toda su extensión y tan alejada de él, se quedó pálido y con las piernas temblando lleno de miedo repentino, al tiempo que sus ojos quedaron deslumbrados por aquel exceso de luz...

Los caballos que respiraban fuego dominaban por completo la situación, ya que Faetón, repleto de miedo, había soltado las riendas. Los caballos volaron tan cerca de la tierra que ésta se prendió fuego, y naciones enteras ardieron en llamas, convirtiéndose en desiertos.

El carro se iba poniendo también al rojo vivo, y aquel desgraciado respiraba fuego ardiente. Envuelto en humo y en negra oscuridad, ni sabía dónde se encontraba ni a dónde iba, sino que se sintió arrastrado y al antojo de aquella pareja de caballos con alas desplegadas, sembrando por doquier la destrucción.

Cuentan los griegos que Febo lloraba por la inminente muerte de su hijo mientras que Zeuz envió un rayo para acabar con aquella escena. La vida para Febo nunca volvió a ser igual"

7.-         "Nadie me va a decir a mí lo que tengo que hacer. Ya tengo veintiún años y puedo decidir y prevenir por mí solo".

¿Te parece exagerado lo que hemos reflexionado? Entonces, te pido que releas el Evangelio, una y otra vez con detenimiento. Más aún, relee los periódicos de esta semana y pídele a Dios esa luz que clarifica la vida.

Pídele al Señor, esta tarde, que como buen sembrador deposites las buenas semillas sobre la tierra de la conciencia de tus hijos. La cosecha no depende totalmente de ti, pero sí la siembra.

 

 

EDUCAR A LOS HIJOS.

“En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos de las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha”.

1.-     Con la muerte acaecida de Charles Schultz el 12 de Febrero del 2000 como consecuencia de su padecimiento de cáncer en el colon, publicaron los periódicos algunas notas de su trayectoria. Una de ellas narraba su incursión en el dibujo.

 “       El dibujo ciertamente no estaba muy bien hecho. ¿Cómo podía estar bien hecho si era de un niño de kinder? Sin embargo, la profesora estrecho al pequeño en sus brazos y le dijo:

-¡Qué bien dibujas!

Orgulloso, el niño llegó con su dibujo a casa. Lo mostró a su papá y él le dijo lo mismo: que su dibujo estaba muy bonito. Luego, solemnemente, clavó la hoja con una tachuela en la pared y anunció a su hijo que a todas las visitas les enseñaría aquel trabajo que lo hacía sentirse orgulloso de él.

De esto pasaron años. Sin embargo lo que le dijeron su maestra y su padre nunca se la olvidó a Charles Schultz, el creador de Snnopy, Charlie Brown y todos los personajes de “Peanuts”.

2.-     ¿Te fijas cómo las palabras de los padres tienen tanta incidencia en la vida de los hijos?

Al final de cuentas se trata de esas semillas que misteriosamente se convertirán en tallos, que dejarán paso a las espigas y en las cuales brotará el grano de,... esas semillas buenas o malas que hayamos dejado en la tierra virginal y fértil de los hijos que Dios te ha confiado.

La escena de Charles Schulz, y de muchos otras personas, me trajo a la memoria aquella composición que Gabriel CELAYA, el escritor español que murió en 1991, escribió sobre la educación de los hijos:

Educar es lo mismo

que poner un motor a una barca...
hay que medir, pesar, equilibrar...
... y poner todo en marcha.

Pero para eso,
Uno tiene que llevar en el alma
Un poco de marino...
Un poco de pirata...
Un poco de poeta...
Y un kilo y medio de paciencia concentrada.

Pero es consolador soñar
Mientras uno trabaja,
Que ese barco, ese niño
Irá muy lejos por el agua.
Soñar que ese navío
Llevará nuestra carga de palabras
Hacia puertos distantes, hacia islas lejanas.

Soñar que cuando un día
Esté durmiendo nuestra propia barca,
En barcos nuevos seguirá nuestra bandera enarbolada.

3.-         ¿Sabes? He pensando en esos deberes que tenemos los adultos hacia los niños.

Yo sigo comparando la educación de los niños con la imagen evangélica de alguien que trabaja la tierra: El padre y el educador tienen que parecerse a un sembrador.

Y, sino lo entendemos, un día le echaremos a Dios la culpa por nuestros descuidos, de nuestras negligencias, de los frutos negativos, de los frutos inexistentes o de los frutos pequeños que nosotros mismos hemos sembrado en la huerta de nuestra familia.

