Domingo 19 de Noviembre de 2006_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

EL ANALFABETISMO DE LOS CULTOS

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando lleguen aquellos días, después de la gran tribulación, la luz del sol se apagará, no brillará la luna, caerán las estrellas y el universo entero se conmoverá. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad. Y él enviará a sus ángeles a congregar a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales y desde lo más profundo de la tierra a lo más alto del cielo.

Entiendan esto con el ejemplo de la higuera. Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las hojas, ustedes saben que el verano está cerca. Así también, cuando vean ustedes que suceden estas cosas, sepan que el fin ya está cerca, ya está a la puerta. En verdad que no pasará esta generación sin que todo esto se cumpla. Podrán dejar de existir el cielo y la tierra, pero mis palabras no dejarán de cumplirse. Nadie conoce el día ni la hora. Ni los ángeles del cielo ni el Hijo; solamente el Padre”.


Momento 1

Momento 2

Momento 3

 

1.-Muy queridos amigos:

Leer es el ejercicio humano por el cual logramos “interpretar signos tanto de un texto escrito o impreso, como de una partitura musical, ya sea mentalmente o convirtiéndolos en sonidos fonetizándolos”. Leer es el arte por el cual decodificamos aquellos códigos a través de los cuales se nos quiere comunicar un mensaje.

El ejercicio en el aprendizaje de la lectura no es una acción única y acabada, sino algo perfectible y, por lo tanto, como casi todas las acciones humanas, se convierte en un proceso. Se trata de un procedimiento paulatino y progresivo, que se inicia con la sencilla familiarización e identificación de los signos. Después, se continúa con la fonetización de los mismos. A continuación, sigue la asociación de esos signos o letras formando sílabas, y así progresivamente le seguirá la formación de las primeras palabras, al principio, en su mayoría monosilábicas.

El proceso continuará en un franco ascenso hasta que la persona aprenda a identificar y pronunciar aquellas palabras que tienen dos y después tres sílabas, y así sucesivamente. Sólo entonces se podrá pasar a la formación de las oraciones simples formadas con un sujeto y un predicado; ya después se le irán agregando los complementos de la oración y la identificación y distinción existente entre los artículos, los sustantivos, los adjetivos, los verbos, los adverbios, las preposiciones, las conjunciones, los pronombres, y así llegará un momento en que se superará la lectura de las oraciones simples para así ingresar al hermosísimo universo que nos ofrecen nuestras oraciones compuestas.

Un buen día la persona que se encuentra atareada en este proceso de enseñanza-aprendizaje habrá obtenido las herramientas y la experiencia necesaria como para así desplazarse de la morfología más elemental, y se podrá introducir en el mundo de la sintaxis oracional.

Será entonces, cuando podremos hablar de una persona auténticamente alfabetizada. El hombre podrá así utilizar todos esos conocimientos adquiridos como si fuera un traje de buceo que le permitirá sumergirse en los mares profundos de la ciencia y de todo tipo de sabiduría. El mundo entonces se ensanchará para la persona, y en cierta manera esta será una persona con mayor libertad y con un valor adicional en su propia historia.

2.- Muy queridos amigos:

Lo anterior no sólo se debe y puede aplicar al mundo académico sino que debe y puede aplicarse a todas esas enseñanzas que Dios nos dirige diariamente, ya que, tanto las personas con las que nos encontramos como los acontecimientos que nos suceden podrán ser conocidos en su interior por lo que exteriormente nos lleguen a mostrar.

Se trata, digámoslo así, de nuestro propio proceso de enseñanza-aprendizaje para que lleguemos a interpretar los auténticos signos de los tiempos.

Hoy el Señor nos dice a todos: “Entiendan esto con el ejemplo de la higuera. Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las hojas, ustedes saben que el verano ya está cerca. Así también, cuando vean ustedes que suceden estas cosas, sepan que el fin ya está cerca, ya está a la puerta”.

3.- El aprendizaje de la lectura de los signos de nuestra vida, también se inicia por descifrar los signos más elementales y, así poco a poco, la persona aprende a decodificar el mensaje de Dios en la vida cotidiana, aun en aquellos párrafos que se nos antojan como los más complicados. En este proceso de aprendizaje tenemos un solo instructor: El Espíritu Santo.

En lo personal, considero que el proceso de maduración cristiana en nuestra propia vida estriba en el proceso-aprendizaje de la lectura existencial. Una inadecuada lectura de la existencia puede llevarnos a una pésima interpretación de los hechos, y, por ende, a que vivamos la consecuencias más funestas.

