Domingo 28 de Diciembre de 2008_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

EDAD, SABIDURÍA Y GRACIA.

 “Transcurrido el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, ella y José llevaron al niño a Jesuralén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la Ley: Todo primogénito varón será consagrado al Señor, y también para ofrecer, como dice la Ley, un par de tórrtolas o dos pichones.

Vivía en Jerusalém un hombre llamado Simeón, varón justo y temeroso de Dios, que aguardaba el consuelo de Israel; en él moraba el Espíritu Santo, el cual le había revelado que no moriría sin haber visto antes al Mesías del Señor. Movido por el Espíritu Santo, fue al Templo, y cuando José y María entraban con el niño Jesús para cumplir con lo prescrito por la Ley, Siméon lo tomó en brazos y bendijo a Dios, diciendo:

 “Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo, según lo que me habías prometido, porque mis ojos han visto a tu Salvador, al que has preparado para bien de todos los pueblos; luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.”

El padre y la madre del niño estaban admirados de semejantes palabras. Simeón los bendijo, y a María, la madre de Jesús, le anunció: “Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción, para que queden al descubierto los pensamientos de todos los corazones. Y a ti, una espada te atravesará el alma”.

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana. De jovén había vivido siete años casada y tenía ya ochenta y cuatro años de edad. No se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Ana se acercó en aquel momento, dando gracia a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel. Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron  a Galilea, a su ciudad de Nazareth. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él.”

Momento 1

Momento 2

Momento 3

Momento 4

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1.-    Muy queridos amigos:                                                                         

Todavía nos encontramos con el confetti en el cabello y aún en el corazón y en el pensamiento tenemos el grato sentimiento generado por el momento de alegría cristiana que hemos compartido con los seres más queridos, es momento en que todavía tenemos el eco de villancicos y otros cantos navideños en la memoria, y sale a nuestro encuentro una fiesta sumamente importante para todos los cristianos: La Solemnidad de la Sagrada Familia.

Y es que, la Solemnidad de la Fiesta de la Navidad auténticamente cristiana no puede separarse de esta Fiesta en la que tú y yo saliendo de la gruta de Belén, terminamos dirigiendo nuestra mirada, nuestro pensamiento y nuestros sentimientos hacia lo que fue el hogar de Nazareth. Es por ello que quisiera invitarte a meditar sobre la relación paterno filial de nuestras familias.

2.-     Y es que el ser padre no consiste tan sólo en que un hombre cumpla con la realización de algunas acciones, de ser así la paternidad sería algo relativamente fácil. ¿Ser padre significa solamente proveer un hogar? ¿Ser padre significa sólo llenar una alacena o pagar una colegiatura?, la paternidad va más allá. ¿Cuáles son las funciones de la paternidad?

La sociología tradicional distingue dos tipos de funciones de la familia: institucionales y personales.

Por una parte, están las funciones institucionales: la función biológica (transmitir y acoger la vida humana), la función económica (proveer los bienes materiales necesarios para la subsistencia), la función protectora (ofrecer seguridad contra los riesgos de la existencia), la función cultural (educar y con ello el transmitir los valores y las tradiciones ético-sociales), y la función de integración (introducir al individuo en la sociedad y ejercer un control positivo sobre él).

Por otra parte, están las funciones personales de la familia, que consisten en el dotar de afectividad e integración a la relación entre marido y mujer (función conyugal), entre padres e hijos (función parental y filial), y entre los hermanos (función fraternal). El buen cumplimiento de las funciones personales estaría detrás de aquello que los estudios llaman una familia unida, y será allí en donde se encontraría el mayor ideal de felicidad que se puede tener en la existencia.

3.-     Desgraciadamente, en todas las funciones, pero al referir la de la paternidad podemos constatar que los hombres de hoy en día solemos conferir demasiada importancia a las funciones institucionales en perjuicio de las funciones personales, y encontramos algunos fenómenos como el del padre proveedor ausente -cuya única función es proporcionar sustento económico a la familia-, o el de la madre excesivamente rígida pero poco afectiva, que producen desequilibrios en las relaciones personales.

Por el momento, y subrayando el nexo existente entre las funciones institucionales y las funciones personales, enfoquemos nuestra atención a dos de las funciones de la paternidad, la primera de ellas destinada a la función de la voluntad de los niños y la segunda a la función intelectual: amar y educar.

4.-     Los seres humanos somos padres e hijos en la medida en que amamos. Con lo que toda paternidad y filiación no surgen por casualidad, sino que brotan de la libre elección de un amor constantemente confirmado.

En ese sentido, es cierto que todos los padres son en rigor padres adoptivos. La paternidad fisiológica fue sólo un comienzo. Será el amor reiterado miles de días y docenas de años lo que formará y constituirá la paternidad verdadera.

En el campo de estas relaciones es importante tanto el hacer las cosas, como el expresar lo que sentimos. En los campos del afecto, en nuestra cultura los padres varones siguen batallando para romper los moldes heredados y para decidirse a expresar sus sentimientos.

En la novela “Los hijos de Sanchez”, que escenificó en el cine Antony Queen, hay una escena en la que el padre de familia está expirando y los hijos están en torno a él y su lecho de enfermedad, y uno de los hijos le súplica a nombre de la familia que pronuncie unas pocas palabras que ellos necesitan escuchar. Le dice el hijo: “Papá, por favor, dinos que nos quieres”. El padre de familia con su mirada perdida, responde: “No puedo”. Y ante la insistencia del hijo y la propia violencia interna por aquello que quisiera pronunciar pero que le provoca una tremenda dificultad, el personaje concluye sus días pronunciando: “No pued...”.

