Domingo 14 de Diciembre de 2008_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

BIENVENIDOS A LA REALIDAD.

 

“Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Este vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. El no era la luz, sino testigo de la luz.”

Este es el testimonio que dio Juan el Bautista, cuando los judíos enviaron a Jerusalén a unos sacerdotes y levitas para preguntarle: ¿Quién eres tú?

El reconoció y no negó quién era. El afirmó: “Yo no soy el Mesías”. De nuevo le preguntaron: “¿Quién eres, pues? ¿Eres Elías?” Él les respondió; “No lo soy”. “¿Eres el profeta?” Respondió: “No”. Le dijeron: “Entonces dinos quién eres, para poder llevar una respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?” Juan les contestó: “Yo soy la voz que grita en el desierto: “Enderecen el camino del Señor”, como anunció del profeta Isaías”-

Los enviados, que pertenecían al grupo de los fariseos, le preguntaron: “Entonces ¿por qué bautizas, si no eres el Mesías, ni Elías, ni el profeta?” Juan les respondió: “Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay uno, al que ustedes no conocen, alguien que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle las correas de sus sandalias”.

Esto sucedió en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan bautizaba.”

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Momento 3

Momento 4

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1.-     Muy queridos amigos:

Parece ser de que a pesar que en la sociedad y en el mundo llevamos un mes y medio de crisis, las personas y las familias todavía no nos hemos dado cuenta del lugar en el que estamos parados y de la gravedad de la situación. En realidad, tal pareciera que todo esto que nos ha sucedido es como una especie de sueño que se confunde con la realidad.

2.-     El Papa Benedicto XVI ya nos ha mencionado que esta primera crisis del milenio nos ha regresado a las coordenadas de la realidad, ya que sin habernos dado cuenta, tú y yo estábamos viviendo en un mundo irreal e intangible, efímero y fugaz, aún y cuando nos parecía tan estupendamente real e irrespetuosamente tangible.

El Pontífice también ha señalizado esta epidemia que ha acompañado a las prácticas de un neoliberalismo económico, en el que la mercancía estaba tomando el lugar preponderante y nos estaba empujando hacia el consumismo, al materialismo y al hedonismo; y en dónde las personas nos habíamos convertido en un eslabón más en la amplia cadena de la producción. Todo, ¡absolutamente todo!, se estaba rigiendo por la lógica irracional del mercado de la sola ganancia. Y así el olvido de la moral en la regulación de la actividad económica manifestado en un “todo se vale” con tal de ganar. Y todos padecimos por la mala gestión, la mala distribución, la incapacidad de prevenir las crisis, la desmotivación, y la pérdida de confianza en las “estructuras”.

3.-     Bien te pudiera parecer todo aquello que ahora te comparto de ser algo inconsistente, y sé que hasta mi visión me pudiera acusar ante tu persona de adolecer por ser pesimista, pero a esta vida, tú y yo hemos venido a ser testigos de la luz, tal y como lo fue san Juan el Bautista, aún y cuando esa luz pudiera delatar las sombras de nuestros errores o bien hacer notar todas las imperfecciones escondidas bajo nuestros maquillajes.

Y es que en realidad hemos vivido en un mundo irreal, o ¿no te parece que ese era el mundo de nuestros jóvenes? No me imagino cómo una persona puede pasarse no uno, ni dos, sino tres y en ocasiones hasta cuatro días o noches en los llamados antros, y uno se pregunta: ¿Con qué dinero se puede vivir así? ¿De dónde sale la solvencia para que alguien se embriague dos o más días a la semana? Sé que el día de hoy muchos de nuestros jóvenes que trabajan no aportan en absoluto a las casas, y que el sobre o el ingreso de sus labores se lo quedan para hacer y deshacer con ello, pero aún así no hay dinero que le alcance al roto que despilfarra.

Y este mundo irreal nos ha despertado cada mañana al encender nuestro televisor: joven de diecisiete años se estrella en la madrugada en la Avenida Garza Sada o en la Avenida Roberto G. Sada, él y sus acompañantes iban alcoholizados en un BMW de reciente modelo, y uno se pregunta: ¿un BMW? ¿Sabrá un joven de diecisiete años lo que se tiene que trabajar para que un día se tenga un coche de esa marca?, ¿conocerá lo que consumen de combustible y el costo de las tenencias, los seguros y los deducibles?… ¿Es esto real? Y todavía, no pocos, tenemos la desfachatez de reclamarle a Dios por nuestras propias irresponsabilidades y hasta estamos enojados con Él.

4.-     Nos hemos acostumbrado a vivir en un mundo irreal, ¿no te parece que ese es el mundo en el que viven hoy en día las mujeres? Yo no puedo asimilar todavía cómo puede ser posible el que la mujer joven haya perdido el pudor y el auto-respeto, tan latente en todos los medios de comunicación impresos, radioelectrónicos, videotransmitidos y cibernéticos en los que la aparente y presuntuosa equidad de género, han hecho caer a aquella que podría ser la redentora de una humanidad machista, para convertirse en las pretensiones de igualdad, de emancipación y liberación en una lamentable calca de los vicios de los varones, muy lejos de ser el espíritu que transformara los instintos a verdaderos sentimientos. Parece que no hemos comprendido que este mundo será auténticamente humano no cuando la mujer imite al hombre en su forma de pensar, sentir, opinar y arrastrarse,… sino cuando la mujer piense, sienta, opine,… y ame como mujer.