4.- ¿Sabes? Ernest Mecker, en su libro titulado: “El rechazo de la muerte” nos propone una consideración por demás interesante: “Los niños son excelentes para observar, pero son muy malos para interpretar”. Los infantes saben todo lo que estamos haciendo, pero no conocen exactamente lo que significan esas acciones. Y nos pone el siguiente ejemplo:

“Una señora conocida mía me dijo una vez que cuando su padre murió, ella era apenas una niña. Se dio cuenta entonces de que su madre no lloraba por la muerte de su padre. Entonces ella, siendo niña, sacó la siguiente conclusión: “Mi madre no quería a mi padre, ¿verdad que no? Tú no lo querías nada, ¡Yo sí quería a mi padre y tú, no! ¡Nunca lo quisiste! A ti no te dolió que él muriera” El resultado fue que aquella niña empezó a aborrecer a su madre durante varios años ¡Y en qué forma! Se volvió rebelde y hasta llegó a tener una vida disoluta. Todo como una forma de protestar contra alguien que no compartió su sufrimiento. Tiempo después, al dialogar aquella niña que se convirtió en una dama con su madre, ella le confesó: “Yo estaba tratando de conservar la tradicional firmeza que se necesitaba en ese tiempo delante de mis hijos, aunque por dentro me estuviera muriendo en vida. Si yo me quebraba, ¿quién iba a dar la cara en medio de esa situación de dolor intenso? Además, yo quería que ustedes supieran que él estaba en el cielo y que la muerte no es una tragedia para los cristianos. No quería mostrar mi pena y menos ante mis niños tan pequeños e indefensos”. Así pues, ella se mantuvo incólume, contra el viento y contra la marea supo mantener su actitud férrea. Su hija había hecho una excelente observación, pero era una pésima interpretación”.

5.- Queridos amigos:

Para aprender a leer los acontecimientos de nuestra vida, tenemos que empezar por lo más sencillo.

Es por demás interesante y, al mismo tiempo, sumamente curioso, que en nuestra vida espiritual, haya quienes ya pretendan querer leer un acontecimiento que se podría comparar cun una “obra de Cervantes” cuando todavía no han aprendido a deletrear el “a-be-ce” de la vida cristiana; o por poner otra comparación: que quieran interpretar en el concierto de la propia vida la novena sinfonía de Beethoven o el Mundo Fantástico de Antony Dvorak, cuando todavía no han empezado a practicar con los primeros acordes, y si siquiera conocen el pentagrama.

El libro en el que se escribe el relato de nuestra propia vida se compone de textos simples y de narraciones más elaboradas y, por tanto, mucho más complejas y hasta retorcidas. Nuestra vocación cristiana consistirá en ir descubriendo el mensaje de Dios en ambos contenidos.

6.- Han sido palabras monosílabicas, aquellas en las que algunos grandes santos encontraron a Dios en su vida. En los niños y jóvenes de la calle lo encontró San Juan Bosco, en la vida cotidiana lo encontró Santa Teresita del Niño Jesús, en los quehaceres más comunes y ordinarios le encontró San Martín de Porres, en las aulas universitarias San Ignacio de Loyola. Fue en todas esas primeras notas en donde ellos se capacitaron para aprender a leer la más hermosa sinfonía de Dios.

No obstante, también hay algunos renglones “un poco” más difíciles de decodificar que necesitarán el que hayamos superado nuestra propia educación básica,... tales como el sufrimiento, el hambre, la muerte, la enfermedad terminal, el desequilibrio psiquiátrico, la pobreza, la depresión, las adicciones, el abandono, la soledad, y ahora también el desplazamiento y todos esos problemas que surgen con el fenómeno de la movilidad humana atraída por los cuadros de miseria. Pero son renglones en los que también algunos grandes cristianos han aprendido a encontrar al Señor.

Los hombres de los sesentas, setentas y ochentas llamaron a todo esto los renglones torcidos de Dios y, esto les empujaba a negar a Dios o a reclamarle con amargura. ¿Quién de nosotros podría olvidar aquella “afamada” o “ínfame” trilogía de obras y películas de la negación divina: los bufones de Dios, los perros de Dios y los renglones torcidos de Dios?

Los grandes santos han aprendido a leer todos estos textos y se han dado cuenta de que Dios ha sabido escribir derecho sobre aquellos renglones que el mismo hombre ha torcido. En los pobres lo ha encontrado Charles de Foucauld y san Vicente de Paul, en los leprosos lo ha encontrado San Francisco de Asís y la Beata Madre Teresa de Calcuta, en los enfermos psiquiátricos lo encontró San Juan de Dios.

Y así en la actualidad, algunas religiosas, en el norponiente de nuestra ciudad, han descubierto a Dios en el enfermo terminal y en el sidoso; algunas otras hermanas, en el nororiente y en el sur de nuestra metropolí, le han encontrado en los drogadictos.

