Domingo 26 de Marzo de 2006_________Pbro.
Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx
“En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: “Así como levantó Moisés la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del Hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna.
Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él. El que cree en Él no será condenado: pero el que no cree ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios.
La causa de la condenación es esta: habiendo venido la luz al mundo, los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo aquel que hace el mal, aborrece la luz y no se acerca a ella, para que sus obras no se descubran. En cambio, el que obra el bien conforme a la verdad, se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios”.
¿Se acuerdan cuando hace precisamente dos años surgía una fuerte polémica generada por el estreno de la película de La Pasión de Mel Gibson?
El día de hoy lo estaba recordando al realizar mi meditación sobre este hermoso texto del Evangelio de san Juan que nos refiere ese rasgo inefable del amor de Dios, y cómo ese amor llega a expresarse, más que explicarse, en ese ser levantado en lo alto el Hijo del Hombre para obsequiarnos vida eterna.
Al respeto de Jesucristo en la Cruz, el escritor italiano Giovanni Papini, reconvertido al cristianismo cuando en el año 1920 estando al borde de la muerte un sacerdote le supo poner en sus manos un santo Cristo y decirle a aquel hombre que se quejaba de tener las manos vacías: “ahora las tienes llenas”, menciona en su obra titulada: La historia de Cristo: “El mundo tiene una gran cruz invisible, plantada en el centro de la tierra. Bajo esa cruz gigantesca, goteando sangre todavía, van a llorar y buscar fuerzas los crucificados en el alma”.
2.- El ser levantado en lo alto que le refiere el Señor a Nicodemo nos advierte sobre la Pasión que se avecina ya en la proximidad de quince días.
La Pasión vivida por nuestro Señor Jesucristo posee inevitablemente dos claves de lectura: la de aquellos que en el nombre de Dios condenaron por error al mismo Dios y la de Aquel que en la cruz se encuentra ante Dios en apariencia abandonado por Dios.
Por un lado, no tenemos que evitar la afirmación: Jesús, el Nazareno, fue asesinado (Hch 2,23) y, por el otro, en el amor que Él nos tiene y en un proyecto de amor del Dios Uno y Trino, El quiso dar la vida (Jn 10, 17s).
Es posible que en los próximos días volvamos a ver la proyección de aquella película, por ello te invito para que hagamos las dos lecturas de tal manera que, al tener todos los elementos posibles, interpretemos aquel Misterio que en el viernes santo hizo su presentación en el Gólgota, más que el sólo pretender emitir un veredicto sobre una representación fílmica.
3.- Las causas que tenían aquellos que determinaron la muerte de Jesús representaron en su tiempo un gran conflicto: Sócrates, el “inadaptado de la sociedad helénica” necesitó de setenta años para que su conflicto le llevara a la muerte. En el caso de Jesús existe una celeridad en el proceso y la ejecutoria.
A pesar de la inevitable lectura teológica que pudo sufrir el relato de la Pasión de Cristo, existen cuatro puntos en los que la crítica histórica se siente segura: primero la muerte en la cruz, segundo la molestia que entre los saduceos (casta sacerdotal) generó su pretensión histórica de reconocerse Hijo de Dios, tercero la condena civil hecha por Poncio Pilato y cuarto el letrero en la cruz que pronunciaba el delito.
Tácito dejó escrito en sus anales: "Cristo fue condenado al suplicio por Poncio Pilato, bajo el emperador Tiberio."
4.- La crucifixión, al parecer, se usó por primera vez como pena capital para los esclavos entre los Persas. El castigo consistía, en su inicio, en una gruesa estaca de la que pendía el cadáver o la cabeza del ejecutado, espectáculo atroz cuya finalidad era humillar al condenado y que se convirtiera en un elemento disuasivo para todo posible espectador.
Los griegos adoptaron el suplicio y le dieron un viraje político. Platón relata, al introducir el libro II de su REPUBLICA, el destino que un hombre justo podía esperar de los que querían mantener el poder: “El hombre justo será azotado, torturado y encarcelado, le sacarán los ojos y después de padecer toda clase de humillación será crucificado”.