5.-     Parece ser que lo irreal se ha convertido en nuestro “modus vivendi”, ¿no te has dado cuenta de que es allí en donde viven muchos de nuestros ancianos? Yo no puedo asimilar aquello que otrora tiempo era nuestra garantía y hasta nuestro orgullo y que ahora se ha ido desvaneciendo. Resulta que todos aquellos que hasta hace poco eran los previsores, los generosos, los serviciales, los sabios y los justos hoy adolecen por la imprevisión, el egoísmo, la comodidad y hasta por la imprudencia. Bastaría que te dieras cuenta de que hoy en día muchos de ellos ya no quieren hacer apostolado, ya no se anotan como voluntarios, ya no tienen tiempo para las cosas de Dios, ya no cuentas con ellos, y no es precisamente por causa de una enfermedad, o de una disminución física o de un cansancio comprensible, sino porque tienen que jugar a la lotería, al paco, al bingo, a la canasta, o lo que hoy se ha convertido en su deporte preferido: las maquinitas.

¡Claro!, existen miles de justificaciones y millones de pretextos: ¡es mi terapia!,… ¡me lo merezco!,… ¡es para que no me deprima!,… ¡ya trabajé demasiado!,… ¡yo nunca pierdo!,… ¡en realidad voy para que me den de comer gratis!,… ¡el bufete está excelente!,… ¡yo solo acompaño a mi comadre!,… ¡sólo juego 100 pesos!,… y así podríamos seguir refiriendo frases interminables y denotar las conciencias atrofiadas, pero date una vuelta por esos “lugares de diversión” y te encontrarás tantas y tantas cabezas blancas que todavía hace poco tenían tiempo para elevar a lo alto una plegaria para que este mundo fuera mejor, y hoy no lo hacen y hoy no es así…, a lo mucho le piden a “su dios”, que les permita ganar y le ofrecen favores en trueque,… y se gastan los dineros de los medicamentos y el patrimonio de su difunto esposo.

¿Crees que estoy exagerando? Pues bien, hace unos meses fue conocida en nuestra ciudad aquella situación de un hombre que “presuntamente” había ganado 300 mil pesos a una de estas casas de diversiones, y “presuntamente” le habían defraudado,… situación que aunque no nos enteramos cómo fue que se resolvió, ya que somos conscientes de que le corresponde a nuestras autoridades procurar la justicia,… pero, que al menos parece ser que nos olvidamos de un leve dato “algo” intrascendente,… aquel hombre llegó a aquel negocio en la madrugada y salió hasta la madrugada del día siguiente, e independientemente de lo que haya o no ganado, la “criatura se había jugado en aquella jornada la leve e intrascendente cantidad de 80 mil pesos”, ¿Te das cuenta? De no haber ganado como él dice que ganó, hubiese perdido o había perdido en otras ocasiones idénticas el salario de ocho meses de un profesionista promedio. No, pues así, hasta yo te doy todos los camarones que te quieras comer ¡¿gratis?!, y todavía hay quien dice: ¡Yo sólo llevo cincuenta pesos!,… ¡Aha! Dime, por favor: ¿es real este mundo en el que vivimos?

6.-     Basta que en estos días no hayamos aprendido la lección de una de las causas de la crisis actual: la amplitud e irresponsable facilidad crediticia en los bienes inmuebles, muebles y de todo tipo de bienes de consumo. Date la vuelta por cualquier centro comercial y te siguen ofreciendo sin escrúpulos artículos a 18 meses sin intereses, ¿estaremos trabajo el próximo mes?, ¿tendremos el día de mañana la forma de pagarles? Y vivimos en un mundo de plástico, el mundo del dinero irreal. Y no nos damos cuenta de que aquellos que gastan en lo superfluo pronto llorarán por lo necesario.

¿Real o irreal el mundo de nuestra economía? Cuando otra de las causas de la crisis fue la riqueza de la especulación a través de las operaciones con los así llamados “derivados”. Y es que en realidad todos nos manejamos con nuestros “derivados”, ya que operamos con las estimaciones de lo que hoy no tenemos y creemos que mañana tendremos. ¿Será así? Bastaría reconocer que el aguinaldo que hemos recibido en estos días, ya hace algunos meses que no era nuestro, porque ya lo debíamos, ¿y si no lo hubiésemos recibido que habríamos hecho?

7.-     Y por fin esta crisis que vivimos nos ha hecho llegar al mundo real, y ¿qué es lo que pudiera pasar si sabemos capitalizar el viento de la realidad? ¡Nada malo!, o mejor dicho, ¡Nada de lo que no exista una solución! Y es que el que las cosas sean distintas de cómo las pensamos no significa que sean malas.

Puede suceder que una vez ubicado en el mundo de lo real el joven ya no vaya tres o cuatro veces al antro a la semana y que le piense si se va un día de juerga a la semana. ¿Te parece que esto es malo?

Puede suceder que un joven que todavía no tiene la mayoría de edad ya no traiga un BMW en las noches, y sobre todo que a unos padres de familia realistas ya no les llamen a media madrugada para avisarles que vayan a reconocer el cuerpo inerte y desangrado de alguien que posee filiaciones de parentesco con ellos. ¿Consideras esto como malo?

Puede suceder que las mujeres regresen un poco a su lugar real y reconsideren los pasos que han andado, y que al volverse un poco más domésticas ya no se expongan a la vulnerabilidad de la desnudez del alma en la intemperie que ha venido acompañada con la punta del alcohol. ¿Te parece que esto es algo malo?

Puede suceder que las abuelitas y los abuelitos vuelvan a ser los abuelitos de la realidad que reciban en sus casas a sus nietos, y que vuelvan a tener el tiempo para rezar el Santo Rosario, visitar el Santísimo Sacramento, ir a misa de todos los días, puedan visitar a los enfermos o ir a llevar ayuda a los asilos y orfelinatos,… y de paso guardar la paupérrima pensión que se ganaron con mucho sacrificio o que les han heredado sus consortes en el amor, para que la enfermedad no les pesque desprevenidos. ¿Podrías considerar que esto pueda ser calificado como algo malo?

Puede acontecer que las personas ya no usemos hoy lo que no hemos comprado con nuestro trabajo, no estrenemos lo que no se ha devengado, no presumamos lo que nos es real y así no nos endeudemos en la especulación de lo irreal. ¿Es esto malo?

