Domingo 16 de Noviembre de 2008_______Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

 

LA NECESARIA DESIGUALDAD DE LOS HOMBRES.

“En aquel tiempo Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los cielos se parece también a un hombre que iba a salir de viaje a tierras lejanas; llamó a sus servidores de confianza y les encargó sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro, dos; y a un tercero, uno, según la capacidad de cada uno, y luego se fue.

El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió un talento hizo un hoyo en la tierra y allí escondió el dinero de su señor.

Después de mucho tiempo regresó aquel hombre y llamó a cuentas a sus servidores.

Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: “Señor, cinco talentos me dejaste; aquí tienes otros cinco, que con ellos he ganado”. Su señor le dijo: “Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu señor”.

Se acercó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: “Señor, dos talentos me dejaste; aquí tienes otros dos, que con ellos he ganado”. Su señor le dijo: “Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor, te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu señor”.

Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y le dijo: “Señor, yo sabía que eres un hombre duro, que quieres cosechar lo que nos has plantado y recoger lo que no has sembrado. Por eso tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo”.

El señor le respondió: “Siervo malo y perezoso. Sabías que cosecho lo que no he plantado y recojo lo que no he sembrado. ¿Por qué, entonces, no pusiste mi dinero en el banco para que, a mi regreso, lo recibiera yo con intereses? Quítenle el talento y dénselo al que tiene diez. Pues al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que tiene poco, se le quitará aun eso poco que tiene.

Y a este hombre inútil, échenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación”.

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Muy estimados amigos:

Hoy sale a nuestro encuentro la parábola de los talentos,… una parábola que podría ser considerada como dura y exigente. En esta narrativa el ser humano es presentado como alguien que ha sido favorecido por Dios pero, al mismo tiempo, se le recuerda con gran elocuencia que solamente es un administrador de todo aquello que no le es propio, y para lo que Dios le está pidiendo dos virtudes: la lealtad y la competencia.

Esta parábola de los talentos se encarga de iluminar de manera muy directa y auténtica la naturaleza de todo esos nuestros pecados llamados de omisión.

2.-     Solamente en el hipotético caso de que alguien no se haya sentado a reflexionar con seriedad sobre la profundidad de lo anterior, podrá sacar como conclusión que la religión cristiana es una especie de “opio”, que nos aliena o que nos desfasa, y que nos puede sacar del marco de la realidad.

La religión cristiana debiera ser, en coherencia con el Evangelio, totalmente todo lo contrario. El Señor Jesús nos recuerda que en la vida se nos han entregado talentos de parte de Dios y que todos tenemos la responsabilidad de multiplicarlos.

Fíjate, como de esta manera el Señor nos ubica en el marco de nuestra realidad: todos los seres humanos estamos dotados de una variedad de capacidades para que seamos colaboradores de Dios en la construcción de un mundo mejor. Y, fíjate, como la grandeza de nuestra vida consistirá no en aquello que tengamos de más o de menos en relación con los demás, sino en aquello que cada uno de nosotros pueda hacer con ese más o con ese menos que recibió en el origen de la propia vida.

3.-     La verdad es que varios juicios injustos se han erguido, a lo largo de los tiempos, contra esta parábola: ¿Por qué cada uno recibe distintos talentos? ¿Por qué uno resulta menos favorecido que los otros dos en los dones delegados por Dios? Y hasta sacamos nuestras conclusiones: ¡Es injusto el que Dios haya hecho distinciones!

Somos tantos los que en este campo pareciéramos proponer una especie de socialismo colectivizante de las virtudes. ¡Es que todos debiéramos ser iguales!...

Y aquí precisamente, no deberíamos de olvidar que es precisamente en la variedad en donde está la riqueza, la fortaleza, la complementariedad, la belleza y la armonía. ¡Abre bien los ojos y date cuenta! La variedad, la diversidad y la multiplicidad de la naturaleza se dan en toda la creación y también entre los hombres.

En nuestra sociedad industrio-cibernética se estila fabricar todo en serie: libros, zapatos, automóviles, televisores, trajes, casas, Wiis, Iphones... Lo anterior, no representa complicación alguna,... nuestros problemas surgen cuando éstas pretensiones se hacen extensivas a la vida del hombre o a las relaciones entre las personas.

Pareciera que esta es la pretensión y la presunción de la ciencia respecto al hombre en la actualidad: manipular y regir con la biotecnología los estándares en la producción de un ser humano que se busca seriarlo. Hoy, el hombre quisiera clonar y que hubiera 5 Einstein, 5 Da Vinci, 5 Beethoven o 5 Dostoievsky.

4.-     Las pretensiones colectivizantes no se han quedado en lo biológico, sino que también se han transportado al plano de lo psicológico: en muchas de nuestras familias, de las amistades y, sobre todo, en una gran cantidad de matrimonios, queremos que el otro piense las cosas como yo las pienso, que sienta como yo siento, que opine como yo opino, que hable como yo hablo o que se calle cuando yo me callo. Hoy, son tantas y tan variadas las mentes castrantes.

Los talentos recibidos por cada persona son diferentes, por eso no es válido exigir a los demás que vivan o que se exijan como yo, ni tampoco el quedarnos a la mitad del camino porque los demás están cansados.

