Domingo 12 de Marzo de 2006_________Pbro.
Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx
“En aquel tiempo, Jesús tomó
aparte a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos a
un monte alto y se transfiguró en su presencia. Sus vestiduras
se pusieron esplendorosamente blancas, con una blancura que nadie
puede lograr sobre la tierra. Después se les aparecieron
Elías y Moisés, conversando con Jesús.
Entonces Pedro le dijo a Jesús: “Maestro,
¡qué a gusto estamos aquí! Hagamos tres chozas,
una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”.
En realidad no sabía lo que decía, porque estaban
asustados.
Se formó entonces una nube, que los cubrió
con su sombra, y de esta nube salió una voz que decía:
“Este es mi hijo amado; escúchenlo”. En ese
momento miraron alrededor y no vieron a nadie sino a Jesús,
que estaba solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús
les mandó que no contaran a nadie lo que habían
visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos.
Ellos guardaron esto en secreto, pero discutían entre sí
qué querría decir eso de “resucitar de entre
los muertos”.
Nosotros
practicamos una cuaresma de cuarenta días porque el Señor
ayunó cuarenta días en el desierto para prepararse
a su misión.
El
número cuarenta es uno de los que están más
cargados de sentido en la Escritura: Los cuarenta días del
diluvio, cuarenta días de exploración de la tierra
prometida, cuarenta años de la marcha errante por el desierto
antes de entrar en la tierra de la promisión, cuarenta días
que Moisés permaneció en el Monte Sinaí en
donde Dios ratificó la alianza al finalizar al capítulo
24 del Éxodo, cuarenta días de marcha de Elías
por el desierto y cuarenta días del anuncio de la destrucción
de Nínive.
Los
cuarenta días, como lo dice el versículo 20 del capítulo
3 de la primera Carta de san Pedro, significan una nueva creación.
La cuaresma nos hace una clara referencia a nuestro Bautismo, a
nuestro ser creaturas nuevas.
La
verdadera meta de la cuaresma es la de acercar a los fieles a Dios,
entendido Él como la única fuente auténtica
de santidad; esto, a través de la vida sacramental y litúrgica
de la Iglesia.
2.-
Y hemos llegado, mis queridos hermanos en este recorrido, a nuestro
segundo domingo cuaresmal, en el que se nos permite contemplar la
Transfiguración de Cristo.
Hace
apenas una semana meditábamos acerca de las tentaciones que
Jesús enfrentó en el desierto, y ya el día
de hoy se nos lanza una invitación muy especial: que el camino
que hemos iniciado en nuestra Cuaresma no nos impida visualizar
la meta de la Pascua.
El
camino será siempre importante en en la medida que cumpla
esa función de conseguirnos acceder a un destino.
Es
así que para que no nos olvidemos de la meta pascual, en
este camino de la Cuaresma litúrgica se nos hacen presentes
en el Tabor dos personajes sumamente importantes en la Cuaresma
de Israel: Moisés y Elías.
3.-
¿Qué lugar tienen estos dos personajes? ¿Por
qué precisamente Moisés y Elías y, por sólo
poner un ejemplo, no están allí Abraham y Jeremías,
o Josué y David?
Hay
razones coincidentes en estos dos personajes que me gustaría
referir:
Primero:
ambos, Moisés y Elías, vivieron su propia cuarentena.
La Cuaresma de años de Moisés en el recorrido que
le llevó hacia la tierra prometida y su cuarentena sobre
el Monte Sinaí, así como los cuarenta días
que Elías vivió en el Monte Carmelo en oración.
Segundo:
A estos dos personajes durante sus cuarentenas se les permitió
ver el rostro de Dios en cuanto es posible aquí en la tierra.
Moisés al estar mirando por detrás de la hendidura
de la roca en Ex 33,18-23; y Elías en la presencia de Dios
a través de la suave brisa de la que nos habla 1Re 19,8-13).
Tercero:
Los dos fueron alimentados por un pan que Dios les concedió
durante el tiempo de sus propias cuarentenas. Ambos al vivir la
intensidad de los días aciagos fueron consolados por Dios
recibiendo el obsequio de un pan de orígen “divino”.
