Domingo 28 de Mayo de 2006_________Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

PUNTO DE PARTIDA.

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado. Estos son los milagros que acompañarán a los que hayan creído: arrojarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y éstos quedarán sanos”.

El Señor Jesús, después de hablarles, subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios. Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba su predicación con los milagros que hacían”.


Momento 1

Momento 2

Momento 3

Momento 4

1.- Hoy es a fiesta de la Ascensión del Señor,... ¿se trata de un epílogo o de un prólogo?

Muy querido amigo:

¿No sé si te has fijado? Pero... Los hombres y las mujeres de todos los tiempos tenemos una doble forma de ver las realidades que vivimos en nuestra existencia: en primer lugar todo lo que obtenemos o aquello que se nos obsequia se puede ver como un punto de llegada, o bien, en segundo lugar, todo puede ser visualizado como un punto de partida.

Es así, de estas dos formas, como contemplamos el nacimiento, el noviazgo, el matrimonio, el ingreso al Seminario, la ordenación sacerdotal, la graduación, el establecimiento de un negocio, el misterio de la muerte... todo, completamente todo, puede ser visualizado desde esta doble perspectiva,... aún aquellas cosas más sagradas.

Lo anteriormente mencionado pareciera no tener una gran notoriedad, sino fuera porque las diferencias en la vida, y en nuestra forma de ver la vida, se van marcando por esta doble forma de avizorar la existencia.

2.-         ¿Punto de llegada o punto de partida? Las dos formas suelen parecer tan semejantes, y esto en ocasiones nos adormece, pero las actitudes que se generan por una u otra óptica existencial marcan una distancia abismal.

Démonos tiempo, el día de hoy en que el Señor asciende a lo alto de los cielos, para que revisemos nuestra vida cristiana, el matrimonio, la vida consagrada y mi sacerdocio, el misterio de la muerte, bajo esta perspectiva.

3.-     El matrimonio, para aquellos que ven la celebración del sacramento como un punto de llegada, podrá ser entendido como algo que logras alcanzar en la vida, como la realización de un sueño, como una ilusión concretizada. Se trata de un lugar al que anhelabas llegar y al que al fin has accedido. Se trata de una especie de conquista obtenida.... ¿y qué tiene esto de  malo? –te preguntarás-. Dame un poco de tiempo y lo verás. 

Por otro lado, el matrimonio cuando es visto como un punto de partida, debe ser entendido como un nacimiento y como el inicio de un estilo nuevo en la vida que Dios les concede a los cristianos. Se trata del inicio de algo totalmente nuevo que supera las expectativas y los sueños del hombre.

Las diferencias entre una y otra forma de ver el matrimonio, como punto de llegada y como punto de partida, todavía no son muy notorias..., las verdaderas diferencias vendrán en las actitudes de lo cotidiano, lo cual suele transformar los sueños en pesadillas.

Aquellos que contemplan el matrimonio como un punto de llegada, tienen el riesgo de caer en el limbo de la mediocridad, pueden aletargarse, caen en el sopor y en el engaño.

El experimentar esa “seguridad” que nos da lo adquirido, ha hecho, de muchos esposos y esposas, personas que olvidan todo aquello que mantenía con vida el amor durante el tiempo del enamoramiento y del noviazgo.

Aquellos para quienes el matrimonio es un punto de llegada, se les suelen olvidar todas aquellas atenciones,... y los detalles. La celebración sacramental del matrimonio se convierte, para esta pobre gente, en una adquisición, en una conquista.

Con el paso del tiempo, se les llega a mirar descuidados en su aspecto físico, desaliñados. Se sienten seguros de tener a alguien que llega o que le espera en casa. No les preocupa nada, al fin y al cabo, ya han llegado a donde esperaban llegar y han obtenido lo que deseaban obtener.

Pero... ¿y para aquellos que el matrimonio es un  punto de partida?

Todo lo contrario sucede, con aquellos que contemplan el matrimonio como un punto de partida: ellos ni pueden ni         quieren darse el lujo de adormecerse, de perder los pormenores, esas pequeñas cosas de la vida. Para ellos, no hay un lugar para la somnolencia.

Ellos no pueden dejar morir algo tan sagrado, que vieron nacer cuando recibieron el sacramento del matrimonio. En su vida no hay lugar para el sopor, el aburrimiento, la pereza o la costumbre.

4.-         Ahora podrás darte cuenta de que: El mejor deseo que podríamos tener para una persona que se casa, es el que su matrimonio no sea un punto de llegada sino un punto de partida.

Lo mejor que podríamos anhelar para ellos es que, el formar una familia no sea el llegar a una meta sino el recibir de Dios la señal de salida para iniciar una noble competición cristiana; que para ellos el matrimonio no sea el anochecer sino el amanecer de un sueño totalmente nuevo; que no sea el ocaso sino el despuntar de una nueva ilusión; que el Sacramento que reciben no sea la conclusión de un tomo sino la introducción a una nueva etapa; que la celebración litúrgica no sea el escribir el epílogo de una historia, sino el escribir el prólogo de un nuevo tomo en la vida.