Lástima que, algunos de nosotros, padeciendo nuestras dislexias, estravismos, astigmatismos, daltonismos y hasta miopías vamos interpretando erróneamente el mensaje de Dios. Resulta, verdaderamente lamentable que algunos con tanta cultura en lo humano seamos en la vida cristiana unos verdaderos analfabetas y, que ni siquiera hayamos aprendido a distinguir el “alfa” de la “beta” en el texto más importante por descifrar: el de la existencia humana. ¡Allí en donde Dios nos está hablando hoy en día!

Y, así se dan las cosas de tal manera que bien podríamos tener frente a nosotros el más hermoso poema de Dios, pero al no saber descifrar esos caracteres y signos desconocidos, nos quedamos en la más grande ignorancia de la vida espiritual.

7.- Hoy, abundamos los letrados ignorantes. Aquellos que acusamos “El conocimiento inútil” como le llamaba Jean Fracois Revel. En la actualidad, contamos con una cultura basta, ostentosa y hasta variada, pero no sabemos interpretar las necesidades de los que nos aman ni hemos aprendido realmente a descifrar, con la sabiduría de Dios, el momento en el que vivimos y sus exigencias que encierra.

Démonos cuenta de que, gran parte de nuestros problemas estriba en nuestra incapacidad de interpretar rectamente lo que nos acontece en nuestra vida, y que gran parte de nuestras desgracias estriba no en otra cosa, sino en nuestras deficiencias al interpretar lo que Dios nos está pidiendo.

8.- Las personas, como lo afirmaba Ernest Mecker, somos excelentes para observar, pero tenemos grandes problemas para interpretar: los hijos en relación a los padres, los esposos en función de los cónyuges, los padres en función de los hijos y, gran parte de los que nos llamamos cristianos, en relación para con Dios.

Pidámosle a Dios que, para vivir el evangelio de hoy, tengamos el tacto para discernir; es decir, para interpretar lo que se está observando, descifrar y leer lo que está escrito en esas líneas invisibles de la vida diaria. Sobre todo, cuando se nos habla de la eternidad.

SABIA VIRTUD DE CONOCER EL TIEMPO.

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando lleguen aquellos días, después de la gran tribulación, la luz del sol se apagará, no brillará la luna, caerán las estrellas y el universo entero se conmoverá. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad.

1.- Muy queridos amigos:

El tema sobre el fin de este mundo suele ser un tópico que a más de uno de los que estamos en este espacio y ejercicio de reflexión nos provoca respeto y temor cristiano, mientras que en una gran cantidad de personas llega hasta a generarles angustia e incertidumbre.

¿Cuándo se va a acabar este mundo? La narración del Evangelio de este día nos presenta una descripción del final de los tiempos que está haciendo alusión a factores definitivos, como lo es el regreso escatológico del Señor, y no a esos acontecimientos históricos que han existido, que existen y que existirán siempre, como lo son los cataclismos y catástrofes.

En realidad, el Señor nos está invitando para que vivamos comprometidos con nuestra propia historia y para que no nos pasemos nuestra existencia sobreviviendo en la más vergonzosa de las mediocridades.

Se nos invita para que seamos conscientes de que la vida eterna no le pertenece a nadie más que aquellos que han sido capaces de vivir profundamente el presente.

2.- ¡Oye Presbítero!, y entonces, ¿por qué hay personas que tocan nuestra puerta y que nos atemorizan y nos aplican violencia psicológica utilizando el texto que hemos escuchado?

Llegan y nos dicen: “¡Es que, fíjate hermano que hoy se están cumpliendo todas esas imágenes de destrucción: los eclipses, los meteoritos, los cambios climáticos, y más aún... las guerras, los levantones, la violencia en las calles, el narconegocio, la delincuencia organizada,... ¡Conviértete y vente con nosotros para que no te condenes!”

Amigo muy querido: ¿Cómo puede ser posible, que tan fácilmente cambiemos la casa de la familia por el inquilinato?

¡Es que nos falta mucha formación!, Presbítero. Sí, lo sé, y si algún sentido tiene el presente esfuerzo de reflexión dominical: es el de poder ofrecer un factor adicional para que profundicemos en la autenticidad de una vida cristiana.

¡No te dejes amedrentar! Aún, tú que has tenido que beber el caliz del dolor junto con el Maestro en tu Getsemaní. Mejor te propongo que te acerques a Dios y platiques con tu párroco, que vayas a tu parroquia, que ingreses a un grupo apostólico, que vayas a un retiro, a un cursillo de cristiandad, a una dinámica, a un encuentro, a una jornada de vida cristiana, o ve al Encuentro de los Laicos en la Arena Monterrey el próximo domingo 26 de Noviembre desde las 8 de la mañana... ¡Acércate a Dios! y deja a esos falsos profetas de las calamidades sumergirse en sus propias fatalidades.