Sobre
Moisés y el pueblo de Israel conocemos hasta la saciedad,
la referencia a un maná proveniente del cielo con el que
Dios les favoreció. Se trata de ese pan con el que Dios les
nutrió para que, llenos de vitalidad, pudieran dejar atrás
el Monte Horeb, y así llegar, después de su cuarentena
de años, a la tierra prometida.
Elías,
a diferencia de Moisés, no llega al monte Horeb y a la visión
divina sino al final de su santa cuarentena. Ahora bien, en Elías,
las fuerzas necesarias para superar la prueba no le vienen de él
mismo, al contrario: “... Anduvo por el desierto un día
de camino y fue a sentarse bajo una retama. Deseó la muerte
y dijo: Ahora ya basta, Yahwéh. Toma mi vida, que yo no soy
mejor que mis padres.”
Así,
al cabo de un día, lo podemos ver desalentado. Pero Dios
ha venido en su auxilio. “Echándose allí Elías,
se quedó dormido. Pero el ángel de Yahwéh le
tocó y le dijo: “Levántate y come.” Miró
y vio en su cabecera una torta cocida y una vasija de agua. Se levantó
Elías, comió y bebió, y anduvo con la fuerza
de aquella comida cuarenta días y cuarenta noches hasta el
monte de Dios, Horeb” (1Re 19,4-8).
Cuarto:
Los dos, Moisés y Elías, conforme a la Palabra de
Dios y a la tradición del pueblo Hebreo, recibieron el regalo
de la asunción al cielo. De Elías es conocido el pasaje
en el que se nos narra su ser arrabatado en aquel carruaje de fuego.
De Moisés se termina el libro del Deuteronomio mencionando
que no entró a la tierra prometida, sino que la contempló
de lejos y que murió en el Monte Nebo, y que fue enterrado,
pero que hasta el momento en que se escribe el libro del Deuteronomio
no se sabía el lugar en que fueron enterrados sus restos
mortales. La tradición respetable de nuestros hermanos judíos,
cree que Moisés al no entrar a la tierra prometida sino comtemplarla
de lejos, recibió de Dios otro regalo, en mucho más
excelso que el ingreso a una tierra física, profesan que
fue llevado por Dios a la verdadera tierra que mana leche y miel,
confiesan que fue asunto al cielo, y que ese fue el premio de parte
de Dios por todo su quehacer y su desgaste durante el desierto al
frente del pueblo de Israel. Ellos manifiestan que, si no se sabe
en que lugar fueron puestos sus restos mortales, fue porque Dios
le concedió el ser asunto al cielo.
Así
pues, Moisés y Elías, quienes están con el
Señor Jesús en el Tabor, tienen elementos que les
relacionan estrechamente y que les unen a Jesús. Sin embargo,
hace falta mencionar que su presencia en el Tabor es también
en fuerza del testimonio que se necesita de dos personas para manifestar
la veracidad de un acontecimiento, así como por un testimonio
que nace de las dos fuentes más importantes de la Sagrada
Escritura para el pueblo Judío. En Moisés aparece
la ley testificando la divinidad de Jesucristo y en Elías
aparece el testimonio de los profetas. La ley y los profetas: La
Torah y los Nebiim, el camino hacia Dios en el Antiguo Testamento
llega a la meta de la plenitud en la persona de Jesucristo. Dios,
que es fiel, recompensa a sus siervos de la antigüedad que
le hayan sido fieles.
4.-
Muy queridos amigos:
Al
igual que Moisés y Elías hemos inciciado nuestra cuarentena,
de la cual llevamos apenas diez días de recorrido, y la Iglesia
nos invita a no perder el fervor con el que iniciamos este camino
el miércoles de ceniza.
Al
igual que Moisés y Elías, hemos sido llamados a contemplar
el rostro transfigurado de Cristo, y esto lo obtendremos en nuestra
capacidad de transfigurarnos nosotros también después
de experimentar la muerte a nuestras propias iniquidades.
Recuerda
que, precisamente, uno de los nombres de la penitencia es el de
la mortificación. La mortificación implica muerte,
eso es mortificarse: “morir”.
De esto se trata sin duda en la cuaresma. La ceniza nos ha recordado
precisamente estos orígenes y este nuestro destino... a no
ser que le pidamos a Dios y nos acerquemos a Aquel que nos puede
permitir el pasar de la corrupción a la incorrupción
y de la muerte a la vida.