5.-         ¿Sabes? La vida consagrada también tiene los mismos peligros. Cuando para un sacerdote o una religiosa aquel momento tan sublime en que se consagró la vida, es visto como un punto de llegada y no un empezar a caminar, puede llevarle a convertir paradógicamente lo más sagrado en una vida poco digna.

Para quienes la consagración es un lugar al que se llega, la consagración se convierte entonces en un “status”, en donde se ha adquirido una “falsa seguridad”. Las personas empezamos a olvidar todo aquello que mantenía con vida lo que es vital, ya no hay preocupación por la oración, ya no se estudia, ya no hay retiros ni ejercicios espirituales..., los libros se convierten en un adorno en la oficina.

Entonces el sacerdocio, la parroquia y la vida en medio de la comunidad de vida consagrada, se convierte en una especie de conquista, un lugar al que se llega y sobreviene nuestra lamentable monotonía. Nos vamos arrastrando en el polvo de la rutina y la amargura.

En cambio, aquel sacerdote o aquella religiosa que vea su consagración como un punto de partida no podrá dejar asfixiarse algo que es considerado un Don y un Misterio. No se podrán descuidar todos aquellos elementos de la formación permanente que mantienen siempre vivo lo que en la formación básica se recibió.

6.-         ¡Fíjate! Como son tantos los ámbitos en que se aplican estos principios...

Hay quien pensó que su graduación era un punto de llegada que le hacía merecedor de un excelente puesto en una empresa, sin que esto significara un punto de partida de una vida profesional cimentada en el esfuerzo de la vida diaria... Hay tantos profesionistas que hicieron de la salida de las aulas el punto al que se llegó, y se han quedado obsoletos en sus conocimientos y en los servicios que ofrecen.

Pero..., mejor dejemos nuestro espacio del pensamiento, para dirigir la mirada a nuestra vida cristiana.

Dice el Evangelio: “El Señor Jesús, después de hablarles, subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios. Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba su predicación con los milagros que hacían””.

7.-     La vida cristiana es un prolongado y recurrente punto de partida. Solamente así a Dios se le puede amar en el estupor, con las puertas de la mente abiertas de par en par, con las manos trabajadoras, con nuestros ojos liberados de la pesantez, y con el corazón finalmente curado de la dureza que provocaba nuestra esclerocardia.

En cambio, para quienes pensamos que ya hemos llegado, o que la vida cristiana es  una adquisición de nuestro bautismo, nos podemos convertir en esos hombres mediocres que piensan que son sus credenciales con las que podrán acceder al Reino, o que, por ir a tal parroquia los católicos, o a tal congregación nuestros hermanos separados, ya poseen una especie de membresía de la eternidad, ya están en el número de los salvados. ¡Qué triste engaño!

¡Qué lamentable nos debe resultar el que no percibamos que la vida cristiana más que una fuente de privilegios es una fuente de responsabilidades, que la vida cristiana más que don es una tarea!

7.-     La hiperconfianza suele ser tan nociva. Ayer como hoy, y quizá hoy más que ayer, somos tantos los que nos sentimos dueños de la vida, los que creemos que tenemos el tiempo, las cosas y las personas compradas.

¡Fíjate como este mundo está plagado de esa peste de los diferidores! Postergamos toda clase de obras buenas a favor de los demás y que redundarían en beneficio propio, y todo por esa falsa seguridad que se genera en nuestra excesiva confianza.

La vigilancia deberá ser una actitud del cristiano en cada momento. Porque cuando sin querer nos descuidamos, casi sin darnos cuenta, ya no tenemos presente el por qué de tantos desvelos y de tantas preocupaciones.

Nuestra atención ha de ser constante, pues el contagio, el mal se infiltra cuando bajamos la guardia. El mal está siempre ahí, siempre atento y se apodera de nosotros cuando nos confiamos. Y ése es el peligro constante, no que aceptemos el mal, sino que se vaya apoderando poco a poco de nosotros al no estar atentos.

Nuestra vida cristiana, como punto de partida debe ser ofrecimiento y lucha. Sólo se vivirá cristianamente en el esfuerzo y en la donación. ¡Porque el que da la vida y todas las cosas, es Dios!

8.-     El cristiano tiene siempre la necesidad de contemplar la existencia como un continuo comenzar. Solamente entonces comprenderá que la vida eterna es la prolongación de lo que en la vida hayamos hecho. La muerte no será entonces un epílogo sino el prólogo de una historia en la eternidad. El cielo no será entonces un punto de llegada sino un punto de partida para todos nosotros. Pero... somos tantos los que estamos esperando el futuro en lugar de construir el futuro. Parafraseando el escrito de Don Amado Nervo, ¿En qué hemos convertido nuestra vida? ¿Qué somos cada uno de nosotros? ¿Arquitectos o peones de nuestro propio destino?

LA SINFONÍA INCONCLUSA.

El Señor Jesús, después de hablarles, subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios.

1.-     Muy gentiles amigos:

¿Hay alguien al que le gusten las despedidas?, ¿Quién de nosotros no ha rehuído alguna vez la ocasión de decir adiós y ha preferido mejor desaparecerse discretamente sin tener que justificar el porqué de nuestras momentáneas o definitivas ausencias?;...

