Domingo 29 de Octubre de 2006_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

LA INDIGENCIA DE DIGNIDAD

“En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó en compañía de sus discípulos y de mucha gente, un ciego, llamado Bartimeo, se hallaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que el que pasaba era Jesús Nazareno, comenzó a gritar: “¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!” Muchos lo reprendían para que se callara, pero él seguía gritando todavía más fuerte: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!”

Jesús se detuvo entonces y dijo: “Llámenlo”. Y llamaron al ciego, diciéndole: “¡Ánimo! Levántate, porque él te llama”. El ciego tiró su manto; de un salto se puso de pie y se acercó a Jesús. Entonces le dijo Jesús: “¿Qué quieres que haga por ti?” El ciego le contestó: “Maestro, que pueda ver”. Jesús le dijo: “Vete; tu fe te ha salvado”. Al momento recobró la vista y comenzó a seguirlo por el camino”.

Momento 1

Momento 2

Momento 3

 

1.- Muy queridos amigos:

Al fin se han encontrado. Ambos han acudido puntuales a la cita. Los compromisos en las agendas aunque sean tan distintos les han hecho coincidir. El tiempo se ha tornado preciso y ha hecho que los dos se ubiquen en el espacio oportuno. No podía faltar alguno de estos dos invitados a un encuentro tan peculiar y tan esperado por ambos, aunque tendríamos que precisar que ambos tienen diferentes razones y muy distintas motivaciones.

El calendario se ha deshojado en el ritmo adecuado, y los días y los meses han transcurrido pacientemente ante la urgencia de aquello que en lo humano ha sido imprevisible y que en lo divino se ha vuelto Providencial. El “reloj” que marca la eternidad en Dios y el que marca la temporalidad en el hombre marcan desde la previsión divina y la necesidad humana la misma hora con sus manecillas.

El Creador y la criatura han coincidido en los caminos de Jericó. Se han reunido, en la cercanía del mismo espacio, la fe de un enfermo y la compasión del médico divino. El hombre menesteroso y el Dios eterno se han dado cita en las afueras de la ciudad. Contemplamos con toda claridad el encuentro entre el poder inagotable de Dios, marcado por el amor que nos tiene, y esa indigencia humana que a todos nos acompaña. Por fin, el Sol que nace de lo alto, cruzando por la amplitud del horizonte de la historia, se dirige prometedoramente hacia alguien que ha vivido su propia existencia sumergido en la más triste y profunda de las oscuridades.

2.- Aquel hombre se llama Bartimeo y su “oficio”, o mejor dicho, su quehacer de toda la vida ha sido el de ser un limosnero. Lleva años y años en los mismos entrecruces del camino, y su ir y regresar es a los mismos lugares en los mismos tiempos y el encontrarse habrá que decirlo suele ser con las mismas personas en las mismas circunstancias. Bartimeo se encuentra sumergido en una noche interminable, sin poder contemplar la amplia gama de tonalidades que tiene la vida, y viviendo, o mejor dicho, sobreviviendo de las limosnas que le prodigaban aquellos que a fuerza o caritativamente se acercaban a él.

Bartimeo padecía por la ceguera, situación por la cual en aquel tiempo no le era posible laborar; ganarse el pan con el sudor de su frente se tornaba imposible; no podía vestirse con su trabajo; su esfuerzo no le podía permitir tener su propia casa; más aún no le era factible ver el rostro de los que le socorrían, sólo conocía las voces y posiblemente sus sombras; no podía contemplar y no podía imaginarse ni la belleza de la bóveda del cielo ni el diseño de las nubes, ni el horizonte ni el sol, más aún no conocía ni los rasgos de sus propios padres ni los de sus hermanos.

3.- Bartimeo solamente había aprendido desde niño a hacer dos cosas y las hacía a la perfección: gritar sonoramente y extender su mano menesterosa a la puerta de la entrada de aquel pueblo. Su existencia ha transcurrido en un ir entretejiendo el gritar pidiendo y el pedir gritando, para sobrevivir de la mendicidad, de la limosna, de lo que a los demás les sobraba y le podían ofrecer.

Y de pronto se acerca Él. Entre los murmullos distingue los comentarios: ahí viene ese “afamado Maestro” que ha reunido un grupo de discípulos, es el Galileo algunos mencionan y lo alcanza a percibir, que es el Mesías dicen otros, el Hijo eterno de Dios así se ha presentado, y son muchos los que comentan entre aquel barullo que se escucha que sus obras son portentosas en todos los lugares que Él ha visitado.

