Domingo 10 de Septiembre de 2006_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

EN EL PRINCIPIO EXISTÍA LA PALABRA...

“En aquel tiempo, salió Jesús de la región de Tiro y vino de nuevo por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la región de Decápolis. Le llevaron entonces a un hombre sordo y tartamudo, y le suplicaban que le impusiera las manos. Él lo apartó a un lado de la gente, le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva. Después, mirando al cielo, suspiró y le dijo: “¡Effetá!” (que quiere decir “¡Abrete!”). Al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la lengua y empezó a hablar sin dificultad.

Él les mandó que no lo dijeran  a nadie; pero cuanto más se los mandaba, ellos con más insistencia lo proclamaban; y todos estaban asombrados y decían: “¡Qué bien lo hace todo! Hace oír a los sordos y hablar a los mudos”.

 

Momento 1

Momento 2

Momento 3

1.- Muy querido amigo:

Al meditar a lo largo de esta semana sobre el Evangelio de este domingo, me estaba acordando de aquellos mis años mozos en que cursaba mis estudios en la universidad. Espero tener las palabras necesarias y adecuadas para compartirte lo que te voy externar, y que tú tengas y me ofrezcas un poco de tu tiempo y tu disposición para escuchar.

¿Qué elementos son lo que nos hacen seres humanos a tí que me escuchas y a mí que te hablo?, ¿Qué puede ser aquello que le falta al ave que encerrada en su jaula en el patio de tu casa pudiera oír la radio cómo para que no sea catalogada como un ser humano?, ¿Cuál elemento de nuestra conducta humana manifiesta nuestro ser perfectamente hombres?

¿Qué hace al hombre ser hombre y no ser una bestia, o alguna otra criatura? Desde nuestra fe es el ser imagen y semejanza de Dios, pero recordemos que la ciencia se mueve desde los argumentos de la razón.

2.-     En la actualidad, la antropología teológica y las ciencias positivas han entablado un respetuoso diálogo sobre los elementos que nos configuran como seres humanos. Se ha quedado sepultado en el pasado, aquel lenguaje de mutua desacreditación que durante algún tiempo no se pudo evitar entre la religión y la ciencia.

El cristiano entiende que Fe y ciencia no tienen porque contradecirse: ya que el Dios de la naturaleza no es diferente del Dios de la revelación.

En ese diálogo que se ha generado, el creyente entiende y acepta la existencia de cuestiones fronterizas entre nuestra fe y los conocimientos científicos, y sabe que se necesita de un serio y profundo diálogo para que se pueda alcanzar la verdad. Dos actitudes serán necesarias, tanto de parte de la Iglesia como de los hombres de ciencia: la apertura y la sinceridad. Por parte nuestra estamos convencidos que el deber de los teólogos, de los estudiosos de los temas sobre Dios, será el examinar y construir antes de ser solo unos apologetas ilusos.

Bastaría que recordáramos un trozo del discurso del Beato Juan XXIII, durante la apertura del Concilio Vaticano II:  “Es necesario que la doctrina cierta e inmutable, que debe ser respetada fielmente, sea profundizada y presentada de la manera que corresponde a las exigencias de nuestra época...”.

3.-     En el momento presente, el intelectual católico escucha respetuosamente las afirmaciones de la paleontología, la biología, la exégesis literaria, la filosofía, la psicología, etc..., en torno a cuetionamientos sobre el origen y la condición del hombre.

La Teología, por su parte, ha buscado dar una respuesta adecuada desde su competencia; pero al mismo tiempo, ha hecho extensivas sus reservas acerca de algunas propuestas de la así llamada teoría de la evolución.

Hay, cuatro elementos de los cuales los creyentes seguimos pidiendo una explicación satisfactoria a la ciencia, acerca de ese “hipotético” paso de una condición pre-humana a la plena hominización, del ser primates al ser hombres: primero la posición erguida, segundo la función de sus manos, tercero la configuración del rubicón cerebral y, cuarto, uno de los elementos conductuales humanos, el uso del lenguaje.

Existen tantas cosas de las que tenemos que hablar detenidamente mientras que no se encuentre el mitologizado eslabón perdido.

4.-         Aprovechando la ocasión que el Evangelio nos brinda, dirijamos nuestra reflexión en torno al uso de la palabra y el lenguaje humano.