Son
dos muertes las que se comprenden en la Cuaresma: la inaugurada
el miércoles de ceniza y la que se une a la celebración
de la Fiesta Pascual
¿No
es evidente que para resucitar es necesario morir primero?
La realidad de nuestra vida cristiana estará, pues, en proporción
con nuestra generosidad durante esta cuaresma que cada día
va agarrando mejor forma.
La
cuaresma debe dirigirnos a la celebración pascual como resucitados.
5.-
Al igual que Moisés y Elías pidámosle a Dios
ese divino alimento tan necesario para nuestro caminar por el desierto
de la vida,... y de la cuaresma.
Al
igual que Elías, cuando el ayuno cuaresmal nos parezca demasiado
austero, pensemos que es el tiempo de una práctica eucarística
mucho más ferviente. El maná, alimento en el desierto,
al igual que la torta de Elías, ¿no son acaso figura
profética de la Santísima Eucaristía?
Al
igual que Moisés y Elías esperamos también
ser conducidos hacia la Patria celestial.
Los
cristianos hemos comprendido que nuestra Iglesia vive oculta en
el desierto hasta que regrese Cristo. Mientras tanto, nos rehusamos
a que Satán quiera convertir las piedras en panes y le pedimos
a Cristo que sea Él, el que multiplique los pocos panes que
ponemos con nuestro esfuerzo; más aún, le pedimos
que podamos comprender el misterio por el cual, Él que se
negó rotundamente a convertir las piedras en pan, sí
quiso convertir su Cuerpo Santísimo en Pan de Vida Verdadera.
Pidámosle que seamos conscientes de que se ha inaugurado
el tiempo nuevo, en el que maravillosamente vivimos del alimento
del Pan de su Cuerpo y del Pan de su Palabra .
Pidámosle
que en el momento concluyente del camino de la cuaresma de nuestra
existencia, la Eucaristía también sea asumida por
el cristiano, no tan sólo como semilla de vida eterna, sino
también como poder de resurrección, según sus
mismas palabras: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene
vida eterna, y yo lo resucitaré el último día”
(Jn 6,54).
Pidámosle
al Señor que en el momento en que los cristianos iniciemos
nuestro tránsito definitivo recibamos la ayuda para abrazar
la muerte, misteriosamente unidos con el Señor crucificado
y resucitado, quien nos espera con la plenitud de la vida.
6.-
Hermanos: El cristiano, quien ha salido de la esclavitud
del pecado al cruzar el Mar Rojo de su Bautismo, debe aprender a
caminar por el desierto de la vida, recibiendo continuamente el
verdadero maná en la Eucaristía de Jesucristo, nuestro
Señor. De esta manera cuando se encuentre en la cercanía
de cruzar el Río Jordán de su existencia, recibirá
también en el pan de la vida la última ayuda que le
fortalecerá mientras entra a la posesión de la verdadera
tierra que mana leche y miel: la Vida Eterna.
La
Eucaristía ha sido, es y será el verdadero alimento
para los hombres, superior al maná de Moisés en el
desierto, y a aquella torta que Elías recibió de parte
de Dios, tanto en nuestro camino del tiempo como en nuestro camino
hacia la eternidad.
7.-
¡Qué lástima que algunos se hayan dejado seducir
por las palabras de predicadores de cartelera y hasta de Medios
de Comunicación Masiva, y que hayan dejado de recibir un
alimento que ni los ángeles pueden recibir! El Cuerpo y la
Sangre de Cristo, Pan de vida y Bebida de salvación. ¿No
lo crees así?
REGALOS
FUGACES PARA LO TRANSITORIO.
“En
aquel tiempo, Jesús tomó aparte a Pedro, a Santiago
y a Juan, subió con ellos a un monte alto y se transfiguró
en su presencia. Sus vestiduras se pusieron esplendorosamente blancas,
con una blancura que nadie puede lograr sobre la tierra. Después
se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con
Jesús.
Entonces
Pedro le dijo a Jesús: “Maestro, ¡qué
a gusto estamos aquí! Hagamos tres chozas, una para ti, otra
para Moisés y otra para Elías”. En realidad
no sabía lo que decía, porque estaban asustados.