4.- La oportunidad resulta entonces magnífica e irrepetible, no se trata de un hombre rico ni de un distinguido prestidigitador; no se trata de un acaudalado hacendado ni de un sobresaliente taumaturgo; no se trata de un reconocido ministro ni de un poderoso gobernador; no es tan sólo uno de los soberanos más afamados de la tierra ni se trata de un glorioso militar.

Se trata, en la realidad, de alguien en mucho más grande que Salomón, más notable que Moisés, más importante que Jonás, más sobresaliente que el Templo y más noble que la Ley. Aquel que está frente a mí, nuestro padre Abraham soñaba con verlo. Se trata de Dios mismo, quien viene a ofrecerse en sus dones ante Bartimeo, un mendigo que en la oscuridad ignoraba aquello de lo que estaba privado. La oportunidad es ahora, no hay que desaprovecharla, es ¡ahora o nunca!

Y cuando el Hijo de Dios, el Soberano de la Vida, el Rey y el Señor de todo cuanto existe se acercó a él y le pregunta: “¿Qué quieres de mí?” Bartimeo, ya tenía una luz en su interior para pedirle aquello que realmente necesitaba.

5.- Se trata de un limosnero, tiene frente a sí una oportunidad como la envidiarían muchos. ¿No le hace esta situación el limosnero más afortunado que ha existido sobre la faz de la tierra? El maestro le pregunta: ¿Qué quieres de mí? ¿Qué me quieres pedir? ¿Qué se te ofrece? ¿En qué te puedo ayudar?,... Tú sabe que lo puedo todo, díme ¿qué quieres de mí?... Y curiosamente Bartimeo, no le pide una vestidura elegante como las que usó Salomón, no le pidió un banquete como los que tenía Epulón, no le pide ni oro ni plata como tenía en Abundancia Zaqueo, sino que solamente le pidió una cosa: “¡Señor, que vea!”.

¿No te parece increíble lo solicitado? Se trata de una oportunidad de ensueño y parece ser que no recurrió ni a los consejeros bursátiles ni a los analistas sobre situaciones, no se le ocurrió pedir asesoría a ningún colegio de consultores antes de tomar una de las mejores decisiones en su vida, una decisión que seguramente jamás se le volverá a presentar.

¡Es más! Posiblemente, el padre Rogelio se ha equivocado al leer y al escribir, mejor regresemos de nuevo al texto del Evangelio... ¿Qué le pide Bartimeo al Señor? El Espíritu del Señor lo mueve interiormente a pedir: “Señor, quiero ver”.

6.- Por un solo momento, imagínate a ti mismo en el camino de Jericó ¿Qué le pedirías tú al dueño de todo y de todos? ¿Cuál sería tu petición? Honestamente, ¿Qué ponderarías como lo más urgente? Se trata,... de una oportunidad única para cualquier persona.

Y sin embargo, esta es la verdadera enseñanza evangélica: No debemos ocuparnos en pedirle a Dios cosas superfluas. ¿Te has dado cuenta de aquello que el mundo nos sugiere como lo más importante y que nos empuja a pedírselo a Dios? Revisemos con honestidad, cada uno, lo que nuestro tiempo nos ha hecho creer que es lo oportuno y aparentemente necesario en el existir.

¿Somos capaces de decirle al Señor como Bartimeo: “Señor, que vea”, “Señor, que hable”, “Señor, que escuche”, “Señor, que camine”, “Señor, que trabaje”, “Señor que ame”?

7.- ¿Sabes qué? No le pidas cosas a Dios, más bien pídele que Él se encarge de tus cosas y que tú seas capaz de valorarlas, de agradecerlas y de cuidarlas. Pídele en lo profundo de tu oración y de tu corazón, como Bartimeo, que te conceda la capacidad de trabajar, que bendiga tu esfuerzo, que tu cuerpo esté bien, que tengas la salud del alma y del cuerpo; pero no esperes nunca que Él te haga las cosas o que te conceda las cosas ya hechas.

¿No te has dado cuenta? En el tiempo presente, abundamos en la iglesia aquellos que nos limitamos a pedirle a Dios algunos objetos, más allá del solicitarle y valorar sus verdaderos dones.