Todavía recuerdo aquella tarde de hace 18 años en la Parroquia de la Resurrección del Señor, parroquia de mi juventud, cuando teniendo unos 22 años el padre Rafael Uribe, erudito sacerdote agustino, me pedía que me sentara junto a él en una comida de despedida que le organizó nuestra comunidad después de 8 años sirviendo a los fieles de Cristo de nuestra feligresía. Aquel hombre austero, sencillo, elocuente, de rasgos duros y en la apariencia seco e inconmovible, abogado titulado por doble partida, así en las leyes civiles como en las leyes eclesiásticas,... un hombre que me imponía siempre con su hábito negro, por su excelente dominio intelectual en diversos campos y por su carácter fuerte, formado indudablemente en la recia y antigua disciplina eclesial religiosa. Sentado junto a él le veía sonreir ante las muestras de afecto de los bautizados y en su silencio imposibilitado para contener las lágrimas de sus ojos que le traicionaron y que sin previa solicitud de permiso escapaban rodando por sus mejillas,... y me decía: “Rogelio, ¡Quién dice que no cuesta despedirse es por que nunca lo ha hecho!”... Y yo volteé a mirarlo y le dije: “y sin embargo está feliz ¿no es así?” El me dijo: lacónicamente: “sí”,... Concluí entonces: “Déjese querer, Don Rafa, ¡Déjese querer!”...

2.-         Todos nosotros debemos ser conscientes de que los caminos tienen un principio e incluyen un final, que toda competencia tiene su señal de salida e incluye una meta, que todos los libros deben de tener una introducción y contemplan alegremente una conclusión, que todo prólogo promete siempre un epílogo, que los días poseen sus amaneceres y sus anocheceres, que existe en el horizonte una aurora y un ocaso, que la primavera acusará la factura del invierno, que toda obra musical posee una obertura y también tiene una nota final, que la niñez trae consigo el germen de la ancianidad y que el cansancio de la siembra trae en sus espaldas la alegría de la cosecha. El telonero en el teatro de nuestra vida apenas abre las cortinas y tiene que estar preparado para cuando deje caer el telón. ¡Debemos ser conscientes y consecuentes!

3.-     No obstante, los hombres de nuestro tiempo solemos no darnos cuenta, o por lo menos vivimos de tal manera, que pareciéramos, sino en lo teórico sí en lo práctico, querer olvidar la transitoriedad que encierra nuestra vida y la medida que tiene todo aquello que se gesta en el tiempo y en el espacio.

Muchas de nuestras actuaciones en la vida diaria suelen denunciar una falta de conciencia en torno a nuestra contingencia existencial. Nuestra vida diaria se vive, las más de las veces, con tanta frivolidad e irresponsabilidad, que pareciéramos tener en un presupuesto de seguridad la certeza de la posesión de la eternidad mientras que estamos viviendo todavía en la temporalidad.

Y es entonces, que surgen tantas escenas tristes que nos hablan de nuestros fracasos humanos: edificios sin terminar en las grandes avenidas; casas residenciales a medio construir; carreteras, autopistas y anillos viales interrumpidos en su realización, obras de drenaje pluvial detenidas sin un avistamiento de su conclusión o simuladas en su inconclusión bajo el silencio de la superficie; libros diseñados que se han quedado a la mitad de su redacción; y así tantas y tantas sinfonías inconclusas de la vida humana.

Hoy, somos tantos los que cargamos con nuestra propia sinfonía inconclusa, sobre todo cuando no hemos sido capaces de prever la limitación real de nuestros recursos. Somos cada vez más, los que hemos puesto los cimientos de nuestras grandes construcciones académicas, comerciales, laborales, de inversiones y hasta familiares, pero que no hemos pensado con seriedad en la necesidad de diseñar y prever la realización sostenida de todas y cada una de las etapas de nuestros edificios, especialmente las últimas.

4.-     No obstante, mi querido amigo:

Es bueno que, no te quedes discurriendo solamente en tu entorno  y en esas realidades materiales,... de tal manera que puedas asumir la invitación para que transciendas en los recursos del pensamiento, y así puedas darte cuenta de que muchas de nuestras familias y de nuestras propias vidas son esas enciclopedias inacabadas.

Somos tantas las personas que no asumimos la caducidad de nuestra vida, y que actuamos en la existencia como si fuéramos eternos, o por lo menos, cómo si tuviéramos la seguridad de que vamos a vivir cien años,... o un poquito más.

Piensa y trata de resolver, no en voz alta sino en la interioridad y en la sinceridad éstas preguntas: ¿Tu familia está preparada para cuando sobrevenga tu ausencia? –Sí o no- ¡Sé sincero! ¿Si el día de mañana,... o esta misma noche, Dios te llamara a su presencia y tú ya no te encuentras junto a los tuyos, las cosas podrían continuar con su desarrollo normal? ¿Están preparados tus seres queridos para asumir el timón de la embarcación y seguir el rumbo de la vida, cuando tú no estés al frente de ellos? ¿Saben izar las velas y capitalizar la fuerza del viento? ¿Les has dado las herramientas necesarias como para que sigan trabajando en tu ausencia o te has conformado con entregarles abundantes frutos de un trabajo que ni siquiera saben cómo se realiza, y que cuándo les toque a ellos tomar el arado no serán capaces de autoproveerse?