1.-
Hermanos muy queridos:
¿Cuántos
de nosotros vivimos sumergidos en esa necedad de no comprender la
necesidad que tiene la virtud del tiempo?
Para
los tres discípulos, la transfiguración del Señor,
supuso una visión fugaz que les permitió salir de
sus dudas y les confirmó en la fidelidad.
Pero,...
de la misma manera en que aparece en la noche profundamente oscura,
el trazo repentino y efímero del rayo para iluminar transitoriamente
la negra bóveda, de esa misma manera aquel momento de dicha
y de gloria celestial estuvo también caracterizado por la
brevedad.
No
nos toca ni a tí ni a mí el decidir ni el cómo
ni el cuándo, ni mucho menos la duración de tiempo
en la que debe manifestarse Dios, pero sí nos toca a tí
y a mí abrir bien los ojos para reconocerlo y disfrutar de
aquello que en el carruaje del tiempo trae la marca de lo transitorio.
2.-
Somos tantos de nosotros los que en la relación con Dios,
lo mismo que con las personas que nos rodean, quisieramos congelar
ese instante fugaz para hacer otras cosas en el “mientras
tanto” de la vida, o bien para quedarnos en un eterno “mientras
tanto”, sin que por ello sigamos avanzando hacia un auténtico
destino de eternidad.
En
lo que se refiere a Dios, Él jamás nos abandona, y
nos va asistiendo para otorgarnos aquellos bienes que más
necesitamos, en el momento en que más los necesitamos.
Y,
resulta que nosotros queremos que nuestros momentos de extrema felicidad
se detengan y quedarnos en ellos para siempre. Quisiéramos
que nuestros calendarios ya no se deshojaran y que los relojes se
detuvieran, quisiéramos quedarnos en la montaña de
Dios y no regresar a nuestros deberes cotidianos.
Se
trata de todos esos momentos en que queremos plantar tres tiendas
para que la experiencia se congele, ¡cuando todo se acaba!
La vida cristiana, para que sea digna, tiene que vivirse bajo la
evidencia del encuentro o deja de ser vida cristiana.
La
transfiguración será un regalo que se recibe cuando
Dios quiere y como Él quiere, pero que requiere por parte
nuestra, esa apertura de nuestro ser para que Dios pueda aparecer
en el Tabor de nuestra existencia.
Dios
es Vida, es Amor, es Trascendencia, es Inefable y es Inexplicable,
sólo aparecerá cuando el hombre esté abierto
a todo lo posible y a lo imposible, cuando el hombre pueda ser capaz
de soñar e imaginar, cuando el hombre pueda ofrecerle una
fe sincera que no busque transformarse aquí en la tierra
en una certeza de eternidad. La fe es experiencia de nuestra vida,
la visión permanente será la experiencia de la eternidad.
3.-
Nuestra fe es catalogada por no pocos como si fuera un peso y una
carga, pero yo en lo personal la considero como un alivio y un descanso.
La podemos sentir como un peso cuando nos fijemos sólo en
sus exigencias consecuentes de nuestro cristianismo. Pero el cristiano
que sea fiel, en el momento más oportuno encontrará
en la fe ese alivio necesario, cuando la fe con su luz ilumine los
problemas de la vida y llene de nuevas esperanzas el corazón
cansado. Pidámosle a Dios que nos deje sentir la eficacia
de su presencia en nuestras vidas.
Hoy
en día, hay tantos aduladores que reptamos en lugar de ensayar
el vuelo, hay otros que ofrecen fáciles estupefacientes que
idiotizan pero que no ayudan al hombre a ser hombre verdadero: el
odio, la magia, los horóscopos, la superstición, los
astros...
Recuerda
que la fe tendrá siempre sus pruebas que le fortalezcan:
una fe sin crisis es una fe infantil, una fe en crisis podríamos
llamarle que es una fe adolescente; pero una fe que subsiste a pesar
de nuestras muchas crisis es una fe adulta.
4.-
Es más tenemos que decir que la noche trae consigo su séquito
de regalos. Pero también hay que señalizar que somos
muchos los que le tenemos tanto miedo al enfrentarnos con la noche.
Preferimos la luz del día, en donde las cosas no nos cuestan
tanto esfuerzo. Los ojos no necesitan agudizarse para percibir los
movimientos, ni los colores, ni los objetos.
