Domingo 14 de Mayo de 2006_________Pbro.
Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx
MI GRACIA TE BASTA.
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. Al sarmiento que no da fruto en mí, él lo arranca, y al que da fruto lo poda para que dé más fruto.
Ustedes ya están purificados por las palabras que les he dicho. Permanezcan en mí y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante, porque sin mí nada pueden hacer. Al que no permanece en mí se le echa fuera, como al sarmiento, y se seca; luego lo recogen, lo arrojan al fuego y arde.
Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les concederá. La gloria de mi Padre consiste en que den mucho fruto y se manifiesten así como discípulos míos”.
Les agradezco profundamente la oportunidad que le ofrecen a un servidor, para que Cristo, la Vid verdadera, entre a su vida y les llene con la savia de su gracia, a través del púlpito de nuestra reflexión.
Precisamente te quería comentar que la imagen utilizada por el Evangelista san Juan, en la que Cristo se compara con la Vid y en la que nos compara a los cristianos con los sarmientos, nos dirige varias y muy distintas invitaciones a los creyentes. Pero..., sin lugar a dudas la primera y la más importante de ellas es que nos exhorta a que nos mantengamos unidos a Él. Se trata de la unión del bautizado con Dios.
La unión fundamental de los hombres con Cristo, tuvo su inicio histórico en aquel preciso momento en que el Verbo Eterno del Padre, por la acción del Espíritu Santo, asumió la naturaleza humana en el vientre inmaculado de la Virgen María. Se trata de Aquel que al encarnarse se ha unido a todos los hombres, de la misma manera en que la cabeza está unida al cuerpo, así Cristo se unió con la humanidad entera.
No obstante lo anterior, los cristianos somos conscientes de que hemos concretizado esta unión, a través de nuestro bautismo; sacramento a través del cual, se da entre cada uno de nosotros y Cristo no una unión de índole moral (como la que existe entre los miembros de una comunidad humana) o física (como la que existe entre nuestras manos y los brazos, y entre nuestras piernas y el tronco de la columna vertebral) sino que, se trata de una unión que la Iglesia ha llamado “mística”, ya que supera la inteligencia humana y se realiza a través del don de la gracia.
2.- El estar unidos realmente a Cristo será, al mismo tiempo, aquello que cualifique nuestra vida. ¡Qué distinta se vuelve nuestra existencia cuando vivimos en Cristo, en relación con aquella que se da cuando no nos interesamos por la vida cristiana!
El vivir unidos a la vid verdadera nos ayudará a manifestar los frutos de la verdadera Vida en nuestra propia vida.
¿Quieres un ejemplo que te ayude a comprenderlo? Medita en el ejemplo de san Pablo. El Apóstol san Pablo ha vivido, de acuerdo a la Primera Lectura, un cambio radical al unirse a Cristo. Un cambio, que la comunidad cristiana tardará un muy buen tiempo en asimilar, y que solamente los nuevos y buenos frutos en la vida del Apóstol se encargarán de proclamar en el silencio del testimonio más elocuente que se encuentra verdaderamente unido a Jesucristo.
La verdad es que, no obstante y con todo lo antiormente referido, me parece inconcebible, al mismo tiempo que entristecedor, el que cada día seamos tantos los que no nos preocupemos realmente de mantener con vida nuestra unión con Jesús; y más aún, es todavía más inconcebible el que abundemos los que tampoco nos preocupemos de recuperar esta unión con Cristo a través del sacramento de la Reconciliación, una vez que afectamos nuestra unión con Cristo a causa de nuestro pecado.
3.- El Evangelista san Juan es muy claro, y al hablar de la imagen de la vid, supone la posibilidad y realidad de que los sarmientos, que somos todos los cristianos, en algún momento nos separemos de la vid y nos sequemos.
¿No te has dado cuenta? Hoy en día nos preocupamos tanto de nuestra salud física, pero olvidamos la espiritual; vivimos ocupados en la ejercitación y en la tonificación del cuerpo, pero no nos damos tiempo para hacer ejercicios espirituales en nuestra vida y darle un nuevo tono a nuestra alma; frecuentemente hacemos estudios clínicos para revisar nuestra salud física pero no “perdemos un poco de nuestro valioso tiempo” para analizar nuestra vida interior; nos preocupa tanto llevar una selecta y nutrida alimentación corpórea, pero en lo espiritual sufrimos la más seria de las hambrunas, viviendo siempre de fritangas o sometiendo nuestro espíritu al ayuno de nuestra propia decidia.