La palabra, elemento fundamental de nuestro lenguaje, no podrá ser entendida solamente como un sonido o su representación gráfica. Desde el punto de vista biológico la palabra nos lleva a considerar estructuras profundamente neurofisiológicas y desde el punto de vista teológico la entendemos como la exteriorización fónica de un impulso espiritual.

La palabra es uno de los elementos pertenecientes a la afirmación del grado de superioridad en la vida del hombre, y que le marca una pauta de diferencia en relación a las demás creaturas. Desde la ciencia positiva, la aptitud de aprender un lenguaje se ha reservado como una propiedad de la especie de los homínidas. Desde la visión creyente, la palabra y el carácter diálogal tienen también una relación estrecha con nuestro haber sido creados a imagen y semejanza de Dios.

La palabra tiene un lugar preeminente en toda historia, tanto en la historia “sagrada”  como en la historia “profana” del hombre.

Fue a través de la Palabra pronunciada por Dios como ha acontecido la creación. Será también la Palabra pronunciada por aquel, que es imagen y semejanza de Dios, por la que se manifieste la superioridad y dominio sobre las demás creaturas, el hombre le pone nombre a los animales creados por Dios.

5.-     En la plenitud de los tiempos, El Verbo de Dios se ha encarnado. Y las Palabras de Cristo, Verno encarnado, manifiestarán su poder, tal es el caso del “Effetá”, de este domingo, y del “Talita Kum” que producen milagros con sólo pronunciarlas.

El centurión sabe que basta una palabra pronunciada por Cristo para que su criado quede sano, que ni siquiera se necesita su presencia física. San Pedro, apenas hace dos domingos confesaba a Jesucristo como aquel que tiene Palabras de Vida Eterna.

Los hombres creyentes manifestamos abiertamente que hemos recibido en la Palabra que viene de Dios el alimento que nos hace vivir, puesto que no tan sólo de pan vivimos.

Pero las cosas no se quedan solamente en la historia sagrada, sino que van hasta la historia así llamada secular.

6.-         Todos los pueblos de todos los tiempos, también, le han dado un lugar preponderante a la palabra y a sus efectos. Es revelador el que sea a través de la Palabra por la que se realicen hechos extraordinarios: se abren puertas fantásticas, se ejecutan actos mágicos, se rinden voluntades, se destruyen obstáculos, se tiene un dominio sobre las fuerzas dominadoras de entes extraños.

7.-         Adentrémonos a los textos de la Palabra divina, y nos encontraremos con relatos que manifiestan la disfunción humana en torno a su relación con la palabra, tanto al proferir como al escuchar. Nos encontramos con la Parodia de la creación: Entre otros elementos, a personas que tiene boca y que no hablan, personas que tienen oídos y que no oyen.

Este es nuestro gran problema: el lenguaje. ¿Quién es capaz de comprender el lenguaje del hermano? ¿Y quién es capaz de hacerse entender por el prójimo con claridad?

Dios quiere y puede regresarnos a la mañana de la creación. La promesa de Isaías se vuelve realidad en la persona del Señor, que ha venido, entre otras razones, a devolverle al hombre la capacidad del habla y de la escucha.

¡Este es el más grande de los milagros que necesitamos en nuestro tiempo! En la vida diaria es urgente que superemos nuestros monólogos y que entablemos un verdadero diálogo con el prójimo y que para con Dios estemos abiertos por medio de la oración.

El Señor Jesús, al abrir los oídos al sordo, está realizando un solo gesto de aquello de lo mucho que puede hacer a favor el hombre. Dios quiere abrir la vida a la dimensión de su máxima realidad.

El hombre que cerrando su oído parte de sí mismo y en sí mismo permanece se hace inhumano entre los hombres. Tendríamos que hacer nuestra la petición de Salomón: “Dáme Señor un corazón que escuche”. Y el Señor podrá decirnos: “Effeta”. “Ábrete a la escucha. Ábrete a la comprensión profunda de las personas y de sus dificultades”.

8.-     Pero el milagro necesita de una segunda parte: a la llamada que se escucha le hace falta una respuesta. Con la palabra proferida será como el hombre se pueda hacer hombre verdadero.

