Domingo 3 de Septiembre de 2006________Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

UNA CIRUGIA MAYOR PARA UN MACROORGANISMO.

“En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén. Viendo que algunos de los discípulos de Jesús comían con las manos impuras, es decir, sin habérselas lavado, los fariseos y los escribas le preguntaron: “¿Por qué tus discípulos comen con las manos impuras y no siguen la tradición de nuestros mayores? “ (Los fariseos y los judíos, en general, no comen sin lavarse antes las manos hasta el codo, siguiendo la tradición de sus mayores; al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones, y observan muchas otras cosas por tradición, como purificar los vasos, las jarras y las ollas).

Jesús les contestó: “¡Qué bien profetizó Isaías sobre ustedes, hipócritas, cuando escribió: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Es inútil el culto que me rinden, porque enseñan doctrinas que no son sino preceptos humanos! Ustedes dejan a un lado el mandamiento de Dios, para aferrarse a las tradiciones de los hombres”.

Después, Jesús llamó a la gente y les dijo: Escúchenme todos y entiéndanme. Nada que entre de fuera puede manchar al hombre; lo que sí lo mancha es lo que sale de dentro: porque del corazón del hombre salen las intenciones malas, las  fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, las codicias, las injusticias, los fraudes, el desenfreno, las envidias, la difamación, el orgullo y la frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y manchan al hombre”.

Momento 1

Momento 2

Momento 3

1.- Muy gentiles amigos:

Jesucristo, el Señor, gustaba de utilizar el recurso de las parábolas como un instrumento que se llegó a convertir en un excelente facilitador para la mejor transmisión del mensaje de la salvación.

Las parábolas son narraciones sencillas, a través de las cuales, el Señor sabía que se podía aplicar ese recurso de nuestro lenguaje y del pensamiento humano que ahora es conocido como “analogía”.

La parábola nos ofrece un recurso inmejorable para que cualquier hombre que la escucha, asimile un mensaje profundo, o que al menos le quede una tarea por realizar.

Con este recurso es imposible que no captemos el mesaje de la vida, a menos que no queramos,... “¡El que tenga oídos para oír que oiga!” “¡El que quiera entender que entienda!”, mencionaba el Señor

2.-         Dentro de esos múltiples recursos que utilizan las parábolas, con gran frecuencia, se encuentran aquellos por los que se les aplican términos propios de la universalidad a los individuos y términos propios de la individualidad a lo que es universal.

En este ámbito, el hombre puede ser definido como si fuera un microcosmos, “un universo compacto”, para así explicar cómo en el interior del hombre, se encuentran presentes y concentrados todos esos elementos que en el mundo se perciben en su amplitud.

“         Dentro de la extensa unidad de la naturaleza humana, cada uno de los hombres es de características tan originales que, muerto un hombre, desaparece una interpretación original del Universo.” Afirmaba Don Agustín Basave Fernández del Valle, en Filosofía del Quijote.

3.-     La visión contraria es también frecuente y muy válida: son muchos los que ven al mundo como si fuera un enorme organismo.

Si bien es muy cierto que, todo hombre podrá ser comprendido como si fuere un perfecto resúmen del universo; también lo será el que el mundo puede ser considerado como un individuo social que reproduce en diferentes aspectos, la vida que le pertenece a las personas.

Comparando al mundo con un ser colectivo, tenemos que decir que nuestro mundo, sus naciones, nuestra humanidad y la sociedad en lo general, al igual que las personas, también tiene su periodo de gestación, su nacimiento, sus edades, sus épocas, su crecimiento y su tiempo de madurez; lo mismo debemos afirmar que nuestro mundo y nuestra sociedad tienen sus enfermedades, sus fracasos, sus retrocesos, su decaimiento y hasta su propia muerte.

Es ahora el tiempo de preguntarnos: ¿Cuáles son las enfermedades que aquejan a nuestro mundo y cuál podría ser considerado como un estado de óptima salud en el mismo?