4.- Hemos dejado a un lado la savia nutriente que proviene solamente de aquel que es la vid, y que es el elemento necesario que alimenta a los sarmientos, para que podamos producir frutos.
La savia representa la fe, la gracia de los sacramentos, la lectura, meditación y observancia de sus Palabras y la oración. En otras palabras, la savia representa ese lazo vital que une a los discípulos con el Maestro, tal como los sarmientos necesitan estar unidos a la vid. Si nos separamos de la vid entonces navegaremos a la deriva.
Y, sin embargo, ésta es nuestra historia y esta es la historia de muchas de nuestras familias. Nos hemos olvidado de nuestra unión con Jesús.
5.- Ejemplifiquemos con algunos aspectos de la vida cristiana, para que así nuestra comprensión sea todavía mayor: Un servidor, como sacerdote disfruta profundamente del ministerio delegado por Dios, nuestro Señor, a través de cada una de las celebraciones de los misterios de Cristo en medio de la comunidad. La Sagrada Eucaristía, el Bautismo, la Reconciliación, la Unción de los Enfermos y el Matrimonio, son esos medios eficaces de la gracia, de los que Dios, inmerecidamente por su benevolencia, me ha nombrado su administrador.
En la administración y celebración del sacramento del matrimonio me complazco en cada uno de esos bellos signos que posee nuestra liturgia católica en sus rituales de la vida cristiana.
Sin embargo, tengo algunos años considerando que el LAZO es un hermoso elemento, que aún y cuando no es esencial en el rito matrimonial, con su uso ritual se han visto enriquecidas nuestras celebraciones. Si profundizamos un poco, podrán comprender lo que les estoy mencionando.
¿Qué es un lazo? Un lazo, mi querido amigo, es un vínculo que une a dos personas. Obviará decirte que existen una gran cantidad de vínculos,... o de lazos, que nos pueden unir.
A mí, por ejemplo, en este momento me une a mi padre y a mis hermanos el lazo sanguíneo, y me siento orgulloso por ese vínculo de la sangre que me une a ellos. A mis amigos, te diré,... no me une la sangre, pero me une el lazo de un sentimiento tan grande y tan noble como lo es el del mutuo aprecio en la amistad cristiana, y me siento privilegiado por ese lazo afectivo que nos une.
A mi madre que no está físicamente a nuestro lado, sino al lado de Cristo me une el lazo de la comunión espiritual, el lazo de la fe, imperfecta por ser temporal en mi caso y en ella convertida en contemplación de aquél en el que ella misma y mi padre se preocuparon por enseñarme a creer.
Pero regresemos al signo del lazo en los esposos cristianos.
Pensemos, por un momento, en los esposos cristianos que un día se acercaron ante el altar del Señor y manifestaron su mutuo consentimiento ante Dios y ante su Iglesia. Están unidos para siempre, pero... ¿Cuál es la naturaleza del lazo?, o por decirlo más sencillamente ¿Quién es su lazo?
En los esposos cristianos, su lazo que les une, no es el lazo de la sangre; tampoco su lazo es el de un sentimiento (cuando eran novios era un sentimiento el que los unía, pero cuando se casan son esposos y... esposos cristianos; mucho menos, para los cristianos, su lazo consiste en un documento, aunque tenga una gran cantidad de firmas y de sellos.
6.- Querido amigo:
¿Cuál es el lazo de los esposos?
En los esposos cristianos su lazo es Cristo, y la Cruz o el Crucifijo que pende en medio de los dos, cuando están de rodillas ante el altar de Jesucristo después del consentimiento, les recuerda que Él es su lazo para siempre.
¿No lo has asimilado? Pues, te quiero recordar que el lazo de Dios es más grande que el lazo de la sangre; que el lazo de Dios es más grande que el lazo de un sentimiento; y que el lazo de Dios es más grande que el lazo de un documento. “Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos se harán una sola carne”.