5.-     El Evangelio nos muestra a tres hombres distintos y a cada uno nos lo muestra con su tesoro. Debemos darnos cuenta de que Dios no nos fabricó en serie sino que nos hizo en serio. Cada uno tiene las propias huellas digitales, la propia configuración genética, muy distinta de la de los demás. Tenemos nuestra propia personalidad, nuestra manera de sonreír, de enojarse, de ser uno mismo.

No podemos pasarnos la vida mirando el patio o el jardín ajeno sin disfrutar del propio. No debes compararte con nadie.

6.-     El Evangelio nos muestra la gran riqueza de la obra de Dios: No tenemos porque ser exactamente iguales. En la creación la variedad es precisamente una de las más claras manifestaciones de la grandeza y sabiduría de Dios: en las flores, en los frutos, en los colores, en la fauna, en los órganos, en la misma sexualidad.

Imagina, por un solo momento, que todas las flores del mundo fueran iguales. Aunque fueran rosas todas las flores, esto empobrecería nuestros campos.

Imagínate un mundo sin gama de colores. ¡Por favor! Elige el color que más te guste y piensa que todas las cosas en la creación fueran únicamente de ese color, sin alguna otra variante. ¿El azul?,… ¿Acaso no te parecería aburrido un mundo monocromático?

Imagínate la fauna de la creación y, si quieres, piensa en tu mascota preferida. Si todos los animales del orbe, fueran solamente de una especie, esto se convertiría en una plaga y perdería su encanto.

Imagínate tan sólo sistemas respiratorios en el organismo humano, sin el sistema circulatorio, sin el sistema nervioso o sin nuestro sistema digestivo. El “ser vivo” no sería un organismo sino acumulación de órganos idénticos. Cada órgano de nuestro cuerpo tiene, en la variedad, su verdadera importancia.

Imagínate que el ser humano fuera monosexuado. Si nuestra humanidad fuera solamente del sexo masculino no habría posteridad, amén de convertirse en un verdadero manicomio. Imagínate que en éste mundo solo existiera el sexo femenino, todos hablarían y nadie escucharía... Este sería el mundo más aburrido de entre los posibles e imaginables.

Todos nosotros disfrutamos con un concierto de violín, de clavecín o de piano.  Todos disfrutamos de un concierto de guitarra clásica o de guitarra flamenca. Pero tú y yo sabemos que, estrictamente hablando, no existe nada tan bello como lo es la polifonía. La polifonía, con la diversidad de sus instrumentos, es la máxima y la más perfecta expresión de la música.

7.-     Yo no logro entender, como es que existimos hombres que quisiéramos que todos los seres humanos fuéramos creados iguales y que detestamos esa sabiduría suprema de Dios plasmada en la biodiversidad, la psicodiversidad, la sociodiversidad...

Imagina éste mundo uniformado, sin esos talentos que Dios le dio a cada hombre:

Imagina que Ludwing Von Beethoven no hubiese compuesto su música, imagina que Don Gustavo Adolfo Becquer no hubiese escrito sus rimas, imagina que Miguel Angel Bounarroti no hubiese esculpido, imagina que Vincent Van Gogh no hubiese pintado, imagina que Gian Lorenzo Bernini no hubiese construido, imagina que Thomas Alba Edison no hubiese pensado, imagina que Madame Marie y Pierre Curie no hubiesen investigado ni experimentado, imagina que Herbert Von Karajan no interpretara, imagina que Luciano Pavarotti no cantara, imagina que san Francisco de Asís no se hubiese desposado con la Dama Pobreza, imagina que no hubiese existido un corazón como el de la Madre Teresa de Calcuta, imagínate un siglo XX sin el Papa Juan Pablo II.

Imagina que un Arquitecto o un Ingeniero no hubiera construido el Templo al que asistes, imagina que el médico que consultas no te atendiera, imagina que el maestro de tu escuela no enseñara, imagina que tu padre o tu madre no cuidaran de su familia, imagina que el Sacerdote no cuidara del Pueblo de Dios, imagina que el gobernante no gobernara.

Un mundo con puros médicos no funcionaría, un planeta con puros arquitectos sería el caos, un universo de puros catedráticos no sería universo, y así podríamos seguir discurriendo..., sin final.

8.-     Para Dios ninguno de nosotros es un número en medio de la infinitud de seres humanos. Dios nos conoce, nos ama, ha pensado particularmente en cada uno, nos trata como a personas, y esperará de nosotros solamente aquello que sabe que nosotros podemos ofrecerle.

Resulta entristecedor que nuestra vida consistiera en mirar a otros que siguen creciendo, mientras que nosotros vamos muriendo en la ociosidad.

La vida cristiana es exigente: cada uno tiene distintos talentos, cada quien debe entregar sus propias cuentas a Dios. Es lamentable constatar, por el contrario, que existimos tantos prudentes que hemos pecado de perezosos. Nuestra inactividad no tan sólo atrofia los músculos y el cerebro, sino también la vida cristiana. Cada uno sufre por su irresponsabilidad. Cada uno sufre la atrofia de sus cualidades, y cuando se atrofia la conciencia porque no queremos estar despiertos no tendremos más remedio que arrastrarnos y mendigar. Y... ¡Entonces también seremos excluidos del Reino de los Cielos!

