Domingo 22 de Junio de 2008_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

VALOR Y SEGURIDAD

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: No teman a los hombres. No hay nada oculto que no llegue a descubrirse; no hay nada secreto que no llegue a saberse. Lo que les digo de noche, repítanlo en pleno día, y lo que les digo al oído, pregónenlo desde las azoteas

No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman, más bien, a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el cuerpo.

¿No es verdad que se venden dos pajarillos por una moneda? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae por tierra si no lo permite el Padre. En cuanto a ustedes, hasta los cabellos de su cabeza están contados. Por lo tanto, no tengan miedo, porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo.

A quien me reconozca adelante de los hombres, yo también lo reconoceré ante mi Padre, que está en los cielos; pero al que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre, que está en los cielos”

Momento 1

Momento 2

Momento 3

Momento 4

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1.- Muy queridos amigos:

Alguien sabe, ¿qué es el miedo?,… Alguien conoce, ¿Cómo es que lo podríamos definir?

El miedo suele ser ese sentimiento de inseguridad que se genera ante todo aquello que nos puede ocurrir a ti y a mí, y que nos hace olvidar de que aquello que nos puede ocurrir no está las más de las veces, a fin de cuentas, en nuestras manos.

El miedo es un sentimiento y una emoción que se llega a convertir en una actitud y que nos impide llevar una vida normal, bloquea el trabajo, es un obstáculo para la felicidad, reprime nuestros movimientos y nos provoca sentimientos de inferioridad; el miedo estropea la actividad y entorpece el pensar y el razonar.

El miedo es ese sentimiento nocivo que nos hace vivir a puerta cerrada, cuando Dios nos ha venido a participar de su vida y de su libertad. Se trata de esa sensación que hace que vivamos nuestra vida en el sótano de la existencia cuando Dios nos ha obsequiado con una hermosa mansión.

2.-     Hoy existen muchas personas que, patológicamente, se han ido desplazando desde sus incipientes miedos transformándolos hasta experimentar fobias, ansiedades, pánico y hasta angustias. Todo lo anteriormente mencionado, ha hecho que nuestra vida se viva esclavizada a los miedos así llamados irracionales.

¿Qué es una fobia?, ¿qué es la ansiedad?, ¿qué es el pánico?,…¿y qué es la angustia? Es imposible este espacio para que hablemos de todo, pero para que puedas comprender lo que es la angustia, sería útil que consideráramos la raíz lingüística de esta palabra: Angustia en latín proviene de la palabra: angustus y significa obviamente angostez, estrechez, reducción. La raíz se refiere a la estrechez del aparato respiratorio, a la congoja. La angustia surge del sofoco que llegamos a experimentar cuando las dificultades nos abrazan y no nos dejan respirar.

3.-     ¿Qué realidades o qué situaciones son detonantes del miedo? Hay una gran cantidad de factores que nos provocan miedo. Pero, ordinariamente los hombres le tenemos miedo a todo aquello que no podemos controlar.

Este nuestro tiempo, ha generado una serie de circunstancias que se han degenerado en mazmorras para el alma del hombre actual. Los miedos suelen convertirse en nuestras propias cárceles.

Nos acontece como se dice le sucede a la Jibia, una especie de calamar, un molusco que para ocultarse contra el peligro que le acecha al acercarse los barcos de los pescadores suelta una especie de tinta negra. Los pescadores al ver el agua teñida, tiran sus redes y las pescan.

El miedo puede ser representado con esa tinta negra que impregna el alma y que la estrangula poco a poco, haciéndola su prisionera y que lejos de protegernos nos expone a todo tipo de situaciones.

4.-     El miedo no suele respetar a nadie, ataca lo mismo al operario que al profesionista, a los arquitectos como a los albañiles, a los hombres como a las mujeres, a los dirigentes de empresas y a los comerciantes, a los niños y a los ancianos, a los genios y a los ignorantes, a los amantes del hogar y a los que siempre están por la calle.

Te podrá parecer algo gracioso, pero el genial e intrépido estratega Napoléon Bonaparte sentía un miedo espantoso de los gatos. Se cuenta que la noche anterior a la emblemática batalla de Waterloo pasó  muy cerca de él un gato negro, y al verlo, aquel gran valeroso militar fue presa de un ataque de nervios.

Cuentan que Enrique III, rey de Francia, también se desmayaba cuando veía un insignificante gato, y que uno de los Fernandos de Alemania se ponía a temblar inconsecuentemente de los pies a la cabeza cuando veía una gata inofensiva.

Algunos se fueron desplazando del miedo a la fobia, es decir al miedo irracional. Alejandro Manzoni e Isaac Newton vomitaban al encontrarse con la inofensiva y necesarísima agua. Arthur Schopenhauer temblaba cada ocasión que veía una navaja de afeitar. Schumann y Chopin tenían un miedo infantil a la oscuridad. Maupassant le tenía horror a las puertas.

Se ha llegado a afirmar que el mismísimo Marco Tulio Cicerón no pronunció el mejor de sus discursos, aquel famoso Pro Milone, es decir el discurso sobre “el miedo de los hombres”, precisamente sin miedo, sin que estuviera temblando y golpeando sus rodillas una con otra cuando estaba ante su atento auditorio.