Decía Víctor Hugo y me agrada recordarlo en este día:“Tú que lloras, ven a este Dios que llora, Tú que sufres, ven a este Dios que sana, Tú que tiemblas, ven a este Dios que sonríe, Tú que pasas, ven a este Dios que permanece.” ¡Acércate a Cristo! Sólo en Él está la respuesta a cualquier interrogante de la vida.

3.- Muy queridos amigos:

La ignorancia religiosa, es y seguirá siendo un terreno fértil para que sigan surgiendo desde los charlatanes, los mercaderes, los adivinos y un sinfín de falsos profetas como Samuel Aarón y sus secuaces, que anunciarán a su manera y buscando sus propias y muy jugosas ganancias, la inminente finalización de este mundo. Todos ellos se apoyan en distintas fuentes y tratan de encontrar en ellas un criterio de autoridad para sus fatales presagios. La lectura fundamentalista de algunos textos de la Sagrada Escritura, incluyendo el de este domingo, y la alusión a algunas supuestas revelaciones son para ellos una fuente para conseguir sus propósitos,... y para seguir confundiendo a nuestro pueblo, pero Dios les pedirá cuenta de ello.

Y el hecho de que, en algunos momentos reflexionemos cristiana y auténticamente sobre el tema de la muerte, el final de nuestros días y el encuentro definitivo con Dios, y el que el Señor nos invite, en este domingo, a que no olvidemos el cruce ineludible de la frontera hacia nuestra meta definitiva, no es más que un desafío que nos está invitando constantemente para que no estemos perdiendo el tiempo.

4.- Recuerda que nosotros los cristianos mucho más que creer en una vida futura creemos en la vida eterna, que es algo muy diferente. Porque si fuera futura no tendría nexo con el presente, pero si es eterna, es porque ya ha comenzado y lo que aquí hagamos compromete nuestra eternidad para accesarla o para que lastimosamente la trunquemos.

Nosotros los cristianos no creemos ni en el eterno retorno ni en las reencarnaciones. Esta cultura del reciclaje está haciendo pensar a algunos que la vida humana también se recicla indefinidamente en muchos orientalistas o bien un reciclaje único en una inmortalidad terrena como lo predican los Testigos de Jehováh, y no es así nuestra consideración cristiana, ya que la promesa y nuestra esperanza como rebaño de Cristo es estar allá donde está nuestro Pastor, el deseo de los que formamos el Cuerpo Místico de Cristo es estar allá donde está Aquel que es nuestra Cabeza.

Nosotros tampoco creemos en una vida que solamente se acaba, sino que creemos en una vida que se transforma y como lo rezamos bellamente en el oficio eucarísrtico de los fieles difuntos: “cuando se disuelve nuestra morada en la tierra tú nos preparas una Mansión eterna en el cielo”. Una Mansión que como nos lo ha dicho Jesucristo tiene muchas habitaciones: “¡Creánmelo, si no fuera así os lo hubiera dicho!” Te creemos Señor y te amamos profundamente.

Los cristianos predicamos que la vida nueva en Cristo ha perforado la membrana del tiempo y el espacio para así conducirnos a través de la esperanza de una vida eterna a través de la resurrección. Los cristianos pecamos de ignorancia o de necedad cuando perdemos de vista nuestra esperanza de eternidad.

5.- Para que tú y yo entendamos mejor el mensaje de la eternidad hace falta que comprendamos cristianamente el sentido del tiempo, ¿Qué es el tiempo para el bautizado? “La antesala de la eternidad”, bueno, perdónenme, pero no debo adelantarme. Veamos primero algunas de las acepciones del tiempo, para finalizar hablando del tiempo y su dimensión cristiana.

Existe en primer lugar, el así llamado tiempo cronológico: La medición del tiempo es tan antigua como antigua es la historia del hombre, pero, tiene un momento especial en el descubrimiento del péndulo en el siglo XVI por parte de Galileo Galilei. Hoy, la medición del tiempo llega a tal precisión que se habla no tan sólo de décimas, centécimas, milésimas o millonésimas de segundo. Hoy los ingenieros manejan los nanosegundos (que son milmillonésimas de segundo) para medir las sondas espaciales y los físicos hasta llegan a utilizar los llamados picosegundos (billonésimas de segundo) para rastrear el movimiento en el núcleo atómico.