El Imperio Romano lo conserva y transforma: la crucifixión será para los esclavos, aunque hay vestigios que testifican la crucifixión de alborotadores. Al inicio se tortura al reo, dándole azotes para hacerle sangrar y debilitarle. El maltrato se gradualizaba conforme al delito cometido. Luego se obligaba al ajusticiado a cargar el travesaño o PATIBULUM hasta el lugar de la ejecución, en donde le esperaba el madero vertical llamado STIPES cortado para que embonara a tope con aquél. Los verdugos ataban entonces al condenado y, en el caso de sedición lo clavaban. Solían colocar sobre la cabeza una inscripción para justificar la ejecución.
El peso del cuerpo descansaba en un escabel que llamaban SUPPEDANEUM clavado en el STIPES. El castigo continuaba en las inclemencias del tiempo y la molestia de los insectos. Las mujeres israelitas les ofrecían un brebaje analgésico elaborado con vinagre. El final venía con el cansancio, al caer el cuerpo y con la asfixia que cortaba la existencia al bloquearse las vías respiratorias.
El historiador judío Flavio Josefo le llamó a la crucifixión “la más terrible de las muertes” (Gue. J. VII, 202.). Cicerón refiere que la agonía duraba hasta 36 horas, de allí que los ejecutores apresuraran la muerte quebrando las piernas, razón por la cual los romanos también le llamaran a la crucifixión “piernas rotas” (Philippicae XIII, 12,27).
5.- Lo anteriormente descrito es lo que se contempló y lo que se vivió en la Galilea de aquellos años 30´s de lo que ahora llamamos era cristiana, y eso fue lo que se interpretó al ver al Mesías de Nazaret pendiendo del madero de la ignominia.
Los cuatro Evangelistas conservaron la realidad de la crucifixión. Y su interés al redactar un Evangelio se centró en explicar, a través de los datos recuperables para su narrativa, el porque aquella Vida terminó en la condena.
San Juan lo refiere así: “No te condenamos por ninguna de tus obras sino porque siendo hombre te haces a ti mismo Dios” (Jn 10,33).
San Mateo, quien ha escrito para cristianos provenientes del judaísmo, refiere el proceso religioso: habló contra el Templo, ha blasfemado al llamarse “Hijo de Dios”,lo cual le convirtió en "reo de muerte"(Lev 24,14ss).
San Lucas, al escribir para cristianos provenientes de la romanidad, conserva el proceso político: acusado de alborotador, prohibe pagar impuestos al Cesar, se proclama "Rey". Él refiere el recurso a Herodes, en una comprensión legal de los límites territorio-jurisdiccionales.
Lo señalado nos ayuda a juzgar la realidad o irrealidad en torno al factor humano. Pero, ¿qué podemos entender sobre el factor divino y aquel proyecto que se concretó aquel viernes santo en el Gólgota del mundo?
6.- Hoy el Evangelista san Juan nos ofrece una luz ineludible para la comprensión de la visión divina de aquel momento: “Tanto amo Dios al mundo que nios envió a su único Hijo para que todo el que crea en Él no se pierda sino que tenga la vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar...”
Decía, con toda razón, Maillot, que Dios Padre nos había dado en Jesús todo y lo mejor: “Dios no tiene otro Hijo de reserva... se trata del Único Hijo. En Cristo Dios, se ha despojado, se ha arruinado a favor de los hombres”.
7.- Jesús al ser levantado en lo alto será erguido como Rey, pero “no de este mundo”. Su reinado se asienta en un desconcertante trono. Da miedo decir que el trono de este Rey es la cruz. La horca, la guillotina, el fusilamiento, la silla eléctrica, la inyección letal,...eso significaba entonces la cruz, y desde ella Jesús se proclama Rey y atrae a todos hacia Él. Su ejército son sus palabras firmes y su poder es la defensa de la verdad.
En la cruz la Palabra articulada se hizo Palabra inmolada. Cristo manifiesta el amor de Dios al mundo hasta el grito inarticulado en el que todo se atestigua. Todo lo que era incomunicable, se expresa con los brazos extendidos, el cuerpo desangrado y el corazón atravesado por la lanza.
La Cruz es la debilidad desconcertante del poder divino, en donde Dios ha extendido sus brazos no para condenar sino para abarcar en un sólo abrazo a todos los hombres.