Los demás animales vivientes tiene ojos y tienen oídos como nosotros, pero no tiene un órgano que efectivamente comunique palabras. Solamente el hombre puede hablar, decir, llamar, ordenar, enseñar, instruir, corregir, acusar, jurar, bendecir, maldecir, cantar, celebrar, alborozarse, confesar, rezar, gritar, quejarse, murmurar... y otras muchas acciones.

Hace falta que la humanidad del hombre se convierta en una realidad y para ello es necesario que use correctamente su lenguaje. Que sus palabras broten al mismo tiempo que ofrece y recibe la escucha respetuosa, que se digan a tiempo, que se piensen serenamente y con dominio, que sean ponderadas y amables y, sobre todo, que provengan del temor de Dios.

9.-     Dios ha venido en la Encarnación de Cristo a hablarnos humanamente para que el hombre pueda recuperar este elemento necesario de su humanidad: el lenguaje. La Palabra que existía desde el principio quiere devolvernos nuestras palabras para que tengamos hoy el principio de nuestra hominización y de una verdadera cristianización.

En fin, hay tantas cosas que el Creador debe recrear. Espero que no le hayas apagado a la computadora o a la radio, o que por lo menos me hayas ofrecido un poco de tiempo de tu escucha.

El que tenga oídos para oír que realmente oiga y que el que tenga boca para hablar que realmente hable.

 

DIALOGAR ES ABRIR EL CORAZÓN.

 “En aquel tiempo, salió Jesús de la región de Tiro y vino de nuevo por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la región de Decápolis. Le llevaron entonces a un hombre sordo y tartamudo, y le suplicaban que le impusiera las manos. Él lo apartó a un lado de la gente, le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva. Después, mirando al cielo, suspiró y le dijo: “¡Effetá!” (que quiere decir “¡Abrete!”). Al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la lengua y empezó a hablar sin dificultad.

1.-     La comunicación suele ser, más que un oficio un verdadero arte, para el cual muchos de nosotros, o no nos hemos preparado o al menos cuando lo hacemos, lo realizamos con dificultades. Comunicarse es entablar un diálogo entre dos personas, aún cuando este diálogo no consistiese en fonetización de palabra alguna siempre habrá canales y formas para expresar nuestros pensamientos y, sobre todo, nuestros sentimientos.

2.-     Fíjate como las personas confundimos el hablar con el dialogar. Y son tan diferentes. Hablar consiste en abrir los labios y el dialogar tiene su fundamento en aprender a abrir nuestro corazón. Y,... pocos sabemos hacerlo en la realidad. Algunos sabemos hablar, y hasta hemos aprendido a vociferar, pero no nos hemos iniciado aún en el aprendizaje de ubicarnos en el lugar del otro y del comprenderle, no sabemos lo que es vivir en esa empatía que se necesita para comunicarse sin egoísmos.

Esta es nuestra historia: ¿cuántos de nosotros no le hemos dicho al otro: yo ya he hablado, ya he dicho lo que tenía que decir? ¿Tienes algo que decir tú? “¡Por eso!”,... no se trata tan sólo de decir, se trata también de escuchar y de ponerte en mi lugar, o por lo menos, que tengas disposición para escucharme.

3.-     Yo te pregunto a ti que me escuchas o que me lees por este medio: ¿En qué consistiría un verdadero diálogo, en aprender a hablar el mismo idioma o en aprender a escuchar el mismo idioma?

Un cristiano que dialoga no es aquel que dice: “Sé hablar tu misma lengua, Uso tus mismas palabras. Por tanto tienes que escucharme”. Sino que nuestro mensaje creíble será aquel que pueda manifestarse en los siguientes términos: "Sé escucharte, Entiendo tus problemas, tus dificultades. Conozco tu situación. Por eso, si me permites, uso tu mismo lenguaje. No para impresionarte, o hacerla de maestro, sino para demostrarte que podemos buscar juntos, descubrir algo juntos, evitar algún que otro apuro, juntos”.

4.-     En la actualidad, no debe dejarnos de asombrar toda esa alta tecnología celular con amplias aplicaciones a la telefonía y la capitalización del espectro para navegar y crear canales de nuevas comunicaciones; no obstante tampoco debe de dejar de provocar tristeza y dolor, el darnos cuenta de que si bien hemos desarrollado sistemas de comunicación que permiten que desde la Tierra, el hombre hable con el hombre en la Luna, a menudo una madre no puede hablar con su hija, un padre no se encuentra con su hijo, unos hermanos se ignoran entre sí y en un sin fin de ocasiones también los esposos no saben lo que es un verdadero encuentro.