Es curioso que se trata de uno de los pocos textos bíblicos que aparece idéntico en tres libros distintos (Génesis, san Mateo y san Marcos y en la Carta a los Efesios), y referido en uno más (1Cor 6,16). Y pareciera que le damos muy poca importancia.
7.- Y éste es verdaderamente nuestro problema actual: el olvidarnos de Cristo, el no estar unidos a Él. A los esposos se les olvida que el Señor es su lazo, y que si Él no está en medio de ellos, no hay garantía de que estén juntos, que alejados de Cristo el Matrimonio se seca como el sarmiento que se ha separado de la Vid.
Se nos olvida a los cristianos, en general, que si no estamos unidos al Señor, nuestra vida es infructuosa. Olvidamos que, como el sarmiento que se ha secado, nuestra vida separada de Cristo, ya no sirve sino para ser lanzado al fuego.
SE CRECE CUANDO SE MUERE A ALGO.
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. Al sarmiento que no da fruto en mí, él lo arranca, y al que da fruto lo poda para que dé más fruto.
1.- El Evangelio del día de hoy, insiste en esa necesidad que se tiene de podar la vid para que dé más fruto. Podar los sarmientos equivale a perder para ganar. Esta idea nos debe traer a la memoria muchas y variadas palabras del Señor que tienen el mismo sentido y que nos enseñan un mismo contenido: renunciar a sí mismo y seguirlo; perderse a sí mismo para ganarse; servir en lugar de ser servido; el morir para poder vivir, ser el último para así ser el primero; hacerse pequeños en esta vida para ser grandes en el reino.
2.- Querido amigo:
En realidad, ¿Estamos preparados para podar ciertos hábitos nocivos, ciertas ramas secas, determinadas amistades, algunas de nuestras correrías, que nos impiden dar más y mejores frutos, que sólo sirven para echarlas al fuego, y qué finalmente pueden echar a perder las buenas propiedades de nuestra vida cristiana?
Cristo es la esperanza y la alternativa, y nos muestra con su tetimonio y con su vida; así como con su enseñanza sobre la poda de la vid, de esa posibilidad concreta y real de un cambio de la situación a partir de una conversión interior y sincera.
Y es que, hay personas que asemejamos el desierto, somos como esa tierra en la que ya no crece nada, personas en las que ya no existe la alegría ni el bienestar.
3.- Podar los samientos significa conversión, y conversión significa una historia nueva, una historia vuelta al revés respecto a nuestras viejas y despreciables costumbres.
No olvidemos que el verdadero cambio en nuestra vida, suele ser a nosotros a los que nos favorece primero, puesto que nos concede crecer en áreas en las que hemos dejado de crecer o, simple y sencillamente, desprendernos de tantas cosas que nos están afectando.
El célebre psiquiatra vienés: Victor Frankl dice que la cosa más importante que, en los próximos 50 años, puede y debe hacerse por el hombre es hacernos conscientes de nuestras propias fuerzas para cambiar y para crecer. Siempre podemos mejorar y todas las disciplinas deberían decirle al hombre: "Tú puedes hacerlo". Tu peor respuesta a Dios será siempre: "Así soy yo", o los astros, el signo zodiacal y el eclipse han tenido la culpa de que yo obrara de esta manera. ¡Qué pobre manera de pensar o, lo que es peor, de dejar de pensar y con ello de luchar en la vida! Que lamentable que un padre de familia un día pueda decir que fue la carta astral la que estaba anunciando que un (a) maníaco (a) iba a asesinar a sus dos pequeños hijos...
4.- Quiero decirte esta tarde que: Más que Víctor Frankl, y mucho más que yo y que cualquier otra persona, el Señor Jesús es el primero en cree en el cambio y en la conversión del hombre.
Contra todas esas posturas negativas, fatalistas, pandeterministas y predestinacionistas de hoy en día, el Señor Jesús cree que el hombre puede volver a caminar, cree que el hombre puede volver a ver, cree que puede volver a pensar. El Señor Jesús cree que el hombre puede volver a oír, cree que el hombre puede renovarse y ser un hombre nuevo. El Señor Jesús es el primero en creer que el hombre puede salir de su tumba y cree que el hombre puede volver a amar.