8.-     ¡Oye! ¿Estás de acuerdo o no estás de acuerdo en que estábamos viviendo en un mundo irreal?

No le tengamos miedo a la crisis de lo real, más bien tú y yo le debemos tener miedo a este mundo irreal de un liberalismo económico voraz e insaciable que nos ha llevado a otro tipo de crisis más severas. De las crisis de lo real saldremos adelante, pero de las crisis de lo irreal lamento decirte que nos va a costar trabajo, incomprensiones y, no pocas, depresiones. Pero, ¡bueno!, el tiempo se ha llegado y el despertador al fin ha sonado, y tenemos que despertar a la vida real, y la verdad es que para todos aquellos que no despertemos tenemos que irle llamando al forense.

 

¿EL DINERO O LA VIDA?: ¡LA VIDA!

 “Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Este vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. El no era la luz, sino testigo de la luz.”

1.-     Muy queridos amigos:

Al contemplar la imagen de san Juan el Bautista, el domingo pasado pudimos reflexionar en torno a cuatro temas: la sencillez del precursor, la voz como uno de los instrumentos de Aquel que es la Palabra, nuestra actividad como aquello que nos da identidad a las personas y, finalmente, sobre la austeridad que a Dios le ha agradado al venir al mundo.

El día de hoy la liturgia vuelve a mostrarnos el rostro, los rasgos y la predicación del Precursor del Verbo de Dios.

2.-     En consonancia con la predicación de san Juan el Bautista,  a su testimonio personal y a este tiempo difícil en lo económico que estamos viviendo, les quiero invitar a que reflexionemos sobre el tema de la solidaridad cristiana.

Y es que la fiesta de la Navidad, cada vez más cercana, es la celebración del Dios con nosotros, es la conmemoración del Dios cercano. Pero,... si bien la fiesta de la Navidad ha de ser la celebración en la que festejemos al Dios que le ha dado un abrazo al hombre, esto nos debe mover a los cristianos para que también nosotros seamos capaces de ofrecerle un abrazo al hermano.

3.-     ¿Qué es la Solidaridad cristiana? ¿Cuál es su lugar en la fiesta de la Navidad?

La Solidaridad es esa actitud congruente de aquél que, habiendo recibido el beneficio del Dios que nos ha amado profundamente, se dispone, en la correspondencia auténtica, a ofrecerle al hermano, sobre todo al más necesitado, una manifestación clara del amor cristiano.

Entendemos por Solidaridad aquel principio teológico en virtud del cual las personas podemos influir positivamente en la vida espiritual y corporal de los demás.

Si describiéramos en este momento el proceso que nos puede llevar a la vivencia auténtica de la Solidaridad, tendríamos que hablar de una virtud que nos exige un triple componente en su expresión cristiana, manifestado al final de cuentas  en un solo gesto.

4.-     El primer componente de la Solidaridad es la COMPASIÓN. Se trata de ver como propio el mundo del otro, de salir de nuestro escondrijo de confort y sentirse, por una vez en la vida, afectado, como una reacción nuestra ante el sufrimiento de cualquier persona que nos indica esperanzadoramente que todavía tenemos un corazón humano.

Este elemento de la compasión lo ha recomendado San Basilio Magno, ya desde el siglo IV, en su homilía sobre Lc 12,16-21, y que es conocida como: “Destruiré mis graneros”: “Cuando alguien roba los vestidos de un hombre, decimos que es un ladrón. ¿No debemos dar el mismo nombre a quien, pudiendo vestir al desnudo, no lo hace? El pan que hay en tu despensa pertenece al hambriento; el abrigo que cuelga, sin usar, en tu guardarropa pertenece a quien lo necesita; los zapatos que se están estropeando en tu armario pertenecen al descalzo; el dinero que tú acumulas pertenece a los pobres”.

La compasión tiene su inicio en un corazón que se ha sensibilizado y que ha llegado a conocer lo que significa el “padecer junto con” el hermano. “Duélete con mis dolores, si en verdad, tú me has querido”,cantaba una vidala argentina.

5.-     Después de la compasión viene el segundo componente: EL RECONOCIMIENTO. Una acción solidaria se ha iniciado en la sensibilización del que practicará la solidaridad, pero después sigue el acoger al otro radicalmente “por ser quien es”.

Se trata de la dialéctica entre la alteridad y la comunión, es decir se trata de ese movimiento por el cual salimos de nosotros mismos y vamos al encuentro del otro, precisamente y tal como lo ha hecho Dios en nuestra Navidad.

Santa Teresa de Ávila recomendaba esto en su libro de las Moradas: “Cuando yo veo almas muy diligentes a entender la oración que tienen y muy encapotadas cuando están en ella (que parecen no osan bullir, ni menear el pensamiento, porque no se les vaya un poquito de gusto y devoción que han mantenido), hácese ver cuán poco entienden el camino por donde se alcanza la unión. Y piensan que allí está todo el negocio. Que no, hermanas, no; obras quiere el Señor, y que, si ves una enferma a quien puedes dar algún alivio, no se te dé nada en perder esa devoción y te compadezcas de ella, y si tiene algún dolor, te duela a ti, y si fuera menester, lo ayunes, porque ella lo coma, no tanto por ella como porque sabes que tu Señor quiere aquello”.      

La Solidaridad permite desplegarnos del yo al tú, en el que percibimos en el rostro del otro, el rostro del ser humano, el rostro de la persona,... el rostro del hermano, y el mismísimo rostro de Cristo para aquellos que somos cristianos.

6.-     Después de la compasión y del reconocimiento, viene el tercero y último componente de la vivencia de la Solidaridad cristiana: la cualidad de LA UNIVERSALIZACIÓN. La Solidaridad debe permitir que la alteridad se forme en un “nosotros” que no puede ni debe tener fronteras, cuando hay “fronteras” y “geografías”en la solidaridad esta no es cristiana.