8.- Parece esto una verdadera epidemia. Los hombres queremos las cosas hechas, queremos sacarnos la lotería y hasta chantajeamos a Dios, y esto provoca que la pereza haga presa de los niños y de muchos de nuestros jóvenes. Date una vuelta por la calle y te podrás dar cuenta de que abundan aquellos que en el inicio y en la plenitud del vigor, parecen preferir la mendicidad infértil sobre el esfuerzo auténtico y sobre el cansancio fructificante.

Resulta verdaderamente doloroso, que hoy en día nuestros jóvenes vayan perdiendo la dimensión de la dignidad y del autorespeto.

Recórdaba aquello que sutil y genialmente sugería Don José Joaquín Fernández de Lizardi en la obra del “Periquillo Sarmiento”, lo cual te lo dejo a tu consideración:

“ La mendicidad aleja la vergüenza y hace al hombre enemigo de la industria... El verdadero pobre es el imposibilitado de trabajar. Consentir que el hábil pida limosna, es quitar a aquél y al cuerpo nacional, el producto de su aplicación. Si se dirige mal la limosna, a favor del mendigo voluntario, degenera la caridad, reina de las virtudes, en protectora de los vicios.”

9.- Aunque tenemos la obligación de la caridad, no nos debemos engañar ni dejar que nos engañen. Una limosna que manifieste nuestra caridad se la debemos a cualquier persona, en el caso de que ellos no la necesiten verdaderamente, debemos preferir que ellos cometan la injusticia y no nosotros, al prejuzgar o al negar un don que puede ser auténticamente necesario para alguien. Sin embargo, siempre será mejor que lo poco o lo mucho que tú yo podamos compartir en la caridad realmente llegué a quienes verdaderamente lo están necesitando.

No tengo nada en contra de aquellos que mendigan en la vida, yo mismo he recibido la caridad cristiana en muchos más momentos de lo que te imaginas y puedo decir que mis padres también encontraron en algún momento una mano misericordiosa, pero una ayuda es una ayuda y no algo permanente, ya que después uno tiene la capacidad de trabajar. No obstante, podemos ser culposamente ingenuos, si no somos capaces de discernir entre aquellos que efectivamente viven en la pobreza por no poder realmente trabajar, de aquellos que pudiendo ir en pos de algo prefieren no hacerlo, ni buscarlo ni esforzarse. Y la limosna se convierte en su “modus vivendi”. Prefieren que se les den las cosas ya hechas y simplemente puestas en sus manos.

10.- Aprendamos la lección de Bartimeo y seamos verdaderamente hijos del piadoso temor de Dios.

Aprendamos y enseñemos a decirle al Señor: “No me des un pan, no me des un vestido, no me des dinero, no me des un viaje, no me des una joya, no me des una casa ni un automóvil”. Pidámosle desde el fondo del corazón: “Dame la vista, dame el habla, dame la escucha, dame las manos, dame los pies,... de lo demás, si tú me lo permites, me encargo yo”. “Sí tu me das lo que verdaderamente es útil en la vida, si tú me conservas la vida, con tu bendición yo conseguiré el pan, yo conseguiré el vestido, yo conseguiré la casa. Sabiendo que en la realidad, en tu misericordia, eres tú el que me lo has dado”.

“¿Qué quieres que haga por ti?” Le dice Jesús a Bartimeo y nos lo dice en este día a todos nosotros... Respondámosle: -¡Maestro, que pueda ver lo que realmente es importante en la vida!-

LA ORACIÓN ES LA FORTALEZA DEL HOMBRE.

“ En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó en compañía de sus discípulos y de mucha gente, un ciego, llamado Bartimeo, se hallaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que el que pasaba era Jesús Nazareno, comenzó a gritar: “¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!” Muchos lo reprendían para que se callara, pero él seguía gritando todavía más fuerte: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!”

1.- Muy queridos amigos:

Al meditar sobre la petición que Bartimeo le hace a Dios entre gritos y súplicas, el día de hoy resulta necesario que reflexionemos acerca del tema de la oración cristiana.

La oración es el elemento central de toda religión. Decía Santo Tomás de Aquino y otros santos, que “la oración es el acto fundamental de la virtud de la religión”. La oración será considerada por los maestros espirituales como el alma de toda nuestra vida cristiana.