La
noche entraña una virtud: nos sensibiliza. Durante varios
veranos de mi vida pase tres semanas en un lugar llamado: Pablillos,
en Galeana, N.L. Siempre fueron tres semanas muy agradables. Aparte
del tiempo dedicado a la oración, a la reflexión,
a la meditación, creo que un gran regalo fue esas noches
sin luz eléctrica en las que después de rezar a las
10:00 de la noche nos retirábamos a descansar en el silencio.
Fue allí que mientras los muchachos del seminario se dormían
me quedaba mirando el cielo fijamente hasta que la pupila de los
ojos se dilataba y alcanzaba su máxima sensibilidad: Miles
de estrellas se podían ver en el firmamento. Entonces aguzaba
el oído y empezaba a escuchar todo tipo de ruídos:
de distintos animales y de los insectos, procuraba distinguir y
separar cada uno de ellos.
Puede
resultar una paradoja o una contradicción lo que te expreso,
pero puedo decir que: Poco a poco, los sentidos se iban sensibilizando.
Durante el día las cosas se obsequian solas, nosotros no
hacemos tanto esfuerzo. Durante la noche, el obsequio es de nuestros
sentidos, es entonces que somos capaces de ver las estrellas que
se encuentran más distantes.
5.-
Queridos amigos:
La
noche y el día tienen sus virtudes, pero una y otra son transitorias.
Nuestro
problema es el querer entender la vida, incluso la cristiana, como
si fuera un destino y, no es así, el cristiano la debe entender
como un viaje.
La
gran tentación de San Pedro y de muchísimos cristianos
es la de plantar una tienda aquí y no darnos cuenta que todo
lo que sucede en los términos espacio-temporales es pasajero.
En
la Transfiguración, cuando la gloria de Dios iluminó
momentaneamente a la persona de Jesús, la reacción
de san Pedro fue típicamente humana: quiso plantar tres tiendas
ahí y quedarse para siempre en la montaña.
Es
auténticamente humana, porque todos nosotros queremos hacer
lo mismo: queremos que los momentos de extrema felicidad se cristalicen
y quedarnos en ellos para siempre. Pero nuestros relojes siguen
caminando y los calendarios siguen deshojándose. Necesitamos
bajar de la montaña de felicidad suprema. Sin embargo, puesto
que la vida y la muerte significan algo para nosotros, es realmente
crítico e importante el recordar que un día subiremos
al monte del Señor y contemplaremos su belleza para siempre.
6.-
Pero,... ¿qué hacemos nosotros? Parece ser que en
el trato con las personas también nos hemos olvidado del
carácter de transitoriedad que tiene nuestro tiempo y, por
ende, nuestra vida aquí en la tierra.
No
nos damos cuenta que el trabajo puede esperar mientras mostramos
el arcoiris al niño, pero el arcoiris no esperará
mientras nosotros trabajamos.
Me
asalta en la memoria un recuerdo sobre aquel libro que leí
en 1996 de Benjamín Stein titulado: “Más que
todo el oro del mundo”. Nos narra los momentos en los que
llegó a comprender la importancia de la paternidad
El
primer momento, cuando un amigo le dijo que para su hijo era un
héroe y, que era una lástima el que se obsesionaba
con el trabajo.
El
segundo, cuando un amigo le dijo que debería aprovechar mientras
su hijo deseaba estar con él. “Pronto llegará
el día en que no querrá que lo vean con sus padres.
Granjéate su cariño ahora, cuando aún es tiempo.”
El
momento decisivo: cuando leyéndole un cuento infantil, le
dijo con voz clara y una pronunciación perfecta: “Buenas
noches papá, gracias”.
Se
trata del único hijo de Benjamín Stein, un hijo adoptivo.
Hijo sobre el cual considera que el tiempo que pasa con él,
jamás será una perdida ni una distracción de
su propósito en la vida. Simplemente él es la razón
de ser de ese propósito.
7.-
¿Quién no se acuerda de aquel texto que se encuentra
en el cristal de tantas vitrinas?
"
El siempre decía que se retiraría
cuando hubiera conseguido un millón limpio;
y así se afanó desde la mañana al atardecer,
de día en día, y de año en año.