Este domingo, en lecturas tan distintas como lo son las del libro del Deuteronomio, el Salmo 14, la Carta del Apóstol Santiago y el Evangelio de San Marcos, se nos invita a reflexionar sobre aquello que se puede constituir en la sabiduría, la felicidad, el estado óptimo de salud, el crecimiento y la realización de este sujeto colectivo llamado humanidad: Se trata del conocimiento y la puesta en práctica de la ley de Dios.

4.-     Muy querido y gentil amigo:

En este primer momento, te quisiera compartir un mensaje que hable del elemento positivo de la Ley de Dios, más adelante hablaremos sobre lo nocivo de los legalismos humanos.

Hablando de la ley de Moisés, es bueno que conozcas que más allá del orígen divino de esta Ley, ésta para los judíos tenía una dimensión social.

Para muestra basta un botón –dice la sabiduría popular-. Por la antífona se conoce el Salmo -decimos los eclesiásticos-.

5.-         Hablemos sobre el descanso que en honor de Dios hacen los judíos el sábado y que los cristianos realizamos el domingo, por ser el día en que Cristo resucitó, -para un cristiano, es más importante el día de la resurrección que el día en que se concluyó la creación-. Pero,... bueno, no nos perdamos en cosas inconsútiles, si quieres déjalo el sábado o déjalo el domingo, pero piensa en las justificaciones que Dios nos ofrece en torno al descanso del hombre.

El libro del Éxodo lo prescribe recordando la obra del Creador: Decía a la letra el libro del Exodo: “Recuerda el día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás todos tus trabajos, pero el día séptimo es día de descanso para Yahweh, tu Dios, No harás ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el forastero que habita en tu ciudad. Pues en seis días hizo Yahwéh el cielo y la tierra..., y el séptimo día descansó; por eso bendijo Yahwéh el día sábado y lo hizo sagrado.”

El mandamiento de Dios busca salvaguardar al hombre, e intenta hacerlo comprender que ha sido puesto en la creación como lugarteniente y no como un esclavo, y que su labor como ser humano será la de humanizar lo material y no el materializar lo humano.

6.-     El mandamiento de Dios, también busca que el hombre no esclavice al prójimo. Es por ello que en el libro del Deuteronomio el descanso se inspira en un  trato decoroso a los propios siervos, y para ello les recuerda que ellos también fueron esclavos. Podría parafrasearse: 'No hagas a otro lo que ya te hicieron a tí': Y así lo afirma el Deuteronomio: “Guardarás el día sábado para santificarlo, como te lo ha mandado Yahwéh tu Dios...  recuerda que fuiste esclavo en el país de Egipto... por eso Yahwéh tu Dios te ha mandado guardar el día del sábado”. 

7.-     Y no obstante, lo anterior, el hombre y este mundo, que se olvida de la sabiduría divina, han convertido nuestra sociedad y los ambientes de trabajo en nuevos campos de concentración.

"Instrumento animado", esa es la definición de un esclavo. No importa para nada su yo, su personalidad, su familia; lo que importa es su rendimiento.

Y esto nos está sucediendo a todos. Nos vamos adaptando a la esclavitud. Es más, buscamos continuamente nuevas esclavitudes. Hemos olvidado que Dios ha roto nuestras cadenas y que nos ha restituído la libertad.

El hombre no puede reducirse a una máquina de trabajo, a un 'productor'. Durante seis días de la semana el hombre se encuentra atrapado en el engranaje de un tiempo programado. Pero el día séptimo el hombre vuelve a disponer de su tiempo, lo organiza a placer. Vuelve a ser señor del tiempo. Es de nuevo creador.

Y las cosas, tú sabes que no son así: Nos olvidamos de las personas y nos vertimos hacia las cosas, y cuando queremos regresar a las personas, resulta que ya los hemos fastidiado o ya se han ido, y difícilmente regresarán.

8.-     El esclavo del trabajo desaparece de la comunidad humana... come, bebe y duerme su profesión. Se despierta a una hora fija, en la oficina se muestra cruel en sus propias exigencias para una realización perfecta... Al regresar al hogar, se va enseguida de cabeza en busca de su estudio o taller con el fin de aprovechar al màximo las restantes horas del día.