Nuestra experiencia vital nos demuestra que todos los grandes santos en el cristianismo han sido almas de oración. Y poco importa que en su oración fueran contemplativos, reflexivos, de exhaltación y de alabanza o que estuvieran en la vida diaria como apóstoles; que fueren laicos, religiosas o que hayan recibido el don del sacerdocio. La vida de oración se ofrece y se impone a todo cristiano.

La oración tiene siempre un papel privilegiado en nuestra respuesta a la llamada de Dios y a sus deseos de comunicarnos su vida.

2.- El Señor Jesús nos ha enseñado tanto sobre la grandeza de la oración como sobre la forma en que debemos realizarla.

En ese sentido, la oración de Jesús se contrapone a la que realizan los paganos, y los que actuamos como ellos, los cuales creemos que Dios nos va a escuchar por hablar mucho y porque carecemos del sentido de la paternidad divina. Para los paganos Dios era solamente un ser poderoso cuyo beneplácito es necesario conseguir a fuerza de súplicas, y no le ven como un Padre atento que se inclina sobre sus hijos.

La oración de Jesús también se contrapone a la que realizan los fariseos, y la de aquellos que actuamos como ellos, para quienes la alianza era un derecho adquirido, y no una gracia o un regalo que el Padre sigue ratificando libremente. Por eso les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que los vea la gente. Ellos han perdido de vista que el valor de la oración se basa en la libertad de Dios, que escucha a los humildes y se resiste a los soberbios.

Jesús nos ha enseñado que la humildad y la confianza en la misericordia del Padre son las condiciones de una oración auténticamente cristiana. Más aún, Jesús añade que de ahora en adelante la oración tendrá que proceder del amor fraterno basado en Él, en Jesús, por ello nos pide que procuremos orar dos o más reunidos, y que esto no tiene falla alguna.

3.- Jesús, aparte de ser el Hijo eterno del Padre, hecho hombre fue Maestro de oración y nos dio ejemplo al orar en todas las grandes decisiones y en los acontecimientos más importantes de la vida: En el Bautismo, al inicio de su vida pública, en la transfiguración, antes de elegir a los doce, a sus apóstoles les enseña a orar, en el huerto de Getsemaní... La última voluntad expresada por Jesús en su oración en el cenáculo se refiere a la Iglesia, en donde pide que seamos uno. Ya en la cruz desde su corazón divino incluso le pide al Padre por los responsables de su muerte. La intercesión de Jesús el viernes santo no es una mera imploración, sino una manifestación al Padre de su voluntad de salvación fijada desde toda la eternidad, aun a favor de los hombres, aún de los más necios.

Siendo conscientes de que Jesucristo es el Hijo de Dios desde la eternidad, uno podría preguntarse: ¿Por qué Cristo vive en oración? ¿Sí Él es Dios para que necesita orar? Una respuesta que nos puede ser útil nos la ofrece san Cirilo de Alejandría: “Conviene que Cristo como hombre pida y reciba del Padre lo que posee por naturaleza en cuanto Dios”.

Y así, el cristiano ha recibido del Señor la invitación para que convierta la oración en su propia vida y para que transforme su vida en una oración.

4.- La Oración en el cristiano puede definirse como la adhesión espiritual a la propia existencia de gracia y a la propia vocación.

En la oración el cristiano se adhiere a la propia existencia de gracia, es decir, a la existencia de hijos de Dios. Y serán las virtudes teologales, la Fe, la Esperanza y la Caridad, las que nos permiten una relación auténtica con Dios.

La oración también le permite al hombre adherirse de forma madura a la propia vocación. Esta vocación tiene dos aspectos; uno es la forma de santificación que Dios quiere de nosotros según nuestro estado de vida; el otro es la misión que recibimos en la Iglesia.

El esfuerzo de santidad que Dios nos pide sólo puede realizarse en la búsqueda de la unión y en la petición de aquellas gracias que son necesarias para corresponder al designio de Dios. Este es el sentido de todas las exhortaciones que el Señor nos hace para que oremos en medio de la tentación o para que elevemos una petición a Dios de los verdaderos bienes superiores y sobre todo del don del Espíritu Santo.