5.-     A este respecto también nos cuenta Gene Bedley en su libro "Just say It", que una noche, después de leer uno de los muchos libros que él ha leído sobre el recto ejercicio de la paternidad, se sentía un poco culpable por que aquel libro describía algunas estrategias parentales que tenía tiempo de no poner en práctica en lo cotidiano. La estrategia principal sugerida por el autor consistía en hablar con su hijo y decirle solamente dos palabras mágicas: "Te quiero".

Nos narra Gene que, las cosas parecen fáciles pero que no lo son, ya que él subió la escalera a toda prisa e intentó decirle a su hijo en tres ocasiones sus sentimientos y que no fue sino hasta la tercera ocasión cuando fue capaz de vencerse a sí mismo: la primera vez al tocar la puerta y abrirle el hijo le dijo después de que el hijo le preguntó: “¿Qué se te ofrece papá?”. Y él le respondió: "...Oye Tim, tocas muy bien la bateria"; después de bajar la escalera se hizo nuevamente de valor y subió a la recamara para tocar nuevamente la puerta de la habitación de su hijo para decirle en esta ocasión envalentonado: "...Oye Tim, tu mamá y yo te queremos mucho".

En realidad no era eso precisamente lo que iba a decir… Finalmente después de pensar una y otra vez sobre sus propias parálisis paternas, se armó de valor y tocó aquella puerta por tercera ocasión y al fin logró decirle: "Oye Tim, Te quiero mucho, sólo necesitaba que supieras que te quiero, que me siento orgulloso de ti, y no sé por qué me guardo algo que es tan importante".

Dice al terminar Gene Bedley su libro: "La única manera de entender el significado y el propósito verdaderos del amor es estar dispuesto a pagar el precio, tienes que salir y arriesgarlo todo".

6.-     El afecto sincero y proporcionado es el mejor tónico que existe para fortalecer al alma, es el mejor vitamínico para superar las pruebas y este se manifiesta con palabras, con acciones y con gestos. ¿Sabes? Decir palabras afectivas es una de las mejores formas de acariciar a las personas, así como el decir palabras ofensivas suele ser la peor forma de destrozar a las personas.

Dice el artículo 5 de "La Carta de los Derechos de la Familia" de la Iglesia que nos ofreció Juan Pablo II: "Habiendo dado la vida a sus hijos, los padres tienen el derecho originario, primario e inalienable de educarlos; deben por ello ser reconocidos como los primeros y principales educadores de sus hijos."

Este artículo tiene su correspondencia civil con el tercer parágrafo del artículo 26 de la Declaración Universal de los Derechos humanos que dice a la letra: “Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos”. Quizá lo poco agradable en la expresión de la ONU es el debilitamiento del derecho que en lo eclesial se expresa como originario, primario e inalienable” y que en la carta magna del 1948 solamente acierta a utilizar el calificativo “preferente”.

Lo originario es aquello que procede del mismo ser, lo primario es aquello que en un orden de prioridades bien entre personas o bien entre actividades ocupa el primer lugar y lo inalienable es aquello que ninguna persona nos puede quitar, en tanto que lo preferente es algo que en el deseo se ubica en el primer lugar pero que bien podría no ser así.

El educar es un verdadero arte y es una responsabilidad de los padres de familia. En esta labor podrán tener algunas asistencias subsidiarias pero jamás supletorias de este deber y derecho. Recuerda que lo subsidiario es una ayuda que jamás debe atrofiar.

7.-     La educación incluye sin duda aquellos elementos que nos informan, pero sobre todo incluye aquellos elementos que al formarnos nos transforman en mejores seres humanos.

Para educar hace falta coherencia y la mejor forma será a través del ejemplo de la propia vida, recuerda aquello que menciona nuestra sabiduría popular: "lo que yo oigo se me puede olvidar pero lo que veo nunca jamás se me olvidará".

Los hijos honestos crecerán en hogares honestos, los hijos serviciales crecerán en hogares serviciales, los hijos que se autovaloran crecerán en hogares que tienen una justa jerarquía de los valores. Dice Dorothy L. Nolte en pocas, pero muy certeras palabras: "Los niños aprenden lo que viven".

Te pido que regreses a la expresión ya externada: "Lo que yo oigo se me puede olvidar pero lo que veo nunca jamás se me olvidará".

A cualquiera de nosotros se nos puede olvidar que nuestro padre nos haya dicho un día que fuéramos generosos con las personas, lo que no podremos olvidar será el hecho de haber visto al caminar por la calle cuando nuestro padre le compraba un dulce o un taco a alguien necesitado. A cualquiera de nosotros se nos puede olvidar un día todas aquellas palabras de nuestra madre invitándonos a ser serviciales, lo que no se nos puede olvidar es el haber visto a nuestra madre llevarle a la señora ancianita de la calle y que enviudó y que está sin hijos su plato de alimentos durante años y años. A nosotros se nos puede olvidar que nuestro padre nos haya dicho un día que nosotros teníamos que ser responsables con las cosas que teníamos que hacer en la vida, lo que nunca se nos olvidará es el haber visto todos los días a nuestro padre dirigiéndose a su trabajo, hiciera frío o calor, con buen clima o en la tempestad. "Lo que yo oigo se me puede olvidar pero lo que veo nunca lo olvido."

Si pensamos en términos cristianos sobre la educación de los hijos, tenemos que recordar que en el Evangelio se nos habla del modelo en el crecimiento de los hijos con el desarrollo humano que vivió el Hijo de Dios. Jesús en su infancia crecía en Edad, en Sabiduría y en la Gracia de Dios.