Es cierto que nadie puede ponerlo todo pero, también es cierto que, todos podemos poner lo nuestro. "El Señor prefiere a aquellos que han corrido riesgos negociando sus talentos sobre aquellos que los entierran bajo la tierra".

 

¿TRABAJAR CAVANDO AGUJEROS?

Después de mucho tiempo regresó aquel hombre y llamó a cuentas a sus servidores.

Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: “Señor, cinco talentos me dejaste; aquí tienes otros cinco, que con ellos he ganado. Su señor le dijo: “Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte de la alegría de tu señor”.

Se acercó luego el que había recibido dos talentos y sucedió lo mismo.

Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y le dijo: Señor, yo sabía que eres un hombre duro, que quieres cosechar lo que nos has plantado y recoger lo que no has sembrado. Por eso tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo.”

1.-     Gentil amigo:

Estamos casi por terminar nuestro camino ordinario, en una semana se concluye el año litúrgico. El Evangelio nos muestra al Rey que se marcha y que está dejando sus talentos al cuidado del hombre.

El próximo domingo celebraremos precisamente a ése Rey, al Rey del Universo.

Esta ubicación contextual nos puede ayudar a entender lo que Dios nos quiere decir este domingo.

Si la semana pasada reflexionamos en torno a la Iglesia, a la casa y a los mercados, por la fiesta de la dedicación de la Basílica de san Juan de Letrán, la continuación y la explicación puede ser la que hoy va a dominar en la reflexión que Dios nos pide que hagamos: En la vida se trata de Fructificar.

Esa es la advertencia, la indicación clara de ésta parábola. O damos fruto, o se podrirá lo que guardamos para que no se escape. O damos vida, o se apodera de nuestra existencia la muerte; pero, quedarme como estoy, ¡no puede ser posible!

Y sin embargo esto es lo que vivimos: ¿Cuántas ocasiones no tiene uno el impulso de querer regresar atrás y hacer lo que tuvimos que hacer o decir lo que tuvimos que decir?

Esa sensación de tránsito, de cambio, de que el ayer no vuelve, produce o nostalgia o esperanza, o rechazo o aceptación, pero no sirve de nada mirar atrás, porque la vida es movimiento y fruto hacia adelante.

Y el no hacer lo que teníamos que hacer, nos condena a que nos pasemos la existencia mendigándole a la vida un poco de salud, un poco de paz, un poco de amor, un poco de tiempo y de todo aquello que tenemos que dar primero porque nadie recibirá lo que antes no haya dado, pero aquello que haya dado fructificará y lo recibirá. Todo fructifica, tanto lo bueno como lo malo; se siembran vientos y se recogen tempestades, se siembra cariño y comprensión y se recoge amor.

Vivir es caminar, avanzar, dejando atrás todo lo que no avanza, aceptando lo imprevisto, aquello que nos sale al encuentro porque en esta vida estamos en movimiento, porque estamos en un camino. Nuestro miedo al futuro o a lo que pueda venir, hace que sea tentador y cómodo asegurar la rutina y no querer saber de novedades.

Todos hemos sido llamados a vivir para fructificar. Toda semilla que no fructifica se pierde. ¿También el hombre? Todos nosotros no somos ni seremos iguales, ¿podemos hacer algo para fructificar hacia la eternidad?

2.-     El talento ofrecido por Dios ni se gana, ni se conquista, ni estrictamente se merece. El talento se recibe de su generosidad.

Los tres empleados de la parábola están equiparados en esta realidad del  don. Un don distinto cuantitativamente. Pero siempre un don. Para todos. En la vida cristiana, pues, el punto de partida jamás estará representado por la nada. Nunca se parte de cero.

 “Me he hecho yo solo”, proclaman habitualmente, con tono de satisfacción, algunos personajes importantes, en los campos más diversos, algunos cercanos a nosotros, “llegados” a posiciones de prestigio.

El Evangelio nos dice que la existencia se construye con un material que se ha puesto a nuestra disposición, que se nos ha dado gratuitamente.

¡Todo es gracia! Y por ello nuestra vida se convierte en tarea, es decir, no es más que la respuesta a un don que todos nos hemos encontrado inmerecidamente entre las manos.

3.-     La intención principal de la parábola es la de amonestar a los oyentes para que aprovechen las ocasiones de la vida presente a fin de realizar algo hermoso, algo bueno, algo justo, algo nuevo. El sentido de responsabilidad se manifiesta en el ánimo que tenemos para intentar.

La vida se desperdicia irremediablemente cuando no hacemos o no intentamos que nos suceda algo.

La fe resulta inútil, es decir, no utilizada, cuando no provoca algo distinto, insólito, asombroso.

El amor muere, y es sepultado, en el mismo instante en que deja de causar sorpresa.

4.-     Dice el Evangelio: “El que había recibido un talento, fue, hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor”. Sería interesante y sorprendente el trazar un mapa de todos los hoyos que se han excavado y que se siguen excavando en el terreno de la vida cristiana.