5.-     Hoy, que el Evangelio nos habla sobre el milagro por el que Jesucristo, Palabra encarnada, permite que el hombre pronuncie palabras con claridad y escucharlas con nitidez, deberíamos pedirle a Dios que nos conceda el milagro de aprender a comunicarnos.

Y es que con frecuencia son nuestras propias casas esos lugares en donde los miembros se encuentran sin hablarse, o se hablan sin encontrarse de verdad, ya que por una parte o por otra se sienten incomprendidos. Es el drama actual de nuestros hogares el de la incomprensión entre padres e hijos; unos padres impotentes y sin recursos, a pesar de su inmensa buena voluntad; unos hijos que abandonan el hogar dando  un golpe a la puerta, para juntarse con grupos clandestinos, inadaptados, muchas veces en la evasión del alcohol o en la droga.

Es el drama de aquellos que si bien antes de casarse no se cansaban de hablar, ahora han reducido sus diálogos a monosílabos, si es que bien les va, y en muchas veces sus palabras, sus afirmaciones y sus descalificaciones son sólo gruñidos o sólo sonidos guturales.

6.-     El escritor francés François Mauriac, premio nóbel de literatura en 1952, aviesamente, nos describe a un padre jesuita viejo, feo, insignificante, a quien acuden, cual ininterrumpida avalancha de penitentes, las más hermosas mujeres de París. La gente se pregunta: '¿Cómo es posible, si el padre es viejo, feo y, según parece honrado?' Entonces Mauriac responde: 'Sí, ¡Pero las escucha!'

Muy queridos amigos: ¡Se imaginan qué inmensa necesidad de ser escuchadas debía atosigar a aquellas mujeres para que las aguas subieran hasta alcanzar aquel nivel de inundación! ¡Y qué barrera de silencio hemos de suponer en sus maridos! '¡Pero las escucha!' menciona Mauriac...

Hablemos sobre esa necesidad que tenemos de comunicarnos, de que el otro nos escuche y de que aprendamos a escuchar al otro.

Según el diccionario la definición más elemental de comunicación es "ese enlace que existe entre dos puntos".

El hombre es un ser racional que necesita de la comunicación para crecer. Como todos los demás logros humanos, la comunicación suele ser cuestión de una práctica constante, por lo cual no hay que desistir sino persistir en nuestro esfuerzo.

7.-         ¿Cuáles son nuestros obstáculos para comunicarnos? Los hay exteriores y los hay interiores.

Desde el exterior está el obstáculo de nuestras ocupaciones que nos hacen hablar sobre lo que hacemos más que sobre aquello que somos; están también esas distracciones cada día más sofisticadas como lo son la televisión, el teléfono convencional y la telefonía celular, el periódico, la computadora, nuestros I-POD, y otras muchas cosas más que están por venir...; también suele obstaculizar la comunicación esa injerencia que tienen otras personas cuando no buscamos el lugar y la hora conveniente.

Desde el interior se encuentra el obstáculo de nuestro miedo al fracaso provocado por las malas experiencias en tiempos pasados, o aquellos gritos y regaños que surgieron durante los anteriores intentos; así también desde el interior se encuentran tantos momentos en que al ponernos a dialogar hemos concluido con la insatisfacción de no haber hecho nada provechoso.

8.-     El principal problema de comunicación conyugal estriba sí en la no capacidad de escuchar, pero también en la incapacidad de interpretar adecuadamente  tanto del lado de la mujer como del lado del hombre.

Si realmente deseamos comunicarnos, tenemos que estar dispuestos a trabajar para superar todos los obstáculos. El triunfo no está lejos y las recompensas del éxito son: el crecimiento personal, como pareja y familia, así como la felicidad y la satisfacción con nosotros mismos, con lo que tenemos y lo que somos. Esto es algo que se irradia y se contagia, lo cual provoca la creación de un ambiente familiar de amor.

Las fallas de comunicación no siempre se originan en la transmisión. A veces se deben al receptor: las palabras que emigran mueren de agotamiento al tratar de escalar las montañas de la comprensión. Aquí es donde la comunicación necesita de la creatividad.