8.-     En la actualidad los padres de familia están tan atareados y preocupados del crecimiento físico de sus hijos, lo mismo que de su crecimiento intelectual, pero les falta una verdadera preocupación por el crecimiento espiritual.

Estarás de acuerdo conmigo que, cuando los hijos tienen algunos logros en lo físico el padre se suele sentir orgulloso. A un padre de familia nunca le ha molestado el que sus hijos vivan su desarrollo biológico, al contrario, esto le provoca complacencia.

De la misma manera, sucede cuando los hijos tienen algunos logros académicos, el padre de familia se siente realizado. Podríamos decir que los logros de los hijos serán también los logros de los padres. Hoy los padres se preocupan de la educación básica y profesional de sus descendientes. Quieren que estudien otra lengua extranjera, que se inicien desde sus primeros años en la cibernética.

Todo esto es sumamente valioso, pero nos debe preocupar el hecho de que no exista la misma preocupación por la educación religiosa. Un hijo podrá pasarse diecisiete o más años en las aulas antes del ejercicio de su vida profesional, y en lo religioso, los papás se molestan por uno o dos años de catequesis.

En este todavía inicio de un nuevo milenio, todos nosotros lo podemos constatar, incluso en carne propia: Los hombres que pueden sobreponerse a cualquier adversidad que las eventualidades y la incertidumbre de la vida nos depare, no son precisamente los que hallan crecido enormemente en lo físico, ni aquellos que tienen varios diplomas y reconocimientos colgados en sus oficinas, sino aquellos que tienen a Dios en su corazón. ¿Estás de acuerdo? Entonces,… ¿qué estás esperando?

 

ENGENDRAR EN EL DOLOR.

El padre y la madre del niño estaban admirados de semejantes palabras. Simeón los bendijo, y a María, la madre de Jesús, le anunció: “Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción, para que queden al descubierto los pensamientos de todos los corazones. Y a ti, una espada te atravesará el alma”.

1.-     Muy estimados amigos:

En el texto que acabamos de leer, del así llamado Evangelio de la Infancia en san Lucas, la Sagrada Familia aparece viviendo un episodio que nos anticipa y anuncia el sacrificio de Cristo-Redentor, al que se une su familia, y al que se une toda familia.

Este episodio de la presentación en el Templo en la Solemnidad de la Sagrada Familia sirve para declarar que se ha cumplido la esperanza que Israel ha vivido durante tantos siglos acerca de la llegada del Mesías anunciado, su larga espera del Salvador.

Recuerda, que para afirmar legalmente un hecho se requería al menos del testimonio unánime de dos personas. Y éste es el papel que realizan los santos Simeón y Ana, quienes aparecen como una grata personificación de la espera de Israel realizada por los Pobres del Señor; aquellos que fueron fieles, que confiaron, los disponibles, los que se abandonaron a Dios, y que tenían la misión concreta de proclamar: “¡Hemos visto al Salvador, gloria de Israel y luz de todos los pueblos, que viene a liberarnos!”

2.-     La venida del Mesías se cumple con la venida de Jesucristo al templo. San Lucas ve en esta venida de Jesucristo al templo la realización de las profecías de Malaquías: la purificación del templo y la renovación del antiguo culto como una base de la restauración y la liberación del pueblo. Así mismo este tema se hace acompañar del cumplimento a la espera de Abraham, el hombre justo, a quien en la Primera Lectura, se le reitera la promesa de la descendencia.

Con la presentación de Cristo, en el marco oficial del templo según el rito legal, se realiza algo que desborda y supera el sentido de la ley que mandaba “consagrar al Señor todo primogénito varón”. Con la consagración del niño que llevan en brazos la Virgen María y san José se hace algo más que cumplir con un rito; en el fondo se inicia el ofrecimiento de Jesucristo al Padre, la consagración y ofrenda de su vida que, en una fiel obediencia filial que llegará hasta el supremo sacrificio.

Jesucristo es ofrecido ahora por la Virgen María, la cual estará unida estrechamente a la obra de la Redención; a ella se le anuncia de parte de Simeón lo que le espera: Cristo será objeto del escándalo y de una contradicción que le dolerá a ella en lo más profundo del alma, como una espada que le lastima en ese punto que provoca más dolor en una madre de familia, el dolor del propio Hijo: se tata del sacrificio redentor de Cristo.

De esta forma, también la Virgen María ha superado el sentido legal de la purificación que cumple, y en vez de purificarse del parto según manda la Ley, lo cual ella no necesitaba por el nacimiento virginal, ella da el paso de una purificación mayor, la de la Redención a la que ella ha sido llamada como Madre del Redentor y, por ello mismo, Madre de todos los redimidos.

3.-     Fíjate como san Lucas, al mismo tiempo que le da a este episodio la fuerza de testimonio del cumplimiento de la esperanza de Israel, pone en él un anuncio de la pascua de Cristo, de su sacrificio salvador, de su muerte y su resurrección. Cristo es saludado por Simeón como la Luz de las naciones, el Salvador de todos los pueblos, el Libertador, pero a base de pasar por ser una piedra de escándalo, un objeto de contradicción y división, a base de ser atravesado por un dolor –la cruz-, la cual partirá también el alma de su Madre Santísima.