Lo mismo ocurre con la misión que recibimos en la Iglesia. Tenemos que buscar nuestro lugar en la Iglesia y el mundo a través de la oración y particularmente durante unos buenos ejercicios espirituales, en los que seamos capaces de ponernos en la presencia de Dios, ya que la misión en los bautizados es una obra divina y no el objeto de una técnica humana. Oye, ¿No será esta ausencia de momentos de interioridad lo que nos está llevando a una crisis tan severa y dolorosa en la vida familiar como la que vivimos hoy en día?

¡Date cuenta! Sí muchos de nosotros no vivimos realizados o no hemos encontrado el lugar de nuestra realización no suele ser por otra cosa sino por esa incapacidad de tener tiempo para orar a Dios.

5.- Hoypor hoy, los mismos psicólogos manifiestan, reconocen y valoran los excelentes frutos de la oración: Paul E. Johnson en su obra PSICOLOGÍA DE LA RELIGION hace un estudio amplio del efecto psicológico de la oración, que en esencia consiste en cumplir la voluntad de Dios. La oración posee unos efectos manifiestos. El autor descubre que aquellos que oran obtienen estas experiencias:

Primero: En la oración obtenemos el Conocimiento de las necesidades y realidades: En la oración sincera las realidades de la vida se sitúan de cara a Dios, y entonces se dejan aparte las vanas ilusiones, dando paso una mayor honradez y a una comprensión más auténtica.

Segundo: La oración nos proporciona Confianza y relajación: La oración acaba con los estados de tensión, aporta paz al espíritu, aleja la inquietud y el temor, y transforma la inseguridad en una confianza sólida.

Tercero: La oración nos aporta Perspectiva y claridad de Mira: La meditación resuelve muchos problemas, nos descubre planes para llevar a la práctica, ordena las experiencias confusas y hace que lleguemos a una acción efectiva. ¿Te das cuenta de por qué Bartimeo supo pedir lo que verdaderamente era suplicable al Señor?

Cuarto: La oración nos ofrece la Correspondencia social: La oración supera el aislamiento y nos une a la comunidad. En este sentimiento de respuesta social encontramos apoyo moral, valor y virilidad. La persona se hace sensible socialmente ante las necesidades de los otros y llega a estar más dispuesto para así cooperar por el bien de todos.

Quinto: La oración tiene como fruto la Alegría, gratitud y reconciliación: La oración nos ayuda a afirmar valores, aumenta la estima y reconoce el bien presente. Estas afirmaciones proporcionan un gozoso doble sentido, despertando la gratitud y ofreciendo la resignación a la persona ante la pena y la privación. Suceda lo que suceda, el individuo que hace oración se encuentra mejor preparado para afrontarlo.

Y sexto y último elemento: La oración consigue la Integración de la personalidad: En medio de las contradicciones de la vida, la oración concentra nuestra atención en una suprema lealtad. En los conflictos de los deseos irrefrenables la oración unifica las energías con una integridad básica que da a la vida equilibrio y paz interior.

Así pues, desde el punto de vista psicológico, la oración es la elevación de la mente a Dios. Pero más importante es comprender que desde el punto de vista cristiano: la oración es nuestra adhesión espiritual al designio salvífico de Dios.

6.- El fundamento de nuestra actividad orante es doble. En el orden de la creación, el hombre depende radicalmente de Dios en su propio ser, obrar y vivir. En el orden de la encarnación, la actividad orante se basa en la disposición del Padre que ha querido asociarse a la humanidad en Cristo y en los que formamos su Cuerpo Místico.

7.- ¿Cuántos tipos de oración existen? ¡Creo que es el momento para referirlo!

Habitualmente, las grandes formas de oración se ponen en paralelismo con las formas que había de sacrificio relgioso: alabanza, acción de gracias, adoración, reparación de los pecados, petición, propiciación e intercesión. Tenemos que tener en cuenta que ésta puede realizarse en lo individual y también en lo comunitario, y que su expresión puede ser sólo mental o bien externarse vocalmente.

Independientemente de lo anterior: Considerando el principio eterno, que es Dios mismo, brota nuestra oración de la alabanza y de la adoración: La alabanza es una pura mirada hacia Dios; la adoración añade a la pura mirada hacia Dios, la consideración del hombre como una criatura salida de la nada.