5.-     Y así, el hombre se ha ido olvidando que su vocación es la de ser más grande que cualquier cosa que pudiera sucederle.

En la historia clásica "Pinocho" del Escritor Italiano Carlo Lorenzini, hay una escena en la que el Hada le da un medicamento a Pinocho que tiene una fiebre muy alta. Después de todas las peripecias para que aceptara el medicamento. El Hada le pregunta ¿por qué no querías tomarlo? y responde Pinocho: "- Oh, todos los niños somos iguales. Tenemos más miedo de la medicina que de la enfermedad."

Recuerda Arturo Paoli que “los primeros pilotos aéreos que trataron de atravesar la barrera del sonido perdieron la vida porque, al tener la impresión de topar con una superficie dura, de chocar contra una montaña invisible, les sobrevino la reacción natural de frenar, perdían el control e iban a pique o se estrellaban. Hubo uno más intrépido que, en lugar de frenar, aceleró, y pasó”.

Muchos cristianos nos hemos estado estrellando contra el muro imaginario de nuestros propios miedos porque, sin darnos cuenta, pisamos el freno cuando constatamos que en el mundo actual nuestra vida despierta más conmiseración que admiración.

6.-     Al miedo se le puede enfrentar de dos maneras: con valor y con seguridad, y es esto lo que nos menciona hoy el Evangelio. El valor: “ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo”, y la seguridad: “En cuanto a ustedes, hasta los cabellos de su cabeza están contados”.

7.-     Primero está el valor: ¿Qué es un valor? Un valor, en su sentido más simple, es aquello que interna o externamente nos hace valer más. Al mismo tiempo, debemos ser conscientes de que un valor es también en su sentido auténtico y estricto, aquello que nos debiera plenificar como personas. Si algo me degrada como persona o degrada a los demás como personas, eso no puede ser considerado como un valor.

Los valores constituyen una relación en cuanto que nos enriquecen y, al mismo tiempo, integran una percepción de algo magnífico y que nos conduce a querer vivirlo y enfrentar con dignidad cualquier tipo de situaciones por difíciles que parezcan.

Los valores, también son las aptitudes propias de las cosas y de cada uno de nosotros, que nos ayudan a satisfacer las necesidades que imperan en nuestra vida y que nos proporcionan bienestar.

Los valores, y esto es lo más importante, pueden ser actitudes de la voluntad del hombre que son iluminadas por la inteligencia. Un valor también puede entenderse como una cualidad del ánimo, fundamentada en estas mismas actitudes, y que nos puede conducir a realizar grandes empresas o a enfrentar los más diversos peligros sin tenerles miedo.

Decía Ernest Hemingway que el valor es la gallardía bajo presión.

8.-     Pero también está la seguridad: Se trata de aquello que nos hace falta hoy en día para vivir “a tope” los valores del Evangelio.

¿No te has fijado, cómo para enfrentar algunos de los factores atemorizantes, nuestra sociedad ha previsto un sistema de seguridades externas a nosotros mismos?

Se venden seguros para los coches, para la vivienda, de gastos médicos, para tu negocio, para los estudios, para el viaje, etc...

Pero, hay algo que nuestra sociedad no ha logrado ni logrará asegurarnos: la paz  y la tranquilidad interior.

Si algo dejó, en el corazón del hombre actual, los terribles y reprobables acontecimientos del ya tristemente  célebre: martes 11 de septiembre del 2001, fue el sentimiento de inseguridad, impotencia, pánico, angustia... Ese día, nos pudimos dar cuenta de la gran razón que tenía Séneca cuando escribía: “una era construye las ciudades y una hora las destruye”.

9.-     Y nosotros es en Jesús en quien tenemos nuestra seguridad puesto que “hasta los cabellos de nuestra cabeza están contados”, y si bien la angustia no es suprimida si es situada, porque para nosotros la esperanza es certeza, el dolor es iluminado y, aún la muerte se vuelve fecunda.

La vida cristiana marca una pauta de distinción en relación a cualquier forma de vida en que esté ausente Cristo.

A aquél al que se le hace patente, en la figura de Jesús, que existe un fundamento del mundo y que él es objeto de amor, le será posible perder el miedo.

Los cristianos, a semejanza con todos, no sabemos lo que vendrá mañana, pero, a diferencia de todos, sí sabemos quién viene.  Y así, aquel que posee la certeza sobre la última hora de la vida no tiene por qué temerle al minuto próximo.

Un buen cristiano no le tiene miedo ni a los rechazos, ni a las enfermedades, ni a los problemas, ni a la incertidumbre, ni a lo desconocido. El cristiano sólo le debe temer a una cosa: el no cumplir con su misión, puesto que es ahí en donde se le puede ir la vida y la mismísima eternidad. Al final de cuentas el dejar de cumplir nuestra misión es “hacerle caso a Aquel que mata el cuerpo y el alma y los lanza al lugar de castigo”,  y a ese sí es al que le debemos tener miedo, como nos lo ha mencionado el Maestro.

 

 

NADA TE TURBE.