4.-     Te quería participar que en el año 1982, el padre José Antonio Muguerza Garza, mi maestro de inglés en el Seminario y actual párroco de San Juan Bosco, llegó un día con un montón de revistas que colocó formando un montículo en aquel escritorio del aula de segundo año de la preparatoria y nos pidió a aquellos noveles seminaristas que nos acercáramos en fila para tomar una de las revistas y que en cada una de ellas había un artículo previamente seleccionado en una página con su separador y bordeado con color fosforescente del que deseaba que tradujéramos para así evaluar el mes de avance en la materia.

Recuerdo como si fuera el día de ayer que yo tome una revista del Newsweek y tenía señalizado un artículo de John Aspi titulado: Hablar con el Muchacho. Te lo comparto con mis palabras:

“Hablar con el muchacho”. John Aspi escribió en su agenda. Se lo había pedido su esposa, preocupada que lo esperaba aquella noche al regresar de la oficina.

Aquella noche era trascendente en la vida de John, al día siguiente la presentación del proyecto que significaría un excelente contrato para la empresa en la que trabajaba desde hace muchos años, y por supuesto para él significaba un ascenso laboral, y para su familia un ascenso significaba un mejor ingreso económico acompañado de la compra de aquella casa con la que habían soñado durante muchos años.

Y al regresar e ingresar a su casa allí estaba ella parada bajo el umbral de la puerta que cruza la sala hacia la cocina, ella suele estar dormida a estas horas, pero aquella noche le estuviera esperando: “John tienes que hablar con el muchacho”.

Y ella continúo con la advertencia que aquella noche le quitaba el sueño, como quizá otras muchas noches... Los maestros se quejaban de su hijo: que faltaba a clases, que fracasaba una y otra vez en los exámenes, que se mostraba irrespetuoso. Además, le han mencionado que estaba gastando más dinero del que convenía a un chico de su edad, le preguntaron si ellos le daban tanto dinero como el que estaba derrochando. Y también le mencionaron sobre aquellas malas compañías que dejaban tanto qué desear, con aquellos amigos que se rumoraba se dedicaban a tomar cosas ajenas, a robar automóviles y a cuestiones de narcóticos...

Pero,... después lo hago, -decía John en su interior-... Esta noche tengo que terminar el proyecto. Además la mujer exagera...¡así sin las mujeres!... Yo tengo cosas en el trabajo, no debo quedarme atrás, se está acercando una excelente oportunidad de ascenso. Es ¡Ahora o nunca! Las juntas de la empresa no esperan. Y,... sí me dan el ascenso ellos serán los primeros beneficiados y lo sabrán agradecer, estaremos mejor ubicados en lo económico... Pero, no debo minimizar su preocupación y para que ella no se exasperara tome la agenda y le dije: en la primera oportunidad hablaré con él, esto es para mí sumamente importante, mira lo voy a agendar, tú sabes que todo lo que apunto en la agenda es para mi demasiado importante: “Ha-blar –con- -el- mu-cha-cho-” Ya está, vamos a dormir, mañana será otro día. ¡Bueno! Yo tengo que terminar un trabajito, te alcanzo en la recámara...

Y se fue pasando el tiempo, se pasaron los días, y nunca habló con el muchacho. Y un día el tiempo se vino encima, tan de repente.

Una tarde regresó John Aspi a la casa, una casa hermosa y abandonada con la espalda encorvada por el peso del sufrimiento y la vergüenza, entró en su cuarto y vio sus cosas. Ya no tenía que trabajar, le habían jubilado, mejor dicho le habían echado fuera, un día llegó alguien más joven que él y con más capacidades, y como si fuese la silla o el escritorio de la oficina cuando se renueva el mobiliario él también fue renovado... ¡Claro mientras que pedía un aumento él no era indispensable y cuando pedía un permiso la empresa se podía venir abajo! Así son las cosas en aquella y en todas las compañías.

Y en su casa, todas las cosas parecían demasiado extrañas para él, como extraño había sido siempre su hijo, su esposa y todos los demás para él. Quizá pudo decir alguna vez que tenía un hijo, pero su hijo no pudo decir jamás que tuvo un padre. Y su esposa se había ido, mejor dicho, su esposa un día se dio cuenta de la realidad y aceptó con todo el dolor del corazón de que ella no significaba nada para él.

 Y ahora John regresa a su casa después de haber estado en la cárcel, la acusación –ya probada- de que su hijo andaba en cosas de drogas y de automóviles robados, y esa terrible fotografía en el periódico que le hacía pensar que medio mundo al voltear le estaban mirando a él: “Él debe ser el padre del delincuente del periódico”,... y las conversaciones que cesaban mágicamente cuando llegaba él al círculo de sus amigos.