Considerando a Dios en su actuación en los diversos momentos del tiempo, brota nuestra oración de acción de gracias, de petición y de intercesión. La acción de gracias considera una salvación ya realizada y se refiere a todos los beneficios ya concedidos por Dios; la oración puede ser de petición si se dirige al futuro y afecta a todo cuanto pertenece al Reino de Dios directa e indirectamente para los bienes temporales; y una oración puede ser de intercesión, en cuanto que la oración se presenta en favor de otros.

Las oraciones penitenciales van ligadas a la condición histórica del hombre pecador. Puede ser también una oración de intercesión y de reparación cuando se refiere a los pecados de otros.

Si consideramos la presencia inicial del Reino de Dios que tendrá su realización en la eternidad, la oración se convierte en contemplativa. Finalmente, en cuanto que nuestra oración, como el sacrificio, quiere expresar un ofrecimiento a Dios, ella misma se convierte en ofrenda y en una oblación interior.

8.- No olvidemos finalmente que la oración tiene que basarse en una actitud fundamental de certeza que se arraiga en una convicción de que Dios concede todo cuanto se le pide, ya que es un Padre condescendiente con sus hijos.

LOS RICOS INDIGENTES.

En aquel tiempo al escuchar gritar a Bartimeo, Jesús se detuvo y dijo: “Llámenlo”. Y llamaron al ciego, diciéndole: “¡Ánimo! Levántate, porque él te llama”. El ciego tiró su manto; de un salto se puso de pie y se acercó a Jesús. Entonces le dijo Jesús: “¿Qué quieres que haga por ti?” El ciego le contestó: “Maestro, que pueda ver”. Jesús le dijo: “Vete; tu fe te ha salvado”. Al momento recobró la vista y comenzó a seguirlo por el camino”.

1.- Muy queridos amigos:

Escuchando los gritos que Bartimeo pronunciaba ya hemos dirigido nuestra reflexión para considerar la mecánica de la oración. Es ahora tiempo de que en nuestro pensamiento y en nuestra profundización podamos considerar el contenido de nuestra oración.

¡Maestro, que pueda ver! Oye, ¿Y tú que le pedirías a Dios? ¡Sé sincero, a mí en lo personal me puedes engañar, incluso tengo que decirte que tú te puedes autoengañar, pero también tengo que manifestar que a Dios no le engañas. ¿Qué le pedirías a Dios?

¿Sabes una cosa? –“Si todos tus órganos están sanos, ni todas las riquezas de un rey pueden hacerte más feliz”-. Reza un refrán del pueblo irlandés.

No obstante, ¡Qué lamentable resulta pensar en tantas personas que deambulan sin ideales, y que llegan a considerar que sólo lo material nos puede hacer felices!

Decía el refrán de Arguijo: “Mira el avaricioso en sus riquezas pobre”. ¡Cuánta razón y cuánto dolor propio y ajeno genera el constatarlo!

2.- Sabías que Gabriel Marcel, el filósofo existencialista francés católico en su libro SER Y TENER, critica el que nuestra civilización nos enseñe cómo poseer las cosas, cuando aquello que nos debería enseñar es el arte de renunciar a ellas. Y es que no hay libertad ni verdadera vida si no aprendemos a renunciar a las cosas.

¡Fíjate como en nuestro tiempo, el anhelado bienestar sólo se piensa en relación a los bienes y disfrutes materiales, y su obligado surtidor suele ser el mercado de consumo; nadie menciona, ni por equivocación, que bienestar es tener también la conciencia tranquila, que tener bienestar es también la salud del cuerpo junto con la paz en nuestros estados de ánimo, que bienestar es satisfacer la necesidad del descanso, que el bienestar es la recompensa del goce en aquello que hacemos mucho más que en lo que ganamos, que bienestar es el tener tiempo para mirar a los padres, que bienestar es darte la oportunidad de ir con tu familia al cine o estar en la vida cotidiana con ellos, que bienestar es poder caminar en la calle de la vida sin que algo nos provoque vergüenza. Y todo lo que te he mencionado no lo refieren los Medios Masivos de Comunicación.

3.- Oye ¿No te has fijado cómo nuestros criterios económicos se han encargado incluso de tergiversar incluso nuestra valoración sobre aquellas personas que más amamos? No faltan los esposos que infravaloran a su esposa por el hecho de desarrollar quehaceres cotidianos en lo doméstico, pero como no nos generan algunas monedas parecieran ser insignificantes o por lo menos ínfimos en su apreciación.