Hoy, esta sociedad en la que vivimos, también le imprime un valor comercial a las personas: son materia de compra, de intercambio, de venta o de inversión. La persona se ve degradada. En la vida todos nos necesitamos y no podemos aceptar el que tengamos un "valor comercial", debemos reírnos de ello. El problema surge cuando ese comportamiento se hipertrofia y se hace posesivo, explotador. Entonces se trata al otro como una cosa, como un instrumento. Su interioridad no existe ya para el usuario.

9.-     Es aquí en donde puedes comprender que la ley de Dios busca proteger al hombre.                

A través de los diez mandamientos se buscaba salvaguardar la justicia social, el descanso del ser humano, proteger al débil y a todo hombre,... Se buscaba salvar la soberanía del hombre sobre la misma creación y que el hombre no se convirtiera en esclavo de sus mismas inclinaciones.

10.-   Si el Deuteronomio nos hace una invitación, es para que percibamos la bondad emanada de la Ley divina. Los mandamientos de Dios son aquello que constituye la sabiduría de un pueblo, y obviamente de la humanidad. Se nos advierte que al alejanos de la Ley de Dios, los seres humanos seremos presa de nuestras propias inclinaciones y del solo movimiento instintivo, y por ende de los impulsos de la sola animalidad.

El libro del Deuteronomio es claro en su afirmación, o digámoslo en lenguaje de parábola o analogía, es certero en su diagnóstico y la receta que expide a un hombre enfermo de egoísmo: la Ley de Dios es la que puede hacer realmente grande a una nación..., y al mundo entero.

11.-   Sin embargo, nosotros optamos por todo lo contrario, vivimos en un tiempo en el que lo que se valora es el progreso, el producto per-cápita, los confortes, la alta tecnología, la ciencia, la cibernética... Y, de esta manera, muy lejano se encuentra el hombre de ponderar a Dios, la vida auténtica, la caridad, la compasión y los buenos sentimientos. Coincido con el Card. Pierre Veuillot, el cual afirmaba que: “Una sociedad se juzga por el lugar que tenga para sus seres más necesitados”.    

Siendo realmente honestos, nos podremos dar cuenta de que la civilización que quiera ser la más avanzada y la más humana, será solamente aquella que logre darle preeminencia y fuerza a aquello que expresa el Apóstol Santiago: la Religión Pura e Intachable se fundamenta en los valores éticos, en los valores de convivencia y en las relaciones humanas, en pocas palabras “visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y en guardarse de este mundo corrompido”. Nuestro gran problema radica en que, el mundo actual ha conseguido que por el trabajo, el hombre convierta a sus hijos en huérfanos y a sus esposas en viudas.

EL COSTO DE CONFUNDIR AL VALOR CON EL COSTO.

En aquel tiempo, Jesús les dijo a los de grupo de los fariseos: “¡Qué bien profetizó Isaías sobre ustedes, hipócritas, cuando escribió: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Es inútil el culto que me rinden, porque enseñan doctrinas que no son sino preceptos humanos! Ustedes dejan a un lado el mandamiento de Dios, para aferrarse a las tradiciones de los hombres”.

1.-         ¡Ojalá! que no anuláramos los mandamientos de Dios. Ojalá que comprendiéramos y aceptáramos la sabiduría del Dios que quiere el bien de todos sus hijos.

2.-     La ley de Dios bien podría ser comparada con ese instructivo que el fabricante le pone a sus creaciones, y en el cual específica las prohibiciones de aquellos elementos que le pueden ser nocivos o afectarle, y las prescripciones de aquellos factores que ayudarán al mejor funcionamiento de la vida del hombre.

Pero el hombre de hoy, piensa que la ley de Dios es obsoleta y se olvida de su bondad. Si nuestra vida está descompuesta, no debes echarle la culpa a Dios; la culpa,... la culpa la tiene nuestra decidia y nuestra soberbia

3.-     El hombre de hoy no sabe parar y tener un respiro. El hombre pierde la dimensión de lo que es primario y lo confunde con elementos secundarios, se olvida de lo sustancial y se queda en lo accidental, se ha olvidado de las flores preocupándose solamente por el florero.