9.-     Gary Smalley en su libro: “El lenguaje del amor” manifiesta que una manera muy eficaz de expresar los sentimientos es hacer una imagen verbal. En él, Gary relata una historia acerca de su esposa Norma, que se sentía muy frustrada con él. Gary llegaba a casa del trabajo y se encerraba en sí mismo. No tenía nada que decir en toda la noche. Finalmente, Norma le contó una historia acerca de un hombre que fue a desayunar con unos amigos. Comió muy bien, y después reunió unas migajas, que puso en una bolsa. Después almorzó con varios compañeros de negocios y se comió un gran filete. De nuevo, puso unas cuantas migajas en una bolsa y se la llevó. Entonces, cuando llegó a casa por la noche, le entregó a su esposa la bolsa de las migajas.

¿Qué opinas sobre esto Gary? Gary le comentó que desaprobaba aquella falta de respeto de aquel esposo. “Eso es lo que tú estás haciendo conmigo”, le contestó Norma. “Los niños y yo esperamos todo el día para conversar contigo cuando regreses a casa, pero tú no compartes tu vida con nosotros. Después de haber estado fuera todo el día, nos entregas la bolsa de las migajas y enciendes el televisor”.

Gary dice que el escuchar aquella historia fue como si le hubieran pegado con un palo en la cabeza. Pidió disculpas y comenzó a esforzarse para abrirse a su esposa y a su familia.

En los momentos difíciles, ojalá que tú lo intentaras. Procura crear una descripción vivida para comunicarle a tu cónyuge tus necesidades. Esto es mucho más eficaz para captar la atención del otro, que un torrente de comentarios hostiles.
10.-   Pero nuestras realidades domésticas se han convertido en parodias de la confusión, y más que de la confusión de nuestro egoísmo.

Lois Wyse, en su libro de poemas tan especial, titulado Lovetalk, (Lenguaje amoroso) dibuja adecuada y lamentablemente la huida emprendida por el ser humano evitando la verdadera comunicación:

Tantos matrimonios de televisión...
esa representación de vidas contra
el telón de fondo del aparato.
En vez de dos vidas que llenen la habitación,
hay dos vidas y las noticias de las once
con la constante interrupción  de los comerciales.
En vez de lo que tú dices y lo que yo digo
es lo que dicen Dick y Johnny y sus invitados.
Tú ya no ríes conmigo;
todo el ingenio sale a borbotones del aparato.
Y juntos nos reímos de ello.
Mientras más evitamos hablar
más pasiva se vuelve nuestra relación.
La televisión nos permite caminar por la vida
con parlamentos muy reducidos.
Y mientras más dejamos de hablar
más difícil se vuelve hacerlo.

11.-   ¿No será éste el momento de pedirle al Señor que se acerque a nuestra familia para que toque nuestros labios y nuestros oídos, pero sobretodo nuestro corazón y le diga “Effetá”, “Ábrete”?

 

EL QUE TENGA OÍDOS PARA OIR QUE OIGA...

El Señor les mandó que no lo dijeran  a nadie; pero cuanto más se lo mandaba, ellos con más insistencia lo proclamaban; y todos estaban asombrados y decían: “¡Qué bien lo hace todo! Hace oír a los sordos y hablar a los mudos”.

1.-     Muy querido amigo:

Les envío un saludo cordial a todos los que nos favorecen con su distinguible atención domingo tras domingo.

2.-     Me estaba acordando, al hablar sobre los sordos y los mudos, y sobre la grandeza de nuestro lenguaje, así como sobre nuestros problemas de comunicación de aquel discurso que como ganador del Premio Nobel en el año de 1950, William Faulkner, el excelente autor norteamericano, manifestó:  "Creo que cuando el último tañido del destino haya retumbado, desvaneciéndose de la última roca inservible que oscila en el espacio sin el apoyo de la marea en el último atardecer rojizo y moribundo, incluso entonces quedará todavía un último sonido: el de la débil e inagotable voz del hombre, todavía hablando".

3.-     Sí, así es mi querido Faulkner, pero, como ya lo hemos visto y como estamos todos de acuerdo, una cosa es hablar y otra muy distinta es que te comuniques realmente y que te entiendan.