Te voy a compartir una anécdota que leí hace poco tiempo, y que considero es una de esas narrativas que se podrían ponderar como un verdadero garbanzo de libra en el platillo del gambusino de las ideas, sonriente aunque encorvado en el río de los pensamientos y de la verborrea de nuestro tiempo:

“ Una tarde un hombre volvía a casa del trabajo y encontró un desorden total en su casa. Sus tres hijos estaban afuera, todavía en pijama, jugando en el lodo, la manguera abierta, juguetes y envolturas de comida regadas en todo el jardín frontal de la casa. La puerta del carro de su esposa estaba abierta y también la puerta del frente de la casa.

Cuando pasó por la entrada de la casa encontró todavía más desorden. Una lámpara tirada, el tapete de la sala hecho bolas, las pinturas y cartera del bolso de su esposa tiradas por todo el piso, la TV a todo volumen en un canal de caricaturas, la sala de estar con la bicicleta llena de lodo en las ruedas, crayolas, papeles, juguetes, ropa y el perro con el pelo mojado mordiendo una caja con cereal arriba del sillón. En la cocina, el fregadero estaba rebosante de platos sucios, el detergente regado por todo el piso, la llave del agua abierta, salsa catsup en las paredes, la comida del perro regada por todo el piso, leche tirada junto al refri, calcetines en la mesa, un vaso roto bajo la mesa del desayunador, y algunos montones de arena cerca de la entrada de la puerta trasera.

Rápidamente se dirigió hacia las escaleras, pisando juguetes, ropa, palomitas, zapatos, brincó unos patines, un plato y un trozo de pan con cajeta que estaba en los escalones, buscando desesperadamente a su esposa. Estaba muy preocupado pues pensó que había pasado algo demasiado serio, o que tal vez pudiera estar enferma, o que hubieran entrado unos ladrones o unos secuestradores, ¡que sé yo!, cuantas cosas se imaginó, y al llegar a la recamara se encontró con lo inimaginable,... encontró a su esposa sentada en la cama, en pijama, con una toalla enredada en la cabeza, pintándose las uñas de los pies, tarareando una melodía, tenía un vaso de soda, una bolsa de fritos abierta, una revista del jet-set internacional y viendo un programa de chismes del espectáculo.

La esposa volteo a verlo y le sonrió felizmente, después le preguntó cómo le había ido. El la vio totalmente extrañado y le pregunto: ¿!!!!!!!!!!Pero que paso aquí hoy!!!!!!!!!!!?

Ella sonrió de nuevo y le respondió: Recordarás que cuando llegas de trabajar me preguntas: ¿QUE DEMONIOS HICISTE EN TODO EL DIA?" Sí.......contestó incrédulamente el esposo. Bueno, -respondió ella, -pues HOY no hice nada en TODO el día”.

4.- Y tú estarás de acuerdo conmigo de que el materialismo y el afán de dinero nos impiden valorar lo que alguien que ha decidido quedarse en casa hace a favor nuestro.

¿Qué quieres que haga por ti? Le dice el Señor a Bartimeo. Y él le responde: “Maestro que pueda ver”.

¡Que lamentables son nuestra cegueras! Deberíamos tener el valor para pedirle a Dios: Señor, ¡que aprenda a ver el trabajo de mi esposa o de mi madre! ¡Qué aprenda a ver el el rostro de mis padres y disfrutar mientras que ellos están conmigo! ¡Qué vea con claridad tantas manifestaciones de tu misericordia en mi propia vida! Maestro, ¡Qué vea que soy alguien realmente favorecido por tu bondad! ¡Qué vea ese rostro que voy olvidando a costa de tanto ausentarme, de esas personas que me aman con sinceridad! Rabí, ¡Qué vuelva a ver a mi familia!

5.- Y no obstante, es verdaderamente lamentable la mendicidad en la que todos estamos sumergidos, y lo peor de todo y quizá lo más doloroso suele ser aquella actitud menesterosa en la que están sumergidos muchos de nuestros jóvenes: No son capaces de ver con claridad ni a Dios ni su propia dignidad, ni mucho menos a los demás.