Lo decía de una forma extraordinaria San Gregorio Magno: “Más ninguno, por el mero hecho de amar a su prójimo, piense ya tener caridad, sino que primero debe examinar la fuerza misma de su amor. Pues si alguno ama a los demás, pero no los ama por Dios, no tiene caridad, aunque piense que la tiene. Es caridad verdadera cuando se ama al amigo de Dios y al enemigo de Dios”.

La Solidaridad jamás puede manejar el singular sino el plural, no puede ser selectiva, no puede reducirse a un grupo, la solidaridad verdadera no es excluyente de “nadie” sino incluyente de “todos”. Si en la vivencia de “la solidaridad” nos manifestamos sectarios, no podemos llamarnos verdaderamente cristianos.

7.-     La Solidaridad hace que cada uno sienta como personal la suerte de todos, entendiendo por todos: el conjunto de los individuos, y la situación personal de cada uno, lo cual implica la búsqueda del bienestar de modo particular para los más desposeídos de bienes; esta Solidaridad se traduce en un compartir y en buscar un orden satisfactorio para todos.

La solidaridad se enfrenta ordinariamente al individualismo y al egoísmo, cuyo interés se encierra en la conveniencia personal, familiar o de un solo grupo, o en el interés único de los que son de los míos o de los que me simpatizan o de aquellos que son como yo quiero que sean, y se levanta incluso frente a una justicia “mal” entendida como el mero cumplimiento de las normas legales de respeto y distribución de los bienes.

La cultura de la solidaridad es aquella que pueda dar solución a los urgentes problemas de nuestra sociedad contemporánea. Hoy en día, en realidad, no nos falta el pan, ni el vestido, ni la tierra... nos falta amor en el corazón del hombre y Solidaridad en nuestras actitudes.

El tema de la solidaridad ha sido para Juan Pablo II, que hemos visto partir el año 2005, un tema recurrente. El ha propuesto el mensaje social cristiano en estos términos: El cristiano tiene que pasar de la lucha de clases a la cultura de la solidaridad.

8.-     La solidaridad es también un tema de interés para el Catecismo de la Iglesia Católica. Al hablar del 7° Mandamiento, subraya en nuestra relación con los bienes materiales, la práctica de tres virtudes: la templanza, la justicia y la solidaridad (n. 2407).

Lo anteriormente mencionado por el Catecismo de la Iglesia Católica nos muestra que la Doctrina Social de la Iglesia sería utópica si pensara que la solidaridad se basta por sí sola y se olvidara de todos los otros recursos, entre ellos el recurso de la justicia.

¡No nos engañemos! La solidaridad no se logrará cuando nuestro campo produzca en abundancia, ni cuando los conocimientos científico-técnicos parezcan superar las dificultades de la humanidad, sino que la solidaridad surgirá cuando haya compasión, reconocimiento y universalidad. Hace falta que, en nuestra Iglesia y en nuestra ciudad, en nuestras parroquias y agrupaciones seamos los constructores de aquello que Juan Pablo II ha propuesto, desde la comprensión del Evangelio como: “La Cultura de la Solidaridad”.

9.-     Todo cristiano por más rico que se sienta o por más pobre que diga ser, tiene en su guardarropa dos túnicas. Ni podemos pensar que te quedes con las dos cuando alguien pasa necesidad, tal cosa sería el egoísmo expresado en la codicia y en la avaricia; ni tampoco podemos pensar en que te despojes de las dos, tal cosa sería una imprudencia y una posible injusticia para con tu familia. Se trata de que, de las dos túnicas que tienes te quedes con una y compartas una con el necesitado, lo cual será conocido como Solidaridad.

10.-   Cuando en el año 1453, el emperador Constantino XI, llamado Paleólogo, veía acercarse la destrucción de la Gran Constantinopla ante la amenaza de los ejércitos del imperio otomano, el emperador se arrodilló con extrema humildad ante los hombres más ricos de su imperio implorándoles una ayuda económica para poder así resistir los embates del enemigo.

Los hombres ricos se mofaron de él y le negaron la ayuda, le decían que le hiciera como quisiera,… pero que no contara con ellos. Luego, cuando los habitantes acaudalados escucharon el tremendo rugir de los cañones de la destrucción en las puertas de la ciudad ahora sitiada, corrieron apresurados hacia el palacio de Constantino XI, llamado Paleólogo, para ofrecerle todo cuanto él quisiera llevando su séquito de esclavos cargando aquellos cofres repletos de riquezas.

Pero el emperador rechazó en ese momento la ayuda que ellos ofrecían, ya que era demasiado tarde, pues los enemigos habían entrado ya a la ciudad, la sangre estaba corriendo por las calles, y les dijo: “Morid con vuestros tesoros, ya que no podéis vivir sin ellos”.

¡Querámoslo entender o no, la verdadera solidaridad nos beneficia a todos! ¡Dando es como recibimos!,… pero, parece ser que no lo hemos entendido.

 

YO SOY YO Y MIS CIRCUNSTANCIAS.

                                                                  
Este es el testimonio que dio Juan el Bautista, cuando los judíos enviaron a Jerusalén a unos sacerdotes y levitas para preguntarle: ¿Quién eres tú?

El reconoció y no negó quién era. El afirmó: “Yo no soy el Mesías”. De nuevo le preguntaron: “¿Quién eres, pues? ¿Eres Elías?” Él les respondió; “No lo soy”. “¿Eres el profeta?” Respondió: “No”. Le dijeron: “Entonces dinos quién eres, para poder llevar una respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?” Juan les contestó: “Yo soy la voz que grita en el desierto: “Enderecen el camino del Señor”, como anunció del profeta Isaías”-

Esto sucedió en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan bautizaba.”