“          En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: No teman a los hombres. No hay nada oculto que no llegue a descubrirse; no hay nada secreto que no llegue a saberse. Lo que les digo de noche, repítanlo en pleno día, y lo que les digo al oído, pregónenlo desde las azoteas

No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman, más bien, a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el cuerpo.

1.-     Amigo muy querido: Continuemos hablando hoy sobre el miedo.

¿Sabías tú que de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, junto con otras alteraciones del cuerpo, la enfermedad que más está afectando a los hombres de este naciente tercer milenio es la depresión? ¿Sabías tú que de acuerdo a la Comisión Pontificia de la Salud durante un encuentro realizado el 30 de Noviembre del ya pasado 2003 el hombre de este siglo XXI ha sido definido como el “Homo Pavidus”, el hombre atemorizado?

2.-     Y es que los hombres, solemos confundir el miedo con la preocupación y con la ya mencionada angustia, pero en la realidad son realidades distintas.

El miedo nos lo provocan los seres o las situaciones reales y tangibles de este mundo.

La preocupación, por su parte, suele ser esa actitud que todos tomamos ante una solicitud particular y concreta que se nos ha hecho, o el cuidado que tenemos a propósito de un trabajo o de una misión que se nos delega, sobre todo cuando desconocemos ese campo o es la primera ocasión que ponemos un pie en él.

La angustia, por su parte y cómo ya lo hemos referido someramente, es una inquietud que brota de las profundidades del yo, una incertidumbre, sobretodo, frente a la muerte o en relación a un futuro que siempre será incierto.

El mismo Platón en el diálogo llamado “Fedón” dice que hay escondido en todos nosotros un niño que tiene miedo a la muerte, y hasta Sócrates no se considera inmune a este miedo, ya que afirma en la “Apología” que él no es de piedra o de madera.

3.-     Todos nosotros, que también somos susceptibles por las diferentes expresiones del miedo, debemos escuchar la invitación que nos hace el Señor Jesús en el Evangelio del día de hoy: “No tengan miedo”.

El cristiano es invitado por Cristo a ser impertérrito. ¡Que, ¿qué significa imperterrito?! Significa: impávido, intrépido, valiente y audaz en todo tipo de situaciones.

4.-     Te quiero recompartir una escena de mi vida familiar, y obviamente personal: Cuando como estudiante de nuestro Seminario de Monterrey, un servidor había sido enviado a estudiar la teología y un postgrado a la Universidad Pontificia de México, en la delegación de Tlalpan de la ciudad de México, recuerdo que en unas vacaciones del año 1989 había venido a Monterrey y estaba en la casa de mis padres junto a mi madre adelantando un trabajo sobre la materia Moral de la vida. El tema que desarrollaba conforme a la delegación del maestro versaba sobre aquellas situaciones y realidades que provocaban miedos y fobias en un hombre que se acercaba vertiginosamente a los momentos finales del siglo XX.

-“¿Qué haces?, hijo”- Me preguntó mi madre. A la pregunta le respondí: “que junto con un grupo de compañeros seminaristas, elaborábamos un trabajo en base a las respuestas proporcionadas por la gente sobre una encuesta que habíamos aplicado en la ciudad de México y en nuestras ciudades de origen”.

Así mismo, continúe, “ante la pregunta que les hicimos: “¿Y usted en este fin de milenio a qué le tiene miedo?”, las personas encuestadas habían coincidido en cinco motivos a los que les tenían miedo”. “¿Y a qué le tienen miedo?” Volvió a preguntar mi mamá.

Le contesté: “Algunos nos respondieron que le tienen miedo al dolor, otros que a la enfermedad, otros más que a la soledad, algunos otros habían respondido que al fin del mundo, y otros más que les atemorizaba la muerte”.

Mi madre se me quedó mirando y yo le pregunté: ¿y usted a qué le tiene miedo?, a lo que ella me dijo que a nada de lo que le había mencionado ella le tenía miedo, es decir ni al dolor, ni a la enfermedad, ni a la soledad, ni al fin del mundo, ni a la muerte. Entonces le pregunte específicamente y me le quede mirando: “y usted, mamá ¿no le tiene miedo a la muerte?...”

Y ella me respondió: “Hijo, yo nunca le he tenido miedo a la muerte después de que ustedes, mis hijos, crecieron. Yo le tenía un cierto miedo a la muerte cuando ustedes eran niños, cuando eran pequeños. Yo no quería abandonarlos físicamente cuando ustedes me necesitaban, antes de que crecieran, me preocupaba dejarles desamparados, que no tuvieran  a su lado quien les alimentara, quien les vistiera, quien les ofreciera un medicamento, alguien que les enviara a  la escuela, una persona que les defendiera y diera la cara por ustedes… Pero, ustedes ahora han crecido lo suficiente, casi todos están casados y tú ya pronto te ordenarás sacerdote, si Dios así lo quiere... Ahora, yo no le tengo miedo a la muerte”.

5.-     ¡Oye!, ¿Y tú a qué le tienes miedo?