¡Qué lamentable! Encontrarnos, cada vez más frecuentemente con todos esos rostros de jóvenes engolosinados por lo transitorio, deslumbrados por lo efímero, adormecidos en sus sueños de grandeza que llegan a sentirse intelectuales porque han leído el libro de moda que pronto quedará obsoleto y no servirá ni para el recuerdo, que conociendo apenas el ABC de alguna ciencia pretenden hacernos creer que conocen todo el alfabeto que se pudiera aprender no de una ciencia sino de todas.

Escúchame joven y respóndeme: ¿No somos nosotros de aquellos que tienen todos los medios para vivir, pero que nos faltan motivos para seguir viviendo? ¿y no estará ahí la raíz más profunda de nuestras depresiones, pesimismos y horas bajas?

El Señor le dice a Bartimeo y nos dice a cada uno de nosotros que nos ha llegado el tiempo de florecer, es tiempo de mirar, es tiempo de hablar, es tiempo de escuchar, es tiempo de caminar, es tiempo de trabajar, es tiempo de amar, es tiempo de perdonar.

6.- Óyeme joven: No te quedes a la vera del camino viviendo de esa limosna que otros te dan mientras el cortejo de la vida sigue su camino. Los peregrinos de la existencia han seguido su ruta mientras que los limosneros de la apatía contemplan sus espaldas en la lejanía. Levántate y empieza a gritar, no tengas miedo, atrévete a hacer el ridículo y te traerá buenos frutos, te lo asegura el Señor y te lo muestra con claridad Bartimeo el día de hoy en el Evangelio.

Ojalá entendiéramos que hay cosas en la vida que son difíciles, pero hay cosas que aunque sean difíciles valen realmente la pena.

Jóvenes: Ojalá escucháramos el día hoy como pronunciado de parte de nuestros propios padres aquello que nos comunicaba Langston Hughes en su libro de poemas titulado: La madre negra:

" Bien, hijo mío, te diré:
Para mí la vida no ha sido una escalera de cristal.
Ha tenido sus clavos
y sus astillas,
tablas rotas
y sus espacios sin alfombra, desnudos.
Pero todo el tiempo
ha sido un subir
un llegar a los rellanos
un doblar las esquinas
y algunas veces, un caminar en la oscuridad
donde nunca ha habido luz.
Así que, muchacho, no des media vuelta,
no te sientes en los escalones
porque te parezca que así es menos duro.
No te caigas ahora,
pues yo sigo andando, mi amor,
sigo subiendo
y para mí la vida no ha sido
una escalera de cristal".

7.- La fe auténtica nunca podrá ser el quedarse uno sentado. Hay que aprender a ponerse de pie y gritar aunque los demás bien podrían calificarte de imprudente y preferirían verte postrado sin luz y sin emitir un solo sonido de tu voz.

La fe auténtica es dinámica. Es saber nadar contra corriente, y aún cuando el mundo te diga que: “No tienes remedio, te digo que ya no molestes a Dios, que ya no le quites su tiempo...” la fe va siempre contra toda lógica humana, todos nos pueden decir: “eso que pides no tiene sentido, no puede ser”; pero la verdad es que cuando se cree en Jesús se seguirá gritando, y nadie conseguirá callarnos.

8.- Hoy a Bartimeo le tendríamos que dar el premio de la tenacidad y de la perseverancia, cualidades que nos faltan a no pocos de nosotros.

No comprendemos que lo mejor de la vida tiene un costo por cubrirse y que uno de esos costos es precisamente el de la perseverancia. Hace muchos años Calvin Coolidge decía: “Nada en el mundo puede reemplazar la perseverancia. Ni siquiera el talento. Nada es más común que hombres de talento fracasados. El genio no lo puede reemplazar. La educación no la puede reemplazar. El mundo está lleno de náufragos educados”.

Cuando se les ha enseñado a los hijos el valor de la perseverancia, tal vez se detengan momentáneamente, pero no pararán hasta alcanzar sus metas. Continuarán buscándolas y en el camino descubrirán que son muy pocos los problemas que no pueda resolver una firme perseverancia.

Estoy convencido, que hay dos cosas que se generan en las dificultades: Cuando alguien no lucha sobreviene la destrucción y cuando alguien se esfuerza y lucha podrá conseguir la victoria al haberse vencido a sí mismo.

El pasaje del Evangelio sin duda nos recordará la invitación a orar sin cesar. Y tú, ¿qué le pides a Dios?


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