1.-     Muy queridos amigos:

Escribía Don JOSÉ ORTEGA Y GASSET en “La Rebelión de las Masas” una definición de lo que él entiende por persona: "El ser y sus circunstancias. Yo soy yo y mis circunstancias" para con ello marcar el cómo las circunstancias de tiempo, lugar, compañía, modo, instrumento..., suelen tener una incidencia importante en la edición final de nuestra personalidad.

2.-     ¿Quién eres? Le preguntan este domingo los fariseos al Bautista y este responde más por el ser que por la circunstancia: “Yo soy la voz que clama...” en el desierto sin lugar a dudas, pero bien podría haber sido en cualquier otro lugar, lo importante es lo que yo soy, y tengo que decir que es mi ser el que se encarga de transformar mis circunstancias.

3.-     ¿Quiénes somos nosotros? ¿Quién soy yo? ¿Quién eres tú? Sin lugar a dudas nuestra vida se va realizando en torno a “circunstancias”ineludibles y estas "circunstancias" van marcando en mucho la realización de nuestro ser. Pero no debemos olvidar que una circunstancia suele ser un accidente, es decir algo que está alrededor de nosotros pero no es parte de nuestra esencia, es cierto que una circunstancia influye, pero nunca,… jamás debiera determinar nuestra ubicación y actitud ante la vida.

El ser es infinitamente más importante que las circunstancias, y es cuando el hombre le da un mayor importancia a la circunstancia QUE se vuelve amargado,… nunca satisfecho. La satisfacción del hombre se encuentra en gozar de la presencia de Dios y trabajar para Él, y disfrutar de esto, si estoy o estás en Monterrey o en Singapur, si vivo o vives en el siglo XXI o si viviéramos en el siglo XIII, no nos debe importar puesto que eso es totalmente circunstancial, y mi ser se realiza no en las circunstancias sino en el optar por Dios y hacer de su vida mi propia vida.

4.-     ¿Sabes? Yo sé que ya te lo he comentado no una sino varias veces, pero quisiera comentártelo en este contexto: En el año 1990 empezaban las circunstancias a querer manipular mi ser y, lo admito, casi lo logran: primero aquel acontecimiento de Enero en donde se clarificó quien se iba a ordenar en Durango con el Santo Padre y quién no, ya les había expresado que a mí no me tocó y esto me dolió muchísimo. No me ordené de manos del santo Padre sino de manos del Señor Arzobispo Don Adolfo Suárez Rivera, no fue en Durango sino en la Catedral de Monterrey, no fue el 09 de Mayo de 1990 sino el 15 de abril de 1990. Recuerden que en aquella ocasión Dios me dio una de las lecciones más importante de mi vida, ya que yo ni siquiera guardaba ni la concordancia ni la memoria de las fechas y, tú lo conoces, que no fui yo quien eligió el 15 de abril, y es por eso que no puedo olvidar lo que me dijo mi madre al besar mis manos consagradas y felicitarme: "Hijo nunca hubiera imaginado que Dios me diera éste gran regalo. Siempre le pedí a Dios que te concediera ordenarte el día en que nosotros nos casamos y nunca pensé que iba a ser así".

Este acontecimiento se quedó en la memoria y al continuar con el curso de la vida, apenas 3 meses después las circunstancias parecían volver a manipular mi existencia. Yo tenía la ilusión de terminar el postgrado en un año más,.. tenía la tesis bastante avanzada, pero se levanta una "falsa interpretación" que ya les comenté en otra ocasión. Se levantó un falso en torno a un vehículo que unos amigos me habían obsequiado. Y las circunstancias cambiaron nuevamente: había que interrumpir un año y me pedían venir a ayudar al Seminario. Me costó mucho, no puedo negarlo, si lo niego les estaría mintiendo, pero Dios me abrió el entendimiento para comprender sus designios en mi vida, y a valorar más el ser que las circunstancias. Al concluir ese año al frente de la preparatoria del Seminario de Monterrey aprendí a valorar todos y cada uno de los días de esa circunstancia de tiempo que no fue precisamente como yo lo había pensado.

Después de ese año académico 1990-1991 en el Seminario Menor regresé en agosto de 1991 a la Universidad Pontificia de México para terminar mi maestría con el mejor de los esfuerzos, al hacerlo de forma sobresaliente el decano de la facultad me pedía que me quedará en el personal docente, pero yo estaba listo para regresar a mi querido Monterrey, traía un título bajo el brazo, y a decir verdad, en las circunstancias deseadas para mi ministerio, pensaba que me gustaría seguir ayudando en el Seminario de Monterrey. Venía orgulloso con dos papeles calificados cada uno de ellos con "Summa cum Laude" bajo el brazo, y consideraba que de nuevo mi proyecto era el mejor y que no existirían óbices para mi regreso al equipo formador del Seminario en la docencia.

Era esa "mi seguridad", la que me acompañaba al ingresar en agosto de 1992 a la oficina del entonces arzobispo, el señor Cardenal Don Adolfo Suárez Rivera. Pero mi sorpresa no pudo ser mayor, no me mandaban al Seminario sino a una parroquia. ¡No podía ser! -Pensaba en mi interior-, nuevamente las circunstancias ahora de lugar no eran lo que yo esperaba y de nuevo me costó asimilar mi realidad. No fue ahora hasta el final, sino inmediatamente que Dios me abrió el entendimiento y me hizo comprender al saborear las mieles de la pastoral que Él nunca se equivoca y estaba yo en el lugar que yo necesitaba estar. Estaba en la parroquia de san Juan Bosco como Vicario Parroquial y ciertamente continué con la labor docente dentro del Seminario pero como maestro externo, y empecé a disfrutar ya no tan sólo de una o dos clases de teología, sino que ahora disfrutaba de la convivencia con la gente, el acompañamiento con los jóvenes, puse mi escuelita en la parroquia, pero créanme disfrutaba más de una visita a los enfermos que de una clase de teología.