5.-     La fiesta de la Ascensión del Señor nos recuerda a cada uno en lo personal que, junto con la voluntad general de Dios, que consiste en la salvación de todos los hombres, actúa también en nuestra vida una voluntad específica de parte de Él: Dios nos ha enviado al mundo con una misión. ¿Te has dado cuenta de que un día tenemos que escribir la última letra en el libro de nuestra vida y de que un día entonaremos inexorablemente la última nota de nuestro canto?

Una primera actitud para asumir en la vida cristiana, debiera ser la necesidad de que aprendamos a vivir nuestra vida en perspectiva. Esto es lo que nos puede abrir los ojos hacia un futuro que en realidad no es tan distante, o que por lo menos no nos toca a nosotros determinar su arribo. Solamente en la medida de que vayamos adquiriendo la conciencia de la transitoriedad e inexorabilidad del tiempo, podremos detenernos a pensar en las consecuencias de las cosas que hacemos en el presente y de aquellas que erróneamente evitamos que hagan nuestros seres queridos. El ver las cosas en perspectiva, nos permite avistar el día de mañana y nos impulsa a ser previsores al sensibilizarnos a causa de la fugacidad de nuestra presencia al lado de los seres que más amamos.

6.-     Sin embargo, cada vez somos más las personas que queremos pasarnos la vida resolviendo problemáticas que les tocaría resolver a nuestros consanguíneos, y asumiendo responsabilidades de nuestros familiares, viviendo una vida que no es la nuestra y atrofiando el campo de deberes que tienen otras personas. ¡Por favor! Te pido que pienses, antes de continuar obrando así, en ese momento en que ya no estés junto a ellos. ¡Enséñales a valerse por sí mismos!

Cuando oigo decir a los padres de familia, incluyendo a mis hermanos y hermanas, que esperan que sus hijos no vivan las dificultades que ellos padecieron, no puedo estar totalmente de acuerdo. Tales dificultades que enfrentamos se han encargado de esculpir el semblante de lo que nosotros somos ahora. En la incertidumbre de la que estamos revestidos todos los seres humanos, jamás podremos saber cuáles serán las situaciones que viviremos el día de mañana y cuáles serán nuestras desventajas. Sin embargo, ¡entiende que la peor desventaja que podrán enfrentar tus hijos en la vida estriba en el no haber aprendido a luchar!

Si realmente quieres ayudarles tienes que dejarlos enfrentar la vida por sí mismos, brindarles las herramientas pero no hacer los trabajos que a ellos les corresponden, permitir que afronten adversidades para que puedan conocer y desarrollar su fuerza y sus capacidades. Recuerda que en los mares tranquilos no se forjan buenos marineros. Si tú quisieras que tus hijos nunca experimenten la violencia de un posible naufragio, entonces no les compres un barco, cómprales una isla, y ¡créeme!, ni siquiera esto les podrá asegurar una vida totalmente tranquila.

7.-         Queridos amigos:

Hoy, la liturgia nos invita a reflexionar sobre el retorno de nuestro Señor Jesucristo a la Casa del Padre, y nos hace presente esa línea divisoria que existe entre la misión de Cristo en la tierra y la que será la Misión de su Iglesia. Hoy es el día en que celebramos el que los Apóstoles hayan recibido una estafeta para iniciar la parte que les toca en la noble competición, y es que el tiempo del entrenamiento se ha terminado.

Jesucristo asciende victorioso y alegre y se sienta a la derecha del Padre,... su Iglesia ha sido preparada para asumir sus responsabilidades.

Estoy convencido de que las múltiples historias del grano de mostaza que ha subsistido en este árbol, que es la Iglesia, a lo largo de dos mil años y la de la poca levadura que ha fermentado la masa de la que se compone el mundo, van unidas a dos factores: En primerísimo lugar, la presencia del Espíritu Santo que asiste y en Segundo lugar, el que el Señor haya preparado a cada uno para sus responsabilidades. A San Pedro le confió el Primado, los Apóstoles fueron enviados a evangelizar y están al frente de las comunidades que se van fundando, y así en un movimiento apostólico ininterrumpido un día se fundó esta Iglesia de Monterrey que amamos.

8.-     La historia le ha dado la razón a la forma que tuvo de proceder el Señor: lo que ocurrió en aquel ignorado rincón de Galilea, lo que inició con aquel puñado de hombres, con aquellos insignificantes pescadores se ha mantenido de pie, y sigue siendo una permanente actualidad en nuestros días. Y la pregunta que tienes que hacerte es: ¿cuándo a tí te toque despedirte, crees que las cosas y los tuyos continuarán con su curso?

 

ESTA HISTORIA CONTINUARÁ...

“En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado. Estos son los milagros que acompañarán a los que hayan creído: arrojarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y éstos quedarán sanos”.

1.-         Sobre la fiesta que hoy celebramos: “la Solemnidad de la Ascensión del Señor” domina una sola pregunta de fondo: ¿Se trata de una conclusión o de un principio?

Podría parecerte irrespetuoso e irreverente, el que nos preguntemos todo esto al leer la Sagrada Escritura, pero bien te podría decir que el día de hoy se nos está hablando de una Conclusión que ineludiblemente se convierte en una Introducción.