Aquí tienes tu vida, Señor... Te la devuelvo casi intacta. No me he atrevido a vivir, ni me he complicado. Tenía demasiado miedo a equivocarme.

Aquí tienes el cerebro que me diste, Señor... Está nuevito. No quise correr riesgos de pensar, todo lo que he vivido ha sido asumido de lo que pensaban los demás. He tenido miedo de divagar, de contra-argumentar, de discutir y de poder naufragar en la mar-océano casi infinita de las complicaciones con esta mente que tú me has dado.

Aquí tienes la conciencia que me has dado como donación. Está prácticamente intacta, inmaculada. De hecho, he andado con mucho cuidado al usarla, por miedo a ensuciarla... ¿¡Tú lo comprendes!?

Aquí tienes tu libertad. La he arrinconado, la he aleccionado y la he mantenido bajo estrecha vigilancia (conozco los riesgos a los que me puedo exponer...). Casi nunca me he servido de ella. Es demasiado el compromiso, ¿tú lo entiendes?, ¿verdad?, ¡qué paquetón!

Aquí tienes el corazón que me has dado. En realidad lo he usado demasiado poco, con mucha cautela, con demasiado juicio. No quería exagerar ni comprometerme. Por eso lo he tenido bajo estrecho control, por miedo a que me llevara a hacer locuras, a que me empujase hacia exageraciones inconvenientes.

Aquí tienes toda la imaginación y la fantasía. Quizás ha sido un regalo superfluo, no sólo peligroso. Siempre he mantenido a esta “loca de la casa” bajo llave, candado, cadenas y en cautiverio; nunca la he dejado en libertad. ¿Quién sabe a donde me habría llevado?

Aquí tienes la verdad, anquilosada y endurecida en el desuso, un evangelio embalsamado en la disciplina o desfigurado por mi fariseísmo, una levadura que he enterrado bajo montones de conformismos, una luz puesta debajo de la cama de mi pereza o de la vasija de mi activismo, un espíritu agriado en la burocracia, un nuevo vino en mis avejentados odres, unas bienaventuranzas reducidas a la más estricta conformidad y,... uniformidad.

Aquí esta la fe Señor, la tengo amortajada, como si fuera un cadáver, en el sepulcro de mi mediocridad, de un lenguaje apagado, aunque te puedo decir que es perfectamente ortodoxo.

Aquí está, Señor mi futuro y la eternidad comprometidos en la reedición interminable de un pasado rancio. Aquí te entrego mis sueños neutralizados por el desencanto.

Aquí está la proclamación de la palabra secuestrada por la costumbre, la frescura de mi bautismo disecado por la rutina y por el cálculo oportunista, aquí te entrego la misericordia estrangulada por mis temores.

Aquí están mis liturgias y mis cantos que se convierten en un triste desencanto por el aburrimiento, el gorjeo, los gritos desgañitados que buscan amedrentar las conciencias, así como por mis cantinelas insoportables.

Aquí está tu palabra que se convierte en una letra muerta, repetitiva, diseccionada de manera pedante en el quirófano de mis pretensiones, sometida a una brutal cirugía en los laboratorios especializados de una interpretación sin alma y sin calor y sin poesía. Aquí está tu palabra a la que se hace circular privada de su potencial, anónima, impersonal, aséptica.

Aquí está tu palabra alejada de la vida real, de los problemas concretos de todos mis hermanos, comentada muchas veces para anunciar sonoramente la eternidad pero eludiendo todos los compromisos con el presente. Aquí está tu palabra adormecida o sacrificada bajo los ropajes del triunfalismo y todas esas frases rimbombantes.

5.-     Aquí está el talento oculto bajo la tierra. “Yo sabía que eres un hombre duro, que quieres cosechar lo que nos has plantado y recoger lo que no has sembrado”. Aquí tienes lo tuyo. ¿Estas satisfecho?

Aquí está tu palabra sofocada, pesada, descuidada, medida, incapaz de despertar a los que duermen.

Aquí está mi predicación descolorida, jugada en los mismos campos de siempre y en los acostumbrados registros consumidos por el uso y el abuso, cortada sobre mis conocidos esquemas ya probados que siempre me han dado resultado y que hacen brotar los aplausos sin importar que sean mezquinos, no importa que no tengan fantasía y que carezcan de ingenio y creatividad, de participación visceral, por una sola vez en mi vida.

Aquí está mi persona Señor que ha sido tragada también por el agujero de mis seguridades, aquí estoy yo que no he salido al aire libre, y que he sido incapaz de responder a aquel que tú me acercas en la vida, y a ti mismo que eres la vida verdadera.

6.-     Hoy, Señor, has querido ilustrar y explicarme lo que significa realmente el acto de vigilar: Vigilar significa ser fiel, activo y rechazar la pereza.

Por favor: ¡Perdóname Señor!:

Resulta increíble, que tú me hayas dado las manos para llevar a mis hermanos el beneficio de tus dones, y que esas manos las haya utilizado para coger el azadón y cavar esas fosas, para así tener en donde enterrar los talentos que tú me has ofrecido.