6.- Existe, en segundo lugar, el llamado tiempo psicológico, al que poco le importa la duración que posee la transición: el tiempo psicológico no es el de los relojes sino el de algunos estados del alma. Un tiempo muy corto puede estar tan lleno de acontecimientos que pareciera durar toda una vida, y un tiempo muy largo puede estar tan ausente de sentido que pareciera que su duración no tuviera la más mínima importancia. Se dice que “el tiempo es demasiado lento para quienes esperan; demasiado veloz para quienes temen; excesivamente largo para los que sufren; sobradamente breve para los que gozan. Mas para aquellos que aman, el tiempo no existe.”

Sería oportuno recordar el siguiente texto: “¿El dolor dura..., mucho tiempo?”, pregunta el sacerdote que va a ser fusilado a sus ejecutores en la novela de Graham Green, El poder y la gloria. “No, no, es cuestión de un segundo”, le responde el teniente. “¿Y cuánto tiempo dura un segundo?...” volvió a preguntar el sacerdote.

7.- En tercer lugar existe el tiempo biológico. Mucho tiempo antes de que se inventaran los relojes, este cuerpo y esta nuestra mente, que Dios nos ha dado, ya tenían la percepción del tiempo. El ciclo cronológico dominante de nuestro organismo se le llama RITMO CIRCADIANO, cuyo control se cree que está en el hipotálamo de nuestro cerebro. Para muchos científicos, el ciclo circadiano normal en un organismo dura 25 horas y 15 minutos de más o de menos. Charles Ehret, quien fuera presidente de la empresa General Chronobionics, opina que el decaimiento de los lunes por la mañana, los transtornos del sueño y hasta la depresión psíquica, resultan del desequilibrio existente entre el reloj de pared o de pulso y el tiempo que es marcado por el reloj de nuestro organismo.

Hoy se llega a hablar hasta de un calendario del cuerpo. Se dice que el hombre se ajusta a una serie de ciclos semanarios, que van regulando los cambios químicos del organismo, la respuesta del sistema inmunológico y el cíclico aumento y disminución de la frecuencia cardiaca y de nuestra presión arterial.

8.- En cuarto lugar, existe el tiempo capturado por la historiología: En la antigüedad se medía el tiempo por los años de los reyes al frente de un Imperio, por los accidentes naturales y en no pocas ocasiones por el año de un gran imperio que llegaba a marcaba toda una era. Al nacer Cristo se re-inventaron los calendarios, para nosotros ¡es el primer día del mundo!

El cristianismo reconoció a Cristo como el Rey del Universo, el Señor de los Señores, Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, el Sol que nace de lo alto, y allí se reinició la historia. Y no obstante debemos saber que la salvación de Jesucristo no tiene fronteras de raza, sexo o color, y no se limita ni por la frontera del tiempo ni por la del espacio. El Señor Jesús es infinitamente superior a todos los imperios y reinos, aún cuando el monje y sabio, originario de Scythia, Dionisio el Exiguo en el siglo VI se llegó a equivocar en el computo de los años por la desconsideración de los años bisiestos, que sólo hasta el tiempo de Galileo Galilei se conocieron y aceptaron con certeza.

9.- Por último, el tiempo se ha convertido en el lugar en el que Dios nos ha querido ofrecer la salvación. La Biblia, revelación temporal del Dios trascendente, se abre y se cierra con anotaciones temporales: “En el principio creó Dios el cielo y la tierra” así inicia el Génesis, “Sí, vengo pronto”, así concluye el Apocalípsis. Dios aparece como el primero y el último, Jesucristo es el Alfa y la Omega de nuestra historia.

Es en Cristo, en donde el tiempo ha dejado de tener una forma vacía y de ser una pura sucesión de instantes yuxtapuestos. La Biblia ha logrado conciliar la conciencia de la trascendencia de Dios con la certeza de su intervención en la historia, se sustrae así a una doble tentación de los hombres de toda época y lugar: la de divinizar el tiempo y la de negarle al tiempo frente a Dios todo significado. El tiempo no es una realidad opuesta a Dios, sino el medio del que Dios se sirve para revelar su misericordia.

Es por ello que para el cristiano, el tiempo tiene una importancia fundamental. Dentro de su dimensión se ha creado este mundo majestuoso, en su interior se desarrolla la historia de la salvación, que tiene su culmen en la “plenitud de los tiempos” de la Encarnación y su término en el retorno glorioso del Hijo de Dios al final de los tiempos, factor que hoy se nos recuerda en el Evangelio. De la relación de Dios con el tiempo nace nuestro deber de santificarlo... Cristo es el Señor del tiempo. Digamos que a partir de la Encarnación el tiempo y la eternidad se han asociado, y para nosotros son inseparables. No se trata de que el tiempo engendre la eternidad, sino más bien que, en el Misterio de la Encarnación, ha sido la eternidad la que se ha encargado de fecundar el tiempo. Llamarle al tiempo el KAIRÓS, es llamarle al tiempo momento precioso y salvífico.