Y en esto precisamente se manifiesta el principal sentido de nuestra fiesta: Para el cristiano la Conclusión se convierte siempre en la Introducción a una nueva etapa.

2.-         Regresando al texto del Evangelio podemos constatar el que la Ascensión de Jesucristo se convierte en el inicio de la vida de la Iglesia; cuando Aquel que es la Cabeza ha ascendido a lo alto de los cielos es el momento para que su Cuerpo místico inicie sus quehaceres; una vez que el Pastor habita victorioso en los prados de la eternidad es el tiempo de que su rebaño se esfuerce en llegar a donde su Pastor ha ido por delante; es ahora el tiempo de que los hijos por adopción trabajemos a ejemplo de Aquel que es el Hijo por naturaleza.

Es la Solemnidad de la Ascensión, y con ello ha llegado el momento de que todos aquellos que hemos seguido al Maestro nos convirtamos en infatigables pescadores de hombres, en aquellos que buscan servir y no ser servidos, en los pastores que apacientan las ovejas de aquel que le ha dicho a san Pedro: “apacienta a mi rebaño”. Es ahora el tiempo de la Iglesia, es el tiempo de los cristianos, que necesitarán la asistencia del Espíritu Santo, para continuar con la obra de Aquel que se encarnó por obra y gracia del Espíritu Santo en el vientre inmaculado de la Virgen Santísima.

3.-         Cristo ha concluído su obra y ahora se ha iniciado el quehacer de los apóstoles, y así continuará la misión de una Iglesia católica, que no tiene ni veinte ni cien años de haber iniciado su caminar, sino los mismísimos veinte siglos que tiene el Señor de haber ascendido a las alturas de la gloria y la eternidad, y de una obra que si fuera de los hombres se hubiera acabado, como lo decía el rabino Gamaliel, pero que sí es de Dios aunque nos empecinemos en destruir no terminará jamás, tal cómo ha sucedido, por la gracia de Dios.

Se trata de una Iglesia que bien puede reconstruir, sin engaños, una lista ininterrumpida de sucesiones desde san Pedro y los once hasta llegar a Benedicto XVI y Don Francisco Robles, en nuestra propia ciudad, aunado al colegio episcopal.

4.-         Cristo está ascendiendo a los cielos y la historia no termina, puesto que los apóstoles y sus sucesores han obedecido el mandato del Señor.

Y de esta manera la Ascensión, si bien puede ser visualizada como conclusión en la vida sobre la tierra del Señor, es también el inicio de una nueva forma de manifestarse: mediante aquellos que son su prolongación hasta nuestros días. La ausencia tiene una nueva forma de presencia.

La historia ha continuado, y allí se encuentra la religiosa que trabaja y cuida enfermos en el silencio caritativo de una casa-hogar para enfermos terminales en el norte de la ciudad de Monterrey o cuidando ancianitos en la Casa de Reposo “Nuestra Señora del Rosario”; allí están los padres de familia que soportan desvelos, desilusiones e incomprensiones luchando por inculcar los valores del Reino  través de su palabra y ejemplo en el pensamiento y la vida de sus hijos; allí están los jóvenes, los señores y las señoras dando catecismo, esforzándose día tras día por evangelizar a los niños y sembrando el amor y la paz de Cristo en sus corazones; allí están los grupos de profesionistas atendiendo apostolados intensos y cualificados.

La historia no se ha interrumpido y allí está el ministro de la Sagrada Comunión llevando con celo el Pan de la Vida a los enfermos en sus casas y en los hospitales, allí están muchos sacerdotes, ¡más de los que puedas imaginar!, cargados con sus años, pero mostrando la buena madera del árbol del que proceden, puesto que siguen soportando el peso de la jornada y continúan dando ejemplo de consagración total por amor a Cristo a favor de su Iglesia.

5.-         ¿Cómo podrá nuestra ciudad dejar en el sarcófago del olvido el trabajo del padre Arroyito quienes desgastaron sus ojos con la única intención de mostrar el dulce rostro de Cristo a los hombres que estaban sumergidos en la oscuridad del alma? ¿Cómo abandonar en el desierto de los desmemoriados a nuestro querido Monseñor Galván desgastado en el servicio con una entereza que solamente viene del Señor? ¿Cómo podríamos ser justos si olvidáramos las bendiciones que Él mismo ha derramado en nuestra vida a través del fructífero ministerio de Mons. Alfonso Hinojosa Berrones y de Don Adolfo Suárez Rivera, ahora eméritos, que se gastaron y desgastaron por el cuidado del rebaño de Cristo? Y como estas historias hay muchas más, puesto que tendría que hablarte del Padre Huertita, del Padre José Luis Guzmán, del Padre Catarino, del Padre Lugo, de Mons. Panchito Hernández, Mons. Garza Salinas y de Mons. Peñita, por sólo mencionarte unos cuántos.

6.-     La historia ha continuado y hemos tenido el privilegio de formar parte de una milécima de segundo en el día de la jornada de la vida de nuestra Iglesia, y no nos queda más que la satisfacción de haber cumplido con las indicaciones del Maestro.