Los versículos finales del texto de este domingo describirán sobriamente el vivir y el crecer de Cristo con su familia en Nazareth. Es un apunte que en esta fiesta de la Sagrada Familia nos revela el realismo con que se somete Cristo a las leyes y al ritmo de la naturaleza humana: creciendo como todo muchacho en el seno de una familia; pero de manera responsable – también en sabiduría y en gracia-, pues iba a realizar en su vida al hombre en plenitud para todos.

Se trata de una familia situada en la perspectiva del tener que llegar a sacrificar su mutua presencia física, sus lazos de afecto y cariño sensible, en función del Reino, de una familia más ancha que viniese a los hombres en el amor traído por Jesucristo; este amor, universal e inmortal, irá sustituyendo los lazos de la carne, ya sea en lo biológico como en lo adoptivo, que unían a la Virgen María y a san José con Jesucristo, por otros lazos que son mucho más fuertes y, por ende, interminables.

4.-     Y esta es la primera invitación que se nos hace: la Palabra de Dios somete a juicio nuestra contribución a formar la gran familia del Reino de Dios, a través de nuestra propia familia, de nuestra vida familiar.

Sobre las familias cristianas el juicio se traduce en una revisión personal y conjunta. Personalmente cada uno ha de revisar su visión acerca de la familia y su vivencia del propio papel en la vida familiar: así los cónyuges, los padres, los hijos y los hermanos.

Comenzando por el concepto y la vivencia del amor en todas sus dimensiones, paternidad y maternidad verdaderamente responsables, finalidad de la familia, relaciones interpersonales, autoridad pero también libertad, libertad pero también obediencia, fraternidad y el espíritu filial. Mirando cada uno al bien de cada persona; hasta qué punto, cada uno se realiza buscando la realización plena de las otras personas, contribuyendo a ella; calibrando con sinceridad si las relaciones humanas de los esposos, padre e hijos y así también los hermanos, son relaciones de amor profundizado, purificado –desegoistizado – eternizado por la fe y ese amor sin límites del vivir en Cristo y por la esperanza y la certeza de la inmortalidad.

Esto es decisivo para juzgar si una familia es cristiana o no lo es, para ver sí es célula viva del Reino de Dios o no lo es, para saber si la vida familiar de sus miembros, sus relaciones y su amor mutuo, es signo terreno en que se vive la comunión mutua a nivel profundo de amor eterno e inmortal, de comunión en Dios y con Dios, y con todos los hombres; o si, por el contrario, sólo hay un amor superficial, un afecto instintivo, un cierto aprecio y un respeto sin verdadera comunión profunda y sin que se viva en ello la gracia, el amor, el Espíritu de Cristo.

5.-     El conjunto de las familias cristianas son hoy juzgadas acerca de la actualización en la historia del nuevo estilo que realice el ideal cristiano del amor familiar según las exigencias actuales.

Y es que nuevos aires de ideas y actitudes rondan hoy a la familia. Y, como ocurre siempre, no puede decirse que todo en esos aires sea malo, ni que todo sea bueno. La vida nos empuja y los hechos nos invaden a una velocidad que no respeta ni el tiempo ni mucho menos nuestra pereza, apatía y desinterés.

Todo esto y muchas otras cosas han de repercutir necesariamente de mil formas en la familia, creando problemas a diversos niveles que condicionan reajustes en la estructura, el esquema, el estilo, el alcance, la finalidad y el funcionamiento concreto.

Todo es enormemente complejo. Y la velocidad a que se suceden hoy las ideas y las costumbres o actitudes, con la serie de confusiones que hay en todos los dominios y sectores, hace muy difícil acertar en el equilibrio entre la autenticidad y la efectividad. En esta situación sigue teniendo vigencia –y tiene más importancia que nunca- el imperativo de vivir todos y cada uno de los miembros de la familia cristiana en el amor a la hondura en que lo ha puesto Cristo; el recurrir incesantemente al amor hondo y sincero, al amor incansable y sin límites, como única perspectiva de des-egoistización que permita evitar o superar tensiones, distancias y desacuerdos...

6.-     Cristo dio una dimensión nueva a todo lo creado: la hondura y la anchura del amor universal e inmortal. El vivió en esa hondura y anchura la dimensión personal de la vida, y las realidades sociales y comunitarias, las relaciones interpersonales con Dios y con los hombres, y también su vida de familia. Todo ello para instaurar en el mundo el reino de la vida universal e inmortal. Vivir ahora en Cristo es vivir con Él todas las realidades personales, interpersonales y sociales en la profundidad y la anchura que Él le dio al vivir humano: en comunión con Dios y con los demás hombres por el amor sin límites, universal e inmortal.

Para construir esa dimensión nueva, algunos han sido llamados a vivir con hondura y anchura de amor sin límites y de vida inmortal el amor humano de hombre a mujer, fundando una unidad familiar en la que las relaciones interpersonales se profundicen en Cristo hasta hacer de la propia familia una célula viva y vivificante del Reino.

7.-     El mensaje de Dios es para todos nosotros, para quienes en nuestro egoísmo nuestra familia no es más que una yuxtaposición de soledades. Que creemos conocernos porque vivimos juntos, mientras que en realidad nadie se abre verdaderamente a los demás. Para aquellos que se “quieren” o dicen quererse, pero con un amor puramente instintivo, en el que las facultades propiamente humanas casi no participan, sobre todo esa libertad manifestada en un compromiso e interés recíproco. No hay comprensión, no se sospecha siquiera que haya algo que comprender en los otros.