Y es que la codicia del hombre no tiene límites y bien se podría comparar con el hambre de los insaciables, así como cuando uno come sin mesura y que nunca se siente lleno.

¿Te acuerdas de la narración del Génesis sobre el hombre que vive la soledad? Dios dice: ¡No está bien que el hombre esté sólo! Y es entonces que de forma estratégica hace pasar frente al hombre las diferentes creaturas y, el hombre no encontró en ellas alguna con la que se identificara. Entonces Dios le sumerge en un letargo y forma a la mujer del costado de su costado, cuando el hombre despierta exclama el primer poema que un hombre ha expresado: Esta sí es carne de mi carne y hueso de mis huesos. Podríamos parafrasear diciendo: al fin encontré a alguien con la misma dignidad que yo, al fin encontré a alguien que es parte de mi persona, sin la cual me experimentó incompleto e imperfecto.

La lección que se nos ofrece es la siguiente: el hombre ha recibido las cosas para usarlas y las personas para amarlas... Y el pecado capital de nuestro tiempo no es otro sino el que el hombre de hoy ame las cosas y use a las personas... y esto provoca que el fantasma de la soledad inicie su lamentable danza sobre el tejado de nuestras casas.

4.-     Te quería compartir algo que escribió el sacerdote español Luis Pedrero en una publicación titulada 'El Correo de Zamora'. Allí nos narra la historia de los López, -conste que el apellido él lo puso, pero bien podría ser la historia de los Narváez o de los Montañez- y los presenta como una familia compuesta de cinco tenedores. Don Basilio era el Tenedor mayor, alguien que conjugaba el verbo tener en todos los tiempos y en todos los modos verbales posibles. Un día se levantaba y utilizaba el modo subjuntivo que expresa lo hipotético y el deseo, aunque sea irreal:

-Si yo tuviera.... ¡Ojalá tenga!... ¡Quién tuviera o quién tuviese!

Otros días se levantaba más optimista y conjugaba el verbo tener en el modo indicativo, que expresa la realidad de las cosas:

-Tengo una casa de doscientos metros cuadrados, que me salió a tres mil pesetas el metro cuadrado, que ahora ya cuesta a siete mil el metro cuadrado, tengo una industria, tengo cuatro coches y tengo una casa de descanso en el campo. Efectivamente, su vida era el trabajo.

Un buen día sobrevino una grave crisis económica que provocó el decaimiento de la empresa. Esto detonó una especie de depresión en Don Basileo. Su abnegada esposa le ofreció todo su apoyo y le decía con firmeza: -Basileo, no estés así, por el amor de Dios, cualquier cosa que acontezca no provocará que me pierdas a mí-.

A Don Basileo le brillaron los ojos y entonces gritó: ¡Es cierto! Inmediatamente tomó la libreta que guardaba en su portafolio y escribió: -Tengo una casa de doscientos metros cuadrados, que me salió a tres mil pesetas el metro cuadrado, que ahora ya cuesta a siete mil el metro cuadrado, tengo una industria que aunque ande mal puede mejorar, tengo cuatro coches, tengo una casa de descanso en el campo y tengo a una esposa que jamás perderé.

El tiempo siguió su curso y las cosas mejoraron en lo económico, pero no así en las actitudes erróneas de aquella familia.

Mientras esto acontecía, los niños se aburrían en el colegio, empezaban a tener problemas, y sufrían interiormente, echaban de menos la compañía del padre, a sus padres les era extraña esa conversación sobre lo que ellos consideraban graves problemas, a su edad, y que tal vez lo fueran.

Y sucedió que la niña, un día de sol de primavera, llegó extraordinariamente contenta a la casa y esperó, hasta muy altas horas de la noche, para besar a su padre y comunicarle una grata sorpresa.

Cuando el padre llegó, la niña medio adormilada se acercó a él y le plantó un beso en su mejilla. -¿Por qué no te has dormido? Le preguntó el padre, frunciendo el seño y con un gesto adusto. –Es que te quiero compartir una formidable noticia- le contestó ella.