Muchos hablan de crisis en la Iglesia: ¡qué superficialidad! ¡Qué visión tan ligera! ¿Crisis? La Iglesia ha vivido en crisis, siempre han existido los dramas pavorosos. La historia de la Iglesia podríamos decir que es una contínua crisis y así hemos ido hacia delante. Y es que la Iglesia está viva y participa de la vida. Y toda vida verdadera es verdadera crisis. Los únicos que no enfrentan dificultades son los muertos, ¡y yo lo dudo! Las crisis de hoy no son mejores ni peores que las del pasado. Y el Señor permite que con su gracia sigamos con la vida de una Iglesia que si bien ha pasado por momentos difíciles, su vida no depende absolutamente de nuestras miserias sino que posee vida verdadera por la gracia de Aquel que nos ha enviado al mundo.

7.-     Y con todo lo anterior, debemos ser congruentes, si la crisis de la Iglesia reside en que se secan la reservas espirituales, está claro que la curación está en la búsqueda de reservas espirituales, y si hoy en día percibimos que se acerca un tiempo de escasez sacerdotal, es ahora el tiempo de redoblar la oración por las vocaciones sacerdotales, y de que los jóvenes se cuestionen sobre la generosidad que han tenido en el llamado que Cristo sigue haciendo hoy en día.

Como todavía tenemos agua para nuestro consumo, nos resulta fácil acabarnos toda el agua del depósito, sin preocuparnos por el agua de consumo de aquellos que han de venir después que nosotros. ¡Es demasiado egoísmo! Oye joven,... ¡sí tú! ¿Quién bautizará a tus nietos? Te has preguntado: ¿quién asistirá la enfermedad de tus ahora pequeños hijos si es que no redoblamos la oración por las vocaciones sacerdotales?

8.-     Invito a los jóvenes y a nuestras familias para que seamos generosos con el Dios de la generosidad.

¿Sabes? Nunca se me olvida aquella escena en la que un grupo de fieles cristianos fue ante Don José de Jesús Tirado y Pedraza para solicitarle un sacerdote que atendiera a su comunidad. Y el señor Tirado y Pedraza, que de Dios goza, les dijo con esa agilidad mental y ese buen humor que le carecterizaba: “¿Quiéren un sacerdote? Les quiero preguntar: ¿cuántos seminaristas tienen en nuestro seminario?” Ellos le respondieron: “ninguno”. Y él les recalcó: “Dénme un seminarista y yo les doy un sacerdote. Los sacerdotes no se cosechan en los árboles sino que nacen en las familias cristianas”.

9.-     Y la historia debe continuar... La Ascensión del Señor junto con el ser una conclusión será siempre un inicio.

Y esto también podríamos aplicarlo a nuestra separación temporal de aquellos a los que amamos. Para el cristiano la muerte no es algo que termina sino el punto de partida verdadero. Para nosotros la muerte no es algo que sucede sino Alguien que nos sale al encuentro. Decía san Agustín: “No teme perder a aquellos que ama, quién los ama en Aquel que no se pierde”

Estoy seguro que la muerte no debería compararse con una luz que se extingue sino con un tapiz que alguien termina de tejer con una filigrana de abundantes obras buenas.

Y lo anterior se ubica en la frontera del tiempo y la eternidad.

10.-         ¡Cuánto más debe pensarse de cada etapa de nuestra vida! Todo lo que concluímos es simultáneamente un punto de partida: terminas los estudios y con la graduación inicias tu vida profesional, concluye una mujer con la etapa del embarazo y con el parto se inicia la etapa práctica de la maternidad y la paternidad, concluyen los estudios en el Seminario y con la ordenación sacerdotal se inicia la vida ministerial, se concluye el noviazgo y con el matrimonio se inicia la vida esponsal.

Lo importante será el cuadro de actitudes que tengamos en la vida.

Así por ejemplo, el matrimonio más que la llegada a una meta es la señal de salida que se da para iniciar un nuevo camino, más que al atardecer de una ilusión es el amanecer de un nuevo ideal, más que el ocaso de un proyecto es la aurora de una realidad totalmente nueva, más que la conclusión de un tomo en la historia de tu vida es la introducción a un nuevo tomo con una gran cantidad de hojas en blanco por escribir, más que cerrar una puerta es la apertura de una puerta con la incertidumbre que trae el ingreso a una nueva habitación que exige confianza en el alma.

Y el problema de muchos matrimonios es el vivir la vida esponsal como algo adquirido más que como un punto de partida, y será entonces que se deja morir aquello que necesita vida a través de los detalles y de todas aquellas cosas que los esposos conocen que le agrada a aquel que un día cortejaron o que les cortejaron. ¿Punto de partida o de llegada? He allí el dilema y,... el nacimiento de nuestros problemas.

BATALLA, VICTORIA Y TRIUNFO.

El Señor Jesús, después de hablarles, subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios. Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba su predicación con los milagros que hacían”.

1.-     Muy queridos amigos:

Para el cristiano la Conclusión se convierte siempre en la Introducción a una nueva etapa y, mientras llegue la vida eterna, el final no es más que el inicio de una nueva realidad.

Los cristianos sabemos que nuestra meta definitiva es la vida eterna, y que mientras vivamos en esta tierra, Dios nos ofrecerá una nueva oportunidad.