Entendamos que la familia humana es familia cristiana cuando todos sus elementos humanos, relaciones de los esposos entre sí y con los hijos, y de estos con sus padres y entre sí, son vividos desde el amor universal e inmortal recibido de Cristo como una fuerza que profundiza hacia lo más hondo su aprecio, sus relaciones, su unidad, su amor humano, y salva su amor y su unión hasta la muerte haciéndolo vida eterna.

 

LA PRIMAVERA DEL CORAZÓN.

Vivía en Jerusalém un hombre llamado Simeón, varón justo y temeroso de Dios, que aguardaba el consuelo de Israel; en él moraba el Espíritu Santo, el cual le había revelado que no moriría sin haber visto antes al Mesías del Señor. Movido por el Espíritu Santo, fue al Templo, y cuando José y María entraban con el niño Jesús para cumplir con lo prescrito por la Ley, Siméon lo tomó en brazos y bendijo a Dios, diciendo:

 “Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo, según lo que me habías prometido, porque mis ojos han visto a tu Salvador, al que has preparado para bien de todos los pueblos; luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.”

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana. De jovén había vivido siete años casada y tenía ya ochenta y cuatro años de edad. No se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Ana se acercó en aquel momento, dando gracia a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel. Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron  a Galilea, a su ciudad de Nazareth. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él.”

1.-     En esta fiesta de la Sagrada Familia el Señor Jesucristo es presentado en el templo. Y dos personajes, Simeón y Ana, digamos que, viejos por su partida de nacimiento, pero jóvenes en sus pensamientos y sentimientos, porque no han dejado apagar la llama de la esperanza ni han renunciado a un sueño aparentemente "imposible", se encargarán de desvelar su destino misterioso, un destino que incide inexorablemente en la historia de todos los hombres, determinando opciones ineludibles para la salvación  o la ruina.

2.-     El día de hoy, a pocos días después de haber celebrado nuestra fiesta de la Navidad, la Iglesia celebra a la Sagrada Familia meditando este texto evangélico de la presentación de Jesús en el templo, y considero que es un momento oportuno, que Dios nos ofrece, para que así meditemos sobre el papel que tienen nuestros hermanos de edad avanzada en nuestras familias, en la Iglesia y en la sociedad.

Y es que, tendríamos que hacer una primera afirmación: nuestra Iglesia se ha mantenido viva entre los Simeones y las Anas, entre esas personas que, muy a pesar del cansancio del cuerpo, no han dejado morir su esperanza ni han renunciado a su "sueño imposible".

3.-     El día de hoy, la Palabra de Dios nos invita a mirar con renovados ojos la madurez en las personas de la tercera, y hasta de la cuarta edad.

La dirección de los destinatarios en esta invitación de Dios, podríamos decir que es doble: se trata de una mirada desde el propio interior realizada por los ancianos en la fe y en la esperanza, y de una mirada desde el exterior realizada por la familia y la sociedad iluminada en la caridad.

4.-     Desde el interior, la Palabra de Dios les invita a los ancianos para que valoren plenamente los años que les quedan por vivir. Se trata de una exhortación para que ellos muestren cristianamente el semblante de la alegría en su rostro, y para que no pierdan el gusto por la vida, ni mucho menos la esperanza de que la promesa de Dios se ha de realizar conforme Él nos ha prometido y en aquello que Él nos ha prometido.

Debieran nuestros hermanos mayores hacer suyas aquellas palabras del también católico Víctor Hugo: “El invierno está sobre mi cabeza, pero la eterna primavera está en mi corazón”.

5.-     Desde el exterior se invita a nuestras familias y a nuestra sociedad para que contemplemos en ellos no unas virtudes en potencia sino la realización virtuosa del camino de una vida. En sus manos, muchas veces ásperas y hasta artríticas, ellos no traen semillas sino verdaderos frutos de bondad. Bajo su brazo, ellos no cargan proyectos en diseño sino títulos de propiedad y de realizaciones. Son ellos los que han querido legarnos su herencia de trabajo y cuyos frutos son los que nos siguen alimentando en la actualidad. Ellos han sido los creadores de la fisonomía del mundo que ahora disfrutamos. Es en ellos en donde se encuentran las raíces del presente y la interpretación privilegiada de nuestros valores.

-¡Qué los jóvenes no perdamos la memoria!-.

Y ¿Cuántas veces los condenamos a una soledad voluntaria, o puede ser que involuntaria, pero igualmente dolorosa y desgarradora? Se trata del abandono, del desamparo y de nuestro rechazo. Las familias y la sociedad les hacemos experimentar el dolor de la devaluación y de la desintegración del ser.

6.-     Queridos amigos:

Todavía hace algunas décadas se imponía en el horizonte, dramático, únicamente el problema de los niños huérfanos. En nuestro tiempo los huérfanos también son los ancianos.

Y es que, hoy en día, mucho más que unos hijos sin padres, que también los hay, circulan en la vida muchos padres sin hijos.

Ahora resulta que no son los ancianos los que están perdiendo la memoria, sino los hombres jóvenes.

Somos todos nosotros, los esclavos del eficientismo, de la producción, del confort a toda costa, de una carrera interminable en el consumismo, los que tenemos una extraña jerarquización de los valores, los que priorizamos el bienestar muchas veces sin sacrificios y renuncias, los que nos vamos olvidando fácilmente de los ancianos, aún de aquellos por quienes Dios nos dio el gran regalo de la vida, y mucho más que la vida.

Y es que somos cada vez más aquellos que, sino con las palabras sí con nuestras actitudes, les vamos considerando como una presencia fastidiosa.

En nuestra sociedad, los viejos parecen ser los “culpables” de ocupar un espacio y un tiempo necesarios para otros quehaceres –siempre rentables- a los que no se quiere renunciar.