Después continuó: -Papá, me han salido dos brotes de rosa en el pecho-.

Don Basilio, con la insensibilidad infinita en que se encierran los números, ni se inmutó, abrió su portafolio y anotó en seguida en su agenda:

Las cosas han mejorado notablemente: Tengo una casa de doscientos metros cuadrados, que me salió a tres mil pesetas el metro cuadrado, que ahora ya cuesta a siete mil el metro cuadrado, tengo una industria que ahora ha mejorado en sus finanzas, tengo cuatro coches, tengo una casa de descanso en el campo, tengo a una esposa que jamás perderé y, ahora tengo dos pechitos en flor...

5.-     Muy queridos amigos:

Sé que esta historia puede provocar la risa de más de uno, pero créeme que la realidad le arranca lágrimas de sangre a más de uno de los que están muy cercanos a ti. Y esto es lo verdaderamente ridículo: la soledad que le provocamos a los que más nos quieren, como un costo que pagan ellos por nuestras mezquinas pretensiones.

Ya lo acusaba Antoine de saint Exupery, el premio nobel de literatura, escritor del Principito: “A las personas mayores les gustan las cifras sobre todas las cosas. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo. Nunca se les ocurre preguntar: ¿Qué tono tiene de voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Le gusta coleccionar mariposas?. Pero en cambio preguntarán: "¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos son? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?" Solamente en esos detalles creerán conocerle”.

Si le decimos a una persona mayor: "He visto una casa preciosa de ladrillo rosa, con geranios en las ventanas y palomas en el tejado", jamás llegará a imaginarse cómo es esa casa. Es preciso decirles: "He visto una casa que vale un millón de dolares". Y entonces exclamarán entusiasmados: "¡Oh, que preciosa es!"

6.-     Hoy, el hombre, -¡sí! tú y yo estamos incluídos-, tiene el vientre y los bolsillos llenos, pero el corazón se encuentra vacío. Y es que, aquéllos que huímos de la ley de Dios caemos fácilmente en las peores esclavitudes humanas. En la actualidad, la supuesta autonomía del hombre ha hecho surgir nuevas formas de esclavitud social y psicológica.

Y en este sentido, son tan pocos los logros y tan grandes las pérdidas suscitadas por la marginación de la que le hemos hecho a Dios en nuestro tiempo, puesto que los que perdemos somos nosotros y, principalmente, los nuestros. Y es que nosotros pagamos las consecuencias de nuestros actos, pero ellos padecen el injusto despojo de nuestra insaciable codicia. 

Fíjate lo denigrante de las situaciones que vivimos, de tal manera que desde hace algunos años estamos valuando nuestro trabajo más en términos de ganancia que de servicio o de utilidad.

Y el hombre se pasa la vida entretegiendo esa red que le auto-aprisiona, y que está compuesta de esos pequeños hilos que día con día van haciendo más sólidos las cordeles.

7.-     Hace algunos años, en una publicación de la revista del Times veía una fotografía muy antigua que me parece manifestadora de lo que es el hombre actual. 'Un rascacielos cubierto de cristales, en cuya pared colgaba, ínfimo y perdido, un limpiaventas. Cada vez que acababa con su trabajo de Sísifo de la limpieza y llegaba al suelo, ya estaban los vidrios de arriba de nuevo sucios y todo volvía a comenzar desde el principio.

Esta es nuestra historia, ya que muchos ponen el sentido de su vida únicamente en sus éxitos profesionales y cuando cesan esas funciones, todo se convierte en un sinsentido; se abre para ellos un vacío enorme.

Es tiempo, de que comprendas de que a tus hijos o a tus padres, más que una prenda de vestir, más que un juguete, más que un viaje, van anhelando el cariño de los padres o de los hijos, la palabra amorosa y comprensiva; que los papás o que los hijos, según sea nuestro caso, sepamos robarle tiempo a nuestro trabajo, a la televisión, al periódico para platicar con ellos... Esto es lo que constituye el verdadero hogar en donde ya se puede comenzar a educar, es decir, a apreciar ese tesoro que Dios nos ha regalado.