8.- Es aquí en donde podremos tener el mejor criterio para ver una película tan fuerte como lo es la de “La Pasión” de Mel Gibson.
La muerte de Jesucristo fue consecuencia tanto de su obrar como de la oposición a su obrar. Pero no es ésta la última Palabra y Nicodemo lo debe comprender. La resurrección será el sí del Padre pronunciado a lo que la cruz nos ha anunciado, y este momento no merecía dos raquíticos minutos en la película que te he mencionado.
Resulta comprensible, no obstante, el conflicto que vivió el pueblo judío con la trama de la representación fílmica, aunque la presentación histórica no debe ser ignorada. Desde la comprensión de la revelación, tanto el pueblo hebreo como el cristiano contemplamos los vínculos entre nuestros miembros como lazos vitales que crean una comunidad superante de las coordenadas del espacio y del tiempo. Esta es la razón por la cual Juan Pablo II tuvo valor para pedir perdón por pecados que son parte de un pasado eclesial.
No obstante, hay dos excesos que no están permitidos: ni acusar a los judíos actuales de algo que aconteció en el pasado ni exonerar al Sanedrín de aquel entonces de la historia que se vivió en el viernes santo. La película nos recuerda el amor que Dios nos tiene y que hoy hemos escuchado en nuestros templos.
Se trata de esa luz que ha brillado en la oscuridad de aquella noche en la que Nicodemo estaba buscando a Jesús para hablar con Él
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LA CRUZ ES LA EXALTACIÓN.
““En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: “Así como levantó Moisés la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del Hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna.
1.-
Hermanos muy queridos:
La imagen de la serpiente levantada por Moisés en el desierto, como un símbolo de salvación para los hombres, referida este día por Jesucristo, es una clara alusión a su muerte en la cruz, principio del desenlace de ésta nuestra cuaresma litúrgica.
La cruz es la manifestación expresa del amor que Dios nos ha tenido. Expresión que nos habla de un Dios que rechaza la muerte y el sacrificio del hombre, y que a cambio de ello nos ha ofrecido su propio sacrificio cruzando el límite de la misma muerte.
Lo anterior, debe hacernos entender, sobre todo en estos días en que un musulmán es sentenciado por convertirse al cristianismo, que una guerra en el nombre de Dios, es la peor de las aberraciones. Puesto que, para que se evitarán las violencias, los cristianos conocemos que Dios mismo experimentó la violencia; y para que no fuere necesario derramar la sangre del hombre, Dios quiso derramar su propia sangre, en su propia humanidad asumida desde el primer momento de la encarnación de su Hijo muy amado, por obra y gracia del Espíritu Santo en el vientre inmaculado de la Virgen María.
Este domingo te quiero invitar, para que dirijamos nuestra mirada hacia la cruz de Jesucristo, que ha sido levantada en lo alto para que así pueda iluminar esta cuaresma cristiana, vivida en la lamentación, por estar enmarcada en el más aberrante egoísmo del hombre.
2.- La cruz ha sido y es considerada el símbolo religioso más característico del cristianismo, incluso es el signo específico de nuestra religión. Este símbolo, contradictorio por sus orígenes históricos, ha sido asimilado en la historia y se ha contemplado en él todo el contenido de la salvación revelada plenamente en Jesucristo. Se trata del signo que permite accesar inmediatamente a nuestra mente cada una de las dimensiones del amor que Dios nos ha tenido.
Así pues, la cruz, en el principio un instrumento de castigo, se convierte en instrumento de redención, y se ha transformado en uno de los términos esenciales que nos son útiles para así evocar nuestra salvación.
No existe nada tan sensato como la locura de esta cruz y nada tan fuerte como el amor expresado en esta aparente debilidad.
3.- Y la verdad es que provoca tristeza auténtica, el descubrir que los cristianos vayamos renunciando al rostro claro del amor que Dios nos tiene. Me parece lamentable que andemos en el recorrido de nuestra vida como si fuéramos limosneando un poco de cariño tras residuos de frugales migajas, en tantas creencias equivocadas e inseguridades erróneas, mientras que en Cristo poseemos el abundante banquete de la verdad y de la vida.