John sintió de pronto la ausencia del hijo, que ahora llevaba como si fuera una herida en la mitad del pecho y en lo más profundo del alma. Molesto, ahora levantaba los ojos al cielo y le reclamaba a Dios, su desventura... ¿Por qué Dios mío eres tan injusto? Él,... que trabajó toda la vida por su familia, que se fatigó a horas y deshoras, que siempre llevó las mejores cosas a su casa, que les ofreció los mejores regalos a sus seres queridos, que se medio mató para que no les faltara nada y que tuvieran aquella hermosa casa,... y ahora Dios le pagaba de esa manera...¡Sin duda, aquello era injusto! ¿Por qué a él y no a otro? ¿Por qué a la gente que no trabaja tanto por su familia le va mejor que a él que les dio todo hasta el cansancio y el desvelo?

Pensando en esto se dirigió al baúl de su recamara y se puso a revolver papeles viejos en busca de una fotografía, aunque fuera una que le diera al menos la imagen de un día pasado en familia, felizmente él y su esposa y sus hijos...  Y no encontró nada. Sólo se topó con la hoja rota de una agenda olvidada, y en ella una inscripción borrosa por el paso de unos años idos y que no habrían de volver: “Ha-blar –con- -el mu-cha-cho”.

5.-     Y vienen aquí nuestros cuestionamientos: ¿Tengo tiempo, tiempo de sobra? ¿A quién consagro gustosamente mi tiempo? ¿Para quién no dispongo de tiempo? ¿A quién podría dedicar más tiempo? ¿Registro el tiempo dedicado a mis hijos, como un tiempo perdido o como un tiempo felizmente aprovechado?
                                                                                             
Y tú, ¿sabes cómo están tus hijos? Oye,... ¿y dialogas con ellos? ¿Sabes quienes son sus amigos? ¿Estás enterado de con quien saldrán a ese viaje que les permitiste realizar en el verano? Recuerda que una cosa es dialogar y otra muy distinta el hablar: hablar es abrir los labios y dialogar es abrir el corazón. Date tiempo para hablar con tus hijos. Para que así después no le andes culpando a Dios de aquello, que tú no has querido asumir.
                                                                                             
Al final de cuentas es la semilla de nuestro tiempo, de nuestras atenciones, de nuestro afecto y de nuestra compañía la que paulatinamente, pero de forma segura e inexorable hará brotar un día los tallos, después las espigas y al final los granos para que obtengamos la cosecha de nuestra propia satisfacción.


LA VIDA QUE POSEE EL GRANO DE MOSTAZA.

Les dijo también: “¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra”.

1.-     Muy querido amigo:

Hoy te quiero confesar que hay una frase anónima que necesitó de un buen tiempo para que en lo personal pudiera asimilarla: El niño es el padre del hombre.

Al principio mi inexperiencia no me permitía asimilar la veracidad: ¿El niño es el padre del hombre? Hoy la comprendo y te comparto mi aprendizaje: Cuando por primera vez se vive el nacimiento de un bebé nace un padre, al nacer un bebé se da a luz algo que antes era inexistente en el hombre. La gestación de un niño es, en cierto modo, la gestación de un padre y de una madre: nacen en ellos dimensiones inéditas de su personalidad.

2.-     El niño es el padre del hombre. En lo personal, siempre he considerado que cuando Dios les concede a los esposos cristianos el regalo del amor fecundo les está obsequiando dos regalos que están íntimamente ligados, solo que suele acontecer que solamente uno de los regalos en ocasiones se percibe y sólo ese se agradece, mientras que el segundo de los obsequios al ser ignorado no es valorado, y al no ser valorado no suele ser agradecido.

El primer gran regalo que Dios nuestro Señor les concede a los esposos con el don de la paternidad es sin lugar a dudas el misterio sagrado y profundo de esa posibilidad de tener a alguien en tus brazos que es sangre de tu sangre, alguien que es vida de tu vida, un ser que es herencia de tu herencia. ¿Cómo no va a ser un regalo especial este inmenso don?

¿Y cuál es el segundo regalo? El segundo obsequio que Dios les concede a aquellos que han recibido el precioso don de la vida prolongada en la descendencia es el de un sentimiento que Dios permite que puedan experimentar un hombre y una mujer en su corazón: se trata del amor paterno y del amor materno. Este sentimiento había sido desconocido por una persona hasta que él o ella no tienen el gusto de abrazar y cargar a aquel que es una proyección y una prolongación de su existencia. Es muy cierto, que las personas han conocido diferentes expresiones del amor, puede ser que casi todas, pero sí no han tenido a alguien en sus brazos que es sangre de su sangre entonces desconocen el sentimiento que ha sido elegido por el mismo Dios para así expresarnos el amor que Él nos tiene.