La concepción cristiana del tiempo exige, de parte nuestra, una vida recta. El tiempo es el más implacable y, al mismo tiempo, el más insobornable de los jueces. Diría Don Alfonso Junco que el tiempo puede ser alquimia o puede ser ladrón. El tiempo es alquimia si transforma lo insignificante en un tesoro o bien puede ser un ladrón si nos despoja de aquello que poseía valor en sí mismo.

10.- ¿Por qué hemos de temerle a que lleguemos al final de nuestro camino? ¿No es esa una condición de todo recorrido? ¿Por qué le tenemos miedo a la muerte? Escribe Víctor Frankl en su obra Psicoanalisis y existencialismo: “La certeza de la muerte sólo le produce espanto a quien abriga una mala conciencia de su vida. La muerte, como final del tiempo que se vive, sólo puede causar pavor a quien no sabe llenar el tiempo que le es dado vivir.”

“Es que el Evangelio nos habla acerca del fin del mundo, ¡qué nos diga el cura cuándo se acaba todo!”

¿Por qué preocuparse por una fecha? ¿Cuál es el interés que engendra el morbo del querer conocer el día y la hora del regreso de Cristo y del fin de la historia?

El hombre actual me recuerda a aquellos legendarios cíclopes, ¿te acuerdas tú? Aquellos personajes de la mitología griega que solamente tenían un ojo en el centro de la frente. De acuerdo a las narraciones de la Grecia antigua, estos personajes nacidos de los semidioses eran los únicos que conocían el día y la hora en que se iban a morir. ¡Qué afortunados y superiores eran! ¿Estás seguro de lo que hablas? La mitología nos cuenta que era esto precisamente lo que los mantenía tristes toda su existencia. ¿Quieres saber cuando vas a morir? ¿Deseas conocer cuando se acabará este mundo? Por qué mejor no te pones a trabajar y a disfrutar del día de hoy en que Dios te está brindando la vida.

EL DIA DORADO.

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: Entiendan esto con el ejemplo de la higuera. Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las hojas, ustedes saben que el verano está cerca. Así también, cuando vean ustedes que suceden estas cosas, sepan que el fin ya está cerca, ya está a la puerta. En verdad que no pasará esta generación sin que todo esto se cumpla. Podrán dejar de existir el cielo y la tierra, pero mis palabras no dejarán de cumplirse. Nadie conoce el día ni la hora. Ni los ángeles del cielo ni el Hijo; solamente el Padre”.

1.- Muy queridos amigos:

¿Acerca del fin del mundo? ¿Sobre el sentido del tiempo? ¿Sobre las distintas situaciones que vivimos? ¿Cómo comprenderlas? Entiendan esto con el ejemplo de la higuera, nos dice el Señor... Nuestro problema radica en que no tenemos tiempo ni para ver la higuera y, por lo tanto, no somos capaces de interpretar adecuadamente las cosas.

En la realidad, el tiempo que podamos tener para invertir en la observación de la higuera de nuestra propia vida, suele ir estrechamente unido a la recta interpretación de cada una de las situaciones que vayamos viviendo.

Hoy, tú y yo, vamos viviendo, o mejor dicho, sobreviviendo sumergidos en esa vorágine de nuestros propios quehaceres, y, la verdad, hemos llegado a considerar que ese tiempo tan necesario como para que lo invirtamos en la reflexión de nuestra vida y del sentido que tiene nuestra vida, debe ser considerado una pérdida, si no me es productivo materialmente de forma inmediata.

2.- Pero,... vayamos por partes, retomemos primero la reflexión sobre la interpretación de aquello que acontece con nuestra vida: Entiendan esto con el ejemplo de la higuera...

Como maestro y como sacerdote, suelo decirles a mis alumnos y alos feligreses que en lo personal prefiero, muy contrario a todos esos métodos de lectura rápida de comprensión, que ellos tengan acceso y desarrollen la capacidad de tener una lectura de análisis, aunque sea más lenta.

Fíjate, como hoy, en nuestra ciudad y en una gran cantidad de las más serias instituciones educativas, está muy de moda esa lectura rápida de comprensión. Hoy, son muchas las personas que van presumiendo, ser capaces de leer a razón de millares de palabras por minuto y egresarán como alegres graduados de esos planteles de lectura rápida.

Yo les he pedido a mis alumnos que no le tengan miedo a disminuir su velocidad de lectura, e incluso, que no le tengan miedo a regresar sobre un texto en varias ocasiones. Les exhorto, a que sean capaces de amar el idioma y que lleguen a ser tan competentes como para que aprendan a saborear la riqueza de la expresión en nuestro lenguaje y los giros que se posibilitan en la expresión. ¡Esto es lo que nos permite tener una adecuada lectura e interpretación de lo que leemos!