Y así fue cómo Dios no permitió que las circunstancias fueran las decisivas en mi vida y al paso de otros 3 años, es decir del año 1992 al año 1995, llegó el turno de regresar a la oficina del Señor Cardenal. Mi nombramiento había terminado y ahora en ese mes de julio de 1995 me esperaba un nuevo destino.

¡Te soy sincero!,... cuando había ido 3 años antes en 1992 solamente pensaba en una opción: ir al Seminario. Ahora, en ese año 1995 las cosas eran muy distintas: las circunstancias no iban a decidir mi alegría. Dios sabe que no miento y aquella mañana del 08 de Julio de 1995 al celebrar la Santa Misa le dije al Señor: "Señor en dónde quieras tú yo querré, y a donde me digas tú yo iré. Algunos de mis compañeros sacerdotes me hacen en el Seminario, otros sacando un doctorado, otros en una parroquia, pero hoy te digo con esa sinceridad que solamente tú conoces: “si voy al seminario seré profundamente feliz, si me mandas a estudiar seré feliz, y si voy a una Parroquia seré también profundamente feliz".

Llegué con el Señor Cardenal y me pidió que regresará al Seminario, que me esperaba la Secretaría General del Seminario, que me esperaban clases de Filosofía y Teología, que me esperaban alumnos teólogos para ayudarles en la Dirección Espiritual y... que el fin de semana tendría que ayudar celebrando la Santa Misa en algunas parroquias donde el sacerdote estuviera necesitado de ayuda. Ni siquiera me dijo cuánto tiempo, y ni siquiera se lo pregunté, las circunstancias de tiempo, de lugar, de modo, de instrumento y de compañía había y han pasado a segundo plano en mi vida.

6.-     ¿Sabes? A propósito del ser y las circunstancias, recuerdo bien cuando el 20 de septiembre de 1996 participaba en una Misa en la Macroplaza de Monterrey para celebrar los 400 años de la fundación de nuestra ciudad y escuchaba en aquellas reseñas históricas los nombres de algunos clérigos de nuestro estado y de nuestra nación, pues también celebrabamos la fiesta de la Independencia de México: Desde Don Miguel Hidalgo, Don José María Morelos y Pavón, Fray Antonio Margil de Jesús, el Obispo Sacedón, el Obispo De Llano y Valdés. Y me preguntaba ¿Qué hubiera pasado si Dios me hubiera mandado a la existencia en 1596 o en 1704 o en 1777 o en 1810? Y mi imaginación hacia de las suyas mientras escuchaba la homilía del Cardenal en la santa Misa celebrada en la macroplaza.

7.-     Este mundo le da gran importancia a la circunstancia y provoca que perdamos el sentido de nuestro propio ser. Si yo soy cura de un pueblo o de la ciudad es circunstancial lo importante es que soy "Cura", si soy cura del siglo XVI, del siglo XVIII, del siglo XIX, del siglo XX o del siglo XXI que más me da,... lo importante es la Unción de mis manos, si soy maestro en el seminario o si le doy Catecismo a la gente más sencilla es circunstancial lo importante es que soy "Sacerdote del Señor". Si estoy en Monterrey o en México es circunstancial, si tengo un título o no lo tengo es circunstancial. Mi verdadero orgullo se encuentra no en una Maestría sino en el sacerdocio que Dios me ha concedido.

Hoy mismo estoy viviendo en unas circunstancias que Dios me ha obsequiado: una parroquia que amo y en la que me siento profundamente amado, una serie de responsabilidades en mi ministerio, dieciocho años de fidelidad al Dios que ha sido fiel, y... mañana desconozco donde estaré, pero sé que independientemente de mis circunstancias el ser que Dios me ha dado experimentará su bendición y aprenderá a descubrir su voluntad. ¿Sería esto lo que san Gregorio Nacianceno expresaba al afirmar que “no es la parroquia la que hace al párroco sino el párroco el que hace la parroquia”?

8.-     Este mundo le da demasiada importancia a la circunstancia y provoca que pierdas el sentido de tu propio ser.

Olvidamos que lo importante es el "ser familia"y le damos más importancia a las circunstancias: "En qué colonia vivimos", "Cuánto ganamos", "Cuánto tenemos", "A dónde vacacionamos", "Si mi casa es más grande o más pequeña", "Si la debo o no la debo", "Cómo fue mi boda", "Si soy de la clase alta o de la clase baja", “En dónde compramos la despensa y los regalos de Navidad”, “A cuál colegio van los hijos”, “Qué tipo de vehículo usa la familia o el modelo del mismo”... Y existimos demasiadas personas amargadas por que las circunstancias no han sido, ni son aquello que esperábamos. ¡Que importa la circunstancia si lo mejor que te puedas suceder es tener una familia! ¡Que importan las circunstancias si lo mejor que Dios me ha dado es el sacerdocio ministerial!

Y nunca falta aquel soñador iluso que se la pasa pensando encerrado en el caracol de su ilusión que,… de haber nacido en otra familia las cosas hubiesen sido distintas, si mis padres fuesen otros, si se hubiese nacido en otro país, si se hubiese nacido en otros tiempos, si fuese otra la circunstancia,… y ¡se equivocan!

9,-     Muy querido Don José Ortega y Gasset, estoy muy de acuerdo contigo en que "yo soy yo y mis circunstancias", pero también te quiero decir que es mucho más importante el "yo" que las "circunstancias". Para nosotros los cristianos las circunstancias son sólo accidentes y lo que nos importa es la esencia, nuestro propio ser.

Juan es la voz que clama, ¿en el desierto? ¿En la ciudad? ¿En la mar? ¿En la luna? ¿En la montaña? Qué más me dan cualquier tipo de circunstancias, si aquello que somos y aquello que hacemos a favor de los demás es lo que verdaderamente nos define como personas.

 

LOS VALORES DE NUESTRO PUEBLO.