¡Qué triste que, habiendo echando al saco del olvido la grandeza de nuestra fe, vayamos suplicando una serie de esperanzas vacías en otros lugares! Es verdaderamente lamentable el que, como lo decía Jeremías, hayamos dejado el manantial del agua viva y ahora andemos en búsqueda de esas cisternas agrietadas o, lo que es peor, de esos recipientes que poseen aguas estancadas, y muchas veces hasta pestilentes.
4.- Ustedes no me lo van a creer pero existió en el siglo XVII un hombre que se llamó Cornelio Jansenio, el cual se separó del catolicismo, y que afirmaba rotundamente que Cristo había venido al mundo por unos cuantos elegidos.¿A quién me recuerda esto? ¿A quién me recuerda esto?
Afirmaba que Jesucristo solamente había venido al mundo por los hombres buenos, ¡¡por supuesto que él estaba dentro de los buenos!! Oye, ¡qué extraño pensamiento de alguien que se quería llamar cristiano y que olvidaba que Cristo vino al mundo para salvar y no para condenar! Se le olvidaba (como a tantas gentes en nuestros días) que el Señor Jesús vino al mundo como el divino médico, no por los sanos sino por los enfermos, que vino al mundo no por los justos sino por los pecadores. No ha venido a condenar sino a salvar.
Resulta repugnante para cualquier cristiano serio, el que sigan predicando por las calles algunas gentes que repiten un mensaje atrofiado pero que se han memorizado desde hace muchos años, muy distante del Evangelio de este domingo ya que predican ellos que: Dios Padre había sido ofendido por el hombre y que esa ofensa adquirió matices de inmensidad por razón de aquel que fue ofendido. De tal manera que esa ofensa no podía ser saldada por un hombre ni tan siquiera por un ángel, sino que tenía que venir el Hijo de Dios a hacerse hombre para saldar esa ofensa contra el Padre Eterno.
5.- ¡Qué extraño pensamiento de esos que ignoran el mensaje de Jesucristo en el Evangelio de san Juan y que en esa predicación distorsionada presentan al Padre Eterno como alguien infantilmente caprichoso y vengativo, como alguien que pareciera negarse a dar el perdón! Se les olvida el texto del Evangelio que hemos escuchado y en el cual tan claramente se nos habla del amor del Padre. ¡Están despojando al Evangelista san Juan del centro de su mensaje! El Padre ha amado tanto al hombre que le dio a su Hijo amado no para condenar al mundo sino para perdonarlo.
¡Que mensajes tan distintos y tan distantes de lo que el Evangelio hoy felizmente nos anuncia! ¡Qué raro que el día de hoy siga habiendo hombres atemorizantes y atemorizados por mensajes de condena y de coacción espiritual y que se renuncie a recordar que Dios es ante todo Padre! ¡Qué extraña actitud la del hombre que prefiere el mensaje de un Dios vindicativo que castiga, en lugar de contemplar el rostro de un Padre que ama y, que la prueba del amor que nos tiene, es precisamente su Hijo a quien ha enviado a la tierra!
En Cristo, conforme lo ha expresado san Pablo, hemos conocido las dimensiones de la anchura y de la longitud, de la altura y de la profundidad del amor más puro que existe.
6.- ¿A qué nos invita la Palabra de Dios el día de hoy?
Este es el contenido cristiano, no el del mensaje de una guerra en el nombre de Dios. ¡Pidámosle a Dios que nuestra humanidad viva su Pascua de transformación!
¿Cómo y con qué derecho podríamos silenciar el contenido de la Revelación que se ha manifestado en forma tan bella en el Evangelio de San Juan? “ Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él” (Jn 3,17).
La serpiente de bronce, que fue signo de salvación para el pueblo hebreo, ha sido superada en supremacía por aquel que levantado en lo alto atrae a todos los hombres hacia sí mismo.
La cruz no es, en manera alguna, una humillación que será seguida por la exaltación, sino el principio de la glorificación. La “exaltación” de Jesús en la cruz concede a los creyentes la vida de Dios, puesto que Cristo exaltado en la cruz “atraerá a todos hacia sí mismo”.
La hora de la glorificación del Hijo Eterno del Padre, nos podrá hacer entender cómo es que San Juan ha favorecido en sus escritos la comparación de la cruz con el árbol de la vida.