8.-         Concluyo este segundo segmento de nuestro programa dejando a tu reflexión la Rima sesenta y seis de Don Gustavo Adolfo Becquer, que ahora te comparto:

“ Llegó la noche y no encontré un asilo;
¡y tuve sed!... Mis lágrimas bebí.
¡Y tuve hambre!... ¡Los hinchados ojos
cerré para morir!

¿Estaba muerto en un desierto? Aunque a mi oído
de las turbas llegaba el ronco hervir,
yo era huérfano y pobre... El mundo estaba
desierto... ¡para mí!        

 

TRADICIONES DE LOS LEGALISTAS.

En aquel tiempo, Jesús llamó a la gente y les dijo: Escúchenme todos y entiéndanme. Nada que entre de fuera puede manchar al hombre; lo que sí lo mancha es lo que sale de dentro: porque del corazón del hombre salen las intenciones malas, las  fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, las codicias, las injusticias, los fraudes, el desenfreno, las envidias, la difamación, el orgullo y la frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y manchan al hombre”.

1.-     Muy gentiles amigos:

Hablábamos en los dos segmentos anteriores sobre la bondad de la ley,... es ahora el tiempo de no eludir el tema que aborda el Evangelio, y de que hablemos de una enfermedad a la que somos propensos todos los hombres religiosos: el legalismo.

Sobre la dimensión social de una Ley que tiene origen divino hemos compartido suficientes elementos; desgraciadamente, producto de las tradiciones humanas, y no nos podemos quedar sólo en el juego de algunos hermanos separados que acusan el que tú y yo vayamos de peregrinación a la Basílica de Guadalupe, o el que hagamos ayuno durante la cuaresma o el recibir la ceniza; tenemos que entender que se trata de aquellas prácticas por las que la ley bondadosa desaparece, o si permanece, poco a poco se va convirtiendo en un pesado Yugo.

Así por ejemplo, nos encontraremos con aquellos que evitaban infringir el descanso sabático, y que para ello llegaron a elaborar una compleja casuística, por la cual se obstinaron en caer en actitudes desorbitadas en el cumplimiento de los preceptos de la Ley: no encender un fósforo, no cortar leña; no ejercer trabajo alguno aunque fuere para curar a un agonizante, entre otras muchas cosas...

2.-     ¿A qué se refiere el mensaje del Señor en el que nos invita a que por nuestras tradiciones no traicionemos la Ley?

Apenas el pasado miércoles salió en la prensa local un relato sobre la captura de uno de los 10 hombres más buscados por el FBI, ¿a qué no sabes quién era? Un pastor de la Iglesia de los Santos de los últimos días, mejor conocidos como Mormones, que abusó de pequeños niños y que promovía el tener varias esposas, en una práctica llamada Poligamia, siempre fundado en la Sagrada Escritura, pero utilizándola a su antojo y para sus beneficios personales.

Y es que hoy también nos encontramos con esos legalismos que le dan mayor importancia a sus tradiciones que al mandamiento de respetar y salvaguardar la vida, y más todavía que al mandamiento del amor que preside la auténtica vida cristiana.

Es inconcebible que les creas a esos nuevos fariseos que tocando tu puerta se disfrazan de cristianos y que niegan las transfusiones de sangre; o los otros que te niegan el ayudarle sanamente a tus padres o a tus hermanos en orden a despojarte de tus bienes para ayudar a su congregación a través del diezmo y con ello se olvidan del cuarto mandamiento; es inconcebible que el fariseísmo de hoy atemorizándote te pida olvidarte de tus obligaciones diarias para cumplir con determinadas horas de visiteo, setenta para algunas personas de los así llamados Testigos de Jehová, ¿y cuántas horas dedican para visitar a sus hermanos biológicos no para hacer proselitismo sino para ayudarles en su enfermedad?; no se puede comprender ni aceptar un nuevo fariseísmo que te impide hablarles a tus padres o a tus hermanos, a tus cuñadas o a tu suegra, por el hecho de no pertenecer a su getto o a su secta.