Al fin abrió el libro mayor
y observó el importe del capital anotado;
pero cuando comenzó a vivir
se encontró con que ya había muerto."
8.-
Vendrá un momento en que relojes y calendarios habrán
terminado su misión con cada uno de nosotros.
Pidamos
a Dios que nos permita disfrutar de la dulzura de su Persona y que
no olvidemos disfrutar de aquellos que nos rodean.
Al
meditar sobre la Transfiguración, pidámosle también
su luz para nuestras noches oscuras.
Es
de noche, Señor, para la persona que se encuentra sumergida
en la enfermedad.
Es
de noche, Señor, para todos aquellos que se encuentran en
la desesperación.
Es
de noche, Señor, para quien experimenta una especie de sinsentido
en la vida.
Es
de noche, Señor, para quien ha perdido a un ser querido.
Es
de noche, Señor, para aquellos que de pronto se han quedado
solos.
Es
de noche, Señor, para aquél que se encuentra injustamente
encarcelado.
Es
de noche, Señor, para aquellos que no tienen un pan para
darles de comer a sus hijos.
Es
de noche, Señor, para las personas que como Abraham, han
visto que se ha roto el hilo con el pasado y que se está
rompiendo el hilo con el porvenir.
Es
de noche, Señor, para tantas personas aunque los relojes
de las otras personas estén marcando el mediodía.
Es
de noche, Señor, para tantos seres humanos, a pesar de que
el sol se encuentre en el meridiano.
9.-
Y somos tantos los que quisiéramos saltar por encima de las
tinieblas y que nos iluminara inmediatamente la luz. Demasiado simple.
Porque es necesario pasar a través de la noche, explorarla
de fondo. También la noche tiene indicios de luz.
Cuando
tú pienses que todo está perdido, cuando pienses que
todo se ha acabado. Entonces nos queda Cristo, entonces nos queda
Dios.
Entonces
Dios nos enciende una lámpara para que caminemos en la oscuridad.
La lámpara no elimina la noche, pero nos permite caminar
para que nuestros pies no tropiecen.
TRIUNFAR
ES DE HUMANOS.
Entonces
Pedro le dijo a Jesús: “Maestro, ¡qué
a gusto estamos aquí! Hagamos tres chozas, una para ti, otra
para Moisés y otra para Elías”. En realidad
no sabía lo que decía, porque estaban asustados.
Se
formó entonces una nube, que los cubrió con su sombra,
y de esta nube salió una voz que decía: “Este
es mi hijo amado; escúchenlo”.
En
ese momento miraron alrededor y no vieron a nadie sino a Jesús,
que estaba solo con ellos.
1.-
Apreciables amigos:
Hay
tres montañas que ocupan un lugar clave en la vida del Señor
Jesús: en la primera de ellas el Maestro nos predicó
las Bienaventuranzas, casi al inicio de su vida pública;
la segunda de ellas es el Monte Tabor, desde el cual nos ofreció
una relampagueante manifestación de su gloria divina; y,
en la tercera, el Monte Gólgota, será el lugar en
el que ofrezca el sacrificio supremo para la salvación de
todos los hombres.
2.-
Hoy, el Evangelio nos sitúa en el Monte intermedio, en el
Tabor. Y tenemos que decir que el acontecimiento de la Transfiguración,
que hoy hemos escuchado, no será, en modo alguno, un milagro
extraordinario para aquel que era el Hijo de Dios.
No
se trata de una luz que le esté revistiendo desde fuera,...
sino de aquello que Jesucristo contiene en su interior y que ahora,...
permíteme que lo diga así con todo respeto, ha traspasado
los hilos de su ropaje terreno. En su Transfiguración, el
Señor nos está mostrando la gloria de su naturaleza
divina oculta en la discresión de su verdadera humanidad.
Pero
tenemos que afirmar que el estado de gloria era en la realidad el
estado normal en la persona de Jesucristo, Verbo de Dios encarnado.
La divinidad estaba oculta al unirse a la humanidad y a sus procesos,
y sólo se traslucía con la virtud que salía
de Él, así como en sus palabras y hechos. En el Monte
Tabor se suspende por un instante el estado extraordinario que parecía
el ordinario, para dejarse ver en su forma connatural.