En el libro del Génesis se nos relataba como Dios había colocado en el jardín del Edén el árbol de la Vida, cuyo fruto comunicaba el don de la inmortalidad. Ante el conocido fracaso del primer hombre y de sus pretensiones, el Evangelista san Juan, nos muestra a Jesucristo desde el árbol de la cruz, como aquel que ha dado vida en plenitud a la nueva humanidad, y lo ha hecho al entregar su espíritu y haciendo que de su costado manara sangre y agua. Ahora desde la cruz se ha abierto el camino que conduce al paraíso hallado, y nosotros podremos comer de los frutos de la cruz, verdadero árbol de la vida. El antiguo signo de maldición se ha convertido ahora en el árbol de la vida en plenitud.
7.- Es Cristo, el Rey de la Paz, que en la cruz ha vencido con la mansedumbre y con su propia vida, la violencia de Caín y la de todos los hombres.
La alternativa de Cristo no es pues la de la violencia, ni la de la venganza, no es ni el odio ni el rencor. La alternativa de Cristo es la del amor y la entrega. El cristiano debe ser capaz de descubrir esperanza aún en la desesperanza.
La alternativa de Cristo es la que nos ha transformado a nosotros, y la que puede transformar al mundo, pero para ello debemos mostrarnos transformados.
8.- Y así comprendemos que el amor no es una definición, sino el distintivo fundamental de la enseñanza de Cristo y de la vida del cristiano, como nos lo ha recordado el Papa Benedicto XVI en “Deus est caritas”. El amor cristiano – el amor a Dios y al prójimo- ennoblece y enriquece siempre al hombre. El amor hace que nos parezcamos un poco más a Dios.
Pero se trata de amar a Dios y de amar al prójimo. Dios no quiere el don de mi amor para Él en su altar sin el don del amor al prójimo en la vida diaria. Alguien podría preguntarnos acerca del costo del ser cristianos y la respuesta inmediata tendría que ser: el amor es el precio.
Amar al hermano es la proyección del Amor a Dios. Al Padre se le ama en los hijos. Nuestro tiempo muestra una rara especie de místicos: Personas que hacen la guerra en el nombre de Dios.
Ser cristiano significa amar a Dios y amar al prójimo en un acto indistinto que empieza en nuestra misma casa y que se proyecta a cada momento de nuestro existir. Ser cristiano significa amar a Dios y amar al prójimo a pesar de nuestros cansancios y desalientos. Amar es el único costo de ser cristiano.
Si fuéramos congruentes, coincidiríamos con la forma en que cristianamente lo ha pensado la Madre Teresa de Calcuta: “El vestido del amor lleva una orla que se arrastra por el polvo, y barre la suciedad de las calles y caminos, y puesto que puede, debe hacerlo.”
LA CONDENA DE LOS QUE CONDENAN.
Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él. El que cree en Él no será condenado: pero el que no cree ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios.
1.-
Apreciables y gentiles amigos:
La Palabra de Dios debe extenderse a todas las naciones; se concentra en Jesucristo, pero en orden a su universalización. La obra salvadora que el Señor nos ha traído tiene como destinatario al mundo como lo señala el Evangelio.
La Buena Nueva debe predicarse a toda creatura. La Iglesia será infiel a la Palabra de Dios, en el momento en que olvide las dimensiones de universalidad que se contienen en el mensaje de la salvación.
La Iglesia no puede olvidar que, lejos de ser una dueña caprichosa o hasta perezosa, es sierva, guardiana e intérprete de la Palabra que Dios nos ha enviado y, por la cual ha sido engendrada (1Cor 4,15).
Todos nosotros, los cristianos de la actualidad creemos sin haber oído, visto ni contemplado al Dios vivo. Nuestra fe ha nacido gracias al testimonio apostólico (1Jn 1,3; 4,14-15; Jn 17,20; 19,35) y a la fe en ese testimonio, que se ha seguido manifestando en los sucesores de los Apóstoles. Reconocemos en ellos las mociones del Espíritu Santo (Jn 15,26; 16,7-15).
2.- ¿Cómo y con qué derecho podríamos silenciar el contenido de la Revelación que se ha manifestado en forma tan bella en el Evangelio de San Juan? “ Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él” (Jn 3,17).