Las diferencias abismales que existen entre la forma de comunicarse entre el varón y la mujer las presenta Deborah Tannen, una profesora de lingüística en Georgetown en dos libros publicados, ambos con títulos demasiado explícitos: el primero de ellos se titula: '¡No es eso lo que quise decir!' y el segundo lleva el siguiente título: 'Tu no entiendes: Mujeres y Hombres en conversación'. Ella marca cuatro elementos que indican esa distinta forma de percibir entre el hombre y la mujer.

4.-     La primera es lo que ella ha llamado: la mujer en su relación buscará la intimidad y el hombre la independecia.

Menciona nuestra autora, como las mujeres dentro de una relación esponsal suelen pensar principalmente en términos de cercanía y de apoyo, y como se esfuerzan por defender su intimidad personal y la de su familia. Los hombres, en cambio, preocupados por su posición en el mundo, tienden a concentrarse en afirmar su independencia y hasta cierto punto el dominio que tienen sobre las distintas situaciones no importándole que esté lastimando con sus actitudes. Estos rasgos llevan a unos y a otras a dar enfoques diametralmente opuestos sobre la misma situación.

Cuenta Deborah que cuando un viejo amigo suyo de la escuela media superior llamó a Josué, su esposo, a su trabajo para decirle que estaría de visita en la ciudad, Josué lo invitó a pasar en su casa el fin de semana. Por la noche, al llegar a su hogar, se lo comunicó a su Deboráh.

Deboráh se molestó. ¿Cómo era posible que Josué hiciera planes sin consultar antes con ella? Ella nunca procedería así.

¿Por qué no le dices a tu amigo que tienes que consultarlo con tu esposa? - le preguntó.

¡No voy a decirle a mi amigo que tengo que pedirle permiso a mi mujer! -replicó Josué.

Para Josué, consultar con su esposa significaría que no era libre de actuar por propia iniciativa. Lo haría sentirse un niño o un subordinado. En cambio, a Deboráh le encanta y no tiene problema en decirle a sus amistades: 'Tengo que consultarlo con Josué'. Se siente bien al proclamar que su vida está entrelazada con la de su marido.

Esta es la primera de las diferencias: Hay diferentes reglas de conversación que adoptan uno y otro sexo. La gente al escuchar esto, podrá expresar alivio al saber de que lo que atribuye a una falla personal es, en realidad, algo muy común, pero no por ello se puede justificar.

5.-     La segunda diferencia que se expresa en la comunicación de los cónyuges es esa incapacidad que tiene el hombre de distinguir cuando la mujer les está pidiendo comprensión más que un consejo. El hombre está acostumbrado a analizar las situaciones y a visualizar posibilidades, no obstante la esposa suele recurrir a él para conseguir más que buenos pensamientos, una manifestación de aprecio y de apoyo que brote de los más nobles sentimientos. Ella narra la historia de un matrimonio amigo: 'A Eva le extirparon un tumor benigno del seno. Cuando le confesó a su esposo Marcos, que se sentía afligida por que la suturas le habían cambiado la forma del seno, él le contestó:

-Puedes someterte a una cirugía plástica.

El comentario le molestó muchísimo a Eva: -Lamento que no te guste su aspecto-protestó-¡Pero no voy a soportar una cirugía más!

Marcos se sintió a la vez herido y desconcertado: -A mí no me importa la cicatriz -repuso-. te aseguro que no me molesta en absoluto.

-Entonces, ¿por qué me sugieres la cirugía plástica? -preguntó ella.

-Porque a ti te molesta y te preocupa el aspecto de tu seno.

Eva se sintió mal consigo misma. Marcos la había apoyado en todo cuando la operaron. ¿Cómo era posible que ahora ella le hablara con tal brusquedad?

El problema tenía sus raíces en la diferencia de enfoques. Para muchos varones, una queja femenina es un reto para encontrar la solución. Marcos creyó tranquilizar a su esposa cuando le dijo que había algo que se podía hacer para eliminar la cicatriz. Pero las  mujeres buscan a menudo un apoyo emocional que soluciones. Ellas esperan escuchar que al hombre no le preocupa el aspecto físico, siempre y cuando ella se sienta bien

6.-     El tercer factor de diferencias es algo muy sencillo y sumamente complicado al mismo tiempo. La mujer al comunicarse suele manifestar más sus sentimientos, mientras que el hombre piensa que solamente se debe hablar para compartir información.