 

LA RIQUEZA EN LA DIVERSIDAD DE LA FAMILIA.

Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y le dijo: Señor, yo sabía que eres un hombre duro, que quieres cosechar lo que nos has plantado y recoger lo que no has sembrado. Por eso tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo.

El señor le respondió: “Siervo malo y perezoso. Sabías que cosecho lo que no he plantado y recojo lo que no he sembrado. ‘¿Por qué entonces, no pusiste mi dinero en el banco para que, a mi regreso, lo recibiera yo con intereses?”

1.-     El protagonista de la parábola de este domingo es un propietario riquísimo pero, a pesar de ello, no ha querido dejar dormir sus capitales, y menos aún a sus empleados. Es más, ésta parece ser su preocupación principal. En efecto, por lo menos tiene esos ocho talentos, y aunque podría depositarla personalmente en el banco como lo refiere el Evangelio o invertirla de otra manera, ha preferido confiarla a sus intermediarios. Cambia aquella operación segura, cómo Él mismo lo reconoce hablando con el siervo llamado malo y perezoso, por otra más arriesgada, solamente para ver en realidad la diligencia y el esfuerzo ajeno.

Esta anomalía revela que su primera intención no es el rendimiento sino el examen de la capacidad, de la habilidad, del espíritu de iniciativa de sus subalternos. La entrega de los talentos más que un acto jurídico es un acto de confianza en su buena voluntad. No quiere que sean simples dependientes sino colaboradores conscientes de sus negocios.

Si los talentos se distribuyen según la capacidad de cada uno, es para dar a todos la posibilidad del rendimiento máximo, no para favorecer a unos con perjuicio de los otros. La distribución desigual de los talentos subraya la diversidad y la complementariedad en las tareas asignadas a cada creyente.

2.-     Y este es un mensaje de eclesialidad que debiéramos aplicar a nuestra vida cotidiana: el universalismo se desposa en el seno de la Iglesia con el respeto de la diversidad. La unidad se realiza en el pluralismo.

En este apartado, tenemos que reconocer que precisamente Dios Espíritu Santo es el principio de unificación pero también el de diferenciación en nuestra Iglesia.

La Iglesia alcanzará un respiro de universalidad no sofocando, no manipulando, no nivelando en particularidades, sino exaltándolas.

3.-     Pero vayamos a lo particular, o mejor dicho, a lo cotidiano: Hoy que tan de moda se ha puesto el tema de la clonación, tendríamos que hablar no tan sólo de la posibilidad de una clonación biológica, sino de la realidad y del desastre causado por la que podríamos llamar clonación psicológica.

En lo personal, entiendo el matrimonio cristiano como la asociación sacramental de dos individualidades diferentes, pero que se complementan.

Y es que a todo mundo nos agrada el hecho de que en el matrimonio ya no sean dos sino que sean uno sólo, y a hasta de este tema hacemos poesías y cantos. El problema resulta cuando algunos pretendemos que ese “ser uno sólo” del matrimonio, sea el “yo” y no el “tú”. Suele ser allí, en dónde se ha realizado el funeral del tú: “tú ya no piensas”, “tú ya no sientes”, “tú no opinas”, “tú no hables”, “cuando estemos con los amigos tienes que decir lo que yo estoy diciendo”. Desgraciadamente el “tú” en el matrimonio ha sido despojado de su carnet de identidad al ingresar en el faraónico, asfixiante y dictatorial mundo del “yo” de muchos de los esposos tiránicos.

El matrimonio no debería de ser ni la prevalencia del yo ni la del tú, sino el nacimiento del nosotros, y es sólo así como podemos entender el ser uno sólo. Se trata de la afirmación de la primera persona, pero en el plural, en el que entra y se contempla la grandeza tanto del “yo” como del “tú”.

El amor verdadero es incompatible con el egoísmo. El nosotros considera un yo y un tú que pueden y son diferentes, pero nunca son inferiores.

Detesto la comparación del amor con la “media naranja”: creo que para hacer una pareja sana no bastan dos mitades; si no que se necesitan dos enteros. Sólo cuando las personas estemos satisfechos de lo que somos y nos desempeñemos bien como personas independientes, respetando lo que el otro es, podremos desempeñarnos bien en una relación de familia.

Considero que el matrimonio no puede ser resta, sino suma. No es empobrecimiento sino enriquecimiento como nace la familia. Y dentro de este significado el respeto por la otra persona tendrá siempre un lugar sumamente importante.

Y, sin embargo, este es nuestro problema: el esposo somete a sus estructuras a su esposa, los hijos a los padres y muchos de nosotros a nuestros amigos.

4.-     Hay una narración de Poter Robinson en una publicación titulada: Mitos y Leyendas del mundo antiguo, que habla sobre las pretensiones impositivas de los hombres.

 “Había una vez un rey extraño y excéntrico como pocos en la historia de los reinos. Tenía muchos admiradores en la comarca y en los lugares cercanos, y decidió hacer una especie de monumento que nadie olvidara jamás.