¡No
es un Milagro el momento fugaz de la transfiguración!. Milagro
han sido todos esos otros momentos en los que la divinidad quisó
adoptar las manifestaciones de una humanidad que fue asumida desde
el mismísimo momento de la encarnación.
3.-
La enseñanza cristiana debera ir dirigida en torno a este
camino: Dios nos invita para que mostremos, a aquellos que tienen
un contacto con nosotros, quienes somos auténticamente en
la vida. La exhortación que se nos hace, es a que dejemos
ver en la vida lo que llevamos en el interior de cada uno de nosotros:
Somos barro, pero también espíritu. Somos hijos de
Dios.
Centauros
ónticos diría el Doctor Basave, un
regiomontano por adopción, que falleció hace poco
tiempo.
Los
seres humanos somos el centro y la cúspide de la creación
de Dios. Se trata de una creación que se fue manifestando
en cada momento con el sello de la bondad que le imprimió
el Divino Creador a las obras de sus manos. Sin embargo, al crear
al ser humano el beneplácito de Dios es todavía superior.
El Creador tenía un designio primordial: hacer al hombre
a su imagen y semejanza.
4.-
El lenguaje que utiliza el Génesis nos podrá ayudar
a comprender la constitución de todo ser humano: barro y
espíritu. El barro nos habla de nuestra fragilidad, de nuestras
limitaciones, de nuestras incongruencias, de nuestras equivocaciones.
El Espíritu, por su parte, nos habla abiertamente del soplo
de Dios que le ha dado vida a nuestros cuerpos inertes y que nos
ha hecho ser superiores a todas las demás creaturas.
Recuerda
cómo se realizó la creación: Fue el mismo Dios
que acariciando el barro fue moldeando al hombre, aquel que una
vez que terminó su obra maestra se inclinó ante aquel
genial amasijo de barro postrado por la inercia e insufló
en las fosas nasales el hálito de vida, y entonces aquel
cuerpo inánime cobró vida, la fluidez del aire en
su sistema respiratorio inició su inquebrantable camino,
el corazón inició su palpitar incesante, la piel comenzó
a tomar color y temperatura, los ojos se abrieron y el hombre se
erguió para iniciar un camino que tiene destino en la eternidad.
El hombre es barro y espíritu de Dios.
Con
este binomio de composición de todos los hombres, podremos
comprender que nuestra vida se desarrollará entre las manifestaciones
del barro y la manifestación del espíritu que nos
ha encumbrado sobre las demás creaturas y que nos ha convertido
en lugartenientes de Dios en la creación.
5.-
Errar es de humanos, dice un refrán que muchos hemos convertido
en una especie de máxima de verdad para nuestra vida. Se
trata de una especie de bandera que hemos enarbolado en el mástil
de nuestra barca para cruzar por las mares de la existencia. Se
trata de una expresión de la ingenuidad y de la necedad que
se convierte en discurso programático.
¡Es
cierto que errar es de humanos!, ¡es verdad! Pero decirlo
solamente así es decir una verdad a medias, que como todas
las verdades a medias se suele convertir en una de las más
grandes mentiras.
Errar
es de humanos, pero también lo es el triunfar, el acertar,
el tener ilusiones, el tener ideales, el soñar en la vida
y el levantarse con la victoria.
Y
entre estas dos expresiones y manifestaciones, es donde se va escribiendo
nuestra vida.
6.-
Nuestra historia cristiana se escribe, entonces, entre un estarnos
desfigurando al ensalzar un barro que encarcela el espíritu
y un irnos transfigurando cuando es el espíritu el que hace
que el barro se convierta en materia y forma de la trascendencia.
Pero,
sí somos sinceros tenemos que decir que somos muchos más
de los que pensamos, aquellos que nos desfiguramos en la vida. La
cobardía, la mediocridad, la pereza, los miedos, las iras,
los rencores, los celos, la superficialidad, las adicciones, el
consumismo, el hedonismo, el materialismo y la falta de compromiso,
no son más que algunas de las manifestaciones de aquellos
que parecemos darle más importancia, y valorar más
y mejor, al recipiente de barro, que a nuestro mismísimo
tesoro que en el barro se encuentra depositado.