1.-     Muy queridos amigos:                
Las festividades de nuestra Señora de Guadalupe, que concluimos el pasado viernes, me han hecho contemplar, en una sola celebración, la unión de toda la expresión de nuestros rasgos culturales en una perfecta y total armonía con la fe cristiana.
                                                                                             
Al contemplar el rostro lleno de fe de nuestro pueblo sencillo, he podido recordar cómo diez años después de la caída de la gran Tenochtitlán, cuando ya el asentamiento español era inconmovible y el mundo indio parecía destinado a sucumbir y desaparecer en un océano de tristeza, fue entonces que floreció lo increíble: Dios tomó la iniciativa de venir al indio, reconocer y magnificar su fidelidad ofreciéndole la más apoteósica de las coronas: ¡Convidarle a ser hijo de su propia Madre!
                                                                                             
Para el indígena la aparición de Santa María de Guadalupe en el cerro del Tepeyac significó su resurrección.
                                                                                             
Aquel canto del Tizinizcan y del Coyoltototl, aunado a las hermosas rosas que florecieron en el Tepeyac, significó para el indígena la felicidad, el paraíso en la tierra, el cielo. Se trata de aquello que los cristianos llamamos con un nombre: “Teofanía”. De esta manera aquella tierra que había sido arrasada y devastada se convertía ahora en un vergel.
                                                                                             
El Evangelio del Tepeyac es todo un cántico del amor de Dios y de la maternidad espiritual de María: Juan Diego se encuentra en los brazos de la Virgen-Madre, a la manera de que los hijos de las indígenas son llevados por éstas en los pliegues de sus rebozos o inclusive cargados a su espalda.
                                                                                             
El mensaje guadalupano ha unido magistralmente la riqueza y profundidad de la Teología cristiana con la teodicea azteca. El mensaje de Guadalupe es la cumbre de la Evangelización y de la inculturación.
                                              
Aquella imagen estampada de la Santísima Virgen era un códice, un enjambre de símbolos, aparte de su origen sobrenatural.
                                                                                             
La Virgen quiere un templo en el Tepeyac, ¿para qué? Más que para recibir en él su veneración, para mostrar allí su amor maternal.
                                                                                             
2.-     Hay muchas otras cosas que podríamos comentar, sin embargo te quiero compartir que la fiesta de Santa María de Guadalupe, me hace recordar todo ese bagaje cultural y de valores que se nos heredaron de parte de nuestros antepasados.
                                                                                             
Nuestro pueblo de México y nuestra gente es un pueblo con educación, que recibió la riqueza insondable e incomparable del Evangelio, pero que ya poseía una identidad y esto le convirtió en un terreno fértil para el cristianismo.
                                                                                             
3.-     Los padres de familia de aquel entonces se preocupaban de educar a sus hijos, y esto es lo que te quiero compartir el día de hoy.
                                                                                             
¡Tengo muchos motivos para sentirme orgulloso de nuestra cuna cultural!, así como me siento orgulloso del cristianismo que se nos ha heredado y que en el catolicismo ha sido respetuoso de todos esos elementos propios de nuestro pueblo.
                                                                                             
4.-     ¿Sabías tú que al cumplir los siete años de edad el Tatah (el papá) le comunicaba a la niña un discurso que le repetirá todos los años, a partir de ese momento?:
                                                                                             
“Aquí estás, mi hijita, mi collar de piedras finas, mi plumaje de quetzal, mi hechura humana, la nacida de mí. Tú eres mi sangre, mi color, en ti está mi imagen (...) ¡vives! ¡Has nacido! Te ha enviado a la tierra el Señor nuestro, el dueño del cerca y del junto, el hacedor de la gente, el inventor de los hombres...”

 “Oye bien, hijita mía, niñita mía: no es lugar de bienestar la tierra (...) la tierra es lugar de alegría penosa, de alegría que punza. Así andan diciendo los viejos: para que no siempre andemos gimiendo, para que no estemos llenos de tristeza, el Señor nuestro nos dio a los hombres la risa, el sueño, los alimentos, nuestra fuerza y nuestra robustez y finalmente el acto sexual, por el cual se siembra la gente...”

Pero ahora, mi muchachita, escucha bien, mira con calma: he aquí a tu madre, tu señora, de su vientre, de su seno te desprendiste, brotaste. Como si fueras una yerbita, una plantita, así brotaste. Como sale la hoja, así creciste, así floreciste...”

He aquí tu oficio, lo que tendrás que hacer: durante la noche y durante el día, conságrate a las cosas de Dios; muchas veces piensa en él (...) hazle súplicas, invócalo, llámalo, ruégale mucho...”

 “He aquí otra cosa que quiero inculcarte, que quiero comunicarte (...) no como quiera desees las cosas de la tierra, no como quiera pretendas gustarlas, aquello que se llama las cosas sexuales (...) No como si fueras a un mercado busques al que será tu compañero (...) Quienquiera que sea (...) juntos tendréis que acabar la vida. No lo dejes, agárrate de él, cuélgate de él aunque sea un pobre hombre (...) un infeliz soldado, un pobre noble, tal vez cansado, falto de bienes, no por eso lo desprecies....
                                                                                             
5.-     Queridos amigos: Una vez que el Tatah terminaba, la Nanah continuaba con un discurso que complementaba el expresado por el padre:
                                                                                             
“Tortolita, hijita, niñita, mi muchachita. Has recibido, has tomado el aliento, el discurso de tu padre, el señor, tu señor (...) son cosas preciosas, excelentes (...) sus palabras valen lo que las piedras preciosas (...). Consérvalas, haz de ellas un tesoro en tu corazón (...) con esto educarás a tus hijos, los harás hombres (...) No se te olvide, pon y guarda luz, todo el tiempo que vivas aquí sobre la tierra...”