Después de consultar a sus consejeros: determinó hacer una cama de oro con incrustaciones de piedras preciosas en la cabecera y en los costados que fuera insuperable en toda la tierra, sin importarle si se gastaba todas sus riquezas y los ahorros de varias décadas. El lecho debería estar cuajado de zafiros, rubíes, esmeraldas y diamantes, para que todos los invitados tuvieran el honor y el agasajo de pasar una noche en la cama real.

Evidentemente que dormir en la cama sería un honor, y se le debería guardar el máximo respeto, ya que en ella se reflejaba todo el orgullo y pedantería del rey y de la corte.

Así que mandó llamar a los mejores orfebres y diseñadores para su fabricación, pero se encontraron con un problema y decidieron preguntarle al rey.

-Majestad, ¿qué medidas debe tener la cama real para los invitados?

-Bueno.... -contestó el rey y guardó silencio sumergiéndose en sus pensamientos:

"Si la hago demasiado larga, los de corta estatura tendrán dificultades; y si la hago demasiado corta, los de estatura larga van a tener problemas... pero la cama tiene que hacerse..."

-Majestad - insistieron los constructores- no nos ha respondido qué medidas debe tener el lecho.

-¡Ah! si, ya sé - respondió el rey, quien continuaba absorto en su cavilación -. Debe de tener un tamaño estandard, o sea, hay que sacar la medida promedio de todos los habitantes y visitantes especiales del reino. Si los adultos de menor estatura miden un metro cincuenta centímetros, y los más altos llegan a medir los dos metros, hay que obtener el promedio de todos.

-Majestad - preguntaron los fabricantes-, ¿quiere decir que la cama debe medir un metro con setenta y cinco centímetros?

-¡Exacto! - respondió el rey entusiasmado.

Los constructores trabajaron arduamente durante varios meses hasta que satisfechos dieron por concluido su trabajo.

El rey, feliz con el monumento terminado, decidió dar una fiesta. Invitó a su palacio a las mujeres y los hombres más famosos del reino y sus alrededores. Todos iban enardecidos, ansiaban saber quién tendría el privilegio de pasar la primera noche en la cama de oro y joyas, ignorando que la única condición del rey para dormir en ella, era medir un metro setenta y cinco centímetros. La persona debía de adaptarse a la cama para no deshonrarla.

Y así sucedió. Al elegido que medía dos metros se le daba a escoger, en medio de los resplandores del oro y las piedras preciosas, qué parte del cuerpo quería que se le mutilara: ¿la cabeza?, ¿el cuello? o ¿las piernas?,… Los de muy baja estatura eran estirados en máquinas atroces por hombres corpulentos en una o dos sesiones hasta dar con la medida. Los únicos que realmente disfrutaron el honor de dormir plácidamente en ella, fueron los que medían exactamente un metro setenta y cinco centímetros.

La cama era venerada por el reino, pero quedó intacta durante muchos años. Sólo unos cuantos, con conceptos erróneos acerca de lo que es un privilegio; aún sin dar la medida, deseaban dormir en ella, encontrando inevitablemente la muerte, ya que sus cuerpos eran descuartizados o mutilados de una o de otra forma.

5.-     Muy queridos amigos:

Se podría decir que todos los problemas que existen en el mundo, y en la familia, radican en las camas de oro y diamantes que cada uno ha formado en su propia mente. Y así tratan de que la esposa (o), los hijos, los amigos y la sociedad se adapten a la medida exacta de sus propias pretensiones.

Si alguien, el esposo o la esposa, el hierno o la nuera, el hijo o el hermano, no nos dan la talla, se les descuartiza o se les mutila de una u otra forma, opacando o aniquilando totalmente su personalidad, llamándolo loco, pecador, extravagante, desadaptado, problemático, inmaduro, malagradecido,… por el único hecho de ser diferente, o de querer obrar diferente a nuestra consideración. Los que sí dan  con nuestra medida son aceptados, llenándolos de oro y de piedras preciosas, de elogios y de buen trato, pero se pierden en su pequeño mundo de oropel, limitados; a una medida de la cual no se puede salir por ser considerada inmutable.                        

Y así se trata a los hijos, los padres no se dan cuenta de que cada nuevo ser que llega a la tierra es portador de un destino único e irrepetible. Lo anterior es una realidad sagrada que no puede profanarse. Es un misterio que debe ser acogido y respetado.

6.-     Nuestras relaciones con los demás, han dejado de ser espontáneas y le suelen faltar el respeto a los otros. Les ofrecemos nuestro afecto pero detrás de ello le hacemos llegar la factura que hay que cubrir a cambio del privilegio de  nuestro “cariño”.

Nuestra vida se ha convertido en una puesta en escena en donde solamente dejamos pasar a aquellos que han pagado el boleto de admisión: el importe es la alabanza y la adulación, el placer y la satisfacción. Nos reservamos el Derecho de Admisión: negamos el acceso a los que suelen ser una carga o una aparente molestia, a aquellos que no son como nosotros o como nosotros quisiéramos que fueran. Y éste suele ser uno de los peores pecados de nuestro tiempo.

El Evangelio nos invita para que usemos los talentos que poseemos. Reconociendo la riqueza universal que nace de la diversidad en la individualidad.