Fíjate cómo las cosas han cambiado con el transcurso de los años, aún en nosotros mismos que nos sentimos orgullosos de haber recibido la hermosa herencia del cristianismo, y que llevamos en nuestras raíces culturales actitudes de respeto para con los mayores.

7.-     ¿Te acuerdas? En la antigüedad las canas eran una señal de sabiduría, el anciano era el patriarca en una comunidad, los consejeros eran las personas seniles. Pero, ¡cómo han cambiado las cosas con el paso del tiempo!, si bien en la antigüedad el niño prodigio Mozart tenía que ponerse una peluca blanca para tocar sus primeros conciertos a dos manos y los jueces de una corte cuando eran jóvenes, tenían la necesidad de ponerse una peluca blanca sobre su cabeza para obtener respetabilidad y llegar a manifestar sabiduría al impartir la justicia, el día de hoy la gente que vive en el avance de los años tiene que estar pintándose de color negro sus cabellos entrecanos para que les puedan ofrecer un trabajo, o bien para conservar el empleo.

¡Qué extraña es nuestra forma de actuar! ¿No te parece?

En nuestro tiempo amamos las catedrales antiguas, favorecemos los muebles rústicos, atesoramos las monedas de colección, cuidamos los viejos diccionarios e impresiones, valoramos las estampillas de otros siglos, pero resulta verdaderamebte entristecedor el que nos hayamos olvidado por completo de la bondad, la belleza y el valor de los ancianos. Pienso que una apreciación de esa bondad, de esa belleza y de este valor, es esencial para nuestra existencia, puesto que es nuestra misma existencia la que está en juego.

8.-     Se trata de personas de la tercera y hasta de la cuarta edad que ya han visto rotos los lazos con el ambiente profesional, laboral y social, y que ahora viven la más grande tragedia de la vida: están experimentando que muchos de los que nos llamamos cristianos estamos desatando los lazos que les unen a ellos con nosotros, los lazos familiares se van desanudando lentamente. Y es así como a nuestros ancianos se les hace sentir como si fueran un muerto en perspectiva, biológicamente acabados y socialmente inútiles. ¡Están de sobra porque no producen nada!

La familia debe recordar el cuarto mandamiento y debe esforzarse por conservar dentro del calor del hogar a aquellos que nos dieron su sangre, su carne y su herencia. Solamente en un exámen emergido del discernimiento de una conciencia recta y verdaderamente cristiana se podrán percibir las circunstancias que exijan para su bienestar un lugar de atenciones especiales y profesionales, en el que también debemos cuidar que se les brinde el afecto y el respeto.

Sin embargo, son muchas las veces en que la entrada de nuestros seres queridos en un asilo institucionaliza la estrechez, no de su existencia, sino de nuestros afectos y nos que ofrece una posibilidad de disculpa y de compensación en las culpabilidades a nuestras familias. Se trata de asilos que en muchas ocasiones, salvo muy honrosas excepciones, simulan esos desvanes de la antigüedad o esos cuartos de triques de la actualidad, a donde van a parar nuestros objetos inservibles. Ellos están viviendo una muerte social que más pronto de lo que imaginamos se convertirá en una muerte biológica. 

9.-     La tristeza y el desamparo no tan sólo se experimentan en algunos de los asilos, sino que también se vive en el seno de muchas de nuestras familias. Muchos de nosotros, hasta nos esforzamos por que no les falte nada, pero si bien nunca pudiéramos ser reprochados de que a nuestros seres queridos les falte algo, si se nos puede un día reclamar el que les faltara la presencia de alguien. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que le diste el último abrazo cálido a tus padres? ¿Cuántos meses o años han transcurrido desde que no les has dado un beso verdaderamente afectuoso? ¿Sabes cuánto tiempo ha pasado desde que te sentaste a “perder” un poco de tu tiempo con tu madre, que está ya anciana o enferma? 

La idea de lo que significa el contacto físico, la cordialidad, la ternura y la solicitud hacia los ancianos, se ha retratado magistralmente en un poema titulado MINNIE REMEMBERS, de Donna Swanson. Este poema fue publicado en su libro, Mind Song (Canción de la Mente):

"¿Cuánto tiempo ha transcurrido desde que alguien me hizo una caricia? Hace veinte años quedé viuda. Respetada. Todos me sonríen, pero jamás nadie me hace una caricia... ¡Oh Dios, estoy tan sola! Recuerdo a mi esposo Hank y recuerdo a los bebés, ¿De qué otra forma podría recordarlos, si no es juntos? A Hank, mi esposo, no parecía importarle si mi cuerpo se había vuelto grueso y un tanto debilitado; lo amaba y le agradaba acariciarlo. Y los niños acostumbraban abrazarme, mucho... ¡Oh Dios, qué sola me encuentro! Dios mío, yo no sé por qué no educamos a nuestros hijos para que sean un tanto más tontos pero que sean más afectuosos, así como mesurados y dignos. Ellos conducen sus elegantes automóviles. Llegan hasta mi habitación a ofrecerme sus respetos; charlan animados y rememoran. Pero no me tocan, ya nadie me toca. Me llaman mamá, madre o abuela, pero ya nadie me llama Minnie. Mi madre me llamaba Minnie y también lo hacían mis amigos. Hank me llamaba Minnie. Hace veinte años que nadie me acaricia, hace veinte años que nadie me llama Minnie. Todos se han ido. Y Minnie también se ha ido."