Contra aquellos que quieren que se lea un libro en una hora, yo he preferido la lectura de análisis sobre la lectura de comprensión, áun cuando en este mundo inmediatista no se valore la inversión de horas a lo que se puede leer en minutos. Es muy posible que aquellos que hacemos una lectura de análisis en un texto solamente hayamos aprendido a leer 50 palabras por minuto en lugar de todos esos millares que leen otros. Pero, ¡créeme!, es también el mejor método como para que nos capacitemos en la lectura de esos textos que merecen una dedicada atención y para que de esa manera vayamos aprendiendo a conocer, por primera vez, con que letras se escriben las palabras, sí es con “ache” o sin ella, si es con “b labial” o con “v labiodental”, si es con “ce” o con “ese” o con “zeta”, y así aprenderán el porque un escritor eligió un tiempo y un modo verbal y no otro, un calificativo del verbo en lugar de un calificativo del sustantivo, un vocablo y no algun otro que pudiera ser útil como sinónimo.

3.- ¿Por qué este cura nos estará hablando de lectura de comprensión y de la lectura de análisis?

En realidad, lo anterior está en el orígen de una gran cantidad de nuestros problemas de lectura en torno al marco de nuestra realidad.

Es muy cierto que, los problemas en la comunicación de un mensaje suelen tener dos fuentes: una de ellas en el emisor y la otra en el receptor.

No obstante, al hablar de nuestra incapacidad de comprensión, tenemos que referir los problemas que tenemos los receptores del mensaje que Dios nos está enviando. La higuera puede estar “verdeciendo” y “reverdeciendo” y “estarse cayendo de frutos”, y nosotros incapaces de asimilar el mensaje.

Decimos que comprendemos lo que nos sucede, pero no somos capaces de analizarlo. Y por ello, esas soluciones que proponemos a nuestras situaciones problemáticas no nos están realmente capacitando para una vida auténticamente humana, ni mucho menos cristiana.

¿Sabes? El literato Christopher Fry, en una conferencia sobre el lenguaje en el festival de Literatura de Cheltenham expresaba lo siguiente: “Las fallas de comunicación no siempre se originan en la transmisión. En una gran cantidad de ocasiones tienen el origen de sus complicaciones en el receptor: las palabras que emigran del que habla mueren de agotamiento al tratar de escalar las montañas de su comprensión”.

4.- ¿Cuántas veces la persona que dice desear establecer un diálogo con alguien suele tener ya los remedios en la mente y sólo quiere que le escuchen. Espera que nadie le impugne ni le interrumpa?

¿Cómo vamos a entender algunas situaciones complejas si no tenemos esas herramientas necesarias como para interpretar las situaciones que nos acontecen?

Decía Blas Pascal: El hombre es un criptograma y su clave de interpretación se encuentra solamente en Cristo, en la hipótesis cristiana.

Un criptograma es un mensaje oculto, una especie de acertijo vital, una adivinanza existencial. Ese criptograma solamente se podrá interpretar en el momento en que se tenga la herramienta necesaria para hacerlo. Jesucristo es esa clave de lectura que nos permite asimilar el sentido del dolor y de la muerte, de la soledad y del abandono...

Los cristianos hemos aprendido a no ponerle un signo de interrogación a todos aquellos párrafos de nuestra vida en donde Dios le ha querido poner un punto final. Más que comprender la razón de las cosas podríamos decir que nuestra vida cristiana nos ayuda a darle sentido a todo lo que vivimos,... ¡entiéndelo!, hay situaciones que nunca tendrán una justificación pero no por ello dejerá de tener un sentido y una lectura cristiana. Si bien hay situaciones sumamente dolorosas de las que nunca entenderemos el ¿por qué?, nuestra aspiración será el encontrar el ¿para qué? de todo lo que nos sucede.

5.- El llegar a comprender estos episodios de nuestra vida, es el factor que nos puede acceder a un nivel de misticismo en nuestra propia vida. O, ¿qué te parece esa lucidez con la que puede escribirse un poema como el siguiente de Jose María Pemán?:
¡Bendito seas, Señor,
por tu infinita bondad;
porque pones con amor
sobre espinas de dolor
rosas de conformidad!.

¡Qué triste es mi caminar!...
Llevo en el pecho escondido
un gemido de pesar,
y en mis labios un cantar
para esconder mi gemido.

Tú sólo, Dios y Señor,
Tú, que por amor me hieres;
Tú, que con inmenso amor,
pruebas con mayor dolor
a las almas que más quieres,

Tú sólo lo has de saber;
que sólo quiero contar
mi secreto padecer
a quien lo ha de comprender
y lo puede consolar.