Mientras que Dios no nos llame a la vida eterna, nuestros epílogos darán siempre pauta a una nueva vida, y se convertirán simultáneamente en prólogos de nuevas y mejores realidades.

Y es que, somos conscientes de que nuestra vida, por gracia de Dios, no esta compuesta por un sólo tomo,... sino que suelen ser varios los tomos que Dios ordinariamente nos da para escribir, y que quizá el tomo anterior no nos haya satisfecho en su totalidad, pero que el día de hoy, si Dios nos ha regalado la vida, es precisamente para que escribamos uno mejor.

¿Qué,... cuántos tomos tendrá tu vida? No lo sé ¿Con cuántos volúmenes contará mi vida? Lo ignoro. Sólo sé que, mientras tengamos la pluma en la mano debemos seguir escribiendo nuestra trama existencial.

Sabemos que en lo humano, es imposible dar marcha atrás en el reloj a las manecillas, así como pegar las hojas caídas al calendario; pero somos conscientes de que si Dios nos ha permitido develar una nueva hoja en el calendario de la vida y que le diéramos cuerda otra vez a la maquinaria de la sucesión de los instantes, ésto tenemos que aprovecharlo.

2.-         ¿Sábes? Hay dos temas adicionales que, el día de hoy tendríamos que aplicar a nuestra vida concreta: primero: no olvidar el destino de eternidad que en Cristo hemos conocido, segundo: asimilar que la Ascención a los cielos es la manifestación del triunfo de Jesucristo.

3.-     En primer lugar visualicemos nuestro destino: Para ello dirijamos nuestra mirada hacia el cielo en donde Cristo ha sido glorificado y seamos conscientes de que allá, en donde está aquel que es la cabeza esperamos estar aquellos que formamos su cuerpo, que allá en donde está aquel que es el Buen Pastor esperamos estar aquellos que formamos su rebaño.

3.-     Blas Pascal refiere que una oveja puede perderse si no hace más que pastar sin tener la capacidad de mirar hacia arriba. Y explica, aplica y suplica: “acaso esto llegue a ocurrirnos; podemos concentrarnos tanto en lo que está inmediatamente cercano a nosotros, que dejamos de ver la vida en una perspectiva amplia, nos llegamos a engolosinar con lo inmediato que olvidamos lo eterno, nos quedamos en lo efímero y se nos pierde de vista aquello que permanecerá para siempre”.

¡Dios quiera que tú y yo jamás olvidemos que esta vida no es más que un camino y que lo importante será llegar al destino, que la temporalidad no es más que la pista de la mejor de las competencias pero que la línea de meta se cruza en el umbral ubicado entre la muerte y la eternidad!

4.-     Te quería comentar un hecho registrado en los anales de la historia del deporte. Conforme a los registros de la natación, la primer mujer que cruzó a nado el Canal de la Mancha fue la inglesa Florence Shardwik.... Pero, esta hazaña la obtuvo después de muchos y muy variados intentos, y por ende, después de una gran cantidad de aparentes fracasos, los cuales como en el ejercicio de la prueba y el error, le llevaron a conseguir un día la constatación de la victoria anhelada. Uno nunca sabe en cuál de los golpes se romperá la roca, pero sabemos que no fue ese golpe sino la suma de los intentos lo que consigue lo que al final se manifiesta.

Una vez que Florence Shardwik hubo cruzado ese estrecho marítimo que une el Oceano Atlántico con el Mar del Norte y que separa las islas británicas de la Francia en el continente europeo, un sinfín de reporteros le abordaron para hacerle una serie de preguntas. Uno de ellos después de felicitarle por su logro, nos hizo el favor de preguntarle lo más importante: acerca de las experiencias difíciles que hubiese tenido en sus intentos, a lo que Shardwik le respondió con sinceridad: “Había tenido ya varios intentos por conseguir, lo que hoy, gracias a Dios, conseguí. Lo había intentado de todas las formas, evitando las tormentas y evadiendo el sol desgastante, buscando la temperatura ideal y evitando las fuertes corrientes marítimas, de día y de noche, en invierno y en primavera, y en una y otra ocasión no había logrado conseguir mi objetivo. No obstante si quieres saber cuál fue el momento más difícil, te diré que fue aquél día en que después de tener una brillante idea, salí del campamento cuando apenas iniciaba la luz del día, había un poco de neblina y en mi juicio pensé que esto me favorecería, esperando que en la medida en que fuera avanzando la neblina se fuera disipando. Me zambullí en la mar, y al principio, al estar todavía oscuro podía ver la incandescencia de algunas luces muy a la distancia que me señalizaban el lugar al que me dirigía, pero grande fue mi sorpresa cuando al ir adentrándome en la mar abierta, la neblina se volvió más densa, el día fue clareando y al ir braceando empecé a tener una extraña sensación de desesperación. Repentinamente dejé de ver la costa a la que me dirigía e ignoraba si iba avanzando, si estaba nadando en círculos, sí me iba inclinando hacia el rumbo equivocado, volteé hacia atrás y tampoco veía el lugar del que había salido para iniciar mi recorrido, todo en mi derredor era agua y neblina y me sentí fatigada, insegura, sin respiración. La verdad es que el no ver la costa me provocó pánico, ¡qué me podría preocupar si faltaba mucho con tal que tuviera la certeza de ir avanzando en la dirección correcta!, al fin y al cabo podría administrar mi esfuerzo, nadar y propiciar algunos descansos flotando en la mar. Pero no veía la costa y las cosas se volvieron desesperantes, tremendamente inciertas,... y me hundí más en el remolino de mi desesperación que en el de una tormenta en alta mar. Me sacaron inconsciente, y tarde mucho en atreverme a reiniciar mis intentos en mi propósito que hoy he logrado.