¿Sabías que por ejemplo Carl Gustav Jung menciona que el hombre de hoy le tiene miedo al silencio? El menciona que, “quien tiene miedo busca el ruido y el bullicio que ahuyenta los demonios (los medios primitivos adecuados eran los gritos, la radio, la televisión, la música, los tambores, los fuegos artificiales, las campanas, etc...) El ruido nos inspira seguridad, pues nos hace simular como que nos hallamos en medio de una multitud, nos protege de nuestras reflexiones dolorosas, disipa nuestros sueños de ansiedad, nos asegura que estamos todos juntos, que causamos tal barahúnda que nadie se atreverá a atacarnos. El alboroto es tan inmediato, tan avasayadoramente real, que todo lo demás queda relegado al estado de un pálido fantasma. Nos exime de todo esfuerzo, pues el aire mismo retumba al impacto de nuestra invencible manifestación de vida”.

A diferencia de lo anterior,… “En el silencio y en la soledad, el temor me haría reflexionar, y es difícil preveer todo aquello de lo que podríamos tomar conciencia. La mayoría de la gente tiene miedo al silencio; de ahí que cuando cesa el ruido constante de una discusión, por ejemplo, hay que hacer algo, decir algo, silbar, cantar, toser o murmurar. La necesidad de ruido resulta casi insaciable, aun si a veces la barahúnda llega a hacerse intolerable. Aun así, es mejor que nada. En el tan traído y llevado “silencio sepulcral”, se respira una atmósfera siniestra. ¿Por qué? ¿Es que rondan por allí los fantasmas? En absoluto. A lo que realmente tememos es a lo que pueda surgir de nuestro interior, es decir, lo que el ruido ha suprimido”.

6.-     ¿A qué le tenemos miedo tú y yo? Una de las grandes angustias del hombre actual radica en el experimentarse sólo, “espantosamente sólo ante la nada”, como lo decía el presidente de la Asociación mundial de psiquiatría, D. Juan José López Ibor.

También las personas le tenemos miedo al enfrentarnos con la noche. En realidad aún los amigos de la noche han inventado sus maneras de convertirla en el camuflaje de sus días…

Las personas preferimos los días, porque todos preferimos la luz del día, en donde las cosas no nos cuestan tanto esfuerzo. Durante la luz del día nuestros ojos no necesitan agudizarse para percibir los movimientos, ni los colores, ni las formas de las personas y de los objetos.

La noche suele entrañar una virtud, que pocos conocemos: la noche nos sensibiliza, así nuestra noche cronológica como nuestra noche espiritual.

7.-     Durante prácticamente ocho años durante estos días un servidor disfrutaba de unos ejercicios espirituales en una casa de retiros en Pablillos, Galeana, N. L.

Aparte del tiempo dedicado a la oración, a la reflexión, a la meditación, creo que un gran regalo de Dios, han sido todas esas noches en las que después de rezar las últimas oraciones nos retirábamos a descansar en el silencio.

Antes de dormirme, salía de mi habitación y me quedaba mirando el cielo fijamente hasta que la pupila de mis ojos se dilataba y alcanzaba su máxima sensibilidad: Entonces miles de estrellas se podían ver en el firmamento.

Puede resultar una paradoja o una contradicción lo que te expreso, pero te puedo decir que: Poco a poco, los sentidos se iban sensibilizando.

Durante las horas-luz las cosas se nos obsequian solas. Durante la noche, el obsequio suele ser de nuestros sentidos, es sólo entonces que somos capaces de ver aquellas estrellas que se encuentran más distantes. Y así pasa con nuestra vida interior,...

8.-     ¿Te has dado cuenta? Muchas personas piensan que el acercarnos a Dios, nos hace inmunes a las dificultades. Y se encuentran en un error. Todos tenemos que enfrentar en algún momento de la vida, la muerte de un ser querido, la enfermedad que nos puede postrar en el lecho, la soledad, la injusticia, la persecución, el desempleo...

El que alguna persona como tú y como yo frecuente la santa Misa o asista a una experiencia de retiro, no le aleja absolutamente de los problemas, no le vacuna contra las dificultades, no le aísla de la incomprensión y de las situaciones difíciles en la familia.

Debemos comprender que nuestra vida no cambia en la cercanía con Dios, qué quienes cambiamos somos nosotros, y que entonces se nos capacita para vivir la existencia de una forma distinta.

9.-     Es en la noche de las dificultades en donde surge la luz de la fe y el brillo de la esperanza. Los cristianos hemos aprendido que Dios no quiere el dolor, ni la muerte, ni la enfermedad, ni la soledad, ni el abandono, y tan es así que Él no lo quiere, que todo aquello que nos hace sufrir a nosotros, a ti y a mí, fue lo mismo que hizo sufrir a Cristo.

Amados hermanos: Dios me ha hecho comprender, que no debemos ponerle un signo de interrogación a todas aquellas situaciones en las que Dios le ha puesto un punto final.

10.-   ¡No tengan miedo!, nos dice el Señor.

El discípulo que confía, aquél que en Jesucristo vence sus miedos, se convierte en un testigo fiel, que apoya su fidelidad en el Dios que es fiel.

Para nosotros, la confianza en Dios, aún en las horas de crisis nos dará una seguridad indefectible para ser verdaderamente cristianos.