7.-
El transfigurarnos debe significar, por el contrario, un manifestarle
amor a la vida y a las personas, el mostrar coraje en las dificultades,
el presentar el rostro de la dignidad en los problemas que enfrentamos,
el mantenernos unidos en familia aún en medio de los embates
que sufrimos, el ser capaces de mostrarnos serviciales a pesar de
las eventualidades y de nuestras perezas, el saber perdonar o el
saber pedir perdón, para así solucionar esas diferencias
que tenemos con las personas amadas.
Si
aspiramos a la Transfiguración, debemos comprender, que el
secreto de nuestra Transfiguración se encuentra en un solo
lugar: en la Montaña. Al mismo tiempo, debemos entender,
que hay una actividad que nos posibilita esta transformación:
la oración. No se trata de otra cosa, que la cercanía
y nuestro trato filial con Dios.
8.-
Y lo que nosotros hacemos es preciamente lo contrario: Es verdaderamente
triste que el hombre actual no tenga un poco de tiempo ni para dirigirse
a la Montaña ni para hacer oración. Hoy el ser humano
se encuentra sumergido en medio del trajín diario, del tráfico
y del cocreto y del asfalto de la vida. Son tantos los negocios
que todos tenemos que atender en este mundo globalizado que tal
parece que no nos vamos dando cuenta que se está fragmentando
nuestra familia, nuestra persona y nuestra sociedad.
El
resultado lo conocemos, bastaría que encendiéramos
un rato la televión o que nos diéramos una paseada
por las calles o los supuestos lugares de diversión: nos
encontramos con personas sin rostro, entes sin identidad, gente
que ha convertido sus noches en días y sus días en
noches, casas que se están convirtiendo en dormitorios, en
hoteles o en restaurants, hombre y mujeres encápsulados en
la voragine de la vida y que no han sabido darse un poco de tiempo,
para así perforar la existencia diaria y en la oración
fabricar sus propios respiraderos.
9.-
Y tú: ¿Qué has
hecho de tu vida? ¿Te has desfigurado o te has transfigurado?
Respóndete con sinceridad. ¿Desfigurarse o transfigurarse?
Yo
me resisto a creer, que un joven un día haya querido ofrendar
su vida y haya tenido como un noble ideal el sacerdocio, como para
que otro día sea solamente un sacerdote mediocre.
Yo
me resisto a creer, que alguien haya querido casarse un día
y formar una familia, incubando en su corazón la posibilidad
del fracaso, o permitiéndose pensar por un solo instante
en la infidelidad.
Yo
me resisto a creer, que alguien un día haya querido ser médico,
un samaritano de la salud, pensando solamente en su beneficio o
en su cartera, y que con el paso del tiempo se haya convertido en
un mercader de la vida y de la salud.
Yo
me resisto a creer, que algún día alguien haya querido
ilusionadamente ser maestro, como para convertirse solamente en
un comerciante de las letras o en un mezquino docente.
Yo
me resisto a creer, que un día alguien haya pensado en ser
arquitecto, y que en su mente no haya pasado la leve y peregrina
idea de ser alguien que verdaderamente brinde un servicio al hombre
y a la sociedad.
Yo
me resisto a creer, que alguien un día se hubiera convertido
en abogado descartando en su pensamiento la ilusión de impartir
la justicia o buscar el honor de la verdad.
Yo
me resisto a creer, que un joven no sea capaz de valorar su propia
vida y que este pensando en malbaratarla o echarla a perder.
Yo
me resisto a creer, que un joven prudente haya pensado, por un solo
momento, en pisotear su salud con adicciones o en echar por el drenaje
de la existencia su sexualidad.
Yo
me resisto a creer que exista un hombre sobre la tierra que un día
no haya tenido sueños elevados, que un día no haya
tenido nobles ideales, que un día no haya sabido valorar
el porqué y para qué Dios lo puso en esta tierra.
10.-
¡Tantas cosas se solucionarían si el hombre se diera
tiempo para respirar el aire puro del Monte Tabor!
Solamente
aquellos que hayan querido “perder un poco de tiempo”
para retirarse a la Montaña, podrán vencer en la batalla
de los valles, podrán resistir a la tentación de ceder,
de adaptarse y podrán recibir de Dios la gracia de, que en
las dificultades del Monte final, no se desfigure su rostro cristiano
sino, que por el contrario, pueda llegar a transfigurarse eternamente.