10.-   Es triste el decir que, Minnie no es un personaje ni extraño ni de fábula para la mayoría de nosotros. Todos nosotros seguimos siendo una cultura de individuos en su mayoría bien vestidos, alimentados en exceso y algunos con muy buenos automóviles. Tenemos tanto y a pesar de ello sufrimos una de las privaciones más peligrosas... la incapacidad de expresar nuestro amor con un afecto franco y honesto y sin temor. Se necesita tan poco para abrirles los brazos a los demás. Es una de las declaraciones más claras y más expresivas que podemos hacer para con aquellos por quienes un día Dios besó nuestra frente y acarició nuestro rostro.

 

LA LUCIDEZ DEL ALMA.

Vivía en Jerusalém un hombre llamado Simeón, varón justo y temeroso de Dios, que aguardaba el consuelo de Israel; en él moraba el Espíritu Santo, el cual le había revelado que no moriría sin haber visto antes al Mesías del Señor. Movido por el Espíritu Santo, fue al Templo, y cuando José y María entraban con el niño Jesús para cumplir con lo prescrito por la Ley, Siméon lo tomó en brazos y bendijo a Dios, diciendo:

 “Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo, según lo que me habías prometido, porque mis ojos han visto a tu Salvador, al que has preparado para bien de todos los pueblos; luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.”

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana. De jovén había vivido siete años casada y tenía ya ochenta y cuatro años de edad. No se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones.

1.-     Muy queridos amigos:

En este Evangelio en el que Jesucristo es proclamado por primera vez como la Luz del mundo, se nos refiere uno de los aspectos importantes de la Navidad: Jesucristo es el Sol que nace de lo alto, es la Luz del mundo de la que Juan ha sido sólo un testigo y de la que Simeón hoy nos ofrece su testimonio.

Efectivamente, Jesucristo que ha iluminado el sótano del mundo en la gruta de Belén también lleva su luz hasta aquel Antiguo Templo, que se encontraba ya entenebrecido por la alargada espera, pero que recibe en la presentación de Cristo el cumplimiento de las promesas de Aquel que no retracta lo que juró, de aquel que a pesar de las muchas infidelidades de los hombres sigue siendo fiel a su designio de alianza y que ahora nos manifiesta, con la claridad de su luz, que este designio es para todos los hombres.

2.-     Jesucristo ha llegado al Templo en brazos de sus padres, y también han llegado, o mejor dicho, allí los estaban aguardando, Simeón y Ana,...

Ellos son los hombres de edad avanzada, aquel hombre que se puede encontrar ahora con el descanso de la paz y aquella mujer descrita como muy anciana. Ellos son los testigos, los que han sido fieles, los piadosos, los que están al servicio de Dios, los veraces, aquellos que son descritos como justos y temerosos de Dios, se trata de los que han sabido esperar el consuelo de Israel, aquellos en quienes mora y que son movidos por el Espíritu Santo, los que han recibido la revelación de Dios y los primeros en hablar a los demás sobre la grandeza de Aquel niño y la verdad en torno al desenlace de una vida que se está iniciando, son los que profetizan y los que bendicen a Dios, son los que bendicen a los hombres y los que han recibido la dicha de tomar en sus propios brazos al Salvador del mundo.

¡Cuántas cualidades se describen sobre aquellos ancianos en un trozo tan pequeño del Evangelio!

Y son ellos, personas venerables, aquel hombre y aquella mujer ya ancianos, los que han recibido el regalo de contemplar la Luz que alumbra a las naciones, a aquel que es reconocido como la gloria de Israel.

3.-     ¡Fíjate cómo Dios sabe darle un lugar en su proyecto de salvación al anciano! Dios tiene un espacio para aquellos que ya no tienen espacio entre muchos de nosotros. Dios premia a aquellos que han sabido conservar una virtud, que necesita ineludiblemente de la prueba de los años: la fidelidad. Y es que Dios también es leal, veraz y sabe conservar aquella constancia inquebrantable que exige la vivencia de la fidelidad.

La vejez es una cualidad, ya que la experiencia y la sabiduria también se adquieren con el tiempo. Hegel lo decía con sus palabras en su Filosofía del Derecho: “El Buho de Minerva inicia su vuelo al caer el crepúsculo”.

Es en el crepúsculo de la vida cuando se alcanza la virtud de la sabiduría.

Cada uno de nosotros puede ser joven, tener fuerzas en exceso, pero tenemos necesidad del buen consejo de los que tienen la experiencia.

4.-     Pero si revisamos el trato común de nuestra sociedad, ellos parecieran ser solamente un estorbo.

A propósito de nuestro trato con los ancianos, te quería comentar una escena del pasado:

Se cuenta que en el Imperio Helénico existía un conflicto categórico entre los habitantes de Atenas y los pobladores de Esparta. A estas dos ciudades y pueblos se les llegó a conocer como los dos ojos de Grecia.

Los Atenienses eran y son renombrados, y reconocidos por su alto nivel académico y cultural, mientras que los espartanos no podían presumir ni de un alto nivel académico ni de la brillantez intelectual de sus habitantes como lo hacían los atenienses, pero eran aquellos que ofrendaban su vida en defensa de la nación. Sin embargo, los espartanos tenían otro elemento a su favor, eran reconocidos en la antigüedad por sus buenos modales, por su educación, por sus valores y por sus atenciones para con todo tipo de personas.

Fueron muchas las ocasiones en que los atenienses y los espartanos trataron de tener acercamiento, se buscaba en esos espacios limar las asperezas ancestrales, pero habían sido, al mismo tiempo, muchos los intentos frustrados y que terminaron en el fracaso.