3.-         Alguien puede saber lo que es el amor filial si se tiene al papá o a la mamá, conoce sobre el amor fraterno si Dios nos ha dado hermanos, ha experimentado el amor de amistad si hay personas que nos han ofrecido un sentimiento noble y transparente en la correspondencia, se ha vivido el amor de noviazgo cuando se ha iniciado la historia de la unión y se conoce hasta el amor esponsal cuando Dios permite que el amor de noviazgo se transforme de un amor sincero en un amor sagrado y de un amor posesivo en un amor oblativo, de un amor humano en un amor santo... pero, ¿el amor paterno y el amor materno?,... suele ser desconocido, hasta que una persona no llega a tener en sus brazos aquel o aquella que es sangre de su sangre y vida de su vida.

Es entonces cuando alguien logra experimentar ampliamente ese segundo regalo, ese sentimiento espontáneo, indiscriminado y gratuito conforme al cual preferirías que te doliera a ti algo antes que algo le doliera a tu hijo, un amor por el que preferirías pasar carencias antes que ellos pasaran carencias, preferirías enfermarte tú antes que ellos se enfermaran e incluso desearías morir tú antes que ellos murieran.

El amor materno y el amor paterno es el sentimiento más incondicional que existe y Dios mismo ha encontrado en ellos, cuando son auténticos el mejor lenguaje para comunicarnos acerca del amor que Él nos tiene.

4.-         Hablemos pues, sobre el gran regalo de la paternidad:

Yo sé que sobre nuestra primera entrada, que es el nacimiento, las personas no parece que podamos hacer mucho, dado que no estamos por el momento en circunstancias conscientes de poder alterar los acontecimientos o nuestra manera de recibirlos. Pero sí podemos hacer dos cosas.

Primero: los padres, y más aún las madres en el papel que les es correspondido en gestación y nacimiento, pueden influir en que la entrada en el mundo del nuevo ser sea lo más benéfica posible y constituya un primer principio ejemplar de todas las entradas subsiguientes que corresponderán al neófito a lo largo de su vida.

Y, segundo, todos nosotros, al aprender algo sobre la influencia que esa primera entrada de gestación y nacimiento tiene en la vida  y la ha tenido también en la nuestra, podemos entendernos mejor a nosotros mismos, y saber por qué reaccionamos algunas veces como reaccionamos, y así ir mejorando las demás entradas parciales que nos esperan en el resto de nuestra vida.

¿Sabes? El doctor Thomas Verny ha escrito un libro sobre “La Vida secreta del niño antes de nacer” en el cual nos refiere la importancia de los cuidados y de la vida prenatal: Él trabaja en una casa de maternidad que dirige. Menciona que los descubrimientos recientes en la neonatología se conocían por intuición desde los años cuarenta, pero que los medios actuales permiten ver y demostrar lo que en aquel entonces sólo se intuía y conjeturaba.

El caso más interesante de los que presenta es el del director de la Hamilton Philarmonic Symphony de Ontario, Boris Brott. En el ejercicio de su oficio como director de orquesta, le llegó el momento de dirigir conciertos de violonchelo y orquesta, entre los cuales se ubicaban los del célebre Franz Joseph Haydn, Luigi Boccherini, Antonin Dvorák, Charles Camille Saint Saëns y Eduard Elgar.

Menciona que en el mundo de la dirección musical el dirigir una nueva obra, con un solista que tiene su propia reputación, estilo e incluso caprichos, requiere del director mucho estudio, atención y dominio antes de enfrentarse a los ensayos, y Brott lo hizo de manera concienzuda y segura. Cada concierto le llevó un buen tiempo hasta dominarlo, pero notó una cosa curiosa: El concierto de Antonin Dvorák que no es precisamente uno de los más fáciles, le resultó sumamente sencillo, de tal manera que casi a una primera lectura se encontró listo para el ensayo. ¿De dónde le vino esta facilidad? Él mencionó su perplejidad a su madre, que era profesora de violonchelo, y entonces ella se lo explicó. Ella había estado aprendiendo precisamente ese concierto cuando estaba embarazada de él. De ahí le venía su habilidad en los ensayos y en la ejecución, fue a través de la memoria pre-natal que adquirió la facilidad de dominar la complicada partitura. Había empezado pronto el aprendizaje.