Hace falta que todos nosotros presentemos los colores cristianos en el óleo de la vida, de no ser así, sobrevendrán aquellos que colocan las tonalidades grises del miedo y del pesimismo, en el suave lienzo de Dios.

 

LOS CABELLOS DE NUESTRA CABEZA.

“          ¿No es verdad que se venden dos pajarillos por una moneda? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae por tierra si no lo permite el Padre. En cuanto a ustedes, hasta los cabellos de su cabeza están contados. Por lo tanto, no tengan miedo, porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo.

1.-     Muy queridos amigos:

El mensaje del Evangelio en este día me ha resultado inseparable del recuerdo afectuoso sobre una persona muy especial para ti, para mí, para la Iglesia,… y no tengo miedo de decirlo que fue también sumamente especial para este nuestro mundo.

¿Tú sabes a quien me estoy refiriendo?... “No tengan miedo”, me recuerda un momento importante en la vida del cristianismo reciente. Hablemos acerca de él.

2.-     Todo se remonta hasta aquel año 1978, fue el año en que nuestra amada Iglesia católica vivió bajo la conducción de tres sucesores del Apóstol san Pedro.

De esta manera, después de la muerte del Papa Paulo VI, y de un Pontificado temporalmente fugaz de Juan Pablo I, el colegio cardenalicio, bajo la guía del Espíritu Santo, se encerró en la Basílica de San Pedro para elegir al que sería el sucesor número 264 del Pescador de Galilea.

Fue el lunes 16 de Octubre de 1978, cuando después de ocho turnos de escrutinio que en el cónclave para elegir al Papa, por fin salió el humo blanco por la chimenea; poco tiempo después, cuando eran las 7:00 P.M. Monseñor Pericle Felici, decano de los Diáconos Cardenales salió al balcón e hizo el siguiente anuncio: “Tenemos Papa”.

¡Qué momentos tan inolvidables! Y pensar que ahora conocemos que siete horas antes de que esta escena se trasmitió a través de los medios de comunicación masivos, en aquella inolvidable tarde del lunes 16 de Octubre de 1978 el Cardenal de Cracovia: Karol Wojtyla después de la comida se había dirigido hacia la celda del arzobispo primado de Polonia, el cardenal Wyszynski, para atender un llamado que le hizo durante la ingestión de los alimentos, la tensión en ese momento era enorme. “Si lo eligen, por favor no lo rechace”- Le dijo en tono paterno el cardenal Wyszynski a Karol Wojtyla-. Dios, Espíritu Santo, estaba sobrevolando aquel recinto.

Lo que sucedió después ya nos lo ha narrado el mismo Juan Pablo II: “A Cristo Redentor he elevado mis sentimientos y mi pensamiento el día 16 de octubre del año pasado (1978), cuando después de la elección canónica, me fue hecha la pregunta: “¿Aceptas?”. Respondí entonces: “En la obediencia de fe a Cristo, mi Señor, confiando en la Madre de Cristo y de la Iglesia, no obstante las grandes dificultades, acepto”.

El pasaje que nos refiere el mismo Juan Pablo II en el número 2 de la Redemptor Hominis, nos narra el momento en el que ya se había celebrado, como mencionábamos, el octavo turno del escrutinio durante aquel cónclave para elegir al sucesor del Vicario de Cristo. Durante la lectura y el cómputo de las papeletas en el sigilo de aquella habitación consistorial, el cardenal Karol Wojtyla se erigió por un momento y luego escondió la cabeza entre las manos. Continuaba el cómputo de las boletas, pero ya todos los cardenales sabían la voluntad de Dios, manifestada en aquella acción del Espíritu Santo: el Arzobispo Metropolitano de Cracovia había sido elegido como Pontífice de la Iglesia. Fue entonces que el cardenal camarlengo Jean Villot, se acercó al cardenal Wojtyla y, de acuerdo al procedimiento, le preguntó: “¿Aceptas?”... El resto él mismo nos lo ha narrado.

3.-     El Cardenal Felici era el encargado de anunciar la noticia del nuevo Pontífice y entonces se encargó también de presentarlo, pronunciando con dificultad el nombre de Karol Wojtyla, mencionó primero Carolas,... en la inercia del latín y del italiano, y después reconvino: Karol Wojtyla. El nuevo Papa era de origen Polaco e iba a asumir el nombre de Juan Pablo II.

Hacia las 7:15 P.M. apareció al balcón Su Santidad Juan Pablo II, revestido con aquellos ornamentos rojos con vivos dorados sobre la impecable sotana blanca y, sonriente, con esa mirada y ese semblante que manifestaban esa paz que sólo proviene de Dios. La escena es imborrable de nuestras memorias: Él abría sus manos para saludar a todos aquellos fieles cristianos provenientes de todo el mundo y que se hallaban reunidos en la plaza de San Pedro, lo mismo que nos saludaba a todos los fieles católicos que lo veíamos por la magia de la televisión o que le escuchábamos por la grandeza de la radio.