¿Sabes? No nos hemos percatado que nuestros bosques serían silenciosos si en ellos sólo cantaran las aves que lo hacen mejor.

 

INVENTARIOS, BALANCES Y PROGRAMACIONES.

El señor le respondió: “Siervo malo y perezoso. Sabías que cosecho lo que no he plantado y recojo lo que no he sembrado. ¿Por qué, entonces, no pusiste mi dinero en el banco para que, a mi regreso, lo recibiera yo con intereses? Quítenle el talento y dénselo al que tiene diez. Pues al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que tiene poco, se le quitará aun eso poco que tiene.

Y a este hombre inútil, échenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación”.

1.- Muy queridos amigos:

En este tiempo en que estamos por terminar un año litúrgico deberíamos recordar que al moverse un dígito en el calendario civil en los grandes almacenes, en las industrias y en todo tipo de empresas, suele ser el tiempo favorable para realizar inventarios, balances y programaciones. Así también debiera ser en nuestra vida cristiana por la vivencia del final de este año litúrgico.

Debiéramos aprovechar la virtud y singularidad de este tiempo para que todos hagamos un alto, y así dar una mirada hacia lo que ha sido nuestro recorrido, no para que desandemos los pasos andados, sino para que con ello nos dispongamos a corregir y fortalecer lo que haya que mejorar, o simplemente continuar con un camino que hemos constatado que es verdaderamente el adecuado. Es el tiempo también para que dirijamos la mirada hacia delante analizando la textura del camino que se avecina en el ya próximo adviento, y así proveernos de las herramientas necesarias.

3.- En primer lugar, hoy es tiempo de inventariar los dones de Dios. Se trata de que cada uno de nosotros sea capaz de valorar lo que tiene, y así valorándolo, que nos dispongamos a cuidarlo, hacerlo fructificar y agradecerlo.

Es tiempo de tomar una hoja de papel y un bolígrafo, para hacer una lista honesta, sensata y justa de los beneficios con que Dios nos ha obsequiado y privilegiado. Solamente, entonces seremos capaces de agradecerle a Dios por todas y cada una de las realidades que poseemos, por nuestros seres queridos, por nuestros logros, por sus bendiciones y por lo que somos cada uno de nosotros.

Es tiempo de que cada uno de nosotros urge en cada uno de los rincones de la existencia y desempolve los talentos de Dios. Revisemos todos nuestros estantes y registremos en esa lista cada uno de nuestros dones. Hay tantas cosas a las que nos hemos acostumbrado en la vida diaria y que solamente al volver a considerarlas, podremos entenderlas como “activos” de nuestra propia existencia.

¿Sabes? Bien podríamos sintetizar ésta parábola con éste refrán popular: “La constancia vence al genio”

Durante mis años como maestro en el seminario me tocó encontrarme  con alumnos que sobresalían por su ingenio, por su inteligencia excepcional, pero que luego, a través de los años, se iban quedando varados en la mediocridad. Y así algunos de sus compañeros que apenas lograban la nota mínima para aprobar una materia, los iban aventajado. Paso a paso, con constancia, los menos talentosos iban escalando las metas que uno nunca hubiera imaginado para ellos. Lo que cuenta no son los "muchos" talentos, sino la capacidad de multiplicarlos.

Muchas veces pensamos en la posibilidad de tener multitud de recursos como lo necesario para destacar en la vida.

Y así muchos pensamos en tener todos los talentos del mundo para hacer algo en ésta vida. La historia nos ha mostrado la sabiduría de la enseñanza del Evangelio en muy repetidas ocasiones. No hace falta que en ti coincidan todas las potencialidades: Algunos quisieran tener toda la riqueza, y la inteligencia, quisieran reunir el atractivo físico y la plenitud de la salud para entonces destacar. No es necesario esto, basta que te pongas a trabajar con los talentos que Dios te ha dado.

Con respecto a lo anterior me han impactado algunos datos de personajes de la historia:

George Stephenson, el inventor de la máquina de vapor, era hijo de jornalero de minas y él mismo trabajaba en limpiar carbón de piedra.

John Frederick William Herschel insigne matemático y astrónomo, inicialmente se ganaba la vida tocando en una orquesta, era un músico del montón.

Cristóbal Colón era el hijo de un cardador de lana.

José Sarto, mejor conocido como San Pío X, era hijo de un trabajador de limpieza en el departamento de policía en Riese.

Angelo Giussepe Roncalli, el célebre Juan XXIII, era hijo de leñadores.

Michael Faraday, creador de la Ley de la inducción Electromagnética, era el hijo de un herrero y trabajó de encuadernador en una imprenta hasta los 20 años.

Juan Kepler, uno de los tres más grandes astrónomos de todos los tiempos, era hijo de un cantinero y de una madre que fue acusada de practicar a brujería.

El físico inglés Sir Isaac Newton y el astrónomo y matemático francés Pierre Simón Laplace eran hijos de labradores.

Seamos positivos, hagamos una lista de nuestras cualidades, inventariemos las virtudes y seamos agradecidos con Dios. Es tiempo de agradecer por la familia, la vida, la fe, la salud, la amistad, el trabajo, los estudios... y tantas cosas más.