El Doctor Verny dice que el bebé en gestación es el mejor alumno por dos razones: porque no tiene otra cosa que hacer y porque no tiene prejuicios ni defensas ni distracciones que le impidan el aprendizaje.

Él mismo menciona que los autores favoritos de los no-nacidos son: Antonio Vivaldi es el que se lleva la palma por sus ritmos alegres, sencillos, inocentes, que les llevan a disfrutar de las cuatro estaciones, cada una en su estilo y en su belleza, como para decirnos que desde el calor del verano hasta el frío del invierno pueden resultarnos artísticos si los sabemos acoger cada uno a su tiempo. Ludwig van Beethoven menciona que les asusta a los niños, y dice que hay razón en ello porque expresa traumas y extremos aunque sean artísticos, y ¡claro! que la música rock destroza a los niños.

5.-         Menciona también el médico que fumar no le ayuda al bebé en gestación, por química y por reducción de oxígeno. El doctor menciona que el bebé pasa un mal rato cuando su madre fumaba. Y es que surge la sensación prenatal de estar en una zozobra que provoca también la ansiedad prenatal: ¿Cuándo volverá este mal rato? ¿Cuánto tardará? ¿Cuánto durará? ¿Hasta cuando tendré que aguantarlo? ¿Y si aumenta? La espera incierta provoca ansiedad al bebé en gestación.

6.-         Kristina es el nombre de una niña recién nacida que le presentó al doctor Verny un caso difícil. Sencillamente, ella se negaba a recibir el alimento del pecho de su madre. Kristina no se amamantaba en absoluto. La bebé tomaba el biberón con gusto, pero rechazaba la leche materna. El médico en el desconcierto le pidió a otra madre en lactancia que probase a darle pecho a la niña, y sucedió lo inesperado: la bebé tomó leche del pecho de aquella otra mujer. Ahí había algo que investigar, y el doctor lo hizo con mucha delicadeza pero con firmeza. Él le preguntó directamente a la madre: ¿Quería tener usted a la niña?. Ella contestó que no, que no quería un hijo, y que cuando se supo embarazada se decidió a abortar. En cambio, su marido intervino a favor de tener al niño, y fue así que nació Kristina.

La vida se inicia desde el vientre materno, ojalá que nunca lo olvidáramos. Yo sé que el nacimiento de una nueva vida es como el abrir una puerta nueva: tiene el vago sabor de lo desconocido, y despierta la sensación de pasar a un momento nuevo, en el que se manifestará de manera impredecible la confusión mundana.

¡Cuánta razón tiene Jerome Lejeune el médico francés que ha mencionado lo siguiente: “Es mucho menos pesado tener a un niño en brazos que cargarlo sobre la conciencia”.

7.-         ¡Fíjate! Como en nuestro tiempo hay actitudes erróneas que brotan de expresiones equivocadas, y que se nos han vuelto tan comunes.

En un primer lugar, se encuentra la actitud de aquellos que radicalizan en lo material su óptica sobre la paternidad, considerándose, si no en la teoría sí en la práctica, solamente como unos simples proveedores del hogar. La actitud tiene un respaldo en algunas expresiones que se inspiran en nuestra forma de apreciar, o mejor dicho de “despreciar” el don de Dios.

Cada día, es más frecuente que nos encontremos con aquellos padres de familia que dicen: “Es que quiero darle a mis hijos aquello que yo nunca tuve”.

Nuestro problema radica no en las pretensiones de una vida digna, sino en la apreciación de lo que es una “vida digna”, no en el querer bienestar para alguien sino en lo que yo entiendo como bienestar,... y en que muchos de los padres de familia, por querer darles a los hijos lo que no tuvieron, les despojan de aquello que si tuvieron.

Les ofrecen a los niños la ropa que no tuvieron, los juguetes con los que no jugaron, los viajes que no realizaron, los cursos que no estudiaron,... pero les despojan del cariño y de la presencia que disfrutaron, les privan del beso, del abrazo, de la palmada, del reconocimiento, de la corrección,... del tiempo y de tantas cosas verdaderamente bellas que sus padres,... cuando ellos eran niños, sí les ofrecieron, aunque hubiesen vivido modestamente en lo económico.

Hoy, hay en muchas de nuestras casas, tantos y tantos niños que sufren soledad a causa de la despreocupación y del desinterés, porque sus padres no se ocupan de ellos. Son aquellos que lo tienen todo, que suelen navegar en la mar de la abundancia, aquellos a los que no les falta “nada”, pero que les falta alguien, les falta tener un verdadero padre o no sólo un progenitor o un simple proveedor.

Felicidades por el doble regalo recibido de Dios en el nacimiento de tus hijos.

 

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