El Señor Jesucristo, el Hijo eterno del Padre, cree en el hombre, porque Jesús es Dios; y el hombre ha sido creado por Dios y es Dios el que mejor le conoce; pero también, porque Dios mismo se ha hecho hombre para enseñarnos a ser hombres. Me uno a la visión del Creador, quien al terminar cada etapa de la creación “¡ve que todo era muy bueno"; pero me uno también a la visión del recreador que considera que los sarmientos tienen arreglo si es que se unen a la vid y se dejan podar por el divino jardinero de la Pascua, por aquel que fue confundido por las mujeres con el guardián del huerto en la resurrección, que no es otro sino el mismo Dios que en la cruz nos ha mostrado ese árbol que le ofrece sus buenos frutos a todos los hombres, si es que los hombres no le tienen miedo al dolor momentáneo.
5.- Hace falta una conversión verdadera y no puros y simples revirajes de cabeza con un organismo que sigue avanzando en la misma dirección.
Y es que esta es nuestra triste historia. En momentos de tribulación, aparentamos piedad, conversión; nuestros gestos y nuestras oraciones podrían interpretarse como conversiones auténticas, pero en realidad no amamos a Dios. Por eso, cuando vuelve la bonanza, retornamos a nuestro proyecto personal, que es muy distinto al de Dios
La poda de los sarmientos es una excelente imagen de lo que debe de ser nuestra conversión.
Recuerda que, uno de los nombres de la penitencia y de la conversión es el de la “mortificación”. La mortificación implica muerte. De esto se trata sin duda en la conversión. Se trata de pasar de la corrupción a la incorrupción y de la muerte a la vida; pasar del pecado a la gracia y de la enemistad a la amistad; pasar de la esclavitud a la filiación y del ser deudores al ser herederos.
6.- Hoy se nos invita a la conversión, a que revisemos nuestros frutos y a que no le tengamos miedo de quitar todo aquello que por su buena apariencia nos va despojando de las propiedades que le corresponderían a los frutos de la vida cristiana.
Podar implica violentar, sacrificar. Las personas de campo saben lo que significa esta historia. Ellos saben que el verdadero crecimiento se da en la muerte de algo que hemos dejado de ser. Ellos saben que la tierra se prepara para sembrarse adecuadamente cuando se rompe el surco. Romper el surco es la única manera de quitarle lo comprimido, de sacar las piedras, de quitarle los espinos. Romper el surco es la única manera de que la tierra deje de producir sus pobrezas, esos frutos que se extinguen y que se deshidratan, sus pequeños frutos que no corresponden con tan buena cepa. Los buenos frutos sobrevienen cuando seamos capaces de violentar un poco la tierra, de quitar nuestros comodismos. Nuestros frutos cristianos en el hogar, en el trabajo, en la escuela, en nuestra vida diaria se darán en la conversión
El cristiano no debe tenerle miedo al sacrificio, a la entrega, al morir a nosotros mismos, a comprometernos, a luchar, solamente entonces podrá ser ese sarmiento que con la poda estará preparado para producir buenos frutos en nosotros.
7.- La conversión cristiana es un gesto fundamental que comporta no sólo dejar un tipo de actividad para dedicarse a otra, sino el orientar la vida y el corazón a una persona: a la persona de Jesús.
Y en esa reorientación de nuestra vida debemos cuidar hasta los más mínimos detalles. Y es que no existen cosas pequeñas cuando se trata de la vida: o se está verdaderamente vivo o la muerte inicia con su proceso de disfunción orgánica. En pocas palabras: todo es importante en nuestra vida.
Para un cirujano no hay pequeñas cosas, el menor error es cuestión de vida o de muerte. Para un abogado no hay cosas pequeñas, la más vaga o mínima confusión le cuesta su libertad a su cliente. Para un ingeniero no hay cosas pequeñas, el menor error de cálculo puede convertirse en una verdadera tragedia. Para un clérigo no hay problemas pequeños: en la salvación de los hombres no hay cosas que se consideren de poca monta.