¿Cómo borrar las palabras que le escribe San Pablo al Obispo de Éfeso, que ya desde ése entonces, junto con Tito y otros Obispos, sucedían en sus funciones a los Apóstoles de Jesucristo, quienes ya habían entregado su vida en el testimonio de la fe? “Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad”. (1Tim 2,3-4).
Resulta claro, en algunos que se dicen cristianos, la poca comprensión que se tiene del mensaje de Jesucristo, al querer reducir el Reino de Dios a un pequeño grupo de predestinados. ¡Nada hay más aberrante que esto! S.S. Juan Pablo II habla de aquellos que no han escuchado adecuadamente el mensaje cristiano y con ello reitera, en congruencia con el Evangelio de Jesucristo, la doctrina ya expuesta en la Nostra Aetate n. 2 y en el número 21 de la Dominus Jesus: “Ellos se salvarán por caminos que sólo Dios conoce.”
Resulta doloroso para nosotros el que por nuestro mensaje inadecuado, quizá más que por las palabras por las actitudes, haya personas que no quieran recibir los beneficios de Jesucristo. Ante los hombres que defienden sus proposiciones, debemos ser respetuosos, pero sin olvidar que en Jesucristo hemos conocido no proposiciones humanas sino la Verdad Divina. Las verdades del Reino se aceptan con libertad y nunca a la fuerza. “Aquél que te creó sin ti, no te salvará sin ti” decía ya San Agustín a los cristianos del siglo V.
Y en esto de la obra de Cristo, y lo que debe ser el obrar del cristiano, la cruz tiene un lugar muy especial. Es por ello que debemos continuar nuestra reflexión sobre la cruz, auténtico árbol de la vida.
3.- La cruz conserva toda una carga de significación en el pensamiento cristiano: se trata del memorial de la Pasión de Jesucristo y de nuestra redención, es símbolo de la inmolación espiritual del cristiano, es signo de penitencia y de unión a los padecimientos de Cristo, es signo del sacrificio y de la propia entrega de la vida. Lo anterior le podrá hacer entender, a cualquier hombre, el porque la Iglesia contempla la cruz de Cristo, como signo de bendición y la propone como camino de espiritualidad en la fiesta de la Santa Cruz.: “ Sólo tú has sido exaltado por encima de todos los cedros; de ti estuvo suspendida la vida del mundo; en ti triunfó Cristo; en ti venció la muerte a la muerte para siempre”.
4.- La cruz nos recuerda el corazón abierto, en donde se derrama lo último de la sustancia de Jesús: sangre y agua, se trata de los sacramentos de la Iglesia. De la misma manera en que la primer mujer nació del costado del primer hombre dormido, ahora el Dios que se ha hecho hombre, quiere que en su dormición terrena pueda salir de su costado la nueva humanidad. La Iglesia tiene su origen en la cruz.
Los cristianos hemos encontrado en la imagen de la Santa Cruz, un camino por el cual transitamos en la vida diaria.
Los cristianos hemos comprendido que debemos adquirir los mismos rasgos de Jesucristo, tanto en nuestra acciones como en nuestros sentimientos. Sólo al configurarnos con Cristo habremos dejado atrás al hombre viejo y nos habremos revestido del hombre nuevo. Sabemos que Jesús es el camino verdadero para recorrer en la vida y que la cruz no es sólo un distintivo sino un proyecto de vida.
La cruz es un verdadero signo de bendición que nos enorgullece. Es posible que en los inicios de la Iglesia, como lo refiere el mismo san Pablo, los círculos en los que se movían los cristianos se mofaran al contemplar la Cruz. En nuestro tiempo, es posible que no exista alguien que se ría de la cruz al contemplarla físicamente, pero sí de su significado y de todo aquello a lo que nos invita.
5.- La cruz de Cristo es el signo del misterio de la salvación. Se trata de una economía que al llegar a su plenitud nos muestra a los grandes personajes del Antiguo Testamento, como si fueran aquellos generales de guerra que conocían tan solo parcialmente la estrategia a realizar. Hoy el Señor nos ha revelado el mensaje oculto en la serpiente que levantó Moisés en el desierto. El sentido pleno de la revelación se ha conocido en aquel que es la Palabra y que es el Hijo Único del Padre. Una vez que se ha consumado la victoria de Dios, hemos conocido todo el MISTERIO. Se trata del misterio del amor que Dios nos tiene y que le tiene a todo el mundo.