¿Saben? Hace algunos años ví en la prensa un comic en el que se muestra a un esposo en el momento de abrir el periódico que le pregunta a su mujer: '¿Hay algo que quieras decirme antes de que empiece a leer?'

Todos sabemos que no lo hay, por el momento..., pero también sabemos que, en cuanto el hombre empiece a leer, a su esposa se le ocurrirá algo o se acordará de algo que es importante comunicar.

Esa caricatura nos hace reír, porque la gente ve reflejada en ella su propia experiencia. Lo que no resulta gracioso es que muchas esposas se sienten heridas cuando el marido no les dirige la palabra en casa, y que muchos hombres se sienten descorazonados cuando decepcionan a su esposa sin saber siquiera por qué o que fue lo que provoco la decepción.

Y cuenta Deborah la experiencia de otro matrimonio amigo: Rebeca, que es feliz en su matrimonio, me confió que esta falta de comunicación le causaba insatisfacción con su esposo, Esteban. Cuando ella le dice lo que está pensando, él la escucha en silencio; pero si ella le pregunta en qué piensa, él responde: 'En nada'.

Durante toda su vida, Rebeca ha exteriorizado sus sentimientos a sus esposo, a sus amigos y parientes. Para ella, esto es una muestra de interés y consideración. Pero, para Esteban, como para la mayoría de los varones, el único propósito de hablar consiste en dar información. Toda su vida se ha reservado sus pensamientos más íntimos.

Sin embargo, en nuestra sociedad, muchos hombres de esta índole son el centro de la atención de las reuniones, pues saben contar cuentos y chistes. Se valen de la conversación para atraer a los demás y divertirlos. Las mujeres acaban por sentirse ofendidas de que sus maridos relaten a personas extrañas y casi extrañas lo que no les han dicho a ellas.

Para soslayar estos malentendidos, pueden hacerse ciertos ajustes. La mujer puede aceptar el deseo de su marido de leer el periódico, por ejemplo, sin sentirse rechazada. Y el hombre puede comprender el deseo no programado de una mujer de hablar, sin verlo como una intrusión.

7.-         Finalmente refiere Deborah Tannen el último de los factores que marcan una diferencia dialogal: el uso de imperativos por los cuales las mujeres están proponiendo algo y por el cual el marido interpreta que se le están dando órdenes.

También ejemplifica con el caso de un matrimonio conocido por ella.

Diana inicia muchas veces sus frases con imperativos en plural. Suele decir: 'Estacionémonos allí', o 'limpiemos la casa antes de comer'. Esta costumbre enfurece a Narciso. Él ha interpretado la manera de hablar de Diana como órdenes. Y al igual que a la mayoría de los señores, no le gusta que le digan qué tiene que hacer. En cambio, según Diana, ella solamente está dando sugerencias,  no órdenes.

Con ciertos hombres, como Narciso, esta táctica resulta contraproducente. Si creen que alguien está tratando de manipularlos, se sienten más agraviados que si se les formula una petición directa.

8.-     Es tan complicado el arte de comunicarse, como lo habrás visto, será necesario pedirle al Señor que abra los labios y el corazón  de los esposos pronunciando un Effeta que libere tantas palabras, tantos pensamientos y tantos sentimientos que quisieramos comunicar a los que están a nuestro lado.

Lo dijo Zenón de Elea en la antigüedad:        “Nos han sido dadas dos orejas, pero en cambio una sola boca, para que podamos oír más y hablar menos”.

9.-     En la comunicación se debe establecer una doble corriente, el dar y recibir. Dar aunque con ello se tenga que romper el cascarón del egoísmo. Recibir aunque en ocasiones pensamos que no necesitamos nada de los demás.

Desmond Morris es un connotado zoólogo y antropólogo, afamado por su libro de “El Mono Desnudo”, el cual afirma que un noruego, un coreano y un Masai de Tanganika pueden comunicarse si se encuentran en una isla simultáneamente. ¿Te sorprende? ¡¿Y sí ellos pueden porque nosotros no?!

El matrimonio es como un puente sostenido por dos pilares, si uno es débil se cae. Los dos son importantes.

"Quien de verdad sabe de qué habla, no encuentra razones para levantar la voz." decía el hoy más célebre Leonardo Da Vinci.


 

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