Todavía danzan en mi mente aquellas imágenes de aquellas lozas que se cayeron hace algunos años en el teatro de la ciudad. Errores en el cálculo, pequeñeces insignificantes. Y lo peor de todo es que, luego culpamos a Dios, de aquello que Él mismo nos está invitando a cambiar. “¡Ya estaba de Dios!” Cuidado, no culpemos a Dios de nuestras negligencias ni de nuestra superficialidad.
Son fracciones de segundo los que ocasionan los accidentes y la muerte en las personas, apenas el viernes pasado nos sacudía una de las muchas noticias que nos sacuden con tanta frecuencia en nuestra vida: se trata de una falta de revisión en el sistema de frenos o de esas pequeñeces que provocan los ojos ciegos de los que debieran regular, y que permiten a los camiones de carga circular por donde no deben circular..
No hay cosas pequeñas. Uno de las películas que en los últimos años me han mantenido al filo de la butaca fue la de "Apolo XIII", fue un error en la construcción de la nave. Un alambre insignificante, un alambre que se colocó en el exterior de la nave y que no era lo suficientemente resistente como para soportar las condiciones físicas del espacio sideral. Son vagatelas, son pequeñeces, son minucias.
8.- La Iglesia nos propone una conversión profunda, no sólo en el momento de recibir la fe, sino a lo largo de toda la vida.
La conversión lleva consigo la renuncia al pecado y al estado de vida incompatible con las enseñanzas de Cristo, y la vuelta sincera a Dios. No bastaría el proponernos cambiar de vida, si no hay dolor por las faltas cometidas.
El cristiano cambia cuando es capaz de mirar la infinita misericordia de Dios que le ofrece otra oportunidad, y sí movido por la gracia es capaz de reconocer su pecado o su falta de correspondencia a lo que Dios esperaba de él. Y, a la vez, es allí en donde nace una esperanza más fuerte y un amor más seguro.
Acudid al médico mientras podéis, no sea que después queráis y no podáis. Dejémosle al jardinero de la Pascua que pode sus sarmientos para que produzcamos los buenos frutos que necesita el hombre de nuestro tiempo.
ENSEÑANDO VERDADES QUE DUELEN EN LA VIDA.
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. Al sarmiento que no da fruto en mí, él lo arranca, y al que da fruto lo poda para que dé más fruto.
Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les concederá. La gloria de mi Padre consiste en que den mucho fruto y se manifiesten así como discípulos míos”.
1.- Envío un saludo muy especial, acompañado de la gratidud más sincera, a todas aquellas personas que dedican su vida a la docencia. Hoy elevo a Dios una plegaria especialmente por todos los maestros del área rural, de las montañas, de la selva y de la sierra. Le pido a Dios también por todos aquellos que nos obsequieron la educación básica: en lo personal llevó en mi recuerdo y en mis plegarias una intención muy especial por aquellos mis maestros de primaria: María Elena, Esthela y Francisco. No puedo olvidar a mis maestros de los estudios secundarios: Abel, Lupita, Carmen, Margarito (q.e.p.d.), Praxedis, Martín, Bernardo el director de la secundaria # 33..., por sólo mencionar a algunos. A ellos y a todos aquellos que han sido y son excelentes maestros, le pido al Maestro de las verdades Eternas que les colme de bendiciones en esas necesidades que Él bien conoce que tienen en este momento. Por el Maestro Margarito le pido a Dios el premio de la vida eterna, así como la fortaleza para su apreciable familia.
2.- Muy gentiles amigos:
Hoy que se ha hablado de la poda en los sarmientos de la vida cristiana, es adecuado que meditemos, aunque sea momentáneamente, en el lugar que tiene el dolor para el cristiano y las actitudes que debemos tener.
Y es que el cristiano debe de ver los problemas y los sufrimientos de la vida de una forma distinta. Recuerda que la poda la entendemos siempre como un momento de crecimiento. Todo en la vida tiene un anverso y un reverso. Sí solamente miramos el dolor por el lado erróneo nos puede parecer algo sin sentido, un verdadero absurdo. Cuando es visto desde el lado adecuado, y con los ojos de Dios, el dolor puede convertirse en una ocasión maravillosa para encontrarnos con lo mejor de nosotros mismos, con los demás y con el mismo Dios.
3.- Para entender un poco lo anterior te quería compartir una escena en la historia de un célebre escritor de la historia.