La Cruz conserva toda una carga de ejemplaridad para todos nosotros, el discípulo sabe que nunca será superior a su Maestro, y que debe aprender a reproducir todo aquello que su Maestro le ha dejado como ejemplo, incluyendo el cargar la cruz como camino de vida.
Que la cruz es solidaridad, es algo que la Iglesia ha visto desde siempre en la forma misma de la cruz: expansión hacia todas las dimensiones del mundo, brazos abiertos que quieren abrazarlo todo. El llevar una cruz el cristiano o tenerla en sus espacios de vida será un recuerdo constante de que el cristiano debe aprender a abrazar, al igual que su Maestro, a todos los hombres.
6.- Queridos amigos:
La cruz no está hecha para soportarse sino para tomarse. El dolor, que acompaña tantas veces la vida de todo hombre y de cualquier cristiano, puede ser un medio que Dios le envía para ejercitar y robustecer sus virtudes y para unirse a los padecimientos de Cristo Redentor. La cruz cuando se acepta produce paz y gozo en medio del dolor; cuando no se acepta, el alma queda desentonada o con una íntima rebeldía que sale enseguida al exterior en forma de tristeza o de malhumor.
La cruz es, pues, para el cristiano una invitación a ejercitarse en las virtudes. Se trata de cultivar las que no se tienen y de crecer en las que se poseen.
El cristiano debe ser consciente de que la cruz del Señor Jesús le espera cada día de la vida. Dificultades, enfermedades, desastres económicos y naturales, la muerte de un ser querido, contrariedades, imprevistos, infortunios, incertidumbres, incomprensiones. Diría San Francisco de Sales que la cruz está hecha de todos los tipos de madera que te puedas imaginar. Démonos cuenta de que todo tipo de situaciones pueden contribuir a la santificación del cristiano:
7.- El contemplar la imagen de la cruz nos llevará a asumir nuevas actitudes en la vida. La cruz nos debe recordar lo que creemos: el sufrimiento es redentor.
Si lo que creemos es verdad, si el sufrimiento puede ser redentor, si cada lágrima cuenta, entonces nos daremos cuenta de una verdad: ¡cuántos sufrimientos perdidos! Porque sólo tiene valor de redención lo que se ofrece y se sufre en unión de Jesús crucificado. ¡Y qué pocos lo sabemos! Nuestro dolor, en sobradas ocasiones, no produce más que los peores frutos: cólera, rebeldía, odio, desesperación. Así razonamos cuando no miramos a la Cruz de Cristo.
La estación de la cruz puede ser crucial para roer el hueso duro del dolor, del sufrimiento, en todas sus dimensiones. Porque ninguna filosofía ni ciencia ni ideología ni humanismo ni religión son capaces de explicar la presencia del mal en la vida humana y en el mundo. Se trata de un enigma humano que sólo se ilumina con la Cruz de Cristo.
8.- El hombre rebelde ante el mal llega a acusar a Dios y a dudar de Él. El cristiano también interroga a Dios, pero, al contemplar la Cruz, no puede olvidar que el Hijo de Dios fue torturado en el Gólgota por los hombres que le acusaron y que le hicieron morir.
El hombre rebelde no puede soportar la idea de que Dios sea el responsable del mal injusto. Pero el cristiano no olvida que el Hijo de Dios se puso voluntariamente del lado de las víctimas inocentes que sufren injusticias, y no de parte de los asesinos.
El hombre rebelde se niega a aceptar la imagen de un Dios impotente o que haya soportado la maldad humana, y termina, tarde o temprano, por negar a Dios. El cristiano se atreve a reconocer, en ese hombre tan lleno de bondad y de poder, que fue capaz de aceptar el suplicio de la cruz, el rostro mismo de Dios.
9.- ¡Pidámosle a Dios una Pascua de vida verdadera para la humanidad! Que ya no se derrame sangre inocente, puesto que Dios ha querido derramar la suya propia para salvar a todos los hombres. En la cruz la condenación ha sido condenada para siempre.