¡Bendito seas, Señor,
por tu infinita bondad,
porque pones con amor,
sobre espinas de dolor,
rosas de conformidad!...

Será el dolor que viniere
en buena hora recibido.
Venga, pues que Dios lo quiere...
¿Qué me importa verme herido
si es mi Dios el que me hiere?.

Yo no me quejo, Señor;
yo sé que es goce el dolor
si se sufre por amar,
y el padecer es gozar
si se padece de amor.

Yo quiero sufrir, Señor;
quiero por amor gozar
la dulzura del dolor;
quiero hacer mi vida altar
de un sacrificio de amor.

Vivir sin penas de amores
es triste vivir sombrío,
como el del agua de un río
que, sin árboles ni flores,
va por un campo baldío.

Vida, la falsa alegría
yo no te envidio, que el día
que fuere mi vida así
temblando de horror diría:
¡Dios se ha olvidado de mí!.

No huyáis penas y dolores
con flaqueza de cobarde,
ni busquéis falsos amores,
que mueren, como las flores,
en el morir de la tarde.

Saber sufrir y tener
el alma recia y curtida
es lo que importa saber;
la ciencia de padecer,
es la ciencia de la vida.

Por eso, Dios y Señor,
porque por amor me hieres,
porque con inmenso amor
pruebas con mayor dolor
a las almas que más quieres;

porque sufrir es curar
las llagas del corazón;
porque sé que me has de dar
consuelo y resignación
a medida del pesar;

por tu bondad y tu amor,
porque lo mandas y quieres,
porque es tuyo mi dolor...,
¡bendita sea, Señor,
la mano con que me hieres!

6.- ¡Esto es misticismo cristiano! Bueno, y en realidad nuestros problemas radican en el no entender que la higuera ya se está cansando de enviarnos su mensaje, pero nosotros no hemos tenido tiempo para darnos cuenta que ahí se encuentra, y de que tiene un mensaje para nosotros.

Somos personas que tienen cerebro, pero esta mente humana no sólo depende de que tengamos neuronas o no, de que las ejercitemos o no, sino también de que tengamos tiempo para captar los estímulos de la naturaleza tales como la luz, el sonido, el olor y el calor: si no tenemos tiempo para captar que los “pájaros cantan, los cerezos florecen, el viento susurra, los humanos hablan,... y Dios ya nos está gritando”; al no tener tiempo no captaremos las señales de las fuentes y, por tanto, tampoco accesaremos esas interpretaciones necesarias.

Aprovecha el tiempo que Dios te da. A cada uno de nosotros se nos ha dado una porción de tiempo para que lo aprendamos a usar. Y bien puede ser que lo aprovechemos o lo desperdiciemos, pero no podemos recuperar un solo día de los que hemos perdido, a lo mucho, y si Dios nos quiere obsequiar se nos dará otro día pero el día fenecido no regresa.

Aprendamos a vivir cada uno de los días como si fuera para siempre, y a tener, sin embargo, preparadas nuestras maletas y en orden todos nuestros asuntos, dispuestos a partir a toda prisa,... cuando la higuera nos este enviando su señal.

7.- Es posible que tú hayas leído aquella obra de Robert Jones Burdette titulada GOLDEN DAY, en la que se nos habla de esas dos prisiones de nuestra vida: la culpabilidad y la preocupación. La culpabilidad nos habla de la más oscura mazmorra del pasado y la preocupación nos hace contemplar nuestra prisión del futuro:

“No es la experiencia del día de hoy lo que vuelve locos a los hombres. Es el remordimiento por algo que sucedió ayer, y el miedo a lo que nos pueda traer el mañana.”

¿Cuál es el día dorado del hombre? Nuestro día dorado es este que Dios nos está dando. No se trata de desocuparnos ni de preocuparnos, se trata de ocuparnos de la vida. Hoy, es el día en que puedo decirle a quien amo que le amo, ¡qué disfruto mucho del pastel y de quien me ofrece amablemente el pastel!

8.- Pero,...Presbítero Rogelio, díganos ya, por el amor de Dios: ¿Cuándo se va a acabar el mundo? “De aquel día y hora, nadie sabe ni el día ni la hora”. No lo digo yo sino que lo dice Él...

Aprovechemos el tiempo, sería triste un día escribir tinta sangre en nuestra existencia lo que Pablo Neruda escribió con tinta de imprenta en su autobiografía: “Me declaro culpable de no haber hecho con estas manos que me dieron, una escoba... Así fue: No se cómo se me pasó la vida sin aprender, sin ver, sin recoger y unir los elementos. En esta hora no niego que tuve tiempo, tuve tiempo pero no tuve manos...” Los cristianos debemos darnos cuenta de que no es posible que estemos matando el tiempo sin herir nuestra eternidad.



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