Sólo me queda otra cosa: no entregues en vano tu cuerpo, mi hijita, mi niña, mi tortolita, mi muchachita. No te entregues a cualquiera, porque si nada más así dejas de ser virgen, si te haces mujer, te pierdes, porque ya nunca irás bajo el amparo de alguien que de verdad te quiera (...) que no te conozcan dos hombres. Pero si ya estás bajo el poder de alguien (...) no quieras que tu corazón quiera irse en vano por otro lado. No te atrevas con tu marido. No pases por encima de él, o como se dice, no le seas adúltera (...) si esto se consuma (...) a nuestros antepasados, a los señores a quienes debes el haber nacido, les crearás mala fama, mal renombre. Esparcirás polvo y estiércol sobre los libros de pinturas en los que se guarda su historia (...) Ya no serás ejemplo (...) aunque no te vea nadie, aunque no te vea tu marido, mira, te ve el Dueño del cerca y del junto...”
                                                                                             
6.-     Los anteriores discursos se nos conservan en el llamado Códice Florentino. Por su parte, Fray Jerónimo de Mendieta nos ha heredado en su Historia Eclesiástica, el discurso que le dirigía el Tatah al hijo varón:
                                                                                             
“Hijo mío, criado y nacido en el mundo por Dios, en cuyo nacimiento nosotros, tus padres y parientes pusimos los ojos. Has nacido y vivido y salido como pollito del cascarón, y crecido como él, te ensayas en el vuelo y ejercicio temporal. No sabemos el tiempo que Dios querrá que gocemos de tan preciada joya”.

 “Vive hijo, con tiento, y encomiéndate al Dios que te crió, que te ayude, pues es tu padre que te ama más que yo. Sospira a Él de día y de noche, y en El pon tu pensamiento. Sírvele con amor, y hacerte ha mercedes y librarte de peligros”.

 “A la imagen de Dios y a sus cosas ten mucha reverencia, y ora delante de Él devotamente, y aparéjate en sus fiestas”.

“Reverencia y saluda a  los mayores, no olvidando a los menores. No seas como mudo, ni dejes de consolar a los pobres y afligidos con dulces y buenas palabras”.

 “A todos honra, y más a tus padres, a los cuales debes obediencia, servicio y reverencia (...) Mira hijo que no hagas burla de los viejos, o enfermos o faltos de miembros, ni del que está en pecado o erró en algo. No afrentes a los tales ni les quieras mal; antes te humillas delante de Dios, y teme no te suceda lo tal...”.

“A nadie seas penoso, ni des a alguno ponzoña o cosa no comestible, porque enojarás a Dios en sus criaturas. Serás, hijo, bien criado, y no te entremetas donde no fueras llamado, porque no des pena y no seas tenido por malmirado. No hieras a otro, ni des mal ejemplo, ni hables demasiado, ni cortes a otros la plática, porque no los turbes. Si no fuere de tu oficio, o no tuvieres cargo de hablar, calla, y si lo tuvieres, habla, pero cuerdamente”.

 “¡Oh hijo! No cures de burlerías y mentiras, porque causan confusión. No seas parlero, ni te detengas en el mercado ni en el baño, porque no te engañe el demonio. No seas muy polidillo, ni te cures del espejo, porque no seas tenido por disoluto. Guarda la vista por donde fueres, no vayas haciendo gestos, ni trabes a otros de la mano”

 “No salgas ni entres delante de los mayores; antes sentado o en pie, donde quiera que estén, siempre les da ventaja, y les harás reverencia. No hables primero que ellos (...) No comas ni bebas primero, antes sirve a los otros, porque así alcanzarás la gracia de Dios y de los mayores”.

“Hijo nuestro, avisámoste que no te ensoberbezcas, ni altivezcas, ni desprecies a nadie; ten reverencia a los viejos y viejas aunque sean pobres, y a la otra gente baja y pobre; haz misericordia con ella, dales que vistan y con que se cubran, dales de comer y de beber, porque son Imágenes de Dios...”

No tomes ni llegues a la mujer ajena, ni por otra vías seas vicioso (...) Aunque seas muy tierno para casarte, como un pollito, y brotas como la espiga que va echando de sí. Sufre y espera, porque ya crece la mujer que te conviene: ponlo a la voluntad de Dios (...) Si tú casar te quisieres, danos primero parte de ello, y no te atrevas a hacerlo sin nosotros”.

“Mira, hijo, no seas ladrón ni jugador (...) trabaja de tus manos y come de lo que trabajares y vivirás con descanso. Con mucho trabajo, hijo, hemos de vivir: yo con trabajos y sudores te he criado, y así he buscado lo que habías de comer, y por ti he servido a otros. Nunca te he desamparado, he hecho lo que debía, no he hurtado ni he sido perezoso, ni hecho vileza, por donde tú fueras afrentado”.

“No murmures ni digas mal de alguno (...) No revuelvas a nadie, ni siembres discordia entre los que tienen amistad y paz..."

“No tengas que ver con mujer alguna, sino con la tuya propia. Vive limpiamente, porque no se vive esta vida dos veces...”
                                                                                             
7.- Querido amigo: Te has fijado cómo la forma y el contenido en que educaban a sus hijos nuestros antepasados no estaba lejana de lo que el Evangelio nos enseña. ¿Y tú como educas a tus hijos? Hoy desgraciadamente los padres de familia han delegado la educación a las guarderías, a las escuelas, a los pre-maternales, a los kínderes, a esa nodriza llamada la televisión, a los abuelos. Y es posible que este último factor referido te cause molestia sí eres padre o si eres abuelo, pero te pido que me comprendas en algo que al tener abiertos los ojos constatamos: en muchos espacios y muchas personas pueden ayudarte a cuidar a tus hijos, incluyendo a loa abuelos,… pero la educación solamente la dan los padres de familia. Una cosa es cuidar, y aquí no pocos, pero otra muy distinta es educar, y esto les toca al Tatah y a la Nanah de hoy en día, aunque ellos no lo reconozcan.  
                                                                                             
No nos hemos dado cuenta de que en muchos lugares a los hijos se le puede dar información, pero la auténtica formación sólo se da en la familia.

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