Pero llegó un momento en la historia en que la relación entre los dos pueblos hermanos parecía estrecharse y el conflicto parecía haber llegado a su fin. Un grupo de embajadores pertenecientes a la gerusia de Esparta, es decir el consejo de los ancianos notables, había ido a Atenas para fortalecer los lazos y, se cuenta de que los atenienses, con el motivo de la alegría por lo que parecía ya inminente en el acercamiento, habían montado un espectáculo con la mejor muestra de oratoria y de teatro en honor de aquellos embajadores.

En el teatro, ya se encontraba todo mundo en su lugar, los embajadores tenían un palco de honor y estaba por empezar la función. En ese momento un hombre anciano y de difícil caminar se dirigía hacia el frente del foro buscando ilusionadamente un lugar para sentarse.

Un grupo de los jóvenes cultos atenienses que estaban ya sentados en sus butacas, le veían avanzar y fracasar una y otra vez en su intento por obtener una localidad, lo que provocó una risa y hasta comentarios burlones en ellos que le gritaban: “quítate obstáculo vetusto y obsoleto”, pero aún con lo anterior no eran capaces de brindarle un asiento al octagenario. La risa generalizada provocó que los embajadores de Esparta dirigieran su mirada hacia atrás y se dieran cuenta del insípido espectáculo, lo cual no pudieron soportar, el principal de entre los embajadores se levantó y le ofreció el asiento a aquel anciano, mientras que él se sentó en el suelo.

Y es que –según cuentan las tradiciones- los atenienses eran expertos en el estudio y en la disertación de las virtudes, pero los habitantes de Esparta eran expertos en el vivir las virtudes. Se trata de la diferencia existente entre la cultura y la educación.

5.- Si somos honestos, y si dirigimos nuestra mirada hacia la vivencia actual de nuestra ciudad, podrás darte cuenta de que si muchos le han llamado a nuestra ciudad una moderna Atenas de México, esto sería con toda propiedad, no por querer usurpar un título que han tenido por sus méritos y virtudes, durante muchísimos años nuestros hermanos del vecino Estado de Coahuila, sino por la aplicación concreta de lo que acabamos de compartir, esos vicios que tenemos nosotros los que tanto nos ufanamos, pero sin afanarnos en tener una verdadera educación.

Hoy, hace falta comprensión para con los ancianos. Ellos vive su época, la distancia del tiempo y del espacio van minando su recuerdo.

Te quiero compartir el mensaje de un rótulo que leí en una papelería al esperar un trabajo de engargolado, y que tiene mucho parentezco con un cuento de los hermanos Grimm y con una antigua leyenda paquistaní:
"Don Roque era ya un anciano cuando murió su esposa. Durante largos años había trabajado con ahínco para sacar adelante a su familia.

Su mayor deseo era ver a su hijo convertido en un hombre de bien, respetado por los demás, ya que para lograrlo dedicó su vida y su escasa fortuna.

A los setenta años Don Roque se encontraba sin fuerzas, sin esperanzas, solo y lleno de recuerdos.

Esperaba que su hijo, ahora brillante profesionista, le ofreciera su apoyo y comprensión, pero veía pasar los días sin que éste apareciera, y decidió por primera vez en su vida pedir un favor a su hijo.

Don Roque tocó la puerta de la casa donde vivía el hijo con su familia.
--¡Hola papá!, ¡Qué milagro que vienes por aquí!

-- Ya sabes que no me gusta molestarte, pero me siento muy solo; además estoy cansado y viejo.

-- Pues a nosotros nos da mucho gusto que vengas a visitarnos, ya sabes que ésta es tu casa.

-- Gracias hijo, sabía que podía contar contigo, pero temía ser un estorbo. Entonces ¿no te molestaría que me quedara a vivir con ustedes?, ¡me siento tan solo!

-- ¿Quedarte a vivir aquí?, sí... claro... pero no sé si estarías a gusto. Tú sabes, la casa es chica… mi esposa es muy especial… y luego los niños te molestarían...

-- Mira hijo, si yo soy el que te causo muchas molestias olvídalo. No te preocupes por mí, alguien me tenderá la mano.

-- No padre, no es eso. Sólo que... no se me ocurre dónde podrás dormir. No puedo sacar a nadie de su cuarto, mis hijos no me lo perdonarían... o sólo que no te moleste...

-- ¿Qué?

-- Dormir en el patio...

-- ¿Dormir en el patio?,… está bien.

El hijo de Don Roque llamó a su hijo Luis de doce años.
-- Dime papá.

-- Mira hijo, tu abuelo se quedará a vivir con nosotros. Traéle una cobija para que se tape durante la noche.

-- Sí, con gusto... ¿y dónde va a dormir?

-- En el patio, ya que él no quiere que nos incomodemos por su culpa.

Luis subió por la cobija, tomó unas tijeras y la cortó en dos. En ese momento llegó su padre.

--¿Qué haces Luis? Muchacho malcriado ¿Por qué cortas la manta de tu abuelo?

-- Sabes papá, estaba pensando...

-- ¿Pensando en qué?

-- En guardar la mitad de la cobija para cuando tú seas viejo y vayas a dormir en el patio de mi casa.

6.-     El texto citado es una realidad actual y muy cercana a nosotros. En nuestro tiempo muchos viejos estan condenados al olvido, a la soledad, a la ingratitud más obtusa, a la exclusión y, si no precisamente al desprecio, sí al desinterés.

No debemos olvidar que un día vamos a cosechar lo que hoy estemos sembrando.

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