Y entonces él pronunció su primer mensaje. Aquellas primeras palabras que pronunció son imborrables de mi memoria, y no son otras sino las del Evangelio de este domingo: “Non habiate paura”, “¡No tengáis miedo!”, “¿Por qué?”, “Porque Cristo está con nosotros”. “¿Cuándo?”, “Ahora.”

 “Non habiate paura” “¡No tengan miedo!”

4.- “No tengan miedo”. Pero, ¿Cómo podemos vencer el miedo que experimentamos en la vida?

El miedo se vence con seguridades. Las personas nos fiamos y confiamos de lo que nos da seguridad.

Los cristianos sabemos que nuestra seguridad solamente puede encontrarse en Dios. Cuando el hombre tiene su seguridad puesta en Dios, que camina al lado de cada uno de nosotros, es entonces cuándo se pierden los temores.

Es por ello, que el cristiano tiene una actitud distinta en la vida. Sabemos que Cristo es infinitamente más grande que cualquiera de nuestros problemas, y que Él mismo nos ha querido hacer, por su gracia, más grandes que aquellas cosas que puedan sucedernos.

 “Non habiate paura”, “¡No tengáis miedo!”, “¿Por qué?”, “Porque Cristo está con nosotros”. “¿Cuándo?”, “Ahora.”

 “Non habiate paura” “¡No tengan miedo!”

5.-     El cristiano debe aprender a vivir en este mundo, que se presenta con sus retos ante cada uno de nosotros.

¿Sabes? Durante esta semana me volví a topar con esa bella oración que escribió santa Teresa de Jesús:
Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda.

La paciencia, todo lo alcanza quien a Dios tiene, nada le falta.

Sólo Dios basta, sólo Dios basta, sólo Dios basta, Aleluya.

Quien a Dios tiene, nada le falta, aleluya.

Queridos amigos: ¡La paz esté con ustedes! No tengan miedo,...

6.-     Alguien quizá este día quisiera preguntarme: Y usted padre Rogelio, ¿a qué le tiene miedo?

Te soy sincero, en lo personal, no le suelo tener miedo a alguna situación. Pero hay algo ante lo cual tengo temor: le tengo miedo a lo que destruye al otro, a lo que me hace déspota, egoísta, despreciable, y a no encontrarle sentido a la vida. Le tengo miedo a esto anterior por que es lo que me aleja de Dios y de mis hermanos y me puede llevar a negar ante los hombres a Aquel que debo predicar con las palabras y con mi ejemplo.

Es muy posible que ya te lo haya contado y que este pasaje te parezca demasiado familiar, pero en este tenor de los miedos y de la presencia invariable de Dios quisiera reiterarte que hace algunos años, nos tocó en la familia vivir una situación difícil que mis hermanos y hermanas, pueden recordar. De pronto nos encontramos sumergidos en esa noche oscura, que todos los cristianos vivimos en algún momento, y que una vez que la hemos superado, nos damos cuenta de que esa noche oscura junto a Dios, es en mucho más valiosa que todos nuestros días iluminados.

7.-     De qué se trataba,… de un momento de desempleo, de la muerte de un sobrinito a quien le guardamos muchísimo afecto, de un lamentable accidente de uno de mis hermanos.

Fue en esas circunstancias en que uno le pregunta a Dios sobre lo que nos está sucediendo, y así fue que llegó a mis manos ese pensamiento que se ha difundido tanto y que se le ha titulado: Las Huellas.
Habla sobre ese hombre que en sus sueños ve impresas en la arena húmeda dos pares de huellas en cada episodio de su vida. Esos dos pares de huellas coincidían inseparables con los momentos de alegría, con el nacimiento, con el cumpleaños, con la graduación, con el ascenso del trabajo, con el noviazgo, con el matrimonio, con el nacimiento de los hijos, con la compra de una casa nueva...

Pero de pronto, hay algo que le sobresalta:  y es que se da cuenta que solamente aparece un par de huellas, o por mejor decirlo que desaparece un par de huellas,… y que el sólo par de huellas aparece en los momentos difíciles,… así en la enfermedad, en la soledad, en el abandono, en el despido del trabajo, en la enfermedad, en aquel accidente, en la muerte de un ser querido... Fue entonces cuando:

 “Pregunté triste a Jesús:
Señor tú me habías prometido
que siempre estarías conmigo.
Pero notó con tristeza
en la arena al  caminar
que no hay los dos pares de huellas
que se debieran notar.

¡Dime! En dónde están las otras dos
que indican tu compañía
cuando la tormenta azota
sin piedad la vida mía.

Y el Señor me contestó
con ternura y comprensión:
Escucha, bien hijo mío
Siempre te amé y te amaré,
Y siempre a tu lado estaré.

Pero si ves sólo dos huellas
En la arena al caminar
Y no ves las otras dos
que se debieran notar
Es que en tu hora afligida
Cuando flaquean tus pasos.
No hay huella de tus pisadas,
Por que yo te llevo en mis brazos.

8.-     Dime, ¿quién de nosotros no se ha experimentado en algún momento de la vida que ha descansado sobre los fornidos hombros del Buen Pastor? Tú y yo sabemos que hay muchos momentos en la vida que si esto no hubiese sucedido no hubiésemos continuado adelante.