3.-         Contra todo lo que podamos pensar, el Fariseísmo, de aquel tiempo y el de este tiempo, no tiene diez mandamientos sino seiscientos doce, como lo afirman algunos estudiosos de la Sagrada Escritura, cifra que resultaba de la suma de los días del año, en la concepción judía, con el número que se creía que eran los miembros del cuerpo humano. Con esto querían decir que no podía pasar un solo día ni podía haber una sola parte del hombre que no estuviera comprometida en el cumplimiento de los preceptos de Dios.

Otros especialistas coinciden en que la Ley de Israel llegó a tener 678 preceptos compuesto por 365 prescripciones, es decir, preceptos positivos: “honra a tu padre y a tu madre”, y 313 prohibiciones, es decir preceptos negativos: “no matarás”, “no adulterarás”...

De aquí surgirá la multiplicación de las normas en que se encuadrará la vida del judío piadoso en una vida de oración y un conjunto de códigos que le pudiese guiar en las peripecias de la vida. La torá será una especie de barrera o protección.

4.-     El Evangelio de este domingo nos presenta al Señor Jesús, que no está de acuerdo con una postura religiosa formalista, expresada en la rigidez y la superficialidad, en una legalidad obsesiva, y para acusar estas incoherencias recurre a un lenguaje demasiado realista, digamos que hasta suprarealista.

Los fariseos quedaban escandalizados de que Jesús y sus discípulos no hicieran las abluciones necesarias. Según su mentalidad, bastaba con que un alimento fuese llevado a la boca con manos impuras para que todo el hombre quedara impuro, y se convirtiera en un intocable.

Y el Señor, en su respuesta, suele ser demasiado claro y hasta crudo, su terapia podríamos decir es de choque: “lo que entra no es lo que ensucia, lo que ensucia es lo que sale de dentro”. La crudeza la traduce Berdard, con las siguientes palabras: “A la entrada está el alimento, a la salida el excremento”.

5.-     En el Evangelio Jesucristo no pretende abolir la ley, sino que le quiere librar de esa costra que acompaña a las tradiciones humanas excesivas, del peso de una “letra” que está sofocando el espíritu. Jesucristo nos expresa que para el pensamiento cristiano el centro lo ocupa el hombre.

La mano del divino cirujano, que ha nacido en Belén, no se detiene en la sólo epidermis, sino que con una maestría inaudita se mete más hondo. El médico sacro arranca el velo que esconde el mal, fondo de donde brotan las acciones que nos “ensucian” de verdad. Y percibe el pecado no en las acciones, ni en las manifestaciones externas, sino en la raíz, en las intenciones, en ese corazón retorcido del hombre. El Señor Jesús enumera las patologías del ser humano, y menciona como nuestras enfermedades, trece frutos malos del corazón: intenciones malas, fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraudes, libertinaje, envidia, injurias, insolencia  y la insensatez.

Los síntomas son muy claros. Y ahora el diagnóstico también es serio e impactante: El hombre sufre no por una epidermis, sino por un tumor canceroso que lleva en el interior. El Señor dirige la mirada hacia los aquellos fariseos y en su reprimenda demos podido comprender aquello que se refiere sensatamente en la ciencia médica: “en muchas ocasiones los mejores dignósticos que puede hacer un médico surgen de la capacidad que se tiene de adivinar lo que el enfermo nos está callando”.

6.-     La prescripción médica tiene que ser sobre lo directo y necesario: el enfermo no tan sólo necesita de una ablución con tintes higiénicos, sino que es necesaria una alta cirugía.

El Médico Divino nunca se ha dejado engañar con “una buena cara”, a Él no le seducen los rostros maquillados, sino que Él se encarga de hacer el diagnóstico del corazón, y con ello lleva su investigación a lo que está escondido bajo nuestra mirada superficial.

Entonces la intervención del Eterno Galeno sobre el paciente humano no podrá quedarse sólo en una cirugía ambulatoria, sino que tendrá algunos tintes de dolor, porque este corazón de piedra tiene ramificaciones tenaces por toda la persona.