5.-     Muy queridos amigos:

“Dejé de ver la costa y me sumergí en la desesperación”. En realidad este es el secreto más valioso y el inicio del mejor de los consejos para nuestra vida. Siempre que tengamos un porqué en la vida encontraremos un cómo hacer las cosas. El problema es que no sabemos ni para que hacemos las cosas, ni hacia donde nos dirigimos, y por ellos ignoramos si vamos en la dirección adecuada, y entonces viene el cansancio, la sinrazón y el abandono de aquello que nos ilusionó tantas veces y que debiera seguirle dando sentido a lo que hacemos.

La Ascensión del Señor nos recuerda que nuestra mirada debe estar puesta en nuestra morada, en la costa de la eternidad, que es allá en donde está nuestra meta. Si visualizamos nuestro destino, y que se va nadando en la dirección correcta soportaremos el cansancio y la desilusión, ¡qué nos puede importar el que nos falte mucho o poco, si es que vamos nadando en el rumbo adecuado! Pero, cuándo un día dejamos de ver la costa y nuestro destino, es entonces cuando nos volvemos susceptibles a sumergimos en la más terrible de las desesperaciones. ¡Haz oración, esto te permitirá encontrar la brújula en tu vida!

6.-         Quiero no agotar este espacio en la fiesta de la Ascención del Señor, sin que nos demos la oportunidad de referir el segundo factor: Hoy celebramos el triunfo de Jesucristo, es la fiesta litúrgica de Aquel que entra triunfante al cielo, una vez que ha vencido al pecado, al mal y a la muerte.

Para llegar al triunfo se tuvo que ser beligerante contra los enemigos del hombre y de Dios, pasar por el desgastante campo de batalla y obtener la victoria después de derramar el sudor y la sangre, sólo después de la victoria en el lugar de la batalla se puede gozar de la corona triunfal.

Te explico la diferencia entre la batalla, la victoria y el triunfo con el acontecimiento de la salvación en Cristo: la batalla fue toda una vida en donde el viernes-santo no fue un momento aislado sino el espacio culminante, la cruz se convierte en la señal de la contienda; la resurrección nos manifiesta la victoria, es Jesucristo quien ha lidiado en singular batalla con la muerte y al resucitar glorioso se levanta con la victoria, aunque trae en sus manos, sus pies, su frente y su costado las huellas del combate. Pero hasta aquí contemplamos solamente la victoria, el triunfo se obtiene en su entrada gloriosa entre voces de júbilo por el arco de la eternidad.

7.-     Te lo explico rápidamente con un ejemplo para que lo entendamos: en la cercanía del mundial de Alemania sabemos que un equipo tiene su batalla en la cancha, es allí en donde los miembros del equipo deben vencer a todos y vencerse a sí mismos para no claudicar en su intento, la victoria se obtiene cuando se concluye el tiempo reglamentario con el resultado a favor, pero el triunfo es el momento en el que en el podium ve ondear el lábaro patrio de su nación y escucha la solemnidad del himno de su pueblo, se coloca entonces una corona de laurel en la frente o un collar de flores, se le entrega un ramo de flores o se le coloca una medalla en el pecho, se le entrega un trofeo o un documento simbólico... ¿Percibes la diferencia entre la batalla, la victoria y el triunfo?

En las guerras así sucedía, el soldado en la batalla luchaba cuerpo con cuerpo, derramando sudor, lágrimas y sangre. Cuando escuchaba un toque especial de trompeta o se veían ondear banderolas blancas sabía que la victoria se había obtenido y la guerra había terminado. Pero el triunfo era catalogado como el momento en que solemnemente regresaban entre vítores a su ciudad cruzando un arco de triunfo construído para los que habían vencido en el campo de batalla, y que en su cuerpo traen las señales del combate.

8.-         Concluyamos: La ascensión es el triunfo de aquel que luchó en la vida, en la cruz y en el sepulcro, y que obtuvo la victoria en la resurrección, pero ahora vencedor se levanta glorioso y asciende para cruzar el arco de la eternidad. No obstante, no olvidemos que Aquel que asciende, es el mismo que estaba en la cruz y que se apareció en el cenáculo a los apóstoles, y por lo tanto, es Aquel que trae en sus manos, en sus pies, en su frente y en su costado los escaños de la contienda.

Y todavía, hay quienes queremos obtener la victoria y el triunfo sumergidos en la mediocridad y sin hacer el mínimo de los esfuerzos.

Sólo se puede gozar del triunfo cuando hayamos gozado de la victoria. No existe forma alguna para que el cristiano pueda gozar de Dios y del triunfo sino a partir de la lucha y del vencer en la disputa de lo cotidiano.

 

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