 

NEGANDO LA NEGACION.

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: A quien me reconozca adelante de los hombres, yo también lo reconoceré ante mi Padre, que está en los cielos; pero al que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre, que está en los cielos”

1.-     Muy queridos amigos:

Hay algo que acontece en nuestros días y que me está llamando poderosamente la atención, al mismo tiempo que me entristece y me preocupa en sobremanera.

Hoy me alarman todos los profetas de la desgracia, del miedo y de las catástrofes que deambulan por las calles y que tocan diariamente a nuestras puertas. Pero, ¿sabes qué? Me preocupa más todavía, el que los cristianos no tengamos un criterio definidamente claro como para que así descubramos al mensajero de Dios, de aquellos que han eregido su propio mensaje.

El Señor nos invita en el Evangelio del día de hoy para que no le neguemos ante los hombres, y esto debería de cuestionarnos a no pocos que hemos llegado a negar al Señor, si bien no en su persona, sí en su enseñanza, abandonando su Evangelio y siguiendo otro tipo de pensamientos, algunos que se quedan en un Antiguo Testamento, que en Cristo ha sido llevado a la plenitud, y algunos otros hasta en otras apariciones y hasta otros profetas, defendidos como si fuesen nuevos “mesías”.  

2.-     Un profeta auténticamente es alguien que ha sido llamado por Dios para que sea heraldo de la verdad, testigo de la voluntad divina, mensajero de la salvación, y en este profeta la virtud principal que se le ha de pedir, como a todo servidor de Dios es la virtud de la lealtad.

Hoy, hay tantos pseudo-profetas y pseudo-apóstoles que lejos de llevar el mensaje de Cristo llevan su apreciación propia y errónea de la verdad.

Pero,… ¿Cómo podremos distinguir a un verdadero apóstol de un falso apóstol?

Te invito para que distingas en primer lugar a alguien que sólo hace proselitismo de alguien que auténticamente se dedida a evangelizar.

Aquel que hace proselitismo es aquel que quiere imponerte una doctrina utilizando precisamente el recurso del miedo, que te atemoriza con la condenación eterna si es que no piensas como él, son aquellos que basan su predicación en la descalificación y el ataque contra el otro. Se sienten tan poco seguros de lo que ofrecen que tienen que estar hablando mal de los demás y enviando al infierno a todos los que no llegan a pertenecer a su grupo de personas que dicen “ya estar salvadas”.

Aquel que evangeliza, el promotor del Evangelio no necesita amedrentar. El que evangeliza jamás anuncia un mensaje de condenación sino de salvación, no proclama mensajes de muerte eterna sino que anuncia la buena nueva de Cristo que ha venido al mundo no para condenar sino para salvar a todos los hombres. Aquel que evangeliza sabe que el juicio eterno, que es misericordioso, le toca solamente a Dios y que él no puede saber el destino final de nadie, y que por lo tanto no puede estar señalando a nadie.

3.-     El falso profeta es el que hace proselitismo, el verdadero profeta es el que evangeliza.

Engendra tristeza en el alma, encontrarnos con aquellos que han convertido la cruz en espada, la vida en muerte, la luz en tinieblas, y que imponen ya no con la fuerza física, como un día se acusó al cristianismo y con ello al catolicismo, sino por la coacción psicológica un mensaje que solamente debería de ser de amor y de misericordia. Si el mensaje de Jesucristo no es un anuncio de amor por los hombres, ese mensaje está siendo falseado. ¡No les hagas caso!, ellos están negando con su predicación al Señor ante los hombres, y lo peor de todo es que están usurpando su nombre.

Pero, ¿a quién le hacemos caso?, te preguntarás… a aquél que te predique a Cristo, en la forma en que Jesucristo nos ha predicado.

Provoca vergüenza, encontrarnos con aquellos que chantajean, que manipulan, que fuerzan las estructuras psicológicas de los hombres y le desvirtúan.

Genera incomodidad, toparnos con aquellos que al no tener argumentos ni razones suficientes para sus predicaciones, entonces echan mano de la manipulación de las conciencias.

Ellos bien saben que en la medida en que el temor avanza, retrocede la lógica y la razón se atrofia.

6.-     Lo que esta tarde, comparto contigo no tiene la intención de hacerte caer en el universo de la sospecha, ni mucho menos de sembrar en tu persona el escepticismo. Por el contrario, estoy convencido de que en el momento en que no existan criterios objetivos en torno a la verdad, nuestro mundo se convertirá en un terreno de cultivo para la sospecha de todo hombre y el escepticismo ante los propios reclamos de respeto.

A ti que predicas de esta manera, por las calles, es tiempo de que te cuestiones: ¿Es a Jesucristo al que predicas? ¿Acaso eres tú el que puedes decir y decidir quién va al infierno y quién no? ¿Tú tienes la facultad de mencionar quien gozará de la dicha eterna y quién será reo de la muerte perpetua?