El tratamiento post-operatorio tendrá una lista con diez especificaciones que ya conocemos y que, de haberlas observado, nos hubieran evitado preventivamente tantos sufrimientos: Los Mandamientos Divinos. 

7.-     Más aún, el Señor Jesús, quiere simplificarnos las prescripciones sanitarias y ante la tendencia de aumentar los preceptos del fariseísmo, él ha querido sintetizar el complejo edificio de la toráh del fariseísmo en dos columnas: el amor a Dios y el amor al prójimo; y más allá de lo anterior ha querido llegar a un nuevo mandamiento que le dará identidad a aquellos que nos preciemos de cristianos, el mandamiento del amor.

Muchos identificamos lo anterior con los dos mandamientos del amor a Dios y del amor al prójimo que sintetizaban no al cristianismo sino a la ley y los profetas, es decir el Antiguo Testamento. “El amar al prójimo como yo les he amado” en labios del Señor Jesús es un mandamiento que no es posible encontrar en ninguna religión y en ninguna  moral. 

Con Jesucristo la ley olvida el deber y busca el ser, el mandamiento se convierte en Evangelio, en fe vivida.

Si la misma Ley Judía pedía al creyente amar a Dios primero y después al prójimo con la misma dimensión del amor a Dios. Ahora es Dios quien no nos pide el que se le ame primero, sino que Él es el que nos ha amado primero, y quiere que en esa misma dimensión nos amemos los unos a los otros, ¿Cuánto? ¿Cómo?: hasta dar la vida.

8.-     La principal novedad radica en que el amor nunca podrá ser “legalizable”, no puede ser preceptuado. Cuando la acción del hombre no llega al amor y se queda en la letra nos ofrece la honradez de la ley, pero no la de la fe en Cristo.

El modelo de la Ley para un cristiano será Dios mismo: “sed perfectos como es perfecto vuestro Padre Celestial”. “Sean misericordiosos como Dios es misericordioso”. “Ámense los unos a los otros como yo los he amado”. Dios es nuestra medida.

9.-         Jesús no pretende ser un ético o un moralista. Jesús nos solicitará que recorramos algunos caminos francamente ruinosos e inevitablemente impracticables para los judíos, y para cualquier hombre: poner la otra mejilla, caminar no mil metros sino dos mil, no dar tan sólo el manto sino también la túnica...

Hoy mismo, en el Evangelio, Jesús busca evitar que el hombre se quede solo en la pureza exterior y busca que el hombre consiga la pureza auténtica: la interior.

Sé que lo anterior desborda nuestra óptica: en realidad la nueva Ley debería ser considerada objetivamente como más dura que todos los preceptos del fariseísmo. ¡Sí! Más que los 678 mandamientos juntos.

Jesús trató de dejarles en claro a sus contemporáneos que las exigencias del amor son mucho más complicadas que todos los requisitos de la ley. El hombre o la mujer que se compromete a una relación legalista, puede llegar a un punto en que diga: "Ya he hecho lo suficiente. Ya he cumplido todas mis obligaciones". Por el contrario, el amor verdadero nunca puede decir: "Ya he hecho lo suficiente. Ya he cumplido todas mis obligaciones". Si sigo la ley, haré todo lo que debo hacer. Si sigo el amor, haré todo lo que pueda hacer.

Es por ello que Jesús no apelará a la fuerza de la voluntad del hombre, sino que se limitará a remitirle a la Gracia: “Para los hombres es imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios”.

Al conocer a Jesús, el cristiano entra en otra órbita, lo único que responde a la pregunta sobre lo que se debe hacer para ganar la vida eterna, es el imperativo de la frase “Sígueme”, que entra en un nivel cualitativamente distinto: el cristiano está llamado al seguimiento, a seguir el ejemplo y la forma de vida de su maestro.

La pretensión de Jesús no tiene nada que ver con la pasividad o la expectación, sino es una interpelación a la actividad: ¡Conviértanse!

10.-   ¡Qué lástima que algunos que decimos ser cristianos, incluyendo aquellos que tocfamos las puertas de tu casa seamos más discípulos del fariseísmo que de Jesucristo!


 

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