El escritor italiano Giovanni Papini, autor de La Tragedia Cotidiana, de La Experiencia Futurista y de Gog, se reconvirtió al catolicismo cuando en el año 1920 estando en un hospital, debatiéndose entre la vida y la muerte, se acercó un sacerdote a su lecho de enfermedad y le preguntó si quería dialogar.
Papini no puso objeción, nada se perdía y mucho se ganaba aceptando un momento de compañía, además aquel acompañante le sería útil como para aclarar algunas de sus dudas o para que, por lo menos, tuviera a alguien a quien reclamarle por lo que estaba pasando en su vida.
Tras charlar un rato, Papini le dijo al sacerdote que se sentía insatisfecho con sus 39 años de vida y aunque ya había escrito varios libros, el sentía que las manos las tenía vacías, y entonces le mostró sus débiles y enfermas manos. El sacerdote lo escuchó, lo miró y le pidió que repitiera el gesto. Al hacerlo Papino, el sacerdote le colocó en las manos un santo Cristo que estaba sobre la cama del enfermo, añadiendo: “Esas manos ya están llenas...”. Papini no esperaba aquello, y tampoco sabía como reaccionar, pero él nos narra que al recibir el Cristo besó el rostro del crucificado, y quiso conservar al santo Cristo a su lado mientras estuvo en el hospital.
De hecho, un año después (1921) ya restablecido, escribió su obra “La Historia de Cristo”, y en ella él manifestaba que veía en el mundo una gran Cruz invisible, plantada en medio de la tierra: “Bajo esa cruz gigantesca, goteando sangre todavía, van a llorar y buscar fuerzas los crucificados en el alma.”
4.- Queridos amigos:
De la misma manera en que no existe el Resucitado sin las llagas así tampoco existen los frutos sin el dolor de la poda. Todavía en la alegría del tiempo de la Pascua, todos estamos invitados a descubrir la continuidad entre el Jesús del Calvario y el Cristo Pascual, entre nuestro Viernes-Santo y nuestro Domingo-Pascual.
No le tengamos miedo al dolor en nuestra vida.
Contaba la Madre Teresa de Calcuta que cuando era pequeña, una de sus hermanas y ella solían jugar a un juego que inventaron y al que llamaron “la hoja perfecta”. Dice que iban al patio trasero de la casa y buscaban con afán la hoja de algún árbol o arbusto que fuera perfecta. Quien la encontraba primero, ganaba.
Aunque parezca increíble- cuenta ella-, aquel juego podría durar horas, especialmente a fines del verano y en el otoño. En ese entonces las hojas tenían imperfecciones – habían sido carcomidas por los insectos, marchitas en las orillas, dañadas en muchas formas. De tal manera que cuando encontraban aquella que parecía ser la perfecta, al mirarla con detenimiento encontraban alguna objeción y les hacía seguir en la búsqueda de alguna que se acercara a su ideal de la perfección.
Cuenta la Madre Teresa de Calcuta que el de “la hoja perfecta” era algo más que un juego. Dice: nos dio una lección de la que no éramos conscientes en aquel entonces – de que la belleza y la fealdad, la perfección y la imperfección, pueden coexistir- de que el dolor y la realización, la alegría y la tristeza también suelen ir de la mano- no solamente en la misma hoja, sino en nosotros mismos.
5.- Siempre será esperanzador saber que el tiempo de nuestra vida no está hecho de un solo instante; pero lo mismo, el saber que nuestra existencia no está escrita en un solo acto.
Decía Blas Pascal que el hombre es un criptograma y que su clave de interpretación se encuentra solamente en Cristo, en la hipótesis cristiana.
Nuestra vida personal se va haciendo girones, sobre todo cuando no aceptamos los distintos componentes de nuestros días, de nuestros años y de nuestras estaciones; cuando no somos capaces de darle cohesión a cada uno de los momentos que vivimos en nuestra existencia. La vida no está hecha de una sola pieza, sino que por el contrario se conforma de piezas de distintas formas y tamaños.