4.- Después de inventariar, hoy es también un tiempo ideal para que hagamos balances en las cosas que en nuestra existencia vamos haciendo.

Es conveniente en este renglón que hablemos de un factor que nos ayuda a no perder nuestra objetividad: el manejo de los promedios.

Entendamos que no todo se hace de una sola pieza, la existencia no es monolítica, nuestra vida no consiste en una sola escena, gracias a Dios; más aún, puedo decir que ni cada hora ni cada día nos ofrecen una felicidad uniforme. Más bien, en la felicidad hay ciertas alzas separadas por momentos que suelen ser sumamente difíciles.

Te lo explico con términos que puedes entenderme:

En el deporte ¿Qué es un promedio de bateo? Un jugador que logra un promedio de .300 es considerado como un bateador excelente. Eso significa que hace tres hits de cada diez viajes a la base, en donde tienen por lo menos tres oportunidades en cada viaje. Ellos, las grandes estrellas, también tienen turnos, y muy frecuentes, en que los hacen “abanicar”.

Un elemento que nos puede ayudar para revisar el final de este año litúrgico y prepararnos a uno nuevo, que Dios está por obsequiarnos, es el que seamos más flexibles en la vida. Trata de permitirte un margen en tus metas y planes: no exijas un promedio de bateo de 1.000 en tus metas ni mucho menos en las de tus seres queridos. Después de todo, la perfección no es una característica “humana”, sino sólo un proyecto y un ideal.

¿Sabías tú que Michael Jordan, que fue considerado el deportista del siglo XX por un canal de la televisión privada, tenía en ese entonces un 54 % en efectividad de tiros de campo? ¡No seas tan intransigente contigo mismo!

Hay promedios de efectividad en el fútbol americano, en el golf, en el tenis, en el boxeo y en cualquier disciplina. Lo anterior también se aplica a las ventas, a lo profesional, a la vida académica y a cualquier negocio.

Incluso nuestra vida cristiana tiene esta consideración: La vida eterna, de ordinario, no se gana ni se pierde en un día sino con la suma y el promedio de la vida de todos los días. ¡Bendito sea Dios! En lo personal tengo algunos, o mejor dicho, muchos días en que al terminar la jornada y al hacer mi examen de conciencia me encuentro con situaciones de las que me siento avergonzado, hay actuaciones mediocres que quisiera cortar en una especie de edición cinematográfica. Sin embargo, lo anterior me empuja a pedirle perdón con humildad al Señor y a acercarme al sacramento de la confesión, y a suplicarle a Dios que me permita un día más de vida y la posibilidad de mejorar mi “promedio de bateo”.

La vida cristiana tiene días e incluso años de dificultades. Al hablar de la vida cotidiana tenemos que entender también que no todos los esfuerzos se ven coronados por la felicidad o por el éxito.

Al revisar el año litúrgico que está terminando, quizá podamos encontrar momentos difíciles y de sufrimiento, momentos de incertidumbre y de dolor. Momentos que nos han parecido eternos. En nuestros días ha habido horas de luz y las ha habido de oscuridad, en el ciclo de las estaciones de mi vida ha habido primaveras, pero también ha existido verano, el otoño y el invierno. Entendamos que así se configura el día con sus 24 horas, y que cada año tiene sus 4 estaciones.

Pero, pasemos del promedio al balance. Hoy tengo que hacer mis balances: ¿A nuestros seres queridos les he dado más abrazos, que gritos?, ¿Les he dado más correcciones, que felicitaciones a mis hijos?, ¿Les he dado más noticias tristes, que alegres a mis padres?, ¿Con mis hermanos son más nuestros encuentros, que nuestras distancias?, ¿En la vida diaria han sido mayores mis obras, que mis omisiones?

5.- Finalmente, hoy es un tiempo propicio para nuestras programaciones, es el tiempo de planear. Pero en esto, seamos cautos y aprendamos a hacer planes realistas para nuestra vida. El hombre sueña en proporcionar grandes aportaciones a su propia familia, a su sociedad y a la humanidad, y se olvida de la verdadera aportación que todo hombre, la sociedad y la humanidad tienen necesidad: formar hombres de bien, formar familias como Dios nos manda.

Son sobradas las ocasiones en que pensamos solamente en los grandes heroísmos y nos olvidamos de los heroísmos de la vida diaria. Muchos de nosotros a fuerza de pensar en lo extraordinario olvidamos la importancia que tiene lo ordinario. Recuerda, por favor, que es allí en lo ordinario en donde se construye la vida, se consigue la santidad y la vida eterna.

Nuestra vida será insatisfactoria, no tanto porque sea breve, sino porque no la vivimos a la altura de nuestra aspiración más elemental y más profunda. Marco Aurelio lo decía con su erudición: “Escrito está que una vida inútil, es en mucho peor que una muerte prematura”. Nuestra verdadera muerte no será tanto el morir sino el dejar de creer, el dejar de amar, el dejar de crecer... ¡Y ésto se puede dejar de hacer a cualquier edad y en cualquier momento!

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