Salvo aquello que nos dice el Señor Jesucristo con toda claridad en Mt 25,31-46 al mencionar a aquellos que demos o no demos de comer, de beber, de vestir, de hospedar… al que tiene necesidad, no existe otro criterio que posea tanta claridad,… Me dirás ¡Es que en el Apocalípsis 21,8; 22,15 menciona una lista de personas que irán al lago de azufre!, y el Deuteronomio, y el profeta Isaías,… pues le tocará al Señor cuando llegue el momento juzgarnos y no a ti. O no le crees a lo que se nos dice en Romanos 14,10: “¿Por qué te eriges en juez de tus hermanos?”

Nos habla Dios, también por la carta del apóstol Santiago 4,12: Uno solo es el legislador y juez, que puede salvar o perder. En cambio tú, ¿quién eres para juzgar al prójimo?

Hermano, que predicas tu interpretación tocando las puertas de las casas, ¿no me digas que no habías leído estos textos de la Sagrada Escritura?

Me parece, verdaderamente lamentable, el que alguien que se hace llamar “cristiano”, le pueda decir a un niño católico de 8 años, que no haga la primera comunión porque si recibe el Cuerpo de Cristo, Pan de vida y su Sangre preciosa en el vino consagrado, bebida de salvación, se va a ir al infierno. ¡Qué pobres recursos tienes para predicar tu doctrina!

7.- ¡No tengan miedo!, nos dice el Señor.

Y, sin embargo, hay tantos pitonisos del miedo sueltos en nuestras calles. Existen tantos vaticinadores del infortunio y de la angustia. ¡No les hagas caso y acércate a tu parroquia!

A ti católico que me escuchas, no aceptes evangelios del miedo, no permitas que introduzcan en tu corazón la neurosis de aquellos que predican a un Dios vengativo que nada tiene que ver con Jesucristo, el Hijo de Dios.

Cuando alguien llegue a tu casa a predicar sus apreciaciones, acuérdate de lo que dice san Pablo en su carta a los Gálatas 1,8-9: “Pero aun cuando nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciara un evangelio distinto del que os hemos anunciado, ¡Sea anatema! ¡Sea Maldito! Como lo tenemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os anuncia un evangelio distinto del que habéis recibido, ¡sea anatema!”

8.-     ¿Qué si es otro Evangelio distinto?

Claro que lo es, porque Cristo vino al mundo a dar la vida no a predicar muerte. Cristo trae la buena nueva no mensajes de condenación. Cristo vino a dar su vida por la salvación de todos los hombres y no para que se salven solamente un pequeño grupo de engreídos que han usurpado el lugar de Dios, que piensan que se han sentado en el trono de su majestad divina, y que desde allí deciden ellos quien se salva y quien no se salva.

A propósito: tenemos que distinguir entre “ser salvos” y “estar salvados”.

Todo hombre de esta tierra es salvo porque la obra de Cristo tiene alcances universales, pero para que alguien que se dice salvo esté salvado, hará falta el testimonio y la congruencia de la vida. Si los predicadores del miedo saben distinguir entre un participio pasivo y un participio activo comprenderán lo que te digo: Es distinto “ser salvo” y “estar salvado”. Si no pregúntaselo a san Pablo que nos dice con sencillez y con sinceridad en la primera carta a los Corintios: “no sea que, habiendo proclamado a los demás, resulte yo mismo descalificado”

9.-     Te invito para que seas discípulo y testigo de Jesucristo, aquel en quien podemos confiar.

El discípulo que confía, aquél que en Jesucristo vence sus miedos, se convierte en testigo fiel, que apoya su fidelidad en el Dios que es fiel.

La confianza, aún en las horas de crisis nos dará una seguridad indefectible para anunciar con toda libertad el mensaje de Dios.

Hace falta presentar los colores cristianos en el óleo de la vida, de no ser así, sobrevendrán aquellos que colocan las tonalidades grises del miedo y del pesimismo, en el suave lienzo de Dios.

Lo que nos hace falta, es vivir “a tope”, antes de predicar, los valores del Evangelio, que bien podemos identificar con los frutos del Espíritu Santo: amor, alegría, paz, comprensión, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza.

10.-   “A aquel que me niegue delante de los hombres yo también lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos”. Y dime, ¿cómo es que las personas podríamos negar al Señor de la misericordia, y al Dios del amor? Pues te dire que efectivamente cuando niegues que Jesús es Dios y que Jesús es Señor,… después de que se te haya predicado adecuadamente por las palabras y por el testimonio su Evangelio y no mi evangelio, su Verdad y no mi verdad, su Amor y no mi amor, su Camino y no mi camino, su Vida y no mi vida,,, en ese momento,… pero también en el momento en que confesando con tu boca y creyendo con tu corazón que Jesús es el Señor de la Misericordia niegues su misericordia y profesando la fe en Jesús como el Dios del Amor niegues su amor para los hombres.

Es que son unas personas excelentespues poseen una fe fenomenal, me dirán algunos de ustedes, ¿estás seguro de que poseen una fe fenomenal?, ¿no será que ya estás confundiendo la fe con el fanatismo?... Y me dirás, ¿y quien puede distinguir entre la fe y el fanatismo? Pues bastaría que tú y yo identificáramos la fe como una luz de Dios en nuestro entendimiento mientras que el fanatismo y el fundamentalismo es una razón que se ha oscurecido.

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