No puede ser posible que algunos pretendamos que todas las escenas de nuestra vida se desarrollen siempre en el mismo ritmo y tengan el mismo tono. Día tras día, Dios nos va dando nuevas piezas que se acomodan en un gigantesco rompecabezas de nuestra vida. Algunas de esas piezas son punzantes y aflictivas. Otras son grises e incoloras. Sólo Dios conoce toda la belleza que es posible lograr cuando todas las piezas se hayan acomodado en su lugar, pues sólo él ha planeado y previsto el cuadro de mi vida. Por mi parte, yo sólo conoceré toda esa belleza cuando haya acomodado mi última pieza, que es la pieza de mi muerte.
6.- Hablando de la muerte, en lo personal, prefiero compararla no con el pabilo de una vela que se extingue sino con un tapiz que termina de tejerse. La muerte no es algo que se interrumpe sino una realidad que llega a su plenitud. Para nosotros la muerte no es algo que nos sucede sino Alguien que nos sale al encuentro. La muerte será el último trazo que cada uno le demos al lienzo de nuestra vida.
Y mientras llega ese momento, dejamos que Dios nos cultive con todo tipo de cuidades, aún aquellos que podrían ser incomprensibles en la inmediatez de un razonamiento que se vuelve insensato.
7.- ¡Tú lo sabes! Se conserva del filósofo católico Emmanuel Mounier un epistolario abundante. Hay una serie de misivas para su hija Francoise Mounier en la que se dirige a ella tratando de fortalecerla ante la enfermedad que padece y que le llevará a la postre a la muerte, te comparto un pequeño fragmento de una carta que escribió el 28 de septiembre de 1940:
“ Francoise, hijita mía una nueva historia interviene en nuestro diálogo: resistir a las formas fáciles de una paz firmada con el destino, continuar siendo tu padre y tu madre, no abandonarte a nuestra resignación, no acostumbrarnos a tu ausencia, a tu milagro, darte tu pan diario de amor y de presencia, proseguir la oración que eres, reavivar nuestra herida porque esta herida es la puerta de la presencia de Dios, estar contigo”.
8.- Los que sufren, los que son podados están tan cerca de Cristo, se parecen tanto a él, que son los miembros más activos y poderosos de su cuerpo. No sin razón la iglesia primitiva reconocía en los mártires un poder especial de intercesión. Es la misma doctrina que expresaba Blas Pascal en su Oración para el buen uso de las enfermedades que rezaba él mismo en la enfermedad. ¡Ojala que esta oración la grabaras y la repitieras todos los días de tu vida, puesto que tiene inspiración profundamente cristiana!:
“ No os pido, señor, ni salud ni enfermedad, ni vida ni muerte, sino que dispongáis de mi salud y de mi enfermedad, de mi vida y de mi muerte para vuestra gloria, para mi salvación y para utilidad de la iglesia y de vuestros santos... Y como nada es grato a Dios si no le es ofrecido por vos, unid mi voluntad a la vuestra y mis dolores a los que vos habéis sufrido. Haced que los míos se conviertan en los vuestros. Unidme a vos; llenadme de vos y de vuestro Espíritu Santo. Entrad en mi corazón y en mi alma para meter en ellos mis sufrimientos a fin de seguir soportando en mí lo que queda por sufrir de vuestra pasión, que vos realizáis en vuestros miembros hasta la consumación perfecta de vuestro cuerpo, a fin de que, estando lleno de vos, ya no sea yo quien vive y quien sufre, sino que seáis vos quien vive y sufre en mí, Oh Salvador mío”.
9.- Queridos amigos: A primera vista parece que sólo es bueno lo que no duele, que sólo hay que buscar lo que es agradable, que todo dolor es malo y que todo placer es bueno. Y aquí se nos dice, precisamente, que no es absurda la muerte, que no es absurda la renuncia voluntaria, el dolor, la exigencia personal, el sacrificio aceptado.
La Pascua es la fiesta de Cristo, la celebración de aquel que afrontó los golpes, las incomprensiones, la enfermedad de los demás con compasión y el dolor personal. Cristo cumplió con su misión redentora con el mismo sentido de responsabilidad con el que Dios pide y espera que cada uno de nosotros afronte la realidad de la vida, con la verdad en la mente y en el corazón. Sin engaños, sin fantasías, sin quimeras y sin proteccionismos.